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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 473 - ver ahora
Transcripción completa

¿Qué ha sido eso?

Detente.

No. ¡Déjame! ¿Quién eres tú para decidir si me muero o vivo?

Teresa, mírame. ¡Mírame a los ojos! ¡Soy tu amiga!

No, no, no, no, no. No puede ser. ¡No puede ser!

No puede ser. ¡No, mi Leonor no! -Ya, Pablo, ya, contente. Pablo.

-¡Mi Leonor no, por favor!

¡No puede estar muerta, por favor!

-"Es morboso y hasta pagano"

tu interés por los detalles del fallecimiento de tu madre.

Cuénteme cómo ocurrió.

Sé que le molesta mi insistencia, pero hay algo que no me encaja.

Ese recorte que guardas con casi fervor litúrgico cuenta lo que pasó.

"Elena Pérez Casas"

ha desaparecido. ¿Sabe qué?

No me hago a la idea de que jamás la veré.

Recuérdele.

¿Sabe qué hago cuando lo de Mauro me oprime?

Pienso en momentos agradables con él. "Mi madre tuvo fortuna".

Eusebio, el hombre del retrato,

entró a robar y ella le sorprendió.

¿Y el coronel

cuándo volvió para sorprenderle? Cuando el ladrón se fugaba.

Al parecer también agredió a mi padre.

Que alegó legítima defensa.

-"He recapacitado".

Quizá podríamos conocernos mejor. Y luego ya veremos.

-Gracias, madre.

-¡Se equivocan!

Leonor no está muerta. Y, Víctor, no voy a resignarme.

Sé que Leonor no ha podido terminar así. Si no, yo también me moriría.

¿Cuántas veces pondrás a mi hija en el compromiso de decirte

que no hay nada más entre vosotros?

Felipe, eres... -Madre.

-Doña Consuelo. -No me toques.

¡No me toques! -"Quisiera cenar contigo"

y tener una noche solos.

Otro día. Hoy no tengo apetito.

Y quiero que os hagáis compañía.

¿Quiere cenar conmigo? Nada me agradaría más.

Ha sido un acierto por su parte la elección del restaurante.

Cada plato es más exquisito que el anterior.

Gracias. Es un gourmet.

Un día, cuando Teresa esté recuperada...

Perdón. No he querido nombrarla.

Pretendía mantener una charla banal.

No tiene por qué disculparse.

¿Acaso cree que se me va de la cabeza?

Lo sé. Lo he notado.

Si lo prefiere, llamo a Edita y daos por terminada la cena.

No es desdoro para ninguno.

De hecho, hemos aceptado la cena para complacer a Teresa.

Por un momento pensé que se encontraba distendida y divertida.

Sí. Así es.

No tengo por qué negar que su compañía me es grata.

También yo me deleito.

¿A quién quiero engañar?

Fernando, si necesita hablar, puede hacerlo con total libertad.

Le escucho.

Pocas veces habrá cenado usted

en la intimidad con un recién casado.

Con otra.

Se lo dije ayer, Fernando. Ejercite la paciencia. La necesitará.

Y lo más fácil es caer en la culpa y autocompasión.

Resista usted.

No dude de sí mismo.

Su comportamiento durante y tras el enlace ha sido ejemplar.

Tiene que estar orgulloso. Gracias.

¿Puedo serle sincera?

Faltaría más.

La comida de ese restaurante tan afamado

es una auténtica basura.

No me atrevía a decirlo.

Vivimos en una ciudad de snobs. Bueno, como todas.

¿Más vino? Sí.

(Risas)

Fernando, ¿eres tú?

¿Fernando?

¿Quién anda ahí?

Yo siempre voy a estar junto a ti.

¡Chist!

Quédate.

No puedo.

Debo marchar.

Muchas gracias, doctor, por haber acudido tan pronto.

Bueno, parece que tu madre se ha restablecido.

-Gracias a Dios todo se ha quedado en un susto.

Te agradezco

que te quedases a auxiliarme. -Es lo mínimo.

-Tengo que sentarme un momento para recuperar el aliento.

-Se te ve muy cansada.

No te molesto más.

Que tu madre haga las pruebas que el médico ha recomendado.

O mejor aún,

id a un especialista de tu confianza. -Me extraña que te tomes

interés por mi madre. -¿Tan pobre opinión tienes de mí?

-No. Pero le das más importancia al asunto

de lo que le ha dado el doctor

que la ha reconocido. -Un desmayo así no es normal.

Tu madre ya tiene una edad.

Y tienes que cuidar de ella.

-Te agradezco el interés.

Francamente, pensaba que detestabas a mi madre.

-No puedo tener nada malo contar ella.

Es la madre de la mujer a quien he querido toda mi vida.

-Muy amable por tu parte.

Aunque no me negarás que habéis tenido más que pequeños roces.

-Ella nunca ha sido

muy amable conmigo. No coincidimos en gustos

ni en opiniones. -Se puede decir

que sois tan opuestos

como la noche y el día. -No quita para que me preocupe.

Sé lo mucho que te dolería que ella estuviera enferma.

Y no quiero verte sufrir por nada.

Cuenta conmigo para acompañaros a cuantos médicos sea.

-No dudes que lo haré si es necesario.

Felipe.

Te lo agradezco.

De corazón.

(Risas)

¿Dónde está? ¿Le habéis visto?

¿Qué te ocurre?

¿Ha pasado por aquí? ¿A quién te refieres?

Mauro estaba en mi cuarto. Le vi perfectamente.

Teresa. ¡Mauro!

Teresa. Mauro, ¿dónde estás?

Siéntate.

Os juro que le he visto.

Estaba parado frente a mí. Casi pude tocarle.

Sosiégate.

Estás muy confusa.

No, no es así. Mauro ha entrado en mi cuarto.

Incluso me ha hablado. Sin duda, se trata

de un sueño. Tan intenso que te ha parecido real.

No fue un sueño ni una alucinación. Era real.

Tan real como vosotros mismos. Teresa, tienes que saber que eso

es imposible. Os digo que era real.

Aún no he perdido el oremus.

Era Mauro. Estaba vivo.

Comprobaré que todas las puertas estén cerradas.

A lo mejor ha entrado la criada y la has confundido con él.

Hazlo. Sé bien lo que he visto.

Teresa, sé que estás pasando por un momento muy doloroso.

Debes ser fuerte. El deseo de verle hace que tu mente te traicione.

Era tan real...

Casi podía tocarle.

¡Chist!

No puedes dejar que los recuerdos te turben así.

Corres el riesgo de enfermar.

Todas las puertas están cerradas a cal y canto.

Nadie pudo entrar ni salir.

Teresa.

Teresa.

Mauro San Emeterio está muerto.

Es imposible que lo hayas visto esta noche.

Tenéis razón.

Es menester que lo acepte si no quiero perder el juicio.

Si no es que lo he perdido ya.

Por mí puedes seguir enfurruñado toda la cena. Mucho mejor.

Más salmonetes para mí.

Venga, Ramón, por favor.

Déjate de pamplinas y cena. -Se me ha quietado el apetito.

-Es que luego nos despertarás. -Os tendréis que aguantar.

Si no se respeta la cena en familia,

no se respeta nada. -A ver, Ramón.

María Luisa debe quedarse en La Deliciosa.

-Es que no es su obligación.

-Claro.

¿Qué le vamos a hacer? Víctor tuvo que correr detrás de Pablo.

-Sí. Ya sé que fue tras él. Yo mismo

se lo pedí. Pero María Luisa no se tiene que encargar del local.

En La Deliciosa hay muchachas que pueden hacerlo.

-No seas cabezota. Le das más vueltas a todo que un pollo en una noria.

-Eso. Tú llámame burro. Aquí no me respeta nadie.

-No digas enormidades. Si te tratamos como un pachá.

Me sorprende que te moleste que la niña ayude a un muchacho.

-Si no me molesta.

Estoy harto de que la familia se vea empañada por problemas de los demás.

-Mi amor,

si nos ocupamos de los problemas de los demás,

es porque nosotros no tenemos ninguno.

¿Acaso no somos los más afortunados de Acacias 38?

-Por lo menos somos los menos desgraciados.

Reconozco que no nos va mal. -Pues sí.

Me dan ganas de ponerme a bailar.

(ENCIENDE EL TOCADISCOS)

Nos falta boca para agradecer a Dios.

Ven aquí. -¿Qué haces, mujer?

¿Vas a perder la poca sesera que te queda?

-¿No me das el capricho de arrimarme

a mi marido? -No te puedo negar nada.

-Eres lo más bonito de la casa.

¿Tenemos razones o no

para estar contentos?

Vaya.

Por fin.

(TRINI APAGA LA MÚSICA)

-Qué cara más seria traes, niña. ¿No habrá ocurrido

alguna desgracia? -No.

Pero porque Víctor no se ha separado de Pablo ni un instante.

-Pobre muchacho.

¿Y dónde está Pablo ahora?

-Le ha dejado en su casa a cargo de Liberto.

Le han dado un preparado para calmarle los nervios.

-Supongo que Rosina no se encontrará mejor.

-Víctor ni siquiera la vio.

Estaba en su cuarto.

-Esa familia va a terminar muy mal.

-Menuda racha la de Pablo.

¿Quién diría que su paso de mozo a señor le iba a traer desdicha?

-Cómo le ha cambiado la vida al pobre chico.

-Se me ha quitado hasta apetito.

Destrozada que estaba mi señora.

Pobre doña Rosina.

-Para chasco no iba a estar mal.

-Todos los yerbajos de la botica le dimos.

-Se me abren las entrañas cuando pienso

en cómo lloraba.

-Os he preparado una tila cargadita. Que vosotros habéis pasado

lo vuestro. -Dame a mí una.

También estoy descompuesto.

-Servando, usted lo gratis...

Se apunta hasta a la cola de un sacamuelas.

-No me hago a la idea

de que doña Leonor no vaya a volver. -No seas ceniza.

Lo mismo se le han perdido los bártulos

y espera a que vayan a buscarla.

-Eso es verdad. No es seguro que haya pasado

alguna desgracia. -Veo todo del color de las hormigas.

-Ya está bien de lamentaciones. Que hemos venido aquí

para airearnos un poco de los pesares de casa

de doña Rosina. Ya está bien de lamentos. Esto... Eh...

¿Ha dicho algo tu marido

de lo del foso del ascensor?

-Sí. Pero no sé a qué vienen esos señores

que estudian las piedras. -Pues natural.

Será anterior a los tiempos del reinado de Carolo.

-Hasta dicen que puede ser de cuando los romanos.

-O de cuando no se habían inventado los vestidos y todos iban en cueros.

¿Os imagináis que andáramos así? -Anda, Martín.

No seas gorrino.

-Quita, quita.

Que me imagino al Servando y me entran los siete males.

(TODAS RÍEN)

-De verdad, eh. Yo aquí riéndome

como una cría cuando doña Leonor ha podido entregar

la pelleja. De verdad...

Ni un poquito de conciencia tengo. -Tampoco pasa nada

porque te rías un poco.

Si porque llores no traerás a doña Leonor de vuelta, hija.

-Anda, tómate esta tila. Te va a sentar de perlas.

Que le he puesto el doble de anís que de agua.

-Martín,

¿imaginas que lo que hay en la portería es algo de mucho valor?

-Solo hay pedruscos de la época de Matusalén.

-Pero qué atrevida es la ignorancia.

¿No sabes que a los antiguos les gustaban mucho las cosas de oro?

¿Pero por qué crees que los que han hecho la obra

lo han cerrado todo?

-¿Para que nadie se caiga?

-No. Para que no podamos ver lo que hay dentro

y que no podamos meter la mano.

-Sus razones tendrán. -Las tienen.

Hacerse ricos a nuestra costa. Pero de eso nada.

Vamos a ir ahí a ver lo que hay. Que lo mismo nos podemos encontrar

el oro de Pizarro

o cualquier tesoro de las Indias. -¿No será mejor

que dejemos todo como está? Barrunto que me meterá en un lío.

-Pamplinas.

Tú a mí hazme caso.

Que de esta salimos con los bolsillos llenos de oro.

No me parece apropiado

el vestido que llevas puesto. No sé qué tiene de malo.

Es el aniversario de la muerte de tu madre.

Razón más que suficiente para vestir

con riguroso luto.

La misa por su alma

será esta tarde.

Me cambiaré de ropa, pierda usted cuidado.

El aniversario es todo el día de hoy.

Debemos expresar

nuestro reconocimiento hacia ella por la mañana o por la tarde.

Estemos en casa o fuera de ella.

No hay un día en que no lamente la pérdida de mi madre.

Especialmente hoy.

Eso no lo dudo.

¿Y por qué me pide que muestre mi dolor

de una forma tan superflua? Elvira,

considero que no está de más que se note el respeto que sientes.

El luto no es solo para los que te vean,

también es para mí

y para ti misma. No comparto su opinión.

¡No te lo pido!

Solo que te vistas como corresponde

al día de hoy.

Me cambiaré de ropa en cuanto termine

de desayunar.

Estoy a la espera de que Simón aparezca.

Gayarre no podrá atenderte hoy.

¿Le ocurre algo?

No que yo sepa.

Ha salido a buscar un bogavante

para la cena, como le indiqué.

No entiendo qué sentido tiene entretener al servicio

por un capricho suyo.

Te aseguro que no se trata de ningún antojo.

Entonces explíqueme.

No tengo por qué explicare cómo organizo esta casa ni a su servicio.

Punto redondo, Elvira.

Como usted diga.

Puedes avisar a la criada para que nos sirva el desayuno.

¿Has pasado la noche en vela?

Apenas he dormido unos minutos.

Te estaba buscando por toda la casa.

No pensaba que estuvieras en la cocina.

Buscaba estar sola.

No es mi intención molestarte,

pero creo que es mejor que estés en compañía de alguien.

No te apures.

Aunque la visión de Mauro me afectó mucho,

me encuentro bastante mejor.

Me cuesta creerte.

Aún sigues pálida. Tu rostro no ha recuperado

su color.

Entiende que la impresión fue fuerte.

Era como si de verdad estuviera frente a mí.

Es menester que levantes cabeza

y te repongas.

Créeme que estoy poniendo toda mi voluntad.

Aunque no lo consiga. No me cabe duda.

Pero lo que viste ayer fue una alucinación,

una quimera fruto de tu cansancio y empeño en negar que Mauro

está muerto.

Y así lo intento, pero lo que dicta la razón choca con lo que siento.

Pasa página.

Ver las cosas buenas que tienes y volcarte en ello.

Fernando, no me veo capaz de retomar las riendas de mi vida.

Haz un poder, Teresa.

Vuelve a tus labores.

Vuelve a ocuparte de Tirso.

He mandado llamarle para que venga a la casa.

Te vendrá bien su compañía.

No, Fernando.

No puedo estar con él. Dale una oportunidad.

Verás como su alegría es un bálsamo para tu ánimo.

Tal vez tengas razón y me venga bien pasar un rato con él.

¿Pero y el niño?

No quiero contagiarle

mi tristeza.

Puede que no seas la persona más alegre del mundo ahora,

pero sí una excelente profesora.

Eso no es razón suficiente para que él pase un mal rato.

Te equivocas.

Tirso necesita ayuda con las matemáticas o suspenderá.

Diga lo que diga, no vas a ceder, ¿no es así?

Ya veo que me vas conociendo.

Tendré que hacer un poder.

No te queda otra.

Voy a preparar los libros.

Calentitos, recién hechos y encima me han quedado crujientes.

Esto no te puedes negar a comerlo.

-Te lo agradezco, pero no hay nada

que me pueda apetecer.

Acabo de hablar con la jefatura provincial de Córdoba

y no saben nada.

-Tómate al menos un chocolate.

-No me pidas eso. Me resultaría tan difícil como beberme un tazón de pez.

-Poco honor haces tú a un chocolate como este.

Espero que no hayan oído mis clientes.

-Perdona, Víctor.

No es mi intención molestarte. -Si no me molestas.

¿Cuánto hace que no comes?

-No sé.

Días.

-Pues eso no puede ser. No puedes enfermar ahora.

-A las buenas. -Ya...

Ya nos ha contado Casilda la tragedia que ha sucedido.

Veníamos a darte nuestras condolencias.

-Es una desgracia terrible, hijo.

Es mucho el cariño que le teníamos a doña Leonor.

-Para cualquier cosa sabes dónde encontrarnos.

-Sí, sí, no, no.

Y si necesitas cualquier cosa, no dudes en decírnoslo.

¿Puedo coger un churrito? -¡Servando! Hombre.

-Os lo agradezco, de verdad.

Se me rompe el alma cuando todos dan por hecho

que Leonor no va a volver nunca más. -Una no piensa eso ni un momento.

Si toda la noche me he tirando rezando

para que vuelva sin percance.

-Nos estamos encomendado a todos los santos.

A tu esposa la he visto yo correr por esas calles cuando era una niña.

-Como a una hija

la tratábamos mi Paciencia y yo.

-Leonor siempre os ha tenido mucho cariño. Y, sin duda,

no tardando estará aquí para daros un abrazo.

-Nosotros no queríamos ponerte más triste de lo que estás.

Solo recordarte

que cuentes con nosotros para lo que sea.

-Eso. -Gracias.

-Ea. -Con Dios.

-Vamos.

Me siento extraño. Todo el mundo da por hecho la pérdida de Leonor.

Y creo que yo

ahora empiezo a creerlo también.

-Saca esas ideas

de tu mente.

Ninguno queremos pensar

que pueda ser así. -Es lo más probable.

Ayer la rabia se adueñó de mí.

Sin embargo, ahora creo

que mi esposa podría haber fallecido.

-No puedes afirmar tal cosa

a ciencia cierta. -Lo que ayer

me daba esperanzas, se me antoja posible.

-No puedes negar la realidad,

pero tampoco tiene sentido que cierres la puerta y la esperanza.

Sean muchas o pocas,

aún hay posibilidades de que Leonor regrese.

-Cada minuto que pasa nos aleja más y más

de lo que tanto deseamos. -Entonces

solo nos queda rezar por ella.

He puesto otras dos velas a San Judas Tadeo

rogando por el próximo embarazo de Teresa.

Aunque si no yace con su esposo, ni el Espíritu Santo la deja encinta.

¿Acaso no surge intimidad entre ellos?

Teresa por el momento no deja que su esposo haga uso del matrimonio.

Antes tiene que olvidarse de su obsesión por Mauro.

Sus planes se empiezan a cumplir. Se está usted saliendo con la suya.

¿En qué me beneficia la negativa de Teresa?

¿No era ese su plan?

¿Hacerla sufrir como sufrió usted por la pérdida de Ponce?

¿No está disfrutando viéndola padecer?

La verdad es que me aburre.

Tanto padecimiento es vulgar y repetitivo.

Le está resultando demasiado fácil.

Así es. Pensé que Teresa sería más fuerte.

Pero ha caído a la primera de cambio.

Incluso parece que empieza a perder la razón.

¿Qué quiere usted decir?

Tiene alucinaciones.

Ayer entró en el salón chillando como una posesa y asegurando

que Mauro la había visitado.

Sí que ha tardado poco en perder el oremus.

No parece que sea motivo para chanza.

Siento burlarme, pero no puedo evitar

que me resulte gracioso imaginarme a Teresa

deambulando por la casa demente.

Aún es demasiado pronto.

Tengo muchas sorpresas preparadas para ella.

Y este es solo el principio de su sufrimiento.

Va a tener que apurarse.

Pronto acabará con sus huesos

en una casa de salud o en un manicomio.

Procuraré que no sea así.

Pobre Rosina.

Tan mal debes de estar que ni siquiera

saludas a tus amistades. -Disculpa, Cayetana,

pero ya puedes imaginarte cómo me encuentro.

Deshecha completamente.

Sí. Es muy dura la prueba

que te ha mandado nuestro Señor. Y tienes tan poco espíritu...

Por eso voy a la iglesia.

A ver si allí encuentro consuelo rezando por mi Leonor.

-Lamento tantísimo

la muerte de su hija.

-Todavía no se ha confirmado que mi hija haya fallecido.

-Comprendo que no quiera perder la esperanza

y se aferre a ella como un clavo ardiendo,

pero tengo entendido

que esa esperanza va apagándose.

Tienes que ser fuerte.

Nada es más terrible que la muerte

de una hija. Sé muy bien de lo que hablo.

-Ya, pero... No te esfuerces.

No vayas a desfallecer.

Ve a rezar por ella.

Se está quedando un día maravilloso para dar un paseo.

Sí. Lástima que Teresa se lo vaya a perder.

¿Dónde tiene los lápices?

Estoy deseando ponerme a pintar.

Mire lo que me ha regalado

don Fernando. Está lleno de colores que se mueven.

-Se llama caleidoscopio.

Verás qué pronto te aprendes el nombre.

Es muy bonito.

Pero no vienes a jugar. Debemos estudiar matemáticas.

¿No prefiere que pintemos?

Las matemáticas las podemos dejar para otro día.

Son muy tristes. Buen intento.

Pero de nada te van a servir tus picardías.

Tenemos trabajo por delante.

-No te distraigas.

El propósito es que no suspendas el examen

de trigonometría. -¿No podría ser tras un paseo?

En el parque volaban cometas.

Si te aplicas y atiendes, tendremos tiempo.

Primero está la obligación

y luego la devoción.

¿Qué no entiendes?

De eso de los triángulos

nada.

Muy bien.

¿Qué es un coseno?

En un triángulo rectángulo

es la relación entre el cateto contiguo al ángulo agudo

y la hipotenusa. ¿Qué es un triángulo rectángulo?

¿Qué hacías tú en las clases de matemáticas?

Pintar.

Bien, pues vamos a pintar triángulos. Y verás qué bien

lo aprendes. Tras merendar iremos al parque.

Y nos llevaremos el caleidoscopio. Te lo prometo.

-Os dejo con la clase.

A ver.

Pinta un cuadrado.

Ahora traza una línea que una los dos ángulos opuestos.

Muy bien. Ahora tenemos dos triángulos rectángulos.

Pinta cada uno de un color.

Así es más fácil aprenderlo.

Es muy buena. Como mi ángel de la guarda.

Y yo te agradezco lo mucho que haces por mí.

¿Qué estoy haciendo?

Me estás ayudando. Y por eso te doy las gracias.

Qué va. Si tengo que estudiar esto solo,

no me lo aprendo hasta que me salga bigote.

Menudo favor me está haciendo. Eso no es nada.

Tú me haces mucho más bien que yo a ti.

¿Soy como una medicina?

Eso mismo.

Tenerte a mi lado

me ayuda a recuperarme.

Vaya, no sabía que era tan importante.

Y más que lo serás si no te entretienes y aprendes todo esto.

Pinta de rojo los lados de los triángulos.

(TOSEN)

Las de Caín que hemos pasado ahí abajo.

-Venga, hombre, no será para tanto. No fue más que un susto.

-¡Y un cuerno! Veía que no lo contábamos.

Los dos ahí metidos. Mire, no sé qué me jorobaba más,

si morir joven o hacerlo en su compañía.

-De saber que eras tan cobarde y tan llorón,

no te digo nada.

Han sido cinco minutos. -Pues a mí

me parecieron horas. Los dos ahí juntos, pegados el uno con el otro.

A saber qué hubieran dicho al encontrarnos.

-Si Colón hubiera sido tan gallina como tú,

hubiera llegado a Punta Umbría.

Y además mira.

Mira lo que hemos ganado.

Esto tiene que estar lleno de monedas o de piedras preciosas.

-No lo menee fuerte, lo va a romper.

-No, no. Así sabemos lo que hay dentro.

Por lo menos tiene que haber mil duros en oro.

-¡Pero, hombre, no sea usted borrico! Lo mismo dentro

tiene piedras y lo que vale dinero

es el cacharro, Servando. Quite usted la tapa.

-Pues tienes razón.

A ver qué sale de aquí.

-Con cuidado, igual hay arañas o alacranes.

-Ni arañas ni alacranes.

Vete tú a saber.

-Las que brillan podrían ser de oro.

-Vete tú a saber. Igual sí.

Pero que... Pero este de aquí no me suena.

Tiene que ser Chisdasvinto o el rey Favila,

o algún romano, que sé que por aquí también ha habido.

-Bueno yo creo

que deberíamos meter las monedas y dejarlo como estaba.

-Sí, hombre. Sin saber lo que valen.

-Lo que estamos haciendo tiene un nombre, y es robar.

Tenemos que devolverlo. -Sí, nos ha remolachado.

De eso nada. -Don Servando,

que esto no es nuestro. -El que se lo encuentra se lo queda.

Y no te pongas farruco, que te dejo fuera del negocio.

Me estás resultando más timorato

que una ursulina. -Pero vamos a ver.

Que esto no es ningún negocio.

Esto es un... Un bien de la historia,

patrimonio de los vecinos. -Como que ellos no tienen dinero.

Para...

Para mí que te ha faltado el oxígeno

y el seso no te funciona fetén, eh. -¿Pero es que

no me va a escuchar? -Claro que te escucho.

No te callas ni debajo del agua. Pero haré lo que me dé la gana.

Además nadie va a echar de menos el cacharro este.

Y tú te vas a quedar más callado que las plantas.

Ahora tenemos que averiguar cuánto vale

cada una.

Si no vengo a buscarte a la iglesia, te pegas ahí toda la noche.

-Es donde mejor me encuentro. -No lo dudo, querida.

Si no es por el sacristán, no consigo sacarte de ahí.

Te pasas todo el día rezando. -Es lo único que puedo hacer.

No hago daño a nadie con mis oraciones, ¿no?

-Por supuesto que no. Pero tienes que cuidar de tu salud.

Comer, descansar, dormir un poco. -Eso es imposible.

-Tendrás que hacer un poder. No puedes estar tanto sin pegar ojo.

-¿Cómo te atreves a pedirme que duerma cuando lo más seguro es...?

-Rosina,

cariño,

entiendo que pasas por momentos de tristeza,

pero no voy a consentir

que te abandones. Todo esto lo vamos a pasar juntos

tú y yo.

Eso sí, espero saber cómo ayudarte.

-Con tenerte a mi lado es suficiente.

Tú me das fuerzas para pasar un día más, Liberto.

-Rosina, me he enterado de la desgracia

de Leonor. Espero que sea una falsa alarma

y pronto la veamos por el barrio.

-No dejo de rezar por ello. -Es lo mejor

que puedes hacer. En estos momentos

tan difíciles no encontrarás mejor refugio que la fe en el Señor.

Tienes que confiar en su infinita misericordia.

-Tengo que confesarle que lo que más me duele

en estos duros momentos es pensar que de estar muerta

su cuerpo no recibirá sagrada sepultura. Eso me duele.

-Rosina, te ruego que no te tortures con funestos pensamientos.

-No lo puedo evitar.

Mi mente me lleva a los lugares más oscuros.

-Liberto tiene razón.

No te desesperes.

-Eso trato,

pero no puedo evitar pensar cómo fue el final de mi niña.

Y las penurias que habrá pasado

los últimos días de su vida.

-Me figuro por el dolor que estás pasando.

-Es natural, tú también eres madre.

Y sabes lo que podemos padecer por nuestros vástagos.

Pero no hay fatalidad ni pérdida que una mujer fuerte como tú

no pueda superar.

Vas a salir de esta. Yo te voy a ayudar a superar

el infierno por el que pasas, Rosina.

Rezaremos juntas por ella.

-Gracias, Susana.

Siempre he pensado que eras

muy buena amiga.

-Sí. A Dios rogando y con el mazo dando.

Vamos al quiosco del parque

a tomar una tartaleta de las que te gustan.

Y no es una súplica, es una orden. -Está bien.

Trataré de darte contentura y comeré un poquito.

¿Nos acompaña? -Tengo muchísimo trabajo.

Pero id, id con Dios. Id.

Venga.

Dios mío.

Perdonen que les interrumpa.

Pero quiero expresarles mi condolencia

por el ser querido que perdieron y desearles que puedan mantener vivo

su recuerdo.

Es usted muy amable.

Le agradezco sus buenos deseos.

-Hija, haz el favor de comportante.

Siento haberle puesto en evidencia. -Es culpa mía.

No quería entristecerte

con mis palabras.

-Si mi hija controlara sus sentimientos,

nada de esto hubiera pasado.

-Coronel, le ruego que no sea

tan estricto con su hija. Y más

en un día tan triste como este. -Le agradezco su interés.

Pero llevo toda la vida organizando personas y enseres.

Sé cómo hablar a mi hija.

-Con Dios.

Elvira, te exijo que detengas tu llano inmediatamente.

Discúlpeme, padre, pero no puedo evitarlo.

No eres una cría que pueda andar llorando.

No puedo permitir que seas tan vulnerable y sensiblera

como tu madre.

¿Por qué no puedo llorar si me siento rota?

Ya eres una mujer.

Compórtate como tal.

Echo de menos a mi madre.

Su cariño, su comprensión.

Sabes que detesto este comportamiento.

¿Por qué celebra una misa en memoria de mi madre

si no la quería? Usted me compara con ella

como si fuera algo terrible. ¿Qué le hizo para que la odie tanto?

No te permito que emplees ese tono conmigo.

Pues contésteme de una vez.

Dígame lo que sucedió con mi madre.

No es el lugar ni el momento.

Necesito una respuesta.

Por Dios, Elvira, te exijo que te detengas de una vez.

No me gustan los escándalos,

y menos en plena calle. Me da igual dónde estemos.

Pero a mí no.

Seca tus lágrimas inmediatamente.

No creo que pueda detener mis lágrimas en su cena.

Mejor quede solo con su amargura.

Perfecto.

Detesto la debilidad.

Fernando, perdón por el retraso.

Tuve que atender asuntos.

-Espero que lo haya conseguido. -Sí.

He de decirle que así fue.

-Es de suponer que el ambiente en comisaría está enrarecido.

-Mauro ha dejado un gran vacío, sí.

-Precisamente para hablar de su falta le he citado.

-Usted dirá en qué puedo ayudarle.

Le confieso que estoy muy inquieto por Teresa.

Cada día que pasa aumenta su turbación por este asunto.

-Teresa es una mujer muy débil.

Y un caso así nos afecta a todos.

-Sé que estuvo en comisaría y habló con usted

sobre Mauro. -Me preguntó por la investigación.

Le dije lo poco que sabía.

Tienen una sospechosa, pero no dan con ella.

-¿Están en punto muerto?

-Así es.

Si no dan con esa tal Elena Pérez Casas,

no saben de qué otro hilo pueden tirar.

-La verdad es que mi interés por la investigación

se puede calificar como muy limitado.

-Pensaba que me había citado

precisamente para preguntarme eso. -No.

Como ya le he dicho, quería hablar sobre Mauro.

Pero sobre todo saber qué le dijo mi esposa sobre él.

-Que lamentaba mucho su pérdida y que si habían averiguado más.

-¿No le dijo nada de su visiones?

¿No le contó

que ve ella a Mauro?

-No.

Nada de eso.

Teresa tiene alucinaciones.

Cree que Mauro se aparece ante ella.

Al principio era consciente

de que eran sueños.

Pero anoche fue tan real

que estaba convencida de que le vio.

-Es muy grave lo que me dice.

De seguir así, necesitará atención médica.

-De seguir así, podría perder la razón.

Teresa sigue amando a Mauro.

Nunca debimos casarnos.

Pienso que haber forzado

la boda la esté llevando a un pozo sin fondo.

-No tiene que hacerse responsable de nada.

En su momento Teresa y Mauro tomaron la decisión de romper.

Usted es un caballero.

Y nadie mejor que usted cuidará de Teresa.

Le necesita, aunque no se lo diga.

-No sé si merece la pena seguir a su lado.

Quizá le haga más mal que bien. -Se equivoca.

Usted es su legítimo esposo y no puede abandonarla.

Tiene que protegerla.

Seguro que tarde o temprano Teresa terminará amándole.

Usted se lo merece más que nadie.

-Gracias por sus palabras.

Me ha venido bien hablar con usted.

Con Dios.

Gracias.

-Por favor,

una copa de Cazalla.

De la más fuerte que tengas. Y que sea doble.

Por fin consigo verte.

Pensaba que no íbamos a vernos hasta la noche.

Lo siento. Lo siento, Elvira.

Lamento no haber estado cerca en este día

tan importante. Pierde cuidado.

¿Y tu padre dónde está?

Sigue en la iglesia.

Después de sus oraciones solo quedará la cena para terminar.

¿Has encontrado

el maldito bogavante? Sí. Sí, sí, sí.

Lo tengo.

Pero más me habría valido

ir a pescarlo. Habría tardado menos

en ir al a costa y regresar.

Solo pido que hoy termine pronto para abrazarme a ti

y sentirme reconfortada.

Anhelo que mi amor te haga sentir bien.

Nos vemos más tarde.

Voy a buscar a mi padre

antes de que me eche en falta.

Piensa que me confieso. Corre entonces.

No tiene un buen día.

Puedo jurarte que uno de los peores.

Aquí estoy. Siento muchísimo la tardanza.

-Tú lo has dicho.

Llevo desde ayer esperando a que te dejes caer por aquí.

-Lo sé y lo siento. Subo a darle esto a la cocinera.

-No. Lo que tengo que decirte

no puede esperar más.

-Está bien. Supongo que el bicho puede espera unos minutos.

-Déjate de cháchara y escúchame.

-Estoy deseando.

Como usted bien dijo,

hemos de conocernos mejor. -No te equivoques.

eso te lo dije para que acudieras.

Sé que andas en relaciones con la hija del coronel.

¿De verdad pensabas

que iba a abrirte mis brazos y mi corazón?

Yo solo tengo un hijo,

y está muy lejos de aquí.

-No me lo puedo creer. No me puedo creer

que sea usted tan fría.

-No seas tan dramático, por favor.

No me conoces de nada. Y nada

ha de dolerte. O te marchas de Acacias y te olvidas

de mí o hablo con el coronel y te dejo que aquí se líe

la de San Quintín.

-Jamás pensé que escucharía algo así

de mi madre. -Puedes llamarme como quieras,

pero no eres mi hijo ni lo serás nunca.

Jamás voy a reconocerte

como tal.

-¿Pero es que usted no tiene sentimientos?

¿Qué le pasa? ¿Qué le ha ocurrido para volverse así?

-Eso no es asunto tuyo.

Ten muy presente lo que te digo.

He tanteado al coronel

y sé que una relación así no le haría gracia.

-No lo va a hacer. Tiene que quedarle algo de piedad.

-No hagas la prueba.

Te aseguro que el coronel no va a tener la consideración

de retarte a duelo como con Liberto.

A ti te mataría directamente.

-¿Usted sería capaz de hacerle daño

a su hijo? Porque aunque no me reconozca, eso soy.

Soy su hijo.

-Ni me importas tú ni quien se ponga por delante.

Has de entender que esa muchacha de la que andas prendado

no saldría bien parada.

-No, no. Un momento.

¿Va a permitir que hagan daño a Elvira?

-No me retes a demostrártelo.

Saldrías perdiendo.

Mis condiciones son claras. Si no quieres que hable con el coronel,

debes desaparecer, despedirte de su servicio

y marcharte lo más lejos que te sea posible.

Y sobre todo

olvídate de que existo.

¿Te queda claro?

-Como el agua.

-Muy bien.

-"Si coloco de esta forma los churros,"

son un triángulo isósceles.

Y de esta forma escaleno.

Veo que lo has entendido a la perfección.

Pero deja de usar la comida para tus ejercicios.

Con la comida no se juega.

Es que en un rato me he enterado

de todo ese berenjenal de senos, cosenos

e hipotenusas.

Es usted la mejor profesora que existe.

La más guapa y la más buena.

No seas zalamero, que me voy a poner colorada.

-Llego en el momento preciso.

¿Qué haces besando a mi esposa? -Dándole las gracias.

-Si tu profesor tuviera bigotes,

no serías tan efusivo.

Me alegra verte así de feliz.

Es que me anima ver lo espabilado que es Tirso

y lo rápido que asimila.

-Tiene que ver los dibujos que hicimos.

Así es más fácil aprender la lección.

-Encantado de que me los enseñes. He olvidado esas materias

tan complicadas.

¿Qué tienes, Tirso?

¿Qué te ocurre?

Por Dios, dinos algo.

¿Estás segura de que Celia no va a volver?

-Tan segura de que si se tira un canto para arriba,

te escalabra. No hace ni media hora que se fue

y tiene un lío con los tintes... -Gracias por la ayuda, Lolita.

-Faltaría más. Me escuece pasarle en su casa a escondidas.

-No te apures por eso. Y dile a doña Consuelo que estoy esperándola.

-Voy a escape.

Huy.

Señora, iba a avisarla de que don Felipe...

-Ya lo he escuchado. ¿Qué quieres?

-Me alegra verla en pie y tan animosa.

Veo que se ha recuperado

muy rápidamente. -Gracias.

Pero no habrás venido solo a decir obviedades.

-Lolita, déjanos solos.

Doña Consuelo,

sé que está enferma.

Y que su estado desgraciadamente es muy grave.

¿Po qué no se lo ha contado a Celia?

-Ese no es tu problema.

Será mejor te marches. -No.

No voy a hacerlo.

No voy a dejar las cosas así.

"Contéstame, Tirso. ¿Qué te ocurre?".

No me ocurre nada.

Que me he mareado un poco.

-¿Estás bien?

-Solo un poco indispuesto.

Voy a por el cuaderno.

-Tirso, dinos la verdad.

¿Qué te pasa?

-No veo.

No veo nada.

No puede ser.

Este es don Praxímedes Villarroel,

reputado arqueólogo que viene a medir

y a hacer un análisis de las dimensiones del hallazgo.

Servando, si nos abres la portería... -Sí, claro, sí.

Feliz aniversario, Mercedes.

-"Frente a ti hay tres personas".

"Una de ellas es una mujer que ha sido capaz

de dar la vida por ti".

"La siguiente persona

es tu mejor amigo".

"La tercera persona

es el amor de tu vida".

"¿A cuál de los tres

elegirías para que fuera contigo

al país del amor?".

-"Mañana cuando salgamos del tribunal eclesiástico"

dígale la verdad sobre su enfermedad.

No es justo para ella.

Merece saber la verdad.

-"Tirso tiene una degeneración macular".

¿Qué significa eso?

Es una enfermedad muy grave que no tiene cura.

Tirso no volverá a recuperar la vista.

-"Quiero organizar"

una vigilia por Leonor.

-¿Una vigilia? -¿En Acacias?

-No debemos desfallecer, Rosina.

Liberto tiene razón.

Debemos rezar al Todopoderoso

par que nos traiga de vuelta pronto a Leonor.

-Sí, sí. Me parece una idea estupenda.

"Tiene posibilidades"

de mejorar.

Si el diagnóstico está en lo cierto, sí.

¿Y por qué le ha sucedido esto tan de repente?

Uno de los problemas colaterales de su enfermedad

es la acumulación de líquido en la retina.

Con las gotas que le han dado podría disolverse en unas horas.

"Haré una propuesta a Teresa".

Pero antes creo que debería tener su aprobación.

¿Mi aprobación?

¿De qué se trata?

-No creo que Dios puede traerme de vuelta a mi esposa.

-Pues yo creo que es lo único que podemos hacer.

-Creo que ahí te equivocas.

Dios no puede hacer mucho, pero yo sí.

-¿Tú? ¿Tú qué puedes hacer?

-Pues ir a buscarla.

Rehacer el camino que hizo ella.

-No insistas en ser loco. Es un peligro.

-Por esos caminos no pasan ni los guardias.

-Precisamente por eso.

Si los guardias no van a esos lugares, iré yo.

Mañana mismo partiré. -Pablo, espérate. Piénsatelo bien.

Porque es una locura.

Ese niño de ahí dentro...

Sí.

Me ha hecho poner los pies en el suelo.

Parece fantasioso. Lo es.

Y sin embargo,

me ha hecho aterrizar en la realidad.

No sabes lo que me alegra oírte decir eso.

A partir de ahora voy a pensar en el futuro.

Es la hora de quitarle la venda a Tirso.

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Acacias 38 - Capítulo 473

13 mar 2017

Teresa les cuenta a Cayetana y a Fernando que ha visto a Mauro entre la gente. Fernando le pide a Teresa que levante cabeza y que se prepare para dar clases a Tirso.  Fernando acierta con su técnica, ya que el niño alegra la vida a la chica. Teresa parece recuperada tras su rato con Tirso, pero de pronto el niño parece encontrarse mal: parece que se ha quedado ciego.  Servando acuerda con Martín asaltar los restos arqueológicos y ambos cogen del foso de la portería una antigua vasija llena de monedas.

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  1. Gema del Valle Martín Aragón

    Desde hace unos quince días, me cuesta muchísimo que arranque el vídeo. Hay algun problema en la página ¿

    15 mar 2017
  2. La gringa

    La corte de los milagros..Pablo con lesion irreversible a la columna regresa curado, corriendo como un gamo.El coronel insoportable mas tieso que un paraguas, Servando cada dia mas desagradable, lastima que un buen actor se desperdicie en ese personaje resentido y acomplejado. Ah y desde cuando se vende chocolate con un sombrero rimbombante que parece un plumero, ja,ja...Hay que cuidar los detalles. De todos modos gracias, es mejor Acacias que las malas noticias del telediario

    14 mar 2017
  3. ANA

    GRACIAS POR SUBIR LOS CLIPS OTRA VEZ ANA DE ARGENTINA

    14 mar 2017
  4. Ferran

    Yo estoy harto de de Mauro para mi no esta muerto debido a q el cuerpo no se a visto y lo de Leonor también pongo las manos en el fuego de q esta viva. Y lo del coronel da asco algunos artistas ya sobran.

    14 mar 2017
  5. Saro

    Muchas gracias por "darle vida" otra vez a los Comentarios; es una pena que una serie tan importante y querida como esta nuestra ACACIAS 38, a veces se descuide en estos pequeños detalles. Hay personas (entre las cuáles me cuento) que no están en las redes sociales por muy diversos motivos, por tanto no podemos expresar nuestra opinión sino a través de los comentarios en esta página. El otro día, cuando se incendió el plató, quise expresar mi apoyo al equipo artístico, técnico, productora, TVE, etc. y no pude hacerlo precisamente por no estar activados los "Comentarios" por éso lo hago ahora: "ACACIASNOSERINDE", "ACACIASESINCOMBUSTIBLE". Sé que muchos piensan que las opiniones que dejamos aquí nadie las lee pero supongo que alguien si que verá algo.

    14 mar 2017
  6. Clara

    Gracias por volver a poner Clips, pero desde el 5 de enero se han perdido un montón de "mejores momentos". Quizás habría que incluirlos.

    14 mar 2017
  7. Mabi

    Un poco de PAZ para Teresa y Rosina!!!! Por favor !!!! Una vez creí ver un poco de humanidad en Susana,en el duelo, pero es una mujer ( su personaje) sin entrañas.. que lástima que Consuelo se enferme y no tengamos oportunidad de verla en un diálogo con el coronel.saludos cordiales!!!!

    14 mar 2017
  8. Saro

    Asombrosa la nueva actitud de Susana con Rosina ... ¡qué cambio, esperemos que dure! sin embargo con Simón vuelve a ser la de siempre y no se puede mostrar más dura. Liberto sigue siendo el hombre maravilloso, encantador y enamorado de su esposa, hay que ver cómo está pendiente de ella, cómo se desvive por cuidarla. Cómo deseo que pasen de una vez las preocupaciones del matrimonio para que Rosina vuelva a ser la mujer alegre y divertida que es y que tanto ella como Liberto puedan vivir su Amor felices y tranquilos.

    13 mar 2017
  9. manuela correas

    Manuela a ver, la maldad tiene un limite. los buenos también deben elaborar estrategias y que ganen alguna batalla sino se hace cansina tsnta maldad sin ningun castigo.

    13 mar 2017
  10. Saro

    Muchas gracias por haber vuelto a activar el apartado de "Mejores Momentos"; aunque muchos de ellos, sobre todo a partir del capítulo 433 hasta hoy y magistralmente interpretados por Jorge y Sandra, se han "perdido" durante estos dos últimos meses; muchos seguidores estábamos pendientes de verlos por tratarse de momentos decisivos en la relación Liberto/Rosina.

    13 mar 2017