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4062023
No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 535 - ver ahora
Transcripción completa

¿Qué hiciste con Úrsula?

Solo le di un específico

para desorientarla, para que no fuera capaz de resistirse.

¿Lo ves?

¿Ves como no eres una asesina, hija?

Acuérdate siempre de eso.

Nadie...

Nadie puede vivir largo y a gusto con sangre en las zarpas.

Pero pese a eso, sigo marcada.

Y es peligroso que andes a mi lado. Nunca te dejaré sola, hija.

Por nada del mundo.

-"Doña Rosina no sabe que yo laboro para Vd".

Se va a poner como una fiera.

-Buscaré a otra muchacha. Las hay a cientos,

más que enemigos cobardes.

-Dele un poco de cuartel a mi Casilda y solucionaremos el caso.

Usted no se precipite.

Vámonos a la habitación. -¡Ay, no!

¿Y perderme esta emoción? Ni hablar.

(ROSINA GRITA)

-¡Ah!

-Sé por qué Víctor estaba así con Calatrava.

-Vaya, creía que se desvivía

por pasar a la posteridad por el pincel de ese pintor.

-Y se desvive, sí.

Pero no ha pagado el adelanto porque perdió sus ahorros

con las cartas. ¿Quién se enseñoreó

de esta casa?

No hemos encontrado hilo alguno del que tirar.

no tenemos una respuesta.

¿Quedará impune el allanamiento o lo que sea

que ocurriera aquí? -No hay delito confirmado.

-"No sabes"

lo mucho que me ha costado posar.

Y mientras, tú... has perdido hasta el último céntimo en las cartas.

-María Luisa, voy a seguir trabajando. Recuperaré este dinero.

-No quiero seguir escuchándote.

-"Llevo todo el día pensando"

en la revancha con tu marido. ¿Qué, no anda por aquí?

-Calla esa boca, que mi padre no se arredra

ante ningún enemigo.

¿Hablas de mí, compañero?

-Es que he terminado faenando para el coronel,

pero de gratis en un principio. Y ahora, contratada si le place.

Yo me voy a conformar con el jornal que tenga a bien darme el coronel.

-Que, por cierto, paga mejor que usted.

-Calla, Martincico.

Y usted

se va a ahorrar hasta el último céntimo

de mi jornal. "Solo estando lejos serás feliz".

Has bebido, no estás en tu ser.

Jamás he estado más seguro de algo.

Celia.

No seas tímida.

Dijo Lolita que querías verme. Gracias por venir.

Mujer, no estés tan rígida.

No creas que no sé cómo te sientes.

Sé que sabes tanto como yo

que nuestra amistad no es la que era.

No, no es eso, es que... ¡Chist!

No nos mintamos.

Tú no tienes la culpa de eso,

de nuestra distancia.

Además,

que sé que eres bondadosa.

Sé que saltarás esa distancia y me escucharás.

¿Por qué no habría de escucharte?

Necesito que me escuches, que me escuches y que me ayudes.

Verás, Celia,

yo no puedo estar más tiempo sin saber nada de Teresa,

aunque sé que ella me odia y me desprecia.

Echa a faltar a su niño. Lo sé.

Soy consciente de ello, pero...

por mucho que ella me odie, yo...

la sigo queriendo como antes,

incluso más.

¿Nos sentamos?

Háblame de ella.

¿Cómo está?

¿Encuentra alivio?

¿Crees que levantará cabeza?

No ha vuelto a sonreír desde que murió el pequeño.

Bueno,

al menos supongo que Mauro se desvive por ella,

eso es un alivio.

Lo hace, sí.

Pero...

se están... distanciando.

¿Cuántos más sinsabores tendrá que vivir mi hermana?

Pues ojalá no.

Pero el hecho de no poder encontrar al culpable del asesinato de su hijo

puede que eche a perder

su relación, incluso a ellos mismos.

Maldita Úrsula.

Maldita ella y todos sus ancestros.

Hablaré con los vecinos.

Removeré cielo y tierra, pero la voy a encontrar.

Y voy a terminar con el sufrimiento de Teresa.

Eso le salvaría.

Encontrar al culpable y cerrar la herida, sería su salvación.

La encontraré.

Te lo prometo.

Gracias por contarme, no tenías por qué.

Tengo que marcharme.

Claro.

Te acompaño.

Usted...

no es nada mío.

No...

No es mi madre.

No es mi familia.

No es mi amiga.

Es una simple criada.

Y ha llegado la hora de su final.

Por favor, tenga piedad.

¡Chist!

Hasta nunca,

doña Úrsula. No, no, no.

Nos vemos en el infierno.

No. Ayúdeme.

Bien dices, sobrino.

Que, con la voluntad que tuvo a bien el Señor darme,

he conseguido, por ahora, que Simón no salga de casa.

-Pues entonces no se me culpe más, tieta.

Usted ha hecho lo que debía.

-Pero ha sido una lucha constante, y lo seguirá siendo,

si el Todopoderoso no lo impide.

Simón se comporta como si no hubiera mañana,

como si no le importara saltarse mi custodia.

-Tía, usted sabe que la quiero para bien

y que me hago cargo, pero usted ha hecho

lo que estaba en su mano. -Temo no poder seguir haciéndolo.

-Desista un poco en su afán, no pierda la salud.

Es que se involucra demasiado

con un muchacho al que le ha cogido un poco de cariño.

-¿Y qué quieres que haga,

que le deje marchar, según tú?

-Si esa es su voluntad...

-Más le valdrá seguir los consejos

de su sobrino. Seguir dándome cobijo

no le traerá más que sinsabores y disturbios.

-¿Y qué vas a hacer,

muchacho?

-Marchar cuanto antes de Acacias.

-¿Y que te detenga la Policía por saltarte mi custodia?

No. Dios no me lo perdonaría.

-Sabré apañármelas, siempre lo he hecho.

-No, hijo, esta vez no.

Un guardia pasa varias veces por aquí

para ver si sigues bajo mi techo.

En el mismísimo momento en que no te encontraran,

pondrían a toda la Policía de la ciudad

tras tus pasos. -No darán conmigo.

-¿Y dónde piensas esconderte?

-No, no voy a esconderme.

Saldré de Acacias hacia la costa más cercana

donde se hundió el buque. Ayudaré en las labores

de rescate. -Celebro tu decisión,

pero no lo vas a tener nada sencillo.

-Nadie dijo que lo fuera.

Adiós, señora,

y gracias por todo.

-¡Que no, que tú no te vas de aquí!

¡Basta de chiquilladas!

¿Quiere que me dé un síncope? Piensa un poco.

Dime tú qué pintas

en medio del Mediterráneo cuando tienes

de marinero lo que yo de comadrona. -Estás descompuesta.

Jamás la oí hablar de ese modo.

-No me cree capaz de hacer nada por Elvira,

ya lo veo.

Y tal vez tenga razón.

Tengo una idea equivocada de mí mismo.

-Tampoco es eso.

Es que me da miedo

tu impulso.

-Suélteme.

-Me tiene impresionado, tía.

La veo capaz de cualquier cosa

por ese muchacho.

-Liberto...

Quiero pedirte un favor.

-Lo que usted requiera, tía.

Han vuelto a perder, y por mucho.

Son más tiernos

que una mata de habas. -Bueno,

yo creo que ya está bien por hoy.

-Por mucho que cuente, no le van a salir más puntos.

-El desastre de Filipinas fue una fiesta

comparado con el repaso recibido aquí, padre.

-Si es que solo con sujetar las cartas no vale,

¿eh, paisana?

(CARRASPEA)

-Bueno, algo de suerte hemos tenido. -¿Qué dices?

Si no daban una.

Si un niño juega mejor

que ellos.

-No exagere usted tanto, porque también nosotros

hemos ganado puntos.

-Sí. Puede estar usted satisfecho, que han quedado segundos. Una pena

que solo fuéramos dos parejas.

No es para sentirse tan ufano, porque... porque los juegos de azar

es lo que tienen, que a veces entran las cartas y a veces no.

-Claro, hombre, don Ramón.

¿Sabe qué pasa? Que al saber le llaman suerte.

-Bueno, tampoco creo yo

que se nos caían los ases y reyes de las manos.

-Bueno, lo que es del César es del César.

Y Trini y Benito hacen buena pareja en esto.

-Hijo, ¿tú de parte de quién estás?

-No reprenda al muchacho, don Ramón.

Que tiene más razón que un santo.

Si estuviera como yo, rodeado de ganado, ganaría.

-¿Usted cree que yo me chupo el dedo?

Porque yo llevo haciendo negocios desde que tengo uso de razón.

-Pues mucho ha llovido desde entonces.

Se le ve más oxidado en esto del juego.

-Lo que pasa es que aquí mi hijo no ha entendido bien

cómo jugar y hemos perdido la mitad de los triunfos.

-Ah.

-¿Sabe lo que me gustaría?

Que nos echásemos una partida usted y yo

a solas, cara a cara, a ver quién de los dos tiene más... olfato.

-Cuando guste.

Porque si se trata de olfato,

me da que tiene usted menos que un sabueso constipado.

-Nos encontramos frente a frente,

aquí, en el tapete.

-Bueno, cuando guste.

Le acompaño a la puerta, Benito. Espero que lo haya pasado muy bien.

-Mejor que un niño con un pirulí de la mano.

(RÍE)

Un poco más y se lían a mamporros.

Si uno tiene mal perder, el otro ganando no tiene ninguna gracia.

-Estoy preocupada por mi esposo.

Menudo vapuleo le han dado. -Ya le digo.

Se le movió hasta la rasposa que lleva en la cabeza.

Da mucha lástima verle así.

-No sé qué le pasa, nunca le vi tan fuera de sí.

-Con su permiso, señora. -Sí, claro, hija, claro.

-Yo creo que va en cántaros y es blanca.

-¿Cómo?

Que don Ramón tiene celos del Benito, que es más joven y mejor jugador.

-¿Has oído comentar algo?

-No hace falta para darse cuenta, doña Trini.

Para mí que se ha enterado que usted y el Benito

estuvieron a partir un piñón hace años.

Gracias por acudir a mi llamada con tanta premura.

Sabes que nos tienes dispuestas siempre que nos necesites.

-A casi todas, algunas no han podido venir,

o no les resultó conveniente.

-Trini tenía visita, y no podía ausentarse.

No te apures, María Luisa,

se lo comentaré más tarde.

Aunque sí es cierto que es un tema urgente.

Fabiana, retírate. Es menester que nos dejes solas.

Como diga la señora.

Bueno, pues dinos lo que ocurre.

Tengo un poco de prisa por regresar a casa,

ahora que no estás en ella.

Bueno, será por todo lo que tienes que hacer.

No te preocupes, seré breve.

Debo reconocer que las últimas semanas han sido difíciles para mí.

Es de entender, han sucedido hechos de lo más... luctuosos.

-Sí. La muerte de Tirso nos ha afectado a todos.

Sí, así es.

Y más a Teresa,

que parece que ha tenido nublado el entendimiento

y ha llegado a acusarme.

La pobre mujer estará destrozada de dolor.

Lo sé, no la culpo por ello. De hecho,

la perdono por sus acusaciones.

Me preocupa es que se resuelva

ese terrible crimen.

Y yo estoy segura de que Úrsula sabe algo al respecto.

¿Úrsula?

Ni la Policía consigue dar con ella.

-En los últimos tiempos aparece y desaparece

a diestro y siniestro.

-¿Y alguien sabe dónde va? -Ni eso ni de dónde saca

esos billetes que gusta de exhibir. -Nada bueno habrá detrás

de tantos secretos.

¿Quién sabe dónde debe estar ahora mismo?

Lo importante es que si puede aportar algo

que esclarezca la maldita muerte de ese niño,

tenemos que encontrarla cuanto antes.

Por eso os he hecho venir.

Necesito que si os llega a vuestros oídos algún rumor sobre Úrsula,

me lo hagáis llegar a escape.

Sí, cuenta con ello. Dios quiera que la encontremos.

Estoy segura que lo que nos va a decir

va a ayudar a sanar el maltrecho corazón de Teresa.

Es de alabar tu buena voluntad después de todo lo que ha ocurrido.

-Ojalá todo el mundo tenga la misma capacidad de perdonar.

(Ruidos de herramientas)

Venga, compañeros.

-Échame una mano.

Dame la pala y el cubo.

Cuidado, cuidado, que sea cae.

-Dame la caja.

Aquí.

Adentro.

¡Aquí!

¡Socorro!

¡Socorro!

(Voces que se alejan)

¡No, no!

Por favor, no se vayan. No, no.

¡No se vayan! ¡No, por favor!

Santa Olga...

de Kiev,

alzo a tu mente

las alas del entendimiento divino.

(LLORANDO) Te elevaste por encima de la creación.

No esté tan meditabundo, don Arturo,

que ya lo he solucionado.

A doña Rosina le parece fetén que yo esté aquí atendiéndole

en estos días tan atravesados.

-No hace falta que me mientas.

Sé bien que a nadie le importa por lo que estoy pasando.

Mi sufrimiento por mi hija pasa desapercibido en este barrio.

-¡Qué sabrá usted de la verdad! Mire, yo vivo aquí,

en el barrio, y bien me importa lo que a usted le acontece.

-Pequeño consuelo la compasión de una criada.

-No sea arisco. Que tiene más pinchos que un cardo borriquero.

Sin intención de ofender.

Mire usted, yo sé que debajo de esa coraza que se ha montado,

hay un padre que está pasando las de Caín.

Por eso estoy yo aquí,

para hacerle la comida, los recados y para escucharle,

si tiene a bien contarme sus cuitas.

Mira que eres tenaz.

De haber estado en el Ejército, no habrías sido mala asistente.

-Oiga, y esas medallas que mira tanto,

¿es porque le recuerdan a su hija?

-Me recuerda un momento en que viví los momentos más terribles

y tuve fuerza como para superarlos.

-No serían tan duros como perder a un retoño.

-En la guerra, nos perdimos en la jungla.

Poco a poco, las enfermedades y las balas enemigas

fueron acabando con todos, hasta que quedé yo solo.

Solo me quedaba esperar a la muerte.

-Algo tuvo que hacer

para estar contándomelo. -Me sobrepuse,

me alimenté de lo que encontré y cacé a mis enemigos.

Con tanta furia y de forma tan despiadada,

que pensaron que les atacaba un demonio y huyeron.

(Puerta)

Están llamando.

Parece ser que es en la puerta de servicio, voy a abrir.

A la orden de usía, mi coronel, le traigo correo.

-Casilda, ¿no quieres que te cuente qué le hice a esos hombres?

-No.

No, mejor no.

Cuénteselo a Servando, mejor.

Verá usted, es que yo soy de estómago blando,

y seguro que esas barbaridades no me van a gustar.

-Cuente. Uno siempre encantado

de saber la gloriosa fiereza del Ejército español en la batalla.

-Lo primero es que la cruz de San Fernando

no se la dan a cualquiera.

-No. ¿Y cómo...? Cuente cómo se la dieron.

¿Puedo sentarme? -No.

¿Cree que el enemigo tenía consideración?

-"Lamento muchísimo"

los problemas que han surgido a la hora de pagarle.

Ha sido un malentendido. -Ningún malentendido.

Está todo clarísimo.

Su prometido no tiene dinero con el que pagarme.

-Mire, yo no tenía ni idea de la falta de liquidez de mi novio.

Pero hablaré con mi padre y le pagaremos sus honorarios.

-Lo siento, no estoy interesado en seguir tratando con usted.

No estoy acostumbrado a este tipo de componendas.

-Le pagaremos más si hace falta. -Perdóneme,

pero no creo que tenga medios suficientes.

-Usted no sabe con quién está hablando.

-Estas charlas me enervan. Y debo realizar otros encargos

de mayor enjundia, tanto económica como artística.

Abur.

-¿Y se va a marchar dejando sin terminar el cuadro?

-No he dicho tal cosa.

Soy un artista como la copa de un pino.

Ya lo he terminado.

Viéndola sufrir por lo poco que aprecia su prometido el arte,

he decidido entregárselo a cambio de nada.

-¿De verdad va a hacer tal cosa?

No sabe lo mucho que significa para mí.

-Sepa que, además de ser un gran artista,

tengo un gran corazón.

-Y eso lo ha demostrado con creces.

(Puerta cerrándose)

Muy buenas.

Bartolillos recién hechos.

Para quien guste.

Hasta que pueda llenarle el bolsillo,

le llenaré el estómago con lo mejor de La Deliciosa.

-Hay que ser muy patán

para querer pagar a un artista con bollos.

Es usted un niñato

sin pizca de sensibilidad.

-Déjale. No le repliques.

Ha dado por terminado el cuadro.

(Puerta cerrándose)

Siento lo que ha pasado.

No tendría que haber jugado a las cartas. Y no he valorado

lo importante que era para ti el retrato.

-Bueno, eso ya es agua pasada.

Ahora quiero aprender a ser más benévola y a perdonar.

Y tú vas a ser el primero de mi lista.

-Vaya.

¿Y quién te ha enseñado a perdonar así?

¿El Calatrava este?

-No. Y no te burles de él,

que ha sido un encanto y no nos cobrará por el cuadro.

-Habrá que ver dónde colocarlo.

Mejor no lo colocamos.

-Esa no puedo ser yo.

-El artista se ha burlado de nosotros,

pero con saña, eh. -Mira,

tapa ese engendro, que esto es por tu culpa,

y ni perdón ni gaitas.

¿Quién nos mandaría hacernos el dichoso retrato?

Total, yo no salgo tan mal.

(RECUERDA)"Tenías razón".

"No te he aportado nada bueno".

"No voy a ser un buen padre para el hijo que esperas".

"Soy un fracasado, un inútil".

"Ojalá no me hubiera cruzado nunca en tu vida".

"Esta farsa no tiene ningún sentido".

"No te detengas".

"Seamos felices, aunque solo sea una noche".

Solo una noche.

"Había otra toalla seca en el baño".

"Toma, sécate".

Mauro, no.

"Contaré los minutos que faltan para volver a verte".

"Estoy convencido de que así será".

A mí me ocurre lo mismo.

No dejaré de pensar en ti ni un solo segundo.

Teresa...

Teresa, ¿qué te pasa?

Teresa, Teresa. ¡Teresa!

"Por desgracia",

no fuimos capaces de salvar a la criatura.

¿Criatura, qué criatura?

Estaba usted encinta.

"Eres un fracasado, Mauro".

Me has destrozado mi vida, nunca debí confiar en ti.

Ojalá hubieras muerto en las vías del tren.

(Puerta)

Mauro.

Teresa, discúlpenos por interrumpirla.

¿Pero podría darnos razón de Mauro?

No tengo ni idea de dónde puede encontrarse.

Pensaba que ustedes me lo dirían.

Pasen.

Mauro no ha podido más.

Estaba hundido.

¿Cómo ha podido perder los estribos así?

Mauro se ha quebrado.

No ha podido seguir adelante.

Por mi desdén, supongo. Le conozco lo suficiente

y sé que no tolera no resolver un caso.

-Y menos uno como este,

que le toca tan cerca en lo personal.

-Me enerva no poder hablar con él,

y ahora que estamos en el camino correcto.

Puede que tengamos una pista. Unos mozos

vieron a una mujer que les recordó a doña Úrsula.

No parecía encontrarse bien e iba acompañada por dos mujeres

que la metieron en un carruaje.

¿Por qué dan crédito a ese rumor?

Podría tratarse de cualquiera.

-Una de las dos mujeres que acompañaba a Úrsula era Fabiana.

Eso lo cambia todo.

Si tienen razón, podría llevarles a alguna parte.

Estamos seguros de que así es.

Me gustaría pedirles un favor: no le digan nada a Mauro

de esta noticia.

Es mejor que sigan investigando ustedes solos.

Una decepción más acabaría con Mauro.

Pierda cuidado, así lo haremos.

¿Me harían saber si tienen noticias de él?

-Descuide.

Le mantendré informada de todo lo que pase.

Con Dios.

¡Mmm! Este jerez de Celia está de rechupete. (RÍE)

A este paso

terminamos piripis. -Normal, ha tomado media botella.

-No me parece de ley que nos quedemos a comer

como si fuera nuestra casa.

Que nos terminemos todo su vino

me parece una infamia. -Pamplinas. Celia me ha dicho

que disponga de todo.

-Que por cortesía le ofrecen la mano y usted coge hasta los pies.

-¿Pero cómo sois tan remilgados? ¿Habéis visto cómo suena la pianola?

-No, no... No. -Madre...

Madre, madre, no.

Déjese de músicas.

Va a resultar un incordio en esta casa.

Pablo, mejor nos marchamos. -Pero si vamos a comer.

Ay, Celita, ¿comerá Felipe con nosotros?

-Le invité,

pero no puede acompañarnos. Anda ocupado con el comisario.

Están buscando a Mauro.

-Yo no le he visto por el barrio.

-Parece ser que ni tú ni nadie.

-Celia, mejor la dejamos comer. Ya resulta un incordio mi madre.

-No digas tonterías, hija.

Celita está encantada de mi compañía.

-Gracias, Leonor.

Nos vemos pronto. Lolita,

acompáñales a la puerta.

-Con Dios, Celia. -Con Dios.

Rosina...

Lo que pasó el otro día...

Tus...

Bueno, lo que vimos Felipe y yo.

Tus escarceos

con Liberto. -Sí, sí, sí. Lo siento, Celia.

Lo siento. Es que...

tengo un ardor de odalisca que no veas.

-Ya, pero es lo que quiero no ver. -Descuida,

que intentaré que reprimamos nuestras pasiones hasta llegar al a alcoba.

-Te lo agradezco.

-Y, por cierto, Celita, ¿qué buscabais Felipe y tú?

Porque también parecías algo... acalorados.

-Unos documentos que... que creo que había extraviado.

Bajo a ver a Servando,

por si tengo correo.

Tómate la sopa, no me esperes. -Pero...

Otra vez sola.

-No se apure usted.

Ya verá como se rechupetea los dedos

con esta sopa.

No ha probado nada igual en su vida.

-Permíteme que lo dude.

Mi Casilda es la mejor cocinera del mundo.

Ay, seguro que ha preparado algo exquisito en casa del coronel.

-Bueno, pruebe y luego me dice.

Ay, es que el color es un poco...

No se ve muy apetitoso.

-Bueno, ¿y cómo lo sabe, si aún no hinca el diente?

¿Sabes qué? Mejor me paso por casa del coronel,

a ver qué ha preparado mi Casilda.

-Tome un poquito.

Ya verá como le gusta. Haga un poder, ea.

-No, no seas pesada, no me apetece nada.

-¿Me va a hacer el feo de ni siquiera catarlo?

-Me temo que sí. -Pasa, Martín.

Deja las cajas aquí, ya las pasamos nosotras.

-Celita,

voy a comer con Casilda en casa del coronel, habrá algo rico.

-Rosina, mira que eres caprichosa.

Qué hambre. No me puedo resistir a probarla.

-¡Señora, ni pruebe eso!

-¿Qué ocurre, es buena para Rosina y no para mí?

-No.

Porque lleva pimentón.

Y a usted pues le repite.

Ya le tengo yo a usted preparado un platico aparte.

-Está bien.

Voy a comprobar que me ha llegado toda la mercancía.

Venga, Lolita, ayúdame.

Martín, no te vayas, ayúdame a bajar a la portería

unos periódicos viejos.

¡Uy! ¡Martín!

-Rediez, qué susto me has dado.

No puedes catar eso.

-¿Qué tiene de malo? Se parece mucho a una sopa de las Filipinas.

-Que no te lo puedes comer, que es sopa de rata.

¿Cómo que de rata?

-¿Qué hacen aquí? -Bueno, venimos a ver qué se cuece,

nunca mejor dicho. -Vi a Rosina

en la escalera y se ha empeñado

en colarse en casa como si fuera la nuestra.

-Sigue siéndolo. Solo la alquiló. ¿Qué tienes?

-Puchero de vaca.

-Ya me parecía, mi guiso favorito.

Se me hace la boca agua. Ponme una buena ración,

la sopa de Lolita ni la toco.

-A ver si no va a quedar para el coronel.

Lo mejor sería que nos marcháramos.

No me gustaría encontrarme con él.

-Es que Casilda prepara un guiso como nadie, Liberto.

Mira, las especias y la sal en su punto,

patatas tiernas, la carne se deshace sin masticarla.

Casilda es la mejor cocinera que conozco.

-Señora...

Yo, la verdad, no conozco a nadie que coma con tanta alegría

y tanto gusto, señora.

Rosina, no me gusta nada

que te comas el guiso del coronel, pero mucho menos en su casa.

Coge el plato y vámonos.

-No veo por qué. Somos sus vecinos.

Más que eso, sus caseros. De aquí no me muevo.

-Rosina, por Dios, te pido que pienses y utilices la razón.

Mi tía me ha pedido que trate un tema con él, y si nos descubre aquí,

tengo todas las de perder. -¿Qué te pide tu tía que le digas?

No me cuentas nada.

-Eso es algo que no te atañe a ti.

-No, si es verdad. Al final,

nos va a pillar con las manos en el estofado.

Debería haber visto cómo corrían cuando vieron a su compañero

con un tajo en el cuello. -Siempre he admirado

las tropas de nuestro país, desde los tercios de Flandes

hasta nuestros tiempos, pasando por la guerra con los franceses.

-Hemos defendido nuestra bandera

hasta las últimas consecuencias. -Todos hemos tenido

nuestro momento de heroísmo. Es algo que llevamos en la sangre.

-No le veo a usted en un lance de armas.

Pues se equivoca, que una vez me vi obligado a enfrentarme

con una horda de enemigos que pretendían darme una emboscada.

-Complicado si no se cuenta con tropas de apoyo.

-Muchas gracias, mi coronel. Más solo que la una me encontraba.

Y viéndome en ese brete, decidí coger

lo primero que me encontré y atizar con un palo a uno de ellos.

-¿Y qué pasó con el resto?

-Me apresaron. Entonces, decidí utilizar técnicas más elaboradas.

Fingí un ataque de pánico,

me oriné encima,

y así se distrajeron y yo pude escapar.

-¿Qué clase de oponentes son esos? Me está tomando el pelo.

-No, no, oiga, se lo juro por estas

que eran los niños más fieros de Naveros del Río.

-No entiendo por qué le sigo escuchando.

-Tenía yo por aquel entonces...

seis años, y no se crea,

me defendí como un jabato.

-Voy a ver cómo está la comida.

Se está retrasando.

Váyase con viento fresco. -Sí, señor, sí.

¿Qué ocurre en la cocina?

-Nada. ¿Qué va a ocurrir?

-¿La comida por qué no está?

-Que se me ha quemado el guiso, don Arturo.

Se me ha quemado y está todo lleno de humo, pero no pase.

No pase porque se le va a pegar el olor.

Espéreme en el salón, que le preparo yo alguna vianda.

-No, déjalo, estoy harto de esperar. Me voy a comer al Ateneo.

¿Seguro que no quieres? Está buenísimo.

¿Qué? Acabamos de escuchar que se ha ido,

puedo comer todo el guiso.

-Por mí puede comer hasta que reviente el vestido.

-Niña, no seas descarada.

-¿Tardará mucho en volver? -Sí.

Cuando se marcha al Ateneo, se suele tirar allí toda la tarde.

-Lo mejor es que marche y vuelva a intentarlo luego.

Te dejo comer en paz.

-Te pierdes un auténtico manjar.

-Lo sé. Pero, visto lo visto, no vas a dejar ni salsa

para mojar pan.

Hombre.

-Menudo trajín en las cocinas de esta casa.

-El de siempre.

Las criadas con sus tareas.

-Y las señoras o comiendo o...

O echando reprimendas.

-¿Qué ha pasado? -Doña Celia le está echando a Lolita

un rapapolvo de los de Jesús es Cristo.

Va para largo por el enfado de la señora.

-¿Y a santo de qué le está echando una regañina?

-La Lolita, que puso rata en la sopa

en vez de morcillo. Y claro, doña Celia se ha enterado.

-Madre mía, ¿cómo se le ocurre hacer semejante barbaridad?

-¿No sería la sopa que yo iba a comer?

-La misma. Lolita dice que es típica de Cabrahígo.

Y, la verdad,

que estaba bien buena.

-¿Qué dices, Martín?

¿La has catado? -Miles de veces. En las Filipinas

la comíamos, mejor que la de liebre.

¡Dónde va a parar! -¡Ay, que te calles!

Qué sofoco me está entrando. ¡Ay, qué asco! La ratas me persiguen.

¿Es que has perdido el oremus? ¿Qué pretendías?

¿Envenenarnos? -Uy, no, señora.

La rata estaba bien limpia, que la cacé yo.

No iba a coger una de la ciudad, que a saber.

-Pues muchas gracias. ¿En qué cabeza cabe semejante disparate?

¿En qué pensabas cuando preparaste semejante guiso?

-Señora, créame que no lo hice con mala intención.

-Lolita, dame una razón de peso.

Eso de que es un plato típico de tu pueblo no lo creo.

Ibais a estar comiendo ratas

con los jamones que hacen en Cabrahígo.

Lolita, cuéntame la verdad.

¿O quieres que tome medidas drásticas contigo?

-Es que...

Ay! Quería que doña Rosina se pegara un susto, hiciera las maletas

y se marchara a otro lado. Ea.

-¿Pero cómo se te ocurre hacer tal cosa?

-Usted tiene más paciencia que el santo Job,

pero yo ya no puedo más. No es mala, pero...

-Pero no hay quien la aguante. -A usted también le pasa.

-¿Cómo no me va a pasar? ¿Qué te crees que me pasó

cando me la encontré aporreando la pianola o...?

Mira, es que no me quiero ni acordar.

-Si me permite la señora, doña Rosina es un poco atorrante.

-Entre nosotras te diré que sí, pero es mi amiga, y eso me obliga...

A no ponerla de patitas en la calle.

-¿Aunque dé la murga?

-Aunque ganas no me falten de echarla.

Rosina se va a quedar en esta casa,

y tú la atenderás con esmero.

-Se me ocurre...

meterle una culebra bajo de la cama y sale escopetada.

-De ninguna de las maneras. No insistas más.

Bastantes preocupaciones tengo ya con Teresa y...

Y con Mauro, que ahora está desaparecido.

-¿Y si le rociamos la ropa con pimienta?

-Lolita, que ya está bien, no seas cabezota.

Cómo echo de menos a Trini. Ella te haría entrar en razón.

¿Mucho trabajo hoy?

-Más o menos como todos los días.

-¿Pero marcha todo bien?

-Sí, como siempre.

-¿Y las cafeteras? Se venden bien.

-Trini, vete al grano, que me da que no es eso

lo que me quieres preguntar.

-Pues mira, Ramón, no te falta razón. Es otra cosa la que me preocupa.

-Pues pregunta de una vez, no hace falta que mareemos la perdiz.

-¿Se puede saber por qué llevas eso?

-¿Acaso no te gusta la levita? O... quizá sea la corbata, ¿no?

-No, Ramón, te estoy hablando del arbusto ese

que te ha nacido en la cocorota. -Lo llevan muchos caballeros.

-Mi amor, pero es que a ti no te hace falta.

Me gustas tú tal cual eres, con tu azotea despejada.

-¿Lo dices por contentarme o lo sientes de verdad?

-Te lo digo de todo corazón, mi amor.

Por favor, quítate el guiñapo ese, que parece un perrete dormido.

-¿No te parece que me hace más joven? -No.

Mira, ¿por qué no hacemos una cosa?

Anulamos la partida y nos vamos tú y yo a darnos un paseo

y al teatro. -Tanto insistir en jugar

a los naipes y ahora, no te apetece.

-Es que ya me aburre tanta partida. -Pues al contrario,

a mí me ha picado el gusanillo.

No pienso parar hasta que desplume al engreído ese de tu paisano Benito.

¡Valiente mentecato! -Bueno, Ramón, si no es de tu agrado,

razón de más para no verle.

-Pienso darle una buena dosis de su propia medicina.

A ver si se le bajan

los humos cuando le deje sin un real.

Mira, voy a estar aquí, vigilando, hasta que venga.

(Puerta)

Vete a abrir, a ver si se ha adelantado.

-De verdad, qué fijación más tonta te ha entrado.

Quedan horas para que venga, Ramón, por favor.

Fabiana, el comisario Méndez y Felipe te esperan.

Señores, ¿qué quieren de mí?

¿Por qué me han citado aquí? -Es el mejor sitio para encontrarte.

Últimamente tienes el quiosco muy desatendido.

Saben que pueden disponer de mi casa siempre que lo necesiten.

Cualquier ayuda es poca.

-Le estamos muy agradecidos por su colaboración.

Me marcho, no quiero que mi presencia

interfiera en la declaración de Fabiana.

Pasa.

Siéntate.

-Una no sabe nada. No sé qué puede reclamar la Policía de una servidora.

-Como sabe, andamos tras la pista de doña Úrsula.

Sospechamos que ha podido tener contacto con ella.

-Yo no sé nada de esa señora. No se la ve por estos lares.

-Fabiana, será mejor que colabores con nosotros.

-Les juro que digo la verdad.

-No jure en balde.

Unos mozos la vieron meter a Úrsula en un carruaje. A usted

y a otra persona. -¿Estabas el otro día

en el Paseo del Prado? -¿Quién era la otra mujer?

-¿Dónde la llevasteis? -¿Qué hizo?

-Por el amor de Dios, señores, no me apabullen más,

que ahora les cuento lo que pasó.

Es verdad que estuve en el camino del Prado.

Y es verdad que ayudé a subir a una mujer a un carruaje,

pero no era doña Úrsula.

Por el camino, unas señoras reclamaron mi ayuda

porque a una le dio un tabardillo.

Sí, les ayudé a regresar a casa, pero ninguna de las dos

era Úrsula.

-¿Sabe lo que le ocurriría si descubrimos que miente?

-Fabiana, si no dices la verdad, te pueden tomar por cómplice.

Incluso puedes terminar en el garrote.

-Necesitamos a Úrsula para resolver

el asesinato de Tirso. ¿Seguro que no se trataba de ella?

-Como que me llamo Fabiana Aguado, señor.

-Pienso que no nos está mintiendo.

-Disculpe.

No queríamos importunarla.

Pero solo pretendemos averiguar la verdad.

Cayetana ha querido mucho a esa chica.

Ha sido mucho lo que las ha unido.

-Ya nada las une.

-Pero donde hubo amor...

siempre queda cariño.

¿Sabes por qué lo sé?

Porque... es lo mismo que me pasa a mí con ella.

A pesar de que nuestra amistad se haya roto, hay algo que hace

que me preocupe por ella. -Siempre has tenido un gran corazón.

Pero no es el caso de esa mujer. -Digo que puedo llegar a entenderla.

-Te digo que no te dejes manipular por las malas artes de Cayetana.

-Yo sé que Cayetana no es trigo limpio.

Pero de ahí

a matar a un niño inocente... -"Don Arturo, tiene visita".

Pase, Liberto.

Casilda, puedes retirarte.

-Lamento lo intempestivo de las horas, pero no pude verle.

-¿Qué le trae por aquí?

Le ruego que sea breve.

No me encuentro con ánimos...

de compromisos sociales.

-No se trata de una visita de cortesía.

Vengo a petición de mi tía.

-¿Y qué le pasa a doña Susana?

-A ella no le ocurre nada, gracias a Dios.

-¿Entonces cuál es el motivo de su visita? Desembuche.

-Ella me pidió que intercediera con usted por el tema de Simón.

-"¿Se puede saber"

por qué tuviste que aceptar el reto de mi esposo de jugar solos?

-Insistió mil veces.

-Mil veces pudiste negarte. -No lo hice.

¿A qué tanto miedo a que juguemos? -No es miedo, es hartura.

No quiero que humilles más a mi esposo.

No quiero que juegues con él ni que le hables.

-Que yo sepa, hablar no es delito.

Y jugar unas manitas tampoco.

-No. Ni rondar a una mujer casada. Pero está feo, no se hace.

A ver, Beni, ¿a qué tanto requiebro conmigo?

-A que nunca te olvidé,

Trini Crespo. -Uy, ya sabía yo que había un motivo.

-¿Qué quieres? Si prendado me quedé de ti de chico.

Pensaba que te había olvidado, pero es que fue verte y, vamos,

todo volvió con la bravura de unos toros en el campo.

-"Con permiso".

¿Me ha llamado la señorita? -Sí, así es, Servando.

Quiero que te lleves el cuadro. -¿Llevármelo adónde?

-Donde sea, pero hazlo desaparecer. -Ya.

¿Y...? ¿Y lo puedo ver? -No.

-¿Y eso por qué? -Porque lo digo yo y punto redondo.

-Ah.

-Buenas tardes.

María Luisa de mi vida.

-Menos zarandajas, Víctor.

-Yo te había traído unos suizos para merendar.

-Déjalo, que no está el horno para bollos,

por muchos suizos que sean esos. -"Te doy ese beso"

y te marchas de Acacias, ¿estamos?

-No sé yo.

Me gusta bastante este barrio.

Los vecinos son bastante simpáticos.

No me importaría quedarme unos días más.

-Beni, a mí sí. -¿Ah, sí?

-Sí.

Si te doy ese beso, te marchas de aquí, pero ya.

Ese era el trato.

Lo que sea por un beso tuyo.

Allá vamos.

¿Va todo bien por aquí?

Qué alegría verle a usted más animado.

¿Se va al Ateneo?

-Voy a ver a Gayarre, a ver si arreglo las cosas y finalizo

este asunto. -¿Poner fin?

¿A qué se refiere usted? -A poner punto y final.

Bájate a la calle y me compras unos guantes.

Y no digas nada a nadie,

esto debe quedar entre nosotros.

-Lo que usted diga.

Yo creo que tengo un talento innato que tenía oculto.

-¿Usted? -¿Acaso lo dudas?

-No.

No. No, no, no. Ni un poquito de nada.

No. Que... que no. -Y también canto.

Trabajo mi voz cada día,

a todas horas. Y doy baile a Lolita.

-Pues Lolita debe estar bien contenta.

-Ya lo creo que sí, tiene una suerte...

¿Hago una exhibición

solo para vosotros? Hoy estáis de suerte,

me siento especialmente cantarina. -No, no, madre. Si eso,

en otra ocasión. No se dañe las cuerdas vocales.

-Claro. -¿Cómo daño ni qué niño muerto?

Atended. -No, madre.

Escúcheme, queríamos hablar con usted un tema un tanto espinoso.

-¿Espinoso?

¿A qué te refieres?

-Pues...

-Madre, ¿está usted aportando algo a esta casa?

-Pero es que estoy de esa...

De tu señora. No la aguanto más.

-¿Tú qué haces aquí?

Sabes que a don Arturo no le gustan las visitas.

-No le gusta nada.

-He terminado mi faena en la portería.

-¿Habéis visto al Servando? -El que faltaba para el duro,

Servando. Pues no, ni le he visto ni quiero verlo.

Ya tendríais que estar arreando para la calle, no quiero líos

con don Arturo.

-Pero bueno, ¿qué tripa se te ha roto?

-Nada. Cosas mías que me tienen en un tormento.

-¡Que no me entere yo que tú pasas fatigas!

Cuéntanoslo y lo apañamos entre todos.

-"Mauro".

Felipe.

¿Quiere un trago?

Prefiero unos huevos fritos a esta hora.

¿Nos acercamos a la taberna de la esquina?

Prefiero beber.

Un trago siempre me sienta bien.

Mauro...

¿Por qué no lo deja ya?

¿Por qué no va a la pensión a dormir?

Descansar le hará verlo de otra manera.

No quiero descansar. Quiero pagar por lo que he hecho.

Mauro, usted no ha hecho nada.

Tiene que levantar el ánimo.

Quizá ya sea tarde.

Nunca es demasiado tarde. "Me comentaron"

que te vieron con Úrsula. Eso no fue así.

Déjame terminar, por favor. Me dijeron que te vieron con ella

y que resultó ser una pista falsa.

Pero no me fío de la Policía.

Quiero oírtelo decir de tus labios.

¿Perdón, señora?

Quiero que me mires y que me digas que no anduviste con ella,

que ni siquiera la viste.

¿A qué he de mirarla yo a usted? Ya dije lo que tenía que decir.

¿Por qué duda usted tanto de mi palabra?

¿Por qué siempre me juzga así tan mal?

Yo no soy ninguna embustera, señora.

Lo siento, Fabiana, pero es que estoy desesperada.

Quiero que el culpable de la muerte de Tirso

pague por lo que ha hecho.

Te lo ruego, por favor, ayúdame.

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Acacias 38 - Capítulo 535

12 jun 2017

Trini descubre que Ramón está celoso de Benito y que se toma las timbas como algo personal. Calatrava, el retratista que contrató María Luisa, deja el encargo a mitad al descubrir que no le pueden pagar. Teresa acude a la policía preocupada por Mauro. Mientras, Méndez y Felipe interrogan a Fabiana después de que un testigo la viera con Úrsula. Pero Fabiana lo niega todo. Liberto, animado por Susana, acude a Arturo para que retire la denuncia; pero es en balde.

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  1. Carmen

    Por favor un noviete para Lolita!!! Es genial, buena y divertida!!!

    14 jun 2017
  2. Paqui torrado

    Por favor q no se convierta en otro tostón como puente viejo, q sea un poco mas corta

    13 jun 2017
  3. Mabi

    Que pasa que no suben los comentarios?? Tampoco funciona por días ésta opción así como tampoco la de añadir comentario ????

    13 jun 2017
  4. Mabi

    Rosina...que avara!!!! Mucho apellido pero poco señorío !!! Toma la casa de quien sea como propia, hace y deshace a su antojo, come a mandíbula batiente, y no es capaz de colaborar con los gastos ????y Liberto ?!?!?!?! Otro tanto...que pasaría si fuese al revés? Que otro precisara de su hospitalidad ? Ni loca aceptaría, que otro use su baño ? NOOO !!!, que se sirva sin ser convidado ? NOOO !! Pero sobre todo que no le genere gastos de ningún tipo. Los demás están en la obligación, por la cuestión que sea, pero ella.... Sandra impecable en su papel, como siempre !!!!!

    13 jun 2017
  5. Elsa

    Capítulo 533: Encantadores, inigualables Sandra y Jorge, fabulosos, que naturales Rosina y Liberto. Son los mejores de Acacias. ¡Ojala, los dejen hasta que sean viejitos! Los espero cada tarde.

    13 jun 2017
  6. Mayra

    Oh Dios!!.. cada vez peores capítulos, peor trama, personajes ridículos!!.. Por favor, Don Ramòn todo un Sr. con esas ridiculeses, Úrsula en una agonía eterna, porq no s muere ya???...Rosina sigue tan ridícula, Fabiana mentirosa por el amor dd una hija loca y cruel, la policía totalmente perdida e incompotente.. La boba de Teresa, ahora quiere ajusticiar a Cayetana, porq no acaba d decir q ella es Cayetana?? y se acaba el sufrimiento para ella y toda Acacias 38??.. Flojos todos, papeles y personajes insulsos y faltos de dramatizaciòn. yo los enviaría a todos "al garrote vil" Definitivamente "una porquería"!!!... parece más una comedia que un drama!!! .. Debería llamarse "La Agonia de un Final Tràgico y de nunca acabar en Acacias 38".. jajaja

    12 jun 2017
  7. Celeste

    Capítulo 535, dos personajes utilizando MAL el idioma español, ¿ será posible eso en España ? tanto al engreído del pintor de cuadros como al comisario les ENERVA sendas situaciones cuando ENERVAR significa TODO lo contrario a lo que quieren significar..-..... Y Rosina está INSOPORTABLE, vieja " calentona".. y ridícula y Liberto, el varón domado., en fin, que plomo esta serie...............................................................

    12 jun 2017
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