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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 679 - ver ahora
Transcripción completa

El doctor ha tenido que ser más específico.

Esto no puede ser solo un síntoma del embarazo.

-No hay más que yo sepa. Confía en el doctor y en mí.

Y sigue tomando esos específicos. Está en juego la vida de mi hijo.

-Nuestro hijo, Samuel. -No me vengas con retruécanos.

Esa criatura tiene que nacer con fuerza y salud.

Y solo depende de que hagas lo posible por cuidarte.

-¿Piensas marcharte sin discutirlo conmigo?

Eres un necio. -Espera.

¿A ti quién te ha dicho esto?

-¿Qué más da?

Pero no has sido tú.

Tenía derecho a ser la primera en enterarme.

-Ha sido Antoñito.

(Suenan las campanas)

Apóyese en mí, madre.

Nos sostendremos la una a la otra.

-Preferiría pasar el duelo sola.

-"Víctor te quiere".

Y volverá cuanto antes.

-Solo escucha a su madre.

A mí no me hace caso.

Si su madre le pide que se tire por un pozo, lo hará.

-No puedes ser tan implacable con él.

Víctor te ama.

Y eso es lo más importante.

-¿En qué he mentido?

-En la historia del cuaderno de padre

y sus claves para abrir la caja.

Todo mentira. Los números no eran la combinación,

sino otra mentira inventada por ti o por Olga, no sé con qué intención.

-¿No pudiste abrir la caja fuerte? -"Toma este frasco".

Escóndelo en tu limosnera y ve a la botica.

Averigua qué compuesto es y para qué se utiliza.

Yo no puedo hacerlo sin que se den cuenta.

Me vigilan, lo sé.

-"Samuel ha cambiado, no le reconozco".

Oculta algo. Se hace mala sangre.

Parece otra persona. Una persona que...

que hasta a mí me da miedo.

-"Blanca ya no es importante".

Lo único que importa

es el fruto de su vientre.

Tu hijo.

Mi nieto.

Tenerlo con nosotros.

¿Qué está tratando usted de decirme?

-Me has entendido perfectamente.

Ese niño es lo único que importa.

Lo demás puedes dejarlo atrás, deshacerte de ello.

-¿Incluso de mi esposa? -Yo no he dicho eso.

Pero los dos tenemos una prioridad.

Un interés en común.

Cuidar de ese niño.

-No puedo olvidar lo que ha pasado.

La infidelidad de Blanca me impide ver más lejos.

-Entiendo que estás pasando un momento terrible.

Pero debes sobreponerte.

No debes permitir que el resentimiento te aleje

de lo que más amas.

-No sé si tendré fuerzas.

Blanca ha jugado conmigo, se ha burlado en mi cara.

-Lo sé.

Lo siento.

Pero debes tener fuerzas.

Hacer un poder, tapar tus sentimientos.

Debes mantener a Blanca a tu lado.

Tras el parto,

lo que quieras hacer con ella,

lo que decidas hacer con tu matrimonio no importará un comino.

-No sé si tendré fuerzas para prestarme a esa pantomima.

-Pues tendrás que tenerlas.

Debes ser frío, ¡¿o no quieres a tu hijo?!

-Claro que sí.

Es lo único que me queda. -¡Entonces

no te queda otra que tener paciencia y mano izquierda!

-¡¿Y perdonar su falta a esa adultera?!

-No he dicho eso. Simplemente

tienes que esperar.

-¿Y mientras me pide que siga siendo el de siempre?

Que me comporte como si nada hubiera ocurrido.

-Llegará el parto, y entonces

podrás poner a Blanca en su lugar, sea el que sea.

A ninguno de los dos nos temblará el pulso

para hacer lo que sea necesario,

con tal de proteger a ese niño.

-No es baladí lo que me está pidiendo.

-Yo estaré a tu lado.

Tomo partido por ti. Y sobre todo,...

tomo partido por mi nieto.

(SUSPIRA)

Leonor.

-Se hace raro ver la sastrería cerrada.

-Doña Susana está indispuesta.

Esta tarde tiene la misa y el funeral por Adela.

-Tengo que hablar contigo.

No quería subir a tu casa para evitar que nos escucharan, pero...

por eso te he mandado llamar.

-Me he figurado que se trataba de algo grave.

¿Qué sucede?

¿Se trata del preparado que te di ayer?

-Así es.

Vengo de la botica.

-¿Y qué estoy tomando?

-Es un potente diurético.

-¿Solo eso?

Entonces es normal que el doctor me lo haya recetado.

Las embarazadas pueden precisarlo. -No.

Blanca, aguarda un momento. No es...

No es solo que...

lo receten a las mujeres que están embarazadas.

Este es un compuesto que se utiliza para eliminar toxinas.

Este preparado está indicado para los casos

de intoxicación por mercurio.

-¿Me estás diciendo que puedo tener mercurio en la sangre?

-Es solo una posibilidad.

Quizá te lo han recetado por otra cosa.

Pero hasta que no hablemos con el doctor Quiles no lo vamos a saber.

-Ya.

Sí, supongo que puede ser por cualquier otra cosa.

-A mí también me ha sorprendido.

Pero bueno, puede ser solo una coincidencia.

Blanca,

no debes agobiarte.

-Te agradezco tu interés, Leonor,

pero he de irme.

Bien temprano te has levantado hoy.

-Hoy, y todos los días a partir de ahora. Tengo mucho trabajo.

-Bien.

Supongo que Simón era muy importante en la administración de los tintes.

-No sabes cuánto. Dos días sin él, y ya lo noto.

-Es normal.

Has estado muy liada con el entierro de Olga.

Y con el traslado de los restos mortales de Adela al convento.

-Hoy es la misa.

Y el entierro. Otro día triste.

Y sin tiempo para arreglar mis asuntos.

-No te apures, ya te pondrás al día.

-Resulta fácil decirlo, pero no es tan fácil de realizar.

-Ya encontrarás a alguien que te ayude como lo hacía Simón.

- Me pregunto cómo estará él.

-Seguro que bien.

Seguro que está con Elvira, a salvo y lejos de aquí.

-Ayer Susana recibió una carta.

No me contó nada, pero a juzgar por su cara,

juraría que eran noticias de él.

¿Sabes?, me da lástima esa mujer.

Ha pasado por momentos terribles en estos últimos días.

-Reconocer que Simón era su hijo,

fue durísimo.

Y ahora tiene que separarse de él, para no verle.

Y por si eso fuera poco, la muerte de Adela.

Para ella era como una hija.

Espero que esta vez el coronel pague por sus malas artes.

Ya veremos que va sucediendo.

-Imagino que le detendrán, ¿no?

-No estés muy segura de eso.

-Ayer vino el comisario junto con el forense

a reconocer las heridas de Adela. Y...

no le saqué nada, pero dieron el permiso

para trasladar el cuerpo al convento.

-Hablaré con el comisario a ver qué hay sobre el caso.

Pero no creo que vaya muy lejos en sus investigaciones.

-¿Cómo?

-No hay pruebas para acusar al coronel.

El tipo que mató a Adela resultó ser un maleante cualquiera.

Un rufián detenido en otras ocasiones.

Ese puede ser el móvil del ataque.

-¿Y el testimonio del cochero no tiene suficiente enjundia?

-No como para implicar al coronel.

¿Vamos a tener que seguir viviendo con un asesino?

-Celia, hemos convivido durante muchos años con Cayetana.

Incluso era tu mejor amiga.

-No es lo mismo.

-En eso estamos de acuerdo.

Cayetana era mucho peor.

Si sigues comiendo así, vas a acabar

con la producción de la Deliciosa.

-Cuando desayuno en La Deliciosa me da más hambre, ¿a ti no?

No tiene nada que ver el hambre con el lugar donde se come.

Tú come tranquila.

A mí me encanta verte comer.

-Eres un lujurioso. Y eso es pecado capital.

-El tuyo es la gula.

¿Sabes una cosa?, vamos a arder en el infierno.

-Pero juntos.

Lo cierto es que yo tengo el estómago cerrado.

¿Por lo de tu tía?

-Mi tía está sufriendo mucho.

La sastrería cerrada, Adela muerta.

Simón y Elvira perdidos, y el coronel

como siempre saliendo indemne.

-La vida no siempre es justa.

-¿Te puedes creer que don Aturo tuvo el cuajo

de querer sentarse en la tertulia?

Menos mal que todos actuaron como debían y le dejaron solo.

-¿Tú también?

¿Cómo se os ocurre hacerle ese feo?

Si se siente fuera de lugar

se va del barrio. Me quedo sin inquilino.

Y sin los duros que eso supone. -Pero ¿cómo puedes ser tan pesetera?

Yo quiero que se vaya del barrio.

Y no por su propio pie. -No hagas enormidades, ¿eh?

No cometas locuras.

-Si no hace falta que intervengamos.

Muy pronto le detendrá el comisario Méndez.

-Pues nos vamos a quedar sin una buena renta.

-¿Cómo van los churros,

doña Rosina? -Muy bien. Cada día os salen mejor.

-¿Cómo va lo tuyo, Víctor?

¿Qué decisión ha tomado María Luisa?

¿No vas a probar bocado?

-No. No me aguanta la comida en el estómago ni un minuto.

-Pues de seguir así tendrás que visitar al doctor

antes de que enfermes. Cómete al menos un picatoste.

Es que me duele muchísimo verte tan revirada.

-¿Y cómo quiere que esté?

Si es que no sé qué hacer ni qué esperar de Víctor.

Estoy hecha un lío.

-De eso ya se da una cuenta

sin necesidad de haber ido a la universidad.

-Sé que debería ser más generosa con él y permitir que se vaya,

pero se me abren las entrañas solo de pensar que voy a separarme de él.

-Hija, eso es de cajón.

Lo normal entre novios es estar juntos.

-Ninguno de los dos vamos a soportar una relación a distancia.

Eso tiene fácil solución, así que tranquila.

-Pues ya me dirá usted cuál, porque yo no la veo.

-Cásate y vete con él a París.

-Para eso tendrá que pedírmelo.

-Te lo ha pedido 300 veces ya.

-Bueno, ¿y estamos casados? No.

Y la última vez que me lo pidió, yo me negué.

Él terminó besándose con Elvira, y eso provocó el duelo con don Arturo.

Creo que nuestro matrimonio está gafado.

-Anda y no hables así, que pareces Lolita.

Ven aquí, escúchame. Ven aquí.

Luisi,

los gafes no existen y, no te llevarán a ningún sitio.

-Si usted lo dice.

-Tú no te tomaste bien la declaración porque pensaste

que él tenía otros intereses.

-Es cierto. Parecía que lo hacía porque le venía bien, no por amor.

-¿Y ahora te ha quedado claro que él te ama más que Abelardo a su Luisa?

Tú ya estabas convencida.

Has abierto los ojos y te querías ir con él al extranjero.

-Es cierto.

-Ahora, ¿qué ocurre?

¿Por qué no te atreves a dar el paso?

-"Yo lo veo muy claro".

Si no quieres oponerte a la propuesta de tu madre,

pero te parte el alma dejar a María Luisa,

no te queda otra que irte con ella. -Estoy de acuerdo.

No tienes otra opción si quieres dejar a todo el mundo contento.

Si por mí ya le habría pedido fecha para la boda, pero está enfadada.

-¿Y por qué razón, alma de cántaro?

-Por mucho que la demuestro lo grande que es mi amor, no me cree.

-María Luisa tiene un carácter muy especial.

-Ni quieran saber cómo se toma una nueva petición.

-Pamplinas. Los hombres sois más simples que el asa de un cubo.

Desde pequeños, María Luisa ha estado jugando contigo,

porque sabe que bebes los vientos por ella.

Está más que segura de tu amor.

Lo único que tienes que hacer es pedírselo.

-No sé. ¿Y si me dice que no

porque se cree que se lo pido porque me conviene?

A veces hay que adelantar las decisiones por temas prácticos.

Eso no significa que la quieras menos.

¿Estás seguro de que quieres casar con ella?

-Por supuesto que sí.

-¿Qué más da

el momento?

Estáis prometidos, vuestras familias lo admiten,

¿por qué se iba a tomar a mal que le pidas fecha para la boda?

-Tienes más razón que un santo.

Lo mismo me armo de valor y le pido matrimonio hoy mismo.

-Claro que sí. -Por fin

algo bonito en Acacias. Qué bien. Eso sí,

a quien le vendas La Deliciosa, le dejas escritas las recetas,

no sea que estas delicias se dejen de hacer.

-Bravo.

Víctor, amigo mío,

te voy a echar mucho de menos por el barrio.

-Y yo a vosotros.

Vuestros consejos y vuestro cariño.

Muchas gracias. -Víctor,...

por si las cosas cambian, ¿podrías traernos unos churros y un anisete?

-Claro que sí.

-Desde luego, cariño, eres un pozo sin fondo.

Tienen que estar por aquí.

Le van a venir de perlas.

-Me da apuro quedarme con los guantes de Paciencia.

-Pamplinas.

Ella está en Cuba y allí todo el año es verano.

Mire sus guantes, dan pena verlos.

-Están más gastados que la suela del zapato de un feriante.

Pero me da apuro gastar los de su esposa.

-¿Y qué quiere, que se le llenen las manos de sabañones?

-Fabiana, me alegro de verla.

Tengo una duda que seguro usted me aclara.

-Si yo casi no sé de "na", hombre.

-Modesta. Es usted muy lista y lleva sirviendo toda la vida.

-Algo sí que he "aprendío".

Que más sabe el diablo por viejo que por diablo.

-Como ha estado tantos años trabajando para doña Cayetana,

seguro que esta se la sabe.

¿Cómo se sirve la mesa?

-Eso es muy fácil.

La comida debe servirse

siempre por la izquierda del comensal,

y se retira por la derecha.

Siempre se sirve a las damas antes que a los caballeros.

Empezando por la primera dama que está a la derecha del anfitrión.

Y luego se sirve por la izquierda.

-¿Y "pa" qué haces tú esas preguntas de "criao" finolis?

¿Quieres servir en una casa de postín o...?

-¿Yo? No.

Pero no sería ningún disparate.

-Pero si tú eres más basto que el esparto.

Pero ¿qué ibas a hacer tú en una casa de alto copete?

Llevas desde ayer con la cabeza en las nubes.

-No le hagas caso, Martín.

Cada uno con voluntad, puede hacer lo que se le antoje.

-A ver si se le antoja limpiar,

que tiene la escalera manga por hombro y mucha faena.

-Pues mire, sí.

Mejor voy haciendo trabajo, que más adelante

tendré que pedirle un día libre.

-De ninguna de las maneras, hombre.

Bueno, ¿le ha oído?

-Me lo merezco. No me da libre ni un domingo.

-Porque hay trabajo todos los días de la semana.

Ni que fuera el rey de Saba.

¿Ha visto usted?

-Usted mismo dice que los domingos los ha hecho Dios "pa" descansar.

-En las siestas no coge la escoba ni para cambiarla de sitio.

¿Me da o no me da el día libre?

-Pero ¿a qué viene ese lujo?

Me escamas.

-Bueno, pues...

lo necesito para...

mis cosas.

Ya se lo diré cuando termine, que esta escalera no se limpia sola.

-No me fío yo de este ni un pelo.

Igual está pensando en pirarse.

-Vayamos al grano.

¿Me va a dar los guantes o esperará a que pase el invierno?

-Sí, perdone.

Se me había ido el santo al cielo. Deben de estar por aquí.

Sí.

Estaba convencido de que el pago no tenía que hacerlo

hasta dentro de unos días.

-Sí, así es.

-Me encontraba por aquí, y he pensado que a usted no le molestaría

adelantarme el pago.

-Sí me molesta.

Pero no quiero que piense que trato de eludir mis obligaciones.

-Es usted la mar de amable y correcto.

-Algo que por lo que he comprobado, escasea por los hombres de Acacias.

-No quiero controlarle,

pero me han comentado que anoche se escucharon golpes.

¿Ha pasado algo, se ha roto alguna ventana, hay algún desperfecto?

-Solo se ha roto un espejo.

Pero es parte del mobiliario que me traje de Cuba.

-¿Y el espejo se ha roto solo?

-¿Qué busca con tanta pregunta?

-No se ponga así.

Yo me intereso por usted y por mi casa.

Yo soy la propietaria, se lo recuerdo.

-Y yo su inquilino. De momento, este es mi hogar.

Así que tome su dinero y márchese con viento fresco.

-¡Sepa que a mí el dinero me importa un pimiento!

Pero no me trate así.

Y menos cuando vengo de buena fe.

-Pues yo diría que solo viene a husmear.

-Esto es el colmo.

Todos los desprecios que le hacen, se los merece usted, de sobra.

No busque amigos en Acacias.

-No pienso hacerlo. Con Dios.

Samuel,

se ha quedado el día gris, ¿no le parece?

Yo diría más, es un día negro.

Últimamente estoy muy decaído. -Salta a la vista.

No soy el único que se ha dado cuenta.

-¿A qué se refiere?

-Me encontré con su hermano y estuvimos charlando.

-Deje ese tema.

Me resulta incómodo hablar de mi hermano.

-Le comprendo. Está preocupado por su situación.

Y por la labor de terminar con su distancia.

-Tarea imposible.

-Me preguntó si estaba al tanto del problema que les separa.

-¿Y qué le contó?

-Poca cosa.

Solo me pidió que le contara lo que pudiera.

-Se fue usted de la lengua. -No.

Su hermano se portó de una forma muy correcta conmigo.

No quería ponerme en un compromiso.

Tan solo me transmitió su preocupación por usted, nada más.

-Mejor así.

-Si le cuento esto,

es porque creo que deben limar asperezas.

-Se lo agradezco, pero no insista. -Por Dios, que son hermanos.

Es una pena que la familia esté rota.

-Diego es mi hermano,

pero Blanca es mi esposa y la madre del hijo que voy a tener.

-Trato de ayudarle. -Se lo agradezco.

Pero sé cómo comportarme y tratar a mi familia.

-Está bien.

Es una lástima que su actitud sea esa,

porque ha de saber que los problemas

no se arreglan si no es a través del diálogo.

-Con Dios.

(Llaman a la puerta)

Sea quien sea, no estoy para visitas.

-No es buen momento. La señora no desea...

-Me da igual.

Apártese.

-¿Qué haces aquí? No eres bienvenido.

-Lo sé.

-¿Cómo te atreves a poner los pies en esta casa?

Eres el único responsable de la muerte de mi hija.

-No es cierto.

-Enamoraste a Olga.

La volviste loca hasta que perdió la cabeza, y comida por los celos

intento asesinar a su hermana. A mí me suenas muy culpable.

-¿Cómo se puede ser tan cínica?

Olga me contó por lo que usted le hizo pasar.

Usted la abandonó cuando era una niña.

No se las dé de buena madre.

-Eso no es asunto tuyo.

-Usted hizo que Olga perdiera la cabeza.

Usted hizo que se convirtiera en una mujer inestable.

-Olga nació con el demonio dentro.

Y a pesar de todo, no acabé con ella cuando era una niña

llena de maldad. -Por favor.

-Tú no sabes lo que es querer a un hijo.

-Ni usted.

-No permitiré que vengas a insultarme a mi casa.

Sal inmediatamente. ¡Fuera!

-No. No pienso marcharme.

-¿Quieres que llame a los guardias? -He venido a hablar con Blanca

y no pienso irme hasta que lo haga. Haga lo que quiera.

-Tendrás que darles muchas explicaciones.

Carmen me contó cómo la amenazaste.

¿También vas amenazarme a mí?

-Es muy sucio por su parte sacar esto a colación ahora.

De no ser por esa información, la policía no les hubiera encontrado

y no hubieran podido atender a mi hermano.

-De poco me sirven tus razones. -Voy a pasar.

-Ni se te ocurra.

No quiero que vuelvas a esta casa ni quiero que te acerques a Blanca.

¡Carmen!, llama a los guardias.

-Es posible que pueda echarme de esta casa esta vez,

pero pagará por todo lo que nos ha hecho.

-Ya lo veremos.

-Es usted un monstruo.

Y se merece un castigo por Olga, pero sobre todo por Blanca.

Tarde o temprano acabaré con usted.

Hay que ver qué bien me salen los rabillos de las oes.

-Qué sí, Martín,

que te han "quedao" muy "rebonicos".

¿No tienes que hacer otra cosa que sea de más provecho que eso?

-¿Crees que esta caligrafía es propia del criado de un marqués?

-Yo no sé leer.

A ver si dejas de dar la murga con eso de buscar un puesto

en el servicio del marqués.

-De algún modo tengo que conseguir subir a ese coche

y volar a más de 40 kilómetros a la hora.

Carmen, ¿le puedo hacer una pregunta?

-Las que quieras.

-Si uno está recibiendo a los señores en una recepción,

¿qué se coge primero, el sombrero o el abrigo?

-Pues supongo que da igual, lo primero que te den.

No creo que haya reglas de protocolo sobre eso.

-"Señá" Carmen, pues usted podría darnos clases de buenos modales.

Le digo una cosa,

"ende" que doña Rosina tiene el yacimiento de oro,

trae unas visitas de postín, que no sé cómo atenderles.

-Yo tampoco es que sea una experta.

Pero podéis preguntarme.

-¿Y a los marqueses,

se les trata siempre por su título?

-Sí. Pero has de procurar no dirigirte a ellos,

a menos que se te reclame.

También puedes tratarles de ilustrísimo señor o señora.

-Pero si así no tratamos ni al alcalde de Cabrahigo.

-Y has de tener cuidado, porque si se trata de un grande de España,

debes tratarle de excelentísimo señor.

Como si fuera un general.

Señor o señoría,

si no ostentan al título.

-Rediez. Qué complicado es esto.

-Me da a mí que tú no eres capaz de esas lindezas.

-¿De qué va todo esto?

Uy,

reunión de pastores, oveja muerta.

-Le estaba dando algunas nociones de protocolo a Martín.

-¿Ah, sí?

¿Y tú "pa" qué te metes en esos berenjenales?

Tú estás pensando en dejar la portería. No me engañas.

-Pues no, no le voy a decir que no.

-Pero será desagradecido, hombre.

Yo que me "portao" como un padre para ti.

-Sí. Como consiga ese puesto de criado

en casa del marqués, me marcho de aquí haciendo "fu" como el gato.

-Pero ¿qué tiene ese marqués que no tenga yo?

-Elegancia. -Clase.

-Dinero.

Un palacio. -Y sobre todo, un coche.

-Qué frivolidad, vamos.

Abandonarme a mí por montarte en esa maldita máquina

del diablo, que... -No pararé hasta que lo consiga.

-Es que...

-(RÍEN)

(Llaman a la puerta)

Comisario, no le esperaba.

-¿Puedo pasar? Quiero hacerle unas preguntas.

-Por supuesto, estoy a su disposición. Adelante.

¿Quiere tomar algo?

-No, gracias. Vengo a hacerle un interrogatorio

a cerca de la muerte de doña Adela.

-Le agradecería que lo dejara para otra ocasión.

Estoy muy afectado por la marcha de mi hija.

-Lo lamento, pero necesito que me diga lo que sabe.

-Nada tengo que ver con esos hechos.

No me he movido del barrio en varios días, puede comprobarlo.

-Ya lo he hecho.

Pero perfectamente podría haber encargado el trabajo.

-No le comprendo.

-Coronel,

usted sabía que Simón y su hija iban a fugarse.

Pudiera ser que contratara a un sicario para eliminar

a Simón.

Ese advenedizo del que todo el mundo sabe que odia.

Lo que pasó es que sus planes se torcieron y murió una inocente.

-Por mi rango militar y mi honor merezco ciertas consideraciones.

No me puede acusar sin pruebas.

-Reconozca que es una historia de lo más creíble.

Su hija iba a fugarse con un mayordomo,

algo tenía que hacer para impedírselo.

-Déjese de lucubraciones.

No encontrará ninguna relación entre ese asaltante y mi persona.

-Eso no significa que no exista. -¡Ya está bien!

¿Tiene pruebas que respalde eso ante un juez?

-La verdad es que no.

-Entonces salga de mi casa.

-Aunque no pueda demostrarlo,

estoy convencido de que usted tiene algo que ver

con la muerte de doña Adela.

Tarde o temprano conseguiré descubrirle.

-No creo que pueda hacerlo.

-Lo veremos.

Mientras tanto, ese asesinato pesará sobre su conciencia.

-¿Ha terminado?

-Ya nos veremos.

(Se cierra la puerta)

Pues aquí está: escritura,

el inventario de la chocolatería y el traspaso.

Creo que está todo.

¿Conoces a la pareja que se va a hacer cargo del negocio?

-No.

-Íñigo Cervera y su esposa Flora.

No me suenan del barrio. -A mí tampoco.

La negociación la está llevando mi madre desde París.

Espero que sean buena gente.

Y que sean duchos en estas lides hosteleras.

-Como si son el santo Job y santa Ana.

Eso no quita para que te echemos de menos.

-Bueno.

Se les pasará pronto si son mejores que nosotros haciendo dulces.

-Lo digo en serio, Víctor.

Toda la vida la he pasado viéndote a ti

y a tu madre al frente del negocio.

Va a ser duro volver aquí,

aunque nos preparen auténticas ambrosías.

-Para mí también será complicado dejar estas calles.

La mesa llena de papeles y un abogado de por medio.

Esto va en serio.

-Tienes que firmar aquí.

-Venga, vamos a ventilar esto.

Ya ha firmado.

Se va a París.

Pues ya solo me queda felicitarte y desearte buen viaje.

-Gracias, don Felipe.

(Suenan las campanas)

Ha sido una misa preciosa.

-Preciosa y triste.

Aunque Adela haya sido enterrada en el convento,

debíamos oficiar por ella.

Olga y Adela, dos perdidas tan juntas en plena Navidad.

Menuda desgracia.

-Quiero agradecerles la compañía que me han brindado.

-Era lo mínimo que podíamos hacer.

Yo siento la ausencia de María Luisa.

Se encontraba indispuesta.

-No importa.

Ella también tendrá sus problemas.

-Nada que no se pueda solucionar, si ella quiere.

-Me gustaría hablar con Susana antes de que nos marchemos.

-Tardará, está hablando con el párroco.

-Es pesada. Cuando se pone a hablar con un cura, no lo suelta en horas.

-Está feo que hable así de ella, con lo que está pasando a pobre.

-Quería decir que es de hablar por los codos.

-Cuando salga,

le dicen por favor que lamentamos su pérdida.

Pero tenemos que ir a casa. Blanca tiene que reposar.

-Sí. Estoy agotada.

-Han sido unos días

terribles.

Suerte que el futuro

guarda el regalo de un nieto.

-Seguro que será un niño precioso.

-Es lo que me da ánimos para levantarme.

-Esa criatura traerá mucha alegría al barrio.

-Sí, que falta nos hace.

-Nos marchamos. Le dicen a Susana que lamentamos

no poder acompañarla en el homenaje a Adela.

-Pierdan cuidado, que ustedes ya tienen su propio luto.

-Con Dios.

-Con Dios.

-(RESOPLA)

Vaya día duro.

-Y aún nos queda darle el último adiós a Adela.

-¿Por qué no esperamos a Susana en la chocolatería?

-Me parece bien, mejor que esperar en mitad de la calle.

-Y nos tomamos un chocolate y unos churros.

-¿Cree que es oportuno?

-Es que estoy sin merendar.

-Rosina, yo no sé dónde te metes todo lo que te comes.

Venga, vamos.

Lo de Arturo ha caído en saco roto.

-¿Seguro?

-El comisario ha intentado poner nervioso a Arturo

y no ha conseguido nada. -Es un tipo muy curtido.

Será difícil sacarle de sus casillas.

-Sobre todo cuando sabe que no hay pruebas contra él.

-Maldita sea. ¿Es que no va a haber justicia?

Será mejor que ahora no digamos nada.

Es el homenaje a Adela y podemos arruinarlo con esta noticia.

-¿Cómo ha ido la misa?

-Ha sido un pequeño alivio para tanta amargura.

-¿Dónde está mi tía?

-Estaba muy afectada y se ha quedado hablando con el cura.

-Esperemos que pueda consolarla en algo.

-Por ahí viene.

-Gracias por haberme esperado.

-Siéntate, que no tienes muy buena cara.

-¿Qué cara quieres que tenga con lo que está pasando?

-Me gustaría dedicar unas palabras a Adela.

Fue una mujer entregada

a los demás y a su arte.

Con sus bordados nos acercaba a...

la grandeza de la creación de nuestro Señor.

Era alegre, soñadora,

buena...

Siempre estaba dispuesta a ayudar a los demás

en lo que fuera.

Y se entregó a todos

sin pedir nada a cambio.

Amó con todas sus fuerzas, y creo que,

por eso se ganó nuestra admiración y cariño.

Fue una mujer inigualable, y...

no hay...

-Doña Susana, quiero presentarle mis condolencias

por la muerte de su nuera.

-Señor Valverde, creo que este no es un buen momento.

No nos provoque más con su presencia.

-Le aseguro que esa no es mi intención.

Veo que estoy aquí de más. No les importuno.

-Espere.

Usted no va a ninguna parte

hasta que no escuche lo que tengo que decirle.

Estoy completamente agotada.

-¿De dónde vienes?

-¿De dónde quieres que venga?, de la misa de mi hermana.

¿Qué ocurre?

-Tenemos asuntos que tratar.

-Por supuesto que sí.

¿Por qué estoy tomando esto?

-Porque lo necesitas.

-No permitiré que me mientas. He hecho averiguaciones.

Sé qué contiene este frasco. Sospecho por qué me lo han recetado.

¿No tienes valor para decírmelo a la cara?

-Claro que tengo arrestos para decírtelo.

Te lo mandó porque tu sangre tiene mercurio.

Te lo recetó porque te comportaste como una cualquiera

y tu sangre se infectó al yacer con mi hermano.

-¿Cómo pudiste ocultarme el diagnóstico del médico?

Es mi cuerpo el que está enfermo.

No sabemos las consecuencias que puede tener este veneno en mi hijo.

-Espero que el miedo te torture.

No dejes de pensar que por tu indecencia, tu hijo

puede nacer ciego o malformado.

-No digas eso. -Imploras clemencia divina.

Tal vez nuestro Señor sea compasivo

y el niño nazca bien, pero nunca podrá perdonarte lo que has hecho.

Eres una mujer indigna. ¡Una mentirosa

que no merece ningún tipo de clemencia!

¿Ahora lloras? ¿Ahora piensas en nuestro hijo?

¿En qué pensabas cuando te revolcabas con Diego?

-Déjame.

Déjame,

ya es suficiente.

Quiero leerle una carta que recibí ayer de mi hijo.

-No creo que me pueda interesar.

-(LEE) "Queridísima madre,

quiero que estas breves palabras sirvan para pedir

que la vida de Adela sirva como ejemplo de perdón".

"Su muerte es la de una mártir que siempre situó el amor

por encima de cualquier otro

sentimiento egoísta".

"Elvira y yo podríamos volver a Acacias

a vengar la muerte de Adela".

"Hacer que el culpable pague por lo que hizo".

"Pero eso sería ir en contra de su voluntad".

"Por eso hemos decidido pasar página, poner tierra de por medio

y dejar que sea Dios quien administre justicia,

tal y como ella nos rogó".

"Porque a la postre,

será Dios quien coloque a cada uno en su sitio".

"Y de la misma forma que Adela

ocupa ya un lugar a su diestra,

el asesino

terminará padeciendo

el fuego del infierno".

"Simón".

Ya lo han escuchado.

Simón y Elvira

quieren poner tierra de por medio, pasar página y ser felices.

Como Adela quiso.

Espero que todos intentemos seguir este ejemplo.

-Será mejor que se marche.

Queremos seguir recordando a Adela.

-Odio a ese hombre con todas mis fuerzas.

No sé si voy a ser capaz de respetar

lo que ha querido mi hijo.

¿Se verá igual la luna desde París?

¿La mirará Víctor cuando esté allí?

No lo sé, hija, pero

todavía sigue en la esquina de la calle.

¿No estás adelantando acontecimientos?

-Me parece que no.

Lo he visto con don Felipe firmando unos papeles.

Eso significa que la venta de la chocolatería sigue adelante.

-Pues sí que se han dado prisa. No es de extrañar.

Ese negocio es una bicoca.

Ha sido todo tan rápido, que no me ha dado tiempo a reaccionar.

-Deja a un lado el desasosiego. Todo se arreglará, ya verás.

-No sé cómo.

-Luisi, hija,

¿no te has dado cuenta de cómo te lleva mirando Víctor toda la vida?

Está loco por ti. -¿Y por qué no hace nada?

-Ya lo hará. Seguro que no se va a rendir.

(Llaman a la puerta)

Abro yo, que tu hermano se ha llevado a Lolita a dar un paseo.

-Qué envidia.

-Luisi, querida, tu novio tiene algo que decirte.

Os dejo a solas.

-¿Vienes a despedirte?

Verás, antes de...

que digas nada, quiero desearte la mejor de las suertes

en este viaje y en el nuevo trabajo que vas a emprender.

Que sepas que entiendo

que no tienes otra opción. Quiero que sepas...

-¿Me dejas que te diga algo?

-Claro. Yo solo quería expresarte mi apoyo.

-Pero es que nada de lo que me estás diciendo me sirve.

-¿No te importa mi opinión?

-Es lo que más me importa del mundo.

Pero me parece absurdo que...

se despidan dos personas que no se van a separar.

-No te entiendo.

¿No has vendido la chocolatería y tienes todo preparado para el viaje?

-Sí.

Pero tú te vienes conmigo.

-Viviría en pecado contigo si no fuera porque a mi padre

le daría algo. Y porque soy una mujer decente.

-Tranquila que no voy a poner en peligro tu virtud,

mi dulce suizo.

María Luisa Palacios de mi vida,

¿quieres casarte conmigo?

-(EXHALA)

Me voy a hacer con una colección de anillos.

-¿Eso significa que sí o que no?

-Pues claro que sí, Víctor Ferrero

de mi corazón.

Blanca.

¿Qué te ocurre?

-No puedo hablar contigo. Permíteme seguir mi camino.

-Concédeme un instante.

He intentado verte, pero tu madre no me lo ha permitido.

Sé que estás enferma. Quiero ayudarte.

-¿Cómo?

¿No ves que esto es un castigo divino por nuestros actos?

-Lo único que hemos hecho es amarnos.

-No deberíamos de haberlo hecho, Diego.

Ahora, Samuel me odia.

Ese deseo que me lanzó hacia ti, ha puesto en riesgo el futuro de todos.

Mira lo que hemos hecho.

Este niño podría acabar muriendo por culpa del mercurio,

teniendo una vida llena de sufrimientos.

-Ven.

Blanca,...

ninguno de los dos sabíamos que esto podía suceder.

-Ya, pero ¿qué culpa tiene el niño de nuestros pecados?

-Eh,... deja de sentirte culpable.

No hemos cometido ningún pecado, nos amábamos.

Y aún seguimos haciéndolo, ¿sí?

¿Cómo puede surgir algo malo de lo que sentimos?

-Solo nos ha traído desgracias.

-Porque hemos luchado

demasiado tiempo contra nuestro destino.

No podemos seguir enfrentándonos

a nuestro corazón.

Blanca.

La quiero porque es mi apoyo, mi amiga, mi refugio,

mi hogar,

y la admiro por su tesón, su coraje.

Por esa manera que tiene de pelearse

por todo en lo que cree.

La quiero don Ramón porque ella hace que mi vida sea mejor,

hace que sea mejor.

¿Me permitiría usted, don Ramón,

que tratara de hacerla feliz desde hoy hasta el día en que me muera?

¿Me concede usted la mano de su hija?

-"Quiero que me busque una criada" para que me ayude en casa.

Una mujer de confianza que sepa hacer las cosas a la antigua usanza.

-Perfectamente. Pediré referencias, señor.

-Otra cosa.

Quiero que abrillante mi equipo de esgrima.

Voy a retomar esa afición y voy a apuntarme a un torneo.

-Perfectamente y en un periquete si me dice dónde está.

-En esa caja.

-Soy el portero de este edificio,

y mi obligación es ayudar a todos los vecinos, digan lo que digan.

-"Víctor y yo" nos casamos.

-Qué gran noticia, María Luisa.

Me alegro mucho. -Gracias.

-Os ha costado. Tú lo sabías.

-Es que hay algo que no os ha dicho, y tiene que ver con las prisas.

-¿No estarás...? -No, Dios me libre.

Voy entera.

Lo que pasa es que doña Juliana necesita a Víctor.

-Bien. ¿A qué esperar?

-¿Usted cree que el marqués de Bolaños

podría prestarme el coche para ir a la iglesia el día de mi boda?

-Pues no, creo que no.

¿Por qué te lo iba a prestara ti?

-¿A usted sí y a mí no?

-"Ayer vi algo" que me dejó descolocado.

No sé si contarlo, uno no sabe si arregla o empeora las cosas.

-¿Qué vio? Me deja preocupado.

-Vi a Diego y Blanca en actitud cariñosa.

-Entiendo. -¿Debería ocultárselo a Samuel?

-Terceras personas no deben inmiscuirse en un matrimonio.

-Pero Samuel es mi amigo, y si no se lo cuento, siento que le traiciono.

-¿No cree que Samuel sabe lo que hay?

Él es consciente de esta situación, pero no quiere verlo.

-No le falta razón en eso.

Buenos días. Aguarda.

Necesito saber más sobre la enfermedad de Blanca.

-¿Qué quiere que le cuente?

Blanca está intoxicada con mercurio, eso es todo.

-Por eso renegaste de Diego tras la discusión,...

porque te había engañado con tu propia esposa, y encima,

le ha contagiado su enfermedad.

-"Anoche se escucharon" gritos en esa casa.

Seguramente Samuel se enfureció al ver que su esposa llegaba tarde.

Deberían alejarse, al menos hasta que las cosas se calmen.

-No Felipe, me cuesta la vida alejarme de ella.

Lo hemos intentado, pero ninguno de los dos podemos separarnos.

Sentimos demasiado el uno por el otro.

-Hagan un esfuerzo, o la cosa terminará mal.

-No dejo de pensar que yo podría haber transmitido

la enfermedad a Blanca.

Y no me quito de la cabeza que ese niño podría estar en peligro

por mi culpa.

(Golpes de espada)

(APLAUDE)

Parece que no pasan los años por usted, coronel.

-Zabala, cuánto tiempo.

-"¿Qué hay de malo en desear" una boda de ensueño?

-¿Cómo le gustaría que fuera?

-Con un vestido blanco de encaje

y bordados de flores doradas.

Y un velo de seda tan largo, que tengan que llevarlo

tres parejas de niños cantores.

Y con el coche del marqués de Bolaños.

Y tocando la bocina

mientras todo el mundo me tira pétalos de rosas blancas.

-Está muy bien, pero creo que tendrías que bajar

un poco las expectativas.

-Una solo se casa una vez. ¿Por qué voy a hacerlo?

-¿Cómo se encuentra mi nieto? ¿Está intoxicado?

-Hasta que no nazca no hay forma de saberlo.

-No.

Mi nieto no puede estar enfermo.

Mi nieto tiene que ser un niño sano y fuerte.

Es el futuro de la familia.

-Eso no depende ni de usted ni de mí.

Estamos en manos de Dios, mal que nos pese.

Y por culpa de Blanca y de mi hermano,

mi hijo podría tener lesiones o nacer ciego.

¡Me dan ganas de abofetear a esa adúltera!

-Me siento atrapada, Leonor. -Normal.

Llevas mucho tiempo encerrada en esta habitación.

Vamos a dar un paseo, el aire de la calle te sentará bien.

-Me siento atrapada en mi vida, no en mi habitación.

-(EXHALA)

-Besé a Diego.

-¿Cuándo?

-Anoche.

-No me sorprende, Blanca.

Se veía venir que iba a pasar.

-"Me he criado" entre estas mesas.

Detrás de este mostrador he aprendido todo lo que sé.

Aquí me he hecho un hombre.

-Un hombre de los que se viste por los pies:

sensato, prudente y honrado.

Seguro que te esperan cosas mejores.

-Ojalá así sea.

Y lo que tengo que hacer, preparar una boda en dos días.

-Eso espero, porque no tienes mucho más que eso,

apenas una semana. Pero tranquilo,

yo me encargaré del papeleo y del contrato.

-¿Cómo que una semana?

  • Capítulo 679

Acacias 38 - Capítulo 679

16 ene 2018

Úrsula pide a Samuel que tenga paciencia con Blanca, ahora deben de pensar en el niño. Leonor confiesa a Blanca que sufre mercurialismo, y ella entiende la actitud de Samuel. Liberto intenta animar a Víctor para que recupere a María Luisa. Mientras, ella pide consejo a Trini para saber qué hacer con su prometido. Diego intenta ver a Blanca, pero Úrsula se lo impide.

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  1. Diana Arboleda

    Muy mal el cambio de samuel tan noble y justo y encantador que era ahora se ve muy sobreactuado y dejandose manipular por la ursula ademas si saca cuentas descubrira quien es el padre de la criatura y no veo porque tan ofendido acaso no recuerda que ella se caso con el por salvarle la vida? Ay no mas realidad a la serie sres guionistas

    17 ene 2018
  2. Lorena Torres de Domingos

    El escritor de la novela que piensa con Ursula que va contra sus hijas, yahora quiere el nieto y para que para matarlo de pena, o abandonarlo en un bosque o encerrarlo en un manicomio, cual es el fin y el imbecil de samuel y Blanca que no se sabe defender que enrredo de familia

    17 ene 2018
  3. Haydeé

    ¡¡ Bueno, no sé si en España conocen un refrán que dice: " Eramos pocos y parió la abuela ", ahora resulta que va a aparecer un nuevo personaje para competir con el coronelucho, será en maldades?.- Creí por un momento que el " señor" iba a hacer mutis por el foro y a desaparecer de Acacias, lamentablemente parece que tendremos coronelucho para rato.- Y Rosina !!! que superficial es, y como le gustan los " posibles ",y es mucho menos madura que su joven hija, Liberto es DEMASIADO para ella

    17 ene 2018
  4. Saro

    ¡Por fin puedo disfrutarlos juntos! ... aunque vayan a arder en el infierno según dice Liberto (el diálogo previo entre ambos no tiene precio). Rosina aconseja a Víctor que le pida matrimonio a Mª Luisa ... también le pide que los que compren la chocolatería sigan haciendo las cosas bien. Liberto sigue preocupado por su tía y pendiente de todo lo que ocurre últimamente en Acacias a fin de ayudar a sus amigos. Esta es una pareja que enamora, son brillantes, nos ponen de manifiesto una serie de valores: el amor, la amistad, la ayuda a los demás, la sinceridad, todo éso envuelto en unas interpretaciones brillantes, llenas de naturalidad y con una belleza extraordinaria. ¡Me encantan!

    16 ene 2018