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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 540 - ver ahora
Transcripción completa

He pensado, si es también de vuestro agrado, organizar un baile

al modo de palacio, un "garden party" casero.

Sería ideal.

-Sí, luciríamos nuestras mejores prendas y trajes.

-Hasta a mí, poco dada a festejos,

me parece de perlas. Acacias necesita un poco de alegría.

-Yo adoro a mi Trini, ya lo sabe usted.

Con sus salidas de tono y con su impulsivo carácter,

sus cambios de humor y...

Pero de ahí... a verle besar con otro hombre,

Liberto, eso es traición.

Eso es traición, deslealtad, infamia.

Es que... hasta me sofoca contarlo.

Juntos nos hacemos daño.

¿Vas a romper conmigo?

¿Quieres que nos separemos?

Debemos dar un paso atrás para cobrar empuje

y arremeter contra ella de nuevo.

Y eso no lo vamos a conseguir si seguimos...

conformándonos con estar juntos y... lamernos las heridas.

"Le pedí a Lolita"

que trajera esta caja con las pertenencias de Elvira.

Son unos trebejos que ella dejó en mi casa antes de partir.

Es justo que ahora le pertenezcan a usted.

"Querría pedirles un favor".

"Verá, no sé si ahora que Liberto y Rosina se han acomodado aquí,

podría usted también acoger a Teresa".

Cuente con ello.

Rosina y Liberto no pasarán muchos más días en esta casa.

-"Quizá, coronel haya conseguido"

engañar a todos,

incluso estoy seguro de que muchos consideran franco y noble su paripé.

-Gayarre, sal de mi casa. -¡Suélteme!

Elvira no está muerta.

¡Y usted lo sabe!

-Simón, ¡¿quieres hacer el favor de callarte, por favor?!

Le prometo que había cedido a venir a darle las gracias.

¡¿Dónde vas con las cosas de mi hija?!

¡No des un paso más!

-Simón, no empeores las cosas.

Coronel,... no se lo tenga en cuenta.

Es un muchacho enamorado. Está loco de pena.

Lo siento mucho.

No se lo tenga en cuenta.

¿Por qué te empeñas en despreciarme? -Que no te desprecio, Víctor.

Aunque he de decirte que ahora mismo te aborrezco.

-Yo me arrastro ante ti. Y tú no te compadeces ni un poquito.

-Pues no, ni un ápice.

De alguna forma tendrás que pagar el haberme humillado

mandando al garete por vicio, y solo por el vicio del naipe,

nuestro cuadro y...

la ilusión que había depositado en él.

-Vaya con el dichoso cuadrito. -¿Encima lo llamas dichoso?

Eres un descastado, Víctor Ferrero.

Un descastado, un descarado, y todo lo que empiece

por "des" y termine por "ado". -De acuerdo, perdóname.

Si yo quería hablar del cuadro.

-Mira, por mí como si dices misa.

Ese cuadro ha pasado a mejor vida. Y será mejor que ni me lo recuerdes.

-De eso se trata, María Luisa. Que no ha pasado a mejor vida.

Que Servando, con sus mañas,

ha conseguido convertirlo en otra cosa,

le ha dado otra utilidad.

Algo gracioso. Me gustaría que lo vieras.

-Ver cómo mi sueño del lienzo no sirve ni para mantel de meriendas,

en serio. -Que te va a sorprender.

Está en la casa de los Valverde.

Por favor, ve a verlo cuando quieras.

Puedes pasar sin peligro de encontrarte con don Arturo.

-¿Y dices que ese no sé qué lo ha hecho Servando?

-Ajá.

-¿Me crees tan mentecata como para pensar

que algo que ha hecho Servando va a consolarme?

-Esto sí.

Servando tiene sus taras, pero ha estado sembrado.

-A otro perro con ese hueso. Por Dios, Servando.

Lo dice como si fuera el arcángel San Gabriel, que viene a salvarnos.

-Servando. -María Luisa,

tampoco hace falta cebarse.

Solo quiero que nos reconciliemos.

-Habértelo pensado antes.

-De acuerdo.

Por mi culpa, por mi culpa, por mi santísima culpa.

-Víctor, por favor, deja de hacer el payaso y no blasfemes.

-Perdóname. No voy a volver a decepcionarte.

-Ay, si pudiera creerte.

-María Luisa,...

si conseguimos volver a estar bien juntos,

puedo ayudarte con ese problema que parece que tienes con tu familia.

-No quiero hablar de eso.

-Pues eso a mí sí que me preocupa.

Después de lo que hemos pasado,

no eres capaz de compartir tu dolor.

-Pero es que, aunque quisiera, no puedo decirte nada.

-¿Ves? Pero ¿qué tipo de novios somos?

No eres capaz de compartir conmigo un secreto.

-Víctor, le prometí a mi padre que no se lo diría a nadie.

-Bueno.

Que guardes la promesa... dice mucho de ti,

pero es que yo no soy cualquiera. Soy tu novio.

Soy tu prometido, ¿no?

-De acuerdo.

¿Qué quieres que haga?

¿Que vaya a ver lo que ha hecho Servando con mi cuadro?

Está bien, acepto. -¿Cuándo?

-Mañana, ahora tengo prisa. -¿Adónde vas?

-A mi casa, que es tarde.

-¿Puedo acompañarte? -Mejor no.

-¿Me das un beso?

-Que te zurzan.

-Si me lo tengo merecido.

-Descarado. -Adiós.

-Ladrón.

(Se abre una puerta)

Siempre has sido de ir más a llorar a la eras.

-¿Se puede saber qué haces aquí, Benito?

-Buscarte.

-¿Para qué? ¿No has hecho bastante ya?

-Pues claro que no.

He venido a enmendar los errores, Trini, te lo juro.

¿Quieres aceptarme?,...

Trinidad Crespo.

¿Qué haces aquí?

No me gusta que te presentes en mi habitación de esta forma.

No quería incomodarte.

¿Cómo has entrado?

La cerradura que tiene aquí es blanda como la manteca.

No me ha costado ningún trabajo forzarla.

No me sorprende nada de ti.

¿No me vas a ofrecer de beber?

Esto no es una taberna.

Lo mejor que puedes hacer es largarte de aquí.

No seas tan arisco.

Sara,...

no me agrada que nuestras vidas se vuelvan a cruzar.

He venido a buscarte simplemente porque soy una persona de ley.

Alguna duda tengo sobre eso.

Pero tendré que aceptar que es así.

Sabes que estoy dispuesta a hacer cualquier cosa por ti.

Tenemos una deuda pendiente.

¿El verdadero propósito?

Soy todo oídos.

Hemos encarcelado a una mujer por robar en una taberna.

No logró llevarse nada, así que nuestra intención

era retenerla en el calabozo por una noche y soltarla.

Sabe que no nos sobra espacio.

El procedimiento habitual. Así es.

Pero uno de los agentes tuvo la intuición de comprobar

su historial y sus antecedentes.

La joven no ha parado de delinquir en toda su vida adulta.

Hay muchos así, ¿qué tiene esta de especial?

Asegura conocerle. Se llama Sara.

Dice que se apellida Rubio, pero no estoy seguro

de que sea su verdadero apellido.

Es una mujer muy bella.

La conozco, sí.

Y no guardo de ella buen recuerdo.

Insiste en verle.

¿A mí?

Bueno, supongo entonces que es mi deber acompañarla.

Efectivamente.

En la cárcel ya hablamos todo lo que teníamos que hablar.

Claro como el agua me quedó todo lo que dijiste.

Por eso quería decirte

que andaré por aquí unos días más.

Lo tendré en cuenta.

Aquí tienes mis señas, para lo que sea menester.

Muy bien, mejor así.

Ya te contactaré cuando lo considere oportuno.

Benito, levántate de ahí que pareces un penitente, por favor.

-No me muevo hasta que no me des la respuesta.

-Una tarascada es lo que te voy a dar como no recuperes la razón

y te pongas en pie.

Benito, por Dios, guarda ese pedrusco.

¿Tú no te das cuenta del lío en el que me has metido?

-A mí me da igual ocho que 80.

-¿Ah, sí? -Sí.

No me mientas, que cuando nos besamos

sentí que se te subían las pulsaciones.

-Benito, por el amor de Dios, no digas enormidades.

-Pero si es que siempre has sido una tozuda.

Como que he vendido yo mulas más dóciles que tú, gitana.

-Ni se te ocurra ir por ahí, que aún te llevas una coz.

-Pero deja de negar la mayor.

Si ya sé que lo que te estoy pidiendo es muy gordo.

Como también sé que algo de cariño le habrás cogido al andoba de Ramón.

Al andoba ese de Ramón.

A ver con quién vas a estar tú mejor que conmigo en Cabrahígo.

-Vamos a ver, Benito, pues aquí, en mi casa,

con mi familia. Y como le vuelvas a llamar andoba,

te juro que cruzo la cara. -Déjate de melindres,

déjate de melindres y disimulos. Sí.

Te mueres por mis huesos.

Como yo me muero por los tuyos.

¿Tú has visto cómo brilla?

-Benito, ¿tú te crees que me vas a convencer a mí con un pedrusco?

-Hombre, pues no.

No se me había pasado por la cabeza.

Pero como decía mi abuela Basilisa, a nadie le amarga un dulce, ¿no?

-Mira, Benito, yo sabía que tú eras más simple que el asa de un cubo,

pero te juro que yo no me esperaba esto.

-Pero ¿por qué te empeñas en tapar lo que sientes?

-Y dale Perico al torno.

Benito, que a ver si te entra en la mollera que yo tengo marido

y que me hace la mar de feliz.

Que lo mejor es que te largues con viento fresco, ¿estamos?

Benito.

Que una tiene un límite y lo estás pasando de largo.

-Ya. Si tú dices lo que dices...

por vergüenza de los vecinos. Sí.

Pero a mí no me vas a convencer

de que no bebes tú los vientos por mí.

Déjalo todo, vente conmigo...

-Benito, que te vayas a freír espárragos,

y si es con racimo, mejor.

Hombre ya. -Pero no me dejes así.

Que no conozco mujer más principal que tú.

Ya me ha contado mi tía el bochinche que has montado en casa del coronel.

Pero ¿cómo puedes ser tan desagradecido?

¿Hasta cuándo vas a seguir comprometiéndola?

-Ya le he dicho que tengo intención de volver a la pensión,

pero es ella la que se empeña en ampararme.

-Mi única intención es ayudarte a salir de este brete.

-Deberías actuar tú con más cuidado.

Lo único que estás consiguiendo así es ponerla en evidencia.

-Soy consciente de eso y bien que lo siento.

-Entonces trata de enmendar tus actos.

-No puedo hacerlo.

No tengo ni edad ni ganas para vivir bajo el ala de nadie.

Y mucho menos para fingir agradecimiento con ese hombre,

cuando estoy seguro que actúa con todo el cinismo

y la mala fe de este mundo.

-¿Ves como no tiene remedio? No atiende a razones.

-Don Arturo no hace otra cosa que dar muestras de bondad.

-Vamos, os tiene a todos engañados.

Estoy seguro que sabe algo más

sobre Elvira que no nos cuenta. -¿Sí?

¿Y en qué te basas para hacer esas afirmaciones?

-Ese hombre es un manipulador y un mentiroso.

Solo busca mantener su posición de privilegio.

-Así que no tienes nada para sospechar de él.

Tan solo tus impresiones. -Te equivocas.

Sé muy bien de lo que hablo. Serví a ese monstruo.

Prácticamente vivía en su casa.

Conozco a ese engendro muchísimo mejor

que cualquiera.

Y sé hasta dónde es capaz de llegar.

-Entonces cuéntame eso que sabes.

Cuéntame qué es eso que crees haber descubierto del coronel

que todos ignoramos, a ver si así consigo entenderte.

-Tranquilo, Liberto, no insistas.

No tiene razones de peso

para defender lo que afirma.

-Él ha urdido ese plan que ha terminado siendo una tragedia.

Y eso nadie me lo va a quitar de la cabeza.

¿Él hundió ese barco?

¿Él tiene escondida a su hija? ¿De qué demonios estás hablando?

Elvira está muerta.

Y no fue su padre quien la mató,

sino una tormenta en el Mediterráneo.

¿Cuándo vas a asumir eso?

-Déjeme sufrir mi pena en paz.

Tan solo quiero contemplar las pocas posesiones que han quedado de...

la que iba a ser mi esposa.

¿Tan difícil es conseguir algo de compasión?

-Tampoco te vayas así, por favor.

-Tía,...

creo que ha llegado la hora de que usted y yo hablemos seriamente

sobre Simón.

Espero no ser yo el motivo de esos suspiros.

-No, no del todo. Hay otros asuntos que me inquietan.

-Pues a ver si en algún momento me cuentas cuáles son.

-No puedo, ya te lo dije.

Además, que... no estoy nada cómoda en esta casa.

-Pierde cuidado.

Servando lleva unos días aquí trajinando y, me ha asegurado

que el coronel no va a aparecer.

-Ya, Servando, pues razón de más para arrepentirme de haber venido.

-No diga eso, señorita.

Y confíe un poquito en este

seguro servidor entregado,

verbigracia portero diligente y fiel caballero.

-Y modesto.

-Bueno, a ver si lo que hemos preparado te anima un poco.

-Te dije que no estaba para memeces.

-Espera, mi vida, no seas impaciente.

-Pero ¿y tú por qué eres tan desastre, Víctor?

¿Es necesario que me des estos disgustos un día sí y otro también?

-Sosiega y préstanos atención.

-No, no pienso hacerlo.

No me tienes ninguna consideración. Y a veces pienso que ni afecto.

No te importo un comino. ¿Así piensas que te voy a perdonar?

-María Luisa,...

lo más importante de mi vida eres tú.

Dame una oportunidad.

-Señorita María Luisa,... haga usted un poder y...

mire lo que le hemos preparado.

-Está bien.

Me quedaré.

Pero solo porque sé lo pesado que puedes llegar a ser, Servando.

-Pero siéntese, siéntese, señorita, no sea que se vaya a caer de culo.

Con perdón. Siéntese.

Ahí.

Aquí, venga.

-Una, dos... Una,...

dos,... y tres.

Me tienes muy disgustada, Víctor.

¿Qué no tienes nada que decirme?

Pues has de saber que no vas a encontrar una novia como yo.

-María Luisa de mi vida,...

tú querías encontrar algo para toda la vida

y yo te he conseguido este esperpento.

-Ya, pero Víctor, es que eres como una lata de sardinas.

Todo el mundo sabe lo que hay dentro,

anda que...

Pero ¿cómo vas a ganar así a las cartas?

Si no distingues un basto de una espada,...

-Bueno. -Si te da igual echar un triunfo

que una fea, si es que tú no juegas al tute, tú lo profanas,

que eres como un niño de teta.

¡Le dan ganas a una de arrearte un guantazo,

porque eres un panoli!

¡¿Para qué te metes ahí si no sabes ni agarrar la baraja?!

¡Servando, pare, que se está pasando dos pueblos!

Venga.

-No me paso, mi vida, no me paso, es que, claro,

me has hecho una cosa muy gorda

y, no sé lo que vas a tener que hacer

para quitarme este disgusto.

-Pues... yo no sé si lo voy a conseguir...

pero, como ves, estoy dispuesto a todo.

Vamos, que prefiero perder la vergüenza,

antes que perderte a ti.

-Te perdono, Víctor.

Ya sé lo que puedes llegar a hacer por contentarme.

Y ahora vámonos, que no quiero ni ver ese cuadro.

Vámonos.

(RÍEN)

-Si es, que lo que no sepa yo de mujeres, no lo sabe nadie.

¡Ay!

-Servando, ¿ha visto a Casilda?

-Pues no, estará por ahí, sirviendo en algún piso.

-No doy con ella.

-No me extraña, está de piso en piso.

-No para ni un segundo.

Verá como le toca servir

en el baile que ha organizado doña Cayetana.

-No, no, eso seguro, que va a ser

un ágape por todo lo alto.

-Conociendo a la señora, no le quepa duda.

En fin.

-A más ver. -Espera, espera un momento, Martín,

que... se me ha ocurrido una idea genial.

-No sé si escucharle o salir corriendo.

-No.

Oye, ¿y si le pedimos permiso a doña Cayetana para llevar el cuadro

a su ágape y que los invitados se hagan un retrato

asomando las cabezas?

-Pero ¿usted cree que eso le gustará?

-Por intentarlo no se pierde nada.

Y de este cuadro también se le puede sacar mucho partido.

¿No te parece muy artificial?

-Si partimos de la base de que cada uno debería quedarse

con el color de pelo que Dios le ha dado, pues de natural no tiene nada.

-Pero por esa regla de tres, tendría que cerrar el negocio.

Yo, lo que te pregunto es que si no es muy dorado.

No he visto muchas rubias con este color.

-Cuanto más raro sea, mejor se venderá.

Todo el mundo ansía lo que no tiene.

-¿Y qué nombre te parece mejor?

¿Trigo intenso o sol de la mañana?

-Ceniza amarilla.

-Trini, por Dios, qué siesa estás hoy.

-¿Qué quieres que te diga?, da un poco a gris.

-¿A gris? -Sí.

-Con ese nombre no vendo ni un bote, Trini.

¿Se puede saber qué es lo que te pasa?

-¿Qué me va a pasar?

Nada.

-A mí no me mientas, Trini, que te conozco bien.

Ayer estabas más mustia que un geranio apagado.

Pero pensé que era porque no aguantas a nuestra amiga.

Pero ya veo que hoy sigues igual.

-Bueno, lo cierto es que no me encuentro muy católica.

Pero bueno, será por estos calores que estamos pasando,

que me amodorran.

-Pues has de espabilarte y recuperar la alegría.

Para una persona optimista que tenemos en el barrio,

no podemos perderla. -Haré un poder.

-Piensa en cómo nos vamos a divertir en el baile.

Podrías teñirte de rubia para esa noche.

-Uy, no, no, no, yo no estoy para excentricidades, Celia.

Además, no sería nada raro que me quedara en casa ese día.

-Pamplinas. Has de ir y disfrutar del evento.

La que no sé si voy a poder ir soy yo.

-¿Lo dices por Teresa?

Ya sé que la has acogido aquí.

Ahora que se ha separado de Mauro,

no sé si es muy oportuno dejarla sola en momentos tan amargos.

-Es de entender que la pobre debe de estar hundida.

Menudo trago tiene que ser dejar tu casa.

-Por eso.

No me parece oportuno salir, y menos...

para ir a una fiesta en casa de Cayetana.

-Pues no lo tienes fácil.

Si no vas, Cayetana se va a molestar con el desaire.

Y si acudes, Teresa se sentirá poco querida en esta casa.

Así que, hagas lo que hagas, te va a pillar el toro.

-Pues eso, que vamos a llamar al tinte

"Trigo al amanecer". ¿Te gusta el nombre,

Teresa? O tal vez se te ocurra otro.

Nunca se me ha dado bien ponerle nombres a las cosas.

El que se les ocurra estará bien.

Jaque mate.

-Es usted un buen contrincante.

En cuatro partidas que hemos jugado, no me da un respiro

ni en una sola.

-No me dé coba, ha sido más fácil ganarle,

que tomar a cañonazos una aldea de nativos.

Se ve que no está usted muy atento.

-Tengo que admitir que a cada instante se me va el santo al cielo

y, más que peones y torres,

veo mis problemas reflejados en el tablero.

-¿No me va a contar lo que le ha pasado con su mujer?

-Me va a perdonar, pero prefiero reservarme mis problemas conyugales.

-No es chismorreo, son ganas de aliviar su pena.

Y comprendo su reserva.

Pero eso me hace sospechar... que hay un tercero implicado.

-Lo que sí puedo decirle es que se trata de un asunto muy delicado.

-Por su semblante, me barrunto

que he dado en el clavo.

Y, como quien calla otorga,

le diré que si yo estuviera en su lugar,

no estaría en su lugar.

-No comprendo qué quiere decir con ese galimatías.

-Que no estaría ahí sentado tan pancho,

sino metiéndole un tiro entre ceja y ceja

al malnacido que pretende a mi mujer.

-Afloje. En ningún momento he dicho que Trini estuviese con otro hombre.

-Ni yo lo supongo.

Pero quiero que sepa que si fuera así,

puede contar conmigo y con mis armas.

Lo más importante para un hombre

es el honor.

-Le agradezco su interés, pero no me convencen sus métodos.

Soy menos beligerante. Y si fuese necesario, que no lo es,

resolvería el asunto de forma más... pacífica.

Yo no soy un hombre de acción.

Y mucho menos de violencias y duelos.

-Allá usted si quiere hacerse eco de teorías pacifistas.

Pero lo natural en un varón es reaccionar cuando le corresponde.

(Llaman a la puerta)

Con su permiso, don Arturo, vengo a visitar a mi padre.

-Pasa.

-Gracias.

-Siéntate, estás en tu casa.

-Prefiero permanecer de pie.

-Si te apetece, podemos dar un paseo.

-No, no es necesario que salgan.

Es de entender que prefieren hablar a solas

y, yo tengo asuntos que resolver.

Les dejo. -Muchas gracias.

Estoy deseando lucirlo en el baile.

No ha sido fácil elegirlo entre todos los que había en la joyería.

Este era el mejor.

Bueno, al menos el más caro.

¿Y qué más da el dinero, teniendo en cuenta su belleza?

No te lo discuto, pero yo no tengo estómago para gastarme esa cantidad

en una joya.

Por mucho dinero que se tenga se puede seguir

siendo pobre de espíritu.

No lo digo por ti.

Ya me figuro, menudo joyero tenemos mi hija y yo.

No le digo que el colgante no lo valga, pero me parece obscena

lo que has pagado por él. La ocasión lo merece.

El baile que organizo va a competir

con la "garden party" de la Reina

y, todas tenemos que estar espléndidas.

Tú haz lo que puedas.

Te aseguro que vas a quedar impresionada.

Eso espero. Porque nadie puede desentonar en ese ágape.

Te aconsejo que no escatimes.

Ayer estuviste muy generosa con tu hija.

Supongo que tú también te harás un vestido nuevo.

Por supuesto, ¿no pensarás que vamos a ir

como si fuéramos unas incluseras? Seguro que no.

Igualmente, esta misma tarde

volveremos a la joyería y te vas a comprar algo de enjundia.

Estoy segura que todas tus joyas están pasadas de moda.

Descuida que ya me paso yo un día de estos.

No, insisto,

te voy a acompañar. Tú eres capaz de comprarte una baratija.

Como quieras.

(Llaman a la puerta)

Voy a abrir.

-Rosina, venía a buscarte. Tu hija y Pablo te esperan en casa.

-Ay, me había olvidado de ellos. Me voy a escape.

Rosina.

Ay, ¿en qué estaría pensando?

Tengo que reconocer que te admiro.

Rosina está bien para un rato,

pero para convivir con ella es un horror.

Te admito que algunas veces me exaspera.

Algunas más que algunas.

¿Cómo van los preparativos del baile?

Ya está todo listo. ¿Qué te parece?

Me lo he comprado para la ocasión.

Me parece que vas a impresionar a todo el barrio.

Sería una pena perdérselo.

Celia.

¿Y esa cara de circunstancia?

No creas que no sé lo que te ocurre.

Me he enterado.

¿A qué te refieres?

A que Teresa también va a estar viviendo en tu casa.

Eso va a parecer

la pensión del peine.

Tenía que auxiliarla. Sí. Claro que sí.

Pero por eso te incomoda acudir al baile.

Celia, no pases pena.

Hace mucho tiempo que somos amigas tú y yo.

Y entiendo tu inquietud, así que no me voy a molestar si no acudes.

Me alegra que lo veas así.

Solo me entristece que no estés conmigo.

Bueno, que no estéis las dos conmigo.

Pero solo quiero que Teresa esté bien.

Pues no lo está. Está muy decaída.

Después de todo lo que ha pasado,

perder a Mauro ahora es la gota que colma el vaso.

Está al borde de la desesperación.

Me duele en el alma, ese hombre le ha destrozado la vida.

Me entran todos los calambres al verle de esta guisa, padre.

-Tienes razón,

María Luisa, estoy pasando las de Caín

con todo esto. Pero tengo que mantenerme firme.

-Todos estamos pasando por momentos muy difíciles.

-Quizá debería ser más expeditivo...

y acabar de una vez por todas con lo de este hombre.

Aunque confío

en que Trini y él no hayan vuelto a verse.

Esperemos que ese mameluco desaparezca de nuestras vidas

y, que esta herida

que se ha abierto entre nosotros sane pronto.

Eso...

si logro olvidar el comportamiento

de tu madrastra.

-No sé si debería decirle esto.

-Por el amor de Dios, hija, dime lo que sepas.

-Benito no se ha ido.

Ayer fue a buscar a Trini...

y le ofreció un anillo.

-¿Y qué respondió Trini?

-Creo que le rechazó, pero no puedo decírselo con seguridad

porque estaba apartada y no pude oírlo.

Lo único que le puedo decir con seguridad es que estoy convencida

de que Trini es de fiar.

Dios mío, no debería haberle contado nada,

estoy aumentando su desazón.

-Has hecho lo correcto.

Después de escuchar esto, no pienso

quedarme con los brazos cruzados.

-Sobre todo le pido prudencia y cordura.

No quiero que pierda los estribos.

-No pases pena, hija. Que sé muy bien lo que he de hacer.

Mire que olvidarse de nosotros, madre.

Qué poco aprecio nos tiene. -No seas picajosa, hija.

Has de entender que con todo lo que acontece en este edificio,

una anda de una casa a otra como pollo sin cabeza.

-Suegra, tampoco ocurre nada si se pierde algo, ¿eh?

Que tiene usted más información que "La Gaceta".

-Una solo lo hace por afán de servir a sus vecinos.

-Si nadie duda de su buena fe ni de su amor por el prójimo.

Ni por saber lo que le acontece.

-Pero bueno, no seas impertinente y baja la voz.

Teresa está durmiendo en su cuarto

y no debemos molestarla.

-¿Teresa ha venido a vivir aquí? -Eso parece.

Aún no sé el por qué de la mudanza, pero se ha establecido en la casa.

La pobre tiene una cara de pena,

que a una se le abren las carnes solo de verla.

-Madre, tiene que venir con nosotros al hotel.

Que estén viviendo dos aquí de gorra ya es mucho, pero tres...

Tres es multitud.

-Celia está encantada con nuestra compañía.

De aquí no me voy hasta saber qué le ha pasado a Teresa.

-Usted sabrá.

Pero yo pienso que se está convirtiendo en un incordio.

-Querido, ¿a ti qué te pasa?

Menuda cara de funeral que te gastas.

-No he pegado ojo en toda la noche.

Ayer tuve una conversación con mi tía sobre Simón

y, me ha dejado algo desasosegado.

-¿Qué pasa, sigue empeñada en protegerle?

-Sí. Y eso que he intentado

abrirle los ojos.

He intentado convencerla de que ya ha hecho bastante por ese muchacho.

Ella sigue erre que erre.

-A ver, la verdad es que Simón está sufriendo mucho con sus problemas,

pero...

tanta atención por parte de tu tía pues... sí, resulta extraño.

-Bueno,... yo tengo una teoría,

que ya te conté, Leonor.

-Ay, no, madre, por favor, no empiece con eso.

No creo que a Liberto le agrade escucharla.

-Pues ya me ha picado la curiosidad.

A ver, Rosina, ¿qué es eso que piensas?

-Ya te lo insinué, querido, ¿te acuerdas?

De acuerdo que tu tía ya tiene una edad, y es muy beata, pero

¿y si está enamoriscada de Simón?

-Anda, anda. Menudo disparate.

-¡Pero bueno!

No es la primera vez que se da el caso.

Míranos a Liberto y a mí.

-Que eso no tiene nada que ver con nosotros, Rosina.

Lo que ocurre aquí es que mi tía ha buscado un sustituto de hijo

al que proteger, nada más.

Acuérdate que ya intentó controlarme cuando mi primo Leandro

marchó a París.

-Y a Simón le viene de perlas que alguien le proteja y le apoye.

Que don Arturo puede hacerle mucho daño si se lo propone.

-No sé qué decirte.

El coronel ha cambiado mucho su talante estos días.

Ahora todo el mundo piensa que es una persona de bien.

Un cacho de pan. -Sí, del duro.

Yo no termino de fiarme de ese hombre.

Lo siento. -Yo también le he notado cambiado.

-De hecho, hoy me lo he cruzado por la escalera y me ha citado

para esta misma tarde, en su casa. -¿Ah, sí?

¿Y qué puede querer de ti?

-Pues nada, será un asunto del piso.

La típica reunión entre casera e inquilino.

-Bueno, ya... veremos de qué se trata, ¿eh?

Que el coronel no da puntada sin hilo.

-Bueno, voy a ver qué me pongo para la cita.

Estáis en vuestra casa.

No me esperaba que me mandara a buscar tan pronto.

Aquí estamos más seguros.

No lo dude.

Bastante mejor está esto que mi cuarto.

Por lo que veo, en este tiempo no te ha ido muy bien.

Digamos que regular.

Ya sabes lo poco que me gusta el trabajo

y lo mucho que me gusta la buena vida.

Por eso tengo que hacer lo que pueda para conseguir parné.

Y si no hay suerte lo robas, ¿no?

Siempre hay algún panoli distraído al que afanar la bolsa o el reloj.

¿No querrá que me muera de hambre?

No hace falta que me cuentes más, Sara.

Te he sufrido en mis propias carnes.

Sé muy bien lo lianta que puedes llegar a ser.

Buena persona no eres.

No me guardes rencor.

Lo que pasó contigo no fue con mala intención.

Te metiste entre Teresa y yo.

Nos hiciste mucho daño, Sara.

Rompimos por tu culpa.

Aunque a la postre han sido otras las razones que nos han separado.

La querías de verdad. ¿No es cierto?

La quería no,... la quiero.

Tanto como para apartarla de mí.

¿Podrás olvidarla? Nunca.

Por mucho tiempo que pase.

Tú y yo tenemos más de lo que piensas en común.

A pesar de los palos que nos da la vida, seguimos de pie,

y cada vez más fuertes.

Me barrunto que somos tal para cual.

Si te paras a pensar, yo tampoco soy tan mala persona como crees.

Solo una pobre desgraciada que trata de salir adelante.

Si tuviera a alguien a mi lado como tú,

mucho mejor me irían las cosas.

Un buen hombre me ayudaría a salir del arroyo.

Y yo puedo ser muy agradecida.

(Llaman a la puerta)

Pase, Felipe.

-¿Se puede saber qué hace usted aquí?

-¿Qué voy a hacer? Nada.

Tomar un vino con Mauro.

De verdad, cariño, ya no me quieres como antes.

No me llevas a ningún sitio, ni al teatro ni a un café, ni a cenar.

Ni una sola joya me compras.

Es que eres muy caprichosita y eso cuesta muchos reales.

Al final me voy a tener que buscar un novio que me sepa cuidar.

Mejor búscate un novio que tenga muchos reales.

¿Lo ha entendido? Si quiere se lo repito.

Ni se te ocurra.

Saca este cuadro de aquí y a tu persona también.

Sí, señora, sí.

-Cayetana, tienes la puerta abierta. -Sí,

disculpe la señora.

Con el cuadro cargado no he podido cerrar...

¿Qué cuadro es este?

¿Qué es?

La última memez que se le ha ocurrido a Servando.

-Esto, uno mete la cabeza por aquí y puede decir lo que quiera

o hacerse un retrato.

-Qué cosa más divertida. -¿Verdad que sí?

Trataba de convencer a doña Cayetana de que esto va a entretener

de lo lindo a los invitados del baile.

-Claro. Ay, déjame hacer una prueba.

-Venga, venga.

-Soy la rosa de pitiminí.

Mirad que talle tan esbelto tengo.

Me van a llover los pretendientes.

Y eso que dicen que no soy muy lista.

Pero soy la única que en la iglesia cierra la puerta

para que no se escape ni el Ave María.

(RÍE) ¿Lo he hecho bien?

-¿A que es divertido?

Bueno, se lo van a pasar de fábula.

Sí, haciendo el lelo como vosotros dos.

-Ay, ¿qué más da, Cayetana?

Lo importante es reírse de uno mismo, perder la vergüenza...

Tus invitados se lo pasarán en grande. Será todo un acierto.

Además, esto... en la corte no lo tienen.

Esto es muy novedoso. Eso seguro que no.

La verdad es que me agradaría ver a más de una haciendo el payaso.

Está bien, lo pondremos en el baile.

-Ya verá usted como va a ser lo más comentado del ágape.

Con una condición:

que nadieme pida que pose ni haga una pantomima.

No, por supuesto, señora, usted es una señora de los pies a la cabeza

y con todas las letras

y, no se puede prestar a esta ridiculez,

por más divertida que sea. -Desagradecido.

¿Te ayudo y me llamas ridícula?

-No, no, señora, esto lo decía desde el atrio de mi respeto hacia usted.

Servando, aligerando, que seguro tienes mucho que hacer.

Y me estás poniendo la cabeza... Sí, sí, señora, sí.

Con permiso, señora.

-(SUSPIRA)

Supongo que has venido a buscarme para ir a la joyería.

Sí, para ese tema vengo, pero para decirte que esta tarde

no te puedo acompañar. Tengo una reunión.

¿No será que no quieres gastar dinero?

No, querida, no es eso.

Me ha citado don Arturo. ¡Uh!

¿Y qué quiere ese hombre? No me ha dicho.

Pero si no te importa, Cayetana,

me quedo aquí en tu casa hasta que llegue la hora de la reunión.

Es que estoy cansada de estar en casa de Celia.

Teresa parece un alma en pena

paseando por las esquinas, como si fuera un fantasma.

¿Tan mal está?

Es de una languidez absoluta.

Yo sé que la pobre muchacha lleva una pesada cruz a cuestas,

pero qué poco espíritu.

Tú y yo también hemos sufrido grandes pérdidas, demontres,

y no nos hemos convertido en unas ánimas.

Pobre mujer. Siento mucha compasión por ella.

Algo tendría que hacer para sacarla de esta postración.

(Llaman a la puerta)

Les agradezco que hayan venido tan puntualmente.

-Ya sabe que puede contar con nosotros para lo que sea.

-Pasen, por favor.

Estoy pasando por unos momentos especialmente difíciles.

A la muerte de mi hija he de sumar la incertidumbre

de no saber qué ha sido de sus restos.

Pero ha llegado el momento de asumir plenamente esta tragedia.

-Pues aplaudo su sensatez.

Lo cierto es que no todo el mundo es capaz de pasar por semejante brete

con tanta dignidad como usted. -Sé bien por qué lo dice.

Gayarre ha enloquecido totalmente.

-Sí, lo cierto es que el muchacho apenas controla su dolor.

-Vamos a sentarnos.

Gayarre estuvo ayer aquí.

Y, en lugar de agradecerme mi paciencia,

como su esposo me aseguró que haría,

me robó las pertenencias que conservaba de mi hija.

-Soy consciente de su indiscreción, don Arturo.

Y así mismo le agradezco que no le haya denunciado,

esta vez por hurto.

-Ninguno de nosotros sabe ya cómo ayudar al muchacho.

-A estas alturas ya me da igual que se las llevara.

Tal vez a él le sirvan de más consuelo que a mí.

-Es muy loable que usted lo vea así. -No se engañe, lo hago por mí.

Remover el asunto del robo sería otro modo de flagelarme

y ahondar en la herida.

Yo pasé por un trance similar al suyo.

Tiene que estar usted destrozado.

-Por eso quiero rendir un homenaje a Elvira.

Ya que no puedo dar santa sepultura a sus restos,

me gustaría reunir a los vecinos para rezar por su alma

y su memoria.

-Por supuesto, don Arturo, cuente con nosotros.

-Se lo agradezco, especialmente, porque quiero pedirles el favor

de que se encarguen ustedes de organizarlo todo.

-Pierda cuidado, organizaremos unos rezos dignos del funeral de un Papa.

Si le parece bien, contaré con la ayuda de Susana.

Al fin y al cabo, ella es la más devota de las vecinas.

-Tal vez eso no sea buena idea.

Y más teniendo en cuenta lo volcada que está mi tía ahora con Gayarre.

-Sí, sí, lo siento, discúlpeme,

no caí en la cuenta que quizá usted se sienta incómodo con ella.

-Mis problemas son con Gayarre, no me afecta su relación

con doña Susana.

-Vaya, pues me alegro mucho de que lo vea de ese modo.

Ahora mismo, lo último que necesitamos

es aumentar el conflicto. -Descuide.

No seré yo el que cree nuevos problemas.

-Siendo así,

organizaremos todo entre las dos.

A mí no me sirva. No he venido aquí para beber.

-¿Le va a rechazar un chato a su amigo?

-Ya le he dicho que no tengo ninguna intención de beber con usted.

-Mejor será que me marche y les deje a solas para que traten sus asuntos.

Nos veremos pronto, Mauro.

-¿Se puede saber a qué está jugando? ¿Yo?

A nada. Simplemente atendía una visita.

¿No estará utilizando a esa mujer para olvidarse de Teresa?

Felipe, por favor.

Me ofende que piense así.

Entonces, ¿qué estaba haciendo aquí? Nada.

Felipe, no hacía nada. Ya le digo que no hay nada más.

Mis sentimientos hacia Teresa no han variado ni una pizca.

Doña Rosina.

Ya que está usted aquí,...

¿podría hablarle de un menester que me tiene...

el corazón encogido?

-¿Qué menester?

-¿Podría hacer yo ese viaje a los Pirineos para ir a buscar

la herencia de su tía abuela segunda?

¿Tú en lugar de Casilda? ¿Y eso por qué?

-Pues...

primero, porque así se me quita usted de encima durante un tiempo.

-Eso no suena mal, la verdad. ¿Y segundo?

-Y segundo, porque... enviar a Casilda por esos mundos de Dios

no es buena idea. Es canija y poca cosa.

Está muy poco hecha a andar por esos caminos.

¿Qué me dice?

-Que no.

-¿Que no?

-No. No puede ser.

-"Sabes que estás la mar de guapa cuando te enfadas, ¿no?".

-Pues ahora tengo que estarlo un rato.

Porque se me está enervando la sangre...

Ahora mismo estás...

para hacer locuras, Lolita.

-Vale ya de requiebros, señorito.

Que como se me escape el puño a pasear,

va a ver cómo tengo el puño.

-(RÍE)

Nada, que cuanto más arisca, más me gustas.

Doña Cayetana está organizando un baile.

¿Qué?

¿Quieres ser mi pareja?

-"¿Ayudarle, en qué?".

-Se me está haciendo muy difícil no poder dar a mi hija

el servicio religioso que se merece tras su muerte.

-Entiendo.

-Como sabe,

hasta que no finalicen las tareas de búsqueda

y no den a mi hija oficialmente por muerta,

no podré oficiar su entierro.

-Claro, y...

quizás también deba usted asumir que a lo mejor...

no hay cadáver que enterrar.

-Lo sé.

-"Hablabais de la bondad del coronel"

y de todo eso que todo el mundo menciona.

-Yo creo que ese hombre ya no es tan rancio como antes.

-Pues yo no me creo nada,

que malamente que se lo ha hecho pasar al Simón.

Aunque es verdad que don Ramón nada más que tiene elogios

y buenas palabras para él.

Está pasando unos días en su casa.

-¿Ah, sí? ¿Y eso por qué?

-Nada, cosas de los señores.

Que vamos, que yo no me creo que una persona pueda cambiar así de repente

de un día para otro. -Arrea, Lola, ¿y por qué no?

-El que nace malo, muere malo.

-Es un ser despreciable. -Pero templa,

que de nada sirve que pierdas los nervios.

-Es que no puedo.

No puedo con él, Víctor. Su sola imagen me repugna.

-Pero si yo opino exactamente lo mismo que tú.

El problema es que tus continuos enfrentamientos con él

van a acabar con la abuela en el hospital.

-Ya.

Ya lo sé, ya lo sé, Víctor. Y es la que menos se lo merece.

-Olvídate de este hombre y sigue con tu vida.

-¿Y eso cómo se hace? -Pues no lo sé.

Pero este hombre es un mal bicho

y, tarde o temprano todo el mundo se va a dar cuenta.

Yo lo último que quiero ahora es darle problemas a mi María Luisa.

Y más ahora que me ha perdonado por lo del cuadro.

Por fin volvemos a estar bien.

-Voy a demostrarles a todos que ese hombre les está engañando.

-"Lolita, llama inmediatamente a doña Trini",

tengo que verla.

-¿Va usted a arreglarse con doña Trini?

-Eso ya lo verás. -Pero entonces viene para quedarse.

-Las cosas no son tan sencillas como me gustaría.

-Ay, Ramón, qué alegría que estés de vuelta en casa.

-No lances las campanas al vuelo, Trini.

Solo he venido para...

pedirte que cites a Benito mañana.

Tengo que hablar con él.

-Ramón, ¿no irás a hacer ninguna barbaridad?

Te prometo que ese hombre no pinta nada entre nosotros,

te lo digo de corazón, Ramón. -Tú primero tráemelo.

Después ya hablaremos.

-"Pero es que esa idea de Mauro"

de separarse no está sirviendo de nada.

Al menos para ella.

Es como una vela encendida que va derritiéndose lentamente.

-Es muy triste verles así.

-Y es que nosotros no podemos sustituir a Mauro.

Ella le necesita a él, no a nosotros.

-Tienes razón.

Este intento por recomponerse el uno separado del otro,

solo sirve para alejarse más. -Para que rompan definitivamente.

-Tenemos que hacer algo, Felipe.

Arrea,...

a parte de una hermosa voy y me encuentro con dos.

Qué buena mozuela ven mis ojos.

Buena dentadura... y buena cabellera.

Vamos, que no veo problema para casarla usted pero bien.

-Benito. ¿A que te doy un cachiporrazo?

-Tú puedes darme lo que quieras.

Tengo todo esto para ti, ten.

-Pero ¿se puede saber qué es esto?

-Pues... un ramo, se entiende.

-¿Y para qué quiero yo un ramo tuyo?

-Por darte contentura y alegría, mujer.

-Amargura me dais tú y tu ramo.

Benito, que esto no es una cita romántica.

-Ah, ¿que no es una cita...?

-No, nones. Naranjas de la China.

-Entonces, ¿para qué me has hecho llamar?

-Porque mi esposo quiere hablar contigo.

"¿Una cena en casa de doña Celia?".

¿Nosotros cuatro?

¿No va a poder venir?

No sé si debo,

estando Teresa viviendo allí. ¿Qué tipo de cena es?

No es una cena romántica, si a eso es a lo que se refiere.

Tan solo es una reunión de amigos.

¿Habrá más invitados?

Celia ha mandado ya algunas invitaciones.

Ella necesita compañía.

Y a usted le tiene mucho cariño.

Vendrá, ¿no?

(Llaman a la puerta)

Entra antes de que te vean.

"La echo mucho de menos, Sara".

Echo de menos su piel,...

su mirada,...

el olor de su pelo al pasar.

Sus ojos mirándome. Escuchándome.

Echo de menos contarle lo que me alegra, lo que me preocupa.

No sé, todo eso que uno solo comparte

con quien ama por encima de todo.

Si eso es lo que sientes de verdad,...

no deberías dejarla escapar.

No debes rendirte, Mauro.

No es tan fácil.

¿Puedo... ayudarte de alguna manera?

No sé, ¿puedo hacer algo para que Teresa y tú...?

No. No, Sara.

Aunque quizá sí hay algo que puedas hacer por mí.

Lo que sea. ¿De qué se trata?

De Úrsula.

¿Cómo ha ido el encargo que te pedí?

Bien. Estoy consiguiendo todo lo que me pidió.

¿Estás segura de eso? Completamente.

Se puede decir que tengo a Mauro San Emeterio comiendo de mi mano.

Pronto podremos hacer con él lo que se nos antoje.

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  • Capítulo 540

Acacias 38 - Capítulo 540

19 jun 2017

Sara reaparece en casa de Mauro, fue él quien la sacó de la cárcel y ella le ofrece su ayuda para acabar con Cayetana. Pero descubrimos que Sara se reúne con Cayetana y le dice que tiene al policía comiendo de su mano. Liberto se enfrenta a Simón por haber robado las pertenencias de Elvira.

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  1. Lissy Karr de Rodríguez

    Hola hola estoy de acuerdo cuando dicen que ya se pasaron esta por demás aburrida sino fuera por la Lolita y Casildilla no se ya la debería de dejar de ver esa Cayetana por demás ridícula, y Teresita ni se diga pero en fin saludos desde Linares, Nuevo León México.

    21 jun 2017
  2. Mabi

    Al fin!!!!!! Volvieron los comentarios!!!!! Desde el 532 esperando.....seria difícil hacer un resumen de todo lo que hubiera querido comentar ,solo que estoy muy sorprendida con la aparición de Sara , pero más con la actitud sumisa de Mauro ante ella...y volvemos a fojas cero...otra vez ella conspirando con Cayetana en contra de ellos( Mauro y Teresa) ....esta bien que el hombre no es bueno que esté solo, pero un poco de dignidad!!!!! Y un breve comentario para RTVE...cuiden un poco mas el producto... a sus seguidores.... cumplan las normas de participación en los comentarios, den la oportunidad de subirlos pero también de fijarse que no sean ofensivos ni para ustedes ni para el resto de comentaristas, ya que hay una persona que se pasa de explicita en sus comentarios " amorosos" con algunos actores ,y les suben la infinidad de cosas que publica, no son comentarios sobre la trama como para debatir. Desde ya agradecida por darme la oportunidad de expresarme. Saludos cordiales desde Argentina.

    20 jun 2017
  3. Ana

    Sigo la serie desde el principio, pero ya me estoy cansando de Úrsula, Cayetana y el portero. No me gusta el cambio de horario y aún menos que por culpa de la serie policiaca cada vez Acacias empieza más tarde. POR FAVOR, MAS RESPETO A LOS ESPECTADORES.

    20 jun 2017
  4. Varla Rodríguez

    A mi también me encanta la Lolita, espero solo que èse "delincuente" de Antoñito se la quiera descaradamente casar y no le haga pasar un "trago amargo" jugando con sus sentimientos. Sería de reírse si la lleva a la fiesta de la Cayetana, imaginaros il careto largo...jajaa! Bueno y sì que a veces cansan ciertos personajes, pero ellos solo siguen los guiones. Yo peró dirìa que la novela de Puente Viejo es todavía maaaaas aburrida, ésa depués que murieron la pareja de actores principales, perdió todo gusto, y para estar ahì viendole la carota amargada a doña Teresa... uff no gracias! Prefiero mil veces Acacias con todo y sus criados que me sacan siempre una risa. Ése Benito por ejemplo, què creaturo bobo con sus frases de vaquero vulgaroto jajjajaj. Esperemos que le hechen màs chilito picante al asunto. Os saludo todas, sois ademàs de simpaticas, chicas con criterio propio, me gusta leer vuestros comentarios aunque a veces sòis muy "cuitas" como se dice en Costa Rica (lamentosas) Besetes.

    20 jun 2017
  5. Maria

    Yo veo la serie desde el primer día y también la estoy aburriendo. Úrsula y Cayetana podrían pagar ya de una vez todas las que han hecho. Qué batbaridad! Siempre se salen con la suya! Qué las maten o metan en la cárcel y veamos como sufren! Es lo que más gusta a los espectadores! Que se sepa ya que Fabiana es la madre de Cayetana. Qué rollo! Tanto tiempo y nadie dice nada! La relación de Teresa y Mauro ni fu ni fa. Siempre están igual. Y para una relación atrevida como la de Simón y Elvira que daba tanto juego y era diferente a las demás, ahora aburre con el hundimiento del barco y el honor del coronel. Llevo sin ver ya 4 capitulos y como continue así abandono. Qué tostón! Y ahora encima leo que vuelve Sara alíada con Cayetana. Lo qué faltaba! Un desastre!

    20 jun 2017
  6. MARINA MUÑIZ LAVERS

    TERESA patética, y lo de Cayetana no tiene nombre, no he visto tanta impunidad en una asesina, ya no se lo cree nadie. A ver si de una vez por todas paga la Cayetana por lo que ha hecho, que es aburrido siempre lo mismo. Yo creo que ese personaje ya sobra, la serie no es creíble, es necesario otro malo/a ya y acabar de una vez por todas con la Cayetana porque ya se ha convertido en algo irreal. Ayer me no quise ver la seria porque ya me carga y si sigue así la abandono del todo. Por favor espabilen a la estúpida de Teresa que ya esta bien de hacer el lelo

    20 jun 2017
  7. Charo

    La verdad es wue se está haciendo un poco pesada.Metan más personajes si va a durar mucho más pues los wue están,ya no dan para más o activenlos y pongan otros alicientes a la serie. Veo Acacias desde que empezó y me gusta, pero con el cambio de horario y que no se desenreda nada,puede perder seguidores Lo de Mauro y Teresa ya aburre un poco mucho; bien por lo de Lolita y Antoñito;bien por Trini y su marido;Celia y Felipe, bien;al portero que le de algo en la lengua para que calle un poco, que aburre mucho y lo demás bien. Animen la serie,porfa.Un abrazo a todos.

    20 jun 2017
  8. Julita

    Ufff cada vez lo están liando más...ya aburre un poco...lo único me que anima es la "relación" que se esta mascando entre Lolita y Antoñito..me encanta Lolita!!!

    20 jun 2017
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