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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 629 - ver ahora
Transcripción completa

Atacar a madre solo te va a traer desgracias;

la cárcel.

Y tú no te mereces eso.

Tú menos que nadie.

-No me importa la cárcel.

¿Cómo crees que ha sido mi vida desde entonces?

Al menos tendría un sitio donde descansar.

-"Necesitamos que Olga se quede unos días".

Conoces su historia, no podemos abandonarla a su suerte.

-Tampoco queremos que se marche.

Aunque es su decisión. Me gustaría conocerla,

saber un poco más de ella. "¿Crees que puedes dejarme"

en la calle mientras tú te refugias en tu paz conyugal?

¿Soy una vulgar amante? Modérate, es la casa de mi madre.

¡Me da igual!

¡No puedes despacharme así, Simón! ¡No puedes!

Solo saldré de aquí con Simón. Estás fuera de ti.

Vuelve a casa.

-Te he contado toda la verdad.

No sabía nada de ese certificado,

incluso puede ser falso.

¿Por qué te empeñas en menear todo este asunto? En especial,

¿por qué te empeñas en no creerme?

-Tu padre tiene un trabajo de vendedor de cafeteras por Europa.

Es un empleo pintiparado para tu hermano,

pero no se lo quiere ofrecer.

-Parece el trabajo perfecto para mi hermano.

¿Qué tiene mi padre en contra?

-No lo sé. Mejor que no nos metamos en camisas de once varas.

Si dice que no, es que no.

-"Entiendo tus deseos de venganza",

pero, por mucho daño que le hagas a madre,

eso no te devolverá tu pasado

y seguirá marcando tu futuro.

-¿Qué futuro?

-Uno que quizá te haga olvidar.

-Mi madre quiere ser la que lo anuncie en la celebración,

pero no creo que sea tan grave que tú lo sepas un poco antes.

Está embarazada.

-¿Que doña Rosina está...?

-¡Chist! -"Todo esto tiene que terminar".

Tienes toda la vida por delante.

Olvídame.

Te odio.

Te odio como nunca he odiado a nadie.

Ahora, vete.

¡Vete!

Una niña de cinco años. Indefensa, sola,

debajo de un árbol, en medio del bosque.

No, una madre...

Nadie nacido de mujer sería capaz de una crueldad así.

Solo Úrsula.

-Ya sabíamos cómo era tu madre.

Tan solo hay que ver lo que te hizo a ti.

Mas no conocemos a Olga, no podemos creerla a pies juntillas.

-No son solo sus palabras, son sus gestos.

La dificultad con la que me narró su horror,

la soledad que vi en su mirada.

-No te estoy pidiendo que la rechaces,

solo que seas cauta en tus juicios.

Lo único que sabemos de Olga es que acuchilló a tu madre.

-Samuel, es muy simple: nadie la enseñó nunca a amar.

Su odio es más fuerte que ella.

-Recapacita un poco. Úrsula te hizo daño,

pero, aunque te hubiera infligido más daño aún,

¿serías capaz de matar a tu madre?

-No tenéis por qué callar.

Nada me ocultaréis con su vuestro silencio.

Sé que habéis dado amparo a Olga.

Aunque no sé dónde,

porque disteis esquinazo a esa estúpida de Carmen.

-No pienso detallarla nuestros paseos.

-Es mejor que lo sepa.

No solo la cobijé, hablé con ella.

Sé que Olga la desprecia.

-Blanca... -Ni una zorra expulsaría así

a sus cachorros de la manada. Aunque no pueda alimentarlos,

les protege hasta el último momento. ¿Cómo usted, un ser humano,

fue capaz de abandonar a su propia hija

en un bosque sombrío? ¡Ni se atreva a repetir

que la dejó con una mujer! ¡Es falso!

La abandonó para que muriera.

-Es cierto, la abandoné.

Abandoné a tu hermana porque dentro llevaba el diablo.

-Cállese, es mentira. Ni siquiera el diablo

sería capaz de entrar en el cuerpo de una niña de cinco años.

-La misma edad que tenías tú.

Quizá por eso has olvidado tantas cosas.

Quizá por eso no recuerdas que tu hermana...

intentó matarte.

-No puedo creerla.

Trata de confundirme... contándome esas historias horribles.

-Pero ¿qué hace, ha perdido el oremus?

-¿Ves esa cicatriz?

Se la hizo Olga, de una cuchillada.

-No.

No, es de una herida que me hice cuando era niña

jugando en un pajar.

-Eso es lo que te hice creer.

De no haber llegado a tiempo,

esa hubiera sido la primera de muchas otras

que te hubieran llevado hasta la muerte.

-De ser así, lo recordaría. -Tu mente lo ha borrado.

Como aquella vez que llegué a vuestro cuarto

y descubrí a Olga tratando de asfixiarte con una almohada.

-¡No, ni puede ser!

-Tienes que creerme.

Tu hermana... está poseída

por el diablo. -¡Miente!

¿Cómo una niña va a comportarse así? No conocen la maldad.

-La maldad la llevaba dentro desde que nació.

Su crueldad fue creciendo

a medida que cumplía años.

Primero, se ensañó con su muñeca.

Después,

torturaba a cualquier insecto que le cayera en las manos.

Un día...

asfixió a un gatito.

La encontré sonriendo,

al lado de ese cuerpo sin vida. (LLORA) Pobre animal.

-¿No trató de corregirla? -Por supuesto que sí, me conoces.

Pero mis esfuerzos fueron inútiles.

Ni los gritos ni los castigos, parecían afectarla.

-Debería haber consultado

con un médico o un maestro. -O un sacerdote.

Comprendí...

que nada se podía hacer.

El día que llegó a casa cubierta de sangre...

Al principio pensé que había tenido un accidente,

pero enseguida me di cuenta

de que la sangre no era suya.

-¿Qué ocurrió?

-Mató con una azada a un perro

que merodeaba por la finca desde hacía un tiempo.

Se llamaba Pancho.

Tú tienes que acordarte, le tenías mucho cariño.

-Lo recuerdo.

Lo recuerdo vagamente.

Sé que solía acercarse a casa para que le diéramos de comer,

pero un día dejó de venir.

No puedo creerme que mi hermana fuera capaz

de hacer algo tan terrible.

-Te aseguro que estaba orgullosa de su hazaña,

disfrutaba de su maldad.

Blanca,

cuando trató de matarte a ti de nuevo,

fue la gota que colmó el vaso.

Tuve que separaros.

-Pero podría haber buscado otra solución

que no fuese abandonarla.

-Era pobre.

Lo poco que tenía, prefería que fuera para ti.

Tu hermana era una demente.

Por eso la abandoné en ese bosque, rodeada de alimañas,

que eran más feroces que ella.

-No sé si me está diciendo la verdad o miente.

Pero no deja de ser abominable que la abandonase en el bosque,

a merced de los elementos.

-Entiendo que pienses de esa guisa.

No sabes en realidad

cómo es tu hermana.

Y espero que nunca lo sepas.

Me faltó valor para matarla.

Ese fue el único error que cometí.

-Por Dios..., calle.

-Blanca...

-Espero que todo esto sea verdad,

no otra de sus triquiñuelas.

Elvira, es hora de cenar.

Discúlpeme, padre, pero no tengo apetito.

Eso es irrelevante. Siéntate a cenar conmigo.

Debo reconocer que se me ha caído la cara de vergüenza al escuchar

ciertos rumores.

Ya sabe cómo son de aficionados nuestros vecinos

a inventar todo tipo de chismes y habladurías.

No creo que se trate de una invención.

Al parecer, el escándalo del que te hablo fue tan grande

que se enteró medio barrio.

No sé a qué se refiere.

Yo creo que sí.

¿No estuviste en casa de la sastra

pegando gritos como una loca,

haciendo pública

tu adúltera relación con Gayarre?

¿En qué te has convertido?

¿En la fulana de un mísero mayordomo?

¿Cómo puedes caer tan bajo? No podía hacer otra cosa.

Le amo con todas mis fuerzas.

No me queda otra que luchar por él.

¡Me has engañado, como a un colegial!

¡Te has hecho pasar por una hija modelo

y sigues viéndote con ese pelagatos! No tenía otra opción.

¡Por eso me convenciste de que no nos fuéramos de Acacias!

¡Para seguir cerca de él!

¡Eres una infame!

Hágame lo que quiera: pégueme, enciérreme... Me da igual.

No me arrepiento de nada.

No es necesario que te castigue.

Has cavado tu propia tumba, en tu pecado está tu penitencia.

Has mancillado tu nombre.

Has perdido la honra que se te supone.

Ya nada me importa.Pues debería.

Nunca podrás tener un buen marido.

Cualquier hombre que se precie, te dará la espalda.

Incluso el propio Simón no querrá saber nada más de ti

después de lo que has hecho.

Enhorabuena, hija,

te has quedado sola.

Ahora recoge este desastre.

¿Necesitas algo?

-No.

-Te puedo dejar un libro con ilustraciones para que lo veas.

O, no sé, cualquier entretenimiento que me pidas.

-No te molestes por mí. -No es ninguna molestia.

Tu desazón es muy natural.

No estás acostumbrada a estar entre cuatro paredes.

Eres como yo; un animal salvaje que necesita espacio

para correr... si no quiere marchitarse.

-Ahora lo entiendo.

-¿De qué hablas?

-Estás aquí por ella.

-¿A quién te refieres?

-A Blanca.

Es ella la que te tiene enjaulado.

-No sabes lo que dices.

-Te equivocas, sé mucho más de lo que piensas.

"La marquesa de Urrutia quiere hacer un homenaje a mi padre

y exhibir sus mejores creaciones. -Tu padre se lo merece".

"Contad conmigo

si lo necesitáis. -Te necesitamos, al menos yo".

Me da la impresión

de que estás fantaseando.

-Quieres a mi hermana.

-(RÍE)

Es mi cuñada,

por supuesto que la quiero.

-No es el destino lo que está en tu contra.

-¿De qué hablas?

-De Úrsula.

No te aguanta.

Ni a mí ni a mi hermana.

Está claro, quiero títeres. -Olga..., mejor dejemos este tema.

¿De acuerdo?

Me incomoda, y acabamos de conocernos.

Además, no tienes ni idea

de lo que realmente sucede en esta familia.

-Creo que el que no lo sabe eres tú.

Eres bueno,...

no mereces este sino.

¿Qué haces tomando un triste café?

-Desayunando.

-Pero eso no es desayuno para un hombretón como tú.

Haberte esperado,

que te preparaba uno al estilo de Cabrahigo.

Chist, una hogaza de pan, una tortilla de seis huevos

y todo el jamón que te entre en el buche.

-Ni tenía tanta hambre

ni quería molestarte. -Bueno...

Molestia, ninguna. Como criada, es mi obligación, señorito.

Y como novia, un gusto. Aunque lo de novia

no deja de sonarme raro.

-Descuida, sé apañármelas solo.

Además, si algo he aprendido en La Deliciosa es a preparar café.

-¿Qué tienes?

Estás bien mohíno esta mañana. -No, no tengo nada.

Algo de abatimiento.

-Uh...

Si te apetece, podemos ir luego a dar un paseo

por los jardines.

Después de la "jorná".

-Nos va a venir de perlas tomar algo, aunque sea al fresco.

Yo también estoy algo desasosegada, por Simón,

que debe estar pasando las de Caín

después de la escena que le montó Elvira.

-Pensaba que no querías que se supiera nada

de nuestro noviazgo. -Y no lo quiero.

Pero dar un paseo juntos no quiere decir nada

de cara a la galería. Con no cogernos de la mano,

solucionado. Parecerá que te acompaño a unos "recaos".

-No, lo mejor es que nos quedemos en casa.

Así, nadie tendrá motivos para murmurar.

-Antoñito, ten paciencia.

Ya tendremos tiempo de que se sepa lo nuestro.

¡Uy!

Me voy a dar un garbeo.

A ver si veo a Simón y me entero de cómo está.

(Puerta, pasos)

-Enhorabuena, hermanito.

Parece que todo el mundo está muy contento

con tu trabajo como camarero. -Será todo el mundo menos yo.

-¿Ya te has apagado?

Pues sí que te ha durado poco la euforia del trabajo.

-Solo estoy un poco cansado. -No es de extrañar.

Trabajar de cara al público debe ser agotador.

-No te puedes ni imaginar. Si me dieran una peseta

por cada impertinencia que tengo que aguantar,

ya sería millonario. -Es un trabajo de lo más ingrato.

Pero otra cosa bien distinta sería trabajar de representante.

Viajando de un lado para otro, bien vestido..., ¿te imaginas?

-No tengo fuerzas para imaginar nada.

Y no sé dónde quieres llegar.

A ningún lado, yo solo miro por ti.

Me he enterado de que a nuestro padre le han ofrecido expandir su negocio

por toda Europa. Y necesita un comercial

que sepa varios idiomas. -Sería un trabajo bastante fetén.

Se podrían ganar unos buenos duros.

-Me barrunto que si tú le pides el trabajo,

seguro que te lo da sin pensárselo

dos veces.

-No. No, no, no. No, no podría hacer eso.

Eso supondría estar mucho tiempo lejos de Lolita.

No, me niego. -Bueno, pues...

si te quiere, sabrá guardarte la ausencia.

Mira...,

tú sabrás lo que te haces, pero la oportunidad la pintan calva.

¡Eh, Martín! ¡Martín ¡Martín! ¡Eh!

¿Dónde vas tan apresurado? -A hacer mandados de todo el mundo.

Es lo que tiene ser el último mono.

-Preciso que me prestes

un poco de atención. -No tengo yo tiempo

para pantomimas. -No te detendría

si no fuera un asunto muy principal.

Es que necesito que me apuntes en papel

los versos que las musas tengan a bien en soplarme al oído.

-Pero eso me puede llevar horas.

Mire que si pilla a las musas durmiendo y no le dicen nada.

Además, tiene usted lo mismo de poeta

que yo de torero. -Ayúdame,

no seas sieso.

-Dele.

Pero dese prisa, ¿eh?

Que se me está haciendo el día corto

de la tarea que tengo. -Apunta, apunta.

¡Fresca...! -(RÍE)

Empieza usted bien.

¿Cree que es romántico insultar a la amada?

-No seas zoquete, estoy diciendo fresca de joven,

no de casquivana.

-Venga, dele, que se nos hace de noche.

-¡Fresca, lozana,

pura y ardoro...!

No, ardorosa no. Eso no...

Eso no.

A ver... ¡Fresca,

lozana, pura

y olorosa... ¿Eh?

Gala y adorno

del pensil florido.

Esto va bien. Tú sigue apuntando.

Gallarda puesta sobre el ramo erguido,...

fragancia esparce la naciente rosa.

-Rediez, Servando.

Esto está fetén.

Si no he entendido ni la mitad. -Vale.

Sigamos.

Mas si el sol...

ardiente

lumbre enojosa,

vibra... del can

en llamas encendido,

el dulce aroma y el color perdido,...

sus hojas lleva el aura presurosa.

-Puf...

Ahora sí que lo ha bordado.

-Pues todo esto ha sido dejar suelta mi imaginación.

Salen los versos, así porque sí.

Y todo sale de aquí, ¿eh? No sé...

Fabiana... Fabiana, un segundito, por favor.

Anda,

recítale a Fabiana los versos,

a ver qué le parecen. -¿Qué me ha de parecer?

Seguro que rebuzno.

-"Fresca, lozana,

pura y olorosa, gala y adorno del pensil florido".

"Gallarda, puesta sobre ra... ramo erguido,

fragancia esparce la naciente rosa". -¡Dale un poco más de gracia!

"Parece que estás recitando la lista de los reyes godos".

-Venga. -A ver.

"Mas si el ardiente sol,

lumbre enojosa,

vibra, del can en llamas encendido,

el dulce aroma

y el color perdido

sus hojas lleva el aura presurosa".

-(RÍE)

Me tomáis a mí por tonta de capirote, ¿no?

Que no me creo yo que eso haya salido de la mollera de Servando.

Vamos, ni aunque se haya pasado toda la vida cavilándolo.

-Fabiana,

le juro por estas, que son cruces,

que se ha sacado esos versos de la mollera con la misma facilidad

que un crío se saca un moco. -Si tú lo dices,

me lo tendré que creer, pero me cuesta.

-Pues ya está soltando usted esa botella de mistela,

que una apuesta es una apuesta.

-¡De eso, nones!

Una cosa es juntar cuatro versos

y otra bien distinta enamorar a una mujer.

-¿Quién dice que no lo pueda hacer? Mire, se lo voy a hacer ver

a las bravas.

Y qué rico me va a sentar a mí ese vinito.

Disculpe, doña Celia, pero no tengo la cabeza en mi sitio.

¿Le importaría comprobarlo a usted, por favor?

-Descuide.

Es normal que no ande muy entonado,

después de lo sucedido con Elvira.

-No tengo disculpa. Mis asuntos personales

en nada tienen que influir en mi trabajo. Lo siento.

-Eso es imposible cuando se pasa por un brete

como el que usted atraviesa.

-Le agradezco su comprensión.

Tendría que haber visto cómo me miraban en la calle.

Solo les ha faltado pedir que me quemaran en la hoguera.

-Yo no soy quién para juzgar a nadie.

Pero tampoco voy a ocultarle mi opinión

sobre la infidelidad conyugal.

-Lo sé, soy consciente

de que he obrado de manera deshonesta.

-Ya no se puede echar el tiempo atrás.

Lo importante es mirar al frente

y aprender de los errores.

Pero no dé la batalla por perdida.

(Puerta)

Se lo digo por experiencia.

-Le agradezco sus palabras de aliento.

-Con su permiso, doña Celia.

Quería saber cómo se encuentra Simón.

Ando como vaca sin cencerro por su causa.

Y ya que estoy, le pregunto por don Felipe.

Hace días que no sé nada de él. -Felipe está mejor.

Espero que pronto

le puedan dar el alta. Os dejo, tengo cosas que hacer.

Así, podréis hablar de lo que os plazca.

Quiero que la fiesta sea sonada. -No es para menos.

Estar en estado interesante a tu edad

es todo un logro. -Mujer,

que no llego ni a la cincuentena, ni que fuera Matusalén.

Además, razón de más para que la celebración

no desmerezca el acontecimiento. -Por mí, encantada.

Cuanto más algarada, mejor.

Así no tengo que oír los cuchicheos sobre Elvira y Simón.

-Eso te pasa por ser demasiado buena. No sé a cuento de qué

esos tiene que vivir en tu casa. -Ay, caridad cristiana, mujer.

Esa inocentona..., primero, monja; después, casada.

A fin de cuentas, trabaja para mí.

-Perdonen el retraso,

parece que hoy regalan el chocolate.

Estamos hasta los topes.

-Es la primera vez que nos sirves sin derramar una gota.

Parece que vas aprendiendo.

Sinceramente, no pensaba que pudieras mejorar.

-Víctor me ha dado otra oportunidad. No pienso defraudarle.

-Haces bien. Quien tiene un amigo, tiene un tesoro.

-Lástima que no le haya pedido más dinero,

este trabajo es más difícil

de lo que parece. -No te quejes,

que como está el país, Víctor se ha portado contigo de fábula.

-Di que sí. Están por todas partes a la gresca.

Los obreros, con los patrones. ¿Dónde vamos a ir a parar?

Un día de estos nos piden que les paguemos

una semana en un balneario.

-Pero ¡qué sinvergüencería!

Están ahí,

haciendo manitas, como si estuvieran en el salón de su casa.

-Es normal que si se quieren gusten de demostrarlo públicamente.

-Sácate esas ideas románticas de la cabeza.

Olvídate de paseos y de flirteos en los cafés.

Eso está reservado para los señores.

-Sí, Antoñito, ahora tu vida

es la del trabajador, mucho más sacrificada.

-Como la de todo quisqui.

Que una está al pie del cañón día sí y día también en la sastrería

con la edad que voy teniendo... -"Me he enterado..."

de que a nuestro padre le han ofrecido expandir su negocio

por toda Europa,

y necesita un comercial que sepa

varios idiomas. -Sería un trabajo bastante fetén".

"Se podrían ganar unos buenos duros".

-"Me barrunto que si tú le pides el trabajo,

seguro que te lo da sin pensárselo dos veces".

-¿Antoñito? ¡Espabila!

¡Que te faltan los churros! -Sí, enseguida se los traigo.

Me siento avergonzado. Seguro que piensas que soy un malvado

por lo que le he hecho a Adela.

-No se puede decir que te hayas lucido.

Pero sé que siempre obras de la mejor forma

que puedes. -En este caso, no ha sido suficiente.

-Lo tenías más difícil que subir a un chopo

con las manos atadas. Elvira era el amor de tu vida.

Y es duro darle la espalda a eso.

-Nunca he dejado de amarla, ni creo que deje de hacerlo,

pero se lo debo a Adela, por ser mi esposa

y por el cariño que le tengo. -Mal apaño tienen las cosas

cuando la sesera va por un lado y el corazón, por otro.

-Mucho más fácil era cuando solo debía dejarme llevar

por mis sentimientos.

Eso eran tiempos dorados.

-Para algunas... ni siquiera eso es fácil.

-¿Qué te ocurre?

-Vamos, Lolita,

-¿ahora vas a tener secretos conmigo?

Ea, que ya no me aguanto más. Pues que desde hace algún tiempo

ando en amores con Antoñito,

con el hijo de don Ramón.

Y eso me trae por el camino de la amargura.

-¿Por qué? ¿Tiene prejuicios con que seas criada?

-¡Quia! Todo lo contrario. Si se ha enfrentado a su familia.

Hasta ha conseguido que don Ramón

nos dé su bendición. -Me alegro mucho por ti.

Es una familia fetén. No entiendo cuál es tu desasosiego.

-Pues que no me atrevo a darle dos cortes al pregonero

y que todo el barrio sepa

que andamos ennoviados. -Haces mal.

Si él ha tenido la valentía para dar semejante paso,

tú deberías hacer lo propio. ¿Qué te lo impide? Tú, ¿no?

Eres tú el único obstáculo.

No pierdas más el tiempo, no seas tonta.

No sabes el privilegio que es ser libre

para hacer lo que a uno más le convenga.

Mírame a mí, yo no tengo otra opción

que cumplir con mi deber.

-Has de ser fuerte, Simón.

Elvira cesará en su empeño,

y todas las aguas volverán a su cauce.

¿Cómo te encuentras? ¿Sigues igual de turbada?

-Figúrate.

Después de lo que me ha contado mi madre,

no consigo encontrar sosiego.

-Ya te dije que podía haber varias versiones.

Al fin y al cabo, solo era una niña. -Lo sé.

¿Mas quién dirá la verdad?

Estoy muy confusa, Samuel.

Y me temo que todo esto va a afectar a mi relación con mi hermana.

Por mucho que trate de evitarlo, va a surgir la sombra de la duda.

-Ya es muy difícil saber quién dice la verdad

y quién miente.

-Es posible que las dos estén haciendo ambas cosas.

Por eso creo que debo de ser cauta

y no fiarme de ninguna de las dos.

-A veces parece que las dos sean igual de terribles.

-Parecen cortadas por el mismo patrón.

-Quizá seas la única persona cuerda

de toda tu familia. -Te recuerdo que vengo del sanatorio.

No puedo creer que mi hermana haya hecho cosas tan terribles.

-Que sea tu hermana, no es garantía de nada,

ni de que sea buena persona.

Disculpa mi torpeza,

no quería importunarte.

Es un regalo para ti.

-Es preciosa.

-La he fabricado a partir del dibujo que tú hiciste

del diseño de mi padre.

-Me encanta.

(RÍE)

-Desprendes belleza y talento.

En ti se verá mucho más bonita que en el taller.

Me gustaría que la lucieras

el día del homenaje de mi padre.

Él estaría muy orgulloso de verla.

-No sé qué haría sin ti.

Eres... el único que le pone un poco de cordura

a este sinsentido que estamos viviendo.

¿Qué quieren que le prepare de merienda

a las dos mujeres más principales

de la calle Acacias? -No seas zalamero.

Unos bartolillos, que tengo antojo.

-Anda, Víctor, que te quejarás, ¿eh? Tienes el local lleno a todas horas.

-Corren aquí más noticias

que en la Redacción de "El Adelantado".

-Ah, ¿sí? ¿De qué se habla?

-¿De qué va a ser? De Simón y Elvira.

-Ya. ¿Hay novedades?

-Y de enjundia.

El coronel ya se ha enterado de lo que pasó entre ellos.

Alguien se lo soltó ayer en el ateneo.

-Era de esperar.

Entre la penitencia de Adela, la locura de Elvira

y la infidelidad de Simón...,

se cuenta y no se cree.

-Temo por mi amiga.

Si el coronel ya la castigaba por su amor con Simón

cuando eran libres,

no me quiero imaginar lo que le pueda hacer ahora,

sabiendo que está pecando con un hombre casado.

-Espero que el coronel se contenga

y no haya que lamentar otra desgracia.

Es capaz de cualquier cosa.

-Seguro que ya ha cometido alguna barbaridad.

-Víctor, eres un hacha dando ánimos a tu prometida.

Hija,

no te inquietes.

El coronel puede tener muy mal pronto,

pero Elvira sigue siendo su hija. -Seguro que no llega la sangre

al río. Ni al río ni a ninguna parte,

no va a tocar el pelo a nadie.

-Se lo advertí, que se alejara de Simón.

Pero me hizo el mismo caso que al pito del sereno.

Se enfadó conmigo por llevarle la contraria.

-Cuando alguien se ciega por amor, pierde hasta la razón.

-Debería haber insistido más

para impedir que se viera con Simón.

-Ella sabía en el berenjenal que se estaba metiendo.

No tienes que hacerte responsable de sus actos.

-Debería haber ido a verla, sigue siendo mi amiga.

Pero todo esto tiene arreglo, Luisi.

Puedes ir, visitarla y mostrarle tu apoyo.

-Pues tiene usted razón.

No puedo dejarla sola, ahora es cuando más me necesita.

-Cuando te lo propones, eres mejor que el pan tierno.

Lástima que no se lo proponga

más a menudo. -Sí.

-Víctor, no estoy de humor.

-Venga, pues voy a por esos bartolillos.

"Pasmá" me quedé cuando me dijo Martín

que los versos eran de Servando. -Si lo dice mi Martín, va a misa.

Es incapaz de mentir. Cuando lo hace, se le ponen rojas las orejas

y abre mucho los ojos.

"Endeluego" que es más simple que el asa de un cubo.

-No se entendía ni papa de lo que decía.

Ahora, eso sí, sonaba...

como si hablaran los mismísimos ángeles.

-¿Quién me lo iba a decir?

Siempre he pensado que Servando tiene menos sentimientos

que un bacalao seco.

-¿Quieren ganarse unas pesetas extra?

-Uy, eso ni se pregunta.

Anda una siempre esperando la cuarta pregunta.

-Necesito criadas que me ayuden

en el homenaje a don Jaime Alday,

-Y seguro que el ágape es en casa de la Úrsula, ¿verdad?

-Así es.

Solo se trata de servir las bebidas y pasar las bandejas.

El piscolabis lo preparará La Deliciosa.

Va a venir lo más granado de la ciudad,

tiene que salir todo de perlas. Por eso necesito refuerzo.

-Yo..., si fuera en cualquier otro sitio,

ni me lo pensaba, "seña" Carmen. -Se les dará...

una buena paga por el servicio.

-Esa mujer me da muy mal fario.

Para estar a disgusto, mejor me quedo como estoy.

-¿Y vas a perder un buen dinero solo por eso?

-Por eso y porque no puede estar una segura allí.

Con la de enemigos que se gasta, podemos salir mal paradas.

-Si lo dices por quien la atacó, eso le puede pasar a cualquiera.

-¿A quién no le han intentado robar?

-Era algo más que una ladrona. -Sí.

Martín dice que lleva rondando

el barrio unos días antes. -A la postre, no ha pasado nada.

-Ya, eso mismo le dijeron al rey Favila

antes de salir a cazar osos.

-Además, la tiparraca esa anda suelta.

La policía no la ha encontrado.

-¿Os imagináis que va a la fiesta y que monta una escabechina?

-Mira que eres exagerada.

Tampoco hay que sacar los pies del tiesto

por semejante manganta. -Entonces, le interesa el trabajo.

-Ni pizca.

-¿También tiene miedo?

-Ninguno.

Pero una tiene muchas cosas que hacer antes de ir a servir a esa... señora.

No escatimes, ni con los tules ni con los bordados.

Quiero estar impresionante.

-Y lo vas a estar.

Pero porque vas a parecer un muestrario de telas.

-Quiero dejar a todo el mundo con la boca abierta.

-Entonces, ve elegante y discreta,

no con tantos perifollos, como te gusta.

-Haz lo que te plazca, pero que luzca bien.

Que una a mi edad puede estar en cinta y estupenda.

-Uy, no puede ser.

-¿Qué pasa?

-A ver...

Pues está bien la medida. Es asombroso.

-Dime qué pasa, me tienes en ascuas.

-Pasar no pasa nada,

pero tienes exactamente las mismas medidas de cintura.

-¿Qué? Eso no puede ser.

Ya se me empieza a notar mi estado. ¿El metro está bien?

-Es el de siempre.

Para ser exactos, mides un centímetro más

que hace seis meses. Aunque no me extraña,

con las dos raciones de churros que te acabas de meter,

aún me parece poco. -Mide de nuevo. Los ojos

te empiezan a fallar. -Puedo hacerlo cuantas veces quiera,

pero va a dar lo mismo.

Míralo.

¿De cuánto dices que estás?

-De tres meses, y largos. -Pues no puede ser.

Ya tendrías que haber ensanchado las caderas.

-Será que una... Cuando mi Leonor,

también conservé la figura, acuérdate.

-Pero bien que tenías barriga, ahora ni se te adivina.

Y es el segundo, que enseguida empieza a ensanchar el cuerpo.

-¿Tú qué sabrás? Si solo tuviste a Leandro.

Ea, mire de nuevo.

-A ver si te estás equivocando y no estás en estado.

-Ya te dije que me hice unas pruebas. -A lo mejor hay que repetirlas,

no vaya a ser que te pegues un buen planchazo haciendo una fiesta

por nada. -¡Ay, por favor! ¿Eh?

No sé a qué vienen tantos melindres.

¿No será que me tienes envidia? -Te recuerdo

que, además de no tener edad para tales menesteres, soy viuda.

-No te enfurruñes... ¡y mide de nuevo!

A este paso, me tienes el vestido para el bautizo.

-Bueno... -Qué manía con quitarme la ilusión.

Te agradezco de corazón

que hayas tenido a bien pasar a visitarme.

Es lo mínimo que podía hacer por una amiga.

No puedes figurarte lo sola y desamparada que me siento

en estos momentos. Ha tenido que ser horrible para ti.

¿Cómo ha reaccionado tu padre?

Tan mal como cabría esperar. ¿Te ha puesto la mano encima?

Si es así, sal a escape. No te apures,

esta vez no ha recurrido a la violencia.

Considera que el rechazo de Simón

y la humillación pública son suficiente castigo.

Al menos no te ha pegado.

Casi que lo hubiera preferido.

No hay nada que pueda dolerme más

que saber que he perdido a Simón para siempre.

Siento decírtelo,

pero yo ya te advertí que vuestros encuentros

no traerían nada bueno. Y tenías razón.

Pero pensaba que, estando a mi lado, dejaría a Adela.

Adela es su mujer.

Su obligación es estar con ella. Lo sé.

Pero he soñado con huir lejos de aquí,

los dos juntos y enamorados.

Los sueños no tienen nada que ver con la realidad.

Sobre todo si él ha demostrado ser un cobarde.

No ha tenido las agallas de escuchar a su corazón.

Ha preferido quedarse junto a esa sin sustancia.

No lo entiendo.Has pecado

de ilusa. Han podido más tus deseos

que la razón. Creía que habías venido a apoyarme,

y no a hacer más leña del árbol caído.

Sosiégate, yo solo quiero lo mejor para ti.

Aunque eso signifique tener que abrirte los ojos

y decirte cosas que no son gratas

de escuchar.Sé que tus intenciones

son buenas. Eres la única persona que se ha atrevido a visitarme.

Elvira, tienes que ser fuerte,

pasar página y seguir adelante.

No será fácil, pero debes olvidarte de Simón.

No sé si podré llegar a tanto.

Lo que sí que puedo prometerte es nunca más voy a suplicar su amor.

Bueno, al menos, eso es un principio.

Si Simón quiere vivir esa farsa de matrimonio, adelante.

Ya me encargaré yo de demostrarle que es un infeliz.

Cuando me vea paseando por Acacias,

con mis mejores galas y un apuesto dandi a mi lado.

A ver quién aguanta más.

Me congratula que esté repuesta del atraco.

Tuvo que pasar un sofoco terrible. -Tuve mucha suerte.

Cualquiera sabe lo que hubiera podido ocurrir

de no ser por Blanca.

-¿Se sabe algo de esa mujer?

-Está todo en manos de la Policía.

-Esperemos que den pronto con ella. -No le quepa duda.

Pero ahora hay otros asuntos que tratar.

-Ah, así es.

La exposición será todo un éxito.

Mi criada está reclutando más servicio

para poder atender a los invitados como corresponde.

Y hemos encargado un aperitivo en La Deliciosa,

una chocolatería; están acostumbrados a estos menesteres.

-Esos asuntos domésticos no me preocupan.

Estoy convencida de que sabrá sacarlos adelante con éxito.

-Le agradezco la confianza. -Querría repasar

las piezas que se expondrán.

-Mi esposa llevará la famosa joya que reconstruimos

a raíz de un dibujo de mi padre. -Podrías habérnoslo consultado.

¿Es buena idea no exhibir todas las joyas

de la misma forma? -Su cuñada es encantadora.

Lo lucirá como merece.

-Este es el resto de la disposición de las piezas.

El broche de la condesa Buenavista,

los pendientes de zafiro de la señora Andrés López de la Peña

y la tiara de la Casa Real,

la más importante, que presidirá el centro del salón.

-No estoy de acuerdo contigo.

La tiara no es la joya más representativa.

Solo es una reproducción que le encargaron.

-Sí, pero no olvides que la llevó una reina.

-No lo olvido, pero no hay nada de original

en esa tiara. Hay piezas con más valor creativo

para que presidan la exposición.

-Sí, pero una joya de la Casa Real supera a las demás.

-No discuta más. Una joya de nuestra soberana

tiene más valor que cualquier otra, aunque esté hecha de piltre.

-Su colocación...

no admite porfía.

La tiara presidirá la muestra.

-Pueden estar satisfechos

del homenaje que va a recibir su padre.

Nunca se ha considerado tanto a un orfebre.

-Y todo gracias a usted.

-Parece que siempre te sales con la tuya.

-¿Dónde está Blanca?

Debería estar aquí

presentando sus respetos a la señora marquesa.

-Lamenta no haber podido venir, pero tenía otro asuntos

que resolver.

Tengo un sofoco que me ardo.

-Deja de darle vueltas. Ya conoces a mi tía.

-Sí, una atorrante y una meticona. Busca amargar la vida a los demás.

-Lo hace sin maldad, le sale así sin querer.

-La conozco hace años y la considero mi amiga,

pero se le da de perlas amargar a los otros.

-Te va hacer un vestido precioso, serás el centro de atención.

-Sí, pero no puedo evitar disgustarme.

¡Sabré yo si estoy embarazada!

Por favor, si llevo una falta de más de tres meses.

-Cariño, sosiégate, te lo ruego.

Lo último que queremos es que se altere nuestra criaturita.

-Ay, es verdad.

El angelito no tiene la culpa.

-¿Y qué más da lo que diga mi tía?

¿Por qué tienen que afectarte tanto sus palabras?

-Bueno, es que ha insistido tanto en que me vuelva a hacer las pruebas

que me ha asustado.

-Déjate de melindres. Vamos a tener un niño precioso

y vamos a ser muy felices, punto redondo.

-¿Y por qué no me crece la barriga? -Ya te crecerá en su momento.

Cuando estés de nueve meses y no puedas moverte,

te recordaré este momento. -Y tu tía

se va a quedar pasmada cuando vea a nuestro niño.

-Va a ser precioso, tan bonito como tú.

Tengo unas ganas de mecerlo en mis brazos...

-Tengo unas ganas de que llegue el día del ágape

y poder dar la sorpresa a todo el mundo.

-Para eso vas a tener que esperar menos.

(AMBOS RÍEN)

Si supieras la de veces que me he tenido que morder la lengua

para no contarlo...

-Es que ha sido todo un secreto.

-Espero que Leonor y tú hayáis sido también discretos.

-Por supuesto. La duda ofende.

Yo he estado más callado que los adoquines de la calle.

-No te habrás chivado a nadie...

-¡Que no, mujer, que no! Venga, acuéstate.

Acuéstate, que ya no son horas.

Va a ser la sorpresa del siglo.

Ya verás qué sorpresa se van a llevar todos.

No sé qué pasa, me está entrando un sueño,

así, de repente.

Buenas noches.

Como Diego no está, tomaremos algo las dos juntas.

¿Qué te parece?

Me gustaría aprovechar que estamos solas

para conocerte un poco más.

Nuestra madre

me ha hablado de ti, pero no termino de confiar en ella.

Me gustaría que tú me confirmaras lo que me ha contado.

Aunque, la verdad, me gustaría que me dijeras que miente.

-¿Me das lo tuyo?

-Claro.

Come.

Olga, ¿recuerdas algo de cuando éramos niñas?

¿De antes de que madre te abandonara?

-No, era muy pequeña.

-¿Te acuerdas de un perro que había en la casa?

Solíamos jugar con él y darle de comer.

Era muy dócil y aguantaba todas nuestras perrerías.

Pancho, se llamaba.

-Sí. Sí, era un perro muy grande, ahora lo recuerdo.

-¿Y sabes qué pasó al final con él?

Un día dejó de venir, no le vimos nunca más.

-Es de suponer que entregó la pelleja, los perros viven poco.

-Claro.

Qué tontería.

-¿A quién le puede interesar ese chucho después de tantos años?

Preguntas demasiado.

-Me he pasado muchos años sin saber de ti.

Necesito encajar algunas piezas.

-¿Como qué?

-Como el certificado de defunción que se encontró a tu nombre

cuando tenías 16 años.

Nunca pensé que tuviera que verme

en esta situación. -¿Qué situación?

-La de tener que venir a pedirle un favor

a usted.

Pero las erradas decisiones de mi hija no me dejan otra opción.

he venido a pedirle

que sea usted tajante con ella. -¿Perdón?

-Usted sabe que no se va a rendir, sabe lo terca que es.

Sabe que seguirá insistiendo

en recuperarle a usted.

A no ser...

-A no ser...

-Que se muestre usted implacable con ella.

¿No es extraño que Úrsula siga con la idea de hacer la fiesta,

cuando hace dos días pensaba que Cayetana

había vuelto de entre los muertos y le estaba amenazando?

-No es solo que lo creyera,

sino que sufrió un asalto.

Y eso fue real. No sé por qué no habrá cancelado la fiesta.

Leonor, ¿sabes algo?

Eres amiga de Blanca, ¿no te ha contado nada?

-No, nada de nada.

-Esperemos que todo salga bien.

Habrá gente muy importante y joyas de incalculable valor.

Dicen que será

un acontecimiento en la ciudad.

-Te felicito, hijo. Veo que te estás esforzando

de verdad. Y ya veo que eres un experto

en el manejo de las máquinas expreso.

-No lo quiero, padre.

-¿El qué?

-El trabajo en la empresa de cafeteras.

Estoy muy satisfecho de mí mismo, ahora que he aprendido

a ganarme la vida. Agradezco su ayuda,

pero no la quiero. -Me alegro, y no pensaba ayudarte.

-¿Cómo?

¿Sabes algo de Olga?

¿Ha regresado?

-La he buscado, pero ni rastro de ella.

El servicio avisará si la ven merodeando por la casa.

¿Crees que le puede haber sucedido algo?

-No. Lo cierto es que tal y como desapareció...,

creo que lo hizo por su propio pie y por voluntad propia.

Pero ¿por qué lo haría?

¿Por qué ahora, que estábamos acercándonos?

-¿No tienes ni idea de lo que planeaba,

de sus intenciones? -Tiene un odio a mi madre

que no tiene límites.

-"¿Cómo puedes ser"

tan manipuladora?

-¿Perdona?

-Padre no dijo nada de ofrecerme a mí el trabajo.

Ni siquiera se lo estaba planteando.

-Seguro que sí.

-Creo que tú eres la única que quiere verme

lejos de Acacias.

-Yo lo único que quiero es lo mejor para ti.

-¿Y cómo estás tan segura de qué es lo mejor para mí?

-De lo que estoy segura es que lo mejor para ti

no es ser novia de una criada.

-Esa criada se llama Lolita,

y pronto va a ser parte de la familia.

Deberías ir acostumbrándote.

-Será un bonito homenaje tener todas las joyas de mi padre reunidas

para que se puedan admirar. Lástima que no pueda disfrutarlo.

-Samuel, debes de tener cuidado.

Te estás dejando llevar por las fantasías de Blanca

y los embustes de Olga.

¿Ya no te acuerdas de cómo llegó Olga al barrio? Quiso asesinarme.

¡Por Dios, es una asesina!

Quiso matarme...

-Ese manto es una joya.

-Una joya es lo que se ha llevado Simón.

¿Qué tal la vida de recién casados? -No me puedo quejar.

Yo amo a mi marido y él se desvive por mí.

Es que no puede ser más atento ni estar más volcado en mí.

Está todo el día pegado.

-Qué gusto da oírte.

No hay nada mejor que la vida de recién casados.

Bueno, ¿y los niños, para cuándo?

-Quizá ya están de camino.

Hoy pensaba en hacer descalza

el camino a la Virgen de los Milagros;

en agradecimiento a todo el amor

que, a través de Simón, Dios me está regalando.

¡Ah, ah!

Señora misericordiosa, no soy digna de tanta felicidad.

Santa Madre de Dios...

Úrsula maneja a Blanca y a Samuel

a su antojo, y yo no puedo hacer nada.

-Pues no se aleje.

Puede que llegue el momento

en el que ellos necesiten de su ayuda.

-Yo... Yo creo que todo esto es culpa de esa mujer. Y yo no...

No sé si podré aguantar mucho más.

-Claro que podrá.

Debe hacerlo, Diego.

Y, sobre todo, mañana. Es un día muy importante para su familia.

El trabajo de su padre, de toda una vida, va a verse

reconocido ante todos.

Ha de guardar los celos y la rabia en un cajón.

¿Será capaz?

-"Carmen,"

¿qué pensarías de una mujer que abandona a su propia hija

para que se muera de hambre y de frío?

-He dicho que te calles. -¿Qué pensarías?

-Que es un monstruo.

-Ahí...

tiene al monstruo. -¡Basta!

Carmen, ve a traer vino.

  • Capítulo 629

Acacias 38 - Capítulo 629

25 oct 2017

Úrsula cuenta a Blanca su infancia junto a Olga y afirma que la niña estaba endemoniada. Blanca está indecisa, no sabe en quién confiar. Le pide a Olga que le cuente la verdad. Arturo humilla a su hija después de enterarse de su relación clandestina con Simón. Elvira confiesa a María Luisa que no está dispuesta a dejar que el mayordomo se vaya de rositas.

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