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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 547 - ver ahora
Transcripción completa

No quería disparar. Ha sido un accidente.

La bala te ha rozado, te curarás. Nada ha salido como lo planeé.

Todo ha salido mal. Esa arpía ha vuelto a ganar.

No, Mauro, ha salido bien.

Ninguna victoria merece la pena si has de dar la vida a cambio.

¿Qué ha ocurrido aquí?

-"¿Dónde estará doña Cayetana?".

Menuda manera de atender a sus invitados.

-Sin duda, no es normal abandonar su fiesta de esta manera.

¿Dónde se habrá ido?

-Algo muy importante ha debido de suceder,

porque es una mujer muy respetuosa con las normas de protocolo.

¿Quieren contarme qué ha ocurrido aquí?

Todo fue culpa mía. ¿Culpa suya?

Se me disparó la pistola sin querer.

¿De verdad fue eso lo que pasó?

Es para la reunión con el relojero. -Por supuesto, cuenta conmigo.

-¿De verdad? -Ajá.

¿Y sabes por qué? -¿Por qué?

-Porque te hace falta. ¿Sabes por qué no quiso

que Méndez te llevara?

Quiere oír tu cuello crujir en el garrote.

Y ni él ni yo vamos a parar

hasta conseguir que pagues por tus crímenes.

¡Suéltame! "Estaba entre las pertenencias"

de Elvira. Las que llevaba el día del banquete

en el que la conocí. -¿Qué harás con ellas?

-Pagar el testimonio de Remedios con este conjunto de oro.

Se cruzó en mi camino una mujer que estaba muy muy enferma.

¿Y cómo era esa mujer?

Pues era... morena, de mediana edad,

la nariz afilada...

Rara.

Ni siquiera sé si hablaba verdad

cuando decía no recordar nada.

Me contará toda la verdad de lo que pasó,

a mí y a quien yo diga.

-De acuerdo. Dame las joyas.

¡Oh!

Sé algo que hace que no estemos lejos de atraparla.

Habla, mi amor,

me dejas en ascuas. Sé dónde está Úrsula.

Señora, ya he terminado de recoger los restos del baile de anoche.

Te lo agradezco, Fabiana. Puedes retirarte.

En la cocina tiene un plato

de fiambre de los servidos

para almorzar luego. No creo que pueda comer nada.

Haga un poder, que son viandas dignas de un príncipe.

No tengo apetito,

y no insistas.

¿Y no puedo hacer yo "na de na"

por ayudarla? Sí.

Sí, puedes hacerlo: obedecer y dejarme sola.

Se me parte el alma

al verla tan mohína.

¿Y cómo quieres que esté?

¿Bailando unas jotas?

No me perdone haber caído en la trampa de Mauro.

No se culpe por eso, que la treta

estaba bien urdida. Cualquiera hubiera picado.

Pero yo no soy cualquiera.

Nunca debí confiar en Sara.

Pero estaba tan ofuscada

por encontrar a Úrsula, que me dejé llevar.

No solo es la traición y su descuido lo que la tienen así, ¿verdad?

No me quito de la cabeza el encuentro con Teresa.

Había tanto odio en su mirada...

Y es de entender, señora.

Está "desencajá" por la muerte de su pequeño.

Parece resuelta a volcar toda su desdicha en mí.

¿Cómo hemos podido llegar hasta este punto?

¿Cómo puedo generar tanta inquina en alguien

a quien he querido con tamaña entrega?

No se me culpe por ello,

que "na" de culpa tiene usted, señora.

Siento que las fuerzas me abandonan.

Los reproches de Teresa me han hecho demasiado daño.

Me han demostrado que soy más débil de lo que pensaba.

No diga "tontás", señora.

Venga.

Lo que necesita es descansar una "miaja".

Un poco de sueño hará milagros, ya lo verá.

Y entonces, volverá a ser la que era. No.

No voy a descansar hasta que encuentre a la endriaga de Úrsula.

Ella es la culpable de todos mis males.

"Ende luego" que el baile de doña Cayetana ha sido un acontecimiento.

Hacía tiempo que no se celebraba

un festejo de tan alto copete en Acacias.

¿Qué? ¿Están interesantes los papeles?

-No lo sé, no consigo centrarme en su lectura.

-¡Uy! Por culpa de una servidora, ¿no?

¡Ay!

Perdóneme usted.

Fíjese que ya me lo decía mi madre:

"Casilda, que 'callaica' estás más guapa".

"Y que en boca cerrada no entran moscas".

Pero ya lo comprueba usted

en sus propias carnes: no aprendí.

-Sí, está visto que sí.

-Perdóneme usted, don Arturo.

Si es que echo tanto de menos a mi Martín...

Sin él aquí, no tengo quien me escuche.

Él sí que sabe escuchar.

Con lo "callaíco" que es el bendito, y yo hablo y no le dejo meter baza.

¿Sabe usted? Me acuerdo que una vez estábamos...

-¡Cállate de una santa vez!

En nada me importa tu parloteo.

-Perdone, don Arturo,

yo no quería molestarle.

(Puerta)

Ve a abrir, haz el favor.

Esta muchacha me saca de mis casillas.

Don Arturo...

tiene usted visita.

-Pues hazle pasar.

¿A qué esperas?

¿Qué te trae por mi casa?

-¿Podemos hablar, coronel?

-Casilda, ve a la cocina.

Déjanos solos.

Ya decía yo que había guardado este manual en casa de mi tía.

-No me extraña

que no te lo trajeras, hubieras necesitado una mudanza.

-Que no te asuste el tamaño.

Este libro te será de gran ayuda para tu reunión.

-¿De verdad crees que me dará tiempo a estudiar todo esto?

Mira que yo no soy ningún Séneca.

-Tan solo hojéalo para hacerte una idea.

No sé, lee lo importante.

(Puerta)

-Esto me pasa por meterme en camisas de 11 varas.

No tendría que haberme ofrecido a negociar con el relojero.

-No pensarás en renunciar, ¿no?

-Pues sí, sí, Liberto. Una retirada a tiempo es una victoria.

-Disculpen.

Su tía me ha dicho que estaban aquí.

Se me ha ocurrido un libro que puede ayudar a Pablo.

¿Ocurre algo?

-No, nada, Felipe. Simplemente que llueve

sobre mojado.

-Mire, don Felipe, le agradezco su interés, pero...

me estoy planteando abandonar mi propósito.

-Pablo, no puedes hacer tal cosa.

Piensa en tu suegra y en don Ramón.

-Precisamente son ellos los que me preocupan.

Debo salvaguardar sus intereses. Aunque me cueste aceptarlo, pues...

yo es que no doy la talla.

-Está decidido a abandonar.

-Quizá si hubiera tenido más tiempo

para preparármelo...

-No te falta razón

en que precisas preparación, no se aprende de la noche a la mañana.

La oratoria y las negociaciones

no solo precisan de buena preparación,

sino de sentido común, emoción y valentía.

-Así es. Y tú, Pablo, andas sobrado de ellas.

-Sé muy bien cómo te sientes.

Yo empecé como tú,

desde abajo.

Y en más de una ocasión me sentí tentado a rendirme

ante las zancadillas del camino.

Pero tú cuentas con una ventaja que yo no contaba.

-¿Cuál?

-Amigos que confían en tus posibilidades.

Pablo,

yo creo en ti

y te ayudaré en todo lo que pueda.

No me hagas perder más el tiempo.

Di lo que tengas que decir y márchate con viento fresco.

Ya deberías saber que no me agrada tu compañía.

-Descuide, coronel, yo tampoco soporto su presencia.

-Nadie lo diría por tu empeño en venir

a visitarme. -No le entretendré demasiado.

Solo quiero brindarle una última oportunidad.

-¿Oportunidad de qué, si puede saberse?

-Bien sencillo:

de decir la verdad de una vez por todas.

¿Dónde está Elvira?

-Para mi eterna desdicha, muerta.

Ya lo sabes.

-Siento con todo mi ser que no es así.

Y nadie me hará cambiar de opinión.

-Tu tozudez es tan solo comparable a tu malevolencia.

-De la misma forma que sé que Elvira no pereció en ese naufragio,

estoy convencido de que usted sabe dónde está.

-Ojalá tu locura fuese cierta y no la hubiera perdido para siempre,

pero no es así.

Acéptalo como un hombre y deja de gimotear como una niña.

¿Sabe, coronel?

Tengo la forma de obligarle a confesar.

-¿Vuelves a amenazarme?

Te repites, Gayarre.

Y me aburres.

-Si no me dice la verdad de una vez, no habrá persona en Acacias

que no sepa la clase de hombre que es usted.

-¿Y cómo se supone que soy?

-Un hombre que defiende su honor a la desesperada

porque nunca lo ha tenido.

-Cuidado, Gayarre.

Estoy cansado de tus injurias. -No es un insulto,

es la pura verdad y... -¡Cállate!

Sal de mi casa.

-A mí no me da órdenes, coronel.

Esos tiempos ya pasaron.

Sepa que hoy mismo voy a contarles a todos los vecinos

que su esposa murió a manos de la esposa de su amante.

Sabrán que... mintió sin reparos

solamente para salvaguardar su honor.

Eso es lo único que le importa.

-Eres patético, Gayarre.

¿Aún estás con esas?

No puedes demostrar nada, nadie te va a creer.

No eres más que un criado resentido que acosa a un padre doliente.

-Puede ser, sí, puede.

Pero si escucharán a Remedios.

¿Lo ve? Palidece otra vez. Ya no se muestra tan seguro.

Está a tiempo de detenerme, coronel.

Tan solo

tiene que decirme la verdad sobre Elvira.

-Estoy harto de tus ridículas amenazas.

Haz lo que quieras, pero déjame en paz.

Lleva a es mujer ante mis vecinos,

que cuente que mi esposa tenía un amante, mil.

No me importa.

-Está bien.

Usted ha querido que sea así, así será.

Arrea, señora, ¿ya se ha levantado usted?

Pero si no ha estado ni un suspiro.

Debería haber dejado reposar más ese sofoco.

¿Y el colgante que te entregué?

¿No está en su cuarto?

Si estuviera en mi cuarto, no te estaría preguntado.

Yo lo dejé en la peinadora. Pues no estés tan segura,

porque no hay ni rastro de él.

Eso es imposible, voy a ver.

¿No te fías de mi vista? ¡Te estoy diciendo que no está!

Alguien ha tenido que cogerlo. ¿No viste a nadie

entrar en mi alcoba en mi ausencia? No sé, señora.

Había mucha gente. Ningún invitado

iba a robar una joya.

Pues yo pongo la mano en el fuego por el servicio,

pobres, pero honrados.

Pues no lo serán tanto.

¿No pudo entrar ningún desconocido en casa?

¡Maldita sea mi estampa!

Señora, que ya me parece que sé quién pudo afanarla.

Sepa usted que ese demonio de Sara volvió de nuevo a casa, y la eché,

la eché.

Pero está claro

que no es una persona de confianza.

Necesitabas dinero, ¿verdad?

Buena memoria tiene usted. Si trabajas para mí

y trabajas bien, serás debidamente recompensada.

¿Debidamente cuánto es? Más de lo que puedes imaginar.

Yo tengo mucha imaginación, señora.

¡Maldita sea!

¿Cómo he podido ser tan simple como para no verlo venir?

Me he convertido en el hazmerreír de mis enemigos.

No diga eso. Es la verdad. Pero eso va a cambiar.

Voy a volver a ser la que era,

voy a adelantarme a cada paso de Mauro y Teresa.

Están equivocados si se creen que van a acabar conmigo.

Y en cuanto a Sara,

juro que va a pagar con creces su atrevimiento.

Bello, ¿verdad?

Bien seguro que vale un potosí.

No deberías haberlo robado

de casa de Cayetana. ¿Y marcharme con las manos vacías?

Vas tú dado.

Todos mis desvelos merecían una recompensa.

Seguro que Cayetana se pone furiosa cuando descubra el hurto.

Ya estarán llevándosela los demonios por mi traición,

así también me odiará por otros motivos mucho más beneficiosos.

Habría preferido que no nos contaras nada.

¿No irás a denunciarme?

No.

En el fondo, te estamos muy agradecidos.

Evitaste una terrible desgracia al darme aviso

de lo que se proponía hacer Mauro.

No imaginas cómo me alegro de que me desobedecieras.

Ojalá que sean bien dichosos.

Se lo merecen.

¿Y... tú qué vas a hacer ahora?

Poner tierra de por medio, señorita.

Después de lo que ha pasado,

no debo permanecer al alcance de Cayetana,

para salvaguardar el pellejo. Lamento que tengas que huir.

Pierda cuidado, ya era hora de cambiar de aires.

Esta ciudad no me ha traído más que quebraderos de cabeza.

Te deseamos suerte en tu nueva vida. Sí.

Bueno, al menos no voy a empezarla con una mano delante y otra detrás.

Cuando venda este colgante,

sacaré un buen monís para irme situando.

Si sirve de algo, me alegra que robaras.

Ojalá detengan a ese mal bicho de Cayetana de una vez.

Algo me dice

que estamos cerca de lograrlo.

Es muy posible que demos con la pieza clave de este embrollo.

Quizás hoy mismo todo se solucione.

# Como una diosa que vino

# a lidiar, con su porte pinturero,

# desde marzo, desde marzo hasta febrero.

# Sus ojos, dos luceros de azabache,

# tan bellos que parecen un mapache. #

(TARAREA)

# Pero qué grande que es una,

# que parecen tres toda, entera no la ves. #

(TARAREA)

-Lolita...

Te traigo algo para aliviarte de tu labor.

-¿Qué dice el señorito?

¿Qué haces con esa tarta?

-La has hecho tú, ¿no?

-Pues sí.

Y en mal momento me dejé convencer para hacerla.

¿No la habrá probado? -Ajá.

Me he comido un buen trozo.

-Éramos pocos y parió la abuela. -Esta tarta es lo más delicioso

que he probado en mi vida, Lolita.

Solo hay algo que me gustaría degustar aún más.

-¿El qué?

-Tus labios.

-Pues tiene más posibilidades de probar mi puño.

Y no es la primera guantada.

-¿Hasta cuándo te vas a resistir a mis anhelos?

-Pues hasta que se le quite de la mollera tanta "tontá".

¡Uy!

¡Doña Trini, venga, haga el favor, que el señorito está encendido!

-Trini no puede escucharte, está en la alcoba con mi padre

disfrutando del amor, como deberíamos hacer tú y yo.

-Calle, que es esa tarta la que habla por Vd.

-No, Lolita, eres pura ambrosía. -¡Uy!

-El maná divino, la jalea real

de los sentidos. -Bueno...

A usted le voy a quitar el sentido de una leche.

-Intenta liberarte tú también, Lolita. ¿O acaso

no me deseas como yo te deseo a ti?

-Pues no, no le deseo.

Y, si hace falta, se lo escribo en un piedra,

a ver si se entera usted ya, hombre. -Mientes.

Eres una cobarde, por eso no quieres probar tu tarta.

No aguantarías las ganas que tienes de comerme a besos.

-¿Pero quién se ha creído que soy?

Ni todas las tartas del mundo podrían conseguir tal disparate.

¿Te atreves?

Muy buena. -¡Mmm!

-¿Un poco más?

¡Mmm!

Riquísima.

Hace calor, ¿no?

-No. -¿No?

-No.

¡Ay, Lolita!

¿Está usted bien, señorito? -Sí.

Sí, sí, sí. Muy bien.

-¡Despierte! -Ah.

-¡Que no son horas para siestas, hombre!

-Ah, que era un sueño. -Perdone que le haya despertado,

se estaba ahí moviendo como un rabo de lagartija.

Que parecía tener... una pesadilla.

-No, Lolita, te aseguro que no era ninguna pesadilla,

sino el más dulce

de mis sueños,

aquel que más ansío que se convierta en realidad.

¿Pero por qué me mira así? ¿Acaso tengo algo en la cara?

-No te había visto tan hermosa.

-¡Uy!

No me diga más: ha comido de esa maldita tarta.

-Era pura ambrosía, un manjar digno de tus manos, Lolita.

-¿No me estará viendo

como mi madre me trajo al mundo? -Ajá.

-¡Uy!

Que ese es uno de los muchos malos efectos de la tarta.

-¿Por qué te crees que estoy en el paraíso?

-Deje de mirarme las vergüenzas o no respondo.

-Eres una diosa, Lolita. Déjame adorarte como te mereces.

-¡Ay!

-No me huyas, Trini.

-Cógeme, truhán, y tendrás tu premio.

El más dulce de todos.

Ven.

-Lolita, ya te podías haber quedado quieta y no hacer nada,

que este hogar se ha convertido en una casa... de locos.

Te acabo de hacer una pregunta, Simón.

¿Puedes contestarme?

¿A cuento de qué has citado a todos nuestros vecinos en mi casa?

-Lo lamento,

pero deberá aguardar para saberlo. No se inquiete.

-Tu intención será buena, pero estoy con el alma en vilo.

-Solo le pido un poco más de paciencia

y de confianza. -Más que el santo Job he tenido,

pero es la gota que colma el vaso.

¿Tú estabas al tanto de lo que se propone?

-Yo sé lo mismo que usted. Conmigo no la tome.

-Aunque no es difícil saber

el objetivo de esa misteriosa reunión:

volverse a poner en contra de don Arturo.

-Hago lo que debo.

-Si así fuera, me habrías escuchado ya hace tiempo

y estarías llorando a Elvira como se merece,

en vez de meterte en cuitas estúpidas.

-Saber la verdad no es una tontería. -¿La verdad?

¡La verdad ya la sabes, aunque te empeñes en negarlas!

Tu prometida murió en el naufragio.

¡Y, por mucho que hagas, nada te la traerá de vuelta!

-Bueno, hagan el favor de no enfrascarse en discusiones absurdas.

Sea lo que sea, ya es demasiado tarde.

Los vecinos están a punto de llegar. -Tienes razón.

Ya solo me queda ser testigo

del último disparate que se le ocurra.

Me voy a hacerme una tisana,

antes de que los nervios acaben conmigo.

Ahora que estamos solos,

espero que me cuentes qué diantres estás planeando.

Desenmascarar de una vez por todas a ese canalla.

He amenazado al coronel con que hoy una mujer

iba a relatar a todos la verdad sobre su pasado.

No creo que tarde en venir a tratar de impedirlo.

(Puerta)

La verdad es que me sorprende

tu visita, Rosina. Pensé que estarías con Susana.

Me ha llegado que su protegido ha citado a todos.

Sí, lo sé. Pero, como tú, he declinado la invitación.

Es de suponer que Simón quiere seguir atacando al coronel,

y no quiero verme envuelta en esas cuitas.

Ya. Sobre todo porque don Arturo es tu inquilino.

Precisamente.

No sería bueno para nuestra relación que pensara que tomo partido

por su antiguo mayordomo.

Sabía decisión, como acostumbras.

Además, me veía en la obligación de venir a ver

cómo te encontrabas. Pues estoy bien.

Ya ves, no era menester que te preocuparas.

Tu ausencia en el baile de ayer fue muy comentada.

Supuse que tenía que haberte pasado algo muy grave para ausentarte

de sea forma tan... tan de improviso.

Tan solo tuve una pequeña indisposición,

pero ya estoy bien.

Te estoy agradecida por ocuparte de todo en mi ausencia.

Ah, no es preciso, lo hice encantada.

No podía permitir que tu baile fracasase

después de las molestias que te habías tomado.

-Perdón, señoras.

Doña Cayetana, he dejado recogida la cocina.

Marcho para le quiosco.

Gracias, Fabiana. -Tus invitados

se lo pasaron de lo lindo, a pesar de tu marcha.

Parece que fuiste mejor anfitriona de lo que yo hubiera sido.

No, mujer, tampoco es eso.

Bueno, ahora tienes que cuidarte esas indisposiciones.

Al parecer, no eres la única vecina

que últimamente no anda muy cristiana, ¿sabes?

¿Alguien enfermo en la finca?

Bueno, según Celia, tu antigua amiga, Teresa,

anda algo delicada.

Fíjate que ha ido a visitar a una curandera del barrio.

¿Y qué mal le aqueja?

Celia no me comentó.

Bueno, ya sabes que siempre peco de discreta.

Sí, lo sé, lo sé, querida.

¿Y esa curandera?

Desconocía que teníamos una en las cercanías.

No, no vive en el barrio. Pero hace años

que anda faenando por los alrededores. La valenciana.

¡Qué sofoco, qué sofoco!

-Temple, que le va a dar un síncope.

-¿Cómo que me calme? Molestar a los vecinos

convocándoles para nada. -Le he dicho que no es así.

No comprendo qué retrasa a la mujer que esperamos.

-Quizá fuese mejor

que siguiéramos el ejemplo del resto y nos marcháramos.

-Sí. Susana, no te molestamos.

-Por favor, no se marchen. No les he hecho llamar en balde.

-Así lo parece.

-No, no, no. Lo comprobarán.

Hay una mujer que tiene que contarles algo sobre Arturo Valverde.

-¡Basta ya, Simón!

Detén de una vez este sinsentido.

-¿No ves que es importante? -La haces sufrir un bochorno.

¿Acaso quieres matarla de vergüenza?

-Por supuesto que no. Pero no puedo rendirme ahora.

Si no lo comprendes, márchate.

-¿Cómo?

¿Me estás echando de casa de mi tía? ¿Pero tú...?

-Por favor, templad y no deis

un espectáculo. -Lo está dando este desagradecido.

-No des más disgustos a tu tía. Márchate.

Yo me encargo.

-Sí. Tienes razón.

Será mejor que no esté delante de él ni un segundo más.

-Bueno...

Será mejor que se marchen también.

Perdonen las molestias. -Por favor, no se marchen.

-Sí, Simón, déjales. Está claro que esta mujer no aparecerá.

No empeores más las cosas.

Por todos los santos.

Está perdiendo la razón completamente.

Pobre Susana, vaya tormento.

-La pobre no sabía dónde meterse.

Al final, Simón nos citó para nada.

-No, si ya suponía yo que era mejor no acudir.

¿Pero qué... qué iba a decirles el muchacho?

-Nos aseguró que una misteriosa mujer

nos iba a revelar la verdad

sobre don Arturo. Pero allí, pasaban los minutos y no apreció nadie.

-Ese joven ha perdido el oremus, eh.

-Hablé a solas con doña Susana

para ofrecerle mi ayuda.

Sé que no es fácil manejar la muerte de un ser querido.

-Así es, pero hay que saber reponerse.

-Simón es joven

y tiene toda la vida por delante. Con ayuda, terminará por lograrlo.

-Espero, por su bien y el de Susana, que usted lleve razón.

Es que no puede seguir persiguiendo al coronel.

-En fin, no la he hecho venir para que comentemos

lo sucedido,

sino para que hablemos de negocios.

-Sí. Creo saber qué es lo que le preocupa.

La reunión de Pablo con nuestro cliente, el relojero.

-Lo ha adivinado.

-No era difícil.

Para serle sincera, yo comparto su misma inquietud.

-Antoñito ha estado con él,

intentando ayudarle a preparar la reunión.

Pero, por lo que he podido sonsacarle, las dificultades

han sido considerables.

-Ya. Es que Pablo es muy buen muchacho,

pero nunca se ha distinguido por su desenvoltura y educación.

-Doña Rosina, yo no dudo de su bondad,

sino de sus capacidades.

Yo no quisiera violentarla, sé que es su yerno, pero...

-Pero los negocios son los negocios.

-Usted lo ha dicho.

Debemos estar seguros de que Pablo no nos va a dejar en un mal lugar.

-Bueno, yo ya le he dado toda la documentación que precisaba.

Sé que se está esforzando muchísimo, pero no puedo darle más garantáis.

-Ay, pero, don Ramón,

se me parte el alma solo de pensar

que he de decirle que abandone. -Podemos encontrar

un término medio.

-¿Cuál? Si es así, no se lo guarde ni un segundo. ¿Qué podemos hacer?

-Dejemos que Pablo sea el encargado de negociar con el relojero suizo.

Pero no le dejemos solo, acudamos nosotros a esa reunión.

-Ah, claro, sí, sí.

De este modo, si Pablo mete la pata, podremos solucionar el desaguisado.

-Exacto.

No debemos permitir que Pablo pase por un mal rato,

pero tampoco podemos quedar mal delante de un cliente tan importante.

-Don Ramón, le agradezco mucho su consideración.

(Puerta)

Yo no sabía qué hacer.

Eso sí, no le digamos nada a Pablo de nuestras intenciones, de momento.

-Descuide, haremos como desee.

(Puerta cerrándose)

Disculpe, don Ramón.

Había quedado con mi madre en venir a buscarla.

-No te preocupes, Leonor. Por cierto,

¿se sabe algo de cómo ha sido recibido tu discurso?

-No. Y tengo el corazón en un puño esperando noticias.

-No temas, estoy seguro de que la reina regente

ha sabido apreciarlo

como se merece. Tienes mucho talento.

-Se lo agradezco mucho, don Ramón. No quiero interrumpirles.

Sigan. Espero fuera.

-No, si ya habíamos terminado.

-Leonor...

Don Ramón y yo hemos decidido acompañar a Pablo...

a la reunión con nuestro cliente.

-Queremos quedarnos tranquilos

de poder intervenir por si acaso las cosas se tuercen.

-Sí, sí. Lo comprendo.

Me gustaría convencerles de que no será preciso,

pero es su negocio y, por tanto, su decisión.

(Puerta)

Al fin. Seguro que es ella. Sí. Ya es la hora.

¡Dios mío!

Está muy débil.

Bueno, débil no le hace justicia.

Está más muerta que viva.

Por aquí.

Puede marcharse, ya nos encargamos nosotros.

Gracias por su ayuda.

Teresa, tráele un vaso de agua.

So se moleste, señorita.

No puede ni llevarse agua al buche.

¿Qué pudo ocurrirle

para encontrarse en semejante estado?

Me temo que eso nunca lo sabremos.

La susodicha ni recuerda ni "tie" ya fuelle "pa" contárnoslo.

Un paisano la encontró en una abandonada caseta

de aperos en el camino del Prado.

Sabía que allí había alguien, pero, por desgracia, llegué tarde.

Me la trajo a mi casa "pa" que la tratara.

Lamento no haber podido hacer "na más" por ella.

¿Qué ocurre?

¿Desea decirnos algo?

Ahorre en sudores, señorita, no creo ni que la entienda.

Por un tiempo pensé que mejoraba, pero mis hierbas no le hicieron

"na" de "na". ¿Qué veneno le ha afectado así?

No te amuela, si lo supiera, otro gallo nos cantaría.

Sabría cómo tratarla.

¿Y sufre de muchos dolores?

A mi entender, le duele más el alma.

Aunque no recuerda una "miaja", está muy "asustá".

Ha intentado escaparse en un par de ocasiones.

Su falta de fuerzas se lo ha impedido.

Yo ya no puedo hacer "na" más por ella,

ni creo que ninguno

de los médicos con todos sus diplomas sean más útiles que una servidora.

Nos quedaremos al cargo.

Le agradecemos

lo que ha hecho por ella.

Úrsula.

Soy yo, Teresa.

Dígame la verdad,

¿no recuerda nada?

Teresa...

se está muriendo.

¿Has terminado ya?

Vámonos al hotel, anda.

-No, no, no puedo, Leonor, que...

He quedado con don Felipe que me estudiara esto.

Me ayuda a preparármelo. -¿Pero dónde está ahora?

-Tuvo que salir.

Le ha agotado tanta ignorancia mía.

A mí tanto saber no me entra en la mollera.

-No, no digas eso.

Yo tomaré su lugar y te ayudaré mientras regresa.

(Puerta cerrándose)

¡Doña Leonor! Menos mal que la encuentro aquí.

Ha venido un emisario de la Casa Real en su busca.

-Bien, Servando. ¿Y qué quería de mí? -Darle un correo

de su Majestad. En el hotel le dijeron que seguía aquí. Ay.

Bueno, ¿y qué dice?

-No es de tu incumbencia, no me seas cotilla.

Vete a tus quehaceres y déjanos.

-¿Cotilla yo? No, si habló quien pudo.

-¡Ay, hija, cuenta! ¿Qué te quiere decir la reina

con tamaña urgencia? -Nada, madre, que...

tan solo quiere felicitarme y agradecer mi labor.

Dice que leyó mi discurso

y que todo el mundo la aplaudió muchísimo.

-Estoy muy orgulloso de ti.

-¡Ay!¡ Y yo, y yo!

¡Dios mío! -¡Ay, Dios mío!

Yo también estoy muy orgullosa.

Llego a saberlo y digo a Servando que espere, para que lo propague

a los cuatro vientos. -Al llegar al hotel,

me lo lees entero. -Enterito, enterito.

-Ganas me dan de acompañaros. Para oír el discurso.

-Pues no será menester,

lo repasé tanto que me lo sé de memoria.

-¿A qué esperas?

Por favor, dinos al menos la parte que habla de tu padre.

Por todo esto,

como vuestra soberana,

os digo que ha llegado el momento de luchar

por una sanidad pública.

Es nuestro deber que no tan solo sean unos pocos

los que puedan disfrutar del saber

de nuestros insignes doctores.

Sigamos el noble camino marcado

por nuestro querido y añorado

don Maximiliano Hidalgo.

-¡Ay, hija!

Qué pico de oro que te ha dado Dios.

Por favor, vamos a pasear por Acacias.

No quiero ni que una señora se quede sin ver esta nota,

ni oír parte de tu discurso. -No puedo ir con usted.

Dije a Pablo que me quedaría con él.

-No, cariño, por mí no te quedes. Ve y disfruta,

que te lo mereces.

-Pero... -No, no.

Que yo con esto puedo solo.

Tú también estarás muy orgullosa de mí.

-¿A qué esperamos? Vamos. Quiero ver la cara de las vecinas.

Ay, ay.

Simón, haz el favor, espérame.

Déjame solo, por favor.

He vuelto a fallar, Víctor.

Remedios se ha quedado las joyas de Elvira

sin cumplir su parte del trato. -¿Y qué esperabas?

¿Que confesara sus crímenes? -Cuando hablé con ella,

parecía decidida.

-Pues está claro que te ha engañado.

Eso...

-¿O qué? ¿Qué otra cosa puede haber sucedido?

-Pues que quizá alguien la haya hecho desistir.

Por eso el coronel no vino,

porque sabía que su secreto no corría peligro.

¡He sido un imbécil, Víctor!

¡Ahora mismo estará riéndose

y frotándose las manos! -No te tortures más, Simón. Para ya.

-Nunca, nunca.

No hasta hacerle pagar lo que le hizo a su hija.

¿Ahora qué pasa?

¡Por todos los santos!

(Música de suspense)

¿Tú crees que es...? -Sí.

Sí, Víctor, es Remedios.

Está muerta.

Arturo.

Toma. Gracias.

Mauro, deberíamos llamar a un médico.

Ya has oído a La valenciana, sería inútil. No llegaría a tiempo.

Al menos, intentarlo.

De acuerdo.

Mauro.

Úrsula,

soy yo, Teresa.

Y también está Mauro a mi lado.

¿Hay algo que quiera contarnos?

¿Qué le ha ocurrido?

Dígame quién la ha envenenado.

(BALBUCEA)

Ca...

Cayetana.

Disculpe.

¿Sí?

¿Es usted a quien llaman La valenciana?

Sí.

La estaba aguardando.

Sea lo que sea lo que la trae hasta una servidora,

tendrá que aguardar.

La jornada ha sido bien larga y mis huesos no dan ya más de sí.

Verá usted, dispongo de dinero,

y puedo ser muy generosa.

Sí, ya veo que es una señor de posibles.

Pero le he dicho que estoy "fatigá".

Vuelva mañana. Disculpe.

Solo la entretendré dos minutos. Necesito hacerle

una pregunta.

¿Y qué quiere saber una mujer como usted de una servidora?

Ha estado usted en Acacias, ¿verdad?,

tratando a la señora Teresa Sierra.

Quería saber por qué requiere

sus servicios.

Eso queda entre esa señora y yo y nadie más.

Entiendo sus reservas, pero me he preocupado al saberlo.

Sepa que tengo a Teresa en alta estima.

¿Qué mal puede afligirla que requiera su cuidados?

Sigo aguardando una respuesta. Espere "sentá".

Tengo por costumbre no hablar de los males de mis pacientes con extraños.

Le aseguro a usted que no soy ninguna extraña.

Considero a Teresa casi una hermana.

Ah, entonces lo tiene muy sencillo.

Pregúntele directamente a ella

y asunto "arreglao".

Lamentablemente, eso ya no es posible.

Verá, últimamente nos hemos distanciado un poco.

A pesar de todo, mi cariño por ella sigue intacto.

Por eso me preocupé al saber que podía estar enferma.

No me perdonaría que le ocurriera nada.

Dispongo de una buena posición y podría poner

a los mejores doctores a su servicio.

Pierda cuidado,

que su mal no reviste gravedad.

Y ojalá pudiera decir lo mismo

de otros de mis pacientes. No hay nada peor

que ver como un enfermo se consume sin remedio.

Entiendo.

¿Y tiene ahora algún enfermo semejante?

Para chasco que sí.

Hace unos días

que estoy con un enferma

sin que de nada hayan servido mis sudores.

Pobre Úrsula.

Pronto entregará la pelleja.

¿Y sigue usted cuidando de esa desdichada,

esa tal Úrsula? Nones. No podía hacer "na" por ella.

Precisamente con su amiga Teresa

y su prometido la he dejado.

¿Está usted bien?

Por cierto,

que aún no me ha dicho usted su nombre.

Cayetana de la Serna.

Ahora es usted la que ha palidecido.

Ya veo.

Le resulta familiar mi nombre.

Me dicen que ustedes han encontrado el cadáver.

-Así es. Pero nosotros ni lo hemos tocado ni nada.

-¿Y la conocían?

-Sí, sí. Se llama...

Se llamaba Remedios. Era una bailaora que actuaba

en "tablaos" flamencos y en cafés. Yo había pactado

encontrarme con ella.

-Y dígame, ¿a qué se debía su cita con la bailaora?

-"Has estado aquí"

todo el rato. -Sí.

-Este despacho es buen lugar para estudiar.

-Es un sitio silencioso y la silla es cómoda.

-¿Qué? ¿Cómo va? ¿Te centras?

-A ratos. Me distraigo con el vuelo de una mosca.

-Tienes que concentrarte.

Cuando la cabeza se te vaya, trata de tomar notas.

Ya verás como vuelves a la materia.

-Cariño, yo no tengo hábito de estudio como tú.

Cayetana.

Ya sé que fue Cayetana.

Lo que quiero saber es cómo, con qué.

Cayetana.

Cayetana.

Traigo el medicamento.

¿Está seguro el médico de que funcionará?

No, seguro no. Dice que así, sin saber qué veneno ha consumido,

no puede afirmar nada.

Eso si en verdad ha sido intoxicada con veneno.

¿Y qué otra cosa? Y más con Cayetana de por medio.

Me niego a creer en maldiciones y en ahogamientos.

Me da miedo romper

alguna cosa en un lugar tan "refinao".

No me sé comportar en lugares así.

Los objetos siempre son sustituibles.

Las personas, en cambio, no se pueden cambiar.

Siéntese, por favor.

Las personas siempre valen mucho más que cualquier objeto.

Casi todas.

Algunas hay que no tienen ningún valor.

Y ese es el caso de Úrsula.

Nada lamentaría su muerte.

El mundo sería mucho mejor sin ella.

Todos somos hijos de Dios.

Unos más que otros.

Los hay que son emisarios del maligno.

Me dijo usted que no le interesaba el dinero, ¿verdad?

Lo guardaré. No lo guarde tan aprisa.

-"Yo solo digo que..."

Que deberíamos seguir siendo comprensivos con Simón, pese a todo.

-Es dueño de su sufrimiento, pero debería olvidar al coronel.

¿A qué vino lo de ayer?

Traer a una persona para destruir su reputación.

-Alguien que tampoco vino.

-Debería dejar de proteger a Simón, doña Susana.

Lo único que está consiguiendo es que cierre los ojos a la vida.

-Tal vez tengan razón, no digo que no.

Tal vez debería

volver a hablar con él y dejárselo claro.

Hasta darle un ultimátum. -"Rosina, doña Celia,"

traigo buenas noticias.

-Dígame que las ratas de su casa han sido exterminadas.

-Anda, ¿y cómo lo sabe? -No lo sé.

Lo deseo.

-Ah, pues sí.

De hecho, vengo de hablar con los fumigadores

y solo falta limpiar los productos,

para que no nos envenenemos nosotros, claro está.

Y, si todo va bien, mañana estamos en casa.

-¡Ay, gracias al cielo!

-"Oye, Lola, una cosa".

¿Qué has hecho con lo que te ha quedado de la tarta?

Hay que ver, eh.

Menuda receta "criaturera".

Te lo digo por las ganas de hacer criaturas que te entran.

-A la basura que ha ido.

No la vuelvo hacer ahí me maten. Qué correrías.

-No me hagas pasar más vergüenza de la que ya tengo.

Hombre, tan poco fui tan descarada, ¿no?

-Bueno... -Que don Ramón y Trini

se apañen en su alcoba, que eso es sagrado y es secreto

en un matrimonio.

-Si el problema no fuiste ni tú ni ellos.

-¿No me digas más que alguien más tomó de la tarta?

-Sí. Y le hizo el doble de efecto, se puso como un verraco.

-El Servando.

-Ojalá. Que es mucho ruido y pocas nueces.

El señorito Antoñito.

-Flexibilidad, Pablo. ¿No te lo dice don Felipe?

-Sí. 100 veces.

-Si el cliente te pide

que le hables de la calidad, le envuelves con tus palabras,

le dices: "¿Cuál va a ser? La mejor".

Que con nuestro oro va a poder fabricar

los relojes más bellos, que cinco

de los mejores relojeros suizos ya lo utilizan.

-Eso... eso es muy buena idea. Sí, sí, sí.

-No hace falta que anotes nada. Lo que hace falta

es que entiendas el concepto.

Mira, ¿sabes qué podemos hacer?

Lo mejor será

que nosotros te acompañemos a la reunión y que me dejes a mí

que haga la exposición. Puedes aprender sobre la marcha.

Si necesito algún dato, pues tú me lo das de inmediato.

¿Qué es lo que quiere? -¿Sabe lo que ha hecho Gayarre?

-Por favor, respete.

-¿Sabe lo que ha hecho? -No grite, le van a oír todos.

-Pues déjeme ver a ese miserable. -Le advierto

que Simón no se encuentra en casa.

-Pues ya vendrá.

-No permitiré que su presencia

suponga ningún peligro para él. -Es un peligro para sí mismo,

para usted y para todos,

una bomba a punto de estallar. Se llevará todo por delante.

-¿Ah, sí? ¿Y qué ha hecho? -¿No sabe lo que ha hecho?

Ha ido a comisaría acusándome del asesinato de una mujer.

-¿Qué? -Se ha vuelto loco.

Ya ni en prisión, debería estar encerrado en un manicomio.

Y no me voy a mover hasta que no hable con él.

"Me ha contado Felipe"

que Cayetana está preocupada.

Teme que Úrsula hable y cuente todo lo que sabe.

Con lo bien que se ha portado Felipe con nosotros,

me incomoda que le mientas. Ya.

Si viniera aquí y descubriera a Úrsula,

perdería la confianza en ti. Lo sé. Me sabe mal mentirle,

pero... creo que aún no podemos desvelar esto.

¿Servirá de algo tenerla aquí y ayudarla a recuperarse?

Cualquier cosa puede servirnos o se puede volver en nuestra contra.

Esperemos que sea para bien.

Un poco de agua, por favor.

-"Vámonos, Felipe". -"Comisario,"

por favor, cálmese. Las inquinas personales no llevan a nada.

Entiendo la preocupación de Cayetana por el caso.

Hasta no tener a Úrsula, quedará en entredicho su participación

en lo de Tirso. Gracias, Felipe.

Por fin un poco de sensatez. Como sabe, no tenemos indicios

del paradero de doña Úrsula. De tenerlos, estaría detenida.

¿Y no los tiene Mauro?

¿Insinúa que puede ocultarnos algo? Comisario,

¿aún no ha visto que ese hombre

tiene un desequilibrio mental y moral

y que solo actúa en beneficio de las ideas

de su perturbada mente? -Por favor,

si quiere acusar de algo a Mauro, hágalo,

pero no deje caer medias verdades.

Creo que Mauro sabe dónde está Úrsula.

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  • Capítulo 547

Acacias 38 - Capítulo 547

28 jun 2017

Cayetana está muy preocupada por lo que pueda pasarle, se siente vulnerable. Fabiana la protege. Cayetana descubre que Sara le robó una joya. Por su parte, Sara se despide de Mauro y Teresa. Simón aparece en casa de Arturo y le amenaza con que Remedios hablará ante los vecinos. Simón cita a los vecinos en casa de Susana, pero Remedios no aparece y queda en ridículo. Susana cree que ha enloquecido. Simón y Víctor descubren el cadáver de Remedios. Pablo está a punto de abandonar su preparación para la reunión del yacimiento, pero Felipe promete ayudarle en todo. Leonor recibe felicitaciones por el discurso de la Reina. Antoñito, bajo los efectos de la tarta cabrahiguense, tiene un sueño erótico con Lolita. La Valenciana trae a una moribunda Úrsula a la pensión de Mauro. Cayetana se entera de que Teresa ha consultado a una curandera, averigua de quién se trata y arrincona a la Valenciana: quiere saber por qué ha tratado a Teresa. Úrsula desvela que fue Cayetana quien la envenenó.

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  1. María

    A ver si le dan un final como el que se merece y nos ponen otra serie nueva y que enganche desde el minuto uno.

    03 jul 2017
  2. Maria

    Una novela aburridisim

    29 jun 2017
  3. Margarita de la Serna

    En verdad ya aburrió y cuando parecía que avanzaban nada que se regresan dan un pasito para adelante y cuatro para atrás .....y no es posible que aFabiana que también intentó matar ya no se acuerde....decepcionante de verdad

    29 jun 2017
  4. Debora

    Me parece que ya ha perdido todo el atractivo que tuvo en algún momento, ahora es una cosa sin propósito, para alargar algo, sin sentido, y se refleja perfectamente el agotamiento mental del guionista, acabe con ésta patraña, en la que ha convertido ésta novela. Por mi parte ya la dejé de ver hace rato, pero me encontré esto y no podía callar ¿¿.

    29 jun 2017
  5. José

    Pues yo considero que lo están alargando demasiado y estoy de acuerdo que deberían ir dándole un final que creo que todos estamos esperando.

    29 jun 2017
  6. MontseFV

    Llevo un mes sin ver la serie, y he estado viendo los resúmenes, la verdad es que yo empecé este año a verla, pero ya se me han quitado las ganas, que lenta, aburrida y pesada se me hace, contraten mejores guionistas, que hagan que resulte todo más creíble por favor!

    29 jun 2017
  7. Jessica

    Voy a dormir y tu también iremos a un hotel romántico

    29 jun 2017
  8. Jessica

    Segundo y ya felipe vamos a dormir ya hemos acabo cariño mio te amo m vida te adoro cono antes ¿¿¿¿¿ te ano

    29 jun 2017
  9. Jessica

    Felipe ya esta

    29 jun 2017
  10. Jessica

    Felipe Álvarez hermoso voy a dormir ya son la 1 te mando uno y ya como estas manchego eres el la mor de mi vida ¿

    29 jun 2017
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