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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 465 - ver ahora
Transcripción completa

¿Me pide...?

Que se ocupe de una vez por todas de que Mauro San Emeterio perezca.

Vaya a la iglesia. Allí la espera una mujer.

La va a ayudar a organizarlo.

No volveré a amar a ninguna mujer como amo a Celia.

Huertas, no puedo estar con ella

porque ella no me quiere, pero tampoco quiero estar contigo

ni con ninguna otra mujer.

-"No se apure, lo haré".

Mauro San Emeterio tendrá una muerte

a su altura. -"Hay algo que podemos hacer,"

viajar a Marruecos.

-¿A Marruecos tú y yo?

-Tenemos que presentarnos en ese hospital

y ver con nuestros ojos

que no son Pablo y Leonor.

-¿No le quiere? -No. Me alivia verle arrepentido.

Sobre todo por todo el daño que me ha hecho,...

pero ya no me afecta lo que él haga.

-¿Y no hay vuelta atrás?

-Ya nada va a cambiar entre nosotros.

Mi matrimonio con Felipe se ha terminado.

"¿Va a salir, padre?".

Sí, he quedado con algunos militares retirados en el Ateneo.

¿Te molesta que te deje sola?

No, no, no, para nada.

Ahí va el mozo con mi vestido de novia.

El mismo que llevará Teresa.

Está usted disfrutando de su venganza, ¿verdad?

Así es, Úrsula.

Teresa va a revivir todo el dolor que yo he sufrido.

-"¡Elvira!".

Lo sabía.

"Yo amé a Germán y murió".

Y Teresa también va a ver morir al hombre que más quiere.

Mauro.

"Para ella empieza un calvario junto a la persona a la que no ama".

Su vida a partir de esa boda va a ser un infierno.

"Y yo"

estaré ahí para verlo.

Veo que ya han acabado los arreglos.

Susana ha hecho un gran trabajo.

Estás hermosa.

Me alegro tanto de habértelo dado...

No tanto como tú lo estabas el día de tu boda.

Te equivocas, Teresa. Mírate.

Vas a ser la novia más hermosa de todos los tiempos.

Y sin duda, la más feliz.

Pero basta ya de presumir

ante el espejo, tenemos mucho que hacer.

¿El qué?

¿No lo sabes?

Ultimar los detalles de la fiesta de pedida de mañana.

Todo tiene que ser tan hermoso y perfecto

como tú.

Quítate el vestido. Te espero en el salón.

Detente, Elvira, podrían vernos. Tienes que irte.

No puedes echarme de tu lado con tamaña facilidad.

Quiero estar contigo, sentir tu piel contra la mía.

¿Acaso no es tu deseo también?

Sabes que sí, claro que sí.

Te amo como nunca he querido a nadie,

pero es ese amor el que me empuja a apartarte de mí.

Debo protegerte, Elvira.

No es menester tanta precaución, vayamos a tu cuarto,

estaremos a salvo. No, no, no. Un momento. No.

Lo siento, no lo estamos.

Nuestro amor está prohibido. Tu padre podría descubrirnos.

Hoy no corremos tal peligro,

acaba de marchar al Ateneo.

Yo misma lo vi marchar.

¿Cómo puedes mostrar tanta resistencia a mis besos?

Si supieras mi sufrimiento al verte hora tras hora

en casa y no poder tocarte...

Sí, yo también sufro

la misma tortura.

Me siento morir al no poder

abrazarte y tener que tratarte con distancia y frialdad.

Te estoy preparando un regalo para que no olvides lo que siento.

Un bordado para que lo lleves contigo.

Te aseguro que será el presente

más valioso que he recibido nunca.

(RÍE)

(Puerta abriéndose)

-¿Qué ruidos son esos?

Señorita Elvira...

¿Qué hace aquí?

Qué susto me ha "dao".

No hace falta que diga

esta boca es mía, ya lo veo.

Señorita, ¿ha "perdío" el oremus? Su padre la matará.

-Para eso antes tendría que saberlo.

-Arrea, pues igual no tarda tanto en descubrirlo.

-Pero ¿quién sube?

-¿Cómo voy a saberlo? Pero las criadas están en su cuarto.

Simón, ¿será mi padre? No nos quedemos "pa" averiguarlo.

-Escondámonos en mi cuarto. -Nones. El mío está más cerca.

-¡Elvira!

¡Elvira!

¡Elvira,

sal de tu escondite!

¡Sé que estás aquí!

¡Elvira!

-¿Y tamaño escándalo? ¡Uh, señor coronel...!

¿Ocurre algo?

¿Qué hace en el altillo? -¿Y mi hija?

Y no me mientas.

-Una no tendría por qué hacerlo.

Su hija de usted está con una servidora.

-¿Aquí contigo? ¿En el altillo? ¿A estas horas?

¿Por qué motivo? -Porque es muy buena.

Que yo me la crucé esta tarde

y tuve el valor de pedirle que me bordara algo,

y es que cose como los ángeles.

Y está terminándolo en mi cuarto.

-En tu cuarto, dices.

-Ahora mismito le digo

que ha "venío" a buscarla.

-Aquí está pasando algo.

Aparta de mi camino, muchacha.

-Coronel...

Es que no es "adecuado"

que los señores entren en los cuartos

de las criadas y menos a estas horas. Márchese, haga el favor.

Estoy en paños menores.

-Igual de incómoda o más es la situación para mí. Acabemos con esto.

Aquí está pasando algo raro y voy a averiguar qué es.

-Señor coronel, un momentito. -¡Apártate!

¿Qué hace aquí? Eso debería preguntarlo yo.

Dijiste que ibas a bordar un poco

y a descansar.

Eran mis intenciones, sí,

pero recordé que me había comprometido a hacerle una labor

y quise cumplir mi promesa.

Y no le he engañado, padre.

¿No le dije que iba a bordar?

Bordando estaba.

¿Sucede algo, padre?

-Señorita.

yo creo

que debería irse a casa con su padre.

Terminará el "bordao" en otra ocasión.

Sí.

Regresemos ya.

Aquí no hacemos ya nada y violenta a Lolita.

Señor coronel...

¡Padre, no!

Está usted buscando cosas que no son.

Señor, no está bien que se meta en los cuartos de las criadas,

y menos a estas horas, hombre.

Me gustaría descansar.

Padre, ¿qué busca?

-Elvira, a casa.

Perdone si le he disgustado,

pero quería bordar algo para las criadas.

Son tan simpáticas y me cuentan historias superdivertidas...

-No, no, no, si la culpa ha "sío" mía.

Por ponerla en el compromiso.

No dije nada, porque temía que no me dejara relacionarme con ellas.

-¡A casa!

¡Vamos!

-¿Dónde se habrá "metío" este "desgraciao"?

Uh, se ha "volatilizao" como por arte de magia.

Ahí va.

¿Simón?

-Ayúdame, Lolita.

-Se te ha "ablandao"

la mollera, Simón.

La cabecita está "pa" algo más que llevar un sombrero.

Habéis "perdío" los dos el oremus. ¿Qué digo los dos?

Los tres, que me habéis "metío" en vuestras mentiras.

-Templa, Lolita.

Te estamos agradecidos y te prometo que no te pasará nada.

-Recordaré esas palabras cuando me pongan de patitas en la calle

por mentir al coronel. Y a ti tu señor te va a hacer picadillo.

Eso si no te escalabras tú antes. Pero ¿cómo se te ocurre

salir a esa cornisa? No te cabía un pie de frente.

-Era eso o ser descubiertos.

-Pues sí,

eso es verdad. Has "evitao" que el coronel

nos pasase el cuchillo a los tres.

(SUSPIRA)

Así que estaba en lo cierto.

Estás en relaciones con la hija del coronel.

-¿Ya lo sospechabas?

-A ver...

Que una no se ha caído de un guindo. Era raro verla rondar tanto por aquí.

Sabes que te la estás jugando.

Y más con los humos que se gasta tu señor.

-No temo por mi suerte, pero sí por la de Elvira.

-Pues haces bien.

Ese hombre no se anda con pamplinas.

Y ya te digo yo por su cara,

que no se ha creído la historia de los bordaditos.

-Ya, ya lo sé, tienes razón.

Nos estamos arriesgando mucho.

-Pues aplícate el cuento,

acaba con esta historia antes de que sea tarde.

-Si ya lo sé, Lolita, sé lo que debo hacer, pero...

no puedo.

La amo demasiado.

Ninguno de los dos somos capaces de frenar esta locura

aunque nos vaya la vida en ello.

-Por eso que dices,...

ya no tengo ninguna posibilidad contigo.

Bueno...

Que me quiten lo "bailao".

Templa.

Que todo

va a salir bien, ya verás.

Tanto amor tiene que triunfar.

Y... Y podéis contar conmigo "pa" lo que necesitéis.

Ea.

-Gracias, Lolita, eres muy buena.

-Lo que soy es tonta.

Vámonos a la cama.

Cada uno a la suya.

No está bien que yo esté aquí en paños menores con semejante mozo.

Y menos ahora que voy a ser tu confidente.

Buenas noches. -Buenas noches.

¿No se ha "pasao" un poco?

Aquí hay más flores que en el jardín de la reina.

Da canguelo mover un tiesto

no vaya a salir un oso. -En fila,

llegan hasta el Principal y vuelta.

-Es un encargo de don Fernando. No ha escatimado en gastos, Servando.

-Es una lástima que no venga al "sarao".

Todas las criadas vamos a ir.

-Desde luego, menudos redaños tiene doña Teresa.

Más que el caballo de Espartero.

No habrá sido fácil convencer a Cayetana

"pa" que deje subir al servicio.

-"Pa" mí son... Ya es agua "pasá", Servando.

No sé quién se va a encargar de preparar todo el ágape. Que yo sepa,

la señora ya no "tie" servicio.

-No te jeringa,

pues "pa" eso estamos nosotras.

La Lolita y las chicas del altillo lo apañan.

-Ha "tardao" poco en apañarse.

Una no vale tanto como se barruntaba.

-"Seña" Fabiana, más que un sol vale usted.

Ya le digo yo que le va a venir de perlas haberse ido de la casa.

Y el riñón

lo va a tener "asegurao" con el quiosco

de las flores. -Oye,

y a todo esto,

¿tú qué haces aquí que no estás arrimando el hombro con las otras?

Que ya te estás escondiendo de la faena.

-Oiga, Servando,

no se me confunda, ¿eh?

Yo no le he hecho ascos a la faena por "mu" dura que sea.

Si yo estoy aquí, es porque tengo que preparar las maletas

a doña Rosina y a su esposo.

-Ah, ¿que se van de luna de miel?

Es verdad.

No es lista ni "na" doña Rosina...

Va a rentabilizar su inversión. -No sea borrico, Servando.

No me hable así de mi señora, por favor.

-Qué raro que marchen

estando doña Leonor y Pablo sin aparecer.

¿"P'ánde" van?

-Eso es un misterio, a mí no me han "querío" decir dónde iban.

-Servando. ¿Has visto salir a Celia?

Hemos quedado en desayunar y no ha venido.

-Lo único que he visto han sido claveles rosas y gladiolos,

pero lo de doña Celia es fácil... Por ahí viene.

-Ya era hora, me tienes más "plantá" que un pretendiente feo.

-Disculpa, he estado sin Lolita y ando de cabeza.

-Agradecida.

-Ay, Trini...

Hasta las doce de la noche hablando ayer con mi madre.

-Huy... Pues me barrunto que sería de hombres.

Ahora vas a estar soltera y disponible.

-Qué enormidades dices, Trini.

Hablábamos de José Celdrán.

Un conocido de mi madre. -Sabía yo que era de hombres.

-No es un hombre, es un químico. -Ah.

-Un químico que ha descubierto cómo tintar el pelo de forma permanente.

-¿Eso qué quiere decir?

¿Qué la que es morena puede ser rubia

sin necesidad de peluca? -Eso mismo.

Mi madre quiere que me meta en el negocio.

Hemos tenido una reunión. ¿Qué crees?

-¿Que qué creo?

Que si eso es verdad, yo me quiero poner muy rubia,

mucho más que Cayetana, ¿eh?

-A mí también me parece una idea de futuro.

Ninguna estamos conformes con nuestro color.

Y el tal Celdrán parece serio.

Pero yo nunca he tratado de negocios.

-Tú no te amilanes, todo se aprende en esta vida.

-Ya, Trini, pero ¿qué sé yo de patentes y comercios?

-Tú por eso no te preocupes.

Tienes delante a la persona perfecta.

-¡¿Tú?! -Bueno, no, yo no.

Aunque no lo haría mal, pero me refiero a mi Ramón.

Con las cafeteras se ha hecho experto en patentes y otras zarandajas.

-Qué buena idea. Hablaré con él. -Claro.

Primero desayunamos. Luego vas y hablas.

¡Elena, hija!

No quiero ningún invitado

sin copa ni una bandeja sin comida.

A vuestras labores, aún queda mucho por hacer.

Pierda "cuidao", doña Cayetana,

que servidora se encargará de que salga fetén.

Teresa se lo merece.

Te lo agradezco, Lolita. Quía.

No es menester. Ya sabe la estima que le guardamos.

Sí, es de entender.

Hasta ha querido festejar con vosotras.

Lolita.

Escúchame bien.

Espero que sepáis estar en vuestro lugar.

Estéis invitadas o no, no quiero confianzas inapropiadas.

Estese usted tranquila.

Vamos a brindar en la cocina.

Ni se va a enterar.

Ahora, si me disculpan, veré cómo va la faena.

No deberías haberle dicho nada a Lolita.

Me he sentido violentada.

Lamento si ha sido así, Teresa,

pero era necesario. Debe saber cuál es su lugar.

Les das la mano y te cogen el brazo.

Teresa.

Solo quiero que tu fiesta sea perfecta.

Me ilusiona mucho tu boda.

Lo sé y así te lo agradezco.

¿Puedo preguntarte algo?

Por supuesto.

¿De verdad te gusta mi vestido?

¿Acaso lo dudas?

Pues sí.

Anoche cuando te vi probándotelo no te veía muy convencida.

Teresa,

ya sabes que me ilusiona mucho que te cases con mi vestido,

pero si no te gusta,

no tienes más que decírmelo.

Lo entenderé.

Te equivocas,

a mí también me hace mucha ilusión llevarlo.

(Puerta abriéndose)

¿Acaso te escondes de mí?

Tan solo oculto la labor.

No quiero que descubras mi sorpresa.

Preferiría no tener más sorpresas, con la de anoche fue suficiente.

Sí, mi padre estuvo a punto de descubrirnos.

Viene tu padre. Mejor marcho, no quiero

coincidir con él.

-¿Dónde vas ahora, Elvira?

A mi dormitorio,

a leer un poco.

Puedes ir.

¿Se puede saber

lo que hace?

-Ordenar su correo, señor.

-No me refiero a lo que está haciendo ahora.

-Lo lamento, pero no sé a qué se refiere.

-Ese es su problema, su ignorancia.

No sabe lo quo hace

mi hija y su deber era saberlo.

Vigilarla es la principal tarea que le encomendé.

-Lo sé.

-Pero no lo está haciendo como debiera.

Elvira estaba ayer

en el altillo

bordando para las criadas, escapándose a deshoras

y usted no lo sabía.

-Lo... Lo lamento, señor.

-¡Más lo lamento yo!

¡Debe ser implacable!

¡Vigilarla en todo momento!

-Quizá debería pasar más horas en esta casa para que no escape.

-No es de mi incumbencia, pero cumpla con su obligación.

-Así lo haré, señor.

Y... no volverá a pasar nada similar.

-Así lo espero por su bien.

Mi hija es una embaucadora que puede llegar a ganarse su confianza.

Espero que no la esté protegiendo.

Si no cumple sus funciones, me veré obligado a despedirle

y a hacerme con los servicios de un mayordomo

severo y disciplinado.

La patente parece correcta,

pero tiene usted que negociar muy bien el beneficio.

¿La distribución del productor correrá por su cuenta

o la contratará con el fabricante?

-Tengo que confesarle que desde que me ha dado los buenos días,

apenas le he entendido. -(RÍE)

Es culpa mía sin duda.

Doy por supuestos algunos conceptos.

-Hasta hace poco, entendía el mundo

de los negocios como algo exclusivamente de hombres.

-No se apure,

todo esto es cuestión de práctica.

Ya verá cómo poco a poco

mis explicaciones van a resultarle cristalinas.

-Pues eso espero, porque me siento un poco perdida.

-Voy a traerle

un buen manual de finanzas para que le sirva de guía.

Es fácil perderse por estos derroteros sin un mapa.

-Si me permite el consejo,

lo mejor es que se olvide de ser una mujer de negocios.

-¿Y esperas que me quede mano sobre mano?

-No,

pero dedíquese a algo más propio de nuestro sexo.

Yo misma recibí clases para ayudar a mi padre en los negocios,

y aprobé el examen gracias a mi madrastra,

pero rápidamente comprendí que era un mundo hecho por y para los hombres.

-Yo no digo que sea fácil,...

pero con un poco de tesón se pueden conseguir muchas cosas.

-No se engañe, usted es como yo, una mujer normal

que necesita el respaldo y la protección de un hombre.

-Hace unos meses no te enmendaría la plana,

y te daría más razón que un santo,...

pero de un tiempo a esta parte he cambiado mucho.

-Es posible,...

pero no la veo capaz de sacar un negocio adelante.

Más bien,

debería centrarse en recuperar su matrimonio.

-Mi matrimonio es un fiasco, y me duele que una chica tan joven

tenga un pensamiento tan retrógrado. -Yo no quiero molestarla,...

pero no trate de ser una mujer liberada

dispuesta a lanzarse a los negocios,

porque no va con su forma de ser.

Las mujeres tenemos que quedarnos en nuestro sitio,

cuidar del marido y de los hijos.

-Aquí tiene este libro para que comience

con el mundo de los negocios.

Si se encuentra fatigada, seguiremos en otro momento.

-De ninguna de las maneras.

Me urge ponerme al día con los negocios.

No pienso escatimar en trabajo.

-Me place verla tan dispuesta.

Vamos al lío.

En primer lugar, debe considerar la inversión

que está dispuesta a realizar para la patente

para que el objetivo resulte beneficioso.

Teresa.

Quería disculparme personalmente por no acudir a su fiesta.

Descuide,

ya me informó don Fernando. Y lo lamento, sabe bien

el aprecio que le tengo. El aprecio es mutuo,

no lo dude.

Siempre recordaré los meses que pasé en su casa...

en compañía de usted, de Tano

y de Celia.

Discúlpeme, dadas las circunstancias,

no debería haber mostrado tan poca delicadeza.

No, tranquila.

Hace bien rememorando momentos felices.

Los recuerdos de mi familia es lo único que me queda de ella.

Espero que todo se arregle.

Por usted y por Celia.

No piense más en nosotros,

que nada nuble su felicidad.

Disculpe, Felipe,

pero he pensado que le gustaría compartir unos coñacs conmigo.

Bien que me gustaría,

pero tengo cuitas que atender. Bueno, en ese caso,

lo dejaremos para otra ocasión.

Que lo pase bien en su fiesta.

Con Dios.

Con Dios.

Espera, Teresa.

Era contigo

con quien quería hablar.

Llevo días considerando que hay algo que debería decirte.

Mauro, tú y yo ya nos hemos dicho todo.

Te equivocas.

No te he dicho que te deseo la mejor de las suertes en tu matrimonio.

Deseo que seas muy feliz junto a Fernando.

Te lo agradezco de corazón.

Y yo también te deseo la dicha.

Ojalá encuentres pronto una persona que te ame

como te mereces.

Tengo que marcharme.

Claro.

No te entretengo más.

¿Qué haces, hija?

-Madre,

es muy importante fijar una fecha de prioridad de la patente.

Porque determina el año durante el cual

el propietario puede reservar sus derechos en otros países.

-Por mucho que me cuentes,

no sé por qué es tan importante eso que me estás diciendo.

-Porque no es un asunto baladí, madre.

De esta forma, si compramos la patente,

y el invento funciona,

tenemos nuestros derechos reservados en otros países.

-Me agrada ver lo motivada que estás

con esto y lo mucho que has aprendido en poco tiempo.

-Ya verás cuando me termine este manual.

Voy a saber más que el consejero de hacienda.

-¿Quiere eso decir que vas a entrar en negocios con José Celdrán?

-Señora,

ya tiene "preparao" su adornito "pa" la fiesta de pedida.

-Ha quedado muy aparente. Se llevan mucho las plumas.

-Si usted lo dice...

Esto se lo pone en Cabrahígo y se lleva una "pedrá".

De seguro que la confunden con un pavo.

-Qué poco oportuna eres, Lolita.

Estamos hablando de temas de mucha enjundia.

-Que la señora vaya "arreglá" al convite,

también tiene su aquello. -Lolita,

no repliques.

Y tú déjate de frivolidades

y dime qué has pensado.

-Con su permiso, señora,

es que tengo que ir a casa de la Serna a ayudar

y aún le tengo que dejar su ropa. No querrá ir

con semejante facha. Con perdón.

-Primero, es ropa de montar en bicicleta,

y segundo, no voy a ir a la fiesta. Así que humo.

-¿Cómo es que no vas a ir?

-Ya lo has oído, voy a ir a montar en bicicleta.

Y además, hija, que a mí esos actos sociales me aburren.

Yo solo iría a una fiesta de pedida si fuera de los watuzi.

En ellas, a las vacas les dan un corte

en el cuello y beben su sangre. -Madre, por favor.

-Es verdad. No nos distraigamos.

Dime, ¿acepas o no la propuesta de Celdrán?

-Pues claro que sí, madre.

¿Por qué si no me leería este ladrillo?

-Ven aquí

que te abrace.

-Me tienes que concertar otra cita con este Celdrán, ¿eh?

Tenemos que formalizar algunos asuntos.

-Me haces muy feliz con esta decisión.

Si ahora mismo estuviéramos en África,

beberíamos sangre de vaca en tu honor hasta hartarnos.

-¿Mejor lo celebramos

con un buen champán? -También.

¿Qué le sucede, Servando, parece un león enjaulado?

-Que tengo el alma en un vilo

con eso del ascensor. -¿Cómo?

Pero ¿no estaba construido ya?

-No te chotees, Martín, no te chotees,

que todavía está reunido don Ramón con el técnico.

-Habrá venido

a darle un presupuesto. -Y a tomar medidas.

Iba con un metro midiendo todo. Solo faltaba que me midiera a mí.

-¿Dónde están ahora? -En el principal.

Llevan más de dos horas de reunión.

El técnico le explicaba cómo iría la obra.

¿Tú te crees? -Sí lo creo.

Lo que no sé es por qué anda tan molesto.

-Qué poquitas luces tienes, Martín. ¿Por qué va a ser?

Porque lo hagan a mis espaldas. Que yo soy el portero,

el principal "interesao". -No exagere.

No hace ni 20 minutos

que vi entrar al técnico.

En un suspiro le informarán. -No sé cuánto durará

ese suspirito. -Menos de lo esperado.

-Muchas gracias por la atención y por el presupuesto.

En unos días, les mandaremos una respuesta.

-¡Eh!

¡Don Ramón!

¿Cómo que en unos cuántos días?

¿Cuándo va a empezar la obra?

Si es por mí, mejor mañana.

-Paciencia, Servando,

que todavía quedan unos cuantos flecos que aclarar.

-No se irán a echar ustedes ahora para atrás...

-Al parecer, y según las mediciones,

la maquinaria y los engranajes solo caben en un lugar de esta finca.

-Donde haga falta. Y si hay que sacrificar

la mitad del portal, se sacrifica.

¡Todo sea por el progreso y...! -Y ese lugar,

Servando, es la portería.

-¿Cómo dice?

-Lo que estás oyendo.

Si queremos instalar un ascensor en Acacias 38,

tendrás que abandonar tu casa.

Os habéis puesto bien guapas.

Muchas gracias, señorita, es que la ocasión lo merece.

-Le estamos muy agradecidas por el convite.

La agradecida soy yo porque hayáis venido a brindar.

-A brindar, a bailar, y a lo que se tercie,

que usted "to" lo merece.

-¿Y "ande" se han "metío" el Servando y el Martín?

-A saber, pero no podemos esperar más para el brindis.

-"Pa" chasco que no, doña Cayetana se pone hecha un basilisco.

No te preocupes, volveré a brindar con ellos.

-Así se habla, señorita, será por brindis...

-Los que hagan falta.

-Bueno, pues aguarde un momento, tenemos que darle una cosa.

-Es verdad, que tenemos una sorpresa de parte de la Fabiana.

Qué preciosidad de ramo.

-Aguarde a emocionarse.

Lea la nota que viene con el ramo.

-La Fabiana me la dictó.

Aquí está.

"Que estas flores sean el preludio de muchos años de dicha".

"Con amor, Fabiana".

Lo de "preludio"

se lo dijo una servidora,

que aprendió esas palabras en sus clases.

Bueno,

en nombre de "toas" mis compañeras,...

le deseamos que sea

"mu" feliz.

Tanto como se merece.

Que es lo más bonito y más bueno que ha "pasao" por aquí.

Por la señorita Teresa y su "prometío".

Aguarda.

Toma.

Quédate con la vuelta.

Víctor.

Mauro.

No le había visto.

Descuide, sé perfectamente adónde marcha.

No tiene que excusarse.

Vamos, no se demore.

Los invitados a la fiesta ya han llegado a casa de Cayetana.

Incluidos Teresa y el novio, claro.

Créame que lo siento por usted.

Ya sabe que le aprecio mucho,...

pero quiero pensar que este compromiso

es para bien.

Yo creo que Fernando es un buen hombre.

Y Teresa se merece ser feliz.

Y eso no le era posible a mi lado.

No he querido decir eso. Pero lo piensa, Víctor.

Igual que yo.

He perdido.

Ahora ya solo espero que merezca la pena.

Que tenga usted razón y Fernando la haga la mujer más feliz.

Estoy seguro que usted también va a encontrar esa dicha.

Se lo merece igual que ella. ¿Me lo merezco?

Bueno, ahí no estamos de acuerdo.

Pero no pierda más el tiempo conmigo.

Vaya a pasarlo bien a la fiesta.

Buenas tardes.

Buenas tardes, Víctor.

¡Auxilio! ¡Auxilio! ¡Por favor,

que alguien me...! ¡Auxilio!

¡Auxilio! ¿Que le ocurre, mujer?

¡Acaban de robarme!

Soy policía. ¿Cómo era? ¿Por dónde ha ido?

¡Un mal hombre, ha huido hacia los jardines del Príncipe!

¿En los jardines? Sí, por ahí. Por ahí.

Vamos, llevémonoslo de aquí antes de que nos puedan ver. Venga.

El paseo habrá de resultar breve, Elvira,

tu padre no quiere que estés...

¿Se puede saber qué haces?

¿Esto es lo que tú entendiste...

por ser cautos?

No me culpes. A tu lado no puedo serlo.

Empieza a aprender,

nos va la vida en ello.

La vida la tengo en tus besos. Sin ambos

puedes quedarte si no tenemos cuidado.

No dejaré que mi padre estropee tanta dicha.

Para que eso no ocurra, te estoy diciendo...

Elvira.

Escúchame.

Para mí no eres un capricho.

Contigo he descubierto la felicidad.

Yo en ti la mía.

Sí, pero todo pende de un hilo. Si tu padre

nos descubre,

lo menos que nos puede pasar es que nos separe.

Y, créeme,

prefiero estar muerto que no ver tu rostro.

Prefiero estar cerca de ti y amarte en silencio

aunque ni siquiera pueda

rozar tu mano.

Tienes razón, el riesgo es demasiado.

Sabía que lo entenderías.

Volvamos a casa.

Espera, Elvira, espera.

Antes voy a comprobar que no nos vea nadie.

Buenas tardes.

Ya puedes salir.

-No... No puede ser.

Mira el disco que tengo preparado.

-Y tú mira qué licor más rico.

-¿Más rico que tú?

Disculpad la ausencia de mi madre,

le ha surgido un compromiso de última hora.

No te esfuerces, todos sabemos

que tu madre no es amiga de estos eventos.

Con su presencia me es suficiente.

Me hace muy feliz que esté.

No podía faltar.

Les deseo lo mejor,

aunque pronto comprobarán que el matrimonio

es un camino lleno de espinas.

Requiere compromiso, esfuerzo y constancia.

Sí, desgraciadamente puedes hablar

por experiencia propia.

Solo espero que...

sepan caminarlo juntos,

apoyándose el uno en el otro.

Le agradezco sus sabias palabras y así lo intentaremos.

-Bueno, ¿qué?

¿Y esas caras tan largas? Estamos en una fiesta.

-Tiene razón. Tenemos mucho que celebrar.

-Aunque no lo parezca.

¿Piensan abrir el champán o solo están de adorno?

-Trini, se lo ruego.

Déjala, María Luisa,

todos conocemos a tu madrastra.

Según el protocolo, no se abre el champán hasta el brindis.

Ah... La diversión no entiende de protocolos.

-No cambiarás nunca,

y eso no puede satisfacerme más.

-Ay, qué zalamero que eres, bribón.

Don Fernando, aprenda de él,

que su esposa, por muchos años que pasen,

siempre agradecerá un buen requiebro.

-Perdonad el retraso. Descuide, han sido unos minutos.

Suficientes para que sea educado

pedir disculpas.

Hay gente que sabe estar y gente que no.

-Pues ya podemos brindar.

Sacad el champán.

-Les doy mis felicitaciones.

Les he traído un presente.

No era menester.

-Susana, ¿un cordón para las cortinas?

-Es un cíngulo.

-¿Un qué? -Un cíngulo.

-Es un cíngulo de seda y oro

para que lo luzca el sacerdote.

Es un símbolo de castidad

y recuerda al látigo con el que fue castigado nuestro Señor.

-Uh, muy propio para una boda, Susana.

-Sí que lo es, Trini.

El matrimonio implica castidad conyugal y sacrificio,

algo que parece que en estas calles han olvidado todos.

-Muchas gracias, doña Susana.

-De nada.

¿Tienen todos copa? -Sí.

Apuraos.

-Gracias.

Ahora sí. Brindemos por los novios,

para que el destino les traiga lo que todos les deseamos.

-Por los novios. (TODOS) Por los novios.

Vamos, Rosina, el carruaje está listo.

Eh.

¿Estás bien? -Ay, Liberto,

¿cómo habría de estarlo?

Me asusta el viaje.

Y me aterroriza lo que podamos encontrar en Marruecos.

-Ten fe, Rosina,

lo único que vamos a encontrarnos es a tu hija y a Pablo felices.

-Ojalá pudiera estar tan segura como tú,

pero todo ha sido por mi culpa. Sí.

No supe estar a su lado cuando todo se torció.

-No digas eso, hiciste lo que estaba en tu mano.

Y ahora vas a traerlos de vuelta.

-Ay... -Marchemos y no nos demoremos más.

Hay que coger un tren a Málaga.

-Y desde allí, el barco que nos llevará a Marruecos.

Gracias, Liberto.

Por acompañarme y estar a mi lado en todo momento.

-¿Qué esperabas?

Soy tu marido.

Vamos.

¿Qué tienes, Rosina?

Amor, ¿estás bien?

-¿Pablo?

¡Pablo!

¡Pablo, hijo mío!

¡Pensé que nunca más te vería!

¿Y mi hija? ¿Dónde está Leonor? ¿Y mi niña?

-Pablo, dinos, ¿dónde está Leonor?

-No sé, lo siento, no lo sé.

-¿Cómo que no lo sabes?

-Pensé que había regresado y que estaría aquí

con usted.

-Pero ¿qué dices? Si se fue contigo...

Pensábamos que estaba contigo.

-¿No está aquí?

No la he vuelto a ver desde que huimos.

Nos separamos.

Pensé que se habría cansado, que no querría correr mi suerte

y que había decidido volver a casa.

-Pero ¿cómo iba a hacer eso? ¡Nunca te abandonaría!

¡Siempre seguiría a tu lado! ¿Dónde está mi hija?

-Lo siento, todo ha sido muy duro, nada salió como planeamos.

¿Qué le has hecho a mi hija? ¿Qué le has hecho a mi hija?

(INTENTA GRITAR)

Por ti, Mauro San Emeterio.

Venga,

que se va a perder lo mejor.

-Teresa,

desde el primer día en que te vi,

soñé con que llegaría este momento.

Sigue haciéndome tan dichoso aceptando

esta muestra de compromiso y de mi amor.

(SUSPIROS)

Lo llevaré siempre

en mi mano

con dicha y orgullo.

-Y ahora, tienen que inaugurar el baile.

-Por supuesto.

(SUSPIROS)

(Música)

(Tren)

(INTENTA GRITAR)

Ayúdame a sacar todo eso que no quiero que termine

en el basurero.

-¿Para qué tenemos que moverlos? -Ah.

Porque mis días en Acacias se han "terminao", Martín.

¿Acaso no escuchaste a don Ramón

que iba a poner el ascensor en mi vivienda?

Entre estas paredes se quedan mis sueños.

Aquí vi crecer a Leonor,...

marcharse, y también vi crecer a María Luisa,

que dentro de nada saldrá por aquí vestida de novia.

Las hijas que nunca tuve.

Aquí he visto a los vecinos

felices e infelices.

Sí, Martín,...

aquí se queda mi vida.

Muy bien las criadas que has contratado.

Cierto, sí, he hablado con la mayor de ellas

para que sirva en esta casa

a partir de mañana.

Sustituirá a Fabiana. Me parece muy bien, doña Cayetana.

Me alegro de que le parezca bien, Fernando.

Porque me gustaría que usted y mi amiga Teresa

se quedaran a vivir en esta casa

mientras construyen la suya.

Tintes para el pelo.

Menuda estupidez.

-Ahora está de moda que las mujeres

se tiñan "pa" taparse las canas

o que las morenas se pongan de rubias.

Van a ganar mucho "money", como dice doña Consuelo,

y que no van a necesitar un hombre.

-Eso habrá que verlo.

Servando me ha entregado este sobre para ti.

¿Para mí? ¿De quién?

Eso es lo que quiero saber. Ábrelo.

Es de la tía Bárbara,

la hermana de mi madre. Sé quién es.

¿Qué se le ofrece?

Se va a vivir fuera y quiere que vaya a visitarla

para despedirse de mí. Al extranjero.

¿Qué irá a hacer esa perdida en el extranjero?

-"¿Te ofreces voluntaria?".

-No, señora.

No me voy a poner el pelo de amarillo.

-Ah, no, no, no.

Conmigo tampoco contéis. A mi Ramón le gusto así.

-Está bien.

Me lo pintaré yo.

-No te preocupes, hija, lo haré yo.

-No, madre,

si yo no confío en mi producto,

¿quién lo hará? Yo seré el escaparate

de mi negocio. -"¿Y ese pañuelo?".

¿Me dejas verlo?

Es solo un pañuelo.

¿Bordado por ti?

Sí. ¿A ver?

Tienes buena mano.

Qué pena que no lo necesites.

Te contrataría para bordar para mí.

Muchos hombres piden pañuelos,

pero este es especial. ¿Es para tu padre?

Sí.

Siempre se los hago yo. Ah... ¿Y por qué ha venido hoy

a encargarme tres pañuelos? -No sea cotilla, doña Susana,

será una sorpresa para su padre.

-O para otro hombre.

-"Toma, es para Huertas".

Que vaya a este lugar, le pueden dar trabajo.

Un empresario de otra ciudad pasará un tiempo aquí.

Así podrá dejar Acacias,

que es lo que quiere.

-¿Seguro que eso es lo que quiere?

-Completamente.

Pero no le digas que te he dado la tarjeta.

Es muy orgullosa, no se dejará ayudar por mí.

-"¿Y de Leonor?".

¿Ha dicho algo coherente? -Nada. A saber dónde se hallará.

-¿Es cierto de lo que me acabo de enterar?

-¿Lo de Pablo?

Lo es.

-¿Y dónde está Leonor? -Eso mismo le comentaba

a Víctor, no sabemos.

Se separaron a las pocas horas y volvieron a verse más.

-¿Dónde se habrá metido esta chiquilla?

-(LLORANDO) "Puse a mi hija en tus manos,"

y tú la pusiste en peligro.

¡Tú debía cuidar de ella, pero no hiciste eso,

la dejaste abandonada a su suerte!

Si algo le pasa,

sea lo que sea,

tú serás el único culpable.

-"Le digo una cosa,"

me encantaría ser invitada a la boda, aunque solo fuera a la ceremonia.

-Ah...

No creo que de saberlo, Teresa la rechazara.

Quizá debería acercarse más a ella.

-Eso haré.

Además, seguramente pronto necesitará ayuda.

-¿Por qué dice eso?

-Simple intuición.

La vida es un camino de espinas,

y antes o después, todos necesitamos ayuda.

¿Quién sabe si en un momento como este de felicidad para ella,

le llega una noticia inesperada y demoledora?

-"Con permiso".

Una comunicación para usted.

Avisen al juez y al inspector que acudan al puente de Mediodía.

Cuando aparezca San Emeterio, dígale que estamos allí.

¿Problemas?

-Ha aparecido un cadáver en las vías del puente.

Hay que levantar el cuerpo para reanudar el servicio.

-¿Le han dicho de qué se trata?

¿Un accidente, un suicida?

-No, tan solo que se trataba de un hombre.

-Ese cadáver va a traer muchos problemas.

Por vosotros.

Por vuestra estancia en esta casa

y por los planes que salen a pedir de boca.

¿Todo en orden?

-Sí.

El borrador está redactado.

Solo falta mecanografiar y firmarlo.

El juez Valbuena es muy eficaz.

-¿Puede retirar el cadáver? -En unos minutos.

¿Algún indicio de su identidad?

-El tren ha dejado el cuerpo irreconocible.

-¿Usted qué cree?

¿Suicidio o accidente?

-O asesinato. -"¿Vio el pañuelo"

atado en el Sagrado Corazón?

Ay, sí, me llenó el pecho de alegría.

Supongo que la noticia llegará en breve al barrio.

Mauro San Emeterio

nunca más volverá a ser un problema.

-"Hemos tenido suerte".

Han encontrado la cartera en la chaqueta.

No la habían visto porque estaba debajo de un miembro amputado.

-Un momento.

Esta cartera es igual que la de...

-La cédula de Mauro San Emeterio.

  • Capítulo 465

Acacias 38 - Capítulo 465

01 mar 2017

Lolita evita que el Coronel descubra a Elvira con Simón en el altillo. Elvira se justifica, Arturo la escucha y no encuentra a nadie ni nada sospechoso en la habitación. Aun así, el coronel le pide a Simón que redoble su vigilancia sobre Elvira. De lo contrario, lo despedirá. Mauro y Teresa viven una dolorosa despedida antes de la pedida. La fiesta de la boda da comienzo, todos brindan por los novios y Fernando le regala el anillo a Teresa. Elena le tiende una trampa a Mauro y lo secuestra. Mauro es atado a las vías y podría ser arrollado por un tren. Antes de que Rosina y Liberto partan a buscar a Pablo y Leonor, Pablo aparece por Acacias, pero lo hace solo, sin su mujer.

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