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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 422 - ver ahora
Transcripción completa

¡Inspector!

-¿Conoce a Salvador? Claro,

es uno de los niños del coro.

Se rompió la pierna por varios sitios.

Su familia es presa de un rencor demoniaco.

Son ellos los que han insistido en castigar a los responsables.

-Mi hermano perdió su esclava en el secuestro. Tiene sus iniciales.

Si no la cojo,

nos entregarán a la policía. Son muchas pistas.

Ah.

Han detenido a Teresa por un accidente.

Felipe no está localizable

y estamos pensando en quién podría ayudarla.

Pensamos en don Fernando Mondragón,

pero está de viaje y no sabemos dónde.

En el libro de actas lo pondrá.

¿Y dónde está?

Ahí, es ese. Está encima de la mesa.

Busca en la última reunión. "Me has hecho rebajarme,"

subir al altillo, y resulta que amas a una mujer.

La rubia del retrato. Ya le dije

que no le iba a decir quién es.

No hace falta que me lo digas, lo sé perfectamente.

¿Lo sabe? -"No se ha movido"

de su lado. Ha velado su sueño. Ha creído en su curación

¿Y dónde está ahora?

Quiero ver a Mauro.

No está en mis manos, señorita.

Lo siento.

Si cambiara su situación, se lo comunicaré.

-Tenemos que huir.

-¿Y adónde? -Donde pueda cambiar de vida

y formar una familia.

Adiós.

-"Soy Sara".

Poco antes de que dispararan sobre usted,

me salvó de trabajar en un burdel.

Cuénteme, pero seguro que solo cumplía con mi deber.

Me ayudó, y gracias a usted,

puedo seguir mirando al frente con orgullo.

No me pregunte cómo estoy yo. Bien, ¿cómo habría de estarlo?

El comisario me ha dicho

que Mauro se ha despertado.

Ay...

Pero también se encuentra usted en un apuro.

Lo mío, antes o después,

tendrá remedio, pero nadie daba una perra gorda por Mauro.

Ay, yo nunca dejé de rezar por él.

Quizás haya sido un milagro, no digo que no.

Los médicos se han quedado pasmados con su recuperación,

mucho más rápida y consistente de lo que vaticinaban.

Me alegro lo indecible por él,

y por usted.

¿Se le va a quedar alguna secuela?

No. Los doctores creen que no tendrá más secuelas que las de la herida.

Ay...

¿Es que le viene de nuevas?

¿No le ha dicho nada su marido?

Se le habrá pasado.

La costumbre.

No me suele contar nada de trabajo por no alarmarme, claro.

La noticia de Mauro no es motivo de alarmar para usted,

y no es algo que se le olvide comentar a los amigos.

Le digo que será por la costumbre.

No le ha visto en todo el día.

¿Es eso?

Es que me he levantado tarde.

¿Tampoco ha regresado a su casa

para comer? He sido yo la que me he ausentado.

Se me ha ido el santo al cielo dando un paseo,

un largo paseo.

¿Se siente nostálgica y melancólica?

Nada de eso.

Estoy bien.

Muy bien.

Y mejor que estaré cuando usted salga de aquí y pueda ir a ver a Mauro.

Recuperaremos el tiempo perdido por...

¿Qué más da por qué? La vida es así.

Tengo tantas ganas de verle, de abrazarle y de tocarle.

Le agradezco mucho que haya venido

para interesarse por mi situación,

pero solo me importa la recuperación de Salvador.

Y que su familia

recobre la tranquilidad.

Quiero incorporarme.

Sentarme un rato.

No, no, no.

Prefiero hacerlo sin ayuda.

Tengo que ir acostumbrándome. ¡Ah!

¡Ah!

Ay...

¿No se ha marchado por ayudar a este saco de huesos tronchados?

Desde que llegué, no me he movido.

Y no se llame a sí mismo "saco de huesos".

Todavía lo he visto a usted con algo de pellejo.

De otro modo,

quizá no se sostendrían juntos.

No tiene por qué hacerlo. Quedarse, digo.

Nadie me obliga,

lo sé,

pero, desde luego,

no admito lecciones de egoísmo de un hombre que arriesga su vida

por salvar a los demás.

(Puerta)

-Vaya, vaya...

Me alegro de verle a usted tan animado.

Aquí, la señorita, que parece que trabaja para el hospital

como remedio contra la aflicción de los enfermos.

-Ha intentado contratarme el cirujano jefe,

pero le he dicho que se ha adelantado a su oferta

y que me quería en exclusiva.

Yo soy muy leal

con mis patrones.

-Menudo apretón,

compañero.

Ni cuando gozaba de plena salud,

estrechaba así la mano.

La verdad es que me encuentro bien, comisario. Mejor a cada momento.

¿Quién lo diría hace un día?

Según todos los diagnósticos, y por la cara que hacía usted,

nos temíamos lo peor.

¿El qué, morirme?

No pienso.

Los médicos deberían saber que no me moriré

hasta que no me dé la gana.

No me atrevería a negar tal aseveración.

Con lo cabezota que es usted,

hasta el mismísimo Todopoderoso se lo pensaría dos veces

antes de llevarle la contraria.

-(RÍE)

-Señorita, ¿le importaría dejarnos solos

un momento?

-Huy, huy, huy, qué ademanes tan serios.

No me lo ponga triste,

que tendría que volver a empezar

para sacarle toda la alegría que lleva.

-Pierda usted cuidado.

¿Qué ocurre, comisario?

¿Tiene que ver con Teresa?

También debería pensar usted en defenderse.

Es una infamia que la hayan detenido cuando es inocente.

Tengo la responsabilidad civil.

Pues precisamente por eso

debería de estar más alerta y aprovechar sus recursos.

Yo, por mi parte,

he avisado a don Fernando, con ayuda de Cayetana y Fabiana.

¿A Fernando por qué?

Para que le ayude con sus contactos.

No se condena a alguien bien relacionado

así como así. Debería habérmelo consultado, Celia.

Si necesitara defensa, hubiera contratado a un abogado,

pero espero poderlo demostrar por mí misma.

Si don Fernando la ayudará a usted de mil amores.

Es una excentricidad.

Fernando está en Lisboa y no debe interrumpir su viaje por mí.

No quiero hacerle...

No quiero deberle nada a Fernando.

Estoy segura de que no se aprovechará de la situación.

Es un caballero. Sí,

nadie lo pone en duda, pero...

Antes de irse de viaje,

me dijo que a su regreso quería tener una conversación conmigo.

Una conversación de enjundia.

¿Cree que quería pedirle...?

Ay, no sé, a lo mejor no es lo que usted piensa.

Eso espero.

Bueno, no se venga usted abajo.

Es Navidad,

Mauro se ha recuperado

y usted saldrá de aquí pronto.

Tendremos motivos para celebrar las fiestas.

Saldré y correré al hospital.

Tiene usted razón.

Celebraré estas fiestas con Mauro.

-"No".

No es una conspiración contra Teresa.

Pero no le negaré que he tenido algunas...

complicaciones.

¿Qué tipo de complicaciones?

Me quieren retirar del caso.

Bueno, a mí no, a nuestra comisaría. ¿Y eso por qué?

Por dos razones: por un lado,

el Ministerio se ha enterado de que Teresa tiene aquí valedores.

Usted y yo, para no ir más lejos. ¿Y cómo se han enterado?

Esa es la segunda razón.

La familia del niño malherido tiene mucha influencia

y han difundido los hechos. Presionan con todas sus armas,

y no son pocas,

para que Teresa sea trasladada y procesada.

Comprendo su dolor, pero Teresa no es

la persona a quien condenar. Hasta que no consigamos pruebas

Teresa está en primera línea de fuego.

(SUSPIRA)

En cualquier caso,

yo he venido a verle por una cuestión más estimulante.

Por la presente,

le comunico al inspector don Mauro San Emeterio

que le ha sido concedida por orden ministerial

la medalla al valor en acto de servicio

por el coraje demostrado en el secuestro

ocurrido en Acacias 38.

¿Le parece poca distinción?

Ni poca ni mucha.

No son medallitas lo que necesito ahora.

Lo que necesito es que me dejen salir del hospital.

Que me dejen volver a la calle y demostrar que Teresa

no tiene responsabilidad alguna de esa tragedia.

Sosiéguese, San Emeterio.

¿O le tengo que recordar que ya no tiene jurisdicción

en esta ciudad? Está destinado en Santander.

Y no aquí. Mira, comisario,

no tengo nada contra usted, pero déjeme solo, por favor.

Recupérese sin prisa.

Es lo mejor que puede hacer para ayudar a Teresa.

(JADEA)

Adelante, joven Liberto, está en su casa.

-Gracias, don Arturo. Es un honor.

-Dejémonos de protocolos. Siéntese.

¿Le apetece una copita de ron y un habano?

-Si es para acompañarle a usted, naturalmente.

-Perfecto.

Este es el añejo.

Siempre me lo sirve mi mayordomo. -Sí, Gayarre.

Simón. Le conozco.

-Ha salido a hacer unos recados.

Enseguida vendrá Elvira y todos charlaremos.

-Estoy deseándolo.

-Coja usted un habano.

Están torcidos con el mejor tabaco.

-(TOSE)

-Delicioso, ¿verdad?

-(TOSE) Sí que lo está, sí.

(TOSE)

-Tome usted un poco de ron.

Seguro que lo toma a palo seco, como dicen allá.

-Por supuesto, a palo seco.

(SUSURRA) Riquísimo.

-Nunca se fíe de un hombre al que no le gusten el ron ni el tabaco.

-Lo tendré en cuenta, señor.

-En las Olimpiadas celebradas en París este año han permitido

la participación de la mujer. -¿Sí? Pues no tenía ni idea.

-Lo leí en los periódicos.

Si los helanódicas levantaran la cabeza.

-¿Disculpe? -Los helanódicas.

Los jueces de las olimpiadas clásicas.

¿No será usted

de esos que reclaman la participación

de la mujer en cualquier actividad?

-¿Yo? En absoluto.

Semejante ocurrencia eso de que las mujeres...

Más que nada también por ellas, porque conserven su feminidad.

-Muy bien dicho.

-Le aseguro que mi esposa jamás será pasto de esas ideas tan avanzadas.

No consentiría

que se exhibiera de esa manera, y menos

si fuera una joven tan bella como su querida hija,

claro está.

-Muy bien traído, muchacho. Eres de los míos.

Veo que la visita ha animado a mi querido padre.

-Estás espléndida, Elvira.

Gracias. Me he esmerado porque sabía de tu presencia.

Entonces el agradecido soy yo.

-(CARRASPEA) Si me permitís,

me pica un poco la garganta.

Enseguida vuelvo.

-Me has librado de una murga sobre mujeres y olimpiadas...

Solo está probándote. Ya.

Tabaco, ron y las mujeres en casa.

No te quejes, te lo pone fácil. Ya veo, ya.

(RÍE)

-(CARRASPEA)

Me alegro de que hagáis tan buenas migas.

Estaba pensando que podríamos los tres mañana por la tarde

ir a dar un paseo. -Por mi parte

será un placer. ¿Y por la mañana?

-Por la mañana me es imposible.

Padre, por favor, permítanoslo.

Por la mañana las flores de los jardines huelen mejor.

Gayarre podría acompañarnos.

De acuerdo.

Gracias, padre.

-"¿No son preciosos?".

Apuesto a que ningún vecino tiene unos adornos de Navidad

tan grandes como estos. ¡Aaay!

Por no hablar de los hierbajos estos.

-No son hierbajos. Acebo. Se llama acebo.

-Que se llamen como se quieran llamar.

¡Ay!

Para que larguen sobre mi gusto.

Vamos, no se decora así ni en palacio.

Que digo palacio, ni en Versalles.

¿Qué?

¿No te gusta mi estilo?

-Sí, me gusta mucho.

-Entonces ¿qué ocurre?

-Que te quiero.

-¡Ay, Ramón!

-Trini, para ya.

Puede venir la niña y nos va a ver.

-Se complacerá de ver lo mucho que se quieren sus padres.

-¿Sabes?

Hemos pasado por un mal año

y me gustaría hacerte un regalo.

-Ramón, si yo no necesito regalos.

Mis regalos son tus besos. -Lo sé.

Pero así y todo habrá algo que anheles, que te haga ilusión.

No te preocupes por el dinero.

-Bueno,

a ver, en realidad sí hay algo que me ilusionaría,

pero no creo que me lo regales. -Pues pide por esa boquita.

Haré lo que esté en mi mano.

-Es Celia.

Temo que vuelva a recaer y haya de volver

a la casa de reposo.

Cada día está más decaída y todo esto es culpa de Felipe.

(Puerta)

-Ni que compráramos los adornos en el mercado de las pulgas.

Pero en fin, menos es nada.

-¿El portal sigue sin decorar?

-Servando está hecho unos pingos y ni siquiera ha empezado.

-¿Tú has intentado razonar con él?

-Y lo que no es razonar.

Pero no hay nada que hacer.

No se me ocurren ideas para levantarle el ánimo.

-No podéis ni imaginar lo orgullos que me siento

de vosotras dos. Siempre estáis más preocupadas

por los demás que por vosotras mismas.

-De alguien lo aprenderíamos.

-Hija, te prometo que voy a hablar con Servando,

a ver si consigo que vuelva a ser el de siempre.

-Lo conseguirás. Paciencia era mucha mujer,

pero lo conseguirás. -Gracias, padre.

-Intentaré también mejorar la situación de Celia,

pero te aviso que no va a ser tan fácil

como Servando.

"No quiero que nos vean juntos. Es arriesgado y peligroso".

Mejor estamos aquí que en medio de la calle.

Toma.

-Gracias.

-¿Por qué va a haber más atracos?

-A mí no me gustaría que los hubiera.

Pero la vida no es como queremos.

Celia,

¿por qué nos has ayudado? -Creo que tú y tu hermano

no sois como tu padre y os merecéis una oportunidad.

"¿O me equivoco?".

-¿Qué haces aquí?

-Ah, eres tú.

Nada, iba para casa. Ya me recogía.

-¿No quieres que demos un paseo?

-Lo siento, pero estoy cansada. Vengo de visitar a Teresa.

-Te acompaño. -No, sigue tu camino.

-Celia. Celia.

Podríamos hablar.

-¿Hablar de qué?

Ni me contaste que Mauro despertó y ya se estaba recuperando.

-No he tenido ocasión y no ha sido

por mi culpa. -No, claro.

La culpa siempre es mía. Deberías visitar a Teresa.

Te necesita.

-Iba a hacerlo.

Pero me gustaría que aclaráramos esto.

-Bonita tarde, señores. -Espléndida, don Arturo.

¿Paseando? -Sí.

Estirando un poco las piernas. Quería preguntarle a la señora

por su salud. ¿Va mejorando, doña Celia?

-¿Su salud?

Cariño, ¿qué te ha ocurrido?

-Nada importante.

Acudí a casa de don Arturo y me dio un mareo.

-Un vahído, diría yo.

Reconozco que al principio me asusté. Son tan frágiles ustedes

las señoras.

Parte de su encanto es su fragilidad.

En fin, me alegro de que se encuentre mejor.

Sigo con mis andanzas.

-Yo también marcho. -Mucho quejarte tú...

¿Cuándo ibas a decirme lo del mareo, el vahído o lo que sea?

-Felipe,

¿de verdad no sabes cuál es la razón de mi silencio?

-Celia, me preocupo por tu salud.

-Pues demasiado tarde, Felipe.

No seas hipócrita. -Celia.

-No fue nada digno de comentarse.

-(SUSPIRA)

"Tome, ponga la figura de san José a la vera del niño Jesús".

Vamos, señora.

Todavía nos quedan por poner el resto de los adornos en la casa.

Todas estas figuras,

bueno, menos las que trajo Germán de su casa,

las compramos él y yo con Carlota

cuando ella tenía cuatro años o así.

Con todos mis respetos, señora, pero deje de pensar en esos tiempos.

La propia Carlota eligió cada una de las figuras.

Angelito mío,

qué buena era.

Y después de comprarlas la subimos al tiovivo.

Esto dando vueltas un buen rato sin marearse.

Se reía y se reía sin parar subida en su caballito.

Fue el día más feliz de mi vida.

Señora.

¿En qué me he equivocado, Fabiana? ¿Por qué se ha ido al traste?

¿Qué he hecho mal?

Vamos, señora, déjelo estar, que lo pasado, pasado está.

¿Le parece si dejamos el belén? ¿Por qué no me acompaña

mientras yo hago la cena? No, no podemos dejarlo.

Es una tradición de esta casa.

Quizá podamos terminarlo cuando vuelva la señorita Teresa.

No, quiero recibir a Teresa con la casa engalanada

para la Navidad. Anda, tráeme el resto de figuras.

El buey y la mula.

(SUSPIRA)

¿Por qué no me siento bien? ¿Por qué me siento así?

Hay que aprender a vivir, señora.

En la vida...

se sufre. No.

No es eso.

Estoy enferma y tú lo sabes.

Enferma del alma.

Enferma de tristeza.

No diga eso.

Nada que no se arregle con descanso. Es que ni siquiera puedo

ayudar a la gente que quiero.

Ni a Teresa, que casi dio la vida por mí.

Ni ella puede contar conmigo.

Todo se arreglará.

Tiene muchos arrestos. En otro tiempo, con mis amistades,

la hubiera traído de vuelta en un santiamén.

Antes.

Cuando era una mujer fuerte y con...

Con arrestos.

Ahora...

Ahora ni siquiera tengo fe en mi propia cabeza.

En mis pensamientos.

Se me puede ir la razón en cualquier momento.

No diga eso, señora. Es la verdad.

Voy a recuperar el mando de mis pensamientos.

Voy a volver a gobernar mi cabeza.

Tengo que hacerlo.

Quiero hacerlo.

Y lo hará, señora.

Y lo hará.

Ya lo creo que lo hará.

Cuánto me alegro que haya acudido tan raudo a mi llamada,

amigo Felipe.

Tenía ganas de hablar con usted.

Dígame, ¿es cierto que el inspector San Emeterio

se recupera satisfactoriamente? -Parece que todo terminará bien.

Ha salido de su letargo y los médicos están asombrados

con su recuperación.

-Siga. Siga usted.

¿Qué sabemos de nuestra maestra? -El trance de Teresa

parece un poquito más apurado. -¿Va a ser condenada?

-Sí.

Si consiguen sacar el caso de mi comisaría, sin duda.

-Pero eso...

eso es Inconcebible.

¿Quién piensa que una muchacha que se desvive por ellos

es la causante de la desgracia? -Nadie pretende

que apretara el gatillo, pero sí que hay base

para la responsabilidad. -¿Y en qué se basan?

-Teresa, como presidenta de la junta, organizó la función

y dio el visto bueno a las instalaciones.

-No, ni aun así.

Pero si Teresa quiere más a esos muchachos que a sí misma.

-A veces hacemos daño a quien más queremos.

-Felipe,

sabe que cuenta con mi sólida amistad.

Puede hablar en confianza si así lo desea.

-(SUSPIRA) Verá,

temo que mi esposa pueda recaer en un mal similar

al que la llevó a la casa de reposo. -¿Y algún dato confirma esos temores?

-No lo puedo asegurar,

pero en su declaración con el comisario del Valle

tuve la sensación...

Quizá exageró, pero tuve la sensación de que mentía.

-No había razón para que lo hiciera. -Lo sé.

Pero aun así,

y me acabo de enterar de que sufrió un percance.

Un desmayo en casa de don Arturo en una visita ordinaria.

-Siguen ustedes distanciados, ya veo.

-Eso no lo justifica.

No hemos recuperado la confianza que precisa cualquier matrimonio,

pero no explica su actitud.

Quizá todo esto sea por el secuestro.

Quizá me preocupo demasiado.

No lo sé.

Me siento perdido ante ella. -Si le digo la verdad,

no es usted el único preocupado por su esposa.

También Trini está preocupada por su estado de salud.

No podemos permitir que vuelva a recaer en su...

Perdóneme, en su enajenación.

-No, no se disculpe.

Pero esa posible enajenación no se me va de la cabeza.

No sé si darle la carta que he recibido de Tano.

Temo que le afecte.

Buenos días nos dé Dios. -Espera un momento, por favor.

Querría preguntarte algo. -Mientras sea gratis...

-Gratis y sucinto, sí.

-Dejémonos de palabras, que llevo prisa.

-¿Sabrías dónde puedo localizar a Fabiana?

Hace un par de días que no la veo

y necesito comentarle algo sobre mi dormitorio.

-Estos días está posando en casa de doña Cayetana.

Como la sita Teresa

están con los guardias, ella está ahí.

-Agradecido, Casilda.

Y apura, que el mercado ya estará abierto.

-Sí, a mí me lo vas a contar.

-Estás soberbia, Elvira.

Radiante.

¿Cómo andas, Simón?

-Detrás de ustedes, como mi señor manda.

Vamos pues.

¿Estará bien visto que nos cojamos del brazo

en nuestro primer paseo? -Depende de quién mire, como siempre.

(AMBOS RÍEN)

¿Sabes qué?

Dicen que el casino organizará una fiesta de disfraces

para la san Silvestre. ¿Como en carnaval?

Es un secreto para la "crème de la crème".

Dicen que es lo que se hace en toda Europa.

Me encanta todo lo actual.

Lo europeo. Lo que no huela a rancio,

como mi casa.

Somos almas gemelas, Elvira.

¿Quieres que busque y me agencie unas entradas?

¿Para fin de año? Ajá.

Ni soñarlo.

Mi padre no lo permitiría ni a tiros.

Y no es una metáfora.

Espera, Elvira.

¿Algo te ha molestado?

No, tú no. Tú eres un cielo.

-¡Oooh!

¡Son tan resbalosas! -¿Puedo ayudarte?

-¡Oh, estás aquí!

¡No! ¡No! Como no enseñes a la camarera

a secar bien la vajilla,

no veo la manera en la que ayudarme.

Liberto solo ha sido galante. Quizá yo sí podría echarle una mano.

¿La acompaño al tocador? Esto no lo arregla un tocador

ni un encantador de serpientes.

Voy a casa de Trini a limpiarme. Gracias de todos modos.

Una señora ocurrente. -Sí.

-"No me digas que andas escaso de espíritu navideño".

"No es la cuestión".

Estás yendo por muy mal camino. Los propietarios

te pagamos un sueldo para que funjas como portero.

Y perdóname la sinceridad, pero no cumples con tus obligaciones.

-Ramón. -No, Trini, no.

Su talante y su dedicación dejan mucho que desear.

Te recuerdo

que en estas fechas tu cometido es adornar el edificio,

la puerta, el zaguán...

-Es que cada adorno que pusiera sería como una puñalada.

-Pues te comportas como un hombre. A mi hija María Luisa

la convencerás con tu falta de ánimo y tu tristeza,

pero a mí no.

-Entiéndalo, don Ramón. Es que extraño a mi Paciencia.

Es que sin ella

para mí las navidades no tienen significado.

-Pues con Paciencia o sin Paciencia,

en estas fechas se conmemora el nacimiento de nuestro Señor.

Y lo que no tiene sentido es que te has quedado en Acacias

para conservar tu trabajo y te comportes para perderlo.

-Ramón, por Dios.

-¿Me despedirían?

-No. -Seguro que yo sería el primero

encargado de recaudar las firmas.

A ver qué le dices cuando se vea en la calle.

-No hay que llegar a esos extremos. No, señor.

Trabajaré.

Trabajaré aunque sea entre lágrimas y con el corazón roto.

Trabajaré aunque tenga que utilizar las guirnaldas

para secarme las lágrimas.

Trabajaré.

Con su permiso voy al sótano.

-Ramón, creo que has sido

un poquito severo de más con el bueno de Servando.

-¿No ves que era la única manera

para que levantara las posaderas? Ha sido por su bien.

Ya verás como me lo agradece.

-Bueno, pues espero que funcione tu artimaña.

-Funcionará. El mejor remedio

contra la nostalgia es el trabajo. Si tiene la cabeza centrada

se olvidará de las penas.

-La verdad es que yo le entiendo.

No sé cómo viviría una Navidad sin ti.

No te entristezcas.

Tano estará pasando unas navidades memorables.

-No lloro por él.

Sé muy bien que disfrutará en casa de ese compañero.

Lloro por mí.

Sin la compañía de mi hijo

no encuentro motivos para celebrar las fiestas.

-Me tienes a mí.

-¿Y dónde estabas tú cuando yo hubiera dado todo por ti?

(Puerta)

"Felipe, te estaba esperando".

-¿Aún sigues así?

¿Y esta mesa? ¿Esperamos a alguien para cenar?

-A ti.

¿Acaso no recordabas que habíamos quedado para cenar?

-Lo lamento.

He tenido un día muy complicado y lo había olvidado por completo.

-Descuida.

Lo único que importa es que ya estás aquí conmigo.

¿Cenamos?

-He tomado un piscolabis en comisaría y no tengo apetito.

Tendrás que cenar sola.

-Que ya hago la faena luego, señor,

que el horno no está para magdalenas. -Aguarda un segundo.

Querría...

Me gustaría pedirte un favor.

-Siempre que caiga dentro de los mandamientos

de la santa madre Iglesia...

-Ayúdame a conseguir que mi esposa sonría.

-¡Huy!

Si usted no sabe hacerlo, imagínese yo.

Y eso que tuve una tía abuela

que desde que enviudó no volvió a enseñar los dientes

y me mandaba a mí... -Solo harás tus cometidos normales.

¿Recuerdas una cena con la que quiso obsequiarme

y a la que no pude quedarme?

-Toma, pues para olvidarlo.

Si casi se me saltan las lágrimas cuando vi las violetas en el jarrón

y el vino ese, lo que fuera.

Y la ilusión que le hizo... -Prepara otra idéntica.

Parece que doña Trini compró todo el barracón de adornos navideños.

Así es su gusto, la adoro, pero es bastante peculiar.

En fin...

Me pongo el tocado,

y en cuanto llegue Víctor, nos vamos.

De paso comprobamos que Servando ha engalanado

el portal. Perfecto.

Oye...

Quizá no quieras contestar a esta pregunta,

pero me muero de curiosidad.

¿Ya sabes cuál es la verdadera cara

de ese caballero que tanto te interesa?

Al menos, su verdadera cara hacia mí.

Su careta

cuando trata conmigo.

Y por lo que veo, no es la cara dulce que decías,

sino la fría y distante. Helada.

Más que una cara, es una máscara de reserva,

de distancia.

Hasta de indiferencia.

Pero sé que tras esa careta de desafecto,

hay un corazón que vibra conmigo. Ya.

Comprendo cómo te sientes,

pero si pretendes conquistarle,

conseguirás arrancarle ese antifaz.

Lo sé.

Tarde o temprano, me mostrará

sus sentimientos.

Ven,

vamos a abrir, y nos vamos.

-Pero ¿qué ven mis ojos?

Si ya estáis listas... -¿Qué te creías,

que íbamos a ser como esas señoras que hacen esperar a sus acompañantes?

Necesitas un oreo, hacer esperar está en desuso.

Las mujeres de hoy tenemos prisa. -Bueno es saberlo, tomo nota.

En fin, ¿nos vamos?

Las voy a llevar a las dos del brazo. Siempre que a Liberto

no le moleste, claro está. -¿A Liberto?

¿Por qué habría de molestarle? -Nos han visto paseando juntos.

-No se habla de otra cosa.

Ya tenemos pareja nueva.

-Víctor,

¿te importa esperarnos

en el portal? Me falta el colorete.

-Muy moderna, pero al final tengo que esperaros.

Abajo estoy fumándome un cigarrillo.

Daos prisa.

-Se acabó el misterio,

Bien guardado tenías el secreto, ¿eh?

Pero, escúchame, Liberto es un joven adorable,

y no es tan frío como tú te piensas, sino más bien bastante acalorado.

Buenas.

Un vestido precioso, Rosina.

No hay mal que por bien no venga.

Lo digo por el accidente

de antes.

-Sé por qué lo dices.

Y hablando de antes, felicidades.

Por tu recién inaugurada relación con la llamativa coronelita.

-Una joven encantadora,

¿verdad?

¿Puedo sentarme?

Lo cierto es que tenemos muchas en común,

aparte de las evidentes,

claro está. -¿Y las evidentes son...?

-Que ambos somos solteros, jóvenes,

y sin compromiso.

-A mí me parece un poco mimada,

pero qué importa la opinión de una persona adulta

como yo.

-Perdona si te molestó mi referencia a nuestra juventud.

No quería ofenderte.

-¿Ofendida yo?

Hay que ser un poco más hombre que tú para ofenderme.

-Rosina.

Rosina, espera.

-¡Ah!

-Mil perdones, señora. -No, no...

Eh...

Ha sido culpa mía y solo mía, discúlpeme usted, Arturo.

-Disculpada queda.

¿Se encuentra bien? -Sí, sí, sí, sí.

Solo un poco de nostalgia.

Son las primeras Navidades sin mi difunto esposo

y ando algo ofuscada.

Lo siento de veras.

-Bueno, pasará. Todo pasa, pero mientras...

-Ánimo, señora, coraje.

Valentía ante la vida.

Si le digo la verdad, ando un poco turulata.

¿Se quiere creer que me disponía a ir a la iglesia para prenderle

unas velas a mi difunto esposo

y ni siquiera tengo fuerzas para hacerlo?

-Será un placer escoltarla, señora.

-Agradecida.

Me imagino que para usted, siendo también viudo,

estas fechas serán de aúpa.

-No son fáciles, no,

pero más que por mi soledad, lo siento por la de mi hija.

Adoraba a su madre. -Ya, pobre muchacha.

-Va acostumbrándose, es toda una mujer.

-Dice mucho y bien de usted como esposa la añoranza de su marido.

-No sabe usted cómo se lo agradezco,

estaba convencida de que si recurría a su magnánima persona,

esto saldría adelante.

Mis grandes consideraciones.

-Vaya.

Ya veo que no pierde usted el tiempo.

Siempre codeándose con caballeros adinerados.

-Oh, era don Miguel de Luján,

un miembro de la junta del patronato.

Está tan preocupado como yo

por la situación. -Es grave, ¿verdad?

-Ni que usted lo diga.

Con doña Cayetana en el séptimo cielo,

y la maestra vergonzosamente detenida y probablemente

encarando un juicio, nuestros esfuerzos

pueden irse al garete.

-Alguna manera habrá

de arreglar el desaguisado. -No será fácil.

Aunque yo nunca fui partidaria de ampliar el colegio

con ese ala norte, y mucho menos,

de organizar ese desastroso concierto.

Ahora me debo a la justicia.

-¿Y qué piensa hacer?

-Paralizaremos las obras...

y destinaremos parte del dinero del presupuesto

a indemnizar a las familias.

-Ay... ¿Y cómo están esas almas de Dios?

-Indignados, como cabía esperar.

La familia del muchacho más afectado es de mucha influencia

y está presionando a la judicatura

para que trasladen a Teresa y su caso

a una jurisdicción donde se haga un juicio de verdad.

-¿Quiere decir... que la juzgarán? -Oh.

Y sin paños calientes.

La juzgarán y la condenarán.

-Por tal razón,

estoy tratando de reunir a algunos miembros del patronato

para conseguir que voten a favor de retirar a Teresa

la presidencia.

-¿Es posible? ¿No pensarán que es

una artimaña? -Bien sabe Dios,

que todo esto lo hago por doña Cayetana,

para que cuando regrese,

encuentre su patrimonio tal y como lo dejó.

-Es usted bondadosa en grado sumo.

Magnánima.

Filantrópica.

-Le agradezco sus palabras de apoyo.

Me confirman que siente usted por doña Cayetana

el mismo afecto que yo.

-Como mínimo.

Vecina ejemplar y clienta sin fisuras.

-Por eso se me está ocurriendo...

¿Nos prestaría su establecimiento,

la sastrería,

para que yo pudiera reunirme con algunos miembros de la junta?

Necesitamos un lugar fuera de las miradas maliciosas.

-No sé, la verdad,

yo no soy de meterme en politiquerías.

-¿Politiquerías?

Si no fuera porque la conozco a usted,

me sentiría ofendida.

No es politiquería

velar por el buen nombre de doña Cayetana.

Ni Teresa ni nadie más que yo puede hacerlo.

-Sí, pues también es verdad.

Sea.

Cuente usted con mi establecimiento

y todas sus dependencias. -Se lo agradezco muchísimo.

Nunca olvidaré este gesto.

Pase usted un buen día.

-Lo mismo digo.

¡Aire!

Aire, hombre, aire.

Aire, que me juego mucho en esto. ¡Vamos!

¡Vamos, vamos!

-La reprimenda que le echó tu padre ha causado efecto.

Servando vuelve a ser

el de antes. -Mejor que nunca.

¿Cuándo le ha visto usted trabajar así?

-¿Qué?

¿Se puede confiar en el Servando...

u no se puede confiar en el Servando?

Ahí tienen, señoras, ahí tienen sus adornos.

Cuando apaguemos las luces del portal,

cómo lucen las luminarias... -¿Y seguro que no saldrá ardiendo

todo el barrio? -La duda ofende, señorita.

Bien "esmerao"

me he "quedao" yo en pergeñar este ornamento lumínico.

-La verdad,

es que te ha quedado más bonito que un San Luis.

-¿No dices nada,

Servando? Anda, hazte valer, que lo has conseguido.

-Pero no te lo tomes así,

hombre.

-No... No es eso, señorita.

Cada vez que veo una vela,...

me recuerda a mi Paciencia.

-No, si tiene que ser penoso, no digo yo que no,

pero... tampoco la has perdido para siempre.

-No sé... No sé...

No es eso, es que son las fechas.

Nosotros nunca hemos celebrado las Navidades.

Como no hemos tenido retoños...

Nuestras Nochebuenas eran, ahí, en la mesa camilla,

con la sopa, y después, a la cama.

Menos las Navidades pasadas.

Las chicas del altillo

nos hicieron sentir una gran familia.

Mi Paciencia y yo... -Sois una familia,

una familia de lo más unida.

-Unidísima. Paciencia en la jungla,

y yo ahí solo, en la mesa camilla con la sopa.

-Vamos, Servando, valor y paciencia.

Perdón,

yo no quería decir eso. -Lo sé, lo sé, señorita,

aunque no hubiera mentado esa virtud,

mi Paciencia no se me va de la cabeza.

Además,...

¿cómo va a celebrar uno así la Navidad?

-Hombre, claro que sí, que nos tienes a nosotras.

¿Qué digo?

Al edificio entero.

Servando, todos te tenemos

mucho cariño y bien lo sabes. -Lo sé y lo agradezco,

pero ningún cariño,

por grande que sea,

se puede igualar al de mi Paciencia.

Ninguno.

Créame, señorita,

como deferencia a usted,

y al inspector San Emeterio,...

he intentado evitar por todos los medios

esta desgraciada situación. Dígame sin más rodeos

qué ha ocurrido.

Acaban de comunicarme el traslado de su expediente a otra jurisdicción,

a otra brigada.

Y el inspector a cargo

ha pedido prisión incondicional para usted.

¿Por qué tanta vuelta y por qué tanto laberinto legal?

Está en boca de todos, aunque...

no hay conocimiento claro, que la familia

de uno de los niños... Salvador.

Sí.

Pues bien, la familia ha presionado para ese traslado de expediente

argumentando que tiene usted aquí valedores.

No puedo creer que me acusen. ¿De qué?

¿De verdad creen

que he tenido algo que ver?

No sé lo que creen,

pero sí sé lo que buscan.

Quieren castigarla.

¿Qué va a ser de mí?

¿Qué van a hacer conmigo?

De momento,

y sin que yo pueda hacer nada para evitarlo,

será usted traslada a un penal

hasta que terminen las pesquisas.

¿Cuánto van a durar?

Semanas,...

meses quizás.

Lo siento mucho, Teresa. No puede ser.

Ni siquiera he podido ver a Mauro tras su recuperación.

"No puede ser, ¿cómo que no me dan el alta?".

Estoy bien, ¿o es que no lo ven? Lo siento, de verdad.

Su recuperación es milagrosa, quieren tenerle unos días

bajo observación. ¿Un par de días? No.

No puedo espe..., esperar. Mauro, por favor,...

un par de días más

poca diferencia harán.

Si aguarda, podrá ver a Teresa.

No ponga su vida en riesgo.

Poner la vida en riesgo es mi trabajo,

y no voy a permitir

que unos médicos timoratos... -No son timoratos.

Son realistas y conocen su oficio.

-(CARRASPEA)

¿Señorita?

-¿Señorita?

¿No me reconoce usted?

-No.

No tengo el gusto. -Pues yo sí le conozco a usted,

don Felipe.

Trabajé en La Deliciosa.

Me llamo Sara.

Le he traído un bocadillo de jamón.

Gracias.

-Un momento.

¿Usted es la muchacha...

a la que el inspector...? -Rescató

de un burdel, sí.

Y de no ser por Mauro, por el inspector,

en el burdel seguiría.

-Mauro.

Sí, hemos adquirido esa confianza aquí.

La señorita ha estado cuidándome desde que me desperté.

-Como no podía ser de otro modo.

Le debo mucho a nuestro paciente.

Felipe.

Felipe.

Tiene que hacer algo.

Algo para que me dejen salir de aquí.

Calma, amigo, calma y reposo es lo que necesita.

Cuando se reestablezca al gusto de los doctores, podrá ver a Teresa.

De momento,...

se conformará con esto.

Para acompañar el bocadillo.

Ahí está.

Salud. Salud.

Por favor, dígale a Mauro que me perdone.

No debe usted sentirse culpable por nada.

Ha estado con él cuando ha podido.

Que me perdone por no haber estado junto a él cuando despertó.

Quería que mi cara fuera lo primero que viera.

Por favor, prométame que se lo dirá.

Así lo haré.

Y también le prometo que lucharé con todas mis fuerzas,

y con la ayuda de Dios,...

para que esté poco tiempo en prisión.

Gracias.

¿Alguna cosa más?

Proceda al traslado

de la detenida.

-¿Está bien?

¿Cuáles son las acusaciones contra la detenida?

Tranquilícese, Fernando, no lo empeore.

No he hecho nada. Pronto todo se aclarará.

Lo sé, no lo dude.

-Lo siento, caballero, pero la orden de traslado

no puede demorarse. -Quítele los grilletes.

-Eso es imposible.

Las ordenanzas...

-Las ordenanzas no caben aquí. Descuide.

No irá a prisión.

Comisario.

Dispongo de pruebas que demuestran su inocencia.

Deja ya de dar vueltas como si fueras un perrete,

y suelta lo que has venido a decirme. -Ay, ay, ay.

Es más gordo que cuando nació un gorrino de dos cabezas de Cabrahígo.

-Arranca ya de una vez,

de seguir así, termino arreándote con el cepillo.

-Que ayer escuché, con estas orejas que Dios me ha dado,

que la Úrsula quería hacer una reunión en la sastrería

y de espaldas a Teresa.

-"No te queda otra"

que obedecerle.

Lo intento,

aunque no siempre consigo hacerlo.

En algunas ocasiones, disfruto llevándole la contraria.

Veo que eres un poco rebelde, me encanta.

-(CARRASPEA) Disculpen que les interrumpa,

debo comunicarles que el paseo ha terminado.

¿Se puede saber por qué razón?

Ahí sí llevas razón.

Don Felipe no ha tardado ni un mes en darse cuenta de lo lianta que eres.

-Es posible que esté intentando que Celia le perdone,

pero mañana será el hombre que es y entonces vendrá a buscarme

con las orejas gachas.

-Y le esperarás con los brazos bien abiertos.

-Con los brazos y con lo que sea menester.

-Tú preparaste una cena así, y yo la rechacé.

Te pido perdón por no darme cuenta de lo importante que era para ti...

y por no comprender lo mucho que perdía

al negarme a sentarme a tu lado.

Te pido otra oportunidad.

-"Señora".

El desayuno.

Tenemos que hacer algo.

No la entiendo.

Tenemos que ayudar a Teresa.

Ha escuchado lo que me ha contado Lolita, ¿no?

Perfectamente.

Tengo que acudir a esa reunión.

Deje de hacer eso.

Al final se romperá el Belén y tendré que pagarlo yo.

Si quieres que deje de molestarte solo tienes que hacer una cosa.

Está bien.

Dígame cuál es su siguiente capricho.

Mírame a los ojos

y dime que te da igual que inicie un noviazgo con Liberto.

"El saber que usted"

había estado en peligro fue lo que me expolió a regresar.

Y se lo agradezco, pero... Sé que apenas nos conocemos.

Tan solo hemos tratado algunos asuntos en el patronato,

pero me parece usted

una mujer maravillosa.

Me gustaría

que usted me diera su permiso para poder pretenderla.

-"Son fiestas de celebración".

-Eso es muy bonito,

pero la verdad del cuento es que soy una pobre viuda,

una pobre viuda que va a pasar estas fiestas

más sola que la famosa aguja del pajar.

-En la vida todo tiene solución.

Los médicos me pedían dos noches más en el hospital

y les he dado una.

¡Ay! Tenga cuidado.

Está jugando con su salud.

En estos momentos tengo otras prioridades.

Quiero ir a ver a Teresa.

No está aquí.

¿Ya la han trasladado?

Por el bien del colegio Carlota de la Serna,

que con tanto esfuerzo levantó doña Cayetana Sotelo Ruz,

votad para elegir

un nuevo miembro para la presidencia del patronato.

(Puerta)

Creo que eso es algo sobre lo que yo debería opinar.

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  • Capítulo 422

Acacias 38 - Capítulo 422

29 dic 2016

Simón apenas puede contener los celos ante Elvira y Liberto. Úrsula organiza un encuentro de la Junta del Patronato al margen de Teresa. Cayetana se entera y quiere intervenir para ayudar a su amiga. Ramón carga de trabajo a Servando para que no se venga abajo, pero él no levanta cabeza.

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  1. Graciela

    Me perdí algo ? Que paso con el Pablico y Leonor ? La ultima vez que los vi eran casi capturados ,y ahora ? Y todos los muertos de Ursula y los de Cayetana? Por favor encuentren el camino de vuelta , se hace muy dificil ,por no decir aburrido seguirla!!!!!

    30 dic 2016
  2. Sonia

    Tengo esperanzas de que la lectura de "La Encrucijada" sirva para guiar los pasos de Liberto en la buena dirección, es decir, volver con Rosina la mujer a la que nunca ha dejado de amar.

    30 dic 2016
  3. Isabel

    Pensé que cuando llegaran las fiestas de Navidad y Año Nuevo Liberto y Rosina ya estarían juntos para siempre y que ése sería el "regalo" que nos harían los guionistas a los seguidores de la pareja, después de lo mal que lo hemos pasado llevamos ya bastante tiempo pero, según parece mi gozo en un pozo, en lugar de ese regalo nos van a dejar carbón (como los Reyes Magos a los niños malos)

    30 dic 2016
  4. Mhp

    Le estan dando muchas vueltas a lo mismo tiene que haber mas accion que pongan otros guionistas

    30 dic 2016
  5. Teresa

    Aquí no se pueden poner enlaces a páginas web, ni ayudar a buscarlas. No entiendo pq, si el avance se lo dan ellos o los de Boomerang. De hecho, es exactamente igual (palabra por palabra y coma por coma) al resumen q aparece aquí a los pies de cada capítulo, aunque en esas páginas añaden más. Y por lo menos se lo dan a dos páginas distintas. Aunque la última vez que miré lo de la semana del 2 al 6 de enero estaba solo en una.

    30 dic 2016
  6. Pilar

    Liberto, ¿a qué venía decirle a Rosina "ambos somos solteros, jóvenes y sin compromiso", sabiendo de las inseguridades y los celos que ella tiene, qué pretendías? es muy normal su reacción ante las palabras del hombre al que ama. Te das cuenta que éso sólo ha empeorado la situación? ¡qué distinto sería todo si le hubieras dicho lo mucho que la amas!

    30 dic 2016
  7. Sofía

    Pero, será posible!!! estos dos dándose celos en lugar de decirse lo mucho que se aman y se echan de menos. ¡Ay señor!, estos guionistas no se enteran, deben estar todavía en Belén con los pastores.

    30 dic 2016
  8. Teresa

    En el facebook del programa, en el q en la foto sale el elenco actual, en los comentarios hablan de muchas cosas, igual en el del último capítulo colgado(q ya ha llovido desde entonces) tengas algún comentario q te pueda interesar. Y, si no lo han hecho aún a ver si ponen los enlaces con los nuevos capítulos, q hay gente q hace comentarios geniales y te ries un poco para variar.

    30 dic 2016
  9. Cristina

    Todos hemos de envejecer, así que quien se enamore de una cara bonita o de un cuerpo de púber, los años le traerán una gran decepción. Liberto, estas palabras las dijo un hombre locamente enamorado de una mujer adulta, ese hombre sigue tan enamorado de esa mujer como el día en que pronunció esas palabras, sólo hay que ver cómo mira ese hombre a esa mujer y lo pendiente de ella que está en cada momento. Reconócelo Liberto necesitas a Rosina y ella también a ti, no podéis vivir separados.

    30 dic 2016
  10. Paula

    Liberto, deja de darle celos a Rosina y dile que estás muy enamorado de ella y que la quieres más que a tu propia vida. Sabes que éso es así aunque te empeñes en negarlo.

    30 dic 2016