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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 674 - ver ahora
Transcripción completa

Entonces, ¿el comisario no ha conseguido que Belarmino confiese?

-Me temo que no. Pero eso ahora nos ha de dar igual.

Nosotros tenemos que preparar el juicio que se va a celebrar mañana.

Sabes lo mucho que te juegas, ¿no?

Ese niño es lo que más deseo en el mundo.

Y nada me dolería más que perderlo.

Me faltó tino para acabar contigo.

Y después hubiese ido a por madre.

No pienso abrir la boca ni mover un dedo

si no destruyes antes la declaración que tu padre escribió en mi contra.

Nadie... va a venir a salvarte.

Nadie. -"Tiraría mi vida por la borda"

si esa declaración sale a la luz. Quémala.

Y te diré dónde encontrar a Blanca.

-No la necesito. -"Voy a fugarme con ella".

Vamos a huir juntos para intentar ser felices lejos de aquí.

-¿Está seguro?

-Sí, es hora de ser honesto conmigo mismo y dejar de vivir

en una mentira.

-Pues en ese caso... le deseo suerte.

-"Si Elvira sigue metiéndose"

en mi matrimonio, pagaré tres cuartos al pregonero.

No habrá sitio en el país donde esconder su vergüenza.

-Le juro que tomaré medidas contundentes.

-"Te odio, Diego".

Lo has arruinado todo.

Siempre lo arruinas todo. Toda tu miserable vida

arruinando la de los demás. -Deja que te ayude a encontrarla.

-No. Yo encontraré a mi esposa, ¿me oyes?

Lo último que necesito es tu ayuda. -¿Te duelen las muñecas?

¿Quieres que te afloje un poco las cuerdas?

-Por favor.

-Sé que tú no tienes la culpa.

-Gracias.

-No te quejes. Tampoco estaban atadas tan fuerte.

-Pero no estoy acostumbrada.

-Lo siento.

No quería hacerte daño.

¿Quieres algo de comer?

-Sí. Estoy hambrienta.

-Es caldo. Caldo claro.

Un hueso,... unas pocas hierbas y nada más.

-Me sabe a gloria.

Cuando lo termine... podríamos volver a casa.

-No.

¡No!

-No le diremos a nadie que estuvimos aquí.

Diremos... que queríamos pasar unos días en el campo.

-¿Y nadie va a saber nada?

-No. Solo que hemos hecho cosas de hermanas.

Olga, no se lo diremos a nadie.

¿Eh?

Tú y yo tenemos que estar juntas. Tenemos que protegernos.

Y ayudarnos.

-¿Nadie va a saber nada?

¡¿Te crees que soy estúpida?! -Olga,...

¿por qué me haces esto?

-Eres idiota.

Una ingenua.

-(GRITA)

-Mi hijo.

Mi hijo.

-La vida es cruel,... Blanca.

Y si no lo sabes, yo te lo enseñaré.

Levántate, anda.

Y descansa.

Mañana te voy a llevar a un sitio.

-¿Adónde?

-A un lugar... que me trae muchos recuerdos.

Seis. Me como esta...

y, por si no te has dado cuenta,

cuento 20 más.

Te como esta,... y 20 más.

Y ahora,... 10

y casa. -A ver, a ver, no puede ser.

-Cuenta tú mismo. -No me hace falta contar.

Has tenido mucha suerte.

-¿Suerte? -Sí.

-Liberto, te he ganado ya 30 veces. Me debes 30 pesetas.

¿Cuándo vas a dejar de decir que ha sido suerte?

-Es que es un juego tonto.

No hace falta saber, simplemente sino que te salgan los dados.

-¿Ah, sí? Pues gáname tú, ¿no te digo?

¡Casilda!

¿Qué me contabas de Samuel y Blanca, por cierto?

-Ah. Pues nada, eso, cariño,

lo que te decía, que Samuel no encuentra a Blanca.

-Pero... a ver si le ha pasado algo.

-Eso es lo que no sabe.

-Es que en esa familia...

pasa de todo: desapariciones, enfermedades.

Aunque no me extraña, estando Úrsula de por medio.

-Esa mujer no me da buena espina. -Y eso que apenas la conoces.

(Llaman a la puerta)

¡Casilda!

Ve a abrir, Liberto, que debe ser Leonor.

-Voy.

-Si me sale otro seis, es que me estás ayudando desde el cielo

a ganar, ¿eh, Maximiliano?

(RÍE)

Gracias.

-Tenemos visita. -Ay. Susana.

-Perdonad la hora, pero no quería irme a casa

sin consultaros una cosa.

-Ah, pues somos todo oídos.

-Víctor me ha propuesto que haga una reinauguración

de la sastrería. Pero no sé si es buena idea.

-A mí me parece perfecto.

-Claro, a mí también. Ten en cuenta que con la de rumores

que ha habido últimamente, la gente pensará que es Úrsula

la nueva propietaria de la sastrería.

¿Y quién va a entrar a comprarse ropa con semejante reclamo?

-¿Y si vuelven las habladurías? -Pues que vuelvan.

A la gente se le olvidará en unos días.

-La gente es muy mala. Nosotros también a veces hemos sido...

Pero que Dios nos perdone. -Bueno, da igual.

Si dejáramos de hacer las cosas por el qué dirán, no haríamos nada.

Así será una buena ocasión para ponerme otra vez el vestido verde.

Aunque se me ha quedado grande. Tienes que tomarme de la cintura.

-Póntelo, te cojo la medida y me lo llevo.

-Ah, bueno, pues ahora mismo.

-En realidad, quería hablar contigo, Liberto.

Samuel...

Espero que sepas hacerlo bien.

-"A usted no le voy a mentir, tieta".

Es Rosina quien está detrás de la recompra de la sastrería.

-Seguro que te costó convencerla. -Se equivoca.

Fue idea suya, ella se encargó.

-Pero ¿y por qué?

-Por amistad.

Rosina le tiene mucho más aprecio

de lo que usted imagina. -Y yo a ella.

Pero no voy a abusar. Le devolveré hasta el último céntimo.

Ya veremos la forma de cómo le devuelve el préstamo.

A ver si la sastrería recupera el trabajo

y usted hace frente a los pagos.

-Las piedras que se cosieron en el manto papal, ¿se podrían vender?

-Sí,... pero si usted vende con prisas, no va a sacar

ni la mitad de lo que valen.

-¿Crees que los Alday se aprovecharían de mi necesidad?

Los Alday son gente honesta.

Pero es mejor encontrar una mejor situación.

-Tú tienes buena relación con Samuel.

Podrías proponerle que me las compre.

-Lo haré, pero no tenga usted prisa.

Samuel está preocupado con otros asuntos

y a Rosina no le falta el dinero.

-No me gusta andar con deudas. -Tan solo será por unos días.

No se apure por eso. Una cosa sí le voy a pedir,

que sea discreta con Rosina.

Que no se entere de que usted fue la que adelantó el dinero.

-Lo haré porque me lo pides, porque le daría las gracias de rodillas.

-¿Ves?, me sobra un poquito. Te he traído alfileres.

-Eres... preciosa. -Gracias, gracias.

Uy, sí, sí, pero suéltame,

¿qué va a pensar mi marido?

-Rosina,...

Lolita, ¿qué haces a estar horas?

¿No serás "sobámbula"?, como decía mi hija de niña.

-Perdóneme, don Ramón, ¿no le habré despertado?

-No, no podía dormir.

-Ni yo tampoco, que estoy muy nerviosa.

Es que tengo los nervios de punta. Y me ha dado por limpiar.

-A mí me pasa lo mismo.

Me da miedo hasta cerrar los ojos.

Anoche soñé que declaraban culpable a Antoñito.

-No lo diga, a ver si se va a cumplir.

-A una cárcel de África lo mandaban.

-Dios no lo quiera, madre del amor hermoso.

-¿Quieres un jerez? -Lo que me faltaba.

No, no, quite, quite. Y usted tampoco debería.

Si quiere, le preparo una manzanilla.

-¿Qué, habéis convocado una reunión y no nos habéis invitado?

-¿Vosotras tampoco podéis dormir?

-Cada vez que cierro los ojos me imagino a mi hermano

con el uniforme de preso.

-Uy, qué mala imagen, señorita.

-No podemos estar así. Que seguro que Antoñito está durmiendo.

-Eso es verdad. A mi hermano nada le quita el sueño.

-Lo mismo esto sí. Seguro que se ve en África,...

y con una bola de hierro en el pie.

-Uniforme a rayas,

bolas de hierro en los pies,...

pero ¿queréis dejar de decir enormidades?

-Además, tampoco podemos estar todo el rato imaginando a Antoñito

con el cepo al cuello.

Lolita, ¿tú sabes jugar al cinquillo?

-Fui tres años campeona de Cabrahigo.

-Pues hasta que nos entre el sueño. Ramón, querido, acerca el anís,

que hoy hay timba.

¿Volvió Samuel anoche?

-Acabo de pasar por su habitación. Está vacía y la cama intacta.

¿Cree usted que habrá encontrado a doña Blanca?

-Habría vuelto.

Algunas personas son así.

No importa lo que se les haga, lo que hayan sufrido.

Al final siempre vuelven. -¿Por qué?

-Lo ignoro.

No somos tantos los cristianos que estamos dispuestos a luchar

por nuestra libertad y no permitir que nadie nos pise.

Trae más.

Con leche.

(Se abre y cierra una puerta)

(Pasos)

-Dígame de una vez lo que sabe.

-Deberías tranquilizarte.

Carmen ha ido a por más té,

te vendrá bien para templar los nervios.

-¡No juegue conmigo!

-¿No te enseñaron educación de niño?

Nunca es tarde, aunque ahora te costará más aprender.

Si quieres hablar conmigo,... siéntate

y compórtate. -¡Ya está bien!

-Era la cubertería de la familia Alday.

Nunca me gustó demasiado.

-Si no me cuenta dónde está Blanca, usted es la siguiente.

-Es tu esposa,

eres tú quien debería saber dónde se encuentra Blanca.

Oh, perdona,...

que nunca has sabido controlarla.

Siempre ha hecho lo que le ha venido en gana.

Ha entrado y salido, a saber con quién, y qué más habrá hecho.

-¡Se acabó! -Suéltame.

He dicho que me sueltes.

-Samuel, no haga locuras. -¡Tú no te metas!

-Lo último que me faltaba por ver de un Alday.

Agredir a una criada.

Antes solo las ultrajaban. -¡Hable de una vez,

maldita bruja! ¿Dónde está Blanca? ¡¿Dónde está Blanca?!

-¡Pare, pare, que la va a matar!

-Mátame si quieres.

Me llevaré el secreto a la tumba.

-Usted sabe dónde está.

-Y no diré nada...

hasta que no hayas quemado la declaración de tu padre.

¿Qué haces, Casilda?

-Lola,... he encontrado la manera de hacer que Virginia aparezca.

Dejando cebo.

-¿Como a los pescados? -Verbigracia, que diría Servando.

-Pues o te explicas... o no me entero.

-Lola, es bien sencillo.

A la niña le encantan los dulces de Navidad, ¿no?

Pues entonces aparecerá detrás de ellos.

Como los gatos al olor de la sardina.

-Vamos a ver, Casilda.

¿Tú no has escuchado el cuento de los niños

que van dejando migas de pan para encontrar el camino

de vuelta a casa? -No.

-Nunca lo encontraron porque los pajarillos se comieron las migas.

-¿Y qué pasó?

-Pues que acabaron en casa de la bruja.

-Pero no, hombre, ¿cómo los pajarillos se van a comer esto?

-No, pajarillos no, pajarracos.

¿Te crees que los mendigos no se van a comer tus cebos?

-¿Del suelo? Mira que lo dudo. -Ya lo verás.

-Que no, Lola. Que no, mujer, que no se lo van a comer, hombre.

No se lo van a comer los pajarillos,

que esto es un plan muy bien pensado.

Oye, y dime, el Antoñito... Hoy es el día del juicio, ¿no?

-No he pegado ojo en toda la noche, "preocupá". Bueno,...

ni don Ramón, ni doña Trini, ni la señorita María Luisa.

Jugando al cinquillo para que pasaran las horas.

-Va a salir en libertad. Tengo el presentimiento.

-Ojalá que sí, Casilda.

Pero como le declaren culpable, yo robo el tren de correos.

Si se lo llevan para África, que me voy detrás.

-Arrea.

-Mira, Lolita, que me lo ha traído un cliente.

Indulto para 11 presos antes de fin de año.

-¿Qué?

Es por delitos leves.

-Pues es perfecto para el Antoñito.

Él no ha matado a nadie.

-Que no, que a él le acusan por estafa grave.

-Y entonces, ¿qué es un delito leve?

-Pues qué sé yo,

será robar para poder comer, digo yo.

-Robar para poder comer.

Pues entonces... Entonces...

sirve para los padres de Virginia.

Ay, Dios mío, tengo que encontrar a la niña.

-"¡Diego!".

Diego, ¿está aquí?

Diego. -Felipe.

¿Qué hace aquí?

-Arriba. Menos mal que he venido.

¿Qué le ha pasado? Vamos.

-Creo que me he desmayado, no lo recuerdo mucho.

-No debió salir del hospital, y mucho menos montar la trifulca

que montó con su hermano en plena calle.

-No voy a volver al hospital, tengo que ir a por Blanca.

-¿Qué? No va a encontrar a nadie en su estado.

Le tienen que atender.

Yo voy al juicio. Después iré a verle.

-No. -¡Diego, basta!

Es usted un irresponsable.

¿Sabe lo que hizo su hermano por usted?

Puso su vida en juego. -Lo sé.

Y sé que si volviese a necesitarlo, esta vez él no me ayudaría.

Pero en mi estancia en el hospital...

es como si solo tuviese un pensamiento.

Un solo recuerdo que me mantenía vivo,

Blanca.

Por eso tengo que encontrarla.

-Para luchar por ella, primero tiene que reponerse,

y la única forma es sometiéndose al tratamiento que le han marcado.

-Tengo que protegerla. Olga podría hacerle daño.

-¿Olga?

¿Y qué gana ella con el dolor de Blanca?

-Felipe, yo solo estaba con Olga porque me recordaba a Blanca.

Temo que ahora ella quiera vengarse de Blanca.

Por eso tengo que protegerla.

-Diego, así no puede.

-Yo no he vuelto de la muerte para ver marchar a Blanca lejos de mí.

Si ella muere, yo lo haré con ella.

-Haga usted lo que quiera. Yo me tengo que marchar.

Después piense si merece la pena desperdiciar

las segundas oportunidades que la vida nos da.

Bollos recién hechos.

No vas a encontrarlos mejores en toda la ciudad.

-Te lo agradezco, pero no tengo apetito

y apenas he dormido dos horas.

Ni siquiera el anís ha hecho que me entrara la modorra.

-Pues va a ser un día largo y duro. Más vale que estés preparada.

-Con el té me basta. Y en todo caso,

cuando termine el juicio, si el resultado es feliz, lo celebramos.

-Perfecto.

Nos vamos a un restaurante y comemos ostras con champán.

-Y foie de oca. No hay nada que me guste más.

-Pues un kilo de foie de oca te voy a encargar.

-Bueno, me voy a casa, que mi padre estará nervioso y a punto de salir.

Acuérdate de llamarnos cuando tengas noticias del juicio.

-Raudo y veloz.

Suerte. -Gracias.

-Hombre. -Buenas.

-Mira, aprovecha que María Luisa no tenía apetito.

Recién hechos están.

-Los bollos de la prometida, supongo que no habrá de mejores.

-Eso no lo dudes.

¿Chocolatito? -Por favor, sí.

Aunque mejor me vendría una copita de ojén.

No te la pido por las horas que son.

-Niña,... un chocolate para el caballero.

El viaje de negocios, ¿cómo ha ido?

-No ha habido viaje de negocios. Era falso.

-¿Cómo?

-He pasado la noche con Elvira.

-Cuando dices que pasaste la noche con Elvira,...

significa lo que creo que significa. -Sí, sí, eso mismo.

-Ahora entiendo lo de la copita de ojén.

¿Y Adela?

-Lo sabe.

Nos vio subir al coche. Doña Celia me lo ha confirmado.

Pero no reacciona, Víctor.

Ni siquiera me ha reprochado nada.

-A mí María Luisa me mata con sus propias manos por algo así.

-Yo también estoy desconcertado, créeme.

Hasta mintió para que mi madre no se enterara.

-Pero tendrás que hablar con ella. -Ya lo he intentado.

Créeme, lo he intentado pero es imposible.

Se cierra en banda como si nada ocurriera, como...

si fuésemos... el matrimonio más feliz del mundo.

Se niega a ver la realidad y se escuda en su mundo de fantasías.

Y teje patucos.

Cuando la conocí, antes de empezar nuestro noviazgo,

me di cuenta de sus mentiras, pero pensaba que se había terminado.

-No sé si felicitarte por tener una esposa que no te hace reproches

o compadecerte por su cerrazón.

-Siento que la he traicionado.

Incluso por encima del hecho de haber pasado la noche

con otra mujer, he faltado a la promesa de cuidarla para siempre.

Gracias.

-¿Me dejas que te diga lo que pienso?

-Claro. Claro, por favor.

-Creo que tus lamentos no son sinceros.

Tú sabes que vas a acabar con Elvira.

Sin remedio.

-Pero Adela es mi esposa.

-Por eso deberías hablar con ella cuanto antes.

Y hacerle el menor daño posible.

Tienes que asumir que solo hay un final para esta historia, Simón.

Y yo creo que es terminar con Elvira.

-¿Y qué hago, fugarme con ella?

-Eso lo tendrás que decidir tú, digo yo.

Ramón, así no puedo ponerte la corbata derecha, por favor.

-Ya está derecha. -No lo está.

Ahora ya sí. -Lolita,...

¿no ha llegado don Felipe?

-Doña Celia me ha dicho que ha salido,

que luego venía para acá.

-Esperemos que no desaparezca otra vez.

-Ay, Ramón, no seas agorero, por Dios.

-Estoy sin vivir en mí.

No dejo de pensar en mi hermano y en que no acabe en África.

-Y dale con el África negra.

Mira, esos serán Celia y Felipe. Lolita, ve a abrir.

Ramón, tú tranquilo, por favor, ¿eh?

Tranquilo y sereno.

Que con nervios y agobios no vas a conseguir ayudar a Antoñito,

vas a empeorar su situación.

-Tienes razón, que me vea entero, pase lo que pase.

Felipe, por fin. -¿Listo, don Ramón?

-Listo. Vámonos.

-¿Habéis conseguido dormir?

-Nada.

-Bueno, hemos pasado la noche jugando al cinquillo.

-Nos vamos, no queremos llegar tarde.

-Es una lástima que no puedas venir.

-A mí me lo va a decir, don Ramón.

-En cuanto sepamos algo, llamaremos a La Deliciosa para que os informen.

-Ya he avisado a Víctor para que nos den noticias en cuanto llamen.

-Vamos. -Don Felipe,...

haga lo posible

y lo imposible por sacar a Antoñito de la cárcel.

-Tranquila. No te voy a defraudar. Con Dios.

-Mucha suerte.

Servando,... ¿qué hace usted aquí, no tendría que estar en la portería?

-Siguiendo el cuerpo del delito.

Alguien ha tirado trozos de roscón...

por el suelo y las pistas me conducen hasta este altillo.

-¿Y qué?

-Pues que, aparte de que se nos puede llenar todo esto de ratas,

los mendigos se han pegado un festín, por no decir

que lo han dejado todo perdido.

-He sido yo.

-¿Y cómo has hecho eso, insensata?

-Pues... por si así aparecía

la niña Virginia siguiendo las migas de roscón, como le gusta tanto.

-Ya. Pues se las han comido todas los mendigos.

Déjate de hacer experimentos.

Y de ensuciar el barrio. Mira que te pongo

a fregar la calle entera. ¿Ha quedado más roscón?

-Sí, un pedazo.

Pero Servando, que no es para usted, ¡que no, no, no!

-Después de todo lo que he hecho por ti, desagradecida.

-Desde luego, Servando, que...

Bueno, vamos a ver. ¿Se ha enterado usted del indulto ese?

Me ha dicho la Lolita que para Antoñito no sirve,

pero sí se podría usar para sacar de la cárcel a los padres de Virginia.

Total, ellos...

no han robado nada más que comida. -Ya.

¿Se lo has preguntado a la señorita Leonor?

Que ella sabe más de leyes que muchos leguleyos.

-Sí, sí. Ha ido a enterarse. -Ah.

Pues... cualquiera sabe.

Lo mismo los gobernantes tienen indultos

para sus amigos.

-Hola. -Virginia.

Pero bueno, ¿dónde te habías metido, eh, dónde estabas?

-Escondida.

Por si me llevan a un orfanato.

-Pues que sepas que hemos estado todos muy preocupados.

-Lo siento. Tengo hambre, Casilda.

-Bueno, pues... vamos a casa de doña Rosina,

y te pongo un plato bien grande de lentejas.

Y luego, de postre, roscón.

Pero Virginia, tú me tienes que prometer una cosa.

No te vas a volver a escapar, ¿verdad?

-Lo prometo.

-Venga. Pues cojo la capa y vamos.

Venga.

Servando, termíneme usted de pelar las patatas.

Y tiene ahí roscón en la cesta, si luego quiere coja.

Vamos.

-Sí, patatas.

Señor.

Le traigo un café.

-No he pedido nada.

-Quería hablar con usted.

-¿Qué quiere? -Se lo ruego,

haga caso a doña Úrsula.

-La envía ella. -No.

Pero sé el daño que la señorita Olga puede hacerle a doña Blanca.

Tiene que impedirlo.

Y sabe que nada de lo que usted haga en contra de doña Úrsula

va a lograr que cambie de opinión. Ni matarle le serviría de nada.

Hasta que no le entregue ese papel,...

no le dirá dónde está su esposa.

-En esa declaración está la voluntad de mi padre.

-Ni siquiera sabe si su padre despertará algún día.

Y su esposa y su hijo están en peligro.

Reaccione, por el amor de Dios.

-Fuera.

-¿Ya te lo has pensado?

-Usted gana.

Le daré la declaración.

-Ganamos los dos.

-¿Dónde está Blanca?

-El papel.

-Espero que mi padre me perdone.

-Vamos, hay un carruaje esperando.

-¿Dónde vamos? -Al bosque de las Damas.

Solo espero que cuando lleguemos, no sea demasiado tarde.

Están en la cabaña de Tomás.

-Se lo dije y lo negó. Me dijo que mandó un campesino para ver.

Es usted una bruja, es una víbora capaz de jugar

con la vida de su propia hija.

-¿Quieres encontrarlas o prefieres discutir conmigo?

¿Y mi hijo?

-El juez ha decidido que Belarmino y él respondan por turnos.

No quiere espectáculos ni peleas.

-Pero ¿eso es bueno o es malo?

-Ya veremos cómo se desarrolla el juicio.

Usted tranquilo.

Siéntese, don Ramón.

-Don Felipe, proceda.

-Don Belarmino,... le recuerdo

que está usted bajo juramento desde que ha entrado usted en esta sala.

¿Cómo conoció a Antonio Palacios?

-Por casualidad, en la chocolatería La Deliciosa.

En la calle Acacias.

Ese pájaro era...

camarero o encargado, no sé, algo así.

-Le ruego que trate con respeto a mi cliente.

-¿Con respeto? Menuda pieza.

¿Se han enterado de que vendió la Estatua de la Libertad a un incauto?

Y el puente de Brooklyn.

Y dicen que se estaba preparando para vender la Torre Eiffel.

-Conteste a lo que le pregunte.

-En qué momento me crucé con él. -Señor juez, por favor.

-Conteste a lo que le pregunten o le sancionaré.

-Sí, señor juez. Me ha hecho tanto daño, que...

-Usted le propuso construir monumentos para los caídos.

-Fue él. Lo mismo que hizo en América.

Estafar a los ingenuos.

A mí el primero. -¡Mentira!

-Silencio.

O calla o será expulsado de la sala.

-Perdón, perdón.

-Yo pensaba que era un negocio limpio,

que construiríamos el monumento.

Claro que no sabía que me las tenía con uno de los peores delincuentes.

-Señor juez, voy a demostrar que este hombre miente.

A los cargos a los que se enfrenta, tendremos que añadir el de perjurio.

-Digo la verdad, señor juez.

Yo fui el primer estafado por ese tal

Antoñito. Bueno, el primero no.

Que en América está demostrado que hizo de las suyas

con unas inversiones en bolsa, con los seguros de muerte.

Se lo ruego, señor juez, hay que sacar a ese facineroso de la calle.

Doña Susana, ¿le gusta?

-Precioso.

Sabes que me gusta todo lo que bordas.

Que es un primor.

-Buenos días. -Buenos días.

Mira lo que está bordando Adela.

Yo creo que está en estado de buena esperanza y no te lo quiere decir.

-Doña Susana, no diga eso.

-No, todavía no, no lo está.

-No, pero pronto, muy pronto.

¿Quién sabe si la semilla ya ha prendido?

-Como lo sepáis y me lo estéis ocultando, me voy a enfadar, ¿eh?

-Usted será la segunda en saberlo, después de mí, claro.

Y tú, cariño, el tercero, después de tu madre.

-Ayer estuve hablando con Liberto y Rosina.

Voy a hacer caso a la idea de Víctor.

Vamos a reinaugurar la sastrería.

-¿Cuándo? -Hoy mismo.

Ayer envié las tarjetas

para anunciarlo a los mejores clientes.

-¿No es un poco precipitado?

-Vamos a reinaugurar, y lo voy a decir a los cuatro vientos.

Y al que no le guste, que se compre la ropa en otro sitio.

Quiero que todo el mundo sepa que estoy muy orgullosa

de tener un hijo tan recto y tan honesto.

-Madre, no creo que eso le importe a nadie.

Lo que importa es vender vestidos y trajes.

-Todo importa, Simón.

Cómo me hubiera gustado hacer coincidir la celebración

con el anuncio de mi embarazo.

-Ojalá hubiera podido ser.

-Perdón por molestar.

Le he visto desde fuera, Gayarre. ¿Ha ido al banco?

-Sí.

Sí, sí, tengo aquí los impresos.

Vamos a rellenarlos.

-Perfecto.

-Mucho haces trabajar a Simón, Celita.

Mira que hacerle pasar noches fuera de la ciudad por negocios.

No me extraña que luego no cumpla como debe.

Y mi nieto se me retrasa.

-Simón cumple como el que más.

El Señor no ha querido concedernos descendencia todavía.

Pero falta muy poco, ¿a que sí?

-"Sí, es cierto que yo firmé los contratos,"

pero lo hice prácticamente obligado.

Belarmino cada día ponía una excusa para que apareciera yo solo

en los papeles. -¿Qué tipo de excusas?

-Pues... reuniones con el marmolista,

otro tipo de reuniones de negocios,

citas románticas...

-¿Y usted nunca sospechó?

-Para cuando empecé a hacerlo ya era demasiado tarde.

-¿Tiene alguna prueba para acreditar que eso fue así?

-Me temo que no, señor juez.

Yo confiaba en él.

Era mi socio, así que no tenía ninguna razón

para no fiarme.

-Señor juez,...

acaba de ver que Belarmino es un auténtico profesional de la estafa.

Ha ido embaucando a mi defendido hasta hacerle parecer culpable.

-Lo parece. Eso es un hecho.

-Solo le pido que recapacite antes de dictar sentencia.

¿Ha leído usted "La caverna de Platón"?

-Hace años.

-Recuérdelo.

En esa caverna había unos prisioneros

que solo podían ver una serie de sombras reflejadas en una pared

que había enfrente de ellos.

Creían que toda realidad eran sombras,

puesto que era lo único que habían alcanzado a ver.

Un día,... uno de esos prisioneros logró escapar.

Al salir el sol, le cegó.

Pero después descubrió un mundo mejor.

Más perfecto y más real,...

que aquel que hasta el momento consideraban como realidad.

Volvió a entrar a la caverna e intentó hacerle ver

a sus compañeros que esas sombras que hasta el momento creían reales,

en verdad no lo eran,

que la auténtica realidad era otra.

Eso es lo que quiero que comprenda.

Que aunque Antoñito Palacios parezca culpable,

en realidad solo es una apariencia que Belarmino Conde

se ha encargado de crear.

-Muy interesante.

Pero tengo que dictar sentencia sobre esta realidad.

(Llaman a la puerta)

-Solo le pido unos minutos más.

Este hombre le hará ver el caso de otra manera.

Se trata de un hombre al que Belarmino engañó

y utilizó para su mentira.

Le pido unos minutos más, por favor.

-Esto no es muy ortodoxo, pero adelante.

-Antoñito,

siéntate junto a tu padre.

Pase. Le van a tomar juramento.

-Antonio, ¿tú sabías que este hombre iba a venir?

-Yo no sé nada de nada, padre.

-Espero que Felipe sepa lo que está haciendo.

Blanca.

Blanca.

¿Dónde están? Me ha engañado.

Me ha hecho destruir la declaración de mi padre mintiéndome.

-No lo entiendo.

Olga dijo que quería regresar al principio de todo.

Yo sé cómo funciona su mente enferma, su resentimiento.

-Si me ha engañado, se va a arrepentir.

-¡Suéltame!

¿No te das cuenta que los dos queremos encontrarlas?

Quizá...

hayan ido al bosque.

Sí, eso es. Una especie de justicia poética.

Dejar a su hermana donde yo la dejé.

Claro.

Olga... me odia.

Me odia porque escogí a Blanca cuando eran niñas,

abandonándola a ella.

Ahora Diego ha roto con Olga,

luego también ha escogido a Blanca.

Quiere hacer desaparecer a su hermana.

Que no vuelva a imponerse sobre ella.

-¿Diego ha roto con Olga?

-No sé por qué te sorprende.

¿Es que no conoces los sentimientos de Diego

para con tu esposa?

¿No te das cuenta que salvándole la vida a tu hermano

lo has perdido todo?

-Ahora lo importante es salvar a Blanca.

-¿Para qué? ¿Para servírsela a Diego en bandeja?

Hay que pensar como Olga.

Claro.

Quiere que Blanca sufra lo mismo que sufrió ella.

-Si cree que pueden estar en el bosque, vamos ya.

Si me hubiera contado desde el principio sus sospechas,

ya las habríamos encontrado.

-Si hubieras desde el principio destruido esa carta, también.

-Egoísta. -No.

Superviviente.

Hay que buscar señales de que han estado en este lugar.

Si así fuera, no pueden andar muy lejos.

Mira fuera.

Si no han rondado este lugar,... que Dios nos ayude.

En cuanto llegue Elvira me marcharé a La Deliciosa

a ver si se sabe algo del juicio de Antoñito.

Les dejaré solos.

-Lamento mucho que tenga que verse involucrada en estos asuntos.

No es indicio de la profesionalidad de un mayordomo.

-En el fondo le da algo de emoción a la vida.

¿Ha hablado con Adela?

-Se niega a ver la realidad.

Actúa como si todo lo que le hiciera infeliz no estuviera ocurriendo.

-Pobre mujer.

A veces la vida duele, pero hay que afrontarla,

si no se corre el riesgo de sufrir todo el tormento de una sola vez.

(Llaman a la puerta)

-Ahí está Elvira. -Vaya a abrir,

yo salgo por la escalera de servicio.

Suerte, Gayarre. Y tenga cabeza.

Qué ganas tenía de verte.

¿Estamos solos?

Sí. Pues vuelve a besarme.

Vamos al salón.

Temía que tu padre volviera a las andadas y te retuviera.

No descarto que lo haga.

Aceptó la excusa del convento sin cuestionar nada.

Habla de la guerra,...

de la muerte.

Limpió sus armas como si tuviera que volver a usarlas.

Debes cuidarte de él, Simón.

No tengo miedo.

Además, tu padre no sabe que pasamos la noche juntos.

Solo lo sabe Adela.

¿Se lo dijiste? No, Elvira, no. Nos vio partir.

Pero no dice nada.

Se ha puesto una venda en los ojos, pero tendrá que quitársela,

porque estoy dispuesto a viajar contigo a cualquier lugar del mundo.

Y yo, mi amor.

Aprovecharemos tu viaje al convento.

Mañana saldrás en un carruaje y yo te esperaré en un cruce.

Y de ahí iremos a Barcelona para coger el barco a Génova.

¿Por qué Génova?

Tengo contactos allí.

Hablo el idioma. Trabajé para un conde italiano

y seguro que podré conseguir trabajo de mayordomo,

o para él o para alguno de sus conocidos.

Será maravilloso.

Y yo tardaré poco en hablar italiano.

No paro de soñar con dormir a tu lado todas las noches.

Mañana mismo compraré los billetes. Dentro de muy poco...

seremos libres. Es lo que más deseo.

Pero debemos extremar los cuidados con mi padre.

Me escama su comportamiento. Nos olvidaremos de él.

Seremos tú y yo.

En Italia.

Y digo yo, ¿no están tardando demasiado?

-A mí se me va a salir el corazón del pecho.

-Lolita, hazme un favor: siéntate aquí, que me tienes harta

de verte andar de un lado para otro.

-Que no puedo. Y aquí en el salón, si mi sitio es la cocina.

(Llaman a la puerta)

-Corre, ve a abrir.

Si son buenas noticias, hago ayuno todos los viernes de este mes.

-¿Qué, han llamado? -No. ¿Vosotras tampoco sabéis nada?

-Mira, yo estoy ya más nerviosa que un pavo en Navidad.

(Llaman a la puerta)

-¿Nada? Pero ¿no han dicho que iban a llamar

justo al terminar el juicio?

-Pues no habrán terminado.

-A lo mejor no han encontrado ningún teléfono cerca.

Paciencia, que es la madre de la ciencia.

(Se abre una puerta)

Ay, tu padre.

Ramón.

¡Antoñito, hijo!

¡Qué alegría, por favor! -Libre.

Soy libre. -Hermano.

-Bueno, eso se merece un aplauso. ¡Bravo!

-A quien hay que darle un aplauso es a Felipe.

Que le dio una disertación

filosófica al juez, que todavía le tiene que estar dando vueltas

a la caverna de Platón, a las sombras, a las realidades.

-Eso no supuso nada. Tan solo buscaba ganar tiempo.

Lo importante es que apareció ese testigo, el acosador.

-¿El que te dio la paliza? -Sí.

Prefiero no decir lo que tuve que hacer para lograr que testificara.

-Bueno, esto lo que se merece es un brindis.

-¡Ole, claro que sí!

Gracias, Lolita. -Celia.

-Gracias.

-Muchas gracias, Lolita.

-Por mi hijo Antoñito, para que no vuelva a meterse en líos.

-Y por vosotros, que sois los que me habéis ayudado a salir del pozo.

Mi abogado,...

mi familia,...

Y... por ti, Lolita.

Por vosotros.

-Por ti, Antonio.

No te detengas.

-Olga, te lo ruego.

Suéltame, por el amor de Dios.

-Este lugar...

se llama el bosque de las Damas.

Muy pronto llegaremos a un sitio muy bonito.

Vamos a llegar al corazón del bosque.

¿Recuerdas el cuento del niño que iba dejando trocitos de pan

para encontrar la vuelta? -¿Qué estás diciendo?

-No, cariño, no se lo comerán los pájaros.

Nosotras vamos a dejar monedas.

Pero recuerda dónde las vas dejando.

Así podremos recordar la vuelta.

-Olga, no seas cruel. Yo nunca quise tu mal.

-Ahora vamos a jugar al escondite.

Tienes que darte la vuelta,...

apoyarte en el árbol y cerrar los ojos.

Cuenta hasta 10 para que yo me esconda.

Si me encuentras...

esta noche te volveré a contar el cuento de Baba Yagá.

Vamos, al árbol.

¿Acaso no me has escuchado?

Empieza a contar.

Si no, no podremos... comenzar el juego.

-Olga. Escúchame, por favor.

No me hagas daño.

No repitas en mí el maltrato que te hizo nuestra madre.

-Cuenta: uno, dos,...

-Tres,...

cuatro,...

cinco,...

seis,...

siete,...

ocho,...

No lo hagas, Olga. No pagues en mí tu dolor.

Yo te entiendo. Sé lo que has sufrido.

-No digas que sabes todo lo que he sufrido

porque no es verdad. Tú no lo entiendes.

Pero muy pronto lo harás.

Nueve...

y diez.

-Olga.

¡Olga!

Olga, ¿dónde estás?

(TODOS) ¡Por Susana y la sastrería Séler!

-Muchas gracias, amigos y familia.

Si no hubiera sido por vosotros,

no hubiera tenido motivos de seguir en la brega.

Venid aquí los tres.

Hijos, venid.

Mis tres hombrones. Al fin juntos

y en concordia. Solo por verlos...

vale la pena luchar y vivir.

"Casilda," tenemos que buscar otro lugar.

No puede quedarse aquí.

Si un vecino la descubre va a llamar a la policía.

Por doloroso que sea, nosotros no podemos darle cobijo.

Sería ilegal.

-Con todos mis respetos, doña Leonor.

¿Ha hecho usted ya algo para sacar de la cárcel a...

ya sabe usted quién?

-He hablado con un par de directores de periódico,

a ver si se ponen en contacto con el Ministerio de Justicia

e intentan mediar.

-"Elvira se va mañana al convento, según su lengua falaz".

Quiero que me diga todo lo que sepa de esa huida.

-No dispongo de más información. Le he contado todo.

-No es suficiente para lo que trato de hacer.

-¿Qué es, qué tiene en mente?

-Cuando sellamos nuestro pacto, le dije

que tomaría medidas contundentes.

Necesito conocer todos sus movimientos.

¿No le importa que su marido se vaya para siempre?

-Sería como si me arrancaran el alma.

-Entonces tiene un día para averiguar cómo y dónde se irán.

-"Quiero comentarte una cosa". ¿Tú sabes si hay algún motivo

por el que tu esposa y el coronel tengan que estar pegando la hebra?

-No. ¿Por qué tendrían que hablar, les has visto juntos?

-Ha entrado en la sastrería. Y, como te imaginas,

no iba a encargar un traje.

Ha ido a ver a Adela.

A hablar con ella, vamos.

¿Tan pronto piensas rendirte?

Yo pasé días antes de que doblara mis rodillas.

Sentí el hambre, la sed.

Hasta que ya no sabía si lo que veía delante de mí

era real o fruto de mi mente torturada.

-Ten piedad de mí.

-Nadie la tuvo por mí.

-"¿Adónde pueden haber ido?".

-Al bosque.

-¿Para qué iban a adentrarse en la espesura?

-Olga ha llevado a Blanca a donde su desgracia empezó.

Vamos a buscar su rastro.

-El bosque de las Damas es un embrollo de sendas y barrancos.

-No las encontraremos si no lo intentamos.

(Llaman a la puerta)

-Ya va, señora.

Es usted. -Samuel.

Úrsula.

Samuel. ¿Dónde están?

-No están, señor, no están ninguno de los dos.

Se fueron. -¿Adónde?

Juraría que ya hemos pasado por aquí.

Estamos dando vueltas en círculos. -¡Auxilio!

¡Que alguien me ayude!

-Blanca. Blanca, ¿dónde estás?

Sigue gritando,

que tu voz nos sirva de guía. -¡Samuel!

¡Samuel, estoy aquí! -"No lo sé".

Créame. -Carmen, no me dices la verdad.

-Se fueron... al bosque.

Al bosque de las Damas.

A la cabaña donde se crió la señorita Olga.

-Olga, no lo hagas. No lo hagas, por favor.

Yo sí te he amado como una hermana.

No es a mí a quien odias.

-Sí que te odio. Con todo mi ser.

Desde el momento en que nacimos.

Ya quise matarte cuando éramos niñas.

No soportaba que me arrebatases

el amor de mi madre.

Y ahora, al fin, vas a pagar.

Voy a arrebatarte lo que más quieres.

  • Capítulo 674

Acacias 38 - Capítulo 674

09 ene 2018

Samuel pierde los nervios al ver que Úrsula no hace nada por Blanca, pero ella se mantiene en sus trece: debe romper la declaración de Jaime. Samuel acaba aceptando y destruye el documento. Susana confirma que Rosina está detrás de la compra de la sastrería y desea devolverle la deuda. Simón y Elvira preparan su plan de huida. En la mansión Alday, Diego deduce que Samuel se llevó la declaración de su padre y se desmaya. Felipe le encuentra inconsciente. El juicio de Antoñito se desarrolla con ventaja para Belarmino, pero el testimonio del acosador deja libre a Antoñito. Samuel y Úrsula llegan a la cabaña de Tomás, pero Olga y Blanca ya no están allí. Olga lleva a Blanca hasta lo más recóndito del Bosque de las Damas.

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  1. Cris

    Vaya capitulazo !! Buenísimos actores y preciosa escena final del personaje de Adela. Las tramas están cada vez más interesantes.

    12 ene 2018
  2. Michele

    Tomé la decisión de no ver la serie por alguna semana y apuesto doble contra sencillo que al retomar, me encontraré con que nada cambió, seguirán dando vueltas a lo mismo y dando quizás un paso adelante y dos hacia atrás, así no hay paciencia que aguante.- Leyendo LA MAYORÍA de los comentarios en los que pedimos a los guionistas un cambio de rumbo, parece que éstos o bien les importa muy poco la opinión de quienes en definitiva son los destinatarios de su trabajo, o, que por el contrario gozan con su pobre labor y no les importa nada ni nadie. Au revoir

    10 ene 2018
  3. Noelia

    1.039.000 espectadores y cuota de 9% ... ¡me gusta Acacias!

    10 ene 2018
  4. Mabi

    Ya ni recuerdo cuando escribí un comentario en éste sitio...arbitrariamente ponen o sacan la opción, y hoy luego de un tiempito de no hacerlo y porque no habia podido ver el final del capitulo de ayer, veo que otra vez está la opcion y la aprovecho. Coincido con la mayoría de comentarios en que están alargando mucho ciertas situaciones, otras son muy parecidas ,hasta en los diálogos, a escenas pasadas. Igual no he dejado de verla, aunque reconozco que ya no es con el entusiasmo y fervor conque esperaba el horario para verla...que lástima. Estaría bueno que ya le cambien un poco la vestimenta de niña a Maria Luisa, si es que queremos ( y pretendemos) que Víctor se case con ella. Como siempre mis mas sinceros y cordiales saludos desde Argentina !

    10 ene 2018
  5. Manny

    Cómo toda novela con moderado éxito terminan exprimiendolo hasta el punto que las situaciones y los personajes parecen retrasados mentales ya que no hay una sola satisfacción ya que los villanos siempre se salen con la suya, inventan situaciones tontas contal de seguir alargando la novela con tal quitar más dinero lo cual término por convertirlo en una novela aburrida y frustrante. Adiós....

    10 ene 2018
  6. Maria

    Aunque me gusta acacias ya se cansa uno de q Ursula se salga siempre con la suya y q los personajes sean un poco tontos. P ejemplo como Samuel no fue en busca de Blanca a la casa de Tomás aunque se supo e q Ursula se lo negó o por qué en su día se casó Simón aun sabiendo q podía estar viva Elvira? Que se acabe ya esta serie....lo alargan mucho ya.

    09 ene 2018
  7. Victoria

    Liberto no podrá negar que, hoy, Rosina le ha dado "una paliza" jugando al Parchís ... esta mujer nos sorprende cada día. Menos mal que han soltado a Antonio y la familia Palacios ya podrá descansar tranquila. Cada día me convenzo más de que Olga es un calco de su madre, es perversa, cruel y las palabras y las caras que pone cuando habla con Blanca son tremendas ... su madre es la que dice: "tengo que pensar como ella" y ... acierta. ¡Fantásticos todos los actores!

    09 ene 2018
  8. Emma

    Esta novela transcurre demasiado lenta y para prolongarla en el tiempo el guionista se inventa situaciones ridículas e infantiles. Cuando le darán un final ?. Realmente esto cansa a quien la sigue. El comportamiento de los personajes es por demás exagerado en su rol y a veces insostenible.

    09 ene 2018
  9. MARISTELLA TORQUATO DOMINGOS

    Desisto de continuar vendo acacias38. Não acontece nada com a Úrsula, sempre se dá bem com suas maldades. Da mesma forma o coronel pai de Elvira. Nunca mais vejo está novela ..adios..

    09 ene 2018