www.rtve.es /pages/rtve-player-app/2.11.0/js
4238328
No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 607 - ver ahora
Transcripción completa

Iba camino de Ávila para visitar al señor Valdivia

y he regresado sobre mis pasos, porque no me quedo tranquilo.

No quiero que Blanca se quede a solas con esa mujer.

-Esa mujer es su madre. -Esa mujer sabes bien quién es

y cómo. No me fío.

-"He descubierto" una cosa muy importante.

He encontrado el retrato de Elvira.

-¿Vas a sospechar del coronel porque tenga un retrato de su hija?

-Pues sí, si dicho retrato es el que pintó Osman.

-"Blanca,"

tan solo quiero saber... qué te ata de tal forma a esa mujer.

¿Por qué tiene ese poder sobre ti?

Sé que no es solo porque sea tu madre.

Hay algo más.

-¿De verdad solo te quedas a mi lado por eso?

-"Nunca fue mi intención ofenderla con ellos".

¿Y si luego... cambiara de opinión?

Sepa que siempre estaré encantado

de poder pasear por la ciudad con tan "bella donna".

-"¿Estás diciendo que Antoñito se vaya a trabajar"

de minero al yacimiento?

-Ya veo que me has entendido. Eso mismo he dicho.

-Y aunque lo dijeras mil veces

no conseguiría creérmelo.

Mi amor. ¿No te parece una determinación

demasiado tremenda?

-"Parece que tengo la cabeza"

solo para llevar el moño.

Y tal vez solo me queden unos días de vida.

-Que yo no estoy convencida de que vayas a entregar la pelleja, Lola.

-Pues aunque así sea,...

pienso aprovechar todo lo que me queda a su lado.

-"Don Arturo no se ha ido a Argentina"

como nos ha hecho creer a todos. Se ha ido rumbo a Estambul.

-¿Estás segura de lo que dices?

-Y eso no es todo.

He visto en casa del coronel

el cuadro que Osman le hizo a Elvira.

¿Hay alguien en casa?

(Algo se rompe)

Blanca. Blanca, ¿eres tú?

¿Es que no me estás escuchando?

Te estoy diciendo que el cuadro de Elvira está en casa del coronel.

-No sé.

-Los de la galería nos dijeron que no estaba en venta;

no nos hablaron de ningún otro comprador.

-Tal vez les diera más dinero. Era su padre.

-No seas inocente, Simón.

El pintor nos mintió. Está claro que conocía a don Arturo.

-Que no. No, María Luisa, tiene que haber otra explicación.

-¿Y qué me dices del embuste del viaje?

¿Por qué nos mintió a todos diciéndonos que se iba a Argentina

cuando en realidad, su pasaje era para Estambul?

-No lo sé. No lo sé.

Pero es demasiado tarde para hacer nada.

No soy capaz de pensar, y no quiero volverme a hacer falsas esperanzas

como tantas otras veces. Quiero vivir.

-Pero ¿y si Elvira está viva?

¿Y si en realidad el pintor nos mintió

y retrató a Elvira con vida ante la Torre del Reloj?

-Han pasado muchos meses desde su muerte.

Ya se habría puesto en contacto con nosotros de alguna forma.

-A lo mejor la tienen retenida.

O a lo mejor...

A lo mejor lo ha intentado, sin conseguirlo.

-O tal vez ni lo haya intentado.

Tal vez sea feliz en Turquía y se haya enamorado de ese hombre.

-¿Del turco,

y olvidarte a ti? Eso es imposible.

-Por eso, lo más probable es que en verdad esté muerta,

y que su padre haya conseguido el cuadro para recordar a su hija,

porque se siente culpable de su muerte. Porque lo es.

-Simón, ese hombre no tiene piedad.

Es... Es imposible que mueva un dedo para recordarla.

-Era su padre.

-¿Es que de verdad no piensas hacer nada?

-Mira,

sé que te desilusiono.

Pero no quiero sufrir más.

No quiero llorar la muerte de Elvira una vez más.

Asumo la infelicidad que me supone su falta,

pero no quiero ver cómo se me escapan las esperanzas

un día tras otro.

-Simón, por favor, no te rindas.

-No puedo más.

Necesito estar solo.

-Me decepcionas tanto.

Puede que Elvira esté en peligro y, tú solo piensas en ti mismo.

-Sabes que eso no es cierto.

Lo que ocurre es que toda resistencia tiene un límite.

Me parece que no tiene arreglo.

-¿Qué ha ocurrido?

-Tu hermano, que ya sabes que siempre ha sido bastante patoso.

Le he golpeado con un codo.

-En realidad he sido yo, Samuel.

Que lo he dejado al borde del mueble.

Y tú, ¿qué haces aquí? ¿Qué ha pasado con tu viaje?

-¿No has visto la tormenta? Es imposible viajar con este tiempo.

Caen chuzos de punta. Las carreteras de salida

están inundadas y hay ríos desbordados.

-Qué desgracia.

-¿Y cómo vas a resolver el problema

con el cliente?, te estará esperando.

-Confiemos en el progreso. Intentaré mandarle un telegrama.

Tal vez pueda hablar con él por teléfono.

Mañana lo intentaré.

Parece que está dejando de llover.

Lo mejor será que me vaya mientras puedo.

-¿No te quedas a cenar? -No.

Quizás después no pueda salir.

Prefiero dormir en mi cama.

Y más una noche como hoy. -¿Y eso?

-Voy a pedirle a Carmen que te prepare un baño.

Así entrarás en calor.

Se puso en contacto con nosotros una clienta, la,...

la señora Gonzálvez;... tenía prisa por recibir el broche.

Úrsula insistió en que debíamos entregarlo.

Como tú no estabas,...

yo me arriesgué. -Es la gema que yo reparé.

-Está visto que yo no tengo tus manos.

Solo sirvo para romper cosas. Todo lo que toco... lo estropeo.

-¿Qué quieres decir?

-La estatuilla,...

la gema del broche. Ya lo decía siempre padre.

Tengo dos manos, porque no podía tener cuatro pies.

-Tantas veces se lo escuché decir.

-¿Podrás arreglarlo?

-Mañana lo intentaré.

-Más nos vale. Me voy... ahora mientras puedo.

Despídeme de Blanca.

-Hasta mañana.

Suerte. Que no te pille la tormenta.

Antoñito, hijo, no tomes decisiones precipitadas.

Que cuando las cosas se dicen a la tremenda,

es mejor ponerlas en cuarentena.

-Doña Trini, yo le agradezco sus ánimos, pero...

mi padre tiene razón.

-Bueno, y anda que no hay maneras de tener razón.

Todavía podemos hablar con tu padre

y que desista de la idea de hacerte trabajar en la mina.

-No.

No, no, tiene razón, aunque me fastidie, pero es lo que debo hacer.

Pagar mis deudas y expiar mis culpas.

-Uy, expiar tus culpas. Ni que hubieras pecado

contra el quinto mandamiento.

-El quinto.

¿Cuál es ese?

-"No matarás". -Ah.

No. Contra ese no he pecado.

Pero el de "no robarás", debería levantarle una catedral

pagada con lo que gane el resto de mi vida, para poder pedir perdón.

-Anda, anda, anda y no seas exagerado.

Que no sé si eres tú más culpable por vender el monumento

o el ingenuo que te lo compró.

-Eso pienso yo, pero mi padre cree lo contrario.

-Ay, Antoñito, "pa" gozo que te encuentro.

Ay. Eh...

Disculpe usted, doña Trini. Que he entrado aquí como cabra...

-Hija, nada, no te preocupes. Yo me voy y os dejo a lo vuestro.

Tenéis mucho de qué hablar y mucha tela que cortar.

-Antoñito,...

he estado pensando.

Cavilando. Y dándole vueltas a todo.

-No, no, no.

Déjame... que te hable yo primero,

que tengo que decirte algo importante.

Mi padre va a pagar todas mis deudas,

así que...

no voy a ir a la cárcel.

-Pero eso es...

muy buena noticia.

-No. No lo hace así como así. Me ha puesto una condición a cambio.

Una condición difícil de cumplir, pero...

no me queda más remedio.

-Que te cases con quien él dice.

-No. A él le da igual con quien me case.

-No sé por qué he dicho eso. Es que en las familias de postín

eso pasa mucho, ¿no? -No, no lo sé, pero es algo peor.

Debo... ir a trabajar a la mina de oro.

-¿De agente comercial?

Si ya te lo dijo una vez. Debías haber aceptado.

-De minero.

Sí. Quiere que me baje a la mina

y aprenda a ganarme el pan con el sudor de mi frente.

Y yo creo que es un acierto.

-Pero...

el trabajo de minero es... muy peligroso.

Y tú no estás hecho para el trabajo físico, que eres un tirillas.

-Mujer, que tan tirillas no soy.

¿No?

Bueno, que... quiera Dios

que no suceda nada.

¿Y tú qué, qué... me querías contar?

-No es nada.

-Lolita, nada me gustaría más en este mundo

que pedirte que te vinieras conmigo.

Pero sé que no tengo derecho.

-¿No?

-No. Yo sé que tú no quieres estar conmigo.

Que la maldición de tu familia te pesa demasiado.

Yo sé de sobra que no te vas a morir.

Pero también sé que no voy a poder convencerte.

Porque las de Cabrahígo tenéis la cabeza más dura que una roca.

Pero...

quizá algún día regrese.

Y quizá tú todavía estés por aquí.

Y a lo mejor... pues me ves con otros ojos.

-Yo lo que quiero es que... a usted no le pase nada en la mina.

Y que encuentre una mujer

que le haga muy feliz.

Feliz para siempre.

(Llaman a la puerta)

(VOZ DE SAMUEL) Blanca, soy yo. ¿Podemos hablar?

-Samuel.

No es decente que me visites en mi habitación por la noche.

-Nadie va a enterarse. Solo quiero hablar contigo.

-Pero si mi madre se levanta,

no sé qué le vamos a decir.

Los dos de noche y en la misma habitación,

y con ropa de dormir.

-Le bastará con saber que la conservamos puesta.

Te he estado esperando para cenar. No has salido.

-Es la tormenta.

Que se me ha puesto una presión aquí, en la cabeza, y...

me ha dado jaqueca.

Se me pasará cuando duerma.

¿Tomaste el baño?

-Sí, muy reconfortante. Ya estoy seco y descansado.

Pero...

preocupado por el ambiente que he notado en esta casa a mi vuelta.

¿Ha ocurrido algo en mi ausencia?

-No, nada. No sé por qué lo dices.

-Tu madre no cenó.

Llegó a casa y se recluyó en su alcoba.

Tú lo mismo.

Y mi hermano parecía contrariado al verme.

-Imaginaciones tuyas.

-Sé sincera conmigo.

¿Discutiste con Diego? -No.

No, en absoluto. Él se pasó el día

trabajando en el broche.

No tiene tu delicadeza con las herramientas.

-Él tiene otras virtudes.

Nadie como él para conseguir una pieza.

Me pareció encontraros acalorados cuando llegué.

-Samuel, de verdad,...

es la jaqueca que me causa la tormenta.

Se me pone una presión y...

soy otra.

No es la primera vez que me pasa.

-¿No ha sido un disgusto con tu madre?

-No. De verdad.

No insistas más.

Y déjame descansar, que necesito.

-Como quieras.

Buenas noches.

-Hasta mañana.

A ver luego dónde dejamos estas hojas,

que no quiero tirarlas a la basura, no sea que haya un incendio.

Luego, cuando acabemos, te las llevas.

-Como ordene.

Que donde hay patrón, no manda marinero.

-Pues eso.

Te acercas ahí,

a ver si ha puesto un carro el ayuntamiento para recogerlas.

-¿Está usted de mal humor, Servando?

-Pues claro, ¿cómo voy a estar?

Ayer, mientras llovía, estaba yo mirando el cielo

y diciendo para mis adentros:

"Servando, esto es el fin del mundo, esto es el comienzo

de las siete plagas".

Todo lo que estás viendo ahora, mañana será mar.

Vamos a salir de aquí todos nadando. Bueno, el que sepa,

claro.

-Ni que nunca hubiera visto usted llover así.

-Pero uno ya va para viejo.

Y no es normal que caiga del cielo agua de esa manera.

Mira, en el altillo,...

que las ventanas no cierran bien, estaban la Casilda y la Lolita

achicando agua, que aquello parecía el barco que se llevó

a la señorita Elvira.

-No exagere, Servando.

-Hazme caso, que ya peino canas.

Que a este mundo le queda muy poquito.

Y que... Anda, llévatelo,

que en la caja ya no caben más.

-Como mande.

"Carísimo" Servando.

Vaya tormenta la de ayer.

-Muy buenas tenga usted. Sí, en su tierra ¿llueve igual?

-Pocas veces, gracias a Dios.

-Ya. Le veo muy solo, ¿y sus amigos?

-En Italia. Solo yo me he quedado en esta bellísima ciudad.

Negocios, ya sabe. -Ya, claro.

Negocios y otras bellísimas ocupaciones, ¿no?

-Lo reconozco, "caro" amigo.

¿Sabe usted si la "signorina" Fabiana está bien

tras el diluvio universal?

-Ya decía yo que usted no venía a hablar conmigo.

La señorita Fabiana está muy bien.

Lo que pasa es que no ha abierto el quiosco porque está lleno de agua.

-Fabiana, bellísimo nombre y bellísima mujer.

-Cuidadito, cuidadito, que no me ha gustado

cómo ha dicho eso, ¿eh?

-Lleno de admiración y pasión. -Bueno.

-¿Es usted familia

de la "signorina"? -Bueno, sí, se podría decir

que sí en el más amplio sentido de la palabra.

Verbigracia, somos..., la señora Fabiana y yo, como hermanos.

-Ah, "allora" la conoce bien.

¿Sabe usted si su "quore",

perdón, su corazón está libre y receptivo?

-Sí. Su corazón está libre y receptivo,...

según para quién y cómo.

A mí lo que me interesa saber son

sus intenciones; si son decentes, sanas y cristianas.

-Sin duda.

No va a encontrar un pretendiente más rendido a los encantos

de la "signorina".

-Ya. -Y usted será mi aliado.

-¿Yo? -Deme un consejo.

Dinero.

-Normal. Quien algo quiere, algo le cuesta.

Vamos a ver, y que no es para avaricia, ¿eh?

Es "pa" saber hasta qué punto

está usted interesado en ella.

-No lo hay más devoto admirador.

-Bueno. Pues...

la única familia que tiene la señora Fabiana son las chicas del altillo.

Si las conquista a ellas,... ella caerá en sus brazos.

-¿Y cómo puedo hacerlo?

-Eso déjelo usted de mi cuenta, que yo soy como el dios romano ese

del amor, ¿cómo se llamaba? El Cupido.

Yo me encargaré de que las chicas coman de su mano.

Incluida... la "signorina" Fabiana.

Pues así está perfecto.

Si lo sacas con cuidado, le hacemos los arreglos.

-Buenas. -¿Qué haces aquí?

No puedes estar aquí. Fuera. Fuera.

-Pero ¿qué ocurre?

-Que no puedes ver el traje de novia.

-Da mala suerte.

-Juro que no he visto nada. Ni siquiera sabía que estaba aquí.

-Qué serio.

-Traigo un vestido de doña Celia.

Se le ha abierto una costura del bajo.

-Ah, pues esta misma tarde se la arreglamos.

-Doña Susana me preguntaba dónde vamos a vivir después de la boda.

No sé, yo no lo he pensado. ¿Y tú?

-No lo sé, tendríamos que hablarlo, pero aún queda tiempo.

-No queda tanto. -He dicho que no lo sé.

Tal vez tengamos que alquilar un cuarto.

-En este barrio son carísimos.

¿No estaréis pensando en iros a vivir a las afueras?

-No lo sé. Buscaremos la mejor opción.

-Ay, perdóname, Simón.

Soy una metomentodo.

Adela, ve a preparar el traje. Solamente nos faltaría ahora

que se manchara. -Sí, sí, claro, doña Susana.

Te veo luego.

Disculpe, es que no me puedo resistir.

-¡Oye! Eso, cuando estéis solos.

¿Qué ocurre?

-Nada. Son los nervios por la ceremonia de la boda, solo eso.

-A mí no me engañas.

Tiene que ver con la conversación que tuviste con María Luisa.

¿Qué quería?

-María Luisa está obsesionada con que Elvira puede seguir viva.

Pero solo lo hace por la tremenda amistad que tenía con ella.

Tiene buena intención,

así que no tiene nada que ver con... No lo sé.

Estoy muy cansado, que todo va muy deprisa.

-No te insisto, pero quiero que sepas que si tienes algún problema,

lo puedes comentar conmigo con toda tranquilidad.

Y yo te daré mi más sincero consejo.

Hay otro asunto. Falta poco para la boda.

¿Cuándo le vamos a decir a Adela que soy tu madre?

-No lo sé, no lo sé. No me presione, por favor.

-Yo había pensado hacer mañana una comida.

Y desvelárselo. Los tres solos.

-Sí. Sí, sí, como quiera.

Y ahora me marcho. Volveré más tarde

a por el traje de doña Celia.

Lola, no te llames anda "na" y cuéntame lo que quiero saber.

-Es que no sé qué quieres saber. -Se te da fatal disimular.

Se te ve a la legua, a la primera de cambio.

A ver, ¿qué te dijo don Antoñito cuando le dijiste que sí a todo?

Que ibas a estar con él pase lo que pase.

-Antoñito no me dijo "na". Porque yo no le dije "na".

Me dejó con las palabras en la punta de la boca.

-Pero ¿no le dijiste nada de que vas a estar con él

lo que te quede de vida, sea mucha o poca?

-Poca. Que mi aniversario está al caer.

-Y vuelta la burra al trigo. Bueno, que ¿qué te dijo?

-Que se va.

Que su padre le paga todas las deudas

con la condición de que se vaya a trabajar a la mina.

De minero, y no de capataz.

-Pues muy señoritingo le veo yo a él para eso.

-Sí, es muy señoritingo.

Pero es más terco que una mula.

Si tiene que sacar oro de la tierra, lo saca aunque sea a "dentellás".

-Ay.

Pues la única solución es que te marches con él.

-¿A la mina? Ni hablar.

-¿Te da canguelo?

-Las de Cabrahígo no sabemos lo que es el canguelo, Casilda.

Yo lo que tengo es la dichosa maldición.

Que no me queda vida ni para regalar.

Que si se va y me muero, pues...

Allá historia, me olvida y ya está.

Sin ser mi viudo y sin llevarme luto.

Y así se perdona con su padre.

Que para la vida, le va a venir mejor, que estar unas horas conmigo.

-Tú lo que estás es enajenada.

Hasta la coronilla estoy de tu maldición.

Mira, si es que te daba una bofetada así con la mano abierta...

-Que sí, doña Trini, que del día de mi cumpleaños no paso.

-Tú no te lo pierdes ni aunque cierres los ojos.

Vamos a ver, insensata. ¿Tú le has pedido a Antoñito

que se quede contigo?

-No.

-¿Y que te lleve?

-Tampoco.

-Doña Trini, déjeme a mí,

déjeme a mí que lo diga porque si no exploto.

Tú estás "pa" que te encierren en un cotolengo

y tiren la llave al río.

-Muy bien, yo no lo habría dicho mejor.

Supongamos que te mueres, que eso es ya mucho suponer.

¿No crees que es mejor que Antoñito decida si se quiere quedar o no?

-¿Y si decide quedarse y se enemista otra vez con su padre, qué?

-Pues ya se arreglarán, mujer, que todo tiene arreglo,

y más entre un padre y un hijo. Vamos a ver,...

aquí el amor es el único asunto que es de enjundia.

Lo demás, todo va y viene. -¡Mírala!

Y parecía una pequeñaja sin sustancia.

Y resulta que tiene más sesera que tú cien veces.

A ver si la escuchas, Lolita, ¿eh?, a ver si la escuchas.

Que tú tienes que preocuparte es de tu felicidad

y de la de Antoñito. Y si mi esposo se enoja,

pues ya me apañaré yo para que se le pase.

Me voy a ir, porque me da un síncope como siga escuchándote...

Hale.

-Ay.

Siento que haya corrido tanta prisa entregar el broche

a la señora Gosálvez.

Está claro que Diego no tiene tu habilidad y tu tiento

en el momento de trabajar las joyas.

-Diego tiene otras habilidades.

Es capaz de encontrar la piedra precisa

en cualquier parte del mundo.

Y conseguirla a mejor precio que nadie.

-No sé qué habría hecho sin ti.

Reaccionaste tras la tormenta...

y pudiste solucionar el problema con el accidente de Ávila,

tan solo con un telegrama.

Y ahora, vas a ser capaz de entregar ese broche en fecha.

-El negocio familiar es mi vida.

Aprendí al lado de mi padre.

Y no tiene que agradecerme nada, porque no lo hago por usted.

Lo hago por la familia Alday.

-Buenos días. -Buenos días.

¿Estás mejor del dolor de cabeza?

-Estoy mejor, gracias. -Ayer fue un día difícil.

Las tormentas cargan de electricidad la atmósfera y...

hacen aflorar los desencuentros.

¿Ocurrió algo ayer aquí en casa?

¿Algo digno de mención?

-Nada.

-No sé a qué se refiere.

-La jaula abierta, el pájaro fugado, la gema rota y...

Diego estaba aquí.

Muchos indicios de que...

no fue un día tan plácido como nos hubiera gustado.

-Los pájaros no están hechos para vivir encerrados,

sino para volar y cantar.

-Era un regalo mío.

-Usted lo ha dicho. Un regalo.

Luego, era mío y decidí liberarlo.

-Claro, claro. Está bien

que tomes tus propias decisiones.

Pero, dejemos trabajar a Samuel

con tranquilidad. Con permiso.

-No solo te preguntaba por el pájaro,

también por Diego.

¿Algún problema, hija? -Ninguno.

-Sabes que si tienes alguno , siempre estaré de tu lado.

Puedes confiar en mí.

(CARRASPEA)

Supongo que los rezos son por Elvira.

-Pues sí.

Aún tengo esperanza de que Elvira esté viva.

Aunque sea la única después de tanto tiempo.

-No, no eres la única. ¿Crees que yo no deseo lo mismo

cada noche?

-Pues no lo sé. No lo parece.

No sentí lo mismo ayer, cuando te conté lo que vi en casa del coronel.

Me dio la sensación de que ya nada te importaba.

Que para ti sería una mala noticia que Elvira estuviera viva.

No sabes lo que yo pienso y, no tienes derecho a juzgarme.

Quiero ver el cuadro. -Está en casa del coronel,

ya te lo dije. -Dime cómo entraste e iré.

-Simón,

te estaba buscando.

Te he visto entrar desde "La Deliciosa".

-Víctor,...

Simón quiere entrar en casa del coronel y ver el cuadro de Elvira.

-¿Qué locura es esa?

-Mira, Víctor,

si no quieres ayudar, tampoco te interpongas.

-Solo quiero volver a ver el rostro de Elvira, aunque sea la última vez.

-Está bien. Yo os acompaño.

Me parece una insensatez. Tú te casas dentro de unos días.

Solo vas a conseguir hacerte daño a ti y a Adela.

-No sé cómo puedes ser

tan insensible.

-De eso nada, que he visto ya mucho dolor alrededor de esta historia.

Solo quiero volver a ver los ojos de Elvira.

-Servando tiene una llave. Solo tenemos que conseguirla

sin que él se entere.

¿Qué ocurre?

¿No quieres que Samuel escuche lo que tienes que decir de Diego?

¿Es que ahora voy a tener que hablarte de Diego en susurros?

¿O cuando salgamos a pasear?

Es eso.

No quieres que Samuel te escuche hablar

de Diego.

No quieres que sepa a qué vino ayer.

Cómo le miras cuando tienes a Diego delante.

-Cállese.

-Sabes que puedes contarme lo que quieras.

Soy tu madre, y la persona que más y mejor te va a cuidar nunca.

Solo quiero lo mejor para ti. -No quiero su ayuda.

No la necesito para nada. No confío en usted.

Solo hay un motivo por el que sigo en esta casa.

¿Cuándo va a contarme la verdad sobre lo que me desveló el otro día?

-Ya te he contado todo lo que debías saber.

Pero siento...

que eso sea lo único que te retiene en esta casa.

Pobre Samuel.

Cómo va a sufrir cuando sepa

la poca importancia que le das. ¿Se pondrá a mi favor?

Vamos a darnos prisa, que hay que devolverle las llaves a Servando

antes de que se dé cuenta.

-La mano derecha de Servando no se entera de lo que hace la izquierda.

Tarda unos días en darse cuenta que algo le falta.

-Aquí es donde le gustaba sentarse a bordar.

Todavía la recuerdo bordando mis pañuelos a escondidas de su padre.

-O asomada en el balcón...

viéndote cruzar la calle.

-Aquí está el cuadro.

-Para mí siempre será la mujer más bella de este mundo.

Sus ojos,...

Incluso en el cuadro parece que me miraran.

-Acuérdate

de lo que nos dijo el pintor. Que es un retrato póstumo.

-¿Y si mintió?

¿Quién nos dice que don Arturo y el pintor no se conocían?

-No tenemos ninguna certeza sobre eso.

-¿Y no te dice nada que el cuadro que nos dijeron

que no estaba en venta esté aquí?

¿O no te parece extraño que el coronel esté en Estambul

y nos mintiera a todos diciéndonos que se iba a Argentina?

-Sé que nada es claro,

pero no nos queremos hacer falsas ilusiones,

me impiden disfrutar de la vida.

-Lo que impide disfrutar de la vida es negar las evidencias.

-Hay un cilindro puesto.

-Una cosa es ver el cuadro y, otra es, toquetear las cosas del coronel.

-Vamos, Víctor, por favor, solo será un momento.

(VOZ DE ELVIRA) "Padre,

después de muchos ruegos me han permitido mandar esta grabación".

"Tenga piedad de mí".

"Déjame regresar. No me haga morir en este infierno".

-Es la voz de Elvira. -Y dice que la tienen retenida.

-¿Ahora tampoco lo ves claro?

Este es el broche que estoy haciendo para la señora Gosálvez.

Estoy seguro de que a usted le encantaría.

Antes de acabarlo, se lo traeré para que lo vea.

Diego intentó engastar la pieza mientras yo estaba fuera.

No ha cambiado nada.

Perfecto para evitar que nos engañen con falsificaciones

o para negociar un buen precio.

Pero muy impaciente para hacer un buen trabajo de orfebre.

Ayer mismo recordábamos aquello que usted nos decía:

"Tiene manos porque no puede tener cuatro pies".

Usted siempre lo supo.

Por eso nos formó de manera distinta a cada uno.

A veces envidiaba los viajes de mi hermano.

Pero entiendo sus motivos.

Déjeme colocarle bien la almohada.

Necesito tanto recibir otra vez sus consejos.

No solo por las joyas, sino también por mi vida.

Usted ha sido un hombre de mundo

y, sabría decirme lo que tengo que hacer.

Siento que Blanca se me escapa entre los dedos.

Y no soy capaz de controlarlo.

Tal vez Blanca...

No sé.

Tal vez yo no sea el hombre indicado para Blanca.

Y ella no sea la mujer indicada para mí.

No debería insistir más.

(Se abre una puerta)

-Don Samuel, no sabía que aún estaba aquí.

-Se me ha hecho tarde.

Estaba hablando con mi padre.

Una charla animada. -Ha terminado el horario de visitas.

Solo podemos quedarnos los que pasaremos la noche aquí.

Será mejor que le acompañe a la puerta, conozco a los vigilantes.

-Espero que me dejen salir.

-Le abrirán sin problemas.

-Hasta mañana, padre.

¡Eh!

¡Que estoy viva!

-Mira que lo dijo.

Lo dijo una y mil veces que se iba a morir.

Que había una maldición sobre su familia, pero...

no la creímos.

-Si es que hay que hacer caso de las maldiciones de Cabrahígo.

Que dicen que son más tremendas que el vudú ese que hacen en la Antilla.

-Doña Trini, ¿no me ve?

Que me he "levantao", que la caja está vacía.

Usted seguro que me ve, señorita María Luisa.

-Es que mi hermano parece que estropea todo lo que toca.

Se acerca la pobre Lolita...

y la manda al otro mundo. -No digas eso, mujer.

Estas cosas pasan.

Tu hermano será un calavera y un liante, pero...

no creo que haya tenido la culpa de esto.

Solo cometió el pecadillo de querer liarse con la criada.

-¿Llama "pecadillo" a querer casarse con ella?

-Sea como fuere, fíjate tú. Viudito para siempre.

-Pero... ¿es que nadie ve que he "resucitao" como el Lázaro?

-Si se hubiera ido a trabajar

a la mina como yo le mandé,

ahora no estaría sufriendo tanto. -¿Y por qué no le insistió más?

-Lo hice, hija, ya lo sabes.

Pero tu hermano no me hizo caso.

Seguro que la pobre chica, que en paz descanse, le embaucó.

Tu hermano tiene

muy poquito carácter, es una pena. -Uy.

-Que yo no hice "ná". Don Ramón,...

que yo al señorito Antoñito lo traté muy bien.

Pues hasta me callé y dejé que se marchara,

para que le obedeciera a usted.

-No se preocupe,

ya verá como pronto la olvida.

Lo importante es que no vuelva a cometer una locura.

-Si no le llego a quitar la pistola,

hoy tendríamos dos entierros.

-¿Qué? ¿Ha intentado quitarse la vida

con una pistola? Pero... Este está loco.

Eh.

Antoñito. Que no me entere yo, ¿eh?

Que no me entere yo que vuelves a intentar algo así.

O me aparezco como un fantasma todo lo que te queda de vida.

-Duele, hijo. La pérdida de un ser querido duele.

Pero se supera.

-Yo no voy a superarlo nunca. Lolita era la mujer de mi vida.

-Encontrará otra mujer.

Hay muchas en el mundo. Para dar y regalar.

Además,... Lolita tampoco valía tanto, era...

muy grandona para él. -Además de verdad.

-Qué mala amiga, Casilda.

Anda que...

coger una pistola... para arrebatarse la vida.

Está loco.

Pues si se piensa que se lo voy a consentir,

es que no me conoce.

No me conoce.

Este...

Este no me conoce a mí ni una miaja.

¿Qué ha pasado?

-He decidido cambiar la decoración.

-¿No quieres hablar de lo ocurrido?

-¿Serviría de algo?

-Las personas adultas se enfrentan a situaciones, Diego.

-Puede ser que yo no lo sea.

Pero juguemos a eso.

Siéntate.

-¿Y bien?

-Puedes empezar tú.

Seguro que traes un discurso bien preparado.

-No. No tengo ningún discurso, Diego.

Tan solo una convicción. Lo de ayer no se puede repetir.

-Estoy de acuerdo.

¿Y cómo lo vamos a impedir?

Ya sé.

La próxima vez que nos quedemos a solas,

que nos miremos a los ojos,...

y que nos deseemos,...

te diré: "Blanca,...

recuerda que habíamos quedado en que esto no se repetiría".

¿Y sabes qué sucederá entonces?

-¿Qué?

-Que faltaremos a nuestro propósito.

También me he dicho a mí mismo miles de veces

que no volvería a beber sin tino, y mira.

-Si no logramos impedirlo cuando estamos solos,

debemos hacer por no quedarnos solos nunca más.

Quien evita la ocasión, evita la tentación.

-Ay, Blanca.

Me recuerdas...

a una cuidadora que tuvimos mi hermano y yo de pequeños.

Se sabía todos los refranes. Siempre tenía uno en la boca.

-¿Tú qué propones?

-Que no te cases.

Que no hagas un paso más para preparar la boda con mi hermano.

-¿Y tú qué harás?

-Nada.

No quiero que le hagamos daño.

Pero tampoco quiero que se lo hagas tú.

Cuanto más tardes en tomar la decisión de alejarte de él,

más daño le harás. -¿Y si no la tomo nunca?

-Hay cosas que no se pueden eludir.

Son inevitables.

Te separarás de él.

Y deberías alejarte de tu madre. Solo te hará daño.

-Por el momento, no puedo separarme de ella.

-¿Qué te lo impide?

-No puedo. Ya está.

-Algún día desvelarás todas tus razones

y, puede que ese día sea demasiado tarde para que las entendamos.

Todos tus secretos acabarán contigo.

-¿Dónde vas?

-No he comido nada en todo el día.

¿Quieres algo? -No.

-Si quieres algo, ya sabes dónde estoy.

-No puede ser. -¿Qué es lo que no entiendes?

Es tu partida de nacimiento. ¿Es que no sabes leer?

-Pero aquí dice que... -¡Sé perfectamente lo que dice!

-Hay otra niña. ¿Quién es Olga?

-Si nació a la vez que tú,... de la misma madre que tú,...

solo hay una explicación posible.

-¿Hermana?

-Sí.

Tu hermana.

Olga es... tu hermana melliza.

-¿Y dónde está? -¿Quién sabe?

No fue un parto fácil.

Yo no estaba preparada para tener una hija, y...

vinieron dos. Mellizas.

No creas que fue en una maternidad de esas modernas

que hay ahora.

Fue en una casa... húmeda, fría, sin luz.

El parto duró horas y,... yo creí morir.

De no ser por la comadrona,...

no hubiéramos sobrevivido ninguna.

-¿Qué le hizo a mi hermana?

-Pregunta más bien,... qué le hiciste tú.

Cómo conseguiste ser la candidata ideal para vivir.

-Yo no le hice nada.

-A mí me era igual cuál de las dos viviría.

Tú me hiciste decidir.

Tú... alejaste a tu hermana de nuestro lado.

Desde el mismo momento de nacer, eres culpable.

Yo era pobre.

Hacía poco que había entrado a trabajar en casa de doña Cayetana.

Entonces, todavía la llamaba

"niña Cayetana".

Por primera vez en mi vida,...

vivía en una casa con comodidades. Con comida, con ropa limpia.

Si hubiera aparecido con una niña,...

me habrían despedido.

Oculté el embarazo.

Ahorré hasta el último céntimo,...

incluso robé,...

para poder pagar a una señora que cuidara a mi hija

mientras no pudiera tenerla conmigo.

Para poder darle una educación,...

que nunca tuviera una vida como la mía.

Pero vinisteis dos.

Y yo solo podía ocuparme de una.

-¿Qué le hizo a mi hermana?

Dígamelo de una vez.

-Tuve que elegir a una de las dos.

Os miré a ambas.

Olga era más fea, lo reconozco.

Y lloraba.

Tú, en cambio,...

estabas callada,...

con los ojos abiertos.

Y entonces sonreíste.

Probablemente, sabías que solo había una vida decente

para una de vosotras dos. Y querías quedarte con ella.

-¿Y ella?

-La comadrona se la entregó a alguien.

Nunca supe a quién.

Seguramente, a una mujer que quería tener hijos y no lo conseguía.

-Pero entonces, ¿está viva?

-Me equivoqué al elegir.

Te elegí a ti.

Te di una educación y no has hecho más que defraudarme.

¿Quién sabe si tu hermana me hubiera dado más satisfacciones?

Todo lo que he intentado hacer en esta vida a mi imagen y semejanza,

todo,... ha sido un fracaso.

Doña Cayetana está muerta.

Y tú...

Tú eres rebelde y levantisca.

-Quiero encontrar a Olga.

-Y yo no quiero volver a escuchar ese nombre nunca más.

Es la evidencia de mi error.

¿Quiere saber qué me pasa?

¿Quiere saber por qué no me da color la sangre?

Porque trato de contenerme para no hacerle daño a usted,

pero usted no cumple su parte.

-¿Mi parte? ¿Qué parte? ¿De qué me hablas?

-Necesito saber más sobre mi hermana.

Necesito saberlo todo sobre Olga.

-Te ruego que no pronuncies su nombre en mi presencia.

-Hábleme de ella y callaré.

Tengo la sensación de que algo ocurrió entre Blanca y Úrsula.

-¿Como qué?

-No lo sé.

Blanca está desde ayer muy esquiva conmigo.

Como si tuviera algo que ocultarme.

Algo que no me quiere contar.

-Quizá... solo esté nerviosa por la tormenta.

-No,... no puede ser solo eso.

Me ha dicho un pajarito...

que se te ha pasado por esa cabecita tan linda

la posibilidad de pedirme que me quede a tu lado.

-¿Qué pajarito ni qué ocho cuartos? Doña Trini, que se cree

que todo el monte es orégano.

Hay que ver lo lianta que es la señora.

-Bueno, ¿me lo vas a plantear?

Porque si tú me dices que me quede, yo me quedo,

y que salga el sol por Antequera. -Eso.

Tú siempre poniéndote el mundo por montera.

-"Ay, pero ¿es posible? ¡Qué alegría!".

¿Tú sabías algo, Liberto? ¡Ay, Ave María Purísima!

¡Ay, hija mía! Un día me vas a matar

a base de tanta sorpresa. Pero ¿cómo se te ocurre venir sin avisar?

¡Tan terrible como tu padre!

-Madre, escribí diciendo que volvía, pero

supongo que he llegado yo antes que las cartas.

El servicio de Correos no es lo mejor en la Isla Margarita.

¿Qué escamoteaba usted cuando he venido?

-Lo siento, Fabiana, pero con todo el respeto, no es de su incumbencia.

-No me gustan los tejemanejes en mi altillo.

-Insisto en que la respeto a usted, pero tampoco tengo obligación alguna

de tenerla al corriente de todos los aspectos de mi vida.

-Puede que no. O puede que sí.

¿No se habrá olvidado usted que fui yo quien la traje aquí?

Quien la sacó de la rúa y quien le dio un techo.

Saldrás mañana en... carruaje de línea.

¿Me estás escuchando?

-De principio a fin.

-Entonces, ¿a qué viene tanta apatía?

¿Tú sabes la que te viene encima?

¿No te estarás echando atrás en tu promesa de trabajar

para devolverle a la familia lo que hemos invertido

en librarte de la cárcel? -Naturalmente que no, padre.

Yo me reafirmo en esa promesa. Voy a devolverle

hasta el último céntimo.

He preparado esta comida porque... tanto Simón como yo...

queremos contarte algo.

-¿Algo sobre la boda?

-No. No es exactamente sobre la boda.

-No, pero sí es algo que deberías saber antes de la boda.

-Doña Susana, me está poniendo un poco nerviosa.

Simón, por favor, pon de tu parte y cuéntalo de una vez.

Todo me lo he ganado con el sudor de mi frente.

Como Dios manda.

-Pues me deja usted de piedra.

Aún así,...

no entiendo, por mucho monís que usted maneje,

por qué quiere pagar de su bolsillo la compostura de nuestra ventana.

-Por amor a mis semejantes.

¿Por qué va a ser?

No puedo tolerar que las muchachas pasen frío.

Si aspiras a que sea tu esposa, deberías atarla más corto

y no dejarla entrar y salir a su albedrío.

Y menos guardarle secretos.

-¿Quién le dice a usted que hay secretos entre nosotros?

-No necesito que me lo diga nadie.

Ayer, sin ir más lejos, cuando nos explicaba que Diego y ella

habían liberado al pájaro de la jaula,

¿no tuviste tú esa impresión?

¿Sabes lo que te digo, Lolita?

Que si yo fuera tú, se lo pediría.

Es más, si te empeñas, le diría que estoy deseando morir

en brazos de mi amado.

-Nanay.

Si se queda conmigo, desobedece a su padre.

Y total, "pa" nada.

Para quedar viudo en un pis pas.

-¿Te vas a conformar así, Lolita?

¿Sin luchar ni rebeldía?

-¿Para qué?

-"Qué tejido tan primoroso has elegido"

para el velo de la novia.

¿Te has esmerado tanto para el traje del novio?

-Poco me preocupa del novio el traje.

Más nerviosa

me tiene él. Vuelve a estar rarísimo.

Y no es por la inminencia de la boda. Hay algo más.

-¿Como qué? -No sé.

¿Cabe la posibilidad de que se haya enterado de que don Arturo

ha viajado a Estambul?

Creo que debería desaparecer una temporada.

Y así lo voy a hacer.

Me marcharé a las minas del río Tinto.

¿Así va a ser nuestra despedida?

Blanca, ¿no tienes nada que decir?

  • Capítulo 607

Acacias 38 - Capítulo 607

22 sep 2017

Samuel está a punto de descubrir a Diego y Blanca juntos. Más tarde, Blanca rechaza a Samuel. Diego, arrasado por la culpa, destroza el mobiliario de la mansión Alday. Simón no sabe cómo reaccionar al enterarse de que Arturo ha viajado a Estambul, pero quiere ver el cuadro de Elvira.

ver más sobre "Acacias 38 - Capítulo 607 " ver menos sobre "Acacias 38 - Capítulo 607 "
Programas completos (629)
Clips

Los últimos 2.395 programas de Acacias 38

  • Ver Miniaturas Ver Miniaturas
  • Ver Listado Ver Listado
Buscar por:
Por fechas
Por tipo
Todos los vídeos y audios
  • Nuevo Capítulo 625 Completo 48:01 80% hoy
    Capítulo 625 hoy Carmen se arrepiente de lo que ha hecho, pero Úrsula le deja claro que no tiene escapatoria. Susana se enfrenta con Simón: sabe que está quedando con Elvira, y lo peor es que Adela tambi&eacu...
  • Nuevo Capítulo 625 Completo 53:58 92% ayer
    Capítulo 625 ayer Samuel y Diego se unen con un objetivo común: construir la joya que diseñó Blanca. Diego se da cuenta de que no quiere marcharse de Acacias y Blanca es la razón. Samuel piensa que Olga...
  • Nuevo Capítulo 624 Completo 54:04 90% pasado miércoles
    Capítulo 624 pasado miércoles Lolita apoya a Antoñito ahora que se ha quedado sin trabajo. Y Trini no duda en defenderle frente a las críticas de las señoras de Acacias. Samuel recibe el alta y regresa a su casa. Se enfre...
  • Nuevo Capítulo 623 Completo 54:17 100% pasado martes
    Capítulo 623 pasado martes Diego ofrece a Blanca hacer realidad el diseño de la joya que está diseñando. Adela se mortifica para expiar los pecados de Simón. Susana se preocupa por su nuera y busca consejo en Ce...
  • Nuevo Capítulo 622 Completo 55:05 71% pasado lunes
    Capítulo 622 pasado lunes Simón y Elvira prometen verse siempre que puedan. Adela sufre en silencio la infidelidad de su marido y se vuelca en el encargo del manto para el obispado. Susana se da cuenta de que algo no va bien en la ...
  • Capítulo 621 Completo 54:36 99% pasado viernes
    Capítulo 621 pasado viernes Serie diaria en la que se narraran la vida de los personajes que habitan una comunidad de vecinos, y todas aquellas historias que se sucederán alrededor de sus personajes, situada a principios del siglo XX...
  • Capítulo 620 Completo 53:46 94% 11 oct 2017
    Capítulo 620 11 oct 2017 A Blanca y Diego les une el desasosiego por la operación de Samuel. Diego descubre el talento innato de Blanca para el dibujo y le propone recuperar el diseño perdido del cuaderno de Jaime. El embar...
  • Capítulo 619 Completo 52:33 100% 10 oct 2017
    Capítulo 619 10 oct 2017 Blanca y Samuel se dan el sí quiero. Úrsula intenta manipular a Diego y le dice que la marquesa Urrutia irá a visitarles, de tal forma que se coloca ella como cabeza de familia y enfrenta a&u...
  • Capítulo 618 Completo 54:10 100% 09 oct 2017
    Capítulo 618 09 oct 2017 La distancia entre Adela y Simón se acrecienta. Mientras, Elvira rechaza la oferta de su padre para irse de Acacias y hace todo lo posible por encontrarse con Simón. A Liberto le cuesta encajar la n...
  • Capítulo 617 Completo 55:00 96% 06 oct 2017
    Capítulo 617 06 oct 2017 Elvira se baja del carruaje que la llevaba al convento y decide quedarse en Acacias, cerca de Simón. Adela escucha la noticia a disgusto; teme perder a su marido. Blanca anuncia a Úrsula su boda con...
  • Capítulo 616 Completo 54:27 97% 05 oct 2017
    Capítulo 616 05 oct 2017 Blanca acepta casarse con Samuel. El comisario Méndez llega a casa de los Palacios para llevarse a Elvira. Ramón no puede evitar que se la lleve junto a su padre. Liberto descubre que Rosina guarda ...
  • Capítulo 615 Completo 54:55 92% 04 oct 2017
    Capítulo 615 04 oct 2017 Úrsula se asusta al ver hojas de morera en su casa y a Carmen encerrada en el despacho. Rosina consigue el contacto de la Valenciana y la recibe en casa: quiere saber si está embarazada. Pese a que ...
  • Capítulo 614 Completo 54:26 100% 03 oct 2017
    Capítulo 614 03 oct 2017 Samuel empeora. Blanca y Diego hablan sobre lo ocurrido, discuten. Pero acaban juntos de nuevo. Arturo Valverde regresa a Acacias y se entera de que Elvira ha vuelto. Los Palacios defienden a Elvira y no se la en...
  • Capítulo 613 Completo 54:43 100% 02 oct 2017
    Capítulo 613 02 oct 2017 Ramón plantea mandar a Lolita a servir a otra casa, pero Trini se niega. Simón va a visitar a Elvira y ella cuenta todo lo ocurrido durante su ausencia. Celia advierte a Simón de que Adela es...
  • Capítulo 612 Completo 53:58 100% 29 sep 2017
    Capítulo 612 29 sep 2017 Durante la boda, se produce un gran revuelo justo cuando Simón y Adela se dan el "sí quiero". Antoñito aparece ante su familia y suelta que ama a Lolita. Fabiana no permite que Anto...