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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 680 - ver ahora
Transcripción completa

Ya ha firmado.

Se va a París. -"Aunque no pueda demostrarlo,"

estoy convencido de que usted está implicado

en la muerte de doña Adela.

Tarde o temprano conseguiré descubrirle.

-No creo que pueda hacerlo.

-Ya lo veremos.

Mientras tanto, ese asesinato pesará sobre su conciencia.

-"No puedo olvidar lo que ha pasado".

La infidelidad de Blanca me impide ver más lejos.

-Tienes que esperar.

-¿Me pide que siga siendo el de siempre?

¿Que me comporte como si nada? -Sosiégate.

Llegará el parto.

Y entonces,

podrás poner a Blanca en su lugar, sea el que sea.

(LEE) "Dios colocará a cada uno en su sitio".

"Y de la misma forma

que Adela ocupa ya

un lugar a su diestra,

el asesino terminará padeciendo

el fuego del infierno".

"Simón".

-"Eres indigna".

¡Una cualquiera, una mentirosa que no merece ningún tipo de clemencia!

¿Ahora lloras? ¿Ahora piensas en nuestro hijo?

¿En qué pensabas cuando te revolcabas con Diego?

-"Es posible que pueda echarme,"

pero pagará por todo lo que nos ha hecho.

-Eso ya lo veremos.

-Es usted un monstruo.

Y se merece un castigo por Olga, pero, sobre todo, por Blanca.

Tarde o temprano acabaré con usted.

María Luisa Palacios de mi vida,...

¿quieres casarte conmigo?

-Al final me voy a hacer con una colección de anillos de pedida.

-¿Eso significa que sí o que no?

-Pues claro que sí, Víctor Ferrero de mi corazón.

-"Deja de sentirte culpable".

No hemos cometido ningún pecado. Nos amábamos.

Y aún seguimos haciéndolo, ¿sí?

¿Cómo puede surgir algo malo de lo que sentimos?

-Solo nos ha traído desgracias.

-Porque hemos luchado demasiado tiempo contra nuestro destino.

No podemos seguir enfrentándonos

a nuestro corazón.

Blanca...

-¿Qué estamos haciendo, Diego?

-Dejarnos llevar por nuestros sentimientos.

¿Acaso es eso malo?

-Sí, sí lo es. Nunca nos ha salido bien.

-Porque nunca hemos luchado por ello.

-Porque hacemos daño a mucha gente. -No.

No, Blanca, a mucha no. A Samuel.

-Sí, a Samuel. No sabes lo mucho que ha aguantado.

Rabio de pensar lo mal que lo hemos hecho.

-Blanca,

sabes que lo último que deseo es hacerle mal a Samuel.

Pero ¿la solución es renunciar a lo que sentimos el uno por el otro?

¿A mentirnos a nosotros mismos?

-Sí. Esa es la solución.

-Pues ya me dirás cómo lo hago.

Porque lo he intentado una y mil veces y no lo consigo, Blanca,

no puedo.

-Tendrás que hacerlo. -¿Cómo?

¿Cómo te saco de mi cabeza? ¿De mi corazón, de mi alma?

¿Cómo hago para arrancarte de lo más hondo de mí?

¿Qué hago que no haya intentado ya? Dímelo y te juro que lo hago.

-No sigas, Diego. -Blanca,...

empecemos de cero.

Criemos a ese niño.

Lo sacaremos adelante los dos juntos, todo irá bien.

Los dos sabemos que juntos seremos felices.

Porque entre nosotros hay algo real. Algo sólido.

Algo indestructible.

-No insistas.

-Prométeme que lo pensarás.

Blanca,...

una sola cosa:

ten cuidado con Samuel.

Él no está bien.

-Pero él nunca me haría daño.

-Él ya no es el mismo.

-Por nuestra culpa. Porque ha sufrido demasiado.

-Quizá. Quizá tengas razón.

Tú ten cuidado. ¿Lo harás?

-No te sientas culpable.

Esto tenía que pasar, Diego. Tarde o temprano, tenía que pasar.

¿De verdad? -Tal y como se lo cuento, Felipe.

Que me ha dado un "sí" como la copa de un pino.

-Me alegro mucho por vosotros.

Hacéis una pareja estupenda.

-Mejor vamos a ser como marido y mujer.

Que no será del tiempo que quiero casarme con ella.

-Me alegro que tus sueños se hagan realidad.

En breve estará listo el papeleo para la compra de la chocolatería

y os podréis marchar juntos a París.

Tu madre tiene suerte de encontrar tan buen comprador

en tan poco tiempo. -Sí.

Aunque reconozco que me da mucha pena deshacerme de este sitio.

Yo me he criado entre estas mesas.

Detrás de este mostrador he aprendido todo lo que sé.

Y aquí me he hecho un hombre, don Felipe.

-Un hombre de los que se viste por los pies, Víctor.

Un hombre sensato, prudente y honrado.

Estoy seguro que en París te esperan cosas mejores.

-Ojalá así sea.

Y no sabe todo lo que tengo que hacer.

Preparar una boda en dos días.

-Eso espero, porque solo tienes una semana.

Pero tranquilo, yo me encargaré del papeleo y del contrato.

Tú céntrate en ello. -¿Cómo que una semana?

-Será mejor que me marche.

-¿Víctor?

-¿No te lo había contado?

-Sabes perfectamente que no.

-Ya.

Mi madre necesita que esté en París en una semana

para hacerme cargo de la fábrica.

-¿De verdad me estás diciendo que tenemos que preparar nuestra boda,

el momento más importante de mi vida,

con el que llevo soñando desde los tres años, en una semana?

-Quizá algún día menos.

-¿Cómo?

Bueno, tú has perdido el oremus.

No puedo creer lo que estoy oyendo, es que no me lo puedo creer.

El momento más importante de mi vida,

¿y tú quieres quitártelo de encima como si fuéramos esos infieles

que ni siquiera pasan por la iglesia?

¿Quieres que me vista como una indígena?

-María Luisa, no te alteres. No te alteres

porque va a ser una boda de relumbrón.

He hablado con el párroco. Nos va a hacer un hueco.

-Un hueco.

-Va a ser una boda de cuento. -De cuento sí.

Víctor, eso va a ser una birria. -Mira,

aquí lo importante es que tú y yo nos queremos.

¿Me estás diciendo que mi vestido de ensueño no importa,

ni el coche de caballos blancos

que debería llevarme a la iglesia,

ni el coro de niños cantores de la ciudad,

que iban a amenizar el evento con su música?

¿Es eso lo que me estás diciendo? -Dios sabe que no.

-Víctor, yo venía corriendo a contártelo

pensando que te iba a encantar. ¿Y qué me encuentro?

Que tú quieres casarte de prisa y corriendo

como si yo estuviera encinta.

-¿Y tan malo sería que cambiáramos eso

por una boda un poco más sencillita?

-¿Y tan malo sería morir a manos de tu novia?

Pues eso.

-(RESOPLA)

-Madre mía.

(Se cierra una puerta)

¿De dónde vienes?

-Me has asustado.

-Es muy tarde, Blanca.

-No sabía que ibas a esperarme despierto.

-Eres mi esposa.

Estás embarazada y enferma.

Creo que lo lógico es que te espere despierto.

-Supongo que sí. -¿Dónde has estado?

¿Con quién has pasado tantas horas? -¿A qué el interrogatorio?

-¿A qué el miedo a contestar? ¿Acaso hay algo que ocultar?

-He ido al hospital.

Quería hablar con Quiles para saber el alcance de mi intoxicación.

-¿Por qué me haces esto? -¿Hacer el qué?

-Desafiarme constantemente. -He ido a hablar con mi doctor

para que me comentara los pormenores de una enfermedad

de la que no se me había informado. ¿Eso es un desafío?

¿Raro te parece que quiera saber?

-Lo raro es que hagas lo que te dé la gana sin mi consentimiento.

-Es mi cuerpo. Y necesito saber lo que me está pasando.

-¡Y yo necesito que me obedezcas!

¡Te he dado libertad para que fueras como quisieras,

para que te sintieras libre. ¿Y cómo me lo pagas?

¡Trayendo una enfermedad repugnante!

-No me grites. -¡Haré lo que me dé la gana,

que para algo eres mi esposa y tu cuerpo me pertenece!

¡Te vas a comportar como lo que eres,

la esposa de Samuel Alday! Vas a cuidarte

y a guardar reposo.

Y no saldrás de casa sin mi consentimiento.

-¿Cómo? -Lo que has oído.

-Que me haya equivocado en el pasado no te autoriza a tratarme así.

-¿Equivocado?

Yo llamaría de otra forma a lo que has hecho en el pasado.

-¿Qué ocurre aquí?

No son horas de andar gritando. Basta ya de discutir.

-No se apure, madre.

Ya nos hemos dicho todo lo que teníamos que decirnos.

-Espera.

¿De qué enfermedad estabais hablando?

(Llaman a la puerta)

Pase, está abierto.

-Con permiso.

¿Me ha mandado llamar? ¿Qué puedo hacer por usted, señor?

-Quiero que se deshaga de todo esto.

-¿Está usted seguro?, son las cosas de su hija.

-¿No me ha oído?

Aquí solo ocupa sitio y acumula polvo.

Repártalo entre las criadas o entrégueselo a la beneficencia.

Me da igual pero sáquelo de aquí. -Sí, señor, como usted mande.

-Otra cosa, Servando.

-Sí.

-Quiero que me busque una criada para que me ayude.

Una mujer formal y de confianza que sepa hacer las cosas

a la antigua usanza, ya me entiende.

-Yo perfectamente. Pediré referencias, señor.

-Una última cosa.

Quiero que abrillante y ponga a punto mi equipo de esgrima.

Voy a retomar esa afición y quiero apuntarme a un torneo.

-Perfectamente, y en un periquete si me dice dónde está.

-En esa caja. -Sí, señor.

Soy el portero de este edificio.

Mi obligación es ayudar a todos y cada uno de los vecinos

que hay aquí, digan lo que digan.

-Aún estoy en forma. -Sí, señor,

aún lo está.

Pues, con su permiso, si no manda nada más,

Yo espero que Susana se recupere pronto.

Adela era para ella como una hija.

-Sí, la marcha de Simón ha sido otro duro golpe para ella.

Ha perdido a una hija y a un hijo el mismo día.

-Esperemos que haya valido la pena. Y que Simón y Elvira estén felices

allí donde estén.

Menudo novelón, y no los de Leonor. -Basta ya de hablar

de penas, que nos van a salir arrugas. A otra cosa.

¿Queréis que os cuente la última?

-Nos lo va a contar igual.

-(RÍE)

-Me han invitado a un evento donde acudirá lo más granado

de esta ciudad.

-¿Qué evento?

-Bueno, pues el Duque de Ledesma va a celebrar el cumpleaños de su hija.

Acaba de cumplir 15 años. -¡Ay, qué divertido!

¿Y nosotros podemos ir? -No, Trini.

Me han invitado a mí porque soy mujer de alta alcurnia.

¿Sabéis quién más va a acudir?

-Nosotras no.

-El Marqués de Bolaños.

¿Tú sabes lo que eso significa? -No.

-Que voy a montar en su artilugio, que dicen

que va a la velocidad del rayo.

Bueno, tiene una bocina de gas, me han dicho.

-Eso si se lo permite.

-¿Y por qué no lo va a permitir?

Es multimillonario; esa gente disfruta compartiendo su riqueza.

-¿Y de verdad tiene tantísimo dinero?

-Dicen que le compraba joyas a don Jaime Alday, pero a granel.

-Uy. -Si eso es así...

lo cierto es que a mí también me gustaría subirme en ese coche.

-¿Tú, para qué? Quiero decir, ¿desde cuándo te gusta la velocidad?

-Bueno, no me gusta, pero creo que sería una bonita manera de...

Bueno, es que hay algo

que aún no les he contado. -Bueno, pues somos todo oídos.

-Víctor y yo nos casamos.

-Qué gran noticia, María Luisa.

Me alegro mucho. -Gracias, doña Celia.

-Os ha costado, ¿eh? Tú lo sabías.

-Sí. Hay algo que la niña no os ha dicho

y tiene que ver con las prisas. -¿No estarás...?

-No, Dios me libre. Voy entera y decente.

Lo que pasa es que doña Juliana necesita con urgencia a Víctor.

-A mí no me parece mal, ¿a qué esperar?

-¿Usted cree que el Marqués de Bolaños

podría prestarme el coche para ir a la iglesia el día de mi boda?

-Pues no, creo que no.

¿Por qué te lo iba a prestar a ti, su coche?

-¿A usted sí y a mí no?

-Pero es que yo soy la propietaria de un yacimiento.

-La medio dueña.

Y yo soy la hija del que tiene la otra parte.

Mi boda va a ser un acontecimiento social.

Saldrá en todos los periódicos.

-Bueno, Luisi, hija, yo...

no pondría todas las ilusiones en ello.

Tienes menos de una semana para prepararlo todo.

Deberías hacer algo más sencillo.

-¿Una semana? Pero si ni siquiera tienes el vestido.

Y Susana está de luto. -Bueno, usted no se preocupe,

que lo de la semana aún hay que pactarlo.

Por lo pronto, me voy a ir a conseguir ese coche,

que por algo hay que empezar.

-(RESOPLA)

Don Felipe.

¿Ha visto a Samuel o a Diego? -No.

¿Por qué, ocurre algo? -No. No, no, nada.

-Pobre familia.

La muerte de Olga ha tenido que ser un duro golpe.

Supongo que les busca usted para darles el pésame.

-Lo cierto es que no. -¿Ah, no?

-Don Felipe, ¿puedo serle sincero?

-Por favor. Se lo ruego.

-Ayer vi algo que me dejó un tanto descolocado.

Pero no sé si contarlo o no. Uno no sabe si arregla o empeora las cosas.

-¿Qué vio usted?, me deja preocupado.

-Vi a Diego y Blanca en actitud cariñosa.

-Entiendo.

-¿Debería contárselo a Samuel?

-No creo que terceras personas deban inmiscuirse en un matrimonio.

-Pero Samuel es mi amigo, y si no se lo cuento,

siento que le estoy traicionando.

-¿No cree usted que Samuel hace tiempo que sabe lo que hay?

Él es consciente de esta terrible situación, solo que no quiere verlo.

-En eso no le falta razón.

Yo solamente quiero el bienestar de mi amigo.

-Y eso le honra.

-Ha luchado mucho por su esposa. -Precisamente por eso.

¿No han pasado ya muchos problemas para que usted anime las cosas?

-¿Me permite una pregunta?

-Adelante.

-Si vieran a Celia con otro hombre,

¿a usted le gustaría que se lo contaran?

-Uno nunca tiene para sí mismo el mejor consejo,

pero sí para los demás.

Con Dios. -Con Dios.

Mira que es caprichosilla María Luisa.

-Yo diría tozuda.

Cuando se le mete algo entre ceja y ceja, no para hasta conseguirlo.

-Bueno, es corajuda y lucha por lo que quiere. Eso no está mal.

-Por cierto, ¿por qué no celebrar dos bodas en lugar de una?

-¿Dos bodas?

-Claro, la de Antoñito y Lolita,

porque aunque sea criada, tendrá que casarse,

como todo cristiano, digo yo. -Pues sí, Rosina,

pero como es de Cabrahigo,

Lolita quiere respetar el año de noviazgo.

Que dice que no se casa. -Pues eso no está mal,

es hasta bonito. -No digo yo que no.

Pero me parece regular que siga sirviendo en vuestra casa.

¿Qué necesidad tenerla ahí

planchando las camisas, cocinando, con el dinero que tiene tu esposo?

-Mira, Rosina, para nosotros, Lolita es como una hija,

y si sigue trabajando es, porque ella así lo quiere.

-Me da igual. Es la prometida de Antoñito,

hace tiempo que debería haber colgado el delantal y tomar clases.

-¿Clases, clases de qué?

-¿En serio?

De educación, de protocolo, Trini.

Sí, de las normas sociales que rigen

la alta sociedad a la que ella va a pertenecer.

Tenéis mucho que enseñarle a esa muchacha

para que se comporte como conviene. -Anda ya, Rosina, por favor,

que no creo yo que sea para tanto.

-Ay, Dios mío, estamos hablando de Lolita,

ahí hay mucha tela que cortar.

Bueno, un año se me hace hasta poco. -Rosina, por favor, no exageres.

-Mírame a mí. Yo aprendí muy rápido y pulí todas las formas.

-Lo dicho. Cuanto antes, mejor.

¿No ha querido desayunar?

-Muy poco. Dice que no tiene apetito.

-¿No piensa levantarse de la cama?

-Está bastante disgustada.

(Llaman a la puerta)

La señorita María Luisa.

-Buenos días, doña Úrsula. -Buenos días, María Luisa.

-Me gustaría presentarle mis más sinceras condolencias

por el fallecimiento de su hija.

-Gracias por haber venido a mostrarlas expresamente.

-Bueno, verá, también me gustaría pedirle un favor.

Me he enterado que su marido, don Jaime Alday,

diseñaba las joyas para el marqués de Bolaños.

Y me gustaría, si pudiera ser, que me pusiera en contacto con él.

-¿Puedo preguntar el motivo?

-No sé si usted sabe que el marqués posee un auto que circula

a mucha velocidad. Y tiene un claxon

que se escucha por toda la región cuando alguien lo toca.

Bueno, pues me gustaría pedirle prestado ese auto

para mi boda. Víctor y yo nos casamos.

-Enhorabuena.

-Gracias.

Sería maravilloso poder llegar a la iglesia subida en ese automóvil.

-Ya. Haré lo que pueda.

-Con eso me conformaría.

Muchas gracias. -Con Dios.

-Con Dios.

-¿Lo has oído?

¿Cómo se atreve esa niñata a pedirme algo tan frívolo

cuando el cuerpo de mi hija está todavía caliente?

Chiquilla consentida.

(APLAUDE)

Parece que no pasan los años por usted, coronel.

-Zabala, cuánto tiempo. General.

-Más por viejo que por mérito propio, pero general.

-A sus órdenes, pues. Sabía que llegaría usted lejos.

Ya demostró en Cuba grandes dotes de mando.

Y un gran instinto para la estrategia militar.

-Qué jóvenes éramos, coronel.

-Y qué ganas teníamos de comernos el mundo, ¿se acuerda usted?

-¿Cómo olvidarlo?

Éramos unos niños que jugábamos a ser soldados.

-Sí. Pero no eran pistolas de juguete los máuser

con los que apuntábamos al enemigo. Ni un juego dar la vida por España.

-¿Cómo está su familia?

Me encantaría saludar a su esposa.

-Mi esposa falleció, lamentablemente.

-Cuánto lo siento, coronel, no lo sabía.

No debió ser fácil quedarse solo a cargo de una niña.

-Elvira siempre fue una hija maravillosa.

No me dio ningún problema de niña. -No lo dudo.

Estoy convencido que le dio la más recta de las educaciones.

Ya debe ser toda una mujer. -Sí, sí.

Lamentablemente, hace poco partió para emprender una nueva etapa

en su vida. Si no, se la presentaría con gusto.

-A ningún padre le gusta ver cómo su hija

le abandona por otro hombre.

Pero si está bien casada, con un muchacho de buena familia,

debe usted pensar que es ley de vida.

-Yo hubiera querido que se quedara a mi lado eternamente.

Pero como bien dice usted, es ley de vida.

-Tomemos algo, por los viejos tiempos.

(Portazo)

Buenos días, Samuel. Aguarda.

Necesito saber más sobre la enfermedad de Blanca.

-¿Qué quiere que le cuente? Blanca está intoxicada con mercurio.

Eso es todo.

-¿Por eso renegaste de Diego tras la trasfusión?

Porque te había engañado con tu propia esposa y, encima,

le ha contagiado su enfermedad.

No me puedo creer que fueras tan ingenuo

y no te hubieras dado cuenta de que te estaban engañando.

No, ¡espera!

No te vayas.

¿Cómo se encuentra mi nieto? ¿Está intoxicado?

-Hasta que no nazca, no hay forma de saberlo.

-No.

Mi nieto no puede estar enfermo.

Mi nieto tiene que ser un niño sano y fuerte.

Es el futuro de la familia.

-Eso, lamentablemente, no depende ni de usted ni de mí.

Estamos en manos de Dios, mal que nos pese.

Y por culpa de Blanca y mi hermano, mi hijo podría tener lesiones.

¡Me dan ganas de abofetear a esa adúltera!

-Has de tener contención. Ahora más que nunca.

-¿Acaso cree que no lo intento?

-Con tu actitud autoritaria y discusiones como la de anoche,

lo único que vas a conseguir es que Blanca se aleje aún más.

Un poco tarde para hacerte respetar, ¿no crees?

-¿Y qué quiere que haga? ¿Que me quede de brazos cruzados?

No pienso dejar que Blanca haga lo que le dé la gana.

-Y yo no pienso consentir que eches por tierra

todo por lo que he luchado.

Tu prioridad ahora es mantener a Blanca a tu lado

hasta que dé a luz.

El niño es lo único que importa. Sea de quien sea.

-¿Qué insinúa? Ese niño es mi hijo y punto.

-La pregunta es,...

¿hasta dónde estás dispuesto a llegar

por demostrarlo?

Solo espero que no sea un monstruo deforme

o todos lo pagaremos.

-Úrsula.

Yo jamás le haría daño a Blanca.

-Mantenla a tu lado.

Ese niño

es lo único que importa.

Tendría que haber visto lo malcarada que fue doña Úrsula

cuando fui a pedirle el favor de que hablara con el Marqués de Bolaños.

-Hija, yo no sé cómo se te ocurre pedirle nada a esa mujer.

¿No te has dado cuenta de cómo se las gasta?

-Quiero ir en ese coche a mi boda. ¿Acaso hay algo malo en eso?

¿Qué ocurre aquí, a qué la reunión?

(Llaman a la puerta)

-Yo voy a abrir.

Pasa, pasa.

-Estoy nervioso. -Tranquilo, respira.

-Muy buenas tardes a todos.

-¿Habíamos quedado?

-Es que hoy no he venido a verte a ti, mi vida.

He venido a ver a tu señor padre.

Don Ramón. -¿A qué viene todo esto?

-He venido a pedirle formalmente la mano de su hija.

-Te estábamos esperando.

Ya estabas tardando demasiado.

-Pero ¿es que usted también lo sabía?

-Lo sabía todo el barrio, hija.

¿O acaso crees que no me había fijado en tu anillo?

Y no sabes lo feliz que soy por ti.

Muchacho,

soy todo oídos.

-Señor,

conozco a su hija desde que somos pequeños.

Y creo sinceramente

que llevo toda la vida enamorado de ella.

Y no solo por esos bonitos ojos,

que los tiene,

ni por esa maravillosa sonrisa que ilumina cada uno de mis días.

La quiero porque es mi apoyo, mi amiga,

mi refugio.

Mi hogar.

Y la admiro por su tesón, por su coraje.

Por esa manera que tiene de pelearse

por todo en lo que cree.

La quiero, don Ramón, porque ella hace que mi vida sea mejor.

Ella hace que yo sea mejor.

¿Me permitiría usted, don Ramón,

que tratara de hacerla feliz desde hoy hasta el día en que me muera?

¿Me concede usted la mano de su hija?

-Si ella así lo quiere, que así sea.

-Que se nos casa la niña.

-Don Ramón.

-Como le hagas daño, te mato.

Y que sea la última vez que me pides

la mano de mi hija, porque ya no tengo más manos para concederte.

-Claro, Ramón, como que te ha pedido las dos manos

y el pie.

¡Ay, viva los novios!

¡Ole!

Martín, tú sabrás que a las mujeres nos gusta que estén muy pendientes

de nosotras. Entonces,

apresúrate en apartarle la silla a la dama.

A ver, prueba tú.

-¿Así?

-Servando, ¿y eso qué es?

-Cosas de la señorita Elvira,

que me las ha dado don Arturo, que se quiere deshacer de ellas.

-Pero qué cosas más "rebonicas". -¿Qué es todo esto, qué hacéis?

-(TOSE)

-Perdón.

Pues la "señá" Carmen, que le está enseñando a mi Martín

a comportarse con finura. ¿A que está bonito mi hombre?

-Normas de protocolo,

para que pueda atender como Dios manda

en casa del marqués. -¿Aún estáis con esas tontunas?

-Pues claro que seguimos con eso.

Como que el primero que se va a subir a ese coche seré yo,

como que me llamo Martín Enraje.

-Ay, pues como no te des mucha prisa,

me parece a mí que vas a ser el segundo.

Sí, porque la señorita María Luisa le ha pedido

el favor a doña Úrsula para que interceda en su nombre

y le pida el coche al marqués para su boda.

Creo que era un cliente selecto

de don Jaime Alday.

-Ay. ¿Que la señorita María Luisa se casa?

-Si es que ya era hora, qué alegría, qué contentura, de verdad.

Una boda en Acacias. -Pues claro que sí,

que después de tanta muerte, nos viene muy requetebién.

-Víctor y María Luisa se merecen toda la felicidad del mundo.

-Ay, Servando, que no sabía yo que usted fuera tan melifluo.

-¿Y qué quiere que le haga?

Conozco a esa pareja y los he visto crecer.

-Seguro que la Lola lo sabía. Pero no ha dicho esta boca es mía.

-¿Y de verdad cree la señorita María Luisa

que la Úrsula le va a hacer el favor?

-Arrea, pues eso es cierto, ¿eh?

Si la Úrsula le pide el coche al marqués,

será para aposentar su culo en él. -Pero bueno,

¿será posible que con los años que llevan el señorito Víctor

y la señorita María Luisa pelando la pava se vayan a casar ahora?

El primer trasero que se va a subir a ese coche será el mío.

-"Pa" chasco que hablándole de su trasero al marqués

la Úrsula no consigue tal menester.

Vamos, te lo digo yo.

(RÍEN)

Será mejor que siga su camino.

-Me ha leído usted la mente.

-No me ha hecho falta, Diego. Es usted como un libro abierto.

Pero debería andarse con ojo.

Ser más discreto en sus encuentros con Blanca.

-¿Cómo sabe usted eso?

-Liberto les vio anoche juntos.

-¿Cree usted que se lo dirá a Samuel?

-Le disuadí para que no lo hiciera.

Pero tiene que tener más cuidado.

Más que nada porque Blanca podría pagar por ello.

-¿Por qué dice eso?

-Anoche se escucharon gritos en esa casa.

Seguramente, Samuel se enfureció al ver que su esposa

llegaba a altas horas de la noche.

Deberían alejarse por un tiempo, hasta que las cosas se calmen.

-No, Felipe, no. Me cuesta la vida alejarme de ella.

Lo hemos intentado pero ninguno de los dos podemos separarnos,

sentimos demasiado el uno por el otro.

-Tiene que hacer un esfuerzo. O la cosa terminará mal.

-No dejo de pensar que yo podría haber transmitido

esa enfermedad a Blanca.

No me puedo sacar de la cabeza...

que quizá haya podido poner en peligro la vida de ese niño.

No me lo perdonaría, Felipe. Nunca.

-Eso no va a pasar. Ya lo verá.

-Quizá tenga usted razón...

y debamos alejarnos durante un tiempo.

Ojalá consiga ese coche fabuloso.

Me haría tanta ilusión llegar a la iglesia de esa guisa.

-Bueno, y si no, tampoco te apures, hija, ¿eh?

Que no necesitas más que el amor para casarte con el hombre que amas.

-¿Qué hay de malo en desear una boda de ensueño?

-¿Cómo le gustaría que fuera?

-Con un vestido blanco de encaje.

Y bordados de flores doradas.

Y un velo de seda tan largo, que tengan que llevarlo

tres parejas de niños cantores.

Y bueno, con el coche del marqués de Bolaños,

y tocando la bocina

mientras todo el mundo me tira pétalos de rosas blancas.

-Está muy bien, hija, muy bonito, pero creo que a lo mejor

deberías bajar un poco las expectativas.

-Una solo se casa una vez, ¿por qué he de hacerlo?

-Ya, pero tienes menos de una semana.

¿De dónde vas a sacar los bordados de oro?

-¿O el velo tan largo?

-¿O los pétalos de rosas? -Los niños cantores.

-Deberías pensar una opción un poquito más sencillita, hija.

Llevo toda mi vida soñando con una boda de cuento de hadas,

y haré todo lo que esté en mi mano para conseguirlo.

-Y Dios sabe que yo te voy a ayudar. Aunque muramos en el intento.

-¿Qué?

-"Na".

-No, no, dime el qué.

-"Na", que en Cabrahigo las cosas son distintas.

Hay normas.

Que no vale eso de casarse en una semana y hala.

-¿Cómo que no vale eso de casarse en una semana y hala?

-Luisi, hija, tú no le hagas ni caso a Lolita.

-¿Y qué pasa si no se cumplen las normas?

-Cállate.

-Que el mal fario cae sobre su matrimonio.

-¿Cómo? -¡Comiendo, Lolita,

cállate y tráeme un anisete, anda!

Eso sin contar la pedida de mano.

Muy rara. Y el padre fue el último en enterarse.

Y que fue la segunda de otra que ya salió mal.

-¡Que te calles!

-Ay, Dios mío. -(GRITA)

-Lolita, Lolita, ¿qué haces? Deja a la niña en paz.

Lolita... Lolita, ¿qué haces?

Tengo una noticia que darles.

Pero ¿esto qué es?

¿Quién me ha mojado? -Habrá sido un crío.

-O una criada regando las plantas.

-Muchacha, que no soy un pez. -(RÍEN)

-Qué barbaridad.

-¿Esa era la voz de Víctor? -No.

-Yo solo quería alejar el mal fario y la mala fortuna.

-Trini, ¿no se da cuenta que son señales?

Y que Lolita tiene razón con lo del mal fario.

-Mira, escuchadme las dos con atención.

Dejaos de señales, de "señalos", malos farios,

de supersticiones, que todo eso son cuentos de viejas.

¿Estamos? -¿Y si Lolita tiene razón y...

es un presagio y mi matrimonio está abocado al fracaso?

-Anda que, Lolita, tú también...

Seguro que María Luisa y tú sois muy felices juntos.

-¿Entonces ya lo sabían?

-Bueno, es que María Luisa vino a mi casa y nos lo contó a Rosina y a mí.

-Y como ya saben lo discreta que es mi esposa, lo hizo extensible a mí.

-Las buenas noticias vuelan.

Solo espero que Simón y Elvira sean tan felices juntos.

Estén donde estén.

-Mira, sufrieron tanto por su amor,

que teniendo al coronel aquí, lo mejor que podían hacer es marcharse.

-A mí quien me preocupa es mi pobre tía.

Ha perdido a Adela, a Simón

y ahora también va a perderte a ti. Tenemos que cuidarla, Víctor,

darle muchos mimos estos días. No está pasando un buen momento.

-Para empezar, sé cómo hacerlo.

Voy a contarle que le he pedido a don Ramón

la mano de María Luisa de manera formal.

-Eso sin duda la va a alegrar. Ella quiere mucho a esa chica.

Procura que esa boda sea lo que ella espera,

que ha de ser una boda como Dios manda.

-A ver cómo lo hago teniendo solo una semana.

-María Luisa quiere llegar a la iglesia montada en el coche

del marqués de Bolaños,

que tiene un claxon que se oye de aquí al extranjero.

-Así de sencillita es mi novia.

(RÍEN)

Leonor.

Qué bien que hayas venido.

No me sentía con cuerpo para salir

y, ya empezaba a estar aburrida de estar aquí dentro.

-Te leí el pensamiento. ¿Cómo estás? ¿Fuiste al médico?

-Dice que la cantidad de mercurio en sangre es muy pequeña.

Que no tiene por qué afectar al niño.

Aunque, hasta que no nazca, no lo vamos a saber.

-¿Y ahora qué te ocurre?

Dentro de lo malo son buenas noticias.

-Me siento atrapada, Leonor.

-Normal. Si es que llevas mucho tiempo encerrada en esta habitación.

Vamos a dar un paseo. El aire de la tarde te sentará bien.

-Me siento atrapada en mi vida. No en mi habitación.

Besé a Diego.

-¿Cuándo?

-Anoche.

-No me sorprende, Blanca.

Se veía venir que algo así iba a pasar.

-Es que... cada vez que me acerco a Diego...

siento que mi lugar está junto a él.

Pero después pienso en Samuel y en su dolor.

No sabes cómo se puso anoche cuando me vio entrar.

Me dijo unas cosas horribles.

Yo intento estar bien con él.

Que seamos los que éramos antes.

Al fin y al cabo,

es el padre de mi hijo. -Pero ¿tú estás segura de eso?

En algún momento tuviste dudas. -Sí, sí las tuve.

Pero he decidido que Samuel es el padre.

Y el padre va a ser. Es lo mejor para mi hijo.

Lo que no sé es...

por qué me cuesta tanto cumplir con mi propia promesa.

¡Ay!

Fabiana, mira por dónde vas. -Lo lamento, señorita María Luisa.

Tuve que estar más atenta, lo siento.

-Tranquila.

No me lo tengas en cuenta, que es que ando de un lado para otro

con los preparativos de la boda.

¿Te has enterado?

Víctor y yo nos casamos.

-"Pa" chasco que sí lo sabía.

Y bien sabe Dios la contentura que tengo por los dos.

Que les he limpiado unos cuantos mocos cuando eran niños.

Van a ser muy felices, ya lo verá.

-Lo único que me preocupa es que apenas tengo una semana

para organizarlo todo.

Y no me da tiempo a nada.

¿Ha visto eso? -¿Al cojito?

-Sí.

-María Luisa, ¿estás bien?

-¿Por qué has hecho eso? -¿Por qué he hecho el qué?

-Pues ayudar al muchacho del bastón. -¿Acaso no debía?

-¿Quieres que mi boda sea un fracaso

y me caigan años de mala suerte?

-Pues no, bien sabe Dios que no. -Pues no lo parece.

-Pero chica, ¿dónde vas? -Pues a buscar un trébol

de cuatro hojas, déjame.

-¿Se puede saber qué le pasa a esta ahora?

-Dice la tradición que si ves cómo se le cae el bastón

a un joven, tienes que dárselo a escape,

si no te caerán 100 años de mala fortuna.

-¿Mala fortuna?

Mala fortuna es tener a tu prometida en ese estado de nervios.

Anda, que pobre Víctor.

Hay que ver lo que le gustan a algunos las mujeres con carácter.

¿Qué?

-"Na", don Liberto, "na".

-Ah.

Ya han llegado.

Les estaba esperando. Estaba ansioso por verles.

-¿Y a qué esa ansia?

Gracias, Samuel.

Diego.

Blanca.

"Entonces, ¿estás...?".

-Sí, estoy esperando un hijo.

-Hoy es el día más dichoso de toda mi vida.

Samuel,...

+dame otra oportunidad. Te juro que no te vas a arrepentir.

Tienes mi palabra.

"Te seré fiel hasta que me muera".

-Samuel.

-Liberto. Me alegro de verle.

¿Cómo se encuentra? -Pues yo muy bien.

Sin embargo, es usted el que no parece tener buena cara.

¿Se puede saber qué tribulaciones atormentan su cabeza?

Apostaría que se trata de Blanca.

-¿Alguna vez no ha sido de Blanca?

-Al final siempre son las mujeres las que nos llevan a maltraer.

-Me alegro de encontrarle, Liberto. Quería hablar con usted.

Siento haber estado tan arisco el otro día.

No era mi intención tratarle a usted de tan mala manera.

-Descuide, todos tenemos malos días.

-Lo mío es una sucesión de días malos.

Es usted un buen amigo. No debería soportar mi mal humor.

-Olvídelo, de verdad que no tiene ninguna importancia.

¿Sabe lo mejor de todo?

Que las malas rachas también llegan a su fin.

-¿Cómo ha podido terminar todo de esta manera?

Hace un momento recordaba la primera vez que llevé a Blanca a mi casa.

Había tanta complicidad entre nosotros.

Tanta calma. Aprendí a respetar sus tiempos.

Porque estaba convencido de que ella era la mujer de mi vida.

La única que quería para ser mi esposa.

-Que yo sepa

su esposa sigue siendo la misma de hace dos días, y usted también.

Donde hubo fuego, siempre quedan las brasas.

-El fuego lo apagó la llegada de mi hermano.

Él siempre se ha interpuesto entre nosotros.

Y no estoy de acuerdo con usted, Liberto.

He cambiado.

Ya no soy el mismo de antes. -¿Qué quiere decir con eso?

-Pues... que no me gusto, Liberto.

No me gusta mi mal humor ni la forma que tengo de tratar a Blanca.

-Tampoco hace falta que sea tan duro consigo mismo, Samuel.

Está enfadado, nada más. -No, Liberto.

No me estoy comportando bien. Le hablo mal.

Me comporto de forma autoritaria con ella.

¿Me estaré convirtiendo en un celoso enfermizo?

¿Estaré exagerando las cosas?

-Lo cierto... es que no creo que esté exagerando las cosas.

-¿Por qué dice eso?

Liberto.

-Vi a Diego... y a Blanca en actitud cercana.

-¿Qué quiere decir en actitud cercana?

-Pues cariñosos el uno con el otro.

Tuve la sensación que estaban a punto de....

-¿Besarse?

Gracias por habérmelo contado, Liberto.

-Samuel, ¿dónde va?

-A acabar con esto de una vez por todas.

Señor, permítame enterrar estos cristales

y que me abandone la mala suerte.

¡No! -¿Qué le ocurre, señorita?

¿Se ha tropezado con la escalera? -No, peor. He pasado por debajo.

-Ah. Y... Pero por eso no pasa nada.

-¿Cómo que no pasa nada?

¿A quién se le ocurre poner una escalera ahí en medio?

¿Tú qué quieres, arruinar mi matrimonio, mi vida entera?

Señora, aquí le traigo el encargo de la botica.

-A ver si aquí hay algo que evite que me dé un síncope.

-¿Qué le sucede?

-Bueno, que ha perdido la oportunidad de subirse

en ese artilugio endemoniado.

-Comprendo su disgusto, pero descuide, muy pronto yo lo lograré

y le podré decir lo que se siente.

-¿Es que acaso has sido invitado...?

-Todo se andará.

Lo que pretendo es entrar al servicio del marqués de Bolaños.

Es de suponer que, una vez en su casa, podré acceder más fácilmente

a subirme a su coche.

-"Enhorabuena, María Luisa".

Víctor me ha puesto al día. No sabes la alegría que me dais.

No pareces una novia muy contenta. -¿Qué te pasa?

¿No te estarás echando atrás? -No.

Pero creo que el destino no opina lo mismo.

Cada vez tengo más claro que nuestra boda

va a ser un completo desastre.

-¿Qué te hace pensar así, criatura? -No dejo de recibir malos presagios.

¿Quién es ese misterioso tirador que levanta tanta expectación?

-Posiblemente su rival en la final. El señor Reyes.

Es la sensación del Ateneo. -He oído decir que es muy rápido.

Espero serlo yo más.

-Amigo, necesitará algo más que rapidez para vencerle.

-"Sé el mal que te aqueja".

Quiera Dios que no afecte al niño que esperas.

No te avergüences, hija.

No te culpo de lo sucedido.

Es otro el responsable.

Ese malnacido de Diego.

-No diga eso. -¿No es cierto?

-¡Mientes!

Sé que te has vuelto a ver con Blanca.

-¿Quién te lo ha dicho? -¡¿Acaso importa?!

¡¿No me has causado ya suficiente sufrimiento?!

¡¿Te parecía poco con infectar de mercurio a mi hijo y a mi mujer?!

-Hazlo. Venga. Golpéame.

Descarga toda tu rabia en mí.

Lo dice por el coronel. -Él es el responsable

de todo lo malo que nos ha pasado.

Aunque ya sabe todo el mundo qué clase de hombre es.

Aquí solo va a recibir desprecio.

-No de todos.

Porque, ahora que lo dice, ayer me sorprendió ver departiendo

a don Felipe amistosamente con él.

Me decepcionó enormemente.

-Pues me va a oír. Te lo aseguro.

Maldita sea, está jugando con él. Cansándolo.

-"Por todos los santos, ¿qué te has hecho, Samuel?".

¿Ni siquiera te vas a dignar a contestarme?

¿No me vas a decir cómo te has hecho eso?

-Es fruto de mi propia estupidez.

Me enteré de que volviste a verte con Diego

y fui a verle fuera de mí.

-Os peleasteis.

-"Me apartaré de Blanca para siempre".

Así ya no haré más daño a mi familia. Por eso quería verles.

En mi ausencia,...

les ruego que cuiden de Blanca y de Samuel.

Aquí ya no hay lugar para mí.

-"¿Tú amas a Blanca?".

-Ya sabe que con todo mi ser.

-Pues demuéstralo. Lucha por ella.

Tienes armas para hacerlo.

Deja ya ese estúpido sentido de la moralidad.

Tu hermano ha demostrado

no tener reparos al momento de arrebatártela.

-Entonces,

¿qué puedo hacer?

  • Capítulo 680

Acacias 38 - Capítulo 680

17 ene 2018

Liberto es testigo de la cercanía entre Blanca y Diego, pero decide no contar nada a Samuel. Víctor urge a María Luisa a preparar la boda cuanto antes, y ella se lo toma mal ¿cómo pretende organizar el día más feliz de sus vidas en una semana? María Luisa acaba accediendo, pero quiere llegar a la iglesia en el bólido del marqués de Bolaños.

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  1. Clara Inés

    Lamentablemente parece que en esta comedia la maldad es lo que más destaca,bonitos escenarios,bonitos vistuarios de esa época ,actores guapos y buenos ,pero mucha maldad.

    18 ene 2018
  2. Grizel

    Bueno yo solo puedo decir que serbando lla cansa y aburre Maria Luisa peor todavía Víctor le tiene más miedo que amor a María Luisa blanca lla me aburre también con lo mismo Ursula siempre hace lo que quiere y siempre gana . Veo venir la historia de los artistas que van a desaparecer comensaron con Adela Simon y la otra de Elvira que cansaban también ahora es la hora de Víctor y La chillona de m Luisa . Y Leonor cuando le van a encontrar un marido lla Pablo nadie lo recuerda los criados aburren grave si contar que Carmen es una sumisa misteriosa. Gracias a trini que es tremenda artista rosina lolita libertó y Celia y Filipe bravo pero asta cuando caballero cambien el sistema o es la crisi de guión tambien . Bueno yo últimamente la veo los miércoles y los vienes y siempre es igual .

    18 ene 2018
  3. Mirtha

    Creo que ya va siendo hora que empiece a pagar Ursula su mal poco a poco...Samuel que se enamore de otra y deje Diego junto Blanca...que aparezcan casado y felices Elvira y Simon para que le de un infarto al malvado coronel. Y que cansinos los criados...

    18 ene 2018
  4. Clara

    Insoportable María Luisa. Espero que se case y desaparezca de una vez. ¡Qué pesada!. Pobre Victor... Blanca, vete ya con Diego, otra que tal baila. Muy mal la muerte de Olga y de Adela. Yo a esta última la habría emparejado a medio plazo con Samuel. Servando, vete a Cuba o a tu casa. Muy cansino.

    18 ene 2018
  5. Estrella

    De verdad hacia falta que matara a Olga? No podia haberla amenazado con el cuchillo y ya?

    17 ene 2018
  6. Olga:(

    No se le puede coger cariño a ningun personaje jaja

    17 ene 2018
  7. Mónica

    No puedo creerlo, lo esperaría de cualquier otro pero de Liberto NO. otro cotilla. Eso que hizo no tiene nada que ver con su supuesta amistad con Samuel, hizo muy mal y tampoco ayudó en nada a su " amigo " al contrario, en fin a otra cosa: que les pasa a los guionistas, se quedaron sin argumentos? prácticamente todo el capitulo 680 con las idas y venidas de humor de M. Luisa, que mujer insoportable, Victor debería irse solo y vivir tranquilo en París

    17 ene 2018
  8. Saro

    Vamos a ver Liberto, sabes que me gustas muchísimo, siempre has sido muy sensato y prudente pero hoy creo que no has estado acertado, no le hiciste caso a Felipe que te dijo: "no creo que terceras personas deban entrometerse en un matrimonio", sé que tu intención siempre es buena pero, tú no tienes todos los datos sobre lo que ha pasado en realidad entre los hermanos ni entre Diego y Blanca. Lo que sí me ha encantado es escucharte decir: "hay que ver lo que le gustan a algunos las mujeres con carácter" ¡cómo me has hecho reír! ... pero, ¡si estás muy enamorado de Rosina, que es una mujer increíble y bella pero con muchísimo carácter!! ... y volviendo a Rosina, sigue muy entusiasmada con subirse al coche del marqués de Bolaños ¡qué grande es esta mujer! solo espero que lo logre antes que Martín. ¡¡¡Geniales y guapísimos Jorge y Sandra!!!

    17 ene 2018