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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 659 - ver ahora
Transcripción completa

¿Se encuentra bien?, está usted pálido.

-Me encuentro perfectamente, doctor, es el ver así a mi padre.

-¿Me permite que le examine?

-Le agradezco su interés, pero no es necesario.

"Saben ya qué ha ocurrido?". -Tiene la pierna derecha fracturada,

aunque ya ha sido operado y no reviste gravedad.

Sin embargo,...

también ha sufrido una fuerte conmoción cerebral.

"Por mucho que os moleste," Diego y yo estamos juntos.

Somos novios.

-¿Crees que Diego está enamorado de ti?

-Quizá todavía no.

Nos estamos conociendo. Pero tampoco lo está de ti,

si es a lo que ibas. -No iba a eso ni a nada.

Dios mío.

-"Detente o tus seres queridos sufrirán".

Dios mío.

-Si han amenazado a sus seres queridos,

también han podido hacerle algo a don Felipe.

-Estoy convencida.

Ese accidente con el caballo no tiene nada de fortuito.

Concéntrate y dispara. -Venga.

(Disparo)

Olga, no me encuentro muy bien.

-Estás un poco caliente.

Quítate esto

y échate un rato.

"¿Cree usted que está muy enfermo?". ¿No es solo abatimiento?

-Creo que hay algo más.

Quizá una fiebre tropical,

unas terciarias. Paludismo, tal vez.

-"Me han..."

pegado.

Pero eso no es lo más importante.

Lo que de verdad me aterrorizó es que me dijeron

que tenía que declararme culpable.

Que si no lo hacía, alguien muy cercano a mí lo pagaría.

-¿Se lo contaste a Felipe?

-Y él consiguió

que trasladaran al carcelero que me transmitía las amenazas.

¿Úrsula ha conseguido que el obispado entre en razón?

-Me temo que doña Úrsula no ha movido un dedo, y si lo ha hecho,

ha sido para encolerizar más a los eclesiásticos.

El caso es que siguen negándose a recibir nuestro manto.

-¿No?

-"Tienes razón".

No podemos seguir evitando esta conversación.

No estoy contenta conmigo misma, pero...

sí,...

estoy enamorada de Diego.

-¡Déjame solo!

Le quieres a él, está claro.

-Siento en el alma el daño que te estoy haciendo.

-Es mejor que te marches. -No.

Por mucho que nos duela, tenemos que acabar esta conversación.

-No quiero seguir escuchándote. -Samuel.

¿De qué nos sirve ocultar algo de lo que ambos somos conscientes?

-He tratado de engañarme.

Pero tu corazón se acelera cada vez que Diego está cerca.

He visto cómo te comen los celos cuando Olga está con él.

-Te juro por el hijo que estoy esperando

que he tratado de ahogar ese sentimiento por todos los medios.

-Pues parece que salen a flote una y otra vez.

-He evitado su presencia desde que llegó.

He procurado no cruzar una palabra con él, he tratado de sacarlo

de mi cabeza todo el tiempo... pero por mucho que me esfuerzo

no puedo.

No entiendo este sentimiento, es...

como una obsesión. -¡Basta ya!

¿Por qué insistes en hurgar en esta herida?

-Porque no quiero tener ningún secreto contigo.

-Para. Acaba con esta tortura. ¿Por qué sigues haciéndome daño?

-Samuel.

Los sentimientos de los que te he hablado son reales.

Pero también lo es la decisión que he tomado.

Quiero ser tu esposa.

Estar a tu lado.

Serte fiel y formar una familia junto a ti.

-Pero no me amas.

-Aprenderé a hacerlo como te mereces.

-Ardua tarea según parece.

-Ojalá nada de esto estuviera ocurriendo.

Ojalá mi corazón

fuera al 100 por 100 tuyo. -Ah.

-Pero no es así.

-Lo será.

Escúchame.

Jamás te voy a traicionar.

Y con el tiempo, esta tempestad que asola mi espíritu, cesará.

Y todo esto se quedará en un triste recuerdo.

Tienes que creerme.

Sé que mis palabras te han hecho un daño enorme, pero...

he preferido ser honesta contigo.

No podía edificar el futuro de nuestra familia

sobre engaños.

-Necesito tiempo.

Necesito tiempo para pensar en todo esto.

No sé si podré soportar mucho más con esta situación.

-Cómo siento hacerte sufrir así.

Te quiero.

Jamás había querido a un hombre.

Jamás había estado enamorada.

No sabía lo que era el amor hasta que fui tuya.

Y me gusta que hayas sido tú el que me lo descubriera.

Seremos muy felices juntos.

¿Qué te está pasando?

Aquí llega la intendencia con el desayuno.

-Gracias, cariño. Déjalo en el mostrador, por favor.

-¿No vais a parar ni siquiera unos minutos?

-Sí, pero más adelante. -¿Y mi madre?

-Está en el taller. Después de estar toda la noche

en vela, ha caído rendida.

-Es una lástima que esté pasando por unos problemas

tan tremendos como se han juntado.

-A duras penas la pobre puede...

soportar que todo el mundo hable de ella.

Ahora Víctor y el duelo. Y todo el entuerto del manto.

No ganamos para sinsabores.

-¿Crees que podréis convencer a la curia

para que os paguen?

-La verdad es que no lo sé.

Delante de tu madre trato de ser optimista.

Convencerla de que la belleza del manto hará que se olviden

de lo que dicen de ella.

-Normal que tengas dudas. -Sí.

Sabiendo cómo funciona la iglesia,...

no creo que tengamos muchas posibilidades.

-No es justo, no es justo, Adela.

Después de todo el trabajo y todo el dinero que habéis invertido

en esa prenda. -Ya sé que no es justo.

Pero la iglesia no es una institución ávida de tomar riesgos.

Regalar al Vaticano un manto bordado por una mujer que ha tenido un hijo

fuera del matrimonio...

De saberse sería un escándalo.

-Pero si es una maravilla, por favor.

Si lo rechazan es que no tienen ojos.

-¿Quién sabe lo que pasará?

Nosotras hemos puesto todo el cariño del mundo.

-Vosotras habéis hecho una obra de una belleza exquisita.

Casi tanto como la tuya.

No puedo más que agradecerte todo lo que estás haciendo por mi madre.

-No le des importancia.

Hago lo que me corresponde como esposa tuya que soy.

-¿Qué hora es?

-Es pronto, acaban de abrir los negocios.

-¿Por qué no me habéis despertado antes?

-Porque tiene que descansar un poco. -Pamplinas.

Hoy tenemos que presentar el manto al obispado.

Y todavía no está terminado. -Ha de ver como llegará a tiempo.

-Sí, si dejas de distraernos.

Fuera de aquí, liante. -Como quiera.

Pero antes, tómese el desayuno que para eso lo he traído.

A más ver.

-Humo.

Yo no puedo seguir así, mano sobre mano.

Me siento más inútil que un "arao" sin bueyes.

-Bueno, Lolita, por favor, sosiégate.

Que de moverte vas a conseguir marearte y marearme a mí también.

-Es que no puedo pararme quieta.

-Pues tranquila, que ya están haciendo todo lo que pueden.

-Ya, pero ¿y si eso no es bastante?

Don Ramón.

¿Ha encontrado otro picapleitos para Antoñito?

-He visitado de buena mañana a dos despachos

y ninguno de ellos parece dispuesto a llevar el caso.

-No me lo puedo creer, Ramón.

¿Lo han rechazado así, sin más? -Han dicho que quieren estudiarlo.

Que es casi lo mismo que decir que no.

-¿A santo de qué tanto remilgo? ¿Es que acaso no se les va a pagar?

-Y más si fuera necesario, Lolita.

Pero no quiero engañaros.

A nadie le parece plato de buen gusto ocuparse de un caso

que dan por perdido de antemano.

-¿Qué va a ser de Antoñito en el presidio?

Que se lo van a comer vivo.

-Lolita, tranquila. No nos pongamos en lo peor,

por favor. -La verdad es que hay

pocas razones para ser optimistas.

-Pues fíjate, Ramón, yo no soy de la misma opinión.

Ayer fuimos a la comisaría a denunciar que lo de Felipe

había sido un atentado. Quizá eso puede ayudar.

-A mí no me da la sesera "pa" entender en qué puede beneficiarnos

tal cosa. -¿Te acuerdas de lo que dijo Méndez?

Nos dijo que iba a poner

todo su empeño en esclarecer este asunto.

Quizás ahí encuentren un hilo del que puedan tirar.

-Es de entender que trabajando allí Felipe

no van a dejar pasar esto por alto.

-Ya verás... como tarde o temprano

dan con Belarmino. -Lo sé.

Ese canalla ha conseguido librarse hasta ahora.

Va a ser muy difícil que puedan localizarlo.

-Mientras tanto,...

Antoñito encerrado como una alimaña. Mire, don Ramón,...

que como no nos demos prisa,... puede pasar una desgracia.

Y Antoñito ahí sale, sí,

pero con los pies por delante.

-Lolita, por Dios, no digas enormidades.

Anoche fui a verle y estaba bien.

Y le puse en alerta de lo que le había pasado a Felipe.

-Además, el carcelero que le hacía la vida imposible ya no está.

-Eso "pa" mí no vale. Yo tengo que ir a verle a escape.

¿Y si el Belarmino se entera de que le relacionan con lo de Felipe

y quiere vengarse?

¿Y si encuentran a otro secuaz "pa" que le incordie?

-Eso no lo podemos saber.

-A las malas...

le pueden estar dando matarile mientras nosotros estamos aquí

dándole a la sinhueso.

-No creo que sea así, Lolita.

Pero tampoco puedo asegurar que te equivocas.

-Pues yo no puedo seguir aquí.

Yo tengo que ir a ver cómo está.

Ya iba siendo hora de que te despertaras, dormilón.

-Y no lo he hecho aún del todo. -¿Te sientes indispuesto?

Esta noche has tenido fiebre, te he estado poniendo paños fríos

-No te apures por mí, estoy perfectamente.

-Y mejor que vas a estar.

Te he preparado un desayuno digno de un príncipe.

-La verdad es que no tengo demasiado apetito.

-Haz un poder.

Te vendrá bien comer algo para recuperar fuerzas.

-Está bien.

Pero deja de importunarme.

-No estás bien, Diego. Debería verte un médico.

-Solo son unas fiebres. -¿Y si es algo de más enjundia?

-Olga, deja de fastidiarme, no voy a dejar que nadie me mire

y punto final.

-Está bien. Haz lo que creas conveniente.

Yo lo único que hago

es tratar de ayudarte.

-Disculpa mis malos modos.

Me pongo de mal humor cuando estoy enfermo.

-Yo tampoco soy muy sociable cuando me duelen las tripas.

Pero si he insistido es porque me inquieta verte de esta guisa.

-Olga, por favor.

No te apures por mí, son unas fiebres que contraje en Brasil.

No han terminado de curarse, no tiene mayor importancia.

-¿Qué quieres, qué necesitas?

-El jarabe que está en la mesa.

-Sí. -Dios.

-No estás bien. No voy a dejarte solo.

Estaré aquí contigo todo el día.

¿Te alivia?

-Olga, déjame solo.

-Pero... ¿cómo voy a marchar y dejarte aquí así?

-Olga, solo necesito descansar un poco más.

-No te voy a molestar. -No me repliques.

Vete.

Por favor.

-Está bien.

Lo mejor sería marcharme del barrio durante un tiempo.

-Sería una opción.

-Podría hacer un viaje

para visitar las joyerías que venden nuestros productos.

-Eso le mantendría ocupado, sí.

Pero ¿está seguro de que es lo que quiere?

-No. No del todo.

Pero no sé si podré seguir conviviendo con Blanca.

-Comprendo que últimamente se le haga cuesta arriba

continuar con su matrimonio. -No sabe hasta qué punto.

-Pero mírelo de otra forma.

Que Blanca haya puesto las cartas sobre la mesa de esa forma,

no deja lugar a la hipocresía.

-De eso no hay duda, pero no entiendo a dónde quiere llegar.

-Pues que su mujer está siendo sincera.

Y ha apostado por usted y por su familia.

Para ella hubiera sido mucho más sencillo mentir.

-Entonces, ¿todo esto es una apuesta en la que se puede ganar o perder?

-Es una forma de verlo, sí.

Y no tengo ni qué decirle que es mucho lo que está en juego.

-Mi esposa y mi hijo. -Ajá.

-Debe ser fuerte y luchar por ella.

-No sé si podré soportar ver

cómo Blanca se escapa entre mis dedos.

Ver como lo que siente por Diego es más grande

y acaba marchándose con él.

-Pero eso no tiene por qué ocurrir. Ella a día de hoy sigue con usted.

-Pero está llena de dudas.

Por eso creo que lo mejor sea marcharme, quitarme de en medio.

Dejar que ella

aclare sus sentimientos, sola.

Y una vez haya terminado, volver.

Esté esperándome o no.

-Comprendo sus miedos. Querido amigo, créame.

Pero... ¿usted está seguro que sigue amando a su esposa?

-Por supuesto que sí.

-¿No sería entonces mejor quedarse

a su lado y apostar por ella en lugar de huir?

Disculpe un momento.

¿Cómo van las cosas con Antoñito?

-Pues no muy bien. Sin Felipe no hay defensa,

así que es imposible que gane el juicio.

-Ya. No tenemos que perder la fe.

Estoy seguro de que la verdad va a salir a la luz

y Antoñito se va a librar de la condena.

-Sí. Eso espero.

Pero... quería preguntarte algo.

-Claro, ¿en qué puedo ayudarte?

-¿Es verdad que estás entrenando a Víctor para el duelo?

¿Estás bien? No te han dado más "tarascás", ¿no?

-Deja de toquetearme, no me falta ninguna pieza

y vas a terminar encendiéndome.

-Qué cuajo tienes. Que no es este momento "pa" chanzas.

-Bueno, no te sulfures, que Belarmino

no ha intentado nada contra mí.

-Pero eso no quiere decir que no vaya a hacerlo en cualquier momento.

-No. No creo, no tendría ningún sentido.

Belarmino ya ha ganado la partida.

Entre el testimonio de Sepúlveda en mi contra

y que Felipe no está,...

nada va a evitar que acabe condenado en ese juicio.

-No está todo "perdio".

Celia y Trini han denunciado lo de don Felipe.

-Y han hecho muy bien, pero ¿qué? ¿Qué ganamos con eso?

-Pues es de cajón. Que el comisario va a remover

Roma con Santiago "pa" dar con el mangante de Belarmino.

-No tenían que haber hecho nada. -Y un cuerno.

Tenemos que jugar todas las cartas.

-Lolita, todo esto puede tener consecuencias funestas.

Si ellas siguen buscando a Belarmino,

alguien más puede acabar herido.

-Escúchame, a mí no va a amilanarme ningún pisacharcos de ciudad.

Que una ha nacido en Cabrahígo. Tiene un revés...

que puede poner panza "pa" arriba un cabestro de una sentada.

-Ya.

Si sé de buena tinta que eres de sangre bien caliente.

Pero Lolita,

yo lo último que quiero es que tú salgas perjudicada.

Yo ya no tengo salvación posible, pero tú...

-No. No digas eso.

No vamos a rendirnos.

Dime,... ¿qué es lo que quieres que hagamos?

-Nada.

No quiero que hagáis nada. Quiero que paséis página.

Que sigáis con vuestras vidas

mientras yo cumplo condena.

Que hagáis como si yo no hubiera existido nunca.

-Pero ¿no te das cuenta que eso que me pides es un imposible?

-Sí, para mí también es muy difícil.

Pero a estas alturas no tenemos más opciones.

-No voy a escuchar más simplezas.

Tú no te diste por vencido...

cuando te daba calabazas una y otra vez.

-Mira que eras tozuda.

-Pero tú lo fuiste más. Que hasta que no me convenciste

de que estabas enamorado de mí no paraste.

Y eso...

es lo mismito que siento yo ahora por ti.

-No quiero que sigas sufriendo calamidades por mi culpa.

-Demasiado tarde.

Ya puedes decir misa, que yo me quedo contigo "pa" los restos.

Primo, ¿y te acuerdas tú de la tía Remedios?

-Como "pa" olvidarlo está uno.

Era capaz de comerse un cocido ella sola y, después pasarse horas

imitando el canto de las chicharras. Lo hacía como nadie.

(IMITA A LAS CHICHARRAS)

-Además, es que sí, ¿eh?, la mujer se daba un aire grande

a ese bichejo, con esa panza tan gorda que tenía

y la cabeza tan pequeña. Pues ¿sabes tú una cosa?

Yo echo mucho de menos al pueblo. Y también a los parientes.

-Porque hace un porrón de años

que no te dejas caer por esos andurriales.

-Pues sí. Más de los que me acuerdo.

Si es que era una chiquilla cuando salí de allí.

-Como que te fuiste y no levantabas dos palmos del suelo.

Como ahora.

-Ay, primo, no te burles de mí, hombre.

Que yo me pongo bien triste cuando se acerca la Navidad.

-¿Te acuerdas del tío Masegosa?

Que de un capón te dejaba sin "sentio" "pa" toda la tarde.

-Como "pa" no, si es que ese hombre era un bruto.

¿Te acuerdas cuando se le cayó el tejado de la iglesia

y preguntaba que si estaba chispeando?

-O el primo Agapito, que era capaz de entonar el himno de infantería

a base de flatulencias. -Y sin marrar una nota.

-Yo también los añoro.

Llevo tanto en la trashumancia, que...

ya no me recuerdo ni de sus caras.

-Pues lo mismo que les pasará a ellos, Jacinto.

Que ya no se acordarán de nosotros.

¿Te puedes creer que en estos años que yo llevo aquí

no les he mandado ni un paquete con viandas?

-Pierde cuidado.

Ellos ya saben que aquí, en la ciudad,

tampoco se atan los perros con longanizas.

-Ya, pero si saliera bien el negocio de las comidas preparadas,

yo podría mandarles un paquete de postín.

Bueno, espérame aquí, que ahora vengo.

Pero primo, ¿qué es lo que te pasa, que estás hecho una madalena?

-Nada, que me habré constipado. -Ya.

Primo, que yo sé lo que te pasa.

Que tú echas de menos a nuestros parientes.

¿A que les echas de menos? -No se hable más.

Te voy a repartir los folletos de marras, prima.

A condición que no se vendan mis ovejas ni se diga

que todo viene del campo, que una cosa es vender comida

hecha con pastillas, y otra diferente, mentir.

-Ah, bueno, pues no te preocupes

que todo eso lo quitamos, ¿eh?

Primo, eres lo más bueno que ha parido madre.

Y gracias a ti le vamos a mandar a nuestros parientes

unos paquetes de postín, ahí con sus viandas y "to".

-Ahí estás, prima. -Gracias, primo.

-¡Bien hecho! Con Jacinto de nuestro lado lo tenemos todo hecho.

Ahora nos falta encender los fogones y ponernos a cocinar.

-Bueno, venga, vamos a trabajar en esto

y, firmes, hala.

-Sí, pero con tiento, Fabiana, con tiento, que tampoco esto

es cuestión de deslomarse.

-Canija, no sabía que echabas tanto de menos a tu familia.

-Pues sí, es que hace un cerro de años que no les veo.

¿Tú sabes lo que me gustaría a mí?

Que te vinieras conmigo al pueblo. Y presentarte a mi tía la Remedios.

-Todo se andará. -De momento, yo me conformo

con poderles mandar un paquete con el parné que saquemos.

-Eso si lo hay.

Estoy llena de dudas.

No sé si he hecho bien al desnudar mi corazón con Samuel.

-Ocultar tus sentimientos no es una opción.

Al menos no lo es para siempre.

-¿Por qué la vida no puede ser más sencilla?

¿Por qué no podemos elegir a quien queremos amar?

-Porque, aunque nos empeñemos en que la razón

gobierne a nuestra existencia, la verdad es que apenas tenemos control

sobre el destino.

-Y mucho menos sobre nuestros sentimientos.

-Yo recuerdo cuando empecé con Pablo.

La lógica me empujaba a alejarme de él y a darle la espalda.

Pero mi corazón anhelaba pasar cada segundo de mi vida a su lado.

-Te entiendo.

No hay nada que detenga esos impulsos.

-En el fondo somos esclavas de ellos.

-Ha pasado la noche fuera.

Y no necesito preguntarle con quién ha estado.

-Blanca, no debería afectarte. -Ya lo sé, pero no puedo evitarlo.

-Si no cambias esto, no podrás terminar bien.

Por mucho que te esfuerces en salvar tu matrimonio

y en ser honesta con Samuel,

hasta que no olvides a Diego, no podrás salir adelante.

-Si al menos no estuviera en la ciudad.

Si no supiera nada de él

y no tuviera que presenciar su relación con Olga,

podría intentar olvidarle.

-¿Y eso puede ocurrir? ¿Diego se va a marchar?

-No lo sé.

Pero pido todas las noches porque así sea.

-Yo no sé si eso sería suficiente para terminar con ese amor.

O con esta obsesión

que tienes por él.

-Pero sería la única oportunidad que yo tendría para ser feliz.

-Te compadezco, amiga mía.

Pudiendo tenerlo todo, podrías terminar con nada.

-Así es.

Un marido, una buena posición y el hijo que espero.

Todo eso puedo perder si Diego no sale de mi vida.

-Pues ojalá que Diego se marche y tú puedas ser por fin feliz.

¿Dónde has estado toda la noche?

-Madre, no sabía que estaba aquí. Me ha asustado.

-Eso es que tienes la conciencia turbia.

¿Qué has estado haciendo?

-He pasado la noche con Diego.

En estos momentos, me necesita más que a nadie.

-¿De verdad crees que me necesita? Permíteme que lo dude.

¿Quién lo diría?

A estas alturas y pecas de ingenua. -Se equivoca.

Nuestra relación es más fuerte cada día que pasa.

-Por eso has decidido restregárselo a tu hermana.

Y por eso hablas de Diego delante de Samuel.

-No tengo por qué callar lo que siento.

-Tú harás lo que yo te diga.

Ya te lo advertí.

Nosotras tenemos un plan, y no nos interesa crear problemas

en el matrimonio de tu hermana. No al menos por el momento.

-Lo único que intento es seguir con mi vida adelante.

-Pamplinas.

¿No te das cuenta que acercándote tanto a Diego,

en vez de alejar a Blanca, lo que vas a conseguir

es que salte por los aires la relación entre ella y Samuel?

-¿Y no es eso lo que buscábamos? -Sí. Pero todo a su debido tiempo.

Estás forzando tanto la situación, que puede ser que Samuel

decida quitarse de en medio y dejar vía libre a Blanca y a Diego.

Y eso es lo último que queremos.

-Eso no va a suceder. Diego y yo estamos enamorados.

Lo que siente por mí ahora es más fuerte

de lo que pueda sentir por Blanca.

-Eres ridícula.

Mantén firme el brazo.

Y aprieta el gatillo lentamente, Víctor.

-¡Bien!

Buen disparo, Víctor, buen disparo. Mejoras muy deprisa.

No me puedo creer que hables en serio.

Hasta un niño se daría cuenta de que Diego te utiliza

para darle celos a Blanca. -No.

Él no actúa de esa manera.

Sus sentimientos son sinceros hacia mí.

-Te equivocas.

Tan pronto pueda tener a Blanca, Diego te apartará de su lado

sin contemplaciones.

Hija mía.

Abre los ojos.

Escúchame.

Tú para Diego

no eres más que una pobre imitación de Blanca.

Una copia. Un sucedáneo.

Diego quiere a tu hermana y siempre la querrá.

Tan solo está jugando contigo.

-No. Eso no es verdad.

Lo que hay entre nosotros es real.

Cuando estoy a su lado siento el cariño que me tiene.

Siento que los dos podemos llegar a ser felices.

-¿De verdad crees que cuando te besa

no está pensando en Blanca?

Sus caricias realmente son para ella.

Me duele tanto ver cómo te sigues engañando.

Pobre hija.

Todo esto te lo digo por tu bien. Diego no te quiere.

Pero yo sí.

Tú siempre tendrás un lugar en mi corazón.

Eres... mil veces mejor que tu hermana.

Oh.

No te aflijas.

Yo estoy aquí, a tu lado.

Hemos perdido la mitad de nuestra vida

alejadas, separadas, pero ahora

tenemos la oportunidad de formar una familia,

nosotras dos. Y el niño de Blanca.

-He sido tan infeliz.

Usted tiene razón.

Diego solo ama a mi hermana.

-Pero no te apenes.

Diego... pagará por todo el daño que te está haciendo.

Diego, Samuel, Blanca,...

todos estarán de más cuando ese niño haya nacido.

Ahora lo que debemos hacer

es cuidarnos la una a la otra.

Hija,... por lo mucho que te quiero

es por lo que te prevengo de Diego.

Ya tendrás tiempo más adelante...

de vivir un auténtico amor.

¿Recuerdas por qué debías acercarte a Diego?

-Para mantenerle... lejos de Blanca.

-Pues tengo que decirte que...

hasta ahora lo estás haciendo mejor de lo que esperaba.

Estoy tan orgullosa de ti.

Pero no debes perder de vista nuestro objetivo.

Ya va quedando menos.

Me ha llegado el rumor

de que Diego no se encuentra bien. ¿Es eso cierto?

Olga, por favor,

no mientas a tu madre.

¿Está Diego enfermo?

-Está muy enfermo.

Pero no sé qué mal le aflige.

(Disparo)

Jamás pensé que pudieras desarrollar tanta puntería en tan poco tiempo.

-Espera. Ponme ahora una botella más pequeña.

-Como quieras.

El coronel se va a llevar una desagradable sorpresa contigo.

-Tampoco vendamos el oso antes de cazarlo.

-Antes no daba una y mira ahora.

-Lo has hecho bien, pero no sabemos cómo responderán tus nervios.

-Por eso no hay tiempo que perder.

Quiero que me enseñes todo lo que sabes.

De verdad que empiezo a pensar que puedo salvar el pellejo.

¡Venga!

Los médicos dicen que no puedes oírme.

¿Qué sabrán ellos?

Yo no voy a dejarte in albis de todo lo que ocurra en el barrio.

Como el que calla otorga, entiendo que quieras

que te hable.

No solo Antoñito está en un atolladero.

También Víctor está con el agua al cuello.

El coronel Valverde le ha retado a un duelo a muerte.

Y el muy alunado ha aceptado el envite.

Esto te refrescará.

No entiendo qué mueve el orgullo de los hombres.

¿Por qué están... tan obsesionados con demostrar su valor?

Aunque con ello se enfrenten a una muerte segura.

¿Por qué no te apartaste del caso de Antoñito?

¿Acaso no sabías que corrías riesgos?

Tenías que haber pedido ayuda.

Tenías que haberme contado lo que estaba ocurriendo,

en lugar de mentirme.

Estoy enfadada.

¿Por qué has tenido que hacerte el héroe?

¿Acaso no sabes que los cementerios están llenos de valientes?

Y yo no quiero que te vayas allí tan pronto.

Porque si te vas, yo me voy a ir allí contigo.

No puedo vivir sin ti.

Soy una estúpida.

Si de verdad puedes oírme, lo único que voy a conseguir es agobiarte.

Felipe.

Tranquilo. Espera.

¡Rápido, doctor!

¡Un médico!

-¿Qué son estas voces?

-Ha despertado.

-Retírese un momento, déjeme que le examine.

Es increíble lo rápido que has mejorado, Víctor.

-Es como si hubieras nacido para esto.

-¿Tanto has avanzado?

-En efecto.

Ha cometido usted un error retándome, coronel.

-Entonces, ¿por qué esperar?

Tenemos testigos y armas.

-Sea como usted quiera.

-No.

No pueden hacer esto, es una locura.

-El duelo debe celebrarse el día acordado.

-Liberto,

cuenta hasta cinco y disparamos.

-Que no, Víctor, no voy a participar en este sinsentido.

-Pues cuento yo. ¡Uno,

dos,

tres, cuatro,...

cinco!

(Disparos)

-Víctor.

Víctor.

-Ha muerto.

"Víctor".

"Víctor. Víctor, no. Víctor".

¡Víctor! Está muerto.

Está muerto, el coronel lo ha matado.

Está muerto.

Luisi, ¿qué ocurre? -Víctor está muerto.

-¿Qué? Tranquila, tranquila, tranquila,

no pasa nada, ha sido un sueño. -No, no, no, no, no.

Lo he visto con mis propios ojos. Estaba ahí, tendido en el suelo,

lleno de sangre, y no podía respirar.

El coronel le ha pegado un tiro. -Tranquila, Luisi,

escúchame.

Respira hondo, mírame, mírame a los ojos.

Ha sido un sueño.

Hace 10 minutos he visto a Víctor cruzar la calle.

Va con Simón y con Liberto.

-Pero es que era tan real.

Hasta podía percibir el olor de la pólvora.

Víctor estaba ahí,...

tumbado en el suelo, blanco como la cera.

Puede que esto haya sido un sueño, Trini, pero...

pronto se hará realidad.

-No, tranquila.

Simón y Liberto le están ayudando mucho.

-Pero ¿eso de qué servirá?

Por mucho que aprenda, Víctor no deja de ser un pobre camarero

enfrentándose a un militar bregado en mil batallas.

-Pues me consta que está siendo muy valiente.

-Sí. Si no lo dudo.

Pero a la hora de la verdad, los nervios le traicionarán.

He sido una estúpida, Trini. Todo esto es por mi culpa.

Por haberme alejado de él. Por no haber confiado en él.

-Luisi, escúchame.

No te tortures.

De nada sirve ahora buscar culpables.

-Si me hubiera ido con él a París,...

si hubiera aceptado

empezar una vida nueva lejos de Acacias,

nada de esto hubiera pasado.

-De eso nada.

Vas a tener tiempo para viajar con él,

que todo tiene solución.

-Sí, todo menos la muerte.

Y tengo el pálpito de que le voy a perder.

-Que no, Luisi, que no. Hazme el favor, ¿eh?

Déjate de simplezas

y reacciona. Deja el orgullo a un lado.

Si a ti lo que te pide el cuerpo es ir corriendo al lado de Víctor

y decirle lo mucho que le quieres, hazlo.

-Pero ¿de qué me va a servir

decirle lo que siento cuando tiene los días contados?

-Piensa que así al menos pasaréis unos días juntos.

-¿Y para qué le voy a hacer el final más triste?

Trini, por favor, déjeme sola.

-Claro.

Antoñito está más roto que un juguete viejo.

No tiene esperanza ninguna.

-¿Y va a dejar que le metan en el presidio por un porrón de años,

así, sin decir ni chus ni mus?

-Se ha resignado a que no tiene nada que hacer.

Dice que tiene menos oportunidades en el juicio,

que si se llamara Luis Candelas. -Ay, Lola.

A mí lo que me extraña es que, con los arrestos que tú te gastas,

no le hayas convencido ya de que puede salir de rositas

de esta situación.

-¿Y "pa" qué voy a hacer eso, Casilda, si es mentira?

Antoñito lo tiene más negro

que los ladrones que acompañaron a Cristo al calvario.

-Es que, por mucho coraje que nos dé, la verdad del cante

es que el Belarmino este está desaparecido,

y don Felipe no puede hacer "na" por ayudarle.

-Pero no todo está del color de las hormigas, "señá" Fabiana.

Contamos con que don Felipe ya ha vuelto en sí.

-Sí, y que don Ramón está buscando un abogado de los de relumbrón

"pa" defender a su hijo. -Ya.

Y no le va nada bien.

Nadie quiere defender una causa perdida.

-Pamplinas, Lolita.

Que poniendo unos buenos duros encima de la mesa,

ya verás tú como aparece un buen justiciero.

Y duros es precisamente lo que no le falta a tu futuro suegro.

-Pues sí. Ahí tiene usted mucha razón, "señá" Fabiana.

Bueno, mujeres,...

ya lo único que nos queda es rezar para que la Virgen de los Milagros

nos eche un buen capote. -Anda,...

que te voy a preparar una tisana que te va a dejar el cuerpo como nuevo.

O si no, una copa de cazalla. O dos.

Y a dormir. -¿Y si rezamos una novena?

-Sí.

-Yo os agradezco mucho lo que estáis haciendo por mí.

Pero... ni me voy a acostar con una botella de cazalla

ni me voy a pasar toda la noche rezando.

Algo más se puede hacer.

-¿Adónde vas, alma de cántaro?

Le agradezco que me haya acompañado hasta aquí, y que haya tenido a bien

visitar a Felipe. -Felipe es un buen amigo.

Ojalá pudiera hacer algo más por él.

-Parece que poco podemos hacer.

Pero hoy ya estoy más serena, ahora que ha despertado.

Me temía lo peor. -Ha tenido suerte.

Más suerte que mi padre, que parece que no consigue

regresar con nosotros. -Anímese.

Puede mejorar en cualquier momento. Como Felipe.

Ahora esperemos que los médicos no digan

que tiene lesiones permanentes.

Discúlpeme,

voy a ir a encender una vela por la pronta recuperación de Felipe.

Toda ayuda es poca.

¿Quiere que encendamos otra por su padre?

-No.

No, Celia, gracias. Me temo que...

ni todas las plegarias del mundo podrían ayudar a mi padre.

-No sea descreído. El Señor nos escucha a todos.

¿Qué le ocurre?

-Estoy bien, estoy bien.

Es solo un vahído. Apenas he comido y...

me siento débil.

-¿Ha ido al médico como me dijo?

-Sí, sí, he ido a la casa de socorro y, son solo unas fiebres.

Pronto estaré recuperado. No se preocupe, Celia.

-Tenga mi pañuelo. -Gracias.

-No puedo acercarme a él. -No te apures.

Yo quería preguntarle una cosa a Celia pero ya lo haré

en otro momento. -No, ve.

Yo te esperaré aquí, a distancia. -¿Estarás bien?

-Sí. Seguro.

-Doña Celia.

¿Cómo se encuentra Felipe?

-Mejor. Ha recuperado la conciencia.

Espero que sane pronto.

-No sabe cuánto me alegro de escuchar esto.

-Con su permiso. No termino de encontrarme bien.

Regreso a mi casa.

-Bueno, pues descanse, y mejórese.

Un vaso de leche caliente y reposo son la mejor medicina.

-¿Nos vamos a casa? -Sí.

Es demasiado tarde

para estar por la calle.

Deberíamos marcharnos ya.

No queda nadie en la chocolatería y esta gente querrá irse a dormir.

-Es que no quiero marcharme hasta que regrese tu madre.

Estoy deseando saber

qué le han dicho en el obispado sobre el manto.

-Pues parece que se retrasa. -¿Y eso será bueno o malo?

-No lo sé. No lo sé, Adela.

Pero se oye un automóvil, quizá sea ella.

Tú misma podrás preguntárselo.

-¿Qué le han dicho en el obispado? ¿Qué cara han puesto al verlo?

-De pasmo.

El mismísimo obispo...

ha reconocido que era el bordado más exquisito que ha visto en su vida.

-Gracias, Dios mío.

-Pero entonces, ¿qué ha pasado con el contrato que habían roto?

-Me han prometido reconsiderarlo.

-Eso es un avance, sin duda.

-Tiene que contarme con pelos y señales todo lo que le han dicho

sobre el manto. -Nos llevará toda la noche.

Se han fijado hasta en el más mínimo detalle.

Y no han visto ninguna falta.

Parece que al fin... nos sonríe la suerte.

Virgen Santa, qué vergüenza.

-¿Quién habrá sido el malnacido capaz de semejante felonía?

-Adela, rápido, ve a por un cubo y agua para limpiarlo.

Te han puesto en tu sitio, Susana.

-¿Me ha llamado, madre? -Sí.

A la sastra ya la están llamando por su nombre.

Por mucho que corra no va a poder escapar de su pasado.

-Ya he visto que han pintado en el escaparate de su negocio.

Pero me barrunto

que no me ha llamado para eso.

-¿Ha marchado Carmen? -Sí.

Me dio el recado y se fue al altillo.

Estamos solas. -¿Estás segura?

Lo que tenemos que hablar exige privacidad total.

-¿No se fía de su criada?

-No me fío de nadie.

Tan solo de ti.

-Ya sabe que puede contar conmigo para lo que sea menester.

-Soy muy consciente de ello.

Es por la confianza que te tengo por lo que quiero pedirte que me ayudes

a dar un último empujón que necesitamos.

El futuro que hemos estado soñando lo tenemos al alcance de la mano.

Solo hace falta un pequeño esfuerzo más.

-¿Qué quiere que haga?

¿Qué es esto? -¿Qué más da lo que sea?

De lo único que tienes que preocuparte

es de echar el contenido de ese frasco en la medicación de Diego.

Con unas gotas bastará.

Yo no puedo hacerlo sin levantar sospechas.

-¿Sufrirá?

-No. No te apures por eso.

Tendrá una muerte dulce, sin dolor.

Ni siquiera quedará rastro del veneno.

¿Podrás hacerlo?

Por tu madre. Por el cariño que te tengo.

Por nuestra nueva familia, hija mía.

¿Llevas mucho tiempo ahí?

-No lo sé. Un buen rato.

No he pegado ojo en toda la noche.

-Samuel. -No hagas eso.

-¿Hacer qué?

-Darme cariño por pena o por obligación.

-Te doy cariño de corazón. -Y miradas de amor a él.

-¿A qué viene eso?

-¿Te crees que anoche no me di cuenta

de cómo le comías con la mirada?

-"¡Lola!".

Has perdido el seso, mujer.

Te acabo de confundir con una mendiga.

-Pues...

que me he pasado la noche buscando al traidor ese del Sepúlveda.

El que testificó en contra de Antoñito.

Y de amanecida pues,... me eché en el banco a descansar una miaja.

-"Endeluego", Lola, que tú has perdido el seso, mujer.

Tú no puedes hacer la labor de los guripas.

-Yo, por el Antoñito,

hago lo que sea menester.

Víctor no sabe nada de ese mundo, no es un duelo justo.

Pues que lo hubiera pensando mejor antes de besarte

y tratarte como a una mujerzuela.

Él no tuvo la culpa de nada.

Es un buen chico. Es un insolente.

Y merece una lección.

Que se entere él y todo el barrio que nadie humilla a esta familia.

Padre, haré lo que sea,...

lo que sea, con tal de que cambie usted de opinión.

Volveré al convento, me encerraré en mi cuarto

pero, por favor, cancele ese duelo.

-"Me gustaría que pensara" en alguien que pudiera ayudarme

en la causa de mi hijo.

-Quiere que le recomiende un buen abogado.

-He contactado con unos cuantos, pero ninguno quiere hacerse cargo.

¿Conoce usted a alguien?

-Sí. Incluso puede que sea hasta el mejor abogado de la ciudad.

-Pero eso...

eso es maravilloso. ¿Quién es?

-Lo tiene usted delante.

-"Sabes que tu padre"

haría lo indecible por ti. Pero tratándose del coronel,...

dudo que pueda hacer algo.

-Trini, créame que lo sé.

Es un loco sin corazón ni humanidad.

(Llaman a la puerta)

¿Tú qué haces aquí?

-"No sé qué haríamos sin su defensa".

No lo vamos a olvidar en la vida. -Fruslerías.

Tan solo he defendido la verdad.

Solo espero recuperarme cuanto antes y salir de aquí

para retomar el caso de Antoñito y sacarlo de la cárcel.

-Dios le oiga y que así sea.

Mientras tanto, no se apure, que ya me estoy encargando

de buscar a otro testigo.

O, al menos, que el tal Sepúlveda diga la verdad.

-Lolita, no hagas ninguna tontería.

-Felipe.

-"Estoy cansado".

-¿Seguro que solo es eso? -¿A qué te refieres?

-Pensé que a lo mejor estarías pensando en Blanca.

-¿A qué viene este interrogatorio?

-Disculpa. No me lo tengas en cuenta.

Es solo que...

estoy muy a gusto contigo y tengo miedo a perderte.

-No, Olga, la gente viene y va.

No debes atarte a nadie. -"Le veo claramente desmejorado,"

y con mala cara.

Si le soy sincero, creo que algo muy malo le ocurre.

Por eso le pedí que me dejara hacerle un examen médico, pero...

-No me lo diga: se negó.

¿Por qué me cuenta esto a mí?

Diego ya es mayorcito.

¿Qué puedo hacer yo? -Usted es su hermano.

Y él no tiene a mucha más gente.

Creí que debía decírselo. -"Ya es duro estar alejada de él."

como para encima saber que está con Olga.

Que vive una vida con ella y que son felices.

Me arden las tripas de saber...

que ella es ahora la mujer que está junto a él en su cama.

Que es la persona que roza su piel,

que besa sus labios, que se acurruca junto a él.

-Blanca, para.

Para, no pienses más en ello. No te atormentes más aún.

-¿Crees que de verdad se quieren?

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Acacias 38 - Capítulo 659

15 dic 2017

Blanca es honesta con Samuel: asume lo que siente por Diego, pero seguirá firme en su promesa. Blanca confiesa a Leonor que sufre por el daño que le está haciendo a Samuel. Adela y Susana retoman el trabajo para entregar el Manto Papal. Susana encuentra una pintada insultándola en su negocio. Ramón cuenta a su familia que Antoñito también ha sufrido represalias en la cárcel. Felipe recobra la conciencia.

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