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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 685 - ver ahora
Transcripción completa

¿Qué es lo que está ocurriendo?

O me lo dice o la aparto de mi camino.

-¡Vaya!

¡Qué sorpresa!

¿A qué se debe el honor de tu presencia?

-¿Dónde está Blanca? ¿Qué le estáis haciendo, Samuel?

-"Voy a organizar una cena con unos compañeros de armas".

Por supuesto, está usted invitado.

-Pues es un honor que cuente conmigo.

-Ya verá, será una velada memorable.

Son militares de un impecable historial.

Vuelve a la mesa.

-Como quieras.

-En cualquier caso, tampoco pretendo perder dinero con la transacción.

No somos hermanitas de la caridad. -Me gusta oír eso.

-"Se quedan del lado"

de gente tan deleznable como el coronel Valverde.

-¿Te refieres al militar que anda últimamente con él?

-No, no solo me refiero a él.

-No le conozco más amigos.

-Me parece que no sabes de la misa la media.

Te estoy hablando de tu Felipe.

Ya te conté mi interés en entrar en política.

El trabajo en la comisaría se me hace pequeño.

-Pero, Felipe, eso no justifica que te acerques a ese indeseable.

-Te equivocas.

Don Arturo puede ayudarme mucho en mis pretensiones.

-Si ya me gustaba poco que volvieras a la política

después de lo que pasó, ahora me gusta aún menos.

-Celia, lo que pasó no tiene por qué volver a ocurrir.

-Ver a tus descendientes desprotegidos

es algo que encoge el corazón. -Me alegra que lo entienda.

Es por eso que me he atrevido a pedirle que tercie por doña Blanca.

-Es lo que tú hiciste con tu hijo.

Darlo todo.

-"Yo creo que sería mucho mejor"

que me dejaran intentarlo.

Mañana me las ingeniaré para entrar en la casa y ver cómo está Blanca.

-¿Y si no lo consigue?

-Si no lo consigo, entonces pondremos este asunto en manos de la policía.

-Se me ocurre que podría utilizar sus buenas relaciones con los vecinos

para organizar un evento benéfico y así recaudar fondos para la causa.

-Sí, sí, todos hemos colaborado en la medida de nuestras posibilidades.

-Esta es la mejor manera de demostrar el compromiso con la causa.

Qué mala suerte la mía.

Deja de intentarlo. He cambiado las cerraduras.

¿De verdad me creías tan ingenuo?

(Sintonía de "Acacias 38")

Samuel, no soy tu prisionero.

-Eso no lo decides tú.

-No puedes retenerme aquí.

-¿Quién lo dice? -Yo lo digo.

No eres mi dueño. No soy de tu propiedad.

-Soy tu esposo. Para el caso es lo mismo.

-No voy a permitírtelo.

-No me lo permites tú, sino la ley.

Y yo decido que no saldrás de esta casa.

-¡No!

No me creo lo que has hecho.

Tengo entendido que vive usted en un barrio burgués

rodeado de familias acaudaladas. -Sí, así es.

-Sin duda se trata de un lugar privilegiado para recaudar fondos

para sus camaradas olvidados por los gobiernos.

¿No le parece?

Buenas, caballeros.

Parece que se ha quedado una noche estupenda. ¿No creen?

Buenas. -Buenas.

Sí. Claro, si viene todo el fin de semana.

Coronel Valverde.

Huy, qué mala cara trae usted...

¿No me diga que ha vuelto a perder en un combate?

No puedes tratarme así.

-Tú me has obligado, Blanca.

Pero no es lo que yo quiero.

A mí me ha dolido más que a ti.

No me retes, Blanca.

Podría ser peor.

-¿Peor que pegarme? -Mucho peor.

La pelota está sobre tu tejado.

¿De verdad quieres tener esta relación conmigo?

-¿Qué relación?

-Tensa, incómoda, tirante.

¿De verdad quieres poner en riesgo la vida de tu hijo?

-¿Me estás amenazando?

Pero ¿cómo puedes hablarme así?

¿Cómo pudiste traicionarme con mi hermano

después de todo lo que he hecho por ti?

Después de todo el cariño que te he dado.

No te equivoques.

La víctima de esta historia soy yo y no tú, cariño.

Pero vayamos ya a la cama.

Es ya muy tarde.

-Obedecer no es someterse, espero que te quede claro.

Lamento que no esté pasando usted por buen momento, coronel.

-Siento contradecirlo, pero yo me encuentro perfectamente.

-No es lo que se escucha en el Ateneo.

-Con todos mi respetos, ¿qué sabrá usted lo que se escucha en el Ateneo?

-Huy, la lengua de esos hombres es mucho más larga que sus sables.

Al parecer está siendo usted objeto de todo tipo de burlas

al haber perdido ante una mujer, o séase yo.

-Pues la han informado mal, mi muy señora mía.

-No lo creo. No lo creo.

Me da que nos goza usted

de muy buena fama últimamente en este barrio.

-No debe usted fiarse de todo lo que cuentan.

-No lo hago.

Solo me fío de lo que ven mis ojos.

-No me conoce de nada, no sabe quién soy.

Ni la relación que tengo con mis amigos y mis vecinos.

-Vecinos, sí. Amigos, lo dudo.

Me da que acierto si digo

que es usted una persona non grata entre esta gente de bien.

Será que le han calado a usted enseguida.

-Basta ya.

No tengo nada que decirle a no ser que sea con un sable en la mano.

-¿Cree que tengo miedo? -Debería.

-Cuando quiera, coronel.

-Mañana por la tarde en el Ateneo. ¿Le parece bien?

-Me parece perfecto.

Aunque dudo mucho que me dejen entrar de nuevo en ese lugar.

-No se eche ahora atrás con excusas baratas.

Yo mismo me encargaré de que la dejen pasar a la sala de armas.

-Hasta mañana entonces. -Perfecto.

-Buenas noches.

¡Perfecto!

-Sí, está muy bien.

Podemos aprovechar y coger un poquito el bajo.

-No, como no quieras que se te vean las enaguas.

-Ay, es verdad, que se me ven.

Lo que le faltaba a María Luisa el día de su boda,

que a una invitada se le vieran las enaguas.

Pobre muchacha. No gana para disgustos.

Parece que les haya mirado un tuerto con tanto contratiempo.

-Lo que parece es que María Luisa

anda buscando cualquier excusa para anular la boda.

No querrá separarse de su padre.

Como siempre ha estado bajo sus faldas...

-Anda, no te quejes de ella.

Que tu nieto se casa con la mejor candidata.

Guapa, adinerada, de buena familia.

-Y clásica y formal, como a mí me gusta.

Ahí te doy la razón. Ya te puedes cambiar.

-¿Cuánto te debo?

-No lo he calculado. Aguarda, que te hago la cuenta.

-Ay, qué bonito.

Ay, perdón, señorita.

Ah, qué maravilla.

¡Ah!

¡Dios mío, Dios mío! ¿Qué he hecho?

-¿Qué?

-¡Ah!

Pero ¿qué has hecho? -Ay, meter la pata. ¿No lo ves?

¿Qué hacemos, Susana, qué hacemos?

-María Luisa está a punto de llegar. No puede ver esto.

-Díganme que me están gastando una broma.

-Lo siento, María Luisa, lo siento mucho.

-¡Que mañana me caso, por el amor de Dios, doña Rosina!

Si es que todo me sale mal. Todo es un desastre.

Todo lo que me puede pasar me pasa.

-Tranquilízate, María Luisa, lo arreglaremos.

-¿Cómo? -Algo se me ocurrirá.

-No va a poder quitar esa mancha, madre mía.

-Eso lo veremos.

No sabes tú lo farruca que me pongo yo cuando me pongo farruca.

Vamos.

Pues Víctor no anda por aquí.

Debe estar con los últimos preparativos de la boda. ¡Ay!

-Pues poco habrá de preparar el novio

si dices que María Luisa y su hermano ya se han encargado de todo.

Si hasta ha sido Antoñito quien ha encontrado la iglesia.

-Ya, Celi, pero digo yo que tendrá que ir al barbero. ¿No?

A ponerse bien requeteguapo y apañado.

Ay, como mi Ramón.

Celi, qué ganas que tengo de verle llegar al altar con María Luisa.

Todo lo apañado que es él... -Estará como loco de contento. ¿No?

-La verdad que le hacía más ilusión que su propia boda.

Aunque también se muere de la pena.

Solo de pensar que tiene que despedirse de María Luisa...

¡Ay!

¡Ay, Celi!

¡La voy a echar tanto de menos!

-¿Tú te acuerdas de cuando llegaste al barrio?

Que esa niña no te soportaba.

-Además de verdad.

Solo era una niña caprichosa que se moría de envidia

por tener que compartir a su padre.

Y, ahora, mírala, convertida en toda una mujer.

¡Ay, me están entrando ganas de ponerme a llorar!

¡No me quiero ni imaginar cómo me voy a poner

cuando la vea llegar al altar!

-Vas a parecer las cataratas del Niágara.

-Viendo su emoción, adivino de lo que están hablando.

¡Yo también voy a echar tanto de menos a María Luisa!...

-Ay, Leonor, hija...

-¡Doña Úrsula!

-Buenos días. -(TODAS) Buenos días.

-¿Cómo se encuentra Blanca?

¿Cree que ahora podré subir a visitarla?

-Está mucho mejor, pero no creo que sea un buen momento.

Está descansando.

-Ah, bueno, a ella siempre le alegran mis visitas.

Seguro que no le importa que le interrumpa el descanso.

Además, necesito que me ayude con unos libros de autores románticos.

A ella le encanta esta literatura.

Carmen, anuncia a Blanca que voy a subir a visitarla ahora, en un rato.

-Sí, señora.

-Con Dios. Señoras. -Con Dios.

-Marcho yo también. Buenos días.

-¿Te has fijado? -¿En qué?

-Hombre, la tensión que se palpaba entre las dos

a pesar de lo que se estuvieran diciendo.

-Es que a mí con esa mujer siempre me pasa.

Cada vez que aparece o que dice algo, me da que algo malo va a pasar.

Aunque esté diciendo que qué buen día hace.

-Además de verdad, Celi. ¡Ay!...

¡Luisi!

¡Luisi! ¿Luisi? ¡Luisa, hija, espera!

Ahora vengo, Celia. ¡Luisi!

Pase, por favor. ¿Le apetece un tentempié?

¿Un coñac para calentar el buche?

-Gracias, no se moleste, es pronto para mí.

¿Permite? -Por favor.

Le agradezco que me reciba en su casa de tan buenas maneras.

Los dos sabemos que la mayoría de los vecinos no comparten

ni sus modales ni su aprecio hacia mi persona.

-Lo lamento mucho.

Pero entienda que, después de lo ocurrido, tengan ciertos reparos.

-Lo comprendo, pero mis intenciones como esposo, como padre

y como militar que cumple con su deber

siempre han sido las mejores.

-No lo dudo, señor.

Pero no todo el mundo en el barrio opina lo mismo.

-Por eso necesito que me ayude a demostrarlo.

-¿Demostrarlo?

-Sí, demostrar a los vecinos de Acacias que no soy ningún desalmado.

-¿Y qué quiere que haga exactamente?

A ver, Luisi, hija, dime, ¿qué ha ocurrido?

-¿Que qué ha ocurrido? -Sí, ¿qué ha ocurrido?

Cuéntame: si no, no puedo ayudarte. -Es el vestido, Trini.

Doña Rosina me ha manchado el velo de tinta

y está hecho una birria. -¿Cómo?

Bueno, no te preocupes.

Que seguro que Susana lo arregla.

-¿Qué hago yo ahora? ¡A un día de mi boda, Dios mío de mi vida!

-Bueno, lo primero que vas a hacer es calmarte.

Y piensa en lo mucho que quieres a Víctor

y lo felices que vais a ser juntos.

Te vas a dar cuenta que lo importante es eso, no importa el velo.

-¿Y si es otro aviso de que no debo casarme?

¿Y si es otra señal de mala fortuna?

-Luisi, hija, ¿otra vez con esa copla?

-¿Por qué tengo tan mala suerte?

-¡Que no te apures!

Que seguro que Susana lo arregla.

(Llaman a la puerta)

-¿Qué está pasando aquí?

¿Qué ocurre?

-Tenemos que hablar.

¿En honor a qué causa? -Recaudar fondos para los soldados.

Desde que volvieron de Cuba y Filipinas,

el gobierno los ha tratado como a escoria.

Apartados, sin salario, casi sin lugar donde caerse muertos.

Y para más inri, el pueblo les hace responsables de la derrota.

-Triste es lo que cuenta.

-El general Zavala me pidió ayuda y quiero colaborar.

-¿Y por qué me necesita a mí?

Porque me temo que, si las invitaciones llegan de mi parte,

ningún vecino acuda.

-¡Buenos días!

Buenos días.

-Don Arturo, no esperaba encontrarle en mi casa.

-Siento haber venido sin avisar.

-No, no tiene por qué avisar.

Usted es mi amigo y esta también es su casa.

-Por supuesto. Puede venir siempre que quiera.

Si me disculpa, voy a estudiar unos documentos.

-Entonces, don Felipe, ¿va a ayudarme en la convocatoria?

¿Va a invitar a los vecinos por mí? -Cuente con ello, coronel.

Entre los dos haremos que el general Zavala

se sienta orgulloso de su gestión. -Gracias.

Es usted un hombre con el que se puede contar. Con permiso.

-Le acompaño a la puerta.

-¿De verdad vas a invitar a los vecinos

a casa de un hombre al que odian?

-Celia, esto es muy importante para mí.

Si sale bien, podría catapultarme hasta donde deseo.

Y ahí tendrás que tomar una decisión, si me apoyas o no.

Pero has de saber que no pienso abandonar.

¿Cómo? -Que no me caso.

-Luisi, hija, por favor.

Piénsalo bien y no digas locuras.

-Que no me caso y punto redondo. -Luisi, por favor.

¿Por cuatro supersticiones tontas? -Señales del destino.

-Coincidencias casuales. -Bueno, lo que sea.

Pero no me voy a casar sabiendo que mi matrimonio

está abocado al fracaso. -María Luisa,

es verdad que han surgido una serie de pequeños problemas.

-¿Pequeños problemas? El moratón, la peste, el vestido...

-Pero todo se ha ido solucionando.

La boda es mañana.

Vamos a tomar aire y a relajarnos

antes de tomar una decisión tan drástica.

-No lo veo claro, Víctor.

Tengo que aclarar mis pensamientos.

-Por favor.

-De verdad, por favor, déjame tranquila, te lo ruego.

-No me hagas esto, María Luisa de mi vida.

No me lo puedo creer. -No, Víctor, hijo, ni te lo creas.

Esto lo soluciono yo como que me llamo

María de la Trinidad Crespo Retuerto, señora de Palacios. Vamos.

Oye, Casilda, ¿y no te pareció raro que el otro día el señorito Antoñito

dijera que no era tan difícil subir a un coche?

-Pues espero que no ande planeando otro de sus líos.

Porque si no, a la Lolita le va a dar un tabardillo.

Martín, ¿quién es esa muchacha tan reguapa que está con Servando?

-Pues no lo sé.

Pero nos vamos a enterar.

Oiga, Servando,

¿quién era esa muchacha que estaba hablando con usted?

-Es una moza que preguntaba por Jacinto.

-¿Por mi primo? -Estaba claro que por tu primo.

¿Acaso conoces otro Jacinto?

Dice que se llama Paca Cuestas

y que le conoció en una feria de ganado de su pueblo.

Y que le dio esta dirección por si le quería localizar.

-¿Y para que querrá esta localizar a mi primo?

-Pues ahí ya no puedo ayudarte.

No.

-¿Y con lo cotilla que es usted y no le ha preguntado?

-Toma, claro que le he preguntado. Pero no ha soltado prenda.

Eso sí. Se la veía muy interesada por él, sí.

-Seguro que le dejó dinero a deber.

-Arrea, ¿y eso por qué?

-Casilda, porque esa muchacha era demasiado guapa

para ir detrás de tu primo Jacinto.

-Martín, mi primo es muy simpático y resalado.

-Pero guapo, lo que se dice guapo... -No.

Y tampoco es el colmo de los buenos modales.

Coño, y hablando de modales, por cierto,

¿has encontrado criada para don Arturo Valverde?

-No. -Pues ya nos podemos dar prisa

y encontrarle a alguien que le sirva.

Porque ese hombre es capaz de retarme en duelo

con una espada como no cumpla sus tareas.

Te lo pregunto porque anoche oí voces que provenían de tu alcoba.

-¿Qué quiere, madre?

Porque no le voy a hablar de las desavenencias

que tengo con mi esposo, que bien las conoce.

-Debes arreglarte con él.

-Eso es algo que he de decidir yo.

Así que no se meta.

Lo que sucede entre un matrimonio ahí se ha de quedar.

-Perfecto.

Espero que tal argumento lo utilices, no solamente conmigo,

sino también para con quien venga a preguntar.

-¿A qué se refiere?

-Leonor va a venir a visitarte.

Y no me gustaría que airearas los trapos sucios

de tu matrimonio con cualquiera.

-Leonor no es cualquiera.

Es mi amiga.

-Amiga o no, como Samuel se entere

de que cuentas lo que pasa en vuestra alcoba, podría ir a más.

Y no quieres que eso pase, ¿verdad?

Espero que no le cuentes nada a Leonor.

Y que arregles tus problemas con Samuel.

(Llaman a la puerta)

-Puedes abrir.

-¡Leonor!

Mi madre me avisó de que vendrías.

Qué alegría verte.

Trini, Ramón.

-Buenos días tengan ustedes. -Buenos días.

¿Cómo sigue María Luisa? ¿Se le ha pasado el disgusto?

-Qué va, Rosina, hija, sigue igual.

Que dice que no se casa y que no se casa.

Que ya hay demasiadas señales del destino.

-Todo por mi culpa.

-Todo por culpa de una superstición absurda.

-Pues no saben cuánto lamento oír eso.

Si finalmente cancela la boda, Víctor se va a quedar muy triste.

-Yo creo que solo es por miedo. -Pero ¿miedo a qué?

-Pues por irse a París, por alejarse de su hogar, de su familia,

y por eso busca cualquier excusa para evitarla.

Pero yo no pierdo la esperanza.

-Claro que no, amor mío.

Por eso no hemos cancelado el convite ni hemos avisado a los invitados.

Esperamos poder convencerla, aunque tenemos que darnos prisa.

Mañana mismo es la boda.

-Buenos días, caballeros. -¡Buenos días!

-Señoras.

Es un placer encontrarles por aquí a todos juntos.

Quería invitarles a un evento que seguramente será de su interés.

-Ah. -¿Otra boda? Ay, ¿se casan de nuevo?

-No, no es el caso, doña Rosina.

Se trata de una cena benéfica. -Anda, qué bien.

Pues claro que sí. Celia, no nos habías dicho nada.

Pues Ramón y yo vamos seguro. ¿Verdad que sí, mi amor?

Que además, Celia, a ti se te da divinamente organizar tales eventos.

-No, no lo organiza Celia.

-Ah. -La cena es en casa

de don Arturo Valverde.

No, gracias, Carmen.

-¿Cómo estás?

No se te ve mucho por la calle últimamente.

¿Te encuentras mal? -Estoy bien.

Es solo que no me ha apetecido mucho salir.

-He venido porque me gustaría que me ayudaras con un asunto.

Estoy escribiendo un artículo de literatura, de literatura romántica.

Y como sé que tú eres peritísima en este menester...

Me gustaría proponerte ir a dar un paseo esta tarde.

Así me hablas de tus autores favoritos.

-Lo lamento.

Es que estoy algo cansada.

-Quizá más tarde te apetezca.

-No. No, no creo que me vaya a apetecer.

-De acuerdo.

Como gustes.

-Pero podemos hablar ahora.

¿Conoces los textos del "Don Juan", del Lord Byron?

-Sí. Sí, lo cierto es que sí. Pero hace tiempo que no los leo.

-Quizá deberías repasarlos.

Lee con especial atención las partes en las que se habla

de lo que le sucede a doña Julia.

Es crucial para entender el asunto que estamos tratando.

Hazlo.

Te gustará. -Lo haré.

Muchas gracias, me has ayudado mucho.

Ahora te dejo descansar.

-Gracias.

-Buenos días tenga usted, doña Úrsula.

-Con Dios, Leonor.

Celebro que te hayas sabido comportar.

-¿Y también van a invitar a Susana?

-¿Cómo ha sido capaz de ayudar a ese hombre a preparar

una cena benéfica después de todo lo que ha hecho?

¿Es que no tiene memoria o qué?

-Lo que tengo es sentido de la convivencia.

Lo único que hizo ese hombre fue actuar de la forma

que creyó mejor para su hija. ¿Que se equivocó?

-Sí, yo también lo pienso.

Pero de ahí a retirarle el saludo eternamente...

-¿Y por qué no? -¿Y de qué serviría?

¿No vive Elvira felizmente lejos de aquí?

Don Arturo es nuestro vecino.

¿No sería mejor llevarnos todos bien, ya que tenemos que convivir?

-No se trata solo de Elvira, Felipe.

El coronel desveló el pasado de doña Susana

de una forma cruel por el mero hecho de hacer daño.

-Solo pido que se lo piensen.

-Se lo agradezco, Felipe, pero no creo que haga falta.

Que cada cual haga lo que considere conveniente,

pero yo no pienso acudir a esa cena. Y supongo que mi esposa tampoco.

-Dios sabe que no. -Tampoco nosotros.

-Es posible que don Arturo no sea santo de su devoción,

pero ¿acaso no es justa la causa?

Bueno, señores, tengo cosas importantes que hacer en comisaría.

Gracias por escucharme.

-A más ver.

-Sinceramente, amigos, creo que se equivocan no yendo a esa cena.

-Celia, ¿de verdad que estás de acuerdo con Felipe?

-Solo pienso en los soldados que no tienen nada que echarse al coleto.

Y que malviven en nuestras calles

mientras el gobierno les da la espalda.

Viven prácticamente en la indigencia

cuando han dado su vida por nosotros y por nuestro país.

Esos soldados no tienen la culpa de que ese hombre sea un demonio.

-No me lo puedo creer, Celia.

Esto lo estás diciendo por apoyar a Felipe, ¿no?

-Lo digo por ayudar a los más desfavorecidos,

que es lo que he hecho siempre. Y lo que haré hasta el día que muera.

¿La has convencido?

¿Va a seguir con el plan de la boda o no?

-No, sigue erre que erre con que no se casa.

-¿Y tu padre dónde está?

Tendré que hablar con él. Habrá que avisar a los invitados.

Tengo que cancelarlo todo. -No, no, no.

No vamos a hacer nada de eso.

-Pero si me acabas de decir que... -Déjame que te cuente una historia.

Regina era la criada que tuvo mi madre durante toda su vida.

Ella siempre decía que María Luisa empezó a caminar muy tarde.

Pero muy, muy tarde.

Cuando el resto de niños ya correteaban por las calles.

Y mi padre estaba preocupado, porque,

bueno, pensaba que la niña tenía algún tipo de tara.

-Ya.

¿Y adónde quieres ir a parar con todo esto?

-Le hicieron todo tipo de pruebas.

Consultaron muchos especialistas

y todos coincidían en que la niña no tenía ningún problema.

Todo estaba perfectamente. Pero ella seguía sin caminar.

-Que sí, Antoñito, que todo esto está muy bien.

Pero ¿nos quieres contar qué tiene que ver esto con la boda?

-Un día, dejaron una bandeja de dulces de La Deliciosa

sobre una mesa.

Y sin que nadie se diera cuenta, ella se levantó,

fue hacia ellos y se los zampó todos.

-Fue caminando. Sin tropezarse ni nada.

-Seguro que los dulces eran suizos.

-Lo que quiero decir con todo esto es que conozco

a mi hermana y lo que le pasa es que tiene miedo.

Tiene miedo a dejar a su familia.

Miedo a perder la protección de mi padre.

Y, sobre todo, miedo a irse contigo a París.

Pero, en el fondo, ella es muy valiente y tiene coraje.

Pero necesita esa bandeja de suizos

que la haga caminar e ir hacia ellos.

Tienes que sorprenderla, Víctor.

Haz que se derrita, haz que el altar sea esa bandeja de suizos.

-A lo mejor tienes toda la razón.

Digo yo que le gustaré más que un suizo.

-Bueno, eso ya no lo sé.

Lo que tengo muy claro es que eres el hombre de su vida, Víctor.

-¡Ay!...

No se apure, Úrsula.

Sé cómo domar a su hija. -Ese es el problema.

Tú no la conoces.

Mi hija es indomable.

Como te excedas en la ejercicio del poder...

-Tengo la ley de mi parte.

-Y tienes algo mejor.

-Me tienes a mí. Yo te ayudaré.

-No necesito su ayuda. -¿De verdad?

Si no fuera por mí,

no te enterarías de que hoy ha tenido visita.

-¿Visita? ¿De quién? -De Leonor.

¿Por qué no lo ha impedido usted?

-Leonor me enredó delante de las vecinas y no pude negarme.

-¿De qué hablaron?

-De literatura y poco más.

Aunque me quedó la sensación de que Blanca se las ingenió

para informar a su amiga de lo que está sucediendo.

Quizá me equivoque. Pero creo que debes saberlo.

Si Leonor avisa a Diego, este no se quedará de brazos cruzados.

-Y yo tampoco.

-Eso espero.

Y también espero que estés dispuesto a todo

por mantener unida a tu familia.

Para ello me he tomado la libertad de hacerte un regalo.

Lo encontrarás en el cajón de abajo del escritorio.

Víctor, lo que me has pedido.

-¿Qué te parece? -Me parece estupendo.

Muchas gracias.

A ver si tengo suerte. -Ojalá.

Aunque tengo sentimientos encontrados.

En parte me gustaría que no la convencieras

y que tuvierais que quedaros aquí.

Y que tú estuvieras al frente de esta chocolatería eternamente.

-Eso está un poco complicado.

La venta de La Deliciosa la tengo ya cerrada.

-¿Ya, tan pronto?

¿Y quiénes son los nuevos dueños?

-Pues sé muy poco de ellos.

Sé que es un matrimonio que viene de las Indias Orientales.

¡Ah! -Íñigo Cervera y su mujer Flora.

-¡Oh! ¿Íñigo Cervera?

-¿Qué pasa, que les conoces?

-Si es hijo del famoso César Cervera,

un explorador que recorrió todas las Indias Orientales y hasta África.

Murió en uno de sus viajes.

Pero se ha pasado la vida haciendo mapas y retratando otras culturas.

¡Víctor, que no me puedo creer que su hijo venga a Acacias!

¡Tengo tantas ganas de conocerle!

Y le voy a preguntar tantas cosas de la vida de su padre...

¡Ah!

-O sea, que el nuevo propietario es hijo de alguien ilustre.

Pues nada, el barrio me va a olvidar en cinco minutos.

-Eso no pasará, vamos,

ni que regentara la chocolatería la mismísima reina de España.

-Ya. -¿Qué pasa, que ya te has olvidado?

Que hemos crecido juntos, Víctor.

¡Os voy a echar mucho de menos!

-Bueno.

Muchas gracias por esto.

Voy a prepararlo corriendo.

-Leonor...

Recibí su mensaje urgente. ¿Qué ocurre? ¿Se trata de Blanca?

-Se trata de Blanca.

-Ay, Lolita.

Me da a mí que tú has perdido el seso, mujer.

¿Cómo te va a parecer bien que la señorita María Luisa cancele su boda?

¿Tú sabes lo desgraciado que haría al señorito Víctor?

-Pues sería desgraciado, pero estaría vivo.

-¿Y por qué se iba a morir?

-Porque, cuando cae el mal fario sobre tu persona,

no sabes por dónde van a ir los tiros.

Que lo mismo pierdes dinero que una pierna o la vida.

-Calla, zopenca.

Ahora, que lo mismo no pasa nada.

Y la pobre chiquilla, pues está ahí,

pasando un sinvivir por una tontada.

-Pues sí, Lola, es que esas cosas no siempre son verdad.

La mayoría de las veces son creencias de la chusma.

-¿Crees que tendría que haber cerrado el pico?

¡Ay!

¿Crees que no le tendría que haber metido todas esas cosas en la cabeza?

¿Soy yo la culpable de que mañana no vaya a celebrarse el bodorrio?

-No, mujer, no solo tú.

Yo creo que doña Rosina también tiene su parte de culpa.

Vamos, echarle el tintero encima del velo...

Menudo disgusto que llevaba la mujer.

Casildica, a ti quería verte. -¿Para qué me requiere usted?

-Nada, una muchacha que ha venido al kiosco

preguntando por tu primo Jacinto.

-¿Una muy guapa y espigada?

Se llama Paca, ¿a que sí? -No, se llama Pepa.

Era tirando a redondita y con hechuras.

-Hay que ver.

¿En qué andará metido mi primo, que lo busca tanta hembra?

-Pues no sé.

Pero, a todo esto, hace mucho que no lo vemos. ¿Verdad?

Al Jacinto.

-Pues sí. Es verdad. Demasiado tiempo.

"En cuanto a doña Julia, tan linda dama

fue encerrada en un convento sombrío".

"Entró en él, como es natural,

con mucha pena, y la carta siguiente servirá para que el lector

conozca mejor que a través de mis palabras

sus sentimientos más secretos".

"La dirigió a don Juan".

"'Me ha dicho que partís y no puedo negar que, haciéndolo así,

obráis prudentemente'".

"'Ello no deja de ser penoso para mí, sin embargo'".

"'En adelante, no ostento ningún derecho sobre vuestro corazón

y el mío es solamente la víctima'".

"'He amado demasiado,

he aquí el único artificio del que he hecho uso'".

"'Os escribo a toda prisa'".

"'Si alguna mancha ensucia este papel,

no es, don Juan, lo que parece'".

"'Mis ojos están llenos de fuego y no brota de ellos lágrima alguna'".

Este es el fragmento del que me habló Blanca.

¡Estaba tratando de decirme algo!

-Como un mensaje en clave. -Sí.

Yo creo que Blanca está encerrada como doña Julia.

Creo que eso es lo que estaba intentando decirme.

Me estaba pidiendo auxilio.

-Tengo que hacer algo. -¿Como qué?

-Yo no me fío de Samuel. A saber qué es capaz de hacer.

-Leonor, Samuel es un buen hombre.

Pero influenciable.

Úrsula lo ha manipulado a su antojo

hasta llevarlo al lugar que ella ha querido.

La sacaré de esa casa.

-¿Cómo?

-Pediré ayuda a Felipe. -¿A Felipe?

Don Felipe.

Pensé que me había visto. -Perdone, andaba despistado.

-Suba todo eso al segundo derecha.

¿Cómo va la convocatoria de la cena? -No va a ser tan fácil como esperaba.

-Felipe, aguarda. -¿Qué ocurre?

-Traigo buenas noticias.

Los vecinos han confirmado la asistencia a la cena benéfica.

-¿Los vecinos?

-Rosina, Liberto, Trini, don Ramón.

Parece que tu charla de esta mañana les ha convencido.

-¿De verdad?

-Bueno, a Rosina no tanto, las cosas como son.

Pero don Ramón es un hombre muy generoso.

Estoy seguro de que recibirá usted un suculento donativo para aliviar

el sufrimiento de los militares que han vuelto de la guerra.

-Me dejas de piedra. -Y a mí.

Lo cierto es que nunca pensé que fuera a conseguirlo, don Felipe.

-Me temo que esto ha sido mérito de Celia.

-No, fruslerías.

A propósito, don Arturo, ¿aún busca usted criada?

-Sí, y urgentemente ahora que tengo que dar una cena en casa.

-Pues creo que tengo la candidata perfecta.

-Me sorprende su repentina amabilidad hacia mi persona.

Pensé que me la tenía jurada por el cariño que le tiene a Gayarre.

-Mi cariño por Simón es incuestionable.

Pero sé que la amistad con usted es importante para Felipe.

Y quiero contribuir a que siga siendo buena.

-Tiene suerte de tener una esposa tan dispuesta a apoyarle.

-Créame que lo sé.

No todas las mujeres aceptan ponerse en el lugar

que les corresponde en la sociedad, al servicio de sus maridos.

Ruego que me escuche, Madre mía, Virgen de los Milagros.

¿Cree usted que estoy haciendo mal creyendo en esas supersticiones?

¿Y si me caso y fracaso?

¿Es usted quien me está advirtiendo, Madre?

¿Es usted quien me está mandando señales?

Si no es así, envíeme alguna, por favor.

-¿Luisi?

Ay, Luisi, lo siento mucho.

Pero necesito saber ya si va a haber boda o no.

Tu padre tiene que avisar a los invitados

para que no vayan a la iglesia.

Luisi, hija, ¿quieres o no quieres casarte con Víctor?

(Melodía romántica de guitarra)

-¿Quién es usted?

-Le he pedido yo que viniera conmigo.

María Luisa, no he venido a decirte lo que tantas veces te he dicho ya.

Sabes de sobra que te quiero.

Que te quiero más que a mi propia vida.

Hoy estoy aquí para decirte otra cosa.

Nos conocimos siendo unos niños.

Juntos nos enseñaron nuestros padres a caminar.

Yo sé que tienes miedo.

¿Sabes por qué lo sé? Porque yo también lo tengo.

Viajar hasta París, hablar un idioma que no es el nuestro.

Enfrentarnos a nuevos retos, nuevos amigos,

salir de nuestro caparazón.

Saltar el abismo.

¿Y si sale mal?

Sí, estoy muerto de miedo.

Pero también estoy emocionado.

Nuevas gentes, una ciudad por descubrir,

espectáculos, paisajes increíbles.

¿Sabes lo que más me emociona?

Que tú estarás allí, conmigo.

Mi amada, mi amiga, mi bastón.

Sé que si tengo miedo, en tus ojos hallaré la valentía para seguir.

Y, cuando dude, tú me darás las respuestas.

Cuando caiga, tú serás quien me levante.

Porque mi hogar está donde estés tú, María Luisa.

# Tú eres la más bella,

# una luz en el cielo.

# Tú eres María Luisa,

# la mujer que yo más quiero.

# Eres mi faro y mi guía.

# Eres mi sol y mi aire.

# Sin ti yo aquí me muero.

# Sin ti yo no soy nadie,

# María Luisa.

# María Luisa

# de mi vida. #

Y esos chicos, y aquellos niños que éramos, se han hecho mayores.

Y ahora les toca tener sus propios hijos.

Y enseñarles a caminar.

¿Quieres saltar el abismo conmigo?

-Sí, quiero. -¿Sí?

¿Hay algún problema, Felipe?

-Ninguno.

Me gusta leer los contratos minuciosamente.

Es mucho dinero el que hay en juego.

-Pensé que todos lo habíamos leído ya.

Pensé que todo había quedado claro cuando discutimos el borrador.

-Tengo ciertas dudas en este punto. -¿Qué punto?

-Aquí pone que la parte compradora se reserva el derecho

de revender las joyas en caso de necesidad.

-Así es.

Lo que no pone es que tiene que venderlas por un valor superior.

-En caso de venta, se haría al precio que el mercado impusiera.

-Entiendo.

-¿Podemos firmar de una vez?

-Enseguida termino, no me queda nada.

-¿Desean una copa o una infusión?

-No, gracias, querida.

Nos gustaría terminar cuanto antes con esto.

-Samuel, ¿un coñac?

Le calmará los nervios.

-No estoy nervioso, doña Celia, pero se lo agradezco.

-Yo sí que me tomaría una copa, cariño.

Un "whisky" si eres tan amable.

-Por el amor de Dios, termine ya de leer el contrato.

Nos gustaría volver a casa.

-Disculpe, no sabía que tenía usted prisa.

-No, no tengo prisa.

Pero, sinceramente, Felipe, tengo la sensación

de que está usted intentando retenernos

por algún motivo que se me escapa.

-¿Retenerlos? ¿Por qué iba a hacer yo eso?

-Eso es lo que me gustaría saber a mí.

-Doña Úrsula, se equivoca usted. -Pues acabe con ese contrato.

Samuel y yo queremos volver a casa.

Tienes que estar bien, mi niño precioso.

No te dejes llevar por el miedo que hay en esta casa.

Yo cuidaré de ti.

Me equivoqué casándome con Samuel.

Pero voy a enmendar mi error.

Me escaparé.

Me iré contigo bien lejos de aquí.

Con Diego.

Él va a cuidar de nosotros.

Vamos a ser muy felices con él.

Ya lo verás.

¡Diego! ¡Diego!

¡Diego, mi amor!

Diego, sácame de aquí. ¡Tienes que sacarme de aquí!

No soporto ni un segundo más a Samuel.

-¿Te ha hecho daño, mi amor?

Dime. ¿Te ha hecho daño mi hermano?

-Y más daño que te voy a hacer si no la sueltas ahora mismo.

¿Quién puede ser tan tarde? -¡Ah, quizás es tu futuro esposo!

¡Que no puede esperarse a mañana!

-Pues ha fallado por poco, doña Trini.

Es su orgullosa abuela.

-Huy, llega justo a tiempo para brindar con nosotras.

-Hay motivos de sobra para hacerlo.

He terminado de arreglarte el velo de novia.

-¡Ah!

-¡Susana, es asombroso!

De verdad, tienes unas manos que valen más que todo el oro del mundo.

-Muchas gracias, doña Susana.

Solo usted podría conseguir algo así.

-¡Ay, ay, ay!

-Va a ser la novia más bonita que ha pasado por Acacias.

-¡Estoy deseando que llegue el día de mañana!

-Es Agustina, la nueva criada de don Arturo Valverde.

-¡Ah! ¿Al final le ha encontrado servicio?

-No, yo no he sido, ha sido doña Celia.

Era conocida de mi señores. -¿Sí? ¿Y quiénes son sus señores?

Si se puede saber. -Los Antequera Emperador.

-Familia ilustre donde las haya. Sí, Señor.

-De las mejores de España.

Ha sido un placer y un orgullo servirles durante este tiempo.

-¿Llevaba mucho tiempo con ellos? -Toda la vida.

Entré a sus servicios siendo una niña.

He visto crecer a varias generaciones.

Primero trabajé para el abuelo.

Lugo, para el padre.

Y estos últimos años, para los hijos.

¿Cómo puede ser que los celos transformen tanto a una persona?

-Siento mucho que Celia y yo no pudiéramos retenerlo más tiempo.

¡Ayer todo nos salió mal!

-Disculpe que le contradiga, don Felipe.

Eso no es del todo cierto.

Ahora sabemos con total seguridad

que nuestras sospechas no eran infundadas.

Ahora sabemos que Blanca está retenida en esa casa

contra su voluntad.

Quizás deberíamos ponerlo en conocimiento de la Policía.

-De nada nos valdría hacerlo. La ley está del lado de Samuel.

Y dado su estado, quizá denunciarle

solo serviría para empeorar las cosas.

-Entonces ¿qué podemos hacer, Felipe?

Le vuelvo a mostrar mi agradecimiento por haberme encontrado criada.

-Insisto en que no tiene la mayor importancia.

Lo importante es que esta sea de su agrado.

-Me da la impresión de que así será.

Se nota que la tal Agustina conoce las normas del protocolo

y que sabrá mantener la distancia

que siempre debe haber entre criados y señores.

No como otros que no supieron cuáles eran sus límites.

-Coronel, qué agradable sorpresa.

¿Qué le trae por esta casa?

-Agradecerle a doña Celia sus esfuerzos.

Si no hubiera sido por ella,

no habría podido organizar esa cena benéfica.

-Ojalá sirva para que las personas invitadas

se involucren en tan noble causa. -Espero que sí.

Por el ramito de ruda. -¡No, no, no!

Elija otro, que es el único que queda.

-Pues justo, no necesito más que uno.

-Démelo, necesito esas flores, son importantes para mí.

-Lo he comprado yo antes y punto redondo.

Si quiere, le doy una semilla y espera usted a que crezca.

-Bueno, encima me viene con chanzas.

¡Traiga aquí ahora mismo! -¿Qué hace, loca?

A ver si se va a llevar un buen mandoble.

Si no te alimentas en condiciones, podrías enfermar.

-Ojalá fuera así.

En ocasiones, es preferible la muerte.

-¡Te prohíbo que digas tal cosa!

-¿Acaso te importa que viva o muera?

-Llevas a mi hijo en tu vientre. ¡Come!

No permitiré que le perjudiques. -Tú lo has dicho.

Está en mi vientre.

Y mientras sea así, tú no tienes control sobre él.

-¿Has perdido el juicio? ¡Te he dicho que comas!

Lograré que lo hagas por las buenas o por las malas. Te lo advierto.

-No te preocupes.

Sé muy bien de lo que eres capaz.

Pero tendrá que ser por las malas.

-Tú lo has querido.

-¿Qué está ocurriendo aquí?

-"Gracias".

-He visto salir al cartero. ¿Hay nuevas?

-Es un telegrama de tus padres. -¿Y qué dice?

-Pues, por el semblante de tu abuela, no parecen buenas noticias.

-No, no lo son.

Finalmente, no llegan a tiempo para la boda.

-Pues sí.

Lamentan no poder estar a mi lado.

Dicen que tendrán que esperar a abrazarme

cuando me reúna con ellos en París.

-Ya, pero yo no seré testigo de esa dicha.

No estaré con vosotros.

¿De dónde habrá sacado Samuel una pistola?

Es que no entiendo cómo ha podido llegar a una situación así.

-Yo sí que empiezo a entenderlo.

Verle fuera de sí me ha abierto los ojos.

He llegado a atisbar el infierno por el que está pasando.

Nunca podré perdonarme haberle causado tanto dolor,

haberle convertido en otra persona.

-Cada vez nos quedan menos esperanzas de hacerle entrar en razón.

Quizá usted sea nuestra última esperanza.

-¿Yo? -Sí.

A usted le aprecia.

Es su último recuerdo del hombre que era.

Quizá le escuche. -Hable con él.

Vamos a brindar por la novia más guapa de Acacias.

Bueno, ¿qué digo de Acacias? ¡De España entera!

-¡Olé!

(TODAS) ¡Por la novia, por la novia!

-Está riquísimo.

¡Ay! -¡Rosina!

-Cuidado, que nos vas a empapar a todas.

-Eso, échese a un lado, que da pavor tenerla cerca.

-Vaya, ya me habéis tachado con el sambenito de torpona.

-Ay, madre, torpona, no.

Un poco alocada.

-Bueno, lo que sea.

Pero mantenga una distancia de seguridad.

Después de las idas y venidas de María Luisa en los últimos días,

no veo el momento de veros casados.

-Oye, Víctor, ¿has conseguido hablar con tus padres?

Porque yo doy por hecho que no van a llegar a tiempo.

-Pues esa es la única no buena en este día tan dichoso.

Hemos recibido un telegrama y nos han dicho que les parte el corazón,

pero que, claro, no les da tiempo a llegar.

-Es de entender. Todo ha sido muy rápido y París está muy lejos.

-Sí, bueno, pero tampoco te pongas triste.

Que, a falta de tu madre, será mi tía Susana

la que te lleve del brazo al altar. -Brindemos por vuestra unión.

Porque mi hija María Luisa

te corresponda al amor que le profesas.

No tiene perdón de Dios que saque un arma en tu estado,

delante de ti.

Cuánto debe estar sufriendo Samuel para hacer un disparate así.

Madre, no puede intentar que sienta pena por él.

¡No me puedo comparecer de alguien capaz de hacer tanto daño!

-¿No te das cuenta que todo lo ha hecho por amor?

-¿Cómo?

No. No, no, madre, no trate de confundirme.

No hay amor en su proceder, solo odio.

-Te equivocas.

Te ama tanto que es capaz de cualquier cosa.

(Claxon)

(Claxon)

(Claxon)

¿Ese es Antoñito?

-Creo que nunca me he alegrado tanto de verle.

Cómo se va a poner María Luisa cuando lo vea.

-"¿Cómo, coronel?".

¿Acaso ha decidido enfrentarse usted a sí mismo?

Ese es un rival al que seguro podrá ganar.

-Ahórrese sus chanzas, señorita.

Que sean las armas las que hablen por nosotros.

-No era mi intención molestarle.

Sepa que me agrada que nos volvamos a enfrentar.

La última vez que nos batimos, resultó ser un buen entrenamiento.

Me temo que esta vez le va a resultar menos placentero.

Disculpe.

-"¡Que viva la novia!".

(TODOS) ¡Viva!

¡Bravo!

¡Guapa!

¡Guapa!

Antoñito...

-Pues me parece que tú y yo,

muy pronto, vamos a seguir el mismo camino.

-No me digas eso, que me pongo a llorar aquí como una tonta.

-Vamos.

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Acacias 38 - Capítulo 685

24 ene 2018

Samuel caza a Blanca a punto de escapar de la casa y la fuerza a quedarse. Úrsula anima a su yerno a luchar por lo que es suyo y le entrega un revólver. Arturo y Silvia se citan para una revancha de su combate de esgrima. Cuando todo parece haberse arreglado de cara a la boda de María Luisa y Víctor, Rosina tira un tintero sobre el vestido de novia... Y María Luisa vuelve a cancelar la boda... Leonor pone en un aprieto a Úrsula, que no tiene más remedio que permitirle que visite a Blanca. Pero Úrsula presiona a su hija para que no cuente nada de lo que está padeciendo. Sin embargo, Blanca consigue dar una clave a Leonor de lo que ocurre en la casa.

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  1. Mabi

    Que pasó?????? No alcanzó el presupuesto para contratar a un guitarrista???? Está bien que Víctor con los nervios desafinara al cantar, pero me imagino ,pobre, darle a la nota con la musica sobrepuesta y cantando a capella !!!! Paco de Lucía hubo uno solo y genial, pero hay tantos musicos esperando una oportunidad, que ésta bien podria haber sido una...tan caro no habría costado...

    29 ene 2018
  2. Carmela

    Por lo que veo la novela seguirá unos cuantos capítulos más. El personaje de Samuel cambió demasiado a lo que era, Úrsula no pagó por el crimen a la madre de Pablo. La novela me encanta y la sigo por Internet. Felicitaciones a todos los que la componen. Cordiales saludos desde .Bs Aires...Argentina ¿¿¿¿

    26 ene 2018
  3. bernardo

    el 685 y el 686 se paran a los 5 segundos de empezar.

    26 ene 2018
  4. Mabi

    R.B antes que mandes a alguien a agarrar un diccionario, me corrijo, he puesto " coger" con " j " , disculpas...es la falta de no utilizar terminología española. Atte.

    25 ene 2018
  5. Elena

    Me encanta la serie, estoy de acuerdo con que ya es tiempo que Blanca y Diego se vayan , Samuel siempre supo por qué se casó Blanca. Doña Úrsula tiene ya varios muertos en el placard,sería hora que alguien le diera de su propia medicina y se hiciera justicia.Y Carmen qué oculta? El coronel quedará impune? Elvira y Simón ya no podrán volver y traer la noticia de la llegada de nietos que tanto anhela Susana? Leonor quedará sola? Y Celia? Felipe no parece corresponderle. Ella tiene sentido humanitario, es sensible, ha renunciado a muchas cosas, ha mascado su orgullo. Y él?

    25 ene 2018
  6. Ani

    La serie debe ser mas realista. Donde se ha visto q un hermano enamorado d su cuñada vaya a casa dl hermano preguntando x esta. A Samuel Blanca y Diego tienen la culpa lo han transformado y Ursula no deprovecha la oportunidad. Diego deberia irse d Acacias y llevarse a Blanca asi Samuel tendria oportunidad d olvidarse d ella y buscar ser feliz con otra persona. No se xq Carmen tiene q soportar tanta humillacion ya es hora q desvelen el secreto.

    25 ene 2018
  7. Ani

    La telenovela debe ser mas realista. Donde se ha visto q un hermano emanorado de su cuñada tenga tanta cara para ir a casa dl hermano preguntando x ella. Por favor mas realismo sino esta aburrida la serie.

    25 ene 2018
  8. Mabi

    Samuel por qué le hace caso a Ursula, sabiendo lo que es, confirmado por su padre en la carta? Además, está bien que Blanca tuvo su romance con Diego , pero ella no le ha sido infiel post casamiento y ademas el bien sabe que se casaron para salvarle la vida, no por amor...que familia tan enroscada....

    25 ene 2018
  9. Mabi

    R.B, quiero creer que no fue a mí, Mabi con M mayúscula a quien usted a mandado a cojer o agarrar un libro...no soy la mabi con m minúscula que ha pedido perdón por los horrores ortográficos, y si lo hubiera sido ,con que usted no leyera el comentario habria sido suficiente, sin necesidad de tratar de ignorante a las personas; además mi comentario no se refería a ninguno de los comentaristas de éste sitio, en el cual yo también participo, si no que era un cuestionamiento a RTVE internacional y sus directivos por modificar la entrega de los capítulos, cosa que desde que comenzó la novela nunca había sucedido. Antes de hacer un juicio de valor sobre algún comentario, esta bueno leer a conciencia e interpretar lo que el otro quiere transmitir. Saludos cordiales.

    25 ene 2018