www.rtve.es /pages/rtve-player-app/2.17.1/js/
4392138
No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 665 - ver ahora
Transcripción completa

Sinceramente, espero no tener que ejercer ese poder nunca.

No soportaría tener que entregarte a la muerte.

-Pero es lo que deseo, Olga.

Deseo acabar con dignidad.

-Adela, me barrunto que sería mejor

que fueras con mi madre.

Ella tampoco está pasando por un buen momento,

y tu presencia le reconforta.

-¿Crees que es lo más adecuado?

-Sí. Sí, sí, yo me quedaré acompañando a Elvira

y me aseguraré que coma.

-Ayer escuché algo que puede ayudar a Antoñito.

Me he enterado de cómo dar con un pollo que está metido en el ajo.

-¿Se lo has contado a don Ramón?

Tengo algo de mucha enjundia que decirles.

-Sin duda, será ese policía del que os he hablado.

-Por fin vamos a estar a salvo. -Bueno, Lolita, hija, dinos.

Buenos días.

Vengo la consulta

del doctor Quiles y las noticias que me ha dado no son buenas

-¿Es grave?

-Diego se muere.

No hay ningún tratamiento para su infección.

-Tiene que reposar

Esa tensión a la que se está sometiendo no es nada buena

para el niño que está esperando. Me estoy planteando ingresarla

en el hospital.

-No, no, no, no es necesario.

Ya me encuentro mejor. -No se preocupe.

Le prometo que le haré descansar.

Han amenazado a toda la familia.

Ayer recibimos una nota.

Si tú no te declaras culpable,...

nosotros sufriremos las consecuencias.

-Os han retirado el encargo

-Tanto trabajo para nada.

-Si solo fuera el trabajo.

Es mucho el dinero que he invertido en hilos de oro

y piedras preciosas. Estamos arruinados.

Hasta ahora, mi madre... ha manejado todo a su antojo.

Pero hay un dato... con el que podemos hundirla.

Y alejarla de tu familia para siempre.

¿Acaso no merece la pena luchar para eso?

-Cuéntame todo lo que sabes.

-Todo está en un cuaderno.

-¿A qué cuaderno te refieres, Olga?

-Al cuaderno de notas de tu padre.

Un cuaderno lleno de anotaciones y números.

Donde está... el diseño del colgante Ana.

Y otras muchas joyas Alday. -Sí.

Sé de qué cuaderno hablas.

-En la hoja del colgante Ana hay unos números.

-Sí. Y son erróneos.

Lo hablé con Samuel una vez.

-Quizá no lo sean tanto.

-¿A qué te refieres?

-Quizá tu padre los anotó muy conscientemente

porque trataba de decir algo.

Trataba de enviaros un mensaje a ti y a tu hermano.

-¿Hablas de una clave?

¿Una clave de qué?

-De la caja fuerte.

-¿Tú cómo sabes todo eso?

-Me lo contó mi madre.

Ella no sabe a ciencia cierta qué es lo que hay en esa caja.

Pero teme...

que sea algo que pueda usarse en su contra

y destruirla.

Algo que termine fulminantemente con la posición que ha logrado

en la familia y en la sociedad.

Y si no, ¿por qué tu padre iba a enviaros un mensaje cifrado

a través de un cuaderno que solo vosotros entenderíais?

-Qué idiota.

Qué idiota he sido. Ahora entiendo el interés de Úrsula

por ese cuaderno.

Pensé que era para...

controlar el negocio familiar, pero había otra razón.

-Y a esa razón has de acogerte para encontrar el camino y recuperarte.

¿No te das cuenta que no puedes darte por vencido?

Tu padre te necesita.

-Tengo que hablar con Samuel. Él tiene ese cuaderno.

-Espera. Ve al médico, recupérate y solo así podrás cumplir

los deseos de tu padre. Diego, tienes que estar fuerte

para luchar contra Úrsula. -¿Y si no me recupero?

Tengo que hablar con Samuel, tengo que avisarle.

-Diego. Siéntate. Por favor, estás muy débil.

-Samuel ha de saber todo esto cuanto antes.

-Diego, pero... ¡Diego!

¡Diego!

¡Diego, despierta, por favor! ¡Diego!

¡Diego!

Todo saldrá bien. Ya lo verás.

-Diego no va a querer curarse, le conozco.

Movería el mundo entero para salvar a cualquiera, pero...

por sí mismo no hará nada.

-Le convenceremos.

Lograremos que entre en razón, pero no pienses en ello.

Ahora has de pensar en ti y descansar.

Recuerda lo que te dijo el médico.

Si no haces reposo, perderás al niño.

-El doctor Quiles exagera.

No voy a perder a mi hijo por un mareo insignificante.

-Hija. ¿Cómo te encuentras?

-Estoy bien. -¿Qué ha ocurrido?

-Estábamos con el doctor Quiles cuando empezó a encontrarse mal.

Y sufrió un leve mareo, pero no fue nada.

-¿Qué hacías con el doctor?

Seguro que algo relacionado con Diego.

Blanca está en una situación muy delicada,

y debe distanciarse de él.

Diego solo es... una fuente de problemas.

-Leonor no tiene la culpa.

-¿Puedes dejarme a solas con mi hija?

¿Cómo estás?

-No tenía que haberle hablado así a Leonor.

Además, ya le he dicho que estoy bien.

-¿No te das cuenta que tú y ese niño que está en camino

sois lo único que tengo?

Sois mi vida.

-Esta criatura es lo más importante en el mundo para mí.

-Pues no lo parece. Porque no te comportas como si así lo fuera.

Mira, hija,...

yo no quiero discutir contigo.

Solo quiero cuidarte, que no te pase nada.

Permíteme ejercer de madre.

Solo eso. ¿De acuerdo?

Diego. No me hagas esto, por favor.

No te puedes morir, Diego, por favor.

Te llevo al médico.

Diego.

Ayúdame, por favor.

No.

¿Por qué has tenido que ser tan cabezota?

¿Por qué te has empeñado en morir?

-¡Diego! ¿Qué ha pasado? Olga, ¡¿qué ha pasado?!

Diego. No, no, no, no.

No puedes morir.

Diego. Diego.

Parece que aún tiene pulso.

Olga, llama a un médico. ¡Olga, rápido, llama a un médico!

Familiarícese con la casa.

Entre en las habitaciones y mire lo que quiera.

Si necesita cualquier cosa, no dude en decírmelo.

A partir de ahora,...

Vilas cuidará de nosotros y velará por la seguridad

de nuestra casa.

Así estaréis más tranquilas, ¿de acuerdo?

Ya sé que no va a resultar agradable

convivir con un hombre al que apenas conocemos de nada, pero...

-No fue agradable la angustia que sentimos al pensar que alguien

nos perseguía. Así que no.

Cuanto más cerca esté este hombre, mejor.

-Perdone la osadía, don Ramón, pero ¿le puedo hacer una pregunta?

-Dime.

-¿De dónde lo ha sacado? No será de la policía, ¿no?

-¿A qué viene esa pregunta, qué más dará, Lolita?

-No me importa contártelo, Lolita.

Vilas trabajó durante mucho tiempo para un buen amigo mío del Ateneo.

Es un hombre con muy buenas referencias, que incluso

trabajó para la Casa Real.

-Luisi,...

ya que no sabemos cuánto tiempo va a durar esta situación,

y aprovechando que te has arreglado con Víctor,

¿por qué no hacéis ese viaje a París?

-No me gusta esa idea.

Y deberías habérmela consultado antes de proponerla.

-Lo siento, querido, pensé que...

creías que lo mejor era...

que María Luisa se alejara de aquí. -Lo que quiero

es que no le ocurra nada.

Y no sé cuán larga es la mano de ese tal Belarmino

y me angustia tenerla lejos.

No es por Víctor, hija, todo lo contrario.

Me alegro mucho de que estéis juntos otra vez, pero...

-No se apure,

no me voy a ir a ningún lado.

Es el momento de que nuestra familia permanezca unida,

junto a Antoñito.

Ya habrá momento para hacer ese viaje.

(Llaman a la puerta)

-Aguarda, Lolita. Ve con Vilas.

Y aseguraros muy bien de quién está al otro lado.

Me siento muy orgulloso de ti, hija.

Has demostrado tener... coraje, valentía y entereza con tu actitud.

-Fruslerías. -No, de eso nada.

No sabes lo que me enorgullece...

ver la mujer en la que te has convertido.

-Somos una familia, ¿no? Si no arrimamos el hombro

en los malos momentos, ¿cuándo lo vamos a hacer?

-Disculpen la intromisión.

He venido a pedirle algo en nombre de Felipe.

-¿Qué ocurre? -Insiste en que vaya usted a verle

de inmediato para empezar a trabajar en el caso de Antoñito.

Dice que cuanto antes se pongan manos a la obra, mejor que mejor.

-Por supuesto, voy por mi abrigo.

-Don Ramón. ¿Le importaría que fuera yo también?

Quizá pueda ayudar en algo. -Vamos.

¿Vender la sastrería? Pero...

¿usted ha perdido el oremus, abuela?

Si este lugar es su vida. -Mi vida es mi familia.

Y no insistáis más.

He de hacer lo que he de hacer.

Aunque me cueste. Estoy arruinada.

-A ver, ¿a cuánto asciende la deuda por el manto papal?

¿Cuánto invirtió en él?

Tal vez podamos ayudarla. -Entre todos pagaremos ese dinero.

-Y si Leandro supiera lo que ocurre, haría por ayudarla.

-Vendría en un santiamén y la haría entrar en razón.

-No digáis tonterías, ni se os ocurra avisarle.

Es mucho dinero, no quiero implicarle en esto.

Tiene... toda su vida por delante.

Y vosotros también, no.

-Tía, ¿a cuánto asciende?

-Pues... no sabría decírtelo a ciencia cierta, pero...

solo en hilos de oro ya hay unos cuantos miles.

Y luego lo que nos hemos gastado en piedras preciosas y seda.

Este manto, posiblemente,... cueste más que la sastrería entera.

-Bueno, no puede rendirse ahora.

Usted es una luchadora, le quedan muchos combates por ganar.

-No tengo ganas, Simón. Estoy muy cansada.

Venderé,...

y con lo poco que me quede, me retiraré modestamente.

-¿A hacer qué?

-No sé, Liberto. Rezar.

Coseros ropas.

Al fin y al cabo, esto es solo un negocio

-¿Solo un negocio? Abuela,...

usted sabe perfectamente que esto no es una simple sastrería.

Esta es la sastrería de Acacias. Es un referente para el barrio.

-Y el lugar que levantó usted sola cuando enviudó.

Aquí nació su hijo. Aquí Leandro aprendió el oficio.

No, tía. Lo que hay en estas cuatro paredes no es un simple negocio.

Es su vida entera.

-Lo era. Pero se acabó.

Toda mi vida se va por el albañal,

por mi propia tragedia de juventud. Paradojas de la vida.

¿Cierras tú, hijo?

¿Qué le ocurre, doctor?

Díganos algo.

-Tiene las constantes vitales bajas, pero está estable.

Probablemente, la intoxicación ha alcanzado el sistema nervioso.

¿Sabe si sufría temblores o debilidad motriz?

-Hace mucho que no veía a mi hermano.

¿Qué podemos hacer por él?

-No voy a engañarles.

Está grave y... podría no mejorar.

-¿Quiere decir que podría quedarse así?

-Ya le dije a su hermano que esto podía pasar.

Le dije que fuera a visitarme para explorarle, pero él se negó.

-¿No hay nada que podamos hacer para curarle?

-Pero sí para aliviar su dolor

y que su camino a la muerte sea más llevadero.

Tenemos que trasladarlo al hospital

y que allí le administren el tratamiento contra el dolor.

Aunque está inconsciente, debe estar viviendo un auténtico infierno.

-Me encargaré personalmente de trasladarlo al hospital.

-No.

Diego no va a salir de esta casa.

Y ni mucho menos va a ser trasladado a ningún hospital.

-¿Cómo? -Me has oído perfectamente.

Es lo que Diego quería.

-¿Y qué sabes tú lo que Diego quería?

No le haga ni caso, doctor, ella no es nadie para decidir esto.

-Siento contradecirte.

Pero soy la persona a la que Diego nombró albacea

de su última voluntad.

-¿Qué es esto?

-Un acta notarial.

Con validez ante la ley.

Samuel,... esto me gusta menos que a ti.

Pero Diego así lo quería.

No quería recibir ningún tratamiento.

Ni moverse de esta casa.

Así que,...

yo haré todo lo posible para que eso... sea así.

No entiendo cómo ese hombre, el edil de Cádiz, no nos ayuda.

Ha sido víctima de la misma estafa que le hizo a Antoñito.

-Nadie quiere meterse en problemas.

Y menos con alguien tan peligroso como ese.

-Era la mejor carta que teníamos para la defensa de mi hijo.

-Pero no la única.

Es cierto que el testimonio de Sepúlveda nos hizo mucho daño.

Pero tenemos pruebas a nuestro favor.

-¿Qué pruebas?

-Los anónimos amenazantes que me mandaron a mí y a ustedes.

Servirán para que el juez

se empiece a plantear que Belarmino no es una invención de Antoñito.

Lolita, ¿qué te ocurre?

Pareces nerviosa.

Buenos días.

-Lolita.

-¿Qué han hecho con las notas amenazantes?

-Las tiene la policía, ¿por?

-¿La policía? -Sí, ¿qué ocurre?

-¿Cree que puede confiar en ellos?

-Por supuesto que sí.

Méndez ha puesto los mejores hombres a trabajar en el caso.

Y yo trabajo allí. ¿Por qué íbamos a desconfiar?

Son los únicos que están haciendo algo por Antoñito.

Lolita,...

¿hay algo que no nos estés contando?

-Nada. Serán los nervios, señor.

-He contratado a un hombre para que nos proteja y, me temo que eso

ha asustado aún más a Lolita, ¿no es cierto?

-Entiendo.

-Felipe,

¿se encuentra usted bien? -Sí.

Sí, lo que pasa es que no... debería excederme.

-Por supuesto.

Hablaremos más adelante. Dejemos descansar a don Felipe.

-¿Necesita usted algo, don Felipe?

-No, nada. Tan solo descansar.

-Así mejor.

Estoy segura de que Felipe está en estos momentos

hablando con don Ramón del juicio de Antoñito.

A pesar de mi consejo y del consejo del doctor de que debía descansar.

Pero es que él siempre hace lo que le da la gana.

Más bien hace lo que cree que debe hacer según le dicta el corazón.

-Está usted muy enamorada, ¿verdad?

-Pues sí, a qué engañarnos.

Pero ¿a qué la pregunta?

-Nada, es que se le nota mucho cuando habla de él.

Hay amor en todas y cada una de las palabras que dice.

Se le ilumina la cara y hasta le cambia el tono de la voz.

-Pues sí, lo cierto es que sí estoy enamorada.

-Eso es algo que... siempre lo he sabido ver.

Incluso en el convento ya me pasaba.

Había monjas que...

sentían auténtico amor y devoción por Dios.

Y yo... era capaz de darme cuenta.

Lo veía en sus ojos.

Me pasa como con usted.

-Es que hemos pasado un año muy convulso.

Y estoy deseando volver a la normalidad.

No sabe las ganas que tengo. -No me extraña en absoluto.

Han pasado mil y una vicisitudes recientemente.

-Y no solo recientemente.

Desde que nos separamos, tengo la sensación

de haber estado viviendo en un sueño,

del que estoy deseando despertar.

Pero no me haga caso, que ha venido a por unos papeles

para que revise Simón y yo la entretengo con mis penas.

Voy por ellos.

¿Hola?

Había...

Os había traído...

Dígale a Simón que no necesitaré

que los revise inmediatamente.

Estará muy ocupado con el descalabre económico de Susana.

¿Adela?

¿Está usted bien? ¿Qué le ocurre?

¿Quiere que le prepare una tila?

-No, no, gracias, no hace falta, no me haga caso.

-Algo le pasa. Vamos.

¿Es por la sastrería? ¿Eh?

-Es por Simón.

-¿Simón?

-No hay nada que pueda hacer para competir con Elvira.

Es como si mi matrimonio

fuera el sueño del que habla usted. Es... algo irreal.

Algo que no es de verdad.

-No, Adela. -Sí.

Y Elvira y Simón están esperando a... despertar para

volver a la normalidad.

-No puede usted pensar eso, Adela. Simón...

la ama con toda su alma.

-No, él quiere a Elvira.

-No hable así. Son los celos los que hablan por usted.

Celos lógicos y normales al ver a Simón apoyando tanto a Elvira

por todo lo ocurrido con el coronel.

Pero... es todo su imaginación.

-No. No, no, no es mi imaginación.

Oí a Simón

hablar con Víctor sobre Elvira.

-¿Y qué decía?

Si te cuento una cosa, ¿me prometes que no saldrá de aquí?

-Por supuesto.

-A mí me pasa un poco como a ella.

Trato de seguir adelante y de no pensar, y por supuesto,

quiero a mi esposa y admiro su bondad por encima de todo,

pero...

No lo sé, hay un rincón en mi corazón, en lo más hondo,

donde siempre está Elvira.

Hay amores que uno nunca...

consigue sacarse de dentro.

No sé, tal vez...

debería dejarles libres y desaparecer.

-No hable así ni en chanza. Simón la quiere.

Aunque...

puede que no sepa cuánto todavía.

Ha tenido que pasar todo esto para entenderle.

Y lo siento. Lo siento tanto, padre.

Ambos estábamos equivocados, ¿me oye?

¿Es que acaso Dios no nos va a dar la oportunidad

de hacer las paces y ser el padre y la hija que siempre debimos ser?

Tiene que luchar.

Tiene que hallar la manera de volver junto a mí.

Por favor, padre, se lo ruego, no me deje sola.

Te he traído una infusión

de hierbaluisa y espino.

Gracias.

Pensé que te apetecería algo caliente.

¿Vas a pasar la noche aquí, en el hospital?

Solo nos tenemos el uno al otro.

Me gustaría acompañarte, pero... debo regresar con mi madre.

Ella tampoco está pasando

por un buen momento. Claro que sí, Simón.

No has de disculparte.

Bastante estás haciendo ya por mí.

Estás siendo muy bueno conmigo.

Eres tú la que está demostrando tener un corazón enorme, Elvira.

A pesar de todo lo que ha sucedido por culpa de tu padre, aquí estás.

Sin moverte de su lado ni un solo minuto.

Él me quiere.

A su manera equivocada, pero me quiere.

A veces el amor te hace hacer tonterías

y cometer errores.

¿Cómo voy a culparle a él de algo que yo misma he hecho contigo?

Me gustaría que me perdonaras por mi reciente comportamiento.

Sí, sí. Olvídalo, no tienes de qué disculparte.

Pero quiero hacerlo.

No me he portado bien.

Verte casado con Adela...

fue como una daga envenenada que se clavaba en mi corazón.

Después de lo mucho que nos habíamos querido,

no logré entenderlo.

Por eso actué como actué.

Odiando a Adela.

Mintiendo.

Revelando secretos que jamás debí revelar.

Intentando destruir tu matrimonio.

Y hasta manipulando a Víctor

y jugando con él para provocar tus celos.

Me comporté como una auténtica tarasca sin corazón.

Como una caprichosa que solo piensa en sus sentimientos

sin tener en cuenta las consecuencias de sus actos.

Yo tampoco supe manejar la situación, Elvira.

No, Simón.

Tú hiciste lo que tenías que hacer para ponerte en mi lugar.

Sé que no es excusa,...

pero todo lo que he hecho ha sido por mi amor por ti.

Me moría... al pensar en una vida sin ti.

¿Crees que podrás perdonarme algún día?

Claro, Elvira.

Todo está olvidado.

¿Qué hace usted aquí?

-Hemos estado hablando con el doctor Quiles sobre el estado de Diego.

Y Blanca ha sufrido un mareo.

Ahora está en su cuarto. Yo me he quedado aquí aguardando

por si me necesitaba. -Pero ¿está bien?

-Está con Úrsula, no se apure.

El médico ha dicho que ha sido solo un ligero mareo.

Pero nada que no se solucione con un poco de descanso.

-Precisamente vengo de ver a mi hermano.

He ido a tratar de convencerle que se sometiera a un tratamiento

cuando sufrió un desmayo y quedó inconsciente.

-¿Inconsciente?

¿Y qué le han dicho en el hospital?

-Ese es el problema, que no está en el hospital,

sino en nuestra casa.

-Pero ¿por qué no le han llevado ustedes al hospital?

-Al parecer, Diego dejó firmada una última voluntad.

Una especie de testamento vital por el cual,

si quedase en estado vegetativo o inconsciente,

no quiere recibir ningún tratamiento

ni ser trasladado a un hospital. Y le hizo jurar a Olga

que velaría porque así se cumpliera. -Pero es que esto es una locura.

-Una locura típica de mi hermano.

-¿No hay nada que se pueda hacer?

-Simplemente esperar a que su sufrimiento y agonía

duren lo menos posible.

-¿Y se lo va a decir a Blanca?

-Eso la haría sufrir aún más.

Y debo pensar en nuestro futuro hijo.

Le pido discreción, por favor.

Yo no sé si me voy a acostumbrar a llevar todo el día

a este pegado a la espalda. -Este se llama Vilas,

y yo estoy mucho más tranquila cuando está.

-Ya, Luisi, hija, pero es que yo soy más de campar a mis anchas.

Que yo prefiero pasar miedo a ir escoltada, qué quieres que te diga.

Cuando yo no era señora, me las apañaba divinamente

yo solita con mi navajita suiza metida en el bolso.

-Ya, pero es que es señora, la señora de Palacios concretamente.

Así que no complique más las cosas

y haga caso a mi padre, por el amor de Dios.

-Susana, ¿de verdad tienes que hacerlo?

¿No hay otra solución? -No insistas más, Rosina.

No hay nada más que se pueda hacer. Resignación cristiana.

Ese encargo no era más que vanidad, y eso me demuestra

cuán vano es mi oficio.

-A las buenas.

¿Qué le ocurre a Susana, que tiene esa cara?

-A ver si te crees que eres la única que tiene problemas en el barrio.

Aunque, por lo que veo, os habéis dado prisa

en buscarle solución a los mismos.

-Veo que las noticias vuelan. -Y sabes cómo es el barrio,

ni que fueras nueva. -Bueno, es que mi esposa

estaba muy preocupada por cómo le iban las cosas a Antoñito.

Y decidí contarle los últimos acontecimientos.

Pero para no preocuparla, nada más. -Y por mi propia seguridad.

¿Y si, por ir de paseo de vuestra mano, me acaba pasando

algo a mí también? -Claro.

Usted no se preocupe tanto por nosotras, doña Rosina.

No hace falta que muestre tanto interés.

En fin,... ¿qué es lo que le sucedía a doña Susana?

-Que se ve obligada a hacer algo que no quiere

para salvar lo poco que tiene. ¿Me enténdeis?

-Pues no, Rosina.

-Que este barrio va a cambiar. Y va a ser a peor.

Si no, basta con fijarse en la chusma que frecuenta la calle

últimamente.

En fin.

No sé qué va a hacer Susana para salir de este desaguisado.

Buenos días, doña Susana.

Mi señora me ha hecho bajar para informarle de que puede atenderle

esta misma mañana.

Pero tendría que ser ahora mismo.

-Vamos.

¿Otra vez usted a pie de estufa?

Venga aquí.

¿Se puede saber qué hace quitándole el sitio de nuevo a los pobres?

-Yo no quito el sitio a nadie, que la estufa es de todos.

-No, no, no, no, no. Esto es de los que ni siquiera

tienen ningún sitio para calentarse el culo, que no es su caso.

-¿Y usted qué sabe? -Lo único que sé es lo que veo.

-Lo que ve es que estoy aquí pegando la hebra con unos amigos.

-¿Qué amigos? -Amigos.

Mi amigo Agapito,

¿verdad, Agapito? ¿Qué tal va esa hernia que me comentó ayer?

¿Bien? Ah, pues "na".

Va bien.

-Es la primera vez que ve a este hombre, ¿verdad?

Deje a esta gente que se caliente en paz, hombre.

Lo necesita más que usted.

(RÍE)

Está usted rojo como una sandía.

Me da a mí que se ha pasado con el calentamiento.

-Le voy a decir a usted la verdad, Jacinto. No...

No me estaba calentando, no. -¿Ah, no?

-Estaba guardándole el sitio a Gustavo.

-¿Quién es Gustavo? -Gustavo es otro amiguete mío

que también es pordiosero, que pide en iglesia

por las mañanas, y que le guardo el sitio

para que se caliente sus frías manos.

-Pero eso cambia las cosas, Servando.

Está usted haciendo una obra de caridad,

de generosidad infinita.

-Claro, eso también, que Gustavo me da la mitad de lo que saca.

-¿Le está cobrando a los pobres? -Sí, pero es un trabajo en equipo.

-No, no, es un robo.

Una estafa. Un apro... Ilí... Un robo.

Sí, sí. Pero ¿cómo puede quitarle...,

aprovecharse de los pobres, que no tienen "na"?

-Quite usted del medio, Agapito, o como se llame.

Entiendo.

¿Quieres que Carmen te prepare algo?

¿Una tila o unas hierbas de San Juan?

-Puedes retirarte, Carmen.

Es muy triste... oírte decir esto.

Lamento que la curia no quiera pagarte

el manto papal. Hiciste

un trabajo extraordinario. -Fue mi nuera,

que tiene manos de oro. Pero sí, una pena.

Una pena que ahora me obliga

a tomar decisiones difíciles.

-¿Estás segura de lo que vas a hacer?

La sastrería Séler es un negocio familiar.

Fue de tu marido, y antes, de los padres de él.

¿Estás segura que quieres deshacerte de ella?

-No quiero, Úrsula.

Pero he de hacerlo si quiero sobrevivir.

La necesidad me obliga.

-La deuda que has contraído, diría yo.

Las malas decisiones que has tomado, Susana.

Eso es lo que te ha llevado hasta aquí.

-Sí, la deuda que tengo es demasiado elevada.

Pero no quiero lamentarme,

solo buscar una solución. Ya no tengo fuerzas...

para sacar adelante el negocio yo sola, ni para levantarlo desde cero.

Solo quiero retirarme y descansar.

-Entiendo.

Pero el precio que has puesto es excesivamente elevado.

Superior al costo del mando.

¿Por qué iba a comprar yo una sastrería en unas condiciones así?

-Porque es un negocio...

con años de tradición. Con clientela fija.

Con fama y renombre en toda la ciudad.

-Un negocio al borde de la ruina.

-Que dejo en pleno funcionamiento.

Quien lo compre...

recuperará la inversión en poco tiempo.

-No lo creo.

Sin embargo,...

y a pesar de que tengo la sensación de que estoy tirando el dinero,

sea. Te compraré la sastrería.

Y lo haré por dos razones.

La primera,...

porque la sastrería lleva aquí en Acacias desde siempre,

y aquí debe permanecer.

Lamentaría muchísimo

verla desaparecer. Y la segunda,...

es porque a pesar de todo, Susana,...

te aprecio y no quiero verte en la indigencia.

Ya me dirás qué puede hacer

una anciana sin recursos, y con la reputación mancillada,

para salir adelante.

-Gracias, Úrsula. Te agradezco tu caridad cristiana.

Y tu buen corazón.

-Prepara los papeles cuanto antes,

no sea que me arrepienta de mi generoso gesto.

-Gracias. Que pases un buen día.

-¿Cómo ha ido, señora?

-El día no podría haber empezado mejor.

Ella aún no lo sabe, pero Susana me ha entregado un regalo.

El mejor de todos.

Nunca pensé que me lo pondría tan fácil.

Poco a poco, los vecinos de Acacias...

se van a ir dando cuenta de que Úrsula Dicenta

no olvida.

Nunca perdonaré lo que ocurrió...

la noche de los Paulinos.

¿Ha regresado Olga a casa? -No, señora.

¿Por qué tuviste que encargarme esta tarea?

¿Por qué tuviste que descargar sobre mí esta responsabilidad?

No sé si estoy cometiendo un error haciéndote caso.

Quizá los medicamentos podrían salvarte la vida.

Quizá estés pasando un calvario por dentro y hayas cambiado de opinión.

¿Quieres que te administren medicamentos contra el dolor?

¿Eh, Diego?

¿Es así?

Dame una señal o dime algo para que yo te entienda.

¡Diego, háblame!

¡Háblame!

Podríamos haber sido felices.

Nunca había sido feliz hasta que te conocí.

Ni siquiera había estado cerca de la felicidad en toda mi vida.

Solo lo fui a tu lado.

Apoyada en tu regazo.

Entre tus brazos.

Despierta.

Despierta, por favor.

¿O es que acaso no te importo?

¿Es eso, no te importo?

(LLORA)

(Llaman a la puerta)

¿Molesto?

-No

No, no, no. Yo ya me iba.

Solo me pasé esta mañana para ver cómo seguían las cosas, pero...

he de ir a trabajar.

Gracias, Simón.

Verás, yo...

María Luisa, si te sientes culpable por algo, te ruego que no lo hagas.

Tú no has hecho nada malo.

Y Víctor tampoco.

Díselo de mi parte.

Los únicos culpables de todo hemos sido mi padre y yo.

Deja de fustigarte, Elvira.

Es la verdad. La verdad es que tú has hecho

lo imposible por evitar ese duelo.

Cometiste un error, sí. Pero luego trataste de enmendarlo.

Cuando ya era tarde. Bueno, no pienses en eso ahora.

Ahora lo importante es que tu padre se recupere

y que todo esto termine bien.

No sabes cuánto agradezco tus palabras.

Y no sabes lo que me ayuda que me hayas perdonado.

¿Estáis ya bien Víctor y tú?

Sí. Pero no todo está bien en mi casa.

Mi hermano sigue pasando lo indecible

encerrado en ese cuchitril.

Y nosotras tenemos que convivir

con un hombre que nos acompaña a todos lados.

¿Un hombre? Sí.

Se llama Vilas. Mi padre le ha contratado

para que nos proteja.

Se ha quedado fuera.

Los hombres que le tendieron la trampa a mi hermano

son muy peligrosos y hemos recibido amenazas.

Cuánto lo siento.

Ojalá Antoñito pueda demostrar pronto su inocencia.

Y Víctor y tú podáis, por fin, disfrutar de vuestro amor.

Donde quiera que os lleve el destino.

¿Por qué lo dices como si no fueras a estar aquí para verlo?

Si mi padre muere... Eso no va a pasar.

Sin mi padre,... sin Simón,...

no tiene sentido seguir en este barrio.

Solo conseguiría continuar haciéndome daño.

Pero Elvira... Él está casado.

Es suyo. Para siempre.

Y he de hacerme a la idea.

Por eso debo alejarme, María Luisa.

Y eso es lo que voy a hacer.

+¿Estoy soñando?

-¿Y eso qué más da?

¿Qué importa si estamos soñando o no si estamos juntos?

¿Acaso no es eso lo único que importa?

-¿Cómo lo hemos hecho tan mal?

¿Cómo hemos sido tan estúpidos?

Te quiero.

-Cuidado, mi amor.

Estoy enfermo.

Podría contagiarte. -Me da igual.

Me da igual morir ahora mismo aquí, en tus brazos.

Porque sin tus besos ya estoy muerta.

No puedo vivir sin ellos.

No puedo vivir sin ti.

Diego.

Diego. Diego.

¡Diego!

Diego. ¡Diego!

Diego.

¡Diego!

-Tranquila.

Tranquila, ha sido una pesadilla. Debe de ser por la fiebre.

Tenías unas décimas. -¿Qué le ha pasado a Diego?

Sé que le ha pasado algo.

-No le ha pasado nada, Diego está bien.

Ya lo sabes, Lola. No puedes salir sola.

Esa gente es muy peligrosa y "pa" chasco que tú lo sabes.

-¿Y qué quieres que haga, Casilda?

-¿Dónde está ese hombretón?

-Pues ha ido a acompañar a María Luisa al hospital,

a ver a la señorita Elvira. -Pues podrías haberle esperado.

Yo tengo tareas que atender en la casa.

Y recados que hacer.

-No me fío de ti, Lola.

Más que tareas, tú lo que querías es meter las narices

en las investigaciones de la policía, ¿no?

Claro, si es que te conozco.

Lo que querías era darle esquinazo al Vilas

para husmear por tu cuenta. -"Tontás".

-¿"Tontás"? "Tontás" es lo que tú haces.

Bueno, ¿qué, le contaste a don Ramón lo que me dijiste?

-¿Qué? No sé de qué me hablas.

¿Tú le estás dando a la bebida o el frío te congela las ideas?

-Ni una cosa ni la otra, Lola,

que yo me acuerdo perfectamente de lo que me contaste.

-¿Cuándo?

-Pues sería ayer.

Antes de ayer. -O la semana pasada, aclárate.

De lo que sí me acuerdo yo

es que he ido al mercado, y por el camino

me he encontrado una taberna

en la que dos hombres estaban dándose voces.

La Taberna del Chivo, ¿la conoces? -¿A qué viene la pregunta?

-Curiosidad. -Yo nunca he estado en ese antro,

pero ahí va gente de mal vivir.

Lola, que te conozco, mujer.

Y sé que tú estás investigando por tu cuenta.

-Que ya te he dicho que no.

-Pues si es así, prométemelo.

-Te lo prometo.

-Espero que no sea un embuste.

Y vete "pa" casa, que no quiero que te alejes más de Acacias.

Yo me marcho, luego te veo. -A más ver.

¿Vilas?

Será sinvergüenza el tío, que se ha cogido una cogorza.

Tú. ¡Qué chuzas, despierta!

Pero ¿qué tipo de protección vas a darnos

si estás aquí durmiendo la mona? Eh.

¡Tú, despierta!

(GRITA)

No, no, ¿qué haces, qué haces?

Debes descansar.

-Voy a ver a Diego. A comprobar que está bien.

-Por favor.

-Me da igual lo que me digas, Samuel, tengo un mal presentimiento.

-No puedes ir. -¿Por qué?

-Porque...

porque no hay nada que se pueda hacer por él.

Diego está inconsciente.

Está muriéndose.

¿Esto es todo lo que piensas hacer por él,

rezarle una oración al Santísimo?

-Vamos, Blanca, no os enzarcéis en una nueva disputa.

La enfermera que está al cuidado de Diego ya debe marcharse.

Debemos acudir a velarlo. -Haz caso a tu esposo.

Es mejor que te vayas, yo enseguida iré.

-Samuel, te lo ruego, déjame un momento a solas con mi hermana.

-Está bien.

-"Hemos pasado mucho" entre estas paredes

Pero no tendrías que haber venido.

Si necesitabas algo de tu casa, yo te lo podría haber llevado.

Te lo agradezco. Pero también quería darme un baño.

Asearme un poco antes de empezar a recoger algunas cosas

¿Recoger?

Del resto ya se encargarán los empleados de la mudanza.

Elvira,...

¿de qué estás hablando?

En cuanto ocurra lo inevitable,...

tan solo esperaré a oficiar los responsos de mi padre

para abandonar esta casa y Acacias para siempre.

Ojalá nunca volvamos a separarnos.

-Ejem, ejem. -Don Ramón.

Discúlpeme.

Sé que tengo una conversación pendiente con usted.

Comunicarle que su hija y yo... hemos retomado relaciones.

Si no se lo he comunicado antes

es porque pensaba que, con todo lo que le está pasando,

no era lo más adecuado molestarle. -Sin embargo,...

sí te ha parecido conveniente daros arrumacos en mitad de mi casa.

-"Debemos llevarle de inmediato al hospital"

-Blanca, eso va en contra de su voluntad y de la ley.

-La ley no puede permitir un asesinato. Diego se muere.

Yo no me pienso quedar de brazos cruzados.

-Si le sirve de consuelo, tampoco podríamos hacer mucho por él.

Ya les dije que el mercurialismo

no tiene cura. -Pero...

también afirmó que existían

ciertos tratamientos. -Experimentales. Sin garantías.

-¿Y esperar la muerte, sin más, es mejor que correr el riesgo?

-Háblenos de esos remedios, doctor.

-"Deberías tomarte esta tisana"

bien calentita, ¿eh? A ver si así se te templa el cuerpo.

-No creo que me entre. -Haz un poder, hija.

Que ya solo nos faltaba que enfermaras por falta de sustento.

-Si es que ya te lo dijo servidora, Lola.

Que no tenías que salir a la calle hasta que estuviera todo resuelto.

-Así que aplícate el cuento, Lolita. Y ya se acabó eso

de ir zascandileando por ahí, ¿eh?

-Y te quedas en casa de tus señores, que ahí no te puede pasar nada malo.

-¿Y quedarme de brazos cruzados?

-Mejor cruzados, que muerto para toda la eternidad.

Te pido que conserves la fe.

La verdad saldrá adelante.

Descubriremos sus manejos y tú saldrás de aquí.

Lo único que te pido

es que extremes los cuidados.

Tienes que andarte con mil ojos,

¿de acuerdo? Si sospechas de algo,...

si te sucede algo,...

no dudes en contárselo de inmediato al comisario Méndez.

O a mí.

En este momento,...

somos las dos únicas personas en las que puedes confiar.

"Dígame que no es cierto" que no va a vender la sastrería a Úrsula.

-No solo es cierto, no hay manera de hacerla entrar en razón.

-Pero ¿cómo ha podido tomar una decisión así?

-Justo eso iba yo a recriminarle.

¿Qué pasa si mis padres decidieran regresar?

¿Qué pensaría Leandro si ve el negocio en manos de esa mujer?

-Que piense lo que le entre en gana. Ellos viven su vida, y yo la mía.

No tengo por qué consultarlo con nadie.

Es mi negocio y mi determinación.

-Sabemos que está pasando por una situación muy delicada.

Pero... tal vez entre todos podamos

encontrar una solución, ¿no cree?

-No, yo ya no tengo ni fuerzas ni ganas para ello.

Estoy cansada.

Lo creas o no,... siento sincero afecto por ti.

Me preocupas.

Tú,... tu matrimonio,...

también el hijo que estás esperando. -Nadie ha pedido

que lo haga. -Me lo pide mi corazón.

¿Acaso olvidas que ese niño es sangre de mi sangre?

Deseo para mi nieto unos padres dichosos, unidos,

que le presten todos los cuidados. -Y es justo lo que tendrá.

-¿Seguro?

¿De verdad lo crees?

-"Y ahora qué haces?".

-Firmar un pagaré.

Para que puedas saldar las deudas contraídas

por el dichoso mantito.

-Pareces no haberte enterado de que la cifra es astronómica.

-Ya, supuestamente más alta que el valor de tu negocio.

-Sí. Por desgracia, así es.

-Susana,...

¿crees que Úrsula es la única mujer con posibles de Acacias?

¿Tengo que recordarte que mi yacimiento,

mi mina de oro, me da sus buenos dividendos?

-"Tristes navidades van a ser estas" con Antoñito encerrado en la cárcel.

-Descuida, Lola.

Ya verás como Dios aprieta pero no ahoga.

Y, si quieres estar mohína, mejor será que lo estés en casa.

Allí vas a estar segura.

Diego.

-Blanca,... ¿qué haces aquí?

-No puede ser verdad.

Hemos llegado tarde.

  • A mi lista
  • A mis favoritos
  • Capítulo 665

Acacias 38 - Capítulo 665

26 dic 2017

Olga le habla a Diego de la clave de la caja fuerte escondida en el cuaderno de don Jaime. Úrsula se entera del mareo de Blanca y hace todo lo posible por cuidar a su hija. Samuel visita a Diego, y se lo encuentra desmayado en el suelo. Olga se opone a que le trasladen a un hospital y le cuida ella misma en la mansión de los Alday.

ver más sobre "Acacias 38 - Capítulo 665" ver menos sobre "Acacias 38 - Capítulo 665"
Programas completos (870)
Clips

Los últimos 3.269 programas de Acacias 38

  • Ver Miniaturas Ver Miniaturas
  • Ver Listado Ver Listado
Buscar por:
Por fechas
Por tipo
Todos los vídeos y audios

Añadir comentario ↓

  1. Ale Sosa

    jaja ya me estaba preguntando lo mismo Diana arboleda!, pero la trama muy interesante aplausos por el vestuario un poco repetido el guion. Adelante Acacias 38!

    13 ene 2018
  2. calixta

    vaya por Dios,los guionistas tienen un problema ! todo es tragedia,los personajes se hacen cansinos pues todo son lagrimas... Simon que era mi favorito me aburre

    27 dic 2017
  3. Rosa Salvaje

    Siempre veo este programa pero ya me cansa No adelanta para nada siempre ganan los malos y los buenos se hacen los idiotas

    27 dic 2017
  4. Victoria

    1.043.000 espectadores y un 9% de cuota de pantalla ... ¡fantástico y enhorabuena a todos!

    27 dic 2017
  5. Alvarez

    Que buena la actuación de Olga, me ha conmovido, Enhorabuena guapa ! Voy a buscar tu nombre para aprendermelo!

    27 dic 2017
  6. Ana Cecilia Torres

    Me encanta la serie pero siento que se está extendiendo mucho y un dato curioso es que aquí simpre ganan los malvados.

    27 dic 2017
  7. Este comentario ha sido eliminado

    27 dic 2017
  8. Mikel

    Y k nunka se descubra las maldades de los malos agobia un pok ya

    27 dic 2017
  9. Anónimo

    Que esperar de unos guionistas que solo traen catástrofes, asesinatos, agonía, triunfo del mal etc Un pena invertir tiempo en esta serie de liantes.

    27 dic 2017
  10. William

    Más de lo mismo... ya hasta los actores se muestran aburridos, falsos...

    27 dic 2017