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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 460 - ver ahora
Transcripción completa

¿Qué pasa? ¿Qué hacen ustedes aquí?

-Sosiéguese, Felipe.

-Lamento haber llegado a este extremo.

Hubiera preferido que no fuera tan dolorosa tu salida.

-Me voy de mi casa,

pero volveré. -"No va a quedar aquí".

Esta gente volverá a arremeter contra el profesor.

Volveremos a plantarle cara. No sabía que fueras tan fuerte.

Me he criado en un hospicio.

¿Y os enseñan a pelear así?

O das o recibes. "Ella le quiere,"

pero no da el paso.

Si me dice que la quiere,

y que va a hacerla feliz, me iré a escape.

No pienso interponerme ni ser un obstáculo.

-Habréis encargado dos habitaciones,

¿no? -Tía...

-Que no estáis casados. Hemos tenido bastantes indecencias.

-¿Podemos tener la despedida en paz?

-Anda, idos ya, que le habéis prometido al coronel

que desapareceríais de aquí.

Casi prefiero no saber nada.

-"¿Y qué he de hacer yo?". -"¿Tú?".

-Que si sigo faenando aquí o le sigo a casa de doña Trini.

-Será mejor que te quedes,

esta también es tu casa.

-Pero es que usted es mi señor, señor,

y mi casa está donde esté.

-Me resultas mucho más útil aquí.

Así te enteras de lo que planea esa señora.

-"No queda nada"

entre nosotros.

-Había algo más que un mero asunto de cama.

Te preocupas realmente por él.

Le querías.

"Fabiana me rinde pleitesía"

y nunca me perjudicaría.

A usted no, pero ¿y a mí?

Está bien, ¿qué trata de decirme?

Hicimos un pacto.

Quedamos en que usted se desharía de ella.

Cúmplalo.

-Tomaré medidas para las cortinas. -¿Qué cortinas?

-Unas que nos va a hacer para los ventanucos.

¿Por dónde va a empezar usted?

-Pues... por las habitaciones que estén vacías ahora.

-La ganadora es la del Simoncico.

Ha "salío" el angelico

unos días de la ciudad. -"Iré a denunciar a esa mujer".

No pararé hasta verla en el garrote. No me voy a dejar

pisotear más. Se acabó. No vas a hacer tal cosa.

Digo que no vas a hacer tal cosa.

¿No? ¿O qué?

Me obligarás a hacer lo que no quiero hacer.

Ya me has oído, no me obligues a hacer lo que no quiero.

Guárdate tus amenazas.

Esa demonia merece ir a la cárcel, y allí la mandaré.

Vete de aquí.

Sí,

mejor será que dejemos reposar las cosas.

No me entiendes, no quiero volver a verte.

Pero ¿qué enormidades me pides, hija mía?

No me llames así, fuera de mi vida.

¿Que Dios me haya "mantenío" con vida para ver esto?

Mi hija expulsándome de su vida. Quiero que te vayas para siempre.

¿Prefieres tener a ese dengue de Úrsula

antes de a quien a ti te ha "parío"?

No.

No lo admitiré, no. Sí, sí lo admitirás

porque sabes qué te conviene. ¿Sabes quién me importa?

Yo misma. Contigo por aquí lo perderé todo.

Y yo lo sacrifiqué todo por ti.

Y lo vas a seguir haciendo. Olvídate de lo que hemos vivido.

¿Pretendes que borre de mi mollera

que somos madre e hija? Exactamente.

Ni que me saludes por la calle quiero.

Vamos a ser completas desconocidas.

Y así estamos a salvo.

No sabes lo que me pides.

¿Acaso tú...?

¿Tú serás capaz de olvidarme a mí?

Ya lo he empezado a hacer.

¿Y Teresa?

¿Qué será de ella?

Me alegro de haber asistido como oyente a sus clases.

Ha resultado una exposición brillante.

Los alumnos le han escuchado boquiabiertos.

No podía ser de otra forma.

Gracias a su elocuencia,

parecía que formábamos parte de una expedición de Darwin.

-Me halagan en exceso, queridos amigos.

Lo fascinante es la materia, no el que la ha expuesto.

Sí que resulta apasionante.

Es asombroso ver cómo algunas especies

se adaptan al entorno y evolucionan para subsistir.

-Lo es más comprobar

cómo algunos miembros de la nuestra se resisten a adaptarse.

No le falta razón, Fernando.

Demos gracias a la presencia de la policía.

Evitó que esos fanáticos religiosos interrumpieran las clases.

-Por desgracia, en nuestra patria,

aún queda mucho para que se dejen las supersticiones

y se aprenda a confiar en la ciencia.

-Así es. De momento, el nombre de Darwin solo sirve

para hacer bromas sin gracia

o para que su cara y el cuerpo de un primate ilustren un anís.

-No pierdan la fe

en nuestros semejantes.

La luz de la ciencia terminará por iluminar tanta niebla.

-Voy a saludar a Víctor

y a preguntarle si podemos sentarnos en una mesa.

Da pena abandonar una conversación placentera.

Ponencias como la que ha dado a nuestro colegio

lograrán que nuestros jóvenes venzan tantos prejuicios.

-Así lo creo.

Es el principal objetivo de la educación.

No debemos formar profesionales,

sino personas.

Por cierto, su colegio tiene

muy buena materia prima.

En estas pocas clases he podido apreciar que algunos alumnos

son de lo más prometedor.

En especial un huérfano al que llaman... Tirso.

He oído hablar de él, pero no le he impartido clases.

Cuando lo haga,

verá que no la engaño.

Destaca sobre el resto,

es aplicado y tiene una inteligencia viva.

Si viera las preguntas

que me hacía...

¿Sabe, profesor?

Estos días no solo...

me ha enseñado la evolución, sino que ha reactivado mis ganas

de dedicarme a la enseñanza.

-Usted descuide,

le preparo una mesa. -Es un detalle, estabais cerrando.

-"Pa" los buenos amigos, La Deliciosa está siempre abierta.

Veo que Teresa y usted vuelven a estar unidos.

¿Ha superado ya las dudas?

-Por desgracia aún no, seguimos en la misma incertidumbre.

Ni sé lo que me depara el destino ni si tenemos un futuro juntos.

-Lamento oír eso.

-Te lo agradezco.

Pase lo que pase, que sea lo mejor para Teresa.

Voy a avisarles y ahora vengo.

-Aquí les espero.

Aún no me ha "respondío".

¿Qué será de ella?

Lo que le ocurra o no no es de tu incumbencia.

Nones. No me apartaré de tu vida

hasta que no me asegures que nada malo le pasará.

Mucho interés tienes por Teresa.

He pasado con ella tu falsa convalecencia

y he visto cómo se desvivía

cuidándote.

Ha crecido una verdadera estima entre las dos.

Por "na" del mundo

estoy dispuesta a abandonarla.

Aprecias más a ella que a tu propia hija.

Ella, al contrario que tú, no me ha "pedío" que me aparte.

Tanestúpida como siempre.

No ves las razones que me mueven a actuar así.

Pues cuéntamelo "to".

¡No lo entenderías!

Nunca mes has conocido.

Es posible,

porque lo que he "conocío" no me ha "gustao" na de "na".

He "tratao" de justificar "toas" tus "barrabasás".

Quería pensar que bajo esa coraza de hierro

había un corazón.

Pero tienes razón, Cayetana,...

soy una pobre tonta.

En verdad...

En verdad no hay nada.

Puedes estar tranquila.

Nunca más volveré a molestarte.

Adiós,...

hija mía.

Adiós, madre.

Doña Susana, ¿necesita usted ayuda

"pa" tomar medidas?

-No, no, gracias.

Ya me apaño yo sola.

(SIMÓN) "Palabras".

No son solo palabras, son hechos.

Tengo su fotografía.

Las estampitas que me mandó, su cabello...

Usted es mi madre.

¡Deje de engañarse y reconózcalo!

Ay...

(CARRASPEA)

Ay, Dios mío.

Ay...

(Voces)

-No sé yo si...

-Doña Susana, ¿seguro que está usted bien?

Tarda una barbaridad. -Sí, ya he terminado.

Vendré otro día a tomar más medidas.

Es que hoy se me ha hecho tarde.

Estoy muy fatigada.

-¿Quiere que le preparemos una tisana? Tiene mala cara.

-No.

Es solo cansancio. Ay...

A más ver.

A las buenas, Martín.

¿Cómo se encuentra nuestro Servando? -Le duelen hasta las pestañas.

-(SERVANDO CARRASPEA)

¿Qué murmuráis a mis espaldas? -Temple, me interesaba por su estado.

-Bueno, pues ya me ves. Hecho una rosa.

-Una rosa bien marchita.

¿Quién le manda ponerse debajo?

-Cuida tus palabras, niña,

que la Servandina era un prodigio de la ciencia.

Alguien la saboteó "pa" que no alcanzara la fama.

No encuentro otra explicación.

-A usted le queríamos ver. -Ay...

-Le traemos unas friegas

que van a ser mano de santo.

-Pero ¿qué friegas?

Yo soy muy hombre para que ese golpe me afecte.

-Así, con entereza.

-Bueno...

Usted será muy hombre, pero una juraría

que está viendo las estrellas.

-Servando, déjese de disimulos.

No entregó la pelleja de milagro. -Sí.

Y todo por figurar delante de doña Consuelo.

-Pero ¿qué tontuna es esa?

A ver si os imagináis que se me ha "olvidao" el sagrado vínculo

que me une a mi Paciencia. Trae estas friegas,

pero para que se me pase el dolor de cabeza

que me habéis "levantao". De la espalda estoy bien.

(CARRASPEA)

Venga, ya...

-Aguarda un suspiro, Lolita.

-A mandar, Huertas, ¿qué quieres?

-Solo saber sobre Felipe. ¿Cómo está?

-No sé si debería contártelo.

-Si me intereso por él, es por la estima que le tengo.

-Que esto no salga de aquí.

-Anoche, él y doña Consuelo

tuvieron una trifulca de toma pan y moja.

No creo que se quede de brazos "cruzaos"

con las barbaridades que le dijo.

¿Qué significa este equipaje?

-Mejor será que se lo preguntes a su dueño.

-Felipe, ¿acaso quiere marcharse de nuestra casa? ¿Por qué motivo?

-A ver si tú tienes más suerte.

A mí no hay manera de que me lo diga.

-¿Hemos hecho algo que le ha incomodado?

Le ruego que nos disculpe.

-No, no, por favor.

Se han comportado como unos anfitriones exquisitos.

Han demostrado el gran afecto que me tienen.

-No parece

que así sea por lo poco que pretende permanecer a nuestro lado.

-Discúlpenme.

Nada tiene que ver con mi determinación.

Si fuera cuestión de estima, no me movería de su hogar.

-¿Entonces?

-Cuéntenoslo, no nos deje con la duda.

-Sepan ustedes que la noche pasada mi suegra me hizo unas acusaciones

que no debo consentir.

Sé cómo funcionan estas cosas. El rumor irá a la calle,

y no quiero dar ni media razón a esos infundios.

-No lo entiendo.

¿Qué ha podido decir para que ponga tierra de por medio?

-Me tildó de interesado.

Me dijo que me aferraba a mi hogar

por el dinero y el estatus que me daba su hija.

-Comprendo, son muy duras palabras.

-Y son falsas. Es cierto que no me crié en una familia de posible,

pero salí adelante por mi esfuerzo, mis estudios

y mi trabajo.

Jamás me casé con Celia con la intención de medrar.

-Lo sé, Felipe, con nosotros no es necesario que se justifique.

-Don Felipe,

no se lo tenga en cuenta.

Yo conozco bien a Consuelo

y sé que si dijo eso, fue por,...

por el calor del momento, la discusión.

Pero estoy segura de que no piensa así.

-Ya es demasiado tarde.

La ofensa está hecha

y no daré motivos para afianzarla.

No aceptaré la ayuda de nadie.

Viviré con mi salario de la comisaría.

He cogido una habitación.

-¿Cuándo piensa trasladarse?

-Hoy mismo, pero no se preocupe por mí.

Como otras veces, saldré adelante.

-En ningún momento hemos dudado de sus capacidades, Felipe,

pero no es menester tanto esfuerzo.

Somos sus amigos, queremos ayudarle en estos momentos.

-Así es.

Nunca hemos pensado que se aprovechara de nosotros.

-Lo sé, y se lo agradeceré eternamente,...

pero no todo el mundo son como ustedes.

Le ruego que no insistan.

La decisión está tomada.

Lolita vendrá a por mis pertenencias

y me ayudará a instalar.

Gracias.

Deberíamos contratar más profesores.

Ya no dan abasto.

Sí, lo tenía en consideración.

He estado pensando en poner yo también de mi parte.

Estoy decidida a volver a impartir clases.

También me gustaría hacerme cargo

de la tutoría de los niños.

Niños entre los que se encuentra Tirso. Ese del que Odón

habla maravillas, ¿no es así?

He de reconocer

que las palabras del profesor han despertado mi curiosidad.

Pero lo que de verdad deseo es recuperar mi vida.

El trabajo, la normalidad a fin de cuentas.

Eso es lo primero que debo hacer.

Teresa, un mozo trae una nota para ti.

¿De quién es? Míralo tú, no ha querido dármela.

¿Quién te escribe, querida? Te veo un poco afectada.

Es... una nota del colegio.

Ha sucedido algo y tengo que acudir a la mayor urgencia.

¿Deseas que te acompañe? No,

mejor voy sola, perdóname.

Descuida.

Continuaremos en otro momento.

Muy impactada se ha quedado con las noticias del colegio.

Le ayudo a recoger.

Descuide, no es menester que se moleste.

No, no es ninguna molestia. Así conversamos.

Me gustaría romper la distancia que hay entre los dos.

¿Por qué dice eso? Vamos, amigo,

no hace falta que disimule conmigo.

He notado su incomodidad cuando nos quedamos a solas.

Supongo que debe de odiarme.

De ninguna manera.

Qué disparate.

Debería hacerlo.

He sido un obstáculo para sus pretensiones con Teresa.

Estaba usted enferma.

No puedo culparla. Le agradezco que sea considerado.

Es usted un buen hombre, Fernando.

Sería un gran marido, el mejor para Teresa.

Eso deberá decidirlo ella.

Nosotros no podemos hacer nada.

Por desgracia. Ya sabe que adoro

a Teresa y mi único deseo es que sea dichosa.

Sé que a su lado encontraría la felicidad.

No deje de luchar por ella.

¿Qué ocurre? ¿No cree en la sinceridad de mis palabras?

No,

no sé si están motivadas por el aprecio a mi persona

o porque quiere alejar a Teresa de Mauro.

Está bien, le contestaré con la misma sinceridad

con la que usted me obsequia.

Ya le he dicho que mi único deseo es la dicha de Teresa,

y sé que Mauro nunca podrá brindársela.

Doña Consuelo,

disculpe que la moleste.

-No molestas, Lolita, ¿qué puedo hacer por ti?

-Verá usted, es que necesito tomarme la tarde libre.

-De cuerdo, no hay problema.

-Descuide, que dejaré la faena hecha.

-No me cabe ninguna duda.

Sé que eres muy responsable.

-¿No va a preguntarme por qué me tengo que marchar?

-No, no veo la necesidad.

Está bien.

Te daré el capricho.

¿Por qué motivo te vas a ausentar?

-Tengo que ayudar a don Felipe a mudarse.

-¿Acaso deja la casa de los Palacios?

-"Pa" trasladarse a una pensión de mala muerte.

No le queda otra.

-Y tú me consideras responsable de ello.

Contesta, no temas.

-Arrea, doña Consuelo, ¿y si no quién va a tener la culpa?

-Él mismo, Lolita.

Son sus actos los que le han llevado a esto,

no mi persona.

Aunque no lo creas,

a mí también me apena la situación en la que está.

Pero no me siento culpable.

Solo estoy defendiendo los intereses de mi hija,

como cualquier madre.

-Doña Consuelo,

crea que a mí no me gusta inmiscuirme en las cuitas de los señores,

pero me cuesta trabajo creer que Celia

está contenta con lo que sucede.

Perdone esta descara.

Me vuelvo a la cocina.

Qué grata sorpresa su visita, estimado vecino.

Siéntese, por favor. -No, gracias, solo quería comentarle

algunas cuitas del edificio.

-Se referirá al estropicio de Servando

con ese endemoniado artilugio.

Disculpe a nuestro portero, no sabe estarse quieto.

-Me temo que es un asunto de más enjundia.

He leído en el diario las quejas de la santa iglesia

con respecto a ese profesor que trabaja con Teresa.

-Odón de Buen. -El mismo.

También estoy al tanto

del altercado que hubo en nuestra casa el otro día.

-Me resultó lamentable.

Nadie debería inmiscuirse en las creencias

de los demás, y menos por la fuerza. -Difiero de usted.

El respeto que pide se terminó en el momento en que De Buen

dudó de la creación del Señor.

-Arrea.

¿Está de acuerdo con los salvajes que apedrearon la casa de Cayetana?

-No, no puedo aprobar

ese comportamiento,

pero no me agradada vivir en la finca donde puede refugiarse

un hombre que insulta a Dios.

¿No está de acuerdo, don Ramón? -Lo que creo es que nosotros

no debemos meternos en lo que pase en las casas

de nuestros vecinos.

Y tampoco creo que religión y ciencia deban estar reñidas.

-Lo que precisamos es sangre joven que nos modernice.

Es una pena que Leonor se tuviera que marchar.

Por cierto,...

¿sabe ya algo Rosina de Pablo y Leonor?

-Tendrá que preguntárselo a ella misma en persona.

-Ah.

Disculpe.

Supuse que como mantenían una relación tan estrecha,

que estaría al tanto.

-La única relación que existe entre doña Rosina y yo

es la de una casera y su inquilino.

Hemos decidido de común acuerdo alejarnos.

-Comprendo.

A nuestra edad, es difícil congeniar

con otros. Rosina es un primor,

pero es una mujer especial.

-Demasiado especial en mi opinión.

Si me disculpan, tengo asuntos que tratar.

-Por supuesto, le acompaño a la puerta.

-Con Dios.

-(CIERRA LA PUERTA)

-Ramón, de verdad, qué hombre más sieso.

Parece que se ha tragado el palo de la escoba.

-Ten tacto con él. Miedo me dan sus reacciones.

-¿No crees que oculta algo? Yo creo que deberíamos averiguarlo.

-Pero ¿qué te acabo de decir?

Cuanto más lejos de él, mejor para todos.

No empieces con tus intrigas.

Te agradezco que hayas acudido

a mi llamada.

Agradécemelo sin rodeos.

¿Por qué me has hecho venir?

¿Ha ocurrido algo malo?

No.

No, tan solo necesitaba hablar contigo.

Ponerte al día de algunas cosas.

El comisario del Valle ha decidido abandonar su cargo...

y me ha ofrecido ocupar su puesto. Seré el nuevo comisario.

Te felicito.

Te lo mereces, eres un buen policía.

Pero dudo que me hayas hecho venir

para contarme eso.

Mauro, dime de una vez,

¿qué quieres contarme?

Es que no me resulta sencillo.

No sé si me comprenderás.

Ponme a prueba.

He estado pensando mucho en nosotros.

En todo lo que nos ha pasado.

Yo tampoco he dejado de hacerlo.

Ha llegado la hora de afrontarlo.

De tomar la mejor decisión para los dos.

Teresa, yo te amo.

Mauro. No, espera.

Nunca he querido así

y estoy seguro de que nunca lo voy a hacer.

Yo te voy a amar siempre,...

pero tan evidente como mi amor...

es que no podemos estar juntos.

Siempre ocurre algo que lo estropea.

Teresa, yo quiero que tú seas feliz.

Y esta es mi manera de demostrarte que es lo único que me importa.

Mauro, no entiendo dónde quieres llegar.

Hace unos días me pediste que te dijera que no te casaras.

¿Acaso vas a hacerlo?

No.

Al contrario,...

te voy a pedir que lo hagas.

Aunque al hacerlo, se me desgarre el alma.

Aun así, lo has hecho sin pestañear.

Porque estoy seguro de que es lo mejor.

Con Fernando vas a ser feliz.

Él te dará la dicha que yo no puedo darte.

Por favor, no llores. No.

Los dos sabemos que es la única determinación que podemos tomar.

Supongo que ha sido un beso de despedida.

El último.

El más dulce y el más amargo.

Si de verdad me quisieras como presumes,

otras habrían sido tus palabras. No.

No, Teresa, no.

No, Mauro, déjame terminar a mí.

No te culpo,

porque no puedo hacerlo.

Lo que ha sucedido, ha hecho

que se rompa lo que sentimos el uno por el otro.

No podía ser de otra forma.

Supongo que tienes razón.

Hemos cambiado.

Y lo mejor será que cada uno siga su camino.

Servando.

-¿Qué? -Mire quién viene a verle.

-Estate quieto, Servando,

y sigue descansando. -No, no...

Si no me pasa nada, tan solo estaba meditando, pero ya no me duele.

-No te hagas el fuerte.

Martín me ha puesto al día de lo sucedido,

y ha sido una suerte que no hayamos lamentado mayor desgracia.

Te he traído estos bollos de La Deliciosa,

a ver si el dulce te ayuda a recuperarte.

-Es usted pan de Dios.

No se tenía que haber molestado. No era necesario.

-Tampoco era necesario

que construyeras la Servandina solo por mí.

-¿Qué?

-Por usted no,

simplemente era mi aportación a la evolución del ser humano,

pero me han debido de sabotear. Ya sabe, se resisten al progreso.

-Pues pierde cuidado, porque en este caso

tienes la lucha más que perdida. La Servandina ya está inventada.

Aunque, sinceramente,

le han puesto un nombre mucho menos acertado, ¿eh?

Se le llama ascensor.

-Ah.

¿Y ha montado en alguno de ellos?

-Por supuesto. Nueva York está llenito de ellos.

Los están instalando en todos los edificios.

-Vaya, imagino que serán mucho más seguros que la Servandina.

-Con permiso. Vete para allá.

Entre usted y yo,

algo había oído de eso, pero mi pretensión era mejorarlo.

-Lo que sí es cierto, es que ningún ascensor de los que vi

tenían un diseño tan atrevido como el de Servando.

Y ahora disculpadme, pero me tengo que marchar.

Servando, mejórate.

Y, por favor, no hagas locuras.

-¿De qué te ríes,

"desgraciao"?

-Pero ¿no lo sabe usted?

Ha estado a punto de entregar la pelleja por inventar algo

ya inventado. ¿No me diga que no es gracioso?

-Sí.

Estoy más feliz que unas castañuelas, ¿o no me ves?

-¿Con qué nos sorprenderá ahora? ¿Con qué invento?

¿Con la locomotora a vapor

o con el teléfono? Lo puede llamar

el Servandino comunicador.

Buenísimo.

La cocinera aún no parecía saber qué tomaríamos de cena.

La casa sin Simón se nos viene encima.

¿Sabemos cuándo volverá?

Precisamente estoy leyendo una misiva del embajador turco.

¿Y le da alguna novedad sobre nuestro mayordomo?

Así es.

Agradece sus servicios y se disculpa por haberle retenido más tiempo

del acordado.

Celebró una recepción y necesitaba de sus habilidades como traductor.

¿No dice cuándo volverá?

Es de suponer que mañana mismo.

Lo dejo solo.

Comprobaré que la cocinera sigue mis indicaciones.

"En agradecimiento por su ayuda, le escribo las señas que me solicitó

con tanto ahínco.

"Me siento orgulloso de ponerle en contacto

con nuestro célebre empresario Octavio Pamuk,...

con la esperanza de que sus negociaciones

le resulten fructíferas".

Vamos a sentarnos una miaja, Casilda.

-Sí.

Doña Susana, aguarde usted

un suspiro.

-¿Qué quieres? -Poca cosa.

Solo quería saber cuándo va a volver a subir al altillo

para seguir tomando medidas.

-Hoy tengo mucho trabajo, otro día.

O si no, tomadlas vosotras mismas.

Ay...

-Arrea.

Me da a mí que se quedan sin cortinas

como yo me quedé sin abuela.

Ya me extrañaba que se hubiera vuelto tan desprendía.

-¿Has visto, Casilda? Mira.

Flores a real.

-¿A real?

-Mingo.

Disculpe.

¿A qué esos precios tan "apañaos"?

-Cierro el quiosco. -Ah...

¿Y qué va a hacer ahora?

-Marcho a una fábrica.

-Si es para mejor, "bienvenío" sea.

-Eso. Que tenga usted mucha suerte.

Habrase visto...

Este hombre ha "perdío" el oremus.

Dejar un negocio boyante para dejarse la salud en una fábrica.

"Seña" Fabiana, ¿me está usted escuchando?

-Ay...

Perdona, Casilda, déjame con la señorita Teresa,

anda.

Fabiana.

Me alegro de verte en la calle.

Te recuperas a las mil maravillas.

Esperemos que sí,

pero no hablemos de una.

Siéntese.

¿Está usted bien?

Parece "disgustá".

Pierde cuidado.

Aunque no lo parezca, me encuentro feliz.

Para ser más exacta,

lo seré dentro de muy poco.

He decidido dejarlo todo y empezar una nueva vida.

Le deseo lo mejor.

Lo merece, es usted más buena que el pan.

Y sepa que no es la única que va a cambiar de vida.

Aunque lo siento por usted,

no voy a ir a faenar más

a casa de doña Cayetana. ¿Cómo?

Esas paredes encierran

"demasiaos" recuerdos malos para mí, no los soporto.

Te entiendo. ¿Lo has hablado con ella?

Se habrá negado, ¿no?

Te estima mucho.

Una miaja. Pero me he "mantenío" en mis trece.

Me da mucha lástima no verte más por la casa,

pero si es lo que tú quieres,

te deseo lo mejor.

"Agradecía", señorita.

¿Estás considerando marcharte de Acacias?

Me daría mucha pena

no verte más por aquí. Descuide.

Estoy pensando en una cosa que me ilusiona una barbaridad.

Sería como hacer una especie de homenaje

a mi comadre Guadalupe.

¿Estás considerando hacerte cargo del quiosco?

Me parece una idea muy bonito. Cuenta con mi ayuda

para lo que necesites.

(LLORA)

Simón...

Qué joven

e ingenua eras...

Tonta.

Qué tonta.

"Todo lo que dices son embustes".

¡Yo solo tengo un hijo

y se llama Leandro!

Qué tonta.

Ay...

Ay.

Arrea, menuda choza.

¡Uh!

-Lolita, no me lo hagas más difícil.

-No me regañe, señor, sabe que llevo razón.

Pero ¿cómo va a vivir aquí?

-Tan solo necesito un buen catre.

-Y no parece muy cómodo que digamos.

Con lo alto que es tendrá que abrir la puerta.

-No exageres. -Pero si es verdad.

-Esto es diminuto, señor. ¿"Ande" va a meter sus libros?

-Sí.

Parece que no hay espacio para mis enciclopedias y libros de leyes.

-Ni siquiera lo hay para una novelita de la señorita Leonor.

-Supongo que tendré que dejarlos atrás.

Como otras muchas cosas.

Toma.

Es lo único de valor que me pertenece.

-¿Y por qué me lo da?

Huy.

Señor,

mire que el reloj, la pluma y los gemelos

sí que le caben. -Véndelos.

-Pero ¿qué está diciendo?

-Quiero que intentes sacar el mejor precio por ellos.

-Señor, esta es su pluma favorita.

Y el reloj que le regaló doña Celia "pa" el aniversario.

No se deshaga de ellos. -Me ayudarán a pagar el alquiler.

No quiero añoranzas absurdas.

-Pero... -Mi situación ha cambiado.

Tengo que ser prudente.

-¿Se puede pasar?

Aún quedan cosas en el carruaje.

-"Pos" tendremos que sacar la cama.

-Huertas.

¿Qué haces tú aquí?

-Perdone, señor,

que es que se ofreció "pa" echar una mano

y no pude convencerla "pa" que no lo hiciera.

-Lolita, ¿puedes subir lo que falta?

Gracias.

-No es un palacio, pero he dormido en cuartos peores.

-Te agradezco los ánimos,

pero permíteme que lo dude.

No deberías estar aquí.

-No me malinterpretes, no te estoy persiguiendo.

Tan solo quería ayudarte

como haría una amiga.

-Y como tal lo estás haciendo.

Y te lo agradezco.

Pero...

dadas las circunstancias,

me gustaría mantener la distancia.

Es lo mejor para ambos.

-Al menos quiero que sepas que puedes contar conmigo.

-No lo dudo.

-Ayudaré a Lolita a subir lo que falta

y me marcharé.

-Te lo agradezco.

¡Uh!

Me ha sobresaltado, no la había visto.

-Ya me he dado cuenta.

-¿Acaso espera usted a alguien? -Así es.

Y espero que no tarde mucho en llegar.

-Sea quien sea, recemos para que traiga paz al edificio.

-Querida, todavía eres demasiado joven para entender

que a veces la paz solo llega después de la guerra.

(Carruaje)

Y ahora, disculpa,

ya llega a quien esperaba, voy a recibirla.

Celia.

Ven aquí.

Ay...

Mi amor...

Bienvenida a tu casa, hija mía.

Parece que mi querida Celia ha regresado a Acacias.

Y al siglo XX.

Se ha quitado ese moño que llevaba la reina María Cristina.

Seguramente viene dispuesta a darnos más momentos de entretenimiento

con sus disputas matrimoniales.

Supongo que no me habrá hecho venir a su casa

para chismorrear de sus vecinos.

Antes disfrutaba de una buena conversación.

Sí, pero prefiero mantenerlas con quien sí me escucha.

Usted me ha demostrado que en su caso

no es así.

Creía haber dejado bien claras

mis condiciones. Y yo,

que no acostumbro a recibir órdenes. Y por lo visto,

mucho menos a cumplirlas.

Fabiana continúa en Acacias.

Hoy estaba por el barrio como si nada.

Fabiana ya no es un problema.

No comparto su opinión. No es una opinión, es un hecho.

Puede dormir tranquila.

Dormiría mucho más tranquila si Fabiana

no estuviera aquí. La he despedido,

y lo que le he dicho, no volverá. No hablará con la policía.

No tenemos nada que temer.

¿Cómo está tan segura?

Porque lo digo yo y basta. No quiero hablar más del tema.

¿Queda claro?

En lo único en lo que tenía razón es que

no me convenía tener a Fabiana cerca.

Ha tomado demasiado cariño a Teresa

y no creo que le agradara saber lo que tenemos reservado

para ella.

Fernando.

Aguarda.

Te estaba buscando.

En tu casa no sabían nada de ti.

Estaba almorzando con Odón. Me hubiera gustado acompañaros.

Menos te hubiera complacido nuestra charla.

El profesor nos abandona. ¿Cómo?

¿Adónde se marcha?

No le habrán convencido esos energúmenos.

No tiene nada que ver.

No conoces bien a Odón.

La intransigencia solo le hace persistir más

en su propósito. ¿Entonces?

Piensa salir en expedición para continuar su trabajo de campo.

Entonces poco podemos hacer para retenerle.

Le voy a echar tanto de menos...

Puede que no solo a él.

¿Acaso conozco a alguien que le acompañe?

Fernando, ¿hay algo que quieras contarme?

Teresa, siempre he querido hacer un viaje semejante

alrededor del mundo.

No estarás pensando en acompañarle.

Así se lo he sugerido y no ha mostrado oposición.

Puedo cumplir mi sueño.

No, por favor, no lo hagas. Te necesito.

Sabes que te amo,

pero no puedo ser la muleta en la que te apoyes

cuando desfallezcas. No quiero que seas mi apoyo,

quiero que seas mi marido.

¿Qué estás diciendo?

¿Estás segura de que quieres dar ese paso?

Nunca lo he estado tanto de nada. ¿Qué te ha hecho cambiar de opinión?

Fernando, siempre has sido honesto conmigo,

y te lo agradezco.

Por favor, déjame que te lo pague con la misma moneda.

No espero menos de ti.

Sabes que te tengo en la más alta estima,

que te aprecio y te admiro.

Pero no me amas.

No.

Aún me queda recorrer un largo trecho,

pero con el tiempo

lo conseguiré.

Tú y yo podemos ser un matrimonio muy dichoso.

¿Cómo estás tan convencida?

Porque me gusta luchar por lo que creo, y yo creo en ti.

"Teresa vino aquí a arrebatarme la vida".

Quería quitarme todo lo que soy.

Convertirse en Cayetana Sotelo-Ruz.

Y me engañó.

Se hizo con mi cariño,

con mi corazón.

Cuando solo quería hundirme.

Pero esa necia no sabe lo que eso significa.

No sabe todo el dolor que he padecido.

Todos los amores que he dejado

por el camino.

La muerte siempre acechándome.

Cada desvelo,

cada revés que me ha dado la vida...

La comprendo. No.

Úrsula, no puede.

No sabe lo que es

perder al primer amor.

Sentir la traición de tu esposo.

Ni perder a lo que más quieres.

La sangre de tu sangre.

Pero todo esto me ha convertido en lo que soy.

Y ahora Teresa

quiere ocupar

mi sitio en el mundo.

Ese parece su deseo.

En ese caso, tendrá que pagar su precio.

Deberá recorrer un camino parecido.

Tendrá que vivir en sus carnes un viacrucis como el mío.

Y nosotras se lo vamos a facilitar.

Así es.

Le juro que mi querida hermana...

va a recorrer un largo y doloroso camino

hasta el infierno.

Va a tener mi vida, sí,

pero solo la tortura que hay en ella.

Teresa se va a arrepentir de haber querido ser Cayetana Sotelo-Ruz.

Buenos días.

-Buenos días, doña Celia. ¡Uh, vaya pelos!

-Lolita, no seas impertinente.

Buenos días. Menos mal que ya se despertó

la Bella Durmiente.

-Llevaba un rato despierta, pero estaba tan a gusto...

-Ay...

Han traído este sobre, es de la señorita Teresa.

-¿Buenas noticias? "Ya está, la última".

Vamos a tardar todo el día en enviar las invitaciones.

Ya habéis visto a Esperanza. Aún no ha vuelto.

Todas las criadas son holgazanas por naturaleza.

Seguro que las demás nos ayudan. Fíjate en Casilda.

Ya se ha llevado la de doña Susana y doña Rosina.

Dos invitaciones, menuda ayuda.

Tendríamos que haberlo empezado a hacer muchos días antes.

La fiesta será un éxito.

Tu turno.

No estoy seguro de si a la gente en España

le vaya a gustar hacer una fiesta antes de la boda.

La pedida de mano está bien,

pero unirlo con que venga todo el vecindario...

-Despedida de soltería,

se junta con la pedida de mano. -Pues nada.

En este país todo lo que sea fiesta acaba implantándose.

Despedida de soltería... ¿Qué más nos queda por ver?

-La suerte de ser españoles.

-Más nos valdría trabajar más

y festejar menos.

-No hemos hablado de cómo reaccionó Felipe cuando se fue.

-¿Y para qué quieres saber?

No está, que es lo importante.

-¿Se resistió mucho?

-Lo normal.

-Pues si eso es lo normal,

lo de Colón fue un paseíto en barca.

-¡Lolita!

-Es que es verdad.

Aquí se ha "armao" la Marimorena

más de un día, ¿eh?

-Me imagino. Así que se resistió. -"¿Y Odón de Buen?".

¿Le invitamos?

Por mí sí.

¿Qué te parece, Cayetana? ¿Por qué no?

Esa es la actitud. Que una eminencia es una eminencia,

por mucho que se opongan.

Voy a buscar su dirección, la tengo en el maletín.

Ahora vengo.

Esta va para la comisaría.

¿Seguro?

No puedo no invitarle. "Felipe".

Mauro.

Le acaba de llegar.

¿Sabe de quién es la letra?

No, no la reconozco.

De Teresa.

Si prefiere abrirla luego... No.

No tengo nada que ocultar.

A no ser que prefiera otra cosa.

Mañana "to" estará "apañao" y el quiosco será mío.

Pues habrá que celebrarlo. Cuando dé

sus cuartos. "Pa" eso se hacen los negocios.

Si no, no hay motivo para celebrarlo.

Te digo su contenido

para que no andes pidiendo que te la lean.

Eso sí, que ya sabe que las criadas estamos cortas de letras.

Es la invitación para mi pedida.

Y la fiesta de despedida de soltería.

Dile a todas las criada que están invitadas.

¿Y ande va a ser

la tal fiesta? En casa de Cayetana.

-Me quedan pocos días para estar junto al mar

y dedicarme a la pesca.

Enhorabuena, me alegro por usted.

-Y yo lo lamento por las merluzas que le pasarán cerca.

-Daré buena cuenta de ellas, don Felipe.

También tengo buenas noticias

para usted, Mauro. La propuesta

de que sea mi sustituto ha sido aprobada.

Quiero ser el primero en decirlo.

A sus órdenes, mi comisario.

"¿Me deja hablar con ella tranquila"

o va a quedar en ridículo?

No quiero trucos.

No hay trucos. Es una vecina con la que charlar

para que la gente no comente.

-Buenos días. -Buenos días.

-Qué día tan bonito hace, ¿verdad?

No me gustan nada los días de lluvia.

Siempre encerrada en casa

sin ver la luz del día.

Me apetece tomar un poco el sol.

Podríamos ir al parque y sentarnos. Así te enseño unos figurines

de una revista francesa. Me encantaría.

¿Me permite, padre?

-He comprado los terrenos que vendía Odón para hacer nuestra casa.

¿De veras?

Te gustaron, eso para mí es una orden.

Si no estuviéramos en público, te daría un beso

que no olvidarías nunca.

¿Qué te parece si mantenemos la cena?

A pesar de que se haya chafado la sorpresa.

Celebraríamos la compra.

Si me prometes que me vas a dar ese beso.

"He pensado"

en regalarte el vestido.

No es necesario. Ya lo sé.

Sé que es algo que hacen los padres,

pero como tú y yo somos huérfanas

y estamos solas, he pensado que...

Me gustaría ejercer de hermana.

Más que una hermana.

Bueno,

vamos a dejar de ponernos tiernas porque voy a llorar.

Vamos a salir a dar una vuelta. Quiero ver a Celia

y darle la bienvenida. Vamos a por los abrigos.

(VÍCTOR) "Mire quién viene".

¡Doña Celia!

-¡Ay! -Qué alegría verte, Víctor.

-Señora.

-Está preciosa. El peinado me encanta.

-Me lo hice en una peluquería de Ford Street.

¿Os gusta? -Sí.

Y el traje es ideal.

¡Me encanta!

-Muy moderno.

-¿Demasiado, Ramón?

¿No le gusta? -Me embruja.

(RÍEN) -¿Un chocolate?

-Un té con pastas.

Me he acostumbrado al té con pastas.

-Vaya, espero que el nuestro esté a la altura.

Ahora mismo se lo traigo.

-¿Ese es Felipe?

-Don Felipe. Tengamos la fiesta en paz.

Se llama así.

Don Felipe.

-¿Y a qué ha venido?

-A hablar con doña Celia.

-¿Van a rejuntarse de nuevo?

-Yo no soy quién "pa" hacer augurios,

pero me da a mí que no.

-Me siento responsable.

No sé si parlamentar con ella y decirle lo que la quiere.

-¿Y me preguntas? -"Lo mejor que podéis hacer"

es marchar de nuevo.

-Ya no hay...

motivos para que sigamos fuera.

-Ya no tenemos de qué ocultarnos ni avergonzarnos.

-No entiendo nada.

¿Qué ha cambiado?

-El coronel Valverde

ya no tiene motivos por el que acusarnos.

-Sí.

Tenemos todos nuestros asuntos al día

por la ley de los hombres y la de Dios.

  • Capítulo 460

Acacias 38 - Capítulo 460

22 feb 2017

Aprovechando la ausencia de Simón, Susana se hace con sus pertenencias y las quema. Felipe decide irse a vivir a una pensión y Consuelo siente pena por su situación. Celia regresa a Acacias. Mauro pide a Teresa que se case con Fernando. Teresa acaba aceptando el compromiso.

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