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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 429 - ver ahora
Transcripción completa

Somos nosotros, cariño.

Ahí,

donde nadie nos puede hacer daño.

Inseparables.

Besándonos para siempre jamás.

En nuestra burbuja.

Siempre que te sientas decaer,

siempre que estés triste,...

hazlo girar. "Tienes que cubrirme"

después de la comida.

-Virgen santa, pero qué enormidades vas a hacer.

-Tengo que ir a un sitio,

y no puedo ir por la mañana porque prometí a Cayetana ir a misa.

Por eso me tienes que ayudar a salir, pero Felipe no puede saber adónde.

-Pero, ¿adónde vas?

-De momento no te lo puedo decir.

-Ah.

-"Quiero pagar el vestido que prepara para Rosina,"

pero veo que finalmente accedió

a escotar el cuello como le pidió Rosina.

-La clienta siempre tiene razón, aunque se equivoque.

-Pues cierre un poco el cuello. "La reunión de hoy será importante".

Tendremos que tomar medidas de mucho calado.

Puede que algunas no sean de nuestro agrado,

pero lo primordial es recuperar

la buena imagen de la institución. Sí.

Y la seguridad de los niños.

-"Bueno,"

si nadie quiere más, retiraremos esto.

-¿A qué viene tanta prisa?

¿Tan urgente es llevar esas bolsas?

-No. -Oye, yo tomaría

más tarta, aunque vaya a las caderas.

-Pues cuanto más engordes, mejor,

más Trini tengo para mí. (RÍEN)

"Mauro y yo estamos juntos".

Quería que lo supieras por mí antes de que alguien pudiera contártelo.

Mauro me ha prometido que te respetará,

que no se meterá en tu vida y que ni siquiera aparecerá por esta casa.

Esta bien,

no te apures. "Que cada uno esté en su lugar".

Es lo que corresponde.

Yo soy su mayordomo... Y yo la hija de tu señor.

Y punto redondo.

Pues si eso es lo que quieres,

lo vas a tener muy difícil conmigo.

Pues si no se presenta el resto,

habrá que suspender la reunión.

De ninguna forma.

Esta junta se va a celebrar,...

y le aseguro que va a ser la última que dirija como presidenta

del patronato.

¿De qué me está hablando?

(TOSE)

¿Quién anda ahí?

-Sosiégate.

Soy yo.

No puedes sobresaltarte cada vez que llego.

Te he traído ropa de abrigo y viandas.

-¡Hala!

Qué capote.

Nunca había visto uno tan recio.

Así de bien pasáis los ricos el invierno.

-(TOSE)

-Mi hermano Coque está muy mal.

Si sigue así, entregará la pelleja de una pulmonía.

-Podría ir a la botica

y encargarle un remedio.

-De nada valdría.

Necesita una cama caliente y seca.

Ya te has arriesgado bastante.

-Pierde cuidado, una amiga me cubre las espaldas.

Estoy tan segura aquí como en mi casa.

-No habrá venido ella también. -No.

Me espera en la casa de reposo.

Todos creen que estoy allí.

-Te vas a meter en un lío por mi culpa.

-La verdad es que últimamente todo me da lo mismo.

-Tienes familia,...

marido...

¿Qué pasaría si se entera de que estás metida en algo tan turbio?

-(TOSE)

-Lo que él piense o haga...

me da igual.

-¿Por eso es por lo que no fue a la fiesta?

No tiene que ser un hombre muy cabal cuando te trata así.

-Felipe es un hombre trabajador,

es un buen padre

y...

es un hombre correcto...

y educado.

Muchas mujeres no tendrían ninguna queja sobre él.

-¿Pero...?

¿Es el hombre de tu vida?

-Supongo que es lo que quería desde que era una niña.

-(TOSE)

-¿Lo crees o lo es?

-Pues hace un tiempo te hubiera dicho que sí.

Ahora,

no lo sé.

Las mujeres nacemos para ser la hija de un hombre

y después para ser la mujer de un hombre.

Y un día te das cuenta de que no vales para nada,

de que no eres nada.

-No digas eso ni en broma.

Eres una mujer muy especial.

Eres única, Celia.

Valiente,...

lista,...

hermosa.

Pocas mujeres tendrían los redaños de venir a ayudarnos.

Eres maravillosa.

-Creo que nadie había dicho algo así sobre mí.

-(TOSE)

-Me alegro de que lo que os he traído...

os sea de utilidad.

Espero que Coque mejore,

me tengo que ir.

Prescindir de mí como presidenta no le va a resultar tan sencillo.

Para eso necesita la mayoría absoluta de los miembros

para tomar esa resolución. No me subestime,

conozco el reglamento mucho mejor que usted.

¿Cómo piensa arrebatarme el puesto?

Sosiéguese.

No quiero que le pase nada malo.

Algunas familias de la Junta, han delegado en mí

sus votos.

No creo que sea suficiente para echarme.

Algo más tendrá que inventarse. Esta junta no se va a celebrar.

Sí, sí que será suficiente.

Hay quien la apoyaba incondicionalmente

y ha dejado de hacerlo.

Eso es imposible.

No hay nada imposible en esta vida.

¿Verdad, don Fernando?

¿Es eso cierto, Fernando?

¿No va usted a votar a mi favor?

No se lo tome como algo personal.

Don Fernando solo está pensando en lo mejor para el patronato.

Usted ha demostrado no estar a la altura de esta institución.

Su manera de gestionar el accidente de esos pobres niños

fue pésima.

Su labor, inexistente. -¿Me permite,

doña Úrsula?

Me gustaría hablar.

Voy a usar mis votos...

para ratificar a doña Teresa Sierra

en el puesto de presidenta del patronato.

-¿Perdone?

-Es lo que opino.

-Pensé que usted y yo estábamos de acuerdo.

-Ya ve que no.

-Se está dejando llevar por el corazón,

y se está equivocando.

Espero que sea suficiente

para que se le quiten las ganas de echarme.

Estoy totalmente de acuerdo.

Yo ya he hecho lo humanamente posible.

Si este patronato termina hundiéndose,...

no será por mi culpa.

Gracias.

-Le hice creer que la apoyaba

para que me hiciera partícipe de sus planes.

En realidad estaba reuniendo los votos necesarios

para que no se saliera con la suya.

Gracias.

Reconozco que últimamente

no he tenido muy atendidas mis obligaciones.

De ahí que su voto tenga el doble de valor.

Siempre podrá contar conmigo, Teresa,...

pero no sé si puedo decir lo mismo

de todos los que la rodean.

¿Se refiere usted a Úrsula?

No solo a Úrsula ni a algunos miembros del patronato.

¿A quién entonces? No lo comprendo.

¿Quién querría traicionarme?

Solo tenga cuidado con aquellos que considera amigos,...

no todos son tan leales como cree.

Se lo digo... porque me importa.

Buenas noches tenga usted, doña Susana.

-Buenas noches. A punto estaba de salir hacia la casa de la caridad.

Supongo que vienes a dejar la ropa para los pobres, ¿no es así?

-A pagarle un encargo de mi señor.

-¿Te refieres al vestido de Rosina?

-Así es, sí.

-Esperaba que bajara tu señor en persona a pagarlo.

-Tenía asuntos

que atender,

no ha podido desprenderse de sus obligaciones.

-Una lástima. Me hubiera gustado

que viera los arreglos que pidió. -Ya vendrá a verlos. De seguro

que quedará conforme con su buen criterio y su mejor labor.

Mi señor sabe lo buena sastra que es usted

y la categoría de esta casa.

-Aguarda, aguarda.

Te voy a hacer el recibo, que lo tengo preparado.

No me gustaría que hubiera malos entendidos con el coronel.

¿Te ocurre algo?

-Me estaba fijando en su tintero.

-¿Qué le pasa al tintero?

-Es una pieza preciosa.

-Es un tintero.

-¿Permite?

"Recuerdo de San Sebastián".

-Eso parece, pero si te soy sincera,

no recuerdo cómo llegó aquí.

No sé si lo trajo mi hijo o fue un regalo de alguna clienta.

Los recuerdos

a una le bailan ya

con la edad.

-O lo mismo lo compró usted.

-Lo dudo.

-¿No ha estado nunca en San Sebastián?

-Sí, pero no soy muy dada a comprar

este tipo de recuerdos.

-Quizá lo hizo excepcionalmente, es una ciudad preciosa.

-Si no necesitas nada más,

iba a cerrar ya, y además,

tengo que ir a la casa de la caridad

-Buenas noches. -Buenas noches.

¿Tú me ves vieja?

-¿Y por qué dices eso?

-Pues, no sé,

¿crees que me debería hacer un cambio de estilo?

Algo más moderno, más juvenil.

-Lo que deberías hacer es atenderme.

No has escuchado nada de lo que te he dicho, ¿no?

Celia.

Que me encontré con tu esposo después de la comida de parejas

y sospechó de no vernos juntas.

Íbamos a la casa de la caridad.

-¿Y qué le dijiste?

-Que había tenido una indisposición y que me había retirado.

Que tú te habías quedado ahí. -Bien hecho.

-¿Bien hecho?

Pero ¿piensas que me creyó?

Celia, que no es tonto, que sospecha algo.

-Pues que sospeche lo que quiera. No tengo por qué darle cuenta

de todos mis movimientos. -Cierto es,

pero quizás a mí sí. Al menos para saber en qué te estoy cubriendo.

-No es nada malo.

Ni siquiera tiene importancia.

-Celia,

somos amigas, y empiezas a preocuparme.

-Pues no lo hagas,

estoy bien.

-¿Se puede saber qué estás tramando? -Nada.

-Me estás mintiendo, lo noto.

-No es cierto.

-Mira, Celia,

tú sabes que puedes confiar perfectamente en mí, ¿verdad?

Así que dime qué estás tramando, por favor.

-Ay...

Es que no sé si lo vas a entender.

-Prueba.

-¿Te acuerdas del otro día cuando iba por la ca...?

(Se cierra una puerta)

-Buenas noches. -Buenas noches, don Felipe.

Yo ya me iba, se me ha hecho tarde.

Celia, querida,

¿quedamos mañana para acudir de nuevo a la casa de la caridad?

-Ajá.

-Buenas noches. -Buenas noches.

-Cariño, ¿cómo ha ido

con los pobres y zarrapastrosos?

-Bien, pero estoy cansada.

Hasta mañana.

-(SUSPIRA)

Yo creo que con varias lecheras como esta tenemos chocolate para todos.

¿Qué te parece?

-Bueno, está bien.

Y si se nos enfría por el camino,

lo calentaremos en la chimenea del albergue.

A ver, el chocolate,

la comida la están preparando Lolita, Casilda y Fabiana en mi casa,

la ropa también...

-Ya sabía yo que tenías buen corazón,...

pero con esta colecta me estás demostrando que vales tu peso en oro.

-¿Acaso lo dudabas?

-Claro que no, prenda.

Da gusto ver una pareja tan bien avenida.

Eres muy afortunada, María Luisa. No, lo soy yo.

Aunque no te creas

que fue siempre así. Bien que me costó

que esta señorita me hiciese caso. -El que algo quiere, algo le cuesta.

-No aburramos a la vecina.

¿Qué es lo que deseas?

Venía a por unos suizos para desayunar.

Todos en el barrio dicen que los vuestros son buenísimos.

Los mejores.

Y en un santiamén te los traigo, acaban de salir.

Pareces muy liada, ¿es por la colecta de los pobres?

-Organizarlo todo lleva mucho trabajo,

pero lo hago con agrado, cada vez hay más indigentes.

Mi padre dice que la culpa la tienen los liberales.

Sin mano dura, el país se hundirá.

El mío opina lo contrario.

Cree que tras lo de las colonias todo irá mejor.

Ya que hemos tocado fondo...

-Tu padre es optimista por naturaleza.

-Y tanto. Cree que el nuevo siglo

traerá inventos y cambios. Lo llama "el milagro del progreso".

Te envidio, María Luisa. Mi padre se niega a oír hablar de esas cosas.

Dice que las modernidades nos hacen perder las viejas tradiciones.

-El coronel se ha "quedao" más "anticuao" que las pirámides

de los faraones egipcios.

-Te equivocas, los suizos son mucho más baratos.

Con eso puedes comprar todas las existencias de la chocolatería.

Es mi aportación a la colecta que habéis organizado.

Entre todos tenemos que arrimar el hombro.

A ver...

Mmm...

Esto está de guinda, Fabiana, ¿pero qué le ha "echao"?

-Dirás, ¿qué es lo que no le ha "echao"?

-A ver. Romero y poquito de pimentón,

pizquita de sal

y muchita de aceite.

-Pues está de toma pan y tírate "toa" la tarde mojando.

-Los pobres no han "probao" un guiso más bueno en "toa" su vida,

así que les va a dar un tabardillo.

-A ver si con estas viandas se calientan un poco el gaznate,

y ya de paso, también el cuerpo. -Y que Dios le oiga,

que no me quiero ni imaginar el frío que estarán pasando.

Si a nosotras se nos congelan los pinreles en el altillo,

ni me imagino al raso.

-¡Rediez! ¿Qué es eso que huele

tan requetebién? -Que estamos aviando un guiso

"pa" los pobres de la caridad. -Ay, pues...

me podríais poner un cuenco, solo sea por tastarlo.

-Martín. -Si lo pruebas, te lo terminas.

Ya te estás alejando

del fugo. Venga.

Bueno, toma, Lolita,

yo me voy a "ca" mi señora,

que la señorita Teresa lleva toda la noche

y me toca darle el reemplazo. Os apañáis sin mí, ¿no?

-Sí, sí. Descuide, Fabiana,

nosotras seguimos con la tarea. -Muy bien.

-Bueno...

Martín, ¿nos ayudas?

-Qué más quisiera yo, Casilda, pero no tengo tiempo ni de respirar.

Servando aún no se ha levantado y tengo que hacer el trabajo doble.

-Servando tiene más cara que espalda. -No.

Casilda, lo que tiene el hombre es una pena y una nostalgia

que imagínate.

Está el hombre malamente. Echa de menos a su Paciencia.

-Pero es que la carga de la faena te la llevas tú, Martín,

y conociéndole, no me extrañaría "na" que "to" fuera "pa" escaquearse.

-Sería "demasiao" "pa" él.

-Sería la típica cosa que Servando haría.

¿A qué engañarnos? -Que no.

Que él y la Paciencia estaban muy unidos.

¿Qué harías tú si el Martín se te va de un día "pa" otro?

-Pues que me daría un soponcio.

-"Pos" eso, tenemos que ayudarle.

Que pensamos más en los pobres

que apenas conocemos, y nos olvidamos de los que tenemos más cerca.

-Sí, ya, pero ayudarle, ¿cómo? -No sé.

Algo habrá que hacer "pa" levantarle el ánimo.

-"Pa" eso hicimos lo de los niños del coro,

¿y de qué sirvió? -De mucho,

pero no fue suficiente.

Ya sé lo que podemos hacer "pa" levantarle el ánimo.

-¿Qué barruntas?

-A un hombre solo se le anima de dos maneras:

alegrándole la vista o llenándole el buche, no hay más.

El ministro de la Guerra no debe tener recompensa

después de lo de Cuba.

Algunos dicen que el Congreso debería quitárselas de inmediato.

-"¿Es el hombre de tu vida?".

-Pues hace un tiempo te hubiera dicho que sí, ahora,...

no lo sé.

Las mujeres nacemos para ser la hija de un hombre,

y después, para ser la mujer de un hombre.

Y un día te das cuenta de que no vales para nada,

de que no eres nada.

-No digas eso ni en broma.

Eres una mujer muy especial,

eres única, Celia.

Valiente,

lista,...

hermosa.

Pocas mujeres tendrían los redaños de venir aquí.

Eres maravillosa.

-Creo que nadie había dicho algo así sobre mí.

-Te estoy aburriendo con mi tediosa conversación sobre política.

Celia, ¿qué te ocurre? ¿Qué haces?

Celia, por favor, ajústate el abrigo.

Está helando.

Celia, por favor, no seas niña y abrígate.

-¿Tú crees que soy especial?

-Claro, cariño,...

eres muy especial.

Eres una mujer abnegada,...

prudente y hacendosa.

La mejor mujer que un hombre puede desear.

Eh.

¿Qué cuitas atormentan tu linda cabecita?

Sabes que puedes confiar en mí, lo sabes, ¿no?

Vamos, cuéntame qué es lo que te pasa,

aunque creo que ya lo sé.

-¿Lo sabes?

-Sí.

Estás harta de aparentar,

y te gustaría que todo fuera como antes, ¿no es así?

-Buenos días.

-No me sucede nada.

Me alegra tenerle de nuevo aquí.

Es usted mi mejor hombre.

Siéntese.

Yo también me alegro

de estar de vuelta.

Nunca pensé que volvería a pisar este despacho.

Ni yo de vérselo hacer, pero bien está lo que bien acaba.

Tenerle aquí es lo mejor que me podía pasar.

¿Qué es esto? Su nuevo caso.

Comisario, no me ha dado tiempo ni a desembarcar.

Los maleantes no dan tregua, bien lo sabe usted.

Es una banda de atracadores

que atentan contra varias joyerías.

Son cinco, y lo hacen por la noche.

Por el centro y calles aledañas.

(Puerta)

Adelante.

¿Ocurre algo?

Nada importante.

Más importante que el caso de los atracadores sí que parece.

Lo puedo hacer solo, no se apure.

Quizá si lo comparte conmigo, yo pueda ayudarle.

Es mejor

que se mantenga al margen.

Se trata de algo relacionado con doña Cayetana, ¿verdad?

Los problemas con esa mujer casi le cuestan su expulsión

del cuerpo de policía, y no me gustaría volver a correr ese riesgo.

No se apure, comisario,

no voy a volver a mezclarme en tales menesteres.

Pero la verdad es que es usted el que más sabe sobre esa mujer.

Nadie la conoce mejor que usted.

¿Qué intenta decirme?

¿Podría hacerle

algunas preguntas sobre Cayetana de la Serna?

Me alegro de verte tan bien, Cayetana, paseando

y con tan buena cara.

Sí, nada debería impedir a una ir a misa,

y me encuentro mucho mejor.

Algo mareada aún, pero mejor.

Y el aire limpio de la mañana me sienta muy bien.

Limpio y gélido.

Abrígate, que dicen que van a bajar aún más las temperaturas,

no vaya a ser que te destemples. No te apures.

Ellas no lo permitirían.

Me atienden tanto que desatienden su vida.

-Ya sabe usted que yo no tengo más vida que su vida, señora.

En cambio, la señorita Teresa sí debería pensar

en ocuparse de sus obligaciones al frente del patronato.

La verdad es que últimamente, ando algo despistada,

y las he desatendido en demasía. Vaya tranquila

y haga lo que deba, me ocupo yo de la señora.

Me gustaría ver cómo están los niños tras la tragedia.

Ha sido terrible y me gustaría comprobar que todo va bien.

No se demore pues y no tenga prisa en volver,

que la señora estará bien, ya verá.

-Fabiana, ¿cómo llevas el asunto de los guisos para los pobres?

-Pues aviándolos estamos, doña Susana.

-¿Y qué os falta?

-Yo creo que esta tarde estará "to apañao" y listo.

-Me alegro de oír eso.

-Más se van a alegrar ellos en cuanto prueben nuestras viandas,

que tienen que estar los pobres como el espíritu de la golosina.

¿Y la señora?

Pero si estaba aquí hace una miaja.

¿Dónde se ha "metio" mi señora? ¡Señora!

-No te sulfures, Fabiana, tranquila, que está ahí.

-Aquí está usted, señora, que me ha "dao" un pasmo al no verla.

Hablábamos de lo bonito que ha sido el sermón del párroco.

-Señoras.

-No se separe más de mí, señora.

Que me he asustado mucho. No te preocupes.

Vámonos a casa, estoy algo mareada.

Y Susana tenía razón, el aire gélido se me está metiendo en los huesos.

Cayetana es una mujer difícil de definir.

¿Qué es lo que quiere decir?

Que nunca muestra su verdadera cara,

sino la que necesita para conseguir sus propósitos.

Es una mujer fría,

manipuladora, calculadora.

Parece que me habla de un engendro autómata.

Hablo de una mujer ladina e inteligente, sí.

Siempre lo ha sido.

¿Qué ocurre, comisario?

¿Por qué me pregunta esto?

Porque en la reunión que tuvimos para revisar su sentencia,

su locura era demasiado perfecta,

demasiado medida.

¿Cree que está fingiendo? ¿La cree usted capaz?

Yo creo que Cayetana de la Serna es capaz de cualquier cosa.

Entonces deberíamos de ponerle vigilancia,

y asegurarnos de que su locura no es fingida.

Porque si descubrimos que todo es un teatro

esa mujer debería enfrentarse

a la pena a la que se le condenó en un principio, el garrote.

Perdone, comisario, pero no quiero continuar con esta conversación.

Disculpe, no quería incomodarle.

No, no me incomoda usted,

pero, como le he dije antes, esa mujer solo me ha traído problemas.

Prefiero mantenerme al margen y saber de ella lo menos posible.

Y más ahora que Teresa y yo tratamos de ser felices.

No quiero estropearlo, señor. Lo lamento, no se preocupe.

No volveré a hacerlo.

¡Uf!

¡Hace un frío!

Madre del amor hermoso, es que casi se te congela la sangre.

-Hace años que no bajaban tanto las temperaturas.

Vamos a tener un invierno largo y gélido.

-Ojalá te equivocaras, pero vas a llevar razón.

Tendré que guardar el vestido que te encargué

porque la tela es fina y el escote pronunciado.

-Aguarda a verlo y luego decides. -¿Ya está listo?

-Así es. Dame un minuto.

-Pues ¿qué te debo?

-Nada. Lo dejó pagado don Arturo.

-¿Don Arturo?

¿Y qué tiene que ver el coronel con mi vestido?

-Quiso hacerte un regalo, y caro, si se me permite la vulgaridad.

Se nota que te tiene estima.

-No me lo esperaba.

-Tuvo a bien pedirme algunos arreglos para completar el patrón.

Espero que no te moleste. -¿Qué arreglos?

Ay, Susana, pero si esto es cuello alto y yo te dije un escote.

-Yo he hecho los cambios que don Arturo me pidió.

Cambios que te vendrán bien con la bajada de temperaturas.

Tú misma has dicho que no lo hubieras podido estrenar.

-Sí, pero es que no es lo que esperaba.

-Es lo más decente para una mujer de tu edad, y lo más sensato.

Cubrir el pecho evita resfriados,

que una ya no se recupera tan fácilmente de los catarros.

-No hace falta que me recuerdes que ya no soy una adolescente.

-Es que parece que a veces se te olvida,

y yo, como buena amiga tuya que soy, actúo en beneficio tuyo.

Como don Arturo.

Se nota que ese hombre

tiene afectos verdaderos hacia ti y te desea lo mejor.

-¡Hay que ver la que está cayendo ahí fuera!

Se le erizan a uno los pelos de la nuca con la que está cayendo.

Buenos días, señoras. -Buenos días.

-Bonita pieza, ¿es para ti, Rosina? -Así es.

Regalo personal del coronel don Arturo.

-Vaya, y de un gusto exquisito, por lo que veo.

Serio, elegante y recatado.

Ideal para una señora de tu edad y condición.

-Eso mismo acabo de decir yo hace un momento.

Ha venido Víctor preguntando por ti. -¿Por mí?

-Sí. Y con bastante mala educación, por cierto.

Me ha dicho que te diga que tiene los dulces preparados.

-Esta tarde he quedado con la hija del coronel

y quería tener un detalle con ella. Es una muchacha muy golosa.

-(RÍE)

-Eres un hombre de los que ya no quedan,

detallista, mira, como tu futuro suegro.

Me alegro mucho de que con Elvira vaya viento en popa, ¿verdad, Rosina?

Es maravilloso que dos jóvenes tan bien avenidos

tengan toda la vida por delante.

-Por supuesto, y yo que me alegro por ellos.

-Te envuelvo esto a escape, tardo dos minutos.

No me gusta estar en esta casa, ¿qué quieres que te diga?

-No quiero que digas "na", solo que menees la olla.

-Lo estoy haciendo,

pero no me pidas que lo haga con gusto porque no me sale.

Faené en esta casa, y me pusieron de patitas en la calle.

-Y sus buenos motivos tenían "pa" hacerlo.

-Yo lo único que quiero es que termine este asunto de los pobres.

-Ya queda menos, mujer, haz de tripas corazón.

-Doña Trini tampoco quería que pisaras su casa y ha hecho de tripas,

así es que aplícate tú el cuento, que es por una buena causa.

-El condumio este para los menesterosos estaba de guinda.

-¿Estaba? Usted lo ha dicho, pero si no ha "dejao" ni sobras.

-No me pondréis otro poquito, ¿verdad?

-Pues no, Servando, no.

Es para pobres que no tienen nada,

no para porteros con oficio y beneficio.

-No sé si tendré oficio y beneficio,

lo que sí sé es que no tengo a mi Paciencia a mi "lao", aquí a mi vera.

-¿Ya va a salir otra vez con esa perra?

-No, no es perra ni manía pasajera.

Es una tristeza tan honda

que a uno se le encoge el alma y hasta el corazón.

-"Pa" chasco que lo que no se le encoge a usted son las tripas,

Qué manera de comer.

-Ni la cara, que la tiene como la catedral de la Almudena.

-¿Cómo? -Comiendo.

-No seas dura con él, mujer.

-¡Una insensible! Eso es lo que es, una insensible.

(EMOCIONADO) Si tú supieras lo duro que es para mí

despertarme todas las mañanas

y no ver a mi Paciencia a mi lado en el catre.

-Que se levantara ya sería un logro.

-Pero si tu supieras...

lo duro que es pasar sin ella estas fechas tan señaladas.

-Ay, ponedle otro plato, rediez,

aunque solo sea "pa" no seguir escuchándole.

Es que le dan a una ganas de cortarse las venas.

-Ya he terminado de encerar las escaleras

y de pasar el paño por la barandilla. -¿Y los cristales?

-¿Cristales también?

-A ver si te crees que los cristales se limpian solos.

-Servando, ¿no podemos dejar eso para mañana? Estoy molido.

-No te estarás quejando de nuevo, que aquí el que está hecho cargo soy yo.

-Usted, ¿de qué?

-De esta pena que tengo,

que me ha entrado por las piernas y que no es capaz de salir.

No puedo ni moverme, fíjate.

-Qué cosa más rara. ¿Por las piernas, dice usted?

-Esto es una cosa de familia.

A mi abuela Fernanda le pasó lo mismo y se quedó coja.

A mí se me hinchan los tobillos.

Mi Paciencia me daba unas friegas de eucalipto que me aliviaban mucho.

Y ahora no hay quién me dé las friegas.

-Ande, hombre, pierda usted "cuidao", que yo se las daré.

-Ah, ¿sí?

¿Tú me las darías?

¿En los pinreles también?

-Bueno, no tire usted tanto de la cuerda,

no vaya a ser que me arrepienta, ¿eh?

-¿Sabes lo que le falta a esto?

Al guiso, una copita de vino.

-Voy a avisar a la señorita María Luisa

de que los guisos ya están listos antes de que alguien se los termine.

-No sabía que estabas aquí. -Tampoco yo esperaba encontrarte.

-He venido a tomar una copa con don Ramón.

-Iba a avisar a la señorita de que la comida ya estaba lista.

-Huertas...

No quiero que las cosas sean así entre nosotros.

-¿Así, cómo?

-Distintas.

Frías.

Distantes.

-¿No esperarás comodidad y cercanía?

-No.

Pero me gustaría que aceptaras que la situación es la que es,

y que no me tuvieras tanto rencor.

-¿Cuál es?

-Que lo nuestro ha terminado.

-Bien lo sé, pero me hubiera gustado que no me hubieras mentido.

-Yo no te he mentido.

-Me hiciste creer que lo que había era más fuerte.

-Y lo era.

Demasiado fuerte.

Por eso tuve que poner tierra de por medio, alejarme de ti.

Huertas, lo que sentía por ti era tan fuerte,

que empezó a afectar a lo que sentía por mi esposa.

Si no hubieras sido tan importante, no hubiera afectado a mi matrimonio.

-¿Y ahora ya está?

-No.

Me gustaría que fuéramos amigos.

-Claro.

A mí también me gustaría que nos lleváramos bien,

no hay nada que más desee en el mundo que ser tu amiga.

-Huertas, por favor, no lo hagas.

Esto es lo único que puedo ofrecerte. -¿El qué?

-Mi amistad pura y casta.

No existes para mí en ese sentido.

Solo mi esposa.

Lo siento.

-¿Qué haces aquí? ¿Ya está terminada la comida para los pobres?

-A eso venía, señorita, a decirle que ya estaba todo listo.

-Gracias.

-Vendrás a mí arrastrándote.

Algunos de los niños víctimas del accidente,

ya han regresado a las clases.

Otros no, sus padres les han sacado del colegio.

He escrito a las familias

manifestando mis más sinceras disculpas.

¿Le ocurre algo?

Nada, solo que...

solo que le estaba aburriendo con toda mi verborrea.

Todo los contrario.

Me perdí en sus gestos y en la calidez de su voz.

¿Sabe que no hay nada que más me guste que oírle hablar?

Lo lamento, no quería incomodarla.

Fue usted muy honesta al decirme

que no estaba interesada en que la pretendiera.

Y pese a que fue una decepción, agradezco su sinceridad.

Por eso a mí también me gustaría ser sincero con usted.

¿Quiere decirme algo?

Discúlpeme mi osadía,

pero ¿cree usted que hace bien manteniendo una relación con Mauro?

Si le soy sincera, no me siento a gusto hablando de temas personales,

y menos con usted.

Teresa, no se trata de celos,

sino de preocupación sincera.

No quiero que nadie le haga daño.

Y Mauro no me hace daño.

¿Por qué desconfía de él? ¿Por qué confía usted tanto en él?

Porque arriesgó su vida para salvar la mía,

no hay nadie en el mundo en quién confíe más.

¿Quién le está metiendo estas ideas en la cabeza?

¿Quién le está poniendo en contra de Mauro? ¿Es Úrsula?

Solo quiero asegurarme de que usted está bien,

de que nadie va a hacerle daño.

Y estoy bien, puede estarse tranquilo.

Están deliciosos, Liberto.

Has sido muy amable pensando en mí, me rechiflan los dulces.

Hacerte feliz, me hace feliz a mí.

¿Sabes qué cosa me haría aún más feliz?

Pide por esa boquita. Unos roscos de vino.

A mí también me encantan.

Siento auténtica devoción por los roscos de vino.

Mi cocinera en Cuba era de Málaga, y los hacía de guinda.

Tengo que llevarte a la pastelería Moreno,

en el barrio de los Artesanos,

está un poco apartado, sí, pero los preparan como nadie.

El caso es que se me han antojado ahora.

¿Ahora?

Pero con el frío que hace nos puede caer una helada.

Pero a Simón no le importa acercarse en un momento.

¿A que no, Simón?

Me imagino que estarás de chanza.

No, muy en serio hablo.

Elvira, mandar a tu mayordomo hasta allí con las temperaturas tan bajas

me parece un comportamiento cruel, y más por un capricho innecesario.

No sé, puedes esperar a mañana.

A él no le importa ir ahora.

Le encanta satisfacer mis deseos,

aun cuando son caprichos innecesarios.

¿A que sí, Simón?

-¿Cuántos desea que le traiga, señorita?

Una bandejita de cuarto.

¡No!

De medio.

¿De verdad quieres hacer esto?

Claro, es perfecto.

Así tenemos la oportunidad de quedarnos a solas un rato.

Menuda helada está cayendo.

¿Hará tanto frío en Inglaterra?

Qué tontería.

Seguro que sí.

Tano debe de estar harto de ver nieve.

Estás hermosa.

Pareces otra.

-Ya he "apañao" el presente navideño, "pa" el señorito Tano.

Envuelto en un bonito papel de colores

y listo "pa" enviárselo a Inglaterra.

-Pues mañana, de amanecida, lo envías a correos antes de entrar a servir.

Bueno, eso si ha dejado de helar, si no ya lo harás luego.

-La verdad es que esta noche va a caer una pelona que ni en Cabrahígo.

-Va a ser una noche muy fría.

-Qué distinto es pasarlo aquí a cubierto

que ahí abajo, en las callejuelas.

-Sí, nada que ver.

-Pobre gente, los menesterosos de la casa de la caridad.

Esta noche va a ser muy dura para ellos.

-Sin un techo en el que refugiarse.

-Ni alimento que llevarse al buche.

-Y sin una chimenea con la que calentarse.

-Ni una triste manta con la que engañar al frío.

-Bueno, al menos sabemos

que estamos haciendo todo lo que podemos por ellos.

-Eso es verdad.

Buenas noches, señores.

-Estaba deseando que se fuera Lolita. -No lo hagas.

Por favor.

-¿Qué te pasa?

-Que no quiero tener que rechazarte, así que no lo hagas.

-Eres mi esposa.

-¿Y?

-Tienes deberes conyugales y obligaciones.

-¿Obligaciones? -No puedes rechazarme.

-Puedo.

Claro que puedo.

Puedo hacer lo que yo quiera.

¿O es que vas a obligarme a hacer algo que yo no quiero hacer?

-¿A dónde vas? -A dar un paseo.

-¿A estas horas?

¡Celia!

¿Qué quiere? -Tengo algo para usted.

-Ahora no, tengo prisa.

-Pensé que Teresa le importaba de verdad.

¿Qué ocurre?

He estado hablando con el comisario Del Valle

sobre Cayetana.

Ha empezado a dudar de su locura.

¿Cree que está fingiendo?

Ha llegado a plantearse poner a dos guardias a vigilarla

para comprobar si miente.

Le he pedido al comisario que me mantenga al margen del asunto,

pero te lo quería decir para que no haya malos entendidos.

Gracias por hacerlo.

Teresa, yo no quiero que nada afecte a nuestra relación.

La verdad es que todo este asunto me hace sentir incómoda.

Debería marcharme ya, antes de que empiece a helar más.

No quiero dejar a Cayetana tanto tiempo con Fabiana.

Cariño, tú me crees ¿verdad?

Yo no he tenido nada que ver con esto, ha sido Del Valle.

¿Cómo puedo convencerte

de que no quiero volver a tener nada más que ver con esa mujer?

Ya lo sé, voy a romper el expediente de Cayetana.

¿Dónde está? ¿Dónde lo he dejado?

No, mauro, no hace falta, confío en ti.

Sé que me estás diciendo la verdad.

¿Qué es esto?

-Es el expediente sobre la viuda De la Serna.

Estaba en casa de don Mauro.

Solo le he echado un vistazo, pero ahí queda claro lo que ocurre.

-¿Lo que ocurre?

-Don Mauro está completamente obsesionado con doña Cayetana.

A parte de que todo el mundo lo comenta en la calle,

en esos papeles queda claro.

No me extrañaría en absoluto

que ese hombre se hubiera acercado a doña Teresa

solamente para estar más cerca de la viuda.

-Eso no puedes saberlo.

-Eso se ve a la legua.

Conozco a ese tipo de hombres.

Son capaces de prometer amor eterno

solo para conseguir sus propósitos y salirse con la suya.

Don Mauro es uno de ellos, y le dije que se lo demostraría.

Esos papeles que le he dado lo demuestran.

Una ya ha hecho todo lo que debía hacer.

Usted verá.

Está remitida por la mismísima reina.

-Eso ya lo sabemos, por Dios, ábrela que queremos saber qué dice.

-Tengo el corazón en un puño.

-¿A qué aguardas?

Léela, mira que te gusta hacerte de rogar.

-Creo que es más correcto que la lea María Luisa,

fue ella quien puso en marcha todo esto.

-Di que sí, Celi, que mi Luisi vale un potosí.

-Que la lea quien sea, pero leedla ya.

-La reina afirma que ha llegado a palacio

nuestra labor en la casa de socorro.

Asegura que ojalá hubiese más mujeres como nosotras,

dispuestas a entregar su tiempo y dedicación a los más necesitados.

-Ole.

Mañana al amanecer quiero que vuelvas a esa pastelería.

Pero su padre acaba de decir que no puedo dejarla sola.

Si eres el primer cliente, no tardarás en volver.

Como usted desee,

señorita.

Y si no encuentras los roscos en la pastelería Moreno,

acude a otra.

No me importa que te recorras toda la ciudad,

pero no vuelvas a esta casa sin ellos.

-"A usted le andaba buscando".

Quería que comprobara lo bien que me queda su regalo.

Me lo he puesto para que usted lo vea antes que nadie.

-Parece favorecerle.

-Si me acompaña a la chocolatería,

me quito la capa y así lo contempla en todo su esplendor.

-No, no es necesario.

Me basta con que sea de su agrado, yo no entiendo de estas cosas.

Siéntese.

-Pues al parecer entiende más de lo que asegura.

Porque un pajarito me dijo que usted sugirió los cambios en el patrón.

Y sepa que, aunque le estoy muy agradecida por su presente,

me gustaba mucho más el escote que yo había elegido.

-Ese cuello no era apropiado para una señora de su condición y clase.

-La reina en persona felicitándolas por su labor.

Las señoras estaban tan anchas, que no se cabían por las puertas.

-Doña Rosina estaba muy contenta desde que recibieron la carta.

Parecía una niña chica con zapatos nuevos.

-¿A qué viene esa cara de vinagre, mastuerza?

-A nada, a que es muy fácil hacer caridad como las señoras,

sin moverse del salón. -No digas eso.

-Arrea, ¿acaso no es verdad?

Me hierve la sangre al ver cómo servidoras

estamos todo el día cocinando para los pobres

y son otras las que se llevan los parabienes.

-Hombre, Huertas, que cuentan con nosotras.

-Si tu lo dices.

Pero no nos ha llegado carta de ninguna reina.

-"Pos" ni falta que hace.

Con la mirada de agradecimiento

de esos desdichados al llevarles la comida,

tengo más que suficiente.

Cayetana, me has asustado, ¿qué haces levantada?

Solo quería un vaso de agua.

Me ha despertado un mal sueño.

Unos hombres venían a buscarme aquí, a mi propia casa.

¿Y qué querían?

Llevarme lejos.

Encerrarme en una cárcel oscura.

Me he asustado mucho.

Descuida, Cayetana, solo era una pesadilla.

No dejaré que nadie te haga daño.

¿Me lo prometes?

Simón, ¿dónde te has metido?

Aparece ya, te lo ruego.

"Me cuesta reconocer en Celia a la mujer con la que me casé".

Le juro que he vuelto a amarla con todas mis fuerzas,

pero no sé qué hacer.

Supongo que ver cómo se aleja de mí sin remedio.

No se rinda, Felipe.

Quizá sí hay algo que aún pueda intentar.

¿El qué, amigo?

Deme una esperanza, por favor, se lo ruego.

Les vendría bien salir unos días de Acacias.

Alejarse del lugar y la mujer que motivó tal crisis.

No es fácil la reconciliación

teniendo cerca lo que arruinó su matrimonio.

-Será mejor que dejemos de vernos, Celia.

No vengas más.

-Pero, Cruz, por favor. -No, no, no insistas.

Por favor.

Sé que te preocupas por Coque

y por mí.

Estás temblando.

-Será por el frío.

(Llaman a la puerta)

¿Quién será a estas horas?

Fernando, no le esperaba.

Discúlpeme por lo intempestivo de la visita.

Sé que no son horas apropiadas, pero es imprescindible que hablemos.

Por supuesto, pase.

Más que las horas, lo que me preocupa es su semblante grave.

Dígame ya qué ha ocurrido.

Presiento que 1901 será un gran año.

-¿Qué le hace pensar así, estimado vecino?

-Las buenas nuevas que ha traído. Vengo de comisaría.

-¿Ha habido novedades en la investigación del robo?

-Acaban de informarme de que están a punto de capturar

a los dos malhechores que huyeron.

-No es posible.

-Ya veo que no contaba con que le hicieran justicia.

Pero ese tal Cruz y Coque, están a punto de rendir cuentas.

-¿Y cómo es que saben sus nombres?

-Porque el cabecilla ha hablado por fin.

-No ha tardado en delatar a sus compinches.

-Una posible reducción de condena ha soltado su lengua.

Ni siquiera le ha hecho dudar que esos dos fueran sus hijos.

-Canalla.

-En este caso, su falta de moral nos ha beneficiado.

-De tal palo, tal astilla.

Han seguido los pasos de su padre. -Y los seguirán hasta el presidio.

Son carne de tal.

"Hable claro, se lo ruego".

¿Qué acusaciones son esas y quién es la mujer misteriosa que habla?

Teresa, Mauro la está engañando.

Está en relaciones con otra mujer.

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  • Capítulo 429

Acacias 38 - Capítulo 429

10 ene 2017

Pese a las intenciones de Úrsula, Fernando sigue apoyando a Teresa en el Patronato. Fernando no se atreve a desvelarle a la profesora lo que Sara le contó de Mauro. Simón sospecha que Susana puede ser la mujer que busca, aunque sigue indagando sobre las mujeres del barrio.

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  1. Nohemi

    Muy tediosa...esperándo que se resuelva la trama..pero nada.. la injusticia por delante.Mi curiosidad va en conocer lo que era España hace tantisimos años..lo demás ..el argumento en si deja mucho por desear.

    12 ene 2017
  2. Glo

    Como es posible que todo les salga mal a los buenos personajes de esta serie? Por qué no permitir que ellos tengan satisfacciones (y los que la vemos tambien).

    12 ene 2017
  3. Maarilu

    @Isla: demasiado simplista y poco democrático lo tuyo. Me arrogo el derecho a opinar y si mi opinión no te place, es TU TEMA

    11 ene 2017
  4. Teresa

    Ese argumento no lo he entendido nunca. Ésto puede verse pq te gusta, pq estas enganchada a alguna de las tramas, pq esperas q en algún momento los guionistas resuelvan todo lo que han dejado a medias o porque te gusta opinar tanto si te gusta o como si no. Personalmente, a mí me parece que más allá de lo buena o mala que sea la serie, es un programa que no debería emitirse en una cadena pública. RTVE no debería preocuparse tanto de la audiencia, ni debería contraprogramar a las cadenas privadas, ni imitar sus formatos, eso yo lo veo competencia desleal. Ésto es un servicio público q no financia el espectador a través de la publicidad. Debería ofrecer cosas distintas. Invertir en nuevos creadores, formatos, buscar producciones mejores para venderlas fuera, dar una imagen mejor de España en el exterior, difundir ntra cultura, promover el debate, la pluralidad.

    11 ene 2017
  5. Isla

    ...púes, no la veas, Marilu...

    11 ene 2017
  6. Marilu

    Esta novela se está haciendo larga (inútilmente) t TEDIOSA.-Las situaciones y personajes dan un paso adelante y dos para atrás. ¡ 429 capítulos! y, como se dice por mis pagos, EL PESCADO SIN VENDER

    10 ene 2017
  7. Colette

    Bueno, Cayetana y Sara se conocen al menos eso quedo claro hoy. Ay, dios! Y lo de Celai y Cruz da pena.

    10 ene 2017