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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 677 - ver ahora
Transcripción completa

Gracias a Dios.

"El carruaje ya estará en la calle".

Pues no le hagas esperar.

Perdona que yo no te acompañe,

pero sabes que no me gustan las despedidas.

Descuide, padre. Lo comprendo.

-"Estimada señora,

lamento no poder despedirme como debiera".

"Y le ruego que mantenga en secreto mi partida hasta que sea un hecho".

-"Adiós, hija mía".

Sé que nunca me perdonarás lo que va a pasar.

Soy consciente que este adiós será para siempre.

-"Mi hija ha muerto".

Este malnacido la mató... cuando la despreció.

Cuando la trató como una cualquiera y la echó de su lado.

-Contrólese, Úrsula.

-Haría bien en escucharle.

Yo no le hice ningún daño, no puedo ser responsable.

-¡¿Quién si no?!

¿Qué ha hecho?

-He tratado de fingir que era ciega, que no sabía las consecuencias.

Pero es mentira.

Es mentira. Sé lo que va a pasar.

Vámonos. Cochero, arranque, aún nos queda un largo viaje.

-Te equivocas. El viaje no será tan largo para ti.

De hecho, aquí ha llegado a su fin.

¡No, no, no, no, no, no! ¡Por favor, no dispare!

¡Adela!

(Disparo)

¡No! No.

-Pasen al dormitorio de la señora,

al fondo.

-Esta bala sí que llegará a su destino.

-No, no, no, no, no, Adela. ¡Adela!

"Vaya a la calle Acacias".

Busque a doña Celia Álvarez Hermoso y cuéntele todo lo que ha sucedido.

Que entierre a esta mujer.

Dígale que se lo ha pedido Simón Gayarre.

¿Seguro, Simón? Sí, sí. ¡Corra!

(Pasos)

(Llaman a la puerta)

(REZA)

¿Está usted sola con ella?

¿No prefiere contar con compañía?

¿Permitir la visita de las vecinas?

-Quiero despedirla.

No necesitamos a nadie.

-Lo lamento.

Lo lamento profundamente, madre.

Todo lo hice mal.

-El tiempo no vuelve atrás.

De nada sirve llorar por la leche derramada.

-Si yo hubiera logrado escapar de ella.

-Calla.

Respeta a tu hermana.

Es su momento.

Si quieres rezar, hazlo.

Y si no, déjame a solas con ella.

Debo rogar a Dios por su resurrección.

Dios, ten piedad. Acoge en tu seno a esta niña.

"A veces es imposible obrar sin causar daño, y esa culpa

me acompañará hasta la tumba".

"Por el daño que le hago a Adela, por el sufrimiento que le causo,

madre".

"Nada me hubiera gustado más que permanecer a su lado".

"Pero la vida me lo ha hecho imposible".

No me va a felicitar por mi cumpleaños,

madre?

-"Aunque había intentado negarte,..."

eres mi hijo.

Y te quería.

Te quiero.

Soy tan feliz de haber podido recorrer a tu lado

el camino hasta el altar.

-"Cuando lea estas líneas, ya estaré lejos,

al lado de Elvira".

-Pero ¿por qué?

¿Por qué me das un hijo

y luego me lo arrebatas, por qué tanto dolor?

(Se abre una puerta)

-Susana.

-Lo siento, Celia,... el negocio está cerrado.

-Vengo como amiga, no como clienta.

No sabía si debía darte yo la noticia,

pero veo que ya te has enterado de la marcha de Simón.

-¿Lo sabes?

-A mí también me ha dejado una carta.

¿Tienes algún sitio donde pueda prepararte una tila?

-No quiero una tila, solo quiero comprender por qué Dios y la Virgen

nos hacen pasar estas pruebas.

-Te lo he oído decir a ti mil veces, Susana.

Los caminos del Señor son inescrutables,

pero siempre son para bien.

¿Quién sabe lo que habría podido pasar si Simón

se llega a quedar en el barrio? -Mira la carta.

Estaba en la entrada de mi casa. La he leído mil veces.

-Simón y Elvira... no podían estar separados.

Ya desde el momento en que llegaron al barrio se comían con los ojos.

-Tanto que me costó aceptarlo...

y ahora lo pierdo.

-Susana, piensa que hay personas que...

están hechas la una para la otra.

-¿Y Adela? ¿Se podrá recuperar?

Temo que pueda hacer cualquier locura.

-Susana, Adela...

estaba al tanto de los enredos entre Simón y Elvira.

-¿Qué?

-Les vio subirse juntos en un coche.

¿Te acuerdas del día que Adela te dijo que yo le había mandado

fuera de la ciudad por negocios? -Sí.

-Pues era falso.

Ella...

Se fueron a pasar la noche juntos y lo descubrió.

-¿Y no dijo nada?

-No.

Prefirió cerrar los ojos a la realidad.

-Pobre Adela.

Siempre en su mundo de fantasías.

No la he visto en toda la tarde.

-Yo la he visto antes, y salía corriendo de Acacias.

No sé si iba buscándoles o no sé si sabía dónde iría

o dónde se encontrarían.

-Ay, Dios mío. Que no ocurra nada.

Prefiero no hablar...

porque no es momento de remover asuntos del "pasao".

Maldita sea su estampa.

-¿Habla usted de doña Úrsula? -¿Y de quién si no?

Esa no merece ni que la tratemos de doña ni que la tratemos con respeto.

Una Satanás es.

-Hoy vela a una hija, y eso es algo muy doloroso.

Sea quien sea, por muy malas entrañas que tenga

y por muy podrida que esté por los adentros.

-Aquí no importa la condición de cada una.

Está sufriendo como una madre. -Sí, como una madre

que ha matado a su hija con sus propias manos,.

Ni en los peores romances de ciego.

-Lo que he escuchado es que a la hija se le fue la razón

y quería atacar a doña Blanca. Fue en defensa propia.

-¿Y por eso había que matarla?

-Mil maneras hay de reducir a un enajenado.

-Bueno. Solo Dios sabe si había remedio.

Aunque, conociéndolos, mejor tenerlos lejos.

Desde luego que esa mujer no tiene ni pizca de humanidad.

-¿No sois capaces de poneros en el pellejo de una madre

que ha tenido que matar a una hija para salvar la vida de la otra?

-¿Pretendes que sintamos compasión por ella?

Por la única que lo siento es por la señorita Olga,

que la pobre ya por fin descansa en paz.

Que ser hija de ese monstruo es estar condenada.

-"Pa" chasco que sí. -Lleva ponzoña en la sangre,

que yo la conozco desde hace muchísimo tiempo.

Si no hubiera sido por ella, mi hija Cayetana

no hubiera acabado como lo hizo.

A saber lo que le hizo a la señorita Olga

"pa" que la pobre perdiera el oremus.

-A lo mejor no le hizo nada, a lo mejor es que solo

llevaba su misma sangre y, bueno,...

ya se sabe que todo se pega menos la hermosura.

-Doña Blanca también tiene su sangre y es buena persona.

-Bueno. Eso que sepamos.

-Nada tengo yo en contra de Blanca hasta que empiece a tenerlo.

Que todo lo que toca esa harpía acaba corrompido.

-Hablaban de lo ocurrido en casa de doña Úrsula, ¿no?

-¿Y de qué si no, "señá" Carmen?

-Hay "pa" hablar y no callar y seguir hablando.

-¿Cómo están doña Úrsula y doña Blanca?

-Pues la una ha perdido una hija.

Y la otra, una hermana. ¿Cómo quieres que estén?

Destrozadas.

¿Van a ir ustedes a encender una vela en nombre de los criados?

-Claro. Por su alma.

Para que alcance la paz que no tuvo en vida.

-A mí no se me ha perdido nada allí.

Esa tarasca ni siquiera rezó

por mí cuando murió mi hija. Lo mismo "pa" ella.

Es muy pronto para que te hayas ido.

Nos quedaba tanta vida.

Toda la que no habíamos podido compartir

desde que nos separaron cuando éramos niñas.

Santa Olga de Kiev.

Y San Moisés el Negro.

Siempre acompañan a nuestra madre,

pero... no conozco ninguna iglesia consagrada a ellos.

Pese a todo el sufrimiento,...

pese a la muerte,...

estás hermosa.

Perdóname.

Perdóname, Olga.

Por no haber sabido cuidarte.

Por no haberte hecho encontrar un lugar en este mundo

que te hiciera feliz.

(Llaman a la puerta)

-¿Te importa que pase?

-Me despedía de mi hermana.

Todo ha sido culpa mía. -No, no.

No te culpes.

Ha sido la enfermedad.

Algún día los médicos descubrirán sobre los desarreglos mentales.

Es una enfermedad del alma. No de la cabeza.

-Pero era mi hermana. Tenía que haberla cuidado.

-Blanca,... nadie es responsable de nadie.

¿Sabes algo de Samuel?

-El doctor ha querido que se quedara ingresado esta noche.

Mañana volverá a casa. Tenía que reposar.

-Blanca, tú también deberías reposar.

Recuerda que estás embarazada.

Tienes a alguien que depende de ti al que cuidar.

-Lo sé.

Me quedaré un rato con mi hermana y después me retiraré a descansar.

-¿Quieres que te acompañe?

-No, mejor no.

Preferiría quedarme a solas con ella.

-Como quieras.

Yo me voy.

Buenas noches. Pasaré a verte.

Mañana. -Gracias, Leonor.

Eres mi mejor apoyo.

¿De verdad no quieres venir? -No.

Lo siento por ellos.

Por Úrsula, por Blanca,... por Samuel, incluso.

Sobre todo por esa niña, por Olga, pero no tengo el cuerpo

para dar consuelo cuando yo misma no lo encuentro.

-¿Quieres que te acompañe?

Por la de Úrsula puedo pasar más tarde.

-No. Te agradezco tu disposición, pero...

prefiero ir sola.

Quizá Adela ya esté en casa. Ay.

Pobre muchacha.

Cuando pienso en ella se me saltan las lágrimas.

Tengo que pedirte un favor.

-Lo que quieras.

-No hables con nadie de la desaparición de Simón.

Tal vez así el coronel tarde en darse cuenta

que su hija se ha ido con él.

-Será difícil mantenerlo en secreto.

-Cada hora que lo logremos, servirá para que ese hombre

no les encuentre.

-Doña Celia.

Doña Celia, venga un momento, por favor.

-¿Qué ocurre? -Es que hay un cochero ahí que...

Prefiero que lo vea usted con sus propios ojos.

Usted...

prefiero que espere, doña Susana.

-¿Por qué, qué pasa? -Porque prefiero que lo vea primero

doña Celia, por favor.

-Dios mío.

-No, no, no, no. -¡Aparta, Servando!

-¡No, espere, doña Susana! -¿Qué pasa?

-Es terrible. -Celia.

¡Adela!

Adela.

¡No!

No.

(LLORA)

En este barrio tienen que estar las puertas del infierno.

Y las calderas del mismísimo Pedro Botero.

Cuánta desgracia junta. -Ni que lo digas, pobre Adela.

-Desde que salió del convento,

llevaba escrita la palabra "desgracia".

-Sus buenos momentos ha tenido. -Bueno, "prestaos".

Porque ni siquiera su marido fue solo suyo.

El hombre estaba siempre penando por la señorita Elvira.

Por cierto, ¿qué sabes de Simón? -Pues, que yo sepa, "na".

Le podrías preguntar a tu señora.

Que, al fin y al cabo, don Liberto y él son medio primos.

Lo mismo saben algo que nosotras no. -Pues sí.

Ya te aviso si me entero de algo, ¿eh? Bueno, a más ver.

-A más ver. -Casilda, ¿te vas?

-Pues sí, es que no me pagan por pegar la hebra.

Espera, que llevo varios días queriendo agradecerte

que nos ayudaras con Belarmino.

No sé cómo habríamos acabado Lolita y yo

si tú no llegas a llamar a la policía.

-Pues muy malamente, hijo mío. Como "tos" por estos lares.

Así que "na".

Que no hay de qué, hombre. Bueno, con Dios.

-Con Dios.

Espero que no pienses en mí mientras...

le das puñetazos a la masa.

-¿Qué pasa, que ya no me das un beso de buenos días?

Qué rápido se pierden las buenas costumbres.

-De buenos días, de buenas tardes,

cuidado, de buenas noches, lo que haga falta.

Lo que más me gusta en este mundo es besar a mi prometida.

-"Dos muertes violentas"

entre los vecinos en apenas unas horas.

Es dramático que ocurran cosas así.

-Este barrio es cualquier cosa menos tranquilo.

(Llaman a la puerta)

Iré a abrir.

Don Liberto. -Necesito hablar con ustedes.

-Pase.

Tenemos visita.

-Don Liberto, buenos días. ¿Un café?

-Se lo agradezco, pero realmente vengo buscando información.

Algo que nos permita saber qué es lo que ocurrió con Adela.

-Siéntese y le sirvo.

Es lógico que todo el mundo ande esperando saber algo.

-Supongo que sabe que el cochero trajo el cadáver de Adela a Acacias.

-Sí. Mi tía está destrozada.

-No me extraña.

Ella estaba...

conmigo en ese momento y,... aunque me avisaron a mí,...

ella también pudo verla.

-Yo bajé y el cochero me lo contó todo.

Él llevaba a Elvira

al convento. Y, en un cruce de caminos, apareció un hombre.

-Simón. -Eso es.

Habían quedado en encontrarse allí para partir camino a Barcelona.

Y allí coger un barco. Ignoro con qué destino.

Pero apareció un hombre armado

y obligó a Elvira a subirse al carruaje.

Parecía dispuesto a matar a Simón.

-Entonces, ¿se trata de un atraco?

-Más parece un matón a sueldo.

-Más parece.

Fue ahí cuando apareció Adela.

No se sabe qué hacía ahí ni por qué apareció en ese preciso instante.

Se puso de por medio y evitó que el criminal matara a Simón.

-¿A costa de su propia vida?

Dios mío.

-Hasta el último segundo de su vida, Adela lo dio todo

por Simón. No hubo amor más grande.

-Y más desgraciado.

Simón le pidió al cochero que trajera el cadáver de Adela.

-Debería haberla traído él mismo, en honor al sacrificio de su esposa.

-Anoche pensé en eso.

Puede que tuviera miedo de que atentaran

contra su vida o contra la de Elvira.

Habiendo intentado asesinarle sin éxito,

no era raro que intentaran acabar el trabajo.

-Esto solo ha podido organizarlo una persona, el coronel Valverde.

Tenemos que encontrar a ese asesino

y hacerle hablar. Que nos diga quién le pagó

para matar a Simón. -Está muerto.

Lo mató Adela.

-¿Adela?

Pues ahora sí que no entiendo nada, ¿qué hacía Adela allí?

¿Sabía lo que iba a ocurrir o qué? -Adela estaba muy alterada.

Yo la vi salir del barrio esa misma tarde y estaba muy nerviosa.

Quizá era eso. Quizá ella estaba al tanto

de todo lo que iba a ocurrir.

-Eso nunca lo sabremos.

-No. Que Adela estuviera allí, demuestra que no se trata

de un simple salteador de caminos. Detrás de todo esto

se encuentra el coronel.

-Muertos Adela y el asesino, no va a ser fácil demostrarlo.

¿De verdad son necesarias tantas preguntas en un momento como este?

Acabo de perder a una hija.

-Entiendo perfectamente el dolor

por el que está atravesando.

Pero las circunstancias de la muerte

me obligan a cumplir con mi trabajo y a esclarecer cualquier duda.

-¿No me va a dejar enterrar a mi hija en paz?

-Que descanse en paz es lo único que pretendo.

-¿Qué quiere? ¿Llevarme ante un tribunal?

-Sí, si sus respuestas no me convencen.

Usted no está por encima de la ley.

Así que haga el favor de responder a mis preguntas.

-Está bien. Perderemos el tiempo los dos.

Empiece con sus absurdas cuestiones.

-"Al parecer, ella dio su vida por Simón".

Se interpuso entre el asesino y él y se llevó la bala

que iba destinada para Gayarre.

-No lo entiendo. Su marido se iba con otra.

-El amor es muchas veces difícil de entender.

-No hay mayor sacrificio que entregar la pelleja

por la persona a la que amas. Pocos serían capaces.

-La verdad es que sí.

Yo creía que las intenciones de Adela eran otras.

-Muy pocos hubieran adivinado el final de esta historia.

-Lo que no me parece bien es que Simón no haya venido a despedirse,

a homenajearla por su sacrificio. -¿Para que lo rematen?

Hace bien en alejarse.

-¿Y se sospecha de alguien?

-Sospechar se sospecha, pero no tenemos pruebas.

Así que es mejor quedarse callado.

-Eso es, dejar que la policía haga lo que tenga que hacer.

¿Tú has visto a la abuela? -Sí.

Está destrozada.

No puede imaginarse cómo ha podido ocurrir algo así.

Lo único que le consuela es que Simón, al parecer, sigue con vida.

Menos mal que no trajo él el cuerpo de Adela.

Imaginaos si el coronel le ve junto a Elvira otra vez.

-Luego iremos a visitar a tu tía, a darle nuestros ánimos.

Pero antes quizá deberíamos ir a casa de doña Úrsula.

¿Alguno de vosotros ha ido a presentarle sus condolencias?

-No.

-Bueno,... Celia y yo

nos pasamos por su casa, pero estaba encerrada

con el cadáver de su hija.

A la única persona a la que deja entrar es a Leonor.

No quiere que aparezca nadie.

-Sí, Leonor estuvo con Blanca. Bueno, con las dos,

y las dos están destrozadas. -Normal.

Una hija y una hermana...

-Ahí viene Diego.

-Perdonen la interrupción.

Liberto, ¿le importaría hablar conmigo un momento a solas?

-No. Por supuesto que no.

Según sé,... Olga se llevó a su otra hija,...

a Blanca, y la mantuvo retenida.

-Así es.

No tengo nada más que añadir al respecto.

-Usted y Samuel fueron a buscarla al bosque de las Damas.

¿Cómo sabía que estarían allí?

-Pura intuición.

Conocía muy bien cómo funcionaba la mente de mi hija.

Cómo eran sus pensamientos.

Ese bosque era... familiar

para nosotras.

De la época de su niñez.

-Olga consiguió dejar inconsciente a Samuel.

-Sí. Le golpeó con una piedra.

En ese momento nos habíamos separado y no pude protegerle.

Cuando vi lo que Olga le había hecho

a Samuel, comprendí que la vida de mi hija Blanca

corría serio peligro.

Blanca,...

no sé si es lo mejor en tu estado

escuchar las preguntas del comisario.

-No tengo inconveniente.

Siéntese con nosotros y haga los comentarios que desee.

Doña Úrsula,... dice usted que volvió a por sus dos hijas.

-Así es.

Suerte tuve de encontrarlas a las dos.

Y a tiempo.

De no ser así,

Blanca no estaría sentada ahora con nosotros.

-Le salvó la vida a Blanca,

le arrebató el puñal a Olga. ¿Fue necesario darle muerte?

-Usted no sabe cómo fue.

¡No se puede amar al demonio!

(FORCEJEAN)

-Sí. Creo que sí lo sé.

Usted tenía el puñal. Olga estaba reducida y desarmada.

Y aun así la mató.

A sangre fría.

-Se equivoca, inspector.

Mi madre se abalanzó sobre Olga.

Forcejearon.

Y en la lucha, Olga resultó fatalmente herida.

Pero mi hermana nunca estuvo desarmada.

Si no hubiera muerto ella, la fallecida sería yo.

O mi madre.

-¿Fue así?

-Tal como se lo he narrado.

-En ese caso, todo queda resuelto.

Les ruego disculpas por las molestias.

En unos días, les pediré que acudan a comisaría

a firmar unos documentos.

No es necesario que me acompañen a la puerta.

Conozco el camino. Doña Úrsula.

-Voy con tu hermana. Rezaré por su alma.

Disculpe la interrupción.

Necesitaba hablar con usted. -No se preocupe.

¿Ha ocurrido algo?

Bueno, algo más, quiero decir, porque últimamente el barrio

es un hervidero de noticias.

-Estoy preocupado por mi hermano. ¿Ha podido ir a verle?

-Pues lo cierto es que no he tenido tiempo.

¿Está al tanto de las últimas noticias de Acacias?

Adela también ha sido asesinada.

-¿La esposa de Simón? -Ella misma.

Una emboscada contra Elvira y Simón,

que marchaban fuera de la ciudad, y bueno, un atracador de caminos,...

bajo órdenes de no se sabe quién...

les quiso matar y, Adela se llevó la peor parte.

-Lo lamento. ¿Simón está bien? -Sí.

Eso creemos, que consiguió huir, pero tampoco esperamos que regrese.

Al irse con Elvira, ambos están bajo pena de muerte del coronel,

ya sabe cómo se las gasta.

-Qué historia más triste y más rocambolesca.

-Sí. Ya ve que aquí no nos faltan preocupaciones.

Pero cuando tenga tiempo visitaré a su hermano.

Eso si no le han dado el alta,

porque me consta que no es nada grave.

-Tras la trasfusión, mi hermano me dijo

que no quería saber nada más de mí.

-¿Ve? Eso sí que es algo doloroso.

Los hermanos no deberían estar enfrentados.

-Eso pienso yo.

-Diego, ¿por qué no da usted el primer paso

y va a visitarle al hospital?

Tal vez sea lo que él necesita para hacer las paces definitivamente.

-No lo creo. Los dos somos muy tercos.

Debe ser una característica de los Alday.

-Hasta que uno tienda la mano...

y les haga recordar que son hermanos.

Hágame caso, inténtelo.

-Tal vez tenga usted razón.

Tal vez eso sea lo que tengo que hacer. Lo pensaré.

Gracias por darme su punto de vista.

Y lamento lo de Adela. -Le daré sus condolencias a mi tía.

Y ahora, si me disculpa, tengo que regresar con mi esposa.

Con Dios.

Que no.

Que no dice nada de la muerte de doña Olga, es que ni la menciona.

-¿Cómo no va a hablar? ¿No es una noticia de enjundia?

-Lo mismo doña Úrsula lo ha manipulado todo

para que nadie diga nada.

-¿Manipular un periódico? Eso no es posible, Martín.

Los periódicos no traen más que la verdad.

-Sí. Fíese usted.

La verdad en el precio y poco más. El resto, póngalo en duda.

-Martincico mío,

¿y no será que no sabes leer tan bien como dices?

-A palabras necias, oídos sordos.

-Que no me recupero. No se me va de la cabeza.

Vamos, no puedo ni dormir.

-Anda, Casilda, tráele un poquito de caldo

de la marmita, que eso levanta a un muerto.

-Si él lo quiere.

Hambrón.

-Es que es cerrar los ojos...

y ver ahí...

el cuerpo de doña Adela.

Desmadejadito en el carruaje.

-Usted no podía hacer "na", hombre.

No se fustigue más.

-Noticias frescas que le ha contado don Liberto

a don Ramón y doña Trini.

Adela recibió el disparo "pa" salvar a Simón.

-Pero...

¿por qué lo iba a salvar si sabía que él se iba a marchar con otra?

-Como lo cuentan los señores lo cuento yo aquí, Casilda.

-Mucho tenía que amarlo, mucho.

-Ya lo dice el decir,... hay amores que matan.

-Bueno, ¿y se sabe quién les perseguía?

¿Y por qué?

-Pues las sospechas van "pal" coronel.

El asesino era un secuaz suyo.

Pero lo cuentan con la boca chica. No vaya a ser que luego de eso "na".

-¿Y Simón no va a volver? Porque hay que tener cuajo

de dejarlo "to" atrás, ¿eh?

-Ese no vuelve ni aunque le echen un galgo.

Y hace bien, que vaya usted a saber lo que hace don Arturo

cuando se entere que su hija no va a conocer el convento.

-Eso si no se ha enterado ya y les está persiguiendo.

-Jesús, María y José.

Ni lo menciones.

-Martín mío, ¿qué lees tú ahí tan patidifuso?

-El Marqués de Bolaños

ha matriculado el coche a motor más veloz de España.

-¿Y qué es "matriculao"? -Que le ponen un número

"pa" que se sepa de quién es. -Pues vaya.

"Pa" tres que hay, como para perderlos.

Eso es trabajar para "na".

-Muy pronto habrá miles de coches. Los están haciendo a toda máquina.

-Dios no lo quiera. Echando humo

y atropellando a todos los paisanos. Donde se ponga un caballo...

-El coche le ha costado 17 000 pesetas.

-Arrea, qué barbaridad. Eso si tú lo pones en monedas,

y así, una tras otra en fila, puedes llegar a la Conchinchina.

-¿Tú qué sabrás dónde está la Conchinchina?

-Y alcanza hasta los 40 kilómetros a la hora, lo que le convierte

en uno de los vehículos a motor más rápidos de toda Europa.

¿Y "pa" qué quiere la gente correr tanto?

-"Pa" "na", que por mucho que una corra, la muerte siempre la alcanza.

Te dejo con mi hermano mientras me cambio de ropa.

-Pero no tardes, anda.

-Si quieres que esté guapa, tendrás que tener paciencia.

¿Y tú qué lees con tanta atención?

-El Marqués de Bolaños acaba de matricular el vehículo a motor

más rápido de España.

Sus 14 caballos le permiten alcanzar los 40 kilómetros por hora.

-Qué barbaridad. Eso le ha tenido que costar un ojo de la cara.

-17 000 pesetas. Quién las tuviera.

Vamos, yo no dudaba en comprarme una máquina de estas. ¿Tú no?

-Ni se me ocurre.

Vamos, yo al banco y, a plazo fijo. Se pueden sacar buenos dividendos.

-Cada día estás más insípido. Hasta se te nota en la cara.

¿Qué te pasa, tienes problemas?

-¿Y quién no los tiene con un negocio abierto al público, Antonio?

-Pues ya que hablas de eso,...

la verdad es que yo, desde que salí de la cárcel,

no hago nada.

Estoy cansado de estar todo el día mano sobre mano.

¿No podría recuperar mi puesto?

-No. Ahora mismo no te puedo ofrecer ese puesto de trabajo.

-¿No me guardarás rencor por haberme ido, Víctor?

Me fui a la cárcel. -No van por ahí los tiros, Antonio.

El problema es que no sé

durante cuánto tiempo La Deliciosa va a seguir siendo propiedad

de mi familia. -¿Qué?

-Lo que oyes.

Mi madre me ha escrito un telegrama. Diciéndome que tiene oportunidad

de comprar una importante fábrica de bombones en París.

Y que para eso tiene que vender el negocio.

-Pero ¿y tú,...

qué sería de ti?

-Yo dirigiría la fábrica.

-Intuyo que mi hermana no sabe nada de esto, claro.

-Ahí está el problema.

¿Cómo le vuelvo yo a decir que quiero que nos vayamos a París?

(SUSPIRA)

(Se cierra una puerta)

¿Quién es?

-Samuel.

¿Cómo estás?

-Perfectamente.

¿No han venido los vecinos

a presentar condolencias por la muerte de Olga?

-Lo han intentado. Pero mi madre ha preferido velarla en soledad.

Está con ella. -Mejor así.

-Samuel, quería...

agradecerte que fueras a buscarme al bosque de las Damas.

-Eres mi esposa. Y llevas a mi hijo en tu vientre.

He hecho lo que tenía que hacer.

¿Has podido dormir? -Poco. Pero me encuentro bien.

Quiero ayudar a mi madre a preparar a Olga.

-Esa no es tu obligación. Deja que ella lo haga con Carmen.

-Era mi hermana.

-Ocúpate de ti misma.

¿Te has tomado los medicamentos que te recetó el doctor?

-Los he tomado.

-No dejes de hacerlo.

-Veo que te han dado el alta.

-Así es.

¿Vamos a tener que soportar mucho más tiempo

el cuerpo de Olga en casa? -Samuel,...

está muerta. Ten compasión. -Ya sé que está muerta.

Pero me gustaría que tardara lo menos posible en salir de aquí.

-Mañana es el entierro.

No tienes por qué asistir si no lo deseas.

-No lo haré. Dígale a Carmen que me sirva un té en el despacho.

Pues espero haberla convencido, pero no me fío nada.

-Es normal que la abuela quiera preparar el cuerpo de Adela.

Estaban muy unidas. -Sí.

Pero eso puede afectarla mucho, y mi tía ya es una mujer mayor.

-A saber cómo le cuento yo

los planes de mi madre estando como está.

-A ver, tu madre tampoco te ponía en el telegrama

que la venta fuera algo definitivo.

-Era un telegrama, Liberto.

En los telegramas se escribe todo con muy pocas palabras.

No hay sitio para sutilezas.

Y mi madre ya me había hablado del negocio de los bombones.

-Ah, ¿y qué te contaba? -Que el negocio iba viento en popa.

Está viendo cómo aumentar la producción y reducir los gastos.

Y ya me insinuaba que la única solución

que se le ocurría era comprar una fábrica donde estuvieran

todos los procesos mecanizados.

-¿Y ya ha encontrado esa fábrica? -Eso parece.

Ahora mismo ofrece un sueño.

Dirigir una fábrica de bombones en la capital mundial de los bombones.

-Pues deberías dejar de lamentarte y alegrarte un poco.

El mundo es para los atrevidos que cogen las oportunidades al vuelo.

-¿Y mi abuela? ¿La dejo sola? Simón se acaba de ir.

-Tu abuela es fuerte como una roca, se repondrá.

Estoy yo aquí, no la voy a dejar sola,

no te preocupes.

-¿Y qué hago con María Luisa?

-¿Ves? Ese ya es otro asunto mucho más espinoso.

-Yo me casaría con ella y me la llevaría encantado.

La última vez que se lo propuse acabamos mal.

-Ya, si me acuerdo perfectamente de aquello.

Entonces, ¿qué, has contestado ya a doña Juliana?

-Le he mandado un telegrama de vuelta pidiéndole detalle.

-Pues paciencia, en cualquier momento te llegarán noticias.

-¿Don Víctor Ferrero? -Yo.

-Carta del París de la Francia.

-Muchas gracias.

Espere. Tome.

Parece que llegan las noticias antes de lo que yo pensaba.

¿Estás seguro de lo que dices?

-Me lo ha dicho Víctor hace... unas horas.

Su madre quiere vender La Deliciosa

para invertir en otro negocio. -Me resulta tan extraño.

Es un negocio de varias generaciones.

Creo que fue el padre de Ferrero el que abrió

la chocolatería, aunque quizá fuera su abuelo, no lo recuerdo.

-Y siempre ha sido un negocio muy sólido.

-Porque lo han gestionado bien.

Ni doña Juliana ni su hijo han escatimado...

fuerzas y energías en ese negocio.

Y, en el caso de una viuda

con un hijo, eso tiene doble mérito.

-Yo aprendí mucho...

del negocio cuando estuve trabajando con Víctor.

-Tomar nota de una comanda o servir,

no tiene nada que ver con el negocio.

Cuentas, proveedores, existencias,

personal,... -Pero usted me puede ayudar.

Y Lolita se basta para poner firme a un ejército de camareras.

-El negocio de la hostelería es muy complicado,

dejemos que se ocupe de él los que siempre lo han hecho, los Ferrero.

-Pero si ya le digo que lo van a vender.

-¿Qué? -Hablaré con Víctor.

Si su madre tiene dificultades financieras en París, pues...

quizá... yo pueda darle un préstamo.

O conseguirle un crédito a bajo interés en algún banco,

así no tendría que vender La Deliciosa y, así no tendría

que marcharse Víctor.

-Es un gran negocio, y haríamos muy mal en no quedarnos con él.

-Llegado el caso, ya lo estudiaríamos.

Por cierto,... ¿tu hermana sabe algo de todo esto?

-(NIEGA) Víctor todavía no le ha dicho nada.

¿Y bien?

-Pues léelo tú mismo, pero son los detalles que le pedí a mi madre.

Parece que la decisión está pensada, analizada y tomada.

-Hay que vender. -Dice que lo antes posible.

Mira.

"La fábrica de bombones es una magnífica oportunidad de negocio".

"Tiene varios pretendientes y, la única forma

de llevarse el gato al agua es no tener que firmar créditos o letras".

Aparecer con el dinero contante y sonante.

-Y para eso, hay que vender La Deliciosa.

-Aunque haya que bajar el precio por las prisas.

-¿Y no podrías convencer a tu madre?

-Pero si este negocio es suyo. Tiene todo el derecho del mundo

a tomar la decisión.

Y parece que ya ha empezado las negociaciones para la venta.

-Venga, anímate, Víctor.

A ver, el puesto de director en una fábrica de bombones francesa

es envidiable. -Eso es verdad.

Pero ¿qué hago yo con mi María Luisa?

-María Luisa ya no es ninguna niña.

Es una mujer adulta, y muy inteligente.

Estoy seguro que sería capaz de adaptarse a cualquier circunstancia.

-Dicho así,... ojalá fuera yo tan optimista como tú.

-Desgraciado, asesino.

-Tía.

-¡Canalla! -Deberían ingresarla.

Mejor un manicomio que un hospital. -Endriago.

-Tía, por favor. -Demente. ¡Criminal!

-¿No se iba a quedar en casa?

-No pude retenerla, ¿no lo ves? -¿Puedo marcharme ya

o esta mujer va a seguir soltando improperios?

-¿Van a dejar que este hombre, con las manos manchadas de sangre,

se vaya sin su merecido? -Susana, por favor.

-Coronel,... vamos a hacer una cosa: váyase.

-Estamos en la calle y la calle es de todos.

No solo de esta loca.

-Un respeto a mi abuela. -¡No vuelvas a tocarme!

-¡Bueno, basta ya!

-¡¿No tenemos bastante con estar de luto,

que tenemos que soportar más desgracias?!

-¿Luto?

¿Simón, tal vez?

-Ojalá pague por todo el daño que ha hecho.

¿Qué culpa tenía una niña inocente como Adela

de sus desvaríos? ¿Qué ha conseguido?

-¿Cómo que Adela?

-Su plan ha salido mal.

Pero nunca,... nunca jamás volverá a ver a su hija.

Ni a Simón.

-No entiendo.

-¿Que usted no sabía que Adela había muerto?

-Asesino.

(Llaman a la puerta)

Señora, disculpe que le moleste. ¿Quiere que prepare algún vestido

para que sea enterrada la señorita? -No.

Mi hija será enterrada con el sayo blanco.

-Quizá estaría más bonita con...

Perdóneme la señora.

Las estampas, ¿las quiere retirar o...?

-Quiero que estén en el ataúd.

Mi hija será enterrada con santa Olga de Kiev

y san Moisés el Negro.

Y ahora sal.

Ten piedad,...

oh, Dios, en tu bondad.

Por tu gran corazón,...

borra mi falta.

Que mi alma quede limpia de malicia.

Purifícame de mi pecado.

(REZA)

...y ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora...

Diego, por favor, recapacite.

Puede estar llegando a conclusiones precipitadas.

-No. Sé lo que digo.

-A ver,... vamos a tranquilizarnos.

¿Me va a contar qué ha descubierto que le lleve a pensar esto

punto por punto? -Está bien.

Trataré de tranquilizarme.

Es que ahora lo veo todo claro.

Ahora entiendo el cambio de actitud de Samuel,

y de ahí los problemas en el embarazo de Blanca.

-Explíquese, por favor. Desde el principio.

(REZA)

(REZA)

-¿Por qué me marcaste?

-(ASUSTADA)

-¿Qué?

-La señal de la pierna.

(GRITA)

¡No!

(LLORA)

-Señora. Señora, ¿qué le ocurre, está bien?

-Fuera de aquí. Vete.

Liberto me convenció para dar el primer paso.

Ir a ver a Samuel, para que notara que estaba preocupado por él.

-Buen consejo.

-Pero yo no sabía que a Samuel ya le habían dado el alta.

Quizá nuestros caminos se cruzaron. Él saliendo del hospital,

yo entrando...

Me encontré con un enfermero.

Uno de los que ya me habían tratado en el hospital.

Me reconoció y me dijo que había unos preparados

para llevar a casa de Samuel. Yo me ofrecí a hacerlo.

Pero no eran para Samuel. Eran para Blanca.

-¿Algo relacionado con su embarazo? -No.

Eran exactamente los mismos que me habían recetado a mí

por mi intoxicación por mercurio.

-Un momento,... no lo entiendo.

-Blanca también está intoxicada.

-Contagiada por usted, entiendo.

-Así es. Y Samuel lo sabe.

Es que ya ni siquiera se trata de la terrible sospecha

por la forma de contagio.

Es que quizá yo sea culpable

de que a Blanca y a su hijo les ocurra algo grave.

(Campanadas de duelo)

"¿Has reflexionado ya la respuesta a tu madre?".

-Como mi consulta con la almohada no ha servido de mucho,

me fui a hablar con mi abuela.

También piensa que, por mucho que le duela que me vaya,

es una oportunidad que no puedo rechazar.

Pero está María Luisa.

-Vamos a dejar a María Luisa a un lado.

¿Tú realmente quieres ir a París o no?

-¿Por qué se lo contaste a mi hermano antes que a mí?

-No se lo he dicho por gusto.

Vino a pedirme trabajo y tuve que hablarle de la posible venta.

-Esa es otra. Tu madre te dice que vendas y, tú ni te lo piensas.

A vender con los ojos cerrados. -Eso no ha sido así.

Le pedí que se lo pensara.

Que si había otra posibilidad. -¿Y qué te contestó ella?

Que no, ¿verdad? Cómo la conozco.

-"Tras el testimonio del cochero"

solo podemos afirmar que la señorita Valverde

y Simón Gayarre fueron asaltados en su huida a Barcelona.

La señora Gayarre trató de evitar la muerte de su marido

y lo pagó con su vida. Punto.

-Pero usted también conoce los intentos

del coronel de romper la relación entre Simón y Elvira.

No es muy difícil deducir que él organizó el asalto.

-Deducir, deduzco,

pero necesito pruebas.

Dentro del plazo que ha exigido ella,

debo hacerme con un caudal medianejo para poder pagar la boda.

-Me alegra sobremanera...

ver que te alegras y que empiezas a planificar tu vida

como un adulto. Mi propuesta...

es que trabajes en mi empresa como vendedor.

-"Sé lo que le sucede" a Blanca.

Sé que está tomando los mismos específicos que me salvaron

y, como bien sabes... -¡Fui yo quien te salvó la vida

con mi sangre! Y no vuelvas a pronunciar a mi esposa.

Escuchar su nombre de tus labios me repugna.

-Te estaba pidiendo entereza para afrontar la verdad.

-No puedes hablar de verdad, cuando solo te dedicas a mentir.

Déjanos de una vez en paz a los dos. -"¿Por qué me estás hablando así?".

-¿Pensabas que iba a seguir besando por donde pisas?

-Pero ¿a qué viene eso? -No quiero seguir hablando.

-Como prefieras.

Pero tengo derecho a saber qué compuestos estoy tomando.

-No seas impertinente.

¿Crees que iba a dejar que tomaras algo que afectara tu salud

o la del crío?

Es una fórmula que te aporta energía y evita que sufras esos mareos.

¿Alguna duda más?

-Ningún vecino va a aceptarlo. -Que viene, que viene.

-Buenas tardes, caballeros.

Iba camino del Ateneo, pero no me importaría quedarme un rato

de charla con ustedes.

Quizá me den alguna idea para la tertulia.

-"El cartero, al ver la sastrería cerrada,

me la ha dejado a mí.

-Servando, ¿quieres dejarnos ahora?

-Sí, sí, claro, señora.

Espero que no sean malas noticias, doña Susana.

-Servando.

-Sí, con permiso.

-"Toma este frasco".

Escóndelo en tu limosnera y ve a la botica.

Averigua qué tipo de compuesto es y para qué se utiliza.

Yo no puedo hacerlo sin que se den cuenta.

Me vigilan. Lo sé.

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  • Capítulo 677

Acacias 38 - Capítulo 677

12 ene 2018

Úrsula trata con distancia a Blanca, quien solo halla consuelo en Leonor. Susana lee la carta de despedida de Simón. Los criados se enteran de que el marqués de Bolaños tiene el primer coche matriculado del país. Martín se emociona con la idea de conducirlo. Víctor confiesa a Antoñito que Juliana quiere vender La Deliciosa para comprar una fábrica de bombones en París, y le pide a él que se haga cargo. María Luisa se entera también. Samuel regresa a casa, pero se muestra distante con Blanca. Diego descubre que Samuel sabe que el hijo de Blanca puede ser suyo, porque está intoxicada por mercurio. Susana se enfrenta a Arturo, que se entera de la fuga de Simón y Elvira.

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  1. Mercedes

    Podrá el amor propio del coronel tolerar su fracaso en el atentado contra Simón? imagino una próxima escena con el susodicho dándose un disparo en la sien y así " limpiar " su "honor".- Acostumbrados como están los autores de la serie a " eliminar " personas a destajo, bien podrían hacerlo una vez mas y " limpiar " Acacias de indeseables............

    14 ene 2018
  2. Este comentario ha sido eliminado

    13 ene 2018
  3. Laura

    Me permito comentar a Noelia que la televisiòn pùblica no puede actuar solamente segùn el mercado, el numero de espectadores y las ganancias por los insertos de la publicidad, sino que deberìa transmitir valores éticos y históricamente verdaderos.Una novela que presume mencionar la historia del pasado, que nombra personas que realmente existieron en el siglo pasado como reyes, doctores, escritores, actores, musicos, que a menudo se mencionan en la novela, también termina sugiriendo que en España en 1800-1900 los asesinos seriales quedaban impunidos (lo que pasa en esta novela con Ursula y Cayetana y en la de "Puente Viejo" con el personaje de Francisca) y eso no es bueno por los jovenes que miran la televisiòn en la tarde (desde Italia)

    13 ene 2018
  4. Noelia

    1.214.000 espectadores y un 10,3% de cuota de pantalla ... supongo que ésto quiere decir algo. Ayer pudimos disfrutar de otro gran capítulo, que sirvió para el lucimiento de todos y cada uno de sus actores aunque, como ha comentado Saro, Liberto tuvo un importante papel en la ayuda a todos. ¡¡¡Enhorabuena a todo el equipo que compone Acacias 38!!!

    13 ene 2018
  5. Laura

    Ursula ha matado a sangre fria mas de 10 personas, entre los cuales un pobre niño ciego y su propia hija por exceso de defensa propia, como puede salirse con la suya y no pagar por la Justicia? (desde Italia)

    13 ene 2018
  6. Martha

    Vi los avances de la proxima semana y va a ser aburridisima, me saltare esa semana

    13 ene 2018
  7. Adrian

    Es una serie que ya me aburre por lo simplista del guión y comentando la misma con amigos, varios ya la han dejado de ver, lo mismo que he hecho yo.

    13 ene 2018
  8. Saro

    Hoy el capítulo ha girado en torno a Liberto, él ha sido el centro, a pesar de todas las vicisitudes de un capítulo que vuelve a ser extraordinario. El personaje de Liberto siempre ha sido sensato, atento con todos, sincero, amigo de sus amigos y los consejos que da son siempre acertados; especialmente hoy ha estado muy interesado por los acontecimientos y ha demostrado, una vez más su lucidez, buscando información acerca de lo que le pasó a Adela; consolando a su tía; aconsejando a los hermanos Alday (hoy a Diego); tratando que Víctor tome la decisión más acertada sobre su futuro ... pero, de todo lo que hizo y dijo Liberto, lo más bonito ha sido: "y ahora, si me disculpa, tengo que regresar con mi esposa" ... ¡¡grande Liberto y extraordinario Jorge!!

    13 ene 2018