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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 496 - ver ahora
Transcripción completa

Tu padre ha fallecido. No, no, mientes.

Dejó una carta para ti.

Las últimas palabras que me dirige

son para repudiarme. Para demostrarme que no me guardaba estima.

-"Has de saber que si pude escapar de Fernando Poo"

fue gracias a tu esposa.

Ella fue quien convenció al dueño de la plantación.

Fue ella la que me liberó de ese infierno en la tierra.

-A cambio de dinero por tu libertad. -Así es.

-Cuando terminemos con los trámites de la adopción de Tirso,

abandonaremos esta casa.

Creo que será lo mejor para los dos que no vivamos

bajo el mismo techo. -"¡Ay!".

Al fin aparece, señorita.

Siempre te agradeceré que me hayas liberado y allanado el camino.

A quien le tienes que agradecer es a doña Susana, que fue idea suya.

-No tenemos tiempo para explicaciones.

¿Pero adónde vamos?

Al hospital, a ver a Simón.

Elena.

"Lo siento tanto". -"No, no te disculpes".

Solo quiero que olvidemos lo sucedido y que empecemos de cero.

-Te lo prometo.

"Me pregunto si Teresa estaría tan dispuesta a acompañarle

si supiera lo que sucedió entre nosotros".

"La conozco".

No sería capaz de semejante bajeza.

Póngame a prueba.

Lo que pasó entre nosotros no volverá a ocurrir nunca más.

Si quiere contarlo, tendrá que enfrentarse conmigo.

-"Tu padre descubrirá tu ausencia".

Y tratará

de hacértelo pagar. Es por ti por quien temo.

No encontraré escondite

de mi padre. -Por eso no te preocupes, Elvira.

Yo me ocuparé de ti.

"Fernando y yo vamos a adoptar a Tirso".

¿Me estás apartando de tu vida?

¡Oh!

Teresa.

Teresa, ¿qué te pasa?

Teresa. ¡Teresa!

¡Teresa!

Teresa, mi amor.

Teresa, mi amor.

Teresa.

¿Qué te pasa, Teresa?

Mauro, ayúdame.

No soporto este dolor.

¿Pero qué es?

No lo sé. Es como si me desgarrara.

Vamos. Tiene que verte un médico.

Espera.

¿Se te pasa?

Sí, va pasando.

Es como si me clavaran una lanza.

Teresa, no es la primera vez que te ocurre esto.

La primera vez fue la semana pasada y desde entonces se repite.

Vamos. Tienes que ir al hospital.

Puede ser algo grave.

Tú no puedes ir. ¿Y si te descubren?

Me da igual que me descubran. No me voy a arriesgar a perderte.

¿Perderme, Mauro?

Lo que hablábamos... Decías que no querías estar conmigo.

Que ibas a seguir con Fernando y que adoptarías a Tirso.

Y lo sigo pensando.

Pero nada impedirá que te ame mientras vivas.

¿Sin esperanzas?

Sin esperanzas.

Solo las perderé el día en que uno de los dos desaparezca.

Teresa, estás sangrando.

Vámonos.

Ten cuidado. Nadie puede verte.

Lo tendré.

Ahora lo importante eres tú.

Saber qué es ese dolor. Vamos.

Ru...

-Rutina.

"Una mar de hielo

que la tenía sujeta, inmóvil".

-Soy un mastuerzo. Pierdes el tiempo conmigo.

(PABLO LEE DESPACIO) "Las beatas...".

-No te distraigas.

-Sí.

-"Pablo,"

no quiero parné,

ni trajes, ni la boda perfecta.

Solo el hombre perfecto.

Al menos para mí.

Y creo que ese

puede que no ande muy lejos.

-Culpa nuestra por olvidar el mundo en el que vivimos.

Leonor, te estaba buscando.

-Pues aquí he estado todo el tiempo.

Recordando.

Hace mucho tiempo, antes de casarme,

antes de escribir, hace tanto que casi lo he olvidado,

me gustaba sentarme en este banco.

-No tiene nada de especial.

-Sí.

Que aquí he sido muy feliz

y he soñado.

-Deberíamos volver.

No puedes desaparecer así.

-Siéntate.

-No podemos dar un paso más en falso.

Pablo se ha creído lo que le contamos.

Pero no tardará en descubrirlo. -Es que no quiero

seguir mintiéndole. -No hay otra opción.

-Es mi marido.

Es el hombre más noble y más sincero que he conocido nunca.

No se merece mis mentiras. -Olvídalo.

Tienes que seguir con el plan. -Es que tú no le conoces.

Él sería incapaz de hacerle daño a nadie,

incapaz de hacerme daño.

-Te creo.

Pero sabes que todo esto no depende ni de ti ni de mí.

Y mucho menos de Pablo.

-Cada día me arrepiento más.

-No sigas por ahí, Leonor.

Sabes que no hay marcha atrás.

Vamos.

No sé para qué ponen agua corriente en los pisos.

Si tenemos que venir a cargar el agua igual. Mucho progreso,

pero las pobres tenemos que venir a cargar la cántara.

-Dice doña Rosina que el agua de la fuente es más pura.

-Del mismo sitio

viene la una que la otra. Quieren que vengamos a doblar el hombro.

-Tú tienes el día hoy torcido, Lola.

-Como para no tenerlo, Casilda.

-A ti te jeringa que don Segismundo

no os va a dejar el piso ni a ti ni al Servando.

-Que me alegro que el hombre no se muera.

Que disfrute lo que le queda. Bien majete es.

Mira.

El coronel ya sale de la casa.

Se ha jipado de que su hija se fugó. -Como sepa que la ayudaste tú,

te va a cortar a rodajitas.

-Ay.

Mira bien. Y si viene, avisa.

Que salgo de estampida.

-No.

Si en todavía vamos a tener un disgusto.

El coronel que se cargó a la fregona. -Vigila.

-No hay moros en la costa.

Se marcha para el quiosco.

-Lolita.

-Que ando con prisa. -Tú no vas a ningún lado

hasta que no parlamentos tú y yo. -Voy escopetada.

-Bueno, pues sosiega

y deja el cántaro ahí.

Hay que explicarse cuando se hacen las cosas con maña.

Venga, explícate.

-Si no le ha preguntado,

¿qué explicaciones tiene que darle? -No hace falta.

La Lolita es más larga que la muralla china y sabe lo que contestar.

-Yo no tengo nada que ver con la desaparición de Elvira.

-¿Te has dado cuenta como no hacía falta que le hiciera la pregunta?

¿Ah, no? ¿Y para qué querías saber sobre las llaves de los Valverde?

Cuenta, cuenta. Dímelo. -No era para nada de eso.

-¿Ibas a hacerle la colada gratis

a los ricos? ¿Te gusta hacerles a ti favores como el Robin Hood?

Pero a la viceversa, verbigracia. Mira, Lolita,

que mientes peor que yo chamullo inglés.

-Servando, no le diga nada al coronel.

-¿Tú sabes en el lío que te metes si el coronel se entera

que has ayudado a su hija? -Si ya la he avisado yo.

-Lo que tiene que hacer es callarse y no decir nada.

Lo saben la Casilda y Vd. Y la señorita Elvira.

-Y yo tengo la boca cosida.

-Ya, ya, ya. Ya sabes que

a mí guardar secretos

me arde y no sé si puedo.

-Por favor se lo pido.

-Bueno, pues lo intentaré.

Porque si no...

Tusa, tusa, venga, venga.

(Puerta)

¿No está Teresa?

Pensé que sería ella.

¿No ha regresado aún?

¿Qué busca, doña Cayetana?

Me alegro de encontrarle a usted a solas.

Quería pedirle perdón por lo que le he dicho antes.

No sería capaz de rebelarle a Teresa lo que sucedió entre nosotros.

Lo celebro,

aunque cada día me cueste más creerla.

No sería capaz de hacerle daño a mi amiga.

Venía a disculparme con ella por no ir a la chocolatería.

Más tarde podrá disculparse con ella, si es lo que desea.

Con ella y con usted.

Me siento mal por nuestra discusión.

Por mi parte queda olvidada.

Gracias.

Lamentablemente todo queda olvidado,

no solo eso.

Borraremos de nuestra memoria

la discusión, pero también los buenos momentos vividos.

En esta misma cama.

Yo nunca los olvidaré.

Los pequeños atisbos de placer

uno siempre los haría eternos. ¿No cree?

A lo mejor Teresa está en La Deliciosa y aún me puedo tomar

un chocolate con ella.

No está allí.

Se marchó durante la merienda.

Déjeme adivinar.

Se ausentó durante la merienda sin decir adónde iba.

Y le prometió que volvería pronto.

Y ahora está aquí como un león enjaulado preguntándose dónde está.

Así es.

Debería estar ya acostumbrado, Fernando.

Ese es el modo de proceder de mi amiga Teresa en los últimos tiempos.

Tiene ausencias inexplicables.

Inexplicables por completo.

No se preocupe.

Quizá algún día Teresa se percate

de que no puede tratarle con esa frialdad.

Quizá algún día olvide a ese hombre

que sigue ocupando su cabeza y su corazón.

Ni la muerte ha conseguido borrarlo de sus sueños ni de sus deseos

más íntimos. No le consiento que hable mal.

Tal vez aún piense en esos momentos

que no ha vuelto a vivir con su esposo.

No se violente conmigo, Fernando.

Estoy de su lado.

Aunque a veces me pueda la soberbia

y haga amenazas sin sentido, como la de contar lo nuestro.

Me ha hecho usted mucho daño.

Aunque sé que podré perdonarle.

¿Podrá usted perdonar a Teresa?

No hay nada que la tenga que perdonar.

Puede usted contar conmigo.

Es afortunado de que no le guarde rencor.

Suerte.

Espero que regrese pronto.

Y no desespere.

Tenga confianza.

Teresa, ¿cómo estás?

Vayan preparando a la paciente para la operación.

Acompáñeme, por favor.

¿Qué ocurre, doctor?

La paciente debe ser intervenida.

Ha perdido mucha sangre.

No sangraba mucho al empezar los dolores.

Cuando comenzó el sangrado no, ahora sí.

No ha sido capaz de darme información. Se encuentra ida.

¿Estaba usted cuando...?

Sí, sí. Y dígame. ¿Cómo fue?

Pues parecía estar bien. Estábamos hablando y...

¿Y discutían? No, no discutíamos.

Aunque no era una charla que apeteciera tener.

Como le digo, hablábamos y de repente se dobló.

Como si le clavaran algo.

¿Perdió el conocimiento? Sí.

Por unos segundos.

Acerté a cogerla en vilo y no se desplomó.

Y la dejé sobre la cama.

¿Remitió el dolor? Sí.

Se quiso levantar aunque estaba débil.

Pero fue cuando vi que empezaba a sangrar

y la traje. Ha hecho bien.

Quizá haya salvado su vida.

¿Qué tiene, doctor? No estoy seguro.

Debemos llevarla a quirófano y podré informarle. Necesito que firme

autorización para su intervención. Su firma como esposo

será suficiente.

No. Yo no soy su esposo.

¿Algún familiar cercano?

Tampoco.

Solo soy...

No soy nadie.

No es nadie,

pero estaba usted con ella. La cogió en vilo.

La dejó en una cama.

Bien.

Ustedes sabrán lo que hacían.

Necesito que avise a la familia. ¿Podrá hacerlo usted?

Sí.

Muy bien.

Teresa,

sé fuerte.

Por favor,

necesito que llame a su familia.

Déjenos seguir examinándola.

Vete. No te quedes esperando.

Antes de que llegue alguien.

Bueno, Servando, ya está bien que se quite esa idea de la cabeza.

No existe ni el mal de ojo ni nada. -Calla, insensato.

Mira, te contaría historias

que te dejarían sin dormir un mes.

-¿Historias de fantasmas? Mire,

no le cuento las que me relataban en Filipinas porque mojaría

las sábanas por la noche.

Hay una isla

llamada Siquijor en donde los brujos que practican magia negra

matan a una persona con solo hacer un maleficio

sobre su retrato. -Imposible.

-Tienen que hacer el maleficio

en viernes santo. Y contra eso ni vela, ni incienso, ni nada.

-¿Y cómo se protege?

-Solo un mago con más poder es capaz de quitar el maleficio.

-Pero eso es como todo. A ver, un conde

manda menos que un marqués, un marqués menos que un duque

y a todos les puede el rey. A mí no me asustas.

Yo soy más valiente que tú

hasta durmiendo.

-Anda y dejaros de fanfarronadas.

Cuando dos presumen de valentía, acaba como el rosario de la Aurora.

-Los periódicos de la tarde de los señores.

-Ya los subo yo.

-Que te lo tengo dicho, Martín.

Espera que los lean.

Los dejas sucios con tus dedazos.

-Déjele al mameluco que se culturice.

Luego se cree historias

de brujos "filipínicos".

-Miren.

Aquí habla del yacimiento

de la calle Acacias.

Que no era romano, sino íbero.

-¿Y eso es mejor o peor? -Más antiguo.

Sigue, sigue leyendo, Martín. -Pues mire.

Dice que se han encontrado restos de hasta el siglo V a. C.

Son los más antiguos de la zona. -¿500 años a. C?

Nada más y nada menos, Servando.

Y atentos, eh. Atentos. "Es de suponer

que la ciudad empezó en la calle Acacias,

donde se estableció la primera acrópolis

de esta zona". -Toma ya. Si ya sabía yo

que pisamos terreno importante.

Esto hay que celebrarlo.

-Hay que subir los periódicos, no lleguen tarde y no quieran pagar.

-Pero, Fabiana, ¿no se da usted cuenta

que los "acacieros" somos los herederos de la tradición?

-¿Pero usted no es de Naveros? -Sí, bueno, pero estoy seguro

que en cada edificio de la acrópolis de hace 500 años

había un portero de Naveros del Río. Naveros del Río y Acacias

somos uno. -Huy, segurísimo.

Y en la mansión de los romanos

lo mismo.

Lo que no sé yo es como uno de su pueblo no llegó a emperador.

¿Verdad?

-Bueno,

voy a dejar esto aquí

y me voy a subir con los periódicos a casa de don Ramón.

Este magno descubrimiento

tenemos que celebrarlo. Eso como que me llamo Servando Gallo.

-Ya se va a liar.

-Y tanto que sí. Ya verás.

Esto está muy malo.

Está muy malo. ¿Por qué no le ponen sal?

-Es lo que hay que comer

y se come. Estamos en un hospital.

Si protestas, es que estás mejor.

Cuando salgas de aquí, yo misma te haré un caldo

que te vas a chupar los dedos.

-¿Cocina usted bien?

-Hago un arroz con leche que ya verás. El mejor que hayas probado.

Tienes que decirme lo que te gusta.

Y así te lo podré hacer.

-Lo que me gusta.

Le parecerá una tontería,

pero las lentejas.

-¿De verdad?

Como a Leandro.

Debe de ser algo que se lleva en la sangre.

-¿Conoceré algún día a Leandro?

-Puede ser, tal vez.

Quizá haya llegado el momento de hacer las paces.

Pero necesito tiempo.

Yo tampoco he tenido una relación fácil con Leandro.

Ya te contaré.

¿Qué hace aquí?

Márchese ahora mismo o llamo a los guardias.

-¿Dónde está mi hija? -Fuera de aquí.

No sé dónde está. -Se ha escapado de casa.

No me creo que no haya venido.

-¿No ve que no está?

-Usted ha pervertido a mi hija.

-Ya ha oído a doña Susana. Fuera. -Voy a encontrarla.

Y voy a esperar a que salga del hospital para darle otra paliza

que le lleve al campo santo.

-Quizá para entonces me defienda. -¿No ha comprobado ya

que no está aquí su hija? ¿A qué espera?

-¡Estoy harto de usted!

Estaba metida en lo de Liberto y Rosina

y también en esto.

Viene a pedirme que deje a Elvira venir y desparece.

¿Me va a decir que no es culpable?

¿Cuándo va a salir de mi vida?

¿Por qué demonios se mete?

-¿También quiere mandarme a mí al hospital?

¿Es tan poco hombre como para

amenazar a una dama? No le tengo miedo.

-Pues debería. -Coronel.

-Como vuelva a amenazarme,

le denuncio. Y ahora fuera de aquí.

¡Fuera! -Quítese de en medio.

-¡Socorro! -Voy a acabar contigo, miserable.

Reza para que mi hija aparezca.

-Nos amenaza. -¿Me estás oyendo?

¡Ya me voy!

Ya me voy.

-¿Te ha hecho algo? -Nada, nada.

Nada. Tranquilícese. -Ay.

-Gracias por tapar los guantes de Elvira.

-No sé qué hubiera pasado

si los descubre. Espero que ese hombre no vuelva nunca más.

-Lo que espero es que no encuentre a Elvira.

No sé qué podría llegar a hacerle si nadie la ayuda.

-Siempre hay alguien tan inconsciente como para meterse en medio.

¿Qué quería Servando?

-Nada. Cosas de las suyas. Que la civilización comenzó en Acacias

y que había que celebrarlo.

Ya le dije que hablaríamos luego, que me pone la cabeza

como un bombo. -Servando y sus preocupaciones.

Como si estuviera el barrio para celebrar.

Esperemos que haya suerte y lo del coronel no termine en tragedia.

-Camino lleva.

El coronel es un pirómano.

Y la hija no deja de echar estopa.

-Ahora resulta que va a ser culpa de Elvira.

-Mira, ahora que lo dices, culpa tiene.

Yo no justifico la paliza que le dio a Simón,

pero tiene motivos para estar indignado

no lo dudo. -Ramón, que tú tienes una hija.

¿Qué podría hacer para comportarte

de esa manera? -Una hija que podrá tener defectos,

pero a la que no han pillado en el altillo,

en la cama con un criado el día de su fiesta de pedida de mano.

-Si lo ves así...

-El coronel es un energúmeno. Pero la hija no se lo pone fácil.

Se han juntado el hambre con las ganas de comer.

Espero que María Luisa no tenga que ver en la desaparición

de Elvira, solo nos faltaba.

Mira, aquí habla de lo del yacimiento arqueológico de Acacias.

No era romano, sino anterior.

De eso mismo me hablaba Servando.

-Trastos viejos había.

-Buenas tardes. -Muy buenas.

Doña Trini, le he traído suspiritos de merengue, que sé que le pirran.

-Me voy a poner como un tonel, pero gracias.

-Que está como una sílfide. Con todos mis respetos.

-María Luisa, hija,

tú no tendrás nada que ver en la desaparición

de Elvira, ¿verdad? -Dios me libre.

-¿Seguro?

-Se lo juro.

-La que ha tenido que ver ha sido doña Susana.

-Yo de verdad no entiendo a esa mujer.

Ahora parece que quiere que triunfe el amor.

-¿Y se va a arriesgar doña Susana

a las represalias de don Arturo?

No sé yo. -A eso y a más.

Está desconocida. -No se separa de la cabecera

de Simón ni un momento. Para no creerse uno lo que está viendo.

-Bueno,

ella sabrá lo que hace. Sus motivos tendrá.

El pobre muchacho tiene alguien que le cuide.

-Lo importante es Elvira.

Espero que no haya desparecido porque le haya pasado algo malo.

-¿Hablas de su padre?

-A ver.

Escaparse no lo tenía fácil.

-Dios quiera que no tengas razón.

¿Le sirvo una copa? Gracias.

¿Alguna noticia de mi esposa?

Creo que eso sería más adecuado que se lo preguntara yo.

Así parece que usted no tiene ningún control sobre ella.

No estoy para ironías, doña Cayetana. Perdone.

Pero es que la situación es propicia para ellas.

Debería usted

relajarse, Fernando.

Y sí, ya sé que mi ayuda no es bienvenida en esos menesteres.

Aunque haya demostrado sobradamente mis cualidades.

Doña Cayetana, por favor.

Debería ir a hablar con Tirso. Ha preguntado por Teresa dos veces.

Y después debería tomarse un baño caliente y comer algo ligero

antes de acostarse. Tiene que estar a punto de llegar.

O no.

Tal vez la noche se presente larga.

Ya sabe que si le atacan los fantasmas, puede contar conmigo.

Dejaré la puerta de la alcoba entornada.

¡Basta ya!

¿He dicho algo que le haya molestado?

Deje de comportarse

como una buena amiga. Solo quiere que mi matrimonio naufrague.

Le recuerdo

que hemos convenido que lo que pasó no pasó y que nadie se enterará.

Así que no sé qué puedo estar haciendo yo en ese sentido.

Por mucho que pienso no me siento responsable de su infidelidad.

No le obligué a meterse entre las sábanas.

Intentaré que Teresa y yo nos marchemos mañana mismo.

Voy a ver Tirso. No quiero que esté nervioso.

Lo que más pena me da es lo inocente que es.

¿Cómo puede seguir confiando en Teresa?

De verdad, que no hay peor ciego que el que no quiere ver.

(Puerta)

Quizá sea ella. Sí. Quizá.

Si es ella, será porque se haya cansado de la calle,

no porque tenga nada aquí que le retenga.

-Disculpen que irrumpa de esta manera.

La noticia es importante.

Ay, Liberto. Prométeme que me llevarás a conocer

los Alpes suizos. -Si sé que te pones así,

no te regalo la bola. -¿No me digas que no es bonito?

La nieve cayendo. -¿Ah, sí?

Pues cuando nieva, te quejas.

Que si se pone muy sucia, que si resbala.

-Pero en Suiza tienen más cuidado y dura todo el año.

-Por supuesto que sí. Y no está casi fría y sabe a merengue.

-Qué tonto.

-Madre, tenemos que hablar con Vd. -Mira qué preciosidad.

Tenemos que mostrárselo a Habiba, seguro que no ha visto nevar.

En África no nieva, ¿no?

-Suegra, esto es serio.

-¿Qué pasa?

-¿Debo salir?

-No, no, Liberto, por favor. Eres parte de la familia.

Hasta ahora no les he dicho la verdadera razón de mi regreso

con Habiba,

de la necesidad de vender el yacimiento

y de todo lo ocurrido en Guinea en general.

-Habiba,

lo que va a contar Leonor tiene que ver contigo. Ven.

Todos os preguntaréis por qué he tenido que vender el yacimiento

y por qué necesito con tanta urgencia el dinero que don Ramón me pagará

por él. -Si don Ramón se ha comprometido,

no faltará a su palabra.

La demora se debe a asuntos del banco.

-Ya lo sé.

Pero me pueden los nervios.

Necesitamos el dinero para pagar

por la libertad de Habiba.

-¿Por su libertad? Pero si ya es libre.

Nadie la retiene. Está aquí porque quiere, ¿no?

-Escuche a su hija, pro favor.

-Si no les conté la verdad,

fue para no preocuparles más.

Pero la vida en Fernando Poo

es mucho peor de lo que cualquier cabeza humana pueda imaginar.

-Lo que quiere decir Leonor es que yo era una esclava.

-¿Cómo? Pero si la esclavitud no existe.

-Hay muchas formas de esclavitud.

-Obligarte a trabajar en una plantación,

amañar los papeles para que les debas más dinero

a los patrones cuanto más trabajas

y forzarte

a seguir trabajando en condiciones infrahumanas

es una de ellas. -Y yo no estaría viva

de no ser por Habiba.

Así que decidí que mi suerte sería la suya.

Si alcanzaba la libertad, ella también.

No me importa perder todo mi dinero.

-Eso te honra.

-Pero el terrateniente con el que contrajimos la deuda

se impacienta.

Quiere que el dinero le llegue ya. -¿Es peligroso?

-Todo lo relacionado con ese mundo lo es.

Pero en cuanto reciba el dinero, podremos olvidar todos los problemas.

-Leonor no lo quiso contar todo para no preocuparnos más.

Pero ahora ya lo sabemos

y estamos en disposición de ayudar.

Yo la acompañaré a hablar con don Ramón

a ver si podemos acelerar el pago.

¿Teresa en el hospital?

¿Qué le sucede? -No sé.

No tengo más datos. Ha sido ingresada y la van a intervenir.

¿Y cómo llegó hasta allí? ¿Cómo se ha enterado usted?

Me enteré en la comisaría.

Hay que ir. -Sí. Vamos.

Y tenemos que avisar a Tirso.

No queremos que le dé una crisis si se sabe solo.

Yo iré a hablar con él.

Supongo que podemos contar con Celia.

-Sí. Estará encantada. Voy a avisarla.

Sí, por favor.

Vaya a hablar con Tirso y prepárese.

No sabemos cómo vamos a encontrarla. Voy.

Ya me hablaste antes de lo del yacimiento.

Y ya te comenté que mañana lo hablaríamos.

-Bueno, discúlpeme usted. Pero sabe que para asuntos importantes

soy poco paciente.

-¿Asuntos importantes? ¿Llamas asuntos importantes a la noticia?

-Pero compréndalo, don Ramón. La ciudad empezó en Acacias.

-¿Y...? Eso no es mérito nuestro. En algún sitio tenía que empezar.

-Y además, después de todas

las incomodidades que tuvimos que pasar

con el dichoso yacimiento, ya nos podían

haber avisado de las conclusiones. Haberme tenido que enterar

por la prensa. -Por eso me tomé la libertad

de hablar con Vd.

¿Cree que las autoridades lo celebrarán?

-Si es con dinero de nuestros impuestos, espero que no.

-¿Y dejará que pase desapercibido

semejante descubrimiento?

Es igual que si no se celebrara

que Cristóbal Colón descubrió América. No, señor, me niego.

Esto debería de ser una especie de fiesta nacional.

El Día de la Identidad Acaciera. -Martín, llévate

a este mastuerzo, que todavía me enfado con él.

-Vámonos, señor Servando.

-Un momentito, Martín. Don Ramón,

¿usted y yo somos de los que más tiempo llevamos

en este ilustre edificio. -De los que más no, Servando,

los que más.

Cuando tú y yo llegamos a este edificio, aún olía a pintura fresca.

-Bueno, usted y yo sabemos lo que es realmente ser "acaciero".

Quizá seamos los únicos.

-Lo sabrás tú. Yo no tengo ni idea. ¿Y tú no eres de Naveros del Río?

-Sí, bueno, tengo el corazón partido.

Si es que llegué a este edificio casi siendo un niño.

Todavía recuerdo verle a usted con flequillos.

Qué bucles, qué melenas. ¡Buah!

-Menos choteo, Servando. -Bueno, usted y yo,

como otros, como don Maximiliano, que en gloria esté,

o don Germán, hemos creado el ser "acacieros",

sinceros, altivos,

siempre pendientes de los demás,

viriles, pero sensibles a la par.

-No te pongas sensiblero, que no te pega.

Ya te lo he dicho. Nosotros no vamos a hacer

ninguna celebración.

-¿Esa es su última palabra?

-Lo es.

-Muy bien, don Ramón.

Me decepciona usted. -Me llenas

de desasosiego. No sé si seré capaz de conciliar el sueño.

Adiós.

¿Cómo se le ocurre hablarle así a un vecino?

Le van a despedir. -Me ningunean, Martín.

Y no esto no se va

a quedar así.

-Se mete en un jardín y le costará salir.

-Ya veremos si hay celebración. Servando no se rinde.

Se hará lo que sea de justicia.

¿Qué? ¿Has conseguido quitarte a Servando de encima?

-Ese hombre va acabar con mi paciencia.

¿Pues no me dice que habría que hacer de hoy una fiesta nacional?

El Día de la Identidad Acaciera.

(TRINI Y CELIA RÍEN)

-Hay que reconocer que sus locuras

tienen gracia. -Se nota

que el que tiene que lidiar con él soy yo.

-Paciencia le aplacaba bastante. Está que parece un caballo desbocado.

-Tendríamos que escribir a su esposa, rogándole para que volviera.

-Yo mismo le pago el viaje.

O mejor aún, se lo pago a él

con un camarote de primera clase y una fiesta de despedida

con orquesta.

(Puerta)

Como sea Servando,

ni fiesta ni puñetas.

Le mando yo mismo a Cuba

de un puntapié en salvase a la parte.

-Ay, Ramón, por favor.

Celi, te aviso que no hablo ni papa

de francés. Te acompaño a la reunión.

Aunque voy a estar callada. -Ya. Si yo tampoco hablo mucho.

Lo básico para entender las revistas de moda.

Esperemos que madame Michelle hable español.

-No era Servando, menos mal.

-Hola, Felipe. -Buenas tardes.

-Tú hablas bien francés, ¿verdad?

-"Oui".

Mañana va a venir

una señora francesa para lo de los tintes.

Y no sé si podrías

ayudarme a revisar el contrato, si llegamos a un acuerdo

para venderle el producto. Puede que sea

el contrato más importante que firme.

No quiero meter la pata.

-Claro. Será un placer.

-¿Qué le parece?

Celia exportando tintes al extranjero.

En nada y menos se compra un palacete y nos olvida.

-Eso ni en broma. Me olvidaré de los pobres,

pero me compraré dos palacetes: de invierno y de verano.

-Lamento mucho venir a interrumpir las charlas. Te estaba buscando.

Cayetana necesita que cuides de Tirso. Han ingresado

a Teresa en un hospital.

-¿Cómo? -Claro, claro.

¿Pero es grave? -No lo sé.

Lo que sé es que ha sido ingresada y van a intervenirla.

-Yo te acompaño, Celia.

Ramón, luego te aviso si vengo a cenar o me quedo.

-Ve, ve tranquila.

-Le pongo un licor.

¿Va todo bien?

-Nada va bien.

Ya ha visto a Celia.

Reuniones con compradores franceses.

-Debe alegrarse de que las cosas le marchen tan bien.

-Me congratulo.

Pero ya ha visto

para lo que sirvo.

Para traducir un contrato del francés.

-Ya le avisé.

El mundo cambia. Las mujeres mandan.

¿Qué me dice del otro asunto?

-Al final le he hecho caso.

He hablado con Mariana. No quiero hacerle daño.

-Me alegra que lo haya hecho, amigo Felipe.

Verá como pronto aparece una mujer a su altura y se arreglará.

Brindemos por ello.

¿Por qué no nos dejan ver a Teresa? Temple, Fernando.

La enfermera dice que esperemos aquí. Enseguida habrá noticias.

Tranquilícese.

Es el marido de doña Teresa Sierra.

-Sí. Dígame, doctor. ¿Cómo se encuentra?

-Hay buenas y malas noticias.

La buena es que está fuera de peligro. Ha parado su sangrado

y está respondiendo bien. En unas horas la traerán a la habitación.

¿Y la mala?

Que han perdido al hijo que esperaban.

¿No sabía que estaba embarazada?

-No.

No sabía nada.

-Lo siento. Era un embarazo reciente.

Es posible que la paciente tampoco lo supiera.

Menos mal que la han traído tiempo. Si no, podría estar muerta.

¿Quién la trajo? Ignoro su nombre.

Le dijo al doctor Del Val que era un amigo, pero no dio ningún dato más.

Tengan paciencia.

En cuanto responda a los medicamentos, la trasladarán.

Gracias, doctor.

Un amigo. Pues sí que debía ser amigo, sí.

Menuda sorpresa nos ha dado mi amiga Teresa.

(Puerta)

¿Quién es?

Felipe.

Pase.

Están avisados Cayetana y Fernando.

Han ido al hospital. Celia se quedará con el niño.

¿Sabe cómo está Teresa? No.

Y no creo que hasta mañana lo sepa.

Maldita sea. Tendría que haberme quedado.

¿Para qué?

¿Para enfrentarse a Cayetana y a Fernando?

Mauro, por favor, tenga un poquito de sentido común.

En cualquier caso, tenía que venir aprisa.

Mire.

¿Sangre?

De Elena.

¿Qué ha pasado? ¿Qué le ha hecho?

Yo no le he hecho nada.

Se ha suicidado.

Y ese es el motivo por el que Leonor necesita ese dinero con urgencia.

En ningún caso es por desconfianza hacia usted ni nada por el estilo.

-Me impresiona.

No tenía ni idea de que la situación fuera tan dramática

en una colonia española.

Al final vamos a ser peores que los franceses y los ingleses,

por muchos desmanes que hayan cometido ellos.

-Solo le pido que mantenga en secreto lo que le contamos.

No queremos que Habiba sufra represalias.

-Pobre mujer.

Quién iba a pensar que la esclavitud existiría en los albores

del siglo XX, en un mundo tan avanzado en que parecía

que el progreso no podía llegar más lejos.

-Es normal que se lleve la sorpresa, como cualquier persona de bien.

-Lo que lamento es no poder ayudar.

Mi dinero, como es normal, está invertido

en depósitos. Y el banco necesita un tiempo

para hacerlo efectivo. Hablé con el director

y conseguí acortar los plazos.

No puedo hacer mucho más.

-¿Y no se le podría presionar un poco más?

-Imposible.

Lo más que se puede hacer en caso de que Leonor encuentre

a alguien que pueda hacerse cargo del pago con más premura,

es renunciar a la compra de su parte

del yacimiento. -No, no, por Dios.

No es lo que buscamos.

-Yo ya he hecho todo lo que he podido.

La orden de pago está dada.

Queda esperar a que el banco cumpla su parte.

-¿Le importaría que hiciéramos una gestión

en el banco?

-No, no, no. No me importaría.

Entiendo su premura.

Voy a por su tarjeta. Todo lo que pueda conseguirse

bienvenido sea.

-Gracias, Pablo. -Bueno, dámelas

cuando hayamos logrado algo.

-Ya has conseguido algo.

Que recuerde que eres el hombre más generoso y comprensivo

que he conocido en los días de mi vida.

-Gracias.

Pero todavía no tenemos nada.

Tenemos que conseguir el dinero. Y mira, yo en eso sí soy egoísta.

Porque si liberamos a Habiba,

te liberarás tú.

Es la única forma de que todo sea como antes.

Es la primera vez

que me abrazas desde que regresaste.

Leonor,

perdí a mi madre, mi hermana está muy lejos,

solo me quedas tú en la vida.

-Es que no te merezco.

-Haría todo,

todo por no perderte.

-Disculpad la tardanza, no la encontraba.

-Eh... -Perdón.

¿Puedo hacer algo? -No, no se preocupe. Es la tensión.

Usted nos ha ayudado en lo que ha podido,

y se lo agradecemos.

Gracias. -Gracias.

¿Que se ha suicidado? ¿Pero cómo es posible?

No sé. Supongo que debió desatarse.

Podía pensar cualquier cosa, menos que se quitara la vida.

¿No insinuará que lo he permitido?

Era mi única oportunidad para atrapar a Cayetana.

Y ahora se ha esfumado. ¿Y el cadáver?

Me he deshecho de él.

¿Que se ha deshecho de él? Mauro, ¿en qué estaba pensando?

¿Qué podía hacer? Avisarme.

¿Y qué habría hecho?

Denunciar el suicido de una mujer en la habitación de una pensión.

En un suicido no hay crimen. Así sí.

Pero me habrían perseguido.

¿A quién? ¿A alguien que no existe?

Lleva razón. Me he precipitado.

Todo mi plan ha resultado ser un desastre.

Si quiere terminar bien,

vaya al hospital. Solo le faltaba eso.

No me siento bien sin ocuparme de ella.

Pues más le vale.

Y haga el favor de limpiar eso.

Doña Susana. -Ay.

Muchacha, qué susto me has dado.

-Usted perdone. Solo quería preguntarle por Simón.

-Está mejor. En un par de días

le dan el alta.

-¿Va a abrir de nuevo la sastrería?

-A ver, Simón ya no me necesita allí. Y no voy a tener cerrado siempre.

-Elvira se ha fugado de casa. -¡Ay!

Esa muchacha es una insensata.

No me gustaría estar cerca cuando la encuentren.

-Veo a don Arturo y me alegro en el alma de tener el padre que tengo.

-Pues muy suelta te tiene don Ramón, a estas horas por la calle.

-Bueno,

ya me iba para casa.

-Pues ya estás tardando. Antes de que ronden los serenos.

-Ni que me quisiera echar. -Hasta mañana.

-Hasta mañana.

¡Ay!

Doña Susana, por fin. Ten cuidado.

No te acerques al escaparate. Voy a encender la luz.

Que no te vean desde fuera.

Te he traído algo de cenar.

¿Y una muda limpia?

Elvira,

estás en una tienda de ropa.

En los cajones tienes mudas hasta para un año si hace falta.

Coge lo que quieras.

Pero no tengo dinero.

Es gratis.

Muchas gracias, doña Susana.

La verdad es que la última persona con la que creí contar era usted.

Claro, que no sabía el gran secreto.

¿Madre de Simón?

Eres la mujer que ama mi hijo. Con eso tengo suficiente.

¿Y si mi padre se entera? Ay, si eso pasa,

ya nos preocuparemos. Pero nunca olvides

que hay cosas más importantes que el miedo.

Por miedo me separé yo de Simón el día que nació.

Pero no lo haré nunca más.

Él sabía que era su madre y no dijo nada.

Eres la única que lo sabe, eh.

Puede contar con mi discreción.

Y tú con mi protección.

Le traigo una tila,

que buena falta le hace.

¿Cómo ha podido suceder?

Intente no pensar en ello, Fernando.

He hablado con el doctor

y me ha dicho que la tendrán en observación hasta mañana.

No la traerán. Lo mejor es ir a casa

e intentar dormir.

No podría. Tiene que intentarlo.

Tirso está con Celia, podría inquietarse.

¿Cómo pudo?

Ni siquiera consumamos nuestro matrimonio.

El cómo no es lo más difícil de imaginar.

Yo me preguntaría con quién.

Tenía que haber confiado en Vd.

Y confié en ella.

Nunca es tarde para cambiar de lealtades.

Mientras yo intentaba salvar nuestro matrimonio, ella con otro.

Ya escuchó al doctor. El embarazo era reciente.

(Puerta)

Adelante.

Mauro.

Felipe.

-¿Está el crío?

-Sí. Y muy preocupado por Teresa y porque Fernando no llega.

¿Sabes algo? Yo ya no sé qué decirle.

-Ojalá pudiera traer buenas noticias. Pero no sé nada

de la situación actual de Teresa. Tenía pérdidas.

Estaba tan débil que se desvanecía.

No tengo más información.

-Será mejor que no le digamos nada al niño

hasta no tener pronóstico claro. -"Tiene usted alguna sospecha".

-Convencimiento más bien.

En todo este día que llevo buscándola una persona se acercó a mí

para convencerme de que dejara salir a Elvira.

Y para un fin

que por pundonor me callo.

-Y esa persona es...

-La viuda de Séler.

-"Pablo iba a contarme por qué se dejará caer por el barrio chino".

-Que no me entere yo,

calavera. -No se me amostace tanto, suegra.

Que solo requería a Liberto para saber dónde comprar puros habanos.

Es que quiero alternar con don Narciso Domínguez.

-¿El vicepresidente del Banco Provincial?

-Me gustaría que intentara agilizar los trámites de don Ramón.

Así nosotros podemos solucionar el problema

de Habiba

y volver a nuestra vulgar y plácida existencia.

-No corremos riesgos con que vaya a ver a un banquero.

-O sí, nunca se sabe.

-¿Qué es lo que te molesta?

¿Que después de que Pablo haya conocido tu historia se desviva?

Si es lo que querías, que me ganara

la confianza de mi familia y el dinero. Ya lo tienes.

¿Qué queja tienes?

¿Por qué no quieres que Pablo nos ayude?

-Quizá sean celos. -"La verdad"

es que no quería preocuparte de más, pero...

Pero no sé dónde está Elvira.

Su padre la está buscando como un loco

y temo que le haya ocurrido una desgracia.

-Elvira tiene mucha suerte de contar con una amiga como Vd.

-¿No sientes desazón por su ausencia?

-La conozco.

Y sabe cuidarse perfectamente sola, créame.

Además prefiero que esté lejos de su padre.

-¿Sabes dónde está?

Mira, ahí tienes a tu gabacha.

Celi, más vale que te concentres. Podría ser el negocio de tu vida.

-Tú encima ponme más nerviosa.

Trini, por favor, ¿vas a abrir?

-Ya abro. Ánimo.

-Gracias.

Celi, Celi, que la gabacha no es como pensábamos.

-¿Cómo que no?

-Mira cómo es. -"Bonjour, madame".

"No sé si me dijo mi mal".

El peligro inmediato

y más grave fue la pérdida de sangre.

Por fortuna la trajeron a tiempo.

Unos minutos más tarde y quizá

no hubiéramos detenido la hemorragia.

Por suerte, ahora está estabilizada.

Gracias a Dios. Ya puede

darlas, sí.

Aunque por desgracia,

no fuimos capaces de salvar a la criatura.

¿Criatura? ¿Qué criatura?

-"Dice mucho de Vd. que se comprometa así conmigo".

Con mi amor.

Gracias por estar a mi lado.

Yo la he rechazado con brusquedad estos días

y usted es una buena amiga.

Hasta posee el valor de defender a Teresa.

¿Y podrá usted perdonarla?

No. No creo.

(Puerta)

Adelante.

-Lamento molestarles en momentos delicados, pero

me lo exige el deber.

-No creo tener cuentas pendientes con la justicia.

-Eso trato de averiguar. -Este joven

está muy delicado por una paliza

que le propinó el coronel. Si hay algún delincuente, será ese hombre.

-Eso debo decidirlo yo.

Aquí el joven, como dice, fue encontrado

en una situación con la hija del señor Valverde.

Estamos buscando

a dicha señorita. Elvira Valverde. -"Yo quería decirte"

que empiezo a creer que empezamos a retomar el control de la vida.

Y me empiezo a sentir tan feliz como cuando te conocí.

Incluso diría que te quiero más que entonces.

Y también siento

que tú me quieres como antes.

Ayer cuando

me cogiste la mano y me pediste perdón por todo,

pues volví a sentir que...

Que éramos los de antes.

Dime que me quieres.

"¿Dónde está Fernando?".

"En casa".

No ha querido venir a verme, claro.

Le has humillado, le has engañado, Teresa.

¿Qué esperabas?

Quería hacer las cosas bien, no hacerle daño.

Pues se lo has hecho. Y mucho. "No tenía idea,"

¿verdad?

No.

Y no creo que Teresa tampoco lo supiera.

Me lo habría dicho.

Perder a ese crío es muy duro.

No lo niego.

Pero debería centrarse en las dificultades que se avecinan.

¿Se refiere a Fernando?

Es un baldón para su honor.

¿Cree que podría intentar vengarse de Teresa?

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  • Capítulo 496

Acacias 38 - Capítulo 496

17 abr 2017

Serie diaria en la que se narran la vida de los personajes que habitan una comunidad de vecinos, y todas aquellas historias que se suceden alrededor de sus personajes, situada a principios del siglo XX en Madrid

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  1. Acaciera38 Mercedes

    Perdón por la errata , se coló una S en el Nombre de Mercedes. saludos a todos los acacieros y seguir viendo la serie que se pone Interesante.

    18 abr 2017
  2. Luz gloria

    ¿Quien en tiempos de mi tatarabuela se peinaba o hacia que la peinasen, como a Cayetana? Ese sinfin de rulos con el pelo tan largo, tomaría al menos tres horas, y ponerse una peluca en esos tiempos.

    18 abr 2017
  3. Mabi

    Entre el deber y el querer Teresa ha tomado un sinfín de malas decisiones... Que pena la perdida de su hijo... ojalá sea la gota definitiva para unirla aún mas a Mauro aunque sea repudiada por el resto. El coronel sigue tan odioso y maleducado como siempre!!! Bien por Susana y su cambio de actitud, espero le alcance para dar el primer paso en su reconciliación con Leandro, Juliana y Victor y ayude de corazón a Elvira y Simón ,amén de desenmascarar al coronel y su intrigante pasado con su esposa. Me alegra mucho el acercamiento de Leonor y Pablo,aunque por ahora solo sea por el interes de conseguir pronto el dinero.Felicitaciones por los dos años en el aire de ésta extraordinaria novela!!!!! Saludos cordiales a todos los integrantes de Acacias 38!!!!!!!!!!!

    18 abr 2017
  4. Acaciera

    Me encanta la actitud que ha tomado Mauro para saber como se encuentra su amada Teresa. Cayetana esta rabiosa por la nueva situcion. Y bravo Doña Susana, que a dejado sus principios morales a un lado.

    18 abr 2017
  5. pochicarn

    La novela cada vez más interesante, lo único un poco molesto es el personaje de Servando ya que se hace muy pesado con sus comentarios fuera de lugar y sus faltas de respeto.

    17 abr 2017
  6. criolla

    Continua la victima Teresa, la veleta,Cayetana la super criminal. El comisario un inepto,Fernando el santo. Estos 4 deberian terminar ya. Y tener nuevos personajes, por que arrastrar años Cayerana Teresa,Comisario y la complice de Cayetana es demasiado.

    17 abr 2017
  7. Pilar Méndez

    Bravo por el cambio de actitud de Susana; teniendo en cuenta la época, es comprensible y perdonable. Bravo!

    17 abr 2017
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