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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 609 - ver ahora
Transcripción completa

¿Qué significa esto, señor?

No parece tener sentido.

"Ana".

"Úrsula".

"Caja fuerte".

Vuelvo enseguida.

-"Yo me olvidaría de tanta intriga".

Seguiría con mi vida, Simón.

Cásate con Adela, que es tu decisión.

Mira al futuro. -Ya, pero para mí no es tan fácil.

Sí tengo algo que contarte. Me marcho.

No voy a postergar más mi viaje a las minas.

-Tienes necesidad de respirar aire puro, ¿no es eso?

-"Cumple con tu familia".

Vete a la mina. Hazte un hombre de provecho.

Y allí encontrarás a una mujer que te quiera.

-Yo no quiero encontrar a ninguna mujer,

Lolita, porque ya la he encontrado. Te quiero a ti.

Y solo quiero estar contigo. Prefiero un día a tu lado,

que la inmortalidad sin ti.

-Que ya está todo dicho.

Ay, ¡no es posible! ¡Qué alegría!

¿Tú sabías algo, Liberto? ¡Ay, Ave María Purísima!

¡Ay, hija mía! Un día me vas a matar

a base de tanta sorpresa. Pero ¿cómo se te ocurre venir así,

sin avisar?

Hubo un punto escabroso.

Cuando quedé viuda.

Y de ese episodio

turbio y lleno de dolor

salió algo maravilloso.

-Que doña Susana es mi madre. Ya está, ya lo he dicho.

-"Y de vosotros" me siento muy cerca, María Luisa.

Antoñito.

Aunque uno coja atajos equivocados y, la otra se empeñe en imposibles.

Pero el caso es que esta familia tiene que permanecer unida,

aunque solo sea para acogerme en su seno.

-"Alguna determinación debemos tomar".

Blanca,...

dime que me vaya.

O que me quede.

Haré lo que me digas.

Blanca, pídemelo.

Dime que me quede a tu lado.

-"Necesito saberlo todo sobre Olga".

-Te ruego que no pronuncies su nombre en mi presencia.

Ya te he dicho todo lo que sé. No hay más.

-Imagino lo duro que ha de ser echar la vista atrás.

Pero necesito arreglar lo que he estropeado.

Borrar de alguna manera mi culpa.

-Contéstame.

-Márchate.

Será lo mejor para todos.

-Comprendo.

¿Estás segura de tus palabras?

-Completamente.

-Está bien.

Espero que sea lo mejor para ti.

O para tu madre.

-Te ruego que no metas a mi madre aquí.

Te aseguro que no es el mejor momento para ello.

-Será como tú quieras.

A pesar de lo que siento por ti, Blanca,

si me lo pides,... debemos separarnos.

Pero tengo que pedirte una cosa. -Siempre que esté en mi mano,

cuenta con ello. -Adoro a mi hermano.

Y temo por él.

Si termináis casándoos,...

acabarás haciéndole daño. -No sé por qué piensas eso.

Si me caso con él, será con todas las consecuencias.

-Blanca, Samuel puede superar un desengaño amoroso.

Pero nunca una traición.

Y un matrimonio sin amor... lo es.

-¿Qué es lo que quieres que haga?

-Quiero que abandones a mi hermano.

Es lo mejor para él, estoy seguro. Samuel te ha protegido,

y tú te has beneficiado de ese auxilio.

-Sé lo mucho que le debo.

-Por eso no debes ser egoísta.

Que tu salvación no sea una condena para mi hermano.

-Nunca he querido hacerle el menor daño a Samuel.

-Te creo.

Pero has de pensarlo muy bien.

Si sigues con él,...

Samuel...

no es una persona tan fuerte como nosotros.

-Puedes marchar tranquilo.

Siéntate un momento, Carmen.

-No me parece adecuado

sentarme con usted en la misma mesa.

-Déjate de melindres y obedece.

Mírame a los ojos.

-Señora, déjeme volver a mis labores.

-He dicho que me mires a los ojos.

¿Qué es lo que me estás ocultando?

-Nada. Ya se lo dije. ¿Por qué iba a hacer tal cosa?

-Tus remilgos me están enervando.

Dime de una vez

qué es lo que te guardas.

Sabes que te lo voy a sacar por las buenas o por las malas.

Tú eliges.

Conoces el daño que puedo llegar a infligirte.

-Don Jaime escribió esto.

-(LEE) "Cuaderno, Ana, números".

"Caja fuerte, Úrsula".

Todo esto me resulta muy interesante.

-Yo no entiendo nada de ese galimatías.

-No es difícil de comprender.

El cuaderno debe ser el de los dibujos de las joyas.

-¿Y los números de los que habla?

-Deben de estar en ese cuaderno.

Me barrunto que Jaime ha guardado algo en la caja fuerte.

Algo...

que pueda comprometerme.

En fin,... Veo que está siendo

muy astuto. Trata de avisar a sus hijos.

-¿Puedo retirarme ya?

-Sí. Puedes hacer tu trabajo.

Ya pensaré cómo callarle la boca a ese parlanchín para siempre y más.

Espera un momento.

Quiero agradecerte que seas sincera conmigo.

-No tiene que agradecerme nada. Servirla es mi trabajo.

-Te has colocado en el bando correcto.

Conmigo estarás segura.

Pero la próxima vez que te enteres de algo,

ven a contármelo tú,

que no tenga que ir yo a buscarte.

¿Tú qué haces aquí?

Te hacía ya en casa, con toda tu familia.

-Lo siento.

-Tú conmigo no tienes que disculparte por nada.

-Sí, sí que debo hacerlo.

He estado pensando en tus palabras en la cena.

Y me he dado cuenta de que me estoy convirtiendo en una amargada.

Soy muy joven y muy afortunada.

¿Por qué no puedo ser feliz?

¿Por qué no puedo disfrutar de lo que tengo?

-Bueno, hay que tener en cuenta que la vida

te ha puesto pruebas muy duras

en los últimos años. -Sí. En eso no te falta razón.

Pero tú también has sufrido lo tuyo

y siempre has mantenido el carácter y la sonrisa.

-Eso es porque te tengo,... te tengo cerca.

-Ojalá pudiera enfrentarme a la vida con el mismo talante que tú.

Pero no pude evitar tomarme tan a pecho algunos asuntos.

-¿Como lo de Simón?

-Pues sí, como eso.

Bien me gustaría poder disfrutar de la boda

y no querer que siga pensando en el pasado.

-Pues hay que dejar que las cosas sigan su curso.

Simón ya ha tomado su decisión.

Hasta me ha pedido que sea su padrino de bodas.

-¿Y has aceptado? -Por supuesto que sí.

Y tú tendrías que hacer punto y aparte.

No merece la pena remover una herida

que ya está prácticamente cerrada.

Solo ibas a conseguir traer más dolor para todos.

-Pues...

supongo que solo me queda buscar el vestido para la boda

y acudir con la mejor de mis sonrisas.

-Exactamente.

Tienes que hacer un poder

y seguir adelante. -Pasar página y...

olvidar a Elvira.

No es tarea fácil lo que me pides, Víctor.

-Yo voy a estar a tu lado.

Te voy a ayudar en todo lo que sea menester.

Dese un poquito más de brío, que esto es "peccata minuta".

-(HABLA EN ITALIANO)

-Si se va despacio, se llega lejos. ¿"Capisci"?

-Ah, sí, no, "capisci", "capisci". Eso lo digo yo siempre.

Las prisas, para "na" son buenas. Ni para comer.

Así que para trabajar, mucho menos. -No se le ve a usted muy preocupado

por el "lavoro", ¿eh?

Bueno, para mí... ya está terminado.

Mire, por aquí no va a entrar ni una pizca "di vento".

-Ya.

-Cada año que pasa me cuesta más trabajo subir estas escaleras.

Marcello. Pero ¿todavía está usted aquí?

-Quería asegurarme que esta estancia quedaba tan cómoda,

como un "figlio" para una madre. Y no ha sido un trabajo fácil, ¿eh?

-No, no, no. Y eso que he estado yo ayudando

todo el rato, ¿verdad, Marcello? -Sí.

-Pues mira que me extraña.

Porque conociendo a Servando, no habrá hecho otra cosa más

que incordiarle. -Qué atrevida es la ignorancia.

Pues que sepa usted que gracias a nosotros,

no va a volver a pasar frío aquí.

-Ahora me va a decir que ha trabajado

y que ha puesto reales para los materiales.

Lo habrá pagado todo él.

Le quedamos... muy agradecidas.

-No hay de qué.

-Bueno. Menos cháchara y más trabajar,

que todavía hay que preparar la cena.

-¿Por qué no va usted bajando las herramientas a la portería?

Yo "arrivo" súbito. -Sí, pero es que me da

un poco de apuro dejarle a usted aquí a sus anchas.

Que uno es responsable de esta finca y de todo aquel

que circula por ella.

Ahora que, pensándolo mejor, por usted voy a hacer una excepción,

porque se ve a la legua

que es un caballero.

Con Dios.

-¿Ve la señora? Sería un placer para mí

invitarla a tomar un refrigerio mañana.

-No lo veo adecuado.

-Solo le pido

que me permita invitarla a unos dulces en "La Deliciosa".

Y me sigue debiendo el paseo.

-Que...

no tiene una ya edad para ir tomando nada con un desconocido.

-Pero ¿qué dice? Si usted...

es una "ragazza".

Le ruego que se lo piense.

Yo la estaré esperando.

-No le prometo nada, caballero. -No es necesario.

Confío en su bondad.

Sé que no va a privarme de disfrutar de su compañía.

Bien.

"Arrivederci".

No dejo de pensar en Felipe.

Tuvo ese accidente por querer volver cuanto antes a Acacias.

De verdad, ¿eh? Es que te subes a un coche de caballos y zas,

acabas hecho trizas.

-A veces se toman decisiones equivocadas,

fruto de la improvisación

y con toda la buena voluntad del mundo.

-Buenos días, amigos. -Buenos días.

-Precisamente estábamos hablando de Felipe.

¿Alguna novedad?

-Pues sigue débil. Y dolorido.

Soportando los vendajes, pero

los médicos insisten en que su estado

no es de gravedad y en que se va a poner bien.

Iba ahora al hospital para encontrarme con él.

-No te olvides de darle recuerdos de nuestra parte.

-Seguro que con su sola presencia le ayudará a mejorar.

Descuide usted, no se apure, saldrá de esta.

-Gracias, Ramón.

-Felipe es un hombre valiente,

nada que ver con Antoñito. -Que hoy marcha hacia la mina.

-Aprenderá a ganarse el sustento con el sudor de su frente.

-Ramón,...

los dos sabemos que no lo va a pasar bien.

-Trini, sabes que la decisión no ha sido fácil.

Pero creo que es lo que mejor le cuadra para encauzar su vida.

-Señores.

Como ya les tengo servidos, si no les importa,

nos vamos a dar un garbeo. -Pues nos parece de perlas.

Reconforta mucho veros tan animosos.

-Es que ya era hora de dejar las caras largas atrás.

-Desde luego, hija, que esa sonrisa te queda fetén.

-Leonor,...

cuánto me alegra que estés de vuelta.

Echaba de menos una amiga.

-Aquí me tienes para lo que sea menester.

-Es una muy agradable sorpresa volver a tenerte entre nosotros.

-Tendrás que contarnos cómo son esas islas salvajes.

-Sí, bueno, la verdad es que el lugar es lo de menos.

Lo importante era pasar el duelo por Pablo.

Dejar atrás la rabia

y pasar a recordarle con... cariño y serenidad.

-Todos le vamos a echar de menos.

-El barrio no ha vuelto a ser el mismo

desde que ese muchacho nos dejó.

-Sé que le apreciaban. -Buenos días.

Hablaban de Pablo.

Es una lástima

perder a alguien tan joven y sin posibilidad de evitarlo.

¿Ya sabes lo que vas a hacer a partir de ahora, Leonor?

-Por supuesto.

Voy a retomar mi trabajo como escritora.

-¿Por qué no te ocupas de dar las clases de letras en el colegio?

-Vaya. La verdad es que no me había planteado

dedicarme a la enseñanza,

pero...

bueno, es una oferta tentadora. -Ay, por supuesto que sí.

Estoy segura de que serás muy buena maestra.

-Leonor es muy instruida, y con mucha mano izquierda.

Sabrá hacerse con sus alumnos.

-Espero que estés a la altura de la Institución

donde vas a trabajar.

Yo estuve en la dirección y, estoy dispuesta a ayudarte.

-Se lo agradezco, pero no creo que sea necesario.

-Como quieras, pero insisto.

Si precisas de cualquier cosa, no dudes en pedírmelo.

Y ahora, si me disculpan,

tengo asuntos que resolver.

Con Dios. -(TODOS) Con Dios.

¿Los trajes estos son para llevarlos o guardarlos en un baúl?

-Me parece que allí donde voy se celebran pocos bailes.

Así que, mejor déjalos aquí y que se los coman las polillas.

-Ya me guardo yo de ponerles naftalina.

-¿Vas a bajar a despedirme?

-Prefiero quedarme aquí.

-Ni en eso me vas a dar el gusto, ¿no?

-Pues es que ya se me hace "to" esto todo muy cuesta arriba,

como para que me lo ponga más difícil.

Ojos que no ven,... corazón que no siente.

-Muy negro es el futuro que nos espera.

-Más oscuro que las hormigas.

-Pero seguro que salimos de este brete.

Y fortalecidos.

-Tú seguro que sí sales adelante,

pero yo... estoy más acabada que la gallina

que no pone huevos. -No te pasará nada.

-Ojalá fuera así, y me quedara

para simiente de rábanos.

Pero en un día es mi cumpleaños

y la voy a espichar. -Lolita.

Mírame a los ojos.

Te tengo que decir algo antes de partir.

Yo... he conocido a muchas mujeres.

Muchas.

Pero tú eres la única a la que he querido de verdad.

Así que espero que...

volvamos a encontrarnos algún día.

-Bien que me gustaría. Pero...

va a tener que ser en otra vida.

-Teníamos que haber pasado

todo nuestro tiempo juntos. Haber sido felices.

-Me voy a guardar los trajes. -No, no.

Dame un segundo, que necesito...

atesorar tu imagen para poder recordarte

cuando esté lejos de ti.

¿Blanca? Blanca, ¿estás aquí?

-¿Andas buscando a mi hija? -Así es.

-Salió esta mañana temprano, pero no sé decirte dónde.

Desde que te ausentaste la semana pasada está de lo más extraña.

-Es posible que esté desasosegada estos días.

-No sé qué ocurrió ese día, pero...

algo le afectó. Y no poco.

Tal vez podrías hablar con tu hermano.

Puede que él sepa algo más sobre este asunto.

¿No has hablado con él últimamente? -Ya está bien.

Ya le advertí de que no se metiera en mis asuntos.

-Nada más lejos de mi intención.

Solo trataba de ayudarte. -Ahórrese el trabajo.

Yo no se lo he pedido. -Discúlpame si te he molestado.

Yo solo quiero el bien para los dos.

Ansío que mi hija sea dichosa.

Blanca y yo, últimamente nos entendemos mucho mejor

y, me encantaría que contigo pasara lo mismo.

-Lo veo muy improbable.

-Yo podría ser un punto de apoyo para ti.

Una ayuda si tienes problemas

o estás nervioso.

Me da la sensación que últimamente estás muy alterado por ella.

Me barrunto que te desasosiega incluso más

que el estado de tu padre.

Sobre todo ahora, que gracias a Dios

ya se encuentra mucho mejor.

-He de reconocer que Blanca me tiene desconcertado.

Me gustaría conocer más sobre ella y sobre usted.

La mayoría de las veces no alcanzo a comprender

los vaivenes que se traen.

-Créeme si te digo...

que no es enteramente culpa mía.

Blanca, mi hija,

es todo un misterio.

-No quiero seguir con esta conversación.

Tengo trabajo para varias horas.

(ÚRSULA) "Yo era pobre".

Hacía poco que había entrado a trabajar en casa de doña Cayetana.

Entonces todavía la llamaba "niña Cayetana".

Por primera vez en mi vida...

vivía en una casa con comodidades.

Con comida, con ropa limpia.

Si hubiera aparecido con una niña...

me habrían despedido.

Oculté el embarazo.

Ahorré hasta el último céntimo,...

incluso robé,...

para poder pagar a una señora que cuidara a mi hija

mientras no pudiera tenerla conmigo.

Para poder darle una educación,...

que nunca tuviera una vida como la mía.

Pero vinisteis dos. Y yo solo podía ocuparme

de una.

-¿Qué le hizo a mi hermana? Dígamelo de una vez.

-Tuve que elegir a una de las dos.

Os miré a ambas.

Olga era más fea, lo reconozco.

Y lloraba. Tú, en cambio,...

estabas callada,... con los ojos abiertos.

Y entonces sonreíste.

Probablemente sabías

que solo había una vida decente para una de vosotras dos

y, querías quedarte con ella.

-¿Y ella?

-La comadrona se la entregó a alguien.

Nunca supe a quién.

Seguramente a una mujer que quería tener hijos y no lo conseguía.

-Pero entonces, ¿está viva?

-Me equivoqué al elegir. Te elegí a ti.

Te di una educación

y no has hecho más que defraudarme.

¿Quién sabe si tu hermana me hubiera dado más satisfacciones?

Todo lo que he intentado hacer en esta vida a mi imagen y semejanza,

todo,... ha sido un fracaso.

Doña Cayetana está muerta.

Y tú,...

tú eres rebelde y levantisca.

-Quiero encontrar a Olga.

-Y yo no quiero volver a escuchar ese nombre nunca más.

"Es la evidencia de mi error".

Muy importante tiene que ser eso que vas pensando

para que no saludes a las amigas.

-Discúlpame, Leonor.

Andaba perdida en mis pensamientos.

-Algo de enjundia, supongo.

-No, tan solo... recordaba una cosa que me contó Úrsula.

-No hace falta que disimules. Estoy al tanto que es tu madre.

Mi madre no tardó ni un minuto en contármelo.

-Entonces, entenderás que ande medio sonámbula por las calles.

¿Cómo fue tu viaje?

-Triste la mayoría del tiempo.

Pero me sirvió para comprenderme a mí misma.

-No sabes... cuánto me gustaría poder realizar un viaje así.

Hacerlo sola,...

sentirme libre, ordenar mis ideas y alejarme de todo y de todos.

-Seguro que podrás hacerlo.

-Lo veo difícil si me caso.

-No te veo lo entusiasmada que le corresponde a una novia.

-La verdad

es que tengo dudas.

-Pues en algo así deberías estar segura.

¿Tienes problemas con Samuel? -No, nada de eso.

Samuel es un buen hombre.

Trabajador, honesto, cariñoso.

Y ha sido espléndido conmigo. Me ha cuidado y protegido

en todo momento. -Pero ¿tienes dudas?

-Sé que es el hombre perfecto para mí.

Con él no me faltaría de nada y no me pondría en ningún peligro,

pero ¿por qué no me quita el aliento la idea de casarme con él?

-A juzgar por cómo me estás hablando de él, parece que hablas

más de un hermano... que de un esposo.

-Tienes razón.

Creo que he tomado algunas decisiones equivocadas.

-Blanca, estás a tiempo a rectificar.

-Discúlpame, Leonor.

Necesito estar sola.

Buenos días, Adela. -Buenos días.

-¿Está Simón? -No, ha tenido que salir

fuera de la ciudad a hacer un recado a doña Celia.

-¿Volverá pronto?

-No creo que regrese hasta bien entrada la tarde.

¿Puedo ayudarle?

-He sabido de su boda, por Simón.

Quería aprovechar

para felicitarles a los dos juntos.

Para darles mi enhorabuena. -Gracias, es usted muy amable.

Estamos deseando que llegue ese día.

-Les deseo la mejor de las suertes en su vida en común.

-Perdone. ¿Le ocurre algo?

Es que no... parece muy convencido de sus palabras.

-No, no, no. Soy sincero en desearles lo mejor.

Mis cuitas... vienen por otras razones.

-Por favor, siéntese.

Un rato, conmigo, y cuénteme qué le preocupa.

Sé que es un buen amigo de Simón.

Puede contar conmigo como confidente.

Bueno, ¿qué le ocurre? ¿No le agradan las bodas?

-No, no es eso. -Entonces, ¿qué le sucede?

-No quiero aburrirla con mis aflicciones.

-Cuente sin miedo, por favor.

Le vendrá bien compartir con alguien sus problemas.

-En este mundo...

hay personas como usted, que tienen suerte.

Y otras como yo, que nunca encontraremos nuestro lugar.

-Hay mucha tristeza en sus palabras.

-Hay momentos en los que la felicidad parece

que se escapa de nuestras manos,

aunque tratemos de agarrarla.

-Dígame qué es eso tan terrible

que le ha sucedido para hablar así. -Da lo mismo.

Nada puedo hacer para cambiar mi destino.

-Me duele verle tan infeliz. -No se apure.

La felicidad puede venir por otros sitios.

Para mí es suficiente... ver que la gente que aprecio...

es dichosa.

-Le honra hablar de esa manera.

-No es ningún mérito.

Cuando de verdad se quiere a alguien, hay ocasiones

en las que es mejor echarse a un lado

y desearle lo mejor en su vida.

Cualquier otra forma de actuar,

sería mezquina.

-Ya verá que con el tiempo, al final, usted encontrará su lugar.

Antes o después, todos lo hacemos.

-¿Quién sabe?

En cualquier caso,...

transmítale mis felicitaciones

a su prometido.

Créame,... me alegro mucho por su enlace futuro.

Que tenga usted un buen día.

-Gracias, igualmente.

"Antoñito de mis "pecaos":

espero que cuando recibas esta carta estés fetén".

"No voy a despedirme de ti".

"¿'Pa' qué hacerlo si... ya has marchado?".

"Pero quiero que sepas...

que eres el hombre más maravilloso que me he echado a la cara".

"Y... lo que más me joroba es que me voy a ir de este mundo

sin haber vivido una vida a tu vera".

-¿Qué estás escribiendo?

-"Na".

Una carta para Antoñito.

-Anda, Lolita, hija, alegra esa cara.

Que no se diga que las mozas de Cabrahigo

no podemos soportar lo que nos echen.

-Lo que yo te diga, tú lo has de ver.

Las cosas se van a mejorar y tus pesares se van a terminar.

-Y tanto. Cuando esté en el altillo

de cuerpo presente, ni voy a sufrir ni voy a padecer nunca más.

-Todavía sigues con eso, ¿no?

¿Y cómo se supone que funciona esa dichosa maldición?

¿La espichas y ya está? ¿"Contao" todo?

Depende de cada caso.

Pero que ninguno pasa del día de su cumpleaños.

-Y usted, "seña" Trini, que es del mismo pueblo, dígame,

¿es una superchería de tomo y lomo

o es verdad?

-Pues mira, Casilda, ya no sé qué decirte, porque en Cabrahigo

pasan cosas de lo más extrañas. Una vez nació una ternera

con dos cabezas. -La del tío Aquiles.

Que el animalico comía a dos carrillos. A cuatro exactamente.

Y murió de vieja

y más feliz que todas las cosas.

-Bueno, una cosa es eso y, otra cosa es que todos los miembros

de tu familia la palmen por igual. Vamos a ver,

alguno se habrá tenido que salvar.

-Que ya te lo he dicho, Casilda. Que de esa noche

no pasan. -No, no, no, de eso nada, Lolita.

La tata Concha. Pasó la noche y está más fresca que una lechuga.

-¿Entonces?

Si pasa esa noche... no hay nada que temer.

No sé, Casilda, tampoco sé qué decirte.

¿Y si al día siguiente te pilla un carro?

-Bueno, lo que yo quiero decir es, que si Lolita llega vivita

y coleando al amanecer, la maldición se habrá roto. A freír espárragos.

-Casilda, ahí te voy a dar la razón.

No es ningún disparate

eso que dices, ¿eh? -Lo que tenga que pasar, pasará.

Y ahora, lo que quiero es quedarme sola.

Para terminar la carta "pa" Antoñito.

Y quiero que se la den en cuanto me muera.

-Y dale. Hablar contigo es lo mismo que hacerlo

con una pared de ladrillos. -Déjalo, Casilda.

Que de donde no hay,

no se puede sacar. ¿No ves que está obcecada con el tema?

Vámonos, que ya haremos nosotras lo que tengamos que hacer.

A más ver.

Ay.

(RÍE)

(Llaman a la puerta)

¿Qué te trae por aquí?

-Me ha extrañado no verte en el desayuno.

Estábamos todos

los vecinos.

¿Qué ha pasado aquí, han entrado a robar?

-No, no creo que a los ladrones les dé por meter las cosas en cajas.

-¿Te vas de mudanza?

-De ninguna de las maneras.

Yo dejaré esta casa cuando salga con los pies por delante.

-¿Y a qué se debe este desbarajuste?

-Ay, hija, que hay que explicarlo todo.

Estoy apañando la habitación de invitados.

Porque Adela y Simón se vienen a vivir

conmigo. -Pero ¿eso por qué?

Trabajan, pueden arrendar una habitación en cualquier casa.

-Es una deferencia que tengo con mi... dependienta.

-Ah, pues menos mal que no eres la dueña de una fábrica.

Tendrías que comprar un hotel para alojar a todo el personal.

-No es ese el caso, Rosina.

Además, así no estaré sola. Y, si me pasa algo por las noches,

estaré socorrida. -Bueno, como quieras,

pero no seas incauta. Cóbrales una buena renta.

-No soy tan cicatera.

-Pues perdona que te diga,

en todos estos años no me has regalado ni un botón.

-El negocio es el negocio, Rosina.

Además,

no creo que hayas venido solo a llamarme

tacaña. -No, la verdad es que no.

He estado pensando.

¿Y si le organizamos una fiesta a Simón antes de su boda?

Así a lo mejor el chico se despeja.

-Pues me parece muy buena idea.

Tiene que estar distraído.

-Arrea, ¿qué ha pasado aquí, han entrado a robar o qué?

-No, no seas simple.

¿Cómo iban a meter los ladrones las cosas en cajas?

-Preparo una habitación para Simón y Adela,

que van a venir a vivir aquí tras la boda.

-Ah.

Me parecería raro si no fuera por el montón de atenciones

que le dispensa al mayordomo.

Pero no se apure, que esta vez no le voy a preguntar nada.

-Es lo más conveniente.

-Tu tía ya va siendo añosa

y se siente sola por las noches.

Ah, y tenemos que ponernos

manos a la obra con la celebración.

Hay que pensar a quién vamos a invitar, dónde va a ser el evento,

ah, y Susana, por favor, trae papel

y pluma, hagamos una lista.

Haga el favor de cobrarme.

-¿Seguro que no quiere otro cafelito?

-Si tomo otra taza, no volveré a dormir en la vida.

Aunque me pese,

no queda otra que retirarme.

Bueno, aquí tiene.

-Suerte.

-Me alegro

que se haya puesto ese mantón.

"É" arrebatadora.

-Esperaba una ocasión especial para poder lucirlo.

Muchas gracias.

Adela, disculpa que haya tardado tanto,

pero llegó Rosina a casa y me entretuvo.

-No se apure, yo sola puedo lidiar con las clientas.

-Tengo preparada la habitación

para que os instaléis pasada la boda.

-Es usted muy buena con nosotros.

Quiera Dios que todo salga como esperamos.

-¿Qué te ocurre? ¿A qué viene estar tan mohína?

-No me ocurre nada.

-No me engañes, chiquilla, que te voy conociendo bien.

-Es por Simón.

Ha salido a hacer unos recados para doña Celia y aún no ha vuelto.

-Pero no es motivo suficiente para estar preocupada.

Puede haber tenido problemas para encontrar carruaje de vuelta.

-Lo sé, doña Susana, pero...

ya le digo lo que me amostaza. Simón,...

Simón está muy esquivo estos últimos días.

-Ves fantasmas donde no los hay.

Simón te adora. -Lo sé.

Pero no puedo evitar que me surjan algunas dudas.

-Pues sácatelas de la cabeza cuanto antes.

Rosina y yo estamos preparándolo todo para hacerle una fiesta.

Ya verás como vuelve a ser el mismo

de siempre. No hay hombre que no se descomponga

días antes de pasar por la vicaría.

-La verdad es que nos vendrá de perlas relajarnos un poco.

Puede que tenga razón

y no sean más que nervios previos a la boda.

-Pues claro que es eso.

Ya verás como se os pasan a los dos cuando os veáis casados.

Voy para dentro.

-A las buenas. ¿Qué, tomando el fresco?

-Sí, necesitaba despejarme un poco.

-Supongo que porque la boda está cerca ya.

-Sí. Sí, por eso y...

por algo que me tiene un poco inquieta.

-¿Ha "pasao" algo con Simón?

-No. No, no, no, pierda cuidado.

Aunque es mejor que no se entere de lo que me ha sucedido.

-Uy, pues muy gordo tiene que ser para que se ande usted

con secretismos.

-Hay un hombre que me pretende.

-Arrea. ¿Y quién es ese "desgraciao"?

-No sé su nombre.

Y es la primera vez que le veo en el barrio.

-Pues no está bien tontear con una mujer que está ya casi casada.

Oiga, ¿y...

si se lo digo a Martín para que le dé un repaso a palos?

Ya verá usted como no la molesta más.

-No. Solo me ha traído flores y ha charlado un poco conmigo.

Dice que...

para él es suficiente contemplarme.

Que me admira,...

que solo con verme le llena de dicha.

Es tan romántico.

-Tenga usted cuidado que esos son los peores.

Y ya verá como no solo se conforma con mirar,

sino que al final quiere probar sus guisos.

-Él es un caballero. Y sabe que estoy comprometida.

Es... solo un amor platónico.

-No sé yo si será un amor platónico o "cucharónico",

pero déjese de vajillas.

Y no debería dejar que se acercara a menos de una vara.

"Endeluego", cada vez hay menos vergüenza en este mundo.

Con Dios.

-Con Dios.

Le agradezco mucho que haya tenido a bien tomar un piscolabis conmigo.

-La verdad es que no pensaba acudir.

-Entonces soy un hombre afortunado.

"Grazie, Madonna", por haber escuchado mis oraciones.

-Ay. ¿Todos los italianos son igual de "cumplíos"?

-Solo cuando estamos ante una mujer... como usted.

-Arrea. ¿Y cómo soy yo?

Deje ya de mirarme, hombre, que me va a sacar los colores.

-Solo quiero admirarla.

Es usted bellísima.

-Y lo suficientemente "baqueteá"

como para que me resbalen sus requiebros.

-Por eso la admiro más.

Se nota que ha luchado mucho en la vida.

-Y tanto.

He estado en más batallas , que el Cid Campeador.

-Pero... siempre se ha levantado

y ha seguido adelante.

Nunca se ha rendido.

Cuando...

la oigo cantar flamenco,

yo puedo ver cómo...

las alegrías, las penas,

se manifiestan en su voz.

Yo puedo escuchar cómo suena su alma.

-Así es.

Todo lo que tengo por dentro, sale "pa" fuera cuando canto.

Vaya. Ahora va a resultar

que, además de zalamero,

sabe usted conocer bien a la gente. Ha acertado en todo.

-Atino porque mi vida no ha sido un camino de rosas.

He tenido "molta" tristeza

y, también "molta" alegría.

-Es como ha de ser nuestra existencia, caballero.

Una mezcla de todo.

Pero a nosotros, poco nos importa eso.

Ya... casi no nos queda camino por recorrer.

-Pero sea mucho o poco, lo importante es disfrutarlo

todo lo que se pueda.

Y siempre será más liviano

si se hace en compañía, ¿no cree?

-Bueno, que yo no estoy sola.

Tengo mucha tarea cuidando a todos los del altillo.

-¿Y quién la cuida a usted, Fabiana?

Me gustaría que estuviera

siempre igual de radiante.

Si fuera mi compañera,... sería así, "senza" duda.

-Uy.

Ay, vaya por Dios, que se me ha ido el santo al cielo.

Lo siento, caballero, pero...

se ha hecho muy tarde y, yo tengo que volver

al altillo. Si me disculpa.

Hijo,

confío en que estarás

a la altura de las circunstancias

y que hagas que me sienta orgulloso de ti.

-No voy a defraudarle, padre.

Aunque sea trabajando en una mina.

-Antoñito, no dejes que te avasallen.

Por muy gañanes que sean tus compañeros, ¿eh?

-En peores plazas he toreado.

En dos días me he hecho con su respeto.

Y puede que hasta con sus carteras.

Es una broma, padre.

-Otra vez me toca echarte de menos.

Esta casa va a estar vacía sin ti.

-Y Lolita, ¿no está en la casa?

-Ha bajado a hacer unas compras.

-Ya. Comprendo.

Bueno, padre, solo...

me queda agradecerle todo lo que ha hecho por mí.

-Espero que esto sea para bien

y no esté equivocándome. -No, yo

confío plenamente en su criterio.

-Antoñito, te he dejado dos veces a tu suerte.

Una cuando desapareció tu madre y la otra, cuando pensé

que podrías resolver tus problemas económicos por ti solo.

He tardado demasiado tiempo

en actuar. -No, no se culpe, que soy yo.

Siempre he sido un cabecita loca.

-No quiero que pienses en esto como un castigo.

Sino como un aprendizaje, una lección de vida.

-Y así lo voy a pensar, como forma de...

enmendar mi destino.

Y a usted también debo pedirle perdón.

Siempre ha confiado en mí y siempre le ha salido rana.

Siento en el alma haberla defraudado.

-Antoñito, hijo, agua pasada no mueve molino.

Ahora lo que tienes que hacer es mirar para adelante.

Y juntos tenemos un futuro muy brillante.

No nos defraudes.

-No, no lo voy a hacer.

Y puede que esté de vuelta dentro de poco tiempo.

Quiero agradecerle lo que hace

día tras día por mi padre y hermana.

-Pero ¿cómo no lo voy a hacer, Antoñito?

Sois mi familia.

-Y tú no le des mucho la tabarra a Víctor.

Y no os caséis hasta que regrese.

-(LLORA)

Venga, no te pongas así, que tampoco me voy a la guerra.

Bueno, ya es la hora.

Será mejor que no me acompañen a la calle o...

el que va a romper a llorar soy yo.

Pues no estás tan añosa, Fabiana.

No eres una mocita, pero...

todavía estás de buen ver.

Acomódela bien, que en esta maleta está todo lo que tengo.

Puede arrancar cuando quiera.

No espero que nadie venga a despedirme.

Adiós, amor mío.

(SE OYE UN SILBIDO)

-Pare. Pare.

¿Lolita?

-A las buenas.

Bueno, es que no quería que se marchara usted sin despedirme

y desearle la mejor de las suertes.

-Yo te lo agradezco, Casilda, pero no tenías que haberte molestado.

-Molestia ninguna. Ande, bájese

y déjeme que le dé dos besos. No sea sieso,

¿quién sabe cuándo le volveremos a ver por estos lares?

-Como quieras.

A fin de cuentas, puede que sea una despedida

para siempre.

-Bueno.

Pues nada,

que le vaya muy bien en su nueva vida. Abur.

Me alegro de que estés en casa.

Hay algunas cosas rondándome por la cabeza

que tengo que compartir contigo.

-Me parece muy bien que quieras charlar.

Estoy muy molesto.

Desde que llegué de viaje,

no has hecho otra cosa que evitarme.

No sé qué he podido hacer mal o en qué he podido molestarte.

-Tienes razón.

He estado muy esquiva. -¿Puedo saber por qué?

-He estado meditando sobre muchos asuntos.

Principalmente sobre nosotros.

Y sobre esta familia y... el futuro.

-No entiendo dónde quieres llegar.

¿No estás a gusto con nosotros?

¿Quieres irte? -No, no es eso.

No quiero apartarme de vosotros, Samuel.

Nunca os dejaré.

-Me consuela escuchar eso.

Pero me temo que no has terminado.

-Así es.

Tengo la sensación de que...

me he precipitado en un tema y,...

no estoy siendo ni justa ni consecuente.

-¿A qué tema te refieres?

-Creo que...

deberíamos...

replantearnos nuestro compromiso.

-¿Aplazar la boda?

-No.

Anularla.

-Te veo raro últimamente.

-¿Raro, yo?

-Sí. Como pensativo, con la cabeza en otra parte.

Y eso me genera inseguridad.

No sé, a veces me da la sensación

de que todo esto es una de mis fantasías.

Que nada es real.

Que la boda ni siquiera está planeada.

Que todo está en mi cabeza.

¿Por qué has cancelado tu compromiso con Samuel?

¿Qué ha pasado?

-Eso no es asunto suyo.

-¿Sabes lo que eso significa?

-Que ya no cuento con la protección que el compromiso de Samuel me daba.

-Y, por tanto, que estás a expensas de mi voluntad.

Espero tener algo que ver con esa sonrisa.

-Marcello.

-"Madonna" mía, cómo me gusta oírla decir mi nombre.

-¿Qué hace usted aquí?

-He venido a hablar con usted de algo importante.

-Ahora no puedo, tengo mucha faena. Luego, cuando cierre el quiosco.

-No voy a poder esperar. Me ha surgido algo importante.

Y voy a tener que marchar a mi país.

-¿Marcha? -No sin antes proponerle algo.

-"Blanca, espera".

-Déjame.

No quiero hablar contigo.

-Aunque no quieras, debemos hacerlo.

Blanca, yo no puedo marcharme ahora.

No puedo.

No voy a dejar a mi padre en la estacada. Y a Samuel tampoco.

-¿Y qué vamos a hacer?

-"¿Podría hablar con usted"

un segundo?

-Sí, claro.

-Traigo unos suizos para las niñas más requetebonitas

de la calle Acacias. -Calla y siéntate.

Que también quiero que escuches lo que tengo que decirle a Adela.

-"Calla y dame un abrazo".

-Hombre, aquí en medio...

-Déjate de chuminadas, ven "pa" acá.

-¿Ve lo que le digo? Ahí la tiene.

Despidiéndose de Simón. -Si es que ha perdido el oremus.

-Lo que ha perdido es el seso del "to".

Y si no se muere por esa dichosa maldición, se va a morir

por insistir y por el empeño que le pone.

-"Blanca ha roto nuestro compromiso".

Y estoy seguro de que detrás de su decisión

está la mano de Úrsula.

-Eso no lo sabes, Samuel.

-¿Cómo si no ha cambiado de opinión de un día para otro?

¿Me ha dejado de querer o es que acaso nunca me ha querido?

-No, hermano, Úrsula tiene que andar

detrás de todo esto.

Le ha debido de llenar la cabeza de inseguridades.

De pájaros, de miedos hacia mí y hacia nosotros.

Samuel es un hombre... excepcional.

Caballeroso y respetuoso.

Bueno, trabajador.

-¿Pero?

-Pero no le quiero como debería quererle.

No lo suficiente como para comprometerme de por vida.

Siento que debería quererle.

Porque me conviene, pero...

no le amo como se debe amar a un esposo.

Ya, Susana, pero una pareja joven necesita vivir libremente.

-Y de recién casados especialmente.

Además, doña Susana, usted necesitará su intimidad.

-Pero la pregunta es, ¿por qué? -Cierto.

Muy normal no es.

-Además, si no son familia. ¿Y qué opina Adela de todo esto?

Permiso. -¿Qué ocurre?

He venido a buscarle, don Diego.

No sabía que su hermano también estaba con usted.

Se trata de su padre.

-¿Qué ha sucedido?

-Han avisado de la residencia.

Ha tenido una crisis.

  • Capítulo 609

Acacias 38 - Capítulo 609

26 sep 2017

Blanca le ruega a Diego que se vaya. A cambio, Diego le pide que no se case con Samuel. Carmen entrega el papel de Jaime a Úrsula. La señora se inquieta ante una extraña presencia. Lolita ayuda a Antoñito a hacer las maletas y ambos se despiden. Trini y Casilda intentan animar a Lolita de cara a su cumpleaños. Antoñito se marcha, pero antes Casilda le mete una carta de Lolita en el bolsillo. Fabiana y Marcello tienen una cita. Blanca pide anular la boda a Samuel sin darle muchas explicaciones.

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