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No recomendado para menores de 7 años La tarde en 24 horas - Economía - 22/01/18 - ver ahora
Transcripción completa

Por favor, abre los ojos.

-Los tengo bien abiertos.

De par en par. Ábrelos tú.

Te he escuchado, y creo que estás confundida.

Pero no le daré mayor importancia.

Te darás cuenta de que no hay lugar en el mundo en el que estés mejor

que a mi lado.

-"Las supersticiones nunca son ciertas",

pero basta que alguien se las crea.

¿Crees que da mala suerte cruzarte con un gato negro?

-No.

-Pues eso.

Basta con que prepares cosas que den buena suerte

y, hacerle ver a María Luisa que son cosas del destino para que se case.

Buen asalto. -Gracias.

-Lástima que ayer no mostrara tanto ardor en el combate con esa mujer.

¿Cómo se llamaba?

-Silvia Reyes.

-"Que es de papel".

-Que no, que es de verdad, pero es china.

En Cabrahigo hay una costumbre que dice

que si una novia ve antes de la boda una mariposa, da buena suerte.

-Ya se lo preguntaré a Lolita.

-Ahora va a resultar que Lolita sabe más de las costumbres

de Cabrahigo que yo.

Pues yo soy tan de pueblo como ella o más.

Quería buscar unos libros, ¿te importa acompañarme?

-Estaría encantada.

Si te parece bien, claro.

-¿Cómo me va a parecer mal? Pero...

vayamos a casa, tienes que descansar.

Ha sido una tarde muy ajetreada.

Con permiso.

-"Hoy he visto una mariposa blanca. Según Trini,"

es una señal de matrimonio feliz. ¿Fuiste tú?

-Sí.

-Que hagas eso, es una prueba de que estás dispuesto a lo que sea

por nuestro matrimonio.

-¿Esto significa que sí o que no?

-Que sí.

-Ven para acá, anda.

-"Silvia Reyes". -Coronel,

qué casualidad.

-Ya veo que se conocen ustedes.

-Sí, nos conocemos.

-"Tengo un pacto contigo",

el que dice que permanecerás a mi lado hasta que la muerte nos separe.

-Se me ocurren mil motivos para anular esa promesa.

-Y a mí mil motivos para mantenerla.

El primero es que te conviene.

-¿Me estás amenazando?

-No lo necesito.

Eres mi mujer.

Y te vas a quedar en esta casa lo quieras o no.

-¿Qué crees que conseguirás con amenazas?

-Las amenazas serán hechos.

-¿De verdad confías en que vas a poder tenerme encerrada de por vida?

Samuel,

Samuel, sabes que te aprecio.

Eres un buen hombre. Quizá algo ofuscado,

y puede que con razón,

pero un buen hombre, siempre lo has sido.

Leal, honesto, templado.

Samuel,

soy consciente del daño que te estoy haciendo.

No escamoteo mi culpa.

Pero imponiéndote por las bravas, no solucionarás ni tu aflicción

ni la mía.

Solo conseguirás lo contrario, aumentar nuestra pesadumbre.

-Aún me cabe más dolor.

-Quizá sí.

Pero ¿podrías soportar al hombre en el que te convertirías?

-¿Tú puedes soportar a la mujer en la que te has convertido?

-Precisamente por eso,

porque quiero dejar de fingir, quiero volver a ser la que era.

Samuel, tú también deberías intentarlo.

De otro modo, nuestra vida será un infierno.

Nos hemos conocido recientemente, ¿verdad, coronel?

Fue en un baile del Ejército, donde los altos oficiales visten

sus coloridos uniformes, aunque estén en la reserva.

El coronel tiene mucho empaque vestido de gala.

-Tenga, mesura, señorita.

-No me parece que sea mesura lo que le falta a la joven,

viendo su opinión

sobre materias estratégicas y de política internacional.

-Aunque se excede cuando relata que practica la esgrima

a modo de caballero.

-Dice haber vencido a múltiples espadachines.

-Cierto que no me parece pacato

vestirse de hombre y pelear.

En lo que tengo reservas es en lo propio del caso.

-Es mi afición. ¿Por qué no he de practicarlo?

-Porque como dice don Ramón,

está lo propio y lo impropio. Y hasta donde llega el siglo,

no se ha visto a señoras combatir con hombres en la guerra.

-Puede que no se nos haya permitido

porque demostraríamos ser igual o mejor.

-No se demostraría nada.

Ningún hombre enfrentado a una mujer usaría toda su fuerza y maña.

-¿Insinúa que si vencí en la tarima

fue porque me lo permitieron?

-No llego a tales extremos. No conozco su arte con el florete.

-Entonces debería verme tirar algún día,

así se haría una idea.

-Sería sino un placer por lo impropio que dije,

sí un entretenimiento. -Entonces,

le avisaré la próxima vez que vuelva a tirar.

-Acudiré como excepción.

No veo apropiado que una mujer cruce aceros escondiendo su condición.

-Cierto es que mentí para participar,

pero defiendo ese código de honor como si me fuera propio,

porque de otro modo, iría alardeando de mis victorias.

-Solo me falta oír que iría usted alardeando por las tabernas.

-Podría como hacen otros, ir dando los nombres de los que he derrotado.

Pero mi honor me lo impide.

¿Cómo cree que se sentirían los vencidos

por una mujer tiradora, coronel?

-Pues no puedo explicarlo.

Soy un soldado que puso y pondría su vida en juego.

No soy ducho en palabras.

¿Siempre trata de quedar por encima de los hombres?

-La señorita Reyes no está tratando de aventajar a nadie.

Siéntese, por favor.

Endulcemos el ambiente.

-Se lo agradezco, pero no puedo quedarme.

-Don Ramón no es necesario que termine la tertulia, yo me marcho.

Buenas noches a todos.

Samuel.

Samuel, no te avergüences por odiarme.

Te he decepcionado.

No te he devuelto la lealtad que tú me anhelabas.

Ódiame.

Pero no olvides nunca

que nada me duele más que verte sufrir por mi culpa.

Siempre te voy a tener aprecio.

Tu dolor y tu congoja pasará.

-¿Te vas a dormir?

-No, Samuel, me voy.

Mañana mandaré un mozo para que recoja mis pertenencias.

Quizá algún día podamos ser amigos.

Pero ahora deberíamos darnos un tiempo.

-Llegaré hasta donde sea necesario

para que permanezcas a mi lado.

He tratado de proseguir de un modo civilizado y te niegas.

Sobre ti caerán las consecuencias. -Déjame.

¡Suéltame! -¡Harás lo que yo mande!

Soy tu esposo y llevas a mi heredero en tu vientre.

No lo hagas más penoso.

-Nada conseguirás así.

¡No me voy a amilanar! Suéltame.

Suéltame... -Solo yo decidiré

cuándo vas a salir del dormitorio.

Que ese milagro no lo hace ni la Virgen del Socorro.

Los claveles son flores de "temporá"

y, las rosas, más de lo mismo.

-¿Qué puedes conseguirme entonces?

-He visto esta mañana en la plaza

unos buenos ramos de crisantemos. -¿Crisantemos?

Es una boda, no el día de los difuntos en el campo santo.

-¿Y a qué se cree que viene a que sean los crisantemos

los que se ponen en el Día de Todos los Santos?

-Tráeme papel y lápiz, que te escribiré lo que necesito

para engalanar la iglesia

y el convite.

-Yo le traigo lo que usted quiera.

Pero servidora no se sabe el "abece".

Que yo tengo el lapicero "pa" que los señores hagan

las palabras cruzadas.

-Tranquila, yo te hago la lista y se la entregas al mayorista,

que seguro que él cumple el recado. -Mira que eres porfiada.

No van a florecer pimpollos de primavera en invierno.

Que los encarguen a climas más cálidos. Yo quiero mis flores.

También querría algo de ti.

Me harías muy feliz si me adelantaras

algo del discurso que te pedí para mi boda.

-¿El discurso que quieres que ponga los pelos como escarpias a todos?

-Ese. ¿Tienes algo escrito?

-Sí, bueno, había pensado en empezar con una cita de Corintios.

Escucha, a ver qué te parece.

Y respondiendo, Dios dijo:

"¿No habéis leído que aquel que los creó, varón y hembra, los hizo?".

Y añadió: "Por esa razón

el hombre dejará a su padre y a su madre y se unirá a su mujer,

y los dos serán una misma carne".

-No sé, no es que no me guste, pero...

demasiado místico y santurrón, ¿no crees?

-Sí, la verdad.

Pero pensé que te gustaría.

¿Qué te parece empezar con una referencia al amor romántico?

A ver, algo del tipo...

Bécquer.

-No, qué cursi.

-Ay. Bueno, pues...

¿Y si cuento algo sobre tu niñez y la de Víctor juntos?

-De eso nada.

La gente es muy cotilla. Otra cosa.

-Estás muy nerviosa por la boda, y es normal porque a todos nos pasa.

Pero en este estado de ánimos es muy difícil que te guste algo

de lo que pueda escribir. -Eso no es cierto.

A mí me gusta como escribes, pero...

es mi boda.

Me gustaría que fuera un discurso diferente,

especial y que se recuerde.

-Señorita,

está usted haciendo una lista más larga que los pecados de Judas.

-Un momento.

Ya he acabado. -A ver.

Por el amor de Dios,

María Luisa, con tanta flor y ramo,

no te van a caber los convidados en la capilla.

-Ay, Leonor. Y las flores rapidito.

A ver si me vais a amargar el día más importante de mi vida.

-Ay. -¿Qué flores ha apuntado?

Mire que no entrarle en la cabeza

que eso va por estaciones.

-Pues no lo vas a tener nada fácil.

Te leo un ejemplo.

Torviscos del Pirineo.

-¿Lo "cuálo"?

Eso ni lo había oído yo hablar nunca.

Ni sé la color que tiene. -Anda, ni yo.

Pero más te vale conseguir el torvisco

o te las verás con la fiera.

-Ay, Dios proveerá, señora.

Que anda que no tiene una que pasar por pruebas,

"pa" ganar un sitio a su diestra.

-Deja de refunfuñar, que de nada sirve.

Escúchame una cosa, ¿has visto a Blanca?

-Ayer por la tarde la vi, pero luego no volvió a salir.

¿Quiere que le diga algo si la veo de recogida?

-No, gracias, si mañana la veo.

Hemos quedado para comprar unos libros.

-Pues a ver si entre doña Blanca y los libros le viene alguna idea

"pal" discurso de la boda.

-Bueno, eso ni con ayuda me será fácil.

Tal y como está la fiera...

-En fin, a más ver, señora.

-A más ver, Fabiana.

No es necesario que sirva a doña Blanca.

Ya está descansando y no volverá a salir.

-Como ordene.

-Puedes retirarte.

Llévate la copa sobrante.

-Con su permiso, que pasen una buena noche.

-¿Qué ha pasado esta vez?

¿De verdad descansa? -Preferiría no hablar.

Déjeme disfrutar del cordial.

-¿Quieres que se lo pregunte a ella?

-He intentado tapar su falta.

He intentado el cariño y la paciencia

sin obtener fruto.

No me ha dejado otra salida que ejercer mi autoridad de esposo.

-Espero que el altercado, si lo hubo, no llegara a mayores.

-No hubo ensañamiento, si es eso a lo que se refiere.

He ordenado instalar una cerradura en la alcoba.

¿Ve esta llave? Es una copia que he encargado para usted.

Ya ve que confío.

-¿La has encerrado?

-Blanca no está en condiciones de tomar decisiones en estos días.

Saldrá de la habitación estrictamente lo necesario

y bajo mi aprobación.

Y la suya, que para eso es la llave.

-¿Y si se presentan visitas? -No serán recibidas.

Espero que esto le fuerce a entrar en razón.

-¿Crees que así podrás doblegarla?

-Es mi esposa y la madre de mi hijo,

es de naturaleza que acepte mis mandatos.

-La conoces, Samuel.

-Creí que estaba usted de mi parte.

Que nos asistiríamos mutuamente.

-Descuida,

estoy de tu lado.

No mires hasta que yo te diga.

Prométeme que no te vas a reír. -Nunca.

-Ya.

-(RIÉNDOSE) Cariño, estás preciosísima.

-Que me lo has prometido. -Perdón.

-Hombre.

-Es que... (RÍE) -Para ya, Liberto.

No me hace gracia.

-No me estoy riendo de ti, no me malinterpretes.

Pero una señora como tú, de sabrosa apariencia,...

jamás va a poder hacerse pasar por chacha.

Pero si tú siempre dices que no hay diferencia.

Desnudos todos somos iguales.

-Precisamente, pero no vestidos.

Vestida así, el marqués no te va a dar trabajo nunca.

-Es verdad, no sé ni por qué discuto.

Voy a tener que ir a los almacenes a comprarme un uniforme de doncella.

-Y de tu talla.

-Es un gasto inútil.

Solo voy a hacer servicio tres días, lo que tarde en subirme a ese coche.

-¿No te voy a hacer cambiar de opinión?

¿Ni siquiera si te digo que tal vez algunas de nuestras amistades

te vea vestida de criada?

¿Aguantarías el bochorno?

-Eso no va a pasar, ya me encargo yo.

Voy a esos almacenes.

-Espera, espera.

Ven aquí, siéntate.

Eh... Estaba pensando que tú...

¿Podrías volver a ponerte el vestido de Casilda?

-Ay, malandrín, que ya sé lo que te relames.

Así que, el uniforme prieto

y ceñidito de Casilda, ¿eh, picarón?

-Me pierde verte de esa guisa, tan ajustada, rebosante...

-Calla. -No, no, no.

En el matrimonio se habla de lo divino y lo humano,

de lo que gusta y se desea. Eso es sano.

Y claro, con las carnes que Dios te ha dado...

y embutida en esas estrecheces,

pareces la "prima donna" de un teatro.

-Eso no, Liberto.

No me compares con una de esas, que me voy a enfadar al final.

De día, cuando llegue la noche será otro cantar.

-¿Ah, sí? ¿Y cómo sería?

-Bueno, pues...

a lo mejor me transformo en una criada complaciente,

y tú en un patrón muy malo.

-Pues te vas a librar de un buen achuchón

porque he quedado con Felipe.

-¿Y eso? -Mi tía, que me ha encargado

que le venda las joyas del manto a los Alday.

Quiero reunirme con el abogado

para aclarar los términos de la transacción.

-Pues no te canses mucho con esas gestiones, ¿eh?

Cuando llegue lo oscuro, quiero que te transformes en mi señorito.

Un patrono de ordeno y mando.

-Sí.

¿Y tu uniforme, no ha aparecido? -Nones.

Ha desaparecido como el tío Nicanor cuando se subió a un globo.

-En Cabrahigo se decía que ascendió a los cielos.

-Déjese de comidillas rurales.

Lolita, ¿puedes traerme la canela?

La mantequilla sin canela no sabe. -En un periquete.

En Cabrahigo, a la mantequilla le ponemos torreznos.

Que no están tan dulces, pero...

dan sustancia.

-Bueno, oídme, escúchenme.

Ya le he encargado a Fabiana las flores,

que estaba muy pesada con lo de las estaciones.

Ni que todos tuviéramos que casarnos en mayo.

Y, Leonor, aunque no estaba muy inspirada,

ya ha empezado a componer el bonito discurso.

Lo del coche

aún está por ver, qué fastidio.

Pero ya tengo pensado dónde va a ser el retrato principal de mi boda,

en el pórtico de la iglesia.

Y luego está lo del menú, que tengo que hablar con Víctor,

porque aunque él piense que no entiendo de eso, lo tengo decidido.

-Yo no es que esté siguiendo el hilo de la conversación,

que quien pudiera.

Pero por lo que colijo, la boda le va a salir por un pico.

Y no precisamente de camisa basta.

-¿Dónde vamos a sentar a Lolita en el convite?

-Pues a mi lado, ¿dónde va a ser? -Claro, Ramón.

No hay otro sitio.

-Eso lo dirá usted.

El resto del servicio no está invitado.

Pero tengo pensado

un regalo para ellos. Es que no se me escapa nada.

Tendrán sidra para brindar,

en el altillo, claro. -No seas absurda, niña.

Lolita es la prometida de tu hermano,

y en circunstancias normales, debería sentarse en nuestra mesa.

-¿En la familiar? -"¿En la familiar?".

Pues naturalmente.

-El problema es qué hacemos luego. ¿Vamos a dejar que siga sirviendo?

-Siempre que encuentre el uniforme.

-Si es por eso, no se preocupen, que yo me compro

uno nuevo, si el viejo no aparece. -No, Lolita,

es absurdo que sigas siendo criada.

-Eso le llevo diciendo yo desde que me cazó.

-Desde que estoy en Acacias he sido "criá",

y no me molesta.

Me gusta.

¿Qué haría si no?

-Ya te digo yo lo que harías.

Serías la futura esposa del hijo de don Ramón Palacios.

¿Te gusta el título o te lo alargo? -Vamos a ver,

¿en qué cabeza cabe que me quede sin doncella a dos días de la boda?

-No es tu doncella, hermanita.

-Voy a cerrar el debate.

No solo es absurdo,

sino que es inmoral que la prometida de mi hijo siga sirviéndonos.

No podemos

tratarla como una criada.

-Bueno, ¿qué, Lolita, hija, qué dices?

-Lo que diga el señor.

-Si dejas de servir aquí, no sería el señor,

sería tu suegro. Pues lo que diga mi suegro.

(RÍEN)

(LLORA)

(Llaman a la puerta)

Venga, que ya pasó. El señor no ha querido decir

que rebuznaras como un asno.

Bueno, quizá sí lo ha dicho, pero no era su intención decirlo.

¿Ves? ¿Ves como no rebuznas como un asno?

Pero si tienes un llanto precioso.

Lo que pasa es que el señor es muy exigente.

Y no quiere analfabetas. Venga.

Venga, ya pasó. Venga.

Está pasando. Así.

Está usted en su casa.

-Gracias, coronel. Espero

no haber llegado en mal momento. -No, no lo es.

Lo que pasa es que este país está lleno de iletrados

que no saben hacer la o con un canuto.

-¿Todavía sigue buscando servicio?

-Esta que se acaba de ir no sabía ni las cuatro reglas elementales.

Y así una tras otra.

Voy a estar buscando hasta el día del juicio. Siéntese.

-Desgraciadamente, la mayoría de la población no sabe leer.

Sobre todo las mujeres.

-Estamos rodeados de tarugas y zotes.

-No creo que sea cuestión de incompetencia personal.

Creo que el error es, el atraso educativo de nuestro país.

Incluso entre las mujeres de la burguesía.

-Y que el Señor no quiso que las mujeres fueran tan inteligentes

como los varones. -No diga eso.

Siempre hay excepciones. La señorita Reyes,

sin ir más lejos. ¿No es instruida, además de lúcida?

-¿La señorita Reyes? -(ASIENTE)

Parece que enseguida les ha puesto al tanto de su vida.

¿Qué les ha contado?

-Aparte de estrategia mundial, poco más.

Que venía de París, donde había pasado estos últimos años.

-Pues habrá que achacar a su paso por la Francia su desfachatez

al dirigirse a mi persona.

-Entiendo que no está usted a favor de la educación universal.

Sería lo mejor, ya que busca una criada con conocimiento.

-Yo estoy a favor de mujeres instruidas que sean capaces

de llevar una casa con seso.

Pero de ahí a que tengan ideas liberales va un mundo.

-En eso le hubiera dado la razón anoche.

Pero ha de saber que no está pasando por su mejor momento de popularidad.

-¿Y qué me va a contar?

Por fortuna, a los militares no nos importa mucho

la opinión de los civiles.

Lo único que nos interesa es el bien de la patria.

-Lo sé. Como también sé que ayer prefirió marcharse de la tertulia

antes de poner en su sitio a la señorita Reyes.

-Lo notó, ¿verdad?

No quería enzarzarme con una liberal reconocida.

Y menos siendo una mujer. -Hizo usted bien.

¿Sabe lo que creo que ayudaría a que los vecinos le vieran

con mejores ojos? -Dígame.

-Verle más a menudo con gente tan respetada como el general Zabala.

-No es necesario el consejo.

Zabala y yo nos conocemos desde antaño

y estamos recuperando nuestra amistad. Pero se lo agradezco.

-No hay de qué. Me tiene a su entera disposición para ayudarle.

-Gracias.

Siempre se puede contar con un hombre de mundo,

que sabe respetar a los viejos soldados.

"Por eso, queridos amigos, invitados todos,

mi corazón se enternece y, al tiempo, se agita

a la vista de estos dos jóvenes que hoy reúnen sus almas en una sola,

haciéndonos a algunos recordar

y a otros ansiar la cercanía de nuestro ser amado".

-Precioso. Leonor, de verdad, esto es una joya.

Se me han puesto los vellos como escarpias.

-Pues díselo a María Luisa.

Que hasta ahora, ni uno de mis escritos le ha satisfecho.

-Bueno, tú ten paciencia que eso son los nervios antes de la gran fecha.

Yo me alegro casi de que nos tengamos que casar

con tanta premura.

Imagínate que tuviéramos que esperar un año como Antoñito y Lolita.

María Luisa nos lleva a todos al cotolengo.

Venga, que te convido a un chocolatito para compensar

tanto agravio que te hace mi novia.

-Con gusto lo aceptaría, Víctor.

El tiempo está desabrido y se agradece lo caliente.

Pero el caso es que he quedado con Blanca. Y se está retrasando.

-Bueno. Bien. Ahora te darán noticias de ella.

Yo marcho, que ya sabes que el negocio no se atiende solo.

-Claro. -Con Dios.

-Con Dios.

-Muy buenas, señora.

Doña Blanca me envía para decirle que la disculpe usted,

pero que no podrá acudir a su cita. Por encontrarse algo cansada.

-¿Ha vuelto a sentir indisposición por causa de su embarazo?

-No, señora, es tan solo mal dormir.

-Vamos, que quiero preguntarle qué tipo de libros desea.

-No, señora, que doña Blanca se ha echado un rato.

Pero me ha dado una lista con lo que quiere leer.

Le hará usted el encargo, ¿verdad, señora?

-Naturalmente.

-Gracias. Con Dios.

-Con Dios.

Pues parece que lo de la huelga general en Cataluña es un hecho.

Sí.

Todos los sectores obreros se están solidarizando con los metalúrgicos.

Llevan ya en huelga desde diciembre del año pasado.

-Hay que ver.

Cómo está el mundo. Ya no es lo que era.

¿Verdad, caballero?

-No hace falta que me llames caballero,

me puedes llamar Antoñito.

-¿Y qué es lo que te digo cuando me dices algo así?,

de las noticias que salen en los papeles.

-Pues lo que se te ocurra, como has hecho siempre.

-Pero si es que no se me ocurre "na",

que a mí no se me da bien esto de estar aquí esperando.

Mano sobre mano. A que pase la mañana.

Hala.

Con las cosas que hay que hacer en la casa: limpiar, barrer,

la cubertería.

Ni siquiera estoy cocinando. -Te acostumbrarás.

En cuanto encontremos otra criada que haga todo esto por ti,

ya verás como no te agobias.

-No sé yo si voy a acostumbrarme a eso, ¿eh?

-Lolita, ¿puedes traerme un vaso de agua y sales?

Es que vengo de lo más destemplada. -Eh, eh, eh, Lolita.

Hermanita, ¿se te olvida que Lolita ya no es ni tu criada

ni la de nadie? -Sí, eso, lo que me faltaba.

Tú haciendo leña. ¿Es que todo el mundo quiere sabotear mi boda

como esos obreros en huelga sabotean las fábricas?

-¿Y cómo se enteran las señoras de eso?

Doña Úrsula me ha dicho que,

por más que le ha insistido al marqués de Bolaños,

no me va a prestar el coche para el día de mi boda.

¿Cómo voy a llegar yo a la iglesia? -Señorita,

¿y no ha pensado usted en ir andando?

El coche de san Fernando... -Sí, sí.

Ya sé lo que es el coche de san Fernando.

Y si eso es lo único que tienes que aportar,

lo mejor es que no digas nada. ¿Vas a traerme el vaso de agua?

-Bueno, relájate. ¡No! No. Yo voy a por el vaso de agua,

y ya veremos cómo arreglamos lo de cómo ir hacia la iglesia.

-Bueno, mira, da igual. Deja el vaso de agua,

que no tengo ni fuerzas para esperar.

Me va a estallar la cabeza.

-¿Por dónde íbamos?

Ni el mayorista ni el Cristo que lo fundó podrían encontrar las flores

que esa niña pretende para su casorio.

Es que está desquiciada, la pobrecita.

-Ay, "señá" Fabiana.

"Endeluego" que están todos los señores más "pa" allá que "pa" acá.

Yo les oigo decir unas cosas, que san Pedro no les dejaría entrar

ni al purgatorio. -No me habías dicho nada.

¿Qué ha dicho doña Rosina?

-Nada, imposible, impracticable, verbigracia, inaccesible.

Es que no hay manera de encontrar a una criada

que le guste al coronel.

La que no tiene callos en las manos para servir la mesa,

es torpe o corta de entendederas. De verdad, es que...

No sé, ¿qué hay que ser para servirle a usía,

diputado en Cortes? -A mí me lo va usted a contar.

Si cuando llegó el coronel al barrio

fui la primera en buscarle una criada, y "na".

Menos mal que llegó el Simón y le cerró la bocaza.

-Pues con Simón, el Valverde se cubrió de gloria santa.

-Bueno, menos chanzas y más ideas, que tengo que introducir a alguien

en esa casa.

-No se haga usted ilusiones.

Es que no existe una criada que sea lo suficientemente buena para él.

Tiene que ser una mujer

que sepa de números, de letras,

que sea perita en "protócolo" y una beatona.

De eso ya no queda.

¿O conoce usted a alguna?

-Carmen, Carmen,

estoy buscando servicio para el coronel Valverde.

¿Usted no conocerá a alguien alguien como usted,

y valga la redundancia?

-¿Y cómo se supone que soy yo?

-Pues como una señora, pero sin parné,

que domine las letras y también el besamanos.

Que no se niegue a nada y no se dé alegrías

impropias de la ley de Dios. -Vaya. Así es como usted me ve.

Como una beata sumisa. Pues váyase usted con el diablo.

-Mujer, mujer, que era una alabanza.

¿Ves?, eso es lo que busco, una tiquismiquis, pero

lo que busca el coronel, pero nada. -Bueno,

con "to", Servando, aunque al coronel le guste una,

también tendría que consultarnos a todas nosotras, que "pa" eso

vamos a compartir con ella palangana y altillo.

-Venga, ¿más condiciones, eh? -Que sea buena persona.

-Y limpia. Que sea más limpia

que los chorros del oro. -Pero vosotros

¿sabéis la pinta que tiene la desesperación?

Pues la de un portero de casa rica con un encargo...

Diantres, ya lo tengo. -Ave María Purísima.

-A ver, Martín, ¿tú no te estás preparando para entrar al servicio

del marqués? Te voy a hacer un encargo.

Quiero que me hagas un recado.

Busca entre las candidatas, alguien como lo que estoy buscando yo.

Venga. Es una orden. Vamos.

Tan solo ha faltado a una cita. No hay por qué hacerse cruces.

-Quizá esté exagerando, sí.

Pero no es tanto el no acudir como la lista de libros

que me hizo llegar. Son obras más bien tristes.

-¿Podría ver esos títulos?

"Orgullo y prejuicio", "El conde de Montecristo", "Cumbres borrascosas".

Tal vez sean títulos lúgubres, pero tampoco para asustarse.

-Lo que me hace recelar a mí es que yo sé de seguro, que Blanca

se ha leído estos libros.

No tiene mucho sentido que los quiera repasar.

-Eso sí que es más serio.

Tal vez no vendría mal

que alguien la visitara. Yo mismo me acercaré

y haré porque me cuente su estado.

-Diego, ¿de verdad cree que es buena idea ir a visitar a su cuñada

con el riesgo de toparse con su hermano?

-Aunque así fuera, no llegaría a mayores.

Además, solo me estaría preocupando por su estado

y por el buen crecer del niño. No hay para tanto.

Pero que nadie la haya visto desde ayer, exige averiguar qué ocurre.

-Es usted difícil de persuadir.

Déjeme que le haga una propuesta de discreción.

-Sí, sí, por supuesto, tampoco quiero excederme en temeridades.

-Liberto me ha pedido que le asesore como abogado

en la venta de unas piezas a Samuel. Solo le pido que espere

a que su hermano esté fuera lidiando con el trato,

y en ese momento, vaya a verla.

-Hecho. Gracias.

¿Acaso soy prisionera?

¿También usted va a fungir de guardiana

impidiéndome hacer mi vida normal? Saldré a la calle si es mi gusto.

Quítate.

-Espera, hija.

Tan solo un momento y cuatro palabras.

-Diga usted.

-Carmen, déjanos solas.

Ven, siéntate conmigo.

Eres libre, mi niña.

Puedes coger el portante y salir por esa puerta

cuando lo desees.

-¿Pero?

-Pero ¿qué sucederá después?

¿Acaso piensas que Samuel se va a quedar de brazos cruzados?

No, hija.

Mandará tras de ti a los guardias y...

llegado el caso, te traerán a la fuerza.

-No hay fuerza, ni humana ni divina,

que me obligue a componer lo que ya está descompuesto.

-¿Acaso no hay arreglo posible?

Siempre hay caminos

cuando una sabe dónde quiere llegar.

-No es Samuel mi destino, desde luego.

-¿Estás segura de eso?

Piensa que el matrimonio es un sacramento perenne.

-Pero el matrimonio también es amor. Y gozo.

Y eso Samuel no lo aplica.

-Samuel solo pretende ser un buen esposo

y un buen padre.

No se le puede culpar sin más ni más.

-Pero ya sabe que eso no se dará.

Y si trata de solucionarlo teniéndome

presa y esclava, se equivoca.

-Hija,

vas a ser madre. Y, como todas las mujeres,

querrás serlo buena, amorosa, protectora.

¿O no?

-No lo puede usted dudar, madre.

-Entonces deberías ceder.

Olvidar otras pasiones,

entregarte en cuerpo y alma a ese niño que va a venir.

-Nunca lo desatendería.

-Eso no lo puedes saber.

Quizá, lejos de casa y en compañía de otra gente,

no te resultaría tan fácil y placentero cuidarlo,

y eso sí que no. Blanca, eso no.

Tu hijo es lo más importante del mundo.

-Mi hijo estará bien, se lo prometo.

-¿Estás segura de eso?

¿No sabes

que las emociones pueden afectar a tus entrañas?

¿No has oído hablar de mujeres que por un disgusto

han perdido el hijo que estaban gestando?

¿Acaso es eso lo que quieres? -No.

No siga por ahí.

-Entonces, ¿por qué te empeñas en enfrentarte a tu esposo

con la tensión que eso conlleva y que puede afectar a tu niño?

Estás poniendo en riesgo la vida de tu hijo.

Siéntelo.

Palpa su corazoncito dentro de ti.

¿Notas la vida?

¿Las ganas que tiene de vivir?

¿No es dar a luz tanta alegría

que debería ser lo más importante para ti ahora?

Pues Samuel Alday acudirá a la sastrería para tasar las gemas.

A usted no le voy a pedir ayuda en el aspecto económico,

en parte porque no es su cometido.

Y en parte porque estoy seguro que Samuel me hará un precio justo.

-Pierda cuidado, los Alday no son cicateros cuando una joya les gusta.

sí que me gustaría que me asesorara en las cláusulas del trato.

-Estaré donde usted diga. Y a la hora que indique.

Si me disculpa, tengo una gestión muy importante que hacer.

Sin acritud, mi general,

algo sí me molestaron sus bromas en la sala de armas.

-Humor de cuartel. Ni el teniente ni yo quisimos hacerle sangre.

Son bromas entre compañeros.

¿Olvidado? -Así sea y siempre a sus órdenes.

-Buenas tardes, caballeros.

¿Les importa que me una a tan agradable conversación?

-Siempre es bueno contar con la opinión de un civil, ¿no le parece?

-¿Por qué no?

-¡Tieta! Qué alegría verla por aquí de nuevo.

¿Va a trabajar? -No, hijo, no.

Vengo a recoger unos enseres que necesito.

No abriré de seguido hasta nuevo aviso.

-Pues hace muy bien. Descanse y despreocúpese un poco.

-¿Cómo va lo de la venta? -Bien.

Dentro de poco me reuniré con Samuel Alday.

Llegaremos a un buen acuerdo.

-Me alegra oírte decir eso.

¡No me lo puedo creer!

Pero...

¿Así que a don Liberto le priva que su señora

se ponga tus trajes de criada para

holgar?

Vive Dios qué vicio tiene el señorito.

A palos le enseñaba yo, como un villano.

-Tente, Martín. Que ni tú eres hombre de sangre

ni creo yo que don Liberto vaya más allá de la bufonada, hombre.

-De eso nada, monada. Que eso lo he escuchado yo...

con estos oídos de tísica.

Además, fíjese usted, "señá" Fabiana.

Han desaparecido dos uniformes. El de la Lolita

y el mío. ¿"Pa" qué va a ser, eh?

Para hacer ahí "marranás".

-¿Quién hace "marranás"? -Eh...

don Servando y otros tantos,

que sueltan flatos y eructos

allá por donde van. -Sí.

Qué pestilencias. Nos tienen atufados, doña Rosina.

-Aquí no es que huela a rosas precisamente.

Ni tan siquiera a cominos.

Vengo a devolveros los uniformes que cogí prestados.

-Ah.

Pues nada, gracias. Ya les daré yo un buen agua.

-Señora,... disculpe.

¿Se puede saber

"pa" qué necesitaba usted los trajes de las chachas?

-Por un asunto de caridad, sí.

La antigua muchacha de una amiga mía

quiere presentarse a las pruebas del servicio

del marqués de Bolaños y necesita un avío.

Usted quiere arrimarse al marqués para subirse a su coche,

como si lo viera. -Descarado.

¿Quién eres tú para darle vueltas a mis motivos?

Se cree el ladrón que todo el mundo es de su condición.

Eres tú el que se muere de ganas de correr en el coche.

-A las buenas. -Mira, Lolita,

que aquí ha traído doña Rosina tu uniforme.

La mujer lo había usado para... -Ya no lo quiero, Casilda.

-¿Y eso? Te han puesto en la calle los Palacios.

Ya sabía yo que ese lío... -¿En la calle?

(NIEGA) Bien dentro de la casa que estoy.

Don Ramón ha decidido...

que como soy su futura nuera, que deje de apencar

con escobas y pucheros.

-(SONRÍE)

-Caramba con las de Cabrahigo, si que sabéis medrar.

-Bueno, pero mujer,

alegra esa cara, puñetera.

-No os alegréis tanto,

que a ver cómo acaba todo esto todavía.

Dicen que esos vagos piden jornadas de nueve horas.

-Como si así pudiéramos levantar el país.

-Las huelgas no son buenas,

aun en el caso de que sean justas a reivindicaciones.

-Justas o no, el orden debe prevalecer.

-Señores. Don Felipe, ¿sería tan amable de acompañarme un momento?

-Si me disculpan, caballeros. Don Liberto es mi cliente.

-Por cierto, todavía no ha conocido usted mi humilde morada, está aquí.

¿Tendría a bien cenar conmigo?

-¿Cómo despreciar el rancho de un camarada?

-Voy a ir al grano, don Felipe.

¿Qué excusa tiene usted para seguir en relación con ese asesino?

-Por desgracia, don Arturo es vecino de Acacias.

Alguien tiene que mantener el trato para no terminar a la greña.

A mí me ha tocado asumir esa tarea, por mi desagradable que resulte.

Así que, creo que debería agradecerme el esfuerzo.

-Perdóneme, pero no me creo que su acción sea tan desinteresada.

Algo hay que le mueve

a esa afectiva relación con un homicida.

-Señora, sin ánimo de ofender, jamás me he metido en sus asuntos

si no ha sido a petición. Así que le pido, por favor,

que no se meta en los míos.

-Algo trama ese bribón.

-No sea usted tan rotunda, tieta.

Hablaré con don Felipe y sabremos qué es lo que hay.

No te preocupes, que en esta cocina se va a preparar

todo lo que tú quieras.

-Toma. Échale un ojo y dime cuánto tardarías en tenerlo todo preparado

y que llegue caliente a las mesas, claro.

-Si está todo en gabacho.

-Así practicas tu francés. Es lo que se lleva en la corte.

-Esto no lo van a entender las cocineras.

Si ya se les da mal el castellano.

-¿Me vas a negar un capricho poco antes de nuestra noche de bodas?

-Si eso dependiera de mí... -Pues ahórrate las excusas,

y vete pensando el cómo. Ahora vuelvo, que se me ha antojado

el suizo.

-Anda que... -(GRITA MARÍA LUISA)

-¿Qué ha pasado?

¿Qué ha pasado?

-Se ha caído un tarro de una balda. -A ver.

Déjame ver.

-Dime que no tengo una herida y que voy a tener que tapármela.

-Esto te lo arreglo yo con un hielo en un pispás.

-Ya me extrañaría. Ese cuerno no se va a ir así como así.

-¿Qué cuerno?

-¡¿Qué hace usted aquí, portero?!

-El coronel, que me ha "mandao" para que le lleve la cena.

-Lo que me faltaba, que me saliera un cardenal.

Me voy a casa a ponerme algo ahora mismo.

-Es que la...

-Muchas gracias, Servando. -No hay de qué,

Víctor.

-Eh.

¿Por qué me marcaste?

"Se olvidará la mujer de lo que dio a luz

para dejar de compadecerse del hijo de su vientre".

"Que se olviden ellas, yo no me olvidaré de ti".

"He aquí, que en las palmas te tengo esculpida".

"Delante de mí están siempre tus muros".

Lo que le decía, si nos dejaran a nosotros

manejar el cotarro, íbamos a reverdecer los antiguos laureles.

-Pues sí. Deberían dar mayor reconocimiento

a los que hemos servido a la patria.

-Me gustaría seguir de esta charla,

y disfrutar de su compañía, pero se ha hecho tarde.

-Es una pena, me gustaría seguir platicando

con usted. Tiene unas opiniones muy interesantes.

-Eso tiene fácil arreglo.

Voy a organizar una cena con unos compañeros,

y está usted invitado.

-Es un honor que cuente conmigo.

-Será una velada memorable.

Son militares de un impecable historial.

Y piensan como nosotros. -Asistiré encantado.

-"Luisi, tranquila"

que no es para tanto.

Tiene el tamaño de una lenteja.

-Los hielos no me han hecho nada.

-Milagros.

Han hecho milagros. Apenas se te nota.

-Me da que me estáis haciendo luz de gas.

Víctor, tráeme un espejo.

-Yo voy.

-Virgen santa, pero ¿qué tengo en la frente?

A lo mejor si le ponemos un filete le baja el color.

-Yo así no me puedo casar.

¿Qué hace mi madre vestida con esas ropas?

¿No me digas que sigue con la idea de hacerse pasar por criada?

-Entonces, mejor que no preguntes.

¿Qué, cómo va tu discurso para la boda

de María Luisa, la has terminado? -Es imposible.

Me está costando tanto, que me planteo no leer nada.

Tengo asuntos de más enjundia en la cabeza.

-¿Qué ocurre? -Es Blanca.

Liberto, hay algo que tengo que pedirte.

-"Soy consciente"

de las dificultades económicas de la sastra.

-Eso es culpa de ella. Tú has de procurar por nuestro negocio.

-En esta ocasión no pretendo ganar dinero con la compra,

simplemente hacerle un favor a un amigo.

¿Dónde vas? -A la cocina a por una taza.

-No es necesario que te levantes, para eso está Carmen. Carmen,

trae un servicio a Blanca.

Vuelve a la mesa.

-Como quieras.

Tampoco pretendo perder dinero con la transacción.

No somos hermanitas de la caridad.

-Me gusta oír eso. Paga un precio justo.

-"¿Qué os pasa?".

Ni que se hubiera muerto el cura. -Eso sería mucho mejor,

se trae otro y arreglado.

-Unos gatos han llenado las ropas de los santos de pulgas,

han criado y son una plaga.

Se les ve saltando de un banco a otro.

-¿No se pueden sacar los santos de procesión?

Así se airean y van soltando los bichos.

-Así llenaríamos el barrio de pulgas.

Pero no tenemos tiempo ni para eso.

-¿Qué más necesitas para anular el enlace?

Está claro que nuestra boda va a ser un desastre,

y quizá nuestro matrimonio. -No.

Todo tiene solución en esta vida. -Que no.

Siento que hay una fuerza que trata de evitar el desastre.

-"Los que no tienen perdón de Dios" son aquellos que teniendo

la oportunidad de elegir, se quedan del lado de gente como el coronel.

-¿Te refieres al militar que anda con él?

-No solo me refiero a él.

-No le conozco más amigos. -No sabes de la misa la media.

Te hablo de tu Felipe. No solo hacía gala

de la amistad con el coronel,

sino que además, me faltó al respeto

cuando le afeé su actitud.

-Me sorprende mucho lo que me cuentas.

Pero alguna razón habrá para que ande con él.

Cuando cerremos el acuerdo,

podríamos salir a cenar los matrimonios.

-Ya se verá, Blanca está un poco delicada.

-¿Cómo se encuentra? Hace un par de días que no la veo.

-Está fatigada, pero nada importante.

-¿Por la intoxicación de mercurio? -No lo creo.

Los niveles de metal son muy bajos.

-Entonces, ¿por qué la tiene encerrada en casa?

A la embarazadas les viene muy bien tomar el aire,

no que se queden en casa. Deberíamos...

-Le he dicho que Blanca está descansando.

-¿Es que ha ocurrido algo más?

-Le agradezco el interés, pero le ruego que deje de preguntarme.

¿Acaso yo no respeto la intimidad de su matrimonio?

Haga usted los mismo.

-"¿Se puede saber"

con qué has desinfectado la iglesia?

-¿Qué voy a echar?, azufre.

He quemado una buena cantidad con las puertas cerradas.

Esto es mano de santo contra las pulgas.

-Pues no es que haya "estao", pero ahí huele peor que en el infierno.

-Alma de cántaro,

¿qué es lo que has hecho? Que nadie puede entrar ahí.

-Para ahuyentar a las pulgas no se usa agua de rosas.

Además, yo tampoco

huelo tan mal.

¿Tú? Si tienes menos olfato que un perro de bronce.

-Claro, si en la guerra me estalló una bomba en las narices.

-¿Y cómo vamos a meter a nuestros invitados en esta iglesia?

-Me lo tendrías que haber dicho, que has empeorado las cosas.

-"No creo que haga nada malo".

Don Arturo es uno más. ¿Por qué se mete en mis asuntos?

-No seas cínico.

Don Arturo es un hombre muy peligroso, y lo sabes.

¿Quién te asegura que no vaya a volverse en tu contra?

-Eso no me preocupa.

Sé manejarlo. -Yo no estaría tan segura.

-Mi interés está en uno de sus amigos, el general.

Un militar muy bien colocado en el Ministerio de Guerra.

-No puedo aprobar tu decisión.

Nada justifica que limes asperezas

con ese diablo, y menos sabiendo el daño que le hace a Susana.

-Lo lamento,

pero si alguien quiere prosperar, tiene que hacer contactos.

Esas son las reglas del juego.

-¿El fin justifica los medios? -Bien dices.

Me alegro que haya podido venir a esta reunión.

-Es un placer. -Ya conoce a varios de ellos.

El teniente Tamayo, el coronel Mouliá,

almirante Donoso... -Celebro volver a verles.

Vamos a disfrutar de una cena entre camaradas.

O como nosotros decimos, una reunión de la Asociación de Patriotas.

-Espero que no le resulte demasiado pomposo el nombre.

-¿Por qué iba a parecérmelo?

¿Acaso no somos patriotas todos los que estamos aquí?

Eso son maneras de negociante,

poner nervioso al vendedor para que no regateé.

-No son mañas, amigo, es la pura verdad.

  • Capítulo 683

Acacias 38 - Capítulo 683

22 ene 2018

La aparición de Silvia Reyes por el barrio no sienta nada bien a Arturo. Samuel encierra en su cuarto a Blanca y la amenaza. Leonor se extraña de que Blanca falte a su cita y alerta a Diego y a Felipe. Ramón decide que Lolita no trabaje más de criada; es la prometida de Antoñito, y por tanto debe de ser tratada como parte de la familia. Felipe se acerca a Arturo con el fin de volver a la política, por mediación del general Zavala.

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  1. Raquel

    Estoy buscando Capitulo 664. Alguien , por favor aclare po que es TAN dificil buscar ni en Series,A la carta, etc brinca al del Dia. Aprox a final de sep/Oct/ pude ver capitulo sin problema en Boston y Atlanta. Luego q regrese despues del huracan devastadora, Maria, no teniendo electricidad perdi la Secuencia, ayuda por favor . Sino, no puedo seguir. Tambien hagan busqueda mas amigable . Gracias

    17 feb 2018
  2. Consuelo

    De todas la novelas q vi esta al.principio bien. Ahora patética aburrida sin lógicas ni nada de todos los muertos resuelto .no la veré más . hasta no se como los actores no se cansan fuzz

    23 ene 2018
  3. Teresa

    Madre puffff q cansina se esta haciendo ,ya cansa tanta Ursula y su hija, seria bueno q de vez en cuando no la saliera todo bien una de cal y otra de arena ,no fue buena idea el cambio de Cayetana por estas q son muy cansinas no dan juego

    23 ene 2018
  4. M. Ester

    Viernes próximo pasado 1.097000 espectadores y 9,9% de share, hoy bajó a 1.019.000 y 9.2 % respectivamente.- ¿ que sucedió ?

    23 ene 2018
  5. Victoria

    Ayer 1.019.000 espectadores y una cuota de pantalla de 9,2% . ¡Fantástico!. Enhorabuena equipo.

    23 ene 2018
  6. Mcarmen

    Saro suscribo cara una de tus palabras me parece una pareja increíble. Verdaderamente estoy enamorada de la serie, me desconecta totalmente hay días que hago malabares con los horarios por verla y la veo desde el primer día, aprovecho para decir lo mal que me sentó que quitaran seis hermanas, mi sobremesa era más larga. Bueno mejor una que ninguna, felicitó a los guionistas por los vocablos que muchos teníamos olvidados por sus ocurrencias y por todo. Me encanta ACACIAS 38. Mcarmen

    23 ene 2018
  7. Elisa

    ¿ que pasaría si Blanca le dice a Samuel que no está segura que el hijo que viene en camino sea de él ? y a Ursula le daría un infarto. Todavía no entiendo porqué Ursula detesta tanto a Diego, será que Samuel es mas " manejable "y como vemos le está haciendo un muy buen trabajo psicológico para que Samuel haga lo que a ella le conviene.- Y de Rosina, que puedo decir, una señora adulta comportándose como una chiquilla, caprichosa, RIDÍCULA y el esposo secundándola en sus vanidades y caprichos como un tonto más.Y bueno, hay de todo en la viña del Señor................

    23 ene 2018
  8. Saro

    No tengo ni idea de si nuestra Rosina subirá o no al dichoso coche del marqués, pero si esa "locura" ha servido para darnos las fantásticas escenas de la pareja que hemos podido disfrutar hoy, bienvenida sea. Tengo que volver a decir que esa química tan fuerte entre dos actores es muy difícil de encontrar, esa complicidad extraordinaria, esas miradas picaronas, esos besos, esa belleza de ambos .. y esos diálogos, de los que aquí va una muestra: .. "estaba pensando que tú, ¿podrías volver a ponerte el vestidillo de Casilda? "¡Ay malandrín!, que ya sé lo que te relames .. así que el uniforme prieto y ceñidito de Casilda, ¿eh picarón? .. "Es que en el matrimonio se habla de lo divino y lo humano, de lo que gusta y se desea, eso es sano y claro, con esas carnes que Dios te ha dado y embutida en esas estrecheces, pareces la prima donna de un teatro sicalíptico". Hoy, de nuevo, mi felicitación a los guionistas por esos diálogos y también mi felicitación a mis adorados Jorge y Sandra porque sois increíbles, excelentes, tenéis una naturalidad enorme y habéis hecho que me enamore totalmente de la pareja Liberto/Rosina.

    22 ene 2018