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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 428 - ver ahora
Transcripción completa

Si vuelve a atacar a alguien,

la responsabilidad penal recaerá sobre usted.

Soy consciente y lo asumo. De acuerdo,

le voy a conceder que siga velando

por la custodiada.

"A poco"

que lo hubieras pretendido, habrías sido el afortunado.

Afortunado...

Si hubiera sido mujer de mi gusto,

nunca se habría entregado a ese hombre.

-"Pasaba por aquí".

¿Le importa si entro?

Fíjese qué casualidad.

Además de pasar por el barrio,

voy a dejarle un guiso aquí mismito.

Estoy canino. No se hable más, pondré la mesa.

Bueno, pues yo voy a buscar una botella de vino

que tengo en alguna parte.

-"Venía a ver si quería ser mi ayudante en la portería".

No quiero mentir,

hace falta la complacencia de los propietarios.

-¿Es difícil que pase?

-Qué va, pero si es pan comido.

Venga, vamos, que hay mucho por hacer.

¿No querías trabajo? Pues toma, dos tazas.

Tira.

Tira. -"Pues quería preguntarle"

si le apetece dar un paseo,

pero me he quedado sin palabras con tanto gusto.

-Espéreme fuera, no tardo nada. -En la acera estoy.

-No le acompaño. -Por favor.

-"¿Organizamos una comida"

con Teresa y con Mauro?".

-La propuesta de mantener las apariencias partió de mí,

pero solo cuando salimos.

-Si no quieres hacerlo por mí, hazlo por Teresa.

-Ella sí que se lo merece.

-Me tomaré eso como un sí.

-"Prefiere que Teresa"

se entregue a un hombre que esconde sus secretos.

-Quizá no la creo a usted y no me fío de sus intenciones.

-Descuide,

que tendrá esas pruebas que parece necesitar.

(Puerta)

¿Eres tú?

¿Esperabas a alguien? No.

De hecho, me alegro y mucho de que hayas venido.

Tenemos que hablar, estoy preocupada.

A ver, ¿qué he hecho ahora?

Tú nada, pero he tomado

una decisión y me gustaría que la conocieras.

De acuerdo, siéntate.

Dime.

Me gustaría que no hubiera más secretos entre nosotros.

Estamos de acuerdo.

Me voy a abrir a ti

y espero que esto no suponga el final de nuestra relación.

¿Dónde estás? ¿Eh?

¿Dónde?

Y esto es todo más o menos.

Sin tener en cuenta las recomendaciones del juez

y las prevenciones de Felipe,

me he comprometido a seguir cuidando de Cayetana por tiempo indefinido.

Con la espada de Damocles

de su demencia sobre mi cabeza.

Si me cuentas otra cosa, no te habría creído.

¿Qué quieres que responda?

No lo sé, sé que no es fácil para ti,

pero si me preguntas qué espero que digas,

me gustaría que contestases

que entiendes que Cayetana está por encima de todo.

Cariño,

por encima de todo está mi amor por ti.

Yo te acepto como eres.

Eso es fácil decirlo, pero... Chist, calla.

Yo también tengo algo que contarte.

Eh...

Ayer, el comisario del Valle me comentó

que os ibais a reunir para tratar la custodia de Cayetana,

y yo no quise saber nada del tema.

No quise saber detalles.

Este asunto

no se interpondrá entre nosotros.

Forma parte de mi vida, Mauro.

Sea un caso de la comisaría o no, siempre estará ahí.

Lo sé,

sé que forma parte de tu vida y de la mía,

pero no va a ser un impedimento para mi amor.

Y espero que para el tuyo tampoco.

No lo será.

Ven.

Me siento tan aliviada...

Espera.

Tengo algo para ti.

Ábrelo.

Es un zoótropo.

Hazlo girar.

Somos nosotros, cariño.

Ahí.

Donde nadie nos puede hacer daño.

Inseparables.

Besándonos para siempre jamás. En nuestra burbuja.

Siempre que te sientas decaer,

siempre que estés triste,...

hazlo girar.

Contempla nuestro beso.

Piensa en mí.

Me haces feliz, Mauro.

Muy feliz. Ojalá toda nuestra vida

sea como estas Navidades que estamos viviendo.

Ven.

Cariño.

Habrá problemas,...

pero los enfrentaremos.

Juntos. Siempre juntos podremos con lo que nos echen.

Como ellos.

Giraremos y giraremos,

y siempre terminaremos con un beso.

No lo estropeemos esta vez.

No lo haremos.

Me quedaría entre tus brazos el resto de mi vida.

Ah, ¿sí?

Pues nadie te lo impide.

En algún momento tendríamos que salir a comer.

Pero regresaríamos pronto.

Ahora tengo que marcharme.

No.

No te vayas aún.

Es temprano.

Aún no han salido los serenos.

No insistas.

Al final, me quedaría y es menester que me vaya.

Quédate. Quédate. Quédate.

Quédate. No te diviertas conmigo.

No quiero que Cayetana se despierte y no esté a su lado.

Debo evitar que tenga un ataque.

Supongo que son momentos delicados.

Me alegra que lo comprendas.

¿Me ayudas?

Sí, cariño.

Me resulta tan difícil separarme de ti...

Mañana nos veremos en casa de Felipe y Celia.

Nos han invitado a comer.

Estaré contando los minutos que faltan para volver a verte.

¿Y este pañuelo?

Dudo mucho que lo uses tú los días de viento.

No me había dado cuenta de que estuviera ahí.

Supongo que debió de pertenecer a Humildad.

Qué raro, estaba convencido de que había donado toda su ropa.

Ver sus cosas por la casa me traía a la mente recuerdos funestos.

Cómo me engañó.

Cómo te hizo daño.

No pienses en eso ahora.

Los peores momentos de nuestra vida. Así es.

Pensé que te perdía, cariño.

Te veía apagarte día a día y no podía hacer nada para evitarlo.

¿Y cómo íbamos a pensar que estaba detrás?

Engañó a todo el mundo.

Supongo que el amor a veces nos hace cometer

actos abominables.

No.

Del nuestro solo pueden salir

cosas buenas.

Cierto.

Aquello no era amor.

Aquello era una enfermedad.

Una locura.

Pero ya pasó...

y tenemos

todo el tiempo del mundo para olvidarlo.

Ven.

No vamos a permitir que nada ni nadie nos vuelva a separar.

De eso no tengas la menor duda.

Me gustaría ser como ellos.

Besándonos una y otra vez.

Para siempre.

Pues ese deseo te lo puedo conceder.

Al menos por esta noche.

Esperemos que entren aquí dentro.

-Parece que te he sobresaltado.

-No.

Solo que no te esperaba tan pronto.

-¿Qué tienes ahí?

-Nada, son donativos

para la casa de la caridad. Están recopilando ropa y víveres.

-Pensaba que ya habíamos colaborado.

-Sí, les llevé ropa vieja,

pero como está haciendo tanto frío, he pensado en llevarles algo más.

-Vaya...

Este abrigo es mío.

Está prácticamente nuevo.

Le tengo cariño.

-Este año no te lo has puesto, y el anterior,

apenas lo sacaste. -Está bien,...

pero deberías habérmelo consultado.

Tengo una sorpresa para ti.

Son para un palco en la ópera.

-Vaya...

Qué novedad.

Hacía muchos años que no íbamos a la ópera

a pesar de lo que me gusta.

-Empieza en dos horas. Apúrate y vístete de gala.

Luego iremos a cenar.

Y a pasear en calesa por la ribera del río.

Te he preparado una noche inolvidable.

-Te agradezco el esfuerzo,

pero no pienso prestarme

a semejante farsa.

-Celia.

Tienes que escucharme.

Tan solo quiero

que seamos felices, como cualquier otra pareja.

-Una cosa es guardar las apariencias frente a nuestros vecinos,

y otra muy distinta

es que te siga el juego.

-Aguarda.

No puedes rechazarme así.

-Sí.

Sí puedo.

A regañadientes he aceptado la comida que has preparado.

No hagas

que me arrepienta.

Ni por lo más remoto pienses

que voy a decir que sí a todo. -Te entiendo perfectamente,

pero es distinto.

-No entiendo en qué puede serlo.

-Verás...

Estas entradas me las ha regalado un prebostede gobernación.

Él irá con su esposa.

No podemos fallar.

Sería un feo para ellos. Debes hacer un poder.

-Pensaba salir, tengo recados que hacer.

-¿A estas horas?

Ya han encendido las farolas.

¿Qué tienes que hacer?

-Está bien.

Te acompañaré.

-Lo pasaremos bien.

No te arrepentirás.

-Que te quede claro que solo lo hago por guardar las apariencias,

pero para mí es un sacrificio acompañarte esta noche

y cualquier otra.

(Campanadas)

Qué placer verte, Rosina,

pero no sé cómo te has atrevido a salir con este frío.

-Tú has vivido mucho en el sur y no estás acostumbrado a este invierno,

pero este fresquito es bien tonificante.

-Vaya, me alegra verte de tan buen humor.

-¿Y por qué no debería de estarlo?

-En ese caso, quiero desearte que tengas un buen día.

Abur.

-Aguarda.

Quiero felicitarte por tu noviazgo.

-Eres muy amable. -Sí.

Reconozco que al principio tuve mis dudas.

Creí que la chica era un poco chisgarabís.

-Estabas equivocada.

-Cierto. Ahora que he tratado más con ella,

gracias a mi estrecha relación con Arturo,

me he dado cuenta de que es muy simpática y dulce.

-Sí, es un dechado de virtudes.

Es buena, simpática, agradable, divertida.

Pero si tuviera que quedarme con alguna,

sería sin duda su juventud y frescura.

-Pues ya veremos dónde va a parar tanta donosura de aquí a unos años.

Porque la juventud es una dolencia que se cura con la edad.

-Perdona si te he ofendido, no quería molestarte.

Sé que mentar la madurez

te ofende. -¡¿Quién te crees que eres tú

para ofenderme a mí?! -Te ruego que te sosiegues.

No quiero que te dé una apoplejía por mí.

-¡Ah! ¡Abrase visto! ¡Ahora me va a dar una apoplejía!

¡Tu opinión no me importa ni un comino!

¡Botarate! -No deberías gritar tanto.

-¡No grito!

Es mi tono normal. -Debes tener sordo a don Arturo

si le hablas en ese tono.

-Don Arturo está encantado de que le hable.

-No entiendo a qué viene todo esto,

ni este sofoco. Solo hablábamos de Elvira.

No te pongas así.

-¿Ponerme cómo?

Nunca he estado más serena.

-No tienes ninguna necesidad de compararte con ella.

-No entiendo de qué me hablas.

-Que estás muy bien, Rosina, divina.

A pesar de la edad.

-Me encantaría

seguir hablando contigo,

pero tengo infinidad de cosas que hacer. Hasta más ver.

-Descuide, esto le quita la jaqueca, el "costipao"

y las almorranas.

Esto se lo toman los mozos en Cabrahígo para ir al campo,

y tiran del "arao" mejor que las mulas.

-Con que me alivie,

me basta. -¿Le puedo traer otra cosa?

-Primero veamos cómo me sienta el mejunje al cuerpo.

-Ay...

Qué lástima que después de la noche tan bonica

que pasó con su señor, esté usted hecha un trapo "pisoteao".

-No sé qué tuvo de especial.

-No disimule,

que escuché al señor decirle que le iba a llevar

a un teatro en los que cantan haciendo gorgoritos,

y a cenar y a pasear.

Ah... Si un hombre que yo me sé

me tratara así, iba a acabar "perdía".

-La cosa no fue para tanto.

Esto sabe peor que un sapo.

No quiero ni figurarme qué llevará. -Jugo...

-No, no, no. Déjame, que no quiero saberlo.

-Está usted "amostazá",

y hoy tiene la comida con sus amistades. ¿Repasamos el menú?

-No.

Lo que prepares estará bien.

(Puerta)

-Bueno, ¿qué?

¿Qué ocurrió anoche?

Me ha dicho mi Ramón que te vio salir engalanada del brazo de tu esposo.

-Felipe me aseguró que uno de sus jefes

le había regalado entradas para la ópera.

Y teníamos el compromiso de ir para acompañarlos.

-Oh. -Pero al llegar allí,

no había nadie. -Vamos, que te hizo

toda una encerrona. -Cree que con eso

va a conseguir algo.

-Celia, se está esforzando como un titán.

-Sí, lo reconozco,

pero no lo celebro.

Me agobia que trate de comportarse como un esposo ejemplar.

-Ya.

¿Entonces estarás bien revenida

con lo de la comida de hoy?

Celi, si quieres, no venimos. -No, no.

De ninguna de las maneras.

Me agradará disfrutar de mis amistades

aunque no esté a gusto con él.

No tengo energías para arreglar mi matrimonio.

Es algo que no me motiva ni lo más mínimo.

-¿Y entonces qué te motiva?

Huy...

Ese silencio no trama nada bueno.

Celia.

¿Qué te traes entre manos?

Ayer te vi salir

con unas viandas de tapadillo. ¿Para quiénes eran?

-Las obras de caridad son algo que se debe llevar con discreción.

-Pero se puede llevar por delante al más "pintao".

¿Es eso por lo que sales tanto?

Lo sabía.

El que calla, otorga. Ocultas algo bien gordo.

-No te lo puedo contar,

pero necesito que me ayudes.

Cúbreme después de la comida.

-Pero ¿qué enormidades vas a hacer?

-Tengo que ir a un sitio.

Y no puedo ir por la mañana, porque voy con Cayetana a misa.

Me tienes que ayudar a salir por la tarde.

Felipe no debe saber adónde voy. -¿Adónde vas?

-De momento, no te lo puedo decir.

-Ah.

-Trini.

Tendrás que cubrirme sin hacer preguntas.

Te lo suplico, por favor, no puedes decirme que no.

Por favor, Trini.

Anda que, Martín, menudo capricho tonto beber agua fresca.

Si se están cayendo los pájaros muertos congelados de los nidos...

-Cómo se nota que no trabajas tan duro.

-"Pa" chasco,

como una es una hija de una marquesa...

Que me miro el ombligo y no sé qué es doblar el espinazo...

-No te molestes, gitana mía.

Quiero decir que no paro quieto.

Tengo las tripas que parece que me he tragado un león.

-Ay... ¿No has "desayunao" todavía?

-No.

Servando me prometió unos buñuelos, pero no se han presenciado

ni los buñuelos ni el portero. -Pues eso a mí me extraña, Martín.

Porque no tiene media docena de pasos desde la chocolatería a aquí.

-Me dijo que mientras arreglara las ventanas,

que le entra frío.

Más que nada, por entretenerme.

-Pues entonces ese ya no aparece

hasta que tú hayas terminado la faena.

Ay, Martín... Una cosa es

estarle agradecido porque te haya "dao" trabajo,

y otra que te tome el pelo.

Es que no te enteras de la misa a la media.

Que la reparación de las ventanas no es faena del edificio,

sino de la persona que aquí vive.

-¿Qué más dará dónde estén las ventanas?

Habrá que arreglarlas. -Pues tú verás.

Faenas en balde.

-No voy a poner excusas el segundo día de trabajo.

-¿Qué más dará

que sea el primero que el último?

-Me molesta que desde aquí me llega el olor de la fritura

y tengo mucha hambre.

-¿Qué? Ya te ha puesto el Servando a trabajar de firme.

-Sí.

Es lo que toca.

¿No estará en La Deliciosa?

Me prometió unos buñuelos, pero no llegan.

-No lo he visto en "toa" la mañana.

-Ah, pues se habrá ido a buscarlos a otro sitio.

-O estará "sentao" en algún café.

Como tiene un tonto que le hace la faena...

-Yo te traigo unos buñuelos. Tranquilo, no pasarás hambre.

Ahora, también te digo, creo que estás haciendo el canelo.

-Mayormente. -No, que tampoco es para tanto.

Seguro que está al llegar.

-Conozco bien a Servando y te diré cuáles son sus prioridades.

Primero el dinero, después, la música, y al final, el trabajo.

Justo después de que le saquen una muela.

-Mira, Martín, lo que te diga tú lo has de ver.

No va a aparecer

hasta que hayas "terminao" todas las labores del día.

-En fin, señores,...

con Dios. -Con Dios.

-No creo yo que sea capaz de hacerme eso.

-Ay, Martín, fíate tú de la virgen y no corras.

En un segundo estoy lista.

Aunque no parece que tengas muchas ganas

de ponerte a bien con nuestro Señor.

No es que no quiera ir a misa,

pero tengo una jaqueca que no se me quita.

Y eso que Lolita me ha preparado un bebedizo que es mano de santo.

Solo ha servido para revolverme las tripas.

¿A quién se le ocurre tomar un remedio para criadas?

Sabes que nosotras

tenemos el estómago más delicado.

Avisa a Teresa a ver si quiere acompañarnos.

-Está en el despacho.

"Tie" un cerro de papeles que le pasa la cabeza.

-No te aflijas.

Nosotras te acompañaremos y cuidaremos de ti.

-Voy por la limosnera de la señora.

Tendrías que haber visto cómo se desvivió Teresa por defenderme.

Más feroz que una leona cuidando de sus cachorros.

Te creo. Es mucho el aprecio que te tiene.

Me sabe mal haberla metido en tan tremendo problema

por no haber sabido mantener la cabeza fría.

Todo ha pasado ya.

Ya. Lo sé,

pero mi falta de templanza

solo le busca dificultades a Teresa y tiene muchas.

Esa malnacida de Úrsula no dejará

de buscar disputa conmigo. Poco le hice.

Deberían haberme dejado con ella

a solas.

Sosiégate.

Olvida lo ocurrido y pasa página.

Esa mujer no merece tu atención.

Ya, pues no creo que pueda, Celia. Es mucha la inquina que me tiene.

Tú estás por encima de ella, Cayetana.

No prestes atención a sus desprecios.

Tú eres toda una señora.

Sí.

Y ella solo una criaducha de tres al cuarto.

Bueno, lo importante es que todo se ha solucionado

y que Teresa te ha demostrado ser

la amiga más fiel que haya sobre la tierra.

Así es.

Soy muy afortunada de tenerla

a mi lado.

Teresa se desvive en cuidarte y protegerte

como no lo ha hecho nadie.

Si tenías alguna duda sobre ella,

la pelea con Úrsula ha tenido que servirte

para darte la más absoluta de las certezas.

No, nunca podría dudar de una mujer tan extraordinaria.

-Ya estamos listas.

Cuando quiera la señora.

Sí.

Salgamos ya.

He faltado mucho a misa.

Tengo que ponerme a bien con nuestro Señor.

Es admirable lo mucho que ha "mejorao" en estos días.

Es muy amable por venir a visitarme.

-Quería comentarle

lo bien que marcha la relación entre Liberto y Elvira.

Esta campaña está siendo todo un éxito.

-Me alegro que piense así.

Yo también estoy muy ilusionada por las buenas migas.

-Liberto es un hombre serio,

cabal y disciplinado.

-No le quepa duda.

La mano en el fuego pondría por él.

Habrá vivido lo suyo,

pero yo le garantizo

que ha sabido sentar la cabeza

a tiempo.

-Gracias por sus palabras, pero no son necesarias.

Estoy tan seguro de su buena fe,

como de la de su sobrino.

-Y si ve algún detalle en él

que no le agrade, me lo hace saber y le meto en vereda.

-No creo que sea necesario.

Eh... Verá.

Antes de irme, me gustaría pedirle un favor.

Quiero pagar el vestido que está preparando para Rosina.

Me gustaría hacerle un obsequio. -(RIENDO) Ah.

Es todo un detalle por su parte.

Es usted un hombre... muy atento.

-Solo se trata

de un pequeño detalle. -No tanto. El vestido

va a costar unos cuartos.

-El dinero no es problema. -Ya me figuro que no.

Mucho interés tiene que tener usted en ella

como para hacerle tan buen obsequio.

-Es una mujer muy agradable,

que se ha portado muy bien con nosotros en todo lo relacionado

con el piso alquilado.

-¿Quién fuera casera para recibir esos regalos?

(RÍE)

Aquí lo tiene.

De lo mejorcito que he hecho.

Ahora mismo estaba acabando los últimos detalles.

-No entiendo mucho

de modas ni de costuras,...

pero veo que finalmente

accedió a escotar el cuello como le pidió.

-La clienta siempre tiene razón,

aunque se equivoque.

Con este escote,

el vestido pierde toda su elegancia y toda su clase.

-Cierto.

Pues cierre el cuello.

-Bueno, no sé

lo que dirá Rosina por este cambio.

-Ha dicho que el cliente siempre tiene la razón.

Ahora el cliente soy yo.

-La verdad es que con cuello alto queda muchísimo mejor.

-No se hable más y haga el arreglo que le pido.

(Campanadas)

-Tendrá que ser después de misa, que están tocando las campanas.

-Cuando le parezca bien.

Con Dios. -Con Dios.

-Señoras...

Es un placer vivir en una calle donde uno se cruza con damas tan bellas.

-Muy galante, don Arturo.

-Solo hago honor a la verdad.

Gracias por tenerme de inquilino.

Se lo agradezco de veras.

-No tiene que agradecerme nada.

Estamos encantadas de que usted viva aquí.

-Señoras, no quiero que por mi culpa

lleguen tarde a misa.

-Mucho galanteo te traes con el militar.

Se ve que el hombre,

cansado de perder batallas, ha buscado un objetivo un poco más

asequible. -Me alegro de tenerte de vuelta.

Y con todas tus cualidades intactas.

Gracias.

-Diga lo que diga, no es la que era.

Cualquier día la vemos con un embudo en la cabeza

creyéndose Napoleona. -Lo que siempre se ha creído.

-Ay...

-Ay...

No sé cómo se pueden tomar

el vino este clarucho. Donde se ponga el tintorro de mi pueblo

como la sangre de un gorrino, que se quiten estos.

A mí me lo daban con pan y azúcar,

y miren cómo me he puesto. -Muchas gracias por tus consejos.

Puedes irte.

Nunca vamos a hacer carrera de ella.

-Sé que es una muy buena mujer y bien salada.

¿Qué? ¿Cómo marchan las cosas

con su esposa? ¿Va recuperando terreno?

-Me temo que no.

Es la primera vez desde que estamos casados que saca su carácter

y muestra una voluntad férrea de no ceder.

-Tal vez sea pronto para que cambie de opinión.

Sea usted paciente.

A las mujeres hay que darles tiempo para que recapaciten.

-No lo entiendo, don Ramón.

He tenido muchos gestos de cariño.

En otro tiempo, por menos, la tendría rendida a mis pies,

pero ahora está fría como el hielo. -Debe mantener usted

el espíritu bien alto.

Celia le está reprendiendo, pero las aguas volverán a su cauce.

-No lo sé.

Incluso he llegado a pensar que mi mujer

ha perdido su cariño por mí.

Qué locura.

Pensaba que nuestro amor era infinito.

Puede que tengamos nuestros momentos altos y bajos,

pero el vínculo que hay no se puede romper a pesar de mis errores.

-Por supuesto que no. Debe usted seguir luchando.

por salvar a flote su matrimonio.

Merece la pena.

-No te olvides de que después me tienes que ayudar a salir.

-Ay, Celi...

No sé si voy a poder seguirte. Cuando tengo que mentir,

me tiemblan hasta las canillas. -¿Hablas de veras?

Te metiste en tu casa con un estafador...

No me puedes fallar, Trini,

me estoy jugando mucho.

(Puerta)

-Espero que no te metas en un berenjenal,

que en el mejor de los casos,

saldrás "escaldá". -Sé bien lo que me hago.

-Bienvenidos.

Felipe... Es una satisfacción verles juntos.

-Lolita, sirve unas copas

para brindar por nuestras amistades.

Créeme cuando te digo

que no hay nada más grande que la celebración del Corpus Christi.

Es de la época de los Reyes Católicos y tiene una semana entera de feria.

Elvira, ¿me estás escuchando?

¿Cómo no iba a hacerlo? Me hablabas de los Reyes Católicos

y de Granada. Sí, bueno, más o menos.

Te decía que no hay nada mejor que la feria.

Con sus sardinas en espeto, su pescadito frito,

su choto al ajillo...

Un día te llevaré, lo pasaremos en grande.

¿Podrías dejar de mirar

a las muchachas que pasan por la calle

y estar pendiente de nuestras necesidades?

-Disculpe, señorita, ¿en qué puedo ayudarla?

Parece que está helando y empiezo a tener algo de frío.

-Permíteme que te dé mi abrigo. De ninguna

de las maneras. Está aquí mi criado.

-Lamento no haberme dado cuenta de que estaba a disgusto.

-También podemos entrar

en La Deliciosa, así estaremos calientes.

¿Por qué? Me gusta estar en la calle.

-Es parte de mi trabajo

y lo hago... gustosamente.

Demos un paseo por los jardines.

Deben estar preciosos cubiertos por la escarcha.

Sigo teniendo algo de frío.

¿Pasarías tu brazo por mis hombros para ayudarme a entrar en calor?

-Por supuesto, ya sabes que estoy encantado de poder complacerte.

-(CARRASPEA)

¿Ya te has resfriado, Simón?

No parece que tengas mucho aguante. -No, señorita.

No pase pena por mí.

Simplemente trato de advertirle de que a su padre

no le gustaría verla andando de esta guisa.

No tiene por qué vernos.

Además, contigo delante,

¿qué podemos hacer de malo?

-No seas tan estricto, Simón.

Hace frío y puedes confiar en mi palabra cuando te digo

que no ocurrirá nada.

-Como quieran.

Un mundo me costó dar el paso y declararme.

-Huy... Aburrida me tenía de entrar una y otra vez.

Me miraba y no decía nada mientras le hacía las uñas.

Vamos, que yo pensaba que era mudo.

-Por aquel entonces,

yo debía tener las uñas más cuidadas de toda España.

-Le pedí que me invitara a un café.

De tanto que venía, no tenía uñas que cortar.

¡Le iba a limar los dedos!

-Era una responsabilidad

traer una mujer a casa.

No sabía la reacción de mis hijos con una madrastra.

-Bueno, la cosa no ha salido tan mal.

Siempre hay un roto "pa" un descosido.

(RÍEN)

-Hemos pasado por momentos

buenos y malos,

apurados y de gloria,

pero, pero sé que a esta mujer y a mí

no nos va a separar más que la de la guadaña.

-"Gracias".

-¿Gracias por qué?

-Porque hacía tiempo que no me reía.

Ay...

-Brindemos pues.

Celia.

Estamos brindando por Ramón y por Trini.

Se diría que no estás con nosotros.

-Por Ramón y por Trini.

Salud. Salud.

-Celia, ¿me podrías ayudar después de comer?

Necesito que alguien me acompañe a la casa de la caridad

para llevar unos donativos.

-Se encargará Lolita.

No le costará cargar con el peso.

-Lolita ya tiene suficiente faena con recoger aquí todo esto.

Lamento no poder ayudar,

pero tengo una reunión y que cuidar

de Cayetana. La he visto muy mejorada.

Pienso que está progresando,

pero no quiero hacerme ilusiones.

Esta enfermedad tiene sus altas y sus bajas.

Nunca se sabe.

Bueno, pues si nadie quiere más postre, retiramos todo esto.

-¿A qué viene tanta prisa?

¿Tan urgente es

llevar esas bolsas?

-No. -Yo me tomaría un trozo de tarta,

aunque vaya directo a las caderas.

-Cuanto más engordes, mejor,

más Trini para mí. -Huy...

(RÍEN)

Dale sin miedo, que salga toda la porquería.

-(TOSE) No,

si yo le doy,

pero las tripas las tengo negras del hollín.

-Es que los jóvenes os quejáis

por todo.

Yo cuando era más joven y trabajaba, piedras de 100 kg cargaba.

Bueno, y había veces que pedía que me echaran más porque era poco.

-¿Y qué le ha pasado para terminar así?

-Menos mal que tenían aquí...

escondidos unos dulces.

Estoy "desfallecío", es que no paro en todo el día.

Cuidadito con el polvo,

me vas a llenar los bartolillos de polvo.

De verdad...

Qué poquito interés le pones a la faena. Dos manos izquierdas

parece que tengas.

¡Dale con un poco más de afán que nos vamos a tirar aquí "to" el día!

¡Ahí, ahí!

¡Mete hasta el fondo el cepillo! ¡Mételo, hombre!

¡Venga, truhan, que el hollín no muerde!

-(TOSE)

-Menuda cara tienes,

pareces un watusi de África. Qué poquita maña te das.

-¡Pero ya está bien, se acabó el arroz!

¡Si tanto sabe, hágalo usted!

-¿A qué vienen esos aspavientos? -Estoy hasta las pestañas

de hacer todo el trabajo. Me ha tomado por tonto.

-De verdad,...

no sé cómo dices eso, hombre,

yo que estoy tan pendiente de ti. -Sí.

Pendiente de mandarme trabajos.

Desde que usted me contrató, aparte de limpiar las escaleras,

sacar brillo a los pomos y quitar el polvo a las lámparas,

he limpiado dos cocinas,

desatascado 4 retretes y arreglado las ventanas.

Hasta le he hecho la compra.

-Mira, no,... (TOSE)

no pensaba decirte esto

ni a ti ni a nadie, te lo juro por lo más sagrado,

pero cuando estoy en la portería,...

me vengo abajo.

Echo tanto de menos a mi Paciencia,

que hay veces que me falta hasta el aliento.

-No será para tanto. -No, no, no. Sí.

Es para tanto y para más. Sí.

Que porque salgo de casa, porque...

si no, moriría deshidratado de tanto llorar.

Y si me ves por ahí en las tabernas o dando un garbeo,...

no te creas que es por vicio ni por vaguería.

No.

Es por pena.

-Bueno...

Está bien, Servando.

Mientras esté usted así, haré yo todo el trabajo.

Pero solo hasta que se recupere.

-Sí, no, no. Solo hasta que me recupere.

Hasta que me recupere nada más.

De verdad, Martín, si es que eres más bueno

que el pan blanco.

Y no eres más bueno,

porque no eres más grande.

Toma, Martín.

Aquí tiene todas las facturas. Comprobadas y pagadas.

Curioso artefacto.

Nunca lo había visto.

¿Es nuevo? Sí,

es un regalo de Mauro.

¿Cómo le va con él?

¿Se siente bien?

Perfectamente.

¿Por qué no?

¿Qué quiere decir?

-"Arrea, no se me amostace, es por el bien de la señorita".

Solo quiero advertirle. -¿De qué?

-Sobre el objeto de su estima.

El tal Mauro.

Temo que Teresa no conozca

todos sus secretos.

-Nada.

Solo era una pregunta.

¿Está bien?

Sí, sin duda.

La verdad es que nunca me he sentido tan segura y feliz.

Comprendo.

¿Qué pasa? Es como si quisiera decirme algo y no se atreviera.

Estamos en confianza.

No me ocurre nada.

Me alegro mucho por usted.

Simplemente estoy deseando acabar con estos temas del patronato.

En algunas ocasiones, pueden resultar tediosos,...

pero estoy satisfecha de cómo van saliendo las cosas.

Las actividades del colegio

Carlota de la Serna se recuperarán pronto.

Ya veremos.

El malestar de algunos padres

sigue latente.

Lo sé, lo leí ayer en el periódico.

La reunión de hoy va a ser

muy importante. Tomaremos medidas de mucho calado.

Algunas no nos agradarán,

pero lo primordial es recuperar

la buena imagen de la institución. Sí.

Eso y garantizar la seguridad

de los niños.

Huy, tengo los pies molidos

de estar ahí parada como un pasmarote.

Siento haberla hecho esperar, pero...

no recordaba que hubiéramos quedado. Como que no lo hemos hecho,

pero me ha dado el pálpito y he pensado que necesitaba ayuda.

Y como estaba por el barrio, me he pasado a verle.

Le agradezco su interés,

pero no debe tomarse estas molestias.

Molestia ninguna, que bien que disfruto estando a su vera.

Yo sé que para usted soy poca cosa, pero usted para mí es lo más grande.

Yo solo he tratado de ayudarla y de cumplir con mi oficio.

Lo único que puede ver en mi persona es a un amigo.

Es lo que más me gusta de usted, me trata como si fuéramos iguales.

Por eso...

he traído

una botella de vino.

Para celebrar la amistad.

Sara, insisto, no es necesario que haga nada por mí.

Déjese de melindres.

¿Qué hay de malo en tomar una copa de vino?

Hacía siglos que no me ponía este pasador.

Y tú lo luces divinamente.

Te lo agradezco. Quiero estar impecable

en la junta del patronato. Estás guapísima. Estoy segura

de que lo harás de perlas. Eso espero.

Me va a faltar tiempo para agradecerte lo que haces por mí.

Desde cuidarme hasta velar por mis intereses.

No tienes que agradecerme nada. Ya, pero igualmente lo quiero hacer.

La visita hoy a la iglesia

me ha devuelto una paz de espíritu

que hacía mucho tiempo que no tenía.

Me alegro que encuentres consuelo en la religión.

Sí, y si no te parece mal, querría asistir a misa cada día.

Así, esos minutos que estoy fuera, te libero de la carga

que supone atenderme.

Lo más importante es que te sientas bien

para que yo me encargue del patronato

y del colegio.

Lo sé, y siento mucho perder los nervios

a veces,

pero hay personas que me sacan de quicio.

No tienes que preocuparte de eso.

Cada día que pasa, estás un poco mejor.

Controlas tus humores.

Sí.

Es cierto.

Estoy un poco mejor.

Por eso creo que ha llegado el momento

de que hablemos de Mauro.

Durante mucho tiempo, ha sido tu peor enemigo.

No quiero que esto te pille por sorpresa.

Prefiero ser honesta

Mauro y yo estamos juntos.

Quería que lo supieras por mí antes de que pudieran contártelo.

Nos amamos de verdad,...

pero nuestra relación no interferirá entre nosotras.

Mauro me ha prometido que te respetará,

que no se meterá en tu vida

y que no aparecerá por esta casa.

Está bien.

No te apures.

Me alegro

de lo que me estás contando.

Lo que te hace feliz a ti

es bueno para mí.

Entonces puedes sentirte muy bien.

Lo que me acabas de decir me llena de alegría.

Por la amistad.

Creo que ya hemos brindado por eso.

¿Le parece poca razón para hacer un par de brindis?

Por la amistad entonces.

(Puerta)

Un segundito.

Felipe. -Mauro.

Perdone que le moleste, se dejó el sombrero en mi casa.

Disculpe, no...

No sabía que estaba acompañado. Se trata de Sara.

-Buenas tardes.

-La recuerdo. ¿Cómo está?

-Estábamos tomando una copa de vino.

Tiene que acompañarnos. -No, quizá más tarde.

-Como quiera.

-¿Seguro que no he interrumpido nada?

Por Dios, no, Felipe, no. Pues usted me perdonará,

pero parece otra cosa. Es una larga historia

que le contaré cuando tenga ocasión.

-Voy a marcharme, me barrunto que tienen que hablar

y no seré un plomo.

Hasta más ver, Sara. -Con Dios.

-Adiós.

-¿Seguro que no tiene nada con esa mujer?

Por supuesto que no, Felipe, es solo una amiga.

Bueno, quizá ni siquiera eso.

Está agradecida por cómo resolví el caso en el que estaba.

Bueno, agradecida, está obsesionada con agradecérmelo.

Tenga cuidado, no vaya a ser que confunda gratitud con afecto.

No hay ningún peligro. Se lo he dejado claro.

Lo celebro.

La infidelidad solo trae problemas.

Créame.

Sé de lo que hablo.

No me gustaría que le pasara lo mismo que a mí con mi esposa.

Puede estar bien tranquilo.

Para mí no hay en el mundo otra mujer que no sea Teresa.

Brindo por ello.

Hemos dado un paseo muy largo.

Me figuro que tienes que estar agotada.

Contigo se me pasa el tiempo volando.

Estoy deseando que llegue mañana para poder repetirlo.

Pues si esta es la recompensa

que me espera, estaré aquí a primera hora.

Toma.

Ya no lo necesito.

-Gracias, señorita.

Tu obligación como mayordomo

es preocuparte por mi bienestar.

Deberías haberme preparado

un abrigo mejor.

Ha sido una torpeza por mi parte.

¿Tan poca sangre tienes que no vas a defenderte?

No puedo hacerlo cuando tiene razón.

Tenía que haber sido previsor.

El Simón que me salvó era valiente y arrojado.

Me decepciona que no quede

nada de él.

Te empeñas en que cada uno se mantenga en su lugar.

Es lo que corresponde.

Yo soy su mayordomo. Y yo, la hija de tu señor.

Y punto redondo.

Si es lo que quieres,

desde ahora lo vas a tener muy difícil.

No le comprendo. Han pasado cinco minutos ya

de la hora de la reunión y falta el resto de los miembros

del patronato. Esta reunión

era muy importante. Contaba con ellos.

Estoy de acuerdo

con usted.

Va a ser una reunión de mucha enjundia.

Pues si no se presentan

el resto de los miembros,

se suspenderá la reunión.

De ninguna forma.

Esta junta se va a celebrar...

y le aseguro que va a ser la última que dirija como presidenta

del patronato.

¿De qué me está hablando?

Me alegra tenerle de nuevo aquí.

Es usted mi mejor hombre.

Siéntese.

Yo también me alegro

de estar de vuelta.

Nunca pensé que volvería a pisar este despacho.

¿Qué es esto?

Su nuevo caso.

Es una banda de atracadores

que atenta contra varias joyerías de la ciudad.

-Hace años que no bajaban tanto las temperaturas.

Será un invierno gélido.

-Ojalá te equivocaras, pero me temo que no.

Tendré que guardar

el vestido para otra ocasión.

La tela es fina, y el escote, pronunciado.

-Aguarda a verlo y luego decides.

-¿Ya está listo?

-Así es. Dame un minuto.

-Ah... ¿Pues qué te debo?

-Nada. Lo dejó pagado don Arturo. -"Celia, tu esposo no es tonto".

Sospecha algo.

-Que sospeche lo que quiera.

No le daré cuenta de mis movimientos.

-Cierto es,

pero quizás a mí sí.

No sé, al menos para saber en qué te cubro.

-No es nada malo.

Ni siquiera tiene importancia.

-Mira, Celia,

tú sabes que puedes confiar en mí, ¿verdad?

Así que dime qué estás tramando, por favor.

-"No sabía que estabas".

-Tampoco yo esperaba encontrarte.

-Huertas.

No quiero que las cosas sean así entre nosotros.

-Bien lo sé, pero me hubiera gustado que no me hubieras mentido.

-Yo no te he mentido. -Creía que lo nuestro era fuerte.

-Y lo era, demasiado fuerte. "¿Sabes qué me haría más feliz?".

Roscos de vino.

Mi cocinera en Cuba era de Málaga y los hacía de guinda.

Pues un día tengo que llevarte a la pastelería Moreno.

Está lejos, pero los preparan como nadie.

Se me han antojado ahora.

Con el frío que hace, nos caerá una helada.

Pero a Simón no le importa

acercarse en un momento.

¿Qué quiere?

-Tengo algo para usted. -No.

Tengo prisa. -Pensé que Teresa

le importaba de verdad.

-"Me estaba fijando en su tintero".

-¿Qué le pasa al tintero? -Es una pieza preciosa.

-Es un tintero.

-¿Permite?

-"Recuerdo de San Sebastián". -Eso parece,

pero si te soy sincera, no recuerdo cómo llegó aquí.

No sé si lo trajo mi hijo

o fue un regalo de alguna clienta.

Los recuerdos a una le bailan ya con la edad.

-O lo mismo lo compró en algún viaje. -Lo dudo.

-"¿Hace bien manteniendo su relación?".

No me siento a gusto hablando de temas personales

y menos con usted.

Teresa,

no se trata de celos, sino de preocupación.

¿Por qué desconfía de él?

¿Por qué confía tanto en él?

Porque arriesgó su vida para salvar la mía.

¿Quién le mete estas ideas en la cabeza?

-¿Cómo llevas el asunto de los guisos para los pobres?

-Aviándolos estamos, doña Susana.

-¿Y qué os falta?

-Yo creo que esta tarde estará todo "apañao" y listo.

-Me alegro de oír eso.

-Más se alegrarán ellos en cuanto prueben nuestras viandas.

Tienen que estar

como el espíritu de la golosina.

¿Y la señora? "Es una mujer"

fría,

manipuladora,

calculadora.

En la reunión que tuvimos para revisar su sentencia,

su locura era demasiado perfecta.

Demasiado medida.

¿Cree que está fingiendo?

¿La cree usted capaz?

Yo creo que Cayetana de la Serna es capaz de cualquier cosa.

  • Capítulo 428

Acacias 38 - Capítulo 428

09 ene 2017

Teresa descubre un pañuelo de mujer en casa de Mauro. Ambos asumen que era de Humildad. Fernando, motivado por las palabras de Sara, indaga en el estado de la relación entre ambos. Teresa le cuenta a Cayetana su relación con Mauro. Sara roba la carpeta con el expediente de Cayetana de casa de Mauro.
Felipe redobla sus esfuerzos por conquistar a Celia, a pesar de que ella no se lo pone fácil. Ella le pide a Trini cobertura para poder ir a un lugar esta tarde. Celia lleva víveres y ropas a Cruz y a Coque. Cruz está a punto de besarla, pero se contiene. Arturo y Susana se unen para adecentar el vestido de Rosina. En plena ola de frío, Elvira, cruel y vengativa, le exige a Simón que le dé su abrigo. Úrsula deja ver a Teresa que Fernando y ella han pactado para la reunión del Patronato.

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  1. Teresa

    Yo no soy capaz de ver ninguna intención en el cambio de Liberto. Solo la amnesia generalizada en el guión de la serie. Ya nadie se acuerda d q Rosina tenía hijos, de que pillaron a los dos después de haber hecho el amor... (¿alguién se imagina cómo correría los chistes y cómo se comentaría en cualquier barrio de hace siquiera 40 años si padre e hija estuvieran saliendo con dos amantes pillados además tan con las manos en la masa? Pero aquí nada, claro, entonces la gente era tan liberal y se metía tan poco en la vida de los demás... hasta Susana anima a Rosina a seguir con Arturo). Je, je... debe ser la receta de la felicidad... no acordarse de los muertos, los desaparecidos ni los malos tragos. Mas bien creo q es ahora tan soso pq el que le escribía los guiones antes se ha ido tb a Marruecos y se ha olvidado de volver y al que los escribe ahora le da todo igual con tal de rellenar tiempo con el mínimo esfuerzo. Ya sé q la cosa antes tampoco tenía mucho sentido, pero por lo menos daba buenos ratos.

    10 ene 2017
  2. Saro

    Hola SANDRA: Enhorabuena por la candidatura al premio de la Unión de Actores a Mejor Actríz Secundaria por tu papel de Rosina. Esa candidatura es merecidísima porque Rosina es un personaje imprescindible en Acacias. Creo que esta candidatura es un reconocimiento a tu trabajo tan bien hecho, eres una actriz extraordinaria y muy completa. ¡Felicidades! y un beso

    10 ene 2017
  3. Sonia

    Estoy de acuerdo con lo expresado por Teresa y Noelia aunque, ¿no creéis que podría estar hecho a propósito con el fin de demostrar la diferencia que existe entre la relación de Liberto con Elvira (forzada por Arturo y Susana) y en la que no se aprecia amor, a la que tuvo con Rosina totalmente espontánea y llena de verdadero Amor... a qué si no esos celos y esas miradas que siguen dedicándose Liberto y Rosina?. Seguramente estoy equivocada pero, es que ya no sé qué pensar de estos dos.

    10 ene 2017
  4. La Gringa

    Hasta cuando van a enredar mas la trama, se hace cansona. Ya se fue Paciencia y ya esta tardando Servando en irse que personaje tan desagradable. Otra que debia irse a freir esparragos es Susana. Quemenle la sastreria por favor a ver si se muda de barrio. En fin que esto terminara el año de la pera. Que fastidio

    10 ene 2017
  5. Noelia

    De acuerdo con Teresa en lo que respecta a Liberto...está extraño desde que lo han liado con Elvira la que, por cierto, no tiene ninguna química con él; se le ve frío, cuando ríe hay como un trasfondo de tristeza, el pelo en algunas secuencias se le ve muy largo y está muy poco favorecido, yo diría que desmejorado, da la sensación de estar desilusionado, a pesar de estar con una chica "joven" de la que, continuamente, está presumiendo ante Rosina sin importarle lo que ella siente...¡qué diferencia con el Liberto alegre, divertido, risueño, encantador, guapo y muy enamorado de Rosina, con ella sí que había una química increíble!

    10 ene 2017
  6. Rosario Orellana

    Cayetana es la que está detrás de todo, es ella quién mandó la pelirroja para separar a Mauro de Teresa... Además está fingiendo locura, hasta el comisario se ha dado cuenta...

    09 ene 2017
  7. Teresa

    Penita da la nueva personalidad de Liberto... qué duro tiene que ser pasar de un personaje divertido y ocurrente a ésto. Eso sí, el papel se aprende mucho más rápido. Basta con repetir hasta la saciedad:«es joven, es joven...»

    09 ene 2017
  8. Colette

    Bueno, bueno, ya Cayetana parece estar en plenas condiciones. ¿Quien sera la mujer del velo negro con la que hace contacto en la calle?. Esta semana va a estar buenisima!!.

    09 ene 2017