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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 477 - ver ahora
Transcripción completa

Ella es Javiva, la persona que me salvó la vida

y me ayudó a llegar aquí.

"Dime por qué me dejas".

No hay explicaciones, Elvira.

Simplemente se ha terminado.

-Leonor no pasará la noche conmigo.

Está distinta, Liberto.

-Bueno, dale tiempo.

Han sido semanas muy complicadas.

-Tiene que culparme del calvario que pasó,

sea cual sea.

-"Doña Consuelo ha contado a Celia"

lo de su enfermedad. Está muy afectada.

Demasiado, diría yo.

-Pobre Celia. Si no levanta cabeza.

-Me ha pedido que la ayude a buscar un especialista.

Estaré a su lado

durante todo el proceso.

"Vote mis propuestas en la reunión":

Recuperaré el control del colegio sin que Teresa se vea atacada.

Entrégueme sus propuestas y las estudiaré.

No hay propuestas, hay una voluntad de colaboración.

Quiero su compromiso.

¿A ciegas?

No, doña Cayetana.

Pero no dude

que si nuestros intereses son coincidentes,

me tendrá siempre a su lado.

"¿Quieres que me ponga esto"

en la reunión del patronato?

Sería un escándalo.

Quiero que lo uses una noche para mí.

-"En el puerto me subí"

a un barco que pensé que volvía a Málaga.

Pero me equivoqué.

-Así llegó a Fernando Poo.

-El diamante azul desapareció hace muchísimos años.

Ahora su propietario

es un millonario

norteamericano. Un tal señor Hope.

Dentro de poco le llevarán esta joya a su país.

Pero mientras tanto

el joyero que la custodia me ha permitido lucirla.

-"En Fernando Poo"

se cultiva cacao y caña de azúcar.

-¿Trabajaste en la plantación? -Trabajó como una más.

-Descubrí lo que era el infierno en la tierra.

-Hasta salir en prensa

el anuncio del indulto. "Si no le importa, Úrsula,"

me gustaría hablar con usted antes de que se marche.

Intercambiar opiniones.

Claro. Será todo un placer.

-"Te necesito más que nunca".

Necesito que me acaricies, que me abraces.

También necesito sentir que te puedo proteger,

que te puedo dar todo lo que te mereces.

Debes sosegarte, Pablo.

-Mira, cariño,

le he dicho a Casilda que prepare nuestra habitación

para dormir juntos.

Estaré a tu lado

para ayudarte a olvidar.

Par ayudarte a que vuelvas a ser tú misma.

Para ayudarte en lo que sea menester.

-Si quieres ayudarme, tienes que darme espacio

y tiempo.

Créeme, que me hago cargo de tu situación,

pero voy a dormir con Javiva.

-¿Por ella?

-Por ambas.

Yo todavía no me siento cómoda en mi propia piel.

Y ella es nueva aquí

y me necesita. Está muy alterada.

Es más, se lo debo.

-Está bien. Como prefieras.

La paciencia es una virtud y yo la estoy aprendido.

Con paciencia nos hemos reunido.

Con paciencia he conseguido el indulto.

Con paciencia los policías han apresado al asesino de mi madre.

La pesadilla ha terminado gracias a la paciencia.

Deja de hacerte el doliente.

Tú y solo tú tienes la llave de nuestra felicidad.

Créeme, Elvira,

estoy atrapado.

¿Atrapado por qué?

Eso es lo que tienes que contarme.

Sé que me quieres.

Deja que te ayude.

Juntos nos enfrentaremos a lo que sea que te atormenta.

Deja de apremiarme, Elvira.

Y deja de preguntar.

¿Quién sería yo si te dejara marchar sin dar batalla?

-¿Qué está pasando aquí?

¿Mi hija le da problemas? -No.

No, no, no, señor. En absoluto, señor.

Tan solo trataba de sugerirle una ropa más adecuada.

-Deja que Gayarre te asesore, tiene más sentido común que tú.

Iba a salir, pero me he acordado que debe ayudarme con mi correspondencia.

Se trata de un asunto vital para la familia.

-Siempre a su disposición, señor.

-Salgo a hacer unas gestiones.

Elvira, volveré para el almuerzo.

Y ayúdala a recoger todo esto

o no acabará antes de mediodía.

Por favor, Simón, ¿no te das cuenta de lo que me haces pasar?

(Se oye cerrar la puerta)

Lo siento, créeme.

No.

No es cierto.

Si lo sintieras de verdad, harías algo por impedir que sufriera.

Me contarías lo que te atormenta.

Lo que no te deja vivir.

Lo vas a escuchar.

Pero sin escándalos ni alterarte,

ni agredirme como hiciste ayer.

Llevabas razón.

Si

renuncio a ti, no es por gusto, Elvira.

Es por ese secreto del que no puedo hablar.

Solo puedo decirte que lo mismo que me trajo aquí

ahora me obliga a marcharme.

Me iré contigo.

Desaparezcamos juntos.

Sé realista, Elvira. No sería futuro.

Tu padre mandaría perseguirnos, y nos localizaría.

Tiene los medios

y los contactos para hacerlo.

Pronto terminaría nuestra aventura

y tu situación será mucho peor que ahora.

Pues ármate de valor y díselo a mi padre.

Dile que nos queremos.

Después nos marcharíamos juntos sin temer represalia.

No, Elvira.

Te irías sola.

Repudiada y sin un céntimo.

Sola no.

Me iría contigo.

Yo estaré muerto para entonces.

Y sin duelo, ni armas ni nada.

Mira, yo ya no tengo nada que perder.

Ni siquiera me da miedo ya la venganza de tu padre.

Pero tú...

Piénsalo.

Serías una desgraciada para el resto de tus días.

Una paria que tendría que pedir limosnas para sobrevivir.

Eres un cobarde.

Insúltame.

Está bien.

Desahógate.

Pero no por eso vas a llevar razón, Elvira.

Si te alivia, cúlpame. No pasa nada.

Pero es mi obligación renunciar a ti.

La realidad nos estaba esperando y ya se ha presentado.

Ha sido bonito,

ha sido muy bonito.

Pero debemos romper

para siempre.

No tardarás mucho en comprender que es lo mejor, Elvira.

Espero que

encuentres a otro hombre que pueda darte lo que para mí es imposible.

¿Se puede sabe a qué ha venido ese endiosamiento ante el patronato?

Esa altanería, esa jactancia. No ha sido para tanto.

¿De dónde ha sacado ese diamante?

Tengo relaciones que usted no conoce ni tiene por qué.

Ni en dos vidas vividas conseguiría Vd. amistades que le dejaran

semejante joya.

Los hechos niegan esa afirmación suya.

Aquí está.

Luciendo en mi pecho. Y por eso

es aún más sospechoso. Explíquese de una condenada vez.

Si sigue por es camino,

conseguirá exasperarme.

Ya le he dicho que no soy más su subalterna,

que si algo somos, es amigas.

En el mismo nivel, con el mismo tono

y en la misma escala social.

Ni en sus más dulces sueños podría equipararse conmigo.

No encuentro motivos para que se ponga usted así.

Si he intervenido en el patronato, no ha sido para eclipsarla.

No. Al contrario.

Ha sido para recuperar el prestigio del colegio.

Podrá engañar a otros, pero a mí no.

¿Engañar?

¿Yo?

¿No es cierto que lo que usted busca es educar y a la vez controlar

a los vástagos de las familias importantes

de este país? Pues eso he hecho yo.

Atraer a nuestra institución

a dos de esos

apellidos tan encumbrados.

Deberías habérmelo consultado. ¡Tengo el control del colegio!

Sin mí no es nadie.

Por el amor de Dios, si hace dos días era una muerta de hambre.

Ya no.

Viva usted el presente, doña Cayetana.

Y temple.

Perder los estribos como una niña malcriada no es lo que le enseñé.

Quiero que me explique qué ha tenido que hacer para medrar de es forma,

para esconder su origen, para poder fingir una clase

que ni tiene ni tendrá.

¿De dónde ha sacado usted posibles?

Permítame que esos detalles me los guarde para mí.

¿O le gustaría a usted

explicar que también es hija

de una criada?

¿Le gustaría explicar de qué modo

ha conseguido su ascenso social?

No, ¿verdad?

Pues callemos las dos.

No me asustan ya sus miradas malignas.

Deberá acostumbrarse a tratarme como a una igual.

Piénseselo.

Don Felipe, aquí tiene usted su expreso.

¿Qué? ¿Va a participar en esto de los carnavales?

-Supongo que estaré por aquí, sí.

Aunque las fiestas de máscaras no son mis preferidas.

Y menos en estos tiempos más que ciegos.

-Pero anímese, hombre. Es una vez al año.

Yo le voy a guardar un sitio

por si quiere verlo todo desde la barrera.

Y prepararé condumio extra. Espero mucha afluencia.

Sigo con esto.

-Don Felipe, ¿tiene un momento? -Pablo.

Claro.

¿Qué se te ofrece?

-Ahora que mi esposa está en casa, le agradezco lo que ha hecho

por encontrarla. Estoy en deuda con usted.

-Déjate de deudas. Olvídalo.

¿Cómo está ella?

-Víctor me ha dicho que la vio muy cansada.

-No ha sido una fiesta su andadura.

La verdad que lo ha pasado realmente mal.

-¿Qué le ocurrió?

-Pues sinsabores e infortunios.

Y lo peor es que estuvimos a punto de encontrarnos en el puerto.

Perdone, no quiero entrar en detalles.

Lo importante es que ha vuelto.

-Tranquilo. Pronto todo esto será solo un recuerdo.

Dale a tu esposa mis mejores deseos.

-Y comparte esos deseos con la amiga, que bien guapa que es.

Extraña, pero guapa. ¿La ha visto usted ya?

-No. Ya tendré ocasión.

-Ahora mismo vengo. Sí. La verdad

que la reaparición ha sido un milagro.

¿Se puede saber

qué ha estado haciendo? Nada bueno.

Quiero decir que nada bueno puede salir de andar sola

a la buena de Dios. Bueno, Susana.

Mejor nos callamos. Que hable Rosina.

-Una odisea, no digo más. Desventuras y cuetos.

Conformaos con eso.

-De todos modos, y sin ánimo de ofender,

algo turbulento hay en esto.

No hay más que ver a la chica esa oscura que se ha traído.

Parece una sarracena.

¿Cómo dices que se llamaba?

-Javiva o algo así.

-Ni el nombre

tiene cristiano. Porque no lo es. No tengo

nada en contra de gente con esa piel

tan extraña, pero que se queden en sus tierras y no vengan

a intrigar en las ciudades decentes.

¿Se va a quedar por aquí?

Pues parece que sí. Un tiempo, claro. -No sé qué tienen

en contra de la gente negra. Dios les creó como a nosotros.

-Pues entonces que adoren a Dios

y no se den ínfulas con sus ídolos y supersticiones.

Y en Dios creerá, no le quepa duda.

Puede que no en el nuestro, pero creen. Y eso no es malo.

No, ni bueno.

Es un poco como el carnaval, que existe y hay que tolerarlo.

Pero de ahí a que nos guste... Tibia te veo.

¿Tolerar? Si a mí me dan el bastón de mando,

acabo con los carnavales. No hay fiesta

más pagana.

Ni reyes ni gobiernos han eliminado

los carnavales. ¿Y saben por qué?

Porque sirve para liberar tensiones.

Por un día lo que está arriba está abajo y al revés.

De vez en cuando a la gente

le viene bien saltarse normas.

Me parece una insensatez que los criados

se mofen de los señores.

Rece usted

para que en un carnaval de estos

no le cojan gusto y se nos alcen.

Te daría la razón, Susana.

Pero no solo los pobres, sino todos por las desgracias sufridas

necesitamos liberación.

Yo hasta he dado dinero a los más necesitados

para que puedan comprarse máscaras y unirse.

Espero que no tengamos

que arrepentirnos.

Bueno, de quién no hemos comentado es de Úrsula.

Sí que ha sabido esa mujer dar el salto a las alturas.

Esa sí que ha sabido saltar de abajo a arriba y más allá.

Menudo pedrusco llevaba.

-Sí. El diamante azul nada menos.

Ansiado por las más poderosas familias del mundo.

Ni siquiera las señoras más nobles pueden lucir semejante pedrusco.

Sí. Bueno, yo me alegro.

Al fin y al cabo ha sido mi sirvienta.

Me parece bien que la gente de mi alrededor prospere.

Pero no hay motivo

para tanto alboroto. Ese diamante no es suyo. Lo llevaba

como préstamo nada más. Por suerte la clase no es algo

que se compre con dinero.

Todavía. No, Susana, no te equivoques.

Gracias a Dios la clase viene dada por los apellidos.

Siempre habrá advenedizos,

a las pruebas me remito. Pero siempre

saldrá la zafiedad por algún lado.

Consuelo. -Trini.

-Pasa, pasa, por favor.

-Ramón. -Consuelo.

-¿Has visto quién ha venido?

Siéntate. Siéntate, Consuelo, por favor.

-Consuelo, qué alegría verla.

-¿Quieres tomar una manzanilla

o alguna otra infusión saludable?

-Por vuestras caras y vuestro tono veo que sabéis de mi dolencia.

-Mujer,

se oyen cosas, sí.

-Pues hayáis oído lo que hayáis oído, no metáis al muerto

en el ataúd antes de tiempo. ¡Que estoy viva!

Y bien viva. -Perdónenos, doña Consuelo.

No era nuestra intención que pensara eso.

-Disculpad.

Tampoco yo quería sonar tan fúnebre y tan severa.

Tengo días malos, no voy a negarlo.

Pero también los tengo buenos.

Y hoy precisamente

estoy aquí para celebrar la vida.

Y he pensado que qué mejor manera que participar en el carnaval.

-¿No me digas que tienes cuerpo para enfundarte un disfraz

y salir a gozar? -Como que vengo a pedirte

que me acompañes a comprar la máscara.

No me gusta compadecerme. Yo quiero sentirme una más.

-Muy bien. Pues nada. Dime qué máscara quieres.

-Pues una que llame mucho la atención.

Con mucha perla y mucho perifollo. Como a ti te gustan.

-Recargaditas quiere usted decir.

-Del estilo de su esposa, sí.

Por eso quiero que me acompañe y me aconseje.

-Pues no se hable más.

Si se trata de llamar la atención, cuenta conmigo.

-Gracias.

¿Te has divertido?

No puedo decir tanto.

Vengo de un tertulia con las señoras.

Sirve para pasar el rato, pero no lo califico de divertido.

¿Qué decían las vecinas?

Bueno, aparte de criticar a la amiga de Leonor

y el desenfreno de los carnavales,

se hacían cruces por el diamante de Úrsula.

Sí.

Nuestra compañera en el patronato

ha dado la campanada con esa desaforada joya.

No te has fijado.

Los miembros del patronato

se han quedado deslumbrados ante tanto poderío.

Todos menos Cayetana.

No había más que verle la cara.

Le ha sentado como un tiro.

Ahora en la chocolatería acaba de decir que Úrsula

jamás entrará en la gente de abolengo.

Por otras razones,

pero sé que a ti tampoco te gusta que destaque.

No sé por qué te sorprende.

Sabes que la buena señora no es santo de mi devoción.

Nunca me ha ayudado.

Pero menos que a mí al colegio. No sé

si en eso llevas razón.

Doña Úrsula ha sido egoísta, no lo niego.

Individualista.

Pero creo que ha cambiado.

Se ha encariñado con nosotros, con el patronato y nuestra labor.

Fernando, no me fío. Ni me fiaré jamás.

A los últimos hechos me remito.

¿No acompañó a Tirso al médico?

Eso sí que fue sorprendente, tengo que admitirlo.

Por no hablar de que fue ella la que te encontró cuando desapareciste.

Y que se ha esforzado para reforzar

el colegio con la captación de dos familias.

Los Arbeloa y los Viñe-Zarauz.

Fernando, no te dejes engañar.

Algo estará tramando. Úrsula no da puntada

sin hilo. No te fías un pelo.

Todos sus amores y sus odios

dependen de sus intereses personales.

Y no digo que a día de hoy ella no quiera ser nuestra aliada,

pero si la molestamos,

nos cortará la cabeza sin que le tiemble la mano.

Me alegra recuperes tu sentido del humor.

No lo niego.

A pesar de todo puedo decir que estoy contenta.

Hoy he hablado con Tirso.

Y está muy ilusionado por el carnaval.

Quiero que salgamos y que disfrute.

Quizá no sea el último carnaval al que asista,

pero sí el que vea.

Cada vez que hablas de Tirso se te ilumina la cara.

Y estás aún más bella.

Eso eres tú que me ves con buenos ojos.

Y deja de piropearme,

que tengo que pensar qué máscara nos pondremos.

Don Arturo.

Bonita tarde, ¿verdad?

A pesar de estar en marzo,

casi se huele la primavera. -Te doy la razón.

Pero no me gusta que una señorita de buena familia

esté sentada aquí sola.

-Pensaba encontrarme con su hija y pasar la tarde.

-Lo lamento.

Elvira no se encontraba bien. Apenas ha comido.

Se retiró a sus aposentos. No saldrá esta tarde.

-Vaya. Entonces tendré que recogerme yo también pronto.

-Mejor haría, sí.

-Una cosa, don Arturo.

¿Podría decirle a su hija que queda invitada

a pasar conmigo el carnaval?

-¿Te has vuelto loca?

¿El carnaval dices?

¿Esa fiesta sin Dios

y sin vergüenza?

-No diría yo tanto.

Hasta en los salones más refinados visten con máscaras y bailan.

-¿Qué respuesta es esa?

Te creía de mejor crianza. Y sobre todo católica a machamartillo.

-Y lo soy.

No quita que también sea alegre.

-De alegres está el infierno lleno.

El carnaval es pecado. Pecado y depravación.

Alteración de valores.

Farras de cocheros borrachos.

Insultos a la tradición y a las buenas costumbres.

Y sobre todo,

interés por ridiculizar

a las clases dominantes.

Todos ellos aspectos que detesto profundamente.

-Dios Santo, no sabía que un mero festejo popular

diera para tanto pecado.

-Pues ahora ya lo sabes.

-Bueno,

en todo caso y con el debido respeto,

ni su hija ni yo somos cocheros borrachos ni alteramos costumbres.

Solo queremos divertirnos viendo gozar.

-Mira, puedes hacer lo que te venga en gana.

Es tu señor padre el que debe obligarte a respetar las formas.

Pero te aseguro que Elvira no acudirá a esas veladas.

Pero, hija.

¿Qué suceso te ha dejado con esa tez tan pálida? ¿Qué te ocurre?

-Que tengo mucha suerte de que sea usted mi padre.

-Ya.

¿Y a qué viene ahora esta inyección de cariños?

-Quizá usted nunca se haya parado a pensarlo,

pero es usted de lo más comprensivo que conozco.

-Tanto halago no es normal.

Me quieres para algo. -Para nada.

Solo el gusto de verle.

-A otro perro con ese hueso, hija mía.

Que yo no he nacido ayer ni anteayer, para ser más exactos.

Tú me quieres

para algo.

-Bueno,

pues ahora que lo dice sí que podría ayudarme con una cosa.

-¿Lo ves?

A mí no es tan fácil engañarme.

¿Qué puedo hacer por ti?

-Por mí exactamente no. Por una amiga.

Veo que hemos tenido la misma idea

y la misma compasión.

¿Lo dice por...?

-Vengo a la iglesia a rezar por las almas enturbiadas

durante el carnaval. Supuse Vd. que rezaba por lo mismo.

-Sí, sí. Algo de eso hay.

-Lo sabía.

Como que es usted una persona de fe profunda y costumbres,

como yo. Me parece una afrenta a los católicos

y una desfachatez

que la gente se entregue a una bacanal de risas,

de bebidas y desahogos. -No toda la gente.

-La mayoría

de la gente. No nos engañemos.

Y encima con los rostros cubiertos,

para que sepa el pecado, pero no el pecador.

-Lo he aborrecido desde pequeña, desde que era una niña.

En mi pueblo natal

había una costumbre que me exasperaba.

Fabricaban un muñeco y le prendían fuego

en un mero intento de quemar los pecados anuales

de todos los vecinos. -El Judas le llaman.

Y es estúpido pensar que una hoguera

pueda acabar con los pecados propios o ajenos.

-El Judas.

Exactamente.

Algo pueril y demoníaco a la par.

-Escritos están en el libro del cielo

los pecados de los mortales.

Para borrar las faltas

solo sirve la penitencia y el arrepentimiento,

como dice su Santidad.

Lo demás: ateísmo

e ilusión de transgresores

culpables.

-Y en ocasiones

ni el mero arrepentimiento sirve.

La penitencia

no consiste en un par de "Ave Marías", no.

Te dura toda la vida.

-¿Tan recios son sus pecados?

-No he dicho que estuviera hablando de mí.

-Pues como consejo le diría

que debería hacerlo.

Abrirse un poco más a las amistades como yo.

Eso libera el corazón y blanquea el alma.

Nunca habla usted

de sí misma.

Ni siquiera yo sé nada de su pasado.

-Será porque no quiero que se conozca.

-Pues creo que usted debería tener más confianza en mí.

Que yo le he echado una mano cuando me lo pidió.

-A regañadientes, lo recuerdo.

Pero no entiendo. ¿A qué viene tanta curiosidad?

-Mujer,

a que es la forma que tenemos la gente de bien

de conocernos.

Por ejemplo,

señora,

no hace tanto que me dijo que no podía acercarse a una joyería.

Y me pidió que yo le vendiera unas joyas.

Y sin embargo, esta mañana lucía

el famoso diamante azul.

¿De dónde lo obtuvo?

-Con todos mis respetos, doña Susana,

permítame que no responda a esa pregunta

ni a ninguna otra del mismo cáliz.

Hay cosas que mejor que queden entre Dios y yo.

-Pues así no vamos a poder consolidar ninguna verdadera amistad.

La verdad que no me hice ilusiones con el coronel Valverde.

Era más que nada el capricho de una vida enamorada.

De otro.

-De Liberto. -Sí.

El coronel lo sorprendió en un beso y puso el grito en el cielo.

Vamos, el grito y la pistola

apuntando al pecho de mi hoy marido.

Le retó con todas las de la ley.

-De la ley del siglo "catapún". -El siglo en el que vive el coronel.

Bueno, por fortuna la sangre no llegó al río.

Y después de...

De ese acontecimiento tan decimonónico

decidimos salir de la ciudad. Y un día, sin pensarlo

ni preverlo, nos casamos.

En una ermita rural.

-Voy de moderna y usted me da sopas con ondas a la chita callando.

-Perdona. Tú casaste con un mozo

de sastrería. No está mal.

-Madre, sin olvidar la memoria de mi padre

y sin querer faltarle,

enhorabuena por su matrimonio

y por sus arrestos.

Nunca dejará de sorprenderme. -¡Ja! No me extraña.

Ay, a menudo me sorprendo a mí misma.

-¿Fue bonita la boda? ¿Alegre?

-No hicimos celebración alguna.

No por escondernos. Yo estoy orgullosa de mi matrimonio.

Pero en es momento no me salía, hija.

En honor a la verdad te diré que no hacía más que pensar

en cómo estaríais Pablo y tú.

El caso es que al poco tiempo se publicó lo del indulto

y yo vi el cielo abierto.

Entre todos esparcimos la noticia del indulto

por periódicos del mundo entero.

Y yo pensaba que en un abrir y cerrar de ojos

apareceríais aquí.

-Debió vivir con desasosiego nuestra tardanza.

-Con desasosiego,

con nerviosismo, con zozobra.

Ay, Liberto me apoyó una barbaridad.

Pobrecito mío.

-Es cuando se demuestra el verdadero amor, madre.

-Cierto.

Mira, cuando después apareció Pablo solo

y dijo que te había dejado

en un cruce de... -Madre, madre, déjelo.

-Quiero hablarlo. Quiero que lo sepas

todo, hija.

Para mí fue como si él te hubiera abandonado.

Le reproché lo irreprochable.

Le aborrecí.

Fui injusta con él, ¿verdad? -Deje de atormentarse.

Hizo usted lo que sentía.

-Supongo que sí.

Hija, ¿cuando vas a ir a ver a nuestras amigas y vecinas?

No hacen más que preguntarme por ti.

Están contentas con tu regreso.

-Hoy prensábamos ir a mirar unos vestidos con Javiva.

-Estupendo. Yo os acompaño.

-No, madre, madre. No hace falta.

Quédese descansando, con su marido

y todo lo que ha sufrido.

-Sería divertido, pero si prefieres ir con...

Con ella.

Se la ve fuerte.

Te ayudará

con los portes. -Sabe que no es sorda, ¿verdad?

-Sí. Me imagino.

Me imagino. ¿Entonces dónde vais a ir

de compras?

-¿Sales, Leonor?

-Sí. Está más animada.

Ya piensa en comprarse ropa nueva.

-Pues te acompaño.

-Pablo, no te lo tomes a mal, no hace falta.

Voy a ir con Javiva.

Y tú te aborreces en extremo

acompañándome de un lugar a otro

mirando canesús.

-Claro, claro. Como prefieras.

-Ya... Ya saldremos

más adelante.

¿Vamos, Javiva?

-Dale tiempo, hijo.

-¿Hijo?

-Es que he estado pensando en lo injusta que he sido contigo

al culparte por la desaparición de Leonor y hasta

de su presunto fallecimiento.

-Un poco sí.

No voy a poner paños calientes.

-Me gustaría disculparme contigo.

Te pido perdón formalmente.

(TOCA UNA CANCIÓN DE CARNAVAL)

-Servando, esas coplillas, que una tiene faena.

-Vamos, Fabiana, anímese.

Está más seria que el boticario cuando le piden la melecina.

-¿No le gusta el carnaval, señora Fabiana?

Al Martín y a mí nos priva.

-A mí me gustaría disfrazarme de señora.

Aunque también me prueba cantar unas buenas murgas

que ridiculicen lo más sagrado. -Pues te puedo ayudar.

Que he compuesto murgas la mar de atrevidas.

-Vamos, al toro. -Venga.

Mozuelas y mozuelos,

¡viva el carnaval!

-¡Viva! -# En Acacias hay malos y buenos

# y hay mucho de todo.

# ¿Hay mucho de qué? # - # Hay mucho de todo. #

- # ¿Mucho de qué? # - # Hay mucho de todo. #

-Sí, señor.

Ya era hora de que alguien lo dijera así.

-Todavía no he acabado.

Dice:

# Además hay unos señores

# que no se pueden aguantar.

# Que te miran desde arriba

# y te "esloman", y te "esloman"

# al faenar, al faenar, al faenar. #

-Diga que sí, Servando.

Pero no solo en este barrio. "Esloman" aquí y en la Conchinchina,

-Esperad, que ahora vienen

las que tienen referencias más concretas.

# Además hay unas señoras

# que ni siquiera te miran.

# Unas por tiquismiquis.

# ¿Y las otras por qué? Porque están ideas. #

-Servando, ¿eso de ida no irá

por doña Cayetana? Que como

se entere, estamos aviados. -Precisamente por doña Cayetana va.

Es carnaval. Está permitido.

No, no, pero esperad.

Que ahora vienen referencias aún más concretas.

# Y entre las doñas se encuentra doña Cayetana.

# Que tiene rubia la melena.

# ¿Y muy oscuro el qué? ¿Y muy oscuro

el qué? #. -¡Ya está bien!

¡Mentecato! Se acabó.

No puede decir esas barbaridades por ahí.

-Vamos a ver, Fabiana.

¿Qué parte de: "Es carnaval" no ha entendido?

A ver, que está todo permitido.

Que los pobres podemos ir de lo que no somos

y podemos decir lo que nos molesta.

-Lo que no ha entendido usted,

portero,

es que nosotros tenemos un día al año para criticar.

Y los señores tienen un año entero para darnos caña en los lomos.

-Ahí lleva toda la razón la señora Fabiana.

Esto nos lo harán pagar. -Yo dalo

por descontado, no pienso cantar esas letras.

Una tiene un quiosco que mantener y son capaces de no volver a mercarme

ni una flor por fastidiarme.

-También podrían echarnos

o darnos problemas.

-Como cuando ayudamos a Leonor

con su novela. Luego casi terminamos todos en la rúa.

-Bueno, ¿y tú, Martín, hijo mío?

-No, no. Yo con ellas. A mí no me meta usted en líos.

-Si fuera por vosotros, el carnaval tenía los días contados.

-Más vale

que lo tenga el carnaval que no nosotros.

Yo conmigo no cuente si son esas letras tan insolentes para cantar.

"Abur".

-¿De verdad que me vais a hacer esto? No podéis hacerme esto.

-¿En qué mundo vive, Servando?

¿Acaso cree que los señores de Acacias aguantarán tanto reproche?

Y menos la doña Cayetana.

Nos ve cantar eso y nos tiene entre ceja y ceja

durante siglos.

¿Vamos, Casilda? -Pues sí.

Como alma que lleva el diablo. "Fufú", Servando,

que dijo el gato. -¿Fufú?

Gracias. Gracias, Martín,

por acompañarme

en tan amargo trago.

Cantarás conmigo esas canciones, ¿verdad?

Tienen gracia las coplillas.

-Ni pizca.

Si se quiere convencer, Servando,

¿por qué no se las canta a un señor en privado?

Y según vea,

va a saber cómo van a ir las cosas.

Yo le acompaño. -Quizá tengas razón,

mi fiel escudero.

Y creo que ya sé

a quién cantárselas para que me las apruebe.

Leonor,

qué alegría que hayas decidido por fin salir a la calle

para ver a tus amigas. Estás muy bien, muy guapa.

Y en cuanto recuperes la palidez estarás divina.

-Gracias. No había mucha sombrilla en Fernando Poo.

-¿Cómo te encuentras, hija?

-Mejor, sí. Mejor, señora.

Comiendo las sopas de Casilda mejora hasta un muerto.

-Tu madre dice que has descansado. Y se te nota.

-No imaginas lo que he rezado

Para que regresaras sana y salva.

Y el señor y la Virgen me escucharon. -También tendría que ver

la vigila que yo misma organicé, digo yo.

-Muy agradecida por sus desvelos. Y a ti, María Luisa.

Gracias. Estoy segura de que la devoción

de ambas me trajo a casa.

-Yo también les agradezco lo que se han preocupado por Leonor.

-Si habla en cristiano.

Hasta se la entiende como si fuera

de Soria. -María Luisa, doña Susana,

les presento a Javiva.

Bueno, a saber cómo se saludan en su tierra.

¿Verdad?

Pues echas las presentaciones, Leonor, ¿por qué no vamos

a la chocolatería y me cuentas?

-Lo siento, María Luisa, no es nada personal.

No... No va contigo. Es que preferiría

no comentar ese asunto.

-Disculpa. No quería ponerte en un compromiso.

-No. Y tenemos bastante prisa.

Hemos venido para que tome medidas a Javiva para un vestido.

-Ah.

Un mandil blanco, un vestido de doncella blanco, negro y gris.

No tengo que tomar

muchas mediadas. -No, doña Susana.

Yo no he hablado de ningún uniforme de criada.

Quiero que le haga el vestido más bonito que tenga en repertorio.

Un vestido de señora.

-Ah.

¿Para esta?

-Javiva, doña Susana.

Se llama Javiva.

Y espero que usted y el resto de Acacias

la trate con respeto.

Al menos con el mínimo que me tratan a mí.

-Se hará como dices, Leonor. Con tal de cobrar el vestido...

Pasad, pasad. Ahora entro.

-Está muy rara Leonor, ¿verdad?

-Démosle un tiempo de acople.

La pobre habrá pasado lo suyo.

No hay más que ver a los clavos a los que se agarra.

(SERVANDO CARRASPEA)

(TOCA EL MATASUEGRAS)

(GORGORITEA)

-Vamos, Servando.

Que es para hoy. -Sí, si.

-Bastante que acepté escucharte. -Ya voy.

No se me amostace usted,

que ahora mismito empezamos.

-"En Acacias".

# En acacias hay buenos y malos.

# Hay buenos y malos. Hay ricos y pobres

# y hay mucho de todo. Hay mucho de todo.

# Hay mucho de todo. Hay mucho de todo.

# Hay mucho

# de todo. #

-"Corrientucha".

¿Hay más? -Sí, sí. Claro que hay más.

Hay como una docena. Pero simplemente queríamos darle

una prueba para que se hiciera una idea.

Vamos a ver.

Son de mucha risa.

Y un poco críticas.

-Ese es el espíritu del carnaval.

-"En el barrio". -"En el barrio".

Ya, ya.

# Hay quien dice que en Acacias,

# hay quien dice que en Acacias

# entre el señor y el criado

# hay más palos que caricias. Hay más palos que caricias

# con algún que otro altercado, con algún que otro altercado. #

-Oiga, Servando, que estas no son las letras.

-Lo sé. No digas "tontás".

Si le canto las letras del altillo, no las acepta ni harto de vino.

De lo que se trata es de que nos dé su visto bueno.

-Peor será la caída. -¿Os dejáis

de cuchicheos? Que no tengo toda la noche para esto.

-Sí, sí, sí. No, no.

Ahora continúo con la siguiente copla.

Que sí, ya, ya.

# Y no digo que sea falso.

# Y no digo que sea falso.

# Es de ley aceptar que entre el señor y el criado,

# que entre el señor y el criado

# nunca reinará la paz, nunca reinará la paz. #

-Ni fu ni fa. -Alguna gracia tiene.

Se trata de reírse de unos y de otros.

-Más de los unos

que de los otros.

-Se nos va a ofender el caballero.

-Si ya habéis acabado... -¡No, no!

No, don Ramón. No, no.

Si todavía falta alguna. Siéntese.

Va a ver cómo este le va a gustar. -Sea.

-Ya me arranco, don Ramón.

# Y es que hay entre las señoras

# algunas que son bondad,

# que llegaron desde abajo, que llegaron desde abajo

# y saben hacerse amar. Y saben hacerse amar.

# Y una de ellas llegó al barrio

# viniendo del arrabal.

# La doña se llama Trini

# y nunca la ves rabiar, y nunca la ves rabiar. #

-Mi Trini. Mi Trini en las coplas.

-Sí, señor. Lo mejorcito

que ha llegado a este vecindario. No, no, no. Pero espérese.

Espérese, que no he acabado. -Sigue, hombre.

Sigue. -Ahí voy.

# Trini llegó y venció

# y se ganó el corazón

# de los pillos del altillo.

# ¿Y de quién?

# Del hidalgo don Ramón, del hidalgo don Ramón. #

-¡Olé! -Anda ya.

-Qué gracia. Quién me iba a decir que mi señora y yo terminaríamos

en las murgas de carnaval. -Claro que sí.

Además, si se da cuenta, son muy graciosas, muy fresquitas.

Y no ofenden a ningún señor.

-No me escandalizan.

No sé por qué tenías miedo de que me ofendieran.

Todo lo contrario.

Estoy deseando que mi Trini las escuche. Se va a mondar.

-¿Entonces da usted su permiso para formar un coro de murgas?

-Naturalmente.

Naturalmente.

Vamos a pasar un rato muy divertido.

Tienes mis bendiciones. -Gracias.

-Buenas noches. -Buenas noches.

-Buenas noches.

-Eh.

¿Qué te había dicho, hombre?

Hala, ya lo tenemos hecho.

-Pero si es peor. Le ha engañado usted.

No le ha cantado ninguna de las letras ofensivas.

-Pero cállate, berzotas. Eres un cenizo.

Si pido permiso, porque pido permiso. Y si no, porque no pido.

(Risas)

Anda, calla, calla.

Como me vean en mi pueblo con esto me hacen procesionar

como si fuera una princesa.

-Madre,

¿se puede saber

de dónde vienes?

Estaba aquí muerta de la angustia.

Ya me estaba poniendo en lo peor.

-Soy una mujer adulta

y puedo hacer con mi vida lo que me dé la gana.

No exageres. -¿Que no exagere?

¿Pero crees que soy yo la que exagero?

¿No te das cuenta de tu estado?

Con tu enfermedad puedes caer desmayada

en cualquier momento. ¿No entiendes que tengo todo el derecho

a preocuparme por ti? -Celia, vamos.

Es normal que te hayas agobiado. Pero salimos

a hacer unas compras. -¿Has visto la hora que es? La noche

cayó hace rato.

-Bueno, es posible que se nos haya ido el santo al cielo.

-No hace falta que le des tantas explicaciones, Trini.

Soy dueña de mi tiempo y de mi vida.

-A ver, Celia, es cierto

que aunque Consuelo se ponga brava,

bueno, fuimos de compras. Después nos entró hambre y entramos a cenar.

Pero nada con mala intención. -¿Y por qué no mandasteis aviso?

-Ni se nos ocurrió, mira tú.

-Además, la culpa ha sido mayormente mía. Enfádate conmigo.

-Eso es mentira, Trini.

He sido yo la que ha insistido en ir a cenar. Y no me arrepiento.

-Bueno, da igual. Tengamos la fiesta en paz.

Lo importante es que ya estás aquí. Me siento tonta de haberme

preocupado tanto. -Menos mal.

Esta sí que es la hija que yo he criado.

¿Quieres ver lo que hemos comprado?

-A ver.

-¡Tachán! Máscaras de carnaval.

Para pasar unas fiestas

como en mi vida.

-Madre, ¿pero es que piensas participar en las comparsas?

-¿Por qué no hacerlo?

-Yo es que no doy crédito.

Madre, ¿no ves que con tu enfermedad necesitas descansar

y no ir a fiestas que no sabes cuando terminan?

¡Eres una inconsciente y una atolondrada!

-Oye, querida, vamos a ver.

Que yo sepa y hasta que la naturaleza no cambie de arriba a abajo,

la madre soy yo y tú la hija.

Tendría que ser yo la que te dijera

lo que puedes y no puedes hacer, y no al contrario.

-No pienso callarme. No cederé.

No estás para ir a fiestas, ni muchos menos.

-Lo dicho,

que voy a hacer lo que me dé la real gana.

Serviré un licor en el salón.

Yo no quiero. Gracias.

Has estado

muy inquieta durante toda la cena.

No es la primera vez que miras por la ventana.

Tal vez

te desahogarías si me dijeras qué te sucede.

¿Esperas algo?

No. No, no. No espero nada.

Es solo que no sé, tengo como un nudo en el estómago.

Mal cuerpo probablemente.

Es por la reunión del patronato de esta mañana.

Me fijé que no aprobabas la actitud de Úrsula.

No. No soporto que se pavonee de ese modo con tantas ínfulas.

Es cierto que es demasiado rimbombante.

Y se afana por destacar, pero eso no debería alterarte.

Lo que altera es el orden establecido.

Pero sí, sí, tienes razón.

Úrsula se ha convertido en un puntal en el colegio y hasta en una amiga.

Bueno, aún así, yo no me fiaría de ella.

Es muy voluble

y muy afecta con sus propios intereses.

Sí.

Tienes razón.

Gracias por tu consejo.

Tienes razón en todo.

En lo de Úrsula y en que siempre estoy mejor tras hablar contigo.

Y nada podría alegrarme más.

Buenas noches. Buenas noches.

Gracias.

Me gustaría enseñarte algo.

¿El qué? Enseguida lo verás.

Gracias por esperar.

Debía asegurarme de que estabas solo.

Ya sabes lo que tienes que hacer.

Lleva esto a la dirección.

Con mucho cuidado. Es una joya muy valiosa.

Ve directo y no te entretengas por las tabernas.

Ah.

Se me olvidaba.

Entrega también esta carta.

Es oscurita, oscurita como la boca de un lobo.

-Para mí que las personas vamos a ser como los gatos,

que cada uno sale de "una color".

-Pues ya sabéis lo que dicen de los negros.

-¿Qué?

-Que digo yo que si será

toda así o solamente las partes que se ven.

-Digo yo que será así toda.

No va a venir en dos colores.

-Para mí que está teñida. Si la tocas, te mancha.

-"Me pregunto"

si no tendría inconveniente en permitir que su hija Elvira

acompañase a María Luisa durante las fiestas.

-Deberían comprender que lo que no veo bueno para mí no lo veo

para mi hija. -No, si comprender comprendemos todo.

La lástima es que sea tan cerril.

-Señora, me está usted ofendiendo.

-No se lo tome a mal, que no seguimos en el campo de batalla.

-"Le pido un poco más de tiempo".

Para poder despedirme del coronel. Quiero ser leal con él.

-¿Leal teniendo una relación con su hija?

Curiosa fidelidad la que tienes a tu amo.

-Debe saber usted que tal relación ya no existe.

He roto con ella para que no le haga daño mi marcha.

-"He averiguado que hay"

tratamiento para diabetes severa. No lo quería decir hasta estar segura.

Pero me han dicho que en muchos casos funciona.

-Lo conozco, Celia.

-¿Conocías esa posibilidad?

-Hace tiempo que he investigado absolutamente todo

lo que se sabe de mi enfermedad.

Y la única certeza que he encontrado

es que no existe ninguna cura, Celia.

-Si hay una posibilidad de que hallen el remedio para tu enfermedad,

agarrémonos a esa esperanza.

-"No te falta razón"

para estar enfadada. Tu padre es demasiado estricto.

No sabes hasta qué punto. ¿Qué teme?

¿No ha estado en la guerra? Es una fiesta.

¡Mi padre es un cobarde pese a todos su galones! Como todos

los que me rodean.

Sosiégate, que todo se arreglará.

¡Estoy harta! ¡Ya no soporto que dirijan mi vida!

¡No pienso consentirlo! Voy a ser la dueña de mi destino.

"No es que me dé miedo yacer con mi esposo",

pero tengo una sensación extraña.

Bueno, no pase pena. Todas hemos sentido eso la primera vez.

No es por eso.

Es como si algo me hiciera pensar que voy a cometer un error.

Es el recuerdo de Mauro lo que le impide avanzar.

Pero no debe pensar que le está traicionando.

Porque Mauro ya no está y usted no hace nada malo.

Es normal que Fernando y usted hagan uso del matrimonio.

Ya verá como cuando pase esta primera noche todo fluirá

de forma más natural.

Eso espero. Porque no podemos seguir de esta forma mucho más tiempo.

El diamante azul está viajando a Nueva York.

Alguien de allí lo ha comprado.

Qué poco le ha durado a Úrsula, ¿no? Sí.

Parece que nuestra amiga aspiró a algo fuera de su alcance.

Sin hablar del mal fario que trae.

Quien la posee acaba con los pies por delante.

-Huy.

No sé nada de Úrsula desde ayer.

Y me habló en un tono de lo más misterioso.

Me estoy empezando a inquietar por ella.

-¿Y si lo de la leyenda esa es verdad?

Qué tonta soy. Me siento

como si fuera nuestra primera cita.

Tomemos un poco de vino.

Eso te templará los ánimos.

Te aseguro que esta noche será inolvidable, Teresa.

-"Tu obligación es comportarte"

como una mujer madura y decente.

¡Soy demasiado joven para esas exigencias!

¡Tengo derecho a divertirme!

¿Por qué no tiene en cuenta mi opinión?

Porque sigues siendo una cría.

El carnaval es para mujeres casquivanas e indecentes.

Y tú no eres una de ellas.

No pienso amilanarme. Voy a ir a esa fiesta sí o sí.

-"Me gustaría saber"

qué has hecho con el corsé.

Espero que no lo hayas devuelto.

No lo he hecho.

Lo llevo puesto.

Me encantaría vértelo ahora mismo.

Puedes hacerlo si quieres.

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Acacias 38 - Capítulo 477

17 mar 2017

Pablo intenta un acercamiento con Leonor, pero ella marca distancia. Teresa y Fernando intentan mostrarse unidos para poder darle a Tirso unos carnavales felices. Fernando aprovecha para acercarse a Teresa, pero ella le rechaza.

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  1. Decepcionada

    Estoy un poco decepcionada.es una serie con diferentes etapas pero ninguna historia se soluciona.deberian ir cerrando ciclos, lo están liando todo de una manera atropellada.a veces es mejor finalizar una sería dignamente que alargarla eternamente poniendo cualquier cosa

    pasado lunes
  2. Clélia Regina Armani Tavares

    Assisto está novela desde o primeiro capítulo pela inter Internet. Comecei amando e agora se pode fazer uma lista de mortos Carlota Herman e Manuela (aí já achei tragico), mas vá lá, mas acontece, mas depois foi uma carrada de mortes e maldades de Ursula e Caetano. A e ficam impingem. A Leandro Lima não aparecerá mais nem para conhecer seu irmão que mais parece seu filho? Hmac Susana se converteu em uma bruxa. Ursula, mas Cayetana de é Susana... É que trio horrendo. Servindo deveria ir em busca de Paciência e ficar por lá mesmo em Cuba. A cacilda de poderia ficar grávida. A Leonor de está muito estranha, mas terá sido violentada em Fernando poo? Hmac ou sara apaixonada por Habita? Eu creio que Mauro está vivo e que alguém lhe ajudou à última hora e desejo que assim seja pois só ele tem bom brigadeiro para desmascarar e fazer a justiça em toda a novela com a punção de Ursula e Cayetana., que apareça antes delas matarem Fernando e Tirso. A creio que Célia voltará para Felipe. Lógica precisa de um homem à venda sua altura em força, coragem e humor. Victor e Maria Luísa já deveriam ter se casado. Simon não deve ir-se embora. A deve enfrentar esse coronel que eu penso que matou a mãe de Elvira de por ciúmes. Ninguém é tão impoluto. Coitados dos atores que trabalham tão bem com um guião tão instável e incoerente. Apesar de tudo isso, mas não perco um capítulo. Obrigada, mas desde Lisboa. 3

    pasado domingo
  3. Leti

    En esta serie nadie puede ser feliz. Haora llega Leonor y parece que haora le gusta las mujeres lo digo por las miradas y no separa de su nueva amiga. Como ella mimo dijo solo en situaciones difíciles se encuentra el beldadero amor. Ya veremos en los próximos capítulos.

    18 mar 2017
  4. Maris

    Que Mauro mo este muerto por favor

    18 mar 2017
  5. Juan Marco

    Un désastre, Acacias 38 se muere, sin imagination lamentable....

    18 mar 2017
  6. manuela correas

    Manuela tengo la impresión que leonor es la esclava de la negra de ahí su conducta extraña. veremos!!!!

    18 mar 2017
  7. La gringa

    Leonor tan inteligente, se comporta como una tarada. Primero quiere irse con Pablo, se separa de el pues teme sean capturados juntos y ella en vez de regresar a Acacias se monta en un barco hacia Fernando Poo que en esa epoca era una prision, regresa con una morena que por el disfraz no se sabe de donde es y para colmo la vigila como si fuera su prisionera. Gastan demasiado tiempo en las estupideces del portero y las criadas. Otra perla el diamante tipo cadena de barco que se colgo al pescuezo la bruja de Blanca Nieves y la faca que saco para asesinarla uno de los siete niños de Ecija. Por favor cambienle la peluca a Cayetana parece que tiene una gusanera en la cabeza , me da picazon cuando la veo, ja,ja. Espero con ansia el proximo capitulo, veremos que se les ocurre a los guionistas, de la cabeza les sale humo con tantas ideas truculentas. Una vez mas gracias pues durante una hora me escapo de las malas noticias de los telediarios.

    18 mar 2017
  8. Mabi

    No se apuren Úrsula sera como el Ave Fénix!!!! Si no, seria decepcionante que quedaran impunes tantos crímenes.y con respecto al coronel...no hay hombre en Acacias que se le plante? A ver si resultará que deban pedirle permiso a él para ser...y Don Ramón... Con solo la insinuación de maltrato a Trini , tendría que habérle hecho tragar las palabras!!!! Quien se cree que es, otro custodio de las buenas costumbres como Susana ?, con los buenos muertos escondidos en el placard, que deben tener estos dos!!!!!!

    17 mar 2017
  9. Antonio

    Los guionistas están sin ideas son repetitivos e incoherentes

    17 mar 2017
  10. Aburrido

    Susana no se preocupe La pobre de Teresa va a ver a Mauro en el carnaval para que parezca loca esa será la excusa perfecta para que lo vean quizá hasta Cayetana lo vea, sin embargo eso no mejora lo mala que está la trama. Yo creo que esta serie ya es cansina y no salimos de las mismas tramas y villanos inmortales es triste ver lo bajo que ha caído la serie. Así que ánimo que Mauro aparecerá en el carnaval.

    17 mar 2017
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