www.rtve.es /pages/rtve-player-app/2.12.2/js
4026942
No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 519 - ver ahora
Transcripción completa

¿Sabes algo de Úrsula?

Ni yo ni Teresa podemos ahora ocuparnos del colegio.

Y ella es la única que conoce los entresijos de la institución.

¿Harás por encontrarla?

Naturalmente.

Faltaría más. Si es por esa causa,

ten por seguro que te la traeré.

Gracias.

Ay. "Cayetana estuvo detrás"

de la muerte del muchacho.

No apresure conclusiones. Nada avala esa tesis.

Desengáñese, Felipe.

Teresa no va a volver a ser feliz después de todo esto.

Cayetana tiene que pagar.

Es nuestra única oportunidad de ser felices.

-Voy a pedirle a Elvira que se case conmigo.

-¿Ya? -Sí.

Cuánto antes. Primero, porque nos queremos.

Pero también hay más.

Cuando seamos marido y mujer,

don Arturo ya no podrá hacer nada. Perderá la potestad sobre su hija.

-"¿Qué me dices?".

¿Nos vamos a dar un garbeo?

-(DUDANDO) No.

Prefiero quedarme en casa.

-No me lo creo. Ni que se estuviera escondiendo.

-No, no es eso.

¿De quién tendría que esconderme?

No me apetece. -Venga, hombre.

Si hasta tu hermana lo está deseando. Diga lo que diga.

Se lo noto en los ojos. -Bueno, de acuerdo.

Pues saldremos.

Dadme un minuto, que me arregle. -"¿Me concede este baile?".

Ya te he dicho

que no me gusta que me... ¡Chist!

-"Llevo todo el santo día"

intentando dar con usted.

-¿Por qué motivo?

Que recuerde, usted y yo no tenemos asunto alguno pendiente.

-No es por mi interés por lo que la busco.

Es un encargo de Cayetana.

-¿De veras?

Tiene que ayudarme, Soler.

Necesito atrapar de una vez a esa mujer.

Y es el único que tiene acceso a ella.

¿Me va a ayudar?

"¿Quieres ser mi esposa?".

Sí.

Sí, claro que acepto.

Nos casaremos cuanto antes.

Necesito sentarme. No. Tú todavía

no te sientas.

Entiendo las ganas que tiene

de atrapar a esa señora. Pero...

Es por una buena causa. Vd. lo sabe bien.

Sí, no lo niego.

La señora Sotelo Ruz es una asesina.

Al menos, en potencia. Pero compréndame a mí.

Tengo otras responsabilidades, otros casos que resolver.

Miedo, eso es lo que tiene.

No sea usted injusto. A la vista está, Soler.

Se ha medido usted

con ella, no lo niego. Pero se está echando atrás.

He hecho lo que me ha dicho, eso bien lo sabe.

¿Pero de qué ha servido? No ha servido de nada.

Doña Cayetana es más lista, más rápida y más sagaz que yo.

Yo no soy el hombre apropiado. Claro que lo es.

Por eso puse mi confianza en usted. No se rinda ahora, se lo ruego.

Mire, vuelva a esa casa.

Enrédela, búsquele las vueltas,

pero tráigame alguna prueba.

Le estaría agradecido. ¿Pruebas de qué?

Ya vio usted que retiró la orden de matarle a usted y a doña Teresa.

Necesitamos algún indicio de que tuvo que ver con la muerte del niño.

Es un hecho, pero necesitamos confirmación.

Mire,

puede pensar que yo soy un cobarde, no se lo voy a discutir.

Pero no me voy a enfrentar a Cayetana.

Ya no.

Ni siquiera tengo la cobertura. Vería mis intenciones.

Ya encontraremos cobertura, Soler.

Le daré un motivo para ir a volver a verla.

Esta vez no. Me descubriría, estoy seguro.

Y no solo mi vida,

sino la de mi familia estaría en peligro.

Lo siento de verdad.

¿Me va a dejar solo frente a ella?

Abandone, comisario.

Se ha equivocado demasiadas veces contra ella.

No tropiece con la misma piedra.

No se obceque, don Mauro.

Sea usted sensato.

Don Mauro.

Pase, Úrsula, por favor.

Siéntese.

Me siento muy intrigada por su deseo de habar conmigo.

Si no recuerdo mal, la última vez que nos vimos

me pidió usted que desapareciera de Acacias. Es más,

me amenazó si no lo hacía.

Lo sé.

¿No le ha dicho la buena de Susana cuál es el motivo de mi interés?

Vamos, a otro perro con ese hueso.

¿De verdad trata de que yo me crea que me necesita para el patronato

y el colegio?

A usted le traen al pairo ambas instituciones.

Sí. En eso no nos diferenciamos tanto.

Infórmeme, por favor, de sus pretensiones.

De acuerdo.

Sí, la necesito. Necesito su apoyo.

Incluso diría que necesito su... comprensión.

¿Desde cuándo ha necesitado usted paños calientes?

Le seré sincera. Si quiera una vez.

No sea sarcástica, se lo ruego.

Mucho mejor así.

Usted ha sido

mi cómplice.

De hecho, ha sido la única que ha sabido serlo.

También es la única que me conoce de verdad.

Y la única

que entiende mis motivaciones y mis actos.

¿Necesita usted comprensión?

Puede usted no creerme, si quiere.

Pero le soy sincera cuando le digo que me atormenta

lo que le hice a esa criatura.

Me levanto por las noches sudorosa, aterrada.

No es un pecado cualquiera.

Tal vez ha llegado usted a su propio límite.

Mete el dedo en la yaga. No he terminado.

Es usted una superviviente.

Alguien que ha sabido responder al sinsentido de la vida con fuerza.

Esas pesadillas de las que me habla

acabarán desapareciendo.

No se asuste.

Eso la hace débil.

Eso intento, Úrsula.

Intento no dejarme llevar por mis terrores

y aferrarme a la realidad con uñas y dientes.

Dese prisa, o la situación se volverá en su contra.

Lo sé. De momento,

he conseguido que todos los vecinos estén de mi parte.

Están convencidos de que las acusaciones de Teresa

demuestran que la enajenada es ella.

No era tan difícil.

Con esa pistola en la mano

era la pura imagen de la demencia. Así es.

Y yo también me he mostrado comprensiva

con la que parecía ser mi asesina.

Todos se lo han tragado, incluso Celia, que está de mi parte.

No es una mala aliada Celia.

Tan cándida,

tan benévola e indulgente.

Si Celia está de su lado,

le transmitirá parte de su inocencia.

Sí. Supongo que sí.

Pero...

hay un cabo suelto que puede acabar señalándome.

¿Qué es?

Cometí un error.

Cuando Teresa me estaba apuntando con el arma, cometí un grave error.

No le dé más incertidumbre al momento.

Sabe que soy alguien que no se deja impresionar.

¿Qué error es ese que la tiene casi temblando?

Cuando estaba a merced de Teresa,

el pánico me hizo hablar de más.

¿Perdió usted la compostura?

Dije ciertas cosas que, si Teresa logra hilar,

son suficientes para condenarme.

La creía a usted más bregada en estas lides.

¿Cómo se ha dejado amilanar de esa manera?

Me estaban apuntando con una pistola.

Estaba convencida de que moriría.

Craso error. Su silencio es su mejor arma para ocultar sus crímenes.

Por un momento, perdí el control.

Y hablé de ese absurdo mundo que andaba inventando Tirso.

No me parece de mucha enjundia. Se equivoca

de medio a medio.

Le hablé a Teresa de un guardián que abría las puertas

del país del Ámbar, el guardián del sol.

Era el final que acababa de inventar Tirso.

Un final que solo conocían Teresa y el niño.

Quiere decir que...

si usted conocía el final del cuento,

eso la delata.

Indica que estuvo usted con el niño

en sus últimas horas.

Y que pudo usted asesinarlo.

Si Teresa es lo suficientemente lista y ata cabos,

está usted perdida. Sí.

Y me temo que lo es.

Pero no me ha llamado usted para contarme eso.

¿Qué es lo que quiere?

La única manera de evitar que Teresa descubra mi error

es acabar con ella.

Eso no es nada fácil.

Es imprescindible

que le callemos la boca. Y tenemos que aprovechar

este momento de debilidad por el que pasa.

Es muy peligroso.

Mauro está con ella. La está protegiendo de sol a sol.

Tenemos que hacerlo, sea como sea.

Es el último favor que le pido.

¿Y por qué no lo hace usted?

No sería ni su primer crimen ni el último.

No le rogaría esto si tuviera otra opción.

Dados los últimos acontecimientos, estoy vigilada.

Es la única en la que puedo confiar.

Úrsula,

le garantizo que si hace lo que le pido,

tendrá todo el dinero que necesita

para ser la señora que quiere ser.

Yo ya soy una señora.

Y no necesito su dinero.

Tengo más del que se puede imaginar.

Úrsula,

la necesito.

Teresa, sosiéguese.

Se está moviendo más que si fuera un perro lleno de pulgas.

Hace ya tiempo que Mauro se fue. ¿Dónde ha ido?

Lo ignoro completamente.

Pero le ruego que se serene, Teresa.

De nada le va a valer que le den todos los calambres.

Compréndalo.

Sé que Mauro sería capaz de hacer cualquier cosa por ayudarme.

Es que está muy afectado por verla tan descompuesta.

Así es.

Por eso temo que haya decidido rematar la venganza contra Cayetana.

Ruego a la Virgen que no le permita hacer semejante barbaridad.

Le creo capaz de cualquier cosa.

(Puerta abriéndose)

Buenas tardes,

doña Celia. Buenas.

¿Cómo estás, mi amor?

Gracias a Dios que estás aquí. Temía que hicieras cualquier locura.

No será por falta de ganas.

Pero tengo que ser frío si quiero atrapar a esa endriaga.

Le agradezco que cuide

con tanto celo de Teresa, doña Celia. Es una gran amiga.

No es para mí molestia alguna. Bueno,

no queremos entretenerla más. Tendrá asuntos que resolver.

Por fin te veo levantada.

Voy a tener que irme para conseguir que te recuperes.

Te equivocas. Los nervios me mantienen en pie.

Yo te he traído estos bartolillos,

a ver si consigo abrirte el apetito.

Teresa.

Al final te has animado a salir.

¡Al suelo!

De rodillas.

¡Eres una asesina!

¡Has sido capaz de matar a un niño indefenso!

Ha llegado el momento de saldar las deudas pendientes.

¿Cómo quieres que le haga algo a Tirso?

¡Yo le quería!

Si la matas, morirás con ella.

Dame la pistola.

(Disparo)

Teresa, haz un poder y come algo. Te va a sentar bien.

Soy incapaz de comer nada.

Deja de darle

al magín.

Esos recuerdos son demasiado dolorosos.

De nada de ayuda martirizarte con ellos.

Soy incapaz.

Tengo la sensación de que...

cuando apuntaba a Cayetana, algo importante ocurrió.

Sé que cometió un error, pero...

soy incapaz de dar con él. Estás afectada

por lo que ocurrió.

Sé que está ahí.

Puedo verlo en su mirada, pero...

soy incapaz de ordenar mis ideas y dar con la clave.

Mi amor,

deja ya de torturarte.

Y come algo.

Vamos.

"En mi vida he visto a alguien que tarde tanto"

en salir a la calle.

¿No va todo el mundo corriendo en Nueva York?

-Ay, vamos, hombre, date un poco de prisa.

Vamos a perder la tarde aquí. -No comprendo tantas prisas.

Con lo bien que se está en casa. -Sí que te han cambiado en América.

Antes no parabas un día quieto. Venga.

¿Pero qué haces así, embozado? ¿Acaso tienes frío?

Vamos. -No quiero constiparme.

Los cambios de clima son muy malos. -Ya te acostumbraste en el barco.

-Nunca se sabe. Andar prevenido no está de más.

(LAS DOS) ¡Antoñito!

Ay, qué alegría.

Quién lo diría. Te has convertido en todo un caballero.

-Hace más de cinco años que no me ve, no me extraña su sorpresa.

-¡Ay! Cómo pasa el tiempo. Nos hacéis viejos.

-Anda, no diga eso.

Que tiene la misma donosura que cuando me marché.

Usted debe de ser el esposo

de Leonor, que se ha casado.

-Pues no.

Soy el esposo de doña Rosina. Matrimonio en segundas nupcias.

-Bueno, pues es usted un hombre muy afortunado.

Es de las mujeres más agraciadas de Acacias.

-Por supuesto que lo soy.

-Veo que van con un mozo. Me barrunto que tienen asuntos

que resolver. No se entretengan. -Antoñito.

No, no, no.

Que él es Pablo, mi marido.

Pero carga con mis bártulos. -Así soy yo.

¿Qué tal? -Bueno, pues...

Parece que no estoy muy acertado esta tarde.

Confieso que les tengo envidia.

Soy un admirador de doña Rosina y su hija.

-Eres un encantador

de serpientes, que siempre te salías con la tuya.

-No. Lo que digo es tan cierto como que el sol sale por Oriente.

Es afortunada de seguir siendo tan guapa y simpática.

-¿Y para cuánto vienes?

¿Te quedas o es una visita fugaz? -Bueno,

soy como un barco, dependo de cómo soplen los vientos.

-Pues espero que te quedes mucho.

Tu padre se ha alegrado muchísimo de tu regreso.

-Él y doña Trini, que estará contenta de conocer a su otro hijo.

-Nos tienes que contar tus cosas de los viajes.

¿Cómo es la vida por esos andurriales?

-Tendrá que ser en otro momento.

Tengo asuntos que resolver en casa, así que...

-Pero si acabas de salir.

-Qué raro.

De niño siempre por la calle.

-Sí, eso mismo pienso yo.

-Hace mucho que no viene y debe resolver asuntos.

¿Les invito

a un chocolate en La Deliciosa? -Claro que sí.

-Vamos para dentro.

(ACENTO AMERICANO) ¿Conoces a este hombre?

Hasta el moño estoy del petimetre este del Antoñito.

-Sí te has cansado pronto de él. Lleva aquí

un suspiro. -Lo suficiente

para ponerme negra. Todo el día con sus pejiguerías y caprichos.

100 veces he planchado

el cuello de sus camisas. -Me parece chocante.

El Antoñito era más majo

que las pesetas. -Se echó a perder.

En el extranjero

no se saca nada bueno.

-"Señá" Fabiana, ¿y cómo está doña Cayetana?

Me figuro que, después del susto, ha tenido que limpiarle a fondo

las enaguas. -No me seas ordinaria.

El asunto

no es para tomárselo a chanza. -Perdone.

Como no se habla de otra cosa, a una le da por preguntar.

-Como para no hablarlo.

Faltó nada para que eso acabara peor que la guerra de Cuba.

-El oremus que ha perdido la pobre de doña Teresa.

No ha podido con la pena

de perder a esos chiquillos.

-Mi señora está en un "ay" desde entonces. Ha ido

a hacerle compañía. A ver si se cuenta algo.

-Mejor sería encerrarla en un manicomio y tirar la llave.

Esa mujer no debe andar suelta. -Pobrecilla.

Que no creo que tuviera motivos para hacer tal disparate, pero a saber

qué está pasando.

-¿Qué va a pasar?

Que doña Teresa ha perdido el seso, ni más ni menos.

¿Es poca locura acusar a doña Cayetana de matar a Tirso

y querer dispararla?

-Sí que es un buen disparate.

Cuesta creerlo, con lo buena que ha sido siempre.

-No hay peros que valgan.

Ojalá encuentre un buen médico que le devuelva

la cordura. -Es que no es para menos.

Tenía un chiquillo y un esposo. Y ahora

no tiene nada.

-La pobre es digna de lástima.

Por el mismo trance pasó doña Cayetana y aquí nadie

fue capaz de compadecerla.

Después de bailar, me pidió que me casara con él.

¡Ay!

¡Qué emoción! ¿Y qué contestaste? -Que sí. ¿Qué va a responder?

-Ah. Y os estoy

muy agradecida a Víctor y a ti de que ayudarais a Simón.

No hay de qué. Lo hicimos encantados.

-Bueno, ¿y qué?

¿Para cuándo la boda?

En dos días estaremos ante el altar.

¿Tan pronto? Pero eso es imposible. Simón ha tenido

otra cómplice: doña Susana.

Medió con el párroco para que nos case.

-Pues mira, que me parece muy bien. Las cosas cuanto antes, mejor.

Es hora de que te des un buen achuchón con tu amado.

-Trini, no sea tan descarada. -Ni tú mojigata

Sé lo que tardas en subir a casa cuando Víctor te acompaña.

Y no estaréis hablando.

Ay, en fin...

¿Qué nos ponemos?

No hay tiempo de encargar los vestidos ni de compraros un regalo.

-No hay tiempo de nada.

¿Cómo pretendes organizarlo tan rápido?

Pues no lo sé.

Pero cuento con dos amigas que me echarán un cable.

Si no les parece mal, ustedes. Qué nos va a molestar.

Estaremos encantadas de ayudarte. Ahora, eso sí,

tenemos que ir volando a prepararlo todo.

-Lo primero es buscar el vestido de novia.

Estarás preciosa. -No. Lo primero, quién va a asistir.

A ver, María Luisa, tú que has estudiado,

serás la escribiente.

Elvira, niña, dinos, ¿quién quieres que vaya?

Pues ustedes, por supuesto. Bueno.

Doña Rosina y su familia.

Doña Susana.

¿Y no piensas decirle nada a don Arturo?

Terminará enterándose.

No voy a invitarle.

Elvira, hija,

piénsatelo. Que, a la postre, sigue siendo tu padre.

Bien lo sé. Pero no voy a permitir que arruine mi boda.

Jamás aceptaría verme casada con quien fue su mayordomo.

Quizás María Luisa

tenga razón y lo mejor será empezar por el vestido de novia.

-No creo que doña Susana tenga tiempo de nada.

Hablaré con ella.

A lo mejor alguien puede dejarme un vestido y arreglármelo a tiempo.

-Seguro que sí.

Esa mujer hace milagros. Y una cosa.

Quisiera enviar una invitación al convento.

Me encantaría que Adela estuviera.

No sabemos si le darán permiso para salir,

pero por intentarlo nada perdemos.

Rezaré para que le dejen salir por un día.

Entre elecciones y disturbios este país se va al demonio.

-Las elecciones se las lleva Sagasta de calle.

-Normal, está todo amañado.

No sé para qué se empeña en que votemos.

-Para justificarse en el puesto.

-Vaya, te veo muy informado. -Qué remedio.

Servando me lleva loco con asuntos de política. Y eso que no sabe leer.

-Es mejor vivir en la ignorancia que hacerse mala sangre.

(Estornudo)

-No deja de estornudar

ni un segundo. La tiene de un humor de perros.

-¿Y cómo voy a estar contenta?

No puedo dar ni dos pasos sin estornudar.

-Mejor me voy al casino a leer.

Tendré menos ruido.

¿Pero no estás mejor, gitana mía? -No.

Y menos cuando llego a casa y veo al gorrino campando a sus anchas.

-Rediez, y eso que lo tenía bien escondido.

-No callado. Entre los "oing, oing" y los estornudos, blanco el cántaro.

¿Cómo se te ocurre a ti

dejarlo en la casa con la reacción que me da?

-Me da mucha pena. No tengo coraje para matarlo.

-Válgame Dios. ¿Tú no has estado en la guerra?

¿Y qué hacías allí?

¿Convidabas a almorzar al enemigo?

-Eso era distinto, mujer.

No te miraban con esos ojos de lechoncito.

Tiene nombre. Ignacio, como un primo

de Granada. -Si es que

eres más tierno que el plan blanco.

Pero no se puede quedar, se tiene que marchar.

O al final, la que la va a palmar voy a ser yo.

-Igual en unos días te haces a sus pelos y no estornudas.

Ignacio es más listo que el hambre.

Le he enseñado a tumbarse y me da la patita.

-¿Has perdido el oremus o qué?

¿Cómo nos lo vamos a quedar?

¿Has pensado en qué decir a doña Rosina cuando lo pida?

Le has dicho que se te ha escapado y anda por ahí.

-Le pones un pavo, un pollo o lo que sea. Eso da el pego.

-Oye,

pues sí es verdad que doña Rosina tiene menos paladar que un borrico.

Pero no, no, no.

De un pavo a un cerdo va un trecho.

(ESTORNUDA)

-Venga, mujer, haz un poder.

Reconoce que es el animal más cariñoso que has visto.

-Martín, si yo no te digo lo contrario,

pero un cerdo está para alegrar una mesa,

no para andar escondido en las casas. -Puede que tengas razón.

Pero me voy a morir de pena cuando nos deje.

Quitándote a ti, no he conocido un ser más noble.

-Debo ser más tonta que el que asó la manteca.

Pero sea,

voy a hacer un poder para quedarnos al bicho.

-Te aseguro que no te arrepentirás. -(ESTORNUDA)

-He terminado. Voy a regar las plantas del jardín.

(RÍE)

-(ESTORNUDA)

Estoy inquieta por Teresa.

Está muy alterada y no sé por dónde puede salir.

-Bueno,

deberías confiar en Mauro. Seguro que la controla.

-Pues ese es el problema, que no termino de fiarme de su buen juicio.

(Pasos acercándose)

-Con esto de servir en las dos casas corro más que un cerdo en San Martín.

-¡Ay! -Me dan esto para Vd.

De parte de la señorita Elvira.

-Parece una invitación de boda.

"Elvira y Simón...". ¡Ah!

Nada menos que para mañana.

-¡Ay, que se nos casa el Simón! ¡Se nos casa!

-Y sin perder nada de tiempo.

-Yo lo sé desde ayer. Y no he parado de hacer cosas.

-Ojalá que sean

la mar de felices. Que han pasado las de Caín.

(Puerta)

-Qué ilusión.

Por fin algo les sale bien a estos pobres desdichados.

-(SUSPIRA)

-Buenas.

Veníamos a interesarnos por Teresa.

-Buenos días.

-Buenos días. -Sentaos.

-¿Cómo la encontró usted ayer?

-Teresa está muy afectada.

Tratando de recuperarse

de este ataque de locura que sufrió.

-Mejor. Que se recupere pronto.

Porque yo no estoy a gusto saliendo a la calle mientras la sepa libre.

-No creo que sea para tanto.

-Díselo a Cayetana.

Menudo susto que se llevó.

-Lo que pasó

no es asunto baladí.

Entiendo que Cayetana no quiera denunciarla.

Pero esa mujer es un peligro para todos los vecinos de Acacias.

-Con lo fue Cayetana para ella.

-Se le ha olvidado

que la salvó del fuego.

-Cómo la acogió en su casa.

A ella, a Fernando, a Tirso. Si hasta cedió su propia habitación.

-Es una ingrata. Cayetana se ha desvivido por ella.

¿Y ella le paga así?

-Me resulta de lo más curioso ver cómo ustedes se defienden entre sí.

-Es nuestra amiga.

¿O acaso piensa que no tenemos razón? -Por supuesto que la tienen.

Sobre todo, porque es siempre mejor

estar del lado de doña Cayetana.

Tienen experiencia en estas lides,

y yo voy a imitarlas.

Apoyaré a doña Cayetana más que nunca.

Pasan los días y permanece igual.

Ha de tener paciencia y esperar un poco más.

(RECUERDA) "Confiesa lo que has hecho".

Teresa, deberías bajar el arma

y rezar.

Eso es lo que he hecho yo.

Rezar para que el guardián del sol

abra la puerta del paraíso a Tirso, el paraíso

que él imaginó, en el que quería estar con los que le queríamos.

No tienes derecho a hablar de él.

"¡No tienes derecho!".

Teresa, mi amor,

¿sigues perdida en tus pensamientos?

No, no estoy bien.

Sigo dándole vueltas a lo mismo. Tengo la certeza

de que hay un cabo suelto, pero...

no consigo dar con él.

Mejor harían en dejar pasar esto.

Es una suerte que nadie

denunciara lo que pasó. Ahí lleva razón.

De ser así, estaría detenida.

¿No sería mejor aprovechar esa libertad

para alejarse de Acacias? Aquí lo tiene todo en su contra.

De ninguna de las formas vamos a dejar a Cayetana sin castigo.

Estamos en un punto que ya no admite retorno.

¿Cómo puede recomendarme eso, Felipe?

¿Es que no lo entiende?

¡Cayetana mató a Tirso! Ella es la asesina.

Nadie te discute que merezca un castigo.

Felipe solo trata de aconsejarnos.

Mírame.

Es mejor que te sosiegues.

Siento mucho si le he hacho perder los nervios.

No, no se disculpe.

Yo ya no sé cómo tratarla tampoco. Aunque la entiendo completamente.

¿Qué piensa hacer ahora?

Pues le confieso

que me encuentro totalmente perdido. No sé cómo continuar.

Es la primera vez

que le veo sin alternativas. Espero un milagro.

Ni siquiera soler está dispuesto

a seguir ayudándome a cazar a Cayetana.

Mauro, insisto en que puede que sea el momento de retirarse.

Eso es imposible.

Ya ha oído a Teresa.

Si a ella le come la rabia,

a mí me devora la impotencia de no hacer nada,

absolutamente nada.

Bonito capricho el del niñato este.

Con lo pesado que es hacer la tarta de Cabrahigo.

Lleva más manteca que un cochino. ¡Ay!

-Eh.

-A las buenas.

-Muy buenas. Ahí tienes los periódicos que me pediste.

-A buenas horas. Ya podían ser los de la tarde.

No juntan ni medio hombre.

-Estamos de buen talante.

-Se ha levantado con el pie izquierdo.

Y con el pinrel que calza, se le habrá puesto mal el lácteo.

-No me toque las palmas, que no estoy para fiestas.

Frita me tiene el don Antoñito.

Protesta por no tener la prensa en la mesa a primera hora.

-Más esperó mi madre para que yo naciera. 36 horas de parto.

-¡Ay! Pues eso

díselo al señorito, que ha venido... ¡Quieto ahí!

Con unas ínfulas

y con unas exigencias...

Si el caso es que es simpático el gachó.

Pero a la que te descuidas, zas, te pide un capricho.

-Es que se está aprovechando de tu buena voluntad.

Por lo del puñetazo te ha puesto a su servicio.

Y lo peor es que doña Trini le tiene más mimado que a un niño tonto.

Como doña Celia me presta como una bayeta usada,

me caen palos de todos lados.

-No te metas con tu patrona, que es de lo mejorcito que hay.

-No lo pongo en duda, pero me ha metido

en un berenjenal de los gordos con esto de tener que atender a ese.

-Tampoco... No exageres. Mira, el Antoñito,

cuando era pequeño, era la alegría

de este barrio. -Se ha echado a perder,

como las ovejas viejas, que ni dan leche ni sirven para carne.

Tiene unos ojos bonitos

y buena planta.

Pero que es como un crío consentido. -Vamos a ver.

No me entra en la mollera que sigas atendiéndole.

Tú ya has pagado por tus culpas.

¿Por qué sigues corriendo de casa en casa?

-Pues tienes más razón que un santo.

Voy a hablar con doña Celia. Ya está bien de hacer el canelo.

-Suerte con doña Celia, que es oro molido, pero señora.

-Ya se conoce el dicho:

"Favor de señores y temporal de febrero, poco duradero".

-Eso ya se verá.

Y el que vuelva a coger una almendra, le corto la mano. Humo.

Venga.

Que... Toma.

¡Ay! Está una hasta las narices.

(RESOPLA)

La verdad es que no esperaba su visita.

Pase y cuénteme qué le trae por aquí.

No me voy a andar con rodeos.

Sé de los planes de boda de mi hija y vengo a hablar con ella.

-Lo lamento, pero las mujeres no están en casa.

-Vaya.

Le agradecería que me sirviera una copa.

Necesito hablar con alguien.

Hemos tenido nuestros más y nuestros menos,

pero le considero una persona fiable.

-Y yo le agradezco que me haga esa consideración.

Puede confiarme sus cuitas.

-Estoy sumido en una profunda amargura.

De nada ha servido la educación que traté de inculcar a mi hija.

Lo único que he conseguido es que haga lo contrario de lo que es justo.

-Nuestros hijos casi nunca piensan lo mismo que nosotros,

de la misma manera que nosotros discrepábamos de nuestros padres.

-Esto es distinto.

¿Por qué mi hija no ve que ese hombre no es un candidato aceptable?

-Su hija está en edad de tomar sus decisiones.

A Vd. solo le queda aceptarlas.

-Aunque sean equivocadas.

-Ella no lo cree así. Está muy enamorada.

-Pamplinas.

El amor es un invento de los poetas y de los afeminados.

Lo que cuenta es el honor y el patrimonio.

Y ese hombre no le aportará ninguna de las dos cosas.

-Se equivoca.

Yo no tengo nada de poeta.

Y tampoco de lo segundo.

Pero me he casado dos veces y sé de lo que le hablo.

Lo más importante en una pareja

es el amor.

Y Elvira y Simón lo tienen de sobra. Así que, creo que serán muy felices.

-¿Cómo van a serlo viviendo en la indigencia?

-Simón es un muchacho tan avispado como el que más.

Saldrá adelante. No se preocupe por eso.

Comprendo su desazón.

Pero lo mejor que puede hacer

es apoyar la boda de su hija, porque a la postre,

será lo único que haga felices a todos.

-No. No puedo aceptarlo.

Y si no le importa,

esperaré aquí hasta que regrese. -Muy bien.

Pero le ruego que se comporte con mesura.

O si no, puede acabar en tragedia.

-Voy a comportarme como el caballero que soy.

-No espero menos de Vd.

-Solo quiero hablar con ella.

Elvira se va a convencer y echará para atrás

esta absurda boda.

Estoy completamente seguro.

No tenías que haberte molestado.

-No es molestia. Es una bagatela de nada.

-Me encantan.

Cómo sabes que tengo predilección por las perlas.

Te estoy muy agradecida. -Los compré

hace unos días.

Lamento no habértelos podido dar antes.

-Ya. Con lo ocurrido, no hemos tenido un rato para nada.

A ver si se tranquilizan las cosas y tenemos tiempo para lo nuestro.

-¿Lo nuestro?

Me gusta escucharte decir eso.

-Anda, ayúdame con el pendiente, que no atino.

A ver.

Ya está.

(Pasos acercándose)

-Anda, don Felipe, ¿qué hace por estos lares?

-Pues, si te parece bien,

vengo a visitar a Celia. -Me parece

de guinda. Está en su casa.

-Felipe ha venido a hablar de los asuntos de Teresa.

¿Qué quieres?

-Nada. Decirle que ya he terminado el pastel que me pidió doña Trini,

que he planchado la ropa y le he llevado la prensa.

Doy más vueltas que el correo. -Muy bien.

¿Y...?

-Me quedo todo el día en casa.

Que por andar de zascandila, está todo por barrer.

Justo de eso quería hablarte.

He acordado con Trini que, mientras Antoñito esté,

trabajarás en las dos casas.

-No se puede estar en misa y replicando.

Que si estoy en ambas casas, no dejaré ninguna bien.

-No te preocupes, lo voy a tener en cuenta.

Si mientras estás en ambas casas

esta no está bien, no pasa nada.

-Ya veremos cuando esté todo manga por hombro.

-Lolita, Trini necesita ayuda.

Casilda estuvo unos días y dejó de ir.

Necesita a alguien de confianza.

Además, me ha contado que Antoñito está contento con tenerte sirviendo.

-Nos ha remolachado, como que me tiene todo el día al retortero.

Estos apaños no son buenos.

Esta casa tiene faena.

-Lolita, no insistas, está decidido.

-No sé a qué tantos remilgos. Siempre has sido trabajadora.

-Estarás encantada con Trini.

Es de tu pueblo. No puedes decir que no.

-Puedo decirlo, pero me va a dar igual.

Me voy a la otra casa.

Avise a la señora que he llegado.

Aquí me tiene.

¿Para qué me ha hecho llamar?

Pensaba que ya no necesitaba más de mis servicios.

Y así era. Pero ha surgido un imprevisto.

Hay una persona que sabe cosas y quiero que la calle para siempre.

Supongo que sé a quién se refiere.

La afrenta del otro día no quedará sin respuesta.

Cada día que pasa las complicaciones aumentan a mi alrededor,

y tengo que ser precavida.

Comprendo.

No, no creo que lo entienda.

Esta vez tengo que asegurarme

de que se hace correctamente lo que yo necesito.

Y es por eso

que hasta que no termine su trabajo, no le voy a decir dónde está Manuel.

Es el nombre de su hermano, ¿verdad?

Sería una pena que le pasara algo malo.

Menuda cara de cardo ha puesto el del ramo.

Si no tienes amarilis, las siembras.

Que pinte unos claveles de blanco. Yo me caso mañana, con o sin ramo.

-Nadie se ha casado con tantas prisas

desde que el primer hombre se casó con la primera mujer.

Con su permiso,

me gustaría hablar con mi hija a solas.

-De eso nada.

No permitiré que le haga daño. No me mueve ni la Guardia Civil.

-Usted no puede evitar que charle a solas con mi hija.

Si no puede ser en esta casa,

me la llevo a la mía, donde debería estar.

-Padre,

no permita que nos hable así. Pídale que se marche de casa.

-Don Arturo me ha dado su palabra

de que no causará ningún mal a Elvira.

Está en su derecho de tener unos momentos de intimidad con su hija.

-Ramón... No pase apuro, Trini.

Estaré bien.

Déjennos solos, se lo ruego.

¿Ha entendido lo que quiero?

Perfectamente.

Pues cumpla con su cometido y todo irá de perlas.

No se le ocurra hacer daño a mi hermano.

Manuel está perfectamente.

Y así seguirá si hace lo que debe. Y cuanto más rápido, mejor.

No dude que haré lo que me ha pedido.

Ya estamos solos.

¿Qué es eso que tiene que decirme?

Quiero que midas bien el paso que vas a dar.

Se lo agradezco,

pero estoy muy segura de mi amor por Simón.

No, Elvira, no. Eso es una ilusión.

Lo que te empuja a los brazos de ese hombre es tu rebeldía,

tus ansias de desobedecer.

Si lo pensaras bien, si fueras sincera

contigo misma, te darías cuenta de que ese hombre

no tiene que ver contigo.

No pertenece a tu clase social. Tenéis formación

e intereses diferentes.

Con todo lo que dice, confirma que usted no me conoce en absoluto.

Hija, vuelve a casa.

Te prometo que voy a cambiar.

Nunca trataré de imponerte un candidato como esposo.

Juntos pactaremos quién debe ser tu marido.

Ya sé quién debe ser mi marido.

No seas tozuda.

Deja que vele por tus intereses.

Seguro que encontraremos a un hombre del que puedas enamorarte

y del que yo esté orgulloso.

Sé con quién quiero contraer matrimonio.

¿No ves que te ofrezco la vida que mereces?

Olvida a ese hombre.

Usted no puede entender lo que es el amor.

Quizá porque nunca amó de verdad

Pero para mí, Simón es toda mi vida.

Voy a casarme con él, aunque no dé su visto bueno.

Esperaba no tener que contarte esto, pero no me dejas alternativa.

Tienes que saber la verdad.

¿Qué sucede?

Estoy arruinado.

No me queda ni una peseta.

Por eso quería que te casaras con Burak Demir.

Tienes que sacarme de este pozo.

No me abandones ahora.

Te necesito.

Eres mi hija.

(ACENTO AMERICANO) ¿Puedo acompañarlo, don Ramón?

-¿Nos conocemos?

-No. Pero por el barrio me han hablado mucho de usted

y de sus negocios.

Mi nombre es Pad Veracruz.

Se nota por mi acento que soy norteamericano.

Acabo de llegar a la ciudad.

-Acompáñeme si quiere.

¿Y qué es lo que le trae

por España? ¿Algún asunto de negocios?

-En cierto modo.

¿Me permite que le convide?

Esta costumbre española

de la merienda me parece de lo más interesante.

-Le recomiendo a usted un café con churros.

El café es expreso, hecho con una de mis máquinas de café.

-Ah, qué buena idea.

Así veo qué tal funcionan las máquinas que le han hecho rico.

Camarera.

Dos cafés

y unos "chiurros".

¿Se dice así?

-Más o menos.

(TARAREA)

¡Oh!

La cara de finolis que tiene el señorito.

Tú, en Cabrahigo, ibas al pilón de cabeza.

Y descalabrado. Los mozos del pueblo no se andan con chiquitas.

-¿Ya estás renegando?

Si es que sete va la fuerza por la boca.

Has tenido que tragar con las dos casas.

-¿Y qué hace una? Si es más simple que el asa de un cubo.

-Y de eso abusan precisamente.

Y no te van a dar ni una perra chica de más.

Si estuviera aquí,

otro gallo os cantaría.

-No me envenene la sangre. No he hablado con doña Trini.

Confío en que ella se estire un poco.

Pues espérala sentada, por si te cansas.

Te he dejado ahí la prensa del señorito.

Una es más tonta que el que vendió las ovejas

para comprar tijeras de esquilar. -¡Lolita!

-Qué susto me ha dado.

Se me ha helado la sangre del cuerpo entera.

-Mira a ver que le pasa a la puerta del baño, que no cierra.

-Ya avisaré al Servando y al Martín.

-Y tráeme una copa de Brandy, anda. Que entre en calor.

Me he quedado lívido en ese baño.

-Se acabó el arroz, ea. Que no estoy yo aquí

para darle caprichos. -¿No?

-No. -Pensaba que eras la criada.

-Y lo soy. Pero no tengo por qué verle así, medio en cueros.

Abróchese esa bata,

que se le ve más de lo decente. -Venga, mujer,

que seguro que no te molesta tanto. Un par de miraditas sí me has echado.

-"Parece que tardan"

en traer los cafés.

¿Es tan laborioso prepararlos

o quizá estén cazando los "chiurros"?

-Usted está acostumbrado a los EE. UU.

Aquí, en España, el tiempo es mucho más sosegado.

Y los churros no se cazan, son un especie de dulce.

-No sé si llegaré a acostumbrarme.

"The time is gold", como se dice en mi país.

¿Y eso qué quiere decir?

-Bueno, el tiempo es oro, o dinero.

-Ya.

¿Y en qué ocupa usted ese tiempo tan valioso?

¿Cuál es su oficio?

-Bueno, hago un poco de todo.

Realizo todo tipo de trabajos.

En este viaje

he venido buscando un hombre de negocios.

-Muy importante debe ser el pollo para hacer un viaje tan largo.

-Así es.

Se trata de un hombre especialmente brillante.

Un genio de las finanzas.

Que podría alojarse

en este barrio. -¿Cómo se llama

ese fenómeno? Quizá yo le conozca.

-Antonio Palacios.

-¡Arrea!

Pero... Pero si ese es mi hijo.

-¿No me diga?

En es caso, tengo que felicitarle. ¿Está Antonio

por la ciudad?

-Don Ramón.

Muy buenas. Perdóneme. Tenemos un problema

con la máquina de café. A ver si puede ir usted.

-Disculpe. Enseguida regreso.

Lolita.

Lolita, ven inmediatamente.

-Ahora le traigo su copa. Es más pesado que las moscas.

-Que no es eso. Avisa a mi padre a escape.

-¿No me tomará el pelo?

Ya estoy "atufá" de sus chanzas.

-Que no, que algo me ha caído mal.

Me arden las tripas como si tuviera culebras.

-Ay, Dios no quiera que sea un cólico miserere.

-Lolita, vete a buscar a mi padre. -Descuide.

Se lo traigo ya.

Cuánto me alegro de que estés mejor.

Gracias a ti,

que no dejas de cuidarme ni un instante.

Solo pienso en que estés bien.

Me temo que para eso tendrá que pasar un buen tiempo.

Todos me toman por una loca.

Y la verdad, es que empiezo a sentir que pierdo el control.

Lo que tienes que hacer es sacar esas ideas de tu cabeza.

No puedo.

Estoy rabiosa

y ávida de venganza, pero...

sobre todo triste.

Muy triste.

Ven.

(Puerta)

Sin duda, será Felipe. Quizá tenga alguna novedad que contarnos.

¿Qué hace usted aquí?

Esta mañana he visto salir del portal

a un señor que no era del barrio. Y tenía un aspecto de policía...

¿Un policía? ¿Has denunciado que intentó matarte?

Nada de eso, Susana.

No sé de qué hombre me hablas.

A lo mejor vino a ver a otra persona, a mí no.

Pues es una lástima.

Deberías denunciar a la maestra.

"Úrsula vino para que nos apiadáramos de Cayetana.

Por eso nos contó esas patrañas

de que sufría, de que echaba de menos al niño.

Hasta haciendo uso de las fábulas de Tirso y su mundo imaginario.

Esas dos son iguales.

Unas endriagas malnacidas.

Y se merecen la una a la otra.

El país del Ámbar. "¿Qué es esto?".

El dinero que me han dado por servir en el banquete.

Iba a invitar a los vecinos tras la boda, pero guárdalo tú,

para cuando se lo demos a tu padre.

Le demostraremos la buena voluntad. Eres el más bondadoso

del mundo. Y mi padre se dará cuenta.

No lo hago por él.

Lo hago por ti.

Hacerte feliz es lo que más deseo. -"Lamento hacerle esperar".

-¿Había algún problema? -Sí. Con las máquinas de café.

Pero ya está solucionado.

A veces es complicado apañarse con los últimos avances.

-Se ve que Antonio Palacios tiene su habilidad para los negocios.

-Muchas gracias.

-Quizá podríamos seguir tomando ese café.

No todos los días tiene uno la suerte

de hablar con alguien así en tales menesteres.

Y quizá, si no es mucha molestia,

podríamos concertar un cita con su hijo.

-¿Tienen visita los Palacios? -Que no, Casilda.

Todo es para un sola persona. Bueno,

más que persona, un borrico. El Antoñito Palacios.

-Cállate, mujer. Que aquí te pueden oír.

-Si es que, para chasco, sé que está mal insultar.

Pero es que no le soporto. Me saca de quicio entera.

Debía estar arreglándome para la boda.

Es que es... Es un consentido.

Un niño de papá maleducado y caprichoso.

-¿Qué has hecho y por qué te busca ese detective norteamericano?

-Ya le dije que no tenía importancia, padre.

Toman todo a la tremenda.

-Eso lo juzgaré yo.

Quiero saber por qué ese tal Pad Veracruz

cree que has cometido un estafa.

-Es una tontería. -¿Ah, sí?

-Y se va a reír

cuando se lo cuente.

-Quiero oírlo. -Vendí la Estatua de la Libertad.

-"¿Qué ocurre?" "Nada".

No se te ve muy feliz, la verdad.

Es el día más feliz de mi vida, pero...

¿Pero?

Voy a casarme como una huérfana.

Y mi padre vive y goza de un salud

de hierro.

Veo a tu madre desviviéndose por nosotros,

ayudándonos, volcada en tu felicidad.

¿Hablo con él? "Cayetana conocía"

el nombre del guardián del sol.

Un personaje del que Tirso habló a Teresa esa tarde.

Cayetana vio al niño después de que Teresa abandonara el lugar.

Tirso murió de una enfermedad repentina.

Y nadie muere de repente y porque sí. Tuvo que darle algo.

Ninguna de esas cosas es una prueba de que Cayetana Sotelo Ruz

envenenara a Tirso.

Pero dijo que no había visto al niño.

Es obvio que miente.

Le doy la razón. -"Cayetana tiene suerte"

de tenerte. ¿La puedes avisar?

-La señora no está en casa.

-¿Y eso por qué? ¿Dónde está?

-Pues salió bien temprano y no dijo nada. ¿Habían quedado?

-Claro. Para ir a la boda de Simón y Elvira.

¿Sabe si tardará mucho?

-La verdad es que no dijo nada de nada.

Y tampoco dijo nada de que le preparara un vestido.

-"¿Qué significa esto?".

Es el jornal de Simón.

Sirvió en un banquete. Es para usted.

¿Me estás dando una limosna?

¿Crees que soy un menesteroso? No.

Pero es mi padre.

Y quiero que sepa que, aunque hoy case,

no nos olvidaremos de usted.

Cierto es que tendrá que abandonar ciertos lujos,

pero con mi jornal y el de Simón viviremos los tres. No faltará nada.

"Buenos días. ¿El comisario?".

Mauro.

El comisario está reunido. Nos atenderá cuando termine.

No quiero esperar ni un segundo más. Hemos de hablar con él.

Mauro. Señor, lamento la interrupción.

Hemos venido a poner...

  • Capítulo 519

Acacias 38 - Capítulo 519

19 may 2017

Cayetana le dice a Úrsula su error: le dijo a Teresa cierta información que solo podría conocer si había visto al niño poco antes de su muerte. Cayetana pide a Úrsula que se deshaga para siempre de Teresa y de Mauro. Un americano, Pat Veracruz, aparece en la calle Acacias preguntando por Antoñito; Ramón le dice que es su hijo.

ver más sobre "Acacias 38 - Capítulo 519" ver menos sobre "Acacias 38 - Capítulo 519"
Programas completos (646)
Clips

Los últimos 2.459 programas de Acacias 38

  • Ver Miniaturas Ver Miniaturas
  • Ver Listado Ver Listado
Buscar por:
Por fechas
Por tipo
Todos los vídeos y audios
  • Nuevo Capítulo 643 Completo 54:30 99% ayer
    Capítulo 643 ayer Olga se hunde cuando Úrsula le desvela que Blanca no confía en ella. Olga niega haber ensuciado la canastilla que Úrsula le regaló a Blanca. Carmen ve a Olga tener comportamientos extr...
  • Nuevo Capítulo 642 Completo 53:30 90% pasado viernes
    Capítulo 642 pasado viernes Samuel y Blanca deciden viajar al Bosque de las Damas para conocer la verdad sobre Olga. Olga empieza a imitar los gestos de Blanca y a repetir lo que su hermana dice. Blanca confiesa a Leonor su inquietud con re...
  • Nuevo Capítulo 641 Completo 55:01 90% pasado jueves
    Capítulo 641 pasado jueves Elvira se rompe ante su padre después de que Simón le niegue su perdón. La Valverde le cuenta a María Luisa cuál fue la causa del enfado del mayordomo... Y Arturo lo escucha. De...
  • Nuevo Capítulo 640 Completo 54:43 86% pasado miércoles
    Capítulo 640 pasado miércoles Blanca le pide a Diego que se marche, por mucho que les duela a los dos. Diego se despide. Samuel intenta intimar con su mujer, pero ella se ve incapaz. Úrsula descubre a través de Susana el regalo ...
  • Nuevo Capítulo 639 Completo 54:47 96% pasado martes
    Capítulo 639 pasado martes Blanca se refugia en el dibujo para olvidar la marcha de Diego. Samuel intenta consolar a su mujer y se le ocurre, con la ayuda de Liberto, hacerle un regalo para el bebé y para ella. Mientras, las dos her...
  • Capítulo 638 Completo 53:42 100% 13 nov 2017
    Capítulo 638 13 nov 2017 Arturo no sabe cómo consolar a Elvira y pide ayuda a María Luisa. Olga se muestra débil delante de Blanca y Samuel, como la niña que nunca pudo ser. Todo el barrio intenta enterarse de...
  • Capítulo 637 Completo 55:33 84% 10 nov 2017
    Capítulo 637 10 nov 2017 Blanca pide a su hermana, delante de todos los vecinos, que se quede a su lado en Acacias. Saltan chispas entre Úrsula y su hija. Diego se despide para siempre de Blanca. Adela cuenta a Simón su enc...
  • Capítulo 636 Completo 54:28 80% 09 nov 2017
    Capítulo 636 09 nov 2017 Samuel reacciona con felicidad ante la noticia del embarazo. Blanca aplaca los celos de Diego al negar que él sea el padre. Servando termina con Juana y se lleva un chasco cuando ella le dice que jam&aacut...
  • Capítulo 635 Completo 53:28 84% 08 nov 2017
    Capítulo 635 08 nov 2017 Simón decide acompañar a su madre y a su mujer a Salamanca y frustra los planes de Elvira. Casilda habla con Servando sobre Paciencia. El portero reconoce que el cariño de Juana es porque ech...
  • Capítulo 634 Completo 54:53 100% 07 nov 2017
    Capítulo 634 07 nov 2017 Samuel se encuentra con el ladrón de la tiara: una niña pequeña que la robó para sobrevivir. Samuel recupera la joya, pero le regala sus gemelos para que pueda venderlos.
  • Capítulo 633 Completo 55:22 100% 06 nov 2017
    Capítulo 633 06 nov 2017 Olga huye y Diego se reafirma en creerla culpable del robo, y así se lo dice a Blanca. La marquesa presiona a Úrsula para que descubra el paradero de la tiara. Samuel recibe una carta de un joyero: ...
  • Capítulo 632 Completo 52:10 100% 03 nov 2017
    Capítulo 632 03 nov 2017 Olga huye y Diego se reafirma en creerla culpable del robo, y así se lo dice a Blanca. La marquesa presiona a Úrsula para que descubra el paradero de la tiara. Samuel recibe una carta de un joyero: ...
  • Capítulo 631 Completo 54:02 100% 31 oct 2017
    Capítulo 631 31 oct 2017 Simón acude a casa de Valverde para enfrentarse con Elvira. Samuel es el principal apoyo de Blanca, que achaca su desmayo a las tensiones de los últimos días. Pero Leonor sugiere a su amiga q...
  • Capítulo 630 Completo 53:56 100% 30 oct 2017
    Capítulo 630 30 oct 2017 Arturo pide ayuda a Simón para que Elvira se dé cuenta de que su relación se ha terminado. Elvira cumple su promesa de hacer sufrir a Simón. Olga se escapa de la mansión de los ...
  • Capítulo 629 Completo 54:58 91% 25 oct 2017
    Capítulo 629 25 oct 2017 Úrsula cuenta a Blanca su infancia junto a Olga y afirma que la niña estaba endemoniada. Blanca está indecisa, no sabe en quién confiar. Le pide a Olga que le cuente la verdad. Arturo ...
  • Capítulo 628 Completo 54:43 98% 24 oct 2017
    Capítulo 628 24 oct 2017 Olga cuenta a su hermana que Úrsula la abandonó cruelmente siendo niña en el Bosque de las Damas. Blanca pide a Diego que dé cobijo a su hermana en la mansión. Elvira llega enaj...
  • Capítulo 627 Completo 54:04 99% 23 oct 2017
    Capítulo 627 23 oct 2017 Blanca y Liberto salvan la vida de Úrsula. Olga huye después de encontrarse con su hermana. Blanca le cuenta a su marido y a Diego quien fue el verdadero agresor de su madre. Lolita pide a Anto&ntil...
  • Capítulo 626 Completo 48:01 92% 20 oct 2017
    Capítulo 626 20 oct 2017 Carmen se arrepiente de lo que ha hecho, pero Úrsula le deja claro que no tiene escapatoria. Susana se enfrenta con Simón: sabe que está quedando con Elvira, y lo peor es que Adela tambi&eacu...
  • Capítulo 625 Completo 53:58 93% 19 oct 2017
    Capítulo 625 19 oct 2017 Samuel y Diego se unen con un objetivo común: construir la joya que diseñó Blanca. Diego se da cuenta de que no quiere marcharse de Acacias y Blanca es la razón. Samuel piensa que Olga...
  • Capítulo 624 Completo 54:04 90% 18 oct 2017
    Capítulo 624 18 oct 2017 Lolita apoya a Antoñito ahora que se ha quedado sin trabajo. Y Trini no duda en defenderle frente a las críticas de las señoras de Acacias. Samuel recibe el alta y regresa a su casa. Se enfre...