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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 427 - ver ahora
Transcripción completa

¿Qué es esto?

Eh... Nada.

Expedientes, restos de investigaciones antiguas, olvídalo.

¿Cómo lo voy a olvidar?

Si ni tú mismo lo haces,

en nuestro momento feliz lo tienes ahí.

Olvídalo, Teresa.

Devolveré esto y nunca más estaré en un caso que implique a Cayetana.

El juez Márquez quiere estudiar la situación

de Cayetana. -Cada vez que entran esos señores,

se derrumba lo que hemos hecho.

¿Qué quieren hacerle ahora? Pobre de mi doña Cayetana.

-No es a ella.

Vosotras tenéis la custodia,

pero después de lo ocurrido, no sabe si sois las adecuadas.

¿Si Mauro no fuera quien cree? ¿Y si tuviera secretos que nadie sabe?

¿Sabe usted algo?

¿Hay algo que me quiera decir?

No. No sé nada.

Solo le ruego que no desatienda sus compromisos con el patronato.

¿Quién sabe si no podrá

dar marcha atrás?

Ya sé que usted tiene unos días de descanso, pero...

échele un vistazo.

Es posible que el juez

cambie el régimen de custodia.

No señor comisario.

No quiero saber nada de ningún caso de doña Cayetana.

"He llegado a un acuerdo"

con mi marido.

Sonrisas

y cariño de cara a los demás

y sinceridad dentro de casa.

Así cuidamos nuestra reputación, pero...

no nos hacemos ilusiones. Ni el uno ni el otro.

-"En este papel"

están los datos de los padres de los niños

que se vieron afectados por el accidente.

Si les preocupan

lo más mínimo, alguien debería ponerse en contacto con ellos.

-Gracias. Lo haré.

-¿Usted?

Podría ser.

A la actual presidenta se lo impide su soberbia.

"No hay nada que temer".

Fabiana y yo cuidaremos de ella

mejor que en cualquier institución.

Es mi responsabilidad decidir dónde está mejor.

¿Qué pasa, Teresa?

Tranquila, no pasa nada.

No quiero que me hagan nada, ayúdame.

No calles, Teresa, no calles, que... que...

¿Qué me van a hacer? ¿Qué van a hacer conmigo?

Tranquila, no llores.

Todo irá bien.

Vamos, serénate.

Ya lo ve, señoría.

Cayetana se siente indefensa,

víctima de su destino, en manos de usted.

¿Y qué hace?

Llora y se ausenta.

¿Cree que sería capaz de hacer daño a alguien en sus condiciones?

Hay testigos de que en ciertas circunstancias

puede tener una conducta más alterada y agresiva.

Aquello fue un error mío.

Doña Cayetana se presentó en la reunión de la junta del patronato...

Fue un desacierto permitir que acudiera.

¿Por qué lo hizo? Porque tuve la esperanza

de que hubiera mejorado.

He aprendido la lección.

No volveré a fiarme

de mis apreciaciones sobre su estado.

Quizá ese sea el motivo

para retirarle la custodia.

No diga eso, comisario, por favor.

Señoría, prometo,

y juro que no volveré a sobrestimar los progresos.

Pero, por favor,

no la saquen de su casa.

No la encierren en un manicomio.

Eso sería peor

que su condena, sería su muerte.

¿Es usted consciente de la responsabilidad que contrae

si continua custodiándola?

Absolutamente, señoría.

Lo que nos trae hoy

hasta aquí supone un antecedente negativo en su custodia.

Si vuelve a atacar a alguien,

la responsabilidad penal caerá sobre usted.

Soy consciente y asumo toda responsabilidad.

De acuerdo.

Le voy a conceder a usted

que siga velando por la custodiada.

Gracias, no se va a arrepentir de su decisión.

Me conformo con que no se arrepienta usted.

Si Cayetana Sotelo vuelve a poner en peligro su vida o la de otros,

usted asumirá la responsabilidad penal.

Y ella será recluida

en un manicomio.

No sucederá, señoría.

Gracias.

Cayetana solo necesita estar en su casa.

¿No es un poco temprano para cenar, Gayarre?

-Tal vez un poco sí, señor.

Adelanto mi trabajo para después ayudar a la cocinera a servir bien.

Si al señor le parece bien, claro.

-Naturalmente, Gayarre.

También se come con los ojos.

Voy a ponerme algo más cómodo para la cena.

(Cierre de puerta)

(Cierre de puerta)

¿Dónde ha estado,

señorita?

Eso no es de tu incumbencia. Lo es. Lo es.

Vaya si lo es.

Lo es desde que su padre la dejó a mi cuidado

y pasa la tarde entera en paradero desconocido.

Desconocido para ti, Simón.

Yo sé muy bien en qué aproveché el tiempo.

Bien.

Bien. ¿Le importaría confesar cómo?

¿Tanto te interesa? Sí.

Se supone que no debería perderla de vista.

Me gustaría saber qué responder si su padre inquiere.

Me temo que si eso sucediera,

tendrías que callar como un mudo.

No voy a darte detalles.

He estado con Liberto,

Te estoy muy agradecida.

No es agradecimiento lo que me debe. Se escapó.

Lo que me debe es una disculpa.

No te daba las gracias por el buen...

buenísimo rato que he pasado.

Sino por abrirme los ojos a tiempo.

No te creía, pero tenías razón.

Entre tú y yo no puede haber nada.

Gracias a eso,

he podido descubrir al hombre de mi vida.

Liberto.

¿Qué ha hecho?

No seas tan indiscreto.

Quiero a Liberto y espero pasar mi vida entre sus brazos.

¿Te pasa algo, Simón?

Es la primera vez que no encuentras una respuesta.

Me alegro

de que te encuentres bien.

Así puedo darte la gran noticia.

Liberto pedirá mi mano esta semana.

¿De verás?

Su padre estará muy contento,

señorita.

Por fin

se ha comportado como él hubiera deseado.

No.

Créeme.

Mi padre no hubiera deseado lo que he hecho.

Pero sí lo que va a hacer, ¿no?

Por fin va a casar usted con un...

hombre...

que él ha escogido

y a quien usted apenas conoce.

De nuevo te confundes, Simón.

A partir de hoy, Liberto y yo nos conocemos

muy bien.

Requetebien.

Íntimamente.

A poco que lo hubieras pretendido, podrías haber sido tú el afortunado.

¿Afortunado?

Si hubiera sido mujer de mi gusto,

nunca se habría entregado a ese hombre.

Voy a la cocina.

La cena debe estar lista para servir.

(Golpes en la puerta)

Pasaba por aquí.

¿Le importa si entro?

Fíjese qué casualidad.

Además de pasar por el barrio, le traigo un guiso que le dejo aquí.

Adelante, Sara.

Está en su casa.

Todavía quema la cazuela, ¿sabes?

La verdad es que...

Eso huele que alimenta.

Sabía que le vendría bien a usted

algo de cenar y compañía.

No son fechas para pasarlas solo. No, no estoy...

Es igual.

Agradecido. Lo he cocinado yo

misma... El guiso digo.

Con los mejores garbanzos de todo el mercado.

¿Cenamos?

Sara, mira, yo preferiría que usted...

Qué bien huele eso.

La verdad es que estoy canino.

Pues no se hable más, pondré la mesa.

Voy a buscar una botella de vino que creo que tengo en alguna parte.

Aquí estaba el vino, sí.

Larga noche le dé el Señor para que descanse la espalda.

-Buenas noches, muchacha. ¿Se te ofrece alguna cosa?

-Doña Trini me manda que le diga a usted, y con respeto,

que mañana hay reunión en su casa bien tempranico.

-¿Y me invita a mí, que no soy vecina?

Qué raro.

¿Sabes de qué se trata, muchacha?

-Yo no, soy menos curiosa que las liebres.

Cuando escuchan ruido, escapan.

Mi señora lo debe saber.

Pregúntele usted mismo, que la tiene bien cerca.

-No.

Ya me enteraré mañana.

-A mandar, señora.

Ya verá la cena que le voy a preparar ahora mismo, señora.

¿Le apetece una tortilla con escarola?

No tengo apetito, Fabiana. Tienes que cenar, Cayetana.

Cenaremos juntas.

Me apetece esa tortilla, Fabiana, buena idea.

Cayetana.

Qué contento tenerte aquí de nuevo.

Ya veo que entre todas

habéis convencido al juez.

-La señorita Teresa que tiene más labia que un vendedor de ungüentos.

-¡Cayetana!

(SUSPIRA) Qué alegría.

Lo acabo de oír.

Me alegro mucho.

Ha sido una decisión magnánima. Sí.

He tenido mucha suerte, le pese a quien le pese.

La vida me ha regalado buenas amigas, Teresa y tú.

Aún me acuerdo de los largos paseos por Acacias.

Bien que los disfrutábamos. Pues sí.

Me encantaría retomarlos y no estar encerrada.

Todo se andará, Cayetana, te lo aseguro.

Pero me parece prematuro

que salgas a pasear, debemos tener mucho cuidado.

Lo sé, Teresa, pero no temas no voy a escaparme,

podría salir para ir a misa.

Podrías acompañarme.

Naturalmente.

Cuando tú quieras.

Mañana. No veo conveniente que se te vea...

A nadie le hace mal reposar su alma en Dios.

De acuerdo.

Id mañana a la iglesia.

Siempre y cuando Fabiana os acompañe.

Y no guarde celo, señorita.

Sea entonces.

Mañana por la mañana paso

recogerte y ahora a descansar.

(Golpes sordos)

¡Maldito cachivache!

Nunca en la vida he podido

sacarle un zumba a esto, muchachas.

"Podrás engatusar a don Felipe una y mil veces,

que los hombres pierden el seso con unos ojos bonitos y una sonrisa".

Pero una y mil veces, volverá con su esposa.

Eso es así como que después de la noche viene el día.

-Qué sabrás tú de la vida, paleta.

-Que un día se te quitará esa galanura.

Y solo tendrás una cama llena de chinches

y el recuerdo de lo boba que fuiste.

-¿Y por qué te metes en medio de un matrimonio, mujer?

¿No sabes que lo único que consigue es terminar peor de lo que se entró?

Que se lo digan a la Herminia.

La Herminia era una criada laboriosa y rebuena.

Faenaba en casa de los Álvarez Hermoso.

Y terminó colgada como un jamón

y más seca que la mojama.

Suicidándose.

Mayormente por sus pecados de amor con don Felipe.

¿Huertas?

¿Zagala?

¿Estás bien? -¿Eh? Sí.

Bien.

¿Dónde están las demás? -Pues en la piltra, no te digo.

"Ande" voy a ir yo ahora mismo.

Eso, porque o me voy a sobar

o me subo encima de esa zambomba y doy brincos

hasta que la chafe.

-¿Es muy tarde?

-Lo suficiente para una,

que me toca madrugar con Martín, va a buscar faena.

Por cierto, no sabrás de ningún laboro para él, ¿no?

Bueno.

Tú también deberías irte a la cama a escape.

A descansar a pierna floja, tienes cara de amargura.

-¿De qué maldito amargue hablas?

Yo estoy bien. Muy bien.

-Y un jamón con chorreras puestas.

A mí no me engañas por mucho orgullo que le pongas.

¿Qué es lo que ha pasado?

¿Has empezado a pagar tus pecados con don Felipe?

-Acabáramos.

¿Tiene que ser por un macho?

No sabes cómo me encorajinan

las palurdas que creen que todo lo que nos pasa son los hombres.

-¡Ja!

¿Y a esa descastada qué mosca le ha picado?

-No suelta prenda.

Mal de amores creo que tiene. -Sí.

Los que ya no le da don Felipe, que se chinche.

Ninguna lástima me da si se mete en medio de un matrimonio.

¿Y esa

zambomba? -Que sigue sin sonar.

-Mira, Casilda.

(Zambomba)

(RÍE)

-Anda.

¿Necesita alguna cosa más, señorita?

No, gracias, Fabiana. Ve con la señora.

Lo que quería decirle es que... Sé cuál es su opinión.

Pude ver lo que sufría usted en la vista con el juez.

Tuve que morderme la lengua para no conminarla a usted.

Comete un grave error custodiando a Cayetana.

Es mi amiga.

¿Sí?

Y también más pronto que tarde,

volverá a perder el control.

Cometerá alguna barbaridad

y usted quedará en una terrible tesitura.

Teresa, conozco al juez Márquez,

de las segundas oportunidades.

Se lo hará pagar con dureza.

¿Y qué quería que hiciera?

Hubiera sido mejor ceder la custodia de Cayetana.

Quizá no un manicomio, pero sí una institución.

No es nada vergonzante.

Me comprometí con Cayetana a velar por ella

y no voy a abandonarla en el primer tropiezo.

Lamento que mi elocuencia no haya sido suficiente

para hacerla desistir de su error.

No es culpa de su elocuencia.

Soy muy cabezota.

Fíjese, otros miembros del patronato lo intentaron y no lo consiguieron.

Muy bien.

Como quiera.

Pero que sepa que puede

contar conmigo si vuelve a verse ante el juez.

Mire.

Como puede ver uno de los padres de los niños heridos en el accidente

ataca sin compasión al patronato.

Duda de nuestro honor.

Me siento atacada,

rodeada por todos los sitios, pero resistiré.

Yo seguiré cuidando de Cayetana

y de su interés.

Jamás abandonaré.

¿Ni siquiera si se lo pidiera Mauro?

Sí, Teresa.

Sé que vuelven a estar juntos, ¿no cree que ya han sufrido

suficiente para echarlo todo por la borda?

¿Por qué habría que echar nada por la borda?

Porque es evidente que Cayetana, o el cariño que le profesa,

le alejaron de Mauro.

Pierda usted cuidado.

Mauro es más que generoso,

no me va a pedir que me aleje de Cayetana nunca.

Si estamos juntos,

es porque nos amamos y eso nada va a cambiar.

Espero que tenga razón.

Por su bien

y por el de Mauro.

No entiendo cómo podéis vivir sin servicio.

-Susana, en esta casa no se nos caen los anillos por servir el te.

-Pero antes sí que lo teníais.

La verdad es que nunca hemos llegado a entender muy bien

por qué despediste a esa muchacha, ¿cómo se llamaba?

-Huertas, y era un encanto.

-Bueno.

No os he emplazado para hablar de cotilleos callejeros.

Sino para hablaros de un asunto muy importante, emocionante y emotivo.

-Emotivo o emocionante, es igual.

-Luisi, la próxima vez escribes tú la homilía.

Anda, siéntate,

que voy a seguir metiendo la pata con el discurso.

-¿La caridad de las Navidades?

-Sí.

Algo así.

Como no se os escapará, hace un frío que pela.

-Ya te digo. Corta el cutis.

-Pues eso. ¿Y no os habéis fijado

que los pobres de la iglesia no están?

-A Dios gracias.

Quiero decir que una como propietaria

no puede estar más que agradecida con esa limpieza glacial.

-Rosina, perdona, eres una insensible.

-Ay, es que

los precios de los alquileres bajan con tanto pordiosero

pidiendo limosna todo el día.

-En parte, estoy de acuerdo con ella.

El barrio baja de categoría.

Pero, por otro lado

y en estas fechas, pues...

Dan un poco de ambiente

navideño, ¿no pensáis?

-Ya veo lo mucho que os preocupan las calamidades ajenas.

-Es todo lo contrario.

Lo sé, hija, lo sé.

Tengo un sexto sentido.

-Yo solo digo

lo que pensamos todas, o casi.

Que preocuparse por esos indigentes solo en estas fechas

es hipocresía, pan para hoy y hambre mañana.

-Bueno, dejemos

que Trini siga con su propuesta o lo que vaya a decirnos.

-Muchas gracias, Celia, hija.

A ver, lo que trataba de explicitaros

es que esa gente se ha tenido que acoger

en refugios por culpa del frío que estamos pasando,

en la iglesia cuelgan chorlitos hasta del santo.

-(SUSPIRA)

-Ayer Trini y yo fuimos a un refugio,

una casa de caridad, y nos quedamos atónitas.

Estaba hasta los topes, como los tranvías, incluso gente en el suelo.

-Por no hablar

de la escasez de alimentos que padecen.

Fuimos a hacer un donativo.

-¿Y restregarnos vuestra caridad? -No.

-Queremos pediros que nos ayudéis a colaborar.

-Ah.

-¿Cómo? Vosotras diréis.

-La idea es

recoger cuantas mantas, abrigos, bufandas y viandas podamos

para surtir las casas de caridad.

-Haber empezado por ahí.

Si eso les va a mantener en esas casas de caridad...

-Ofrecemos nuestra casa como almacén para lo que cosechemos.

Y nuestra cocina para guisar el rancho.

-Pues servidora no se queda corta.

Mi comercio puede servir de almacén, durante pocos días, ¿eh?

Y yo hablaré con las criadas para que nos ayuden con los alimentos

y en la cocina.

-Si todas estamos de acuerdo, hay que correr la voz entre las señoras

para que contribuyan

y que todos los vecinos se enteren de la iniciativa.

-Esa es mi niña.

No tendrá que insistir, doña Rosina.

Colaboraré en todo lo que sea necesario.

La caridad, más en estas fechas, ha sido siempre la ocupación familiar.

Gracias, querida, eres oro en paño.

-Me complazco

de haber educado una señorita como Dios manda.

Liberto, es muy afortunado por poder cortejarla.

-No se hace una idea de lo agradecido que estoy.

A ambos lo agradezco.

-A mí no me queda otro remedio que alabarle a usted, Arturo,

por haberla criado tan bien

y por sus otras muchas cualidades.

-Gracias las que usted tiene, señora.

-Ahora si me lo permiten

debo retirarme. Me espera Susana en la sastrería,

voy a probarme un vestido.

-No le sentará mejor que ese.

Pero me gusta

que tenga ese toque de coquetería

propio de una bella dama de sociedad.

-Bueno, no es solo vanidad y coquetería, querido,

es también saber estar.

Tengo que lucir espléndida para la reunión con los administradores.

¿Participa en negocios?

Así es.

Mi difunto esposo me legó una finca con yacimiento de oro incluida.

Y mi deber es

administrarla con la misma minuciosidad que él.

-¿Es que no sabes

que a doña Rosina la llaman "la viuda de oro"?

¿De verás? ¿Y no le molesta

a usted, señora? -No.

Me importa una mica.

Me tienen envidia, pero eso es todo.

Afortunadamente, el yacimiento,

llevando a los administradores, da buen rendimiento.

Y puedo vivir muy holgadamente.

Así que ande yo caliente y que digan.

Me admira usted. No había conocido hasta la fecha

mujer que supiera

manejar sus negocios y codearse con los administradores con desparpajo.

Es una dama animosa.

Se hace lo que se puede.

Y no ha sido fácil.

He tenido que batirme el cobre

con caballeros que hasta muchos hombres se rendirían.

Ya me gustaría llegar a su edad con tanto coraje

y tan ilustrada.

No te preocupes, querida,

que llegarás, llegarás.

¿Si me disculpan?

Buenos días.

-Buenos días. -Buenos días.

Creo que he metido la pata, ¿verdad?

Hasta el corvejón, hija.

¿No he dicho que doña Rosina es presumida?

-Demasiado, sí.

¿Qué estáis guisando que huele tan bien?

-Lo que nos ha encargado doña Celia.

Un guisote

para los pobres. -Y se van a chupar los dedos.

Que en Cabrahigo los pobres no catan el pollo

ni en Navidad. En Cabrahigo,

para cambiar de tema, solo hay pollo en casa del cura

y cuando viene el obispo, de pascuas a ramos.

La gente normal...

-¿Como tú? -Sí, vamos, los jornaleros

y todo eso, lo que hacen es matar

una cabra cuando les nace un hijo y les dura el magro

hasta el siguiente.

-Delicioso.

Van a quedar muy agradecidos en la casa

de la caridad, hacéis una gran labor, espero que Dios os lo pague.

Yo he de marchar.

Tengo que reunir donativos.

Riquísimo de verdad.

-Me hago cruces con la vuelta que ha dado esta muchacha

desde que murió su madre, es otra.

Como más cariñosa y todo. -Mmm.

-También tendrá que ver haber encontrado el enamoramiento.

El chocolate le ha hecho mucho bien.

-Y la señora Trini que ha sabido enderezarla

y hacer de ella una mujer responsable

y considerada con el servicio.

-No puedo más.

Estoy reventado.

Llevo toda la mañana pidiendo trabajo de mozo en todas partes.

Y naranjas de la China.

Es que no hay laboro ni para descargar vacas.

-Ay, templa. Templa, Martín.

No te preocupes.

Tenemos techo y pan para llenarnos el buche.

¿Eh?

-Pero con eso no me conformo.

-Y yo no quiero que lo hagas.

Pero no quiero que desesperes, ¿eh?

A mí con doña Rosina,

faena no me falta y contigo está muy agradecida

por las veces que le has hecho chapuzas en casa.

-Pero eso son chapuzas.

Yo quiero darte todo lo que me pidas con las perras que yo me gane.

-Martín, pero si yo no te pido nada, hombre.

-No desesperes, Martín.

Todos sabemos que no hay faena para tanto parado, pero llegará.

(Puerta)

-¿Está aquí el Martín? Ah.

Ya veo que sí.

Te he visto subir

como un toro por la escalera de servicio.

-Deje de hablar y diga para qué me quiere.

-Oye, oye, no nos pongamos así que cojo la puerta y me largo.

-Como si coge la ventana.

-Eso, eso.

Cría cuervos y te sacarán los luceros. ¿No buscabas

trabajo hace un momento? -Sí.

Pues precisamente, y si no te molesta, venía a ver si querías

ser mi ayudante en la portería.

-¿Haciendo qué?

-Pues qué va a ser, las labores, echarme una mano.

En principio, es para las fiestas, pero será el invierno entero.

Aunque sea para palear nieve del portal.

Igual también en verano, que hay infinidad de cosas que hacer.

Vamos, que si quieres doblar el lomo.

-¿Te has coscado, Martín? Te he dicho que llegaría.

-La respuesta a mis afanes.

-Templa, que con Servando nunca se sabe.

-Pero ¿has visto, la miquitusa esta?

-Vamos a ver, Servando,

quedemos claros.

¿Le pide que le eche una mano?

¿O le va a pagar sus buenas perras? -Oye, oye,

que la duda ofende.

Le ofrezco que sea mi ayudante y sí, cobrará un buen jornal.

-Pues no será con sus perras. -No, con las mías no.

Del bolsillo de los señores,

que ya lo tengo parlamentado con don Ramón.

Eso sí, hace falta la complacencia del resto de propietarios.

-¿Y es difícil?

-Qué va, es pan comido.

Venga, vamos, que hay mucha brega por hacer.

¿No querías trabajo? Pues toma, dos tazas.

Tira.

-(RÍEN)

-Estoy deseando empezar.

-Bueno, estarás contenta, ¿no?

En mi pueblo los segadores que buscan jornal

se tienen que ir a la plaza a esperar al señorito...

-Ay, virgencita, sí que sabes contentar a un hombre.

(SUSPIRA)

-No sabes cuánto.

Está bien, pero ¿no te parece un poco serio?

Me parece un vestido de lo más adecuado para trata de negocios

con unos señores... serios.

-Pues por eso mismo.

Ya que ellos son tan circunspectos,

yo debería poner la nota de color, ¿no?

-Las notas de color las ponen las bailarinas.

-No exagere, Susana.

¿No podrías bajarme un poquito el cuello

al menos?

-¿Qué pretendes? ¿Un escote? Ave María Purísima.

-Siempre igual, Susana.

Un escote no. Airearlo un poco, que no me haga... mayor.

-Eres mayor, Rosina, mayor y viuda.

-Y llevo en mi limosnera unos cuartos que no serás tuyos si no haces caso.

-¿Con que esas tenemos?

-Pues sí. O me bajas este cuello

o me voy con mis dineros a un sastre

que no le ponga impedimentos a mi lucimiento o me voy

a los almacenes. -¡Ay!

(RÍE) Pero...

Ay, que ver, cómo eres.

Y cómo te pones por un quítame esas pajas.

Vamos a ver ese cuello.

A ver.

Te lo bajaré por aquí...

Por aquí un poquito...

-Nada de eso. Más.

-¿Más?

A ver, por aquí.

-Un poquito más. -Ay, Rosina.

Ah.

-¿Puedo pasar?

-Adelante, adelante.

Menudo vestido.

Será usted la más elegante en muchas millas a la redonda.

-¿Quería usted algo?

-Quería preguntarle si le apetece dar un paseo.

Pero me he quedado sin palabras con tanto gusto

y distinción.

-Gusto y distinción

que se irán al traste si obedezco las pretensiones

de doña Rosina. -¿Qué son?

-Nada, algún arreglito aquí y allá.

-Un pecado.

¿Se quiere creer que quiere que le baje el cuello para que parezca

un poco más desenfadada

delante de esos administradores? -Enseguida nos vamos.

¿Por qué no me espera fuera? No tardo.

-En la acera estoy.

-No le acompaño. -Por favor.

(RÍE) ¡Ay! ¿Has visto?

Se ha quedado... Se ha quedo sorprendido con mi prestancia.

Bueno, y no ha escatimado en halagos.

-¿Y no has visto que no le ha gustado

tu pretensión de mostrar carne?

-Es demasiado solmene.

De momento, disfruto de su admiración.

-¿Vas en serio con él?

-Que no, mujer.

Me hacen gracia las ínfulas que tiene, el porte de indiano,

me gusta dejarme ver por el barrio con él, no te digo que no.

-Contención, Rosina, que te conozco.

Tú eres capaz de pasar del dejarse ver

a exhibirte con un descaro que ofende

o que pueda ofender a mentes más cerradas.

-Cuidadito que me ofendes.

Yo soy y siempre seré una dama.

-Pues contención.

Al menos, deja que él dé el primer paso.

Tú esperando como una señora que eres.

-Es tan recatado que necesitará una ayudita.

-¡Rosina, por Dios! -Ay, que sí, tranquila.

Esperaré a que él mueva ficha.

-Y la moverá, ya te garantizo yo que la moverá.

Anda que no se le nota.

Anda detrás de ti como un lobo en celo.

-No exageres.

-No sé tú todavía,

pero él...

Él te busca en serio,

pero muy en serio.

Trae, te ayudo.

Me alegro por ellos.

Les tengo mucho cariño.

Tanto a Teresa, que me hizo tanta compañía, como a Mauro.

-Yo también me alegro de su reconciliación.

Siempre ha que celebrar el triunfo del amor.

¿No crees?

-Solo hay que saber diferenciar el triunfo de la derrota.

-¿Les traigo el postre, señores?

-No.

No me apetece.

-Por cierto, Lolita,

cómo van los guisos para la caridad. -Huy.

Terminados del todo, o casi.

Los he dejado en los fogones de doña Trini, al fuego.

-Pues en cuanto termines de recoger aquí, marchas y ayuda en todo.

-Como diga la señora.

Yo también me marcho.

Tengo que seguir con la recogida de ropa y alimentos.

-Una gran iniciativa.

No sabes lo orgulloso que estoy.

Celia, ¿qué te parece si antes de marcharte

charlamos un rato?

-¿Me quieres decir algo?

-No sé.

Me gustaría salir de la rutina.

-¿Que te parece si organizamos

la comida con Teresa y Mauro para darles nuestra enhorabuena?

-Pues no me apetece, la verdad.

-Vamos, cariño, por favor.

Ponle un poco de iniciativa a las cosas.

Además, si se trata de aparentar, cuanto más, mejor.

Podríamos invitar a don Ramón y doña Trini,

sería muy divertido. -(SUSPIRA) Sí.

Sé que la propuesta de mantener las apariencias partió de mí,

pero con hacerlo cuando salimos, es bastante.

No tenemos que hacerlo en casa

y menos delante de nuestros amigos.

-Celia, si no quieres hacerlo por mí,

hazlo por Teresa.

Le vendrá bien salir de casa de Cayetana.

-No sé.

Teresa sí que se lo merece.

-Me tomaré eso como un sí.

Lolita,

prepara todo para recibir al inspector,

a Teresa, y a don Ramón y esposa.

Vendrán a comer mañana.

Prepara un buen menú

y que sea de categoría, yo me encargo de las invitaciones.

Marcho a trabajar.

Si tienes alguna duda,

la consultas con la señora.

Señora.

Haga un esfuerzo por su bien.

Yo le puedo asegurar a usted

que don Felipe la quiere con sentimiento y de la Huertas, nada.

-¡Lolita!

No te metas en mi relación con el señor.

Y que te entre en la mollera,

si alguien te pregunta por cómo nos llevamos, mejor que nunca.

Ni una palabra más, ni una menos. ¿Entendido?

Un frío que pela.

¿Verdad, don Fernando? -Cierto.

No debería andar por la calle, podría sufrir una pulmonía.

Más quisiera que estar recogida en casa, pero...

el deber me obliga.

-¿Asuntos en el patronato?

Entre otros, pero...

Sí.

He sabido del regreso de doña Cayetana

y temo por nuestra labor.

En las circunstancias en las que ese regreso se ha producido,

intervención judicial incluida,

presumo que doña Teresa,

absolutamente monopolizada por el cuidado de la enferma,

desatenderá, más aún si cabe,

sus obligaciones para con el patronato y el colegio.

-No se ponga en lo peor.

En la medida de lo posible, yo mismo me encargo

de prevenir las posibles ausencias de Teresa.

Por cierto,

quería darle las gracias

por informarme del artículo en el periódico

y de las quejas de los padres de los alumnos

afectados.

-Ya los ha visitado, supongo. -No podía ser de otro modo.

Creo que he moderado el malestar de esas familias.

Y, créame, no lo habría logrado sin la ayuda de usted.

-Ya le han informado, por lo que escucho.

-Naturalmente.

Usted los había visitado previamente.

Me allanó mucho el camino.

-¿Se da cuenta?

Tanto usted como doña Teresa han creído siempre

que mi única meta era el poder.

Pero no.

Estaban equivocados.

Mi auténtico objetivo es mantener y en la medida de lo posible mejorar

tanto el colegio

como la institución de la que depende, el patronato.

-Y en ese caso, ¿por qué está siempre a la greña,

Intentando conseguir la dimisión o destitución de Teresa

al frente de la junta?

-¿Acaso no es evidente?

Es lo que trataba de decirle,

doña Teresa no está en condiciones

de atender y dirigir tan excelsa institución.

-No digo que esté usted equivocada.

No soy quien.

Pero si le digo

que este tema no es para debatirlo los dos,

sino en el siguiente pleno.

-No podría estar más de acuerdo.

Encantada

de saludarle, caballero. -Lo mismo digo,

señora.

Corre usted como si se hubieran escuchado cañonazos.

¿Trata de darme esquinazo?

-¿Yo a usted? ¿Por qué habría de hacerlo?

-Tanta pregunta agobia.

¿Quizá porque todavía no ha hecho nada con a información que le di?

¿Ha advertido ya a la maestrita? -Todavía

no tengo claro si conviene? -¿No?

¿Prefiere que Teresa se entregue

a un hombre que le esconde sus secretos?

Quizá es que no le importa tanto como aparenta.

-O quizá no la crea a usted

y no me fíe de sus verdaderas intenciones.

-¿Necesita usted pruebas, señor?

Descuide,

tendrá esas pruebas que usted parece necesitar.

(CELIA TOSE)

-(SUSURRA) Celia.

Que no he querido decirte nada antes delante de las demás

para que no se sintieran excomulgadas o...

¿excluidas?

Bueno, como se diga.

He recibido vuestra invitación para ir mañana a comer

con Teresa y su inspector. -Ay, sí.

Felipe se ha empeñado.

-Bueno, Celi, dos no dan de comer si uno no quiere.

¿Quiere decir eso que por lo menos

os habéis reconciliado o acercado un poco?

-Felipe está ansioso porque vuelva a tolerar sus calaveradas como antes.

-Ya.

Y tú no estás por la labor.

Celia, a lo mejor, deberías pensar en perdonarle,

aunque no se lo merezca, que no digo que sea así.

-Me gustaría poder seguir tu consejo, Trini.

Pero no creo que pueda.

Creo que ya he transigido demasiado.

-Ya.

-Trini, doña Celia,

ya hemos tomado el te y nos gustaría empezar

a embalar la comida y la ropa.

-Claro que sí, María Luisa.

Ha sido muy buena idea.

Al final hemos recaudado mucho. -Sí,

más de lo que esperaba. -Incluso Víctor ha traído

un perolo de los grandes con chocolate.

Qué gran corazón tiene.

-Qué gran idea.

Van a cenar esta noche guiso de carne y chocolate con churros.

Yo misma he comprado los tejeringos.

Hale, señoras, a llenar esos costales de ropa y los talegos de comida.

-Y rapidito, que entramos en calor.

-Si os faltan fuerzas, acordaos de esos pobres,

el hambre y el frío que pasan nos dará ánimos.

"Pero sí habrá cena navideña".

He traído un poco de pan

con queso y embutidos.

-No hacía falta.

-Claro que sí.

¿Cuánto lleváis sin comer?

Celia.

¿Estás cansada?

Ya sabía yo que esto sería

un trabajo de órdago.

Esos pobres infelices van a consumir todas nuestras energías.

-Susana, perdona que no te haya saludado.

No te he visto entrar. -Bah.

La caridad es lo primero.

He traído algunos donativos más,

que algunas señoras han traído a la sastrería.

-Qué alegría, doña Susana.

El barrio entero se ha volcado con nosotras.

Para que luego digan del egoísmo de los señores.

-Venga, señoras, menos alborozo y a trabajar todo el mundo.

Anda, esto a la Casildilla le quedaría estupendo.

-Ay, sí. -Eso dejadlo ahí, es para los pobres.

-Si ella es pobre.

-Pues cómprale algo tú. -Pues sí, no estaría mal.

No, si algo le cae de vez en cuando.

-Un pañuelito, anda que hacen caridad.

-Pues también se constiparán, ¿no?

-No haces más que quejarte, Susana, por el amor de Dios.

-Al menos lo lava, se ha quedado ancha.

-(RÍEN)

-Al final te tengo que dar la razón.

(Alboroto)

No hay nada como ver trabajar a alguien para ti

en un frío y gélido invierno.

-¿Cómo dice usted?

-No nada, lo decía por el Martín

que tiene que trabajar cuando el grajo vuela bajo,

pero alguien tiene que hacerlo. -Ah...

¿No han puesto objeción los vecinos al nuevo portero?

-Oye, oye,

que yo sepa allí solo hay un portero,

el chache que viste y calza, Martín no es más que un subalterno.

Contestando a tu pregunta de si han dado el visto bueno,

con tener el edificio como los chorros del oro,

quién va a poner pegas.

-Sin importar quién se lo trabaja, ¿verdad?

-¿Qué estás insinuando?

Que conozco ese tonito de chiquilicuatre.

-Lo que usted no conoce es la vergüenza.

¿Se creía que no me iba a dar cuenta de que descarga todo en Martín

mientras que está aquí con la copita? Vamos.

-¡Arrea!

Pues no me la voy a tomar en la rúa con la que está cayendo.

No te digo el andoba este.

Reclamaciones al maestro armero.

-Ya me gustaría que Paciencia le viera por un agujerito.

-No me la mientes. -¿Por?

¿Qué pasa? ¿Ya no la echa tanto de menos?

-Claro.

Lo que pasa es que...

A ver cómo te lo diría yo...

(BORRACHO) Estoy valorando... posibilidades de estar solo.

-Ya.

Y que a la señora Paciencia no puede mangonearla como a Martín.

-Mira, algo de razón tienes, "pa qué" te voy a mentir.

Es la primera vez en mi vida

que puedo fungir como jefe, y, oye, la sensación no es mala.

No, señor, nada mala.

-Me decepciona, Servando. La vidorra que se pega a costa de ese pobre.

Cuidado, cuidado.

Todo el barrio volcándose con los mendigos y usted aprovechándose.

Qué feo. -Oye, muchacho.

No he venido a tu negocio para recibir clases de ética y moral.

Vamos a ver.

Y si te empeñas en juzgar mi manera de actuar,

me cambio de local y aquí paz y después gloria.

-No me quitaría el sueño.

Usted se puede echar las copitas donde le dé la real gana.

-Repite eso.

-Los Reyes Magos le van a traer un pedazo de carbón como la parroquia.

-Pues tú lo has querido.

Mentecato.

-Hale.

¡Ya se ha ido otra vez sin pagar!

¡Servando!

¡Servando!

(Risas)

(Golpes en la puerta)

Un momento, por favor.

Adelante.

-Ah, que estás leyendo.

-¿Molesto?

No, mujer, molestar no.

Pero por lo que se oye, te pierdes una buena fiesta.

-Sí, vamos a cenar todas juntas. ¿Quieres venir?

-Gracias. -Mmm...

-Ya me imaginaba yo. Por eso

te he traído este plato para que pruebes el guiso.

-Ha debido haber poco trabajo si os ha dado tiempo.

-Huy, trabajo no falta.

Lo que pasa es que el trabajo de hoy era guisar.

Las señoras quieren llevar comida

a un refugio para pobres y nos han mandado hacerla.

¿Quieres probarlo? Nos ha quedado de toma pan y moja.

-Lo siento si es para caridad, no me parece...

correcto comérmelo yo. -Ay.

No seas tiquismiquis. A los pobres les sobrará.

Ya nos hemos ocupado de guisar más

de lo que se pueden comer.

¿Quieres probar?

Venga, aunque solo sea para decir que te gusta.

-La verdad es que ya he cenado, pero...

Sea.

Esto está muy bueno,

pero que muy bueno.

Denle la receta a la cocinera del coronel, lo apreciará.

-Sabía que te iba a encantar. -Sí.

Así ha sido, sí.

Ahora si no te molesta,

es que estoy muy cansado, Lolita.

-Ay.

He dicho algo que te haya molestado. ¿Te pasa algo?

-No, descuida, contigo no.

-Es porque la señorita Elvira se escapó ayer.

-Eso también está solucionado.

¿Te importa?

¿Qué?

Te ha puesto el Servando a trabajar de firme.

-Pues sí.

Es lo que toca.

¿No andará en La Deliciosa? Me prometió unos buñuelos, pero...

-No lo he visto en toda la mañana.

-Ah.

Habrá ido a otro sitio.

-O estará tan ricamente en un café,

como tiene un tonto que le hace la faena.

-Yo te traigo unos buñuelos, tranquilo, que no pasas hambre.

Ahora, también te digo, creo que estás haciendo el canelo.

-Mayormente.

-No, tampoco es para tanto.

Seguro que está al llegar.

-Quiero felicitarte por tu noviazgo

con Elvira. -Eres muy amable.

-Reconozco que al principio tuve mis dudas,

creí que la chica era un poco chisgarabís.

-Sin duda estabas equivocada. -Cierto, ahora que la he tratado más

gracias a mi estrecha relación con Arturo,

me he dado cuenta de que es simpática y dulce.

-Elvira es un dechado de virtudes. Es buena,

simpática, agradable, divertida...

Pero si me tuviera que quedar

con alguna, sería su juventud y frescura.

¿Cómo marchan las cosas con su esposa? ¿Van mejor?

-Me temo que no.

Es la primera vez desde que estamos casados que Celia saca su carácter.

Muestra una voluntad férrea de no ceder.

-Tal vez sea pronto

para que cambie de opinión.

Sea usted paciente.

A las mujeres hay que darles tiempo para que recapaciten.

-No lo entiendo, don Ramón.

He tenido mucho gestos de cariño hacia ella.

En otro tiempo por mucho menos la tendría a mis pies.

Pero ahora está fría como el hielo.

-Debe mantener el espíritu bien alto.

Celia le reprende por lo que hizo, pero las aguas volverán

a su cauce.

-No lo sé.

Incluso he llegado a pensar

que mi mujer ha perdido su cariño por mí.

Verá, antes de irme, me gustaría pedirle un favor.

Quiero pagar el vestido que está preparando para Rosina.

Me gustaría hacerle un obsequio. -Ah.

Es todo un detalle por su parte.

Es usted un hombre muy atento.

-Solo se trata

de un pequeño detalle. -No tan pequeño, que el vestido

va a costar unos cuartos.

-El dinero no es problema.

-Ya me figuro que no.

Pero mucho interés tiene que tener

en ella como para hacerle tal obsequio.

Habrá actividades en el colegio pronto.

Ya veremos.

El malestar de algunos padres

sigue latente.

Lo sé, lo leí ayer en el periódico.

La reunión de hoy va a ser muy importante.

Tendremos que tomar medidas de mucho calado.

Puede que algunas no nos gusten,

pero lo primordial es recuperar

la buena imagen de la institución. Claro.

Eso y garantizar la seguridad

de los niños.

No tengo energía para mi matrimonio.

Es algo que no me motiva ni lo más mínimo.

-Y entonces, ¿qué te motiva?

Huy...

Ese silencio no trae nada bueno.

Celia.

¿Qué te traes entre manos?

Ábrelo.

Es un zootropo.

Hazlo girar.

Somos nosotros, cariño.

Ahí,

donde nadie nos puede hacer daño.

Inseparables.

Besándonos para siempre jamás.

En nuestra burbuja.

Siempre que te sientas decaer,

siempre que estés trise,

hazlo girar.

Contempla nuestro beso.

Piensa en mí.

Son para un palco en la ópera.

-Vaya.

Qué novedad.

Hacía muchos años que no íbamos,

a pesar de lo mucho que me gusta.

-La función empieza en dos horas. Apúrate, vístete de gala.

Luego iremos a cenar.

Y a pasear en calesa por la rivera del río.

Te he preparado una noche inolvidable.

-Te agradezco el esfuerzo,

pero no me prestaré a semejante farsa.

-Celia.

Tienes que escucharme.

Solo quiero que seamos felices.

Como cualquier otra pareja.

Cada día estás mejor, controlas más tus humores.

Sí.

Es cierto.

Estoy un poco mejor.

Por eso creo que ha llegado el momento

de que hablemos de Mauro.

Durante mucho tiempo ha sido tu peor enemigo

y no quiero que esto te pille por sorpresa,

prefiero ser honesta.

Mauro y yo estamos juntos.

  • Capítulo 427

Acacias 38 - Capítulo 427

05 ene 2017

Teresa convence al Juez Márquez para que le dé una última oportunidad. Cayetana regresa a casa ante la expectación de los vecinos.
Elvira miente a Simón diciéndole que ha intimado con Liberto. Rosina, entusiasmada, defiende su relación con Arturo ante Susana. Simón, a solas, parece seguir atormentado por ese secreto que guarda con tanto recelo.
Sara comienza a entrar poco a poco en la vida de Mauro. Descubre en su casa una carpeta del caso de Cayetana.
Huertas sufre por Felipe.  Celia roba un par de bolsas de los donativos que las señoras están recogiendo para los pobres, para llevárselas a Coque y Cruz.
Servando contrata a Martín para que lo ayude en la portería, pero se aprovecha de él.
Úrsula intenta ganarse a Fernando en contra de Teresa. Sara también inquiere a Fernando malmetiendo contra Teresa y Mauro. Justamente, Mauro y Teresa se prometen superar cualquier adversidad, juntos. Él le regala un zoótropo.

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