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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 688 - ver ahora
Transcripción completa

¿Es usted Víctor Ferrero?

-Sí. -Soy Íñigo Cervera.

Soy el comprador del establecimiento.

Encantado.

-"Tal vez lleguemos a ser amigos, pero no lo creo".

No tengo fe en la amistad hombre mujer,

sino en la familia cristiana.

-No sé si me suena eso más a cinismo o a aburrimiento.

En cualquier caso,

por la amistad.

-"No debió permitir que Silvia volviera a practicar esgrima".

-Hay que reconocerle a esa mujer arrojo y valentía.

Y es una excelente tiradora.

-Solo le reconozco que es una fresca provocadora.

-"Espero verla en la cena benéfica"

del coronel.

¿Le ha llegado la invitación? -No.

-Lo estamos organizando Felipe y yo. Mañana se la doy.

-Me encantará.

-"Vamos a ser muy dichosos, vamos a tener muchos hijos".

Además, te voy a querer hasta el día en que me muera.

(APLAUDEN)

-"Es mi esposa y hará"

lo que yo mande. Y si no quiere comer, yo mismo

le meteré la comida con un embudo.

Su hija se va a comportar como una buena esposa,

se lo garantizo. -"¿Por qué pones tu vida"

y la de tu hijo en juego? ¿Qué pretendes conseguir?

-Madre, voy a vivir con Diego o no voy a vivir.

-"Blanca saldrá de su encierro,"

pero no será a la fuerza. -¿Qué piensa hacer?

-Lo sabrá a su tiempo. -"Tiene la mano deformada".

¿Qué le ha ocurrido? -Mi marido me la rompió.

Todos los dedos. Como puede imaginarse, no va a ser fácil

hacer un anillo.

-Estoy seguro de que podremos hacer uno que usted pueda lucir.

-"Hemos de hablar sobre Blanca".

-No.

Ya sé qué hacer con ella. -"¿Lo lograremos?".

-La poca humanidad que le quede a Samuel, no dejará de darle vueltas

a la cabeza y de ver en lo que se está convirtiendo.

-"Debe parece que ella logra su libertad"

gracias a tu altruismo.

Debe marchar...

llevándose en el corazón la imagen de un hombre...

bueno.

Eh...

¿Quieres que nos sentemos un rato en el sofá?

-Vale.

-¿Te apetece tomarte una copa? -No.

Gracias, pero ya me has obligado a tomarme varias

esperando a que se fueran todos.

-Teníamos que hacer tiempo para subir.

Prefería que mis padres y mi hermano estuvieran durmiendo.

-¿Y seguro que lo están?

-Bueno, desde la calle parecía que estaban todas las luces apagadas.

-Yo no es que no esté feliz como una perdiz,

solo que nunca se me había pasado por la cabeza

que nuestra noche de bodas fuera a ser así.

-¿Así cómo? -Con tus padres al lado.

Nos había imaginado solos, libres.

-Hay tabiques, por si no has caído. -También hay hoteles.

-Yo no quería pasar fuera de casa los días que nos quedan aquí.

Además,

les he hecho prometer a todos que no nos importunarían.

-¿Qué quieres que te diga?, no me...

enardece mucho saber que mi suegro está pared con pared.

-Mi marido, mi fuerte y guapo esposo, ¿poco ardiente?

No me lo creo.

Bueno, parece que todo ha salido perfecto, ¿verdad?

Ahora me parece una tontería lo mucho que me he preocupado.

-¿Ves?

Todos te decíamos que solo eran los nervios de la boda.

-Todo a salido a pedir de boda.

Exceptuando lo de esa sinvergüenza de Flora.

-Pues olvídate de ella, que no la vas a tener que tratar.

En breve vamos a estar en nuestra bonita casa de París.

-Estoy tan contenta, Víctor.

-Y yo. Creo que nunca voy a olvidar este día.

Espero no olvidarme tampoco de esta noche.

Estás preciosa.

Y eres mi esposa.

Solo mía.

Te quiero.

No sabes la de tiempo que llevo soñando este momento.

-Y yo, pero no me lo recuerdes más,

que estoy muy nerviosa.

-Tenemos la bendición de la iglesia y de nuestras familias.

No hay nada malo en lo que vamos a hacer.

Vamos a amarnos sin vergüenza ninguna.

-Además, que tú y yo ya hemos dormido juntos, ¿te acuerdas?

-(RÍE)

No mucho.

Pero lo de hoy sí lo voy a recordar siempre.

Para toda la vida.

-(EXHALA)

(Graznidos de patos)

¿Y mi madre, no desayuna?

-Tu madre no se ha levantado muy católica.

Se ha vuelto a acostar, a ver si mejora.

-Nada grave, espero.

-No, grave no, incómodo, en todo caso,

como son las mañanas tras una buena curda.

No paró de beber.

Parecía más sedienta que un beduino.

-Así es mi madre y tu esposa, y así hay que quererla.

-¿Lo pasaste bien?

-Sí. Todos disfrutamos, yo creo.

Aunque a decir verdad, más de lo que deseaba, me acordaba de Blanca.

-Mal asunto.

-¿Tú crees que, Samuel, tras conocer a esa mujer maltratada...?

-¿Rocío? -Sí, Rocío.

¿Tú crees que habrá recapacitado?

-Ojalá.

(Llaman a la puerta)

Yo voy.

¿De verdad se ha personado usted en comisaria?

-¿Qué otra cosa podía hacer?

Confiaba en que Samuel reaccionaría tras conocer el caso de Rocío.

Pero ante su pasividad, no me ha dejado otra opción.

-¿Ha interpuesto denuncia? -Lo he intentado.

Conté la situación tal y como es,

que Samuel tiene encerrada a Blanca.

Pero como no hay ningún delito, no pueden hacer nada.

-¿Qué es lo que necesitan para que sea delito?

-Golpes, agresiones, un intento de homicidio, yo que sé.

-Conozco otros casos como estos en esta misma ciudad, y la ley

y sus representantes siempre se ponen de parte del varón.

-Me dan ganas de provocar a mi hermano

para que cometa alguna locura y le detengan.

-No cometa ninguna barbaridad, eso sería peor para Blanca.

-Conténgase, amigo.

-Parece que sea la única manera para que alguien intervenga.

No se me ocurre otra idea. No me quedo de brazos cruzados.

Me corroe ver que nadie hace nada ante la desgracia de Blanca.

Calla, tunante. -Es que es la verdad.

-Bueno, pues te callas. -Es verdad.

No te lo voy a decir todo el primer día.

Pretendo pasar contigo el resto de mi vida.

Soy el hombre más afortunado del mundo.

Por ser tu esposo,

por compartir cama contigo.

Creo que nunca me voy a olvidar de lo que pasó anoche.

¿Tú? Cuéntame.

¿También fue inolvidable para ti? -Bueno,

por fin os despertáis, bueno,

desayunáis.

Lolita ha tenido la santa paciencia de mantener el desayuno calentito

para cuando tuvierais a bien amanecer.

-Muchas, gracias, Lolita, pero ya no es tu obligación.

-Un placer. La luna de miel es más dulce

si se tienen cosas ricas "pa" llenar el buche.

-Se agradece. Es el mejor desayuno que he visto en mi vida.

-A ti hoy todo te viene de perlas.

Solo hay que verte la cara.

Ni que hubieras visto al Altísimo. -Calle usted,

Trini. -Tampoco te tienes

que comportar como una doncella virginal, ya sois marido y mujer.

-Aun así, no es lo correcto.

-En la noche de bodas,

casi nada es correcto. Te lo digo yo, que he tenido dos...

-No necesito saber nada de eso.

-Lo mejor es que deje a las señoras discutiendo

sobre lo que se puede y no se puede hablar.

Me voy a cumplimentar la cesión de La Deliciosa.

-Te diría que te acompaño, pero no me apetece ver a ese par.

Anoche casi nos arruinan la fiesta. -Pues tengamos la fiesta en paz.

Te quiero. -Y yo.

-Señoras. -Caballero.

-(RÍEN)

Venga.

Tiene usted unas medidas perfectas.

De lo más proporcionadas.

-Muchas gracias.

Usted que me ve con buenos ojos.

-No es adulación, sino experiencia.

He vestido a media ciudad, y casi no me hace falta

mirar la cinta métrica para saber cuándo una mujer tiene

una figura armoniosa.

Y es de agradecer, porque así el trabajo de la sastra luce más.

-Me alegro que me la recomendarán a usted para renovar mi guardarropa.

Nada más verla manejar el metro, se nota que es usted muy meticulosa.

-Son muchos años, ya le digo.

¿Se quedará usted

mucho tiempo con nosotros? No es por fisgoneo,

es para saber si guardo las medidas.

-Me gustaría, sí, pero antes quiero probarme el vestido.

-No quedará decepcionada, se lo aseguro.

-Nada me agradaría más.

Necesitaba confiar en una buena artesana

para renovar mi guardarropa.

Acabo de llegar,

y apenas he traído ropa. Necesito hacerme casi de todo.

-Estos días la he observado, y...

llevaba unos vestidos dignos de reseñar.

Tiene usted muy buen gusto.

-Vengo de París. Algo habré aprendido en la capital de la moda.

-París, la meca de los de mi gremio.

Con razón lleva usted una indumentaria tan novedosa.

Aunque si le digo la verdad,

algo me olía. Mi hijo Leandro es figurinista

y sastre en París.

Y me manda figurines y bocetos para tenerme al día.

-Estupendo.

Así entenderá mis gustos en el vestir.

-A partir de ahora, estaré

doblemente informada, porque mi nieto, que se casó ayer,

una boda espléndida, por cierto,

también va a instalarse en París.

Y su joven esposa también está muy interesada con las novedades.

-Les deseo lo mejor.

Aunque no les haga falta mi cumplido, porque

no hay lugar mejor que París para un matrimonio flamante.

Es fácil ser feliz en la ciudad del amor.

-Noto en usted cierta añoranza.

No es por ser entrometida, pero

¿por qué dejo esa ciudad?

-No es ningún secreto, cuestión de carácter, supongo.

Soy una mujer a la que no le gusta dormirse en los laureles,

y no quiero tener ataduras.

Prefiero tener las alas listas para volar.

-Cómo cambian los tiempos.

En mi juventud, una mujer nunca se hubiera permitido decir algo así.

-Espero no haberla escandalizado.

-No. Una ya no se escandaliza de casi nada.

-¿Y cuándo cree que podré probarme el vestido?

Acabo de llegar, pero estoy invitada a varios actos sociales.

Tengo cierta urgencia.

Uno de ellos muy cerca, pared con pared, como quien dice.

Esta noche.

-Qué raro, no me he enterado, siendo tan aledaño.

-Una cena en beneficio de los soldados retornados.

En casa del coronel Valverde.

-Bueno, pues mañana tendré hilvanado

el vestido para hacerle una primera prueba.

-Un trabajo muy ágil. Muchas gracias. Hasta mañana.

-Hasta mañana. La acompaño.

-"Que sí, Luisi,"

que todo eso del amor y el cariño ya lo sabemos.

Queremos que vayas al grano.

-No sé qué más quiere que le cuente. -Pues eso,

que qué tal es Víctor, que si ha cumplido, con lo mocetón que es.

-Lo siento.

Pero una ha de saber cuándo ha de tener las confidencias.

-Diga usted que sí,

que hay cosas que hay que guardarse "pa" una. Pero en Cabrahigo,

si no lo cuentas todo,

te tiran arena por encima hasta que escupes engrudo.

-Lo único que puedo contar es que Víctor se ha portado

como un caballero.

-Uy, pues ahora sí que me deja usted "pasmá".

¿No dicen que en la cama y en la guerra "to" vale?

-Lo que quiere decir es que ha cumplido.

-He creído que tocaba el cielo.

Y no voy a decir nada más. -(TRINI RÍE)

-Ay, yo muchas veces me imagino cómo será la noche de bodas con Antoñito.

Doña Trini, ¿las de Cabrahigo también llegamos a tocar el cielo?

-(RÍEN)

Tieta.

Me ha dicho un pajarillo que tiene una clienta nueva.

-La señorita Silvia Reyes, una mujer muy simpática.

Y no ha sido un pajarito,

te la has cruzado y te has parado a pegar la hebra.

-¿Sabe usted que tira con el florete?

-Lo que sé es que se ha introducido en la sociedad

con mucha soltura y éxito.

Está recién llegada y está invitada a una cena que celebra el coronel.

-Sí. Al parecer trata de congeniar filantropía y patriotismo.

-¿Estabas enterado de la gala?

-De hecho, acudo con mi esposa.

No para adorarle la píldora al coronel,

sino porque me lo han rogado Celia y Felipe.

-Ya.

¿Y por qué no me lo habéis dicho?

¿Es que ya has olvidado lo que ese militar ha hecho a nuestra familia?

-¿Cree que soy capaz de olvidar lo del duelo y todo lo demás?

Que mi vida fue la primera que estuvo en peligro por ese hombre.

Pero el hecho de que quiera aliviar a los soldados menesterosos,

es digno de loa.

Van a acudir todos los vecinos.

Que se celebre en casa de don Arturo es lo de menos.

-Ahora es don Arturo.

Pues sí que tiene importancia, sí.

Me decepcionas.

Estoy... muy defraudada, mucho.

Buena idea emparentar con un chocolatero.

Le quedo el convite más bonito que un San Luis.

Además, abundante, cabía de "to", "menua" boda.

-Pues la noche de bodas tuvo que ser mejor.

Tenías que haber visto la cara de María Luisa esta mañana,

"iluminá" como una candela.

El Víctor se tuvo que comportar, bien "comportao".

-Yo también le compuse el cutis a la parienta

en nuestra noche de bodas. -Pero si estabas "enchironao".

-Quiero decir la primera noche que pasamos juntos.

Lo que me gustó saber que tenías un lunar...

-Hay que jeringarse, Martín.

Tienes la boca más grande que el pórtico de una catedral.

-A ver si quiere

el Santísimo que este año pase pronto

y que tenga una también cosas que contar de su noche de bodas.

-Me da a mí que antes de tu casorio puede haber otros,

que anda mi primo por ahí castigando.

-¿Jacinto tiene novia?

-Novia no sé, pero más de una ha venido preguntando por él.

La última, la Gertrudis, que dice que se queda en el barrio.

-Vivir "pa" ver. -No es de extrañar.

Como trate a las mozas igual que a sus ovejas,

se lo tienen que rifar.

-No seas animal.

Mi primo, aunque lo esconda, tiene el embrujo de la familia Corano.

Tenemos un no sé qué,

que bueno, mi primo y yo no lo mostramos así como así.

¿A que sí, Lolita?

Pero si no me has "escuchao". -¿Qué pasa?

-Ay, Lola, ¿qué mosca te ha "picao"

que no haces más que pasar el plumero y la bayeta?

-Pues que me aburro.

¿Qué queréis que os diga?

Todo el mundo tiene cuitas que resolver menos una.

Desde que no laboro estoy mano sobre mano.

Esto de ser señora es un agobio.

No me extraña que se les quede a todas esa cara de mal huele.

-Es que tú has tenido de ama a la "señá" Trini.

Pero te toca faenar bajo el mando de doña Rosina,

y estarías deseando guillártelas.

No sé si es para tanto, pero sí es caprichosa nuestra ama.

-Pero tiene su chispa, ¿eh?

Como se puso de "tostá" en la boda con el vino, ¿eh?

-(RÍE) -Por cierto,

que tengo que ayudar a la "señá" Agustina con el menú de la cena.

-Casilda, espera, espera.

Me voy contigo y os echo una mano.

O las dos.

-No, nones.

Porque si tu suegro te pilla trabajando,

las culpas serán "pa" mí, que "pa" eso soy la chacha.

¿Quién me va a pillar? Si la Agustina acaba de llegar.

No sabe que soy señorita recién "ascendía".

Le diremos que soy "criá".

Y no preguntará más,

porque necesita todos los capotes que pueda "pa" torear la cena,

y que el coronel quede contento.

Me cambio.

Muy bien. Habéis trabajado con ahínco y puntualidad inglesa.

Está todo en perfecto orden.

Muchas gracias. Podéis marchar.

Unos sentimientos agridulces, ¿no es así?

-(SONRÍE)

Cada una de estas mesas me trae recuerdos.

Mi madre, cómo me he criado entre estas cuatro paredes...

Mi padre, mi abuela...

Los buenos y los malos días que he pasado con María Luisa.

Y ahora me tengo que marchar.

-Vamos. Venga, que tienes toda la vida por delante, hombre.

Estos recuerdos no te los va a quitar nadie,

siempre van a estar contigo. Y por si fuera poco,

tienes la oportunidad de empezar en París.

Muchos querrían estar en tu pellejo.

-Me siento el hombre más afortunado del mundo.

Sobre todo por María Luisa. -Te llevas

una joyita, cuídala.

-Lo haré, no lo dudes.

Bueno, daría mi vida por ella.

Y sobre todo por sentir el amor como lo sentí anoche.

Qué sensación de plenitud, de sentirla mía.

-Mide bien tus palabras, muchacho,

que es de mi hija de quien estás hablando.

-No sabía yo...

No quería yo ofenderle, y mucho menos a su hija.

La traté con el máximo respeto.

-Tranquilo, hijo, sosiégate.

Eres su esposo, no tienes que darme explicaciones.

Ni mucho menos, oír detalles. -Por supuesto.

-Confío en ti, querido yerno.

Sé que amas a María Luisa,

y que en París

o en la Conchinchina te vas a partir el alma

para darle la vida que se merece.

-No lo dude.

Ella va a ser siempre mi primera preocupación, allá donde esté.

-Y dejemos de hablar de ella, que ya empiezo a sentir

la nostalgia por adelantado.

La nostalgia de los días sin su presencia.

-Que no se diga, don Ramón.

Usted es un hombre bregado en todas las suertes.

Va a poder ir a visitarla cuando le venga en gana.

-No creas, que los dineros no se ganan en balde

y, en los negocios hay algún otro fuego que apagar.

-¿Sigue usted preocupado por el yacimiento?

-Si la huelga se va extendiendo, nos veremos en apuros.

Pero no hablemos de eso ahora.

He aquí otro hombre de negocios que merece

mucho más nuestra atención. -¿Estás preparado

para esta nueva etapa? -Sí, señor.

Yo con su hija siento que me puedo comer el mundo.

-¿Has ultimado el traspaso de este local?

-Esta misma tarde se lo entrego envuelto con un lacito

a los nuevos propietarios.

Y no se crea que no me duele, ¿eh? Son muchos años.

Una vida entera. -¿Ha revisado Felipe los contratos?

-Sí. Ya está todo listo y en orden.

Solo espero que este matrimonio

sea capaz de mantener La Deliciosa en el candelero.

Que buen esfuerzo nos costó a mi madre y a mí hacerlo.

-Parecen un tanto excéntricos

los Cervera, sí. -María Luisa

no puede soportar a la señora Cervera.

Yo me quedo tranquilo, él me parece un buen hombre.

-Tenemos que darles la oportunidad y que demuestren de qué son capaces.

-Desde luego, si arruinaran La Deliciosa,

sería como si rompieran el trozo de mi corazón que aquí se queda.

Samuel no se enterará de nuestra escapada.

Me he asegurado de que pasará varias horas fuera de casa.

-Vamos, señora, que este paseo le hará bien.

Aunque más habría valido que hubiera comido usted.

-No quiero comer. ¿Cuántas veces tengo que decirlo?

-No te preocupes, se hará como prefieras.

Ahí está doña Asunción. Voy a hablar

con esa santurrona. Esperadme.

-Ahora que su madre no está, señora,

¿le apetecen unas peladillas? Con el azúcar y el fruto seco

le serán de gran alimento. Ande.

Coma unas pocas.

-¿No me has escuchado, Carmen?

No pienso alimentarle mientras no pueda hacer mi voluntad.

-Estoy de su parte, nadie se enterará, ni siquiera doña Úrsula.

Creerán todos que sigue usted en ayunas.

-¿Qué haces con eso, Carmen?

-Nada. He traído unas peladillas

para dárselas a un mendigo, que las aprecia mucho.

Y siempre está por el pórtico,

aunque ahora no le veo.

-Vamos, entremos en la iglesia

y recemos para encontrar una solución.

Seguro que el Señor nos ayudará.

-Más valdría que fueran los jueces quienes se ocuparan de mi situación

sin tener que importunar a la providencia.

Si pueden continuar solas, a mí me gustaría quedarme aquí.

Para ver si veo a ese mendigo, y le doy las peladillas

y alguna moneda para su sustento.

-Como quieras.

Vamos.

No, no, no, no.

Así no, muchachas.

La verdura hay que picarla más menuda.

Así.

A la juliana se llama, menos el ajo,

que solo tiene que dar sabor, y que sacaremos antes de servir.

Ha "dao" el coronel con la horma de su zapato.

Es usted de ordena y mando.

-A ser criada se aprende.

Servir y callar, ese es nuestro oficio.

Y las jóvenes de hoy en día parece que lo habéis olvidado.

Siempre pidiendo privilegios que corresponden a señores,

no a siervos.

-Parece que habla por boca de don Arturo, "señá".

-Una está "acostumbrá" a los rapapolvos,

y que no me canso de aprender.

Ya se ve que es usted maestra en los pucheros.

-¿"Pa" qué quieres ser maestra en la cocina si ya no eres criada?

Y no vas a tener que cocinar...

nunca más. -Ya veo, Casilda,...

que se puede confiar en ti "pa" guardar un secreto.

Que el pregonero de Cabrahigo se calla más cosas que tú.

-¿Qué misterios os traéis, muchachas?

-Venga, Lola, de perdidos al río. Cuéntaselo,

no vaya a ser que se haga cábalas, y vete a saber por dónde sale.

-Verá usted, Agustina, que... pues las cosas que tiene la vida,

que rodando, rodando, pues una, que ha venido a prometerse

con el señorito de la casa donde trabajaba.

-¿Prometida, prometida?

Que líos entre fámulas y señoritos los hay de todos los colores.

-Sí, prometida con todas las de la ley.

Antoñito y yo nos casamos en un año, ley de mi pueblo.

-Perdona por mi curioseo, pero si tan prometida estás,

¿a qué viene a que te plantes aquí como una criada más?

-Los Palacios, que me han prohibido trabajar.

Y que a una le empalagan las cosas estas de señora.

Si llego a saber algún día qué cosas son esas.

Que prefiero dar el callo.

-Pero sin que se entere tu familia política, ¿no es eso?

-"Pa" chasco que sí.

No les sentaría bien que deje de faenar en casa de ellos,

"pa" faenar en casa ajena.

-Por favor, por favor, Lolita.

¿Tú sabes leer y escribir, verdad?

-Y las cuatro reglas. ¿Qué quiere usted?

-Que me ayudes.

Soy una iletrada, y no he cogido un lápiz en mi vida.

Me barrunto que dentro de poco tendré que demostrar

una pizca de conocimiento.

-Usted ya tiene de eso.

Tiene un pico de oro.

-A base de escuchar y repetir, pero no sé ni de letras ni de números.

Me temo que el coronel me echará a la calle si no soy capaz

de coger un lapicero.

-Puede ser. Simón, el antiguo mayordomo,

era más leído que un bachiller.

Necesita que yo le dé un empujón con las letras.

-Y con los números. -Casilda, un lapicero.

No se angustie usted,

que en un abrir y cerrar de ojos le voy a enseñar

a escribir su nombre y los números.

A ver...

¿Qué ve usted aquí?

-Una zanahoria.

-Una, ¿verdad?

"Pos" un uno...

es esto.

Y dos zanahorias... se pintan así.

¿Fácil, verdad?

-No sé yo si me meteré eso en el caletre

antes de que se entere el coronel.

-"Pa" chasco que sí.

Que tiene usted mucho talento.

Venga, Lolita, sigue. -Tres zanahorias.

¿Más reconfortada, señora?

-Sí. Le ha sentado muy bien rezar.

Aunque el humo de las velas y el olor a azufre

le ha descompuesto un poco el estómago.

-Vaya, lo siento.

Ahora se despejará usted con el aire puro.

-Eso quería decirte, que os quedéis aquí

tomando el fresco mientras yo entro a hablar con el párroco.

-Déjelo, madre.

Samuel no atenderá a razones, ni siquiera a las de un sacerdote.

¿Quién sabe?, yo creo en los milagros.

Si accede, os concertaré una cita para que podáis hablar

sin tapujos. Más de un matrimonio se ha salvado

gracias a la intervención de la Santa Madre Iglesia.

Por el amor de Dios,

coma usted algo. Si no lo hace por usted, hágalo por la criatura.

-¿A qué tanto interés por mi persona, Carmen?

-Porque sé las fuerzas que va a necesitar para lo que se le avecina.

-Sea lo que sea, mi única arma es mostrar mi fuerza y mi tesón.

Así que no comeré.

-Se lo prometo, no se enterará nadie, ni su marido ni doña Úrsula.

Y todos creerán que sigue en privación.

-No te entiendo. Siempre has sido muy discreta.

Y siempre te has puesto del lado de tu señora.

No te lo reprocho, pero

me sorprendes. -Digamos...

que ahora sé hacia dónde se inclina mi simpatía.

Puedo ayudarle, señora. Y he tenido una idea.

-¿Para sacarme de casa?

-Bueno, eso ya se verá.

Al caer la noche, dará usted un paseo.

No se preocupe por doña Úrsula, que yo le cubriré a usted.

-¿Y cuál es el motivo de ese paseo?

-Se encontrará con alguien y podrán hablar a solas.

-¿Con quién? -Ya lo verá.

Recuerde, en el callejón de los Jardines del Príncipe.

Nuestro último día en La Deliciosa, madre.

Bienvenidos a la que será su casa.

-Gracias.

-Espero que el traspaso no resulte muy triste.

-Bueno,

algo sí. Tenga usted en cuenta que yo me he criado aquí.

Aquí me he hecho un hombre,

y aquí he aprendido lo que sé de este oficio.

Pero bueno, por fortuna, el traspaso coincide con el inicio de mi vida

como casado, que lo endulza todo mucho.

-Eso depende con quién se case uno.

-Querida, no todo el mundo entiende tu sentido del humor. Cállate.

Déjanos a los hombres hablar de negocios.

Quería disculparme por el comportamiento de mi esposa

durante su convite.

-Olvídelo, todo fue un mal entendido.

-Bueno, malentendido, malentendido...

Todo empezó porque su prometida intentó quitarme mi flor.

-¿Qué te he dicho?

-Mi esposa sufrió mucho de los nervios los días previos a la boda.

Ahora es otra persona, se lo aseguro.

Fue un malentendido que se agravó sin intención

por ninguna de las partes. O eso espero.

Naturalmente que no hubo voluntad.

Mi esposa querría disculparse con usted.

¿No es cierto, Flora?

Flora, ¿no es cierto?

-Trasmítale mis disculpas a su esposa, caballero.

Y ya de paso, dígale que la felicito por su enlace

y por lo sabrosos que estaban los canapés.

No podía parar de comerlos. Me puse...

-Ya es suficiente, Flora.

-¿Les parece que les enseñe el local?

-Estamos deseándolo.

-Para empezar,

como se puede ver, esto siempre ha sido un negocio familiar.

Nos hemos expandido, pero sin comprometer esa máxima.

Somos una familia que da de comer a los clientes.

Y siempre con la mayor dulzura posible.

-Procuraremos que no se pierda ese carácter familiar

y el estilo de ganarse a la clientela con cuidado y cariño.

De ganarse a la clientela

y el monís, claro.

-Claro. Somos comerciantes,

y si no hay ingresos no hay negocio.

¿Les parece que les enseñe la cocina?

Cada vez que quieres parecer que sabes

del negocio, consigues lo contrario.

-Déjame en paz, listillo.

-¿Saben qué?

En realidad, la cocina no tiene nada de especial.

Si son ustedes duchos en el oficio, se harán con ella.

En fin...

Llegó la hora.

Ahora La Deliciosa es suya.

Espero que les dé tantas satisfacciones

como nos ha dado a nosotros.

Y les ruego que la cuiden lo mejor posible.

-Así lo haremos.

-Gracias.

-Ea. No me llore. Ni usted

cuando vuelva va a reconocer su negocio.

De lo bien que va a ir, caramba.

Muchas gracias, caballero.

Los soldados retornados agradecen su generosidad.

-Disfrute de la velada. Está usted en su casa.

-He oído que la huelga se está extendiendo.

¿Les afectará en sus inversiones?

-Ya lo creo. Antes estuve comentándolo con don Ramón.

Los trabajadores del yacimiento secundan este sin Dios.

-No se inquiete, doña Rosina, yo sabré cómo minimizar los daños.

Será mejor que no me asuste, porque cuando me asusto, me da por comer.

Por cierto, cariño, tenemos que felicitar a don Arturo.

La nueva criada cocina muy bien.

-Tienes razón, Rosina.

Este guiso está riquísimo.

-Veo que la recaudación está siendo un éxito.

-Así es. La gente se ha volcado.

A veces no lo vemos, pero dentro de cada español hay un hidalgo

listo para arrimar el hombro.

-Será mejor que me refresque un poco el gaznate.

A veces se me olvidan las contrariedades de nuestro negocio.

-Rosina, ten cuidado con el vino,

que ya tuvimos bastante con lo que bebiste en la boda.

-Liberto, por favor.

Con lo cara que nos ha salido la cena,

como para no amortizarla.

-Aunque habrá que hacer la contabilidad final,

creo que este éxito se merece una felicitación

a quien lo ha hecho posible.

Enhorabuena, coronel Valverde.

Siempre se puede contar con usted.

-Gracias, mi general. En la guerra y en la paz, siempre a sus órdenes.

-¿Me presentará a estos vecinos

que tan disciplinadamente han venido

a la llamada de la patria? -Naturalmente.

Don Felipe, puede acompañarnos.

Señoras y caballeros, les presento al general Zabala.

Héroe condecorado en la guerra de Cuba

y cabeza visible de la Asociación de Patriotas.

-Un placer, general.

-Su iniciativa es digna de elogio y admiración.

-Alguien tiene que llevar las riendas,

pero su contribución es más importante.

Me alegra que hayan respondido así a la llamada del coronel.

-Bueno, yo creo que cualquier vecino habría acudido

fuera quien fuera el convocante.

Nos preocupa la situación de nuestros soldados.

-Así es, nuestra solidaridad es con los soldados.

También el coronel Valverde ha mostrado su compromiso

ofreciendo su casa y su prestigio.

-¿Qué significa esto?

¿Quién ha invitado a esa mujer?

Carmen me dijo que estarías aquí.

Nunca podré agradecérselo lo suficiente.

Me ha guardado las espaldas con mi madre. Está de nuestro lado.

Estás pálida. ¿Samuel ha vuelto a amenazarte?

-He dejado de comer.

Es la única forma que tengo de defenderme.

-Pero eso es una locura. No puedes seguir así.

Tenemos que marcharnos.

Empezaremos de nuevo en otro lugar.

-Es lo que más desearía.

Pero Samuel nos perseguiría apoyado por la ley.

A mí me acusaría de abandono del hogar, y a ti,...

¿quién sabe?, de secuestro.

-Sabríamos dónde escondernos.

-Una vida de fugitivos no sería buena para el niño.

Yo ya estoy yendo demasiado lejos con el ayuno.

Solo espero que...

Samuel reaccione antes de que esta vida corra peligro.

Blanca, no te niegues tan rotundamente.

La criatura nunca será feliz si tú no lo eres.

Sea lo que sea que intenten, antes tendrán que terminar conmigo.

Sabría que vendría usted.

-Gracias por invitarme.

-Luce usted esplendorosa.

-Creía haber escuchado de su propia boca que no volveríamos a verla más.

-Y no me retracto.

No volverán a verme tirar con florete en sus dominios.

Pero por lo demás, soy libre de acudir a un acto patriótico.

-Es usted una insolente. -Quizá para su entendimiento.

Pero no sea usted tan restrictivo, o al menos no lo sea

a la hora de recaudar fondos para nuestros soldados.

Es una causa que me afecta, no solo como española,

también personalmente.

Le ruego acepte mi donativo.

-Una cosa es que nuestros seres retornados

anden en extrema necesidad, y otra es que hayan perdido toda dignidad.

Jamás aceptaremos un dinero que provenga de alguien

que se ha complacido en burlarse de nosotros.

-General, pese a su orgullo, nunca intenté humillar a nadie.

Solo trate de ser una igual. -¡Jamás, ¿me oye?

Jamás podrá usted compararse, y mucho menos ser una igual,

un soldado.

-Si no acepta mi donativo,

flaco favor les estará haciendo a aquellos por los que dice luchar.

¿Es usted capaz de poner por delante su arrogancia?

-Esto es demasiado. -Conténgase.

No vale la pena.

-Si fuera usted un hombre,

no dudaría en hacer correr su sangre.

Pero el coronel tiene razón,

no vale la pena. Ha venido solo para provocar.

Para sentirse protagonista.

Le exijo una vez más ¡que abandone esta casa de inmediato!

-Señorita, ¿le importaría hablar conmigo en privado?

Todo ha ido según sus deseos, señora.

-Dame detalles.

Cuando usted nos dejó a solas en la puerta de la iglesia,

me gané la confianza de doña Blanca, y accedió

a acudir a los jardines.

Don Diego tampoco dudó en ir a su encuentro.

-¿Avisaste a Samuel para que estuviese en el momento justo?

-Les vio juntos.

-¿Cómo viste a Samuel?

Le noto muy inseguro.

Podría no atenerse a mis directrices.

-No lo sé, señora, se limitó a mirarles, con odio.

Y luego se marchó.

-Espero que todo vaya según lo imaginé.

Sobre Blanca no tengo ninguna duda.

Es predecible y hará lo que yo deseo.

-¿Necesita usted algo más? -No.

Puedes ir a descansar.

Por fin creo que puedo confiar en ti.

-Serás recompensada.

-¿Cuándo, señora?

¿No cree que ya me he ganado poder tener noticias sobre mi familia?

-Todo a su debido tiempo. Cuando yo lo considere oportuno.

Beba, le ayudará a sosegarse. -No requiero sosiego, coronel.

No tengo que ocultarme ni de qué avergonzarme.

El general prejuzga, un error.

Le aseguro que mi contribución era totalmente desinteresada.

-Lamento mucho lo que ha pasado.

Usted no merece tal avasallamiento.

Mis palabras sobre usted solo pretendían acallar al general.

-Gracias, lo sé.

No sé cómo habría acabado el lance si el general llega a tocarme.

Debería darle un consejo.

Advertirle sobre un enfrentamiento

con la clase de militar que es Zabala.

Sin embargo, solo le voy a dar las gracias.

-No tiene usted porqué. -Sí hay motivos.

Hoy por su intención de donar,

ayer por cubrirme ante Zabala en la sala de armas.

-Aceptada su gratitud.

Favor por favor.

Me marcharé y no volveré a ponerle en aprietos.

Aunque dudo que los enfrentamientos con el general hayan terminado hoy.

-Le ruego que sea cauta.

Intentaré que Zabala cambie de opinión sobre usted.

Por la suya, intente no tensar más la cuerda.

-¿Me está pidiendo que ceda?

¿Que me doblegue ante el general? No.

Tengo derecho y poderosas razones para donar mi dinero a los soldados.

¿Por qué no habría de hacerlo?

-Me conmueve su compromiso con nuestras tropas derrotadas.

Por eso le pido que no anteponga su bravura

y su orgullo a la buena causa.

-Contendré mis impulsos.

Todo sea por nuestros soldados.

Me marcho, coronel.

Espero poder volver a verle a usted pronto.

-Yo también lo espero.

¿En qué te afanas?

-Adapto un anillo para una mujer.

Tiene los dedos deformes a causa de los malos tratos recibidos.

(Llaman a la puerta)

Ya están aquí. -Espera, yo abriré.

¿Cómo te encuentras, hija?

-Bien, madre.

Muy bien.

-Espero que este improcedente encuentro con Diego

te haya hecho reflexionar.

Supongo que sabes que Blanca se niega a alimentarse.

¿Ya la has reconvenido para que desista?

-Comerá y se recuperará si todo termina como esperamos.

-¡Ah, sí? ¿Y cuál se supone que es ese final tan deseado?

-Permítanme antes que les advierta de que estoy dispuesto a todo.

¿Me oyes tú, Samuel?

Dispuesto a todo para que Blanca no vuelva a encontrarse

nunca más forzada en contra de su voluntad.

-Lo único que hemos pretendido tu hermano y yo,

es que tanto ella como el niño que lleva en las entrañas

estuvieran en las mejores condiciones.

-Incluso con esas buenas intenciones, tienen que admitir

que Blanca es capaz de dirigir su vida.

Y también cuidar la de su hijo.

-Diego, ya basta,

no hagamos más daño del imprescindible.

-Samuel,

sé que en estos tiempos te has estado debatiendo

entre tu ser bondadoso y la furia que te provocan los celos.

Lo siento.

Pero tienes que aceptar la realidad tal y como es.

Blanca no quiere seguir aquí, ser tu esposa.

Por mucho que te duela,

tienes que someter tu ira y tolerar.

-Qué fácil resulta decirlo cuando se está desde ese lado, ¿verdad?

-Si el lance va a devenir

en una contienda entre hermanos,

será mejor que nosotras no estemos presentes.

-Vámonos. -Pierda cuidado.

No va a correr la sangre.

Tienes razón, Diego,

yo no soy como me he manifestado estos últimos días.

Estoy avergonzado, pero habéis sido vosotros quienes me habéis forzado

a la intransigencia y a la violencia.

Pero se acabó. -¿Se acabó?

-No quiero seguir siendo esa persona.

No voy a forzarte, Blanca. No quiero que sufras por mi ira.

Recoge tus cosas, recoge tus cosas de una vez y vete.

No voy a obligarte a permanecer a mi lado.

Uy, uy.

-¿Se puede saber qué haces, alma de cántaro?

-Pues "na, doña Trini, pasar un "pañico".

-Ah. -Que...

esto está peor que la cuadra del tío Cosme.

-Sin faltar, que la cocina la he limpiado yo.

-A mí no me cuesta rematarlo.

-Pero esto ya no es asunto tuyo.

-Es un santiamén, que no tardo "na".

Me aburro más que el guardia de un cementerio.

-Lolita, pues lo siento mucho, hija.

Te vas a tener que buscar otra ocupación.

Ramón ya está buscando a alguien. -Uh.

(Llaman a la puerta)

Venga, espabila, tenemos que ponernos en pie.

-¿A qué viene esta algarada? Déjame seguir durmiendo.

-Levántate, insensata. Los vecinos no pueden vernos así de esta guisa.

Hazme caso.

(Llaman)

¿Cómo va todo? -Bien.

En un tris tengo esto más ordenado que la mesa de un prestamista.

Ni rastro va a quedar.

-Perfecto. -Quería darle esto.

-¿A santo de qué me tiene que dar nada?

-Es una recompensa por lo bien que atendió.

-Se lo agradezco, pero he hecho mi trabajo.

Y con lo que me paga, es suficiente.

-Como quiera.

Tome papel y lápiz,

tengo que dictarle algunos recados.

Los vecinos se bebieron todos los licores, y hay que reponerlos.

Tome nota.

A los buenos días. ¿Se acuerda de mí, de la boda?

-Por supuesto que sí. ¿En qué puedo ayudarle?

-Difícil no adivinarlo siendo esto una chocolatería. Desayunar.

-Lamento no poder ayudarle. Acabamos de hacer el traspaso y lo tenemos

todo manga por hombro. Toda la noche hemos estado trabajando.

-Ya lo veo por las trazas que lleva su esposa.

A las buenas.

¿Qué hacéis por el barrio?

-Dándole a la sin hueso con las chicas que vinieron

en busca de tu primo.

-Ah, que os conocéis.

-Ahora sí, parece que tenemos algo en común.

-Por la cara que traéis, la mala baba seguro.

-La que se nos ha puesto después de conocer a tu primo.

-Pero ¿qué os ha hecho mi primo?

Si es un cacho de pan.

-Eso es lo que tú te crees.

Yo te voy a contar lo que ha hecho tu primo.

-"Esa señora, por llamarla de algún modo,"

está empeñada en quedar por encima de los hombres.

Ya sea con un florete en la mano o dando dinero como la que más.

Y eso es algo que no pienso tolerar. ¿Usted sí?

La sociedad se basa en unas normas,

que cada uno estemos en nuestro lugar y permanezcamos en él.

¿Se imagina un mundo en que las mujeres

sean iguales que los hombres? -No exagere, eso no va a pasar.

-No se confíe, y esté atento.

-"Felipe, abre los ojos".

"Te mantendrá a su lado mientras le venga bien,"

y después te dará la patada.

-Soy consciente de ello.

-Entonces, ¿por qué sigues tratando con ese hombre?

No puedes fiarte de él.

-Ahora no puedo tirar la toalla. -¿Por qué?

-Vas a salir escaldado.

-Es la única vía para llegar hasta Zabala

y conseguir mis aspiraciones políticas.

-"Madre, le agradezco lo que ha hecho por mí".

-Aunque te cueste creerlo, siempre he obrado pensando en tu bien.

-En ocasiones me ha hecho mucho daño.

-Lo sé.

He cometido errores terribles,

pero todo lo he hecho pensando en tu bien.

Nunca he querido perjudicarte, aunque me equivocara.

-¿Cómo marchan los preparativos? -Mal.

Estoy pensando en suspender el viaje.

-¿Cómo?

-Se me parte el alma de pensar que tengo que dejarles.

-Y a nosotros, hija, y a nosotros.

Al principio nos lo pusiste muy difícil.

Pero al final te has convertido en mi niña.

Te voy a echar mucho de menos.

(LLORAN)

-Es usted

como una madre para mí, Trini.

Es la primera vez que me voy a separar de mi familia.

Porque todos forman parte de mi familia.

-"Me has arrebatado" lo que más quería.

Primero a mi madre, y ahora a mi esposa.

No pretendas pasar por un santo. Los dos sabemos que no es así.

Este es el anillo de doña Rocío.

Házselo llegar.

Si alguien se ha comportado mal en esta historia, no he sido yo.

-Víctor, que...

vas a dejar un vacío muy grande en la familia.

-No me lo pongan más difícil.

-Estoy muy ilusionado con mi nueva vida en París.

Pero me va a ser muy duro dejarles atrás.

-No te amilanes, que yo voy a estar contigo siempre.

Has llegado tarde a mi vida,

pero no te voy a dejar salir de ella.

Mi niño. -"Samuel espero..."

que algún día podamos...

-No quiero escucharte.

  • Capítulo 688

Acacias 38 - Capítulo 688

29 ene 2018

Después de llevar enamorados desde que tienen uso de razón, la noche de bodas de María Luisa y Víctor es el broche de oro de su gran historia de amor. Diego, al ver fracasar su plan de remover a su hermano, acude a la policía para liberar a Blanca. Pero la policía niega que pueda hacer nada.

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  1. Este comentario ha sido eliminado

    05 feb 2018
  2. Laura

    Que por favor no regrese la falsa Cayetana, por lo menos tenemos sentado que ha tenido la muerte de una strega, en el fuego, espero que no se le ocurra traerla de vuelta, con su pelo que se parece a un mocho para limpiar el piso y su sonrisa de megera.. mejor hacer regresar Teresa ( la verdadera Cayetana) y Mauro

    04 feb 2018
  3. Santiago

    Naranjas de la china, coincidimos casí al 100% Para Abril, para mediados de Abril abren La Deliciosa...con la velocidad de la trama y la mano de los nuevos dueños el cálculo es fácil.

    03 feb 2018
  4. Mabi

    Cap 692. Me alegra los nuevos bríos que ha tomado la novela con el despertar de Don Jaime Alday, que Fabiána se haya enterado y que Ursula quiera impedir a como dé, que hable con él sobre Cayetana/ Anita. Se ven venir nuevas maldades para tratar de impedirlo también se sienten aires de modernidad en el nuevo enlace de Celia y Felipe, el " permiso" de Don Ramón para que Lo!ita siga trabajando aunque sea su futura nuera. Capitulo aparte son los nuevos dueños de la Deliciosa...algo se traen bajo el poncho....además de estropear el trabajo y prestigio de toda una vida de la chocolatería. Ojalá se cansen, la clientela les sea escasa y tengan que vender, y así Antoñito y Lolita ,con los posibles de Don. Ramón, se la compren y vuelva a brillar, amen de que quedaría en la familia. Felicitaciones , me han devuelto la ansiedad por seguir viéndola !!!!!!

    03 feb 2018
  5. Este comentario ha sido eliminado

    02 feb 2018
  6. Luli

    El vestido de Maria Luisa de boda si que es bonito Los demas ....madre mia

    31 ene 2018
  7. Naranjas de la china

    La trama no tiene sentido. Con tal de alargar la novela hacen y deshacen sinsentidos con los personajes. No tiene ni pies ni cabeza que Úrsula se pasee por Acacias como cualquier otro vecino sin ser acusada de delito alguno. Felipe está dando un giro a su personaje que resulta absurdo, pero como se les acaban los argumentos tratan de rizar el rizo a la fuerza. La calidad de los personajes que se van incorporando es cada vez peor.Los Alday, en especial Blanca, son cansinos y actúan bastante mal. Los dueños de la chocolateria parecen haber salido de una clase de primaria. Muy pobres son sus artes dramáticas. Dio pena despedirse de una pareja veterana como Víctor y María Luisa, pero que caprichosa e insolente era, de bofetada vaya. En fin, en mi opinión Ramón, Trini, Susana, Liberto, Celia y las criadas (a Servando le habria mandado a Cuba hace años) son los más fieles a su carácter y lo hacen bien. Ursula muy bien interpretado también. El resto podrían largarse que no se les echaría de menos. Si la interpretación es buena, no haría falta enredar las tramas hasta perder el sentido. A ver si le dan fin a las historias que la pobre Montse tiene que estar cansada de ser malvada día tras día. A este paso tampoco la juzgarán porque va a pedir a los guionistas que la hagan como a Cayetana.

    31 ene 2018
  8. Leonor

    Van a repetir la historia de una estafa con la guerra, soldados, etc. similar a la de Antoñito y el otro embaucador, ahora por parte de los militares " amigos " del coronel ??? Si es así como parece, que bueno será que los pillen y vayan todos, coronel incluido a prisión por un buen tiempo.- En cuanto a Felipe, hasta hace poco personaje de valía, se ha vuelto por demás interesado e inescrupuloso, ojalá le salga mal su plan, lo lamentaría por Celia

    31 ene 2018
  9. Mabi

    Capítulo 689 otra vez sin la opción comentarios... Lástima.... Hay mucho por comentar....

    31 ene 2018
  10. Emanuel

    Estimada Maria del Mar: todos tenemos derecho a opinar y decir nuestro parecer y si para ti esta es de las MEJORES series emitidas por RTVE, no quiero saber como habrán sido las PEORES !!!!!! ( te aconsejo no escribir de memoria y mirar atentamente el teclado y no cometerás errores.......)

    31 ene 2018