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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 628 - ver ahora
Transcripción completa

No me engaña.

Ya no soy una niña.

-¡No!

-¿Olga?

-"¿Le dijiste a la policía

quién me agredió? -No. Ni lo voy a hacer".

Que fue una simple ladrona.

Le guste o no, Olga es mi hermana.

Y necesito entenderla. -Poco hay que entender.

Se ha convertido en alguien

sin sentimientos. En un animal.

-¿No habrá sido usted quien la ha hecho convertirse en eso?

"Seguro que Simón tuvo ayer algún contratiempo

para acudir a nuestra cita. Pero hoy no faltará".

"Hermana, te espero esta noche en el callejón

que hay junto a los jardines. No faltes".

Tengo que ir a esta cita, Samuel.

Debo encontrarme con ella.

-Entiendo tu ansiedad, Blanca.

Pero has de saber que puede tratarse de alguien peligroso.

Me mantendré cerca.

-"¿Por qué has intentado matar a nuestra madre?".

-"No puedes imaginar lo que me hizo nuestra madre".

-Dímelo. Dímelo tú.

-¿Qué te contó?

-Que te dejó a cargo de una mujer.

-Mentirosa, ¡mentirosa! -Dime tú cómo fue.

-"Elvira me espera". -Lo sé, la he visto.

-Sería cruel dejarla esperando en la iglesia.

Su padre podría descubrirla. Tengo que avisarla.

-No, por favor.

No quiero que vayas a su encuentro.

-"Es verdad que me dejó en el bosque de las Damas".

Pero no había otra mujer.

Ninguna mujer.

Me abandonó allí.

Sola.

Entre las sombras.

Era una niña.

-Dios santo.

Me llevó al bosque diciendo que jugábamos al escondite.

Que contara mientras ella se escondía.

-Vamos a ir hasta el corazón del bosque.

Olga,... ¿te acuerdas del cuento...

del niño aquel que dejaba pedazos de pan

para encontrar el camino de regreso a casa?

-Sí, se los comían los pájaros.

-Eso es. Pues mira.

Nosotras echaremos unas monedas.

Fíjate bien dónde las pones.

Vamos por aquí.

Pon una aquí en el árbol.

Ahora... vamos a jugar al escondite.

¿Recuerdas cómo se juega?

Iremos a ese árbol,

te darás la vuelta, cerrarás los ojos

y contarás hasta 10.

Yo me esconderé, ¿sí?

Si me encuentras, esta noche te volveré a contar el cuento

de Baba Yaga. Vamos.

-Espere, voy a dejar una moneda junto a este árbol.

Una,...

dos, tres, cuatro, cinco,

seis, siete, ocho, nueve,...

y 10.

¿Madre?

¿Madre?

¿Dónde está?

Madre, se han llevado las monedas. ¿Dónde está?

-No pudo ser tan cruel.

Nadie puede ser tan cruel.

-Creí que la que se había perdido era ella.

Me quedé allí esperando.

Hasta que comprendí que no volvería.

Esa es la verdad.

Me dejó como a un perrillo.

Ni siquiera una zorra abandona a sus cachorros.

-¿Qué hiciste?

¿Cómo sobreviviste? -No te acerques.

No os acerquéis ninguno de los dos.

-Olga. Ni mi marido ni yo vamos a hacerte ningún daño.

-La policía te busca y no hemos dicho nada.

¿No es eso prueba de buena voluntad? -Es normal

que desconfíes de nosotros. Que desconfíes de todo el mundo.

Nadie debería haber pasado por lo que tú has pasado.

Me siento tan culpable por ser yo a quien eligiese madre.

-Nada malo hiciste.

La odio a ella.

-Atacar a madre solo te va a traer desgracias.

La cárcel.

No te mereces eso.

Tú menos que nadie.

-No me importa la cárcel.

¿Cómo crees que ha sido mi vida desde entonces?

Al menos tendría un sitio donde descansar.

-¿Confías en nosotros, Olga?

Nos retiramos.

Adela ya está en la cama. Buenas noches.

-Descansad, hijos. (VOZ DE ELVIRA) ¡Simón, abre!

(Llaman a la puerta)

¡Simón, abre!

-No doy crédito. ¿Es que esa muchacha

no tiene dignidad ni principios? No pensarás abrir, ¿verdad?

Adelante. Pasad.

¿Qué ocurre?

-Vamos, Olga.

Que no te dé apuro.

Es Olga. Mi hermana.

Olga.

Te presento a Diego.

-Pero no os quedéis aquí, sentaos.

-No nos quedaremos mucho.

Necesitamos que Olga se quede aquí por unos días.

Sé que conoces su historia, pero no podemos abandonarla a su suerte.

-Tampoco queremos que se marche.

Aunque es su decisión, claro.

Pero me gustaría conocerla.

Saber algo más de ella.

-Cómo no. Puede quedarse.

Olga,...

Olga.

-Diego,...

ten cuidado y vigílala. Apuñaló a Úrsula.

No sabemos si podría hacer lo mismo con uno de nosotros.

-No conozco los detalles, pero sé que se ha quedado sin atenciones.

A su libre albedrío. Si no algo peor.

Y se comporta,...

bueno, ya lo ves, como un animal salvaje temeroso.

-No os preocupéis. Sabré apañármelas.

-Te lo agradecemos enormemente.

No sabíamos qué hacer con ella. La policía la busca

por el ataque a Úrsula.

-Habéis hecho bien. Te dije que podías contar conmigo.

-Nos vamos.

Procura que nadie se entere que la escondemos aquí.

Úrsula y la policía no tardarían en enterarse.

-¿Crees que vas a estar a gusto en esta casa?

¿Te ha gustado?

¿Quieres comer?

Iba a dar cuenta de este pedazo de queso.

(VOZ DE ELVIRA) ¡Simón, abre la puerta!

No puedo permitir que siga poniéndose en evidencia, madre.

¡¿Crees que puedes dejarme esperando en la calle

mientras tú te refugias en tu paz conyugal?!

¡Pero ¿quién te has creído que soy, una vulgar amante?!

Modérate, estamos en casa de mi madre.

Me da igual.

No puedes despecharme dándome puerta, Simón, no puedes.

Nunca vuelvas a tratarme así.

-Elvira, te ruego que... -No, yo lo resuelvo.

Creo que ya es suficiente. Hablamos mañana.

Mientras tú te encamas con esa que se hace llamar tu esposa, ¿no?

Ni lo sueñes.

¡Sal de ahí, traidora!

¡Yo te demostraré de quién es este hombre!

¡Cállate! ¡Deja de ensuciar mi casa!

No me callaré.

¡Esa monja tiene que saber que su esposo es mío, mío,

con todo lo que eso significa! Basta ya, te estás denigrando.

-Márchate, vamos. No me toques.

¿Crees que puedes disponer de mi cuerpo

y luego abandonarme en una esquina? ¡No ha sido así, Elvira!

He tomado una decisión, eso es todo. ¡¿Y desde cuándo

puedes tomar decisiones en contra del amor, Simón?!

¡Porque me amas! ¡Lo sé, lo sabemos!

¿Vas a seguir adelante con esta pantomima de matrimonio?

Vete, si no quieres que avisemos a la policía y te lleven a tu casa.

Solo saldré de aquí con Simón. Elvira, estás fuera de ti.

Vuelve a casa. -Simón...

Mírame, Elvira. Simón se casó voluntariamente.

Lo único que vas a conseguir con tu actitud es,

convertirle en un hombre desgraciado.

Él es quien de seguir así estaría condenándome, no yo.

Simón es mío. ¡Mío! ¡Y ni usted ni esa mujerzuela

ni la policía conseguirán separarlo de mí!

No, yo mismo lo haré.

Estás humillándote, Elvira.

Seguramente mañana me lo vas a agradecer.

¿Mañana?, mañana, Simón, toda la vida serás mío.

Nosotros somos el verdadero matrimonio, ¡Simón!

Estoy agotada.

Samuel,...

¿es posible que sea verdad todo lo que me ha contado Olga?

¿Cómo alguien puede tener la sangre fría

de abandonar a una niña de cinco años en un bosque apartado?

-Tratándose de Úrsula,... puede esperarse cualquier cosa.

No pienses más.

Duerme.

Lo necesitas.

-Gracias.

Gracias por acompañarme a ver a Diego.

Sé que no ha sido fácil para ti.

-Eres mi esposa. Te quiero hasta la locura.

Haría cualquier cosa por ti.

-Me siento muy afortunada de tenerte a mi lado.

¿De dónde vienes tan temprano?

¿Has desayunado ya?

-Vengo de la iglesia. Quería rezar por el alma de Elvira.

-Lo escuchaste todo, ¿no?

-No quise salir para que no sufriera más.

Solo espero que el Señor escuche mis plegarias

y le devuelva la esperanza. Porque eso fue lo que me dolió:

su desesperación.

-Eres pura bondad. Yo la habría abofeteado.

-Recuerde que en otro momento fuimos amigas.

-Precisamente por eso.

Ella tendría que respetar tu matrimonio.

-No lo sé, puede que yo también recurriera a la ira

si perdiera a mi amor. Pero está cavando su propia tumba.

-Lo sé. Ha conseguido lo impensable,

que Simón, con lo sensato y prudente que es,

la pusiera de patitas en la calle.

-Pero hay algo que Elvira no se ha parado a pensar.

A Simón no se le escapa que si ella le quisiera de verdad,

no le haría pasar por esos tragos tan amargos.

-Simón,...

lo que debe de haber aprendido ya es que tiene mucha suerte

de haberte llevado al altar.

No hay muchas mujeres tan comprensivas

como tú.

-Le quiero, simplemente eso. -Ya se ve.

Como para no notarlo.

La pena es que la gente no sea tan perspicaz como para entenderlo.

A saber la de barbaridades que van a decir cuando se enteren de todo.

-"Esos lunares tuyos"

son... Esos lunares tuyos son,...

son oscuros.

Oscuros, que cae en copla, ¿eh? Ni bordado, ahí.

Esos lunares tuyos son oscuros...

como la luna nueva... en el cielo oscuro.

¿Eh, qué tal? ¿Lo has apuntado?

-Sí, pero... No sé, Servando,

lo veo demasiado... tenebroso.

La luna nueva no se ve, es lo que tiene.

Nada puede parecerse a la luna nueva.

-Ya, sí, bueno, es un...

Yo también lo veo así.

No lo veo. Es un poco oscuro, sí.

-Y repite una palabra. Así rima cualquiera.

-A ver, a ver, a ver, que me tengo que esforzar.

Vive Dios, que me juego una botella de Mistela.

Fabiana tiene que reconocer que soy un romántico.

-Venga, Servando, échese otro verso. Pero con menos lunares,

que parece un traje de sevillanas.

-De acuerdo, vamos a ver. Uno con menos lunares.

Tus meneos son tan rimbombantes,... ¿eh?,

que no se sabe si vas "pa" un lado o vas "pa" delante, ¿eh?

¿Qué te ha parecido ese? -Parece muy poco romántico.

-Tú lo que eres es un mequetrefe. Tú apunta y calla.

Yo digo estos versos en mi pueblo,

y lo escriben en bronce encima de la puerta del ayuntamiento.

¿Tú quieres saber cómo conquisté a mi Paciencia?

-Pues mire, la verdad es que no. -Bueno. Tú escribe ahí mis,...

mis rimas inspiradas.

A ver. Negro, ¿eh?,

y de terciopelo son tus lunares.

Como castañas,

castañas de Naveros. Ah.

-Y venga lunares. Y encima ahora mete las castañas.

-Espera, espérate aquí un momentito. -Pero ¿cómo que...?

-Señorita Leonor. Con su permiso.

Con su permiso. Me gustaría apelar a su saber hacer

con respecto a la lírica y a los versos.

-Tengo un poco de prisa.

-Ya, pero solamente

me gustaría conocer cuáles son para usted

los versos más románticos que ha escuchado en su vida.

-¿Así, de sopetón? A ver, deja que piense.

La verdad es que me gusta mucho que busques la poesía con denuedo.

Porque es muy importante que, sea cual sea la condición social...

-Sí, sí, ya... Los versos,

por favor. Es que me urge.

-Ah. A ver,...

La verdad es que siempre me han enamorado

estos cuatro versitos de Bécquer.

"Tu pupila es azul, y si en su fondo

como un punto de luz radia una idea,

me parece en el cielo de la tarde

una perdida estrella".

-Ah, muy luminoso, sí, señorita. Bueno, mucho más luminosos

que otros que yo conozco. Lo que pasa

es que no me he enterado de nada. ¿No podría tener otros usted por ahí

que se enterara hasta una criada? -A ver...

A ver qué te parecen estos de Lope.

"No sabe que es amor quien no te ama,

celestial hermosura, esposo bello,

tu cabeza es de oro, y tu cabello

como el cogollo que la palma enrama".

ç-No, no, muy bonito, señorita.

Pero, por lo que veo, está destinado a un marido rubio.

Además, lo del cogollo...

como que no me parece romántico. ¿No tendrá usted por ahí alguno así

para una mujer morena y sin cogollo? Verá, es que me apremia.

-Servando,... la última.

A ver.

De Espronceda. -Espronceda, Espronceda.

"Fresca, lozana, pura y olorosa, gala y adorno del pensil florido,

gallarda puesta sobre el ramo erguido,

fragancia esparce la naciente rosa".

-Esa, esa, es la rimilla que yo estaba buscando.

¿Tiene más continuación? ¿Me puede decir un poquito más?

Así, para que se me quede en la cabeza, más que nada.

-"¿Dónde está Lolita,"

que tienes tú que servirme el café? -No seas tiquismiquis.

Deja que disfruten de su amor. ¿No les has dado tu visto bueno?

Entonces, ¿qué más te da lo que hagan o dejen de hacer ahora?

-De ahí a que desatienda las tareas de la casa va todo un trecho.

-Mira que eres cascarrabias, ¿eh?

Estoy muy orgullosa de que les hayas dado tu bendición.

-Antoñito ha demostrado

que su atracción por Lolita no era el mero capricho

tan típico de los señoritos.

Si la quiere de verdad, no hay oposición que valga.

-Si es que, cuando el amor llama a tu puerta hay que dejarlo pasar.

Es lo que hicimos nosotros. ¿Nos hemos arrepentido acaso?

Ay.

Llegó esta mañana, pero se me había olvidado.

-Esto... Esto es fantástico.

-Por el sello de Alemania, ¿a que sí?

-Sí. -Ay, lo sabía.

-Un empresario alemán que está interesado en llevar nuestro negocio

de cafeteras por todo Europa.

Esto es una oportunidad única en la vida.

Una oferta tentadora.

-Esa cabecita mía, si es que eres más listo que todas las cosas.

Ay.

-Esto... proporcionaría pingües beneficios, sin duda.

Pero esta cabecita tuya ya no está para recorrerse Europa

con la maleta colgando. Necesitaría un buen representante.

-Bueno, ¿y de qué tiene que saber? De números y esas cosas, ¿no?

-Pues sí, tiene que saber vender, tener simpatía, don de gentes.

-¿Y esa cabecita tuya no ha pensado en el candidato perfecto?

-¿Acaso tú tienes pensado a alguien?

-Anda, Ramón.

Que en vez de cabecita debería llamarte cabezón.

Nuestro Antoñito.

Es simpático, sabe de números y sabe de idiomas.

No me digas que no es perfecto para el puesto.

-Antoñito, ya ha encontrado su camino en la vida

para ganársela honradamente. Mejor será que le dejemos tranquilo.

-¿De verdad le vas a negar esta oportunidad, Ramón?

Se va a esforzar.

Porque digo yo que este trabajo requerirá de esfuerzo, ¿no?

-Tendría que esforzarse mucho.

Tendría que manejar grandes cantidades de dinero,

negociar precios.

Sería demasiado tentador para volver a sus costumbres.

No tardaría en volver a las andadas. -Anda, Ramón.

Que mató un gato y matagatos le llamaron.

-No mató un gato, mató varios. Y además, maullaron mucho.

Tiene que seguir con su aprendizaje de la vida.

Que se asiente, que le duelan los riñones cuando vuelva a casa

después de trabajar, ya habrá tiempo de darle mayores responsabilidades.

-De verdad,

querido, eres un hueso. Confía en él.

Este puesto es para lo que Antoñito ha estudiado en el extranjero.

Si no se ciega con el dinero, lo hará de maravilla.

-Eso, si no se ciega.

Y para que no se ciegue, lo mejor será que no vea.

Y no se hable más.

-(TRINI SUSPIRA)

He dado el día libre al servicio. Tomaremos algo aquí,

así de forma más informal.

Sí. Algo así.

Olga, ahora te enseño a utilizar

correctamente el tenedor.

La verdad es que está más sabroso así, comido con las manos.

Así no habrá que fregar cubertería.

Allá donde vivías ¿no tenías cubiertos?

No te importa que nos tuteemos, ¿verdad?

Somos parientes.

Si quieres,...

después de desayunar, puedes darte un baño.

-(NIEGA)

Si no te apetece, no hace falta.

Ya te apetecerá.

Me recuerdas a una indígena que conocí hace mucho en Chile.

Se había alejado de su tribu buscando oro

en las faldas del volcán Incahuasi.

No hablaba mucho. Como tú.

Pero con sus gestos, sus ojos,...

lo decía todo.

Yo la comprendía como si fuera... un académico de la lengua.

(RÍE)

Nos llegamos a hacer amigos.

Bueno, algo más que eso.

Al final yo aprendí más cosas que ella de mí.

Me enseñó a orientarme con las estrellas.

Puedes estar rodeado de selva, que si tienes un claro en el bosque,

miras al cielo,...

te orientas y puedes seguir caminando.

-La estrella polar te lleva al norte.

-Así es.

Pero si te encuentras por debajo del ecuador,

es mejor tomar como referencia la cruz del sur.

Y, de querer ir al norte,... caminas hacia atrás.

-Me baño.

-¿Quieres tomar ese baño?

-(ASIENTE) -Pues ahora mismo te preparo

la bañera de agua caliente. Ya verás qué lujo.

La estrella polar indica el otro lado.

Por lo tanto, debo comenzar de inmediato con los trámites

para legalizar la patente,

no solo en Alemania, sino en el resto de los países

por los que se moverá el representante.

-¿Legalizar la patente? ¿Solo en Alemania?

-Y en el resto de los países también.

-Es cierto. Me lo acaba de decir.

Discúlpeme, ando un poco distraído. -No se preocupe.

Puedo imaginar los infortunios que estarán ocupando su mente

en este momento.

(Llaman a la puerta)

¿Tiene usted datos recientes sobre el estado de doña Úrsula?

-La cuchillada no afectó órganos ni huesos.

En realidad, fue bastante superficial.

Doña Úrsula se repondrá sin mayor esfuerzo, a decir de los médicos.

(Se cierra una puerta)

-Disculpen la demora,

pero estaba visitando a don Felipe. Les manda recuerdos.

-¿Cómo se encuentra nuestro estimado amigo?

-Pues parece que mejora cada día.

Incluso no sería de extrañar que en breve le dieran el alta.

Por cierto, aquí traigo la botella de brandy que les prometí.

-Muchísimas gracias.

Vamos a dar buena cuenta de uno de los mejores coñac

que se pueden probar por estos pagos.

-Espero que sea de su agrado, don Ramón.

Bueno, pues voy a proponer un brindis

por las cafeteras de nuestro buen don Ramón

y por el futuro de mi querido hi... y admirado barrio Acacias.

Vamos, nuestro barrio Acacias.

-Y por ustedes, queridos amigos.

-Y, ya que estamos, voy a aprovechar para invitarles a un ágape

en mi domicilio familiar la semana que viene.

-Agradecido de nuevo.

¿Puede saberse el motivo?

-Pasar un buen rato en mejor compañía, nada más.

-Cuente usted con nosotros.

-Samuel, espero que esta celebración no le suponga ningún inconveniente

dada su situación familiar.

Quiero que sepa que yo le invito con todo mi respeto y mi respaldo

ante una situación tan dura.

Y esperamos a su esposa.

-Muchas gracias por su delicadeza. Procuraremos acudir.

-¿Está usted seguro que no hay ningún motivo especial

para celebrar ese ágape?

-¿Y quién necesita motivos para reunirse con amigos?

Vengo en un ay. Ver para creer.

-Rosina, pero ¿qué te ha pasado? Se te nota hasta en la cara.

-Dejad que me recupere

que no me tengo. -¿Qué quiere que le pida?

-Ah, pues si fuera por mí, un sol y sombra,

que es lo más completo, pero tengo que pensar en mi...

En que, como dama delicada que soy, tan solo con el aroma

me pongo piripi. Tomaré una manzanilla.

-¿No será otro altercado, Rosina?

Después de lo de Úrsula, se perdería la tranquilidad en todo el barrio.

-Bueno, en este asunto todavía no corre la sangre. Todavía.

Eso quiere decir que la noticia es susceptible de terminar también

con violencia.

-Con violencia o no, no lo sé,

pero bien no acaba, te lo digo yo.

-Rosina, suéltalo, por los clavos de Cristo.

-Bueno, pues en la puerta de la iglesia lo venían diciendo.

Por lo visto, anoche, a voz en grito, Elvira confesó...

en el rellano de Susana cometer adulterio

con el secretario de Celia.

-Dios mío, pobre Simón.

-Bueno, pobre, pero él... aquí las pilla y aquí las mata.

-Eso no es cierto.

Simón está lejos de ser un viva la virgen.

Ha sido un muñeco en manos del destino igual que ellas.

-Sí. Elvira ya tuvo un arrebato en casa al venir de Turquía.

Clamaba por Simón, y no es para tomárselo

a guasa. Esta muchacha podría perder el norte por amor.

-¿Puede? Yo creo que hoy en día,

está como una chota.

-¿Ha pasado un ángel?

¿O es que calláis porque llega servidora?

-(RÍEN NERVIOSAS)

-En la calle se comenta que...

Elvira Valverde gritó obscenidades en la puerta de tu casa.

-Eso no es cierto. Obscenidades, por el amor de Dios.

¿Qué obscenidades?

-Tú puedes decir misa, pero es de dominio público.

Se conoce el altercado de cabo a rabo, con pelos y señales.

-Estaba como demente, fuera de sí.

Que conste que Simón no tuvo ni arte ni parte.

Es una víctima de la mente enfermiza de esa muchacha.

-Qué manía con defender a Simón.

Es un hombre, ¿no?, pues parte de culpa tendrá, digo yo.

-Ni una miaja, Rosina.

Él se ha casado con una mujer pura y limpia.

Ha rehecho su vida.

Es la Valverde la que no quiere aceptar que el sacramento

es inviolable.

-Luego, es cierto. -Son adúlteros.

-Que no. Ni mucho menos.

Esa acusación es solo despecho de Elvira.

Ay, le tenía mucho aprecio, pero es que

ha perdido el oremus. Y hasta las formas.

-Bueno, tampoco nosotros somos jueces, y mucho menos de pecados.

Simón y Elvira se han visto envueltos en un embrollo

sin comerlo ni beberlo.

-Me da tanta pena Elvira.

Bueno, y Simón.

Y Adela.

Ninguno va a salir bien parado de este enredo.

-Muy sensato, hija.

-¿Tú qué vas a hacer, Susana?

Al fin y al cabo, están en tu casa. El rumor te alcanza.

-Pues, como mínimo, debería comunicárselo al coronel,

para que le dé a su hija el correctivo

que está pidiendo a gritos.

Pero me da pena.

Me da lástima la muchacha, qué vamos a hacer.

-No es que yo defienda a Elvira por ser mi amiga, que lo es,

pero creo que deberíamos impedir que el coronel se entere de todo esto.

-La verdad siempre ha de ir por delante.

Pero en esta ocasión, yo estoy de acuerdo con María Luisa.

Todas conocemos al coronel.

Y el asunto terminaría siendo de tragedia.

-Poco podemos hacer nosotras.

Supongamos que somos capaces de mantener la boca cerrada.

-Lo que ya es mucho suponer.

-El coronel no tardará en estar al cabo de la calle.

Es cuestión de horas. -Buenos días les dé Dios, señoras.

-(TODAS) Buenos días, coronel.

Por el momento, no nos queda más remedio que tomárnoslo con calma.

Ningún doctor sabe cuándo mi padre saldrá de su postración.

Eso en caso de que lo haga.

-Esperemos que todo se solucione de la mejor manera posible.

-Así es. Lo último que tenemos que hacer es perder la esperanza.

-Les agradezco mucho su apoyo. Me consta que es sincero.

-Desde luego que lo es.

En Acacias nos gusta mucho cuidar muy bien a nuestros vecinos.

De hecho, van a probar ustedes unos puros habanos que tengo,

que les van a encantar. Son canela fina.

Voy por ellos.

-¿Sabe una cosa, mi querido Liberto?

Me temo que ese "quién necesita motivos"

no me ha resultado muy convincente.

-Menudo olfato fino tiene nuestro joyero, ¿no?

Si por mí fuera, pregonaría el motivo a los cuatro vientos.

-Por lo tanto, quien no quiere que se airee el motivo

es su esposa.

-Caliente, caliente.

Está bien, a usted se lo voy a contar.

Mi esposa está en estado de buena esperanza. Vamos a ser padres.

-Eso es una gran noticia.

-Pero limítese a darme la enhorabuena pero con discreción.

-Mi más sincera enhorabuena. -Muchas gracias.

La verdad, ha sido un regalo que nos ha brindado la vida.

Eso sí, le ruego que no se lo cuente a nadie y me guarde el secreto.

A Rosina le haría mucha ilusión contarlo durante el ágape.

-Por supuesto.

(SE DUELE)

¿Vas a salir?

-Salgo, sí.

-No hemos hablado mucho últimamente.

Sobre el homenaje a mi marido, por ejemplo.

Solo quedan dos días.

¿Va todo bien?

-No sé cómo puede tener usted la cabeza para actos sociales.

Su propia hija ha intentado matarla.

-Ni siquiera una loca va a decirme cómo he de vivir.

-Esa loca es su hija.

-Ninguna hija intenta asesinar

a su madre.

Pero no lo va a conseguir.

Ya no.

Ha perdido su oportunidad.

He tomado las medidas precisas para enfrentarme a esa loca.

A ese ser dañino

y peligroso. -No fue ella quien abandonó

a una niña pequeña. -Yo no abandoné a nadie.

La dejé al cargo de una mujer para que la cuidara.

Por desgracia, y muy a pesar mío,...

cuando volví a recuperarla había muerto.

Al menos eso me dijeron.

-Por desgracia, yo también he sufrido en mis carnes

su falta de amor a sus hijas. No puedo creerla.

Es cierto que no conozco a Olga, pero...

de usted me espero cualquier cosa.

-Sea como sea, hay algo que no cuadra.

Ese certificado de defunción... ponía que tenía 16 años, ¿es así?

-Sí. Exacto.

¿Está segura de que me ha contado la verdad?

Quizá ni siquiera pretendiera

mentirme, pero con el paso de los años, la memoria no es lo que era.

-Te he contado toda la verdad.

Yo no sabía nada de ese certificado.

Incluso puede ser falso.

¿Por qué te empeñas en menear todo este asunto?

Y, en especial,... ¿por qué te empeñas en no creerme?

(Portazo)

¿Hay algo que no me has contado?

-Blanca, querida.

Tenemos que hablar. Ven, daremos un paseo.

Con su permiso, señora.

-Carmen.

Carmen. Ven inmediatamente.

Discutí con ella, con Elvira.

Le dije que no quería ser cómplice de una relación adúltera.

Por mucho amor que se tengan el uno por el otro.

-Ay. La pasión.

Puede ser la fuerza de la vida o una condena

si se dirige hacia el objetivo equivocado.

Te puede nublar hasta la razón.

-Muy buenas, ¿qué van a tomar la señora y la señorita?

-Para querernos tanto, bien que has tardado en atendernos.

Estarías dándole al palique con otro cliente

y nosotras, como somos de la casa, pues que nos parta un rayo.

-Ya sabes, Luisi, en casa de herrero, cuchillo de palo.

-Poco palique me habréis visto dar. Si estoy muerto de cansancio.

Hasta la húmeda se me ha secado.

-Ya. Seguro que es otra de tus excusas para salir airoso.

-No seas tan quisquillosa, Luisi. Míralo.

Mira qué color tiene. A lo mejor sí que está agotado.

Está gris. Y tiene las ojeras como el manto de un nazareno.

-Gracias. -Pues, ahora que lo dice usted,...

puede que tenga razón. Pero no por el color,

sino porque desde que ha llegado a atendernos,

no ha hecho ni un solo chiste ni una triste broma.

-Por favor, ¿podéis seguir criticándome cuando no esté?

Pero ahora decidme qué queréis tomar, que hay gente esperando.

-Yo nada, he venido a acompañar a tu hermana.

-Yo quiero un agua de litines. Que los disgustos me dan mucha sed.

Ya sé que no tengo muchos motivos, pero...

me sigue incomodando que mi hermano trabaje de camarero.

No va a poder salir de aquí ni va a poder progresar.

-Con lo buen representante que sería.

-¿Cómo ha dicho?

¿Es que acaso sabe de algún trabajo para mi hermano, que al menos

pueda llevar un traje decente? -Uy, mucho mejor que eso.

A ver, Luisi, tu padre tiene un trabajo de vendedor de cafeteras.

Y es un empleo pintiparado para alguien

con la formación de tu hermano y su planta.

Pero no se lo quiere ofrecer.

-¿Y por qué no?

Es el trabajo perfecto para mi hermano.

¿Qué tiene mi padre en contra? -No lo sé,

pero mejor que no nos metamos en camisa de once varas.

Si tu padre dice que no, es que no. Y no hay nada más que hablar.

(Se cae una bandeja)

-(RESOPLA)

Es que me lo cuentan y no me lo creo.

Toda una señorita clamando al cielo y confesando

que está pecando con un crío

-Para algunas, y para algunos, el amor es lo que tiene,

que no te deja pensar bien.

Que te pide desde aquí, desde la panza, gritar y llamar y gritar.

-Puede que la muchacha no tenga toda la culpa, ¿eh?

Quizá Simón le ha dado esperanzas y, bueno, ya se sabe.

-Ay, que me da a mí que tú sabes más de lo que dices.

-¿Yo?

+¿Qué voy a saber? -Pues no lo sé.

Pero algo más sabes, y a mí no me lo estás contando.

Ya hablaremos tú y yo en casa.

-Bueno, está bien, los vi.

A los dos. Juntos.

-¿Al Simón y la señorita Elvira, juntos?

Anda ya.

-Es verdad, que vino a decírmelo a mí.

-Martín, ¿se lo has contado a la "seña" Fabiana y a mí no?

Pues sí que va a haber más que palabras en casa.

-¿Qué importancia tiene?

Necesitaba contárselo a alguien y, Fabiana sabe guardar un secreto.

-¿No me lo cuentas porque yo soy una chismosa?

¿Es eso? Hombre, ni que me necesitaran a mí

para chismorrear.

En Acacias la gente se entera de las cosas.

No hace falta que esté yo ahí.

-No te pongas así, preciosa mía. -Preciosa tuya, dice.

Al raso vas a dormir esta noche, me da a mí.

-Ahí Casildilla tiene razón...

que estás resultando ser tú un poquito ladino, verbigracia fullero.

-¿Sabe por qué me ataca?

Porque le duele no haber sido el primero en enterarse.

-Bueno, ¿que yo soy chismoso? Sí, claro que lo soy,

y lo reconozco.

Pero solamente cuando se trata de pecadillos sin importancia,

pero... ¿escucha bien lo que te digo, subalterno?

Cuando se trata de asuntos de infidelidad,

también llamado de cuernos,

más vale que no te metas en medio, porque al final

siempre sales "afeitao". -¿Se quiere callar usted?

Bueno, callarse "tos". Que están desollando al amigo de una.

Hasta le podría pasar algo al Simón.

-Pues que se hubiera guardado el aparato antes de sacarlo a relucir,

que ofender así a su esposa...

-Bueno, Fabiana, lo que se haya guardado o enseñado,

no lo sabemos ni usted ni yo ni nadie.

Pobre Simón, con lo sentido que es. Canutas las tiene que estar pasando

con todos los comadreos.

-Pues qué dé gracias a que doña Celia es un cacho de pan.

Que si no,...

hasta el laboro perdía.

-Pues desde luego que sí. Y fíjense que la "pobrecica"

ha salido "descalabrá" cuando el marido le dibujó los cuernos.

-Que el Simón es bueno, rediez. Es buena gente con todo el mundo.

-Lástima que el coronel y el Simón sean polos opuestos.

Me da a mí que la monjilla sor Adela

va a acabar viuda sin haber probado todavía

las mieles frescas del matrimonio.

-Qué animal, Servando. Ojalá que no le pase nada al Simón.

Siento el retraso. ¿Cómo estás?

-Bien, gracias.

-Uy.

Eso se lo puedes decir a quien quieras, pero a mí no me engatusas.

¿Qué te tiene tan absorta?

¿Elvira y lo que se va contando por ahí?

-Pues sí, supongo. Aunque... ella se lo ha buscado.

Oye, te has retrasado mucho.

-Sí, lo primero que he hecho ha sido pedirte disculpas.

Es que mi madre está organizando un ágape para la semana que viene

y me está encargando todos los recados a mí.

Estás invitada, claro. -¿Y qué se celebra?

-Nada.

Ya sabes que a mi madre le gusta ser el centro.

-Vamos, Leonor, que como tú dices, a mí no me engatusas tan fácilmente,

y menos en relaciones sociales.

Seguro que es algo muy importante y que no admite demora.

-No, quizá lo único que quiera sea levantar el ánimo

de sus amigos.

-Con lo de Úrsula y Elvira, no está el horno para celebraciones.

Hay algo más, y tú lo sabes.

-Pues sí, pero no puedo decírtelo.

-¿Ni siquiera a mí? -No.

-Sabes que soy una tumba.

No he dicho nada sobre lo de Elvira y lo sabía perfectamente.

Venga, cuéntamelo.

-Eres muy mala embaucadora, al menos conmigo.

Venga, va, qué diantres. Si al final va a ser algo

que se va a saber con toda seguridad.

-¿Es sobre tu madre? -Sí. Mi madre...

quiere ser la que lo anuncie en la celebración, pero vamos,

que no creo que sea tan grave que tú lo sepas un poquitín antes.

Está embarazada.

-¿Que doña Rosina está embara...?

-Chist.

Nos hemos terminado entendiendo.

No ha sido tan difícil.

Intento de fuga incluido.

-¿Ha tratado de huir?

-Solo una vez. -Déjate de bromitas.

¿Se puede razonar con ella?

-Tiene sus peculiaridades, pero se puede. Y sí, claro,...

razona. Por lo demás,...

estaba hambrienta.

Hemos comido a nuestra manera.

-¿Crees que intentará hacerle daño a mi madre?

-Cualquiera podría intentar hacer daño a tu madre.

-No te preocupes, cariño.

Tú y yo cuidaremos de que nada malo ocurra.

-Voy a buscar a Olga.

Tengo unos asuntos pendientes. Estaré en mi habitación.

-¿Te ha tratado bien Diego?

¿Necesitas algo?

-Aire. -Por ahora estás mejor aquí.

La calle es peligrosa para ti.

-Menos que los caminos y los bosques.

-Cuéntame, Olga,...

¿qué peligros has pasado, qué calamidades?, todo.

¿Qué pasó

exactamente cuando te quedaste sola en el bosque de las Damas?

-Me moría de hambre. De sed.

Me daba miedo alejarme de aquel árbol.

Por si acaso madre volvía.

Como si fuese a volver.

Recuerdo las hojas verdes.

Y pensé que si los gusanos de seda que cuidábamos en casa las comían,

yo también podría.

Intenté alimentarme de hojas, tallos.

Pero... eran amargos.

Amargos como el acíbar.

-Pobrecita. -Fue una pesadilla...

de terror, hambre, sed.

Debí caer.

Me debí quedar sin conocimiento.

Y desperté en una casucha casi oscura

perdida en el bosque.

Y allí estaba Tomás.

-¿Quién es ese hombre? ¿Te cuidó él?

-Vivía solo.

En el bosque. -Ah.

Olga, por Dios, ¿fue bueno contigo?

-La vida a su lado fue una pesadilla.

Ojalá hubiera muerto.

Habría sido mejor para todos.

-Lo siento.

Lo siento. Lo siento en el alma.

Tranquila, tranquila. Yo no te haré daño.

Nunca te haré daño.

-Madre pagará.

Pagará mi tormento, lo juro.

Pagará cada minuto de infierno al que me condenó.

-Entiendo tu furia y tus deseos de venganza.

Pero, por mucho daño que le hagas a madre,

eso no te devolverá tu pasado.

Y sí marcará tu futuro.

-¿Qué futuro?

-Uno que quizá te haga olvidar.

Déjame ayudarte.

Entre las dos curaremos tu herida. La de ambas.

Marcaremos un punto de partida para comenzar de nuevo.

Lo sabía. Sabía que vendrías a buscarme.

No deberías haberte arriesgado tanto.

Si mi padre estuviera... Tu padre enloquecería.

Tienes razón, pasa.

No, será un momento. Unas pocas palabras y ya me voy.

Para mí serán una bendición.

Una bendición de tu boca.

Lo que hiciste anoche... no puede repetirse.

Te denigra a ti y le hace daño a mi esposa.

Adela siente y padece como tú.

Me importa muy poco si esa mosquita muerta vuela o se golpea.

Sea como sea, no toleraré que continúes torturándola.

Pero tú sí puedes torturarme a mí, ¿no?

¿Puedes ir y venir a tu antojo sin importarte lo que siento?

¿Puedes querer no dejarme en una esquina como un furcia?

No ha sido mi intención perjudicarte y nunca te he tratado como tal.

Lo sé.

Lo sé, claro que lo sé.

Porque me quieres.

Nos amamos, Simón.

¿Por qué no dejamos que sea el amor quien hable?

Deja de luchar contra lo que sientes y amémonos.

Bueno, ya es suficiente, Elvira, por favor.

No mientes. Te quiero, ya lo sabes.

Pero Adela no se merece que la repudie.

Me consoló, me hizo sobrevivir,

y ahora es mi esposa. No importa si ante Dios o no.

Sé lo que prometí, Elvira.

Y no quiero herirla más.

Eres un cobarde.

No importa lo que pienses, estoy casado.

Todo esto tiene que terminar de una vez.

Tienes toda una vida por delante, Elvira.

Olvídame.

No puedes pedirme eso.

No puedes hacerme eso. Ella te consoló...

mientras yo era poseída por un turco que se creía mi dueño.

Simón, he vuelto desde el infierno solo para estar contigo,

no puedes dejarme así.

Créeme, me duele en el alma por todo lo que has tenido que pasar.

Todos tus tormentos y has tenido que volver a vivir con tu padre.

Y sé que le detestas, pero no está en mi mano librarte de él.

Ya lo intenté. Intenté que escaparas,

que te refugiaras en ese convento. Pero ya no puedo hacer nada más.

Créeme.

Olvídame.

No voy a olvidarte. Ni puedo ni quiero.

Pero maldigo, eso sí,...

el día en que apareciste en mi vida con tu pulcro aspecto de héroe.

Farsante, impostor.

Nunca he pretendido ser algo que no soy.

Ni siquiera ahora. Soy sincero.

Y te digo... que lo nuestro ha terminado.

Ojalá hubiera saltado desde la torre en la que me encontraste.

Ojalá.

Ahora solo sería olvido, pero no, tuvo que aparecer

el santo apóstol.

No debías morir ese día.

¿Por qué me salvaste, Simón?

¿Por qué?

¿Solo para verme morir ahora?

Te odio.

Te odio como nunca he odiado a nadie.

Y ahora vete.

¡Vete!

Me he enterado...

de que a nuestro padre le han ofrecido expandir su negocio

por toda Europa y, necesita un comercial que sepa varios idiomas.

-La verdad es que eso sería un trabajo bastante fetén.

Y se podrían ganar unos buenos duros.

-Me barrunto que...

si tú le pides el trabajo, seguro que te lo da

sin pensárselo dos veces. -"¿Qué te ocurre?".

-Pues que de hace algún tiempo... ando en amores con Antoñito,

con el hijo de don Ramón.

Y eso me trae un poco por el camino de la amargura.

-¿Por qué? ¿Él tiene prejuicios con que seas criada o...?

-Quía.

Todo lo contrario; si hasta se ha enfrentado a su familia.

-No entiendo cuál es tu desasosiego.

-Pues que no me atrevo a darle los cuartos al pregonero

y que todo el barrio sepa que andamos ennoviados.

-Pues haces mal.

Si él ha tenido la valentía para ese paso, tú deberías lo mismo.

¿Qué te lo impide? Me barrunto que eres tú, ¿no?

Eres tú el único obstáculo. No pierdas más el tiempo,

vamos, no seas tonta. -"Necesito criadas"

que me echen una mano en el homenaje

a don Jaime Alday.

-Y seguro que el ágape es en casa de la Úrsula, ¿verdad?

-Así es.

Solo se trata de servir las bebidas y pasar las bandejas.

El piscolabis lo preparará "La Deliciosa".

Va a venir lo más granado de la ciudad

y, tiene que salir todo de perlas. Es por eso que necesito refuerzos.

-Yo... Hombre, si fuera en cualquier otro sitio ni me lo pensaba,

"seña" Carmen.

-Se les dará una buena paga por el servicio.

-"Es un regalo para ti".

-Es preciosa.

-La he fabricado a partir del dibujo que tú hiciste

del diseño de mi padre.

Desprendes belleza y talento.

En ti se verá más bonita que en el taller.

Me gustaría que la lucieras el día del homenaje

a mi padre. Él estaría muy orgulloso de verla.

-No sé qué haría sin ti.

Eres...

el único que pone un poco de cordura a este sinsentido

que estamos viviendo.

-"¡Me has engañado como a un colegial!".

¡Te has hecho pasar por una hija modelo y sigues viéndote

con ese pelagatos! -No tenía otra opción.

-¡Por eso me convenciste de que no nos fuéramos de Acacias!

¡Para seguir cerca de él!

Eres una infame.

Hágame lo que quiera.

Pégueme, enciérreme, me da igual. No me arrepiento de nada.

Es cierto, la abandoné.

Abandoné a tu hermana porque dentro llevaba el diablo.

-Cállese. Es mentira.

El diablo no sería capaz de entrar en el cuerpo de una niña.

-La misma edad que tenías tú.

Quizá por eso has olvidado tantas cosas.

Quizá por eso no recuerdas que tu hermana...

intentó matarte.

  • Capítulo 628

Acacias 38 - Capítulo 628

24 oct 2017

Olga cuenta a su hermana que Úrsula la abandonó cruelmente siendo niña en el Bosque de las Damas. Blanca pide a Diego que dé cobijo a su hermana en la mansión. Elvira llega enajenada a casa de Susana y pide a gritos que salga Simón. Simón, no consigue tranquilizarla, pero sí que se marche a su casa.

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