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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 545 - ver ahora
Transcripción completa

No veo yo mayor aprieto.

¿Va todo bien?

Por la criatura y la sangre, sí.

Es otro su problema. -Luego, de algo sufre.

-De angustias, todo lo más.

-"Sí,...

don Ramón se ha empeñado en que sea su hijo Antoñito"

quien funja en el cargo. -¿Y se puede saber

por qué se ha rechazado mi candidatura?

Porque Antoñito es el hijo de don Ramón,...

pero yo soy su yerno.

Yo ahí veo un empate de méritos.

-¿Y si nos olvidamos del plan y de todo?

Vas a morir, o te detendrán e iré al cadalso.

Cállate.

Voy a hacerlo, y ni tú ni nadie me va a convencer de lo contrario.

Lo voy a hacer.

Y tú me vas a ayudar sin rechistar.

Y va a salir bien, porque tú vas a ser muy cuidadosa.

-"Para el coronel,"

el honor es lo más sagrado.

-¿Cuál es el próximo paso a dar?

-Tengo una cita esta tarde con Remedios.

Antes de decidir qué hacer, hablaré con ella a ver qué me cuenta.

Daré con la verdad, Víctor,

y pronto.

-Bueno, pues yo te acompaño.

-Mauro tiene una cita con Úrsula.

-¿Y ella se presentará?

-Espero que sí.

Aunque no te puedes fiar de esa pájara.

Todavía siguen haciendo una buena pareja.

Sería una pena desaprovechar tanta apostura.

Vayan al baile.

-"Va usted a peor".

Unas figuraciones raras me han venido a la cabeza.

-¿Ha recordado algo?

Dígamelo y así podré ayudarla.

-Es que todo el mundo cree que no sirvo para otra cosa que para mozo.

-Pablo, nadie ha dicho eso.

-No lo dicen, pero lo piensan.

Si no, ¿por qué no me dan la oportunidad de ser agente de ventas?

Yo solo pido que me prueben,

que me permitan catar.

Que me otorguen confianza.

"Señores,..."

den lo mejor de ustedes.

He visto llegar un carruaje a la pensión de Mauro San Emeterio.

¿Quién iba dentro?

Una mujer embozada.

Úrsula. Ha llegado pronto.

El señorito Simón, que vuelve a querer revolver los hechos.

Si Simón, sea señor o mendigo, me ofrece buen parné,

algo tendrá que hacer usted para que yo no largue.

Como las mulas en feria,

me vendo al mejor postor.

No se lo piense tanto y afloje la mosca.

Tan solo le estoy pidiendo unos cuartos más.

-Estoy harto de tus exigencias.

Este es un asunto saldado.

-No, mientras haya alguien

en la calle dispuesto a pagarme algo más de parné.

No será porque le faltan cuartos.

Es usted todo un potentado.

-Deja de pasearte como si esta fuera tu casa.

No voy a darte una perra chica.

-¿Está seguro que no va a pagarme?

Piénselo.

Mira que puedo arruinarle la vida.

-No te consiento que me amenaces, ¿me estás oyendo?

¡Fuera de mi casa! -Como usted mande.

Pero que sepa que voy a largarle todo al tal Simón.

-Si sabes lo que te conviene, será mejor que no te atrevas a hacerlo.

No va a achantarme ni una "mijita".

O me paga,...

o le empiezo a dar a la húmeda...

para que todo el mundo se entere de lo que hizo.

-No.

No vas a hacerlo.

Ya pagué por tu silencio y no pienso pagar más.

-¿Y qué va a hacer para impedir que largue?

-Meterte una bala entre pecho y espalda.

Sabes que no sería la primera persona

que mando a rendir cuentas a nuestro Señor.

No se te ocurra volver a amenazarme.

Ni ir con cuentos al tuercebotas de Simón, ¡¿me estás oyendo?!

Tenlo claro: conmigo no se juega.

Por tu bien, espero que lo hayas entendido.

(APLAUDEN)

Hay que ver, cada vez está más extendida la idea esta

de tomar la cena de pie. -Pues yo no lo termino de ver

muy práctico eso, ¿eh?

-Me faltan manos para coger la comida, la copa y sacarte a bailar.

-Bueno, tengo bastante con haber abierto el baile contigo.

¡Uy!

-Amor, perdóname el retraso.

No he podido librarme de un asunto hasta ahora.

-Te perdono solo por lo guapo que vienes a esta velada.

-Tendré que esforzarme si quiero estar a tu lado, ¿no?

Eres lo más bonito de este baile.

-(CARRASPEA)

Perdón por la molestia, pero ¿han visto a Lolita?

-No.

Pero tampoco he estado pendiente de todas las criadas

que han pasado por aquí. -¿Qué te pasa, Fabiana?

-Que no damos abasto en la cocina.

Quería mandarla a que buscara a Simón para que nos eche un cable.

-Pues ahora mismo lo acabo yo de dejar en la calle.

Bueno, voy a ver si lo veo.

Que entre tanto protocolo

y tanto melindre, andamos como pollo sin cabeza.

-No me extraña que andéis así. Son muchos los invitados,

y la anfitriona ha hecho mutis. ¿Sabes dónde ha ido Cayetana?

-Ha tenido que salir un momento, señora, pero volverá a escape.

Y ahora, si me disculpan,

voy a ver si puedo arreglar este entuerto.

-Por más que he preguntado en el Ateneo, nadie ha sabido darme razón

de alguien que pueda ocupar el puesto que se ha quedado vacante

en el yacimiento.

-El suizo de los relojes llega mañana,

y aún no tenemos agente comercial para que le atienda.

-Tal vez sería una buena idea postergar la reunión

para otra ocasión.

-No, no. No podemos dejar pasar este tren,

don Ramón. Me da que viene cargado de duros.

Liberto,...

¿qué te parece?

Don Ramón quiere aplazar la reunión con el suizo,

y no me refiero a un bollo. Esto tenemos que solucionarlo.

Además, le advierto que Liberto

también opina como yo, que Pablo sería un muy buen candidato

para el puesto. ¿Verdad que lo hemos hablado, querido?

-¿Sí?

Sí. Sí, sí, sí.

-No le dé más vueltas, don Ramón,

tenemos la solución a nuestras cuitas delante de las narices.

-Es una posibilidad, pero no termino de ver

que sea la solución más acertada.

-Anda, ¿y eso por qué?

-No es por desmerecer a Pablo, al cual tengo por una persona

muy cabal, pero traer contratos es un asunto muy importante.

Hace falta una preparación y una instrucción muy específicas.

-Bueno, no será para tanto. -No se crea, ni yo mismo

me veo preparado para ocupar ese puesto.

La persuasión y las ventas son todo un arte.

-Bueno, pero... Pablo es muy voluntarioso.

Y Liberto tiene palique para dar y regalar.

Podrías darle un cursillo acelerado.

-No dispongo de mucho tiempo, pero veremos qué se puede hacer.

Y yo trataré de aprovecharlo al máximo.

Lo que le puedo asegurar, don Ramón, es que voy a poner todo mi empeño

en que la reunión salga fetén. -De eso estoy convencido.

Coraje no te va a faltar.

Pero no sé si eso va a ser suficiente.

-Insisto, don Ramón, no le dé más vueltas.

Vamos a hacer una cosa: si Pablo consigue convencer al relojero,

podrá quedarse con el puesto.

-A mí no me parece mala idea, don Ramón.

Aplazando la reunión tiene el trato perdido.

Sin embargo, si se encarga de ella, Pablo, alguna posibilidad tiene

de sacar el negocio adelante.

-Tengo que admitir que no me parece un mal trato.

Solo falta que todo salga a pedir de boca.

-No le quepa duda.

-Brindemos por ello.

-Ardua tarea, porque no tenemos bebida.

-Fabiana, azuza al servicio,

que estamos pasando más sed que los camellos esos del desierto.

-Perdone usted, señora, pero es que no damos más de sí.

-¿Dónde está Cayetana? Tiene que poner orden en este desbarajuste.

-Está a punto de volver, señora, se lo aseguro.

-Vamos a hacer una cosa.

Será mejor que mientras ella esté ausente,

ejerza yo de anfitriona, ¿o os parece?

(Música)

¿Qué está pasando aquí?

Le agradezco su visita, Cayetana.

Déjeme marchar inmediatamente.

Me temo que eso no va a ser posible.

¿No le agrada mi compañía?

Déjese de chanzas. ¿Qué es toda esta comedia?

Esperaba encontrarse con otra persona, ¿verdad?

Me barrunto que creía que Úrsula iba a estar aquí.

Qué ingenua ha sido, eso no va a ocurrir.

Ella no va a aparecer por esta habitación.

No sé de qué está hablando. Sí, sí lo sabe.

He utilizado a Sara para hacerla venir.

Maldita sea su estampa. No la culpe.

También a ella la he engañado.

¿Qué quiere de mí?

Mauro, le exijo que detenga este despropósito,

me esperan en mi casa.

Bien lo sé.

Sé que la he sacado del baile.

Que la han visto salir agitada.

Pero, créame, está aquí por una razón.

Existe un objetivo frío...

y premeditado. Si algún le queda algo de razón,

déjeme marchar.

Está a tiempo de que esta locura no tenga consecuencias.

Si cree que a estas alturas me importa algo

lo que le pueda ocurrir...

Ya no me importa nada.

Solo quiero acabar con usted, Cayetana.

No va a escapar de la justicia.

Lo sé.

Pero, a pesar de todo, la voy a matar.

Y luego que ocurra lo que tenga que ocurrir.

No le tengo miedo al verdugo.

Cese en su empeño.

Cualquier intento de huida es inútil.

Póngase a bien con Dios, Cayetana.

Ha llegado su hora.

Arrodíllese. ¡Vamos!

Mauro,...

Mauro, por favor.

Tiene que escuchar la verdad.

(TARAREA)

Hale.

Ya está.

Hala. Ya la he terminado.

Menudo embolado que me ha buscado doña Trini.

Todo el día llevo haciendo la dichosa tarta.

-No será para tanto.

-Pues no creo que en su tierra hagan mejores dulces.

Qué atrevida es la ignorancia.

Pues has de saber que, cuando la reina Isabel II pasó por mi pueblo

y probó la tarta de castañas de Naveros del Río, se quedó extasiada.

Tanto, que tuvo que quedarse allí a hacer noche.

-Eso es porque le dio gases y no pudo continuar con el viaje.

-Un poquito de respeto, deslenguada, que estás hablando de una reina.

-¿Qué pasa, que esas no se ventosean como todos?

Donde esté la tarta de Cabrahígo,

que se quiten las melindres del mundo.

Dos kilos de manteca y tres de higos que lleva la masa.

Y más que no le puedo decir.

-Pues no digo yo que para forraje para las bestias no,

pero donde esté una castaña, es mucho más delicada y sabrosa.

-Horas llevo buscándote.

¿Se puede saber qué estás haciendo que no estás atendiendo en el baile?

-Pues doña Trini me ha encargado esta tarta.

Y se me ha acabado la canela, y la subí aquí, para terminarla.

-¿No has podido dejar el encargo para otro día?

Tienes la cabeza solo para llevar los pelos.

-Y tienes más que un borrico.

-Doña Trini la ha encargado para hoy.

Que es que se la quiere dar esta noche al marido.

Ya puede figurarse para qué.

Esta tarta lleva más canela, que arroz una paella.

-No seas descarada, niña. -Es que es verdad.

Viene mucha gente, solo que para probar la tarta.

Que dicen que,...

además de alimentar, anima las partes más pudendas.

-No será para tanto. Para mí que tú exageras.

-Usted está así porque la tarta de su pueblo

no se la comen ni las cabras.

-¡Ya está bien de disputas! Ya.

Y tú, ponte los guantes y sal inmediatamente a servir el asado

si no quieres que tengamos un disgusto.

-Lo que usted diga.

-Ni un minuto más.

Y usted, Servando,...

no me distraiga al personal que lo conozco.

-No, yo...

-Nunca había visto a la Fabiana de tan malas pulgas.

-Natural. Es que doña Cayetana se ha tenido que ir,

dejando la fiesta a medias.

Qué capricho, la señora.

Largarse con la casa llena de invitados.

-¿Y qué hago con la tarta?

Si la dejo aquí, lo mismo alguna se piensa

que es para el convite y, se la sirve a los señores.

-Si quieres, te la subo yo al altillo.

-Está bien.

Pero ni se le ocurra echarle mano, ¿eh?

Que es solo para don Ramón y doña Trini.

-Ni se me ocurre. Con la pinta de empalagoso que tiene esto.

-No le voy a discutir. Pero no le dé ni un bocado.

-Pues mala pinta tampoco,...

tampoco tiene.

(CANTURREA)

(Música)

(APLAUDEN)

¿Qué te ocurre? ¿Va todo bien?

-Sí. Más o menos.

Fabiana me ha mandado buscar para que le ayude a organizar un poco

la fiesta. Anda desorientada sin su señora.

-Al menos esto te servirá para distraer un poco tu cabeza,

que buena falta te hace.

-Voy a la cocina a ver qué necesitan.

-Cariño,... me van a dar una oportunidad.

Voy a ir a la reunión con el relojero suizo.

Espero estar a la altura. -No te quepa la menor duda.

Eres espabilado como el que más.

-De algo habrá servido haber estado mucho tiempo a dos velas.

Nada agudiza más el ingenio que el hambre.

Claro.

-Leonor, ¿qué se siente al haber escrito un discurso para la Reina?

-Pues mucha emoción.

Y algo de angustia, que es una responsabilidad muy grande.

-No es un asunto baladí

elegir las palabras que va a decir nuestra soberana.

-Y más siendo el discurso homenaje para mi padre.

-No sabía yo que don Maximiliano fuera un personaje tan principal.

-La "Garden Party" de la Reina se ofrece con motivo

de la inauguración de una casa de socorro.

Y, como mi padre significó tanto en la lucha

contra la mala praxis de algunos cirujanos,

ha querido tener ese detalle con él. -Tu padre era un gran hombre.

Lástima que su vida se truncara tan pronto.

-Una persona de mucha calidad humana.

Todo un prócer de este barrio.

De haber tenido más tiempo, habría cambiado más la legislación

sobre la medicina. -Así es.

Estaba empeñado en que la sanidad llegara a la mayor cantidad

de gente posible.

-Su sueño es que fuera algo universal.

-Difícil misión la de cambiar las costumbres de un país

tan carpetovetónico como el nuestro. -Desde luego.

Ya han visto lo que le ha costado a Sagasta aprobar los presupuestos.

-Menuda charada se ha montado él y el señor Montero Ríos;

debería darles vergüenza.

-Una treta de lo más sucia han tenido que emplear para que Ribera

no pidiese una votación nominal.

-Las cloacas de la política son insondables.

-A Ribera lo único que le mueve es el resentimiento personal.

-Menudo mangante es ese.

-Estos liberales han demostrado carecer de objetivos.

De pensamiento, de unidad, de disciplina.

No tienen eficacia. Ni potencia para gobernar.

¿No te parece, Pablo?

-Yo...

Yo solo puedo decir que don Maximiliano era un buen hombre.

Si me permiten,

voy a ir a servirme algo para beber.

(Suena la campana)

Eh, eh, eh...

Buenas.

Que digo yo que si le doy tiento,

tampoco se iba a notar mucho.

Esta Lolita, aparte de levantarme la curiosidad,

me ha levantado el apetito.

-¿Qué haces, Servando? -¿Yo? ¿Qué tarta, qué tarta?

¿Qué tarta? ¿Qué hago? No hago nada, no he tocado nada.

-Pero ¿qué dices?

-Nada, no, no, que la Lolita...

me ha dicho que subiera este dulce

y, nada, lo he subido.

¿No vas a faenar a casa de doña Cayetana?

-Ahora cuando me cambie.

La verdad es que hoy tengo menos ganas de faenar,

que un carnicero en cuaresma.

-¿Qué te pasa, muchacha?

¿Qué te ocurre, chiquilla? -Ay, Servando, ¿qué he de tener?

Que no está mi marido, con lo grandote que es,

y yo le echo muchísimo de menos. -Tú no te apures, que...

pronto volverá.

-Pues sí, Dios lo quiera.

Cómo lo tiene que estar pasando allí en los Pirineos.

¿Tendrá mucho frío

o le habrá atacado algún oso?

-Mujer, no digas enormidades, ¿cómo va a pasarle eso?

-Hombre, al Rey Favila se lo comió un oso con corona y todo.

-Ya, pero eso fue en los Picos de Europa, no en los Pirineos.

-Pues peor me lo pone, entonces.

Pues sí, porque cuanto más altas son las montañas,

más alimañas andan sueltas por ahí.

-No te preocupes, que Martín es un hombre de mundo

y se las apaña fetén allá donde esté.

-Pues sí.

En eso lleva usted toda la razón.

Lo que pasa es que, desde que nos casamos,

no nos hemos separado ni una miaja.

Ojalá vuelva pronto. -Sí, no, eso mismo digo yo,

que tengo yo toda la faena de la casa.

-Hombre, pues como ha sido siempre. -No te creas,

que en este edificio cada vez hay más trabajo.

-Y usted está cada vez más viejo y más perro.

Esto se lo digo yo a usted

con todo el cariño del mundo, ¿eh?

Pero, vamos, que ya me ha dicho mi Martín

que es él el que hace todos los recados de la portería.

Sí, no, ya,... si se queja mucho. Sí, no, sí,...

De desagradecidos...

está el mundo lleno.

Oye,...

pues sí que tiene buena pinta, rediez.

Si estuviera aquí mi Martín, seguro que le hincaría el diente.

"¿Cómo has hecho el pajarillo?".

-Es muy fácil. Me enseñaron en Filipinas.

Se llama papiroflexia. Espera.

-¿Papiro qué?

-"Papiro" es papel. Y "flexia" es doblarlo,

o eso me han dicho.

Los filipinos lo hacen mucho.

Pero ellos lo aprendieron de los chinos o de los japoneses,

o de los de por allí.

Me llamo Martín. ¿Tú?

-Casilda.

-Allí se dan dos besos al presentarse. Así.

-Pues... qué descarados los filipinos.

-Toma.

-Y tú más descarado, Martín.

-Aquí tienes mi corazón, a ver qué haces con él.

(SUSPIRA)

Hay que ver, ¿eh?

Qué buena mano tiene la Lola con el higo.

Venga, otro más.

Nunca he querido hacerle mal a Teresa.

Siempre la he tratado como una hermana.

Pues bien que se ha lucido.

Le ha destrozado la vida.

Nunca ha sido mi intención. Yo nunca he querido hacerle daño.

Tiene cierta gracia.

Es capaz de soltar cualquier embuste, con tal de alargar

su miserable existencia. Tiene que creerme.

Úrsula es la culpable de todo.

Ay, Cayetana,...

¿ni siquiera en sus últimos minutos de vida va a ser sincera?

Úrsula mató a Tirso.

¿Qué interés podía tener ella en asesinar

a ese pobre inocente?

Destrozarnos la vida.

Alejarme de Teresa.

Dejarme sola, vulnerable,...

Le aseguro que todo esto es un plan urdido por ella.

Si hay alguna culpable aquí, es Úrsula.

Y no tenga la menor duda, que esa bruja

seguirá conspirando contra nosotros.

Esté donde esté.

Nombre.

Úrsula.

-Úrsula. -Así me llamo.

Pero no me ha venido nada más.

No se me achante usted, que es un buen principio.

Ya recordará. Ahora, cálcese usted.

-No estoy buena, no.

Siento como... una presión muy fuerte en mi cabeza.

-Eso es por la emoción de haber recordado su nombre.

No padezca.

-Estoy tan desolada...

Tan sola.

-Me tiene usted a mí.

No creo ni una palabra.

Es usted la que ha intentado

separarnos por todos los medios a Teresa y a mí.

No puedo negar lo evidente.

Pero nunca hubiera llegado al asesinato para conseguir ese fin.

Miente.

Me consta que ha matado antes.

Ese niño ha muerto, Cayetana.

Y usted va a pagar por ello.

Estoy decidido.

Está cometiendo una injusticia.

Ninguno de nosotros debería pagar por lo que ha pasado.

La verdadera culpable va a escapar.

Clemencia, Mauro.

He estado bajo el yugo de Úrsula desde niña.

Deme un minuto más.

Déjeme contarle lo que me hizo esa mujer.

Cómo he llegado a ser como soy.

Nunca se lo he contado a nadie.

Luego podrá matarme si quiere.

Pero quiero que sepa...

que soy una víctima.

Igual que usted.

Pablo,...

¿descansando un poco del ajetreo del convite?

-Sí, ya no soportaba tanto alarde de riqueza y erudición.

-Ya.

Ya te vi salir haciendo fu como el gato.

-Me veía incapaz de meter baza.

-¿Te avergüenza no poder participar en la conversación?

-Sí.

Me siento un cateto cuando hablan de política o economía.

-No te preocupes por eso. Es un tema tan fácil de aprender

como otro cualquiera.

Además, que ya hemos quedado en que te iba a poner al día, ¿no es así?

-Te lo agradezco, Liberto, pero...

es que me veo incapaz de aprender esas zarandajas.

Soy un tarugo que solo se siente a gusto

rodeado de caballos, de asnos u otras bestias.

-Te equivocas, Pablo.

Eres mucho más inteligente que la mayoría de personas

que intentan largar sobre estos temas sentando cátedra,

cuando en verdad, lo que hacen es repetir lo que han oído.

Deberías hacer un esfuerzo y escuchar mis clases.

¿O qué pasa, no quieres presentarte a la reunión con el relojero?

-Me da a mí que me he metido en un buen berenjenal.

-Pamplinas. Puede que no sea fácil.

Es cierto. Pero si...

afinas la oreja y prestas atención en cómo se habla en los corrillos,

pronto vas a estar a la altura.

-¿Tú crees que con eso será suficiente?

-Tal vez necesites un poco más de ayuda, alguien que te aleccione

en estas lides y que tenga más tiempo libre que yo.

-Bueno, me lo estás poniendo difícil.

-No.

Yo creo que lo tienes muy fácil y al alcance de la mano.

Pablo,...

¿por qué no se lo dices a Leonor?

Es una mujer culta y de letras.

-No, no me parece un buen apaño. Lo suyo es escribir.

Me ha dicho muchas veces

que hablar en público es muy difícil.

-Así os ejercitáis los dos en la oratoria.

-Que no, que no, que no insistas.

Leonor ya me enseñó a leer y escribir.

No quiero que se pase la vida dándome lecciones.

Entiéndeme, Liberto, es mi esposa.

¿En qué lugar quedo yo como hombre de la casa?

-Está bien, no te preocupes.

Encontraremos otra persona que sirva para este menester.

-Y me da a mí que he encontrado a mi maestro.

Uno al que labia no le falta.

(Música clásica)

¿Puedo ayudarle en algo, don Arturo?

-Buscaba a doña Cayetana para presentarle mis respetos.

Como estoy de luto, no puedo quedarme.

-La señora ha salido, pero me barrunto que no tardará en caer.

Si quiere, mientras, puede esperarla tomando un refrigerio.

-Sí, si no va a tardar. Puedo quedarme cinco minutos.

-Me alegro de verle por aquí, coronel.

No esperaba que usted

fuera a acudir a esta reunión.

-He venido a presentar mis respetos, pero veo que no está.

-Hace rato que marchó de su propia fiesta, lo cual resulta chocante.

-De Cayetana se puede esperar cualquier cosa.

-Pues espero que no tarde.

No me siento a gusto en una fiesta estando de luto.

-Si nos disculpa, vamos a buscar a nuestras esposas.

Les hemos prometido bailar una polca con ellas.

-Por mí no se apuren.

Estaré aquí apenas cinco minutos más.

-No retires tan rápido las copas.

Casi le tiras una encima a la señora Del Pozo.

-Eso no es culpa mía.

La buena señora está más bebida que un cartero.

-Pues como está siempre, pero que se la tire ella solita encima, no tú.

-Tráeme una copa de vino.

-¿Está el vino de su gusto, señor?

-No te vayas tan rápido.

Te aconsejo por tu bien

que dejes de meterte en mis asuntos.

-Entiendo.

Así que está usted detrás de que Remedios me haya dado plantón.

-Hay asuntos que no te competen.

Mantente alejado de ellos. -No me voy a achantar.

Haré lo que sea por descubrir la verdad.

¿Por qué tiene tanto miedo?

¿Qué le hizo usted a Eusebio y a su propia mujer?

-No sigas con tus infamias, ganapán.

-Usted a mí no me dice lo que tengo que hacer.

¿Quiere que les cuente a todos que es usted un cornudo?

Ahora sería una magnífica ocasión.

-Haz lo que quieras.

Ya me he encargado de que no puedas demostrar nada.

-¿Qué ha hecho?

-¿A qué viene esto?

¿Cómo se atreve a amenazarme?

¿De dónde ha sacado esa patraña sobre mi vida privada?

Respete de una vez el duelo que tengo por mi hija.

Y deje de acosarme, por Dios. -Es un tramposo.

-Un... -Un nada.

Calla ya de una vez, por Dios.

Recupera tu compostura, no es momento de discusiones.

-Simón,...

ven conmigo que estás muy alterado. Ven conmigo.

Vamos.

-No ha ocurrido nada,

ha sido... un malentendido.

Caballeros, busquen pareja, que van a empezar las polcas.

-¡Uy, Ramón, las polcas!

Úrsula fue mi institutriz.

Y me hizo cosas horribles.

Me pegaba con cualquier excusa.

Me dejaba días sin comer.

Me prohibió jugar,...

sonreír,...

equivocarme.

Me arrebató la inocencia. La compasión.

Me convirtió en una mujer sin escrúpulos.

Yo, lo único que he hecho ha sido buscar el amor.

En Germán. En Teresa.

Y lo consiguió.

La tenía muy engañada.

Yo siempre fui sincera con ella.

Le abrí las puertas de mi casa.

De mi corazón.

Aprendí a amarla como si fuera de mi sangre.

No se acerque ni un centímetro si quiere seguir respirando.

¿De verdad me tiene miedo, Mauro?

Puedo parecer fuerte,...

pero en realidad,

soy una desgraciada abandonada en este mundo.

Todos me ven como alguien poderoso.

Altivo.

Pero es solo una coraza para esconder la soledad

que me invade cada noche.

Máteme.

Por fin descansaré en paz.

Acabará este calvario. Haga lo que tenga que hacer.

No voy a resistirme.

En el fondo la entiendo, Cayetana.

En ocasiones yo me siento tan solo como usted.

Eso es algo que tenemos en común.

Me lo he pensado mejor.

Prefiero seguir en este calvario, a morir en sus manos.

Ahora soy yo quien tiene algo que decirle antes de que dispare.

Tenemos otro punto en común, Cayetana.

(Llaman a la puerta)

Pase.

-¿Está listo para acompañarme?

-Es pronto.

Aún no son las ocho.

-No creo que suceda nada si nos personamos antes

en la pensión de Mauro.

-Fue muy preciso con el tema de la hora.

-Como quiera. Esperaremos un rato.

-La verdad es que estoy un poco escamado.

Cayetana se marchó al principio del baile y aún no ha regresado.

-Coincido con usted.

Es extraño que abandone su propia fiesta durante tanto tiempo.

-Estuve tentado de seguirla. Pero no quise distraerme.

Nuestra prioridad ahora

es ir a ver si aparece Úrsula. -Eso nos aseguró Mauro.

Me barrunto que estamos a punto de resolver el caso.

-Menos mal que yo estoy al frente de todo.

Si no llega a ser por mí, este baile es un fracaso.

-Lo de Cayetana no tiene nombre. ¿Qué habrá podido ocurrir?

-Esperemos que no sea nada de enjundia.

En cualquier caso, aquí estoy para ejercer de primera dama del baile.

Voy al tocador

y después vuelvo a atender a los invitados en el salón.

-Menuda fiesta más accidentada.

No hace ni un momento que Arturo

y Simón han discutido delante de toda la concurrencia.

-Van a terminar mal esos dos.

-¿Vais a salir?

Celia está al tanto de la cita de Mauro con Úrsula.

-Ya veo.

No hace falta que le diga lo importante que es para nosotros

que sea discreta en este asunto.

-Descuide, no voy a contarle a nadie dónde piensan ir.

-Estamos esperando el momento justo para salir hacia la pensión.

-No queremos adelantarnos y poner en sobre aviso a esta malnacida.

-Les deseo toda la suerte del mundo, comisario.

Ojalá den con Úrsula y se acaben todos estos problemas.

-Ese es el anhelo de todos.

-Regreso a la fiesta, no quiero que me echen en falta.

Luego subiré a ver cómo sigue Teresa.

(Llaman a la puerta)

(Llaman a la puerta)

¿Qué haces aquí? Necesitaba verla.

Pues no sé por qué razón, Mauro no se encuentra en esta casa.

No, no, no, no, no.

No he venido buscando a Mauro. Tengo que hablar con usted.

Márchate, no me interesa ninguna patraña que me puedas contar.

Le ruego por favor que me escuche.

Es un asunto de vida o muerte.

Está bien, sé breve.

Esto no...

es nada fácil para mí.

He estado mucho tiempo dudando si...

debía o no... venir aquí a contarle.

¿Qué ocurre?

Tengo que confesarle algo muy gordo.

Sé que al hablar con usted lo estropeo todo, pero

creo que Mauro no merece acabar tan mal.

¿Qué quieres decir con eso de que termine mal?

Espero que... me perdone por haberle traicionado.

Vamos, por favor, desembucha de una vez, ¿a qué te refieres?

Mauro puede acabar muerto esta tarde.

Le ha tendido una trampa a Cayetana.

Le ha hecho creer que Úrsula iba a estar en la pensión.

¿Y con qué fin ha urdido esa treta? Va a poner a Cayetana

entre las cuerdas.

Forzarla a que le mate de una forma que no haya escapatoria para ella.

Que a ojos de los demás parezca un...

asesinato premeditado.

Así conseguirá que le inculpen

y pague por todos sus crímenes.

Vamos.

Sal.

No sé a qué se refiere. Yo no me parezco en nada a usted.

Y nunca hubiera dejado que me quitaran el arma.

¿Está segura?

¿Y si le confesara que estamos en el punto en que quería llegar?

Me quiere confundir con su palabrería.

Le creía más inteligente.

¡Dígame de una vez en qué nos parecemos!

Muy bien.

Ambos utilizamos métodos...

digamos poco ortodoxos

para alcanzar nuestras metas. No me está diciendo nada nuevo.

Y los dos estamos en un punto sin retorno.

Piénselo, Cayetana.

Avanzamos hacia un final que se acerca inexorable.

Nos guste o no.

Me aburre con su charla.

Es usted de lo más cargante. Lo mejor que puedo hacer

es dispararle y acabar con esto. Sí, no le falta razón.

Se está haciendo tarde.

Vamos, hágalo.

Le esperan en su fiesta.

¿No me irá a decir que le faltan agallas?

Cállese.

Me está decepcionando, Cayetana.

La pensaba más ducha en estos lides.

Ah, ya entiendo.

Usted prefiere utilizar el veneno con sus víctimas.

Le cuesta matar a alguien que pueda mirarle a los ojos.

Le he dicho que se calle. Vamos, hágalo.

Yo estoy dispuesto a morir. Por eso le he tendido esta trampa.

Seguro que hay un montón de testigos

que la vieron salir del baile.

Y me he preocupado de que los comerciantes del barrio

la vieran entrar en la pensión.

Alterada. Intentando pasar desapercibida.

Levantando todo tipo de sospechas.

No les será difícil reconocerla en un juicio.

No puedo pararme ahora.

Aunque me ardan las entrañas.

Créame, Cayetana.

Llegados a este punto solo tiene dos opciones.

Y las dos la empujan a la perdición.

O me dispara o le arrebato el arma y acabo con su vida.

Ya no tiene escapatoria. Ya no hay salida.

Por fin la he cazado.

Es usted un demente.

Ha perdido el oremus.

Deje de torturarme. Y esto es solo el principio.

Le espera el infierno.

Acabe con esto de una vez, arpía. ¡Vamos!

¡Deje de temblar y dispare! ¡Cierre la boca!

Toma, anda.

A pesar del jaleo que tienen, he conseguido que Lolita

me haga una tila para ti. -No necesito ninguna tila.

Me encuentro perfectamente. -Discrepo.

Te acabamos de ver todos perdiendo los nervios con el coronel.

-Porque ese malnacido se me ha adelantado.

De haberme dejado unos segundos más, habría sido él

el que habría salido avergonzado de la sala, no yo.

-Te has buscado un rival muy correoso, Simón.

-Esa no es razón para cesar en mi lucha.

-¿Tú no crees que sería mejor dejarlo pasar?

¿Seguir con tu vida?

Te vas a meter en un lío del que no vamos a conseguir sacarte.

-No puedo hacerlo, se lo debo a Elvira.

-Mira, esto nos va a venir mejor tanto a ti como a mí.

-Gracias.

-Yo te entiendo.

Ahora, lo que está claro es que del tema de Remedios

vas a tener que olvidarte.

-No. Voy a remover Roma con Santiago hasta dar con ella.

-Por lo que ha dicho el coronel, ha conseguido callarle la boca.

-Lo sé, pero daré con ella y conseguiré convencerla.

-Yo, lo que no quiero es que te quedes por el camino, Simón.

-Víctor,...

te aseguro que voy a desenmascarar a ese desgraciado de Valverde.

Sé que nos oculta algo.

Elvira no puede estar muerta, lo siento así en mi corazón.

-Estás disparatado, Simón.

Tienes que aceptar la realidad.

-Te aseguro que el coronel nos oculta algo

y, yo voy a descubrir sus manejos. Te lo juro por mi vida.

Ha llegado mi final.

Pero voy a morir viendo cómo sufre.

Cómo se enfrenta a todos sus crímenes.

Este es mi gran logro.

Abandono esta vida...

pero con la certeza de que he acabado con usted.

No tiene por qué ser así.

Podríamos irnos cada uno por su lado.

Tengo mucho dinero. Puedo hacerlo rico.

No estoy en venta.

No hay negociación posible. Todos tenemos un precio.

Puedo cumplir con todos sus caprichos...

si me deja ir.

¿No se da cuenta, Cayetana?

Yo ya lo he perdido todo.

Nada de lo que me ofrezca me puede hacer cambiar de opinión.

Ha llegado el momento.

O me dispara...

o acabo yo con usted.

¡Vamos! ¡Tome una decisión!

Muy bien.

Ha vencido, Mauro.

Será... como usted quiera.

¡Cayetana, no dispares!

(Disparo)

¿Dónde se habrá metido doña Cayetana?

Menuda manera de atender a sus invitados.

-No es normal en ella abandonar su fiesta de esta manera.

¿Dónde se habrá ido?

-Algo muy importante ha debido suceder, porque es una mujer

muy respetuosa con las normas de protocolo del buen hacer.

-Bueno, lo mejor es que no haya estado aquí.

Así no ha tenido que presenciar el enfrentamiento

entre Simón y don Arturo.

-Ese chico no debió responder al coronel de esa manera.

-¿Se ha hecho de noche

y es una estrella resplandeciente lo que ven mis ojos?

-Uy. Lo que ven sus ojos no lo sé,

pero lo que ven los míos es un caradura de tomo y lomo.

-¿Estás celosa, Lolita? -No.

-O sea, que estás celosa.

-Le he dicho que no. -Yo creo que sí,

que Lolita de Cabrahígo está más celosona que una mona.

-Cállese.

-Simón es muy joven y la vida, larga.

-Se está usted portando muy bien con ese chico, doña Susana.

Simón tiene mucha suerte de haberle conocido.

-Es lo mínimo que puedo hacer por caridad cristiana.

-Es algo más que caridad cristiana lo que está usted haciendo,

doña Susana.

Se está portando como una auténtica madre.

"Antoñito,"

¿puedo hablar contigo?

-Sí, dime, Pablo.

-Te quería preguntar...

-Sí. -Verás, el...

¿Tú sabes cuando a alguien se le da muy bien algo y...

-Sí. -y a otros no se le da nada bien?

O sea, ¿lo entiendes? -No.

Ni una sola palabra.

-Que si me puedes dar lecciones de oratoria.

-Ah, entiendo.

-Es para la reunión con el relojero. -Por supuesto, cuenta conmigo.

-¡Hombre! Dichosos los ojos que te ven.

¿Se puede saber dónde te has metido, Casilda?

-Por ahí. -Ah, por ahí.

Pues aquí también hacías mucha falta.

Esas dos que tengo ahí, ni saben hacer nada y son muy lentas.

Venga.

Ponte el delantal y a la faena. Vamos.

-Casilda, por Dios.

-Pero ¿qué tripa se te ha roto a ti? -Que sí, Fabiana, que ya voy.

No me azuce usted. -¿Cómo que no te azuce?

¿Tú sabes el lío que tengo ahí?

La comida por servir, las copas vacías.

Dios mío de mi alma, qué desaguisado tan grande.

No se preocupe, "señá" Fabiana.

Ahora mismico voy yo a servir. -"Acabo de regresar de la pensión".

Úrsula no estaba. -¿Cómo?

-Todo ha sido una argucia para atraer a Cayetana hacia él

y que se la lleven presa esta vez. -¿De verdad?

¿Nunca hubo cita alguna entre Mauro y Úrsula?

¿Hasta cuándo va a seguir esta guerra absurda?

-Disculpen que les pregunte, pero... ¿está bien Mauro?

-"Eres la persona"

más talentosa de la ciudad.

-No, que me miras con buenos ojos.

-Y que te quiero más que a mi vida, que no se te olvide.

-(CARRASPEA)

Hay que ver qué melindrosos sois.

-Estoy enamorado de su hija, suegra.

¿Tan malo es? -No, está hasta bien, diría yo.

Pero se acabó el recreo. Al lío, Pablo.

-¿Perdón?

-Iba camino del hotel, a llevarte esto.

-Haces lo contrario de lo que te pedí.

Estás poniéndote de lado de Simón y bailándole el agua.

-Eso no es verdad. -¿Te atreves a llamarme embustera?

-Abuela,...

Trato de hacerlo lo mejor posible.

-¿Qué os traéis entre manos?

-Nada.

-Os vi en el callejón.

-Porque creo que lo mejor para tener controlado a Simón

es estar cerca de él. Confíe un poquito en mí.

¿Quién se ha comido el cacho que falta?

-No lo sé.

Yo se la di al Servando para que la guardara en el altillo.

-Ay, ahí tienes la respuesta.

-Lo dudo.

Para una vez que Servando no mete la pata, habrá que darle el mérito.

-¿Y por qué lo tienes tan claro?

-Lo primero, porque me lo ha jurado y perjurado.

-De poco vale su palabra, Lolita. ¿Y lo segundo?

-Pues porque si el Servando le hubiera hincado el diente,

se hubiera enterado hasta la mismísima Paciencia en la Cuba.

-Bueno, eso es verdad.

Bueno, ¿entonces qué, quién se la habrá podido comer?

-A las buenas.

-Buenas. -¡Aléjate de mí, Belcebú!

-"¿A qué tanta prisa?".

¿Le ocurría algo a Pablo?

-Bueno, yo creo que han interrumpido ustedes la lección

y se ha puesto nervioso.

-¿Qué lección?

-Le enseñaba a Pablo técnicas de oratoria y negociación.

El chico está haciendo un gran esfuerzo para ganarse ese puesto

en el yacimiento, padre.

-Tú no tenías tiempo para acudir a la reunión con el relojero suizo

y, sí lo tienes para instruir a Pablo.

¿Dónde quedan esos negocios tan urgentes que tenías que atender?

-Pues... justo ahora iba a atenderlos.

-"Mi abuela tiene razón. -No, Víctor, no la tiene".

-Sí, Simón.

¿No te das cuenta que con esta actitud no vas a conseguir nada?

-No pienso rendirme.

Y tengo un as en la manga. -¿De qué estás hablando?

¿Qué es eso?

-Estaba entre las pertenencias de Elvira.

Son las que llevaba el día del banquete

en el que la conocí.

-¿Qué vas a hacer con ellas?

-Pagaré el testimonio de Remedios con este conjunto de oro

que vale un potosí.

-"Pero se cruzó en mi camino"

una mujer que estaba muy, muy enferma.

Y no pude escaparme antes. ¿Una mujer?

Sí, una mujer que estaba muy malamente.

Y que traté de ayudar.

Pero, por mucho arte que yo tenga,

no puedo hacer nada por ella. ¿Por qué dice eso?

Porque se ha escapado de la casa y no sé dónde puede estar.

Quizá esté muerta,

porque la mujer no estaba en condiciones

de ir vagando sola por estos mundos de Dios.

¿Quién sabe? ¿Y cómo era esa mujer?

Pues era...

morena, de mediana edad,

la nariz afilada.

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  • Capítulo 545

Acacias 38 - Capítulo 545

26 jun 2017

Pablo consigue que Rosina y Ramón se fíen de él para ir a la reunión del yacimiento, pero se siente de menos en las tertulias de hombres. Pablo duda que pueda triunfar en la reunión del yacimiento, pero se le ocurre una idea.
Lolita termina la tarta para Ramón, y Servando se la lleva al altillo. Casilda echa de menos a Martín y se consuela comiendo de la tarta. Cayetana llega a la pensión de Mauro y se da cuenta de que éste la ha engañado. Mauro amenaza a Cayetana, pero ella le pide que escuche su confesión. Mauro se apiada de ella cuando Cayetana le quita la pistola. Mientras tanto, Sara advierte a Teresa del plan de Mauro.
Úrsula sigue recordando el pasado. Simón pretende chantajear a Arturo, pero éste le deja en evidencia delante de todos. Teresa corre para intentar evitar la muerte de Mauro. Cuando llega a la pensión, oye un disparo.

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Añadir comentario ↓

  1. Santi-Patik

    Minuto 07:47 "Me dá que viene cargado de EUROS" Que adelantado a su tiempo era el relojero suizo, madre mía :P

    04 jul 2017
  2. PATRICIA DE AJURIA

    No corren los vídeos en RtveMovil

    28 jun 2017
  3. Jose

    Siempre igual ya resulta aburrida no teneis ni idea como avanzar ya huele arroz pegao

    27 jun 2017
  4. La gringa

    Sobre el personaje de Pablo....luce siempre desaseado como si no supiera que el baño existe, bien vestido y sin peinar una barba mal recortada como de presidiario, ya es hora de que al personaje le cambien la fachada. Lo de Simon y el coronel ya aburre, el rollo Mauro Teresa Cayetana y Ursula no da para mas, es hora de que los guionistas afilen el cuchillo y cual Jack el destripador se almuercen a este fatidico cuarteto. Veremos con que nos salen hoy....sigo esperando con ansia el final de este serial....Servir y proteger sin ser nada extraordinario es mas facil de digerir.

    27 jun 2017
  5. Mabi

    Como le gusta a Rosina sentirse una gran señora !!!! Si bien ella tiene los " cuartos" suficientes como para hacer una fiesta igual, prefiere las ajenas para dasrse corte de anfitriona sin que le salga un peso de sus bolsillos !!!!! Jaja !!! ésta Rosina !!!! genio y figura !!!!

    27 jun 2017
  6. Marisol

    Por favor están estropeando la serie, no avanza, los personajes repiten sus errores una y otra vez. Una pena

    27 jun 2017
  7. Mabi

    Para Lulu, el inspector que Cayetana manda a matar es Padilla, que fue el mentor de Mauro, éste otro ,si es el que fuera amigo de Germán, y sale de los capítulos porque lo habían trasladado. Agradezco que suban los comentarios, aunque sea con algunos días de retraso, pues así sabemos que no caen en saco roto. El capitulo de hoy me ha dado esperanza de que al fin !!!!! se puedan ir resolviendo los desmanes de Cayetana, espero no nos defrauden. Saludos cordiales.

    27 jun 2017
  8. Maria Luisa cordero

    Les escribo desde Ecuador, cansados ya del rumbo que ha tomado la serie Acacias. Lo único que deseamos es que dejen de tomarnos el.pelo dando tantas vueltas al guión. Nis da.mucha pena, pero he preferido dejar de ver.

    26 jun 2017