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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 692 - ver ahora
Transcripción completa

Zabala quedó convencido de que su hija tuvo que fugarse,

huyendo así de sus desmanes.

-No va a tranquilizarme. -Déjeme terminar.

Lo que trato de decirle es que soy capaz

de que el general cambie de opinión.

-¿Qué es lo que quiere?

-Que me ayude entrar en círculos políticos.

El general, sin ir más lejos. -"Una necesita sentirse útil".

Al menos hasta que esté "casá".

-A mí también me vendría bien que volviera a mi servicio.

Desde que se fue Simón no doy a basto.

Vienen mujeres a cocinar, mas no es lo mismo.

-"Mi hija es maravillosa, pero no la supe tratar".

Conoció a mi mayordomo y se enamoró de él.

No le han engañado.

Hice todo lo posible para impedir esa relación.

Al final, lo único que conseguí fue perder a mi hija para siempre.

-"¿Qué nos impide hacerlo?".

Casémonos.

Hazme el hombre más feliz del mundo.

(Llaman a la puerta)

-"Si logra"

un acuerdo y se puede reanudar la producción del yacimiento,

le recompensaríamos.

-Le necesitamos.

-"Cuando fui a sacar dinero"

para sacar los pasajes, me encontré una desagradable sorpresa,

me denegaban el acceso a mis cuentas.

-No lo comprendo.

-Mi madre y Samuel se las han bloqueado.

No tenemos dinero para emprender nuestro viaje.

-Por suerte, Dios aprieta pero no ahoga.

La oferta de la negociación... nos dará cierto respiro.

Don Ramón ha enviado a un mediador para que negocie con los mineros.

Y ese mediador no es otro que su hermano.

-Diego. -Sí.

Hoy mismo salió de viaje hacia la mina.

-Ya veo cuáles son las prioridades de mi hermano.

Con tal de lograr dinero y marcharse con Blanca, no le importa nada.

Ni siquiera que nuestro padre agonice en un hospital.

-¡Auxilio, un médico!

Don Jaime.

¿Me escucha?

Parece estar bien. Llame a su familia.

¿Don Jaime?

Tengo que ver cómo está usted.

Voy a medir las constantes vitales.

"No todos los hombres se atreven a reconocer sus errores".

Lo valoro como merece.

-Don Arturo, ¿tiene usted algún capricho?

-¿Un capricho?

-Voy al mercado y no sé si hay algo que le guste mucho

y quiere que le prepare. Arroz con leche, natillas,

lo que sea. Me doy buena maña para los postres.

-Lo que usted quiera, no soy muy goloso.

Aunque el flan de coco de la otra noche me encantó.

-Se lo vuelvo a hacer.

-¿Dónde aprendió usted? ¿Trabajó en alguna casa de ultramar?

-No.

Aunque en casa de los señores Antequera Emperador

fueron agasajados muchos indianos.

La receta del flan de coco

la saqué de un libro de cocina que me han prestado.

-Vuelva a hacerlo, al menos una vez por semana.

Enhorabuena, está cumpliendo con su trabajo a la perfección.

-Gracias, señor. -No olvide que tenemos una prueba

para que el trabajo de criada

sea suyo definitivamente.

(Llaman)

-Voy a abrir.

-Sé que superará la prueba con creces, pero tengo que hacérsela.

Se la he hecho siempre a todos, y no quiero perder esa costumbre.

Para trabajar en mi casa hay que tener un mínimo de cultura

y conocimientos. -Sí.

-Detesto la zafiedad y el analfabetismo.

-Sí, señor.

Por supuesto, señor.

Viene a verle el señor Álvarez Hermoso.

-Coronel, buenas noticias.

-Siempre es grato recibirlas.

¿Un jerez? -Por favor.

Tenemos motivos para brindar.

¿A que no sabe con quién he hablado hoy?

-No tengo ni idea.

-Con el general Zabala.

Y hemos estado hablando de usted.

-"Pues espero que los Cervera"

estén más duchos en otros campos,

porque la cafetera no sabían ni usarla.

-Igual, de donde son ellos, ahí no han llegado

los empresarios que han llevado cafeteras.

-Si no fuera por mí, en España ni las conocerían.

He sido un adelantado a mi tiempo. -Oh.

¿Quieres té, Lolita?

-Yo me sirvo, do... Trini.

-Lo hago yo.

-¿Tú les enseñaste cómo funciona la máquina?

Mira que tener una en un establecimiento tan prestigioso

como La Deliciosa,

nos ayuda a colocar otras en locales de menor cuño.

-Incluso les hice una demostración práctica.

Soy un artista de las cafeteras.

También les recomendé abrir La Deliciosa cuanto antes,

porque los vecinos no podemos estar sin suizos

ni chocolate. -Y sin café expreso.

-Eso. Que ahora con la huelga de los yacimientos,

el resto de los negocios tiene que funcionar.

-A mí me está gustando mucho el trabajo de comercial.

Así que, si hay que vender oro, se vende.

-No es por vender oro, el oro se vende solo.

El problema es que los trabajadores no lo sacan de la mina.

A ver si Diego soluciona el conflicto.

-Antoñito, hijo, qué contenta estoy

de que te sientas tan arrebatado con el trabajo.

-Pues sí, creo que he encontrado mi vocación.

-La vocación hace feliz al hombre.

Mira que los negocios me dan quebraderos de cabeza,

pues aun así, me hacen disfrutar más que a un niño en una noria.

-Yo tengo vocación de criada.

-Pues...

eso no puede ser, porque nadie tiene vocación de criada.

-"Pos" ya ve. No me gusta que me sirvan.

No me gusta estar "sentá"

como si no hubiera "na" que hacer.

Y no me gusta levantarme sin tener "na" con lo que llenar el día.

-Pero puedes hacer muchas cosas, muchacha.

Puedes ir a pasear, puedes ir de compras, puedes leer.

-Claro, Lolita, puedes dedicar tu tiempo a leer.

-A mí lo que me gusta es trabajar. -Bueno, pues nada.

-Hablamos de seguir cada uno su vocación,

pues si Lolita quiere trabajar...

-Pero es que a mí me da apuro

tenerla en casa de servicio. Que pronto va a ser la esposa

de mi hijo.

-Puedo trabajar para don Felipe y Celia.

Ellos están buscando a alguien. -¿Qué?

-Eso podría ser una solución.

Y además, hay que predicar con el ejemplo.

No me parece que Zabala sea tan veleidoso en sus opiniones.

-Un abogado sabe que todo tiene diversas formas de verse.

Tan cierta puede ser una cosa, como su contraria.

Todo depende de la perspectiva.

-Explíquese, por favor.

-El general le echaba en cara que su hija se fugara

con un mayordomo. -No me lo recuerde.

-Ante esto,

se puede llegar a pensar que su padre no la ha adecuado bien,

que es lo que pensaba el general.

O que usted es tan estricto, que prefería

tener a su hija lejos de casa por no soportar ver su caída.

-En realidad, ninguna de las dos son completamente ciertas.

-Ni completamente falsas.

He convencido al general de que usted echó a su hija

por no cumplir las normas de moralidad.

Y le ha impresionado.

Ahora le respeta más que nunca.

-Tengo mis dudas.

No creo que sea tan fácil que dé su brazo a torcer.

-No las tenga. Y espere noticias del general.

Pasemos a otro tema que nos interesa.

¿Cuándo podrá ponerme en contacto con la gente del Ministerio?

-Cuando me demuestre que su gestión ha sido eficaz.

-Señor, acaba de traer esto un mozo. Espera contestación.

Zabala me invita a comer en su casa

con los miembros de la Asociación de Patriotas.

-Prueba de mi gestión.

Ahora podemos pasar a la segunda

parte de lo pactado. -Confirme al mozo mi asistencia.

Ahora sí tenemos motivos para brindar.

-"No, don Eusebio, no cierro".

Lo que ocurre es que era el servicio de prensa

a primera hora de la mañana. No se preocupe,

que tendrá un ejemplar del Adelantado todas las mañanas.

Que pase un buen día.

Si quiere leerla, pague y llévesela.

-Tranquila, no quiero leer gratis.

Después te mando a mi criada,

entre vosotras os entendéis.

¿Qué es eso que dicen de que dejas el puesto?

-"Na" de eso. Cuando yo no esté, estará un mozo despachando.

Los buenos clientes seguirán bien atendidos.

-Doña Úrsula.

-¿Qué ocurre? Se te sale el corazón por la boca.

-Han mandado aviso del hospital. Es por don Jaime.

-¿Ya le ha llegado su hora?

Lo siento tanto por él...

-Mas bien todo lo contrario, ha despertado.

-¿Qué?

Lo he hecho todo como nos enseñó Antoñito.

Así que el café tiene que salir...

perfecto. -¿Qué te juegas a que no?

-(ESCUPE)

Está asqueroso. -Qué pena

no haber apostado. -No sé qué habrá salido mal.

Vamos a tener que servir achicoria en vez de café y chocolate.

-Sí. Y vamos a ser la primera chocolatería de España

sin chocolate.

A ver los churros.

Están muy buenos. Oye,

por fin has hecho unos churros como Dios manda. Algo es algo.

-Te he engañado. Esos los compré en la chocolatería El Pozo.

Los míos están ahí abajo.

-Tramposa.

Esto está repugnante.

-A mí me gusta.

-Tú te podrías comer las piedras. Esto es un desastre.

No me creo que no seamos capaces de hacer unos churros,

café y chocolate. -No hemos nacido para chocolateros.

-Pues tenemos que volver a nacer siéndolo. O eso o la ruina.

(Llaman a la puerta)

-Voy a ver quién es.

-Buenas tardes, vecinos.

-Buenas tardes. -Nos hemos enterado de que planean

reinaugurar la chocolatería. Qué gran noticia.

-Sí.

En cuanto tengamos la fecha de inauguración,

avisaremos a todo el barrio.

-Estaremos encantadas de asistir y de hacer correr la voz.

-Eso. Que con lo de la huelga de los trabajadores,

necesitamos motivos de alegría.

-Risas no van a faltar, eso se lo garantizo.

-Esto lo tienen un poco descuidado, ¿no?

En tiempos de mi nieto, todo brillaba como los chorros del oro.

-Y así volverá a ser, doña Susana.

-Hemos estado muy ocupados con la nueva carta

y, no hemos tenido tiempo de limpiar.

-¿Puedo? -De esos no.

Pruebe estos. Estos no están a su nivel.

Qué rico.

-¿Estos no son de la chocolatería El Pozo?

Son los únicos que tienen canela por encima.

-Los probamos, nos gustó,

y hemos hecho experimentos. No sabemos si servirlos así.

-Pues siempre tuvieron más éxito y más nombre los de La Deliciosa.

-Pues ya sabe, renovarse o morir.

Y si nos dejan,

necesitamos seguir trabajando.

-Avísennos para la inauguración.

-Serán de las primeras.

-Cotillas.

-Déjame a mí a las vecinas, y tú ponte con las cuentas del negocio.

Qué negocio, ¿eh?

¿Va a cenar, señora?

-No, tengo el estómago encogido.

Espera.

Antes de marcharte,

prepárame una tila, a ver si me templa el cuerpo

y puedo dormir.

-Señora, quería pedirle disculpas.

-Lo que tienes que hacer es pensar para no cometer errores.

Así te ahorrarías pedirlas.

-No me di cuenta de que Fabiana escuchaba.

-Siempre que se habla de más,

hay alguien que escucha que no nos interesa.

No creas que tu indiscreción quedará impune.

Ahora vete.

-Buenas noches. -Entra.

Quiero hablar contigo.

-¿Ha ocurrido algo malo?

-Algo, pero no es malo.

Han mandado aviso del hospital. -Mi padre.

-Ha salido de su inconsciencia.

-Nos dijeron que era imposible. ¿No me estará engañando?

-Jamás te engañaría con algo así.

-Voy a verle. -Espera.

No olvides cómo era mi relación

con tu padre antes del incendio que le hizo enfermar.

-¿A qué se refiere?

-Tuve que utilizarlo.

Pero ahora todo es distinto, todo ha cambiado.

Especialmente entre nosotros.

-No sé qué pretende ni me importa.

-Tal vez tu padre

haya despertado odiándome. Tal vez pretenda repudiarme.

-Ese no es mi problema.

-¿Estás seguro?

¿Has olvidado nuestro pacto?

Piensa en tu hijo.

Felipe.

-(FELIPE RÍE)

-Son para ti, mi amor.

-¿Y esto?

¿Por qué me regalas flores?

¿Qué has hecho?

-¿Cada vez que te regale flores tiene que ser

porque he hecho algo malo?

-¿Hace cuánto tiempo que no me regalabas flores?

-Demasiado.

Pero eso va a cambiar.

Cuando éramos novios, te las regalaba casi a diario.

-Y desde que nos casamos, ni un ramo al año.

-Pero volvemos a ser novios.

¿O has olvidado lo de renovar nuestros votos?

Darnos el sí de nuevo.

-Temía que se te hubiera olvidado a ti.

-No pienso en otra cosa.

En una nueva boda. Y en una nueva noche de novios.

-Golfo.

Eso es lo único que quieres.

-¿Te acuerdas de nuestra noche de bodas?

-Te prohíbo hablar de eso. Era más tonta.

-(RÍE)

-Esta vez...

sería distinta.

-¿Y qué vas a hacerme, eh?

-Sorpresa.

-Estás hecha una mesalina. -Esa a mi lado era una mojigata.

Pero no quiero hacer una boda grande.

No me apetece tener a las vecinas criticando.

-¿Y qué van a criticar?

-¿"Te separas para volverte a casar"?

"Para eso no te hubieras separado".

Como si las estuviera escuchando.

Así van a estar despellejando una semana entera.

-Si quieres nos casamos tú y yo solos, sin invitados.

-Ni tanto ni tan calvo. Necesitamos a los padrinos.

¿Quieres beber algo? -Quiero cenar.

Vengo con un hambre de lobo.

-Pues tengo otra sorpresa para ti.

(TOCA LA CAMPANA)

-(LOLITA RÍE)

Buenas noches, don Felipe.

(RÍEN)

¿Sirvo ya la cena?

-¿Qué te parece a quién he contratado de criada?

-Qué agradable sorpresa.

¿Y don Ramón? No quiero que se enfade.

-Don Ramón ya lo sabe y me ha dado su permiso.

-Pero el compromiso con el joven Palacios sigue en pie, ¿no?

-"Pa" chasco que sí.

Pero una ha decidido que quiere seguir trabajando.

Y don Ramón, que es más bueno que el pan blanco,

me ha dado su consentimiento.

-Me alegro que vuelvas a trabajar con nosotros.

¿Qué hay de cena? -Tortilla de patatas

con cebolla, que es como a usted le gusta.

-(RÍE)

-Se le van a saltar las lágrimas.

-No he vuelto a probarlas desde que te fuiste.

-Receta de Cabrahigo. Con los huevos "batíos" con brío.

La sirvo ya.

-Siento a Lolita como una más de la familia.

Estoy deseando que nos vuelva a contar sus historias

de Cabrahigo.

Lo único que echo de menos...

es no tener a Tano con nosotros.

-Veremos a ver si puede venir unos días en vacaciones, ¿eh?

Dame un beso, novia mía.

No se preocupe, que mañana le daré el recado a doña Susana.

-No se olvide que quiero hacer un encargo a primera hora.

-Usted no sabe lo que hay aquí debajo.

-¿Pelo?

-Sí. No. Bueno, sí, también está el pelo.

Por cierto, que es un pelo fuerte. No tengo temor a la calvicie

ni a la alopecia. Bueno, pues debajo...

de esta estupenda capa de pelo está la mente de un portero.

-Ya. -Una mente matemática.

Una mente

que no se olvida nada. -Buena suerte eso.

-Buenas noches.

-Buenas noches.

-Servando, ¿ha subido el correo?

-Pues se me había "olvidao". Ahora mismo se lo doy, mi coronel.

-Me acaba de decir que nunca se le olvida nada.

-A duras penas recuerda su nombre.

Debe ser cosa de familia.

Cuentan que su esposa tiene el mismo mal.

¿Qué hace por aquí tan tarde?

-Tenía que hacer un encargo en la sastrería,

pero cuando he llegado estaba cerrada.

Ya sé que tiene diferencias con doña Susana,

pero es la mejor de esta ciudad.

-Dejemos que cada uno se gane la vida como Dios le dé a entender.

Pero aparte de los vestidos, le recomiendo que no confíe en ella.

-Aquí tiene, mi coronel.

-Gracias, Servando.

¿Le apetece dar un paseo?

-Uy.

-Encantada.

Con permiso.

-Vaya, vaya, aquí me huele a mí a incendio.

-Solo quería alejarme de Servando, es un cotilla.

-Bueno, va en la profesión de portero, ¿no?

-Olvidémoslo.

¿Sabe qué gestión he estado haciendo? Tiene que ver con usted.

-¿Ha encontrado el baúl con mis pertenencias?

-Lo estoy intentando. No va a ser fácil.

Apenas quedan españoles con responsabilidades en Palaos.

Ahora mandan allí los alemanes.

No sabemos si el baúl está en España o en cualquier isla del Pacífico.

-Tendré que hacerme a la idea de que lo he perdido todo.

-La esperanza es lo último que se pierde.

Tal vez con la ayuda de Zabala... -¿Ha vuelto a tener acceso a él?

-No le gustó lo que supo sobre mi hija.

Pero parece que ha escuchado a amigos comunes y ha cambiado

de opinión.

Se ha dado cuenta de que siempre intenté dar a mi hija

la mejor educación.

-Me alegro. -Nada como conocer la verdad

para acabar con los malos entendidos.

-Espero recibir algún día ese tratamiento.

Conocer más datos de su hija.

Cómo era su relación con ella, qué piensa de su falta...

Me encantaría ver un retrato, porque seguro que es bellísima.

-Sí, lo es. Igualita que su madre, que en paz descanse.

Tal vez algún día responda a su curiosidad.

-¿Mañana?

¿Qué le parece si le invito a comer?

-Nunca dejaría que una dama me invitase.

-Aceptaría a comer con usted,

claro, pero pagando yo.

-(RÍE)

-De todas formas, mañana no podrá ser, almorzaré en casa de Zabala.

-Perfecto.

Entonces decida usted el día.

Aquí está su padre. -Padre.

Padre, no me lo puedo creer.

Nunca pensé que pudiera verle recuperado.

Que pudiera hablar con usted.

¿Ha hablado en algún momento? -No.

Pero no perdemos la esperanza.

Las pruebas han dado buenos resultados.

-Eso espero.

Sería terrible que se quedara así.

Le diré algo que le parecerá cruel,

pero es una de las mejores noticias que puedo darle.

El paciente, es decir, su padre,

responde al dolor. Está neurológicamente activo.

-¿Qué quiere decir eso?

-Que su cerebro responde. Que quizá escucha lo que le decimos.

Que nada físico lo impide.

Quizá tenga que superar algún bloqueo mental

antes de empezar a hablar.

-¿Sabe cuánto puede tardar?

-Una semana, un mes, un año, un minuto.

No depende de nosotros, solo de Dios.

Le dejo a solas con él.

Quizá su cercanía y confianza

sirvan para derribar ese bloqueo.

-Gracias, doctor.

No sé si me entiende.

No sé si puede escucharme o entenderme,

pero si es así,

solo decirle que nada me haría más feliz que verle compuesto.

Salir de este hospital y que todo vuelva a ser como antes.

Aunque... ahí fuera todo ha cambiado.

No hemos hecho las cosas bien.

Pero su recuperación es una señal.

Me ha dado una felicidad que hace mucho que no experimentaba.

Y si usted es capaz de recuperarse y despertar,

es que todo es posible.

Ya verá como con usted a mi lado todo va a cambiar.

Se lo garantizo.

-Samuel.

-Padre.

(RIENDO) Padre, me reconoce.

Me reconoce.

Gracias a Dios.

Tenga. Y no se preocupe, que estará abierto "pa" repartir la prensa.

-A las buenas, "señá" Fabiana.

¿Tiene el "Adelantao" "pa" don Liberto?

-Toma, con la tinta fresca todavía.

-Pues sí que tiene que ser difícil llenar

las hojas del periódico de palabras.

Ni que ocurrieran tantas cosas malas.

-También cuentan otras cosas,

que todo no van a ser calamidades.

-Ahí tiene usted razón, "señá" Fabiana.

Bueno, a la faena.

Que tenga usted buen día. -Igualmente, Casildica.

Hala.

"Señá" Fabiana, esa mujer que viene por ahí

no me puede ver, por lo que usted más quiera.

-Corre, tira "pa" allá. Corre.

-Buenos días.

-Bueno "pa" las dos.

-¿Sabe si en los papeles dicen algo del Jacinto?

En Sucesos.

Por lo visto es un "desfachatao". -¿El Jacinto?

-No sé ni quién es ese hombre.

No sé.

-El primo de Casilda, una criada del barrio, pequeñaja.

-No he oído hablar de ella tampoco.

Y mire que llevo tiempo en el barrio.

Casi desde que lo levantaron. Que esto solo era campo y ovejas.

-Como Jacinto, pastor de ovejas.

-Pero anda que no hace tiempo de aquello.

-Bueno, pues habrá que seguir esperando a que muestre las orejas.

A más ver.

-(ESTORNUDA)

-Uy.

Las flores me hacen estornudar.

-¿Y por qué trabaja con ellas?

-Es lo que me ha "tocao", mujer.

Pero peor sería pasar hambre por falta de parné.

-Eso sí. Ande con "cuidao". -Ea.

A más ver.

-Ay.

-Casilda, supongo que esa tiene que ser la Gertrudis, ¿no?

-La "mismica".

-Pues esa no da "pa" casarse con el Jacinto.

¿Qué será lo que les habrá prometido el "condenao"?

-Lo peor, "señá" Fabiana.

Yo me temo lo peor.

Además, que no se trata de una, ni de dos.

(SUSPIRA)

-Madre mía.

Ahora escríbame los impares del uno al 10.

-Los impares eran los del...

uno, tres, cinco, y eso, ¿no?

-Esos mismos. Muy bien, Agustina.

-Ya.

-Le falta el siete, el que tiene el palito en medio.

-Siempre se me olvida el siete.

-Voy a tener que hacer una rima para acordarme.

El siete.

El del alto... copete.

-Buen sistema. Lo está haciendo muy bien, Agustina.

No sé cómo después del éxito de la cena benéfica,

el coronel sigue "empeñao" en hacerle la prueba.

-No lo olvida. Al final me despide,

y da igual que le haga flan de coco o cócteles americanos.

-Ya verá que no. Verá que lo logra.

¿Y se ha "aprendío" el fragmento del Cid?

-Sí, casi todo. -Hale, dígamelo.

En la prueba tiene que hacer como que lee.

-¿Y si me manda leer otro pedazo?

-"Pos" si le manda leer otro pedazo estamos "apañás".

Pero el que le gusta es ese, que me lo dijo el Simón.

Dígamelo.

-(AGUSTINA RESOPLA)

"Estaba el Cid con los suyos

en Valencia la Mayor

y con él ambos sus yernos,

los infantes de Carrión".

"Acostado en un escaño

dormía el Campeador,

ahora veréis qué sorpresa mala les aconteció".

"De su jaula

se ha escapado, y andaba suelto el león,...

Ay.

...al saberlo por la corte, un gran espanto cundió".

-"Embrazan sus mantos las gentes del Campeador

y rodean el escaño protegiendo a su señor".

"Pero Fernando González, el infante de Carrión,

no encuentra dónde meterse, todo cerrado lo halló,

metióse bajo el escaño, tan grande era su terror".

"El otro,

Diego González, por la puerta se escapó".

"Gritando con grandes voces:

'No volveré a ver Carrión'".

-¿Te la sabes enterita?

-Le puedo decir hasta la parte en la que el Cid enjaula al león.

Es el fragmento favorito de don Arturo.

Se lo hace leer a sus "empleaos".

-¿Lo ve? Se lo aprende y ya está.

-¿Y cuánto hay que leer? -Entera.

-¿Entera? No voy a ser capaz

de aprenderla entera. -No se rinda ahora.

Siga un poco. Y a tomar rabitos de pasas, "pa" la memoria.

-Una vid entera he de tomarme para tanto verso.

Esto es una locura.

¿Para qué quiere que escriba y lea,

si lo que tengo que hacer es fregar y cocinar?

-Es que a su edad es muy difícil encontrar trabajo de "criá".

Tenemos que ayudarla sea como sea.

¿Vas a subir a casa de tu madre?

-No.

No quisiera encontrarme por casualidad con Samuel.

Aunque debería hablar con ella.

-Si no es necesario, subo yo y le digo a doña Úrsula

que se encuentre contigo. -No sé.

Me dijo que vendría a hacerme una visita

y me acompañaría a comprar cosas para el niño, pero no ha venido.

-Me sorprende tanto su cambio.

Doña Úrsula, famosa por su frialdad,

ofreciéndose a ir de compras para su nieto.

-Es la muerte de Olga.

La ha suavizado.

Incluso en mi decisión de abandonar a Samuel.

Aunque no ve bien que una mujer embarazada abandone a su esposo,

parece que lo ha entendido y me apoya.

Creo que su amor por mi hijo es sincero.

-Benditos sean los niños que llegan al mundo

para convertirlo en un lugar mejor.

Si tu hijo consigue humanizar a doña Úrsula,

ya habrá nacido haciendo una buena obra.

-Lo que no sé es cómo va a reaccionar cuando se entere

de que no me va a acompañar cuando dé a luz.

En cuanto Diego regrese, nos iremos de la ciudad.

-Los problemas se afrontan cuando llegan, no antes.

¿Subo a buscarla?

-No. No hace falta.

Ahí está.

-Es un milagro.

-Sí, el señor ha escuchado sus plegarias.

-¿Y los médicos qué dicen? -Pues eso, que es un milagro.

No hay otra explicación.

-¿Qué milagro?

-Hija,...

mi esposo, Jaime, ha despertado.

-(SONRÍEN)

-Permítanme que hable

con mi hija, aún no he podido darle la noticia.

Antes he pasado por la iglesia

a agradecerle a nuestro Señor

su intervención divina. -Con Dios.

-A más ver.

Flora,

mira que bizcocho.

-Muy buen aspecto.

¿Dónde lo has comprado?

-Lo he hecho yo con estas manos.

Mientras tú nos metes en líos,

yo hago bizcochos. -Dame ese cuchillo.

¿Qué es eso?

-No sé.

-Ya te lo digo yo. Muy bonito por fuera,

pero crudo.

-No puede ser muy difícil hacer un bizcocho, un café, unos churros.

-Qué bien huele.

Se nota que han estado usando el horno.

-Andamos ultimando las pruebas. -Lo celebro.

Necesitamos que La Deliciosa abra cuanto antes.

-Queda poco.

Tenemos que estar muy seguros,

que la reinauguración tiene que ser sonada.

-Precisamente estaba yo pensando en esa reinauguración.

Por ayudar, más que nada.

Estudié economía en EE. UU.

y en Inglaterra. -Qué interesante.

-Allí tienen claro que lo importante es dar a conocer la actividad.

Lo llaman publicidad.

Y no solo lo hacen mediante la prensa.

-¿Ah, no? -No. También en el propio local.

Una inauguración sería ideal para dar la bienvenida a los vecinos.

-Ese es nuestro deseo, que vengan en cuanto abramos.

Que La Deliciosa vuelva a ser el lugar de encuentro.

-Pero no se confíen, hay mucha competencia.

A los clientes hay que llamarlos. -¿Cómo?

-Comiendo.

Convocando una chocolatada gratuita

y popular en Acacias para todos. Ricos, pobres, criados, señores...

-Puede ser muy buen idea.

Invitamos a todos y damos a conocer nuestros nuevos productos.

-Sí, es buena idea.

Nos sale barato y todos se dan por enterado.

-Pues me alegra que os agrade.

Empezaré a correr la voz, así que decidan

cuanto antes cuál va a ser el día de la chocolatada.

-Con Dios. Les dejo.

-Hasta luego.

-Invitando a toda la gente nos va a conocer todo el barrio.

-Sí, pero si no aprendemos a hacer el chocolate y los bollos,

va a ser peor que si no nos conociera nadie.

-Pues venga, repite ese bizcocho.

Ramón, ven a sentarte con nosotras y tómate un café.

-Perdona, es un telegrama de Diego.

Los mineros siguen en huelga. No hay acuerdo.

No sé qué vamos a hacer.

-Bueno, querido, no te preocupes,

que seguro que se soluciona. Siempre se soluciona, parece magia.

-¿Ya le han dado a Diego la noticia?

A mí me lo ha contado Úrsula cuando salía de la iglesia.

Don Jaime Alday ha salido de la postración.

-¿De verdad?

-El hombre parecía desahuciado.

-Eso pensábamos todos, pero ya ve.

Ayer por la tarde despertó.

-Ni siquiera los médicos saben

lo que se nos pasa por la cabeza verdaderamente.

-Iré a preguntar a doña Úrsula

si quieren que me ponga en contacto con Diego.

Quizá ya lo hayan hecho.

Dígame, doña Celia, ¿qué le trae por casa a estas horas?

-Pues tomar un café con dos buenos amigos.

Y proponer algo.

-Claro que sí, lo que sea. Dinos.

-Antes de saber de qué se trata,

la respuesta es sí. Aquí no se le niega nada.

-Lo sé. Y lo tengo en cuenta.

Felipe y yo...

hemos decidido volver a casarnos.

-¡Qué ilusión! ¡Qué buena idea, Celia!

-Yo también...

le daría un abrazo si no fuera indecoroso.

-Déjese de decoros y abráceme, don Ramón.

-Ay.

-Aquí viene mi petición.

Felipe y yo queremos que sean los padrinos.

-¡Lo sabía! Claro que sí.

-Qué emocionante. -¿Y para cuándo será?

Supongo que la van a celebrar por todo lo alto.

-Nada de eso. Va a ser una boda discreta

y en una ermita cercana. Solo nosotros y los padrinos.

¿Siguen queriendo ser los padrinos?

-Claro que sí, Celia. ¿Acaso lo dudabas?

-Es un gran honor para nosotros.

-¿Qué te parece Ramón si vas a tu despacho?

Celia y yo tenemos que hablar.

-Que la boda será casi a solas, pero tendrá que estar guapa.

-Allí estoy, por si os hace falta algo.

-(RÍEN)

Anda, que qué calladito te lo tenías, ¿eh?

Parece usted preocupada, madre.

Debería estar contenta por las noticias de su esposo.

O al menos debería parecerlo. -Lo estoy.

Por él, por mí,

por Samuel, por toda la familia, pero...

temo que Jaime no evolucione bien

y que solo sea una esperanza baldía.

Como la de aquellos náufragos, que después de nadar

durante horas, mueren al llegar a la arena de la playa.

-Esperemos que no sea así. ¿Qué le ha dicho el médico?

-Nada. No he ido todavía.

He preferido que fuera Samuel y que tuviera unas horas

de privacidad con su padre.

-¿A qué le tiene tanto miedo?

¿A enfrentarse a don Jaime después de todo lo que ha pasado?

¿Es eso?

-Hija, todo ha cambiado.

La situación, yo... -Madre, usted

siempre me lo decía cuando era niña, afronte sus actos.

-Ya. Pero no son lo mismo las travesuras de una niña,

que las circunstancias de una vida.

-Madre,...

es cierto que usted ha cambiado,

que se ha humanizado, que no es la que era.

Vaya a ver a don Jaime.

Siempre ha sido un hombre muy comprensivo. Se dará cuenta.

-Lo haré.

¿Vas a decirle a Diego lo de su padre?

-Claro.

Le enviaré un telegrama.

Lo haré enseguida. Quiero que le llegue hoy.

Y usted hágame caso,

vaya al hospital.

-Señora.

-¿Alguna novedad?

-No, ninguna. Solo que me extrañó

que tardara tanto tras la misa y me inquieté por usted.

-Ve al quiosco.

Encárgale a Fabiana un ramo de flores.

El más caro. Es para mi esposo.

Y dile que venga ella en persona a entregarlo a casa.

-Sí, señora.

-Ella misma, no quiero que mande a un mozo.

Quiero tener un encuentro con Fabiana.

-Hijo.

-Se está cansando, padre. Ya tendremos tiempo para hablar.

Para que me diga lo que recuerda.

Para contarle todo lo que ha ocurrido en estos meses.

Beba,

le vendrá bien.

Ya ha escuchado al doctor,

que su cuerpo acepte líquidos es buena noticia.

Ha dicho que tiene un aspecto formidable,

que sus constantes parecen las de un hombre sano.

-Fuego, fuego. -Padre,

en casa de doña Cayetana Sotelo Ruz, ahora vivimos allí.

-Cayetana, Cayetana.

-Hubo un incendio pavoroso.

A usted se le cayó una viga en la cabeza. Perdió el conocimiento.

Nunca volvió a estar bien.

Nunca pensamos que se fuera a recuperar,

y mucho menos que podríamos volver a hablar con usted.

-Anita. Anita.

Anita. -Ella y otra mujer, Teresa.

Las dos quedaron atrapadas en el incendio.

El cuerpo de Cayetana nunca se recuperó.

-¿Muerta?

No hay criados, nos tenemos que servir nosotros mismos.

Ahora entenderá el motivo.

-Nadie ha de escuchar lo que hablamos.

No dar oportunidad para que eso suceda.

-No sé a qué se refiere. -Ya le avanzo.

Pronto lo entenderá todo. -Tenga un poco más de paciencia.

Brindemos. Por la patria.

-Por la patria. -Por la patria.

Lo primero que quiero pedirle es disculpas por mis desconfianza.

Don Felipe me explicó que contra lo que yo pensaba,

usted si dio una educación esmerada a su hija.

-Nos aclaró que su ausencia se debe a que usted la expulsó de casa

por no compartir sus criterios.

-Sé que tuvo que ser doloroso.

Pero usted hizo lo que debía.

-Es un tormento renunciar a una hija,

pero peor es la moralidad.

-Dilucidado esto,

para nosotros es un honor su presencia en la asociación.

-Y yo me siento honrado. Pero tengo unas preguntas.

-Para eso estamos aquí, para resolver sus dudas.

-¿A qué se han dedicado los fondos obtenidos

en la cena benéfica?

No he visto en la prensa ninguna actividad destinada

a ayudar a los soldados. -Es que no se ha hecho.

Pero no tema. Ese dinero

no engrosará nuestras arcas. Tiene una utilidad crucial.

Ha llegado el momento

de desvelarle cuáles son los verdaderos motivos de la asociación.

Síganme, por favor.

-¿Lo reconoce, señor Valverde?

-Perfectamente, es el norte de Marruecos, la región de Rif.

He estado muchas veces en esas cabilas.

-¿Ha seguido las noticias? -A diario.

España se está equivocando al permitir que las tribus rifeñas

se armen.

-Me alegra ver que pensamos lo mismo,

que no me he equivocado con usted,

y que es un patriota preocupado por España.

-¿Y qué pretende hacer la asociación al respecto?

-Lo que deberían hacer los políticos y el gobierno.

Todo el dinero recaudado

y mucho más que precisamos,

se utilizará para comprar un cargamento de armas.

-Armas que se enviarán

a los militares españoles para que repriman

las revueltas de estos días,

y tensen aún más la situación

con Francia e Inglaterra, también presentes e la zona.

-Provocar una guerra.

-Tal vez. Empezar a devolverle a España

el imperio que nunca debió de perder.

Es nuestra obligación con nuestros descendientes y nuestra patria.

-¿Está con nosotros?

-Plenamente.

Pueden contar conmigo para todo lo que necesiten.

La patria está por encima de todo.

-Brindemos.

El incendio. Incendio. -No se esfuerce, padre.

Recuerdo, a las dos las recuerdo.

A Teresa y a Ana.

-Ana pereció en el incendio.

Teresa quedó muy grave.

Pero se recuperó y se marchó de Acacias.

-Teresa

me dijo algo de Cayetana.

"¿Quién diablos es usted?".

La verdadera Cayetana Sotelo Ruz.

Su hija me robó la identidad.

Y ahora iba a matarme.

No la escuche, padre.

He podido escucharle desde la habitación.

Donde me creía por muerta.

Es ella,

la que ha estado sufriendo todos estos años, es una asesina.

Entre sus crímenes está su esposo

y su propia hija. Miente.

La policía no va a tardar en venir en su búsqueda

para llevársela a la cárcel

y, después al cadalso.

Padre. Padre, padre,

cálmese, tanta excitación es mala.

-La combinación

de la caja y el cuaderno... -Lo encontré.

Lo encontré. Pude abrirlo.

-Úrsula me chantajeaba.

Cayetana era...

mi hija. -Lo sé.

Lo sé todo.

Leí la carta que usted dejó allí.

-Samuel,

esa mujer es mala. Hay que apartarla de la familia.

-Padre. -Apartarla.

Debo contarle algo.

("GRITA JACINTO")

-Ese es mi primo Jacinto. Ha vuelto.

No sabe cuánto le hemos extrañado, Jacinto.

Aquí me tiene, comiendo pan solo. -Casilda,

la familia te envía unas cosillas que traigo en el zurrón.

-Yo mientras voy a oler.

-Luego las veo, primo.

Ahora tenemos un asunto de mayor enjundia que tratar.

-Sí, que "pa" eso enviaste aviso. -"Pa" chasco que sí.

A ver,

¿conoces a unas mujeres que llevan la gracia de Gertrudis, Pepa y Paca?

-"¿No ha "estudiao" usted?".

-Ya me sé más versos del mio Cid, ese.

"De su jaula se ha escapado y andaba suelto el león,

al saberlo por la corte, un gran espanto cundió".

-Sí que le ha "cundío".

Ya quisieran alumnos así en la universidad.

¿Ha practicado escritura?

-Mi nombre, el de don Arturo, el de los antiguos señores...

Los números... Todo eso ya me va saliendo.

No me puedo dormir en los laureles,

porque el señor me hará la prueba en el momento más inesperado.

-¿Y cree que le dará usted el pego?

-Ojalá, yo qué sé.

A veces, sin prueba ni nada, me pone en un prieto.

-"Si quiere usted medrar" en política,

más conveniente que arrimarse al ala militar,

sería entrar en lo que antes se llamaba la corte.

-Discrepo.

Nuestro futuro rey está a punto de cumplir la mayoría de edad

y ser coronado. Entrar en palacio no sería de gran utilidad.

-No le estoy abriendo camino

para entrar en la corte de la reina regente,

sino en el círculo más íntimo del que en breve será rey.

-¿Tiene usted alguna vía para llegar hasta don Alfonso?

-"Lo que sé de Diego es" que tras llegar al yacimiento

inició las negociaciones.

-¿Nada más? -Solo ese telegrama.

-¿Y cree usted

que podría darme las señas del yacimiento?

Querría hacerle saber a Diego que su padre ha salido de la inconsciencia.

-Como amigo, nada me agradaría más que darle esa noticia a Diego,

pero como empresario, no es conveniente.

-"Antes de encomendarle mis órdenes,"

nos gustaría que supiera que más que probablemente,

nos veamos abocados a unas prácticas

no del todo legales.

-¿Contrabando, quiere decir?

-"Perdone".

¿Adónde van tan elegantones? Que una sepa,

hoy no se prevé boda.

-En el barrio, no, pero boda hay.

-¿Y quién se casa?

-Nosotros. -Nosotros.

-Madre del amor hermoso.

Ay. -Vale. Vale, vale.

(RÍEN)

-Pero ¿y cómo no me han dicho "na"?

Va a ser un jaleo preparar un convite.

-No va a haber convite. Va ser una ceremonia íntima

en una ermita pequeña. -¿Que no hay "invitaos"?

¿Cómo está? -¿Para qué me ha requerido, coronel?

-Estoy escribiendo una carta para recuperar su baúl,

y quiero conocer algunos detalles sobre su padre.

-No me resultará difícil. Tengo a mi padre

muy presente siempre.

-"¿Envolvías a tu hijo en un arrullo?".

-Sí, señora.

En uno muy parecido a ese que usted acaricia.

Recuerdo que también

yo, cuando él dormía como un angelito,

le cogía su arrullo y lo acariciaba.

Pero sobre todo lo olía.

Porque no hay nada que despierte tanto la ternura de una madre,

como el inocente y puro olor de su criatura.

Enhorabuena por la recuperación de don Jaime.

-¿Cómo está? -Mejorando.

Balbucea, pero habla.

Y hasta come por sí mismo.

-¿Crees que podría verle? -Ni se te ocurra.

Decidiste salir de la rama de los Alday.

Ya no hay paños calientes que valgan.

Te prohíbo que vayas.

-"Lo siento, pero debo hablar con don Jaime".

-¿Qué has dicho, insensata? -Si ese hombre

está en condiciones de entender, aclararemos las cosas

y honraremos la memoria de... nuestra hija.

-Atente a las consecuencias.

No me temblará el pulso. Pagarán justos por pecadores.

-Úrsula es un monstruo.

No os fieis de ella, hijo. No os fieis de ella.

No os fieis.

-"Tenías que despertar, viejo asqueroso".

Ahora yo soy la familia. ¡Yo soy los Alday!

Y nadie,

nadie podrá quitarme esa posición.

Nadie.

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Acacias 38 - Capítulo 692

02 feb 2018

Úrsula y Samuel reciben el aviso de que Jaime ha despertado, y Fabiana también lo escucha. Úrsula pide a Samuel que intervenga en su favor delante de su padre. Lolita, con el apoyo de Trini y Antoñito, consigue que Ramón le permita trabajar en casa de los Álvarez-Hermoso. Celia y Felipe preparan su boda y piden a los Palacios que sean sus padrinos.

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