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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 531 - ver ahora
Transcripción completa

¡Teresa, mi amor!

No está.

¿Adónde ha podido ir?

Su limosnera, no la ha cogido.

-Ni su chaqueta.

-Será mejor que marches. Es tarde.

-Buenas noches. -Buenas noches.

-Que descanses.

-"¿Qué querías preguntarnos con tanta urgencia?".

-Que si acoges a Rosina en tu casa.

-¿Cómo?

-Nos la quiere encasquetar, así, sin paños calientes, ¿eh?

-Yo tengo mucho trabajo y muchas cosas que hacer.

Ando todo el día de arriba abajo y casi no paro en casa.

-Pues mejor me lo pones, Celia.

¿Se puede saber qué hace este aquí?

Te dije que le dieras boleto. -Yo se lo dije, pero él insistió.

-Debiste prohibírselo.

-Trini, tiene mucho dinero. Y muchas ganas

de desprenderse de él, no sé qué problema ve en ese hombre.

¿Qué me ha puesto en la comida?

Algo que la matará lentamente.

Un veneno tan potente....

que se va a comer sus entrañas poco a poco,

como termitas.

Hasta acabar con todos y cada uno de sus órganos.

(GRITA)

-Lo lamento de veras.

-No puede ser. No puede ser.

-Lo siento mucho.

-Simón. -Víctor.

Déjalo ahora.

¡Teresa! Teresa.

Teresa, no lo hagas, te lo ruego.

Que Dios me perdone.

¡No! ¡No!

¡No! ¡No!

Suéltame. Nunca.

¿Está bien?

¡No me toques! ¡Dejadme!

¿Por qué me lo habéis impedido?

No quiero seguir viviendo, no quiero tener este hijo.

Ya está, mi amor.

¡Teresa, no!

No puedo más.

No puedo más.

No se torture más mirando el diario, querida tía.

Por más que lo haga, no van a cambiar los titulares.

-Lo sé.

Pero todavía no me puedo creer que sean ciertos.

Todo mi ser se niega a creer... que Elvira esté muerta.

-No me extraña que te resistas a creerlo, querida.

Una mujer tan joven,... tan llena de vida.

-El mar puede ser muy cruel.

No distingue entre juventud y vejez a la hora de cobrarse sus víctimas.

-Así parece, según el diario,

no hubo supervivientes.

Todos desaparecidos cerca de Túnez, ahogados.

Sin que nadie pudiese ayudarles.

Tragados por el frío mar.

Y el coronel, ¿estará al tanto del triste destino de su hija?

-Así será si ha salido a la calle, no se habla de otra cosa.

La noticia del naufragio ocupa la portada de todos los diarios.

-Pobre. Cuando fui a visitarle lo encontré deshecho,

aferrándose como un clavo ardiendo a la posibilidad de que su hija

hubiese sobrevivido.

-¡Poco me importa lo que sienta ese mal hombre!

-Pero, por favor, Susana, un poco de caridad.

-Al fin y al cabo era su padre. -Pues no se ha comportado como tal.

Y caridad muestro al contenerme y no decir todo lo que pienso de él,

que si no,... sapos y culebras iban a salir de esta boca.

-¿Y qué me decís del pobre novio abandonado?

¿Cómo se ha tomado la noticia? -Pues con un terrible dolor.

Ni una sola palabra salió de su boca.

-Luego salió corriendo. -El pobre querría llorar a su amada

en soledad. -Desdichado.

Le entiendo. Yo sé lo difícil que es perder a un ser amado.

Y solo el tiempo logrará cicatrizar su herida.

-Ojalá tengas razón, Rosina.

Pero me cuesta creer

que Simón pueda sanar las suyas.

-Tía,...

sé perfectamente el cariño que le inspira.

Pero quiero que sepa que no me voy a separar de usted.

Haré todo lo humanamente posible para aliviar su pena.

-Te lo agradezco, Liberto.

Pero no es de mí de quien tienes que estar preocupado, sino de Simón.

-Si lo considera, puedo ir a visitarle para hacerle compañía.

-No, mejor ahora no.

Estará mejor solo.

Y, además, es orgulloso.

Querrá llorar a su amada sin testigos.

-Me da coraje que tengamos que trasladarnos mañana a casa de Celia

como habíamos planeado

y dejarte sola en este estado.

Si es tu deseo, podemos posponer nuestro traslado.

Yo tampoco me moveré de tu lado hasta que sea preciso.

-Ay.

-Mira, Liberto.

La emoción le impide contestarme. -No, cariño, eso no será necesario.

Mi tía también precisa ahora de un poco de tranquilidad.

-Sí, Rosina, vete.

Vete a casa de Celia que te está esperando

con muchísima ilusión.

(LLORA)

Beni, la partida ya ha terminado.

Creo que va siendo hora que vuelvas a tu hotel.

-Trini, si no te conociera,

diría que me estás echando de tu casa o qué.

-Uy, no, por favor, no, Dios me libre.

Si fuera así, ¿te largarías con viento fresco?

-No has cambiado un ápice. No tienes pelos en la lengua.

-Visto lo visto, no me ha servido de mucho.

-Templa, que me acabo la copa y ya marcho.

Acabas de desplumarme, dame al menos ese respiro.

-Beni,...

creo que lo mejor es que abandones el tute.

Vas a volver a Cabrahígo con una mano delante y otra detrás.

-Bueno,

la derrota es menos amarga si eres tú la vencedora.

Bueno, y que además, en cuanto vuelva a Cabrahígo,

voy a recuperar todo lo perdido.

Si es que me basta con retar a las cartas al Marciano.

¿Te acuerdas que no tenía muchas luces?

-Sí, desde luego, ni para alumbrar un palmo más allá de sus narices.

-¿Te acuerdas cómo perdió las tierras jugando contra el Venancio?

-¡Como para olvidarlo!

Por poco no le mata el alcalde.

Si jugó media partida con las cartas del revés, mostrándoselas al rival.

(RÍEN)

-¿Ves? Si es que esta es mi Trini, no la de antes,

que parecía que se había metido el palo de la escoba por la boca,

de lo siesa que estaba.

-Es que, a mí me hablas de Cabrahígo y yo me olvido de todo.

-Pues bueno, sírvete una copa, que tengo hablillas del pueblo

para aburrir. -Sea.

Cuenta, cuenta.

-Bueno, pues acordarse de cuando... -¿Habéis acabado ya la timba?

-“Pa” chasco que sí, don Ramón.

Aquí su mujer, que cada vez requiere de menos tiempo

para sacarnos aquí los cuartos.

-Bueno, pero Benito ya se iba.

-Pero qué prisas tienes, mujer.

Déjale que se quede un poco más, así nos conocemos mejor.

Así que conoce usted a mi Trini desde que eran niños.

-Apenas levantaba un par de palmos del suelo.

-Bueno, Beni, tampoco exageres, ¿eh?

-La Trinica era chiquita, pero ya apuntaba maneras.

No vea usted la de aventuras que nos hemos corrido cuando éramos zagales.

-No hace falta que las cuentes todas, que Ramón se va a aburrir.

-Al contrario, si estoy deseando escucharlas.

¿O tienes miedo de que conozca tus correrías de niña?

-¿No te amuela? Pavor debería sentir.

Estaba hecha una pilla de tomo y lomo.

No he podido parar de llorar,

de pensar que la señorita Elvira ha entregado la pelleja.

-Pobre muchacha. Sí que ha tenido mala suerte.

-A la pobre le ha cagado la moscarda. Y con perdón.

Toda la vida aguantando al sieso de su padre,

para acabar siendo pasto de los peces.

-¿Será posible que no haya quedado ni un solo superviviente?

-Eso dicen los papeles, que no se ha salvado ni el apuntador.

Pobre Simón,

con lo que la quería.

-¿A ti no te da vergüenza, Martín?

Aquí pegando la habla con la Lolita

y yo, mientras, cargado como una mula.

-Servando, ¿ande va con tanto equipaje?

-Calla, muchacha,

que todavía está abajo don Liberto aguardando con el resto.

-¿Qué pretende doña Rosina, quedarse aquí para los restos?

¿Pues no era para unos pocos días?

Parece ser que se quiere cambiar cada hora.

Eso,...

porque llevo ahí mudas para un par de años.

-Y más te vale tener todo a su gusto, Lolita.

Es muy exigente. Le encanta tener todo a su disposición.

-¿No te ondula? Pues que se traiga a tu Casilda para ordenárselas.

Que una ya tiene bastante faena

con atender a doña Celia y a los Palacios.

-Va a terminar sirviendo a todos los señores de Acacias 38.

-Pues nanay, que esto ya es explotación, y sanseacabó.

-Cállate, mastuerza, que aquí estamos para lo que estamos.

Me recuerdas a la Huertas con tus reivindicaciones.

-Pues de ella mucho tendríamos que aprender.

-Eso siempre que quieras acabar de patitas en la calle.

-En eso tiene razón Servando, Lolita.

Tus patrones serán muy buena gente, pero son señores.

Si lo sé, Martín.

Al final tendré que pasar por el aro.

Pero dejadme que patalee un poco.

-Ahí tiene razón, quejarse no cuesta monís.

Tira. Vámonos.

-La señora no sabe qué ha hecho trayendo aquí a doña Rosina.

Esta no la saca de su casa... ni con aceite hirviendo.

-Va, va.

-¡Tira ya!

(RÍE)

(QUEJIDOS DE DOÑA ÚRSULA)

Querida, ¿podría hacer el favor de ahogar sus quejidos?

Así no hay quien desayune tranquila.

Piedad.

¿Piedad? Bueno, me sorprende usted.

Pensé que no conocía esa palabra.

He pasado una noche de mil demonios.

Sí.

Lo sé. Sus lamentos

me impedían dormir.

Igual que ahora me impiden desayunar.

No soporto más el dolor.

La garganta me quema.

Tengo fuego por dentro.

¿Quiere un poco de agua?

¿Eso es que sí?

Úrsula, me lo tendría que haber pedido,

yo estoy aquí para ayudarle.

Lo que no puede pretender

es que intuya sus deseos.

Aquí tiene el agua.

Le refrescará.

¡Ah!

Por Dios, Úrsula, ¿por qué es usted tan torpe?

Lo ha tirado todo por el suelo.

¿Ni siquiera es capaz de guardar las formas?

¿Dónde está todo lo que usted me enseñó?

¿Le parece correcto

beber como un animal?

Por favor, doña Cayetana,

ya es suficiente.

No. Creo que no la entiendo.

Deme ya el antídoto.

¿No cree que me ha hecho sufrir ya bastante?

Al contrario, Úrsula, su sufrimiento acaba de empezar.

Basta.

Haré lo que me pida.

Si es preciso, me humillaré para complacerla, pero...

Se lo ruego,

tenga compasión de mí, no quiero morir.

Úrsula, querida, verá,...

de verdad que lo lamento, pero creo que usted no ha entendido nada.

No pretendo asustarla. Ni advertirle.

El veneno que le he suministrado es mortal.

De nada vale que usted ruegue por su vida.

No existe ningún antídoto.

Usted va a morir sin remedio.

No se confunda, doña Cayetana.

Dios me salvará, no lo dude.

Ni el mismísimo Satanás,

con el que usted tiene bastante trato, podría hacerlo.

¡Ah, ah!

Mauro, debería descansar.

Echarse un poco. Gracias, Felipe,

pero dudo que usted en mi lugar pudiera dormir,

después de lo ocurrido.

Cierto. Tampoco podría.

¿Cómo está Teresa? Más tranquila.

Se está dando un baño. -La tisana ha hecho su efecto.

-La pena y la fatiga han terminado por vencerla.

-Sí, una fatiga que también me invade a mí.

Aunque no puedo cerrar los ojos.

Al hacerlo,...

me viene la imagen de una Teresa desquiciada.

Me temo que lo ocurrido nos va a perseguir de por vida.

Teresa estaba dispuesta a cometer una barbarie.

Dispuesta a cualquier cosa por arrebatarse el bebé de sus entrañas.

Incluso a quitarse la vida.

-Eso es una prueba de su demencia.

Una mujer que adora a los niños, que ha consagrado su vida

por su cuidado y formación.

-La desesperación nublaba su razón.

-Por fortuna llegamos a tiempo.

Esta vez.

¿Y si vuelve a intentarlo?

¿Y si en una nueva ocasión no tenemos tanta suerte y...

consigue su propósito?

No, Mauro. Su amor...

y nuestra estima... la ayudarán a superar su dolor.

Ojalá no se equivoque.

Si le llega a ocurrir algo, yo...

(LLORA)

-Hoy es un mal día para todos.

El diario trae terribles nuevas.

-¿Qué más podría haber ocurrido?

-Han confirmado que no hay supervivientes en el naufragio

del buque Gran Victoria.

-Entonces, ¿Elvira?

-Ha muerto.

-Vaya.

Parece que la desgracia se ha afincado en nuestras calles.

(Ruido de agua)

Teresa. Quizás necesite algo. Aguarde, Mauro.

Ya voy yo.

¡Leonor!

-Ay.

-¿Cómo estás?, que te veo muy ensimismada.

-Mis motivos tengo, Liberto. No lo dudes.

-¿Es que ha ocurrido algo?

-Vengo de la redacción del periódico.

Pensé en consultarle a un amigo mío periodista si tenía alguna noticia

sobre el hundimiento del Gran Victoria.

-Pues muy buena idea, Leonor.

Así, si hubiera una posibilidad, por mínima que sea,

de que Elvira siguiera con vida, nos enteraríamos.

-Por tu rostro adivino que ese conocido tuyo

no te ha podido brindar tal anhelo.

-Así es, doña Susana.

Por lo que me ha dicho, solo nos queda resignarnos.

-Así que no tenemos ninguna esperanza.

-No para Elvira.

Mañana lo que se va a publicar va a ser que han encontrado unas maderas

del barco...

y algunos cuerpos sin vida, que han llegado a la costa de Túnez,

pero... nada más.

-Me dan escalofríos de pensar

el infierno que se pudo haber vivido en ese barco.

-Pobre Elvira, doña Susana.

Atrapada en medio del mar,

sin escapatoria posible.

-Don Arturo sigue encerrado en su casa sin pisar la calle.

-No es él el que más me preocupa.

-Sí.

Elvira deja tras de sí amigas que la querían de corazón.

María Luisa, sin ir más lejos.

Está desecha. -Y Simón.

No creo que pueda superar su ausencia.

Ni retomar su vida algún día.

-¿Seguimos sin tener noticias de él?

-Desde anoche anda desaparecido. Yo no hago más que rezar por él.

-El pobre tiene que estar desesperado.

-Debe estar deambulando por esas calles de Dios, sin comer,

sin dormir. Se me parte el corazón

de pensar... No sé dónde está.

-Descuide, tieta. Si sigue sin aparecer,

yo partiré en su busca.

Por mucho que quiera llorar su pérdida en soledad,

ya me encargaré yo de traerle con los que le quieren.

A doña Rosina le han bastado un par de horas

para dejarlo todo patas para arriba.

Esa mujer no es una señora, es un torbellino.

-¿No te jeringa? Y encima me lo dices a mí,

que llevo faenando para ella media vida.

-Pues la mía va a ser muy corta, como siga sirviéndola.

Que no para de darme órdenes.

-Que ya lo sé, Lola, que es muy mandona.

Pero es que luego, la mujer es más buena que el pan con chocolate.

-Bueno, pues que otra afortunada se encargue de semejante manjar.

-Ya, pero es que es tu obligación. -Pues no.

Mi obligación es atender a doña Celia y los Palacios,

que con eso ya me basta y me sobra.

Tu señora, toda tuya.

-Sí, es mi señora, pero esta es tu casa.

-Pero no la he invitado yo.

Tú atiende a sus caprichos, que yo me tengo que ir a los Palacios.

-¿Y no quieres llevártela contigo?

-Al fin, Lolita, te andaba buscando.

-Qué extraño. -Búscame otra lata de estas.

-Uy, se las ha comido todas.

Sí, y me apetecen unas poquitas más.

Es que a mí, con los nervios, se me levanta el apetito.

-Sí, y con la tranquilidad también, señora.

Que tiene usted buen saque.

Pero doña Rosina, que estas son las galletas de mantequilla

que le envía Tano a su madre desde Londres.

-¿Ah, sí?

Qué sorpresa. Nunca imaginé

que en la pérfida Albión hicieran algo tan rico.

-¿Dónde guarda Celia más? -Ande, descuide señora,

que ya le hago yo a usted una buena bandeja de galleticas

de estas caseras que a usted le pirran, ¿eh?

-Buena idea, así puedo comparar

entre el producto extranjero y el patrio.

Y date prisa, que me ha entrado antojo.

-Ya has oído a la señora, Lolita, acompáñame a la cocina

y dime dónde guardan la harina. -Aguarda.

Que no me fío una miaja de dejarla sola.

Que esta es capaz de comerse más recuerdos familiares.

¿Qué hace ahora?

Señora...

-(GRITA)

-Éramos pocos y parió la abuela.

Que ha arruinado la alfombra con el tinte.

-¡Ha sido por tu culpa! -No, si ahora tendré yo la culpa

que se haya caído la mezcla. -Sí, porque se me ha caído

porque me has asustado.

¿No pretenderás contestarle a una señora?

-No. No, claro que no, doña Rosina.

Anda, Lola, vamos a la cocina, a buscar con qué limpiar

este desaguisado. -Y las galletas.

-Vamos, mujer.

El saber que su final está cerca, parece que la ha calmado.

Ya ni siquiera siente tanto dolor, ¿verdad?

Ha dejado de luchar.

Se ha rendido usted.

Aún no me ha destruido,...

doña Cayetana.

Las dos sabemos que eso no es así.

Pero antes de que todo termine, me gustaría felicitarla.

¿Felicitarme por qué?

Por la gran obra que hizo conmigo.

Ya ve.

No me podrá acusar de ser poco agradecida.

Usted me formó, me convirtió en la mujer que hoy soy.

Sí, se dejó la piel para convertirme en alguien fuerte,

implacable.

Y sus esfuerzos no han sido en vano.

Solo he cometido un pequeño error.

¿Cuál?

Pensar que podría usted superarme.

Soy su mejor obra, Úrsula.

Lo único bueno que ha hecho usted

en su miserable vida, que hoy se acaba.

Por lo demás,...

usted solo ha sido una fracasada, una muerta de hambre.

La odio.

Yo a usted no.

Es usted demasiado insignificante para eso.

Adiós, Úrsula.

Ha perdido usted las fuerzas.

Y ha muerto.

(Llaman a la puerta)

-(Voz de Servando) ¿Hay alguien ahí dentro?

Soy yo, Servando.

¿Le queda a usted mucho?

Creo que se me ha dormido una pierna y, que el resto del cuerpo

no va a tardar.

Qué lozana estás con el vestido que te ha confeccionado mi abuela.

Seguro que el lechuguino este no ha pintado una niña tan guapa

en su vida.

Vida, ¿ya ni mis requiebros te hacen sonreír?

Ay, Víctor, no puedo evitarlo, no dejo de pensar en Elvira.

Y da gracias que no rompa a llorar.

-Lo mejor es que dejemos esto para otro momento.

-No podemos desconvocarlo de nuevo, ¿qué va a pensar el maestro?

-¡Haga el favor de estarse quieto! Así no puedo realizar mi trabajo.

Y usted, señorita, sonría un poco.

Se supone que están enamorados, no que padecen del estómago.

-El pollo se da unos aires que resfrían.

-Motivos tiene, es un artista de renombre.

Ya verás qué maravilla de retrato nos va a hacer.

Más le vale, porque con lo que cobra...

-Oye, y hablando de eso, ¿le has pagado ya el adelanto?

-En verdad, he pensado que es mejor ver primero un boceto...

antes de pagar un dineral así.

-Has perdido el oremus, ¿pretendes ofenderle?

¿O le estás dando largas con el dinero?

-¿Cómo se te ocurre decir una cosa así?

Se me ha olvidado el dinero en casa. Eso es todo.

-Esa sonrisa, señorita.

Que no se le ha muerto nadie.

-Bueno.

-Esto es un imposible. -Mejor lo dejamos para otro momento.

-En eso estamos de acuerdo.

Ni Velázquez sería capaz de dibujar un simple garabato

con semejantes modelos.

-Discúlpeme. Mañana estaré mejor y le pagaremos lo acordado.

(Llaman a la puerta)

No esperaba a nadie. ¿Quién puede ser?

Voy a abrir.

Servando, ¿qué haces aquí?

-Le estaba buscando, don Felipe, bueno, y a don Mauro.

-No es buen momento.

-¡No, no, no! No le entretendré ni una miaja,

traigo cuitas de suma importancia. Felipe, déjale pasar.

Muy agradecido.

-Muestra tu agradecimiento yendo al grano.

-Sí, señor.

Verá, es que estaba buscando a don Ramón, pero no estaba en casa,

y Lolita me ha dicho que seguramente estarían aquí,

así es que he creído lo más conveniente

venir a hablar con usted, don Mauro.

-Te estás yendo por las ramas. Servando, ¿por qué quería verme?

Sí, no, algo muy sencillo: precisaba su opinión,

como profesional policía.

Verá, yo siempre me he tenido como un hombre

con una observación estupenda y, he creído que siempre

también sería un buen policía.

-Posiblemente mejor que portero.

-Sí, bueno, el caso es que algo me huele a podrido,

y no es que no esté limpio, no sé si ustedes me entienden.

-Ni un Séneca lo lograría.

Servando, ¿qué demonios quieres contarnos?

-Pues se lo diré: creo que algo extraño pasa

en casa de doña Cayetana.

Algo extraño. ¿El qué?

Pues como sabrán, doña Cayetana no está en casa

y ha cerrado todo a cal y canto.

Cosa que tampoco me parece bien, porque me tenía que haber avisado

o haberme dicho para que cuidara la casa y...

Servando, ¿qué está ocurriendo en esa casa?

Pues verá, es que se escuchan ruidos extraños en el interior y pasos.

Bueno, se lo he comentado a Fabiana y, me ha dicho que eran cosas

de mi imaginación y que no metiera las narices en esos asuntos.

-Y tú no estabas dispuesto a hacerlo.

-Qué bien me conoce, don Felipe.

Bueno, antes volví a llamar y, visto lo visto,

creí que era el momento en que intervinieran los señores.

Luego, cuando me iba a retirar de allí,

me encontré esta nota debajo de la puerta,

como si alguien la hubiera deslizado desde el interior.

¿Qué dice la nota, Felipe?

-Léala usted mismo.

(LEE) “Ayuda por caridad”.

-¿Ve, ve?¿Ve como pasa algo extraño dentro de esa casa?

Créame, señora, doña Rosina es peor que el caballo de Atila.

-Donde pisa, no crece la hierba. -Anda ya, Lolita,

no será para tanto. No seas injusta.

-Tiene razón. Pobre caballo.

De seguro que él no era tan revoltoso.

Me ha puesto la casa patas para arriba.

Se ha comido las galletas del Tano. Y me ha manchado la alfombra.

-Y todo eso en unas pocas horas.

-Miedo me da la que habrá liado en mi ausencia.

Y lo peor es que viene aprovisionada para quedarse una eternidad.

Doña Celia no sabe lo que ha hecho.

-No.

La verdad es que la compadezco, ¿eh?

No hay nada peor que tener invitados en casa

con los que no se está a gusto.

Dicho así, bien parece que lo dice usted por experiencia.

-Pues mira, Lolita, no te equivocas.

Entre tú y yo, ¿eh?

No sé qué hacer para quitarme a Benito de encima.

-Pues mire, ya que lo mienta usted,

permítame que le diga un par de cosas.

Hasta ahora me he estado callada como un muerto.

-Cosa rara en ti, Lolita.

-Pues a mí, todo esto del Benito,

no me parece bien, doña Trini.

Que anoche le pude oír ahí con su don Ramón reírse.

-Ya. Le tuvimos en casa hasta las tantas de la mañana.

-¿Y no le da reparo tenerlo ahí de palique con su esposo?

Que una es solo la criada, pero...

A mí no me gustaría verme en tal situación.

-A ver, Lolita, yo he de confesarte que...

al principio, pues sí,

me hizo ilusión volver a ver a Benito.

Pero cada día que pasa, me siento más incómoda en su presencia.

-¿No te amuela? Porque sus razones tiene.

-Le he dicho al Antoñito que no lo traiga más a las timbas,

pero nada.

Voy a tener que buscar la manera

de desembarazarme de él definitivamente.

-“Pa” chasco que sí.

Que a servidora no le parece nada cristiano

verle pelar la hebra

a su marido y al que fue su novio.

¿Y ya sabes por dónde empezarás a buscar a Simón?

-En su pensión no tienen noticias de él.

-Pues no me quedará otra que recorrer la ciudad de cabo a rabo.

Y contar con la ayuda de Dios, claro.

-Pues no contarás solo con su auxilio.

Yo iré contigo.

-No, tieta, déjemelo a mí.

Será mejor que usted se quede en la sastrería.

¿Y estar esperando con el corazón en un puño?

Mejor estaré contigo. -No insista.

-Detente, Liberto.

No tiene sentido que discutáis por eso.

-Mira cómo sabe Leonor que no voy a dar mi brazo a torcer.

-No, doña Susana.

Porque ya no es necesaria tal búsqueda.

Por ahí viene Simón.

Por el amor de Dios, Simón, al fin apareces.

Me tenías con el alma en vilo.

-Ahora mismo íbamos en tu búsqueda.

-¿Dónde vas?

-A Acacias.

-No. No, Simón, ¿no irás a enfrentarte

con el coronel?

Ay.

(REZA)

Qué pronto se ha despertado.

Todavía puede seguir durmiendo.

Sigue aquí.

Sí, quería asegurarme de que descansara bien.

Y rezar por usted.

Guarde sus oraciones para alguien que lo merezca.

¿Quiere un vaso de agua?

Tal vez se le ha despertado el apetito.

Lo único que quiero es...

algo que no están dispuestos a concederme.

¿Y qué podría ser eso, querida?

Permitirme terminar con mi vida.

¿Por qué, Celia?

¿Por qué han tenido que impedirme llevar a cabo mis propósitos?

¿De verdad no lo sabe, querida?

Es sencillo.

Porque la estimamos de veras.

Pues precisamente por ese aprecio,...

no deberían haberse interpuesto en mi destino.

Quitarse la vida no era su destino.

Sino algo producto de su enajenación.

Usted no sabe nada de ello. Sí sé, querida.

Sé el calvario por el que ha pasado Mauro, buscándola,

mientras se temía lo peor.

He visto cómo le salvó la vida. Yo no le pedí que lo hiciera.

Lo hizo por el profundo amor

que siente por usted, Teresa.

¿De verdad no se da cuenta?

La vida merece ser vivida por eso.

Por amor.

El que usted sentía por Tirso

y el que Mauro siente por usted.

Un amor que no me negará que es recíproco.

La conozco.

Y sé que usted le ama con la misma locura.

¿De verdad está dispuesta a destrozarle la vida al hombre

al que entregó su corazón?

¿O es que acaso me equivoco y ya no le quiere?

Contésteme, Teresa,

se lo ruego. No, Celia, no se equivoca.

Amo a Mauro y...

nada desearía más que dejarme amar por él.

¿Y qué se lo impide? Mi dolor.

¿No ve que estoy desgarrada por dentro?

No sé cómo entregarme de nuevo a él.

También ignoro cómo hacer frente a todo lo que he pasado.

No sé cómo soportar tal pérdida.

No merezco ni la felicidad ni su cariño, Celia.

Solo merezco la muerte.

No diga eso, Teresa.

Deje que le ayudemos.

No nos separaremos de su lado.

Lograremos que recupere su vida.

No piense en el final del túnel.

Piense en el próximo paso.

Poco a poco se hace el camino.

Ya verá como todo se soluciona.

(Aporrean la puerta)

¡Abran! ¡Sabemos que hay alguien dentro!

(GEMIDOS DE DOÑA ÚRSULA)

Servando, no esperes más, abre la puerta.

Que no puedo abrirla, que no tengo las llaves de aquí.

Aparta.

Me has dado un susto de muerte. Señora, vengo a avisarla.

Servando viene hacia aquí con don Mauro y don Felipe.

Tu aviso llega tarde, inútil. Están a punto de entrar.

¿Cómo? ¡Por todos los santos, señora!

Pero ¿qué ha pasado aquí?

No hagas preguntas ahora y ayúdame a sacarla.

¡Que me ayudes!

(Forcejean la puerta)

(SERVANDO TOSE)

(Llaman a la puerta)

(Llaman a la puerta)

Ya va.

(Llaman a la puerta)

¿Quién se atreve a llamar a mi casa con semejante furia?

¿Está satisfecho?

-¿Qué está haciendo? Suélteme.

¿Está satisfecho ahora que ha matado a su propia hija?

-¡Cállate! No te atrevas a nombrarla.

-¡Es usted el que se va a callar para siempre!

-¡No!

¡Simón! ¡Simón, por Dios, detente! -Nunca.

Vayámonos, está todo listo, que uno tiene mucha faena.

No podemos marchar ahora.

He de encontrar algo, pero no sé el qué.

Bueno, pero primero nos vamos bien lejos de aquí,

eso sí, habiendo echado todos los candados al principal

y después, se pone usted a buscar lo que está pensando.

Ni en sueños me marcho yo

sin encontrar alguna evidencia de los tejemanejes

que se haya traído Cayetana.

Jesús, qué afanes, de verdad.

-Señores, no hay absolutamente nadie en las habitaciones.

Tenemos que salir de aquí.

Lo que hemos hecho es ilícito, y nos pueden condenar por ello.

-¿Ve lo que le estoy diciendo, don Mauro, ve?

Escúchelo, escuche la voz de la ley. Además, ¡qué diantres!,

que tengo yo mucho aprecio a mi cuello.

Pero ¿es que no recuerdan la nota? “Ayuda, por caridad”.

Alguien que estaba en estas estancias suplicó socorro.

Pues igual era doña Cayetana, que pedía que le subieran unos suizos

de La Deliciosa. -Servando, ¿cómo se te ocurre?

-Como señora que es, a lo mejor le daba pereza bajar.

Servando, usted insistió en que nos llegáramos al 38

a investigar la casa,

por la cantidad de ruidos que escuchó en el principal.

No me diga que ahora tiene miedo.

Pues si le he de decir la verdad, acongojadito estoy, ¿eh?

Miren.

-Mauro, un vaso vacío no prueba nada.

La madera ha absorbido el agua.

Mire. Está más oscura.

Cayetana habría ordenado limpiar el agua derramada de inmediato.

Esto prueba que estaba en menesteres más importantes.

¿Qué me dicen de esa cuerda? ¿Y este pañuelo?

Húmedo.

Cuerdas junto a una silla y un pañuelo que se usó de mordaza.

Bien parece, sin duda.

Uy, esto es tarea de alta precisión y sapiencia.

Yo casi mejor me las guillo y, así les dejo solitos

para que se concentren.

-Espera, Servando, que tendrás que ayudarnos a echar el cierre.

-La madre que me parió.

Cubiertos usados y restos de comida.

En esta casa ha estado viviendo alguien.

Las ánimas. No.

Un ser corpóreo con necesidades humanas.

-¿Cayetana?

¿Nos hizo creer a todos que abandonaba el barrio

para permanecer en su casa? ¿Para qué?

Para nada bueno, seguro.

Sangre, señores.

-Bueno, no, no dramaticemos que...

el chocolate vertido en el suelo sale muy mal.

Eso seguramente será el error de una mano temblorosa

llevando un cacao.

Desgraciadamente, he visto muchos restos de sangre.

Y esto lo es. -Así es, amigo.

Menudo galimatías tenemos entre manos.

-Sí, y un,...

un impresionante sudor, si me lo permiten.

¿De quién será la sangre, Felipe? ¿De Cayetana?

-¿Si no, de quién?

¿Había alguien más con ella en este encierro?

¿A qué el juego de aparentar un viaje?

Las preguntas se nos acumulan y carecemos de una sola respuesta.

¡Déjame acabar con lo que empecé!

¡Aquí, lo único que tiene que parar eres tú!

-¡Merece la muerte! -¡Pues que se la dé el garrote

o un coche de punto, pero no tú!

¡¿O quieres acabar muerto?!

-Vas a pagar por esto,

maldito criado.

-Dispare. -No.

-¡Dispare si tiene redaños! -No.

Señores,...

Señores, ya está bien de desgracias. ¿Eh?

Coronel, haga el favor de bajar ese arma.

Se lo ruego. Y tú, ¡cierra la maldita boca!

-No voy a disparar.

Solo quiero que os larguéis de mi casa.

-Es usted un cobarde.

Un ser despreciable sin arrestos ni honor.

-¿Honor? Tú me hablas de honor.

Mancillaste a mi hija sin pudor.

La obligaste a una boda absurda y denigrante.

-Y usted casi la lleva a la muerte con sus sucias mentiras

y su crueldad. Es un sádico.

Es usted un maldito enfermo.

-¡He dicho que cierres tu maldita boca!

Simón, estás desnortado, perdido, ¡haz el favor de comportarte

como el hombre morigerado que eres, por el amor de Dios!

-Vamos, fuera. -No.

Ya te digo yo que te vas a venir conmigo, ¡no me hagas zurrarte a ti!

-Escúcheme, malnacido.

Si es verdad que Elvira está muerta, cosa que aún me resisto a creer,

usted no podrá soportar el remordimiento

de haber matado a su propia hija.

Un día empuñará de nuevo esta pistola

pero para ponerla en su sien y volarse los sesos.

-Ni lo sueñes.

Eso no va a ocurrir.

¿Quieres que te diga lo que va a pasar?

Que te vas a arrepentir de esta afrenta por el resto de tus días.

Advertido quedas.

Y ahora, fuera de mi casa.

-¡Vamos!

#La virgen del Pilar dice que no quiere ser francesa,

#que quiere ser capitana... de la tropa aragonesa. #

Francesa nacía yo y me la guillaba para París para no oírte.

-¡Ay, Lolita! ¡Canta conmigo,

que hace un día para dar el do de pecho!

-Lo que tengo yo es una pechada de faena

y un dolor de mollera que para qué.

-¡No me digas que no te sabes esta jota! Bien bonita y alegre que es.

¿Sabes que yo tengo sangre aragonesa?

Por eso de ahí mi forma de ser bravía, sana, llena de fuego.

-Y de palabras, que no calla usted.

-¿Qué dices, que no te escucho?

(APORREA EL PIANO)

Siento los desvelos, y los sinsabores que les creo.

A ti, Liberto, a Leonor, y...

y, sobre todo a usted,

doña Susana.

Pero no me harán claudicar.

Daré su merecido al coronel y encontraré a Elvira,

aunque baje el mismísimo San Pedro a decirme

que ha cruzado las puertas del cielo.

-¡Simón!

No añadas blasfemias a tus pecados, no te lo voy a consentir.

-Habrá de consentirme, pues, que siga con la esperanza

de que mi amor está viva.

Y juro por Dios que la voy a encontrar.

-"Yo, lo que te digo",

es que desde que Simón le arreó al coronel,

al tal se le ha agriado el carácter mucho más, que digo yo,

que ha pasado de quesillo a cuajada.

-Le endiñó pero bien, ¿no? -Pues sí.

Le arreó más palos que a una estera, o al menos eso parece,

por la facha que presenta el susodicho.

-Ay, el Simón, que se va a meter en una pendencia muy gorda.

-Descomunal. Fíjate tú, si el coronel

no ha tenido compasión con su propia hija,

¿cómo la va a tener con un criado?

-Pues ninguna, ni pizca, vamos. Va a engrilletar al Simón.

-O le va a pegar un tiro entre ceja y ceja.

Hombre, es que es de gatillo suelto.

Como todos los soldados.

-Ustedes que tienen predicamento sobre el muchacho,

deberían pedirle que mantenga la calma

y que deponga su actitud de inmediato.

De otra manera, esta tragedia que nos salpica,

puede no haber hecho más que empezar.

-De eso hablábamos, don Ramón.

De seguir así,

Simón va a acabar poniéndose la soga al cuello.

-Mucho me temo...

que la soga ya está alrededor de su gaznate, doña Susana.

-Don Arturo.

-Vino a visitarme hoy mismo.

Quería preguntarme si yo había escuchado

golpes y ruidos airados que provenían de su casa.

-Dios mío. ¿La pelea?

¡Quiere testigos!

¿Tú qué haces aquí?

-Pues nada, que he venido a hacerle unos recados al coronel.

-Dile que quiero verle.

-Imagino que no viene a interesarse por mi estado.

-He encontrado unos trajes de hace unos años

y, me están que ni hechos a medida. Ya ve usted,

como un guante me sientan.

-Sí, efectivamente, don Ramón,

le quedan como un guante, pero de ajustado.

-Ya se lo decía yo.

El caso es que he debido crecer, porque yo recordaba

como que las hechuras me estaban más holgadas.

-Sí, seguro, seguro, si yo no lo dudo.

Esto,...

¿qué le parece si probamos con algo de este siglo?

-Lo ve un poco anticuado, ¿no? -Por ponerle un adjetivo.

Quizá debería atreverme con diseños más actuales,

¿verdad? -Eso es, justo.

Vaya a quitarse eso, no le vaya a entrar una apoplejía.

-No veía el momento.

Me disculpe.

Señora, estoy un poco dolorido y quiero descansar.

¿Qué quiere de mí exactamente?

Que no le denuncie.

Le pido por favor que tenga piedad.

Y no vaya a la policía.

Él no le molestará más, se lo prometo.

Se lo juro

por mi hijo, que es lo que más quiero en el mundo.

Y yo le estaré eternamente agradecida.

Simón...

es un muchacho que amó

con locura a su hija.

Y ahora se haya roto por el dolor.

Por favor se lo pido, sea magnánimo.

No le condene a la cárcel.

No puedo por menos que entenderte, Simón.

-¿Te ha puesto al día Leonor de mi visita al coronel?

-Sí.

Y repito, entiendo tu rabia.

Yo muchas veces he sentido también que no he podido controlar

mi temperamento,

y me he metido en líos por actuar de manera impulsiva.

-Le hubiera matado, Pablo.

Y no creo que luego hubiera sentido un ápice de remordimiento.

-Bueno, por ventura, la sangre no ha llegado al río.

Y tú, ahora, no eres un asesino.

Porque hubieras destrozado tu vida y no se la hubieras devuelto a Elvira.

-No, no se la devolvería porque está viva.

-Simón, te voy a decir una cosa, esa paliza que le has dado al coronel,

le da argumentos para destruirte. -¡Ese malnacido ya me ha destruido!

Ha roto mi corazón y mi esperanza.

-Pero piensa en doña Susana. Actúa con cordura.

Fuimos novios en Cabrahígo.

Y ahora campas por casa de mi esposo como Pedro por su casa.

-Uy. Menudos palabros has aprendido en la ciudad, chata.

-Los mamporros no los he olvidado, Benito.

Así que, que corra el aire, que le debo un respeto a mi esposo.

-¿Acaso estamos haciendo algo que se lo falte?

-No. Pero te conozco como si te hubiera parido.

Y tú quieres algo más que jugar. -Mujer.

Jugar quiero, pero... -¿Lo ves?

Si es que la cabra tira para el monte.

Y yo sé perfectamente lo que te tira más que dos carretas.

¿No será que no me quieres cerca...

porque aún te hago tilín?

-(RÍE) Ni en sueños, Benito.

Soy una mujer casada.

Muy casada, y felizmente casada.

-Me da que tanta afirmación... -¿Qué?

...va a indicar todo lo contrario. -¡Cuánto bueno por aquí!

Benito, campeón.

-¿Campeón? -"Buenas tardes".

-No tan buenas, me temo.

Señor Gayarre, he venido a detenerle por la agresión al coronel Valverde.

-Lo imaginaba.

Disponga.

-Pero ¿esto es necesario?

-Lo siento.

-¿Qué sucede?

Pero ¿qué está pasando aquí, en mi casa?

¿Dónde se llevan a este joven?

-Doña Susana, no se apure, por favor.

-¿Cómo que no? Comisario,

pida que suelten a este muchacho. -Está detenido y usted sabe por qué.

Tan fuerte que parecía, y ahora es un saco de patatas.

Camine.

Por piedad, señora, que yo no puedo más.

Detengámonos una miaja, si no tendrá que cargar conmigo también.

¿Quieres que nos descubran? Ponle arrestos y sigue.

Que no puedo más, señora. De veras que no.

Yo necesito recuperar el aliento.

Menuda ayuda me he procurado.

Vamos a sentarnos en ese banco, como si fuéramos paseantes.

O sea, que se van pasando ustedes a Rosina de vecina en vecina.

Como lo oye.

Susana me la endosó sin mucho disimulo.

Y como siga dando la murga en mi casa,

va a tener que buscarse otro acomodo.

Señoras.

Celebro escucharlas reír.

¿Te encuentras mejor, Teresa?

Algo, gracias.

Mucho mejor.

Nuestra Teresa va a volver a ser la misma en nada, ya verá.

Eso no. Nunca volveré a ser la misma.

Les traigo noticias que de seguro les insuflan fuerzas.

Bienvenidas sean.

Resulta que hemos descubierto que Cayetana nunca abandonó el barrio.

-"Por todos los santos del cielo, hija".

"Me tienes en un ay".

Tú con tus paciencias. Suélteme.

Perdón, hija, pero es que no me llega la camisa al cuerpo.

¿Qué has hecho con Úrsula?

¿Me ves a mí con ganas de charlar contigo?

No me hables con tal desaire,

que me estoy jugando la honra y el gaznate por ti.

Si no quieres perder ambas, tenemos que ser rápidas.

Ya te contaré todo lo que tienes que saber.

Y cuanto menos sepas, mejor.

Lo hago por protegerte.

¿Entiendes?

¿Qué hacemos ahora?

Primero separarnos, no han de vernos aquí.

¿Tú no vuelves conmigo para casa? ¿Estás loca?

No.

Yo me voy. Me tengo que esconder hasta que todo pase.

No voy a volver al barrio a enfrentarme a todos los vecinos

y a sus hocicos hambrientos,

y menos, a las acusaciones de Teresa.

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  • Capítulo 531

Acacias 38 - Capítulo 531

06 jun 2017

Mauro encuentra a Teresa y pide ayuda a Celia y Felipe. Ramón se entera de que Benito fue novio de Trini. La pena por la muerte de Elvira se extiende por el barrio, todos están preocupados por Simón. Víctor consigue escaquearse de pagar el primer adelanto al pintor. Simón le da una paliza a Arturo.

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    Capítulo 593 04 sep 2017 Operan a Jaime de urgencia. Consternación e impaciencia en casa de los Alday. Víctor y María Luisa evitan que Simón cometa una locura tras ver el retrato de Elvira y le convencen de qu...

Añadir comentario ↓

  1. Laile

    La serie debería llamarse "crímenes sin castigo" y "nacida para sufrir" jajajajaja

    29 ago 2017
  2. isabel

    Pues a mi me encanta es cierto que hay capitulos mas aburridos pero muchos entretenidos ha pasado siempre en todas las series por mi para adelante un saludo

    23 jun 2017
  3. Lucí

    Gracias por cambiar de horario. Y por seguir con el mismo estilo. Ya deje de ver esta novelita. Aburre como ella sola. Eso sí, por favor les pido que avisen cuando termine la serie, a ver si empieza otra mejor. Gracias

    14 jun 2017
  4. Pilar

    Le diría a Saro que los personajes centrales son los más importantes y que la novela es ,ademas de un bodrio muy malisssssima

    09 jun 2017
  5. Carmen

    Rossana en USA se tiene TVE, atresplayer con Direct TV,Dish, así que se puede ver series. Yo las veo en USA. No se puede por Internet por que muchas veces no permiten ver fuera de España.

    08 jun 2017
  6. ads

    A plena luz del día, que Cayetana y su madre llevando a Úrsula agonizando, hayan podido salir del edificio sin ser vistas por nadie y llegar a las afueras NO SE LO CREEN NI LOS GUIONISTAS. Por favor, arreglenlo en los próximos capítulos, que los espectadores no somos tontos. En cuanto a Teresa, una de dos, o espabila ya o la quitan de enmedio, que no puede estar más cansina dando vueltas al mismo tema en cada capítulo. Esta serie necesita más frescura, nuevas tramas por favor!!!

    07 jun 2017
  7. Aline

    Yo ya no pierdo do el tiempo en verla, cada da dia q pasa mas líos y cayetana sigue saliendose con la suya q es muy fuerte... La estan enredando cada vez mas, historias sin fin, sin principio sin pie ni cabeza, resucitan todos los muerto menos a los q yo consideraba protagonistas Manuela y German... Fatalllllllllll

    07 jun 2017
  8. Carmen

    Anda YA !!! ENTRAN EN UNA CASA VEN SANGRE ...CUERDAS... UNA MORDAZA Y UN VASO TIRADO POR EL SUELO ( QUE A BUEN SEGURO TIENE RESTOS DE VENENO...) Y URSULA DESAPARECIDA... JOLIN Y AHÍ SE QUEDAN PASMADOS SIN METER A CALLETANA EN CHIRONA?? ESO LO ENCUENTRAN EN CUALQUIER SITIO Y VAS A CHIRONA DEL TIRON. CUANDO ACABA EL CONTRATO DE Sara Miquel?LO DIGO PARA VOLVER A VERLA AVER SI SE VA DE UNA VEZ ...MIENTRAS CREO QUE ME VOY A DAR UN DESCANSO...QUE CASINA POR DIOS.LO MISMO ES FAMILIA DEL GUIONISTA PORQUE NO SE ENTIENDE SE VAN A CARGAR A TODOS LOS ACTORES Y ELLA AHÍ.

    07 jun 2017
  9. Angela

    Liberto se acaba de llamar joven ?? Se le nota que no anda demasiado lejos de los 40 .....

    07 jun 2017
  10. Rosa

    Es una serie que empezó buenísima. Pero ahora es todo lo contrario malísima, no puedo verla entera tengo que ir.haciendo zapping porque ya no la aguanto . Lástima.como se la han cargado. Y por si fuera poco el cambio de horario

    07 jun 2017