www.rtve.es /pages/rtve-player-app/2.9.0/js
4023581
No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 517 - ver ahora
Transcripción completa

Siento mucho lo que le ha pasado a Tirso.

Tú no tienes ni dignidad ni vergüenza.

Sosiéguese.

No tiene importancia.

Teresa está muy nerviosa y necesita pagar su desolación con alguien.

¡Lo pago con el demonio que eres! Teresa.

¡Deberías estar aislada,

sola y consumida por tu propia maldad!

No irás a ningún sitio con mi esposa.

-¡Pablo!

¡Ah!

¡Ah! ¡Suelta!

-Si no se aparta del camino,

acabaré con ella

y luego acabaré con usted. -"¿Adónde vas"

con tanto brío, mujer? -Aún no lo sé.

Pero, teniendo posibles, cualquier sitio será bueno.

-¡Arrea! ¿Te ha tocado la lotería o qué?

-Algo mejor me ha tocado.

Se llama libertad. -"¡No!".

¡No, no!

¡No! ¡Ah!

¡Ah, ah, ah!

(Disparo)

"¿Dónde te habías metido, muchacha?".

Nos teníaspreocupados. -¿Qué vas a hacer a partir de ahora?

No lo sé.

-Sabes que puedes venir con nosotros a nuestra casa, ¿no?

Eres amiga de mi hija y serás muy bienvenida allí.

Muchas gracias. "Si Fabiana reconoce su maternidad"

y lo que ocurrió, tú podrás recuperar tu nombre.

Mi amor,

ojalá consigas algo.

Es la única esperanza para vencer a esa mujer.

"Nos equivocábamos, Elvira. Tu padre"

nada tuvo que ver con lo de tu madre. Lo importante

es que estás aquí.

Te he echado tanto de menos...

Te quiero con todo mi corazón.

Me vendrá bien para mis vicios y mis trampas.

-Con ese dinero he pagado tu silencio para siempre, ¿de acuerdo?

-Debería denunciarle a la policía. Debería haberlo hecho hace años.

-Mi dinero te cerró la boca entonces

y te la volverá a cerrar ahora.

Teresa.

Esa mujer parecía un témpano de hielo.

Me miró retadora.

No había ni un atisbo de miedo en su mirada.

Conozco esa mirada de la que habla.

No conseguí hacerla tambalear. Dispuesta para ir a juicio.

Habrá tenido que maniobrar para ponerse a salvo.

Doña Cayetana siempre va dos pasos por delante de todos.

¿Qué vamos a hacer, Mauro?

Aún tenemos un as en la manga.

¿Un as?

Usted.

-Yo no conseguí que firmara ningún papel

haciéndose responsable de sus muertes.

¿Qué quiere que haga ahora? Por lo pronto,

está en esa casa. Se ganó su confianza y tiene acceso a ella,

que no es poco.

Yo ahora, he de marchar.

Debo ir con Teresa. Estoy muy preocupado por ella.

¿Qué ocurre?

Mi pistola.

¿Qué pasa con ella? La llevaba encima.

Quizá la dejó. Estoy seguro de que no.

Tengo cuidado, sobre todo pensando en Cayetana. No me fío.

Gracias por todo lo que haces por mí.

Todo saldrá bien, ya lo verás.

Haremos justicia.

¡Dios mío, Teresa!

¿Qué ocurre?

¡Mauro!

Teresa,

no lo haga, no merece la pena.

-No cometa

tamaña locura, no sea tonta.

¡Apártense, o les juro que disparo!

Baje esa pistola.

Teresa, no lo haga,

se meterá en problemas.

Me da igual.

Ya todo me da igual. Lo único que quiero es venganza.

¡Teresa, suelte el arma!

¡Suelte el arma!

¡Suéltela! -¡Ah!

-¡Trini!

¡Trini, Trini, vamos! ¡Al suelo!

-¡Ramón!

De rodillas.

He dicho que al suelo.

Ha llegado el momento de saldar las deudas pendientes.

Teresa, por favor,

no lo hagas.

Nunca más,

no me vas a volver a engañar nunca más.

Confiesa lo que has hecho.

Yo no he hecho nada. Te estás confundiendo.

Dios te salve, María. (MUJERES) Llena eres de gracia.

El Señor es contigo. Bendita tú eres

entre todas las... ¡Silencio!

Es una asesina y no merece ninguna oración.

No se convierta usted

en otra asesina. Deje esto en manos de la justicia.

Cayetana maneja a la justicia.

Ella lo corrompe todo.

Hasta hoy. Porque hoy

se acabaron tus juegos.

Id a casa.

Necesito mi documentación.

-¿Ahora? -Ahora. Habrá que ir a comisaría

de inmediato. -¿Nos vamos a perder

lo que pase? -¡Hacedme caso!

Id las dos juntas. -Va a ocurrir

una desgracia que ni usted misma desea.

-Teresa, por Dios,

baje ese arma.

Las carga el diablo.

¡Es una asesina!

¡Ha matado a un niño indefenso!

No he hecho nada.

¿Cómo quieres que le haga algo a Tirso?

¡Yo le quería!

¡No, no haga eso, se lo suplico!

-Señora Fabiana, temple,

que lo mismo se le escapa un tiro. ¡Silencio!

¡No quiero que nadie se mueva!

-¡Teresa, temple, que está perdiendo el oremus!

¡Recapacite! -Templa tú también, Trinidad.

Venga, vamos. Id hacia allá, a cubierto,

a la pérgola. -¿Qué?

-Vamos, niña.

-No. -María Luisa, vete con ellos.

María Luisa, vete. Por favor, hazlo por mí.

-Vamos.

Confiesa delante de todos lo que has hecho.

No voy a confesar algo que no he hecho.

No he hecho nada.

Y por mucho que me amenaces, no diré lo contrario.

Te mataré.

Mátame.

Mátame. Pero habrás matado a una inocente.

Deje que me quede. -¿Quieres ver a Cayetana muerta?

-Quiero estar con Víctor. -Nada le pasará a él. Ven.

-¿Qué está ocurriendo? -¿No lo sabe?

-Solo sé que hay un guirigay de mil demonios.

-Teresa quiere matar

a Cayetana. -¿Y eso por qué?

-Dice que ella mató a Tirso. -¿A ese niño?

Se han vuelto locas las dos. Las dos se han vuelto locas.

¡Oh, Dios mío!

Qué imagen.

-¿Cree que osará disparar? -Cuando la demencia

se instala en la cabeza, puede ocurrir cualquier cosa.

¿Dónde están? -Mauro, menos mal que aparece.

Allí. Teresa se arruinará la vida. Va a matar a Cayetana.

Pónganse a salvo.

Vayan a la chocolatería. Sí.

Mauro, Teresa está armada y enajenada.

No se va a detener.

Teresa.

Ha llegado tu final, Cayetana. Teresa, por favor,

no dispares.

No, si al final a nosotras siempre nos toca lo malo.

No podremos ver lo que doña Teresa hará a doña Cayetana.

-Mejor, para el camino que llevaba...

Le vuela la tapa de los seos. -¿Pero por qué

los demás van a verlo?

-No tengo interés. En Cabrahigo, uno se mató cayendo del campanario.

-¿Y cómo fue?

-Pues una calamidad. Todos los sesos por ahí desparramados. ¡Huy!

Vamos a buscar los documentos, va. -¿Y cómo son los sesos?

-Ni preguntes. No los tienes.

A por los documentos.

-¿No sabes dónde los guarda? -Ni que yo viviera

en esta casa. Mira tú por ahí.

Yo miro aquí.

-¡Ah! ¡Lola! ¿Qué es esto?

-Pues documentos no son.

-¡Ay! Si parece un instrumento para torturar a alguien.

A ver si don Ramón va a ser

alguien raro, y descubrimos algo que no debemos descubrir.

-Vas tú buena. Que eso es un compás.

-¿Para qué sirve? -Para hacer redondeles.

Venga, sigue buscando, va.

-Ya no saben ni lo que inventar.

(Puerta cerrándose)

¿Qué ha sido eso?

-Para mí que ha sido un ladrón,

que ha aprovechado el revuelo.

-¿Y qué hacemos? -Salir de aquí.

Venga, pies en polvorosa. -Espera, espera, espera.

Yo me quedo para que no se escape. Tú avisa a don Ramón.

-¿Y si te hace algo?

-Si son menos de tres, me basto y me sobro. Corre.

Teresa, por favor, baja esa pistola.

No te acerques un paso más o disparo.

Esa no es la solución.

Tú no tienes la solución.

Lo has intentado muchas veces y nunca ha dado resultado.

La única forma de enfrentarse a un demonio es con las mismas armas.

¡No te acerques!

¿Vas a confesar?

Teresa,

no lo hagas. Te vas a arrepentir toda la vida.

No te van a servir tus mentiras ante Dios.

He cometido muchos errores en esta vida,

pero no le he hecho nada a Tirso.

Teresa,

deberías bajar el arma

y rezar.

Eso es lo que he hecho yo.

Rezar para que el guardián del sol

le abra la puerta del paraíso a Tirso, el paraíso que él imaginó,

en el que quería estar con todos.

No tienes derecho a hablar de él.

¡No tienes derecho!

Vamos.

Vamos. Dispárame.

Así me reuniré con él.

Pero le tendré que decir que tú has perdido la razón

y que nunca vendrás al país del Ámbar con nosotros.

¡Calla! ¡Teresa, no la escuches!

Si la matas, morirás con ella.

Dame la pistola.

(Disparo)

(Pasos)

¡Eh!

¡Toma!

Levántate si te atreves.

Ale.

¡Ay!

Teresa, dame la pistola.

¿Está usted bien, doña Cayetana? Sí, gracias a Dios.

-¡Dios mío, menos mal!

Fabiana, por favor.

Esto va a tener consecuencias.

¿Quieres una tila? Agua.

-Un vaso de agua para doña Cayetana.

Menos mal que no lo hiciste.

Quería haberla matado. No, mi amor.

No, mi amor, hiciste bien. En el último momento

no pude.

Pero se lo merece.

Yo no soy capaz. Es que tú

no eres una asesina.

Gracias a Dios.

Señor San Emeterio, habrá que acudir a la policía a poner una denuncia.

Sí, don Ramón, yo me encargo. No nos precipitemos.

¡Don Ramón!

Don Ramón, hay un caco en su casa.

-¿Un caco? -Sí. Un ladrón.

Lo hemos escuchado cuando hemos subido.

-Vamos.

-Casilda, ¿qué ocurre?

-Que hay un ratero en su casa.

-¿Cómo?

Chi, chi, chi, chi.

Venga, hombre, despierta. Tampoco te di tan fuerte.

¡Huy!

Venga.

Ale.

Despierta.

Chi, chi, chi, chi.

¡Huy!

¡Uh!

Pues el reloj es fetén, eh. Y las ropas no son de saldo.

¿No te da vergüenza

entrar a robar en casa ajena siendo de posibles?

¿O es que el reloj lo has robado? Anda que...

(Puerta abriéndose)

-¿Qué ha ocurrido? -¡Oh!

¡Dios mío!

-He reducido al ladrón. No sé si me fue la mano.

-¡Ay, ay! -Antoñito.

-Casilda, trae un vaso de agua.

-Antoñito. Antoñito, hermano, despierta.

-¿Pero quién es? -Antoñito, hijo mayor de mi esposo.

Hay que ver, eh.

¡Ay!

¡Ay! Mamporro que le ha dado. -Le he dado, le he dado.

No sé cómo puedes estar tan tranquila.

La procesión va por dentro, Celia. Estoy hecha un flan.

Pues no se te advierte.

Bueno, así me enseñaron que tenía que ser.

Todo pasa, lo bueno y lo malo.

A todo hay que ponerle la misma cara.

-Ya ha hablado con Fabiana. Te hará una infusión de pasiflora.

¿Te apetece algo de comer?

No, no me entraría ni una miga de pan. Tengo el estómago cerrado.

Abre un poco las ventanas, que corra algo de aire.

-Sí.

-¿Quieres que recemos un rosario?

No. Ya rezaré yo después.

Lo único que quiero es complacerme

de estar viva. Ay.

Qué miedo hemos pasado todos.

¿Cómo ha podido Teresa llegar a hacer esto?

Pobre mujer.

-Cayetana, yo...

Yo siempre me he considerado buena amiga de Teresa, pero...

No más de lo que llegué a ser.

No, no entiendo ni perdono lo que ha hecho.

Aún es pronto para valorarlo, Celia.

Teresa está sufriendo mucho por la muerte de Tirso.

-Y tú.

Y Celia, y yo. Y todos los que le conocimos.

Pero los demás no cogemos una pistola

y empezamos a amenazar a diestro y siniestro.

Espero que pase una buena temporada a la sombra.

Bueno, pues si es por mí, no será así.

No pienso denunciarla.

No voy a presentar cargos. ¿Qué?

¿Vas a dejar que siga libre? Sí.

Lo que oyes.

Nadie mejor que yo sabe lo que es perder a un hijo.

Acordaos de Carlota. Y tú también.

Acuérdate cuando esa maldita mujer, Manuela, te arrebató a Inocencia.

Era como si me arrasaran por dentro.

Eso es lo que siente Teresa ahora. -¿Quiere decir eso

que va a seguir en Acacias,

andando entre nosotras?

El día menos pensado, vuelve a coger el revólver

y te vuelve a amenazar.

A ti, a Celia, a mí, o a cualquiera. No.

No digo que siga en la calle.

Deberían ingresarla donde puedan ayudarla.

-¿Una clínica? Sí.

Una clínica donde las personas a las que la desesperación

les ha hecho perder la cabeza pues mejoran.

Un sitio donde puedan ayudarla, donde pueda ser esa joven

que nos encandiló a todas.

-¿Y crees que serán capaces de hacerlo?

Pues no lo sé.

Para a ser la que era, no solo tendrían que arreglarle la cabeza,

también deberían extirparle ese amor que siente por ese antiguo policía.

Yo estuve en un sitio así.

Lo sé, Celia.

Y tú demuestras que cualquiera puede volver a ser quien era.

No hay ningún caso perdido.

-Eres demasiado buena,

Cayetana. No.

Pero quiero perdonarla.

Siempre y cuando ella se trate adecuadamente.

Creo que es lo mejor para Teresa.

Que la encierren donde sea. Es lo mejor para Teresa y lo mejor

para todo el barrio.

¿Qué?

¿Cómo tengo el ojo?

-A la virulé.

-Ahora mismo te traigo un espejo.

-Bueno, no te inquietes, eh.

Si te pones un buen filete, baja la hinchazón.

-Me pilló desprevenido. Menudo puñetazo me dio.

Parecía la coz de un burro.

-Se asustó. Te creía un ladrón.

-Un ladrón vestido con un traje del mejor sastre de Savile Row.

Vaya disparate.

-Bueno, no vamos a darle más importancia de la que tiene.

Un simple malentendido.

Qué contentos estamos de que hayas vuelto, hijo.

¿A qué se debe tu vista?

-Bueno, nada fuera de lo normal.

Nostalgias de la familia. Ganas de verle a usted,

a mi hermanita pequeña,

y bueno, a su futuro marido.

-Bueno, aún no tenemos fecha de boda.

Padre dijo que fuéramos paso a paso.

-Víctor se ha convertido en un joven muy correcto.

-Menudo pieza era. Vaya juergas nos hemos corrido los dos.

-¡Ay! -Cierto.

Pero ya no es el joven calavera que tú conociste.

La verdad es que no podíamos haber encontrado

mejor pretendiente para tu hermana. -Y ganas de conocerla a Vd.

A su esposa doña Trini. -Huy.

-Mi madrastra.

-No hace falta que me llames madre ni nada, eh.

Solo que nos llevemos bien, como con tu hermana.

-Ya te pondré al día, Antoñito. En el fondo, es un pedazo de pan.

-Y en la superficie, eh. -De momento,

veo que es más hermosa al natural que en los retratos. Enhorabuena,

padre. -¡Huy!

Nos vamos a hacer amigos "ipso facto".

-Eh, eh, basta ya de requiebros

o acabaré por ponerme celoso.

Como ves, hijo,

has llegado en un día escabroso a Acacias.

Una nueva vecina

apuntando a doña Cayetana con una pistola en la a cabeza.

-Dista mucho del tranquilo barrio de Acacias que yo conocía.

¿A qué se ha debido el alboroto?

-Ya te pondré al día, hermano, pero de tranquilo nada.

Han pasado cosas desde que te fuiste. Robos, asesinatos...

Hasta bombas.

-Bueno, hija, basta ya de contarle esas cosas,

o se asustará y cogerá el primer barco que salga para América

esta misma noche, antes de pasarla en casa.

Hijo, ¿cómo no nos avistaste de tu llegada?

Hubiéramos ido a Cádiz o donde llegara el barco a recibirte.

-No hacía falta. Vine en tren

tan ricamente. Acabé el semestre en la universidad y podía disponer

de unos días de vacaciones. Supe de un pasaje

que venía para España y me vine.

Salía el mismo día que pregunté.

Así que, tuve que tomarlo sin tener tiempo de avisarle, padre.

-Ya. Has tenido que venir en tercera. -No. A buen precio,

pero en primera. Ya les contaré con detalles.

Quiero conocer a la mujer que me tumbó a dormir.

Vaya fenomenal puñetazo. -Sí.

-¿Es nuestra criada?

-No. Es otra criada del edificio, la de los Álvarez-Hermoso.

Estaba aquí por casualidad.

-Es de mi pueblo, de Cabrahigo. De ahí la amistad con esta casa.

-Un poco bruta sí que es. -Pero tiene un corazón enorme.

No le cabe en el pecho. -Le pediré

que me enseñe a golpear, me vendrá bien.

Buenas noches. -Buenas noches.

¿Cómo está Cayetana?

Tranquila.

La más tranquila de todas. No tiene sangre en las venas, tiene horchata.

-Mejor para ella, con lo que le ha ocurrido.

-No creo que sea buena idea que entréis a interesaros por ella.

La situación no está para visitas. -No, no, no.

En realidad, veníamos a buscarla a usted.

Con todo el lío que hay, a Simón le preocupa que ande usted sola.

No os inquietéis.

Sé cuidarme sola. Lo he hecho

durante muchos años.

-También quería recordarle que Leandro parte mañana,

querrá pasar un momento de intimidad con usted.

-Cierto. Con todo el caos, casi se me pasa.

Esperadme aquí y voy con vosotros.

Voy a despedirme de doña Cayetana.

Se me hace muy extraño estar aquí,

a pocos metros de mi padre.

Quiera Dios que no nos lo encontremos.

Mejor no despertar su ira. Me crucé con él y no me increpó.

Te lo dije, nos va a dejar tranquilos.

Consentirá nuestra relación, aunque no tentemos a la suerte.

¿Cómo lo has conseguido?

No me creo que no tuviera que ver con la muerte de mi madre,

con lo que nos dijo

esa mujer, la bailaora. Tu padre no mató a tu madre.

Eusebio, el guitarrista, era su amante.

Pero su objetivo era robar en la casa,

tu madre lo descubrió y la mató.

Y a Eusebio lo mató Remedios muerta de celos.

¿Y mi padre lo sabe? Sí. Sí, lo sabe.

¿Y por qué nunca ha dicho nada?

¿Por qué se culpó de lo de Eusebio?

Piénsalo desde su moral, desde su hipocresía.

Para él, el asesino de su esposa había muerto y recibido su castigo.

¿Por qué cargar él con la vergüenza

de que su esposa tuviera un amante? Y un amante así, un guitarrista,

un hombre de mala vida.

Solo lo ocultó para no sufrir la vergüenza.

Así es. Y nos deja estar juntos a condición de que no se sepa,

de que nadie en el casino militar le señale.

Y nada más.

No, nada.

Conozco a mi padre.

No creo que esto haya acabado.

(Pasos acercándose)

Vamos.

Vamos a por Leandro.

(Puerta abriéndose)

Venga.

Te voy a quitar la ropa para acostarte. Ayúdame.

No sé cómo os podéis apañar con tanto botón.

Llegará el día en que vistáis como los hombres, con pantalones.

Vamos.

Ven.

Venga, que te voy a quitar los zapatos.

Siéntate.

(RECUERDA) "¡Eres una asesina, has sido capaz

de matar a un niño indefenso!". "No he hecho nada".

"¿Cómo quieres que le haga algo a Tirso?".

"¡Yo le quería!".

"De nada te servirán tus mentiras ante Dios".

"He cometido muchos errores en esta vida,

pero no le he hecho nada a Tirso".

"Deberías bajar el arma

y rezar".

"Eso es lo que he hecho yo".

"Rezar para que el guardián del sol

le abra la puerta del paraíso a Tirso".

"El paraíso que él imaginó,

en el que quería estar con los que le queríamos".

"No tienes derecho a hablar de él".

Me has engañado.

Tirso.

No puedes ser tú.

Estás muerto.

Confiaba en ti.

Creí que eras mi amiga.

Te conté la historia del país del Ámbar,

y la del guardián del sol.

Y tú me abandonaste.

Me dejaste solo. No.

No.

Yo vine a por ti.

Pero ya te habías ido. No te perdono que llegaras tan tarde.

Me abandonaste.

Y lo pagarás.

Vete.

Vete.

¡Fuera! ¡Fuera!

¡Ah!

¿Pero con una pistola? -Ajá.

Teresa la apuntó en la cabeza. Yo pensé que la mataba.

-Y tanto.

Estaba fuera de sí. Acusaba a Cayetana

de haber matado a Tirso.

-Cayetana no es santo de mi devoción, pero de ahí a matar a un niño...

-Yo... la veo capaz de todo, eh. Acordaos de cómo trataba

a Carlota y lo que decía don Germán sobre su muerte.

La verdad, es que lo mejor

que hubiera pasado al barrio es que dejaran disparar a Teresa.

-Jesús, María y José, no digas barbaridades.

-Lo digo como lo pienso. Hizo la vida imposible a mi hermana.

Y no estoy seguro de que no tenga que ver con la muerte de mi madre.

No hubiera llorado si dispara.

-Vamos a olvidar afrentas pasadas.

Esta familia ha pasado por un duro brete y ha salido adelante.

Así que ahora, Habiba, Melero y Fernando Poo son el pasado.

Habrá que brindar por ello.

-Sí. No solo brindar, ¿y si hacemos un banquete?

-Ay, madre, qué buena idea.

-¿Recuerdas el plato favorito de tu padre?

-Claro. ¿Cómo olvidarlo? El besugo.

-¿Qué dices del besugo? ¿Cómo va a ser su plato favorito?

-¿No era su plato favorito?

-No. Era el cochinillo al horno. Vamos a hacer

un cochinillo al horno que se va a relamer los bigotes.

Diré a Casilda que compre uno.

-Estoy segura de que el plato favorito de mi padre era el besugo.

-Sí. -Le pirra el cochinillo a ella.

-Ya la conoces. -Doña Rosina,

genio y figura.

(Pasos acercándose)

-Casilda no está. Qué raro.

Ya no trabaja para los Palacios, pero pasa el día en Acacias.

Si sigue así, la despido. -Madre, no amenace.

Esta casa sin Casilda

se hunde. -Mejor nos iría sin ella,

con una criada menos respondona.

Iré yo misma al mercado. ¿Vienes, Liberto?

-Pues me encantaría, pero me va a ser imposible.

He quedado con los vecinos para comentar lo de Teresa.

No sé si la denunciarán. -Tú vota en contra. Mejor no meterse.

-Y tú deberías venirte conmigo.

Pero no expongas tu teoría sobre doña Cayetana.

-Sí. Cuantos menos líos, mejor. Venga, Leonor.

¿No querrás que vaya sola al mercado?

¡Va!

(RÍEN)

Pero, niña, ¿qué haces aquí?

Que está el desayuno servido en el salón.

No he querido molestar, con el hijo mayor

de don Ramón por casa. -¿Por qué molestarías?

A él le dará igual. -Incluso le encanta.

Ese es un seductor de marca mayor.

-La verdad es que tenía fama de don Juan

cuando vivía en el barrio. ¿Le has conocido ya?

Sí. Nos hemos cruzado saliendo del baño

y me ha saludado muy correcto, y con el ojo como un tomate.

Ah.

Lolita.

A lo mejor,

ahora con él aquí,

tengo que marcharme.

Pero, niña, ¿por qué dices eso? ¿No estás a gusto con nosotros?

No, no, no, en absoluto. Todo lo contrario.

Estoy muy agradecida de que me permitan vivir aquí.

-Quédate. Hay sitio de sobra.

¿No molesto? -Qué vas a molestar.

Donde comen cuatro, comen cinco. Hay muchas habitaciones.

Y me viene fenomenal que haya juventud,

así tu padre se olvida los achaques.

-¿Qué achaques tiene mi padre?

-Hija, pues los normales de la edad.

Tu padre ya no es un mozo

de 20 años.

Digestiones pesada, reúma, problemas de huesos y...

Y otras cuestiones que no discutiré con vosotras.

No...

Sí.

Sí, sí, sí, claro que sí. Pero no con la misma frecuencia.

Además, niña, no me preguntes esas cosas, por favor.

Les pido un favor. Necesito escribir,

debo enviar una carta al convento.

Claro que sí. Mi esposo tiene en la mesa de despacho.

-Tengo papel perfumado,

si lo prefieres. ¿Es una carta para Simón?

No. A él le digo en persona lo que necesite.

Es para Adela, una monja del convento.

Apenas pude despedirme de ella.

¿Y os hicisteis amigas? Sí.

Me ayudó y me hizo muchísima compañía. Quería agradecérselo.

-Aquí tienes, papel y estilográfica. ¿Algo más?

No, creo que no. -¿No prefieres escribir en el salón?

No. Me quedo aquí, en la cocina. Así Antoñito puede sentirse a gusto.

-Pues nada, como tú quieras. Te dejamos sola.

Yo estoy de acuerdo con usted. -Gracias, hijo.

No podemos consentir... -Buenos días.

-Buenos días. -Disculpen el retraso.

Les creíamos en La Deliciosa.

-Quería que fuera más íntima.

Pedí a Celia que me dejara usar mi despacho.

Tomen asiento, por favor.

Primero, agradezco a don Ramón que haya confiado en Mauro y en mí

y que no haya denunciado a Teresa anoche mismo.

-Todavía no estoy seguro de haber actuado bien.

No se puede consentir que una vecina de Acacias

hiciera lo que hizo esa joven.

-Yo estoy de acuerdo, por mucho cariño que le tenga a doña Teresa.

Nos puso en peligro.

-Pido que no dramaticemos.

-¿Dramatizar dice?

¿Y si el disparo hubiera salido en otra dirección y hubiera matado

a una mujer? -No fue así.

No pensemos en lo que pudo ser. -¿Y cómo estamos seguros

de que no volverá a suceder?

¿Confían en el equilibrio mental de esa joven?

-A ver, yo no asistí a lo sucedido,

pero el relato escuchado me parece serio.

-Estoy de acuerdo con ustedes.

Algo terrible tuvo que ocurrir para que actuara así.

-Ha perdido el oremus. -Quizá descubrió algo

sobre Cayetana y la muerte de Tirso.

-Me niego a justificar la razones

que haya podido tener. Yo lo único que sé es que ayer vimos

a una vecina nuestra arrodillada,

con una pistola apuntándole en la cabeza.

Y esa vecina era Cayetana.

Es la víctima, no el verdugo. -Así es.

Todos sabemos cómo es

doña Cayetana, pero ayer se pasó. -Y si cree que ha matado a un niño,

cosa que dudo, que acuda a la justicia y no a una pistola.

-Les pido que me dejen hablar.

Es cierto que Teresa ayer cometió un grave error.

Pero les pido que no la denunciemos,

que dejemos que las aguas vuelvan a su cauce.

-Apoyo a don Felipe.

-Pues yo no. -Ni yo.

-Yo tampoco. Lo más importante

es la seguridad de los nuestros. -¿Quieren matar a Teresa en vida?

Todos la conocemos.

Es justa, cariñosa,

amiga de nuestras familias.

Siempre que puedo ayudar, lo hizo. -Felipe,

no estamos juzgando a la Teresa del pasado,

sino a la de ayer. De la de entonces ninguno teníamos ninguna duda.

-Les pido, por favor, que le demos una oportunidad.

Mauro San Emeterio se hará cargo de ella.

-¿Sin ir a una casa de reposo?

Yo creo que es lo que necesita. -Bueno,

se estudiará lo necesario. -¿Y no da igual

lo que hagamos? ¿No va a denunciarla doña Cayetana?

-Según me ha informado Celia,

Cayetana expresó su deseo de no interponer denuncia.

-Pues nada,

pero aviso de que nos estamos equivocando.

Y ahora,

si me disculpan, tengo que ausentarme.

Mi hijo Antoñito vino ayer y quiero estar con él.

-Vaya. Vaya con los suyos, don Ramón.

-Señores. -Con Dios.

Ay, Lola, mujer, ¿cómo te van a despedir

sin hacer nada? -Dar un guantazo

al hijo de don Ramón. Cayó patas arriba.

-Para que no les robaran. Te tenían que dar un aguinaldo.

-Pues de patitas en la "rue" que me voy a ver.

¿Para qué soy vigilanta?

En Cabrahigo me debí quedar. La mar de bien estaba.

¡Maldita las ganas de conocer la ciudad!

-Lola, ¿te quieres estar quieta?

Vamos a ver. ¿Crees que los señores

se han reunido para parlamentar de ti?

-¿Qué otra cosa puede ser?

-Para hablar sobre doña Teresa y doña Cayetana, por ejemplo.

-De ellas sí que deberían parlamentar, vaya que si debían.

Suerte que no estamos de velatorio.

-Pues eso. No te des más importancias de las que tienes.

Ellos se acuerdan de nosotras una vez al año, y ese día ha pasado.

-Se acuerdan cuando damos problemas, y yo los he dado

en todo el ojo del Antoñito.

-Pierde cuidado, Lola.

Yo te apoyo.

Y si despiden a una,

despiden a las dos.

Tú no te preocupes, que la sangre no llegará al arroyo.

-Al río.

-Lola, si no llega al arroyo, menos va a llegar al río.

-No hay manera de descansar en este altillo.

Toda la noche vuelta para acá y vuelta para allá,

con la imagen de doña Teresa con la pistola, que no se me borraba.

Y ahora vosotras también. Altillo arriba y altillo abajo.

-Ay, es que no sabes lo que ha pasado.

Que apareció el Antoñito, el hijo de don Ramón.

-¿Y qué?

Menuda pieza.

A ese lo conozco yo desde zagal.

-Que le he confundido con un caco y le he pegado un puñetazo

como me enseñó el Marcial en Cabrahigo.

(VOZ GRAVE) "Directo y para que no se levanta más".

-¿Le has pegado? ¿Por qué has hecho eso?

-Ah, bueno, que ha sido casi en defensa propia suya.

-No sé si ir haciéndome el hatillo, para cuando me den la patada.

-No.

Espera.

Lo que tienes que hacer es pedir perdón.

-A Dios.

-Anda, anda, quita. Que ni a Dios ni qué ocho cuartos.

A Antoñito y a don Ramón.

Antes de que digan nada, lo dices tú,

para ganarles la mano. Y ya está. -Ah.

-Anda, acompáñame al mercado, Lola.

A ver si a la vuelta los encontramos. -Eso.

Y no lo dejes para más tarde, que quizá no tenga remedio. Hala.

Buenos días, Servando. Buenos días.

Eh... Señorita Elvira, Señorita María Luisa.

Permítanme una pregunta. ¿Saben algo de doña Cayetana y Teresa?

Poco, la verdad.

-Que los señores del edificio van a decidir si denunciar a Teresa.

-Ya. ¿Y qué han resuelto?

-Lo desconozco. -Ya.

Es que... Es que tiene difícil decisión. Eso es...

Tiene doble trayectoria, como una cornada.

Por una parte, la señorita Teresa es de fácil convivencia.

Pero por otra, y visto lo de ayer, es que asusta hasta el más bragado.

Yo incluso hubo...

¿No me diga que usted se asustó?

No. ¿Asustarme? ¿Asustarme yo? No, a ver.

Tenga usted en cuenta que mi puesto de trabajo

exige temple y mano fría.

Porque no se sabe nunca a qué criminal

despiadado te puedes enfrentar para defender la finca.

-Me lo imaginaba. Ninguna mujer, por pistola que lleve,

le asustaría. -No, claro.

Si quieren que las acompañe, solo tienen que pedirlo.

No sucederá nada.

El peligro pasó. Pero el miedo es libre.

De momento, no. Pero si nos asustamos, le llamamos.

No, no lo duden.

-Buenos días.

-Buenos días.

-Señorita María Luisa, ¿cómo está su hermano?

-Mejor. Con el ojo a la virulé, peor mejor.

-Qué avergonzada estoy. -No te preocupes.

Entendemos que fue un accidente.

-¿Entonces no me van a despedir?

Gracias. Muchas gracias.

Luego le doy mis disculpas al señorito Antoñito.

-¿Pero qué estoy escuchando? ¿Está aquí don Antoñito?

Tengo ganas de ver a ese malandrín. -Don Servando,

ándese con cuidado, que es vecino. -Dicho lo de malandrín

con todos mis respetos.

Le he visto desde que nació jugar en la calle.

-Está descansando.

Pronto bajará a saludar a la vecindad.

Buenos días.

-Buenos días.

Lola, vámonos para el mercado, no sea que nos cierren.

-Sí. -Bueno, y yo voy a seguir

con mis quehaceres. Y ya lo saben, si necesitan

que las acompañe, no duden en llamarme.

-Gracias.

Ya lo sé, ya.

Es una situación muy violenta.

No sé cómo sería que mi padre se comportara así conmigo.

Lo único que me importa es que Simón me quiera.

Te lo digo con la mano en el corazón.

Bueno, pues el baño está listo.

La tina llena, el agua caliente

y con olor a jazmín. Y nadie te va a molestar en una hora.

Vamos.

No tengo ánimos, Mauro. Teresa, no has dormido nada.

Apenas logré darte una taza de caldo.

No hablas.

Lo siento. Mi amor,

la vida sigue.

A mi pesar.

No tengo ganas de seguir viviendo.

Hace muchos años

decidí dedicarme a ayudar a los que más lo necesitaban:

los niños.

Y ahora, he fallado

al que más me precisaba,

Tirso.

Lo que ha ocurrido es lamentable,

y no lo vas a olvidar en tu vida,

pero habrá más niños que vivirán gracias a tus desvelos.

No quiero fallar a todo el mundo.

Lo haces como con regla.

-Lo bien hecho, bien parece. -No digo que no.

Me voy a buscar unos patrones.

-¿Necesita usted ayuda?

-No. Sigue con los pañuelos.

(Puerta abriéndose)

Estás hecho todo un sastre.

Anda que no me falta por aprender...

Vengo de enviar una carta

a un compañera del convento.

Adela.

Y le hablo de ti.

Ah. Cosas buenas.

¿Sobre ti? Ajá.

Maravillosas.

No tanto sobre mi padre.

Me crucé antes con él.

¿Y...?

Ni se dignó a saludarme.

Me gustaría decirte que algún día se va a arreglar.

Mientras tú estés conmigo, me da igual.

Como si me retira el saludo de por vida.

Para mí tú lo eres todo.

También tú lo eres para mí.

Lo sé.

Se lo decía a Adela a diario en el convento.

Y se lo he repetido en la carta.

Sufrí mucho pensando que no volvería a verte, Elvira.

Ni lo recuerdes.

¿Sabes en qué pensaba cuando me obligaban a pasar horas

de rodillas en la capilla?

En tus besos.

Bueno,

y en mis visitas al altillo para estar contigo.

Seguro que pensar en eso dentro de una capilla es pecado.

Bueno, dentro y fuera también.

Sí, seguro que sí.

Pero me da igual.

Muero de ganas por volver a vivir

aquellos momentos. Pronto.

Muy pronto.

Prométeme que nunca nos separaremos.

Nunca.

Ni un solo día de nuestras vidas.

¿Pero y esto de dónde ha salido? -¿De dónde va a ser?

Del mercado. ¿Te gustan? -No dirá que no es bonito.

Pero no se encariñe,

crecen y no son para estar en casa. -¿En casa?

¿No pensarás que va a ser nuestra mascota?

Espero que nos lo comamos mañana.

-¿Comérnoslo? -Pues claro.

-Pero, doña Rosina,

eso es una salvajada.

-Te gusta el jamón. -Al jamón no lo he conocido

con vida. -Pues alguien lo mató.

Y tú vas a matar a este.

¡Vaya!

Por fin te dignas a aparecer. Se acabó pasar la vida en Acacias.

-Perdóneme. Anda el barrio revuelto con lo de doña Teresa.

-Ay, qué sinsentido. Esa muchacha

ha perdido el oremus, sí o sí. -¿Y esto?

-Para que nos demos un banquete. -Oh.

¿Y cómo no lo ha comprado sacrificado y limpio?

-Es más caro. Y para algo estáis. Martín lo mata y tú lo limpias.

Trabajo en equipo. Me voy, que seguro

que hay cotilleos jugosos. Abur.

Nada, Martín, ya has oído a la señora. A matarlo.

-Pero... ¿Pero no te da pena? -Sí, bueno,

si me diera pena cada filete

que me como... Oye, y sácalo fuera, eh.

Eso echa sangre como un surtidor.

¡Ay!

(ESTORNUDA)

-Jesús.

(SUSPIRA)

A ver cómo hago yo esto.

Lolita, hija, no le des más vueltas. Que sí, que lo creíste un caco.

Hiciste lo que debías. Ya está.

-¿Y no me cogerá tirria don Antoñito? -Que no, no creo.

Además, ya le ha bajado mucho la hinchazón.

Que menudo puñetazo que le diste.

-Ya le digo. Con todas mis fuerzas.

No estoy tranquila hasta no pedirle perdón.

-Pues mira, ahí le tienes.

Antoñito.

-Bueno...

¿No me digas que tú eres lolita,

puños de acero?

-Perdóneme, señorito, yo no le quería pegar.

-Si llegas a querer, no sé dónde me mandas. Al otro barrio.

¿Quién te enseñó a pegar así? -Pues el Marcial, de Cabrahigo.

-Es verdad. -Dicen que tiró

un edificio de un puñetazo. Se rompió la mano.

-A mí me tiraste porque me pillaste desprevenido.

-¡Huy!

Antoñito, hijo, no presumas,

que Lolita es peligrosa. -Ya, ya.

A mí me lo va usted a contar. Pero yo tampoco soy manco.

Tengo puño de hierro.

Me llaman Flying Feet.

O sea, pies voladores.

Por la velocidad de mis pies.

O sea, pies voladores.

-Huy.

¿Y eso?

Vaya apodo. ¿Es que huye como una centella cuando hay mamporros?

-Al contrario, ataco por todas partes.

-Ay. -Me gustas, Lolita.

Viene a pedirme perdón

y me insulta. -Que ya te vale, Lolita.

-Perdóneme, señorito, que me pierde la boca.

-Perdonada. Pero hazme un favor. -El que Vd. me pida.

-Tráeme el periódico. -A la voz de "ar".

Eh, tú.

No abuses de Lolita, que no te lo consiento.

-Descuide, doña Trini.

Ya ves que no es mi especialidad hacer camas.

Pero esta no me ha quedado nada mal.

Sábanas limpias

y una buena manta, por si esta noche enfría.

No deberías haberte preocupado.

No lo hago por obligación.

Es que me encanta cuidar de ti.

Venga, que te tienes que vestir.

Arriba, señorita.

No merezco

que te ocupes de mí.

No te va a ser tan fácil librarte de mí.

Voy a cuidar de ti hasta que encuentres un motivo para vivir.

¿Y si nunca más

lo encuentro?

Cuidaré de ti hasta el último día

de mi vida.

El cochinillo resultó tener sus mañas y...

consiguió huir.

-¿Adónde?

-Eso quisiera yo saber.

Lo perseguí, por supuesto.

Pero solo encontré sus huellas pequeñitas,

como los hoyos que dejan las gotas de lluvia.

Pero no lluvia torrencial, sino llovizna.

-¿De qué hablas? ¡Qué tendrá que ver la lluvia con el tocino!

-Y nunca mejor dicho. (ESTORNUDA)

-Doña Rosina, como ya casi le he relatado,

el cerdito consiguió alcanzar su libertad antes de darle yo caza.

-Oye, y ahora que estamos solos,

¿qué opinas sobre lo de Víctor?

-¿Que por fin te haya echado el guante? Que me alegro en gordo.

Que bien te ha perseguido. Menudo era Víctor.

Quizá hasta más travieso y alborotador que yo,

que ya es decir. No nos separaban ni con agua hirviendo.

Uña y carne. -Ha cambiado mucho.

Ha madurado, vamos. Eso sí, a la fuerza,

pero se ha hecho un hombre. Sobre todo desde que nos prometimos.

Es otro.

Venga, vamos a desayunar a La Deliciosa.

A él le hará ilusión verte.

Y así rememoráis vuestras escandalosas niñerías.

-No, no. No es que no quiera verle,

pero preferiría que Víctor subiera aquí.

"No me ofrezca paseos"

y distracciones. No tengo fuerzas.

Por eso, querida. Ponga usted un poco de su parte.

Ojalá pudiera, pero...

ni siquiera puedo cumplir con mi deber.

Olvídese por un momento del colegio y del patronato.

Precisamente su paz no debe verse alterada por nada.

El colegio seguirá estando en su sitio

para cuando esté dispuesta.

No me refiero ni al colegio ni al patronato.

¿Ah, no?

¿Y qué otras responsabilidades tiene?

Mi responsabilidad, como usted dice,

mi deber casi sagrado,

es vengar la muerte de mi hijo.

El asesinato de Tirso. -"Mi vida".

Perdóname, que no he tenido ni un momento para dedicarte.

Tengo la terraza hasta arriba.

-Perdonado quedas. Más vale el negocio que el ocio.

Ya me he terminado el suizo. Así que me voy para casa. Luego vuelvo.

-Aguarda, aguarda. Eres más principal que las pesetas.

Si no tengo tiempo, ¿para qué quiero negocio?

-Mejor. Así puedo contarte a lo que venía.

-¿No era a contemplarme? -También.

Pero me gustaría que subieras un rato a casa, a ver a mi hermano.

Te vendría bien.

Y así recordáis vuestras niñerías. -Deseando estoy.

-Alabado sea el Altísimo. Dichosos los ojos.

Llevo todo el santo día intentando dar con usted.

-¿Por qué motivo?

Que recuerde, usted y yo no tenemos asunto alguno pendiente.

-No es por mi interés por lo que la busco.

Es un encargo de Cayetana.

-¿De veras?

¿Y le ha dicho para qué?

-Por lo que he podido entender, quiere que la sustituya

en las labores del patronato y del colegio.

Ni ella, ni por descontado Teresa, pueden hacerse cargo de esas tareas.

¿Y si salimos los tres de antros para celebrar tu regreso?

-Mi padre se escandalizaría si voy a tugurios.

-Si vamos con tu hermano.

¿Qué me dices? ¿Nos vamos a dar un garbeo?

-No.

Prefiero quedarme en casa.

-¿Tú? ¿Precisamente tú encerrado entre cuatro paredes?

No me lo creo. Ni que se escondiera.

-No, no es eso.

¿De quién tendría que esconderme?

No me apetece. -Venga.

Si hasta tu hermana lo está deseando.

Diga lo que diga. Se lo noto en los ojos.

-¿Te quedas? -Sí. Sí, sí.

Siempre que me permita salir más temprano mañana por la tarde.

-¿Y eso?

-Verá, me han contratado

para servir en un banquete de lujo.

Todavía estoy bien considerado en las altas esferas.

-No sé si me gusta mucho ese quehacer.

Eres mi hijo, tienes un trabajo aquí.

Ya no necesitas seguir sirviendo. -No.

Pero me gusta hacerlo. Siempre me ha gustado.

Y no hay nada de indigno. Me van a pagar muy bien.

-¿Qué necesidad tienes tú ahora de dinero?

-Más que nunca.

Se lo voy a contar.

Voy a pedirle a Elvira que se case conmigo.

-"Anda, anda y anda".

Que te quejarás de la mucama que tienes.

-No me quejo. Aprende rápido.

-Lolita tiene un corazón de oro.

Las de Cabrahigo somos así. Eh.

-Espero que no signifique que también Vd. arrea puñetazos.

-Mire que se le ha quedado marcado, eh.

Más que el hierro a los toros.

Y que no tenga que repetirlo.

Confundí al señorito con un caco

que entra a afanar. -O sea,

que afirmas que tengo pinta de ratero.

No sabía que fumases. -No suelo hacerlo. No está bien.

-Está como un flan.

No entiendo por qué.

Ya conoces la respuesta de Elvira. -Espero que sí.

Pero es la primera vez que pido en matrimonio.

-Que sea la última.

-Te tiemblan las manos.

-Me tiemblan hasta los calcetines. -Estos hombres,

valientes para algunas cosas y miedosos para lo que importa.

-Eh, habla por el cagueta,

no por todo el género masculino. -Bueno, Víctor,

el Intrépido. Ya veremos si mantienes el temple

cuando nos toque ir al altar.

-El temple no sé. Ahora, que voy a ser el hombre más feliz

casándome con la reina de la belleza.

"Cayetana estuvo detrás"

de la muerte del muchacho.

No apresure conclusiones. Nada avala esa tesis.

Sí que hay, Felipe. Hay detalles.

Hay pruebas circunstanciales.

Quien fue a ver a Tirso al colegio

no fue obligado a firmar en el libro de visitas.

Tuvo que ser alguien de... De la institución.

Alguien con mucha mano. ¿Se le ocurre alguien mejor que Cayetana?

Circunstancial, como bien dice.

Puede que se colara entre otras visitas. Pudo pasar por maestra,

incluso tener llaves.

Puede que nadie la viera, Mauro.

Otra cosa.

¿Por qué habló con el agente Soler

para que anulara la orden de matarnos a Teresa y a mí?

Se lo diré. Porque asesinando a ese niño,

a Teresa ya la ha matado en vida.

¿Qué ha pasado entre usted y doña Teresa?

Ya te lo dije.

Sabe de mi identidad.

No puede ser solo eso, señora.

Por eso no se mata. Fabiana, no olvides

que está con Mauro.

Le tiene al lado, hablándole al oído.

Está convencida de que soy la culpable de lo que le sucede.

Desde los maltratos de Fernando hasta la muerte

de ese muchacho. ¿Y por qué iba

a acusarla a usted? No...

No hay razón alguna.

Tú misma lo has dicho.

Estamos hablando de una orate, de una enajenada.

-"¿De dónde viene?".

De Acacias. ¿No habrá cometido ninguna locura?

Casi subo a casa de Cayetana para pegarle un tiro.

Pero al final, he desistido.

Don Felipe

me había aconsejado.

Al final, la cordura ha prevalecido en mí.

Quizá por desgracia. No se critique por ello.

Tiene que ayudarme, Soler.

Necesito atrapar de una vez a esa mujer.

Y usted es el único que tiene acceso a ella.

¿Me va a ayudar?

  • A mi lista
  • A mis favoritos
  • Capítulo 517

Acacias 38 - Capítulo 517

17 may 2017

Teresa acusa a Cayetana de haber asesinado a Tirso y la amenaza en plena calle con una pistola. Afortunadamente se evita el desastre y Mauro se lleva a Teresa a casa e intenta tranquilizarla. Lolita noquea a un ladrón en casa de los Palacios, y resulta ser Antoñito, el hijo mayor de Ramón.

ver más sobre "Acacias 38 - Capítulo 517" ver menos sobre "Acacias 38 - Capítulo 517"

Los últimos 2.012 programas de Acacias 38

  • Ver Miniaturas Ver Miniaturas
  • Ver Listado Ver Listado
Buscar por:
Por fechas
Por tipo
Todos los vídeos y audios
  • Nuevo Capítulo 524 Completo 51:39 97% pasado viernes
    Capítulo 524 pasado viernes Una curandera confirma que Teresa está embarazada. Celia sospecha que algo ocurre y le pide explicaciones a su amiga. Trini se une a la timba de Antoñito. Ramón descubre que están mont...
  • Nuevo Capítulo 523 Completo 53:32 100% pasado jueves
    Capítulo 523 pasado jueves Úrsula amenaza a Cayetana con desvelar pruebas que la inculpan de la muerte de Tirso. Cayetana reacciona con violencia y deja a Úrsula inconsciente; asustada, anuncia a los vecinos mediante cartas q...
  • Nuevo Capítulo 522 Completo 53:50 100% pasado miércoles
    Capítulo 522 pasado miércoles Elvira no aparece por ningún lado. Finalmente, Simón desconvoca la boda y se lanza a buscar a su prometida, pero Elvira se ha esfumado: ni siquiera se ha llevado su equipaje. Simón se enfrent...
  • Nuevo Capítulo 521 Completo 52:43 100% pasado martes
    Capítulo 521 pasado martes Cayetana basa su acusación a Úrsula en los mismos motivos sobre los que Teresa y Mauro basan la suya contra la señora, por lo que desacredita completamente su denuncia. Soler ordena detener a...
  • Nuevo Capítulo 520 Completo 54:24 96% pasado lunes
    Capítulo 520 pasado lunes Úrsula les da a Mauro y a Teresa la clave del error de Cayetana de forma velada. Finalmente Teresa cae en la cuenta. Va junto con Mauro a denunciar a Cayetana en la policía, pero Cayetana se les ha ...
  • Capítulo 519 Completo 54:00 100% 19 may 2017
    Capítulo 519 19 may 2017 Cayetana le dice a Úrsula su error: le dijo a Teresa cierta información que solo podría conocer si había visto al niño poco antes de su muerte. Cayetana pide a Úrsula que...
  • Capítulo 518 Completo 56:09 100% 18 may 2017
    Capítulo 518 18 may 2017 Antoñito evita salir de casa, algo raro ocurre con el hijo de Ramón. Para sus recados manda a Lolita, que, contrita por el puñetazo, hace todo lo que le manda el señorito. Simó...
  • Capítulo 517 Completo 55:02 100% 17 may 2017
    Capítulo 517 17 may 2017 Teresa acusa a Cayetana de haber asesinado a Tirso y la amenaza en plena calle con una pistola. Afortunadamente se evita el desastre y Mauro se lleva a Teresa a casa e intenta tranquilizarla. Lolita noquea a un l...
  • Capítulo 516 Completo 54:35 100% 16 may 2017
    Capítulo 516 16 may 2017 Pablo alcanza el carruaje en el que huyen Melero y Leonor. Está a punto de perder la vida, pero unos guardias, advertidos por Liberto, abaten a Melero. Mientras, Habiba huye con el dinero
  • Capítulo 515 Completo 54:16 96% 15 may 2017
    Capítulo 515 15 may 2017 Cayetana decide no matar a Teresa y a Mauro, arrepentida por todo el mal que ha hecho. Mauro se queda sin opciones para acusar a Cayetana. Rosina y Liberto descubren que Leonor planea irse con Melero a Áfr...
  • Capítulo 514 Completo 55:40 100% 12 may 2017
    Capítulo 514 12 may 2017 Cayetana decide no matar a Teresa y a Mauro, arrepentida por todo el mal que ha hecho. Mauro se queda sin opciones para acusar a Cayetana. Rosina y Liberto descubren que Leonor planea irse con Melero a Áfr...
  • Capítulo 513 Completo 54:38 100% 11 may 2017
    Capítulo 513 11 may 2017 Celia acoge a Teresa en su casa para que no esté sola. Mauro le cuenta a Felipe que la tarde en la que Tirso cayó enfermo, una señora fue a verle al colegio. Rosina y Liberto cuentan a Pablo ...
  • Capítulo 512 Completo 52:33 100% 10 may 2017
    Capítulo 512 10 may 2017 Leonor confiesa a su familia que efectivamente mantuvo una relación con Melero para no sufrir la vida de esclava. Liberto busca una solución para Leonor, pero Melero le ofrece una salida fáci...
  • Capítulo 511 Completo 53:40 100% 09 may 2017
    Capítulo 511 09 may 2017 Los vecinos del barrio se rebelan contra la decisión de Arturo de enclaustrar a Elvira, pero no pueden hacer nada. Simón no se queda de brazos cruzados y peina los conventos de la zona. Teresa y Mau...
  • Capítulo 510 Completo 52:30 98% 08 may 2017
    Capítulo 510 08 may 2017 Pablo descubre que Leonor tuvo una relación con Mario Melero y es incapaz de perdonarla. Teresa decide recuperar su identidad. Soler cuenta a Mauro y Teresa que Cayetana planea asesinarlos. Mauro prepara s...

Añadir comentario ↓

  1. Inma

    MIro a veces,la serie por internet y paso de largo las escenas de Cayetana y Servando ...son insoportables y no aportan nada ,pero me sigue sorprendiendo la maldad que alimentan los guioninstas !!! ,matan a todos los personajes que hacen tontos de buenos ,confunden bondad con estupidez y el protagonismo que los guionistas dan a Cayetana y como se repiten ,....no habrá aboslutamente nada que compense todo lo que hizo .Me sorprende que lo siga mirando tanta gente ,es una fabrica del mal esta serie ,no aporta nada.La villana entre Que es esto ?? Y en un canal publico ...es deplorable y poco humano,poco practico y nada creativo .

    19 may 2017
  2. Doña yo

    ¿Quien se ha creido Teresa para decir a la gente que se vaya de una casa que no es suya? Vamos!

    18 may 2017
  3. Escorpio

    Fantástica progresión ayer: 1.179.000 espectadores y 11,7% de cuota de pantalla. Así va la mejor serie de la tarde en TVE.

    18 may 2017
  4. Pilar Méndez

    También excelente interpretación de Cayetana cuando se le aparece Tirso y se acurruca en la chimenea aterrorizada.

    18 may 2017
  5. Mabi

    Que tacaña es Rosina !!!!! Comprar un cerdito vivo porque es mas barato!!! Esta bien que ahora dispone de la mitad de rentas del yacimiento gracias a Leonor pero....y Liberto ? No aporta nada, a la economía familiar ?? Dejemos a Pablo, que al no tener herencia ni trabajo, sea el " mantenido" ,pero Liberto !?!?!?!!!

    18 may 2017
  6. Mabi

    En comentarios del capitulo 514 , BABU preguntaba como se había salvado Teresa del incendio, en el cap. 240 a los 30.30 minutos , hablando con Mauro recuerda ( en imágenes) caminando, descalza y toda tiznada sola, alguien la recoge y la lleva al Hospicio de la Caridad ( esto no se ve ) .

    18 may 2017
  7. Mabi

    Que " castañazo" el de Lolita a Antoñito !!!! Y que pinta de truhán tiene !! Si no quiere hacerse ver demasiado por los lugares que solia frecuentar, y en compañía de Víctor, es porque halgo se trae bajo el poncho...tomar el primer vapor que salia para España, no darse a ver, el preguntarle a Lolita si tenia cara de " caco"... Veremos, veremos, pero lo mejor sería que " al fin" le consigan novio a Lolita y este fuera el hijo de Don Ramón, una ex manicura , un chocolatero y una criada seria el triangulo como para que si Lourdes resucitara, solita se volvería a la tumba !!!! Muy buen capítulo que siempre, por lo menos a mi , me deja con las ganas de ver más.

    18 may 2017
  8. Irene

    Llevo horas intentando ver el capítulo de hoy por la web desde Centroamerica y nada. Ya dos días con lo mismo. Arreglen esto por favor.

    17 may 2017
  9. mm

    Celia, más tonta aún, el maridito le mete los cuernos y ella dale que te dale haciendole las carantoñas, y ahora preocupada por cayetana cuando hace 4 dias estaba a favor de mauro diciendo que cayetana es una malvada.

    17 may 2017
  10. anna

    Yo hoy tampoco la he podido ver. Ayer la vi en la tele

    17 may 2017