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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 542  - ver ahora
Transcripción completa

Ay, Ramón, qué alegría que estés de vuelta en casa.

-No lances las campanas al vuelo, Trini.

Solo he venido para...

pedirte que cites a Benito mañana.

Tengo que hablar con él.

-Ramón, ¿no irás a hacer ninguna barbaridad?

-Tú primero tráemelo.

¿Una cena en casa de doña Celia? ¿Nosotros cuatro?

Vendrá, ¿no?

"¿Y estás segura de que Mauro no sospecha nada?".

Confíe en mí.

Tengo a ese hombre en el bolsillo.

Me alegra oírte decir eso.

¿Puedo ayudarte de alguna manera?

No sé, ¿puedo hacer algo para que Teresa y tú...?

No. No, Sara.

Aunque quizá sí hay algo que puedas hacer por mí.

Lo que sea. ¿De qué se trata?

De Úrsula.

-"Voy a demostrarles a todos que ese hombre"

les está engañando. -¿Y cómo piensas hacer eso?

-Tengo un as en la manga.

-¿Qué as?

-Algo que pertenece al pasado, pero que podría hacerle mucho daño

al coronel.

-No me culpe por lo que le voy a decir.

Pero créame, don Ramón, cuando le digo,

y le juro por lo más sagrado, que no hay ni un solo día

en que no me haya arrepentido de dejar escapar a Trini Crespo.

¿Sabe usted que nunca la besé?

Por eso cuando la vi... pensé que tenía que besarla.

Para no morir sin saber

lo que se sentía. Aunque yo ya sabía

que era demasiado tarde.

Don Ramón,... el beso que usted vio

fue de despedida. -"Le voy a hundir".

Voy a demostrarle a todo el mundo que es usted un embustero.

-¡No te consiento...! -Es hora que se sepa

qué sucedió con la madre de Elvira.

-¿Qué demonios crees saber?

-"¿Qué quieres, Lolita?".

-Pues... una señorita pregunta por don Mauro.

¿Por mí?

-Perdona que haya venido sin avisar, pero se trata de una urgencia.

¿Qué ocurre?

Es sobre aquello que me pediste antes.

Ha resultado un éxito.

He de contarte una cosa de Úrsula.

Compruebo que mis palabras han despertado su interés.

-No son sus afirmaciones lo que me turban, sino su actitud.

¿Nunca se va a cansar de atacarme?

¿Cómo se atreve ahora a nombrar a mi difunta esposa?

-Mi determinación es firme.

Todos sabrán lo que le sucedió a la madre de Elvira.

-Nunca lo he ocultado. Murió a manos de un cruel ladrón.

-Coronel, los dos sabemos que esa no es la verdad.

-No le consiento que juegue con su memoria.

Si tiene algo que decir, dígalo ya.

-No voy a ser yo quien hable,

sino Remedios.

-Esa mujer no tiene nada importante que decir.

-Para mentir tanto como acostumbra, debería haber aprendido

a hacerlo mejor.

-Y usted debería aprender a dejar de insultarme.

¿Qué se supone que puede revelar esa tal Remedios?

-Todo. Toda la verdad sobre usted.

La clase de hombre que es en realidad, alguien más preocupado

por salvaguardar su honor,

que por hacerle justicia a su legítima esposa.

Es verdad.

No le importó que su asesinato quedara sin castigo,

así lograba usted que nadie se enterara de que su mujer

le engañaba con otro hombre.

-¿Es eso lo que cree?

-(ASIENTE)

Ahora intenta que todos se apenen por usted.

Que crean...

que está desecho por la muerte de su hija.

Pero yo sé perfectamente que a usted solo le importa una persona.

Usted mismo.

-¿Sabes, Gayarre?

En el fondo me da usted lástima.

Le creo un caballero,...

pero veo que es capaz de cualquier bajeza con tal de no afrontar

la muerte de Elvira.

Incluso hacer público un acontecimiento

tan doloroso sobre mi pasado. ¡No me hable de caballerosidad,

es usted un hipócrita! -¿Qué son esas voces?

¿Qué está pasando aquí?

-Pierda cuidado, doña Susana.

Aquí, su invitado, que no pierde ocasión de insultarme

y provocarme.

-Simón, contente. Descuide, coronel.

Yo me haré cargo del servicio religioso de su hija.

Le doy mi palabra. Pero, por favor,

ahora déjenos solos.

Por favor. -Le agradezco su dedicación.

No le importuno más.

Señora.

Arrea, ¿aún se me sobresalta al verme?

Ni que una servidora fuese tan fea.

Tómese estas hierbas, le ayudarán.

Va, tómeselas.

Venga.

Vamos.

Muy bien.

Hermoso, ¿verdad? Bienvenida al mundo de los vivos.

Que ha estado usted más allá,

que acá.

A punto ha estado de entregar la pelleja.

Que ya no sabía una qué artes poner para recuperarla.

Le vendrá bien estar a la fresca.

Y a mí también, que no ha nacido la valenciana para estar encerrada.

-Yo...

-Sí.

-¿Dónde estoy?

¿Qué me ha pasado?

-¿No recuerda nada?

Señora, ¿cómo se llama?

¿No me ha escuchado?

¿Cuál es su nombre?

-No lo sé.

Ni siquiera sé quién soy.

Te ruego me disculpes, Cayetana, pero es que me va a resultar

imposible acudir a tu baile.

Pues la verdad que lo voy a lamentar,

porque sin ti no va a ser lo mismo.

Déjame que insista, Trini.

Te he visto algo mohína y, creo que acudir te haría bien.

Un poco de diversión va a hacer que olvides las preocupaciones,

seas cuales sean.

No dudo que será un gran baile, pero sí de que recuperaré mi sonrisa.

Bueno, aunque no lo fuera. Es una buena ocasión

para que nos reunamos todas las vecinas.

Agradezco tu insistencia, Cayetana, pero no me encuentro con ánimos

para insistir.

Bueno. No te incomodo más.

Te echaremos de menos.

-Gracias. -Doña Trini.

Lolita, ¿qué haces aquí?

-Había quedado en acompañarme al mercado.

-¿Y tiene que ser a horas tan tempranas, hija?

-Luego se llenan todos los puestos y hay que aguardar una eternidad.

-Pues lo lamento mucho, pero hoy no me apetece salir,

así que dejémoslo para otro día.

-Ah, no, no, tiene que ser hoy.

Pero bueno, esta criada insiste más que yo.

-Sí, parece que no acepta un "no" por respuesta.

Lolita, ¿no tienes que hacer nada en casa de doña Celia?

Mira que ayer tuvieron cena y tendrás que recogerlo todo.

-No, esa faena quedó terminada. Me dio tiempo anoche de sobra.

-Como terminó antes de lo previsto. -¿Y eso por qué?

-Que se presentó una mujer

preguntando por don Mauro.

¿Una mujer? Sí.

Al escucharla, don Mauro se fue tras ella como alma que lleva el diablo.

-¿Y se puede saber qué le dijo para motivarle tamañas urgencias?

-Pues, al parecer, sabía el paradero de Úrsula.

¿Cómo?

Eso no puede ser, ¿qué más sabía?

Señora, no pude escuchar nada más.

-Cayetana, ¿estás bien? Has perdido la color.

Sí. Sí, sí, sí.

Me he alterado un poco. Es que llevan tanto tiempo

buscando a Úrsula, que pensé que no la encontrarían,

y, al parecer, Úrsula es la clave

para saber qué le pasó al pobre Tirso.

-Bueno. Cayetana, a más ver.

Gracias.

Doña Susana.

Doña Susana, preciso de sus habilidades como modista.

-Ahora no es buen momento para tales cuitas, María Luisa.

-Lo sé. Pero es urgente.

Necesito que le haga unos arreglos a un vestido de Trini.

-¿Y a qué viene tanta prisa?

-De momento no puedo decirle nada, lo único que le puedo decir

es que lo necesito para esta misma tarde.

Quiero que Trini parezca una princesa.

-Bueno, pues si es tan importante para ti, ahora luego me pongo.

-Gracias.

Susana, ¿para eso querías vernos con tanta urgencia,

para hablar de tus cosas con María Luisa?

-Ay, perdonadme. Ya estoy aquí con vosotras.

-Díganos, Celia, ¿ya se encuentra mejor Teresa?

-Si es así, lo disimula de lo lindo.

Tiene una cara que parece un alma en pena, la pobre.

-¿Y qué esperabas?

No es fácil superar la muerte de un hijo.

-Pues ese es también el motivo por el que os he citado.

El sufrimiento de un padre por su hija fallecida.

El coronel vino a visitarme.

Y solicitó mi ayuda...

para preparar las exequias de Elvira.

-¿Y cómo se ha atrevido? ¿Se ha olvidado de sus diferencias?

-María Luisa, más que nuestras diferencias,

ambos coincidimos

en nuestra fe y en la tristeza que tenemos por el destino de su hija.

-Claro que sí; además, la muchacha ni siquiera ha tenido un funeral

en condiciones.

-No, al no haberse encontrado su cuerpo, ni siquiera

se ha podido celebrar su entierro.

-Eso no quita para que un padre desee que el alma de su hija

quede a bien con Dios.

He pensado que, aparte de la misa que vamos a celebrar,

podríamos reunirnos para rezar por ella.

-Cuenta con nuestra colaboración para lo que sea preciso.

-Sí, también puede contar conmigo,

aunque me cueste hacerlo.

Me duele mucho pensar que Elvira está muerta.

-Pero haces bien en aceptarlo.

Y Simón debería hacer lo mismo,

en lugar de buscar nuevos enfrentamientos con el coronel.

Sí, Susana, perdona que te diga.

Pero deberías enseñar a ese muchacho a comportarse como es debido.

En lugar de ampararlo con esa devoción

y sin ninguna necesidad, todo sea dicho.

-Rosina, tienes razón.

No tengo ninguna obligación, tan solo me mueve la compasión.

Piensa que ese muchacho

perdió a la mujer que amaba a las mismísimas puertas del altar.

-Mujer, dicho así,... parece tan viudo como nosotras dos.

-Mucho peor.

Que perder el amor de tu vida tan joven,

debe ser el mayor de los sufrimientos.

Por eso siempre tendrá mi apoyo.

-En fin,...

parece que hay dos cosas claras.

La primera, que Elvira ha dejado tras de sí mucha gente que la amaba.

-¿Y la segunda?

Que tenemos mucha labor por delante

si queremos despedirla como se merece.

-Gracias.

Pero Lolita, ¿qué estás haciendo? -Pues faenar, señorito.

Que, como usted no tiene costumbre, pues no lo reconoce.

Que como no tendrías que estar aquí...

-¿Ahora también va a decirme dónde debo cumplir mis obligaciones?

Pues en la cocina ya he terminado.

-Es que no te quiero ni en la cocina ni en el salón, ni en la casa.

¿No se suponía que deberías estar en la calle con doña Trini?

¿Alejándola del barrio durante toda la mañana?

-Usted lo ha dicho, se suponía.

-Y ¿qué te lo ha impedido?

-Pues la señora en persona.

Que me la llevé de casa para el mercado bien temprano,

pero doña Trini no quería nada más que volverse.

-Bueno, pues haberla retenido.

-Qué fácil se ven los toros desde la barrera.

¿Y cómo tendría que haberlo hecho,

si puede saberse? -Pues no lo sé.

-Pues eso, cuando lo sepa viene y me regaña.

Mientras tanto, chitón, que en boca cerrada no entran moscas.

¿Y dónde se supone que está ahora doña Trini,

o eso tampoco tengo derecho a saberlo?

-Pues he conseguido que se quede en la chocolatería

con el señorito Víctor tomándose un chocolatito.

Pero no tardará en volver.

-Es que al final no nos va a dar tiempo a organizar la sorpresa.

Padre, ¿qué?

¿Preparado para el gran momento? ¿Cómo se encuentra?

-Tembloroso como un flan, hijo mío. Si es que me siento como un imberbe

antes de su primera cita. -Bueno, pero eso es de puro amor.

-Mejor lo llamaría puro pavor. No me tenía

que haber dejado convencer por ti.

Todo esto no puede salir más que entre muy mal

y fatal.

-Descuide, padre.

Apostaría mi mano derecha a que va a ser todo un éxito.

-Esperemos a que tú no pierdas tu mano y yo a mi Trini.

-He encargado una comida exquisita.

Y María Luisa ha ido a buscar a doña Susana para que le arregle un traje

a doña Trini.

Todos hemos cumplido.

Bueno, todos no, casi todos. -¿No lo dirás por mí?

Porque yo he hecho todo lo que me aconsejaste.

-¿Ha ido a la joyería? -Sí.

Pero no tengo todas conmigo de que la elección haya sido la correcta.

-Bueno, sencillo es salir de dudas. Muéstrenos la joya.

-Arrea. ¿Y duda de haber acertado?

Pero si nunca he visto nada tan bonito.

Teresa. ¡Teresa!

¿Ha escuchado una sola palabra de lo que he dicho?

Disculpe, estaba en mis pensamientos.

Eso no es menester que lo jure.

Siento que estaba presente de cuerpo, pero no de alma.

Sin embargo, sí que la estaba escuchando.

Me estaba poniendo al día de los actos religiosos

que se van a celebrar en memoria de Elvira.

Al final estaba más atenta

de lo que yo suponía.

Lo que no llego a comprender es si se pueden celebrar exequias

por alguien de quien no se tiene la confirmación de que haya fallecido.

No se equivoque, Teresa.

Ni se ha encontrado el cuerpo

ni presumiblemente será hallado nunca.

Pero que la desdichada falleció en el naufragio

es obvio.

Ya tan solo es Simón el que se niega a aceptarlo.

Pobre muchacho.

¿Cómo se va a rendir a la certeza...

De que ha perdido a su único amor para siempre?

¿Va a organizarlo usted?

Todo no, pero...

como he visto que Susana estaba un poco baja de fuerzas,

me he ofrecido a hablar con el párroco para encargarle la misa.

¿Quiere acompañarme?

Si no le importa, prefiero quedarme dando un paseo.

Y tomar el aire. Como desee.

Luego la veo.

Teresa. ¿Qué tal estás?

¿Va todo bien?

Precisamente me dirigía a casa de Celia para verte.

¿Acaso ha ocurrido algo? No, pero...

Bueno, sentía que...

Que te debía una explicación por mi repentina marcha

de la cena de anoche.

No es menester, Mauro.

Hace mucho tiempo que no nos debemos explicaciones.

Eso sí, siento cierta curiosidad sobre las pistas

que estáis obteniendo sobre el paradero de Úrsula.

Bueno, poco te puedo contar por ahora.

Por el momento, no son más que meros indicios.

Espero que pronto podamos confirmarlos.

Entonces solo me queda desearte buena suerte.

Teresa.

Si finalmente doy con ella,...

tú serás la primera en saberlo.

(SUSPIRA)

Te lo agradezco, Mauro, pero...

me gustaría que no fuera así,

que me mantuvieras al margen de todo lo que vayas a descubrir.

¿Estás segura de eso?

Ya lo hemos hablado en varias ocasiones, y...

no quiero obcecarme con una búsqueda que sé que está condenada

al fracaso.

Bueno.

No te voy a insistir.

Tan solo espero que estés equivocada.

Ya vi que estás contando con la ayuda de Sara.

¿Te molesta que sea así?

No, en absoluto.

Eres libre de pedir auxilio de quien consideres oportuno,

pero...

me extraña que...

vuelvas a tener relación con ella.

Tan solo me está ayudando a conseguir mis fines.

No hay más relación.

Mauro, ¿acaso has olvidado

todo lo que ocurrió cuando contaste con su ayuda?

Si es así, yo te refrescaré la memoria.

Nos engañó, y bajo el poder de Cayetana trató de separarnos.

Y estuvo muy cerca de conseguirlo.

Ya lo sé, Teresa. No lo he olvidado.

¿Entonces no temes tropezarte con la misma piedra?

No, porque Sara ha cambiado.

No es la misma mujer de antes.

La vida la ha tratado con mayor dureza.

No, Mauro, no. Las personas no cambian.

Y vuelven a cometer una y otra vez los mismos pecados.

Te equivocas.

Mira, Sara ya demostró su arrepentimiento

con aquella carta en la que confesó la verdad.

Y ahora yo la necesito para acabar con Cayetana.

Muy poco ha durado tu propósito...

de apartar esa intención hasta que nos hubiéramos recuperado.

Ya lo sé.

Ya lo sé, y lo he intentado, Teresa, pero no puedo.

No soy capaz de dejarlo atrás y seguir adelante.

No hasta hacer que pague por todo lo que ha hecho.

Lo siento.

Sí, Mauro. Yo también lo siento.

Lo lamento de todo corazón.

Me has defraudado.

No voy a volver a confiar en tu valía.

Lamento no haber podido

hablar con usted antes, señora.

Tus disculpas no solucionan tus faltas.

Yo sí que lamento haberme tenido que enterar por casualidad

de lo que estaba ocurriendo.

¡Mírame cuando te hablo!

Creo que te dejé claro como el agua que yo tenía que ser la primera

en enterarme de si Mauro se veía con Úrsula de alguna forma.

Créame, sucedió todo tan rápido,

que no tuve ocasión de acudir a informarla.

Muy bien.

Pues ahora me tienes delante. Cuéntamelo todo.

Sepa usted que Mauro me envió a hablar

con una mujer de mala vida y peor reputación.

¿Y qué quería de esa mujer?

Que le preguntara si tenía noticias de Úrsula.

¿Y fue así?

Por sorpresa me dijo que estaba escondida

en casa de una comadre suya.

Mauro está moviendo Roma con Santiago para sacar a Úrsula

de dicho escondite.

Bien.

Veo que al menos te has ganado su confianza.

Así es, señora.

Me tiene al tanto de todos sus propósitos.

Pues en cuanto sepas que Mauro se ha citado con Úrsula,

házmelo saber a escape.

Descuide. No le fallaré. Eso espero.

Por tu bien.

Porque no voy a volver a ser tan comprensiva.

Pero doña Susana,

si apenas ha puesto un solo adorno en el vestido.

-Ni uno ni ninguno.

No he tenido tiempo ni de empezar la labor.

-Pero se lo pedí para esta misma tarde.

-Pues eso va a ser imposible. -Bueno,

pues debería habérmelo dicho antes.

-Confié demasiado en mis habilidades.

Tengo que reconocerte que, últimamente

ando un poco descentrada.

-Estará muy afectada por lo ocurrido con Elvira y Simón.

-La palabra afectada... no hace justicia

a lo que siento, querida.

-Lo lamento.

Debería haber sido más comprensiva y no haberla metido en este brete.

-No, trataré de enmendarme.

Trae el vestido. Déjamelo aquí...

y en unos días...

lo tendrás a tu lado.

Hecho un primor.

-No dudo de sus habilidades, pero no dispongo de tanto tiempo.

-¿Y a qué tanta urgencia?

¿Es que Trini tiene un compromiso ineludible esta misma tarde?

-Sí, así es.

-Pues ella no me dijo nada. -Bueno, es que ella

todavía no lo sabe. -Ahora sí que no lo entiendo.

-Mi padre le tiene preparada una sorpresa muy especial

para esta misma tarde.

Y, como no teníamos tiempo de hacerle un vestido nuevo,

pensamos hacerle unos arreglos a este.

-La verdad es que está como nuevo.

-Sí. Trini lo usó en un cóctel

y no se lo ha vuelto a poner.

Dudo mucho que lo recuerde.

Y aún menos si hubiese tenido los arreglos, claro.

-No permitiré que mi mala cabeza estropee los planes de tu padre.

Ahora mismo me pongo a coser.

-¿Está usted segura? Por supuesto.

Antes es la obligación que la devoción.

Ten por seguro que cuando acabe la labor,

Trini estará más bella que nunca.

-¿Y lo tendrá para esta misma tarde?

-Si dejas de entretenerme con tu cháchara, así será.

-(VOZ DE TRINI) ¡Luisi!

¿Piensas tener esperándome hasta el final de los tiempos?

Dijiste que entrabas un momento, y llevas aquí la intemerata.

-Sí, ya salía.

-La verdad es que hemos acabado ya.

-¿Sí?

Eso espero, que una está deseando ya llegar a casa.

No. -No, a casa no.

-Arrea. ¿Y eso por qué?

-Pues porque aún me tiene que acompañar a hacer un último recado.

-¿Otro?

Susana, de verdad, van a acabar conmigo.

Esta mañana Lolita, y ahora Luisi.

Van a hacer que recorra hasta el último rincón de la ciudad.

-Bueno, no se preocupe que lo haremos en un momento.

Víctor me ha mandado que le dé una nota a un conocido.

-¿Y no la puede mandar por correo?

De verdad, que este muchacho no gasta ni en sellos.

(RESOPLA)

¡Que no, que no y que no!

-Haga el favor, Servando, sabe que no se lo pediría si no fuera asunto

de la mayor enjundia. -¡Pero que te he dicho que no!

-Vamos a ver, Servando, ¿qué le cuesta darle el capricho?

-¿Que qué me cuesta, mastuerza?

Mis buenos sudores.

¿Y me quedo yo solo a cargo de la portería?

-Razone, hombre, que yo no me voy por ahí a recorrer mundo.

Que me voy al Pirineo, a cumplir el encargo de doña Rosina.

-A mí como si te vas a Roma a saludar al Santo Padre.

Además, doña Rosina quiere que vaya Casilda.

-Y así era pero, como usted comprenderá,

no voy a permitir que mi mujer vaya a hacer sola semejante viaje.

Esos parajes pueden ser muy peligrosos.

No creo que se la vayan a comer los lobos.

Para ellos, Casilda no les sirve ni para acompañar el vermú.

-Bueno, mejor no tentar a la suerte.

Doña Rosina ya me ha dado su permiso.

-¡Claro, y a mí me tomas por el pito del sereno!

¡A quien le tenías que haber pedido permiso es a mí!

-Servando, ¿y si se lo pide ahora? -Bueno, pues ahora

te digo que nanay, que hay mucha faena.

-¡Quieto ahí parado, Servando! Ven aquí, hombre.

Vamos a ver. ¿Y si le ayudo yo a usted?

-¿Tú a mí? Pero si ni siquiera

puedes levantar la caja de herramientas.

-Ya.

Ya sé que no tengo la fuerza de mi marido,

pero yo tengo otras virtudes.

Usted ya sabe que tengo labia como nadie.

-En la portería, ¿de qué me sirve a mí tu supuesto don de gentes?

-En la portería no,

pero sí con el cuadro de las cabezas cortadas.

Pues anda que no he visto yo en los pueblos ferias

en las que han puesto cuadros como esos y, los feriantes

han sacado buenos cuartos.

A los transeúntes que pasaban,

les cobraban por retratarlos ahí asomando la cabeza.

-Oye, que podríamos poner ese cuadro ahí en la esquina.

-Pues sí. Y ahí sí que hay un buen tránsito.

Ya verá usted, le voy a conseguir una clientela para dar y tomar.

-¡Mira la Casildilla!

No, si al final es un hacha

para los negocios.

-¿Eso es un sí, Servando?

-Oiga.

-Vamos, canija, tenemos que hacer la maleta.

-No, tú quieta ahí.

Tú puedes ir donde te plazca.

La Casilda y yo nos tenemos que quedar aquí para concretar cosas

del negocio. ¿No sabes hacerte el petate tú solito?

-Entonces me temo que... nos tendremos que despedir aquí.

No temas.

Estaré de vuelta

antes de que me eches de menos. -Entonces no te vas a marchar.

Solo de pensarlo ya te echo de menos.

Ay, Luisi, la última vez que te acompaño a hacer un recado.

-Bueno, tampoco la he paseado tanto.

-No, casi como en el Camino de Santiago.

Andamos una manzana más y nos dan la Compostela.

¿No me dijiste que no íbamos a tardar nada en entregar esa nota?

-Es que no recordaba que estuviera tan lejos.

-Pues tu mala memoria nos va a dar un dolor de piernas que para qué.

¿Y dónde está la mesa?

-Padre ha mandado que se la lleven a arreglar.

-Ah.

-¿Ya están aquí las señoras?

-Sí, Lolita, hija, por fin.

Por fin. Yo, que no quería salir a la calle,

me he pasado todo el día sin pisar mi casa.

-Pues, en su ausencia, han traído este paquete

de parte de doña Susana. -Uy, qué extraño.

Pues... debe ser para usted,

porque yo no he encargado nada.

-Se habrá equivocado; yo tampoco.

-Algo me dice que no es así.

Yo... me voy a la cocina, a beber agua. Vamos, Lolita.

-(SE ASOMBRA)

¡Pero qué vestido más precioso!

Ay, pero si parece de una princesa de cuento, por favor.

-¿Y ese vestido tan elegante? -Pues...

Pues es que lo han enviado de la sastrería.

María Luisa dice que es para mí, pero...

se han equivocado. -¿Y por qué no se lo prueba?

-Porque parece de su talla. -Uy, no, no, no.

Yo no lo he encargado. -Aún así, aproveche, mujer.

-Qué preciosidad.

Qué poco me queda de ti.

Un leve rastro de perfume.

Nada más.

No puede ser que hayas corrido el mismo destino que tu madre.

"¿Quién?".

-"La mujer que acusaron, Mercedes".

Con ella era distinto.

Eusebio la quería una hartada.

Se pasaban bailando toda la noche.

"Pero era mujer de alta alcurnia. Casada con un militar".

"Traté de advertirle del peligro que corría".

"(VOZ DE SIMÓN) Pero... él no le escuchó".

-Estaba demasiado enamorado para hacerlo.

Entonces, ¿fue el marido quien les descubrió?

-No lo sé, yo no estaba allí.

Pero es de suponer que fue así.

Al verlos juntos, les dio muerte.

Y luego fue contando a la policía la milonga del robo.

-"(VOZ DE SIMÓN) Necesito que me acompañe a comisaría

y que les cuente lo que me dijo

sobre la muerte de Eusebio y de la mujer que cayó a su lado".

Naranjas de la China. No me meto yo en ese fregado.

-Se lo ruego, por favor.

Es por una causa justa, créame.

-Justa o no, a mi edad ya he aprendido qué toros lidiar

y cuáles devolver a los toriles.

Que no me voy a dejar empitonar por defender

y sacarle las castañas del fuego a un señorito... angustiado.

"De lo que te dije aquel día, lo único cierto

es que el Eusebio era mi hombre".

"Y de que se encaprichó de la mujer del coronel".

"Se habrían fugado los dos si no llega a ser porque la susodicha"

tenía una niña pequeña. Y la sangre tira mucho.

El Eusebio no hubiera dudado ni una miaja en dejarme tirada.

Maldita sea su estampa.

-Pensaba que... no le importaban sus amoríos.

O eso me dijo. -Nanay.

Absorbido tenía todo el seso por sus entretelas.

Un día, loca de celos, me hice con una pistola.

Y lo seguí hasta casa de la señora.

Y allí los encontré bien amarraditos en su cama.

-Un momento, un momento.

¿Me está diciendo que usted les mató?

-Ahí mismo les pegué dos tiros.

Dos a cada uno.

El coronel nada tuvo que ver.

Fui yo quien los mató.

Ay, Trini. Si te vieran así en Cabrahígo.

-Dirían...

que nunca habían visto una mujer más bella.

-Ramón. ¿Cuánto tiempo llevas ahí? ¿Por qué no has dicho nada?

-Porque tu hermosura me estaba dejando absorto.

Pero...

ese vestido aún está incompleto.

Le falta algo.

-Ay, Ramón.

Ramón.

¿Se puede saber... a qué viene todo esto?

-Es... mi manera de pedirte perdón.

Bella dama,...

¿me concede este baile?

(Música)

A ver si los billetes despiertan tu interés.

-Qué buen bailarín eres, truhán.

-¿Cómo he podido dudar...

de esa sonrisa... y de esos ojos tan bellos?

¿Podrás perdonarme algún día?

-Vas por buen camino.

Pero te aseguro que no precisas de mi perdón.

-¿Cómo que no?

Estos días he hecho cosas tan raras...

Con mi comportamiento te he hecho daño.

.Bueno, Ramón, soy yo la que debería disculparse.

Y necesito que sepas que...

Benito no significa absolutamente nada para mí.

Actué así porque...

Porque no pinta nada en nuestras vidas.

Quería que nos dejara en paz de una vez por todas.

-Trini,...

no debería haber dudado de ti.

-Bueno, Ramón, no te culpes.

Yo no sé cómo habría reaccionado si te hubiera visto

besando a otra mujer. -El delito no ha sido el beso.

Ni siquiera la presencia de ese lechuguino.

La falta imperdonable...

ha sido dudar,...

por un segundo

cuánto nos amamos.

Trini,... tú eres mi sol de cada día.

La alegría de mi ser.

Sin ti,...

Sin ti yo no sería más que un viejo amargado.

-¿Y por eso me vistes de princesa con corona y todo?

-De princesa no.

De reina.

La única soberana de mi corazón.

Soy...

tan afortunado de poder vivir contigo.

-Ay, Ramón, ese piquito de oro que tienes me vuelve loca.

-Creo que ha llegado el momento de dejarles a solas.

"Te prometí que te iba a traer a una feria,

y aunque sea una modesta barraca, voy a cumplir con mi palabra".

"Hoy la feria abre solo para ti y para mí".

"Entonces, ¿por qué aguardar más?".

(PONE VOCES RARAS)

(Se abre la puerta)

¿Llego en mal momento?

Parece mohíno, disgustado.

No, Sara.

Tan solo estaba recordando...

momentos del pasado que nunca volverán.

Esa tristeza tan solo puede tener una causa.

Se ha reencontrado con Teresa, ¿no es así?

Eso no es lo que importa ahora.

Tan solo saber si has cumplido con lo que acordamos.

¿Fuiste a ver a Cayetana?

Así es. ¿Le hablaste de Úrsula?

Ya va recobrando la color. Estaba pálida como la muerte.

Deberíamos retornar a la cabaña.

Está anocheciendo

y nos va a coger la fresca. Tampoco conviene...

que el frío le cale los huesos.

¿Qué le pasa, mujer?

-¿Quién soy?

-Arrea, con qué pregunta me sale ahora.

Si no lo sabe usted, yo poco puedo ayudarla.

-Nada recuerdo.

Mi memoria es un gran vacío.

-No pierda la esperanza.

Ya verá. Igual que se fue, seguro que vuelve.

-Ni siquiera sé cómo llegué aquí.

-En eso sí que puedo ayudarla una miaja.

Me la trajo un conocido.

Estaba muy enferma. Más muerta que viva.

-Usted me ha salvado.

-Gracias a mis artes y mis hierbas.

Pero no crea, que no lo tenía claro en un principio.

-¿Cuál era mi mal?

-¿No te amuela?

Si lo hubiera sabido, no hubiera gastado tantos sudores.

-Y nosotras,...

¿nos conocíamos de antes? -Nones.

Dios no ha querido cruzar nuestros caminos hasta ahora.

¿No se acuerda dónde la encontraron?

¿Ni siquiera sabe cómo llegó a esa caseta,

perdida en el Camino del Pardo?

Ya veo que no.

Bueno, marchemos a descansar.

Mañana será otro día.

(GIMOTEA)

Cuando me encontraste,...

recibiste...

el renacimiento a través...

del bautismo.

(BALBUCEA)

Os pido que me liberéis de este dolor.

Y de este sufrimiento.

Blanca...

¿Está usted bien?

Parece que ha visto un aparecido.

Dime, Sara,

¿qué fue exactamente lo que le dijiste a Cayetana?

Lo que me ordenaste, ni más ni menos.

Le aseguré que tenías una pista de dónde podía estar escondida Úrsula.

Que sería cuestión de tiempo que te vieras con ella.

¿Y qué dijo ella? Poca cosa.

Aunque... la color abandonó su rostro.

Intentó disimularlo, pero

estaba impactada por la noticia.

Te felicito. Has hecho un gran trabajo.

Mauro.

Me gustaría estar tan segura como tú de eso.

¿Ahora te entran dudas de nuestro acuerdo?

He mentido a Cayetana.

No sabemos nada de Úrsula ni de su paradero.

Muchos reparos muestras ahora.

Cuando fui a verte a la cárcel, no rechazaste mi propuesta.

Entonces no terminé de comprender lo que te proponías.

Nada más tenías tú que saber de eso.

Tan solo que yo te conseguiría la libertad,

si tú, a cambio, hacías algo por mí.

Lo sé.

Pero ese día me ocultaste que ese trato implicaría

llevarte a una muerte segura.

Eso solo me atañe a mí, Sara.

No hay nada que me guste más en esta vida que estar a solas contigo.

-No. No tendrías que haber dicho eso.

La señal para que nos interrumpa alguien.

María Luisa, Antoñito y Lolita saben

que no pueden entrar en este salón así se hunda el mundo.

-Ya lo verás.

-Tú solo baila y abrázame.

-Qué desgracia.

-Lo dije.

-¿Y usted bailando como si fuera un mozalbete?

-Pero ¿qué ocurre, acaso ha sucedido alguna desventura?

-Me ha llegado este telegrama.

Casimiro Castellón se ha fugado con nuestro dinero.

-"Cariño, desde luego,"

no tienes cara de funeral. ¿Qué pasa?

-Pablo, no te lo puedes ni imaginar. Es una carta de la Casa Real.

-¿Y qué te dice?

-Espera.

Espera, que me la leo entera.

-Cariño, que me tienes en ascuas, ¿qué dice?

-La Reina tiene que inaugurar la Casa de la Misericordia

y va a mencionar a mi padre.

-Enhorabuena, cariño. -Pablo, pero que eso no es todo.

La Reina...

me invita a que escriba su discurso.

-¿Cómo, cómo, cómo? ¿A ti?

-No insista, madre.

No asistiré a la misa por el alma de una persona que está viva.

-Simón, ¿en qué te basas para decir eso?

-En que lo sé.

Y en que no creeré lo contrario hasta que aparezca su cadáver.

-Aprovecha, al menos, para hacer las paces con don Arturo.

Aunque no vayáis a ser amigos nunca.

Por lo menos no seáis enemigos.

-La ciudad es muy pequeña.

-No quiero otra relación con él, que la enemistad y la inquina.

-¿Por eso andas maniobrando?

Te vi meter dinero en un sobre. ¿Para qué?

La última vez que le vi llevaba el brazo en cabestrillo.

Sí, esta mañana, antes de la misa, me lo retiraron.

¿Le duele?

Duele más perder a una hija.

Lo sé bien. Yo también perdí a la mía.

Nadie mejor que usted es capaz de compartir mi dolor.

No sabe hasta qué punto.

Al menos, con mi pequeña Carlota tengo dónde ir a dejarle flores,

pero...

no es así con mi marido.

Ni siquiera tengo la certeza

de su muerte, ni una tumba donde ir a recordarle.

Lo pasará mal.

Pero al final lo importante es el recuerdo.

Siento que estemos así,

unidos en el dolor.

"¿Tú conociste a Manuela y Germán? -No".

Ellos no creían en la justicia.

Estuvieron dispuestos a fingir su muerte para acabar con Cayetana.

Y les salió mal.

Pero tenían razón.

Ni la justicia existe ni hay que pararse delante de esa mujer.

¿Y si a ti también te sale mal?

El error de Manuela y Germán fue aspirar

a salir con vida.

Yo aspiro a que esa mujer pague por todo el daño que ha hecho.

Y la única posibilidad, es que sea descubierta in fraganti.

Y morir...

¿Estás dispuesto a dejarte morir?

Para que Teresa viva en paz.

Mira, Sara,...

lo único que tienes que hacer es lo que prometiste.

Atraer a Cayetana en el momento oportuno.

El día ha llegado.

"Mauro vuelve a tropezar una y otra vez con la misma piedra".

Todos lo hacemos, pero él parece regocijarse.

Ha vuelto a confiar en esa mujer, en Sara.

Ya le engañó una vez.

Es adulto, sabe cuidarse.

En absoluto. Cayetana,

Úrsula si aparece,...

esa mujer, Sara.

Todas acabarán con él. Teresa, no es un chiquillo.

Lo es. En el fondo, todos los hombres lo son.

Necesito hablar con usted en privado.

¿Y Fabiana?

Ya le he pedido que se quede en la cocina.

"Entonces, ¿Úrsula?".

"Tenemos tantas cosas que hacer, que no podemos preocuparnos"

por ella.

Quizá sea por eso que va a aparecer hoy.

He recibido un mensaje suyo.

-¿Qué le dice?

Quiere verme aquí esta noche.

A las ocho. En la pensión.

-Es demasiado peligroso.

Y más a esa hora. No puedo asignar a nadie

para protegerlo. Puedo hacerlo yo solo.

No se fíe.

-¿Y si yo lo acompaño?

Bueno, es una opción.

Así daríamos a entender que estamos juntos en esto.

-Está bien.

Yo mismo estaré.

Estoy deseando acabar con el asunto de doña Úrsula de una vez por todas.

Y la mejor manera es encontrarme con ella.

Cara a cara.

"Vecinos, amigos,...

antes de disfrutar del desayuno que nos ofrece don Arturo,

sugiero que procedamos a la lectura del Libro de la Sabiduría.

(LEE) "Las almas de los justos

están en las manos de Dios

y, no les alcanzará ningún tormento".

"Los insensatos pensaban...

que los justos...

habían muerto".

"Que su salida de este mundo...

era una desgracia".

"Y su salida de entre nosotros,...

una completa destrucción".

"Pero los justos están en paz".

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  • Capítulo 542

Acacias 38 - Capítulo 542

21 jun 2017

Arturo ignora a Simón cuando éste le dice que va a contactar con Remedios. Le recomienda que deje de entrometerse en su vida. Pero Simón no está dispuesto a rendirse. Úrsula está grave y sin memoria. La atiende la Valenciana, la misma mujer que informó de su embarazo a Teresa. Ramón, después de la confesión de Benito, decide recuperar a su mujer. Para ello le prepara una sorpresa con la colaboración de María Luisa, Víctor, Antoñito y Lolita. Teresa le pide a Mauro que cese en su búsqueda de Úrsula y regrese con ella. Pero Mauro sabe que mientras esté Cayetana libre, Teresa no podrá vivir tranquila. Sara informa a Cayetana de todo lo que ha descubierto de Úrsula, tal y como la señora le pidió. Pero descubrimos que lo hace por orden de Mauro, la está engañando. Sara pide a Mauro que no continúe adelante con su plan, es demasiado peligroso.

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  1. manolo

    Vaya vaya con las amnesias en esta serie que poco recursos los guionistas

    23 jun 2017
  2. Mabi

    Que vuelva Paciencia !!!!se acuerdan de ella ? La portera mujer de Servando , así se deja de meter en sus berenjenales a Casilda para ganarse unos cuartos sin trabajar !!!! Antes lo tenían a raya los señores, ahora nanais !!!!

    22 jun 2017
  3. Jessica

    Buenos días

    22 jun 2017
  4. Martha Gonzalez Muñoz

    Hola Buenas tardes me gusta mucho acacias 38 porque me encantan los actores

    22 jun 2017
  5. Varla Rodriguez

    Qué montòn de rellenos!! Ufffff!!

    21 jun 2017