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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 560 - ver ahora
Transcripción completa

Vamos a publicarlo.

Eso es estupendo.

He ido a la imprenta y haremos una pequeña tirada,

poco más de 20 ejemplares.

Sé que no es mucho lo que he ayudado, pero...

No diga eso, lo que ha hecho

es mucho para mí. -"He hablado con doña Susana"

y me ha propuesto homenajear a la memoria de Elvira.

-Me parece buena idea.

Cuenta conmigo, por supuesto. -"¿Con Úrsula?".

¿Ha llegado a un acuerdo para ir contra Cayetana?

Así es, Felipe.

Pero desde que lo acordamos, se la ha tragado la tierra.

-¿Cuánto necesita esta vez?

Eso son muchos duros. -Le aseguro que será

la última cantidad que le reclame. -"Se me parte el alma"

de ver por el calvario que pasas.

Pero saber quién es tu padre...

no cambiaría nada.

Déjame intentarlo.

Qué más quisiera yo.

Pero lo mejor para las dos

es pensar que ese hombre jamás existió,

que está muerto.

Muerto, y mejor que siga así.

-"Por eso volví a la casa de los Sotelo Ruz".

Necesitaba averiguar

quién solía pasar por esa casa.

Quién...

podía haber dejado embarazada a la estúpida de Fabiana.

-"Dígame cómo se conocieron esa mujer y usted".

-No, no, no la conocía.

Ella simplemente vino un día por la joyería

y hablamos.

Me pareció una mujer agradable.

Eso sí, con fuertes creencias religiosas.

Hijo...

-"Ese viejo carbonero

me dio un nombre que lo cambió todo".

Jaime Alday. -"Un pasado que no siempre"

es tan honorable como nos gustaría.

-¿Qué le ocurrió?

-"A don Jaime"

le atormentaba la culpa,

la culpa de saber que había abandonado a su hija

cuando esta era muy pequeña.

Ayúdame a encontrar el final de esta historia.

Y haz que doña Cayetana pague.

(Puerta)

Adelante.

-Buenos días, doña Úrsula.

¿Se marcha usted?

-Así es, unos días.

-¿Puedo saber adónde?

Al menos dígame si el motivo de su viaje

tiene algo que ver con el menester que me preocupa.

Sabe perfectamente a lo que me refiero:

conocer el nombre de mi hija.

-Por supuesto.

-Bien.

Entonces deseo su regreso.

Aguardo ansioso

volver a verla cruzar el umbral de mi puerta.

-No se impaciente, aún tardaré un par de días.

-Los que hagan falta

con tal de hallar por fin mi bien más preciado.

Saber quién es mi hija es lo que más deseo.

Mucho más que cualquier joya.

¿Qué digo yo? Que todas las joyas juntas.

-Lo sé.

-No me estará engañando,

¿verdad, doña Úrsula?

No me gustaría saber que ha estado jugando conmigo.

No sé qué haría si llegara a enterarme de que sus intenciones

no son sinceras en un asunto como este.

-Lo son.

Y no debería usted creer a aquellos que siembran su inquietud

y le hacen desconfiar de mi persona.

Le aseguro que a mi regreso

sabrá usted el nombre de su hija.

-Así lo espero, doña Úrsula,

así lo espero. -Se lo prometo.

¿Es lo que creo que es?

"Ante él se erguía, alto y corpulento, un soldado".

"'¿Quién eres?', le dijo él".

"'Soy el guardián del sol', contestó con su voz grave".

"'Soy el único que tiene las llaves

de esta tierra mágica llamada País del Ámbar'".

No sabe lo mucho que significa esto para mí, Leonor.

Le agradezco todo lo que ha hecho por Tirso.

Espero que esté muy orgulloso, donde esté,

y que usted sea capaz de cicatrizar sus heridas

y de hallar la paz en su alma.

Ahora, debo marchar.

Leonor...

gracias, de verdad.

No sabe lo importante que es para nosotros.

No me lo agradezca, con gusto lo he hecho.

Me gusta mucho verte sonreír, mi amor.

Hace mucho que no veía esa luz en tu mirada.

Es el mejor regalo.

Gracias por hacerlo posible.

Estoy muy feliz por ti.

Y por Tirso también.

Por fin su recuerdo quedará inmortalizado en ese libro.

Eterno,

imperecedero,

inmoral.

Sigue sin saberse nada

de Úrsula, ¿verdad?

Eh.

¿Estás bien?

Voy a salir a comprar milhojas

de crema y chocolate.

Creo que tengo un antojo.

Sí, muy bien.

Ve, mi amor, que a los antojos

hay que hacerles caso.

¿Y bien? ¿Qué es eso tan importante que me querías contar?

-Doña Susana nos ha pedido algo y queríamos comentártelo.

-¿Y eso por qué? ¿De qué se trata?

-Escucha a María Luisa, Simón, te lo ruego.

-Nos preguntábamos si a ti te importaría que hagamos

un acto-homenaje a Elvira.

-¿Un acto-homenaje?

-Como un acto de despedida. -Para que todos y cada uno

de nosotros podamos decirle adiós.

No poder velar su cuerpo hace que parezca...

que parezca irreal su muerte.

-Es darle la despedida que se merece, Simón.

Tú sabes que Elvira era muy querida.

Necesitamos algo así para despedirnos en condiciones.

-La idea es de doña Susana,

pero... a nosotros

nos parece una iniciativa estupenda.

¿Y bien?

¿Qué opinas?

¿Te molestaría que lo organizáramos?

Va a ser algo muy bonito, te lo aseguro.

-Yo voy a escribir un discurso,

pero pienso que sería bonito que tú pensaras unas palabras.

-Piénsatelo antes de decir que no.

-¿Qué dices, Simón?

¿Te molesta que preparemos algo así?

-No, no solo no me molesta, sino que me parece estupendo.

-Cuánto me alegra oírte decir eso.

-Además, voy a avisar a sor Adela.

-¿Sor Adela? -Sí. La monja que me ayudó

a saber el paradero de Elvira.

-¿Pero tan amigas eran ellas?

-Ella le tenía cariño a Elvira.

Y Elvira a ella, de ahí que la invitara a la boda.

Estoy seguro que querrá decirle adiós y asistir a ese homenaje.

-Ya.

Lo que no sé es si le van a dejar salir del convento.

-Bueno, supongo que en un caso así, sí.

Además, debido a su clausura,

dudo que sepa del naufragio del Gran Victoria.

Mejor le escribiré una carta pidiéndole que venga,

así le daré la mala noticia en persona.

¿Una misiva para mí?

¿Simón?

"Simón".

Soy sor Adela, estuve con Elvira en el convento.

-¿Sabe dónde está?

-¿Qué ha ocurrido? -No sé, parecía convencida.

Tal vez...

se haya arrepentido

de casarse conmigo. -No, eso es imposible.

Yo la he oído describir su amor.

Y era un amor tan grande

que solo algo sobrenatural podría romperlo.

"Querida hermana sor Adela, lamento molestarle con mis menesteres,

pero ruego venga a verme, hay novedades sobre Elvira".

-¿Cuánto les queda para terminar la faena?

-Casi hemos terminado. -Eso espero,

porque llevan con eso todo el día.

Cuando terminen, ustedes vayan a la ciudad

a llevar las cajas a los enfermos y a los pobres. Y usted, sor Adela,

vaya a abrillantar la plata.

-Madre superiora. -¿Qué ocurre?

-¿Podría acompañarlas y abrillantar la plata a mi regreso?

-¿No me ha oído?

-Con todos mis respetos, madre, sí que la he oído,

pero viendo a las hermanas, que ya están un poco mayores,

y sabiendo lo que pesan las cajas,

no sé si la tarea que les ha encomendado

será demasiado para sus cansados huesos.

En cambio, yo soy joven y fuerte y no me importa ayudarles

si así la tarea es más llevadera.

Y a mi regreso, iré a escape a abrillantar la plata,

aunque tarde toda la noche. -No hace falta correr.

Está bien. Sor Paloma,

vaya a la capilla.

Y que sor Adela y sor María se ocupen

de ir a la ciudad. Pero mucho cuidado.

La ciudad es dominio del demonio.

¿Pero qué es eso que huele a manjar de dioses?

¿Puedo?

-No.

Quieto "parao". A esta tarta ni se acerque,

¿me ha oído?

Que es para mi tata Concha, que viene hoy del pueblo.

-¿Y por qué es tan importante esa mujer para ti?

-No tengo que contarle "na", no es mi amigo.

Yo aquí solo vengo a faenar.

-Soy el señor de la casa en la que sirves, Lolita.

Y no sé nada sobre ti,

ni de ti ni de tu pasado.

¿Por qué no quieres que seamos amigos?

-Ni que yo estuviera loca. Nones. Gracias, señorito.

-¿Pero por qué eres tan rancia? -¡Uy!

Pues porque conociéndole, seguro que le abro yo mi corazón,

le cuento mi infancia, cosas de mi tata,

de mi pueblo, de mis costumbres

y usted se parte de la risa o está tres días de chanza.

-Pues me ofende que pienses eso de mí, Lolita.

Eso es lo que crees, ¿no?

Todo eso que dijiste de mí. -¿Qué es caprichoso y vanidoso?

Lo creo. -Pues te equivocas.

Y si me dieras la oportunidad de conocerme de verdad,

de verdad...

-Quieto "parao" ahí, mi muy señorito mío.

Usted en su sitio y yo en el mío. Señorito-criada, criada-señorito.

Y eso es lo más que nos vamos a conocer.

-Es una pena, porque te quedarás sin saber la verdad.

-¿Qué verdad?

-Pues que soy

juguetón y me gustan las chanzas,

pero que lo que tengo de gracioso lo tengo de buena persona.

Y a bondadoso no me gana nadie, ni siquiera... tú, bonita.

(Puerta)

Hey, pasa, Casilda.

-¿No habrá venido ya tu tata Concha? -Pues no tardará en llegar.

-Pues sea,

aquí te traigo las viandas para echarte una mano.

-Ay, gracias, Casilda.

-¿Y para cuándo será la celebración de su 80 cumpleaños?

-Pues será algo chiquito y para dentro,

no quiero ser irrespetuosa con el homenaje a la señorita Elvira.

-Grande o chiquito, ¿para cuándo?

-Bueno, pues mañana por la mañana. Y por la noche, al acto.

Casilda, ¿qué te pasa? ¿Estás indispuesta?

No.

indispuesta no,

más bien inútil.

-Uy, ¿y eso?

-Pues porque he intentado bordar

y no me sale. -Anda.

Bueno, pues abandona la labor.

A no todo el mundo se le da bien todo.

-No, Lola.

Nones. Es algo que tengo que hacer por la señorita María Luisa.

Hija, ¿qué haces tan en silencio?

¿Enfrascada en una nueva novela? -No, madre.

Intento escribir el discurso para el homenaje a Elvira.

-Primero el discurso para la reina y ahora, para la pobre Elvira.

Eres toda una experta.

-Bueno, ayudo a María Luisa,

que está entregada a organizar el evento.

Pobre Simón,

lo está pasando realmente mal.

Este acto le vendrá fenomenal para a pasar página.

-Dios sabe que lo necesita,

si no, el pobre muchacho va a perder la cabeza.

-¿Asistirán ustedes?

-¿Acaso lo dudas? Si es un gesto precioso.

-Liberto...

¿Acaso no opinas lo mismo?

-Sí. A mí me parece una idea estupenda,

pero no sé si don Arturo será de mi opinión.

-Ya. Pero no debería molestarle,

esa una muestra de afecto y cariño hacia su hija. Bueno,

si me disculpan, me voy, que quiero que me dé el fresco.

Llevo demasiado escribiendo. -Ve, hija.

Liberto... yo no dejo de pensar en ese hombre.

-En el coronel. -Sí. Me lo imagino

encerrado en su casa, dándole vueltas a la cabeza,

añorando a su hija

y carcomiéndose por lo mal que ha hecho las cosas.

-Yo no quiero ni pensarlo.

-¿Y si cometió una locura? ¿Y si está muerto?

O peor, pudriéndose entre esas paredes de mi propiedad.

-¿De veras piensas eso?

-Deberíamos hacer algo.

-¿Y qué quieres que hagamos

que no hayamos hecho ya? -No lo sé,

pero es que ese hombre me da mucha pena.

¿Y si fuéramos a verle de nuevo,

a interesarnos por él?

De hecho, deberíamos invitarle

al acto de despedida para su hija.

-¿Has perdido el oremus?

No creo que yo que sea

la mejor idea. -Liberto, a ver, ese hombre,

acaba de perder a su única hija.

Yo ese dolor no se lo deseo a nadie.

Ay, por favor, Liberto, dime que iremos a verle.

-¿Sabes una cosa?

Eres una mujer muy buena y bondadosa.

Haré lo que tú quieras, mi vida.

Te digo que necesito la llave del ocho, no la del seis.

-Pero vamos a ver, Servando,

ya le he dicho que he arreglado esta puerta 10 veces

con la del seis, haga caso.

-Y la has arreglado 10 veces mal, porque necesita la del ocho.

Anda, dámela. -Que no se la doy.

No, no. -Suelta.

-No se la doy. -¡Suelta, suelta, suelta!

¡Venga, suelta! -¿Este qué alboroto es?

¡Callaos ya! Que me tenéis la cabeza

como una jaula de grillos. -Servando,

que es más tozudo que la mula de un molino. Anda, tome,

para usted la perra gorda, hala.

-Desde luego...

-Pase usted por aquí, tata, y póngase cómoda.

Ahí está.

-Qué sitio...

tan bonito y tan bien "apañao".

-Pues aquí vivo, tata. ¿Le gusta a usted?

-Uy, es precioso, hija.

Y además, tenéis de "to" y más.

-Al menos

todo lo que necesitamos.

Bienvenida, doña Concha. Yo soy Fabiana.

-La que manda en este gallinero.

Sin ella no habría ni orden ni concierto.

Doña Fabiana, mi tata Concha,

la mujer más buena de Cabrahigo y del mundo entero.

Bueno, este es el Martín,

marido de la Casilda, que la acaba Vd. de conocer.

-Sí. -Y este

es el Servando, portero del edificio.

-Servidor de usted el rato que pernocte en estos dominios.

Sea usted bienvenida, doña Concha.

-Son ustedes muy amables.

-Mañana por la mañana vamos a hacer una fiesta

para celebrar el 80 cumpleaños de mi tata Concha.

Eso sí,

será una fiesta pequeña, tata, que ha fallecido una vecina

en un naufragio y nadie tiene cuerpo para celebraciones.

-Pues celebraremos lo que se pueda celebrar y ya está,

tú no te apures, hija.

-Eso es lo que yo quería oír. Eso sí, una tarta de higos

de Cabrahigo y una vela no le va a faltar.

-Pero...

-¿Qué le ocurre?

¿Dónde está mi Mari Paz y mi hermano Antón?

"¿Lo cualo?".

-Y...

y la Paca,

la Cororana, mi vecina de toda la vida.

¿Es que no van a venir a celebrar el cumpleaños conmigo?

-Pero, tata, ¿no se acuerda usted que toda esa gente no está?

-Pero ¿y dónde se han "ío"?

¿Acaso no quieren celebrar el cumpleaños conmigo?

¿Acaso no me tienen estima?

¿Acaso se han "enfadao" conmigo?

¿Pero qué he hecho yo

"pa" que... "pa" que se enfaden conmigo?

(Campanilla)

Ay, mi campana. Me tengo que ir.

Casilda, ¿podrías...? -Sí, sí.

Descuida, vete tranquila, Lolita,

que acomodo a tu tata en el cuarto para que descanse.

Concha, vamos, que andará usted "muertecica" del viaje tan largo.

-Ay, "muertecica", hija, estoy, si es que es verdad.

-¿Estás bien, hija?

-Sabía yo que algo le pasaba a la tata.

-¿Qué te ocurre?

-Pues que toda esa gente de la que habla...

-¿Qué, Lolita? -Pues que hace años que murieron.

A ver cómo le digo yo que toda nuestra gente no viene

porque están muertos y "enterraos".

-No te preocupes, Lolita.

Nosotros cuidaremos de tu tata. -Claro que sí.

Muy buenos días tenga usted, don Inocencio.

¿Ha visto cuánto suben las acciones?

En pocos días tendremos pingües beneficios, ya lo verá.

-Eso mismo le decía yo a don Eloy. Él también quiere invertir.

-Ah. Usted también quiere hacerse rico, eh.

-Por supuesto. -Pues entonces debe hacer

como su amigo don Inocencio y darme el dinero,

que ya les daré noticias.

Justo hoy

he recibido un soplo que...

que bueno, mejor me lo callo, porque no quiero gafarlo.

Aunque les aseguro que es algo bueno, bueno.

Mucho me extrañaría que no fuera una operación de varios miles.

Aquí tiene.

-Se lo cojo

porque es amigo de don Inocencio,

que a no todo el mundo le brindo tan útil información.

Señores, ya verán como hemos salido todos ganando.

Tendrán noticias.

A más ver.

¿Qué te traes tú con estos dos?

-Nada, asuntos de hombres de negocios.

Nadie sabe dónde se ha metido Úrsula,

es como si se la hubiera tragado la tierra.

-La tierra no se traga las malas hierbas, Celita.

En alguna madriguera se habrá escondido.

Se me erizan los vellos solo de pensarlo.

Felipe a lo mejor sabe algo.

-Felipe, ¿se sabe algo del paradero de Úrsula?

-Nada, sigue en busca y captura. -¿Y a qué esperan para atraparla?

Yo tengo el miedo aquí, clavado en las tripas.

Si esa mujer apareciera por aquí, me daba un pasmo. Es una asesina.

-La Policía hace lo que puede. -Todo lo que puede no es suficiente.

-¿No sabe la Policía lo peligrosa que es, lo que sucedería

si apareciera por el barrio? -No va a aparecer por el barrio.

La entiendo, pero debe estar tranquila

y confiar en las autoridades. -¡La han visto!

¡La han visto! ¡Ha regresado! -Susana, ¿estás bien?

-¿Qué ocurre, por Dios? ¿A qué esa cara?

-Unos vecinos, Rosina, unos vecinos...

-¿Unos vecinos qué? -Unos vecinos han visto a Úrsula

por el barrio. Ha vuelto, Úrsula ha vuelto a Acacias.

-¿Es eso posible?

¿He oído bien? -Eso no tiene ningún sentido.

Nadie en su situación regresaría. Estará lejos de aquí.

-Estaría agazapada, escondida hasta que calmaran las aguas,

y ha regresado. -Si fue capaz de matar a un niño,

a Carlota y al guardia, ¿qué no nos haría?

Felipe, avise a la Policía. -Está bien.

Buscaré al comisario para que se queden tranquilas.

Menudo drama gordo que tiene Lolita encima.

-Ya ves.

A mí no me gustaría estar en su pellejo. Tener que decirle

a alguien que quieres que los que cree vivos

se han muerto hace años. -Y encima decírselo

para nada, si lo va a olvidar otra vez.

-Qué pena de mujer, ¿verdad, Martín?

¿Cómo se nos puede ir tanto la cabeza cuando nos hacemos mayores?

Menuda lástima.

Luego iré a hablar con la Lolita,

que tiene que estar pasándolo malamente.

-La vi ir a casa de los Palacios, tenía la cara desencajada.

-Es que menuda racha que llevamos, ¿eh?

Lo de Elvira,

lo de doña Úrsula, y ahora, para colmo,

una celebración que parece ser

que va a terminar en tragedia también.

¡Maldita sea!

-¿Qué ocurre ahora?

-Que no me sale esto, Martín.

Qué mala "jantina" que me entra.

-Pues abandónalo, canija.

No te hagas mala sangre, si eso es labor

de señoritas. -Que no, Martín.

Yo tengo que hacerlo, no será tan difícil.

¿Y usted qué mira?

-Pues que no es tan difícil, pero...

tiene su cosa, querida.

-¿Y qué cosa es esa?

Esto me está llevando por la calle de la amargura.

-Si quieres, yo puedo ayudarte.

-¿Usted?

-Puedo darte unas nociones básicas si quieres.

-¿Por qué no? A mí me parece muy buena idea.

-No, no, deje. La "seña" Carmen tiene que tener

mucha faena,

no quiero que pierda el tiempo. -Tengo faena,

pero no me importa sacar un ratillo para ayudarte.

Me gusta bordar.

-¿A usted?

¿Y cómo ha "aprendío", si es un menester de señoritas?

-Pues una... ha de hacer de todo,

como vosotras,

para ganarse las judías.

-Las habichuelas se dice. -Pues eso.

¿Me permites?

Si haces el punto más fino... Mira.

Así.

¿Ves?

Así te queda mejor.

¿Quieres o no quieres esas lecciones?

Recojo esto y ahora mismo le traen lo suyo, ¿de acuerdo?

María Luisa,

¿de dónde vienes? -De encargar una misa para Elvira.

¿Y a ti qué te ocurre? Te noto inquieto.

-No sabes el revuelo que había hace un momento.

-¿Qué revuelo?

-Los vecinos, que dicen que han visto a doña Úrsula.

-¿En serio? -Estaban son un "ay"

en el cuerpo. -No es para menos, da pavor.

Y hasta hace que a una se le revuelvan las tripas.

-Quiero que tengas mucho cuidado, ¿de acuerdo?

-Buenos días, chicos.

¿Os ha dado un pasmo

o habéis visto un ánima? -Peor.

Al demonio en persona, pero no nosotros, algunos vecinos.

-¿De qué estás hablando, María Luisa?

-Han visto a doña Úrsula en Acacias.

-Ah, bueno, me habíais asustado. -Hombre, Leonor,

es una asesina. El Sacamantecas a su lado es un aprendiz.

¿No te da miedo?

-No.

La verdad es que no.

Mirad, he traído

el discurso para el homenaje de Elvira.

Es muy bonito, pero...

-¿Pero... pero qué pasa, María Luisa?

-Que no sé si voy a poder terminarlo. Me da mucha pena.

-María Luisa...

Ella querría un homenaje alegre, luminoso, como era ella.

-Tienes razón.

Elvira odiaba las tristezas.

-Yo creo que se lo debes,

que se lo debemos todos a su memoria.

-¿Y si a Simón le molesta?

¿Y si el tono le parece inapropiado?

-Simón va a ver un homenaje lleno de gente que la quería.

Le va a recordar a ella.

A lo mejor es lo que Simón necesita para secar esa pena que lleva dentro.

-Sí.

-Ven aquí.

Todos la conocían.

No.

Todos los que están aquí

la conocían.

Elvira era...

Elvira era...

Todavía me tiemblan las canillas.

Me ha dado un pasmo cuando me lo han contado. Úrsula en Acacias,

¿te lo puedes creer?

¡Ah!

"Vamos a dormir en esta habitación juntos así arda Troya".

Sabes que no es una buena idea, ¿no?

Sabes que me importa un bledo, ¿no?

Eres imposible, Elvira Valverde.

¡Elvira!

Ay, qué alegría más grande

que estés aquí, querida. Muchas gracias, doña Susana.

No sabe lo feliz que estoy de estar de nuevo aquí.

-No sabes lo preocupados que estábamos.

Gracias.

Me gustaría tanto casarnos y que todas las mañanas

fueran como esta...

Entonces tendríamos que pensar en... marcharnos.

¿Cuándo?

Cuanto antes mejor, ¿no?

Hay algo que quiero resolver

antes de alejarme de mi padre para siempre.

Tu madre.

Mi madre y qué sucedió el día de su muerte

¿Me esperarás?

Claro que te esperaré.

Simón...

Tienes que hacer un poder, Simón.

Has de ser fuerte.

A ella no le gustaría verte así.

La vida ha de seguir,

y ha de seguir sin ella.

-No, no, sin ella

mi vida está vacía.

Llora, cariño, llora.

Ay, Simón...

¿Qué era ese revuelo en la calle?

No lo sé, señora.

¿Bajo a enterarme? No.

Tómese lo que le he preparado, le sentará bien.

Tengo un mal presentimiento.

Algo va a pasar.

(Puerta)

Señora.

¿Qué ocurre?

Han visto a Úrsula en el barrio. Sabía que algo malo ocurría.

¿Quién la ha visto? ¿Seguro que era ella?

No lo sé. Doña Susana

volvía del centro y unos vecinos se lo dijeron.

¿Dónde ha sido? ¿Cuándo? Antes.

A pocas calles de aquí.

Pero nada... nada "tie" que temer, señora.

Sabes perfectamente que tiene motivos para cargar contra mí.

Es peligrosa, me tiene inquina.

Va a venir a por mí.

-Con todos mis respetos, señora,

pero...

es usted una mujer con poder

y posibles.

¿Por qué no hace uso de su buena posición?

Contrate protección para que esa mujer

no se atreva ni a acercarse a su persona.

Vaya a comisaría y exija que la mantengan informada.

Quizá tengas razón.

Ve a comisaría. Dile al comisario que venga inmediatamente.

No quiero dejarla sola, señora. No me iría tranquila.

-No está sola, yo cuidaré de la señora.

-Está bien.

Doña Cayetana, tómese esa tila.

¡No quiero tus brebajes, y cállate!

Lo que quiero es saber que esa arpía está entre rejas, eso quiero.

Esa mujer no se olvidará nunca de mí,

me perseguirá hasta acabar conmigo.

"Acuérdate de mí, Señor, en tu reino".

"Y Jesús respondió: 'En verdad te digo

que hoy serás conmigo en el paraíso'".

¿Qué murmura usted, señora?

La fábula del buen y el mal ladrón,

ambos a los lados de la cruz de Jesús.

¿Qué te parece?

No me ha quedado mal para haberlo bordado en unas horas, ¿no?

-Estoy muy orgulloso de ti, Canija.

Lo has conseguido. Ha quedado un bordado precioso.

-Bueno, no es para tanto. Me ves con buenos ojos.

-¿Cómo que no? Nada sabías de bordar y mírate ahora.

Eres la mujer más increíble de esta ciudad.

¿Qué digo? Del mundo entero.

-Y eso sin exagerar.

La verdad es que me ha quedado requetebién.

Sin las lecciones de Carmen no lo hubiera podido hacer.

¿Cómo puede saber bordar una sirvienta,

y encima tan fetén como lo hace ella? ¿No te parece raro, Martín?

-Alguna explicación debe de haber, está claro.

Es una tarea mucho más propia de unas manos finas

de una señorita de buena familia.

-Una explicación que no ha dado, y la pregunté.

-Es una mujer reservada.

-Ya. Misteriosa diría yo.

-Casilda, no hay ningún misterio.

No inventes ni veas fantasmas donde no los hay.

-Yo solo sé que la miro y veo algo

que me resulta más raro que un calcetín verde.

-¿Sigues recelosa de ella? -No, no recelo

porque no sé si es bueno o malo lo que oculta.

Pero algo oculta.

-¿Dónde estoy?

-En el altillo, tata Concha. ¿Tiene hambre?

¿Le preparo algo de comer?

-No, no, no, hija, de comer no quiero nada.

-¿Ha descansado usted?

-Sí, algo he dormido, sí. Muchas gracias, hijo.

¿Quiénes sois vosotros?

-Pues Martín y Casilda, los amigos de su sobrina,

la Lolita. -¿Y ella dónde está?

-Faenando en casa de sus señores, pero ya debe de estar al caer.

-¿Y mis padres han venido?

-¿Sus padres? -Es que mamá

quería enseñarme a hacer una tarta de fresa.

Lolita, cuando acabes con eso, ayúdame a quitar las cortinas,

quiero que las laves.

¡Lolita!

-Doña Trini, que no... que no la había visto.

-Ni escuchado, que llevo rato hablándote.

-Disculpe, que no... que no me he enterado.

¿Qué pasa?

-Lolita, ¿qué te ocurre?

-Se trata de la tata Concha.

-Ah, es verdad. Pensé que tenías la tarde libro por su cumpleaños.

-Sí, si ya ha venido esta mañana.

Pero...

no está bien, doña Trini.

-¿Qué quieres decir con que no está bien?

-Ha "perdío" la mollera.

Me ha empe... me ha empezado a preguntar por parientes nuestros

que hace años que endiñaron.

-¿Tú qué le has dicho? -Pues "na".

¿Qué le voy a decir? La he dejado descansando

y me he bajado para abajo.

-Lolita, quizás deberías hablar con ella.

Quizá deberías contarle

que toda esa gente hace un tiempo que fallecieron.

-Que vuelve a pasar por esa pena. Ya lo pasó mal

cuando la endiñaron de verdad. ¿Para qué hacer

que vuelva otra vez a pasar por el mal trago?

-Ya, Lolita, mira,

tuve un tío al que le pasó lo mismo.

Perdió la cabeza y empezó a decir cosas muy raras.

Es difícil, no sabes qué hacer y cómo actuar, pero...

Lolita...

te aseguro que al final lo pasa peor

la gente de su alrededor.

Ellos no se enteran de mucho.

Lolita, tú tata Concha no sabe qué le está ocurriendo.

-Eh...

Si me permite que termine ya por hoy...

Me gustaría ver cómo está la tata. -Claro, mujer.

Y tranquila, yo termino de recoger esto.

Mañana será otro día.

Y ánimo. -Gracias.

¿Qué le pasa a Lolita? ¿Por qué la animaba?

-Su tata Concha,

una mujer a la que ella quería mucho del pueblo,

que ha venido para celebrar su cumpleaños con ella

y ha perdido la sesera,

y sigue creyendo que toda su familia sigue viva.

Y claro, Lolita lo está pasando fatal.

No sabe cómo decírselo, o si decírselo o no,

por el disgusto.

Ay, pobrecita mía.

El mal trago que le queda por pasar.

Y no sé, Antoñito,

yo no sé cómo ayudarla, la verdad.

-Pues puede que yo sí que sepa.

-¿Tú?

¿Y qué vas a hacer tú?

La cena estaba deliciosa, mi amor.

Y las milhojas espectaculares.

Benditos tus antojos.

Me alegro que te haya gustado.

Hoy quería que fuera un día especial.

¿Especial por qué?

Teresa...

Mi amor, no me gusta nada esa mirada, eh.

¿Qué mirada?

La que tienen tus ojos.

Quería agradecerte lo mucho que has hecho por mí.

Y lo mucho que te has esforzado por hacerme feliz.

Lo he hecho porque te quiero.

Y porque verte feliz es lo único que deseo en este mundo.

Yo también te quiero, Mauro.

Y no quiero que te pienses que no es así,

pero las cosas han ocurrido como han ocurrido hoy.

Ninguno tenemos la culpa.

Teresa...

¿esto es una despedida?

¿Te estás despidiendo de mí?

Ya hemos esperado lo suficiente a Úrsula,

y no va a regresar.

He de ser consecuente y valiente.

¿Se puede saber por qué la Policía no hace nada?

Hacemos lo que podemos. Pues hagan más.

Tenemos guardias por todo el barrio buscando a esa mujer.

¿Y cómo los vecinos la ven y Vds. no la encuentran?

-No sabemos si están en lo cierto.

Podría ser un malentendido, podrían creer haberla visto

y haberse confundido. Es ella, lo sé.

-Trate de mantener la calma.

Peinamos toda la ciudad.

La han visto en Acacias, está aquí y viene a por mí.

-Por favor... Les conté. La acusé de asesinato.

¿No ven que ha vuelto a por mí?

Eso no lo sabemos. ¿Y a qué esperan?

¿A que me dé caza? ¿A que haga algo en mi contra?

Si me sucede algo...

Nada le va a suceder.

Caerá sobre su conciencia, ustedes serán responsables.

Puse más guardias y pondré en su puerta.

Aquí está segura.

Esa mujer no puede llegar a usted.

-Confía en la Policía,

doblan esfuerzos para atrapar a esa mujer.

Nada has de temer.

-Pongámonos en marcha.

Señora...

Teresa, el crío...

Mauro, no digas nada más.

No estropees este momento.

Pero, mi amor...

Solo quiero hacer el amor contigo,

sentir tu cuerpo,

tu piel,

tu olor por última vez.

Solo quiero eso.

Esa mujer estaba presa de un ataque de nervios.

-La aparición de Úrsula has sobresaltado a todos.

La gente está en pánico y Celia con el alma en vilo.

-Tal estado de alarma no es bueno para nadie.

Todo por algo que podría ser incierto.

-Felipe, ¿qué va a hacer al Policía?

-Peinamos cada calle.

-¿No han dado con ella? -Hacemos lo que podemos.

Mantengan la calma, quizá sea un malentendido,

quizá no la vieron de verdad.

-Esa mujer es una asesina. Malentendido no, hagan algo,

no se puede vivir así.

-La gente está muy asustada. -Lo mejor es marchar a casa

y no pensarlo más, nos ocupamos nosotros.

Todo se aclarará en pocas horas.

Señores...

creo que me estaban buscando.

Usted y yo tenemos que hablar.

¡Venga conmigo inmediatamente!

-Por el amor de Dios, lo que no pase en este barrio...

Ay, has hecho la tarta de higos.

-Pues claro, tata.

Que no todos los días se cumplen 80 castañas.

-Pero no podemos empezar

hasta que no vengan la familia y todos los invitados,

que estarán a punto de llegar.

Pero, niña, ¿por qué me miras así,

que parece que has visto un aparecido?

-No, tata.

Que es que tengo algo que decirle.

-Bueno, pues no te hagas de rogar

y di lo que tengas que decir de una santa vez.

-Es que una no sabe por dónde empezar.

-"Quia", pues bien fácil.

Empiezas por el principio

y cuando llegues al final, te callas.

Vamos, que es "pa" hoy,

que los invitados están a punto de llegar.

-"Esto es para usted".

Es el dinero que me dio para que invirtiese en bolsa.

-¿Y el otro sobre?

-Los beneficios de la inversión.

-¿Lo prometido? -Hasta la última peseta,

menos mi comisión.

-En tan solo una semana

he logrado doblar su inversión.

-He de reconocer

que no las tenía todas conmigo.

-Espero que esto sirva para que salga de dudas definitivamente.

-Que te sirva esto como respuesta. -"No es buen momento".

"Debo arreglarme para el homenaje de Elvira".

-"Perdone, señora".

No la entretengo más que una "miaja".

Es que...

traigo un presente para Vd.

-¿Y qué es?

-Una "tontá". Bueno, ábralo.

Una flor amarilis.

-Sí. Me dijeron que era la favorita

de la señorita Elvira.

-¿De dónde has sacado este pañuelo?

-Lo ha bordado servidora.

Señorita, no se me ponga así, que una es muy blanda.

-Ven aquí.

"Hoy nos hemos reunido por un triste motivo".

"Nos disponemos a despedir para siempre a nuestra querida Elvira".

"La desdicha nos la ha arrebatado demasiado pronto".

"Todos sabéis que era una mujer valiente y libre,

con el alma llena de alegría y el corazón limpio".

"Su juventud

y coraje le hicieron derribar

todas las barreras que la vida

trató de imponerle".

"Luchó por el amor y su libertad con todas sus fuerzas".

"Pero no estuvo sola

en su lucha,

incluso en los momentos más difíciles contó con la estima y el apoyo

de todos nosotros". -"Úrsula está en comisaría".

"¡Maldita sea!".

¿Tenían que arrestarla antes de que nos contara todo lo que sabe?

Eso es lo más extraño, Mauro,

que no la han capturado,

se ha entregado ella misma. ¿Qué pretende?

No lo sé, pronto lo averiguaremos.

-"Señora".

Me alegra mucho verla

fuera de casa. Necesitaba usted pasear.

"El País del Ámbar".

¿Quién ha editado el libro?

Ah, sí. Lo ha traído doña Leonor para que lo venda yo en el quiosco.

Al parecer, lo ha editado

a partir de unos cuadernos de doña Teresa.

"Y el guardián del sol le abrió la última puerta

del País del Ámbar".

Me llevaré un ejemplar.

-Cayetana.

Al fin te encuentro.

¿Sabes las malas nuevas?

Úrsula ha sido puesta en libertad bajo fianza.

Ojalá puedas perdonar a tu madre por lo que va a hacer.

  • Capítulo 560

Acacias 38 - Capítulo 560

17 jul 2017

Úrsula marcha de casa de los Alday. A la vuelta dirá a Jaime el nombre de su hija. Leonor lleva a Teresa el primer ejemplar del libro de Tirso y esta se emociona. Simón acepta a participar en el acto de homenaje a Elvira. Adela, la monja amiga de Elvira, logra salir del convento para ir a Acacias y se entera de la muerte de su amiga. Casilda logra bordar un pañuelo para María Luisa con ayuda de Carmen.

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