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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 492 - ver ahora
Transcripción completa

Doña Cayetana, ¿qué me pasa?

Tengo miedo.

No tendrías que haber visto lo que has visto.

¿Dónde está?

No me deje solo.

Tirso, estoy aquí.

No veo nada.

(TODOS GRITAN)

O depone su actitud,

o yo mismo llamaré a la policía. -¡Que no se despierta!

-Tiene un golpe en la cabeza. -"La llave no está echada".

Pero como salgas, te juro que te arrepentirás.

Lo que has pasado no es nada

comparado con lo que te quedaría.

No me pongas a prueba. -"No trabajo por la noche".

Si te apetece que nos veamos...

-Si termino mis asuntos a tiempo, tal vez.

Tengo trabajo y muchos compromisos.

-Solo divertirnos. Eso queremos los dos.

-Claro.

¿Sabes qué he aprendido? Que todo el mundo tiene punto débil.

Yo voy a dar con el tuyo.

Y te voy a hacer hablar. "Don Ramón es la persona"

que ha comprado mi parte.

-Lamento no habérselo dicho antes.

Pero Leonor se empeñó en llevar la negociación

con extrema discreción.

Espero ser un socio digno de su confianza.

-Por supuesto.

De hecho, no podíamos esperar uno mejor.

"¿Me vas a decir qué ha pasado?".

Tirso sufrió una crisis.

Ha perdido la visión sin que sucediera nada.

Pasó la noche preguntando por ti

y no sabía decirle dónde estabas.

Lo siento. -"Simón,"

todo va a cambiar.

No te mueras, por favor.

No te mueras.

-"Nada es gratis. Me lo debes".

-¿Cómo se atreve? -Tranquilízate.

-He hecho lo que me ha mandado. Solo falta el dinero.

El banco... -En unos días lo tendrás.

-Estáis aquí.

Que voy a salir a ver si me entero de cómo está Simón.

¿Os apetece dar un paseo? -No. No podemos.

-Discúlpala, Pablo.

Ya estoy lista.

Podemos volver al hospital.

Le llevo ropa limpia para cuando le den el alta.

Espero que sea pronto.

Si tienen tan claro su diagnóstico y la ceguera es irreversible,

poco pueden hacer allí.

No deberías dejarte abrumar por la tristeza.

¿Ah, no?

¿Me quieres decir la norma de comportamiento

cuando un crío queda ciego?

Tirso solo nos tiene a nosotros.

Y le haríamos un flaco favor si nos dejáramos llevar por la tristeza

y no fuéramos capaces de transmitirle un poco de optimismo.

Soy humano, Teresa.

Hay situaciones que me sobrepasan. Situaciones en que no tiene cabida

ese optimismo del que hablas.

Solo digo que por el bien de Tirso

deberíamos mostrarnos fuertes, que él se sienta protegido

y que vea que siempre nos encontrará a su lado.

¿Y me lo dices a mí?

Yo estoy a su lado. Estaba a su lado cuando perdió la vista.

Eres tú quien no puede decir lo mismo.

-"Quiero hablar con Teresa".

Ella me va a explicar. -Teresa no está.

-Sí está.

Estaba en la habitación. Os escuché.

No, no, no, Tirso. Teresa se acaba de ir.

Pero enseguida volverá y estará contigo.

-Tirso, te llevaremos al hospital. Te van a currar los ojos.

Sí. Yo os acompaño.

Voy a vestirme.

-Quiero a Teresa.

¿Por qué no está conmigo?

-Tranquilo, Tirso.

Cuidaremos de ti.

Yo estaba con Tirso. Aunque hubiera preferido que me tragara la tierra.

¿Dónde estabas tú?

Ni siquiera sabía qué decir cuando preguntaba por ti.

De modo que no vengas a darme lecciones

sobre cómo quererle o protegerle.

Basta ya de lamentos.

Ahora que por fin hemos firmado

hay que seguir con lo planeado.

Cuidado. Alguien viene.

-Estáis aquí.

Que voy a salir a ver si me entero de cómo está Simón.

¿Os apetece dar un paseo? -Ahora no podemos.

-¿Qué?

¿Sigues dándole vueltas al proceder de Leonor?

-Pues sí.

Y cada vez estoy más convencido de que oculta algo de extrema gravedad.

Algo de gran enjundia. -Ya.

¿Tienes datos para nuevas inferencias?

-No, no tengo datos.

Pero percibo a Leonor cada vez más agobiada.

Como urgida por alguien.

Deberías haberla visto ayer. Tú creo que ya habías salido.

Pero deberías haber visto lo ansiosa que se puso cuando dijo don Ramón

que se iba a retrasar unos días

en el pago. -Hombre, Pablo.

Eso tampoco contradice la afirmación de Leonor de montar un negocio.

Tendrá prisa por echar a andar y necesita dinero.

-Que no me lo creo.

Que intento confiar en ella, pero no puedo.

Lo de la editorial es una patraña. Lo siento.

-¿Por qué razón?

-Mira, sea lo que sea lo que trae entre manos,

tiene que ver con Habiba.

No creo yo que Habiba conozca el mundo de los libros.

¿Crees que si pretendiera montar una editorial

Habiba tendría la influencia que parece tener?

-Lo cierto es que parece consultárselo todo,

como si fuera su consejera.

-Hay algo turbio. El problema es que no sé qué hacer para enterarme.

-Pablo, ya hablamos de esto.

Mejor no presionarla. -Ya, ya.

Ya lo sé. Se cerraría más en banda.

Si la conozco bien.

-¿Cómo vas a afrontarlo? -Estaré atento.

No perderé de vista a ninguna. -Si necesitas mi ayuda, lo haré.

Bien lo sabes.

Pero mantén a Rosina al margen de tus pesquisas.

-No te preocupes, no transmitiré mis dudas.

-Te lo agradezco.

Está mucho más tranquila desde que sabe que don Ramón es el nuevo socio.

-¿Hablabais de mí?

-Yo siempre hablo de ti.

-Qué adulador. -No, no, no.

Tan solo enamorado.

-Ay, aparta, "so golfo". Tengo mucho que hacer.

-¿Son los documentos del yacimiento?

-Sí. Voy a preparar una reunión con Ramón.

Me da que entre los dos mejoraremos la gestión de nuestro oro.

¿Me ayudaréis?

-¿Nosotros?

-En lo que sea necesario.

¿Para qué nos requiere? -Sentaos.

Me gustaría que los dos me acompañarais a esa reunión

como mis consejeros.

-Ya.

Y...

¿Y no sería más normal que este papel lo desempeñara tu hija?

-No quiero pedirle nada a Leonor.

Ella ya ha dispuesto sobre su parte.

Que se centre en su iniciativa editorial y temple

poco a poco sus nervios. -Dios la oiga, suegra.

-Todo se arreglará, ya lo veréis.

Por lo pronto y en lo que al yacimiento respecta,

con Ramón incrementaremos nuestros ingresos, estoy segura.

Dinero llama a dinero.

Y allí estaba yo, reprendiendo al muchacho

por andar husmeando por casa de madrugada.

Cuando me di cuenta de que se había quedado ciego.

Menuda situación.

¿Qué han dicho los médicos? -Perdona, Cayetana.

¿Cómo se encuentra Tirso? Precisamente eso

le comentaba a Úrsula.

Dicen que su ceguera es irreversible.

No hay tratamiento para su dolencia.

Ave María purísima. -Sin pecado concebida.

-¿No hay ninguna esperanza?

Por Dios, pobrecito. Pero si apenas empezaba a vivir.

Qué gran desdicha.

Teresa y Fernando estarán inconsolables.

Sí. Así es. Están muy afligidos.

Aunque ya sabíamos que el niño tenía una degeneración ocular

y esperábamos un desenlace antes o después.

Ay, Dios. Resignación cristiana, Celia.

-Esta vida es un valle de lágrimas.

-Y usted que lo diga.

¿Saben algo del mayordomo

de los Valverde? Trini me ha dicho que el coronel casi lo mata.

-De su estado no tengo noticias,

pero sí sé que doña Susana permanece a su lado en el hospital.

No le deja ni de noche ni de día. ¿Qué le pasa a esa mujer?

¿Qué hace velando a un mayordomo? Es un criado cualquiera.

-La misericordia no solo se demuestra con limosnas.

La atención a los dolientes es deber de los cristianos devotos,

como es Susana.

Espero que la ayuda al mayordomo le traiga paz y pureza de alma.

Sí. Yo también me alegro de que se esté ganando el cielo.

No corren tiempos fáciles para Acacias.

Sigo mi camino hacia la iglesia, a ver si prendo

unas velas por los sufrientes.

Con Dios.

Con Dios. -Con Dios.

Ay, Celia, Celia.

Siempre ha sido una blanduzca. Por eso nunca conseguirá ser feliz.

Se preocupa demasiado de los demás.

No podrá ser dichosa.

¿Qué me estaba contando del chiquilicuatre y su desgracia?

Que no hay mal que por bien no venga.

La enfermedad de Tirso es una suerte para mí.

De no haberse quedado ciego, me hubiera obligado a hacer algo.

Es usted una mujer afortunada. Siempre lo ha sido.

No, siempre no. La fortuna es para quien la busca.

Para quien está dispuesta a luchar por ella.

Me tiene un poco preocupada el paradero de Elena Pérez Casas.

Se ha fugado. ¿Qué más quiere?

La policía ya no podrá sonsacarle nada.

Tendría que haber entrado en contacto con nosotras, conmigo.

¿Dónde se habrá metido? Andará ya muy lejos.

Eso no es solución para mí.

"La policía me busca en el barrio de Las Iglesias".

"Iré esta tarde a su casa por la puerta de servicio".

"Le sorprendería saber lo que sé de Úrsula".

Necesito verla y hablar con ella aunque sea una vez.

Luego puede irse al infierno.

Me parece que es un riesgo que no debemos asumir.

Supongo que no se le escapa que si nos relacionan con Elena,

también podemos acabar en el presidio.

No me diga lo que debo o no debo hacer.

Quiero hablar con ella

antes de que desaparezca para siempre.

¿Entendido?

Más te vale ceder ahora y evitar tragos peores.

Dime quién te ordenó mi muerte.

Sabrás que tengo más paciencia y aguante que tú, ¿verdad?

No soy yo el que está atado y a merced...

(Puerta)

¿Quién es?

-Mauro, abra la puerta.

Voy.

Pase.

¿Dónde la tiene?

¿A eso ha venido?

Quería asegurarme que no se excede durante los interrogatorios.

¿Y la mujer?

En el baño. Y tranquilo, no le he tocado un pelo.

Y así me gustaría que continuara.

Eso es fácil decirlo.

Pero es una mujer con arrestos.

Tratándola con guante blanco

no le sacaré nada. Y si no dice que fue Cayetana quién lo ordenó,

jamás podré volver a mi vida. No pierda la esperanza.

Terminará cediendo. Derrumbándose.

No si no tengo nada con qué presionarla.

¿Ha hecho lo que le pedí?

¿Encontró alguien que la conociera? He dado

con una presa. Margarita se llama.

Por lo visto tenía buena relación con Elena.

Bien, bien.

Bien hecho. Quiero verla, hablar con ella.

Mauro,

no nos podemos arriesgar a que le vean.

Pero yo le ocultaría mi identidad.

No sabría quién soy. Aún así sería una temeridad.

Cualquier funcionario o preso le podría reconocer.

Yo lo haré. Confíe en mí.

De acuerdo.

Sabe lo que tiene que hacer, ¿verdad?

Perfectamente.

Sonsacarle lo que sepa sobre Elena Pérez Casas.

Eso es.

Cualquier cosa que nos ayude a conocerla mejor.

Que nos ayude a dar con su punto débil.

Cualquier detalle para confesar. Mauro, soy abogado.

Estoy acostumbrado a sacar información.

Estará satisfecho.

Me gustaría pedirle otro favor.

Usted dirá.

Me gustaría tener un encuentro

con Teresa en su pensión.

Mauro, ¿no puede esperar unos días más?

Parece buscar que le descubran.

Necesito verla.

La ceguera de Tirso debe de haberla destrozado.

Se lo ruego.

Veré lo que puedo hacer.

No te creas que no la das.

No has probado bocado.

Ramón, dile algo.

-¿Eh?

Ah, sí, sí. ¿No tienes apetito, hija?

-No dejo de pensar en Elvira.

-Luisi, yo te entiendo.

Pero no vas a poder ayudarla si no comes.

-Es que no tengo hambre, Trini.

Desde que su padre pegó a Simón Elvira no ha pisado la calle.

La tiene encerrada. Y a saber

qué castigos sufrirá.

-¿Se sabe algo de la salud del muchacho?

-Víctor contó que sigue privado.

-Inconsciente. -Eso es.

-Y nosotros sin hacer nada.

-No veo qué podríamos hacer nosotros.

-Por el mayordomo nada,

pero por Elvira sí.

Deberíamos intervenir, ir.

Que el coronel sepa

que no puede hacer de su capa un sayo.

Que su hija tiene gente que se preocupa por ella.

Y que si le pega o cosa parecida,

no quedará impune.

-Yo entiendo lo que quieres decir.

Pero no creo que el coronel llegue a ese extremo.

-¿Ah, no?

Tampoco le creía capaz de pegar a Simón del modo en que lo hizo.

-Bueno,

que tengo que reconocer que eso fue una salvajada.

Pero el caso de Elvira es diferente.

Y me pone negra, pero

de puertas para adentro al coronel le ampara la ley.

-¿Usted piensa lo mismo, padre?

-Naturalmente, hija.

Las decisiones que tome don Arturo con su hija

son asunto de su incumbencia,

aunque nos pese cómo pueda estar tratando a su hija.

-Como si la mata, ¿no?

-Yo no he dicho eso.

Maltratarla no me parecería una medida justa.

Pero don Arturo puede castigarla

como lo estime oportuno.

Hay que estudiar los hechos desde todos los puntos de vista,

incluidos los del coronel. -No será una simple reprimenda.

¿Acaso no vieron su mirada? Estaba fuera de sí.

Temo mucho por mi amiga.

Y esta ley cruel permite

que se nos trate peor que a nada. -Yo no soy

de castigo físico, hija, y lo sabes. Pero hasta

en los mejores colegios se castiga a los estudiantes con azotes.

Don Arturo sabrá cómo aplicarle los correctivos a su hija.

Por otra parte, no hemos escuchado ni golpes, ni lamentos, ni gritos.

Ya le advertí a don Arturo que no íbamos a tolerar

abuso de fuerza contra esa muchacha. -Pobre muchacha.

Y en casa con ese mastuerzo.

-El comportamiento de Elvira

tampoco ha sido precisamente el adecuado.

Don Arturo es un hombre celoso

de su honor y su apellido. Y esa chica

lo ha puesto en boca de todos encamándose con el mayordomo

el día en que su prometido

venía a festejar el compromiso.

-Eso no le da derecho a disponer de la vida de su hija.

-La vida no, hija.

Pero convendrás conmigo en que una muchacha debe cuidar de su honor

y de su virtud.

Elvira ha perdido ambas cosas.

-No estoy de acuerdo con lo que hizo,

pero tampoco con que se la maltrate.

-Ramón,

la niña tiene razón en parte. Sí.

Quizás deberíamos intervenir para ver qué hace el coronel

con mando en plaza.

-Nosotros no vamos a hacer nada hasta no tener pruebas fehacientes

de que la integridad física de Elvira corre peligro. ¿Me oís las dos?

Don Arturo tiene derecho a gobernar

su casa sin intromisiones, nos parezca los que nos parezca.

María Luisa, hija.

no te he escuchado decir que te mantendrás al margen

de lo que pase en esa casa.

-Es injusto.

# Como una diosa que vino a lidiar

# con su porte pinturero,

# desde marzo, desde marzo hasta febrero.

# Sus ojos

# dos luceros de azabache.

# Tan bellos que parecen un mapache. #

(Puerta)

(DON SEGISMUNDO TOSE)

-¡Uh! Por el amor de Dios, caballero.

Va a echar usted el bofe.

Pase, pase. Siéntese.

¿Quiere un poquito de agua?

Justamente veníamos a eso,

para que don Segismundo tome la medicina. Agua.

-Sí, ahora "mismico".

Dar de beber al sediento es ley de mi pueblo.

-Es una norma del Evangelio.

-Pues eso. ¿De dónde ha sacado a este mozuelo?

-Don Segismundo. Ha desayunado conmigo.

Su gracia... Su gracia es

don Segismundo Venando.

Y es el dueño del piso del tercero que está deshabitado.

Venimos de verlo.

-Pues mucho gusto, caballero. -El gusto es mío,

zagala.

Prietas carnes tienes.

Vive Dios.

-Huy. -Siempre me han privado

las mujeres desmesuradas.

Me provocan eso,

desmesura.

-Pues usted, mire por donde, me recuerda a un amigo

que tengo en el hospital ahora mismo. Tiene usted su misma facha.

-¿Vas a por el agua o no,

maritornes? -Sí, sí. En un periquete.

Si tardo, quizá no la necesitemos.

-Bueno.

Bueno, y...

Sígame usted contando lo que me estaba diciendo antes,

don Segismundo.

Entonces

que en estos años no se ha casado. -Ni una vez.

Y eso que por falta de ganas no ha sido.

Pero ya ves, siempre puse

el deber por delante del placer.

Y así me veo,

sin mujer, sin hijos.

-Y... ¿Y parientes no tiene usted?

Digo yo, aunque sean lejanos. En las Indias o...

-Ni parientes, ni padre, ni madre,

ni perrito que me ladre.

Los únicos que se preocupan por mí

son los médicos.

Y no creo que ya les dé la tabarra por mucho tiempo.

Ando pendiente de unos análisis.

Y según me han adelantado,

puede que no traigan buenas noticias.

-Vaya por Dios.

Pues es una lástima. Toda la vida trabajando para no tener pariente

que disfrute lo que usted ha ganado.

Se va a quedar ese piso del tercero lleno de humedades y de polvo.

-Buah, se lo dejaré a las monjitas.

Bueno, eso si antes no encuentro a alguien

que me cuide y me dé afecto. Alguien al que...

Al que yo le coja querencia, vamos. -Ya.

Pues...

Vamos, que no es por presumir,

pero yo siempre he tenido la fama de cuidar a gente solitaria

como usted.

De velar por ellos.

-Tome.

Tardan mucho con esas pruebas, ¿no?

No te angusties. Tirso está en buenas manos.

Aunque es una lástima que esté ausente el oftalmólogo

que le conseguí la última vez

y que le diagnosticó. Bueno,

gracias de todos modos. Has hecho

lo posible por localizarle. Nada es suficiente para el pobre.

Tirso no merece el destino que le espera.

No adelantemos

acontecimientos. Todavía no está dicha la última palabra.

Y en estos tiempos la medicina

avanza a diario.

Puede que los médicos

encuentren alguna manera

de que se recupere. Sí.

Dios te escuche.

Pongo mi patrimonio a vuestra disposición.

Haría cualquier cosa por él. Si encontramos

algún médico en el extranjero, yo lo financiaré.

Gracias por esa muestra

de amistad. No, no es amistad. Es justicia.

¿Quién no daría una oportunidad a una criatura

que apenas se ha abierto a la vida y que no podrá ver su belleza?

¿Queréis dejar de soñar?

No es un sueño, Fernando. Tenga usted un poco de fe.

No se trata de lo que tenga o deje de tener. Ni de fe, esperanza o caridad.

Se trata de mirar a la realidad cara a cara.

Da igual que la vida haya sido injusta.

La verdad es que Tirso ha perdido la visión y no volverá a recuperarla.

¿No has oído lo que he dicho sobre la medicina moderna?

Has hablado de medicina, pero querías decir milagro.

Y los milagros no existen.

¿Es que se os ha olvidado

el diagnóstico?

Nuestro muchacho tiene una enfermedad degenerativa.

Sabíamos que llegaríamos adonde estamos.

No quería enfriar vuestros ánimos.

Pues lo ha hecho usted. Lo siento.

Solo quería encauzar nuestras energías hacia algo más

que las falsas esperanzas.

Sería mejor que en lugar de esperar soluciones

caídas del cielo, dedicáramos

todo nuestro ingenio en facilitar la vida de Tirso.

¿Cómo? De eso se trata.

De buscar cómo hacer que Tirso

a pesar de las desgracias que debe soportar

pueda ser un poco más feliz.

Siento haber sido tan duro, tan insensible.

Tienes razón.

De nada vale esconderse tras los sueños o los deseos.

Entre los dos conseguiremos que lleve la mejor vida posible.

Se nos acaba el tiempo.

-Lo dices por la carta de ayer. -No podía ser más categórica,

más nítida.

¡Dios santo!

¡Dios!

-"Nada es gratis".

"Me lo debes".

Sosiégate.

Templa. Ya estamos a punto

de terminar. -No conseguiré

ese sosiego hasta que no haga lo que debo.

Entonces alcanzaré la calma. -Cuando recibas

el dinero de don Ramón, habrás terminado.

-Pero ya le has escuchado. Necesita días para preparar tal cantidad.

-Ve a hablar de nuevo con él.

Infúndele prisa. Que se le meta en la cabeza que necesitas el dinero.

-Le conozco de toda la vida.

Era muy amigo de mi padre.

Es casi como un pariente para mí.

Me moriría de vergüenza si creyera que dudo de su compromiso de pago.

-A la vista está que no te puedes quedar de brazos cruzados.

-Sí.

Sí, es verdad. Me lo pensaré.

Después de llegar donde hemos llegado, poco me importa don Ramón.

-Buenos días, Leonor.

Habiba.

Eh...

Tengo un regalo para ti.

Es una pluma.

-Ábrela, Leonor.

Es un bonito detalle.

-Me pareció un regalo

apropiado para alguien

que emprende negocio en la literatura.

-Es preciosa. Gracias.

-Bueno, cuéntame. ¿Exactamente en qué consistirá tu negocio?

¿Qué publicarás?

-Le he estado dando vueltas

y creo que me inclino por editar una revista literaria,

con reseñas y críticas de libros o reportajes

sobre los acontecimientos culturales que haya en la ciudad.

-¿No imprimirás libros?

-Quizá sí. No lo sé.

Es verdad que en los quioscos ya hay revistas,

pero siempre hay espacio para una visión nueva.

-No lo dudo.

Tú ya sabes que en estos temas intelectuales yo soy

un ignorante.

Pero vamos,

que me vale con tu palabra.

Y me vale que hagas lo que hagas, tú seas feliz.

-Lo intentaré.

Nada tiene sentido si no se busca la felicidad.

-Ojalá lo consigas.

Bueno, estoy convencido de que lo vas a conseguir.

Mi mujer es una persona

pues valiente, corajuda, voluntariosa,

que siempre sale adelante. ¿Verdad?

Bueno, me voy a la habitación. Si quieres

seguir hablando, ya sabes dónde estoy.

-Ha cambiado tu esposo, ¿no?

-Preferiría no hablar de él.

-Ha dejado de apremiarte.

Espero que sea para bien.

Aunque no me fío.

Es muy raro que mi tía no haya abierto siendo las horas que son.

-Pues sí. Ya puedes decir que algo grave le ha pasado.

No renuncia a una venta por un "quítame allá esas pajas".

-Seguirá traumatizada por la paliza del coronel a Simón.

-Hasta yo sigo impactada tras brutal incidente.

Y es que me recordó al duelo al que te retó ese animal.

No quiero ni pensarlo.

-Hasta un duelo impresiona menos que ver a un hombre apaleado.

-Es que no sé como Elvira y Simón, el uno por el otro,

dejaron que las cosas llegaran hasta ese punto.

-Pues porque se quieren. ¿Qué otra cosa podían hacer?

-Pues no sé. Cualquier cosa menos alcanzar esos extremos.

Simón podría haberse ido. -En ello estaba.

-Sí, en ello estaba, pero metió en su cama a Elvira.

Eso era como abrirle la veda al coronel.

Y luego confiesa en la calle su amor por ella.

Entre eso y: "Máteme usted, señor coronel"

no veo diferencia. -Será el amor,

que nos hace valientes. -O estúpidos, según se mire.

-Liberto.

-Hombre. -Muy buenas. Doña Rosina.

¿Saben ustedes algo de Elvira?

-No creo que su padre la deje

salir de casa. -Eso me temo.

No la ha visto nadie.

Está María Luisa preocupada. Veo a ver si me entero.

Y me da miedo que el coronel... -Ya.

De rositas no se va a ir. Prefiero pensar que el coronel

reserva los castigos físicos para los hombres.

-Por cierto, Víctor, ¿has visto

a mi tía por el barrio?

-Pues verla no.

Pero sé que ha pasado la noche cuidando de Simón.

-¿Cuidando de Simón?

-¿Quién le ha dado a ella vela en ese entierro?

Y no digo que el muchacho esté a las puertas de la muerte.

-Quizá solo sea caridad cristiana.

-Yo la conozco mejor que bien.

Y ella por caridad cristiana no cierra su tienda.

Y menos para preocuparse por un miembro de las clases subalternas.

-Nunca fue caritativa.

Ni siquiera con su familia.

-Iré al hospital a ver si es verdad.

Este comportamiento de mi tía no es normal.

-Más raro que un perro que hable. Ve y nos cuentas.

Me tomo un chocolatito y voy a la iglesia

para que el Señor aleje tanto infortunio.

-Entre conmigo, doña Rosina.

Liberto. -Con Dios.

(Puerta)

"Pater noster...".

La puerta está abierta.

Ah.

-Ay, estaba usted rezando.

-Por el alma de este pobre desgraciado.

-Ay. Pues dele, dele usted.

Yo solo venía a verle a él.

Bueno, si da usted su permiso.

-Permiso concedido si procuras

no molestar, que debo acabar.

-Yo qué voy a molestar. "Calladica" me quedaré.

-"Pater noster, qui es in caelis".

-Cómo está el pobrecico.

-¿Qué he te dicho?

-Nada. Si la acabo yo de preguntar.

-"Pater noster...". -¿Qué han dicho los médicos?

-El coronel y sus golpes han provocado que quede yerto, inánime.

-"¿Lo cualo?".

-Que tiene los sesos hechos puré

debido a la sangre acumulada por el golpe.

-Ay, válgame el cielo, qué enormidad.

Por eso parece como dormido el pobre.

-Por eso, por eso.

Lo peor es que no se sabe si va a despertar.

"Pater noster

qui es in caelis, sanctificétur nomen tuum".

"Adveniat regnum tuum".

-Mírelo. Tan manso.

Tan noble.

¿No se parece

a los caballeros esos

que tienen sus estatuas en las iglesias?

-No digas enormidades, Lolita. Parece un enfermo. Lo que es.

-Es que si hay alguien que no se merezca acabar así, es el Simón.

-¿Puedes dejar de molestar?

"Pater noster, qui es in caelis,

sanctificétur nomen tuum".

"Adveniat regnum tuum".

"Fiat volúntas tua".

-No se crea que no le agradezco lo que hace por él.

Pero es que no creo que este sea su sitio.

Apenas le conocía usted, y encima

es mayordomo.

Váyase usted a casa, que me quedo yo.

-¿Y quién eres tú para decirme a mí lo que tengo que hacer?

Criado o no, es mi deber de cristiana

cuidar de los enfermos.

"Pater noster"... -Como quiera.

Si estuviésemos en mi pueblo, le prometía una saeta para Semana Santa.

¿Tiene usted hambre, señora?

Le voy a dejar yo aquí un guisote que he preparado.

-Agradecida.

-Yo sí que le agradezco lo que hace por mi compañero.

Que eso Dios se lo pague.

Verá lo que le suelto al que diga que no es buena persona.

(REZA EN VOZ BAJA)

Le agradezco mucho que me acompañe.

Sé lo difícil que le resulta separarse de Tirso.

Teresa cuidará de él.

Tengo que ocuparme de asuntos que conciernen al muchacho.

Es admirable lo mucho que se preocupa.

Tirso ha tenido mucha suerte con usted.

Necesitaba un modelo de hombre a quien imitar, y no lo había mejor.

Ojalá pudiera ser

un ejemplo para él. Lo es.

Ya lo creo que lo es. Y Tirso lo sabe.

Sabe que puede confiar en que siempre estará a su lado.

¿Quién estaba con él cuando se quedó sin ver?

¿Quién le sostuvo la mano cuando pedía ayuda asustado?

Cualquiera habría hecho lo mismo. No. Cualquiera no.

Ni siquiera quien airea a los cuatro vientos

su amor por Tirso estaba a su lado cuando la necesitaba.

No sea injusta con ella.

Teresa le quiere de verdad. Sí. No digo que no.

Pero

cuando el niño la necesitó ella estaba en paradero desconocido.

Si hasta yo he buscado médicos y he hecho lo posible.

¿Qué ha hecho ella, Fernando? Dígame.

¿Qué aparte de lamentarse? No quiero hablar de esto.

No tengo nada en contra de Teresa.

Ya sabe que la quiero.

Pero admiro mucho el amor que siente por el chiquillo.

Y quiero que sepa a qué atenerse.

Yo no dejaría a Teresa al cuidado del niño.

Tiene tanto derecho como yo.

Sí.

Es posible.

Pero yo no me separaría mucho de su lado.

Teresa por mucho que quiera a Tirso es débil.

Y a la mínima que hay un incidente

se queda paralizada y se deja llevar por la tristeza.

Claro que se deja llevar por la tristeza y se paraliza.

Yo también hago de tripas corazón para no hundirme.

¿Hay algún hombre o mujer que conserve el temple cuando un niño

es víctima de una desgracia?

Sí. Puede que tenga razón.

Yo solo lo digo para que no se dejen abrumar por la pena.

Y al final el que salga perdiendo sea el niño.

Teresa si se ve desbordada,

puede tomar portante y obsequiarnos

con otra desaparición.

¿No lo sabías? Pues sí.

Don Ramón ha comprado parte del yacimiento de doña Rosina.

Son socios. -Pues espero

que el beneficio sea mutuo. Aunque no le arriendo la ganancia a Trini.

-¿Qué tiene que ver Trini?

-Si ahora su marido se asocia con Rosina, Trini tendrá

que soportarla mucho más a menudo

de lo habitual.

-¿De dónde venías? -De rezar por el pobrecillo

de Tirso.

Y por el mayordomo de los Valverde. -A ninguno de los dos

les sobran los rezos. Bien sabe Dios que los necesitan.

-Bueno, siéntate. ¿No te preguntas por qué te hice llamar?

-Pensé que me lo contarías cuando llegara el momento.

-He recibido carta de Tano.

-¿Ha pasado algo? ¿Está bien?

-Felipe, no seas agorero.

-Por los saludos parece que todo a la perfección.

¿Le has contado que nuestro matrimonio

ha quedado anulado?

-Sí.

Lee tú mismo lo que dice sobre eso en la carta.

A mí me ha emocionado.

-"No importa si ahora viven separados,

en mi corazón siguen viviendo juntos".

"Y los dos caben en él".

"Les quiero y les querré siempre".

Dice que se ha aficionado al remo.

-Eso parece.

Por lo visto las regatas entre universidades

son muy famosas en Inglaterra.

-"Entreno cada día con mis compañeros de tripulación".

"Y todos dicen que soy

muy buen remero".

"Creo que he heredado la fuerza de mi padre

y la voluntad de mi madre".

-También dice que le va estupendamente en los estudios.

-Y no lo dudo.

Ya has escuchado.

La voluntad de su madre.

-Y la fuerza de su padre.

Quién nos lo iba a decir cuando le trajimos,

que terminaría en una institución de prestigio.

Y en el extranjero.

-No está nada mal para un golfillo sacado del hoyo.

-Miedo nos daba que nunca perdiera

las mañanas aprendidas en ese barrio.

-¿Recuerdas todas las dudas que tuvimos?

-Por mucho miedo que tuviéramos y muchas dudas que pasáramos,

sabíamos que saldríamos delante.

Porque estábamos unidos.

El otro día,

anteayer

creo,

te vi

en animada conversación

con la camarera de la chocolatería.

-Prefiero no hablar de esto. -No, Felipe. No te lo tomes a mal.

No es ningún reproche. Solo quiero saber si estás contento,

si te cuida como te mereces.

¿Cómo es la muchacha?

-No es como tú.

Nadie es como tú.

-¿Ya te marchas?

-Sí.

Me han pedido un favor y tengo que reunirme con alguien.

Perdóname.

Perdóname por no haber sido capaz de decirte lo que sentía por ti.

Pero sé que ahora me estás escuchando.

Sé que el Señor

te hará llegar mis palabras

por muy malito que estés.

Te he hecho creer

que no te quería cerca, que te había olvidado.

Pero no es cierto.

Nunca

pude olvidar tus ojos.

Ya destacaban en tu rostro apenas naciste.

Eras una criatura tan guapa...

Casi, casi

tan guapo como lo eres ahora.

Ni tu olor.

Nunca olvidé tu olor.

Algunas noches a solas en invierno

podía olerte.

Simón.

Te quise

desde que te tuve entre mis brazos.

Y deseaba lo mejor para ti.

Por eso te puse de nombre Simón.

Que significa "El que ha conocido a Dios".

Yo quería que llevaras una vida

devota y feliz.

Y sin embargo

no tuve valor, mi pequeño, no lo tuve.

Perdóname.

Dime que me has escuchado.

Dímelo.

Dime que me has perdonado.

Despierta

y dímelo.

Simón.

(Puerta)

Adelante.

-Me conmueve su devoción, tía.

Jamás hubiera sospechado que se desviviera por un desconocido.

¿Cómo se encuentra el paciente?

-No ha despertado de su inconsciencia desde que lo trajeron.

-Pobre muchacho.

No puedo decir que le conociera de mucho, pero me parecía

un hombre muy educado y una buena persona.

-Será que lo era.

-Me sorprende usted más a cada momento.

Si me hubieran preguntado, habría dicho que el mayordomo

no era santo de su devoción. Habría esperado

que le pusiera a caer de un burro por lo de la hija del coronel.

-Perdonar

es de cristianos.

-Se nota que está usted muy cansada, tía.

-Sí. El tiempo me va mermando, sí.

-¿Y por qué no se va a casa y reposa?

Ninguna obligación la retiene aquí.

-Me retiene mi deber de cristiana practicante.

-¿De verdad es solo eso?

No entiendo a qué viene tanto sacrificio.

La verdad, me gustaría comprenderlo.

-No hay que comprender.

Es solo compasión por un chico al borde de la muerte.

Y que no tiene a nadie. No tiene a nadie. Está solo.

Se le cae a una el alma al suelo

de ver al pobre Simón ahí,

como amodorrado.

Sin saber si se va a despertar ni cuándo.

-Ojalá se cure y pronto. Nadie se merece un final así.

-Merecerse no sé, pero vamos a ver, tampoco es de ser listo enamorarse

de la hija del coronel. Pero como era tan fino...

-Es, Servando. No era, es.

Y no quiero escuchar ni una palabra en contra de Simón.

-Está bien. Si me iba. -Oiga,

¿cómo que se va? ¿Y me deja solo?

-Ah, mira, así demuestras que sabes hacer algo por ti mismo.

Tengo que recoger a don Segismundo

para ver si le tasan el piso.

-No se crea que no vi antes como le hacía zalamerías al pobre anciano.

-Bueno,

¿y qué? Si uno es un alma sensible que le dan pena los viejos

que están solitos en el mundo... -Ya.

¿Y no será más bien que ha echado el ojo al piso del abuelete?

-Ah, que era por eso.

Claro, por eso no ha quitado esas hierbas de la portería.

A don Segismundo le recuerda

a su cortijo y se lo quiere camelar.

-Ay, cuántas malas lenguas.

Menos mal que uno tiene la conciencia tranquila.

-Si tiene la conciencia mansa,

es que no tiene conciencia. Esta mañana

escuché como le preguntaba si tenía familia.

Y como el abuelete está solo, pues aquí tu jefe

se ofrecía para cuidarle y ayudarlo en lo que hiciera falta.

-Bueno, ¿y qué? ¿Eso es de reprochar?

-¡No te amuela! Pues claro que sí.

Si busca quedarse con el piso,

sí, se reprocha. -O sea, vamos a ver.

Si uno es sensible y le dan pena los mayores,

ya piensan otros que soy un interesado.

-No me tire de la lengua

o tendré que decir que es el hombre más ruin.

-No. Ruin no.

Soy práctico.

Que lo único que busca es cariño. Y si no, deja el piso a las monjas.

Como si no tuvieran donde caerse muertas.

¿Qué será mejor: dar sus propiedades al convento

o que me las de a mí que no tengo ninguna y les haré mejor aprecio?

(Puerta)

¿Quién es?

Soy yo, Teresa.

Teresa.

Gracias a Dios. Pensé que ya no venías.

Felipe me avisó esta mañana.

Pero no he podido venir antes. Por eso

quería verte. Me contó lo de Tirso.

Estabas con él, ¿no?

He tenido que esperar

hasta que Fernando viniera. ¿Y cómo está el chaval?

No volverá a ver.

Nunca.

Lo siento.

No es justo, Mauro.

Me siento tan impotente y tan indignada con la vida.

Tan sola...

No digas eso.

Me tienes a mí.

Eso son solo palabras.

Palabras dichas con el corazón. Pero palabras.

Tú puedes ayudarme menos que nadie.

Ni siquiera puedes acompañarme.

Estás muerto de cara a todo el mundo.

Llevas razón.

Ojalá pudiera estar a tu lado y no separarme de ti.

Ahora no puedo, es cierto, pero muy pronto,

antes de lo que te crees, resolveré el caso.

Y nada ni nadie nos va a separar.

No quiero seguir hablando

ni de ti ni de mí.

Nuestras cuitas son tan insignificantes

cuando ocurre lo de Tirso...

Quiero dedicarme en cuerpo y alma a él.

Ahora mismo es lo único que me importa.

Ayudarle.

Él me necesita.

¡Oh! ¡Eh, eh, eh!

¿Qué te ocurre?

No es nada.

Un dolor de estómago y cierto mareo.

¿Pero sabes de qué es?

¿Te ha pasado antes?

No. Nunca.

¡Oh!

¿Le pasa algo?

No. Estoy bien.

¿Qué le pasa?

No es nada, Tirso.

Estaré contigo para siempre.

Ya estoy bien. No ha sido nada.

El agotamiento y la congoja, supongo.

(Puerta)

Dile a tu señorita que estoy aquí.

Vi salir a don Arturo y no sé de cuánto tiempo disponemos.

Vamos.

Obedece. Te aseguro que no quieres verme enfadar.

¿Cómo está Simón? ¿Sabes algo?

Todavía no se ha despertado.

¿Dan los médicos alguna esperanza?

Le he matado, María Luisa.

Es como si yo le hubiera golpeado

en la cabeza. ¿Pero por qué dices eso?

Él es tan culpable como tú. O mejor, ninguno de los dos sois culpables.

Os queréis, solo es eso. No lo entiendes.

Fue una trampa. Algo para que Burak

cayese en la celada.

Fui yo la que me metí en la cama de Simón y mandé a Casilda

para que hiciera subir al turco.

¿Le dejaste que os sorprendiera?

No se me ocurrió otra manera de evitar mi boda con ese hombre.

¿No viste que tu padre reaccionaría así?

Soy una idiota, María Luisa.

He matado al hombre que quiero.

Leonor.

Adelante.

Pasa tú también, muchacha.

Entremos al salón, por favor.

¿En qué te puedo ayudar?

¿Tan embarazosa es la cuestión? -No.

No.

Bueno, un poco.

Me gustaría hablar con usted acerca del pago

por la compra del yacimiento.

-¿Hay algo que yo no sepa, Leonor?

Te dije que no había ningún problema, solo había que esperar que el banco

provisionara los fondos. -Ya lo sé.

Y créame que mi intención

no es abrumarle.

Pero me gustaría saber

si cabría la posibilidad de que usted agilizara el proceso.

-Porque te conozco desde que eres una cría, Leonor,

porque si no, pensaría que no confías en mí

o en mi capacidad de pago. -No. No, don Ramón, no piense eso.

No es verdad. Sé que me va a pagar.

Pero me corre cierta urgencia.

Usted sabe que voy a montar una editorial.

Y ahora justo me han ofrecido un local que me interesa mucho.

Temo perderlo por no disponer de metálico.

-No te angusties.

Si conocieras el mundo de los negocios, verías que probablemente

el propietario del local solo quiere presionarte para cerrar

el trato cuanto antes. Esperará. -Quizá o quizá no.

-En cualquier caso mi banco no retrasa los fondos

por gusto.

Es necesario un tiempo para disponer del efectivo en la sucursal.

-Don Ramón,

ya se lo pido a modo de favor personal,

al margen del negocio.

¿No podría intentar agilizar los trámites?

-Lo haré por la amistad que une a nuestras familias. Pero no puedo

asegurarte nada.

-Me conformo con que lo intente.

Muchas gracias, don Ramón.

Buenas noches.

-Buenas noches. -Buenas noches.

Nunca imaginé que sería capaz de presionar a un amigo de mi padre.

Ni siquiera me reconozco. -Solo haces

lo que tienes que hacer.

Ya está. Tranquila.

Simón se recuperará.

¿Te ha hecho algo tu padre?

No te habrá pegado, ¿verdad?

No me importaría si así pudiera ir a ver a Simón.

Necesito verle, María Luisa.

Tocarle, decirle que le quiero, cuidarle.

Si quieres, te acompaño.

¿Lo harías de verdad?

Por supuesto. Vamos.

Hagámoslo ahora, antes de que regrese tu padre.

¿Qué haces aquí, muchacha?

¿Adónde se supone que os dirigís?

Don Ramón.

Quiero pedirle que controle a su hija.

Se coló en mi casa sin permiso.

-Le ruego que le disculpe.

Mi hija no tiene demasiada experiencia y no supo comportarse.

-Deberían haberla educado mejor.

Ya tiene unos años. -Yo no me meto en sus cosas.

Así que no se meta usted

con la educación que le doy.

-Lo importante es que Simón salga de esta.

-Pierda cuidado. Verá como se recupera.

Estamos aquí para ayudarla.

-Que te va a hacer falta, Susana.

Me da que estás rota. -No creas.

Ya he echado alguna cabezadita. -Mejor las echarías

en tu casa. Vete. Nosotras cuidamos de él.

-Tengo que seguir aquí.

-"Mucho interés"

tiene que tener tu mujer con el tema de la revista.

Porque ayer vino

con apremio a pedirme el dinero efectivo

de la venta.

-Ya sabe lo impacientes que son los jóvenes.

-Sí que lo son.

Lo cierto es que vino

con mucho apremio. -Pues no lo entiendo.

Si tardará meses en sacar el proyecto.

-Según me contó lo quería para comprar

unas oficinas para su negocio.

Pero francamente,

la vi muy

desasosegada.

¿Dónde lo puede haber metido?

"He de confesarle que estoy muy desanimada".

"Los días pasan"

y sigue sin saber quién trató de asesinarle.

Tenga paciencia.

Una investigación así requiere tiempo.

Lo sé, pero hasta que no lo consiga

no podrá salir de su escondrijo y ser un hombre libre.

No se sofoque. Todo llegará.

No lo sé. "¿Habló con Margarita,"

la compañera de celda de Elena?

Así es. Cuénteme a escape.

¿No le ha dio pistas sobre sus puntos débiles?

O no los tiene o yo no he sido capaz de hacer que Margarita confiese.

Si yo hubiera ido a interrogarla,

habría sacado algo. Su padre

fue a visitarla una vez.

Eso la dejó tremendamente melancólica unos días.

"Hiciste amistades en el presidio".

Con Margarita soltabas más la lengua.

Con ella eras mucho más habladora.

¿Pensabas que no daríamos con tu compañera?

Ahora me prestas más atención. Temo que se nos vaya de las manos.

Puede que Margarita haya contado a Felipe,

pero no ganamos nada sofocándonos.

Tenemos que permanecer frías.

Lo mejor será que nos deshagamos de esta tal Margarita.

Sí. Puede que tenga razón.

Muerto el perro se acabó la rabia.

De esta manera puede que a Elena le dé por salir a la luz.

Aunque quizás no haga falta llegar tan lejos.

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  • Capítulo 492

Acacias 38 - Capítulo 492

07 abr 2017

Pablo transmite a Liberto las dudas que le genera la extraña relación entre Habiba y su esposa. Leonor, después de la carta de Fernando Poo, insiste a Ramón que necesita el dinero, pero el patriarca de los Palacios afirma que no depende de él, tendrá que esperar.

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  1. Saro

    ¡¡Felicidades a todo el Equipo de Acacias 38 por esos 2 años que celebráis hoy lleno de grandes historias!!

    15 abr 2017
  2. Mabi

    Acacieras y Acacieros de ARGENTINA, EL JUEVES Y VIERNES SANTO NO SE EMITIRÁN LOS CAPITULOS CORRESPONDIENTES, YA QUE ES FERIADO Y LA GRILLA DE PROGRAMACIÓN CAMBIA, pueden verificarlo en la pagina de RTVE INTERNACIONAL que es donde me he fijado. Hasta el Lunes, saludos cordiales !!!

    12 abr 2017
  3. Saro

    Capítulo 494.- Extraordinaria interpretación la de Amparo, como siempre, aunque hasta ahora ha sido bastante desagradable por la forma de ser que ha tenido; ahora hemos comprendido el origen de su proceder, llevaba dentro mucha amargura y complejos de culpa que unidos a su sentimientos religiosos y su miedo al qué dirán la convirtieron en una mujer desagradable e intransigente, quizás esos motivos no fueran suficientes para actuar como lo ha hecho hasta ahora pero, yo la disculpo teniendo en cuenta la época. Me preocupa que Liberto pueda ir a hablar con el coronel en favor de Elvira como le pidió Simón, espero que al final no tenga que hacerlo porque, no le va a hacer caso y porque, viniendo de Liberto, Arturo no va a hacer ningún caso y nunca se sabe por dónde pueda salir. Como siempre, excelente trabajo.

    12 abr 2017
  4. Mabi

    Excelentes capítulos !!! El 494 y la confesión de Susana a Simón imperdible!!! Con ansias de ver el próximo .

    12 abr 2017
  5. ELENA

    Me encanta esta novela, sobre todo Liberto y Rosina, pero me cansa el no saber que ha pasado con Eleonor en Fernando Poo, tanto misterio creo que deberia contar ese secreto a Pablo y entre los dos buscar una solucion como antes hacian. En cuanto a Cayetana y Ursula ya me cansan, tendrian que cogerlas ya o por lo menos a una de las dos.

    10 abr 2017
  6. Amante de la tv

    He leído el avance semanal y.... no han sacado nada en limpio, amaba esta novela pero me fastidia que nunca pasa nada la alargan demasiado

    09 abr 2017
  7. Maria

    Esta serie empezó muy bien pero ya se esta haciendo muy cansina y monótona. Me parece que el guionista ya se ha quedado sin ideas, todos los días lo mismo y Teresa es una sosa. Y Cayetana y Ursula no se de donde tanta influencia, hay que echarle imaginación para tanta maldad que no es normal.

    09 abr 2017
  8. Belén

    Tengo el mismo presentimiento que Elisa, que comenta mas abajo. ¿ estará embarazada Teresa? lindo lío con su MARIDO, pobre infeliz (Fernando), si es así, de que se va a disfrazar la insulsa de Teresa?

    09 abr 2017
  9. Alicia Forte

    Visto todas las tardes en Argentina..excelente tve! Ya se reponen del incendio...como va todo..enorme trabajo en rehacer los set vestuarios etc.. felicitaciones al elenco y a todo el equipo de operarios ! ALI acaciana

    08 abr 2017
  10. Elvira.

    La historia de Elvira y Simón me encanta.Ella cada vez interpreta mejor.La pareja más guapa de la serie.

    08 abr 2017