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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 478 - ver ahora
Transcripción completa

Le he dicho a Casilda que prepare la habitación para dormir juntos.

Estaré a tu lado para ayudarte a olvidar.

Para ayudarte en lo que sea menester.

-Si quieres ayudarme, tienes que darme espacio y tiempo.

Créeme que me hago cargo de tu situación.

Pero voy a dormir con Javiva.

-Renuncio a ti no por gusto.

Solo puedo decirte que lo me trajo hasta aquí ahora me obliga a irme.

Me iré contigo.

Desaparezcamos juntos.

Sé realista, Elvira. No sería futuro.

"Quiero que me explique"

qué ha tenido que hacer para medrar así.

Permítame que esos detalles los guarde.

¿O le gustaría a usted explicar

que también es hija de una criada?

No, ¿verdad?

Pues callemos las dos. -"Es que he estado pensando"

en lo injusta que he sido contigo.

-Un poco sí.

No voy a poner paños calientes.

-Me gustaría disculparme contigo.

Te pido perdón formalmente.

-Hágale el vestido más bonito que tenga.

-¿Para esta?

-Javiva, doña Susana. Se llama Javiva.

Y espero que usted y el resto

la trate con respeto.

Con tal de cobrar el vestido...

-"¿Participarás en comparsas?".

-¿Y por qué no hacerlo?

-No estás para ir a fiestas ni mucho menos.

-Lo dicho, que voy a hacer lo que me dé la real gana.

-"Me gustaría enseñarte algo".

¿El qué? Enseguida lo verás.

Lleva esto a la dirección que te dije

con mucho cuidado. Es una joya muy valiosa.

¿Es un regalo?

En cierto modo.

Como sé que Tirso y tú vais a participar en el carnaval,

no quería ser menos.

Es preciosa.

¿Cómo son las vuestras?

Todavía tenemos que confeccionarlas.

Pero Tirso quiere que representemos a dos personajes

del país del ámbar. Muy buena idea.

A ver cómo te queda.

Te sienta muy bien.

Estás muy apuesto.

Me voy a acostar.

¿Vienes?

Me quedaré un rato más.

Le prometí a Tirso

que iba a trazar un boceto

de su disfraz.

Claro.

Es la primera vez que hago una máscara de carnaval.

¿En tu barrio no celebrabais estas fiestas?

Sí. Pero no tenía cuartos ni para comprarme la cuerda de una careta.

Me gustaría disfrazarme del mago de la luz.

¿Y quién es ese señor tan impresionante?

Un personaje del país del ámbar. Tiene una varita mágica que le guía.

Cierra los ojos y lo puede ver todo a través de ella.

Pues si lo puede ver todo, será muy sabio.

Y muy bueno.

Ayuda a todos contestando a sus preguntas.

Viste una túnica muy larga

llena de estrellas y un sombrero de pico.

Y lleva lentes.

Pero como yo las tengo, no hará falta hacerlas.

Tienes una imaginación desbordante.

Haré todo lo posible porque lleves ese disfraz.

Es usted más buena que todos los magos.

Si viviera en el país del ámbar, tendría que ser un hada

o una princesa.

Me conformo con ser lo que soy ahora: una maestra.

-Tirso, ¿ya has preparado la máscara?

Te has dado mucha maña.

-Será la más impresionante de toda la calle.

Tendrías que ver la de Fernando.

Es muy especial.

-Aquí está.

-Nunca he visto una cosa igual. ¿Está hecha de oro?

No. Creo que solo es pintura.

Brilla más que si fuera de piedras preciosas.

Tal vez sea de un mago del país del ámbar

de los que tanto hablas.

Seguro que sí.

¿Puedo probármela?

Claro.

Hace unos días nos trajeron comida de ese restaurante tan bueno.

De la Estancia de Arturo.

Tal vez podríamos encargarles

que nos trajeran comida de nuevo y organizar una cena especial.

Te agradezco tu proposición.

Pero no es necesario que te esfuerces.

Lo último que quiero es forzarte a nada.

No sé qué esfuerzo hay en comer una rica comida.

Me agradaría que cenáramos juntos.

Encargaré entonces que nos la sirvan en casa.

Ya verás como pasamos una bonita velada.

Es lo que más deseo.

(Puerta)

Buenos días. -Buenos días.

-Disculpen que les reciba yo mismo.

El mayordomo ha salido a hacer unos encargos.

-Somos nosotros los que tenemos que pedirle perdón

por presentarnos sin avisar. -Pero qué remilgados sois.

Ni que viniéramos a pedir dinero.

-Por favor, pasen ustedes.

-Gracias.

Estamos avisando a algunos vecinos, a Vds. también.

-Queremos festejar el carnaval.

Y pensamos si nos quieren acompañar a la verbena.

-Se va a organizar un jolgorio de los buenos.

-Dudo que todos los vecinos de la finca quieran celebrar

esa fiesta pagana. Alguno habrá que sea decente.

-Por Dios, qué exageración.

Ni que las calles se fueran a convertir en una bacanal.

-Llámelo usted como quiera. Pero los católicos y las gentes de bien

no participamos en esos rituales.

-Creo que exagera usted.

No se trata más que de pasar un buen rato

entre vecinos y amigos.

-Sí. Habrá música, baile y alegría.

-Desprecio la música

que no sirva para honrar a nuestro Señor

o para ensalzar sentimientos patrióticos.

El baile me parece pecaminoso

y la alegría un sentimiento sobrevalorado.

-Descuide usted, que no le haremos cantar ni bailar

si no es de su agrado.

-Bueno, coronel,

hay que reírse de la vida de vez en cuando.

Para llorar y sufrir siempre hay tiempo.

Esa es mi filosofía de vida.

-Como filosofía ni está a la altura de los grandes pensadores

ni la comparto.

Pero si para usted es suficiente, no la critico

por ello.

-Como quiera.

Si no es de su agrado este tipo de celebraciones,

no le molestaremos más.

-Se lo agradezco. Tengo que hacer unas gestiones.

Preparo una importante visita que recibiré la semana próxima.

No tengo mucho tiempo para zarandajas.

-Como quiera. Me pregunto

si no tendría inconveniente en permitir que su hija

acompañase a nuestra María Luisa a dar un paseo.

-Debería comprender que lo que no veo bueno para mí

no lo veo para mi hija. -No.

Si comprender lo comprendemos. Lástima que sea usted tan cerril.

-Señora, me está usted ofendiendo.

-No se lo tome a mal, coronel. No seguimos en el campo de batalla.

Mire, no se moleste.

Tan solo consideramos que es una lástima que con las buenas migas

que han hecho su hija y la nuestra no puedan compartir un rato.

-Cada uno educa a sus hijos como quiere.

No quiero que mi hija se desenvuelva en ciertos ambientes.

-Oiga,

que mi familia es honrada y honesta como la que más.

-Trini. -Seguro, seguro.

Pero insisto en que tales celebraciones

no son de mi gusto ni del de mi hija.

En esta casa tenemos un alto sentido

de la decencia.

-En ese caso no le molestaremos más, coronel.

Es evidente

que nuestras definiciones sobre la decencia y la alegría son dispares.

No hace falta que nos acompañe a la puerta. Conocemos el camino.

No es menester que me mire de esa forma.

Ya he entendido que quiere que me marche del barrio.

-Para haberlo entendido tan bien no paro de verte.

¿Es que no piensas marcharte de Acacias?

Si no lo haces, no me das opción.

Tendré que ir a hablar con el coronel y contarle

la relación que tienes con su hija. -Y disfrutaría.

Más no tiene por qué hacer nada.

Nunca voy a contar su secreto.

Así que no tengo por qué marcharme de aquí.

-No estoy segura de que eso sea así.

No confío en ti.

-Pues debería.

Yo no soy como usted, ¿sabe? Tengo sentimientos

y palabra.

-No me afecta tu verbo ni tus ínfulas de ser un gran hombre.

Eres un lacayo.

Cuanto antes te vayas de aquí, mejor.

Me incomoda en grado sumo que vayas correteando por las calles.

-Sé cómo piensa. No me lo restriegue cuando nos veamos.

Es evidente

que no significo nada para usted.

-¿Entonces a qué esperas a desaparecer de una vez?

¿Acaso no entendiste las condiciones que te impuse?

-Sosiéguese.

Usted tiene todos los triunfos de la baraja.

Solo me queda obedecerla.

-Puede que tus intenciones sean esas,

pero no veo que lo hagas.

-Le pido un poco más de tiempo.

Para despedirme del coronel de forma adecuada. Quiero ser leal con él.

-¿Leal teniendo una relación con su hija?

Curiosa fidelidad la que tienes a tu amo.

-Debe saber usted que tal relación ya no existe.

He roto con ella para que no le haga daño mi marcha.

-Ah.

Bueno, pues si eso es cierto,

puede que empieces a hacer caso

de mis amenazas.

-Le juro que ahora sí que deseo irme de aquí cuanto antes.

Pero le suplico unos pocos días.

No quiero hacerlo de cualquier forma.

-Está bien. Quédate unos día en el barrio.

-Se lo agradezco. -Pero ten en cuenta

que mi paciencia no es ilimitada. Hablamos de solo unos días.

-Doña Susana, soy una persona cabal y haré lo que me pide.

Pero actuaré como considere.

-Te lo repito: tan solo tienes unos días.

Me importan muy poco tus consideraciones.

-No tense la cuerda. -Haré lo que me venga en gana.

No tengo por qué escucharte. No te demores si no quieres

problemas y punto redondo. Hombre.

¿Qué te parece, Celia?

Voy a pedirle ayuda a Lolita

para pegarle unas perlas por aquí.

-Vaya.

Veo que no has pensado nada en mis palabras de ayer.

No han surtido ningún efecto. Sigues en tus trece.

-Hija, no quiero discutir más sobre este asunto.

-Ah, no. Si no era mi intención.

Yo tampoco quiero importunarte.

Si es tu deseo ir al carnaval, no seré quién se oponga.

Aunque mi opinión sea otra.

Entiendo que te preocupes

por mí, Celia.

Lo entiendo y lo agradezco.

Pero tú también tienes que entender, hija, que no quiera amargarme.

No me queda demasiado tiempo. -No hables así.

No quiero escuchar enormidades.

-Nos guste o no, la realidad

es esta.

Tú ahora tienes que ocuparte del negocio de tintes,

de la publicidad, de la distribución. -Madre, déjate de negocios.

Lo más importante es tu salud.

Y no quiero escuchar que son tus últimos días

como si no pudieras curarte.

-Por favor, hija, no te ciegues.

Es que no hay nada que pueda hacer para curarme.

-He averiguado que hay

un tratamiento para la diabetes severa.

Quería estar segura.

Pero me han dicho que en muchos casos funciona.

-Lo conozco, Celia.

-Y créeme, son vanas esperanzas, hija.

Es algo experimental que ni siquiera está dando demasiados resultados,

y que además requiere que el enfermo esté ingresado

en un hospital durante el tratamiento.

-¿Conocías esa posibilidad?

-Hace tiempo que he investigado absolutamente todo

lo que se sabe de mi enfermedad.

Y la única certeza que he encontrado

es que no existe ninguna cura, Celia.

-No. No puede ser.

No podemos quedarnos de brazos cruzados.

Debemos agotar todas las posibilidades.

-No.

No pienso hacerlo.

-¿Rechazas ponerte en manos de los médicos?

¿Rechazas cualquier posibilidad de curación?

-Sé que te va a costar entenderlo,

pero llevo mucho tiempo dando vueltas a todo esto.

Y he valorado todas las posibilidades que se me abren.

-No... No estás pensando con claridad.

La enfermedad no te permite pensar correctamente.

-Te aseguro que sí.

Mi cuerpo puede estar enfermo. Pero mi mente

funciona mejor que nunca.

-Si fuera así, no tomarías una decisión tan terrible.

Tengo muy claro, Celia,

que no pienso malgastar mis últimos días

en una cama de hospital mientras investigan conmigo.

-Si hay una posibilidad de que hallen el remedio

para tu enfermedad,

agarrémonos a esa esperanza.

-Yo he tenido una vida maravillosa, Celia.

¿Por qué iba a estropearla al final?

Ya verás, hija, qué bien nos lo vamos a pasar en las fiestas.

-Si te empeñas, no me queda otro remedio.

-Ay, mi pequeña.

Ojalá no fueras tan sensible.

Sufrirías menos.

Y ojalá algún día

puedas entenderme.

Susana, para quieta.

Que pareces un saco de pulgas. -No me encuentro

demasiado a mi gusto ni en este local ni en estos días.

Es de entender. El carnaval es una fiesta zafia.

Y muy poco cristiana.

Con el tiempo lo terminarán prohibiendo.

-Pues a mí me viene muy bien.

He pasado unos días malos y me vendrá bien un poco de asueto.

Claro que sí, Rosina. Tú diviértete.

Todo el barrio sabe que en moralidad no eres exigente.

-Menos mal que después de estos días

aciagos viene la Cuaresma. Pues sí.

Más de uno podrá arrepentirse de los pecados de tan infausta fiesta.

-Señoras.

Que sepan que tengo todo listo para carnaval.

-¡Ay! -Eres de lo más dispuesto.

¿Quién me iba a decir que tendría un prometido de tanta valía?

-Ya me he hecho con más bebidas y haremos canapés.

-Verás las máscaras que nos estamos haciendo para carnaval.

Están quedando de rechupete.

Vamos a parecer marquesas o algo así.

Si alguien piensa que Trini es una marquesa, es que este país

no tiene remedio.

Trini,

¿por qué no os sentáis con nosotras? Vayan.

Muy animadas os veo con eso del carnaval.

Como que es una fiesta de lo más alegre.

Yo lo calificaría como el festejo más libertino del año.

María Luisa, hija, ¿por qué no te vas un ratito con tu prometido?

Sí, hija. Aprovecha que no está tu padre.

-Señoras.

-Empiezo a estar

hasta las pestañas de oír la misma murga.

Divertirse no le hace mal a nadie. Que no se es más dama por ser

más siesa y más estirada. -Eso mismo pienso yo.

Que no todo van a ser penas.

-Bueno, Rosina, dime.

¿Cómo está Leonor? ¿Más restablecida?

-Sí, bueno. Ya va mejor. Casi como antes.

Es verdad. No deja de pasearse con esa amiga que se trajo de África.

Bueno, unos se traen monos y tu hija

se trae a una indígena.

No se la trajo como animal de compañía.

Que la ayudó en sus avatares.

¿Y ya se sabe cuáles han sido los tales?

No.

-Leonor se pasó ayer por mi tienda.

Y no os lo vais a creer,

me encargó un vestido para la indígena esa.

Pero de criada no.

De señorita.

El acabose. Pasar del taparrabos al miriñaque.

Se lo haré porque tu hija es clienta

desde que era pequeña y la quiero. Que a mí no me gusta andar

vistiendo a personas tan insólitas.

-Javiva no es insólita ni extraña. En su país todos son de su color.

Lo que tú digas. Pero un aborigen vestida de señorita

estará hecha un adefesio.

El diamante azul viaja a Nueva York.

Alguien de allí lo ha comprado.

-Qué poco le ha durado el diamante a Úrsula, ¿no?

Parece ser que nuestra amiga aspiró a algo fuera de su alcance.

-Y el mal fario que trae la joya.

Quien la posee acaba con los pies por delante.

-Huy.

No sé nada de Úrsula desde ayer.

Y me habló en un tono de los más misterioso.

Me estoy empezando a inquietar por ella.

-¿Y si lo de la leyenda esa es verdad

y le ha ocurrido alguna desgracia?

Lo que sí es verdad es que es mejor

no tentar a la suerte.

Pues sí.

No está mal, Fabiana.

Estas flores por dos reales.

Se va a hacer usted

de oro. -Te creerás que me las regalan.

Con esto no saco yo ni para un puñado de garbanzos.

-No me cuente melindres. Desde que tiene el puesto se ha vuelto

de puño cerrado.

(Puerta)

-Con permiso.

Qué manía tenéis las criadas

de dejar la puerta abierta con la de cosas que pasan.

-Este usted tranquilo, que no se cuela nadie.

Y si alguien se asoma, ya me encargo yo de darle un mamporrazo.

¿Y qué hace usted aquí? -Pues nada.

Nada en especial.

Venía a ver a las dos mozas más delicadas de Acacias.

Vamos, que...

Que hacéis sombra a las mismísimas flores.

-Menos coba, Servando.

La Fabiana tiene de moza lo que servidora de delicada.

-Ya me barrunto yo

lo que viene a pedirnos. Y nones.

-Deje que me explique.

Que no he dicho ni "chu" ni "mus".

-Desembuche.

-Como veo que sois unas mozas espabiladas,

os habréis pensado lo de las murgas.

Y participaréis en las fiestas.

-Porque somos espabiladas nos quedamos de espectadoras.

-Lo que le faltaba a una, que le pusieran de patitas en la calle.

-Pamplinas, hombre. Que no.

Que lo he consultado con don Ramón.

Y le canté unas coplas que bueno,

unos lagrimones como puños se le caían de la risa.

-No me creo yo que a un señor como Dios manda

le hagan gracia esas barbaridades

que le quieren cantar. -¿Seguro que se reía?

-Lo que te estoy diciendo.

Bueno, que casi se cae de nalgas, de culo, de las carcajadas

que se echaba. Vamos, que... Bueno, y no solamente dio permiso,

sino que me dijo que montara un coro.

-¿De verdad le cantó todas las letras?

Mire, que había algunas de ellas que escuecen a cualquiera.

Dudo mucho yo que al señor Palacios algunas de esas

le parecieran graciosas. -Bueno, todas...

Todas las coplas no las voy a cantar. No le iba a dar un recital yo solo.

-Conmigo no cuente. Es más liante que un vendedor de feria.

No tengo años para buscarme entuertos. Y menos

con doña Cayetana.

-Y yo tampoco estoy segura.

Como se dice en Cabrahigo: "Si hay duda, cantazo en la frente

y echar a correr". -Venga.

Tiene que cantar usted. Sin usted aquello parecerá un rebaño

de ovejas balando. -Que no. De ninguna de las maneras.

-Mujer, tú...

Tú eres joven

y alegre. No vas a decir que no

a pasar unas risas. Es carnaval. Es una vez al año.

Y estos días no hay ricos ni pobres.

Vamos, que se puede uno burlar del que sea.

De... De... De nosotros mismos.

Del que tiene enfrente. No hay señores ni criados.

-¿Qué dicen el Martín y la Casilda? -Bueno, el Martín

está encantado. Y la Casilda... En cuanto

se lo cuente, va dar botes de alegría.

-Si ellos quieren,

yo también. Si no, puerta.

-Claro. La vida hay que vivirla

con humor y con alegría.

Venga, anímese, Fabiana.

-Ande, ande, vamos para abajo.

Que tengo que regar mis flores. -¿Se anima o no?

Yo me voy, yo me voy. -Ni murga, ni murga.

Murga le voy a dar yo a usted. -Bueno, bueno.

(RECUERDA) "Yo ya no tengo nada que perder".

Ni siquiera me da miedo la venganza de tu padre.

Pero tú...

Piénsalo.

Serías una desgraciada para el resto de tus días.

Una paria que tendría que pedir limosnas para sobrevivir.

Eres un cobarde.

Insúltame.

Está bien.

Desahógate.

Pero no por eso vas a llevar razón, Elvira.

Si te alivia, cúlpame. No pasa nada.

Pero es mi obligación renunciar a ti.

La realidad nos estaba esperando y ya se ha presentado.

Ha sido bonito.

Ha sido muy bonito.

Pero debemos romper

para siempre.

(Puerta)

Adelante.

Venía a visitarte.

La verdad que no tengo cuerpo para nada.

Si te encuentras indispuesta, vengo en otro momento.

No. Quédate.

Tal vez me venga bien algo de compañía.

¿Sigues decaída por el aniversario de la muerte de tu madre?

Entonces es ese amigo especial para el que bordabas.

Así es.

Le he perdido.

Muy listo no debe ser si deja marchar a una mujer como tú.

¿Se puede saber quién es ese mostrenco.

Ya da igual. Todo ha terminado.

Me tienes aquí para lo que sea menester.

Para eso estamos las amigas.

Te lo agradezco. Pero no hay nada que puedas hacer para arreglarlo.

No tengo ganas de nada.

Apenas tengo fuerzas para seguir respirando.

Pues eso no voy a consentirlo.

Lo mejor es salir y distraerte.

No.

Solo quiero estar sola con mis desdichas.

No. No voy a dejarte abandonada a tu suerte.

Si tu padre fuera más flexible y te dejara venir a la fiesta,

al menos tendrías unas horas para distraerte.

No tengo la menor idea de qué es esa fiesta.

Son unos festejos que se van a organizar en el barrio.

Ayer le pedí permiso a tu padre,

pero se negó.

Y pasó lo mismo con mi padre y Trini. ¡Estoy cansada

de que todos decidan por mí! No te falta razón.

Tu padre es demasiado estricto. No sabes hasta qué punto.

¿A qué le tiene miedo?

¿No estuvo en guerra? Es solo una fiesta.

¡Mi padre es un cobarde! Como todos los hombres

que me rodean.

Sosiégate, que todo se arreglará.

¡Estoy harta! Ya no soporto que dirijan mi vida.

No pienso consentirlo más. Seré la dueña de mi destino.

Celia, siento mucho haber llevado a tu madre de compras.

No pensé que te molestaría.

-No es que me moleste, es que mi madre no está para temeridades.

-Lo sé.

Pero pensé que así se distraería.

Pero se ve que metí la pata hasta el corvejón.

-No te culpo.

Es ella la que debería ser más consecuente.

-Ya. Pero a estas alturas no podrás cambiarle.

Consuelo es genio y figura hasta la sepultura.

Perdóname.

Perdóname. No quería decir eso.

Soy una borrica.

Esta mañana ando muy desatinada.

-No te apures.

Si al menos accediera a someterse al estudio experimental...

-¿Pero le serviría de algo?

-No es seguro.

Son tratamientos que están en prueba.

Pero siempre será mejor que dejarse morir.

-No quiere oír hablar de hospitales.

-Es de entender

que no dándole ninguna garantía es normal que no quiera pasar

sus últimos días lejos de su casa.

-A decir verdad yo también pensaba que Consuelo iba a negarse.

-Consuelo siempre ha sido una mujer muy libre.

Es normal que quiera terminar como tal.

-Tiene bien atado su plan.

Ocultó a Celia su enfermedad hasta después de lo del tribunal

porque quiere dejar la vida de su hija bien atada.

-¿Y qué tiene que ver con dejarse morir?

-Ha venido a resolver sus asuntos.

Una vez resueltos,

nada la ata a este mundo.

-Pues no.

No me resigno a quedarme de brazos cruzados esperando un desenlace.

Me parece cruel no hacer nada por ella.

-Celia,

no te desasosiegues. Has hecho lo que estaba en tu mano.

-Pues no es suficiente.

No quiero que mi madre deje de luchar.

-A lo mejor esa decisión

no te corresponde a ti,

sino a Consuelo.

-¿Y si ella no está en sus cabales?

-Sabes que no es así.

-Celia,

¿tú has pensado que quizás lo cruel

es no llevar a cabo su última voluntad?

-Tienes que dejar que viva a su modo lo que le queda.

-Consuelo es una mujer vitalista.

Mírala.

Está la mar de feliz preparando su máscara de carnaval.

Va a disfrutar de la fiesta con toda su alma.

-Ojalá yo fuera como ella.

Ya verás como te lo vas a pasar bien. Todo diversión y risas.

-Pues esperemos, Servando. Y que no termine esto en llanto.

-Mujer, no seas tremenda. Solo se trata de cantar unas murgas.

-Bueno, está bien.

Con la condición de que me dejéis opinar sobre las letras.

No voy a cantar cualquier ordinariez. -No.

-Di que sí. Yo como la Casilda. -Ya. No.

Pero si es que ya están hechas.

Son rimas dignas de Góngora o Garcilaso.

-Yo no sé quiénes son esos gachós.

Y no voy a cantar tampoco letras que no entienda.

Lo que ha recitado usted

es muy peligroso para nuestros intereses.

-Están escritas. Pero hay otras. No seas tiquismiquis.

¿Y usted qué, Fabiana? ¿Se apunta?

-Y dale perico al torno.

No lo haré ni cuando las ranas críen pelos.

-Se va a perder lo más divertido del año. Y mire que insisto

por su bien. Para... Para que luzca

esa garganta prodigiosa.

-Ay.

Es oscurita, oscurita como la boca de un lobo.

-Para mí que las personas vamos a ser como los gatos.

Cada uno sale de "una color".

-Pues ya sabéis lo que dicen de los negros.

-Que digo yo que si será

toda así o solamente las partes que se ven.

-Pues será así toda.

No va a venir en dos colores.

-Para mí que está teñida. Que si la tocas, te mancha.

-No diga enormidades. En África son de "la misma" color.

Pues menudo gasto en tinte.

-Casilda, tú que vives en su misma casa,

¿la has visto en cueros?

-¡Ay, no, por Dios! Servando, no, hombre.

¡Ay!

Lo único que le puedo decir

es que no se separa ni a sol ni a sombra de doña Leonor.

-¿Y a santo de qué habrá traído a esta muchacha negra al barrio?

-Eso es un misterio.

Pero por lo visto le está muy agradecida.

-Eh.

-Cuánto silencio.

Por nosotras podéis seguir con la conversación.

-No, no, señora. No, no.

No hablábamos de nada de enjundia. Del...

Del...

Del tiempo, que parece que va a cambiar.

-Yo le digo, señora,

a mí me duelen mucho los juanetes.

-¿Qué? ¿Dando una vuelta con su amiga por el barrio?

-Sí. Ella es Javiva.

Estos son Servando, Fabiana y Lolita.

-Qué dientes más blancos que tiene.

Pensaba que sería negra por dentro. -Calla.

-(HABLA DESPACIO) Verás como te gusta mucho

el barrio.

Aquí las casas

no son de paja, sino de ladrillos.

Y todos, todos

ir vestidos por las calles. -En mi país tampoco

vivimos en grutas.

Como me tuteas, supongo que podré hacer lo mismo contigo,

¿no, Fabiana?

-Usted perdone.

-Fabiana,

¿puedes ponernos

esas flores de ahí, por favor?

-Enseguida, señora.

Aquí las tiene.

Las más lozanas del quiosco. -Gracias.

Con Dios. -Adiós.

-Adiós, señoras.

-Chist.

Pues no mancha, no. Mira.

-Servando, de verdad,

que es usted un bruto, hombre. Que se ha dado cuenta.

-Y para mí que es de armas tomar. Menudos humos que se gasta.

-Lo que faltaba. Otra marquesa del pan pringado.

Y más negra que la pez.

¿Leonor ha vuelto a salir?

-Sí. Ha ido con Javiva a la sastrería.

-Sí. Tengo entendido que ha encargado vestidos para su amiga.

-No me había dicho nada de que saldría.

-Se acordaría en el último momento de ir a las pruebas.

-Es posible.

Pero desde que llegó Leonor cada minuto que pasa está más extraña.

No cuenta conmigo.

-Es natural que después de las penurias que han pasado

necesite días para adaptase a su situación.

-Sí, si es muy comprensible. Pero es que

no tiene ni unos minutos para pasear conmigo a solas.

¿No la notáis más distante? -Bueno, sí.

Desde que ha regresado no está muy habladora.

Pero sin duda pronto volverá a ser la que era.

-Lo que no entiendo

es por qué no se separa de esa chica.

Lo sufrido las ha unido, pero... -Tuvo que ser

terrible todo lo que han pasado.

-Eso no implica que marque tanta distancia conmigo.

-Bueno, a mí tampoco me gusta

que se vaya paseando con esa africana

y rechace mi compañía. Pero si la reprendo,

será peor. Has de tener paciencia.

-Pero si paciencia tengo toda la del mundo.

¡Lo que no me da es para entender lo que pasa aquí!

-Sosiégate. Tampoco ha ocurrido nada.

Ella te sigue teniendo el afecto de siempre.

Solo necesita unos días.

-Pero yo no le he hecho nada.

Y tampoco me gusta que se vaya pavoneando con esa negrita.

-Tiene al barrio revolucionado con su nueva amiga.

-No hacemos más que llamar la atención.

Pero lo cierto

es que esa dama de compañía tan rara le da tranquilidad a mi hija.

Ahora lo importante es que se recupere, que engorde

y que nos deis nietos.

Si conseguimos eso, yo estoy dispuesta a tolerar lo demás.

Y tú debes hacer lo mismo.

-Si soy el primero que quiero ayudarla en todo,

acoger a Javiva y tratarla como una más.

Si no tengo más que agradecimiento. -Bueno, una más tampoco.

Que nosotros no somos indígenas.

-Lo único que me importa es hacer feliz a Leonor.

Pero veo nubes negras

sobre nosotros. -Nunca mejor dicho.

-Escucha, Pablo.

La alegría de recuperar a tu esposa

pesa más que cualquier consideración.

¿No crees?

-Sí. Así es.

Tendré que darle tiempo, sí.

La he hecho llamar para enseñarle una cosa.

Es muy hermoso.

Y ha debido costar un dineral a juzgar por los bordados que lleva.

Y muy atrevido.

Me lo regaló Fernando.

Lo estrenaré esta noche.

Ha llegado la hora de dejar de ser

tan arisca con mi esposo.

Ya lo hablamos. Su marido se va a cansar de esperar.

No me veía con ánimo.

Creo que eso debe cambiar.

Me lo pondré esta noche bajo el vestido que luciré en la cena.

Va a estar preciosa.

No puedo evitar sentirme sofocada.

No es que me dé miedo yacer con mi esposo,

pero tengo una sensación extraña.

Bueno, no pase pena. Todas sentimos eso la primera vez.

No es por eso.

Es como si algo me hiciera pensar que voy a cometer un error.

Es el recuerdo de Mauro lo que le impide avanzar.

Pero no debe pensar que le está traicionando.

Mauro ya no está. Y usted no hace nada malo.

Es normal que Fernando y usted hagan uso del matrimonio.

Verá como cuando pase esta primera noche

todo fluirá de forma más natural entre Vds.

Eso espero.

Porque no podemos seguir así mucho más.

Pero no lo haga por complacerle a él.

Hágalo también por usted.

Para que sea feliz

y pueda así cuidar de sí misma

y de Fernando y de Tirso.

Ruego porque tenga usted razón.

¿Cómo continúa su madre?

-Igual.

Se niega a someterse a tratamiento.

Y prefiere abandonarse a su suerte.

Cuando ya no hay solución

cada uno tiene derecho a vivir

sus últimos días como prefiera.

Sí. Eso es lo que dice todo el mundo.

Pero yo me resisto

a dejarla ir sin más.

Si hay una oportunidad, ¿por qué no aprovecharla?

La entiendo. Pero debe respetar sus decisiones.

Yo solo quiero cuidarla y darle lo mejor.

Y hace usted bien.

Pero piense que cada discusión o cada disgusto

podría ser el último

si se produce un desenlace repentino.

Y le aseguro que se arrepentirá siempre si sucede algo así.

Ojalá eso no ocurra.

Seré más cuidadosa

con mi madre.

¿De dónde viene, padre?

De ventilar unos asuntos.

Estoy un poco perdida con mi ropa.

No he visto al mayordomo.

Ni lo verás.

Le he tenido toda la mañana haciéndome recados.

Como el barrio está revolucionado con la fiesta

todo tarda más de lo habitual.

¿Para la fiesta de carnaval? Sí.

Para esa simpleza. Una aberración de paganos.

¿Se puede saber por qué no me ha contado nada de eso?

Porque pensé que no era adecuada para ti.

¿Por qué no puedo pasar un rato agradable con los amigos?

El carnaval es un festejo frívolo y chabacano.

Una señorita como tú debería prestar atención a otros asuntos.

¿Se puede saber qué estás haciendo?

Necesito que me preste atención.

Esa fiesta es importante para mí.

Quiero acudir y pasar un rato. El divertimento

no es una prioridad para mí.

Tampoco lo debe ser para ti.

¿Se puede saber cuáles son esas prioridades?

Debes centrarte en mostrar buenos modales,

rezar y hacer obras de caridad.

Convertirte de una vez por todas en una mujer aplicada y obediente,

digna de pretendientes de altos vuelos.

No pienso hacerlo. Debes comportarte

como una mujer madura y decente.

Soy demasiado joven para esas exigencias.

Tengo derecho a divertirme.

¿Por qué nunca tiene en cuenta mi opinión?

Porque sigues siendo una cría.

El carnaval es para mujeres casquivanas e indecentes.

Y tú no eres una de ellas.

No pienso amilanarme. Voy a ir a esa fiesta sí o sí.

Eso ya lo veremos.

Parece que su esposa se está retrasando.

No hay mujer que no sepa que se hace esperar al hombre.

¿O usted no lo hace?

Por supuesto que sí.

Disculpad. He tenido problemas

con la ropa. No te disculpes.

Contemplarte tan hermosa justifica cualquier demora.

Espero que te guste el menú que he encargado para ti.

Seguro que sí.

Bueno. Yo les dejo que disfruten de la velada.

Está claro que estoy de más.

No te marches. Hay comida de sobra.

Lo sé, Teresa. Pero eso

de que tres son multitud hoy se cumple.

Me da apuro que tengas que salir de tu casa.

No te preocupes.

Tengo asuntos que resolver.

Volveré tarde.

Qué tonta soy. Me siento como si fuera nuestra primera cita.

Tomemos un poco de vino.

Eso te templará los ánimos.

Te aseguro que esta noche será inolvidable, Teresa.

Lolita, por favor, no le pongas tantas perlas.

No habrá quién lleve tanto peso. -Digo yo que cuantas más mejor.

Que se note que hay posibles.

-No, mujer. Tienes que ser más elegante.

Más vale una perla bien colocada que cientos de cualquier forma.

-No soy yo de ese parecer.

Mejor será tener 100 jamones

que no uno todo emperifollado con su lazo.

-En esto te voy a dar toda la razón.

-¿Seguro que no quiere ayudarnos a preparar las máscaras?

Es de lo más entretenido. -Lolita,

déjanos a solas.

-Ay, es que tengo el pegamento a medio secar.

Me voy a escape.

Si se despega, luego lo vuelo a pegar.

Ale.

Quería decirte que he pensado en lo que hemos estado hablando.

-Me alegro de que lo hayas hecho.

Pero si vas a insistir,

debo advertirte que predicas en el desierto.

-No. Al contrario.

He comprendido que no quieras prestarte a tratamiento.

Me alegra mucho oírte decir eso.

-Pero solo te pongo

una condición.

-Qué poco duran las alegrías en esta casa, hija.

¿Qué es lo que quieres?

-Que me dejes cuidar de ti el tiempo que te quedes a mi lado.

-Celia,

yo sé cuidar de mí misma. Lo he hecho toda mi vida.

-Lo sé.

Pero a la postre vas a necesitar ayuda.

Y quiero ser yo quien te la preste.

Quiero asegurarme de que guardas reposo,

de que tomas todos los alimentos que te van bien,

de que tomas todas tus medicinas.

Quiero conseguir que la enfermedad avance

lo más despacio posible.

-¿De verdad crees

que has de imponerte tal tarea?

¿Podrás con ella?

-Bueno, si yo no puedo,

contrataremos una enfermera.

Para que no estés sola ni un solo minuto.

Es un futuro muy negro el que me pintas, hija.

-Pues por eso.

Déjame endulzártelo.

No puedes negarme ese derecho como hija.

-No me queda otra que hacer de tripas corazón.

Tienes razón. Ya no soy dueña de mi destino.

Tendré que ponerlo en tus manos.

-Voy a estar

siempre a tu lado.

-Te lo agradezco mucho, hija mía.

-Quiero pedirte una última cosa.

No vayas al carnaval.

No quiero que agotes tus fuerzas.

-Es mucho pedir.

Pero bueno, si eso te hace sentir más tranquila,

me quedaré en casa.

Tenias razón.

Las viandas de este restaurante son impresionantes.

Me gusta verte comer con tanto apetito.

Vas a pensar que soy una glotona. No.

Pienso que disfrutas de que estemos el uno con el otro.

Pienso que vamos a ser

muy felices.

No tanto como Tirso con el carnaval.

Nunca he visto a nadie disfrutar tanto.

Tiene muchísima imaginación.

Y ver que puede hacer realidad algo que él ha pensado,

le hace el niño más feliz del barrio.

Entiendo que te guste dar clases.

Tiene que ser gratificante ver cómo un niño descubre el mundo

con sus alegrías.

Mejor brindemos por sus alegrías.

Por las suyas y por las nuestras.

Me gustaría saber qué has hecho con el corsé que te regalé.

Espero que no lo hayas devuelto.

No lo he hecho.

Lo llevo puesto.

Me encantaría vértelo ahora mismo.

Puedes hacerlo si quieres.

No quiero forzarte a nada que no quieras hacer.

Estoy segura de lo que vamos a hacer.

¿La he asustado?

No.

Solo que andaba pensando en mis cosas.

Cualquiera diría que no se alegra de verme.

Solo que me extraña verla tan tarde por la calle.

También es tarde para usted.

Sí. Vengo de resolver unos asuntos personales.

¿Ha leído ya el periódico?

Dicen que el diamante azul va camino de Nueva York.

Sí. Ya lo he leído.

La verdad es que me pica la curiosidad.

¿De dónde sacó una joya tan preciada?

¿A quién conoce tan importante

como para que la dejaran llevarla?

Nunca hice un regalo que disfrutara tanto

al verlo.

¿Te gusta?

Estás preciosa.

No puede ser.

¿Qué ocurre, Teresa? ¿Estás bien?

No lo sé, Fernando. Estaba ahí. Podía verle frente a mí.

¿De quién hablas?

Aquí estamos solo tú y yo.

Desasosiégate. Estás a punto de tener un vahído.

Ven. Siéntate conmigo en la cama.

Por favor, no te acerques. Teresa, no voy a hacerte nada.

¡Te digo que me dejes! ¡Que nadie me toque!

¿En qué he podido molestarte? ¿En qué he podido fallarte?

Fernando, te lo ruego, márchate. Necesito estar sola.

¿Qué te ocurre, Teresa? ¡Por favor, vete!

Está bien.

Como quieras.

Yo

quiero que sientas

que puedes confiar en mí,

que en mí tienes un amigo.

Bueno, y ahora vives aquí.

Así que eres una más de la familia.

Bueno.

"Sabes que soy tu amiga, ¿verdad?".

Cuenta conmigo si necesitas hablar o desahogarte.

Es solo que es un menester... Complicado.

Embarazoso.

Entiendo. Asuntos de alcoba.

¿Por qué no ponen tierra de por medio unos días?

-¿Hacer un viaje?

-Hablo de salir de aquí.

De alejarse de sus obligaciones, de ver un sitio más bonito.

-Quizá no sea mala idea. -Coja un carruaje

y llévesela donde luzca el sol.

Ya verá como se relaja.

-Necesito lo de antes.

No sé lo que sucedió en esa isla.

Las penurias y las calamidades que pasaste.

Pero estoy aquí

para ayudarte a olvidarlo.

Sea lo que sea, puedes apoyarte en mí

para dejarlo atrás,

para empezar una nueva vida.

"Soy como una anciana"

en un cuerpo de zagala.

Si tuviera una distracción... No sigas por ahí.

Sé dónde quieres llegar.

¿Yo? ¿Dónde quiero llegar?

Al baile de máscaras del barrio.

Olvidémonos de los disfraces y de las máscaras.

Bajemos tal cual.

Solo por el placer de compartir la fiesta.

Estoy cumpliendo con todas

mis obligaciones que me ha impuesto.

-"Pronto no podré"

ir a ningún baile, hija.

Por favor, no me encierres en una casa.

No permitas

que mi vida se vuelva aburrida y gris, Celia.

Me habrás matado antes si quiera de que me llegue la muerte.

"Se lo he contado todo y sigue guardándose cosas".

Todo a su debido tiempo. No sea usted

impaciente.

Por cierto, Úrsula, me gustó tanto

el diamante azul que contacté con sus propietarios

y les hice una oferta.

"Esto harta

de que los hombres quieran saber lo que me conviene".

¿Entonces?

Tengo un plan.

Y tiene que ver contigo.

Conmigo.

Se van a enterar.

Cuenta. ¿De qué se trata?

-"Creí que me quedaba sin tiempo".

Y me entraron las prisas.

De ahí mi interés en acelerar todo el proceso.

-Lo sé.

-Sé que lo sabes.

Y te lo agradezco.

Y además

quería

pedirte algo, Felipe.

Yo me marcho.

Les dejo solos.

Se lo agradezco. Debo hablar con mi esposa.

  • Capítulo 478

Acacias 38 - Capítulo 478

20 mar 2017

Teresa se anima a ir a cenar con Fernando. Cuando se quedan solos, ella hace un intento por consumar el matrimonio, pero el recuerdo de Mauro se lo impide. Susana advierte a Simón que no destape su secreto sobre su maternidad o irá a por él y a por Elvira. Celia le propone a Consuelo un tratamiento alternativo a su enfermedad, pero ella no quiere perder el tiempo en eso. Celia, desesperada, pide a su madre que le deje cuidarla. Al final, su madre accede.

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