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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 678 - ver ahora
Transcripción completa

¡Adela!

(LLORA)

Adela.

¡No!

-"Hasta el último segundo de su vida, Adela lo dio todo"

por Simón.

-Simón le pidió al cochero que trajera el cadáver de Adela.

-Debería haberla traído él mismo. En honor al sacrificio de su esposa.

-Anoche pensé en eso.

Es probable que tuviera miedo que atentaran

contra su vida o contra la de Elvira.

Habiendo intentado asesinarle sin éxito

no era raro que intentaran acabar el trabajo.

-Esto solo ha podido organizarlo una persona,

el coronel Valverde.

-"Usted tenía el puñal".

"Olga estaba reducida y desarmada. Y aun así la mató,

a sangre fría".

-Se equivoca, inspector.

Mi madre se abalanzó sobre Olga.

Forcejearon.

Y en la lucha,... Olga resultó fatalmente herida.

Pero mi hermana nunca estuvo desarmada.

-En ese caso, todo queda resuelto.

-"Me lo ha dicho Víctor hace... unas horas".

"Su madre quiere vender La Deliciosa para invertir

en otro negocio en Francia". -¿Qué?

-Hablaré con Víctor.

Si su madre tiene dificultades financieras en París, pues...

quizá... yo pueda darle un préstamo.

Así no tendría que vender La Deliciosa

y así no tendría que marcharse Víctor de Acacias.

-"Ojalá pague por el daño que ha hecho".

¿Qué culpa tenía una niña inocente como Adela

de sus desvaríos? ¿Qué ha conseguido?

-¿Cómo que Adela?

-Su plan ha salido mal. Pero nunca,...

nunca jamás volverá a ver a su hija.

Ni a Simón. -"Veo que te han dado el alta".

-Así es.

¿Vamos a tener que soportar mucho más tiempo

el cuerpo de Olga en casa? -Samuel,...

está muerta. Ten compasión. -Ya sé que está muerta.

Pero me gustaría que tardara lo menos posible en salir de aquí.

-Mañana es el entierro.

No tienes por qué asistir si no lo deseas.

-No lo haré.

-"Liberto me convenció para dar el primer paso".

Ir a ver a Samuel, para que notara que estaba preocupado por él.

Entonces, me encontré con un enfermero

y me dijo que había unos preparados para llevar a casa de Samuel.

Pero no eran para Samuel.

Eran para Blanca.

Es que quizá yo sea culpable

de que a Blanca y a su hijo les ocurra algo grave.

Resignación, señora.

Su hermana está ahora en un lugar mejor.

Procure no perder el temple en el cementerio.

-Me mantendré entera.

Ahora preferiría quedarme a solas, Carmen.

Podrías haberte puesto un brazalete en señal de luto.

O un botón negro en la solapa.

-Si algo no soy, es hipócrita. No iré al entierro.

No pienso despedir con cara compungida a la mujer

que casi le arranca la vida a mi hijo. Y a ti.

¿Te encuentras bien?

-Sí.

Sí, solo...

-¿Estás tomando los medicamentos que te recetó el médico?

-Sin saltarme ni una toma.

-Bien. Esperemos que sea suficiente.

-¿Cuál es el mal que padezco?

¿Qué dijo el doctor?

Víctor, ¿ocurre algo? Te veo preocupado.

-Un poco, Liberto.

Mis pensamientos van de María Luisa a mi abuela.

Y ninguno es reconfortante.

Me estaba acordando del enfrentamiento con el coronel.

-Aunque un tanto desabrida, le dijo cuatro verdades.

-Pero este hombre es impredecible, le puede salir por peteneras.

-Hiciste bien en pararle los pies. Tuviste gran valor.

-No permitiré que falte a mi abuela.

Si me tengo que batir otra vez, lo haré.

¿Tú quieres tomar algo?

-Ponme un café.

Pues yo vengo de comisaría.

Quería hablar con el comisario para ver cómo avanzaba la investigación

sobre la muerte de Adela y el otro hombre.

Aunque Felipe no me ha dado muchas esperanzas, confío

en que se le relacione con el coronel.

-Pues mira, esperemos que sí.

Y que pague por sus barbaridades.

-Bueno, y tú, ¿qué tal?

¿Has reflexionado ya la respuesta a tu madre?

-Como mi consulta con la almohada no ha servido de mucho,

me fui a hablar con mi abuela.

Que también piensa que, por mucho

que le duela que me vaya, es una oportunidad

que no puedo desaprovechar.

Pero claro, está María Luisa. -Vamos a dejar a María Luisa.

¿Tú realmente quieres ir a París o no?

-La verdad es que sí.

Y dirigir una fábrica de bombones.

Pero no sé si quiero poner en peligro mi relación.

-Veo que no has avanzado desde ayer ni un poquito así.

Estás más embrollado que un pleito de dientes.

El doctor ha tenido que ser más específico.

Esto no puede ser solo un síntoma del embarazo.

-No hay más, que yo sepa. Confía en el doctor, y en mí,...

y sigue tomando esos específicos. Está en juego la vida de mi hijo.

-Samuel, nuestro hijo. -No me vengas con retruécanos.

Esa criatura tiene que nacer con fuerza y salud,

y solo depende de que tú hagas todo lo posible por cuidarte.

-¿Por qué me estás hablando así?

-¿Crees que iba a seguir besando por donde pisas?

-Pero ¿a qué viene eso? -No quiero seguir hablando.

-Como prefieras.

Pero tengo derecho a saber qué compuestos estoy tomando.

-No seas impertinente.

¿Crees que iba a dejar que tomaras algo que afectara a vuestra salud?

Es una fórmula que te aporta energía

y evita que sufras mareos. ¿Alguna duda más?

-¿Qué te he hecho?

¿En qué te he molestado?

-Me marcho.

No quiero que tu madre me pida que os acompañe al funeral.

-"Ya viste cómo reaccionó con el anterior viaje a París".

"Que no, que no traga".

Está muy apegada al barrio, a su padre, a su hermano...

-En eso consiste un matrimonio,

en desprenderse de los padres y apegarse al cónyuge.

-Digo yo. -¿Cómo?

-¿A qué esperabas para contármelo, cretino?

Lo sabe todo el barrio. Todos menos yo.

Así que piensas marcharte sin ni siquiera discutirlo conmigo.

Eres un necio. -Espera.

¿A ti quién te ha dicho esto? -Qué más da quién me lo haya dicho.

Pero no has sido tú. Y tenía derecho a ser la primera en enterarme.

-Ha sido Antoñito, que no sabe callarse.

-Así que eso es lo único que te importa, ¿no?

-Espera. María Luisa.

Vigílame esto.

(RECUERDA) -"Demente. ¡Criminal!".

"¿Van a dejar que este hombre, con las manos manchadas de sangre,"

se vaya sin su merecido?

-"Estamos en la calle y la calle es de todos,

no solo de esta loca.

-Un respeto a mi abuela. -¡No vuelvas a tocarme!

Elvira.

-"Su plan ha salido mal. Pero nunca,..."

nunca jamás volverá a ver a su hija.

Ni a Simón.

-No entiendo.

-¿Que usted no sabía que Adela había muerto?

-Asesino.

-Maldito seas.

Por lo visto, los Alday no están muy bien avenidos.

¿Os habéis fijado?

Ha venido Diego, pero no Samuel.

-Ahí hay mar de fondo, ¿eh?

-La trágica muerte de Olga ha debilitado más todavía

la escasa armonía que había entre los hermanos.

-Qué lástima Olga. Ahora sabemos que era...

una pobre enferma. De amor o de...

soledad. Pero enferma.

-Voy a hacerle compañía a Blanca.

-Le vendrá bien tu compañía.

Trini,... deberíamos darle el pésame a Úrsula.

-Sí.

Supongo que habrá

que pasar por el trago. Vayamos.

-Lamentamos mucho su pérdida,

doña Úrsula.

-Gracias.

-Compartimos su dolor.

-Resignación cristiana.

Debe de ser fuerte.

-Eso intento.

Pero no sé si voy a llegar al cementerio

sin derrumbarme. -Tiene que hacer un poder.

Usted siempre ha sido mujer de carácter.

-He vivido mucho.

Pero no recuerdo

un momento peor que este.

Una madre no debería enterrar a su hija.

Es un error

del destino.

(Campanadas de duelo)

Apóyese en mí, madre.

Nos sostendremos la una a la otra.

-Preferiría pasar el duelo sola.

-Ánimo, amigo. Es momento de entereza.

-Vamos.

No te voy a dejar en paz hasta que no me escuches.

-¿Escuchar el qué?

Pensaba que lo tuyo era más bien callar.

No me puedo creer que se lo contaras a mi hermano antes que a mí.

-No se lo he dicho por gusto.

Vino a pedirme trabajo y tuve que hablarle de la posible venta.

-Esa es otra. Tu madre te dice que vendas y tú ni te lo piensas.

A vender con los ojos cerrados. -Eso no ha sido así.

Le he pedido que se lo pensara.

Preguntándole si había otra posibilidad.

-¿Y qué te contestó ella? Que no, ¿verdad? Cómo la conozco.

-Mi madre no quiere vender por vender.

Esa fábrica es una oportunidad increíble de negocio.

No hay otra solución para comprarla, que deshacernos de La Deliciosa.

-¿Y tienes que ser tú,

precisamente tú, el que dirija la dichosa fábrica?

Ese puesto es una perita en dulce para cualquiera de mi gremio.

Mi madre lo ha hecho con la mejor intención.

-Tu madre es una egoísta.

Ella quiere hacerse propietaria de una fábrica

y no duda en embarcarte a ti.

En pedirte que sacrifiques tu futuro.

Nuestro futuro.

-No, eso no es tal y como tú lo cuentas.

Mi madre ha pensado que gestionar una fábrica

sería una promoción para mí. -Eres igual de egoísta que ella.

Y te importa tan poco nuestra relación como a ella.

¿Es que vas a anteponer el trabajo a nuestro amor?

-No.

Ella habrá pensado que tú... -Que no, Víctor, deja de defenderla.

Ella no ha pensado en ningún momento en mí.

¿Es que no te das cuenta de lo que estás haciendo?

-Ella es una mujer de negocios. -No, Víctor, no.

Ella no dudó en ningún momento en irse a vivir su amor con Leandro.

Y mientras, ¿quién se quedó aquí defendiendo La Deliciosa?

Tú.

-Y eso me ha permitido crecer como hombre y como empresario.

-Sí, ya veo cómo has crecido. En tontería, has crecido.

Eres tú quien ha sacado el trabajo adelante.

Y ahora es ella quien llega, dispone y manda que se venda.

Víctor,...

va a tirar tu trabajo por la borda. -Eso no es del todo cierto.

También es verdad que el negocio ahora tiene más valor

porque yo me lo he fatigado. -Tienes respuestas para todo, ¿eh?

Para todo menos para lo esencial.

¿Qué respuesta tienes

para lo que va a ser de mí? ¿De nosotros?

-Pues la única respuesta que hay.

Que te quiero y que te voy a querer siempre.

-Pero te marchas.

-Quizá, pero eso no significa que rompamos.

Vamos a seguir siendo novios.

-Sí. A miles de kilómetros de distancia.

-Pero no indefinidamente.

Mira, me puedo ir a París una temporada,

encarrilar la fábrica y después volver.

-Como si nada hubiera pasado, ¿verdad?

Claro, porque tú eres así. Un vividor.

Víctor,...

a mí nunca se me hubiese pasado por la cabeza alejarme de ti.

Es que ni aunque mi padre me lo hubiese pedido por escrito.

-No te lo tomes así, por favor. -Es que no hay otro modo contigo.

¿No dijimos, tras nuestra última discusión,

que no nos separaríamos jamás? Lo prometimos, Víctor.

Y ya veo lo que valen tus promesas. -No me hagas esto.

No me hagas esto. Si mi madre quiere vender,

tengo que vender y no hay nada que pueda hacer.

-Vete, por favor.

-Déjame que lo hablemos primero. -Que sí, Víctor, que te entiendo.

Y si no te vas tú, pues lo haré yo.

(Silban una canción)

Don Liberto.

Muy buenas. Por lo que veo, viene del cementerio.

-Así es. Tengo asuntos que resolver.

-¿Tiene nuevas del coronel Valverde? -¿Por qué había de tener yo nuevas?

-No lo sé. Esta mañana estaba dándole yo

a mi escoba y escuché vidrios rotos en casa de don Arturo.

-¿Y qué ha ocurrido?

-Eso me gustaría saber a mí, porque inmediatamente después

se quedó todo en un silencio sepulcral.

Como... si no hubiera bicho viviente en esa casa.

-Servando, no seas exagerado.

-No, exagerado no, que mucha gente piensa que el coronel

no puede soportar el desplante que le dio su hija.

Doña Elvira era lo único que le quedaba.

-Don Liberto.

Me han dicho que ha venido usted a visitarme.

-Así es, comisario.

-Pues aquí me tiene, dígame.

-Eh... Servando, gracias por la información,

pero ahora me gustaría hablar un rato con el comisario.

A solas, Servando.

-Señores. Así me lo pagan.

Les digo todo lo que sé y encima me echan.

-Bien, pues he ido a interesarme por el caso de nuestra pobre Adela.

¿Han avanzado las pesquisas? -No mucho.

Pero me da en la nariz que tiene usted algo que aportar.

-Por desgracia, pocas, la verdad.

Solo quería sopesar la hipótesis de que el coronel estuviera detrás

de tan terrible suceso.

-Tras el testimonio del cochero, solo podemos afirmar

que la señorita Valverde y Simón fueron asaltados en su huida.

La señora Gayarre trató de evitar la muerte de su marido

y lo pagó con su vida. Punto. -Ajá.

Pero usted también conoce los intentos del coronel

de romper la relación entre Simón y Elvira.

No es muy difícil deducir que él organizó el asalto.

-Deducir, deduzco,

pero necesito pruebas.

-Pues entonces prométame que las va a conseguir.

Se lo debemos a Adela. -Como es natural,

haremos nuestro trabajo lo mejor posible.

Pero no albergue usted ninguna esperanza.

Aquí tienen la manzanilla, señoras.

-En cuanto la sirvas, me das un buen masaje en los pies.

Dios santo.

Esa tumba estaba en lo más recóndito del camposanto.

¿Cuántos kilómetros hemos andado para un simple responso

de tres minutos, por Dios?

-Por un momento pensé que Blanca no llegaría.

Me preocupa su embarazo, madre.

-Ya. Y peor estaba Úrsula, ¿te has fijado?

Si no la sostienen los enterradores, se cae como una piedra,

se da una costalada.

-Parecía afectada. Y esta vez de verdad.

-Ay sí,... tienes razón. Yo es la primera vez

que la veo humana, vulnerable.

Claro que no debe tener el cuerpo para bailar una jota.

Tener que matar a una hija para salvar a otra.

Leonor, ya me puedes dar las gracias, ¿eh?

Por ser hija única.

-Doña Rosina, que no se puede hacer chanza con esas cosas.

-Bueno, cambiemos de tema, que a Casildita

los cementerios le erizan la piel. -Toma, como "pa" no.

Con la muerte no se puede hacer guasa, doña Rosina.

Que no, que si te burlas de la parca,

puede venir.

-Leonor, ¿te has enterado ya de lo del coche del Marqués de Bolaños?

-Yo sí. Es que mi Martín

está entusiasmado con el artefacto. -¿Qué es?

-Un coche. Se ve que el caprichito le ha costado 17 000 pesetas.

Y que corre como un ciclón. -"Pa" chasco que sí.

40 kilómetros por cada hora que pasa.

Aunque bueno,

yo me manejo mejor en leguas. -Pues sí que parece progreso, sí.

Pero madre, ¿por qué me cuenta eso? Si usted ya sabe

que los coches... -Te lo cuento, si Casilda me deja.

-Uy, claro, señora, faltaría más. Dele, dele usted, suelte la húmeda.

-Pues verás,... querida, me gustaría pedirte un favor.

Entre tus amistades...

de los periódicos,

o entre los profesores del "Colegio Carlota De la Serna",

¿no tendrás alguno que me pueda presentar al marqués?

-¿No me irá usted a decir que ahora quiere hablar con el marqués

sobre coches veloces? -Bueno, habrá que hablar,

pero lo que de verdad me interesa es subirme a ese artefacto.

¿Te imaginas? Y sentir...

¿Qué se debe sentir al cortar el viento a esa velocidad de vértigo?

-Yo no sé lo que daría mi Martín por auparse en ese cachivache.

Un riñón, a lo mejor. Si es que el hombre está...

que no habla de otra cosa "ende" que se enteró.

-Parece usted una cría en edad de merecer con sus caprichos.

¿Usted se cree que yo voy a pedir un favor

a mis amistades solo porque usted se quiere subir a un coche veloz?

-¿Te niegas?

Casilda, sigue. -Sí.

-¿De verdad te niegas

a darle una satisfacción a tu pobre madre?

-Una satisfacción no, madre.

Esa satisfacción es una frivolidad.

-Bueno, pues, con tu pan te lo comas, no te necesito.

¿Acaso no soy la propietaria de un yacimiento de oro?

Seguro que por dinero, alguien me presenta al marqués.

-Madre, no se obsesione, que con la aristocracia no es nada fácil.

Perdería usted el tiempo. Además, su dinero

no le interesa a ninguna de las amistades

del marqués. Encontrarían vulgar su propuesta.

-No me des lecciones, rica, ¿eh? Que aunque te llevo pocos años

soy tu madre, te lo recuerdo. -Allá usted.

Mire que es cabezona.

-"Lo siento, hijo, no vas a hacer que cambie de opinión".

No voy a comprar La Deliciosa. -Me mata usted.

Tengo toda mi energía centrada en la compra y gestión de La Deliciosa.

¿No puede pensarlo un poco mejor? -No insistas más en tus ruegos,

por favor.

Es una decisión meramente empresarial.

El negocio de las cafeteras marcha como la seda.

Es el que sustenta la economía familiar.

Que, como bien sabes, es boyante. -Pues precisamente por eso, padre.

Aunque La Deliciosa no fuera un gran negocio en mis manos,

que lo sería, ya lo creo que lo sería, pero aunque no fuera así,

no le afectaría mucho a su economía.

-No me has dejado terminar.

Si comprara La Deliciosa,...

me estaría convirtiendo en competencia directa

de mis propios clientes, que son los que compran las cafeteras.

Sería suicida.

-Pues me deja usted chafado,

padre.

Con mi currículo, y por mucho que haya sido exonerado de toda culpa,

me va a costar encontrar otro quehacer.

-También he pensado en eso.

Y no creas que voy a dejarte a tu suerte, en qué cabeza cabe,

no lo voy a hacer.

Tengo una propuesta de trabajo para ti.

-La que sea. Estoy dispuesto a trabajar en lo que sea.

No le quiero defraudar

ni a usted ni a Lolita. Porque...

dentro de un año, plazo que ha exigido ella,

debo hacerme

con un caudal medianejo para poder pagar la boda.

-Me alegra sobremanera...

ver que te alegras y que empiezas a planificar tu vida

como un adulto. Mi propuesta...

es que trabajes en mi empresa como vendedor.

-Pero... ¿usted cree que yo valdría para ese cargo?

-Lo vas a hacer a la perfección.

Al principio te encargarás de los negocios locales,

pero más adelante puedes encargarte de la expansión internacional.

Tu inglés es idóneo para el cargo. -Pues le agradezco mucho

la confianza, padre. -Y yo agradezco mucho tu esfuerzo.

Vamos trabajar juntos, codo con codo,

lo cual significa que voy a ayudarte.

Pero significa también

que te tendré bajo observación.

-No.

No, pronto se dará cuenta que no le hará falta tener un control

muy estrecho sobre mí. Yo lo voy a hacer

lo mejor que pueda.

Quiero que se sienta orgulloso de mí.

Así que, ¿por qué no sellamos

este compromiso con un abrazo paterno filial?

-Eh, señorita. ¿Dónde va usted?

¿Acaso no quiere sumarse a nuestra celebración?

-Hermanita,...

voy a trabajar con padre.

Es la oportunidad de mi vida, el giro que siempre he deseado.

-Me alegro mucho por los dos.

-¿Te sucede algo, hija?

-Has discutido con Víctor,

como si lo viera. -¿Es cierto eso, mi pequeña?

-Se va, padre.

Se marcha a París.

Nos separaremos y habíamos prometido no hacerlo jamás.

-¿Para siempre? -Aunque sea por un tiempo.

Faltará a su promesa y... yo me quedaré tan sola.

-Vamos, hija mía, no te lo tomes tan a la tremenda.

A tu edad, unos meses pasan inmediatamente.

Víctor te quiere.

Y volverá contigo cuanto antes. -Solo escucha a su madre.

A mí no me hace ningún caso.

Si su madre le pide que se tire por un pozo, lo hará sin pensarlo.

-María Luisa, tampoco puedes ser tan implacable con él.

Padre lo ha dicho: "Víctor te ama".

Y eso es lo más importante. -Víctor ya no es el muchacho

noctámbulo y calavera de hace unos cuantos años.

Solo hace cumplir con su deber.

Su madre es la propietaria del negocio,

por lo tanto, su jefa.

Desde luego, no le queda más remedio que obedecer a sus deseos,

que son órdenes para él.

-Y me temo que los próximos meses yo también voy a aprender bastante

sobre las relaciones familio-empresariales.

-Tú cállate, hijo.

Por otra parte, me parece que es un paso muy importante

en la carrera de Víctor hacerse cargo de una factoría,

y nada menos que en París. Eso va a redundar en su beneficio.

Bueno,... en el de los dos, cuando un día os caséis.

-Ya veo que usted piensa mucho en él. ¿Y en mí?

¿Quién se preocupa por lo mal que lo pasaré yo

cuando él esté lejos de mí?

Fíjese por dónde va, señoritingo. -Vuelva a tocarme

y le parto la cara. -Tranquilícense, señores.

Tengamos la fiesta en paz.

-Disculpen, caballeros, la pelea no tendrá lugar.

Ha sido todo un malentendido. Continúen con sus actividades.

Señor agente... -Diego,...

suéltame. Suéltame. ¡Suéltame!

No necesitaba de tu intervención.

¿Te crees que puedes meterte en mi vida?

No vuelvas a hacerlo aunque me veas morir.

-Ven para aquí, Samuel. -Diego, ¿qué estás haciendo?

-Ven aquí. -Diego. Suéltame.

-Suéltalo. Venga.

Dime todo lo que tengas contra mí. -Como si no lo supieras.

Manipulas a todo el mundo sin compasión,

regresas cuando te da la gana y destrozas la vida a los demás.

Me has engañado a mí, a Blanca y a Olga.

Sí. A Olga también.

Si Olga ha muerto ha sido por tu culpa, por tu egoísmo desaforado.

-No pienso discutir sobre los motivos que llevaron a Olga

a la desesperación, ni voy a contradecirte

sobre lo que tú llamas manipulación, al contrario.

Quiero que nos podamos hablar con confianza.

-¿Con confianza, dices?

¿Me estás hablando en serio?

¿De verdad crees que puedo volver a confiar en ti?

Esa lesión tuya te está dañando el cerebro.

-Deberíamos dejarnos de sarcasmos. Yo reconozco mi culpa.

Pero como herederos de Alday, debemos seguir caminando juntos.

Por encima de cualquier obstáculo.

-Estás acabado para mí.

-Sé lo que le sucede a Blanca.

Samuel, sé que está tomando los mismos específicos

que a mí me salvaron la vida...

-¡Fui yo quien te salvó la vida con mi sangre!

Y no vuelvas a pronunciar a mi esposa.

Escuchar su nombre de tus labios me repugna.

-Te estaba pidiendo entereza para afrontar la verdad.

-No puedes hablar de verdad cuando solo te dedicas a mentir.

Déjanos de una vez en paz a mi esposa y a mí.

-Mentir.

¿A qué te refieres?

¿En qué he mentido yo? -Sin ir más lejos,

la historia del cuaderno de padre y sus claves para abrir la caja.

Todo mentira.

Los números no eran la combinación, sino otra mentira inventada por ti

o por Olga, vete a saber con qué intención.

-¿No pudiste abrir la caja fuerte?

-"No hables con ligereza".

"Lo único que pretenden, como debería pretender cualquier madre

y cualquier esposo, es que tu embarazo llegue a buen término".

-Sí, eso lo sé.

Pero hay algo más.

Es como si para ellos hubiera dejado de existir.

Como si solo me vieran como una máquina que les va a dar...

un hijo y un nieto.

Una máquina o un animal de cría.

-No, no, disparates.

He leído que las mujeres embarazadas tienden a tener

muchos cambios de humor. Será eso.

-Lo digo con todo el convencimiento, Leonor.

Creo que si no estuviera embarazada no significaría nada para ellos.

-Blanca, estás cansada.

Ha sido un día muy largo y muy penoso.

Duerme, y ya verás como mañana lo verás todo con mayor objetividad.

Ellos se desviven por la criatura, está claro.

Cualquiera en su lugar haría lo mismo.

Seguro que también se preocupan por ti.

-Samuel se ha distanciado mucho.

Apenas me habla si...

no es para algo referente a su hijo, así lo dice.

Su hijo.

Ni siquiera me ha dicho que ha hablado con el doctor

respecto a mi dolencia.

-Bueno, quizá es porque no haya nada que contar.

Te están tratando simplemente para que adquieras

la fuerza que necesitas para parir. -Hay algo más, Leonor.

Casi podría decir que lo sé a ciencia cierta.

Conozco a mi marido y... me está ocultando algo.

-Vivir las amenazas de tu hermana y...

luego su pérdida te han deprimido, y es normal.

Pero eso te hace sospechar de todos y de todo.

-Espera.

Si me ayudaras,

podríamos salir de dudas enseguida. -¿Qué necesitas?

-Toma este frasco.

Escóndelo en tu limosnera y ve a la botica.

Averigua qué tipo de compuesto es y para qué se utiliza.

Yo no puedo hacerlo sin que se den cuenta.

Me vigilan. Lo sé.

(RONCA)

(CARRASPEA)

¿Qué,... has hecho ya todas tus faenas?

Las cuerdas del tendedero, ¿las has puesto tensas

como los cabos de los marineros? -Y el tiro de la chimenea

de la azotea... -Muy bien.

Ah, ¿y el timbre de servicio del segundo?

-Sabía que se me olvidaba algo. -¿Ves?

Si es que no estás a lo que estás.

Andas despistado, andas atolondrado.

Parece que estás soñando despierto.

-Soñando despierto, ¿eh? Habla usted de mi marido, ¿a que sí?

-Pues claro. Lleva todo el día que parece que está "adobao".

-Y más. "Ende" ayer que está así, ¿verdad?

-Oye, que... ha sido... decir la palabra "adobao"...

y entrarme como un hambre...

Me voy a preparar una merienda.

No os digo que si gustáis, porque sois muy frugales con esto.

-Martín, ¿a ti qué mosca te ha picado?

Que hasta el Servando se ha "avispao".

-Es que no se me va de la cabeza el coche a motor del marqués.

-Pues sí que te ha dado fuerte con el artefacto, sí.

Se lo decía yo a la señora, y ella también estaba con el artefacto...

-Oye, canija, es que no paro de imaginarme

a mí mismo manejándolo. Y tú,...

sentada a mi lado, con tu pelo flotando al viento, ¿eh?

Disfrutando de la velocidad.

¿Tú te imaginas, canija,... lo que debe ser ir...

a 40 kilómetros

a la hora? El aire debe rugir como un huracán.

-Pero vamos a ver, Martín,

¿tú estás chalado o qué?

¿Cómo va a coger el artefacto ese esa velocidad?

Eso es un cuento para críos de pecho, hombre.

-Que no, que lo ponía en el periódico. Debes sentir...

que vuelas como un pájaro.

-Sí, ya. Anda, hombre.

Eso es lo que tienes tú en la cabeza, pájaros.

Pájaros que se te han metido ahí. Y te digo una cosa, ¿eh?

O bajas de las nubes rapidito o por tanto soñar despierto,

Servando te va a poner de patitas en la calle.

-Pues no me importaría mucho.

Así podría trabajar en el palacete del Marqués,

que está buscando nuevo servicio.

-Pero que no digas eso. ¿Estás mal aquí o qué?

-Que no, canija, que no es eso.

Es que si consigo trabajar en casa del marqués,

podría subirme a su coche.

Incluso podría aprender a manejarlo.

-Madre mía.

Pronto aprenderás a familiarizarte con las máquinas.

En realidad, son sencillas de entender.

Agua hirviendo a presión y una materia prima de calidad.

Café de Angola,

Mozambique, Brasil, Colombia.

No tiene mucho más misterio. -¿Qué le parece este eslogan?

"Un café expreso, todo el trópico en su boca, con la dulzura de un beso".

-Genial.

Con tu talento y un poco de suerte, vamos a dar un paso de gigante

en el negocio.

-Don Ramón.

¿Le ha contado María Luisa... mi perspectiva?

Siento que se haya enfadado conmigo.

¿Cómo está ahora?

-Se le pasará.

-Y gracias a que mi padre habló bien de ti.

-Tú hablaste pero para mal.

¿Quién te mandará abrir la boca?

Que tiene toda la razón, se lo tendría que haber dicho yo.

-Pero que yo no he dicho nada. -Paz, haya paz.

Tú sigue bailándole el agua

y se le pasará pronto el enfado. Ya lo conseguiste la última vez.

-Esta vez es diferente. Se ha enfadado con mi madre.

Dice que es una egoísta que me maneja.

¿Usted se cree? -Cambiará de opinión.

Tú te debes a María Luisa, desde luego.

Pero también te debes a tu madre.

Hazle entender... que puedes querer a las dos

sin ninguna merma para ella.

Los celos entre suegras

y nueras son muy comunes en el matrimonio.

-Entonces, ¿a usted le parece bien que esté haciendo caso a mi madre?

-Esa obediencia te honra.

Los hijos deberían obedecer con prontitud

y con buena voluntad todas las demandas de los padres.

-Sí, lo pillo, padre. Le obedeceré,

no le quepa duda. -Eso espero.

-Ponme un café, Víctor, haz el favor.

O mejor aún, una copa de coñac. Lo voy a necesitar.

Rosina me tiene aturdido. Ahora le ha dado por congeniar

con el Marqués.

A ver si le deja subirse en el coche nuevo que ha matriculado.

No habla de otra cosa.

-Pues te ruego, Liberto, que no lo vayas difundiendo por ahí,

porque Trini es muy capaz de engancharse al carro.

-¿A quién no le gustaría subirse

a ese bicho a 40 kilómetros por hora? Es un kilómetro por minuto.

-Y dentro de poco serán hasta más rápidos.

En breve podrán duplicar esa velocidad,

incluso me atrevería a decir que en el futuro

van a poder triplicarla. Es el progreso.

-Habló el profeta.

Ni tú mismo te crees que, por mucho motor que le pongan,

esos coches van a llegar a los 120 kilómetros por hora.

-Eso no habría cuerpo que lo resistiera, hombre.

Aparte de que se te saldrían los ojos de las órbitas.

-Por no hablar de los accidentes,

que ese coche sería más difícil de manejar que una manada de caballos.

-Las autoridades no creo que permitieran semejante barbaridad.

En caso de que fuera posible. Que no lo es.

Miren quién está ahí.

-Hay que reconocer que el coronel es más duro

que el alma de los cañones. -No le digo yo que no.

Lo que quiere es acallar los rumores que le pintan como el culpable

de la muerte de Adela.

-Pues ya puede sonreír como un payaso con la sonrisa pintada,

que a Acacias no nos engaña.

Todos sabemos que es un asesino y no se lo vamos a perdonar.

-Y aunque no le lleven al juzgado. A este hombre

le juzga el barrio. Ningún vecino va a volver a aceptarle.

-Viene, que viene.

-Buenas tardes, caballeros.

Iba camino del Ateneo, pero no me importaría quedarme un rato

de charla con ustedes.

Quizá me den alguna idea para la tertulia.

(Se abre una puerta)

Menuda cara que se le ha quedado al coronel.

-No se merece otra cosa un asesino como él.

Por favor.

-(CARRASPEA)

-¿Vienen de la tertulia?

-Le hemos hecho un desplante al coronel Valverde,

que va a tardar años en olvidar.

-¿Has estado llorando por Víctor?

-Sí, por Víctor es.

Ya he estado antes hablando con ella.

-Pues, con su permiso,

y si tú no me dices que no, me gustaría darte un consejo.

Deberías ser más comprensiva con Víctor.

Me consta que te adora, pero no puede contravenir

la decisión de Juliana. Como madre y como propietaria.

-Algo muy parecido le he dicho yo.

-Y que si tú lo estás pasando mal, Víctor lo está pasando peor.

Tu deber como su prometida que eres es respaldar con cariño

las decisiones que se vea obligado a tomar.

-Además, que unos meses de separación

no es como para que arda Troya. Probablemente,...

cuando se reencuentren, el amor será más intenso.

-Claro.

Y que el amor verdadero y el vuestro lo es, trasciende el tiempo.

Lo relativiza, lo supera.

-Preferiría no tener que ponerlo a prueba.

Demasiado hemos tensado nuestra relación en los últimos tiempos.

Puede que a la siguiente se rompa.

-¿Por qué dices eso, María Luisa?

Que Víctor se ha ido a París

a trabajar, a buscarse un porvenir, nada más.

-Lo sabes igual que yo, Liberto.

Víctor tiene un imán con las mujeres.

Me da pánico que se enamore de una francesa.

Si se va, y se va solo,...

siento en mi corazón que lo perderé.

¿Cómo estás?

Es que no deberías haberte quedado sola.

Es mucho el aprecio que tenías a Adela.

-Se había convertido en una hija para mí.

No he podido ir al sepelio

de la hija de Úrsula. No lo hubiera podido soportar.

-¿Vienes a saber del entierro de Adela?

Pasa, anda.

Precisamente te estaba escribiendo una nota.

Su cuerpo ha sido trasladado al convento.

Sor Genoveva insistió mucho en que fuera enterrada allí.

Mañana serán

las honras fúnebres.

-No estoy yo muy segura de que ella quisiera reposar por los restos

en ese convento. -Eso no lo podemos saber.

Y Simón, que es...

quien podía decidirlo, no está aquí para hacerlo.

Susana...

Llora, llora. Llora todo lo que quieras.

Que te hará bien.

Mañana se celebrará una misa aquí,...

en Acacias, por el descanso de su alma.

Y después marcharemos al convento.

¿Crees que podrás venir?

-No faltaré. Tengo que despedirme de ella.

Era una santa...

y, sin embargo, la suerte no le sonrió.

Pero ella supo encarar la vida con alma de mártir.

(Pasos)

-Con permiso.

Estaba la puerta de servicio abierta.

Me ha mandado llamar, doña Celia, ¿verdad?

-Sí, quería que le hicieras llegar una nota a doña Susana

pero ya no hará falta. -Ah, precisamente también

venía a verle a usted. Ha tenido correo hoy.

El cartero, al ver la sastrería cerrada, me la ha dejado a mí.

-Servando, ¿quieres dejarnos ahora?

-Sí, sí, claro, señora.

Espero que no sean malas noticias, doña Susana.

-Servando.

-Sí, con permiso.

-¿Quieres hablar de ello?

No puedes estar tan solo...

dejando que lo que sientes se te pudra en tu interior.

-¿Qué sabrá usted?

-Vi cómo trataste a Blanca cuando volviste del hospital.

Veo cómo la tratas ahora.

Tienes tanto rencor, que no puedes soportarlo,

te sale por los poros de la piel.

Cuéntame por qué.

-"Se niega a admitir la verdad o, al menos, ante mí".

Sabe perfectamente que Blanca padece mercurialismo.

Y que solamente yo se lo he podido transmitir.

-No es tan extravagante.

La infidelidad de una esposa no es fácil de aceptar.

Sobre todo cuando se convive con ella.

-Dice que le engañé cuando le desvelé que la combinación

de la caja fuerte estaba en el cuaderno de mi padre.

-Podría ser cierto. Usted no estuvo allí para comprobarlo.

-Pero estaba abierta.

Vi un sobre con el sello de mi padre hundido en el lacre.

Y dirigido a mi hermano y a mí.

Un sobre vacío que había salido de la caja fuerte y, que solo Samuel

sabe lo que contenía. -Diego,...

permíteme fungir como abogado del diablo.

¿No será que usted, aun recuperándose

de una grave enfermedad, ve fantasmas donde no los hay?

-Estoy convencido.

-Recuerde que a veces nuestra mente atribulada nos hace deducir

conclusiones que no son tan evidentes para terceros.

-Admito que puedo exceder la lógica en el asunto de la caja fuerte.

Pero no en la enfermedad de Blanca.

Ningún médico recetaría eso si no estuviera seguro

de que se trata de mercurialismo.

-No lo afirme tan radicalmente.

Su relación con Samuel,... la armonía familiar, está en juego.

Y su padre no querría que se rompiera.

-Por mucho que le dé la razón a usted,

me temo que eso ya no tiene remedio.

Samuel ha cambiado, no le reconozco.

Oculta algo, se hace mala sangre.

Parece otra persona, una persona que...

hasta a mí me da miedo.

No voy a seguir insistiendo.

Si deseas mantener tu silencio,

allá tú.

Pero hicimos un pacto que me obliga a ayudarte,

a intentarlo al menos.

-Blanca me ha traicionado con Diego.

-¿Cómo lo has sabido?

-Eso no importa.

Si hay algo que me hace enfermar,

enfermar de verdad, incluso físicamente,...

es la infidelidad.

La deslealtad,

la traición.

-Blanca te ha sido infiel.

A pesar del tiempo que le diste para decidir

si quería ser tu esposa o no.

-A pesar de todo el amor que le he mostrado.

A pesar de haberme entregado a ella

en cuerpo y alma.

-Es una adúltera.

Tendrías la ley de tu parte

si quisieras recuperar tu honor.

Pero no lo vas a hacer. Para nosotros,...

para ti y para mí,...

Blanca ya no es importante. Lo único que importa

es el fruto de su vientre.

Tu hijo.

Mi nieto.

Tenerlo con nosotros... ha de ser nuestra única meta.

Nuestra única preocupación.

-¿Qué está tratando usted de decirme?

(Llaman a la puerta)

Sea quien sea, no estoy para visitas.

Don Diego, no es buen momento, la señora no desea...

-Me da igual lo que desee la señora. Apártese.

-"Este es un compuesto que se utiliza para eliminar toxinas".

Este preparado está especialmente indicado para los casos...

de intoxicación por mercurio.

-¿Me estás diciendo... que puedo tener mercurio en la sangre?

-Bueno, es solo una posibilidad.

Quizá te lo han recetado por otra cosa.

Pero hasta que lo hablemos con el doctor Quiles no lo vamos a saber.

-"He venido a hablar con Blanca"

y no pienso irme hasta que lo haga. Actúe como le parezca conveniente.

-Tendrás que darles muchas explicaciones.

Carmen me contó cómo la amenazaste. ¿También vas a amenazarme a mí?

-Es muy sucio por su parte sacar esto ahora.

De no ser por esa información, la policía no les hubiera encontrado

en esa cabaña y no hubieran podido atender a mi hermano.

-De poco me sirven tus razones. -Voy a pasar.

-Ni se te ocurra.

No quiero que vuelvas a esta casa. Ni quiero que te acerques a Blanca.

¡Carmen!, Llama a los guardias.

-"Samuel, por Dios, que son hermanos".

Es una pena que la familia esté rota.

-Efectivamente, Diego es mi hermano. Pero Blanca es mi esposa

y la madre del hijo que voy a tener.

-Tan solo trato de ayudarle. -Y yo se lo agradezco,

pero sé muy bien cómo comportarme y cómo debo tratar a mi familia.

-Está bien.

Es una lástima que su actitud sea esa.

Porque ha de saber que los problemas

no se arreglan si no es a través del diálogo.

La mesa llena de papeles

y un abogado de por medio.

Esto va en serio.

Tienes que firmar aquí.

-"Coronel,..."

usted sabía que su hija y Simón iban a fugarse.

Pudiera ser que contratara a un sicario para eliminar

de una vez por todas a Simón.

Ese advenedizo del que todo el mundo sabe que usted odia.

Lo que pasó... es que sus planes se torcieron...

y murió una inocente. -Déjese de elucubraciones.

No encontrará ninguna relación entre ese asaltante de caminos

y mi persona.

Eso no significa que no exista. -¡Ya está bien!

¿Tiene pruebas que respalden eso ante un juez?

Han sido unos días terribles. Suerte... que el futuro

guarda el regalo de un nieto.

-Seguro que será un niño precioso.

-Es lo que me da ánimos para levantarme por la mañana.

-Esa criatura... traerá mucha alegría a este barrio.

-Que falta nos hace. -Nos marchamos.

Le dicen a Susana que lamentamos

no poder acompañarla en el homenaje a Adela.

Doña Susana, quiero presentarle mis condolencias

por la muerte de su nuera.

-Señor Valverde, creo que este no es un buen momento.

Así que le ruego que no nos provoque más con su presencia.

-Le aseguro que esa no es mi intención.

En fin, veo que estoy aquí de más. No les importuno.

-Espere.

Usted no va a ninguna parte

hasta que no escuche lo que tengo que decirle.

¿Por qué me ocultaste el diagnóstico del médico?

Es mi cuerpo el que está enfermo.

Ni sabemos las consecuencias que puede tener este veneno.

-Espero que el miedo te torture.

Que no dejes de pensar que, por tu indecencia,

tu hijo puede nacer ciego o terriblemente malformado.

-Por Dios, no digas eso. -¿Imploras clemencia divina?

Tal vez Nuestro Señor sea compasivo

y el niño nazca bien, pero nunca podrá perdonarte lo que has hecho.

Eres una mujer indigna, una cualquiera, ¡una mentirosa

que no merece ningún tipo de clemencia!

  • Capítulo 678

Acacias 38 - Capítulo 678

15 ene 2018

Blanca pide explicaciones a su marido de la medicación que toma, pero Samuel no le da respuesta, así que Blanca pide ayuda a Leonor. Víctor duda cómo comunicarle su marcha a París a María Luisa. Pero su prometida ya lo sabe y se encara con él ¿cuándo pensaba decírselo? María Luisa no atienda a razones y se marcha defraudada, dejando a su novio con la palabra en la boca.

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  1. Victoria

    1.113.000 espectadores y 9,4% de cuota de pantalla ... ¡Enhorabuena a todos los equipos que la hacen posible!

    16 ene 2018
  2. Vicky Andersson

    Ýo me pregunto cuando saldrà al aire todos los asesinatos de Ursula ... por ejemplo Pablo , su madre o es q ya hay q olvidarce de ellos? Poco triste yodos los q llegn y se van...

    16 ene 2018
  3. M. Eugenia

    Me encantó el desplante al coronel en La Deliciosa, solo me extraña lo de Don Ramón, no es su estilo, pero, ese ser despreciable se lo merecía. Espero ansiosamente que los guionistas encuentren la manera que aparezca alguna prueba que incrimine al coronelucho ese..- Por otro lado, espero que Victor tenga lo que debe tener bien puestos y se vaya a París a hacer su vida y progresar, seguro M:Luisa lo seguirá con el " rabo entre las patas"

    16 ene 2018
  4. Cris aguero

    amo la nueva forma de ser de samuel no le gustara a algunos pero a mi me encanto

    15 ene 2018
  5. L. Ruiz

    El guión de esta serie es un autentico caos. Personajes que aparecen y desaparecen sin aportar ningún valor a la historia, tramas no resueltas que se superponen unas a otras sin ningún sentido. Se lleva a los personajes a limites inauditos de arquetipos de maldad o bondad que los hace completamente increibles. Mala muy mala.

    15 ene 2018
  6. Saro

    El personaje de Samuel cada día me recuerda más a Fernando, solo que éste estaba manipulado por Cayetana y Samuel lo está por Ursula. Blanca tiene razón al decir que tanto a su madre como a su esposo solo les interesa el hijo que lleva dentro y hay que recordar que Ursula ya le había planteado a Olga "hacer desaparecer" a Blanca en cuanto tuviera al bebé (que es lo único que a Ursula le interesa). Mª Luisa siempre ha sido una niña egoísta y caprichosa y lo demuestra cada vez que las cosas no resultan como a ella le gustaría. Cada día me gusta más el personaje de Diego. Rosina es increíble, sus expresiones son únicas, sus frases y, con las ganas que tiene de "congeniar" con el marqués de Bolaños a fin de probar su "bólido", tiene "aturdido" a su esposo que, por cierto, sigue ayudando y preocupado por los acontecimientos ... y, aparte de lo especiales que son Sandra y Jorge como actores, es que están guapísimos y sus escenas son deliciosas pero, me faltan que aparezcan juntos y sus demostraciones de amor.

    15 ene 2018