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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 667 - ver ahora
Transcripción completa

¡Por favor, déjenme pasar! Soy la esposa de don Ramón Palacios.

Ese hombre trabaja para mi familia. Por favor, por favor.

(GRITA) ¡Ay, Dios mío!

Pero ¿qué ha pasado, Ramón? -Trini, no deberías estar aquí.

-"¿Qué haces aquí?".

-No puede ser verdad.

Hemos llegado tarde.

-Diego no ha muerto.

Aún. -"Ese hombre...

es el que vi con Sepúlveda".

-¿Y por qué no me lo has contado antes?

-Porque no sabía qué hacer.

Temí que eso les pusiera a ustedes en mayor riesgo.

O jeringar aún más a Antoñito.

En cuanto ocurra lo inevitable,

tan solo esperaré a oficiar los responsos de mi padre

para abandonar esta casa y Acacias para siempre.

-Háblenos de esos remedios, se lo ruego.

-Según... algunas investigaciones, una manera de atajar

una intoxicación grave como el mercurialismo

sería interviniéndole con una exanguinotransfusión.

-"Úrsula me ha ofrecido dinero"

suficiente para saldar la deuda.

Y, además,...

pasar una vejez sin aprietos.

Y eso es lo que quiero ahora.

-Bueno,... ya suponía que no aceptarías, pero...

debía intentarlo.

-Y te lo agradezco de corazón.

-"Esta es una carta"

que escribió Blanca a Diego.

Aunque no llegó a enviársela.

La encontré por casualidad.

Creo que sus sentimientos quedan claramente expuestos ahí.

Espero que esto...

te haga abrir los ojos.

-"Vamos a llevarlo al hospital".

Solo espero que no sea demasiado tarde.

-"Sé que no debería decírtelo".

Que seguramente sería lo mejor para todos, pero...

siento que no debes marcharte.

No te vayas de Acacias, Elvira. No me dejes solo.

Por tu bien, no se te ocurra gritar.

Yo seré el donante. La misma sangre corre por nuestra venas.

Además, supongo que habrá más posibilidades de éxito

si soy yo quien le da la que necesita.

-¿Está usted seguro?

Su vida correrá un gran peligro.

Obviemos el hecho de saltarnos la voluntad del paciente.

-Doctor, le repito que Diego no estaba en plenitud de condiciones

cuando firmó ese documento.

-Espero no encontrarme con una demanda si el tratamiento funciona.

Obviando este hecho, como decíamos,

voy a explicar con detalle en qué consiste el tratamiento.

Don Samuel, escuche con atención.

-Soy todo oídos.

-Se llama exanguinotransfusión.

Vamos a extraer poco a poco la sangre del paciente

y sustituirla por la del donante.

-Un... circuito cerrado entre ambos.

-Solo en última instancia.

De momento no haremos eso.

Solo extraer de ambos y transfundir a don Diego.

Si no funcionara, haríamos un circuito cerrado entre los dos,

de modo que los órganos del donante

limpiará la sangre de ambos,

algo que no ha logrado hacer los órganos del paciente.

¿Lo entiende? -Perfectamente.

Digamos que mi cuerpo actuaría de filtro.

-Ya le digo. Solo si no encontráramos otra solución.

Lo que su cuerpo hace ahora con su sangre lo haría con la de ambos.

Pero de momento probaremos algo más conservador.

Sacar sangre e introducirla en el cuerpo de su hermano,

procurando que ambos mantengan la presión necesaria.

-Parece más sencillo.

-Dicho así parece fácil, y menos peligroso.

Pero antes tenemos que ver si las sangres son compatibles

según el método de Landsteiner.

-Pero, son hermanos, son de la misma sangre.

-Que sean hermanos aumenta las posibilidades,

pero no nos asegura nada.

Se ha descubierto que existen varios tipos de sangre incompatibles.

-¿Qué puede suceder en el caso de que nuestras sangres

sean incompatibles?

-Si lo descubriéramos antes, no haríamos la exanguinotransfusión

y su hermano moriría.

Si erráramos en la determinación,...

las dos sangres podrían mezclarse y los dos podrían morir.

De ahí que no quiera llevar a cabo

el circuito cerrado. -Espero que sean hábiles

determinándolo. -No acaban ahí nuestros problemas.

-¿Más? -Por desgracia sí.

A pesar de que contamos con la presencia del doctor Arthus,

que está en España afortunadamente por una casualidad,

y que es uno de los mayores especialistas mundiales en el tema,

podrían surgir problemas de todo tipo.

Coagulación, contaminación,

colapso de los órganos del donante.

-Cada vez me pinta mejor el panorama.

-Por último, y no quiero seguir asustándole,

lo definitivo:

que Diego Alday

podría sufrir un shock hipoglucémico

que terminara con su vida.

Y habríamos puesto en grave peligro la suya

sin lograr nada a cambio.

En el peor de los casos, podríamos provocar dos muertes.

-Parece que el sistema no tiene muchas posibilidades de éxito.

-Samuel,... debes intentarlo,

es tu hermano. -Olga,... es su vida,

su riesgo.

Samuel, solo tú puedes tomar esta decisión.

-Así es.

Solo usted.

Piénselo.

¿Qué va a hacerme, qué quiere de mí?

-Chist.

-Silencio o te parto el cuello. -Servando se ha ido sin barrer.

¿Para qué se va a ocupar, si ya está Martín el esclavo,

que lo hace todo? Qué harto me tiene.

# Pobre...

# chica... la que tiene

# que servir... #

Padre, dígame algo. Dígame si está bien.

He rezado tanto por este momento.

He deseado con todo mi alma que despertara.

¿Qué ha ocurrido? -Ha despertado.

¿Ha dicho algo? Nada.

Es como si no estuviera en este mundo.

Bueno, no transformemos la alegría de su despertar

en nuevas preocupaciones.

Mejor voy a avisar al doctor Quiles.

Hala,... a ver lo que dura esto limpio.

Qué susto. -No grites, ¿eh?

He venido a ayudarte, no a hacerte daño.

-Pues no lo ha parecido.

Si quiere ayudarme,... vaya a la policía...

y confiese que todo lo que dijo en el juicio es mentira.

-Eso no lo voy a hacer.

Sería ponerme yo mismo una soga al cuello.

Si mentí fue porque estaba amenazado.

-Por Belarmino. -¿Por quién si no?

-¿Y va a seguir así para siempre? ¿Viviendo como un condenado?

-Voy a desaparecer.

Nunca más me van a ver ni Belarmino ni Antoñito, ni la policía,

ni tú, ni el mismísimo Sursuncorda.

Me voy.

Pero antes te diré dónde encontrar a Belarmino.

-En la Taberna del Chivo. -Quía. Eso era antes.

Los guripas hicieron una redada tras una reyerta y la cerraron.

-¿Entonces?

-Mucho más cerca.

Él y sus secuaces

se ven al caer la tarde en las puertas

de los Jardines del Príncipe.

-¿Aquí?

-Ya ves.

El peligro siempre anda más cerca de lo que parece.

Nunca le digas a nadie que yo te dije dónde para ese malnacido.

Me matarían. No habría agujeros en el mundo

para meterse, pero te juro que antes vendría a por ti.

-No lo diré.

-Adiós. Suerte.

-"Cuando haya tomado una decisión,"

hágamela saber.

Convendría que fuese esta noche, así podríamos empezar

a preparar la exanguinotransfusión.

-Samuel,... está muy mal,

va a morir. -Es Samuel

quien debe tomar la decisión.

-Los niveles de mercurio en la sangre de mi hermano son altos.

-Los mayores que he visto detectados en los estudios sobre la enfermedad.

-Y podría no llegar con vida a la transfusión.

-Es una posibilidad no descartable.

-No puedo dejar morir a mi hermano sin darle una posibilidad

de sobrevivir. Acepto.

Le daré mi sangre.

-Muchas gracias.

-Doctor Quiles...

Disculpen la interrupción. Arturo Valverde ha despertado.

-Vamos. Ahora mismo vendrá una enfermera para darle instrucciones

para las pruebas de mañana.

-"No haga nada".

¡Avise al doctor!

No entiendo por qué no está aquí todavía.

Cálmese, señorita, que seguro están en camino.

Tranquilo, padre, ya viene el doctor.

Hemos recorrido un largo camino, no se va a quedar aquí.

No ha nadado tanto para ahogarse cuando por fin se ve la orilla.

(BALBUCEA)

Chist... Tranquilo, padre, no se agote.

No se agote.

Van a ser necesarias estas fuerzas para salir de esta.

¿Ha hablado?

Lo ha intentado.

Quiero que lo lleven a la unidad de cuidados intensivos.

Y quiero que se vigile su evolución.

Vaya a buscar a unos camilleros para que le ayuden.

¿Se va a curar?

No lo sé.

Que haya despertado... es buena señal.

Que haya intentado hablar, también.

Pero quizá no haya más evolución.

Es lo que siempre digo. Hay que esperar y ver.

Preparen al paciente.

Salgan, por favor. Vamos a trasladar al coronel.

-Se va a poner bien. Ya lo verás.

Venga, Lolita, hija, tranquilízate.

Bebe un poco de agua que yo voy a buscar a Ramón.

Y ahora nos cuentas qué te ha dicho ese hombre.

-Es que no sabe lo mal que lo he pasado.

-Bueno, tranquilízate. Que ya ha pasado todo.

Ahora vuelvo.

-Lolita. ¿Es verdad que has visto a Sepúlveda?

-Como que estamos aquí los tres.

-¿Y qué te dijo? -Pues que mintió

en el juicio amenazado por Belarmino.

Mala puñalada le den a ese mastuerzo.

-¿Entonces?

¿Está dispuesto a volver a declarar ante el juez?

-Nones.

Dice que va a desaparecer.

Que no le vamos a volver a ver el pelo.

Que no le van a encontrar ni ahí le echen un galgo.

-Entonces estamos igual,

no tenemos nada.

-Nones, don Ramón.

Que...

Que me dijo dónde encontrar a Belarmino.

Todos los días en la puerta de los Jardines del Príncipe

al caer la tarde.

-Bravo, Lolita, bravo. Ramón,...

eso es mucho más de lo que hemos tenido nunca.

-Esto tiene que saberlo el comisario Méndez.

Mañana mismo hablaré con él.

-Bien, Lolita.

¿Cansada?

-Agotada.

-Si quieres, te ayudo a desvestirte.

-Me da vergüenza pedírtelo, pero si me ayudas con los zapatos.

-Siempre que quieras lo haré.

Cada vez te va a costar más trabajo...

a medida que nuestro hijo crezca dentro

de tu vientre. -Pronto tendré que dejar

de llevar zapatos a la moda.

No voy a poder agacharme para atarlos.

-Siempre estaré a tu lado para hacerlo.

-Eres un regalo del cielo.

Gracias por todo.

-Sé que lo dices por la transfusión. No podía negarme.

Es mi hermano.

-Tú pones tu vida en juego por él.

-Es lo que un hermano debe hacer por otro.

Él habría hecho lo mismo por mí.

Pero... quiero pedirte algo a cambio.

-Lo que quieras. Te lo debo.

-Que dejes que el doctor Quiles

te examine. Estoy muy preocupado por tu debilidad.

Que el embarazo te esté dejando tan decaída.

-Te prometo que me haré esas pruebas.

"Esta casa es mi propia jaula".

"El lugar

en el que debo vivir una vida que me conviene".

"Pero no la que deseo".

"Me siento una impostora...

al lado de Samuel".

"No logro olvidarte".

"Me gustaría... volar a tu lado".

Esta carta...

¿Cómo ha llegado esto a tus manos? -Deshazte de ella,

si es lo que quieres. -No es mi letra.

-No hay motivo para que me des explicaciones.

Está todo claro.

Lo único que te pido es que tengas cuidado con tu madre.

-Nunca he dejado de tenerlo.

-Hará todo lo que esté en su mano para separarnos.

De ti depende que lo consiga.

-Samuel, no me merezco que seas tan bueno conmigo.

-No hay motivo para que te humilles ante mí.

Pediré que nos sirvan la cena.

Debo acostarme temprano.

Mañana será un día duro

con las pruebas médicas y demás.

Pues ¿sabe qué, "señá" Fabiana?

Todos los años me pienso que vamos a montar un belén como Dios manda.

Y todos los años se nos echan las Navidades encima.

-Bueno, bien rebonito que está este, mujer.

-Bueno, pero estaría mucho mejor si tuviera un río, una montaña,

unos pastorcillos. -Eso es para ricos, Casilda,

que aquí somos humildes.

Por cierto,... no se te ocurra decirle nada

a Servando, que se empeña con lo del río

y salimos del altillo a nado.

-Dios me libre. Bueno, vamos a ver cómo ha quedado.

-Chiquilla,...

retira un poquillo el buey, que más que darle calorcito al niño,

parece que se lo va a zampar, venga.

-Pero bueno, qué irreverente.

Sí, "señá" Fabiana, zamparse al niño, qué barbaridad.

-Nunca, nunca... Nunca he entendido lo del buey y la mula.

Con lo bonito que hubiera sido llenar el pesebre

de ovejas y corderos.

-Ya. Para eso están los pastores fuera, Jacinto.

-Fuera los han dejado.

Con lo bonito que sería.

# Entre oveja y cordero, Dios ha nacido... #

-Primo, qué irreverente tú también.

Van a tener que ir de cabeza a confesarse.

-¿Por tan poca cosa? No creo yo que sea pecado mortal.

Venial, a todo lo más.

Bueno, que...

Que vengo a decir que...

me vuelvo para el pueblo.

-(LAS DOS) ¿Ya?

-Hoy mismo, en cuanto apreste al rebaño.

-Uy.

¿Y no se puede usted quedar unos días más, hombre?

Para celebrar las fechas con su prima.

Bueno, y con todos los demás, claro.

-Me voy, que las corderas tienen que pasar la Navidad a resguardo,

que hace un frío que pela y no pueden estar al raso.

Bueno, eso y por la costumbre de la balada natalicia.

-Ah. -¿Balada natalicia?

¿Y eso qué es, buen hombre?

-Esto es que los pastores llevamos a los rebaños

a la puerta de la iglesia del pueblo el día de Navidad,

para que balen a un tiempo. Entre los balidos,

los cencerros, los ladridos de los canes

y los cascabeles,

aquello hace un ruido de mil demonios.

(RÍE)

Pero es muy navideño.

-Ya veo, ya, ya veo, sí, sí.

-Pues nada, primo, que te vamos a echar muchísimo de menos, hombre.

-No, no tan deprisa, prima. No tan deprisa.

Que todavía nos vemos antes de partir.

Voy a recoger todas las cosas que tengo repartidas por el barrio.

Un par de horas tardo si me pongo a ello.

Cuídese, "señá" Fabiana.

-A más ver.

-(SUSPIRA) -Uy, uy, uy.

Ay, ay, ven, ven.

Ven y no me seas más tonta, Casilda.

Si este vuelve.

¿No ves tú que le gusta más la ciudad que el campo?

Me gustaría tanto pasar la Navidad contigo.

¿Te imaginas?

Los dos juntos frente a la chimenea.

Hasta cantaría un villancico.

Aunque a mí nunca me ha gustado la Navidad.

Por culpa de Tomás.

Me obligaba a rezar. A ir a la misa del gallo.

Y a entrar en la iglesia de rodillas.

Para honrar al Niño Jesús, decía que era.

Pero lo único que quería era verme sufrir.

No sé para qué te cuento cosas malas.

Si yo pensaba en lo bonita que está la ciudad adornada con guirnaldas.

¿Sabes?

Dicen... que en un hotel del centro han puesto...

un árbol engalanado con luces.

Por lo visto,

es una costumbre de Suecia.

O de Noruega, no me acuerdo.

Me encantaría ir a verlo contigo del brazo.

Eso si me perdonaras.

Si me perdonaras por insistir

en que te cambien la sangre, cuando tú dijiste

que no querías que te hicieran nada.

Pero no podía dejar que murieras... y que me dejaras sola.

Si te salvas, vamos a ser muy felices.

Seré tu esposa.

Y tu amiga.

La persona con quien compartirás tu vida.

-Qué bello lo que le dices a Diego.

Qué bello...

y qué ridículo.

La esposa,...

la amiga,...

con quien compartirás la vida.

La vida, ¿con quién?

¿Con un muerto?

¿Por qué sigue aún vivo?

¿No decías que le quedaban pocos días?

¿Que nada se podía hacer por él?

-El doctor Quiles nos ha dado esperanzas.

-¿Qué? ¿Y el papel que firmó?

-Madre,... no se le puede negar la posibilidad de vivir.

Aunque haya firmado ese papel.

Y yo no tengo la culpa. Todo dependía de Samuel.

-¿De Samuel? -Sí.

Él era quien tenía que aprobar el tratamiento.

Y si él no se prestaba, no se podía hacer.

-¿Hacer el qué?

-Le van a cambiar la sangre a Diego.

Y le van a poner la de su hermano.

O... no sé, algo así han dicho.

Espero que Samuel tenga sangre para los dos.

-Cambiar la sangre.

Eso suena a algo de mucho riesgo.

De mucho riesgo... e impío.

Casi demoníaco.

Eso...

no debe salir bien.

¿Dónde estarán?

Tendrán que estar en este cajón, seguro.

-Pues ojalá no las encuentre. Así no puede vender.

-Aquí están.

Las escrituras del negocio.

1861, nada menos.

41 años ya. Mi difunto esposo las firmó.

Aunque antes ya estaba aquí la sastrería.

Pero en esos tiempos...

no había escrituras ni nada.

-¿Está segura que quiere vender después de tanto tiempo?

-¿Sabes de qué es este retal, Adela?

De un kimono que le hice a Cayetana.

Pues esta tela no la pienso dejar aquí.

No voy a dejar que cualquier cernícalo

la convierta en fundas de almohadas.

Se la voy a dar

a Abelardo Requena.

Ahora puedo reconocer que es el mejor sastre de la ciudad,

después de nosotras, claro.

-Pretende usted cerrar la mejor sastrería sin luchar.

-¿No he luchado ya bastante? ¿Y para qué?

La decisión está tomada. Además, ¿qué me dices tú?

Que también te quieres ir de Acacias.

-Abuela, me quiero ir a París, a seguir aprendiendo.

-Y yo a casa a descansar, que me lo he ganado.

-No discutas, Víctor, que es una cabezota.

-Nada más entrar escucho que mi madre es una cabezota.

No puedo estar más de acuerdo.

-Menos mal que vienes. A ver si consigues que dejen de discutir.

-Dice que va a vender.

A ver si la haces entrar en razón.

-No seáis tercos que no voy a dar una puntada más.

Ya sabéis que no cierro por mi propia voluntad,

pero una vez en este brete, pues casi lo prefiero.

-Le pedimos que se lo piense.

-¿Tú no estabas en el hospital? -Pero vengo a cambiarme de ropas.

Y, además,... a contar que ha habido novedades.

Arturo Valverde ha abierto los ojos.

-Bien.

Bien, no sabes el peso que me quito de encima.

¿Y qué ha dicho?

-No, nada. Solo ha abierto los ojos.

Parece ser que de momento no ha recobrado el conocimiento.

-Bicho malo nunca muere.

-¿Y Elvira? ¿Está sola?

No sé, a lo mejor deberías ir a hacerle compañía, necesita tu apoyo.

-Sí, sí. Iré hacia allá.

Madre, me gustaría quedarme con usted y...

echarle una mano en estos momentos.

-Vete. Adela y yo nos apañamos.

Arreglaremos los papeles y la sastrería.

Tengo ganas de cerrar ya. Lo único que quiero es...

criar nietos.

A los que vengan, que tú estás ya demasiado crecidito.

-Si es por mí, llegarán pronto, ¿verdad Simón?

¿Ya de alta?

Pensé que tendría que pasar algún tiempo más por el hospital.

-Lo dice usted decepcionado, amigo Ramón.

Como si hubiera preferido que me tuvieran ingresado un mes más.

-Todo lo contrario. Entiéndame,...

yo feliz de que usted pueda volver cuanto antes a su casa.

Pero no dejo de pensar...

que el juicio de mi hijo se aplazó hasta que durara

su estancia en el hospital.

-El juez pondrá fecha al juicio. Doble motivo de alegría.

Yo recuperado físicamente y podremos sacar a Antoñito de la cárcel.

-Ya casi he perdido la esperanza de ver a mi hijo libre

antes de Navidades.

Menudo pájaro peligroso es este tal Belarmino.

-Peor era el sacamantecas y terminó en el garrote.

La justicia a veces es lenta, pero funciona.

-Me gustaría tener su confianza, pero yo solo tengo dudas y miedos.

-Recomponga el gesto.

Hay motivos de sobra para ser optimista.

El comisario Méndez sabe quién es el policía que colabora con Belarmino.

Gracias a Lolita sabemos dónde está.

Es cuestión de tiempo que termine en el garrote, donde tiene que estar.

-Dios le oiga.

-Eso sí. Le diré una cosa.

Cuando salga de esta, ate en corto a Antoñito.

O no tardará en meterse en otra.

-Lo haré, Felipe. Lo haré.

-Ay, don Ramón.

Felipe, me acaban de dar la noticia del alta.

Qué alegría. -Sí, aquí me tienes,

haciendo la maleta. -Espera, que te ayudo.

Hay que meterlo todo bien doblado para que no llegue hecho un gurruño.

-Yo mejor me voy y les dejo a ustedes que organicen

sus cosas a solas. Con su permiso.

-Gracias, don Ramón.

-Con Dios.

-Y ahora ¿qué?

-Pues... tendré que regresar a la pensión.

Espero que haya habitaciones libres.

-De eso nada.

Tú tienes casa.

Y es allí donde debes estar.

-Celia, no estamos casados. ¿Qué van a decir los vecinos?

-Pues los vecinos que nos tengan envidia

que rabien... y que chinchen.

Pero tú te vienes a casa conmigo. Que te voy a tener como un rey.

Pues nada, primo Jacinto,

que pase unas felices fiestas.

-Vosotros lo mismo aquí, y ya puedes cuidarme a la Casildilla, ¿eh?

Que vengo con el cayado y me lío a mamporros.

-Ya sabe que cuido de ella más que de mí mismo.

-Ni que yo necesitara un pastor como las corderas.

-Jacinto, ya...

sabe dónde tiene su casa y...

que sepa que nos deja un hueco muy grande en el corazón.

-Hay que ver... qué labia tiene usted, Servando.

-Es que soy portero. Soy casi como un señor

y mucho más que un lacayo. Sí.

Y si sigue mis consejos

de seducción, ya verá como dentro de muy poco...

nos invita a su boda.

-Si me caso,... usted será el padrino.

-Bueno, Jacinto, que buen viaje. Cuide de sus ovejas.

-Y cuida tú de todos estos esmirriados,

que eres la única que me echa un pulso y me pone en aprieto.

-Y si me esfuerzo, le gano. -Ay.

Que vaya bien lo de tu novio.

Que verás que todo va a salir bien, ¿eh? Ya verás.

Libre como un pájaro lo van a dejar.

Casilda.

Que toda la familia estamos muy orgullosos de ti.

"Señá" Fabiana,...

a ver si cuida de que todos estos

no se metan en ningún lío. Que es usted...

una madre para ellos.

-Ve con Dios, hijo.

-¡Yepa ya! -¡Liberto!

(RÍEN)

Casi bien, ¿eh, don Liberto?

-He estado practicando a escondidas de mi esposa.

Entonces ¿se va?

-Al pueblo, a pasar las fiestas

con el rebaño

y a ponerlo a resguardo. -Esperamos que vuelvas pronto.

-Me da... Me da pena irme, no se crea.

Con tanta gente buena en Acacias y...

la calle engalanada.

Feliz Navidad.

-(TODOS) Feliz Navidad. -Feliz Navidad, primo.

-¡Yepa ya!

(RÍEN)

Oye, Lola, ¿son ideas mías o estás más contenta?

-Pues no quiero decir nada para que no se gafe, Casilda.

Pero seguramente... encontremos a Belarmino.

-¿Crees que Antoñito pasará la Navidad en casa?

-Ojalá, Casilda. Ojalá.

¿Y el Jacinto? ¿Dónde está?

Quería despedirme de él. -Pues ya no le coges.

Andará por los arrabales. Es que lleva un ritmo,

como si le fueran pinchando el culo.

-Vaya. Por los pelos no lo encuentro.

-Oye, Víctor, que si lo que quieres es aprender su grito,

yo te lo enseño, ¿eh? Mira.

¡Yepa ya!

-Lo mismo me viene bien para atender algunos clientes en La Deliciosa.

Por cierto, ¿tú te has enterado?

Se ha despertado el coronel.

-¿De verdad?

Pero qué noticia tan buena. -El milagro de la Navidad, Liberto.

No sé yo cómo la hubiera pasado...

teniendo sobre mi conciencia la muerte de un hombre.

(Llaman a la puerta)

¿Han dicho algo?

Nada.

Estoy agotada de tanto esperar.

Primero para que salga de quirófano,

después para que sobreviva la primera noche,

luego para que se despierte, para que hable.

Hasta ahora todas las etapas se han conseguido con éxito.

Sí, pero cada una trae una nueva complicación.

No sé hasta cuándo voy a soportarlo.

Lo soportarás.

Uno no sabe cuánto puede aguantar hasta que tiene que hacerlo.

¿Has comido algo?

Tengo el estómago cerrado.

No me entra ni una cucharada de sopa.

Ni siquiera esa infusión que me han traído.

Por lo menos tómate una manzanilla.

Imagínate que tu padre se despierta y eres tú la que cae enferma.

No saldríamos nunca de este hospital.

Bueno. Pero solo porque tú me lo pides.

Lo siento, lo siento, ha sido culpa mía.

Seré torpe.

Bueno, no pasa nada, tengo ahí otra blusa, me cambiaré.

Claro, claro. Espera.

No hace falta que te vayas. Basta con que no mires.

Si te dieras la vuelta, te gustaría lo que encontrarías.

Sigo siendo una mujer bella por mucho que haya sufrido.

¿Quieres que me dé la vuelta?

No. Todavía no.

Ya puedes volverte.

Lo siento, no sabía...

cómo te encontraría, si vestida o...

desnuda.

¿Es que acaso deseabas verme sin ropa?

Iré a por otra infusión.

Samuel. -Voy con prisa, doña Úrsula.

-Un momento.

Quería comentarte que he hablado

con la señora Ruano.

-Perdone, pero no caigo.

-La señora Ruano,

la que nos encargó una réplica del colgante "Ana".

-Ya. Si le soy sincero, me había olvidado.

-Ya me lo había pensado.

Por eso la he llamado y le he dicho

que tardaremos un poquito más de lo previsto.

No quiero que andes con preocupaciones

enfrentándote a una prueba de tal calibre.

La transfusión a tu hermano. -¿Lo sabe?

-Claro.

Deseo que todo salga bien.

Que tu hermano se recupere gracias a tu sacrificio.

Algún día te devolverá el favor con creces.

-No son esfuerzos que se hagan para recibir nada a cambio.

-Ah. Para lo que sea.

Espero que los dos salgáis con bien de esta.

Tu padre estaría orgulloso.

-Gracias.

Tengo que ir al hospital a hacer una prueba de compatibilidad de sangre.

-Con Dios.

-He oído que lo que van a hacer es muy peligroso.

-La sangre siempre ha sido el símbolo de la vida.

Me voy al hospital.

-Podías haber salido con Samuel. Se fue hace cinco minutos.

-¿A hacerse las pruebas de compatibilidad?

-Sí. -Espero que sean positivas.

-Espera, Olga, te ayudo.

Olga, quería agradecerte la decisión que has tomado

de contravenir los deseos de Diego de no ser tratado.

Creo que estás haciendo lo mejor. -Espero que así sea.

-Sé que hemos tenido nuestras diferencias.

También me doy cuenta que tus sentimientos hacia Diego

son honestos.

Solo quería prevenirte sobre nuestra madre.

-Todo lo que me digas lo sé.

-Úrsula quiere seguir controlando todo lo que pasa en esta familia.

Y Diego le estorba.

-Te repito que lo sé.

-¿Ha intentado algo?

Sé que ha estado en el hospital y... -Solo se ha preocupado

por la salud de Diego, Blanca. Nada más.

Me voy al hospital, que quiero estar con él.

-"La sangre de nuestros antepasados, la sangre azul,

la llamada de la sangre".

Pamplinas.

La sangre es un líquido apestoso

que lo único que hace

es transmitir enfermedades.

-Sin sangre no viviríamos.

-¿Sabes cuánta sangre tenemos en el cuerpo?

-No. No lo he pensado nunca.

Mucha. -No.

Entre cinco o seis litros.

No más.

Hace años leí una historia muy interesante.

En 1492, cuando se descubrió América, Colón,...

el Papa Inocencio VIII estaba muy enfermo.

Iba a morir.

Nada de lo que hacían los médicos le daba resultado.

Apareció un médico por Roma... que dijo tener la solución.

Cambiar su sangre por la de jóvenes sanos.

-No creo que fueran voluntarios.

-Consiguieron tres adolescentes, tres niños de unos 10 años.

Pagaron un ducado de oro a las familias.

Y les aseguraron que no les pasaría nada.

Sacaron la sangre de los muchachos.

Pero cuando querían inyectársela al Papa en las venas,

esta ya estaba coagulada.

Los jóvenes murieron.

Y el Papa Inocencio VIII, también.

-¿Eso es lo que pretenden hacer con el señorito Diego?

Cambiar la sangre enferma por sangre sana.

-Así es.

Como Inocencio VIII.

La sangre es vida,... pero también es muerte.

-¿Pueden morir los dos, como entonces?

-El hombre jugando a ser Dios.

Merece castigo. Como ocurrió entonces.

-La medicina ha avanzado mucho desde la época de ese Papa.

-Ya. La medicina ha avanzado, pero la palabra de Dios,

la ética y la moral, continúan inamovibles,

intocables, perennes.

Si la divina providencia...

no interviene,...

tendremos que darle un empujón.

-¿Quiere decir que...? -Sí.

Quiero decir...

que no podemos tolerar esa aberración.

Que habrá que hacer algo, eso quiero decir.

Quiero decir...

que tanto Samuel como Diego...

deben acabar como esos jóvenes...

y como Inocencio VIII.

Vamos a comprar turrón.

Es Navidad.

Tiempo de paz y de amor.

Ven.

¿Tú estás segura de lo que estás contando?

-Que me caiga un rayo si miento. -Calla.

Calla, que bastantes problemas tenemos ya como para que encima

te caiga un rayo. -¿No me crees?

-Lolita, me he llevado ya demasiados chascos

como para creerme las buenas noticias.

-Pues esta es fetén.

A la policía le queda un sí

para echarle el guante a Belarmino.

Si todo va bien... pasarás la Nochebuena en casa.

-Nada me gustaría más.

Y mira que nunca le he prestado especial atención a la Navidad,

pero...

¿Ya han empezado a decorar las calles?

-Como todos los años.

Me muero de ganas por pasear contigo del brazo.

-Mira, si salgo de esta, te voy a llevar a ver el belén

del Palacio Real.

Y nos vamos a subir en el tiovivo, también.

-¿Y comeremos algodón de azúcar?

-Hasta hartarnos.

-Ya están vigilando al policía que compró a ese canalla

para que le ayudara en sus tejemanejes.

Es cuestión de días.

Además, que ya saben dónde para Belarmino.

-Ya, pero ¿cómo han podido saberlo?

-Por mí. A mí me lo dijo Sepúlveda.

-Lolita, espero que no te pusieras en peligro.

-¿Peligro? Ni que una fuera un alfeñique.

-Estás haciendo tantas cosas por mí, que yo creo que ni en mil años

voy a ser capaz de compensártelo. -Lo mismo que harías tú por mí,

ni más ni menos.

Qué tío más cansino, ¿eh?

¿Es que no puede mirar para otro lado?

"Doctor Salgado".

¿Por qué ahora es el doctor Salgado el que se ocupa de mi padre?

Tu padre no es el único enfermo de este hospital.

El doctor Quiles tendrá otros pacientes que atender.

O a lo mejor es que lo ha dado por desahuciado.

Piensa que se va a morir y se lo ha dejado a un subalterno.

No, Elvira, no. Nos lo habría dicho.

Tranquilízate, por favor. Yo hablaré

con el doctor Salgado y te digo lo que me cuente.

Sí, Simón, por favor.

No tengo fuerzas para enfrentarme a un nuevo médico

y a lo que tenga que decirme. Está bien, pues voy a hablar con él.

Respire profundo ahora.

¿Nota algún dolor en el pecho?

-No.

-Dígame qué síntomas ha notado.

Algún motivo debe llevarla a pedirme que la reconozca.

-Algo de debilidad.

-Y mareos.

-Pero muy poco importantes. Al fin y al cabo, estoy encinta.

-¿Mareos por la mañana? ¿Náuseas, tal vez?

-Por lo que me han dicho las mujeres que han pasado por lo mismo,

es lo común en las embarazadas.

Bueno, y los nervios por el estado de Diego.

Mi cuñado.

-¿Nada más? Es importante que me lo diga.

-Nada más.

Buenas tardes, Liberto.

¿Me permite sentarme? -Será un honor para mí.

Aquí me tiene, leyendo los anuncios del periódico,

a ver si encuentro alguna idea para hacerle un regalo a mi esposa.

-Yo le recomiendo una joya.

Aunque, claro, eso es barrer para casa.

Mi familia siempre se ha dedicado a tales menesteres.

-Siempre acabo regalándole joyas.

Y este año me apetecía algo diferente, tal vez un viaje.

-Ah. ¿Dónde?

-Barrunto las Islas Canarias.

¿Usted se imagina pasar el día de Reyes al sol, con ropa de verano?

-No lo dude, hablan y no paran maravillas de esas tierras.

-El caso es que ahora tendría que convencer a mi esposa.

Dice que no tenemos una casa tan cómoda para andar zascandileando

por ahí por esos mundos de Dios.

-Razón no le falta. Y si eso no le convence,...

la joya.

-Así lo haré.

¿Un brandy? -Sí.

-Dos brandis.

¿Y usted qué tal? ¿Cómo está su hermano?

-Mal.

Vengo del hospital, de hacerme las pruebas de compatibilidad.

Están pensando en hacerle una sanguinotransfusión y...

yo seré el donante.

-¿Y son compatibles?

He leído en el periódico que hay varios tipos de sangre diferentes.

-Eso parece. El analista dice que sí.

-Eso es una buena noticia, ¿no?

-Así es, pero...

tengo que confesarle algo.

Estoy muerto de miedo.

Cualquier contaminación, cualquier inconveniente, el mínimo error

podría ser fatal para él. Y también para mí.

-No tener miedo sería de insensatos.

-¿Usted cree? -Sí.

No es más valiente quien no tiene miedo,

sino quien pese a tenerlo,... actúa como debe.

-Liberto,... lo que realmente me aterra...

es que si a mí me ocurriera algo,...

Blanca y nuestro futuro hijo quedarían a merced de doña Úrsula.

-No se apure por eso.

Entre todos les ayudaremos a salir adelante.

-¿Puedo confiar en usted?

-Por supuesto que sí, pero creo que no será necesario.

Entonces, ¿está todo bien, doctor?

-Si los síntomas que me ha relatado son los únicos que padece, sí.

Perdone otra cosa. ¿Me permite que le mire las encías?

-No debería preocuparse más. -Por favor.

Sus encías tienen una coloración

extraña. -¿Mis encías?

Si le soy sincera,

no me había fijado nunca.

¿De verdad que no ha notado nada más?

-Nada.

-Blanca, muéstrale tu mano al doctor.

-No es necesario, Leonor.

-Enséñeme la mano.

Ha hablado, Elvira. Tu padre ha hablado.

¿Qué? Sí, y no solo eso.

Don Arturo sabe dónde está, lo que sucedió y ha preguntado por ti.

Dios mío, Simón, dime que no me estás mintiendo.

No. Tú misma podrás verlo.

Lo están preparando para trasladarlo.

Así que ya está, Elvira.

Ya puedes quitarte ese peso de encima.

Tu padre ha sobrevivido. Gracias.

Gracias, Dios mío.

No se lo des todo al principio.

Regatea.

Tal vez se conforme con menos.

-¿De quién habla, señora?

-De una de las enfermeras que asistirá a Diego.

Se trata de la señorita Ortego.

Madre, por favor. No vuelva a pedirme que atente contra él.

-Prometiste ayudarme. Es tu deber.

-Pero,... madre, es que no puedo, de verdad.

No es deslealtad ni ingratitud,

es que... sería superior a mis fuerzas.

-"Qué bien que esté aquí".

¿Qué le ha dicho el comisario?

-Lo mismo que ayer, y lo mismo que anteayer.

Lo mismo... o peor.

Ayer puso a sus mejores hombres a buscar a Belarmino,

pero no han dado con él.

-Que ya es fatalidad y mala ventura.

"¿No se acuerda que habíamos" quedado con el director

para que extienda un cheque y cubrir el coste del manto?

-No es necesario acudir a esa cita.

-¿Qué ha sucedido?

¿Te ha hecho algo Úrsula?

¿Ha puesto pegas para no deshacer el trato, te ha amenazado?

-Ni pegas ni amenazas. Aunque, eso sí,...

ha regateado un poco, y ha conseguido que le venda el negocio

por algo menos de lo que habíamos hablado.

-¿Estás tú sola? ¿Y tus padres?

-Me dijeron que esperara aquí, en la estufa.

"Ende" que volvieran. -¿Y hace cuánto fue eso?

-Un rato largo.

-Mira,... si tardaran,...

y tienes ganas, nosotras,

las criadas, vivimos en ese portal

arriba, en lo alto, en lo más alto.

Solo quería preguntarte por el estado del coronel.

-Pues hoy mismo volverá a casa.

-¿Sí?

Ahora tendremos mucho tiempo para pasarlo juntos.

-Bueno, cariño... -Y en cuanto cerremos la sastrería

te cuidaré como te mereces. Y formaremos familia, ¿a que sí?

Tendremos varios chiquillos.

No sé, una decena.

-"Espero que don Ramón..."

tenga paciencia y no cometa ninguna locura.

-No me gustaría nada estar en su pellejo.

-¿Ese ánimo es... solo por el bueno de don Ramón...

o hay algo que debería saber?

-No es nada, es solo que...

lo de Simón ha vuelto a confirmar que el amor puede hacer mucho daño.

A uno mismo y a otros.

Oye, pequeña.

¿Qué te parecería...

formar parte de nuestro coro? Entre tanta voz cazallera

nos vendría bien una voz angelical.

-No me voy a quedar. Mis padres pueden volver de sopetón.

¿Y si se marchan otra vez porque no estoy donde la estufa?

-Pero bueno, Virginia, por eso no te preocupes.

Yo voy a bajar y me quedo haciendo guardia.

Tú, mientras, te quedas aquí comiendo, bebiendo, cantando.

Celebrando la Navidad como todo hijo de vecino.

Permanecer mano sobre mano cuando tu hijo se está pudriendo en la cárcel

y todo el mundo conspira contra él. -Don Ramón,...

no sea tan radical. La policía sigue trabajando.

Mantiene la vigilancia sobre el tipo que Lolita descubrió

como aliado de Belarmino Conde. -No creo que sea tan estúpido

como para dejarse ver con él.

-Quizá no de inmediato.

Pero, tarde o temprano, cometerán un error.

Siempre lo hacen.

Diego... tiene una personalidad magnética.

Es conocerle y adorarle.

-No lo dudo.

No todo el mundo merece una defensa a ultranza

como la que usted ha hecho de él. -Ni muchas esposas

hablarían así de sus maridos.

Que todo vaya bien.

-"¿Estás nervioso?".

-Mentiría si dijera que no.

-No tienes por qué avergonzarte.

-No me avergüenzo. Soy como soy.

Y claro que estoy asustado.

Apenas he podido dormir desde que tomé la decisión.

  • Capítulo 667

Acacias 38 - Capítulo 667

28 dic 2017

Sepúlveda le dice a Lolita dónde puede encontrar a Belarmino. Felipe recibe el alta, se irá a casa de Celia. Samuel le pide a Blanca que se someta a un examen con el doctor del Val. El doctor se preocupa de los síntomas que ve en Blanca. Úrsula se entera de la transfusión que le van a hacer a Diego y parece bendecir la decisión de Samuel.

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  1. Marisol

    Le llenado otros comentarios les diría que : el problema no son los los actores. son los mejores en mi opinión son los guiones los que están dañando esta serie a parte de que cogen un tema a lo alargan durante meses y eso es aburrido . La Rosina por ejemplo habría que pararle los pies con tantas ínfulas y a la sastra también En fin la novela toda es un desastre súper aburrida . Esa calidad de actores debería estar en algo más llamativo y entretenido

    02 ene 2018
  2. Marisol

    Marisol: la verdad yo comencé a verla y después que murió German y Manuela Deje de ser asidua la veo muy de vez en cuando y cada vez me gusta menos. Es increíble que muestren una persona con tanta maldad y poder sobre los demás . Es la primera vez que veo una serie de ficción donde mueren todos los protagonistas como puede haber tanta impunidad antoñito esta en la carcel por estafa y Cayetana. a y Úrsula an matado a más de uno y no pagan por sus crímenes . Cayetana que no me creo que este muerta debió. Haber ido al garrote por mala . La verdad es que a estos guionistas les falta mucha imaginación es la serie española más aburrida que he visto no se como la siguen emitiendo . Hasta un niño de 5 años sacaría un mejor guión de esta novela siempre lo mismo al fin novela tantas historia entretenidas para contar y nos dan un muermo de serie

    02 ene 2018
  3. lily

    Lily. La verdad es que eso es una funeraria, actor que sobra lo matan, una ¿¿novela¿¿ sin nada positivo ni edificante. Para mantener el bolsillo de algunos, en base al aburrimiento y vacío de mente de otros. Habiendo tantas obras literarias, que serían joyas, si se llevaran a la actuación. Dinero que si sería muy bien invertido y a la vez darle cultura literaria, al televidente. Pero no, es mejor llenar de basura, de odio , de mentiras y de violencia la mente del espectador. Que lamentable, es esto. Cuantas ideas no abrán saltado a la mente de muchos. al ver la ¿¿buena estrella¿¿, que aplica la escritora, ante actos tan desleznables, que son pan de cada d'a a través de esos 600 y resto de capítulos. Que siembran cizaña, intriga , malas ideas en mentes ansiosas de distracción. Pero lo importarte es alargar esta maraña, en bien de don ¿¿Beneficio¿¿, sin importar lo que se siembra.Más que lamentable.

    31 dic 2017
  4. Nora

    Lo que mas me gusta de esta serie es el amor de Simon y Elvira es por ellos que veo la serie son los unicos que me enganchan para verlos a diario.

    29 dic 2017
  5. Dalila

    Sinceramente, creí que con la muerte de Cateyana ya íbamos a descansar, pero no. Quitan a un demonio y ponen a Lucifer. Quizás mi opinión no valga la pena, pero yo la digo, estamos hasta las narices de Úrsula, madre mía actúa muchas veces muy mal (literal) y su maldad ya es cansina. Venga ya jolines, dejad que Blanca y Diego estén juntos, es que como se muera yo, personalmente dejo de ver Acacias (definitivamente). Ya tuve más que suficiente con la muerte de Manuela y Germán, de Carlota, Inocencia... etc. Pero para colmo luego dejan que Teresa y Mauro sean felices, ¿tan difícil hubiera sido hacer lo mismo con los anteriores? Basta de tanta maldad, sois pesados y cansinos, así sólo conseguís perder audiencia, y no creo que eso os convenga. Poned tensión, pero no seáis sados, rozáis el límite. Y como yo, todas mis amigas, estamos hartas. Nos gustaría ver algo de luz al final del túnel, el que no hacéis más que alargar y alargar.

    29 dic 2017
  6. Andrea

    Me tiene Ursula y su criada hasta la coronilla..y lo de Diego.no lo mateis hombre...

    29 dic 2017
  7. Mercedes

    Creo que la mayoría de los telespectadores valoramos la actuación de CASI todos los actores de esta telenovela, salvo alguna que otra excepción. Desde ya la maldad y los JADEOS insoportables de Ursula son el reflejo de lo buena actriz que es LA Alcoverro, no obstante pienso, a raíz de otros comentarios, que muchos veríamos con sumo agrado EL FIN DE URSULA.- En cuanto a Rosina, bastante histérica por cierto no merece las atenciones de su marido, otro en su lugar ya la hubiera mandado a paseo.- Y la ex monjita, pobre, me da mucha pena, no tiene " todos los patitos en fila " y para mas, el esposo la está engañando............

    29 dic 2017
  8. Nur

    No soporto a Blanca y Samuel, demasiado.

    28 dic 2017
  9. Saro

    Ursula es cada día más mala y rencorosa, hasta el punto que muchos comentarios se quejan de éso precisamente, lo que demuestra que Montse Alcoverro es una excelente actriz, me gusta su trabajo). Se va Jacinto pero ... ¡hay que ver cómo domina Liberto el ieeeepaiaaaaaaaa! (esperemos que Rosina no le oiga) ... otra cosa que me ha gustado oírle decir es que, quiere hacerle un regalo a su esposa pero que no quiere joyas como siempre, que este año le apetece más regalarle un viaje ... ¿dónde? ... a las ISLAS CANARIAS para pasar el día de Reyes al sol, con ropa de verano. Cuando le he oído el corazón me ha dado un vuelco, ¡que mi Liberto se haya acordado de mi tierra para venir con Rosina, yo que soy de Gran Canaria! ... ha sido genial, además tiene razón, de toda España solo aquí podrían pasar estas fechas en la playa ... en Las Canteras (por ejemplo) ¡jajaja!. Gracias por mencionar a Canarias. Liberto como siempre ayudando a sus amigos y Jorge demostrando lo buen actor que es.

    28 dic 2017