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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 647 - ver ahora
Transcripción completa

¿Dónde estoy?

¿Qué me ha pasado? -Te has desmayado.

-Ha sido un susto.

Por esta vez. ¡¿Quién sabe lo que conseguirás

con una segunda intentona?!

-Yo no he tenido nada que ver.

-No te creo ni una palabra.

"Pase lo que pase,"

no debes comer nada que haya manipulado Olga.

-Te quedarás en cama. Daré aviso

para cancelar el encuentro con el padre Octavio.

-De ninguna manera.

Debemos verle. -"Debo detener a su hijo".

-¿Cómo? -Padre, le aseguro que soy inocente.

-Eso lo decidirá el juez.

-Ahora iba a denunciar los hechos.

Permanezca en silencio o todo lo que diga será utilizado en su contra.

-"Hazle caso, es lo mejor".

-"Olga era una niña cruel".

-Tomás no consiguió enderezarla.

-Todo lo contrario.

Fue la diana a la que iba dirigida su odio.

Hasta que una noche me avisaron que habían encontrado el cadáver

de Tomás.

"Soy tuya, Simón".

Antes me resistía a la idea de no ser más que tu amante, pero ya no.

Haré lo que sea con tal de estar entre tus brazos.

Vístete, vamos, vístete.

Deja de humillarte de una vez. Ponte tu ropa y márchate.

No tienes nada que hacer aquí. No pierdas la dignidad que te queda.

-"No tenías que haber actuado a mis espaldas".

"Si querías respuestas,"

¡yo te las hubiese dado!

Te hubiese contado con todo detalle el infierno que padecí.

Sabrías todo sobre mi vida.

-Hazlo, Olga.

Cuéntamelo todo.

¿Qué ha pasado? ¿Por qué estás así?

¿Alguien te ha mancillado?

No, padre. Nadie me ha tocado.

No hace falta que me digas quién está detrás de todo.

-¿Y Blanca? -Lleva un par de horas fuera.

-¿Y Olga?

-También ha desaparecido.

Imagino que se han ido juntas, pero no han dejado nota.

-Reza porque no le haya ocurrido nada a Blanca.

-No hay tiempo. Podría estar en peligro.

Hay que buscarla.

Deberíamos avisar a la policía.

-No exageremos, seguro que Blanca ha salido a comprar algo.

-¿A estas horas, y con Olga?

-En cualquier momento aparecen. -No seas inocente, Samuel.

Olga seguro que le ha hecho algo.

-No debemos preocuparnos, Blanca sabe defenderse.

-No, te equivocas. Está débil,

vulnerable... Ayer mismo se desmayó.

¿Recuerdas lo que nos contó el padre Octavio?

Olga, desde niña,

solo ha hecho el mal a todos los que la rodean,

a todos a quienes han querido ayudarla.

-Olga no hará daño a su hermana.

-No. Olga no tiene corazón.

Es capaz de lo peor.

Quizá estén en La Deliciosa.

Nada, aquí tampoco están. -¿Vamos a seguir perdiendo el tiempo

antes de ir a la comisaría y denunciar su desaparición?

-Déjeme pensar con claridad.

No podemos matar moscas a cañonazos.

-Buenas noches. -Leonor, ¿ha visto a Blanca?

-No. Esta tarde no he estado con ella. ¿Pasa algo?

-Ha desaparecido, no sabemos dónde está.

Ni siquiera si está viva o muerta. -No exagere.

Hemos llegado a casa y no estaba, ni ella ni Olga.

-Ya sé que no se fían mucho de Olga,

pero si Blanca ha salido de casa será por una buena causa.

-¿Y si la han engañado? -Blanca no es una incauta.

-¿Han mirado en la mansión Alday?

Quizá esté allí por algo relacionado con el diseño de sus joyas.

Sé que tiene algunos materiales y herramientas que necesita.

-Es verdad. Seguro que está en casa.

Estamos haciendo una montaña de un grano de arena.

Voy a buscarla. -Te acompaño.

Disculpa.

Nunca pensé que un caldo supiera tan bien.

Pensé que iban a dejar que me muriera de hambre.

-No crea que se le da a todos los presos.

En la celda, sus compañeros le robarían hasta la sopa.

Si se le da aquí, es en deferencia al respeto que siento por su padre.

No sé cómo puede darle tantos disgustos.

-Esta vez soy inocente. Sé que es difícil confiar en mi palabra,

por las veces que he faltado a ella. Pero esta vez, el estafado soy yo.

-Ya sabe lo que dicen: "Quien roba a un ladrón...".

-Mire, le voy a contar lo que ese canalla hizo, punto por punto.

Yo no sé cómo he podido ser tan inocente.

Yo, que me he reído de tantos, considerándolos unos primos.

Y al final, he resultado ser el más cándido de todos.

-Siempre hay un roto para un descosido.

Cuénteme

las andanzas de ese socio suyo que le ha engañado.

-Cuando usted me detuvo, me dirigía a la comisaría

para denunciar a don Belarmino.

-Nosotros solo tenemos un nombre en los papeles del concejal,

el suyo.

El de Belarmino es nuevo para mí.

Él me tendió una celada, y yo caí como un pardillo.

Siempre que teníamos una reunión, él ponía una excusa para no ir.

A veces, por el marmolista.

Imposible ir hoy al ayuntamiento.

-Si nos damos prisa, estamos a tiempo de llegar.

-Si no es por llegar tarde, que también,

es que me ha convocado el marmolista del monumento.

Es el más prestigioso de España. No se nos puede escapar.

De él depende que tengamos el mejor mármol.

¿Y si el ayuntamiento se echa para atrás?

Imagínese que nos quedamos sin el dinero.

Usted puede ir por él.

-¿Yo?

Otras veces se excusaba en reuniones de negocios

para no acudir a nuestra cita.

¿Quiere que le recoja?

-Lamentablemente no voy a poder acompañarle.

-Pensaba que usted iba a venir conmigo.

Quizá es el momento de que nos vean juntos.

-Lo sería, pero tengo un viaje de negocios que no puedo aplazar.

-Y hasta citas románticas

usó como excusa para que yo fuera solo.

Le seré sincero para que no desconfíe.

Voy a encontrarme con una dama.

Nada de negocios.

Solo... ¿Lo entiende?

Ya lo dice el refrán:

"A Dios rogando y con el mazo dando".

-Es usted todo un truhan.

Brindemos también por su cita, don Belarmino.

-Pues sí que ha resultado ser usted un pardillo.

Mire,

le seré sincero. Yo de momento le creo,

aunque me cuesta horrores,

y en cualquier momento puedo dejar de hacerlo.

-Le estoy contando toda la verdad.

-Tendrá que demostrarlo o se va a comer su pena

y la del tal Belarmino.

-Es que, Belarmino es un gran actor.

Si en vez de estafar se hubiera dedicado a las tablas,

sería más famoso que la mismísima María Guerrero.

Muy buen actor va a tener que ser usted también, si no quiere pasar

una temporada a la sombra.

Lo siento por su padre, pero usted merece una lección.

Antoñito, a ver si aprende, y logra que le llamen don Antonio.

Aquí no hay nadie. -En las habitaciones.

La cerradura estaba echada. Esta casa está vacía.

-¿Todavía piensas que no debemos

avisar a la policía?

-Debemos agotar todas las posibilidades de encontrar a Blanca.

¿Y si Olga le hace algo?

Deje de tratar a Blanca como si fuera un corderito.

Blanca es una mujer fuerte y capaz, sabe cuidarse.

No, Blanca es la oveja.

Y Olga es el lobo. Deberías haberte dado cuenta.

¿Es que no escuchaste al padre Octavio?

-Lo escuché.

Pero Blanca sabe defenderse. -No.

Blanca tiene nublada la razón por la culpa.

La culpa de haber sido la elegida, de haber vivido una vida mejor.

Las dos nacieron a la vez, y una fue rechazada.

-Nunca debió haber hecho tal cosa.

De nada sirve llorar sobre la leche derramada.

Lo importante es proteger a Blanca de su hermana.

-Tal vez haya cogido una herramienta

y haya estado aquí antes de que llegáramos nosotros.

Nada, está todo en su sitio.

¿Dónde estará?

¿No te das cuenta de que ahora, el único motivo

que tengo para vivir es mi nieto?

-No sabía que le importara tanto.

-Ni yo tampoco.

Jamás pensé que se pudiera amar tanto a alguien

que todavía no existe.

-Vámonos.

Tenemos que encontrarla. Quizá haya llegado a casa.

¿Ha acabado?

-Sí, pero me comería un plato igual de grande.

-Hágase a la idea que está en cárcel y, no en un retiro espiritual

para jóvenes díscolos y ricos.

Los lamentos no le ayudarán a salir de aquí.

-¿Y qué puedo hacer que me ayude?

-Devolver el dinero al ayuntamiento.

-Lo haría, pero en el maletín que me dio el concejal

solo hay recortes de periódicos.

-¿Acusa al concejal de haberle estafado?

-Dios me libre.

El concejal me dio el dinero, que yo lo vi con mis ojos.

-¿Entonces?

-Lo he pensado 1000 veces.

Y solo se me ocurre que Belarmino pudiera haber dado el cambiazo

al maletín cuando yo salí de la sala

para coger una botella con la que brindar por el negocio.

Tengo en hielo una botella de champán, querido socio.

-Pues venga a por ella.

Pues sí que usted muy fantasioso.

-Tuvo que ser así, no se me ocurre otra posibilidad.

Pues busque y encuentre otra opción,

o el juez se ensañará con usted y va a acabar picando piedra.

-Ustedes podrían buscar a Belarmino en la dirección que él me dio.

-¿La misma dirección en la que fue en su busca y no le encontró?

-A lo mejor ustedes tienen más suerte.

-Suerte es lo que va a necesitar usted. Guardia.

-Señor comisario. -Abra la puerta.

Traslada al preso a su celda. Espero que pase una buena noche.

Procure no roncar, a los demás presos les molesta.

Y no queremos que tenga problemas la primera noche.

-Problemas.

¿Qué me puede pasar?

-Dicen que con la garganta cortada no se vuelve a roncar.

Vaya aprendiendo las costumbres de la cárcel,

falta le hará. -Andando.

Ya sabe lo que dice el refrán: "Cuando el río suena, agua lleva".

-Y a nuestro pesar, son más las veces las que se cumplen,

que las que no.

Ay, pobre don Ramón, ver a su hijo así.

-Y pobre la Lolita.

Como si tuviera poco, "pa" ver cómo detienen

a su "prometio" delante de todos.

Más salaratas no le podrían dar al traspiés.

-Y encima por robar el dinero

que había dispuesto el ayuntamiento para recordad a los muertos caídos

por España en la Guerra de Cuba. No tiene perdón de Dios.

-No es la primera vez que le roba a los muertos.

Con el historial que lleva el muchacho,

a ver quién pone la mano en el fuego por él.

-Sale "escaldao".

-Pues sí. -Buenas noches.

"Pa" la que las tenga, claro.

-¿Quieres una taza de achicoria caliente, Lola?

-Sea.

¿Estaban hablando del Antoñito?

-¿De qué habríamos de hablar?

-Y le creen culpable,

como si lo viera. -Hombre, Lolita,

blanco y en botella, leche. -U horchata.

Que Antoñito no tiene nada que ver con la estafa, le han "engañao".

-Si es así, difícil le va a resultar demostrarlo.

Que desde que pasó lo de los muertos,

le tiene ganas más de uno y de dos.

-Pero esta vez es verdad que no ha sido él.

Le ha "engañao" el socio.

Mala la hora en la que le conoció.

-Tú no te acerques a la cárcel,

no vaya a ser que te salpique,

que se piensen que estás "compinchá".

-¿Y dejarle "tirao" ahora?, ni hablar.

¿Tú dejaste "tirao" al Martín

cuando estaba preso con lo de los anarquistas?

-Martín era inocente del todo.

-Pues Antoñito también.

-¿Sabes?, siendo buena como una cata de vino, no le vas a reformar.

Fíjate en mí.

Yo a mi marido lo tengo "castigao".

No va a probar las mieles del matrimonio,

hasta que juegue al dominó.

-Bueno, bueno.

Que cada uno haga lo que Dios le dé a entender.

Nadie es quien "pa" meterse en la vida del otro.

Casilda, venga "pa" tu casa,

que yo me voy también a dormir ya. Hala.

A las buenas noches.

-Buenas noches, Lolita.

Y perdóname, que es que me enciendo, me desboco y no miro.

Perdóname tú también.

Estamos "toas" muy nerviosas.

(RESOPLA)

Entra.

No temas.

-Me da miedo esta casa.

Son solo piedras y unas telas, Olga, no hacen daño.

Además, no hay nadie.

Hay que temer a las personas, no a las piedras.

Y a los recuerdos.

Siento escalofríos nada más verla.

-Tú misma me pediste que viniéramos aquí

para contarme cómo fue tu vida. -Quizá no debí hacerlo.

Quizá ha sido una mala idea y debamos volver.

-Entra.

¿Ves?

No pasa nada.

(LEE) "Mentira".

Olga.

Esta es tu letra.

¿Por qué escribiste "mentira" en la Biblia?

Dicen que Dios cuida de sus hijos.

Pero no es verdad.

A mí nunca nadie me cuidó.

Ni mi verdadera madre, ni Dios ni nadie.

Dios me abandonó.

También dicen que Dios todo lo ve, pero es falso.

Dios no ve lo que pasó en esta casa, no lo permitiría.

-Olga.

-Aquí...

nadie nos ve. Estamos tú y yo solas.

-"Eres el diablo".

-No.

No.

¡No! -Olga, ¿qué te ocurre?

¿Qué pasa?

-Aquí... nadie nos ve.

Aquí... nadie nos ve.

-No nos ve ni nos oye nadie. Estás conmigo, ¿entiendes?

Con tu hermana que te quiere.

¿Me entiendes?

Buenos días, padre. Buenos días.

¿Has dormido bien?

No, no he pegado ojo en toda la noche.

Hija, tienes que superar el dolor.

Nadie debería sufrir así por otra persona,

y menos, por un mayordomo.

Yo me voy a encargar de él, te lo aseguro.

Padre, por favor, ¿qué le va a hacer?

Solo voy a defender a mi familia. Y no te metas, es asunto mío.

¿O acaso quieres defenderlo?

¿Has visto el último escándalo de esta maldita casa?

El hijo de los Palacios detenido.

¿Qué ha hecho esta vez?

Quedarse con el dinero de un monumento a los caídos

en la Guerra de Cuba.

Así paga España a sus héroes, malgastando y estafando.

Si este joven hubiera ido a luchar por su patria, no haría estas cosas.

(Llaman)

Yo abro.

-Buenos días, don Arturo. -Adelante.

Elvira, tienes visita.

He invitado a María Luisa a desayunar contigo.

Encantada.

Siento venir tan temprano, pero necesitaba salir de casa.

-No me extraña.

Con las noticias, tu hogar no debe ser un lugar agradable

para estar. -El periódico.

Dios mío.

Pero ¿qué hace?

Ah... No va a haber quien nos gane.

Fichas de doble cara, ¡eh? Así podremos ver

con las que juega el "contrincario". -Pero...

-Magistral.

-Pero ellos también ven las fichas que llevamos nosotros.

Maldita ventaja.

-Pues eso es verdad.

Ha echado a perder un dominó nuevo.

Menos mal que yo he traído uno.

-¿Están marcadas?

-Quieto "parao".

-¿Y cómo vamos a ganar?

-Como se gana siempre, de buena lid, utilizando la sesera.

Ahogando al adversario con los dobles.

Descubriendo lo que le falta y dándole en la cocorota.

-Aquí estamos "pa" ganar el trofeo.

-Aquí.

Aquí está el trofeo

para el mejor. -¿Esa copa?

Pues menuda quincalla.

-Nos jugamos el honor. -Y los cuartos.

Así que, venga, echando aquí esos duros.

-Poco me parece.

Si quiere doblamos la apuesta, ¿eh?

-Chucho, suelta el parné. -Hala.

-A jugar. -Eso.

Al ganador, los cuartos y el triunfo.

Y para el perdedor, el deshonor.

-Vamos "pa'ya", vamos "pa'ya".

-Vamos. -Venga, ¿eh?

Sale el seis doble.

-Como este. Su turno, Servando.

Y venga, que es "pa" hoy, que bastantes

desavíos me hacen jugando de mañana.

-Un momento.

Bueno, pues paso.

-No me fastidie. Tanto pensamiento para no llevar ni una.

Menudo pieza me he buscado de socio.

-Esto está "ganao". Juegue, Chucho.

-Es bochornoso.

-Siento que te hayas enterado en nuestra casa

de que la notica ya está en la prensa.

Entiende que como antiguo militar,

solo puedo censurar el comportamiento de tu hermano.

-Lo entiendo, claro que sí.

Gracias por sus palabras. Ya sabe cómo es mi hermano,

qué le voy a contar. Padre,

lo mejor será que nos deje solas.

María Luisa precisa del consuelo que solo una amiga le puede dar.

Estaré en mi despacho si me necesitáis.

-Gracias.

Lo siento.

Poco deberían afectarme ya las barrabasadas de mi hermano.

Se me junta el hambre con las ganas de comer.

Entre esto y lo de Víctor...

Qué difícil es hacer las cosas bien.

Aunque una lo intente por todos los medios.

¿Alguna novedad en lo tuyo?

Ninguna.

¿Y tú?

¿Has vuelto a hablar con Víctor?

No.

Y me siento tan sola...

Me tienes a mí.

Lo sé. Pero ni siquiera les he contado a mis padres

la propuesta de Víctor.

¿Por qué?

Por miedo a que les parezca una maravillosa idea y le apoyen a él.

Voy a hablar yo con Víctor.

Tú.

Le hablaré con el corazón.

Le haré ver lo duro que es perder a la persona que quiere.

No vas a conseguir nada.

Víctor está convencido de ir a París.

Solo le ha faltado comprar los billetes a mis espaldas.

Me usa para conseguir todo lo que quiere.

Esta vez será diferente. Cambiará de opinión, confía en mí.

Pues paso.

-No tenemos rival.

Chucho, juegue.

Pito doble.

-Paso.

-Y usted también. -Sí, paso.

-Y usted más de lo mismo.

Porque el único pito que queda es el pito blanca,

que es el que llevo yo.

-¿Hemos "ganao"?

(RÍEN)

-Menos gritos.

-Un abrazo, compañero.

-Que corra el aire.

Que luego mis ovejas me notan olor raro, a señoritingo de ciudad.

-Bueno, que somos campeones.

"Pa" nosotros el bote

y el triunfo. -Ha sido suerte.

-Al saber le dicen suerte. A ver, mi parte.

-Vamos a ver.

Esto por ahí. Esto por ahí.

Y esto "pacá".

Ahí tiene usted la suya, y aquí tengo yo la mía.

-No tan deprisa.

Deme el parné que me debe del pasaje del barco.

-¿De verdad que me va a hacer usted eso?

-Como que me llamo Fabiana. Venga, suelte el parné.

-Mire que es usted avariciosa, ¿eh?

Vamos, Chucho.

-Eh, eh, antes de irse,

saluden a los campeones.

Que les podrán quitar el dinero,

pero el honor, no.

¡Anda!

(RÍEN)

¡Uy!

Lolita, por favor.

En vez de manos parece que tienes garfios.

-Los nervios.

Que no he pegado ojo pensado que Antoñito está en la cárcel.

Como si él le hiciera algún mal a alguien.

-Ni que lo digas, yo tampoco he pegado ojo.

Imagino que mi hija

tres cuartas de lo mismo. ¿No se ha levantado?

-Al Alba.

-Cuando he llegado, ya estaba en la calle.

-Habrá ido a la iglesia a rezar por su hermano.

-Como si rezando se arreglase algo.

-¿Se puede hacer algo, don Ramón?

Lo que sea.

Aunque tenga que dar mi sueldo.

-Creo que no serviría de mucho.

¿Han subido ya los periódicos? -No.

Todavía no han llegado.

Cada día los traen más tarde. -Sí.

-¿Ha leído esto, padre?

-"Detenido Antoñito Palacios

por la estafa del Monumento a los Héroes".

"El hijo del conocido Ramón Palacios

está en prisión por intentar apropiarse del dinero

para el recuerdo de los caídos españoles en la Guerra de Cuba".

Qué barbaridad. -Ramón,

sabes que de los periódicos solo es verdad la fecha

y el precio. -"El concejal del ayuntamiento

declarará contra él".

"Hay que sacar de circulación a los tunantes, ha manifestado".

-Hasta un concejal en su contra. -Y siga.

Dicen que hay protestas populares contra él.

Y el gobierno no pasará por alto la estafa.

-Eso es lo que dicen siempre. Ni caso.

-Estamos en boca de todo el mundo. Bochornoso.

-Hay que devolver el dinero lo primero.

Lolita, me ha parecido ver el maletín de mi hijo

en el armario del pasillo.

Esta es la última que me hace mi hijo.

La última.

-Tranquilízate, que te va a dar un síncope.

Recortes de periódico.

¿Y el dinero?

Pero ¿qué ha hecho este insensato?

-Voy a la cárcel y se lo pregunto.

-De eso nada.

El que va a pedir explicaciones soy yo.

Doña Manuela, ¿ha visto a Blanca?

-Samuel.

He hablado con Víctor y no sabe nada de Blanca.

-Por la chocolatería no ha pasado

ni por la sastrería tampoco. -Lo imaginaba.

La comisaría no puede dar orden de búsqueda.

No han pasado ni 24 horas desde que tuvimos contacto.

-Debe mantener la calma.

Si la policía considera que hay que esperar,

es porque tienen la experiencia de que el desaparecido

da señales de vida.

-No es fácil.

Blanca se fue con Olga. No sé dónde querían ir.

Una noche sin aparecer y sin dar razón de su paradero.

Esto nunca había pasado.

-No conozco mucho a su esposa, pero la tengo por una mujer sensata.

-Está débil por el embarazo.

No tendría que haberla dejado sola.

Cuenta con la protección de Olga, ¿verdad?

-Su hermana, no sé si es la mejor de las compañías.

-Don Samuel, uno de los cocheros me ha dicho

que Blanca y su hermana subieron a un carruaje.

-¿Dónde fueron?

-Fuera de la ciudad, pero no lo sabe con certeza.

No fue el que las llevo, sino...

otro cochero al que llaman Maragato. -¿Dónde le puedo encontrar?

-Suele parar por la Plaza de la Muela.

-Voy. -Le acompaño.

-Martín, da aviso a los criados, y si ven a Blanca,

que me lo hagan saber. -Como mande.

"Señá" Fabiana, qué fuerzas usa usted.

¿Quiere limpiarla o usarla "pa" trapos?

-¿"Pa" trapos?

"Pa" trapos debería quedarse más de uno.

-¿Qué le pasa, está "enfadá" por algo?

-No. Que esta mañana ha sido la final del dominó.

-Y ha "perdio". Acabáramos.

-Maldito Servando.

Seguro que ha hecho trampas. -"Señá" Fabiana,

qué mal perder.

En la vida, lo que te viene por un lado se va por el otro.

Y cada sepultura llegamos con las manos vacías.

-La alegría de la huerta que estás tú hecha.

-Ande,

que ya verá como su suerte cambia en la feria del santo Auxilio.

Se va a llevar todos los premios de la tómbola.

Como yo el año pasado en la feria de la Virgen.

-¿Y qué ganaste?

-Una pluma. Que ya ve la falta que me hace a mí, que no se escribir.

La tengo ahí "guardá"

cogiendo polvo "pa" cuando tenga un chiquillo.

Lo que yo no sé es "pa" cuando esa feria y a santo de qué la hacen.

-Me ha contado doña Rosina.

La van a montar las señoras para ayudar a los chicos del Hoyo.

Los del barrio del Taniño, ¿se acuerda?

Como "pa" no acordarse, Casilda.

Ea, sí, que nos den más feria

y más jarana.

A quitarse la ropa de servir y a ponerse los mantones,

que "pa" eso los hemos "comprao".

-¿Se puede?

Fabiana, ¿se le ha "pasao" el disgusto de la derrota?

-Habéis "ganao" con malas artes.

-Eso no se lo consiento. Servando...,

pero servidor es más honrado que un cura párroco.

-Menudos son esos, primo.

¿Nos va a invitar a algo con las ganancias en la feria?

-¿Invitarme? Si después de haberle pagado las deudas a la Fabiana,

me he quedado más seco que la mojama.

-Uy, uy, uy. Chiquilla, ¿qué te pasa con esa cara?

-Antoñito sigue preso, y no hay aviso de que le suelten.

-Algo me han dicho. En los periódicos no lo ponen muy bien.

-Infamias. Más bueno que el pan. Le han "engañao".

-Donde las dan las toman.

-¿Qué pasa?

¿Hoy no se trabaja? Todos tumbados a la bartola.

-Que hasta los esclavos tenían sus momentos de asueto.

-Y los borregos.

-(RÍEN)

Ha desparecido doña Blanca.

Si alguien la ve

o sabe de ella, que avise a don Samuel.

-Madre mía.

"Endeluego",

que en este barrio, en lugar de montar una feria,

deberían poner un circo, con leones y "to".

¿Qué ocurre?

¿Qué haces? -Nada, solo te miraba.

Eres muy dormilona. Hace horas que amaneció.

-¿Tú no has dormido?

-Poco. En el bosque siempre hay que dormir con un ojo abierto.

He ido a recoger frutos salvajes.

Come de estas moras, le harán bien al crío.

-¿Cómo sabes que no son venenosas?

-Se sabe. Si los animales lo saben, nosotros más.

-Pero los animales tienen olfato. -Y nosotros.

En la ciudad lo tenéis atrofiado.

No quieres comer porque no te fías de mí.

No te quiero envenenar.

Mira.

Están ricas.

En Acacias no habéis probado frutos del bosque tan ricos.

A mí no me gustan las moras. -Pues no lo parece.

Las como porque tengo hambre.

Pero me traen recuerdos.

Malos.

Todos mis recuerdos son malos.

Mi vida ha sido muy dura.

A Tomás le encantaban las moras.

Rojas y negras.

Me hacía ir a cogerlas en cuanto llegaba la época.

Podía comer kilos.

-Ya no debes temer a Tomás.

-El sabor de las moras,... esta casa...

Me da miedo de que entre por la puerta.

-Olga.

Olga, no va a entrar.

Está muerto.

-Lo sé.

Yo le maté.

-Olga.

Olga.

Por favor, soy tu hermana. Por favor.

Pues no es malo el trabajo de portero, ¿eh?

Mejor que el de pastor.

"Sentao", viendo pasar la vida por delante.

-No se crea, amigo, no todo el mundo vale "pa" esto.

-Pues ya hay que ser pelagatos "pa" no valer "pa" no hacer "na".

-El trabajo de portero es un trabajo que no se ve, hay que estar alerta.

Conocer los intríngulis del barrio, parlamentar con unos, con otros.

Mire,

por ejemplo.

En la feria del santo Auxilio.

¿Usted cree que saldría bien sin mí?

-¿No? -No.

Vamos,

los carteristas y los cacos no vienen aquí porque saben

que estoy ojo avizor. Mientras que el barrio se divierte,

yo velo por ellos.

-Menuda responsabilidad.

Entonces podré estar tranquilo y gastarme las ganancias en la feria.

Me muero de ganas de subirme a una noria.

-No, de gastarse el dinero en una noria, nada. No, no, no.

Yo había "pensao"

en utilizarlo "pa" apuntarnos en el torneo de dominó provincial.

-El dinero está "pa" gastarlo. -Ya.

"Pa" gastarlo y disfrutarlo. Pero que mejor gasto

que ganar ese premio.

Y con eso podría pagar las deudas que tengo.

-¿Y yo? -¿Usted qué?

-¿Qué gano yo?

Yo sé jugar al dominó y, usted se lleva el premio. Vaya acuerdo.

-Vamos a ver Jacinto, ¿qué gana usted

cuando le libra

a un cordero de que se lo coma el lobo?

¿O qué gana usted cuando ayuda a una oveja a parir?

Solamente la satisfacción del deber bien hecho.

-Eso, y la oveja, que sigue siendo mía.

Más el corderete. Qué "rebonicos" que son.

-Para usted...

la copa,

que así la va a poder pasear por esos campos de Dios. Renuncio.

Renuncio a ella por usted.

Yo el dinero, y usted la gloria.

Creo que es un trato insuperable.

¿Trato hecho?

-(JACINTO RÍE)

Me alegro de que vengas.

-He venido porque las señoras han quedado aquí.

Pero no han llegado. Tomaré un chocolate.

Por favor, María Luisa.

¿Qué quieres, que las espere sentadas en un banco del parque?

-¿Se sabe algo de tu hermano? -Lo que dice el periódico.

Ya está bien de que todos me pregunten.

-Pues no te pregunto.

¿Qué tengo que hacer para que volvamos a estar bien?

-¿Me vas a servir el chocolate que te he pedido?

-Todas a la hora.

Como se nota que hay ganas de organizar la feria.

-Ni me acuerdo el tiempo que llevamos sin hacer vida de barrio.

No nos hemos visto por buenos motivos.

-¿Estamos todas? -No.

Falta doña Úrsula, pero no creo que venga.

-Ni yo. Parece que están buscando a Blanca.

Ella y su hermana han desaparecido.

Liberto está ayudando a buscarla.

-Lo que no pase en esa casa... -En esa casa y en todas.

¿Se sabe algo de Antoñito?

-Sí, que es inocente, y dentro de poco se demostrará.

-Pleitos tengas y los ganes, dice la maldición.

-Vamos a lo que vamos,

la feria.

Entre mi empresa y los negocios de la calle la vamos a financiar.

-Podéis contar con mi sastrería siempre.

-¿Y podemos contar también con Víctor?

-Tendréis que preguntárselo a él.

-Si precisas de consejo, aquí nos tienes.

-María Luisa sabe que puede contar con todos nosotros.

¿Qué atracciones vamos a contratar?

-Puesto de churros y buñuelos, ¿os parece?

-La tómbola.

-Y un tiovivo.

-Y un puesto de tiro. Lo que se pone siempre.

-Perdón. ¿Están organizando una feria?

-Sí, la del santo Auxilio.

Para recaudar fondos para el barrio del Hoyo.

-Pues si no les importa, me gustaría participar y ayudarles.

(REZA)

...los pecados y todas las cosas...

-Señora. -¿Ha aparecido?

¿Dónde está mi hija? -No ha vuelto.

Pero lo hará pronto.

-Solo nos queda rezar.

Por mi hija, por mi nieto.

Nunca debí permitir que Olga se quedara en esta casa.

-No desespere, don Samuel está tras su pista.

Ha hablado con un cochero que las llevó fuera de la ciudad.

-¿Al bosque? -No lo sé.

-A la cabaña de Tomás.

Es ahí donde han ido.

-Don Samuel ha ido tras ellas. Las traerá de vuelta.

-La va a matar.

Olga la va a matar, igual que hizo con ese hombre.

-Señora, no se ponga en lo peor.

-Si algo le ocurre a mi hija, te arrepentirás toda la vida.

¡De haberla dejado sola en mi ausencia, toda la vida!

¡Fuera!

¿Cómo ha sido su primera noche?

-Bueno, al menos no he roncado.

Me dijeron que iba a venir mi padre.

-Él vendrá después. Antes quiero hablar con usted.

Y le pido que no se ande con rodeos.

¿Existe Belarmino?

-¿Por qué no dejan de preguntarme eso? Claro que sí.

-No vive en la dirección que nos dio,

no aparece en nuestros registros, nadie le conoce.

-Le aseguro que existe, y se llevó el dinero.

-¿El mismo dinero con el que pensaba disfrutar en Italia?

Dos pasajes a Italia, a su nombre.

Fueron encontrados entre sus objetos personales.

¿También lo ha comprado Belarmino?

Siento verle en estas circunstancias.

Salgamos un momento.

Tengo que informarle de las novedades.

Me temo que no le van a gustar nada.

Buenas tardes.

¿Cómo va todo? ¿De verdad quieres saberlo?

Pues mal. Mal.

Me falta un camarero porque han detenido a Antoñito.

Ahora se acerca la fiesta del santo Auxilio,

subirá la ocupación... ¿Quieres que siga?

Y lo de María Luisa.

Ya lo sabes.

Pues sí.

Le pido matrimonio, le ofrezco una vida en París

y me deja compuesto y sin novia.

¿Habéis decidido cortar la relación?

No lo sé, porque no me habla.

Pero en todo caso habrá sido ella, no yo.

Supongo que sí, que habrá pensado que hasta aquí hemos llegado.

Pero no tengo ni idea. Yo no creo que sea así.

Ella piensa que la petición de matrimonio no era sincera.

¿Y qué tengo que hacer?

Tener paciencia.

¿Y aguantar un desplante detrás de otro?

Pobre Víctor.

Pero el premio merece esfuerzos, ¿no?

¿María Luisa?

Pues claro que lo merecen.

Si la quiero desde que calzaba calcetines.

Ya me ha contado el comisario.

-No padre, tiene que creerme a mí. -¿Por qué?

¿Qué motivos me has dado para que pueda creerte?

-Juro que soy inocente. -No jures en vano.

¿Eres el timador timado?

-Sí.

-Belarmino desaparece,

el dinero se esfuma,

aparecen unos pasajes a tu nombre para Italia.

¿Pensabas despedirte o ibas a hacerlo a la francesa?

-Yo se lo puedo explicar todo. -Quiero pruebas.

Tus palabras no me valen.

-Pruebas no tengo, pero sí hechos. -¿Documentos?

¿Testigos, algo tangible?

Me voy.

-Padre, no me deje solo.

-Devuelve el dinero.

-No lo tengo. -Pues estás en un buen problema,

porque no pienso pagar para remediar tus estafas.

Adiós, Antonio.

¿Qué pasa aquí?

¿Dónde está Blanca, qué le has hecho?

-Contarle la verdad.

-Como le hayas hecho algo, te juro...

-Samuel. -Blanca.

¿Estás bien? -Lo estoy.

Había ido a buscar a un cochero para que nos llevase a Acacias.

-¿Por qué te fuiste sin avisar?

-Lo necesitaba.

Necesitaba volver aquí con mi hermana

para que ella me contase la verdad de su infancia y de su vida.

-Es peligroso. Es posible que Olga asesinara a Tomás.

-Ella hizo lo que tenía que hacer.

La apoyo.

Y lo haré siempre.

Tú no conoces su historia.

Samuel,

aquí solo ha habido una víctima,

y no es Tomás,

es Olga.

Marcho, pero ánimo.

Tienes en mí una amiga para lo que necesites.

No escuches cantos de sirena.

-¿De qué estás hablando, Simón, a qué te refieres?

-No te dejes embaucar por Elvira.

-No me estoy dejando embaucar por ella.

Me ayudaba con mis problemas con maría Luisa.

-No quiero bromas. Escúchame.

Elvira no está en...

Es porque trama algo.

Estoy seguro.

Esa mujer siempre acarrea peligro

y sinsabores, así que, date por advertido.

No sé qué te habrá contado Olga. Ni sé si quiero saberlo.

Tengo que sacarte de aquí cuanto antes.

-No me has escuchado. -Por el amor de Dios,

solo quiero que estemos sanos y salvos cuando lleguemos a casa.

Ya tendremos tiempo de analizar la situación.

La situación está más que analizada.

Ni he corrido ni correré peligro. -¿De veras?

-Tu madre y yo hemos hablado con un sacerdote que conoció a Olga.

Y hay fundadas sospechas de que tal vez mató

a Tomás.

-De hecho, le mató.

-¿Me lo dices así, como si fuera la cosa más normal del mundo?

-Tuvo sus motivos, Samuel.

-¿Quién puede asesinar a sangre fría,

matar a golpes a quien le dio cobijo y sustento?

¿Cómo se puede justificar un homicidio?

-La mala sangre.

-La mala sangre es la que corre por tus venas.

-Samuel, escúchala, te lo ruego.

Cuando sepas la verdad,

pensarás como yo, que Olga es inofensiva.

Y que su sangre es la mía.

Olga, cuéntaselo, por favor.

Cuéntaselo como me lo has contado a mí.

No hemos comentado. -¿El qué?

-¿Qué opinas?

¿No te parece raro que el coronel se haya ofrecido a financiar

una de las atracciones para la feria?

-Algo tramará.

Si no, a santo de qué, tiene que hacer migas con los vecinos.

-Quizá haya reflexionado, ¿qué sé yo?

Pero eso significa que se va a quedar en Acacias.

Que voy a seguir cobrando una renta.

Lo que no sea dinero te trae al pairo.

-Como si vosotras fuerais tan generosas

como San Francisco de Asís. -Dejémoslo.

El coronel está tramando algo, si se queda.

¿Sabes qué tipo de atracción piensa pagar?

Tienes cara de celoso.

No digas tonterías.

Conozco tu cara, tus gesto.

Tienes la misma actitud que cuando salía con Liberto.

Te comían los celos por dentro.

No estás en tus cabales.

Sí lo estoy, vaya que si lo estoy.

Pero una cosa más te voy a decir, si te mueres de celos,

no me ruegues fidelidad.

Ya no. Para mí, Simón Gayarre está muerto.

-"¿Tú sabías algo"

de un viaje a Italia?

¿No iba a saberlo?, si hasta vi los billetes.

Era un regalo "pa" mí. Que solo he viajado del pueblo aquí.

Y ni siquiera me tocó ventanilla.

-¿Lo ves, Trini, lo ves?

Se marchaba a Italia,

huía, y con Lolita.

Alma cándida, ¿no te diste cuenta de que los pasajes eran solo de ida?

-¿En qué me iba a fijar? Solo tengo ojos "pa" él.

Además, ¿hay billetes

que no son de ida?

-Los que además, te vuelven a tu casa.

-Sea lo que sea, yo me fío de Antoñito.

Y me fiaré siempre.

-¿Qué se puede sacar en claro de una mujer enamorada?

¿Traes noticias de Blanca?

Gracias al cielo que estás sana y salva.

¿Cómo estás?

-Me encuentro perfectamente. No es para ponerse así.

-¿Dónde has estado?

O mejor dicho, ¿adónde te ha llevado esta loca?

-Le ruego que no se refiera a mi hermana en esos términos.

-No me lo puedo creer.

¿Vas a seguir defendiéndola?

¿Tú crees que Belarmino existe realmente?

-Que por lo menos hay alguien que dice llamarse así, seguro.

-¿Tú le has visto?

-Claro que sí. Si organizaron el negocio aquí mismo.

Y en horas de trabajo. -Luego existe y le cameló.

-Yo no he dicho tal cosa. Que eran socios, seguro.

Y que si detienen a uno, al otro le tienen que juzgar

por el mismo rasero, también.

-Pero ¿tú crees que...

este tipo, Belarmino haya podido estafarle

e irse de rositas? -Parecía un tipo serio, doña Trini.

De ser más aventurero, a lo mejor me habría asociado yo también.

Una noche me lo encontré, y estaba de lo más alterado.

Se puso nervioso al verme.

"¿Crees en eso de que en el amor"

y en la guerra cualquier astucia es aceptable?

Miedo me das. ¿En qué anda tu cabeza ahora?

Mi cabeza y mi corazón.

Simón tiene que comprender que me ama, que nunca amará a otra.

Tiene que darse cuenta y lo hará.

Conseguiré que se percate.

Por las buenas o por las malas.

No me puedo creer que aún sigas con el intento.

-"Lo siento por usted".

Su hijo ha superado la mayor de las indignidades.

No creo que pueda evitar la acción de la justicia.

-Discúlpeme,

pero usted no es ni juez ni parte. -Juez, no.

Pero parte lo soy tanto como los caídos por la patria,

a los que su hijo a utilizado para enriquecerse ilícitamente.

-Lo siento.

-De nada valen sus disculpas.

Los militares están encolerizados.

Ejercerán la mayor fuerza posible para que el crimen

no quede impune. Quieren un castigo ejemplar.

-Me duele a mí tanto como a sus militares

o a los familiares de los caídos.

Pero usted no es quien para anticipar el veredicto.

No lo guardes. Déjame estudiarlo de nuevo.

Es una auténtica obra de arte.

Si Diego nos hubiera enviado las gemas, me pondría a pulirlas.

-No corre prisa.

Es posible que lo corrija un poco.

-Lo perfecto es enemigo de lo bueno.

Trataré de ponerme en contacto... -He dicho que no.

-Buenos días.

Antoñito.

Maritornes, sabía que vendrías, lo sabía.

-Las manos quietas. Y sentadito.

Lolita, tú eres la única persona

que cree en mí.

No podría soportar esto son ti.

-"Me he equivocado en algunas ocasiones".

Pero no merezco tu desprecio.

-Yo no la desprecio, madre.

Podríamos intentar...

-¿Cómo puedes confiar en una asesina,

aunque sea sangre de tu sangre, más que en tu propia madre?

-Olga actuó en defensa propia.

Y siempre ha sido más víctima que verdugo.

En parte, por su culpa.

-Eso no te lo tolero. -No se altere.

Quisiera compartir con usted lo que sé

sobre las razones de Olga para hacer lo que hizo.

¿Quiere saber lo que sufrió en las garras de ese tal Tomás?

  • Capítulo 647

Acacias 38 - Capítulo 647

24 nov 2017

Samuel y Úrsula buscan a Blanca que sigue desaparecida con Olga. Úrsula está cada vez más nerviosa pensando que les ha podido pasar algo y Samuel consigue una pista de dónde pueden estar las dos mujeres gracias al cochero que les llevó al Bosque de las Damas. Méndez duda de las declaraciones de Antoñito en comisaría. La vergüenza de los Palacios va en aumento cuando aparece la noticia en un diario, y Lolita es la única que defiende a su amado. Servando y Jacinto ganan el campeonato de dominó del altillo y deciden invertir el premio en la inscripción a otro campeonato más grande.

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