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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 573 - ver ahora
Transcripción completa

Esta mujer que se nos presentó delante humildemente

es la niña que mi madre creyó muerta,

la niña que se salvó

del incendio que ocurrió en la que yo creía mi casa.

Es la verdadera Cayetana Sotelo Ruz.

Quizá algún día esos apellidos fueron míos,

pero ahora son los apellidos de una canalla.

¡Los has mancillado!

¡Teresa, por favor! -"Don Arturo"

me confió dinero para invertir en bolsa.

Y eso es lo que he hecho. Pero ya sé que ni él

ni nadie del barrio, solo usted, padre, entiende de la bolsa.

Pero yo sí entiendo, porque es lo que he aprendido en Nueva York.

Para eso me envió usted al extranjero a estudiar, ¿no?

Pues es lo que he hecho, cumplir sus deseos.

¡Quieta!

-Blanca, ¿qué haces? ¡Blanca!

Ven aquí. -¡Socorro! ¡Auxilio!

-Tranquila.

¡Chist, chist, ya está! Mírame, mírame.

Mírame. Mírame, Blanca.

Suéltalo.

Ya pasó.

"¿Qué dirá Úrsula cuando sepa"

la declaración de Cayetana?

Nada más fácil que contárselo para saberlo.

Le voy a mandar un telegrama.

Reaccionará cuando conozca la situación actual de Cayetana.

"Con devoción y afecto, Simón".

-"Fuertes caídas"

en la bolsa.

Justo ahora que necesitaba dinero.

Si es que se me pone todo en contra.

-"Encontré su carta y pensé en sus palabras".

"Tiene que ser valiente y enfrentarse a un vida sin miedos".

-Yo la voy a ayudar.

Encontrará otra gente que la quiera.

-Seré valiente y me enfrentaré a lo que sea.

Te doy mi palabra de que lo que hay ahí escrito es la pura verdad.

-Que Dios te castigue si me mientes.

-Sea.

¿Cayetana Sotelo Ruz?

¿Qué es esto, Úrsula?

¿Una nueva broma?

¿Un ardid?

-Es tu hija,

no lo dudes ni un momento.

-Imposible.

Cayetana Sotelo Ruz es una mujer muy influyente,

conocida en palacio.

Mi hija nació de una criada.

¿Qué clase de embrollo es este?

-Tu hija, por circunstancias extraordinarias,

aunque nació subalterna,

creció y fue educada como una señorita.

Como la legítima heredera

de los que fueron tus propios mecenas, Jaime:

los Sotelo Ruz.

-Es cierto que yo trabajé para los Sotelo Ruz,

antes del pavoroso incendio, sí, eso es verdad.

Su hija fue la única que sobrevivió a aquel incendio

y no es mi hija.

-Lo es.

Tu... barragana

la cambió por Cayetana.

¿Nunca has coincidido con ella

en un baile o en una recepción?

Tú también frecuentas a la regente.

-No, curiosamente, nunca hemos coincidido

en ningún baile o en ningún acto social.

¿Qué clase de excepcionales circunstancias

son las que hicieron que mi hija cambiase de apellido y de suerte?

¿Cómo es posible que...

que Fabiana conviniese en cambiar

el destino de su... de nuestra hija?

-Fabiana no es que conviniera,

es que fue ella precisamente, ya te lo he dicho,

la que cambió su destino.

Aunque probablemente fuera por azar,

escogiste para tu gozo

una criada astuta.

-Te ruego que no emplees conmigo ese tono.

Limítate a relatarme los hechos con el mayor de los detalles.

-Solo constataba una verdad, pero como lo prefieras.

Me ceñiré a los hechos.

Como bien sabes,

la familia Sotelo Ruz

y todos sus criados fallecieron en el incendio

que asoló su mansión.

Todos, excepto Fabiana.

-Excepto Fabiana y mi hija, entiendo. -Así es.

Días después de la tragedia,

Fabiana consiguió que tu hija, vuestra hija,

Anita...

-Ahora Cayetana.

-Que Ana pasara ante las autoridades

por la auténtica Cayetana.

Fabiana creyó

que la verdadera Cayetana había fallecido.

Y así es

como tu hija se convirtió en la heredera

de aquella noble familia.

-¿Sabe ella que es hija ilegítima de los Sotelo Ruz?

¿Conoce su verdadera identidad?

-Eso es un asunto un tanto controvertido.

Creo que es mejor que lo habléis en una conversación

entre padre e hija.

Necesito verla cuanto antes.

Tengo que presentarme y pedirle que...

que me perdone por abandonarla.

-Jaime, yo en tu lugar, me lo pensaría mejor

y, sobre todo, esperaría un tiempo.

-¿Qué pasa? ¿No ha transcurrido el tiempo suficiente

de ausencia entre padre e hija?

-Entiendo tu ansia, pero...

pero tienes que pensar en ella, en tu hija.

-Supongo que se llevará una impresión muy fuerte, pero no podemos evitarlo.

-No, no.

No es solo la novedad por conocer a su padre,

intervienen también

sus actuales circunstancias.

-¿Qué pasa?

¿Está atravesando por dificultades?

-Muchas, y no pequeñas.

A pesar de su holgada posición,

la vida no le ha sido fácil.

La tragedia se ha cebado con ella.

Por relatarte solo lo recientemente acontecido,

te diré que doña Cayetana

acaba de perder un niño,

un niño que ella quería como propio.

Y además,

los restos de su difunto esposo

han aparecido en un paradero equívoco y misterioso.

-¡Dios santo!

Bueno, tal vez yo pueda serle de utilidad en este mal trance.

-Me temo

que no sería así. Ponte en su piel.

En una situación como la que está viviendo, delicada,

aparece de repente un caballero que afirma ser su verdadero padre.

Puede que no lo encaje bien.

Y, sobre todo,

sobre todo, puede ser que eso

enfangue su delicada situación legal.

-Puede que tengas razón.

Sí.

Es tal el ansia que tengo por conocerla,

es tanto el tiempo que he estado aguardando ese encuentro,

que no sé si podré contenerme.

-Te entiendo perfectamente, Jaime,

pero no trunques tus expectativas por la mera ansia.

-Aguardaré.

Aguardaré.

El feliz acontecimiento tendrá que esperar.

Quiero empezar con buen pie la relación con esa hija

a la que he anhelado durante tantos años.

Ponme un café de esos de mi padre.

Anda, a ver si consigue transmitirme un ápice de su suerte.

-¿Y ese tonito de derrota? ¿Qué te ha pasado ahora?

-Me he pasado todo el día buscando un nuevo inversor para mi negocio

y no lo he conseguido. -Si es que solo es negocio para ti.

La gente acaba coscándose. -Que no seas pelmazo,

que ese no es ni por asomo la esencia del problema.

Es que la prensa ha exagerado

el problema de la bolsa y las caídas. -Se habrá enterado

también tu principal inversor.

¿Qué vas a hacer con el coronel?

-¿Hablabas de mí?

-¿De usted?

No, ¿por qué? Estaba contándole un chascarrillo a Antoñito, amigo mío

de la infancia. -A él venía buscando.

-Qué alegría verle, don Arturo.

-Doy por hecho que ha leído la prensa

de hoy.

-Naturalmente. La información es vital en mi área de negocio.

-Entonces sabrá que la bolsa ha sufrido una bajada enorme,

tanto en valores como en volumen de negocio.

-No, por Dios, no se deje llevar por lo que escriben esos plumillas.

En este país, los mismo analfabetos que escriben

sobre hecho cotidianos, son los que escriben sobre finanzas

y sobre los entorchados del brigadier.

-No me interesa

el funcionamiento interno de los periódicos,

solo me preocupa la inversión que he hecho en bolsa.

-Su dinero germina como semillas en primavera, coronel.

-No me dore la píldora.

Hasta los grandes capitales

se han visto damnificados.

-Tranquilícese, que su dinero

está en muy buena manos.

-¿Va a querer tomar algo, don Arturo?

-No, no, gracias.

-Antoñito, no me malinterprete,

pero como sus palabras no concuerdan con las opiniones de los periódicos,

me gustaría que me demostrara esa aseveración suya.

sobre la buena salud de mi capital.

-Precisamente había pensando en darle una prueba

de lo que estoy obteniendo con su inversión.

-¿Ah, sí? -Ajá.

-¿Qué prueba?

-Como me temía que tanto usted

como tantos otros se alarmarían por las noticias de la bolsa,

he convertido en líquido parte de sus beneficios.

Perdone mis dudas, hay tanto charlatán por ahí, ¿verdad?

Ahora me quedo mucho más tranquilo. Ha sido un placer.

-Con Dios, don Arturo.

¿Tú te has vuelto loco?

Este hombre va a volver a entrarte mañana, y pasado y al otro.

-Bueno, cada problema a su tiempo. Hoy es hoy.

¿Quiere un vaso de leche tibia? Puedo calentárselo en un minuto.

-Agradecida, pero no, no se moleste.

-¿Le duelen?

-Los zapatos me han hecho rozaduras.

No tenía suficiente dinero para el cochero

y tuve que andar un trecho.

-Vamos, siéntese. Siéntese, por favor.

-Gracias.

Lo que sí que... ¿Me podría dar un poquito de agua?

-Claro, claro.

Gracias.

-Voy a ver, porque creo que las muchachas

guardan en algún sitio un ungüento para las heridas.

A ver, déjeme que le aplique el ungüento.

Ah, perdón, perdón, tendré cuidado.

-No, no es eso. Es... No, si no me duele.

Pero...

le pareceré una tonta, pero es que no estoy acostumbrada

a que me toque nadie.

-Lo siento, lo siento, sor Adela,

y menos un hombre, soy un bruto.

-No, no, no es eso.

Es que no está familiarizado con las normas del convento.

Traiga, mejor me lo doy yo.

¿Sabe? No... no dejo de pensar en lo que he dejado atrás.

No estoy segura

de si he obrado bien dejando así la clausura,

de una manera tan...

tan rápida.

-Ha sido usted valiente,

ha visto el mundo

y ha decidido formar parte de él.

Aquello no era vida.

-Era mi vida. -Y será suya la que viva en adelante.

-No lo sé, estoy perdida, Simón.

Yo no... no conozco nada

de la vida extramuros. ¿Y si no consigo jornal y mantenerme?

¿Y si la madre superiora vuelve a por mí

o si mi padre...? -No se atormente con tanto "y si...".

Poco a poco. Cuando lleguen los problemas, los afrontaremos.

Coja fuerzas pensando en todo lo bueno que le espera.

Por ejemplo, y solo para empezar,

podrá encontrar a Carlos,

su amor truncado.

-Anda, "coñe", la monjita. ¿Qué hace aquí?

Simón, ya sabes que hay que pedir permiso.

-Y, precisamente, por eso necesito tu ayuda.

Adela ha dejado el convento

y necesita un lugar donde cobijarse.

Ayúdame a convencer a las demás para que pueda

quedarse a dormir aquí.

-Bueno, si soy molestia o motivo de disgusto, mejor me marcho.

-Hombre, no, espere, espere. No adelantemos acontecimientos.

-Hermana,

ya sabe el Simón que, si por mí fuera, le dejaba mi catre.

Solo que es que aquí... -Lolita,

no le has visto los pies. Viene caminando del convento

hasta aquí. Está herida y agotada.

Y ya no son horas para buscar una pensión.

-Y menos una pensión decente. Que no la podemos meter

en cualquier sitio. -Tú misma lo has dicho.

Solo será una noche.

¿Nos vas a ayudar?

¡Uy! Seré tonta... Me he dejado la mermelada en la cocina.

Pero no te preocupes,

no tengo apetito. ¿Por qué sirves tú? ¿Y Carmen?

Porque yo podía atenderla le ha dado la mañana libre.

Ay, no sé dónde tengo la cabeza. Normal.

Anda que no habrás pasado nada esta noche...

Menudo trago.

Pero bueno, lo cortés no quita lo valiente.

Come un poco, anda,

hazlo aunque sea por tu madre.

Ni siquiera sé cómo ha caído la noticia entre los vecinos.

Es posible que no me queden amigas. No será así.

Pero aunque lo fuera,

si esas señoras se las quieren dar de remilgadas,

siempre puede contar con nosotras, las del altillo.

Sí, supongo que tendré que acostumbrarme.

Ellas son ahora mis allegadas,

soy hija de una criada y supongo que mi sitio está ahí arriba.

Usted siempre será una señora, no tiene que ver que yo la pariera.

Te criaste como una dama y dama eres.

No sé si la sociedad también lo verá así.

Lo dudo mucho. De todas formas,

no he anunciado eso para descender en la escala social,

sino para ganar un poco de tiempo.

¿Tiempo para qué?

Cosas mías, Fabiana.

Además, que no creo que convenga que andemos hablándonos de madre e hija.

No demos carnaza al enemigo.

Claro, claro. "Pa" chasco que sí.

Que yo estoy de su parte, no hay duda,

utilizando el tratamiento o llamándole hija. Confíe en mí

como criada o como madre.

Cuénteme lo que se le venga a la mollera,

que dos seseras cavilan mejor que una.

(Puerta)

Don Ramón.

Espero no haberme presentado demasiado temprano,

tenía prisa por hablar.

Supongo que ya le han llegado las noticias.

No son plato de gusto, ¿verdad?

Me fui imposible acudir a su convocatoria,

pero las noticias vuelan.

Y eso precisamente venía a decirle.

Mi trato hacia usted no va a cambiar.

Y, por supuesto, cerraremos la tasación del colegio.

Aquí tiene usted este cheque

que confirma mis palabras.

Se lo agradezco mucho, don Ramón.

Pero siéntese. ¿Quiere una taza de té?

Gracias.

No me hago cabal idea de lo que ustedes dos han tenido que sufrir

a lo largo de estos años. -Fue todo culpa mía.

Fabiana, no es hora de imputar responsabilidades.

Tráele una taza a don Ramón, por favor.

Le agradezco mucho su actitud, don Ramón.

La verdad es que no tengo idea de cómo será mi relación

con los que han sido mis amigos.

No voy a andarle con paños calientes, doña Cayetana.

Usted sabe tan bien como yo que la cuna

aún tiene mucho predicamento.

Y no digo yo que no tenga que ser así.

Hay que aceptar la realidad como es

y no como nos gustaría. He estado viviendo

una vida que no me correspondía

y ahora me toca iniciar una nueva e incierta existencia.

Le deseo a usted mucha suerte. No, hace mucho más que eso.

Podía haber dado por ilícito nuestro pacto. Y, sin embargo,

hace todo lo contrario:

cierra el trato.

Su dinero va a ser para mí el puntal más importante para iniciar

ese arduo camino. Yo solo he mantenido la palabra dada.

Sí. Pero podía haber esperado a que fuera Teresa la propietaria.

De hecho, es lo que ella pretende:

quedarse con todo mi patrimonio, ¿no cree?

Ahora es la justicia la que tiene la última palabra.

Esperemos que acierte.

Siempre ha sido usted un hombre ecuánime.

Don Ramón, sé que usted y yo hemos tenido nuestros roces,

¿pero quién no los tiene siendo vecinos?

Pero quiero que sepa que siempre le he visto

como un hombre honesto, cabal,

todo un caballero.

¿Ha podido bosquejar dónde dará los primeros pasos?

No, no, la verdad es que aún no.

Pero creo que lo mejor será partir

y empezar de cero en otro lugar.

Le deseo lo mejor adonde quiera que vaya.

Mucha suerte, doña Cayetana. Gracias, don Ramón.

¿Y saben cómo va avanzando

la investigación? No tenemos noticias recientes.

Mauro se marchó temprano, pero no ha regresado.

Pues no pinta bien la cosa.

Si hubiera algo que contar, habría corrido para decírselo.

No me extraña,

Cayetana es capaz de todo ardid por manipular la investigación.

Es que esa mujer siempre se sale con la suya.

Veo que a usted tampoco le ha engañado.

No sé adónde quería llegar con la revelación de su identidad,

pero a mí me suena a estratagema.

Supongo que querrá ganar tiempo, desviar la atención,

incluida la Policía.

Hay que ver cómo se comportan sus amistades y apoyos.

Hombre, Pablo, me alegro de verte.

Hola, mi amor.

Traigo buenas nuevas.

Las relaciones de Cayetana le dan la espalda.

Al menos, muchas.

Parece ser que no ha sentado bien saber

que era una impostora.

Ahora, sus antiguos contactos dudan de su palabra.

¿Te lo dije o no te lo dije, mi amor?

Lo reconozco, dijiste que se romperían los lazos.

Y con esta situación, ¿qué acciones van a tomar?

Ahora, tenemos que esperar, solo un poco más.

De momento, el juez,

libre de presiones, ha decidido autorizar la autopsia a Germán.

Y si se confirma que es homicidio, podremos acusar de él a Cayetana.

Quiero que todo termine pronto.

Paciencia, mi amor,

lo vamos a conseguir,

esta vez, lo vamos a conseguir.

Servando, tenga usted cuidado, no se vaya a lisiar

la espalda de estar ahí apoyado. -Y tú no sufras por las salud

de los demás.

¿Has visto a la señora Carmen? -Pues no. ¿Por qué lo pregunta?

-¿No la oísteis ayer?

Parecía afligida con lo de doña Cayetana.

Bueno, y eso me extrañó, porque la lleva sirviendo

desde anteayer, como aquel que dice. Hasta se puso

en su pellejo, en el de la doña. -¿Adónde quiere llegar?

-Pues porque yo le doy a la mollera sin parar,

eso lo sabéis vosotros,

y me ha estado rechinando y rechinando la noche entera.

-Uy, claro que sí, Servando. Le hemos escuchado desde la cama.

Chirriaba como una rueda sin engrasar.

-No, no, y he llegado a la conclusión

de que puede ser

que Carmen no sea lo que parece.

-Venga ya, Servando.

Culo veo, culo quiero. Como doña Cayetana no lo es...

-Ni siquiera doña.

-Eso. Se piensa usted que todo el mundo es un falso.

-¿Y qué culpa tengo yo

de que en este terruño crezcan los impostores

más que los limones en Murcia?

¿Acaso... acaso no la habéis notado nada raro?

¿Acaso no os parece que no se parece a una criada?

-Eso lo dice porque se piensa que toda las criadas somos ignorantes.

-Que no, que no, vamos a ver.

Yo lo digo por el desconocimiento absoluto que tiene

de las labores más ordinarias, verbigracia, más comunes.

Yo la he visto que no sabe fregar el suelo.

Bueno, y no sabe calentar la plancha.

Hasta tú dijiste que bordaba como una señora. ¿Y el raro

soy yo?

-Tuve que enseñarle a limpiar cristales.

Y vi a la señora Fabiana explicarle

cómo se pulía la plata y cómo cocinar

un caldo de gallina. -¿Ves?

Mi intuición es certera como un flecha.

A mí me da que esa ciudadana huele a chamusquina.

Y además, habla muy finolis.

Pero si es que usa servilleta. No, no, no,

no se limpia

con la manga como los demás, no, señor, ella servilleta

para los morros. A mí no me la da, eh.

A mí no me la da, que aquí hay felino "encerado".

-Querrá usted decir "felino encerrado".

-Querrá decir gato encerrado.

-Eso. Gato encerrado, que es para lo que está usted,

para que lo encierren.

-Bueno...

Martín,

ten cuidadito con tu costilla,

que ya empieza a corregirme hasta el habla.

Que se empieza por ahí

y se termina fingiendo que una es una señora.

-Ya.

Lolita, ven aquí un momento, por favor.

Cuéntame.

¿Qué se dice en el altillo de Fabiana y de su hija misteriosa?

-Ay, pues le hemos estado dando vueltas y cualquiera

habría hecho lo mismo: salvar a su hija de esta vida.

-Sí.

A mí también me parece fetén. Ya ha tenido que echarle agallas.

-Una madre por sus hijos

hace de todo, pecados y lo que haga falta.

-Bueno, veremos a ver qué tal la va la cosa.

¿Se comportarán como madre e hija?

Porque, al parecer,

Fabiana ayer se quedó en casa

de Cayetana. -Uh, mejor,

no estaba el altillo para bollos. -¿Por qué?

¿Qué habéis hecho? -Trillar la alfalfa, no te digo.

"Na", no hicimos "na".

-Que te conozco, bacalao.

Suéltalo, no te queda otra.

-Si es una "tontá".

Pues que la monjita se quedó a dormir.

-¿Sor Adela? Pero si yo pensé que había vuelto

al convento. -Se fue y volvió como las cigüeñas.

Entre usted y yo,

para mí que huye de la clausura como gato escaldado.

Me lo dijo Simón, que la trajo.

-Me da que esa hermana está confundida.

-Para mí también. Pero fui yo la que le dijo al Simón que la ayudaría.

Doña Trini,

¿cree que echarle un capote a una monja escapada, es pecado mortal?

Como está casada con Dios...

-Dime que he oído mal, Lolita.

-No puede ser verdad que ayudarais

a sor Adela a escapar y la tengáis escondida. Eso es pecado mortal.

Madre mía,

cuéntamelo todo, imprudente.

Quiero que me cuentes todos los detalles, todos.

Tenga.

Échese esta manta de viaje por encima.

Debe usted confiar en mí.

Solo trato de ayudarla.

-Hola, hijo.

¿Cómo se encuentra hoy?

-No se lo tenga en cuenta, ha sufrido mucho.

Tengo la sensación de que desconfía de todos y de todo.

¿Ha hablado con Úrsula

sobre el altercado que tuvo con Blanca?

-Sí, lo he hecho, hijo.

Ella cree que todo puede deberse a que has malinterpretado

la situación.

-No, padre, no cabía ninguna mala interpretación.

Esa mujer provocó a Blanca, probablemente para llevarla

de nuevo al sanatorio. ¿No ve que nos maneja a su antojo?

O, al menos, lo intenta.

¿Dónde está? Que me diga a la cara que malinterpreté su vileza.

-No, no está en casa. Ha recibido un telegrama

y se marchado.

-¿Lo ve? Más aspectos oscuros.

Nos engaña. A usted también, que es su marido.

No tiene mesura

ni compasión.

No quiere a su hija, imagínese a mí,

incluso a usted, no quiere a nadie.

-Lo sé, hijo, lo sé.

Pero también sé que todo esto se acabará pronto.

Un poco de paciencia, de verdad, Samuel.

Pronto verás que desaparece de nuestras vidas.

-Espero que esté usted en lo cierto, el negocio empieza a resentirse.

Por cierto,

estas cartas son de algunos clientes.

Algunos se quejan de que no han recibido respuesta

a otra carta.

-Esta es de un colega alemán.

Vamos a ver qué dice.

Vamos a ver.

No entiendo por qué no se preocupan

en escribirnos en español.

-La mandaré al traductor hoy mismo.

-Oye, ¿has escrito a nuestro proveedor de mercurio?

Quizá la semana que viene

necesitaremos la amalgama.

Quiero hacer pruebas y... y dorar plata.

-La carta ya se encuentra en correos.

Me alegra ver que vuelve usted a pensar en nuestras piezas.

-Por viejo que me vuelva, Samuel,

jamás dejaré de ser joyero. -¿Viejo?

Ya quisieran nuestros colegas tener la mitad de imaginación que tiene

para crear combinaciones nuevas.

-"Estimados señores,

hemos tenido conocimiento de la calidad de sus joyas,

de la merecida fama que han alcanzado,

incluso aquí, en Alemania".

"Es por eso que queremos pedirles nos envíen su catálogo

para hacernos una idea general de su arte".

"Sin embargo, las piezas que buscamos

han de ser diseños originales y exclusivos".

"Una vez hayamos decidido qué tipo de joyas deseamos,

les enviaremos, junto con el pedido,

un adelanto sobre el precio final".

¿Pongo estos vestidos en la maleta, señora?

¿Se encuentra usted bien?

Sí, sí, Carmen. Gracias.

Entiendo que estés desconcertada por los últimos sucesos,

pero tranquila, que la sangre no va a llegar al río.

Agradezco mucho tu lealtad y tu discreción.

Jamás me permitiría traicionarla.

Bastante bien me hizo contratándome

cuando no tenía otra cosa.

Terminaré sus maletas.

El dormitorio está casi arreglado.

Gracias, Carmen.

(Puerta)

Doña Celia, señora.

-He sabido por don Ramón que te marchas.

Ahora que todos conocemos tu origen y que te marchas, creo que tenemos

una conversación pendiente.

Estás agitada, mi amor.

No me concentro. Y no lo haré hasta que reciba noticias.

Bueno, tómatelo con paciencia.

No vamos a conocer los resultados de un día para otro.

(Puerta)

¿Se puede pasar, señor?

¿Qué quiere usted?

Vengo a hablar con doña Teresa.

Déjala pasar, Mauro.

¿Qué quieres hablar, Fabiana?

¿Crees que te mereces que te reciba?

No me arrepiento de nada de lo que he hecho.

Si dije a doña Cayetana que Vd. diría quién era,

lo hice porque es mi hija y a ella me debo antes que a nadie.

Puedo entender a una madre, Fabiana,

pero no hago tratos con la madre de una asesina.

Y está usted en su derecho.

Pero déjeme que le cuente un acontecido.

Cuando ustedes dos eran niñas,

usted y Anita,

yo las trataba a las dos por igual,

con el mismo afecto, aunque no fuera nada mío.

Yo las quería

a las dos.

¡Maldito incendio!

Me abandonaste en ese incendio. Mentira.

Yo no la abandoné.

Creí que la había diñado, eso sí,

pero no lo hice aposta.

Y lo que hice luego no fue fácil.

No sabe usted lo que me costó decidirme

llamar a mi hija como usted.

Y lo peor: lo mal que he vivido desde aquello.

Yo nunca tuve una hija.

Por mi culpa, sí,

para darle a ella lo mejor,

pero yo perdí a mi criatura.

Si buscas mi perdón, aquí lo tienes.

Te perdono.

Más no puedo hacer.

Usted me cree, señora, ¿verdad?

Yo no la dejé quemarse.

Te creo, Fabiana. Sé que eres una buena mujer, eso se nota.

Pero eso no quita para que todo haya salido mal.

Cayetana creció y se convirtió en un monstruo

e hizo del nombre de Cayetana sinónimo de maldad.

Y fue capaz de los peores crímenes. Habrá hecho cosas, sí,

pero ella no mató a Tirso ni a don Germán.

Claro que los mató, Fabiana.

Y también a Manuela.

Y no olvide a la pequeña Carlota. Falso.

Eso no es posible.

No es verdad.

La justicia le dará la razón a usted o a mí.

No pierda la bondad que atesora.

No se vuelva usted como a quien pretende condenar.

Celia, deja de preguntarme cuál va a ser mi nueva vida

y dónde la voy a vivir. Habla por lo que has venido.

¿Tienes algo que reprocharme?

¿Te avergüenzas de ser mi amiga? Al contrario.

Has sido la amiga que más ha influido

en mi vida. Siempre te he admirado.

Celia, siento mucho si he sido cruel contigo a veces,

si me he aprovechado de tu bondad.

Quiero que sepas que te quiero,

que te quiero mucho.

Y que sé que eres la persona que más cariño me ha dado aquí.

Te pido disculpas por el daño que te he hecho.

Perdóname tú a mí por no saber defenderte como debiera.

Pero las acusaciones contra ti son... tan grandes

y tan abrumadoras... Bueno,

ahora aparece la verdadera razón

de tu visita. Sí.

Porque Mauro está tan seguro de sus acusaciones

que ni yo puedo contradecirle.

Pero si de verdad

estás tan lejos de esos horrores,

dame pruebas,

dame argumentos.

¿Verdad que no mataste a Triso, ni a Germán, ni a Manuela,

ni a Carlota?

Ojalá hablaras

y pudiéramos volver a ser amigas, como antes.

Celia,

deja de atormentarte.

Pronto vas a ver que Úrsula es la culpable

de todos eso crímenes.

Pero da igual lo que yo te diga si la Policía me sigue acusando.

Ojalá hubiera aprendido más de tu bondad,

de tu dulzura.

¿Qué? ¿Cómo llevas el día, Maritornes?

-Bueno.

-Pues... yo no.

No consigo que mis negocios corran sin obstáculos.

Los inversores se resisten, es como si fueran inmunes a mis palabras.

-No me extraña.

-¿Es que no podemos hablar con normalidad?

¿No podemos contarnos las cosas?

-Ya se lo dije ayer.

No insista más o me tendré que marchar de esta casa.

-Con esa actitud no solo me castigas a mí,

nos castigas a los dos.

Porque a los dos nos gusta reírnos,

¿no?, charlar, estar juntos.

¿Por qué te empeñas en negarlo?

-Piense lo que quiera.

-Pues en eso estoy, Lolita.

Porque me gustas.

Cando me haces caso y te noto a gusto,

me gustas.

Haces que me olvide de todo y que no quiera estar en otra parte.

-A palabras

no hay quien le gane.

-Pero no seas tan seca. Dame mecha, que me apago.

-La mecha para los cohetes de las fiestas. Agur.

-Mírame a los ojos.

Ahora, miénteme.

¿Ha pasado algo?

-No.

Por desgracia, no ha pasado nada.

-Es cabezota mi paisana, ¿verdad?

-Y poco vivida.

-Pero a ti te gusta.

-Con todo el cariño del mundo,

doña Trini, no quiero hablar de esto con usted.

-Bueno,

tampoco tiene importancia.

Pero sé todo,

sé que le pediste una cita a la que no acudió.

Pero descuida,

no se lo diré a tu padre. Ahora, no me quedaré de brazos cruzados.

-¿Y qué piensa usted hacer?

-Nada que contradiga tus intereses.

Tienes que entender que la pobre muchacha

no se ha visto en otra como esta.

Y... habéis nacido en mundos

muy distintos, opuestos diría yo. Y es muy difícil

el juntarlos.

-¿Y qué quiere, que renuncie?

-No, no, nada de eso.

Solo te estoy pidiendo un poco de paciencia,

que le des confianza y que comprendas

que ella viene de otro sitio.

Antoñito,

yo conozco Cabrahigo como Lolita o mejor.

-¿Usted podría contarme cosas de Cabrahigo y así poder

amoldarme a ella? -Naturalmente.

Verás, Cabrahigo es como... como el paraíso,

pero tiene una ventana abierta al infierno

de la ignorancia. Y Lolita ha eliminado

muchos prejuicios, pero sigue siendo sencilla

y le gusta que los que la pretendan no se crean más listos que ella.

Gracias, Adela.

-Gracias a usted, doña Celia.

-Pase, Simón.

Estábamos charlando Adela y yo.

Me ha ayudado con unas cajas que traía.

-Lo siento, señora, mi ausencia es inexcusable.

Permítame.

-No, Simón, no se preocupe,

si nos ha servido para conocernos, ¿verdad, Adela?

Adela me ha explicado

sus razones para dejar el convento y regresar.

Y la entiendo,

ya lo creo que la entiendo.

Sé por qué se siente abrumada.

-Gracias, señora.

-Ahora, a organizarse.

Lo primero que hay que hacer

es encontrar una pensión. Requerirá dinero.

¿Qué dice Susana? ¿Le dará trabajo a Adela?

-Lo siento, lo siento, señora, hablé con ella

y se negó a admitirla. Teme al qué dirán

y a la jerarquía eclesiástica.

-La entiendo perfectamente. El párroco y la madre superiora

no se lo perdonarían nunca.

-Ya se nos ocurrirá algo, seguro.

-No hace falta que le den vueltas.

A mí no me importa que se quede en mi casa todo el tiempo

que quiera, hasta encauzar su vida.

-¿Haría usted eso por mí? -No.

No, no, no.

Muchísimas gracias, y lo siento mucho, pero no lo permito.

No se exponga usted al qué dirán.

Yo pagaré la pensión de Adela.

-Simón, la acogeré encantada. Yo también

he cambiado de vida y se sufre.

Una monja no se hace a la vida cotidiana fácilmente.

Va a necesitar toda nuestra ayuda.

Y será mejor aquí que en una pensión.

-Agradecida, doña Celia. Rezaré por usted

todo lo que sé.

(Campanilla)

Bueno, Servando, ¿para qué nos ha hecho llamar,

para que le veamos faenar por una vez en su vida?

-No. Os he citado aquí para comunicaros

una idea que he ideado, que es lo que hago cuando ideo ideas.

-Vamos, que me va a caer más faena encima.

-Esta vez no, subalterno.

Os pongo en antecedentes. En el barrio

hay un viuda y un casado

que tienen un romance. -¡Arrea!

¿Y los conocemos? -Bueno, de vista,

pero lo importante no es el adulterio,

es que, al parecer,

ellos se encuentran en la terraza

de la chocolatería, por separado

y se citan por señas.

-¿Qué señas? -Las que se hacen con el abanico.

¿O tú no sabes que hay un lenguaje y una gramática del abanico?

-No. -Que sí, Martín, que sí.

Pero es un habla que solo entienden las doñas.

-Pues ahí quería yo llegar.

Quiero desenmascarar de una vez a Carmen.

-Servando, es usted un pelmazo.

Haga el favor ya de dejar en paz a la "señá" Carmen.

-No, no puedo. Es mi labor

como portero a todos los de esta finca

de falsarios, de impostores

y de ladrones. Y tenemos,

tengo, tenemos todos que saber

quién es y qué quiere esta tal Carmen.

-¿Qué va a querer?

Vivir, como todos, eso quiere.

-Bueno sí, pero conmigo no. Y que no viva con malas mañas.

Yo la desenmascararé, ya lo veréis.

-¿Hablaba usted de mí, Servando,

que todos callan? -Bueno, sí y no.

Hablaba del lenguaje del abanico. ¿Usted lo conoce?

-Sí, claro. Es cosa bien hermosa.

-Claro, ¿cómo no lo va a conocer?

¿Y... y podría ayudarnos

a descifrarlo? -Tengo mucha faena.

Ya hablaremos.

-¿Lo veis? ¿Lo estáis viendo? El lenguaje de los abanicos

solo lo conocen la señoras, luego... -Luego, es posible

que la "señá" Carmen haya faenado en una casa

donde se habla con lo abanicos como por los codos.

Me da a mí que está engordando un vaca sin pienso, Servando.

-Bueno, Casilda, para mí

que lleva algo de razón, eh. -Mira,

yo os dejo con vuestras sospechas trasnochadas.

Da igual lo que diga

tu parienta, yo no me apeo de la burra y le voy a poner

una trampa a Carmen de la que no va a poder salir.

-Tenga cuidado, que tiene sospechas, no certezas.

-Yo la desenmascararé como que me llamo Servando Gallo,

y sabremos, mañana mismo,

quién es verdaderamente doña Carmen.

(Puerta)

Por fin apareces, Fabiana.

¿Qué hace aquí?

¿No vas a invitarme a entrar,

Anita?

¿Puedo quitar ya la mesa, don Ramón?

-Sí. Y nos sirves el café en la mesita. Gracias.

-¿Os cuento una cosa?

He pensado en llevaros mañana al teatro.

¿Os apetece?

-La verdad es que tengo la tarde comprometida

con reuniones. Los negocios mandan, querida.

-¿Y tú, María Luisa?

-Yo tenía pensado pasear con Víctor, que, últimamente, no nos vemos.

-Pues yo, si no os importa, también voy con vosotros.

Que me ahogo un poco en esta casa.

Ah.

Que... que... me he mordido.

-Vaya, Ramón.

Parece que nos quedamos solos.

-¿No podrías acompañarme al teatro? Siempre te ha encantado.

-De acuerdo.

Me va a resultar harto complicado cancelar todas las citas,

pero, si me lo pides así, iré.

Y además, tienes razón, me encanta el arte de Talía.

María Luisa, ¿no podrías hablar con Víctor y que nos acompañe?

Me haría ilusión.

-Mire que es usted insistente, Trini.

Se lo diré. No creo que tenga problema en dejar

la chocolatería sola una tarde.

-Perfecto. Mañana iremos al teatro. Lo vamos a pasar requetebién.

-¿Y yo qué hago?

-Ya veremos.

Lolita,

mañana, aprovechando que no vamos a estar,

me gustaría que hicieras una limpieza a fondo de la cocina,

un buen repaso.

-Como diga, doña Trini, pero vamos,

que yo siempre limpio a fondo, para que lo sepa.

-No, no, si no me cabe la menor duda, Lolita.

Solo quiero que mañana aproveches muy bien tu tiempo.

-Que obedezca.

-¿Vienes a tomar café a la mesita, hija?

-Claro que sí, padre.

¿Y sabe usted dónde irá doña Cayetana?

-No, nadie parece saberlo. A ver si es verdad

que se marcha. -¿A qué vienen las patadas,

los guiños de ojos y todo eso?

-Que te calles, simplón.

La idea es que no vayas al teatro.

-¿Pero y eso por qué, si se puede saber?

-De verdad, los enamorados

sois más cortos que el arroyo de Cabrahigo.

Se trata de que te quedes solo

en esta casa, todo para ti.

-Parece mentira que no sepa que no me gusta estar solo.

Me aburre la soledad. Soy hombre de acción.

-No, tú eres un pánfilo.

A ver, la idea es que te quedes

a solas con Lolita. Será como una segunda cita,

otra oportunidad para el amor.

-Ya, pero, por lo que yo he podido colegir,

Lolita no está en el ajo.

Luego, no es una segunda cita.

A lo mejor no quiere

hablar conmigo o...

No quiero que me dé otro puñetazo. -Eso no va a pasar.

-¿Y cómo lo sabe?

¿No será más fácil dejarse de complots

y hablar con ella, que es la interesada?

-"Nanai". Si se lo preguntas, se va a negar.

¿O no se ha negado a todo lo que le has pedido?

Pues ya está. Aprende de la experiencia, tontorrón.

Para quedaros a solas, hay que engañarla.

Pero tú tranquilo,

que todo lo hacemos por tu bien, todo por tu bien.

Cuántos recuerdos me traen estas estancias.

Estaba tan convencida cuando me torturaba

de que nunca más me vería viva.. Déjese de pamplinas.

Usted debería saberlo mejor que nadie:

bicho malo nunca muere.

¿No va a invitarme ni a sentarme? Hable de una maldita vez.

He sabido que ya no hay secretos en su vida,

que ha proclamado su identidad a los cuatro vientos.

Váyase de esta casa, nunca debí dejarla pasar.

¿Y si le ofrezco

una salida a todas sus cuitas?

Le he dicho que se marche. ¡Ahora!

No se haga la dura conmigo.

Sé que su situación es desesperada.

Sé que necesita tiempo para no perder lo que ha conseguido con su lucha.

Cuando me tuvo usted secuestrada,

le ofrecí un trato,

un trato que usted rechazó.

Ahora, le ofrezco sin rencor

otra oportunidad.

Puedo ayudarla.

¿Qué pasará luego, mi amor,

cuando todo esto termine?

A mí me gustaría vivir cerca del mar.

Nunca lo he visto, pero me han contado

que contemplar esa enorme extensión de agua

te produce una intensa sensación de paz.

Y creo que sería un buen lugar

para criar a nuestro hijo.

Pues te prometo conseguir una casa junto a la orilla.

Mira que eres cenizo. Con todo lo que te he contado sobre Cabrahigo,

Lolita caerá rendida a tus brazos. -Mientras no me dé

otro puñetazo, vamos bien.

-Mira que eres sieso, eh.

Antoñito, confía en mí y déjate llevar,

que no te he contado mi arma secreta para conquistar a Lolita.

Debo salir a hacer unas gestiones.

-Mi padre gusta del sándalo.

¿Le gustan los perfumes?

Luisa, por favor, prepárale un baño de sales

a la señorita.

-Dele todos los perfumes y aceites que ella desee.

No dude en pedir todo lo que necesite.

-"Lo siento mucho,"

no quería contrariarla. -Se ha lucido.

Vuélvase por donde vino.

¡Le prohíbo entrar en la iglesia! -Susana,

por Dios, no puedes prohibirle eso. -¿Cómo que no?

Me voy a quedar a la altura del betún.

Yo le convencí para quedarse unos días en Acacias, por ahí no paso.

-Es normal que Adela esté agradecida, pero me temo que dé paso a otra cosa

y que Simón, aturdido pena la pena de Elvira, no se dé cuenta.

-Lees demasiados folletines. -Ay, Víctor,

no te chancees de mí.

Simón se ha refugiado en su amistad con Adela de manera enfermiza.

-Tengo que hacer lo que debo.

-Sí, sí, es su elección y yo no soy quien para cuestionarla.

Pero dígame sinceramente...

Sor Adela...

¿Es eso lo que quiere?

-Mis deseos no importan aquí.

Me da a mí que doña Trini tiene que ver con esto.

Menuda encerrona me han montado.

-Espero que no te moleste, que no quiero otro puñetazo.

-Que no está bien engañarme así, de estas manera. Estoy disgustada.

-No lo tomes a la tremenda. Solo te pido

otra oportunidad.

Espero que pase pronto todo esto y pueda descansar.

De hecho, ayer estuve hablando con Cayetana.

Me despedí de ella.

Va a marcharse.

Está destrozada.

No sé si creerla. Estoy segura

de que está fingiendo.

¿No se tratará de otra de sus tretas?

-No sé lo que hayas podido llegar a hacer en tu vida,

pero no tienes ninguna culpa

de que Fabiana cambiara tu identidad.

Yo era solo una niña.

Ni siquiera pienso que ella la tenga.

¿Quién no quiere lo mejor para sus hijos?

"Yo solo espero"

que ella reciba su castigo.

Es muy posible que pronto lo sepamos.

Por ahí vienen el comisario y Felipe.

Tenemos noticias que darles.

Hemos terminado el análisis de Germán y los resultados son concluyentes.

Se han encontrado restos de veneno,

el mismo veneno que Cayetana guardaba en su casa.

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  • Capítulo 573

Acacias 38 - Capítulo 573

03 ago 2017

Úrsula, después de revelarle la identidad de su hija, le pide tiempo a Jaime: Cayetana no está en el mejor momento para aceptar el regreso de su padre desaparecido. Antoñito logra tranquilizar a Arturo dándole el dinero que tenía preparado para Felipe. Tapa un agujero abriendo un boquete. Simón se hace cargo de Adela: hay que encontrarle un trabajo y un alojamiento. Susana se niega a reaceptarla en la sastrería, pero Celia accede a que la monja se quede en su casa. El juez autoriza la autopsia de Germán al perder Cayetana los apoyos de sus amigos poderosos. Cayetana comienza a despedirse de la gente del barrio, se marcha para siempre de Acacias. Pero Úrsula le ofrece una oportunidad para salvarse. Jaime y Samuel descubren que el pasado de Blanca alberga muchos más secretos de los que sospechaban: la muchacha habla con fluidez distintos idiomas. Trini ofrece su ayuda a Antoñito para conquistar a Lolita tal y como se hace en Cabrahigo.

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Añadir comentario ↓

  1. Jessica fernandez arias

    Descansa alej alejandra meco manchena el día 10 jueves de agosto tienes que hacerte tu maleta para viajar al Hinojosas de calatrava ciudad real Castilla la Mancha España estamos de vacaciones

    05 ago 2017
  2. Vanessa Pagan

    En el proceso de aplazar el final de Acacias 38, las escenas absurdas estan a la orden del dia. Tengo amistades que se han dado de baja en su audiencia.

    05 ago 2017
  3. Inma Grima

    A los guionistas. Informense sobre la religión en aquel tiempo y en España. No es que la Biblia ,no la leian ni las monjas es que no se podía ni mencionar la palabra biblia, España había sufrido la persecución de la Inquisición donde quemaban a los que tenían una biblia y a los que la leian. Si alguien leia de la biblia se tenía que confesar como que había cometido un pecado. Revisen los conocimientos de ese tiempo y no nos hagan creer como natural algo que estaba .

    05 ago 2017
  4. Jessica fernandez arias

    Manchega Jessica

    04 ago 2017
  5. Lilian

    Ahora resulta que la monja esta majara

    04 ago 2017
  6. Vivian38

    Úrsula: la esposa modelo, amorosa, veraz y consejera. Debería asociarse a Antonio por lo bien que administra. A que Don Jaime acaba queriéndola. Van a buscar a Adela antes que en ningún lugar en Acacias. Que se vista de civil. Fabiana no es perfecta, pero muestra grandeza al disculparse con el altillo y con sus hijas, la natural y la de crianza. Su amor maternal, sea de usted o sea de tú, es igual de intenso. Y supo enterrar en el alma de Teresa una espinita muy especial. Bravo por Don Ramón, quien reconoce la dignidad por encima de clasismos. El patrimonio de Cayetana no debe provenir exclusivamente de los Sotelo, pues es poseedora de bienes propios provenientes de su condición de dama dos veces viuda de los hermanos De La Serna. A que Servando encuentra la verdad sobre Carmen. Si ella ha seguido con fidelidad y gratitud al servicio de Cayetana a estas alturas es porque se identifica con su situación. María Luisa no tiene porqué estar criticando a la cabrahiguense. Ya debe llegar el momento en que Jaime le diga la verdad a Samuel. Cayetana no debiera informar que se va ni alternar con nadie. Celia pide evidencias de inocencia pero va prejuiciada; no podrá guiar sino juzgar. Sorprende que Cayetana reciba a Úrsula. Y más aún, que ésta entre otra vez al barrio como si nada. Úrsula intenta hacer las paces para explotar su reciprocidad tóxica con ella. El veneno en la casa de Cayetana tendría que ser relacionado con ella irrefutablemente como medio usado para matar a Germán.

    04 ago 2017