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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 475 - ver ahora
Transcripción completa

Tirso tiene una degeneración ocular.

¿Qué significa eso?

Es una enfermedad muy grave que no tiene cura.

Tirso no volverá a recuperar la vista, Teresa.

Me niego a quedarme de brazos cruzados.

El médico dijo

que no había nada que hacer. Pues entonces

consultaremos a otro doctor. -"Prefiero emplear ese tiempo

que me queda en ayudarla".

Hacer que se convierta en una mujer libre e independiente.

Para que cuando yo haya de marcharme

pueda hacerlo tranquila y segura de que Celia saldrá adelante sola.

-De ahí su prisa en acelerar el proceso del tribunal eclesiástico.

-"Organizaré una vigilia"

por Leonor. Debemos rezar al Todopoderoso para que traiga

de vuelta cuanto antes a Leonor.

-Sí, sí. Me parece una idea estupenda.

-"No seré obstáculo par su hija".

Pero a cambio le pido algo.

Mañana cuando salgamos del tribunal dígale la verdad

sobre su enfermedad.

No es justo para ella.

-"¿Qué puedes hacer?". -"Ir a buscarla".

Mañana mismo partiré. -Espérate. Piénsatelo bien.

Es una locura.

-Víctor, yo no me puedo quedar así.

He de saber qué ha sido de Leonor.

"Fernando, es niño de ahí dentro"

me ha puesto los pies en el suelo.

Lo que me alegra oírte decir eso.

A partir de ahora pensaré en el futuro.

-"Esta mañana ha sido la audiencia".

-¿Y cómo ha ido? -Decidí contar la verdad.

Que fui el responsable del hundimiento de mi matrimonio.

Que no me porté bien con mi esposa. Que fui una mal marido.

Y sentencié diciendo

que sería mejor que le diera la libertad a mi esposa.

Ella se lo merece.

-"¿Y si nos encargamos de tu educación?".

Que vivieras aquí con nosotros.

-¿Vivir aquí, en esta casa?

Así es. Así podríamos

cuidarte y atenderte como debe ser.

Me pirraría todo.

¿Eso es un sí? Es un sí

muy largo, señorita Teresa.

Pero quítenme la venda ya.

Vamos allá.

Decidme. ¿Cómo se encuentra el chico?

Ahora lo vamos a averiguar.

Teresa le está quitando la venda.

-Qué silencio.

Ni respirar se oye.

Estoy empezando a pensar que me haya podido quedar sordo y no ciego.

Aguarda, Tirso.

Enseguida termino.

Ya puedes abrir los ojos.

¿Está segura de haberme quitado la venda?

¡Santo Dios! Ha sido todo inútil.

Tendrían que haber visto

las caras que se les han quedado. -¿Nos ves?

-Para chasco que sí.

Solo era una broma. ¿Cómo haces chanzas

con un tema de tanta enjundia? Perdón.

No me he podido resistir.

¿Dónde están mis gafas?

No veo tan bien como antes.

Me temo que necesitaré nuevas lentes.

Tendrás todo lo que precises.

-Siempre que prometas que nos gastarás más bromas.

-Se lo prometo.

Nunca más.

Anda, muchacha, ponme un poquito más de achicoria.

-¿Acaso le ha comido las manos un cerdo?

Sírvasela usted. ¿No tiene una bastante ya

con atender a sus señores?

¿Y qué? ¿Ha decidido cuándo va a devolver

las monedas y las vasijas que afanó de las tumbas?

-La respuesta es sencilla.

Nunca.

-¿Pero no se da cuenta

que no puede quedárselas?

Déselas a don Ramón. -¿No conoces

la ley del mar? El que encuentra un tesoro se lo queda.

-Pues la portería podrá tener humedades, pero no es un mar.

-Pues como si lo fuera. Se rige por la misma ley.

-Que no me intente dar gato por liebre, hombre.

-Y Vd. no encontró esas tumbas.

-Pero las monedas sí y punto redondo.

-A los buenos días.

¿Queda algo de achicoria? A ver si consigo asentar

el cuerpo. -¡Uh! Más que asentarlo

tendrías que acostarlo.

Hay muertos con mejor cara.

-¿Y qué hago, Lolita?

Toda la noche sin pegar ojo.

Sentado en una silla, vigilando las tumbas.

-Ya escuchaste a don Ramón.

No se puede quedar sin vigilancia. -Muy bien.

¿Por qué tengo que darle yo ese capricho y no usted?

-Pues porque tú eres mucho más joven, mucho más alto, menos guapo

y estás mucho mejor de salud que un servidor.

-Puse no seguirá tan lozano como pase las noches sin pegar ojo.

-Lolita, tienes más razón que un santo. Hoy le toca a usted.

-Con lo bien que lo haces.

-No me engatuse. Que esta noche

es la vigilia por la señorita Leonor.

-¿Y no podías rezar en la portería?

-"Nanai". Hoy le toca

a usted vigilar la tumbas de los romanos esos y se acabó.

-Huy, Servando,

ha perdido usted "la color".

¿Tanto miedo le da estar al lado

del cementerio? -¿A mí?

¿Qué dices, mujer?

A mí no me causa nada de espanto eso. Si yo

lo digo

por mi maltrecha espalda.

Esto...

Vente.

Oye, ¿a ti no te importaría hacer la vigilancia por mí

esta noche? -¿Una cree que se cayó de un guindo?

Yo también asistiré a la vigilia.

Y si así no fuera, dormiría en mi catre y no en una silla.

No tema, Servando.

Que usted no se tiene que preocupar por los ladrones.

Aquí el único manilargo es usted.

Otra cosa

son los espíritus de los romanos.

Una no cree que estén nada contentos

con que les hayan afanado su parné.

¿No cree usted?

Limpia la habitación.

Hay que dejarlo todo preparado para Tirso.

En el mueble del pasillo encontrarás sábanas.

Me las traes. Quiero comprobar que estén en buen estado.

¿Lo ves, Teresa?

Hay que estar encima del servicio, si no, te aguarda el desastre.

Gracias, Cayetana.

¿Gracias por qué?

Por permitir que Tirso se quede en esta casa.

Por cuidar de su bienestar. No tiene la mayor enjundia.

Me agrada tenerlo aquí.

Los niños aportan alegría a los hogares.

A ver qué me traes.

Eran de Carlota, ¿verdad?

Sí.

Yo misma se las bordé a mano.

Eran sus favoritas.

Hasta que creció

y no quiso que se las volviera a poner.

Decía que eran de... De niña pequeña.

Y que ella era toda una mujercita.

Cada noche me pregunto

en qué clase de mujer sería si Dios no me la hubiera arrebatado.

Ya nunca lo sabré.

Yo sí lo sé.

Y habría sido una mujer excepcional,

como lo es su madre.

Yo no tengo nada de especial, Teresa.

Una mujer que ha tratado de abrirse camino en un mundo de hombres.

Eres mucho más que eso, Cayetana.

Sin ti,

sin tu fuerza ni tus palabras no hubiera logrado levantarme.

Tenías razón

en cada una de tus palabras.

La pena nos hace egoístas.

Y por culpa de ella

no reparamos en el daño que podemos hacer a la gente que nos rodea.

Me salvaste una vez más.

Poco importa que haya conseguido que vuelvas a sonreír.

Lo único importante es que tengas ganas de vivir.

Y así es.

¿Sabes qué?

Aunque es mucho lo que hemos pasado, creo que el futuro

aún nos deparará muchas alegrías

y sorpresas.

¿Desayunamos?

Qué maravilla levantarse y encontrar el desayuno aguardándote.

¿No opina igual?

Padre, debo pedirle perdón.

¿Por qué motivo, Elvira?

Por no cenar con usted

la otra noche.

Una fecha tan dura como es

el aniversario de la muerte de madre no debió pasarla en soledad.

No tiene importancia. Ya fuimos juntos a rezar a la iglesia,

como era nuestra obligación.

Nuestras oraciones no son suficientes para apagar el dolor.

No trate de negarlo.

Por mucho que intente mostrarse frío como el hielo,

sé que está sufriendo tanto o incluso más que yo.

Pero nos tenemos el uno al otro.

Por favor, padre, no me rehúya.

Apoyémonos y compartamos juntos este dolor.

Déjate de sentimentalismos, Elvira.

Lees demasiadas "noveluchas".

Hay mujeres que disfrutan mostrando sus debilidades,

pero no te eduqué para ser una.

Ya tienes edad para dejar atrás esa ñoñería.

Debes convertirte en la señora que tu formación y tu clase exigen.

Aquí tiene su diario, doña Celia. -Agradecida, Fabiana.

-Discúlpeme mi atrevimiento. ¿Asistirán a la vigilia esta noche

por doña Leonor? -Por supuesto que acudiremos.

-A mí tendréis que perdonarme, Fabiana.

Me encuentro fatigada. No tendré fuerzas para acudir.

-Ya. Si es por eso, no se preocupe usted.

Ahora lo importante es que se reponga. Que no la veo

yo a usted muy cristiana.

Y ahora que lo dice, tiene usted

muy mal color. -Con Dios, Fabiana.

-Con Dios.

-Madre,

esas fatigas

en lugar de mejorar empeoran.

¿Qué te sucede?

-Lo único que me acontece es que me estás matando de impaciencia, hija.

Venga. ¿A qué esperas para mirar el anuncio

en las páginas del diario? -Sí.

¿Estará ya?

¿Crees que lo habrán impreso bien?

-Búscalo.

A ver.

-No me lo puedo creer.

-Celia, ¿se puede saber qué te tiene tan asombrada?

-Disculpadme. No os había visto.

-Quedan disculpadas si nos sacan de dudas.

¿Trae malas noticias el periódico?

-Al contrario. No pueden ser mejores.

-Han publicado el anuncio

de los tintes. -¡Por favor! Déjame verlo.

A ver.

"Tintes Albora. Tinte inofensivo

para el cabello". -Mira la frase que escogí.

-"Para brillar". -¡Ay!

"Cómprelo en las mejores tiendas". Ramón, ven. Mira qué belleza

de anuncio ha publicado Celia para promocionar tintes.

¿A que está fetén?

-Sí que resulta

de mi agrado, sí. Le auguro a usted un gran éxito, Celia.

-Se lo agradezco, don Ramón. -Vamos a Celebrar el anuncio

como se merece. Es hora de un chocolate con un buen chispazo.

-Disculpadme, pero yo prefiero marchar

a casa ya. Quedaos vosotros

celebrando el anuncio como se merece.

-Si quiere, le acompaño a casa. Parece algo indispuesta.

-No es menester, María Luisa.

No es nada, de verdad. -Bueno, aún así,

insisto. Yo me iba para casa. Hacemos el camino juntas.

-Pues yo te lo agradezco.

Mi madre se cree joven, pero tiene una edad para cuidarse.

-Perdone que se lo diga,

pero le aconsejo que esté usted muy pendiente de su madre.

-A ver.

Es cierto que Consuelo

no se deja cuidar así como así, pero a veces no queda más remedio.

-¿Qué dices, Trini?

¿Cómo que no queda más remedio?

¿De qué hablas?

-A ver, Celia.

Lo único que te podemos decir es que

deberías hablar con tu madre de su salud.

Y mejor antes

que después.

Gracias, Edita. Puedes retirarte.

Le agradezco su visita.

Supongo que estará pasando por días difíciles.

Ya me he enterado del veredicto del tribunal.

Se me hace muy difícil hacer una idea de que mi matrimonio ha sido anulado,

como si nunca hubiese existido.

Como ve, no estoy pasando

por los mejores días de mi vida.

Pero no he venido aquí a lamentarme de mis penas,

sino a preocuparme por Vd.

Y se lo agradezco. Pero ya ve que estoy bien.

No es eso lo que he escuchado. Hablé con su esposo.

Y lo que me contó me dejó tremendamente preocupado.

Y no es para menos.

No le voy a negar que he pasado por un auténtico infierno.

Imagino.

Sepa que

mi torturada mente volvió a mostrarme a Mauro ante mí.

Quizás fuera un sueño que confundí

con una alucinación.

De lo que estoy segura es de que estaba hundida

y no me ve vía capaz de levantarme y salir adelante.

Como ve, se equivocaba.

Así es. Ahora todo ha cambiado.

No he olvidado a Mauro,

que eso no sucederá jamás,

pero he encontrado un motivo para seguir luchando.

Supongo que se refiere al niño que vive con Vds.

Tener a Tirso en casa

me ha dado fuerzas.

Debo estar a su lado y no dejarme vencer.

Soy lo único que tiene en este mundo.

La entiendo perfectamente.

Yo pasé por algo similar.

En uno de los peores momentos

la aparición de nuestro hijo Tano nos salvó

a Celia y a mí.

Quién sabe qué sería

de nosotros si Tano no se hubiese marchado.

Quizá Celia y yo seguiríamos casados.

Discúlpeme.

Vengo a darle consuelo y apoyo y termino contándole mis problemas.

Pierda cuidado.

Sabe que cuenta con toda mi estima.

Dígame.

¿Acudirá esta noche a la vigilia por Leonor?

Me gustaría pasarme en algún momento si Tirso se encuentra bien.

La familia de Leonor se lo va a agradecer.

Ojalá sirvan de algo nuestras plegarias.

A los pobres ya solo les queda

rezar al Señor.

No lo sé.

A veces no hace falta intervención divina para las sorpresas.

Quién sabe qué pasará en el futuro.

Don Fernando.

Qué suerte la mía.

A usted venía a ver.

Me he ahorrado las escaleras de su casa.

Le traigo las pertenencias de Tirso tal y como me solicitó.

Apenas cuatro inmundicias

posee el desdichado.

-Aún así agradecerá tenerlas de vuelta.

Le agradezco que me las haya traído.

-Descuide. Sabe que puede contar conmigo para lo que necesite.

-Así me lo parece.

He de reconocerle que muestra de sobra su estima.

A pesar de las diferencias que tuvimos en el pasado.

-Esas cuitas son agua pasada.

-Estamos de acuerdo. Nada me gustaría más que olvidar lo ocurrido.

-A mí también. Con Dios, don Fernando.

Fernando, Teresa antes te estaba buscando.

Ahora iba a verla.

¿Qué tal está Tirso?

Feliz. Ya se ha preparado su habitación y disfruta como un rey.

Y no solo él, Teresa está dichosa de verle así.

La presencia de ese niño

es la mejor medicina que ha podido tomar. Le estoy agradecido.

Gracias. Pero aún debemos ser cautos.

El peligro no ha pasado. Podría recaer.

Tiene que estar usted a su lado cuidándola y procurando

que mire hacia el futuro y no al pasado.

Así lo haré.

Antes de que se me olvide, he encargado unos dulces

en La Deliciosa para celebrar la recuperación de Tirso.

¿Nos acompañará a merendar?

Se lo agradezco mucho. Pero debo acompañar a Susana y a Rosina.

No la entretendremos en demasía. No insista, don Fernando.

Además usted y Teresa deberían pasar tiempo en la intimidad

y estrechar los lazos del matrimonio.

Aunque no sé cómo era antes de conocerla,

antes de su enfermedad...

Si hace caso a las habladurías, un monstruo.

Lo dudo.

Como le iba diciendo, no sé cómo era, pero sí sé como es.

Una persona maravillosa

y llena de generosidad.

La mejor amiga

que Teresa podía soñar. Se lo agradezco, don Fernando.

Teresa es más que una amiga para mí.

Es prácticamente mi familia.

A más ver. A más ver.

Qué elegantón estás, mastuerzo.

Parece que vas de casamiento. -De boda no, Servando.

De vigilia. Voy a la iglesia a rezar por la señorita Leonor.

¿No crees que ya habrá mucha gente?

Pues razón de más.

Cuantos más seamos, más nos escuchará Dios.

O seo dicen. Además, quiero hacer compañía

a mi Casilda, que está muy afectada.

-¿Y ella ha ido ya a la iglesia? -No.

Estará al llegar. Hacía compañía a doña Rosina.

-Estará con su señores. No la podrás hacer mucha compañía.

-Muy interesado parece en que no acuda.

-¿Yo?

Qué va. No. Lo único que digo

es que rezarías con más recogimiento en otros sitios.

-No me diga más.

¿En otro sitio como la portería, por ejemplo?

-Mira, pues ahora que lo dices,

razón no te falta. Estarías mucho más tranquilo.

-Sí, ya veo.

Insiste en que haga su turno vigilando las tumbas. Nones.

-¿Ya marchas para la vigilia? -Yo sí. Servando se queda.

-Si queréis ocupar alguno mi sitio...

-Le tengo yo unas cosas preparadas para esta noche.

-Una botella de Cazalla. -No, hombre, no. Mucho mejor.

Unas hierbas aromáticas. Laurel,

hinojo y eneldo.

-Ni que fuera a hacer un cocido. -No, hombre.

En Cabrahigo lo guardan en sus casas para ahuyentar a los malos espíritus.

-Que tampoco

pueden hablar a la ligera.

Que no sabemos si los espíritus de esos romanos son malos.

-Pues malos o buenos, seguro que están enfadados.

¿O cree que le agradecerán que les robara sus cosas?

-Que no. Toma.

Toma las hierbas. Yo no creo en estas "tontás".

-Pues hace mal.

Martín.

¿No le has contado lo que te pasó anoche de guardia?

-¿El qué?

No, nada, Servando.

Pierda cuidado. -"Nada", dice.

Anoche estuvo a punto de entregar la pelleja de puro espanto.

Huy. Mientras que hacía sus cosas me lo contó todo.

-Bueno, bueno, dilo ya, desgraciado.

Me tienes el corazón en un puño. -Está bien. Vd. lo ha querido.

Ayer,

en medio de la noche,

escuché voces. Hala, ya lo he dicho.

-Sería alguien llamando al sereno. -No, no, Servando.

Que las voces eran en latín.

-Sería el cura que estaba paseando mientras rezaba.

-No, no. Las voces venían de las tumbas.

Y uno

no sabe de latines,

pero juraría

que era un fiero gladiador airado.

-Ay, mi madre.

¿Pero eso es verdad?

-Decía algo así como:

"Mis monedu".

"Yo cortar cuello".

-Que no, hombre, que no.

Que todo eso son tonte... Eso sería el aire.

A mí no se me asusta tan fácilmente.

-Lo que Vd. diga, Servando. Pero yo

de usted

no daría la espalda a las tumbas. -Ni al gladiador.

-Que... Venga, hombre.

Eso son supersticiones para gente inculta.

Anda que...

Un gladiador.

Venga, voy... Marcho a la portería.

Gladiador. Es que...

Debemos apurarnos. En nada el párroco

dará comienzo a rezar el rosario para la vigilia.

-Y Rosina sigue sin aparecer. -Qué lástima.

No estará en condiciones de acudir. -Pues tendrá que hacer un poder.

Ya solo le queda ponerse en manos de Dios.

-Pues mira,

parce que ella piensa como tú, Susana.

-Pobrecilla.

Ni fuerzas parecía tener para llegar. -Que el Señor reconozca su esfuerzo

y escuche nuestras súplicas. -Recibidla vosotras.

Os lo ruego. Voy a por una cosa a la sastrería.

-Arrojo, señora.

Mire usted. Mire cuántas vecinas han venido.

En verdad Leonor es bien querida.

-¿No sería mejor que te quedaras en casa?

-No, querido. No permitiré que mis vecinas pasen la noche en vela

mientras yo estoy en casa

descansando.

Doña Rosina, he bajado a mostrar mis respetos.

No me quedo en la vigilia, pero me uno en sus oraciones.

Y seguro que tanto amor llega hasta Leonor y nos la trae.

Agradecida, querida. Dios quiera que lleve razón.

Dudo que me lleguen las fuerzas para terminar toda la noche.

Ánimo esta noche, Rosina.

-Pierda usted cuidado, que yo estaré ahí para hacerle de apoyo

si se siente desfallecer.

-Rosina, qué bien que haya llegado a tiempo.

Ya está todo preparado.

-Vamos a rezar el rosario.

¿Qué es eso que traes, Susana?

-Es una manera de que Leonor esté presente

no solo en nuestros corazones.

-¡Ay, mi niña!

-Rosina. -¡Rosina!

-Señora. -Ay, Dios mío.

-¿Te encuentras bien?

¿Estás bien?

Leonor, mi vida,

te juro que te traeré de vuelta a casa.

O compartiré tu destino.

-¿Ya te vas?

-Víctor, ¿qué haces aquí?

-Quería verte.

¿Y Rosina?

¿Ha salido ya para Acacias?

-Sí. Junto a Liberto y Casilda.

-Tú no piensas asistir a la vigilia.

-No. Las oraciones no me traerán de vuelta a Leonor.

Ya no está en manos de Dios. -Pero sí en las tuyas.

-Eso voy a comprobar,

que está en mis manos. Salgo de viaje.

Y no intentes disuadirme.

-Ya comprobé que nada va a hacerte cambiar de opinión.

Ni la certeza de que adentrarte en esa sierra es casi un suicidio.

-No temo a la muerte.

-Me alegro de que así sea.

Es lo más probable que encuentres, y no la Leonor.

Vas a ser presa fácil de los bandoleros.

-Te aseguro

que venderé cara mi vida.

Más de uno entregará la pelleja antes de que yo caiga derrotado.

-No lo dudo.

Pero vaya triste consuelo.

-Víctor,

la decisión está tomada. Me comprendes más de lo que dices.

Mira,

si tú estuvieras en mi situación, harías lo mismo.

Arriesgarías tu vida gustoso

sabiendo que tienes una oportunidad de salvar a tu amada.

-Así es.

Pero dudo que este sacrificio

traiga a Leonor de vuelta.

-Pues vale la pena correr el riesgo.

¿Como te sentirías si fuera María Luisa la desaparecida?

¿Qué pasaría si supieras que no la tendrías a tu lado más?

Que no la verías sonreír,

que no podrás oler su piel nunca más.

-No sé.

No puedo imaginármelo.

¿Que pasa si ya es demasiado tarde?

-Si descubro que Leonor ha perdido la vida,

te juro que me vengaré de sus asesinos.

Hasta que no me quede ni una gota de sangre en las venas.

-Te creo.

Y reconozco que en tu lugar

haría exactamente lo mismo.

-¿Entonces no vas a tratar de detenerme?

-Todo lo contrario.

Voy a acompañarte.

-¿Qué dices, Víctor? -Necesitas una mano

que luche contigo. -No puedo permitirlo.

-La decisión también está tomada.

Hay un carruaje abajo con mis cosas.

-Víctor, no... -No daré mi brazo a torcer, Pablo.

Nuestro destino está unido.

Este viaje lo emprendemos juntos.

Dame la mano, "coñe".

(TODOS) "Ave María,

gratia plena".

"Dominus tecum".

"Benedicta tu in mulieribus

et benedictus fructus ventris tui Iesus".

"Santa María...".

-¿Y Víctor, hija? ¿No piensa acudir a la vigilia?

-Fue a ver cómo estaba Pablo.

-¿Para traerle a la iglesia?

-Sí.

Eso espero.

-Tomad.

Que estas velas iluminen

el camino de regreso de nuestra Leonor.

Dios así lo quiera, querida.

(Ruido)

(GRITANDO) ¿Quién anda ahí?

Si es un fantasma,

que no se moleste en saludarme, que soy la mar de aburrido

y seguro que volvía a la tumba. -Buenas noches.

No se me sobresalte, hombre.

Tampoco somos tan feas para tanto sofoco.

-Casi me manda al otro barrio. -Arrea, Servando.

¿Nos creyó unos aparecidos? ¿Donde ha visto que den las buenas noches?

-Pues no sé por qué lo dices, Lolita.

Se puede ser difunto y educado. Que lo cortés

no quita lo valiente. -Pues de valor se ve aquí nada.

Está con el corazón

en un puño. -Mujer, que tampoco es eso.

Que estoy aquí

con los sentidos avizor

y vigilando el yacimiento.

¿Dónde marchan ustedes?

-¿Dónde va a ser? A la vigilia de doña Leonor.

-Quisiera acompañarles. -No te ondula.

Eso para no quedarse solo con los muertos.

-¿Pero qué está diciendo?

Lo digo por unir mis rezos a los suyos.

Que estoy con el alma en un vilo pensando

en el destino de esa pobre desdichada.

¡Ya le he dicho yo que no tengo miedo!

Lo ha dicho. Cosa distinta

es que servidora le crean una palabra.

-Y a todo esto,

¿a qué huele aquí? ¿Andaba guisando? -¿Yo? No.

Que... Qué tontuna. Yo... Yo no huelo a nada.

-Calle. Lolita tiene razón.

Que yo también lo huelo. A ver.

Pero si parecen hierbas.

-¡Arrea!

¿Pero qué tenemos aquí?

Hinojo.

Bueno.

Eneldo.

Y laurel.

-Servando, que más que un portero

parece usted un guiso. -¿No decía que no le daba miedo?

Pues todo esto es para espantar a los espíritus.

Antes me aseguró que no quería los yerbajos.

-Hombre prevenido vale por dos. Ya sabemos cómo eran los romanos.

Si tenían semejante mala sombra de vivos, imagínense ustedes

de muertos.

-Hombre, Servando,

no es que una diga que esté usted asustado.

¿Por qué no viene con servidoras a la vigilia

y no se queda aquí solo? -Ha dicho don Ramón

que tengo que vigilar el yacimiento. -Seguro que sabrá perdonarle.

¿Qué importan las ruinas si no sabemos nada de Leonor?

-¿Pues sabe lo que le digo? Tiene usted más razón que un santo.

Que aquí no hago nada rodeado de tumbas.

Vámonos para la iglesia.

Hala.

(TODOS) "Sancta Maria mater Dei,

ora pro nobis peccatoribus".

-Se siente el retraso.

-Descuida. Nos queda mucha noche por delante.

-¿Cómo está Casilda?

-Desolada.

Sabe la estima que le tiene a la señorita Leonor.

-Para chasco que sí.

Para ella es mucho más que su patrona. Es como su familia.

-La señora se hace de querer. Estamos todos igual.

Como perder a unos de los nuestros.

-Arrodillémonos.

Que nuestras oraciones se unan a las del resto.

(TODOS) "Amén".

"Ave Maria gratia plena".

"Dominus tecum benedicta tu in mulieribus

et benedictus fructus

ventris tui Iesus".

"Sancta Maria mater Dei,

ora pro nobis peccatoribus

nunc et in hora mortis nostrae".

"Amén".

(RECUERDA) "Déjate de cháchara y escúchame".

Sé que andas en relaciones con la hija del coronel.

O te marchas de Acacias

y te olvidas de mí, o hablo con el Coronel

y dejo que aquí se líe la de San Quintín.

(Puerta)

Elvira, ¿qué haces aquí?

¿Acaso no te lo imaginas? He venido a verte.

No deberías haberlo hecho. Tu padre

podría descubrirte. No temas.

He aguardado a que se acostara. Estaba fatigado y se retiró pronto.

No corremos ningún riesgo.

De eso no puedo estar tan seguro.

Precisaba hablar contigo.

Verte.

No hemos tenido ni un minuto a solas.

Y yo necesito casi tanto como el aire

el poder abrazarte y tocarte.

¿Qué es esto?

¿Así respondes a mis requerimientos?

¿Acaso tus brazos

ya no tienen vida?

¿Me estás rechazando, Simón?

Elvira, te lo ruego, márchate.

No.

No hasta que me respondas.

¿Qué te sucede? ¿Acaso estás molesto conmigo?

¿He hecho algo mal?

Dime el qué y sabré ganarme tu perdón.

No, no, no. Tú no has hecho nada.

¿Entonces qué te sucede?

¿No te das cuenta de que te necesito más que nunca?

El aniversario de la muerte de mi madre me ha removido por dentro.

Lo sé.

Lo sé, y me duele en el alma.

Entonces muéstralo

consolándome con tus besos.

No sabes lo difícil que es para mí ver a mi padre roto por dentro.

Pero aún así rechazando mi cariño.

Me rechazó cuando traté de consolarle compartiendo la pena.

No hagas tú lo mismo ahora.

Elvira, de verdad.

Vuelve a tu casa.

No, Simón.

¿Cómo tengo que decirte que preciso de un abrazo?

Necesito saber que hay alguien a quien sí le importo.

No. Detente.

Lo nuestro ha terminado.

¿Has perdido la cabeza? ¿Qué estás diciendo?

Lo que has escuchado.

Hemos de separarnos, Elvira. Ya no hay nada entre nosotros,

si es que alguna vez lo hubo.

(TODOS) "Pater noster qui es in caelis,

sanctificetur nomen tuum".

"Adveniat regnum tuum".

"Fiat voluntas tua,

sicut in caelo, et in terra".

"Panem nostrum quotidianum da nobis hodie".

-¿Es cierto que Teresa se está recuperando?

Sí. Parece plenamente recuperada y dispuesta a seguir adelante.

Ese niño del diablo

ha conseguido devolverle la sonrisa.

Es de suponer que tanta dicha

no le durará mucho tiempo.

Eso nunca se sabe, Úrsula. Los designios

del Señor son insondables.

Los del Señor tal vez sí,

pero no así los suyos.

Su plan sigue adelante.

He sido testigo de cómo Teresa está cada día más cerca de don Fernando.

Es imposible no mostrarle afecto. Es un hombre maravilloso.

Teresa es afortunada en tenerle a su lado.

Al menos de momento.

Aunque hay algo que no acabo de comprender.

¿Acabo cree usted que Teresa va a llegar a amar tanto

a don Fernando como usted a don Germán?

No, Úrsula. Estoy segura de que eso no va a pasar.

¿Por qué no damos un breve paseo?

La vigilia parece que va a ser larga. Y estoy segura

de que Leonor nos perdonaría que descansáramos un rato

de tanta plegaria.

Hay algo que quiero contarle.

(TODOS) "Et dimitte nobis debita nostra

sicut et nos dimittimus debitoribus nostris".

"Pater noster qui es in caelis,

sanctificetur nomen tuum".

"Adveniat regnum tuum".

¿Qué haces todavía en casa, hija?

-¿No vas a ir a la vigilia?

-Así lo tenía previsto, pero no puedo.

-¿Qué te lo impide?

-Tú, madre.

No me quedo tranquila dejándote aquí sola.

-Pero, hija mía,

¿acaso crees que yo que me he recorrido medio mundo de viaje

no soy capaz de quedarme un rato sola en casa?

-Te pasa algo.

Y sé que no es solo cansancio.

Mírate en el espejo.

Tienes ojeras,

estás pálida.

-Nada que no arreglen

unos buenos aceites.

-Madre, no estoy bromeando.

Todos se han dado cuenta de que algo te pasa.

Quizá debería llamar a un médico.

-No. Celia, no lo llames. Te lo ordeno.

-Creo que esta es la primera vez

que me impones tu voluntad sin razonar.

¿Ves como te pasa algo?

¿Me lo vas a contar de una santa vez?

¿O pretendes seguir escondiéndomelo como a una niña?

-No es fácil de decir, hija.

-Bueno, no digo que lo sea,

pero nunca te ha acobardado la verdad.

-Tú ganas, querida.

No puedo ocultártelo por más tiempo.

Pero por favor,

siéntate.

-Tantas precauciones me asustan.

Cuéntamelo ya.

-Tienes razón, Celia.

No es solo fatiga lo que me aqueja.

Los médicos

han descubierto que padezco diabetes sacarina.

-¿Y tal dolencia es grave?

-Sí, mi niña.

Lo es.

Es una enfermedad crónica e incurable.

Mi cuerpo se resiente cada día más

por culpa de este mal.

Y ni siquiera los médicos

saben con certeza

cómo va a seguir avanzando.

Quizás me quede ciega

o pierda toda la movilidad.

Lo único seguro es que cada día que pase

los síntomas van a seguir más graves, Celia.

Hasta que llegue el día

en que la enfermedad

me arrebate la vida, hija.

No.

Por favor, no llores.

No llores.

-¿Cómo podría evitarlo?

-Porque cuando llegue ese día, hija,

no me voy a marchar de aquí triste, no,

sino con un profundo orgullo dentro.

Con la satisfacción de saber que he traído a este mundo

a una mujer tan valiente,

tan fuerte y tan especial como tú.

Tú eres mi mayor logro y mayor alegría.

Mi amor.

Ven.

-No puedes dejarme sola, madre.

Te necesito a mi lado.

¿Te han gustado los dulces?

Por la rapidez con que dio cuenta de ellos sí.

-Nunca había tomado nada tan rico.

Me hubiese comido otros tantos.

-Los dulces no son la única sorpresa que te teníamos.

Aquí tienes tu maleta. La han traído del colegio.

-¿Están dentro mis cosas?

Así es.

¿Qué guardas dentro? Mis tesoros.

Esta es la mejor pelota del mundo.

Todos en el colegio quería jugar con ella.

-No es de extrañar.

Y este trompo me lo regaló "El pelao"

por dejarle copiar en los exámenes.

Es la única vez que alguien me ha regalado algo.

¿Y por qué guardas este cristal?

Lo encontré en la calle.

Al mirar a través de él vi que las cosas

se veían fetén.

-Como si fueran unas lentes. -Sí.

¿Cómo iba a pensar

que tendría unas de verdad?

Como si fuera un niño rico.

¿Sabes? Deberías guardar todos tus tesoros en tu nuevo cuarto.

Aquí no tengo que tener cuidado de que me lo roben.

-Nunca permitiríamos que eso pasara.

Espero no perderme de camino a mi habitación.

La casa es tan grande que necesitaré una brújula como los marineros.

¿Qué miras?

Nada.

Solo pensaba en lo que me gusta verte sonreír.

Has traído de nuevo la sonrisa a mi rostro

con Tirso.

La dicha es compartida.

Creo que los tres llegaremos a ser una familia muy feliz.

Yo también creí tener la familia perfecta.

Y la perdí con todo el dolor de mi ser.

El mismo dolor que le aguarda a Teresa.

Así nos encargaremos de que sea.

El camino que le espera a Teresa

es similar al camino de Cristo al calvario

con cada una de sus tres caídas.

La primera fue perder a Mauro San Emeterio.

Y la segunda va a ser por Fernando.

Si bien he de admitir que aunque Teresa llegue a amarle,

nada será tan atroz como lo que sentí cuando me quitaron a Germán.

¿Y la tercera caída?

La tercera va a ser la más cruel de todas.

Teresa va a sentir el dolor que sintió Cristo

al ser sus manos atravesadas por los clavos.

Créame que sé de lo que hablo.

Yo he sentido ese dolor.

Y sé que se te rompe el alma con suma violencia.

Nada se compara con perder a un hijo.

¿Está segura de que es preciso llegar tan lejos?

Sí.

Sin ninguna duda.

Es la penitencia que Teresa debe pasar para llegar a ser

Cayetana Sotelo Ruz.

¿Acaso no es eso lo que vino a buscar?

Entonces deberemos darle el capricho.

(TODOS) "Pater noster qui es in caelis,

sanctificetur nomen tuum".

"Adveniat regnum tuum".

"Fiat voluntas tua, sicut...".

-Rosina.

Deberías descansar aunque solo sea un suspiro.

-No, Liberto. Mi sitio

está aquí, rezando.

-Mira que la noche es larga. -Mejor.

Así tendremos más tiempo para implorar por mi niña.

No puede ser.

-Luisi.

Hija, ¿qué ocurre? Has perdido "la color".

¡Por todos los santos!

¡Miren!

-¿Es posible que en este momento podáis guardar la compostura?

¡Santo Dios!

-Es un ánima.

-Rosina,

amor mío.

¿Querrías volverte?

-Madre.

-Hija.

¡Ah!

Servandus.

Servandus, despierta.

-Don Ramón, ¿pero qué hace usted vestido así?

-No soy don Ramón.

-Soy Marcus Anius Perus.

Abuelo de Marco Aurelio,

esposo de Rupilia Faustrinia,

que fue cuñada de Trajano.

Senador, pretor, prefecto de Roma

durante las censuras de Vespasiano y Tito.

"Hay que convocar un reunión"

del patronato.

Lo presidirás tú.

Sí.

Que se den cuenta de que he vuelto. Nada se torcerá.

No dará tiempo de hacerte un vestido,

pero sí de comprarte uno bonito.

No necesito, tengo suficientes.

Nunca se tienen suficientes vestidos, Teresa.

Cómprate uno bonito, alegre.

¿Verdad, don Fernando? Doña Cayetana tiene razón.

Y lo dice el hombre que me dice que ya no quiere estar conmigo,

que su relación conmigo ha terminado sin darme ninguna explicación,

que dice que nunca hubo nada entre nosotros.

Demuestra que me equivoco.

No eres el hombre frío que aparentas.

Dime la verdad. Dime por qué me dejas.

-"¿Por qué quieres que te odie?".

¿Es el único final que se te ocurre?

Pues lo mismo duda más.

-Si no me odia, nuestra relación no acabará nunca

pensando en lo que pudo haber sido y no fue.

-¿Y por qué no fue?

-Si sigues con preguntas, lo mismo no tengo respuesta.

-Para esta sí.

Si la amas y ella lo mismo, ¿por qué no lucháis?

-¿Debo explicártelo? Es señorita y yo mayordomo.

No sale bien ni una de cada 100 veces.

-¿Y si esa buena es la tuya? "Fernando quiere hacerme feliz".

Y Cayetana le ayuda.

Pero

cuando él me toca,

no puedo evitar acordarme de Mauro.

Y... ¿Y por la noche? Ya sabes.

Por la noche nada.

Pero cuando él se acuesta a mi lado

soy incapaz.

Tenga cuidado, Teresa.

Hasta el hombre más paciente,

hasta el mismo santo Job,

quiere tomar a su esposa.

Es una prenda femenina.

No creo que le quedara bien ni fuera de su estilo. Aunque yo

ya no me asusto.

Es para Teresa.

Entonces no hace falta que lo vea.

Seguro que será de su agrado.

No es para que lo vea, es para que sea Vd.

quien se lo entregue.

Enciérrese con su esposa, entrégueselo

y pídale que se lo pruebe para usted.

"Es ese secreto".

Eso que debías resolver cuando llegaste.

Eso que no querías que nadie supiera.

Es la causa de que me hayas abandonado.

Puedes contármelo.

Sea lo que sea, no cambiará mi amor por ti.

He hablado con mi madre.

-Lo siento.

-¿Cómo no me lo contaste? -No querías saber de mí.

Pero por respeto a tu madre.

Es su vida la que está en juego y son sus decisiones.

-Seguro que algo se puede hacer por ella.

-Celia,

está muy enferma.

-Tiene que haber algún médico en el mundo capaz de curarla.

Y yo lo voy a encontrar.

Pero necesito que tú me ayudes a buscarlo.

Vote mis propuestas en la reunión.

Voy a recuperar el control del colegio sin atacar a Teresa.

¿A ciegas?

No, doña Cayetana.

Ya le dije que no soy más su criada. No obedeceré

sus órdenes.

Pero no dude que si nuestros intereses

son coincidentes,

me tendrá siempre

a su lado. Cuente con mi apoyo.

-Ha sido Dios el que te ha traído. Gracias a él estás aquí.

-Milagro.

-Milagro divino. -Yo no he sentido el aliento de Dios.

-Hija, ¿qué te pasa?

-Han sido muchas las veces que me he sentido abandonada.

A no ser que haya sido el que ha puesto en mi camino

a la persona que me ha ayudado.

-Vengo de estar reunida

con los señores de Albeloa y los de Zarauz.

¿Alguna noticia?

Sí.

He logrado su compromiso

de traer a sus hijos al colegio

Carlota de la Serna. -Esa es una gran noticia.

-Por favor, necesito ayuda.

-"Javiva, ven".

Ella es Javiva,

la persona que me salvó la vida

y me ayudó a llegar aquí.

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  • Capítulo 475

Acacias 38 - Capítulo 475

15 mar 2017

Tirso recupera parte de la visión gracias a la operación. Cayetana y Teresa acondicionan una habitación en la casa para el niño. Junto a Fernando, los tres se sienten una familia. Teresa y Fernando se besan. Ramón y Trini hacen ver a Celia que a su madre le ocurre algo y, finalmente, Consuelo admite su enfermedad ante su hija. Las criadas asustan a Servando cuando éste se disponía a vigilar el yacimiento. Simón rompe con Elvira. Ella se queda impactada.

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  1. Cecilia

    A Mabi : Hola, veo que sos de mis pagos.- Te digo que así como te enojás con las críticas, vos hacés una defensa encendida y estás en todo tu derecho. Creo que cada uno de los seguidores de esta novela desde hace mucho nos sentimos defraudados por como la llevan adelante ( que es una forma de decir, ya que dan un paso adelante y dos hacia atrás) y si te fijás son mas las criticas que los halagos, ¿ porqué será ? Igualmente respeto tu opinión. Te saludo desde Bs.As. Chau.

    18 mar 2017
  2. Mabi

    Cecilia, al contrario de lo que pensas, las criticas bien intencionadas me encantan!!! las con mala leche , no y para sacarte de la duda no tengo nada que ver ni con la producción ni los guionistas de Acacias, solo una televidente mas, de tantas, a la que le gusta la serie, y como dice la letra de un Tango de mi Patria..." más si el bulto no interesa, por que pierden la cabeza ocupándose de mí... yo soy así!!! Chachan.

    18 mar 2017
  3. Martha Gonzalez

    Buenos dias acacierasy acacieros Todos son buenos actores yo no me lo pierdo por nada

    16 mar 2017
  4. Cecilia

    Para Mabi, de mas abajo: ¿Porque te molestan tanto las críticas, (por cierto muy válidas)? sos parte de la producción de la novela, o acaso hija de alguno de los guionistas? Los seguidores de las novelas tenemos derecho a dar nuestra opinión, sobre todo cuando luego de seguirlas y darles nuestro aporte al raiting, los responsables parecería que nos toman por tontos con sus situaciones reiteradas, otras que no cierran, muertos por doquier,y...y....No quiero adelantarme pero, ahora que apareció Leonor, seguro que Pablo y Victor ya se fueron a buscarla y tendremos mas argumento para alargar el tema de esa pareja. aparece uno y desaparece otro ¡¡¡UFA !!!.

    16 mar 2017
  5. Chonchita

    Insoportable los porteros cada día un invento inaguantable ocupan todo el tiempo Teresa igual de boba y las malas ya insoportables

    16 mar 2017
  6. Tere Castillo

    Los últimos capítulos han estado de flojera. Cada vez meten más personajes y no se resuelve nada. Sustancia por favor. Saludos desde la Ciudad de México. De verdad todos excelentes actores pero ya que se acabe.

    16 mar 2017
  7. Saro

    Lo mejor de hoy, el reencuentro madre e hija; sólo espero que Rosina vuelva a sonreír y que los guionistas permitan que el matrimonio sea feliz.

    16 mar 2017
  8. Capricornio

    ¡¡¡Animo y adelante siempre, que no os falte nunca la pasión por lo que hacéis!!! ... pase lo que pase.

    16 mar 2017
  9. Marisa

    Cada vez más líos tontos y no se resuelve nada,que pesada está la novela,y el portero cada día más idiota, tenemos un romano y una mora Javiva,lo que no escriban estos gionnistas no lo escribe nadie.Les sale humo de la cabeza de pensar en el guión. jajajaja

    16 mar 2017
  10. Saleta

    Elenita,muy bueno lo de la negra Tomasa jajaja.Un saludo.

    15 mar 2017