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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 474 - ver ahora
Transcripción completa

¿Dónde está? ¿Le habéis visto? ¿Qué te ocurre?

¿Ha pasado por aquí?

¿A quién te refieres? No hay nadie.

No. Mauro estaba en mi cuarto.

Le vi perfectamente.

Teresa. ¡Mauro!

Teresa. ¿Dónde estás?

No es normal. Tu madre tiene una edad.

Tienes que cuidar de ella. -Te lo agradezco.

Francamente, pensaba que detestabas a mi madre.

-No tengo nada malo contra ella.

Es madre de la mujer a la que he querido.

"Estoy a la espera de Simón".

Gayarre no podrá atenderte.

Ha salido a buscar un bogavante

para la cena como ya le indiqué.

No entiendo qué sentido tiene entretener al servicio tanto

por un capricho suyo. No se trata de ningún antojo.

Entonces explíqueme.

No tengo que explicarte cómo organizo esta casa y su servicio.

Punto redondo, Elvira. "Tú me haces más bien que yo a ti".

¿Soy como una medicina? Eso mismo.

Tenerte a mi lado me ayuda a recuperarme.

Vaya. No sabía que era tan importante.

-Entiendo que pasas por momentos de honda tristeza.

Pero no voy a consentir que te abandones.

Todo esto lo pasamos juntos

tú y yo.

Eso sí, espero saber cómo ayudarte.

-Con tenerte a mi lado es suficiente.

-Teresa tiene alucinaciones. Cree que Mauro se aparece.

Al principio era consciente de que se trataba

de sueños. Pero esta noche ha sido tan real

que creyó estar despierta al verle.

-Es muy grave lo que me dice.

Necesitará atención médica. -"Tienes relaciones"

con la hija del coronel.

Mis condiciones son claras. Si no quieres que hable con el coronel,

debes desaparecer, despedirte de su servicio

y marcharte lo más lejos que te sea posible.

Y sobre todo olvídate de que existo.

¿Queda claro? -"Sé que está enferma".

Y que su estado desgraciadamente es muy grave.

¿Por qué no se lo contó a Celia?

-Ese no es tu problema.

-Será mejor que te marches. -No.

No voy a hacerlo.

No dejaré las cosas así. -"No veo".

No veo nada. No puede ser.

Entiendo que no vas a marcharte si no te doy una explicación, ¿verdad?

-Puede estar segura de ello.

-Entonces será mejor que nos sentemos.

No me encuentro sobrada de fuerzas.

Mi prioridad, como bien sabes,

es no hacerle daño a mi hija.

Por eso no le he dicho nada.

-La subestima.

Celia ha demostrado con creces ser más fuerte de lo que pensamos.

-Es posible, sí.

¿Pero de qué sirve que ella sufra viendo como me apago poco a poco?

No hay solución para el mal que me aqueja.

Cuanto más tarde en saberlo, mejor

para ella. -Tiene todo el derecho a saberlo.

Y tomar las decisiones pertinentes.

-Y lo sabrá. En su momento.

-Consuelo,

su tiempo se agota.

Confíe en la madurez de su hija.

Si no le dice la verdad a Celia,

lo haré yo.

-No puedes hacerme esto, Felipe.

¿Cómo está Tirso? ¿Sigue igual?

Eso parece.

Le hemos acostado en su habitación.

Gracias por permitir que la utilicemos.

Naderías. No tiene importancia.

Le hemos acercado una luz y apenas la distinguía.

Pobre criatura.

No es justo.

¿Se ha dormido ya?

No.

Pero se ha quedado como tranquilo. Relajado.

Es extraño.

Pero es como si nada de esto le sorprendiera.

Como si él supiera que iba a suceder.

De hecho,

creo recordar

que él ya me habló de esto. Justo el día

que fue a visitar al doctor con Úrsula.

¿Qué ocurre?

No pensábamos que fuera tan pronto.

¿Es que lo sabíais?

El médico se lo dijo a doña Úrsula el día que mencionas.

¿Qué le dijo?

Tirso tiene una degeneración ocular.

¿Qué significa eso?

Es una enfermedad muy grave

que no tiene cura.

Tirso no volverá a recuperar la vista.

¿Por qué no me lo dijiste? Porque estabas triste

y abatida. Pensé que sería mejor esperar

a que estuvieras mejor y darte la noticia.

Ya nada podíamos hacer.

Yo habría hecho lo mismo.

Lo siento, Teresa.

A lo mejor debería habértelo contado.

Es tarde para lamentarse, no para hacer algo

por ese chico.

¿Qué quieres decir?

Me niego a quedarme así. El médico dijo

que nada que hacer. Pues consultaremos

a otro doctor.

Quizá Teresa tenga razón

y debamos tener una segunda opinión.

Tengo buena relación con médicos del hospital

donde trabajaba Germán. ¿Y podrías

preguntarles por el mejor oftalmólogo?

Les preguntaré cuál es el mejor del país

y haremos lo que sea para que visite a Tirso.

Cueste lo que cueste. Gracias, Cayetana.

Sería tan injusto que Tirso dejara de ver para siempre...

Si hay solución,

la encontraremos.

-"¿Me creerías"

si te dijera que me habría gustado que el matrimonio

entre Celia y tú fuera feliz?

Me pareces un buen hombre, Felipe.

-No me venga con esas, suegra.

Nunca le he caído bien.

-Porque tienes hombría malentendida de los caballeros españoles.

Que os creéis propietarios de vuestras esposas,

dueños de su voluntad.

-Responsables de su felicidad,

de su bienestar

y también de su seguridad.

-¿Crees que ellas no pueden proporcionarse su bienestar?

Eso cambiará.

Yo no lo veré, pero algún día, querido,

los hombres y las mujeres serán iguales para todo.

Y ese día

te vas a acordar de mí.

Llevamos toda la vida

discutiendo por temas como este,

por la manera tan distinta que tenemos de ver el mundo.

Pero yo sé, Felipe Álvarez Hermoso,

que eres un buen hombre.

Y lo demuestras

en momentos como este.

-¿Por qué no le ha contado lo de su enfermedad a Celia?

-Ya sabes cómo es.

Ya sabes lo que haría.

Se pondría a buscar médicos por el mundo

que trataran de sanarme.

-Pero no perdería la esperanza. Lucharía.

¿Qué hay de malo en eso? -Es inútil.

No hay solución ni cura para mi enfermedad.

No la hay.

Mi destino es inevitable.

Me muero. Es así.

Y tenemos que aceptarlo.

Además no tengo yo cuerpo ni ganas

de pasarme los últimos días de mi vida de médico en médico,

de experimento en experimento, de prueba en prueba. No.

Prefiero emplear ese tiempo que me queda

en ayudarla.

-Ayudarla.

-Hacer que se convierta en una mujer libre e independiente.

Para que cuando yo haya de marcharme

pueda hacerlo tranquila de que saldrá adelante sola.

-De ahí su prisa en acelerar el proceso del tribunal eclesiástico.

-Y de ahí mi brusquedad para contigo, querido.

Siento si me puse demasiado tenaz

en que marcharas.

Y siento mucho, de verdad,

mis malas palabras.

Pero me quedo

sin tiempo, Felipe.

-No se apure.

Supongo que en todo esto lo que menos importaba

eran mis sentimientos. -Lamento darte la razón,

pero sí, así era

y así es.

-Si la vida me hubiera puesto en la misma tesitura que a usted,

hubiera actuado de la misma forma.

-¿Y ahora qué?

-¿Ahora qué?

-Necesito saber qué es lo que vas a hacer.

¿Vas a poner más trabas y a alargar el proceso

o dejarás que Celia decida por sí misma y vuele libre?

-Dime cuál va a ser tu actitud

ante el tribunal eclesiástico mañana.

-Cierto.

Es mañana.

-¿Tienes claro lo que vas a decir?

-No.

La verdad es que no.

-A veces hay que sacrificarse

por las personas a las que uno quiere,

aunque la decisión nos perjudique.

-Si le soy sincero,

no tengo esperanza de recuperar el amor de Celia.

Me ha costado aceptarlo, pero me ha entrado en la mollera.

No me quiere.

-Entonces...

-Sería absurdo retenerla a mi lado.

¿De qué serviría?

-De nada.

Gracias.

Muchas gracias, Felipe.

-No seré ningún obstáculo para su hija.

Puede confiar en mí.

Pero a cambio quiero pedirle algo.

Mañana cuando salgamos del tribunal eclesiástico quiero que le diga

la verdad sobre su enfermedad.

Es la única condición que le pongo.

No es justo para ella.

Merece saber la verdad.

Rosina, cariño,

mi tía está aquí. Ha venido a verte.

-Ay, Susana, todo esto es un infierno.

No puedo dejar de pensar en ella,

de pensar que debería haberla protegido,

de estar con ella en los últimos momentos de su vida.

-No te atormentes, Rosina. De nada sirve.

-Es mi hija, Susana.

-Y yo no puedo ni siquiera ponerme en tu lugar. De pensarlo

se me encoge el alma.

-Primero mi Maximiliano,

ahora mi pobre Leonor.

Arrastro a la muerte a todo el que se me acerca.

¿Qué tengo de malo? -No digas eso, querida.

No hables así de Leonor.

-¿Así cómo? -Como si estuviera muerta.

Pablo tiene razón. Tal vez yo di todo

por perdido demasiado pronto.

Pero hay esperanzas. -No.

El hallazgo de sus pertenencias no presagia nada bueno.

-No por eso perderemos la ilusión de encontrarla sana y salva.

¿De acuerdo?

¿De acuerdo?

-Ayúdame, Liberto, ayúdame.

No tengo ya fuerzas.

-Es que se me olvidó decirte que yo te las quité.

Ahora las tengo yo todas. Las tuyas y las mías.

Me temo que vas a tener que apoyarte en mí.

Yo puedo por los dos.

-Liberto tiene razón,

Rosina.

Él llevará el peso de tanta fatalidad.

Él sabrá cómo hacer para que todo pase.

Por mucho que me negara a vuestra relación,

tienes mucha suerte de tenerle a tu lado.

Sois el uno para el otro.

-Yo no sé qué hubiera hecho sin ti

en estos duros momentos.

-Y yo no sé qué hubiera hecho sin ti siempre.

-¿Está Pablo?

Quería hablar con él. -Ni lo sé ni me importa.

Todo es culpa suya.

-Me gustaría que estuviera también aquí

para que escuchara lo vengo a contaros.

Algo que se me ha ocurrido.

-¿Como qué? -Quiero organizar

una vigilia por Leonor.

-¿Una vigilia?

-¿En Acacias?

-No debemos desfallecer, Rosina. Liberto tiene razón.

Debemos rezar al Todopoderoso para que nos traiga

de vuelta cuanto antes a Leonor.

-Sí, sí. Me parece una idea estupenda.

-Quiero comentárselo a Pablo también

para que me diga si está conforme y le parece bien.

-¿Qué más da? Yo estoy de acuerdo y es suficiente.

-Es su esposa, Rosina.

-Antes de eso ya era mi hija.

-Pero él también está sufriendo mucho

con todo esto.

-Siento interrumpir.

Doña Susana, quería avisarla a usted

de que he hablado con las del altillo y dicen que sí.

Que acudirán.

-Gracias, Casilda.

Ahora ya estamos en manos de Dios.

Él es el único que puede obrar

el milagro.

Feliz aniversario, Mercedes.

(VOZ DE MERCEDES) "¿A quién se le ocurrió servir esto?".

"Ese bogavante lleva armadura".

"Es imposible comérselo".

(VOZ DEL CORONEL) "Si me permite, yo le enseñaré a hacerlo".

"Hay que tener cuidado para no hacerse daño".

"Pero debajo de ese caparazón

encontrará la carne más sabrosa que ha probado".

(VOZ DE MERCEDES) "Perdone, ¿tengo el gusto de conocerle?".

-Me llamo Arturo Valverde.

Para servirla a usted.

-Arturo Valverde.

Experto en bogavante.

¿Y a quién tengo el placer de entregarle mi saber del bogavante?

-Mercedes Ruíz.

¿Y cómo hago para comer esta carne?

Según usted, la más deliciosa que jamás haya probado una señora.

-Desde luego no una tan bella como usted.

Ha de coger estas tenazas

y presionar por la parte más dura.

¿Lo ve?

Después con esta herramienta

sacar la sabrosa carne e ingerirla.

Por supuesto, todo regado

con una copa del mejor de los caldos.

Pruebe usted.

No está mal para ser la primera vez.

-Todos somos un poco bogavantes.

¿No cree usted?

-¿Disculpe?

-Tenemos un caparazón

duro

que protege nuestro interior

no tan duro.

-¿Me da su permiso para cortejarla?

-¿Cómo?

-Si me lo permite, tal día como hoy, año tras año,

usted y yo comeremos bogavante para recordar este día.

El día en que

nos conocimos.

-¿Siempre es usted

tan directo?

-¿Para qué dar vueltas si uno está seguro de haber encontrado

a la mujer de su vida?

(RECUERDA) "¡Ah!".

(Pía el pájaro)

¡Arrea, qué agujero más hondo!

-Me has dado un susto de muerte. -Tampoco soy tan fea.

Ese desaguisado ahí dentro es de átate los machos.

-No me mires, que no he hecho nada. Solo barro el suelo y nada más.

Que no he pisado ningún agujero ni he cruzado ningún control

de seguridad

para ver qué había bajo tierra.

-¿Qué está pasando aquí? -Pues nada.

Que está todo hecho unos zorros

con tanto polvo. -Ah, no, ni hablar.

Aquí pasa algo. Huelo la culpa desde aquí.

-¿Qué dices? ¿Qué culpa? -¿Qué habéis hecho

tú y el Servando ahí dentro?

-Está bien. Cruzamos el control

y escarbamos y encontramos una vasija con monedas antiguas. Ya lo he dicho.

-¿Que habéis hecho qué? -Sí.

Servando se ha empeñado en quedárselas.

Pero ahora solo tengo una cosa en la cabeza.

¿Se pueden considerar nuestras?

¿Deberíamos dárselas a don Ramón?

-¿Qué hacéis aquí, pegando la hora?

-Pues ya ve.

Me contaba aquí el Martín cierto robo

cometido por cierto portero de cierto edificio y su secuaz.

-¡Chivato, charlatán!

¡Boca grande! -¡Servando!

¿Ha perdido usted el seso?

Esas monedas no son suyas. Que pertenecen

al edificio y a su propietarios. -¿Quién dice eso?

-El sentido común. -No tengo.

-A la vista está.

-¿Dónde pone que pertenezcan las monedas al edificio?

En las monedas no.

-Como le pillen, le va a caer una...

-El riesgo merece la pena.

Un anticuario me da un dinero por las monedas.

Si me guardas el secreto, te llevas parte.

-Pero está muy feo. -Una parte generosa.

-¿De cuánto hablamos?

-Adelante, es por aquí. Por aquí.

Este es don Praxímedes Villarroel, reputado arqueólogo

que viene a medir y a analizar las dimensiones del hallazgo.

¿Serías tan amable de abrirnos la portería?

-Claro que sí.

¿Tú no quieres

tomar nada?

-No tengo ganas de nada, Víctor.

-Tomar algo caliente te sentará muy bien.

No puedes estar todo el día sin comer.

-Sí, sí que puedo. No te apures.

No puedo es quedarme de brazos cruzados sin saber de Leonor.

Estar aquí sin ella se me hace tan cuesta arriba...

-¿Qué quieres decir?

-Pues que es como estar

encerrado en una cárcel. No lo soporto.

-Eso por las tensiones que hay entre Rosina y tú.

-Yo entiendo que ella está siendo muy injusta contigo.

Pero tienes que darle tiempo, Pablo. Lo está pasando muy mal.

-No la culpo. Tiene razón.

Es culpa mía.

La embarqué en mi huida,

la dejé sola.

-No te atormentes, Pablo.

Asistir a la vigilia en honor a Leonor te hará muy bien.

-¿Tú crees?

-Claro que sí.

Ver a los vecinos unidos por ella, saber que toda la gente

os apoya y está con vosotros. Rezar a Dios por ella.

No creo que Dios pueda traerme de vuelta a mi esposa.

-Pues yo creo que es lo único que podemos hacer.

-Pues creo que ahí te equivocas. Dios no puede hacer mucho, yo sí.

-¿Tú? ¿Tú qué puedes hacer?

-Pues ir a buscarla.

Rehacer el camino que hizo ella.

Cruzar los montes de Córdoba.

-Sigue con la idea esa. ¿Para que te asalten

los que la asaltaron?

-Si es lo que tiene que ser, que así sea.

-No insistas en ser loco.

Ese viaje es un peligro. ¿Quieres tener su misma fortuna o peor?

-Por allí no se atreven a pasar ni los guardias.

-Precisamente por eso. Si los guardias no van, iré yo.

Mañana mismo partiré. -Pablo, espérate. Piénsatelo bien.

Porque es una locura.

-Víctor, yo no me puedo quedar así.

He de saber qué ha sido de Leonor

o no me lo perdonaré.

-Has de hacerle cambiar de opinión.

-Ya has visto su mirada.

-¿Su mirada? -Nadie le hará cambiar

de opinión.

-¿Y qué se supone que debemos hacer?

¿Quedarnos así sabiendo que es una imprudencia?

-A lo mejor hay algo

que podemos hacer.

¿Tú me harías un favor?

¿Quieres agua?

Sí, por favor.

Aquí tienes.

Se acaba de ir el doctor.

¿Cómo te encuentras, Tirso? Muy bien, señora Cayetana.

Gracias por prestarme su habitación.

Las sábanas más suaves en las que me he tumbado.

Espero que las gotas que le ha puesto el doctor funcione.

Yo quiero aferrarme a esa creencia y ser optimista.

Ha dicho que teníamos que serlo, puede mejorar.

Si el diagnóstico está en lo cierto, sí.

¿Por qué ha dicho que le ha sucedido esto tan de repente?

Uno de los problemas colaterales de su enfermedad

es la acumulación de líquido en la retina.

Con las gotas que le han dado podría disolverse en unas horas.

Tiene sentido.

Te agradezco todo lo que estás haciendo por él.

Conseguir a ese doctor,

una eminencia, fue de gran ayuda. No me las des.

Es lo menos que puedo hacer.

Pensaba tomarme un te en el salón. Ven y así descansas un rato.

Prefiero quedarme con él para cuidarle.

Bueno, está bien. Ahí estaré. Si necesitáis algo, me avisas.

Señorita Teresa.

Dime.

No hace falta que se quede aquí cuidándome.

Estoy bien.

Prefiero estar aquí contigo que ahí fuera.

¿Te parece bien que me quede? Claro.

Así me puede contar cosas.

Lo peor de estar malo es el aburrimiento.

¿A que sí?

Ya lo creo que sí.

No se puede jugar al tú la llevas

ni a las canicas, ni brincar por los árboles.

No. A eso no se puede jugar.

Pero podemos jugar a continuar la historia del país del ámbar.

¿Se acuerda usted?

¿Cómo iba a olvidarlo?

A ver, ¿quién continúa? Yo.

Venga.

¿Sabe cuál es el misterio más misterioso

del país del ámbar?

¿Cuál? Que nadie sabe

cómo llegar a ese mundo mágico.

Claro, porque si no,

todo el mundo entraría como Pedro por su casa.

Y eso es porque nadie sabe dónde está la puerta para entrar.

Es una puerta mágica

que puede estar en cualquier sitio, hasta en la misma calle Acacias.

¿Y cómo hacemos para encontrarla?

Ese es el misterio.

Uno no puede encontrar la puerta.

Es la puerta quién le encuentra a uno.

¿Sabes lo que voy a hacer?

Voy a coger el caleidoscopio que te regaló Fernando

y voy a mirar a través de él para ver si encuentro la puerta.

Parece que veo algo.

La puerta se abrirá sola cuando usted resuelva el acertijo.

¿Qué acertijo?

"Ha de esperar a que aparezca el sabio".

¿El sabio?

"Él le lanzará una pregunta".

"Solo si la respuesta es correcta

él le enseñará el camino a la puerta".

"Soy el sabio y no puedes mirarme".

"Solo si respondes correctamente al siguiente acertijo

te daré permiso para darte la vuelta y entrar".

"¿Estás preparada?".

Sí. Estoy preparada.

"Imagina que tienes en tus manos

una llave".

"La llave del país del ámbar".

"Esa llave da acceso a dos personas".

"Has de elegir a la persona

que te llevarías contigo".

"¿Has entendido?".

Sí. Prosigue.

"Frente a ti hay tres personas".

"Una de ellas es una mujer

que ha sido capaz

de dar la vida por ti".

"La siguiente persona

es tu mejor amigo".

"Aquel con el que siempre has podido contar".

"Aquel que ha estado a tu lado

en todo momento".

¿Y la tercera persona?

"La tercera persona

es el amor de tu vida".

"Ahí va la pregunta para la que me has de dar

la respuesta correcta".

"¿A cuál de los tres elegirías

para que fuera contigo

al país del ámbar?".

Creo que tengo la respuesta.

"¿Y es?".

Le daría la llave a mi mejor amigo.

Le pediría que se llevara a la mujer que me salvó la vida.

Y me quedaría con el amor de mi vida.

Porque da igual el mundo en el que habite mientras estemos juntos.

"Muy bien".

"Has acertado el acertijo".

"Tu respuesta era

la respuesta correcta".

Muy bien, señorita.

Ha conseguido resolver el enigma del país del ámbar.

Gracias, Tirso.

Aunque creo que he tardado demasiado en encontrar la respuesta.

No. Ha sido usted muy lista.

¿Sabe qué es lo mejor? ¿El qué?

Que a partir de ahora

Vd. sola podrá encontrar la puerta al país del ámbar

y adentrarse cuando quiera a ese mundo mágico

lleno de criaturas fantásticas y maravillosas.

Soy afortunada pues.

Es verdad.

A mucha gente le gustaría viajar a lugares tan increíbles

y no puede.

Es curioso

lo mucho que necesitamos a veces

viajar a mundos imaginarios

para despegarnos de la cruda realidad.

¿Está triste, señorita?

No.

Estoy contenta.

Muy contenta de tenerte a mi lado.

¿Pero cómo puede ser?

Una necrópolis romana justo debajo de nuestro edificio.

-Quién lo iba a decir. -Desde luego.

-Por cierto, ¿qué es una "neprópolis"?

-Necrópolis, Servando.

Necrópolis. Es un cementerio.

-¡Uh! Lagarto.

Lagarto. ¿Y si el arqueólogo ese se equivoca?

-Es una eminencia

en lo suyo. Deja de decir tonterías.

-Por muy eminencia que sea esas piedras son muy viejas.

Y eso puede ser un cementerio, una tienda de túnicas

o el ayuntamiento. Vaya a saber.

-Es un cementerio, Servando.

Además importante. Porque están enterrados

hombres pudientes, los antiguos habitantes de Hispania.

-¿Y cómo está tan seguro

con un vistacillo tonto? -¿Vistacillo tonto?

Pero si ha estado un rato haciendo pruebas exhaustivas.

Si don Praxímedes dice que hay un cementerio romano,

es que hay un cementerio romano.

-Mucha fe tiene usted en ese hombre de nombre "raruno".

-Pues eso no es lo peor. -¿Es que hay peor que vivir

sobre un puñado de muertos?

-Al parecer a los hombres pudientes les enterraban con sus pertenencias

para que se las llevaran a la otra vida.

Herramientas, armas, monedas para pagar a Caronte.

Pues ahora viene lo más sorprendente.

-¿El qué?

-Según el arqueólogo

alguien ha robado parte de las monedas.

Las tumbas han sido expoliadas.

-¿Ladrones?

¿En este edificio?

Eso ha tenido que ser de anochecida. -O de noche cerrada.

Alguien de fuera seguro.

-Yo habiéndome tenido que ir al altillo a dormir

por la usurpación de mi vivienda no soy

responsable del hurto.

No puedo estar arriba y aquí vigilando al mismo tiempo.

-En eso lleva razón. -Agradezco que lo entienda,

don Ramón. -Esta misma noche te bajas con macuto

y te pones a dormir en la puerta.

-¿Cómo? -A estas alturas

los ladronzuelos sabrán su valor y seguro que vienen

a por más. -Yo no puedo dormir entre muertos.

¿Y si se despierta su fantasma? -Déjate de zarandajas.

¿Quieres que nos roben hasta las lápidas de las tumbas?

Tú eres el portero y tu labor es vigilar.

Con Dios. -Con Dios.

A ver cómo se las apaña usted

para pasar la noche rodeado de muertos sin cargarse de miedo.

-Pues muy fácil.

Yo vigilo de día y tú vigilas de noche.

Mira, ya lo he resuelto.

-¿Cómo?

-Comiendo.

Don Ramón, que le he visto llegar y me he tomado la libertad

de prepararle un cafelito bien cargado.

-Justo a lo que venía. Gracias, Víctor.

-¿Qué?

¿Mucho lío con las obras?

-Pues resulta que han encontrado una necrópolis romana

en la antigua portería. -¿No me diga?

-Y encima resulta que de noche han entrado a robar las reliquias

y se han llevado monedas antiguas de gran valor.

-Desde luego, los pillastres ya no respetan ni la historia.

-Se les ha acabado el oro.

Porque pienso poner a Servando vigilando.

-Poner a Servando

a vigilar algo de valor es como poner al lobo a cuidar de las ovejas.

-Te juro que como le vea metiendo las manos en las ruinas,

no seré con él

tan benévolo como suelo ser. -A ver si es verdad.

-Señores.

-Felipe.

-Un mal día.

-¿Tanto se me nota?

-Por la cara que trae usted no se diría que vaya camino de la verbena.

-Ni voy ni vengo.

Esta mañana ha sido la audiencia en el tribunal eclesiástico.

-¿Y cómo ha ido?

Fernando, ¿sube a casa?

He ido a la farmacia a recoger unos medicamentos

para los ojos de Tirso. Para cuando le quitemos

la venda.

Según los plazos que marcó el doctor será esta noche.

Espero que esa criatura no haya perdido definitivamente la vista.

Doña Cayetana,

gracias por todo lo que hace por ese niño.

No debe ser fácil después de todo lo que pasó

con su hija. Carlota.

Puede decir su nombre.

Fueron los días más terribles de mi vida.

Pero ahora solo me queda recordarla y hablar de ella.

Y me place hacerlo.

Tiene una fortaleza envidiable.

Otra mujer no lo habría superado.

Ya verá como a Tirso no le pasa lo mismo que a Carlota.

Va a superarlo y Teresa va a estar a su lado.

De eso quería hablarle.

Quiero hacerle una propuesta a Teresa.

Pero debería tener su aprobación.

¿Mi aprobación?

He asistido a muchos juicios.

Y ninguno me había provocado tanta tristeza.

-Sería usted de piedra

si no le afectara. -No le deseo a nadie pasar

por lo que he pasado hoy.

Ver tu matrimonio puesto en entredicho.

Tantos años de amor,

de convivencia, de toda una vida juntos.

-No puedo siquiera

imaginarlo.

-Suerte que me negué a un abogado. De lo contrario,

el juicio hubiera sido

mucho más largo con un abogado. -¿No tenía usted abogado?

-Nones. -¿Y entonces?

-Entonces decidí contar la verdad.

-La verdad.

-Sí.

Que fui el responsable del hundimiento de mi matrimonio.

Que no me porté bien con mi esposa.

Que fui un mal marido.

Infiel, despreocupado e injusto.

Que la desprecié cometiendo adulterio en infinidad de ocasiones.

Y sentencié diciendo

que sería mejor darle la libertad a mi esposa.

Ella se lo merece.

-Pero, don Felipe,

¿no dijo usted absolutamente nada en su defensa?

-No.

-Felipe, tenía usted argumentos

en contra de Celia que hubieran atenuado su culpa.

-¿Y de qué serviría?

Yo no respeté el sacramento del matrimonio como debería.

Ya que no pude hacerla feliz,

mejor dejarla libertad para que encuentre la felicidad.

-Entonces el tribunal ya ha dictado sentencia.

-Así es.

El tribunal ha dictaminado la nulidad matrimonial.

-Bueno, es lo que querías.

-Ya no hay ningún vínculo que me una a Felipe,

salvo Tano.

Soy una mujer soltera,

libre y con media vida por delante.

-Con toda la vida por delante.

Eres joven, lista, guapa y bondadosa.

-Y con el corazón lleno de tristeza.

-Bueno,

y es normal que la sientas.

Celia, acabas de pasar por un mal trago.

Ver tu vida expuesta ante un tribunal no es plato de buen gusto.

-No es solo por eso.

-¿Por qué entonces?

-¿Sabes que Felipe

no ha peleado?

Ni siquiera se ha defendido.

-¿Y eso?

-Yo esperaba alguna estratagema

para dilatar el proceso.

No sé, que mintiera o que hiciera algo

para evitar el desenlace de la nulidad.

Pero en lugar de eso decidió rendirse.

Dijo que la culpa había sido solo suya y que había sido

un mal esposo.

-Y a ti eso te enfada.

-No. Se lo agradezco, claro.

Hubiera sido mucho peor habernos visto peleando

delante de extraños. -Pero...

-Pero verle en el estrado abatido,

roto de dolor,

tan tan sincero,

tan honesto...

Me recordó al hombre del que me enamoré perdidamente.

Al hombre con el que yo me casé.

-Ya, Celia, pero es que ninguno de los dos

sois aquellos jóvenes enamorados.

La vida os ha pasado por encima.

-Hemos cometido tantos errores...

Y al final hemos fracasado.

-No. -Los dos.

-No, Celia. No es un fracaso.

-Yo no he sabido ser la esposa que él esperaba.

Y él no ha sabido darme la felicidad.

¿Cómo llamas a eso?

-Pues... Pues, Celia, intentarlo. Luchar.

Tratar de hacer que funcione. A veces se consigue y a veces no.

-Supongo que tienes razón.

-Pues claro que la tengo.

Y además todavía guardas muy bonitos recuerdos

de tu matrimonio con Felipe.

Y eso, querida, no te lo va a quitar nadie.

Todo esto es para bien, ¿verdad, Trini?

-Te lo aseguro.

Ahora empiezas una nueva etapa en tu vida.

Y algún día, cuando seas muy feliz, verás que has hecho bien.

Teresa, es la hora.

Hemos de quitarle la venda a Tirso

y ver si las gotas del médico han surtido efecto.

Seguro que sí. Vamos. Aguarda, Teresa.

¿Estás preparada para lo peor?

Podría no ver nada y quedarse así para siempre.

Si eso ocurre, seguiré luchando por él.

Los cuidados del colegio son maravillosos,

pero necesitará algo más.

¿Qué quieres decir?

Lo he pensado y a lo mejor es bueno que venga a vivir con nosotros.

Durante un tiempo.

Podríamos darle los cuidados que necesita.

¿Lo dices de verdad?

Lo he hablado con doña Cayetana y no ha puesto impedimento.

Dice que su casa es la nuestra

y que le gustaría volver a ver un niño por aquí.

Es tan buena...

Y tú el mejor.

Sé que lo haces

por Tirso, pero también por mí.

Eres el hombre más bueno de este mundo.

Fernando, ese niño de ahí dentro...

Sí.

Me ha hecho poner los pies en el suelo.

Parece fantasioso. Lo es.

Y sin embargo,

me ha hecho aterrizar en la realidad.

No sabes lo que me alegra oírte decir eso.

A partir de ahora voy a pensar en el futuro.

Es la hora de quitarle la venda a Tirso.

Fabiana.

Fabiana, ¿usted cree que la señora Leonor podría estar...?

-Eso ni lo mientes, niña.

Dios no lo quiera.

-Encontraron sus cosas en la tierra de Córdoba.

Y a mí eso no se me va de la cabeza.

-Pues que se te vaya. Que para eso

vamos a rezar en la vigilia que ha organizado la sastra.

-¿Vigilia?

¿Doña Susana ha organizado una vigilia?

-Pues sí. Y nadie del servicio debería faltar.

Hemos de estar todos allí para que doña Leonor aparezca.

¿Os ha quedado claro?

-La duda ofende, Fabiana.

Pues claro que iré.

Y rezaré hasta quedarme sin saliva ni habla.

-No sé si podré. Tengo obligaciones que he de cumplir. Lo siento.

-Pues haz un poder porque así sea.

Que hay que guardar un respeto,

que así nos lo han pedido.

-¿Y a ti qué mosca te ha picado?

¿Por qué la has hablado así?

-¿Así cómo?

-Como si tuvieras un palo en el gaznate.

Aquí todo el mundo

le tenemos cariño a la señora Leonor

y andamos todos preocupados.

-No he querido ser tan seco.

-Para chasco que a ti te pasa algo.

Elvira.

Es normal que en todas las parejas haya discusiones. No te lo tomes

tan a la tremenda. -Ni hemos discutido ni somos pareja.

Al menos no una convencional.

-Anda, ¿y eso por qué?

-Porque ella es rica y yo del servicio.

-Ella te quiere.

Y tú a ella.

Y en esto del amor pues es lo único que importa.

-Estás muy confundida. El amor es lo único que no importa.

A veces pienso que no tenemos futuro.

-Si conocieras a doña Leonor, no hablarías así.

Ella se enamoró del Pablo, que era pobre y mozo.

Y le dio igual que le dio lo mismo. Lo mismito que vosotros.

-Lo mismo no.

Doña Rosina nada tiene que ver con don Arturo.

¿Sabes lo que haría si supiera

de mi relación con su hija?

-Pues bien bien no le iba a sentar.

-Habría de irme de aquí.

-¿De Acacias?

-De ella. Separarnos para siempre.

-¿No pensarás en marcharte del barrio?

Piénsatelo bien. Le romperías el corazón a esa muchacha.

-Pero al final me olvidaría.

Y a la larga le haría un bien.

-¿Qué estás tramando, Simón?

¿Estás preparado?

Estoy que me tiemblan hasta las canillas.

¿Qué pasará cuando me quiten la venda?

¿Volveré a ver las luces

o lo veré todo negro tizón como antes?

Antes queremos decirte algo.

Suéltalo antes de que me dé algo de los nervios.

¿Por qué no se lo dices tú, Fernando?

Ya que ha sido idea tuya.

-En realidad es una propuesta.

Hemos estado hablando de ti.

-¿De mí? ¿He hecho algo malo?

-Todo lo contrario. Eres un niño muy bueno.

Listo y cariñoso.

Estamos muy a gusto contigo.

-Y yo con ustedes.

-¿Qué te parecería

que nos encargáramos de tu educación, que cuidáramos de ti,

que vivieras aquí con nosotros?

-¿Vivir aquí en esta casa?

Así es. Así podríamos

cuidarte y atenderte como debe ser.

¿Están de chanza? Me pirraría todo.

¿Eso es un sí? Es un sí

muy largo, señorita Teresa.

Pero quíteme la venda ya.

Me muero de ganas por ver esta casa

tan lujosa que va a ser ahora mi casa.

Sería tan injusto vivir en un sitio tan fetén

y no poder verlo...

Vamos allá.

¿Ha decidido cuándo devolverá

las monedas y las vasijas que afanó de las tumbas?

-La respuesta es sencilla.

Nunca.

-¿Pero no se da cuenta

que no puede quedárselas?

Déselas a don Ramón. -¿No conoces

la ley del mar? El que encuentra un tesoro, se lo queda.

-Pues la portería podrá tener muchas humedades, pero no es un mar.

-Como si lo fuera. Se rige por la misma ley.

-Que no me intente dar gato por liebre.

Y usted no encontró esas tumbas.

-Pero las monedas sí y punto redondo.

-Perdone que le diga,

pero le aconsejo que esté usted muy pendiente de su madre.

-A ver.

Es cierto que Consuelo

no se va a dejar cuidar así como así, pero no queda más remedio.

-¿Qué dices, Trini?

¿Cómo que no queda más remedio?

¿De qué hablas?

-A ver, Celia,

lo único que te podemos decir

es que deberías hablar seriamente con tu madre de su salud.

Y mejor antes que después.

"Una fecha tan dura como es el aniversario de la muerte de madre"

no debería haberla pasado solo.

No tiene importancia.

Ya fuimos juntos a la iglesia,

como era nuestra obligación.

Nuestras oraciones no son suficientes para apagar el dolor.

No trate de negarlo.

Por mucho que intente mostrarse frío como el hielo,

sé que está sufriendo tanto o incluso más que yo.

Pero nos tenemos el uno al otro.

Por favor, padre, no me rehúya.

Apoyémonos y compartamos juntos este dolor.

"Sepa que"

mi torturada mente volvió a mostrarme a Mauro ante mí.

Quizás fuera un sueño que confundí

con una alucinación.

De lo que estoy segura es de que estaba hundida

y no me veía capaz de levantarme y salir adelante.

Como ve, se equivocaba.

Así es. Ahora todo ha cambiado. No es que haya olvidado

a Mauro, que eso no sucederá jamás,

pero he encontrado un motivo para seguir luchando.

Se referirá al niño que vive con ustedes.

-Le tengo cosas preparadas para esta noche.

-Una botella de Cazalla. -No, hombre, no. Mucho mejor.

Unas hierbas aromáticas.

Laurel, hinojo y eneldo.

-Ni que fuera a hacer un cocido. -No, hombre.

Es que todo el mundo lo guarda en sus casas

para ahuyentar malos espíritus. -Que tampoco

pueden hablar a la ligera.

Que todavía no sabemos si los espíritus son mala gente.

-Pues malos o buenos, lo seguro es que están enfadados, Servando.

¿O le van a agradecer que les robara?

-"Arrojo, señora".

Mire usted.

Mire cuántas vecinas han venido.

En verdad Leonor es bien querida.

-¿No sería mejor que te quedaras en casa?

-No, querido. No permitiré que mis vecinas pasen la noche rezando

mientras yo estoy

en casa descansando.

Doña Rosina, he bajado a mostrar mis respetos.

No me quedo en la vigilia, pero me uno en sus oraciones.

Seguro que tanto amor llega hasta Leonor y nos la trae.

Agradecida, querida. Dios quiera que Vd. lleve razón.

Dudo que me lleguen las fuerzas para terminar toda la noche.

Ánimo esta noche, Rosina. -"Esta noche salgo de viaje".

A la sierra de Córdoba. Y no intentes disuadirme.

-Ya comprobé que nada va a hacerte cambiar de opinión.

Ni la certeza de que adentrarte en esa sierra es un suicidio.

-No temo a la muerte. -Me alegro de que así sea.

Es lo más probable que encuentres en tu aventura.

Vas a ser presa fácil de los bandoleros, Pablo.

-Te aseguro que venderé cara mi vida.

Reconozco que en tu lugar haría exactamente lo mismo.

-¿Entonces no vas a tratar de detenerme?

-Todo lo contrario.

Voy a acompañarte. "Tenías razón"

en cada una de tus palabras.

La pena nos hace egoístas.

Por culpa de ella

no reparamos en el daño que podemos hacer a la gente que nos rodea.

Me salvaste una vez más.

Poco importa que haya conseguido que vuelvas a sonreír.

Lo único importante es que vuelvas a tener ganas de vivir.

Y así es.

¿Sabes qué?

Aunque es mucho lo que hemos pasado, creo que el futuro

aún nos deparará muchas alegrías

y sorpresas.

"Déjeme decirle"

que aunque no sé cómo era antes de su enfermedad...

Si hace caso a las habladurías, casi un monstruo.

Lo dudo.

Como le iba diciendo,

no sé cómo era, pero sí sé cómo es. Una persona maravillosa

y llena de generosidad.

La mejor amiga

que Teresa podía soñar.

Se lo agradezco, don Fernando.

Teresa es más que una amiga para mí.

Es prácticamente mi familia.

A más ver. A más ver.

"Últimamente no hemos tenido ni un minuto a solas".

Y yo necesito casi tanto como el aire

poder abrazarte y tocarte.

¿Qué es esto?

¿Así respondes a mis requerimientos?

¿Acaso tus brazos

ya no tienen vida?

¿Me estás rechazando, Simón? -"Te pasa algo".

Y sé que no es solo cansancio.

Mírate en el espejo.

Tienes ojeras,

estás pálida.

-Nada que no arreglen

unos buenos aceites.

-Madre, no estoy bromeando.

Todos en Acacias se dan cuenta de que algo te pasa.

Quizá debería llamar a un médico.

-No. Celia, no lo llames. Te lo ordeno.

-Creo que esta es la primera vez

que me impones tu voluntad sin razonar.

¿Ves como te pasa algo?

¿Me lo vas a contar de una santa vez

o pretendes seguir escondiéndomelo como a una niña?

"¿Qué miras?" -"Nada".

Pensaba en lo mucho que me gusta verte sonreír.

Has traído de nuevo la sonrisa a mi rostro

con Tirso.

La dicha es compartida.

Creo que los tres llegaremos a ser una familia muy feliz.

"Yo también creí tener la familia perfecta".

Y la perdí con todo el dolor de mi ser.

El mismo dolor que le aguarda a Teresa.

Así nos encargaremos de que sea.

El camino que le espera a Teresa es similar al camino

de Cristo al calvario.

Con cada una de sus tres caídas.

Teresa va a sentir el dolor que sintió Cristo

al ser sus manos atravesadas por los clavos.

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Acacias 38 - Capítulo 474

14 mar 2017

Fernando y Cayetana cuentan a Teresa la enfermedad que le diagnosticó el médico a Tirso. El médico atiende al pequeño y para evadirse, Teresa y Tirso imaginan una historia del país del Ámbar. Fernando propone a Teresa que Tirso viva con ellos y la profesora se muestra encantada. Consuelo promete a Felipe contarle a Celia su enfermedad cuando el Tribunal Eclesiástico resuelva el caso. Un arqueólogo llega para investigar las ruinas halladas en Acacias y Ramón ordena a Servando vigilar el yacimiento día y noche.

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  1. Ester

    Estoy segura que lo del incendió fuer una orden de Cayetana ejecutada por Ursula jajjajajjajajajaj pero jamás nadie lo sabrá !!!!!!!

    17 mar 2017
  2. Saro

    "Y yo no sé qué hubiera hecho sin ti, siempre"...¡esa mirada!

    16 mar 2017
  3. Maribel

    A mi me gusta mucho Simón y Elvira, es una pareja que se merecen tener el amor que se profesan, ella por el padre que tiene y él por estar toda la vida sólo y luego encontrar a esa arpía de madre. Me encanta su historia. Bueno la novela en sí me gusta, por eso no entiendo a la gente que habla mal, Que si es aburrida, que si ya está bien de Cayetana, así que perdonarme pero es muy facil: No la veáis más y a los que nos gusta dejarnos en paz. "POBRES GUIONISTAS"

    16 mar 2017
  4. Amador Merced Rivera

    Mi gente esto esta ya en la recta final ya la audiencia bajo y para salvar que por lo menos la repitan en un futuro veran el decenlace muy pronto y me alegro porque se logro captar la atencion del publico internacional.Ya para futuras series nos tienen de clientes,venga la otra serie y que sea de epoca para aprovechar vestuario y utileria saludos

    16 mar 2017
  5. blue

    esta novela ya esta siendo demasiado lenta y pesada como siga asi perdera audiencia, la Cayetana deberia ya de empezar a pagar su maldad, Mauro deberia de aparecer, incorporar personajes nuevos, dejarse de relleno sobre todo con el Servando, no tiene ninguna gracia y es un plomo, vere un par de capitulos mas y si no cambia dejare de verla, en you tube hay mejores series y novelas ya terminadas

    15 mar 2017
  6. Mabi

    Espero como Saro, que nuestros comentarios sean leídos y transmitidos a quien corresponda, si bien debemos ser como una carta echada al buzón, somos muchos los que no manejamos otro tipo redes sociales y estaría bueno que recibiéramos algún comentario por parte de ustedes...para sentirnos un granito más de Acacias 38!!!! Reitero mis mayores deseos para que la novela siga su curso, a pesar de las dificultades. Cariños y besos a todos y cada uno !!!!

    15 mar 2017
  7. Amaia

    Para mi los últimos capítulos están siendo un poco aburridos...Sobre todo el de ayer...Habia mucho relleno . Espero que enseguida se pase a la accion y haya algún tipo de novedad.

    15 mar 2017
  8. Saro

    ¡¡¡No pueden ser más geniales, más increíbles, más amorosos, más guapos!!! ... y éso que ella se ha quedado sin fuerzas porque él se las ha quitado ... ¿se puede estar más enamorado que Liberto?

    15 mar 2017
  9. De guinda

    Con malos y buenos como la vida misma es una serie muy entretenida. Y un gran apoyo a todo el equipo.

    15 mar 2017
  10. Entretenido

    ¡¡¡ Me encanta ACACIAS 38 !!! Espero que dure muchísimo tiempo, me resulta muy entretenida y con un plantel de actores buenísimos.

    15 mar 2017