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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 367 - ver ahora
Transcripción completa

Hemos decidido no despedir a nadie.

-¡Bravo!

-Pero las cosas no van a quedar como si nada.

Queremos vuestro compromiso de que vais a olvidar

vuestras reivindicaciones.

-Ni hablar. Son nuestros derechos.

-¡Dilo por ti!

(CASILDA) Descuide, doña Celia.

No habrá más demandas.

(CELIA) Hay dos opciones:

plegarse o marcharse. Cada uno es libre de elegir.

-Quería estar a solas contigo para decirte que, si te vas...,

te voy a echar de menos..., mucho.

-Usted lo ha dicho muchas veces. Rosina, lo nuestro no tiene futuro.

Así que lo mejor es que marche para siempre.

-Mira, la película de la Enriqueta.

Será peor que la tuya.

-Ni pizca de gracia tiene, que la vi filmar.

-Pues Lolita y yo vamos a verla.

Y, como no me guste, me hartaré a patear.

(GALVÁN) "Confíe en mí, Teresa". "La visita fue difícil".

Cayetana estaba... extraña y distante conmigo.

Por un momento sospeché que sabía la verdad sobre nuestras identidades.

Mientras los vahídos no desaparezcan...,

no hable de este asunto con doña Cayetana.

"¿Abandonar el colegio?".

¿Por qué?

Mi estado físico no me permite acudir al centro y dar clase.

No es agradable esta determinación, pero...

no me queda más remedio que tomarla.

Le agradezco mucho

los meses dedicados al centro. "Querida Teresa:

Úrsula está viva. No hay trampas. Se ha presentado en comisaría".

"¿Sabe qué es todo esto?".

El papeleo que he tenido que hacer para liberar a Fabiana.

Me ha llevado todo el día.

Es de justicia: no hay asesinato si no hay muerto.

¿Y esa buena mujer no lo merece?

¡Buena mujer!

No exagere, señor San Emeterio.

¡Mala como la que más!

Pero no me asesinó.

De cualquier forma, ella no me interesa.

Le interesa Cayetana.

Úrsula...,

¿me contará lo que sabe?

Todo ha cambiado, señor San Emeterio,

desde que hablamos por última vez.

El mundo ha girado.

Yo soy otra.

Y no me diga que no se ha fijado

en que ahora soy una señora.

El hábito no hace al monje, señora.

Usted iba a desenmascarar a Cayetana.

Si ahora se niega a hacerlo, me obligará a desentrañar sus razones.

Compréndalo, señor San Emeterio.

He estado ausente todo este tiempo...

intentando olvidar mi mísera vida de criada.

Y lo he conseguido.

No conservo recuerdo alguno.

Mire, criada o falsa señora, no consentiré que se ría de mí.

Téngalo por seguro.

Tan seguro...

como que cenizas somos y en cenizas nos convertiremos.

¿Y cómo va a obligar a mi memoria?

Mi grado me permite obligarla a declarar.

Y tendrá el deber forzoso de contar la verdad.

No estoy tan segura de que, después de lo ocurrido con Fabiana...,

tenga usted aún un poco de crédito entre sus superiores.

¿No le parece que, si vuelve a equivocarse, le relegarán del cargo?

(Puerta)

Tráigame a la detenida. Deprisa.

Quizá me he equivocado al presionarla

ahora que está en una nueva posición social.

Disculpe.

Disculpas aceptadas.

Pero ahora es cuando más le conviene estar a buenas con la ley.

Siempre me ha convenido.

Cuando fungía como institutriz,

trataba de inculcar a mis alumnas el respeto a la ley.

La creo.

Por eso estoy convencido de que, en su nuevo estado, le complacerá

tener aliados entre las fuerzas policiales.

Soy una persona temerosa de Dios y de la justicia.

No creo tener necesidad ni siquiera de relacionarme con la policía.

Entiendo que se siente usted una igual

a Cayetana Sotelo-Ruz, ¿verdad?

¿Igual? ¡Ni por asomo! Ni ganas.

Pero la conoce mejor que nadie.

Y sabe que, en cualquier momento, se puede revolver

contra usted como un áspid. ¿No le interesará entonces

tenerme como aliado?

¿Tan desesperado está que trata de pactar bajo mesa conmigo?

Este encuentro ha terminado.

Nada tengo que contar.

Siento todo lo que ha tenido que pasar.

Será puesta en libertad de inmediato.

-¡Ave María purísima!

Se ha cometido

un terrible error. Quedamos en deuda con usted.

¡Eso no me quitará el reuma que he pillado en sus celdas!

¿Qué ha pasado para que me suelten?

¡Santa Bárbara bendita...,

agua traigas y no truenos!

(ÚRSULA SE RÍE)

Siempre me ha costado comprender sus aleluyas.

Que le vaya bien, Fabiana.

Y siga doblando el lomo hasta su suspiro final.

No, cariño, claro que no se lo voy a decir en esos términos.

Además, antes quería consultarlo contigo.

Pero hay que decirle a Teresa que se busque otro sitio.

-Pero ¿qué mal nos hace?

-Celia, necesitamos intimidad. Todos los matrimonios la necesitan.

-Pero tú pasas mucho tiempo fuera de casa y Teresa me hace compañía.

-Seguirá siendo tu amiga.

Y se lo diremos de modo que podamos seguir disfrutando de su amistad.

-La verdad es que yo también necesito de esa intimidad de la que hablas.

Y estar más tiempo contigo.

Pero no se lo digamos ahora: vengo de comprarle un reconstituyente.

-Bueno...

Sin prisa. Se lo diremos para que no suene ni ultrajante ni incómodo.

-Te quiero. -Y yo.

-Voy a tratar de darle todo el potingue.

-Yo me encerraré en el despacho para preparar una reunión.

-Se habrá encontrado peor y se habrá ido a su habitación. Voy a buscarla.

-¡Teresa! ¡Teresa!

¡Teresa!, ¿qué le ocurre?

¡Reaccione! ¡Teresa!

¡Celia!

¡Celia, Teresa está aquí!

¡Ha sufrido un desfallecimiento!

-¿Le has encontrado el pulso? -Sí, tranquila.

Parece que vuelve en sí.

Ha movido los párpados.

Ayúdame, vamos.

(FELIPE Y CELIA JADEAN)

¿Qué ha pasado?

-Ha sufrido un desmayo.

¿Se siente usted bien?

Sí, estoy bien. Solo algo cansada.

-Vamos.

A ver...

Venga.

(CELIA Y FELIPE) ¡Ahí!

-Poco a poco...

Voy a por un vaso de agua y algo para curarle la herida.

Se irá. ¡Como dos y dos son cuatro que se irá!

¡Y todo por mi impertinencia! ¡Y por mi apuro!

-¡Vamos, mujer!

¡Te ahogas en un vaso de agua!

¡Ni que el chico hubiese cogido ya las de Villadiego!

-Pero ¡lo hará! ¡He perdido la ocasión de darme una alegría!

Bueno, y de alegrarte a ti, que todo cuenta.

-Venga, mujer,

no te rindas. Todavía, con tus mañas y mis consejos,

conseguiremos que se quede en Acacias.

-¡Tú no le conoces! -Mejor que tú.

¡Y deja de moverte como una liebre, que, espíritu o no,

me sigue poniendo nervioso verte tan zascandila!

-¡Se acabó! ¡Te lo agradezco, pero se ha acabado!

¿Sabes qué haré? Plegarme a mi condición de viuda.

Y sostendré mi ocio pues... con plegarias

y con actividades igual de divertidas.

Me convertiré en una Susana.

-¡No!

¡Eso no, eso no! Rosina, no te me vengas abajo.

¡Esa no es mi Rosina! A ver...

Analicemos la situación. -Pero ¡si no hay nada que analizar!

¡Liberto lo ha intentado de diversos modos!

¡Y yo no he sabido, por mi torpeza y vergüenza, satisfacerle!

¡Y ahora se siente rechazado y quiere marcharse! ¡Fin!

-Has metido la pata, sí..., pero... ¿acaso es la primera vez?

Disculpa que sea tan sincero, pero los espíritus somos transparentes.

Has metido la pata

hasta el corvejón, sí,

pero ¡eso pasa por no seguir mis apuntes al pie de la letra!

-¡Me pongo nerviosa! ¡Imagínate: a él delante y a ti detrás con la murga!

-Bueno, pues serénate y obedéceme en todo lo que yo te diga.

Aún podemos conseguirte al galán.

-¿De verdad lo crees? -No.

No lo creo. ¡Lo sé!

Coge papel y pluma. -¿Para qué?

-Para citar a Liberto.

"Apuesto Liberto:".

-(RÍE) No, no voy a piropearle de ese modo; de eso nada.

-Bueno, tú te lo pierdes, pero como desees. "Querido Liberto:

Me gustaría volver a verte y pasar

un rato contigo".

"Por eso,

me permito convocarte mañana después del almuerzo

en la puerta de los jardines del Príncipe".

-¿Mañana? Pero ¡si se va a la tarde!

-Bueno, mejor así. Si de verdad te pretende, deberá aplazar su programa.

-¿No podemos citarle un poco antes? -No.

No, no.

Tú debes estar como una rosa de mayo, y serena, sin nervios.

Para ese resultado,

debes descansar, dormir bien, comer con moderación

y sobre todo pensar muy bien lo que vas a decirle,

aprendértelo como el catecismo.

-¿Me ayudarás a hacer más pulido mi verbo, a que sea más florido?

-Para eso me aparezco. Estaré contigo porque...

esta es la última oportunidad,

la definitiva.

-La definitiva.

La definitiva.

(SUSPIRA)

¡Estoy que no me tengo! Pero me ha quedado más bonito que un san Luis.

-(RÍE) La verdad que sí, que le ha quedado como nueva la caseta.

-¡Nuestro trabajo nos ha costado!

¿Has traído las viandas que preparamos para Fabiana?

-Todas toditas, señora Guadalupe.

Y espero que esos guardias malencarados nos dejen pasar ahora,

que la "seña" Fabiana se merece cenar como una bendita.

-Si vemos que se ponen agrios, les regalamos el pastel de Cabrahígo.

Así harán la vista gorda.

-Bueno, pero que no se entere la Lolita, ¿eh?

Que, como sepa que no se lo ha comido la Fabiana, monta una que "pa" qué.

(SUSANA CARRASPEA) -A las buenas, doña Susana.

-Lo mismo digo.

¿Ya has terminado de arreglar el quiosco?

-Sí, gracias a Dios, y a mi hijo y a mi nuera.

-Pues una alegría que me llevo a casa.

-¡Será hipocritona la sastra!

¡Como si le preocuparan los males de las de abajo!

-O de las de arriba, que el altillo queda bien arriba.

Pero ¡bueno! ¿Qué ha pasado, que se ha quedado lela?

(GUADALUPE SUSPIRA)

-¡Qué alegría! ¡Fabiana, libre!

-Pero ¿cómo? ¡Si tenía un pie en el patíbulo!

-¡Señora Fabiana!

-¡Me alegra tanto tenerla de vuelta!

-¿Ha dicho usted la verdad? -No había verdad que contar.

-¡Fabiana! ¡Me alegro tanto

de tenerla de vuelta!

-¿Piensa contarnos con pelos y señales su andadura?

-No puedo quedarme: tengo que ir a ver a doña Cayetana.

-¿Qué cree usted que ha pasado?

-Pues ni idea. Pero ¡nos han devuelto a la Fabiana más fría que un témpano!

(SUSPIRA)

(Se cierra una puerta, pasos)

¡Te han liberado! ¡Alabado sea el Señor!

¡He sufrido tanto pensando en lo que te podría estar pasando!

¡Ni siquiera me dejaron mandarte un letrado!

Poco se me da eso ya.

Pero quiero explicarte... Señora,

no me debe explicaciones.

Pues explícate tú, ¿por qué te han soltado?

Hija...

Olvida lo que ha pasado y céntrate en lo que pasará.

Escucha.

Me han soltado... porque Úrsula está viva.

(SUSPIRA)

(TRINI) ¡Huele que alimenta!

-¡Mejor sabrá! -La verdad,

Huertas, te superas con cada plato.

-Me apetece el arroz al horno. -Lo siento,

tendrán que servirse ustedes: mi jornada ha terminado. Buenas noches.

-Ve, ve. Estás en tu derecho.

-Buenas noches. -Buenas noches.

-No voy a dar el espectáculo,

pero no me gustan ni sus aires ni el poder que tiene sobre nosotros.

-El poder que le da un contrato, ya lo sabes.

-Y es lo que no me gusta: que por eso es la comidilla de los vecinos.

Y, si a eso le sumas que viste como quiere y que tengo que servirme yo...

-Bueno, ya la serviré yo, que a mí no se me van a caer los anillos...

-Firmar ese contrato fue una aberración.

-Pero no me negarás

que cocina como los ángeles. (TRINI RÍE)

Por eso Luisi la soporta: por glotonería.

-¡Oh! ¡Como si ustedes no se comieran todos sus platos!

-¡Sí!

¡Y hasta los rebaño!

¡Es que esta chica tan insurrecta es una joya cocinando!

-Pues sí, insurrecta,

rebelde, anarquista o como quiera llamarla.

Pero el problema no está en ella, sino en ustedes,

que consintieron lo nunca visto: ceder ante el servicio.

-No exageres: son los tiempos. -Si yo le entiendo,

padre. Usted quiere ser bueno y justo.

Pero todo tiene un límite: que le tomen a usted por tonto,

con perdón. -No confundamos las cosas.

Quizá sea demasiado avanzado tratar con las clases subalternas,

pero eso no quiere decir que no sea lo apropiado.

Además te digo una cosa: me gusta tener en casa

a una mujer que hace gala de su dignidad como sirvienta.

-Sí. Y antes era obrera.

Y a esos no los para nadie.

Tiene razón Trini, hija.

Habrá que respetar los derechos de los asalariados tarde o temprano.

Y a mí me gusta ser adelantado

a pesar de que no lo entiendan los vecinos.

-Por no hablar de sus redaños para enfrentarse sola a los señores,

como..., como Cascorro. (RÍE)

Yo, que lo he vivido, os puedo decir

que hay que ser muy berroqueño para alzar la cabeza.

-Pues si supierais...

-¿Ha hecho algo más?

-Hoy me ha pedido un adelanto para pagarse un abogado

que denuncie a sus patronos de la fábrica.

Alega que su despido fue injusto. -Y yo la creo,

que doblar el lomo lo dobla.

-No me puedo creer que se lo tomen a broma o la vean como una heroína.

Nos pone en contra de nuestros vecinos, ¿y ustedes se ríen?

-Es que, si le hubiésemos hecho caso antes a Felipe y ahora a ti,

ya nos veo con una demanda.

Y la habríamos perdido.

-Sigan tomándoselo a broma, que seguiremos siendo

el centro de la crítica de nuestros vecinos por esa criada.

-Cuando estés casada y tengas casa...

(AMBOS) Allí dispondrás.

-Y ahora cena, hija. Anda, cena.

¿Que está viva? ¿Que Úrsula está viva?

¿Y la caída del puente de los Lamentos?

¡Le juro que es verdad!

¡La vi caer como un canto y luego llevársela el agua!

Pero no la viste morir.

¡Ese puente no tiene salvación! La altura es mucha, y el agua, poca.

¡Se parten la cabeza los que allí caen!

No todos, está claro.

¡Ahora ya sé

de dónde venían las amenazas, los envíos!

¿Te ha dicho algo esa canalla?

"Na" importante, pero se la veía crecida,

"apañá", galana

y con la mirada en brillo, como señora. Y llevaba

vestido rimbombante y buenos aderezos.

Vendrá a por venganza. Habrá sido ella quien ha pintado los cuadros

de mis padres.

Cuéntame más.

Ya le digo.

Parecía señora, y de posibles, alzada.

Con buenos trapos y joyas caras.

Maneja parné.

Eso ya lo sé: se fue de aquí con una buena cantidad de dinero.

Y quiero decirle otra cosa: el inspector

se cebó conmigo,

pero no para acusarme, sino para trincarla a usted. Sabe que fui

para salvarla. Lo sé. Por eso no podía socorrerte.

Y hay más.

Ese perro sabe que hay algo más de lo visible entre usted y yo.

Nada de cierto me dijo. Pero sabe.

¡Qué va a saber! No tiene datos, no tiene nada. Son tus miedos.

No tengo miedo, señora. Yo solo digo lo que oí.

Todos los que me acusan pagarán por ello:

primero Mauro y luego caerá Úrsula.

Piénsese bien las cosas, con frialdad.

Sin coraje.

El coraje ciega las mientes.

Lo sé. Me conozco: no voy a hacer nada sin pensar.

Y ahora retírate. Prefiero estar sola.

Madre...

¡Agradezco mucho tu sacrificio!

Siento mucho lo que has sufrido.

(SUSPIRA)

(Puerta)

¡Celia!

-Cayetana, siento molestarte a estas horas, pero es por Teresa.

¿Qué ha pasado? ¿Algo malo?

Se ha desmayado. ¿Está sola?

No, está con Felipe. Te espero.

Sí.

(SERVANDO RESOPLA)

(PACIENCIA RÍE)

¡Anda, anda! (RÍE)

¡Pues no dice ahora que le queda mal el uniforme!

¡Ay, que ni "pintao", fíjate tú!

¡Que ni "pintao"! -Vamos, mujer.

¿Tú es que, aparte de haber perdido la recordadera, no tienes ojos?

¡Que has destrozado el uniforme!

-¡A ver, Lolita, hija, díselo tú, anda, a este mequetrefe!

¿No le quedan bien los entorchados?

-¡Sí!

¡Entorchado sí está!

-¡Es que parezco un judas de Semana Santa

al que van a echar a la hoguera!

-Sí, eso también parece. El pelele, que decimos en Cabrahígo.

-¡Anda, no te quejes, Servando, que la tenemos!, ¿eh?

Que peor hubiera sido que destiñera,

que era lo que temía cuando subí corriendo

por mi olvido.

-¡Mira, con las manos así y los pies huyendo por los pantalones,

pierdo toda la autoridad que me da la gorra!

-¡Anda ya, si apenas se nota!

Y, además, ¿qué vas a hacer?

¿Tirarlo? -No, a ese extremo

no voy a llegar.

Me tendré que amoldar a él.

-Eso. (SERVANDO RESOPLA)

-Le queda peor que a un dios dos trabucos.

-¡Chist, que me levantas la liebre!

-¡Arrea, Fabiana! ¿Ya la han soltado de la mazmorra?

-¡Chist! ¡Calla, animal! Fabiana...,

¿está usted bien?

-Retiraron los cargos. (LOLITA) ¡Ay!

¡Qué milagro!

-¡Ay! Pero ¿cómo es que está usted libre?

-No me pregunte ni cómo ni por qué.

-De algo la habrá informado la autoridad competente.

-¡Si digo nada, es nada!

-Bueno, templemos gaitas...

Lo importante es que está usted ya entre nosotros.

(LOLITA) La hemos echado mucho en falta.

-Me voy a dormir: estoy muerta. -¡Claro!

(Campanilla)

-¡Huy! -¿Y qué querrán ahora mis señores?

(REFUNFUÑA) ¡Pues menos mal que no me he lavado el sobaquillo aún!

Vale...

(SUSPIRA)

¿Se encuentra usted mejor?

Sí. Cansada,

pero recuperándome.

Aunque... me duele un poco la cabeza.

Eso es por el golpe que se dio al caer.

Celia se lo limpió, pero aún sangra.

-¿Llamaban los señores?

-Por eso suena la campana, Lolita.

Anda, ayúdame. Tráeme algodón y alcohol para tapar esa herida.

No sé dónde se guardan.

-Lo haré..., pero una ya estaba casi metida en la piltra.

-Lo siento, ya sé que no son horas, pero es una urgencia.

-Y una ayuda con gusto.

-Vamos...

-Tome.

¡Traiga, anda, traiga!

Que será muy buen abogado, pero enfermero...

(Puerta)

¿Qué ha pasado, Teresa?

Pero ¡si está herida!

-Ayuden a Lolita.

-A mis hermanos los curaba con telarañas; con algodón está chupado.

-Teresa, la dejo en buenas manos.

Espero que se recupere pronto.

Voy a aliviarme.

¿Qué ha sido? No lo sé.

Simplemente, me he desvanecido.

Pero estoy mucho mejor.

Aunque me hormiguean las piernas. -Eso es la debilidad.

¿Prefiere que la dejemos sola?

Lo agradecería: así me recuperaría antes.

La acompañaremos al dormitorio. Mañana la visitará el doctor Galván.

Vamos.

¡Espera! Dime lo que es.

-Pimentón. ¿No ves que le falta color?

-Pimentón cuando ya está hirviendo...

Bueno... -Sí.

Pero sin pasarse. Que, si no, se amarga como el aceite "pasao", ¿eh?

A ver...

(SE RELAME)

Pruébalo. -A ver...

(SE RÍE) ¡Riquísimo! Cuando le prepare esto a don Ramón, me dará

la tarde libre los jueves.

-Me encanta que parezca que sé algo.

-¡Eh, no te hagas de menos! ¡Ni aunque fuera cierto, que no lo es!

Y de cocina sabes un montón. La cabeza alta siempre.

-Bueno... Es verdad que bien me sale. ¡A eso no te voy a decir que no!

Pero la receta se la "chané" a Fabiana.

-¡Como te la copio yo a ti ahora! Las recetas son del pueblo.

Por cierto, ¿cómo está Fabiana?

Anoche me crucé con ella, aunque poco habló.

-Poco sé yo también.

Solo que fue a los guardias a decir que había "apiolao" a otra criada.

La han puesto en la calle, pero no ha soltado prenda.

-¿Y no se sabe ni por qué se entregó ni por qué la sueltan?

-Hay mucho misterio. Todos se hacen cruces sin que nadie lo entienda.

El caso es que no hay caso, y tampoco va a haber juicio

ni Cristo que lo fundó. Pero si Fabiana

no quiere decir nada, mejor callarse.

Porque la mujer tiene carácter, ¿eh? Aunque luego es más buena que el pan,

todo hay que decirlo.

-¿Cómo se presenta la mañana, Casilda... y compañía?

-Señora, es Huertas, la chica de los Palacios.

-La empleada de los Palacios.

-Lo sé.

Conque tú eres la que nos tiene revolucionado el altillo.

-Solo he defendido mi horario.

-Bueno...

No te amostaces, que con doña Leonor se puede hablar de todo a las claras,

hasta de la revolución.

-¿Eres revolucionaria y sufragista? -Sufragista sí.

Lo otro no me lo planteo. Lo primero es

que los trabajadores defiendan sus derechos.

-Estoy en buena parte de acuerdo contigo.

Yo también trabajo para un patrón, aunque ya sé que no es lo mismo.

En fin, me alegra mucho tener en Acacias, 38

a alguien con ideas por fin diferentes.

-Más me alegra a mí no tener que pelear tanto.

-¡Así es! La propuesta de don Felipe no prosperó.

Tienes simpatías en otras puertas.

-¿De verdad ese señor se lo tomó tan a pecho en la reunión?

-Sí, pero no echemos más leña al fuego.

También hubo intervenciones positivas.

Para no ir más lejos, la de mi madre, doña Rosina.

Defendió a capa y espada aquí, a Casilda.

Casi se me caen las lágrimas.

-¡Oh! ¡Y, si llego a estar yo, sigo llorando hasta mañana!

-Casilda, ¿dónde está el tocado oriental que quería hoy?

-Ahora mismo se lo voy a dar, señora.

Pero antes...

quiero que sepa que me siento como una más de la familia.

Además, que usted para mí es como si fuera mi madre.

-¿Has bebido vino? ¡Cómo voy a ser tu madre con lo joven que soy!

¡Anda, a ver si encontramos el tocado!

¡Hoy es un día especial y no puedo perder el tiempo con ñoñerías!

¡Venga!

-¡Pues a mí no me ha parecido tan gracioso!

-¡Es porque no la conoces!

¡Ella es puro orgullo, pero luego más tierna que el algodón de azúcar!

-No te incomodes, Huertas.

Mi madre quiere a Casilda por de más,

pero le gustan las apariencias por arrobas.

¡Oh!

Mauro, ¿tiene usted un momento?

Claro. ¿Qué hace aquí tan temprano?

Tenía una reunión con los de la tabacalera

y he pensado pasar a visitarle.

Pase a mi despacho.

(SUSPIRA)

Me encuentro abrumado.

Me ha pillado usted volviendo del despacho del comisario Del Valle.

¿Su superior está molesto por el caso contra Fabiana?

¿Molesto? Molesto es poco. Y lleva parte de razón:

nadie se culpa más que yo por poner a Fabiana en el brete del cadalso.

¿Cree que tomará medidas disciplinarias?

No sé, ya se verá.

Para adelantarme, me he ofrecido a revisar el caso con él,

punto por punto, testigo por testigo...,

pero me ha dicho que lo revisará por su cuenta.

La verdad es que no pinta bien.

Nada bien, Felipe. Y no le falta razón: yo haría lo mismo.

¡Maldita sea Cayetana! ¿Es que hasta las estrellas la van a ayudar?

No siga por ahí. Solo va a hacerse más daño a sí mismo.

Gracias.

¡Y yo que me las prometía tan felices con el regreso de Úrsula!

Pensé que me ayudaría a acusar a su señora, pero se ha reído de mí.

No digo que se lo merezca, tan solo que debería haberlo previsto.

¿No ve que va por una pendiente cada vez más pronunciada?

Es mi deber. Preocúpese por usted

o tendrá los días contados en comisaría.

Su carrera va en picado; su matrimonio, aún peor...,

Teresa está muy débil.

¿Qué le ha pasado?

Mi esposa y yo la encontramos desvanecida.

¡Quién sabe si por debilidad o por una angustia más íntima!

Pero se dio un golpe en la cabeza y está exhausta. Algo la enferma.

Tengo que verla.

Prepáreme un encuentro con ella.

No sé si ella querrá. ¡No me venga con esas, Felipe!

Usted convence a magistrados, ¿no va a convencer a una maestra?

Está bien, pero solo cuando su salud mejore, ¿eh?

(SE QUEJA)

(SE QUEJA)

¿Te duele?

No, apenas. Tú dales duro a los huesos, aunque creas que me quejo.

La salud es lo primero.

No tienes que jugártela a bastos. Ya, Martín,

pero en la vida hay que decidir.

Y es jugarme mi salud o mis ganas de vivir.

La decisión está tomada. (SE QUEJA)

(SE QUEJA) "Finito".

Si te vuelve a doler, dímelo y te untaré de nuevo.

¡Cualquiera diría que vas con prisa!

Algo de prisa sí llevo: quiero ir al piso donde ponen la película

para ver cómo evitar que Casilda la vea.

¿No habías arrancado todos los volantes?

Todos los que vi, pero han pegado más. Hay más carteles que moscas.

Y, como a Casilda le dé por ir

y me vea con la Enriqueta, se va a armar la de San Quintín.

Pues haces bien, porque Casilda tiene un carácter terrible.

Lo importante es salvar tu matrimonio.

-¿Qué estáis haciendo?

Huele a mentol o a linimento.

Nada, Martín me daba unas friegas

con un compuesto que conoce de cuando era soldado.

¿Es que lo necesitas? ¿Para qué? ¿Te duele la espalda?

-No, señora, es solo por prevención.

Nosotros nos la poníamos antes de salir a combate.

-Pero mi marido no pelea.

¿O sí, Pablo?

Bueno, cariño, un poco, ¿no?

Son muchos asuntos que atender en la escuela.

Pablo, no estarás haciendo de mozo de cuadra.

(RESOPLA)

¡Que no, que esto es por ayudar a mi madre en el quiosco!

Eh... Martín...

Eh...

¿Vamos para la escuela? -Sí, sí.

-¿Puedo acompañaros?

Hoy no acudo al periódico.

Eh... Es que tenemos mucho tajo acumulado, cariño, y...,

si vienes tú, nos retrasaríamos un poco.

Eh... Ya vendrás cuando..., cuando lo tenga todo a punto, ¿eh?

Se suponía que montabas la escuela para cuidar tu salud.

¿No me ocultarás algo?

Pero ¡cariño! ¿Qué te voy a poder ocultar yo?

Solo que...

Bueno, que no te lo había dicho, pero que...

voy a llevar un caballo a la carrera de San Juan y debo prepararlo.

¿Qué quieres decir con "prepararlo"?

Pues lo normal, mujer...

Vigilar sus comidas, sus ejercicios,

aconsejar a su jinete, que es muy bueno, ¿verdad, Martín?

-Eh... Sí, sí, sí...

Monta como un capitán de caballería con mando en tropa.

-Me fío más de Martín que de ti.

Por un momento pensé que podías arriesgar tu salud por imprudente.

Te recuerdo que, si vuelves a montar, te arriesgas...

A quedarme para siempre en una silla de inválido, como Humildad.

No hace falta que me lo recuerdes, ¿eh?

(LOLITA) ¡Oh!

Pues no hay mal que por bien no venga,

que ha dejado el quiosco más relumbrante que una casulla.

(RÍEN TODAS)

-¿Se acuerda usted de cómo le arruinaron el quiosco a la Guadalupe?

-Recuerdo más cuando se quedó con él; no sabía que había hecho reformas.

-¡No seas pícara, Lolita!

¡Es normal que no se acuerde: lo he dejado como estaba!

-Le ha quedado bien.

Mucho mejor. Hasta las flores lucen más.

Pues a mí a veces me da por discurrir

cómo sería mi vida si tuviera un empleo como este, sin amos.

-Tiene sus servidumbres.

Y, hablando de servicio y señorío...,

me supo mal que anoche Fabiana no quisiera quedarse a hablar.

-Pues tiene usted razón, que estaba huraña como zorra en celo.

-Bueno, "seña" Guadalupe,

va a tener que disculparnos, que tenemos mucha faena.

-Con Dios. -Hasta más ver.

Buenas tardes, señores. -Hola.

-Buenas tardes.

-Hablábamos de la "seña" Fabiana.

-¿Qué pasó? ¿Os contó algo durante la cena?

-Nones. No quiso cenar y se fue a la cama. Claro, aquí las mendas

no nos íbamos a quedar con la boca abierta,

así que cogimos las viandas que le habíamos preparado y se las llevamos.

-Nos lo agradeció,

que con el pastel de higo se relamía la muy golosa.

-Pero de hablar ni mu; vamos, como si habláramos con un muro.

-Dadle tiempo, ya se abrirá. Nadie pasa por comisaría sin que le marque.

-¡Uh! ¡Miren quién viene calle arriba!

(Risas)

(CASILDA) ¡Oh!

-¡No se me rían, que es muy sentido!

Fue culpa mía que se le encogiera el uniforme, don Leandro.

(LEANDRO Y JULIANA SE RÍEN)

(CASILDA) ¡Ay, Servando!

¡Qué buena idea fue esa de uniformarle!

Los porteros de Filipinas no se le acercan en el empaque.

-Menos lobos, que tu marido estuvo por esas islas y volvió con harapos.

-No se mosquee, que lleva razón:

llena usted el uniforme como un mariscal de campo en el campo.

-Vuestras opiniones

no me interesan; solo la de don Leandro, que es sastre de los buenos.

¿Qué..., qué le parezco, caballero?

-Pues... ¿no has engordado un poco?

Bueno...

Parece que llenas más el hábito y todo,

incluso... que estás más esbelto.

-¡Paciencia, me has convertido en el hazmerreír de los porteros marciales!

(LEANDRO) Nosotros nos vamos.

Pásenlo bien.

(LEANDRO Y JULIANA SE RÍEN)

-¡Guadalupe, no deje que la Paciencia toque sus flores,

que convierte las hortensias en mínimas margaritas!

-¡Ya la hemos "liao", "Bilbado"!

-¡Vaya, me alegro de ver el cambio, Servando!

Ya "jumeaba" usted como un tigre en agosto.

¡Un hurra por ese uniforme lavado!

-Le han encogido dos tallas, si no son cuatro...

¿No ves que tu aspecto es ridículo y afecta al portal entero?

-Si ese era mi argumento..., ¡no me toques!, hasta anteayer...

¡Se lo dije a la Paciencia, y ella, empeñada en que nadie lo iba a notar!

¡Si es que parezco un monosabio de esos...

que rastrillan los restos de los toros...! ¡Esto sí!

Esta me la pagas, Paciencia.

Tiempo al tiempo.

Perdón...

(Risas)

-Perdona, no sabía que se lo iba a tomar así.

-¡Ay, señorita!

¡A ver cómo hago yo ahora para que este mequetrefe entre en razón!

Ustedes disculpen...

¡Ay!

(LEE EN VOZ BAJA) "Querido Tano: Padre y yo estamos bien a la fecha".

"Te estarás haciendo al ambiente, porque cada vez escribes menos".

(Puerta)

¿Ha ido bien la reunión? -Ahora te cuento.

¿Cómo está Teresa? -Mejor en mi opinión.

El doctor Galván estará al llegar y Cayetana la acompaña en la alcoba.

-Sabes que no me gusta tenerla aquí. -Te doy la razón,

pero con Teresa es distinto: la aprecia de verdad. Bueno, cuenta,

que me tienes el alma en vilo. -(RÍE)

Conseguido, mi amor. Conseguido.

-¿Te han pedido que los representes?

-Me han asignado un caso, lo que es un avance no menor.

¡Celia, estoy tan aliviado...!

Llevaba días, incluso semanas detrás de ellos.

-¿Y es muy difícil la encomienda?

-Me he traído la documentación para estudiarlo.

A grandes rasgos, se trata de problemas laborales muy complejos.

-Laborales... -Sí.

-¿Con los obreros?

-Los obreros están cada día más lanzados

y las empresas tienen contenciosos con ellos,

de ahí que precisen un letrado que no se arredre.

Y actuaré con dureza.

-¿Y te vas a enfrentar a esos sindicatos

a los que tanto teme la gente de orden?

-Así es.

-¿Y si te convierten en su objetivo?

-Eso va en el sueldo, y realmente lo pagan bien.

Pero me entusiasma más el enfrentamiento en sí.

Hay que pararles los pies: son capaces de acabar con las empresas.

-¿Tú crees que llegarían a esos extremos?

-¡Totalmente!

No hacen más que pedir más salarios, más vacaciones..., de todo.

Si no les paramos los pies, puede ser la revolución.

Y, para nosotros, la ruina.

-Pues que Dios se apiade de todos.

-Dios puede, que es su papel, pero yo, de piedad, ni esto.

Ganaré ese caso y me convertiré en adalid de los propietarios.

-Precaución, mano diestra. -Descuida,

que de eso me sobra. Voy a mi despacho a trabajar.

Avísame cuando se vaya Cayetana: quiero visitar

a Teresa. -No lo olvidaré.

(Puerta)

-¡Ay!

¡Esa pantalla, más alta,

que los espectadores no son enanos, como en el circo!

¡Y sillas, más sillas, muchísimas más sillas,

que vendrán a vernos de toda la ciudad!

Vosotros no estáis al cabo de la calle

y no tenéis ni idea de la expectación que está creando nuestra película.

¡Si estáis cansados ya, figuraos dentro de 10 días!

¡Porque vamos a dar más de 10 representaciones, como lo oís!

Aunque el estreno es primordial,

claro está.

¿Dónde están los rollos de película? No quiero que venga el proyeccionista

y se hayan perdido.

-Ahí, en la silla.

-Por el momento, todo está en orden.

Me voy al camerino a descansar.

Hasta que me deis otro disgusto, claro está.

-¡Eh, Martín! -¡Eh!

-¿Vienes a rodar? -Eh... Sí.

Bueno, no, vengo a que me den el próximo libreto.

¿Sabes de qué va la próxima película?

-¡Imagínatelo!

-¡Imagínatelo!

(MARTÍN CARRASPEA)

(SUSPIRA)

(Se abre una puerta)

(Se cierra una puerta)

¿Ha dicho algo el doctor?

De momento, se reserva el diagnóstico,

pero la atiende con mucho mimo.

Tú no las tienes todas contigo, ¿no?

No, la verdad. Me preocupa Teresa, y mucho.

No la veo con fuerzas para recuperarse.

Se queja, le duele la cabeza y no tiene fuerzas ni para sostener

un vaso de agua. ¡No me asustes!

¡No te voy a venir con paños calientes! Si sigue así,

deberemos acudir a otro médico. Hay que saber qué le pasa.

-No le encuentro nada que me sorprenda.

Entonces, ¿a qué el vahído?

Su palidez y debilidad extrema no son orgánicas, de origen somático.

Es su sistema nervioso el alterado.

-Creía que la pasiflora era para los nervios.

-Ella dice que la toma con regularidad. ¿Saben si así es?

-No se lo puedo asegurar. Yo tampoco.

Lo que sí le garantizo es

que le di un reconstituyente de la botica.

-Siempre que no sean caseros, buenos son esos remedios.

¿Podemos hacer algo nosotras por ella?

Hasta nuevo diagnóstico, que descanse, se abstenga de trabajar...

y evite situaciones de angustia.

Mientras, vendré a menudo a observarla.

Y que siga tomando la pasiflora.

Sí, me comprometo a que no se salte las dosis.

No creo que sea cosa grave.

Quizá incómoda, dolorosa en cuerpo y espíritu, pero no para que tañan

las campanas.

Señoras... -Le acompaño,

doctor.

(SUSPIRA) No..., no veo la necesidad de que te ausentes de Acacias.

Aquí se te aprecia mucho, Liberto.

No, así no. No veo la necesidad de que te "ausencies"...

De que te ausentes de Acacias, Liberto,

porque aquí se te aprecia mucho.

-No recordaba lo cursi que te pones

cuando te gusta alguien.

-¡No voy a declararme según llegue!

-A veces el descaro... resulta. -¡Me exiges demasiado!

-Te exijo eficacia,

pero no lo entiendes por tu estado de nervios.

-¡Si no me altero en una situación así, ya me dirás!

-No te asustarías si vieras lo guapa que estás.

-¿De verdad?

-Sí. No te veía tan guapa

desde la noche de bodas. -Como tú.

-Céntrate...,

que viene el toro. -¡Sí!

No veo la necesidad de que te ausentes,

Liberto, porque aquí se te aprecia muchísimo.

-¡Esa frase no, que es más sosa que unas coles!

-A sus pies.

-¡Pues ya me dirás qué digo!

-Hable, que es quien me ha citado.

-Dile que se centre en lo que le vas a decir porque es muy importante

para la vida de ambos. -¡Céntrate, Liberto,

porque voy a decirte algo trascendental para la vida de ambos!

-¡Parecen frases de un consejo de ministros!

-¡Vaya con el bachiller! -¡Menos relamido

y funcionarial!

-¡Arráncale esa maleta de las manos

y pídele que se quede aquí para ser feliz!

-¡Te arranco esta maleta de las manos!

¡Quédate para que podamos ser felices!

-¡No, yo ya he tenido suficiente de jugar al ratón y al gato!

-¡Es que tiene razón!

-Eh..., eh... Dile que le amas con un amor sincero,

por encima de convencionalismos,

y que con la debida discreción te gustaría ser amada por él.

-¿Se puede saber qué murmura? ¿Acaso me está embromando?

-¡No! ¡Es que es muy difícil para mí!

(AMBOS) ¡Pues para mí...!

-¡Ay! Pero, pero... ¡calla!

-¿Perdone? -¡No, no, nada!

-¡No era a ti!

-Eso es la edad. -¡Eso, bájame la moral!

-¿Yo? -¡No, tú no!

-Rosina,

ataca rápido, que el mozo se te va.

-¡Que no, mira!

¡Liberto..., lo que te quiero decir...

es que estoy enamorada de ti... -¡Bien!

-...como una niña, y ya no lo soy!

Y que he sido una idiota renunciando a ti.

Sí, por convencionalismos y etiquetas.

-Si es una broma, ya va larga.

-¡Bromas son esos pálpitos que siento cuando estoy cerca de ti!

-¡Que siento, que siento,

que sientes...!

-¡Que sientes tú! -¡Sí, sí!

Para bromas...

las que me gasta mi corazón...

cuando palpita desbocado...

si te siente cerca. -Más o menos.

-Hago lo que puedo.

-¿Me habla usted de veras?

-De veras y de corazón. ¡No te vayas, Liberto, quédate!

¡Quédate conmigo!

¿Para qué coges la maleta?

-Para que me abrace y me demuestre que todo lo que dice es verdad.

-Bésale...

-¿Y si te beso? -No.

Porque voy a besarla yo antes.

¡No puede ser!

¡Esto es increíble!

¡Increíble!

¡Lolita!

¡Lolita, ven!

(Puerta)

-¿Qué ocurre, querido? Conozco ese tono de enfado.

-Cómo no, si, cuando grita, se le oye más que al pregonero de Cabrahígo.

-Luego te lo cuento, Celia.

Lolita, ¿tú sabes dónde empleaban antes a Huertas?

-Nunca ha servido en casa de familias.

Viene de una fábrica donde la despidieron injustamente

y ahora anda en líos con "abogaos" contra patronos.

-Propietarios.

Se dice propietarios.

-¿Se puede saber qué pregunta el señor?

-Por nada, se me ha ocurrido.

Supongo que no comentarás nada de mis preguntas en el altillo.

-El señor ofende: una tiene la boca "sellá" como el cemento.

-Será mejor que te retires.

-No me digas que Huertas fue despedida de la tabacalera.

-Así es, Celia.

Y tendré que enfrentarme a ella en los tribunales.

-¡Pobres de los Palacios!

-No le digas nada a Trini sin consultarme.

Tendré que hablar con esa trasegadora y, con suerte...,

ganaré el juicio antes de que el juez golpee el mazo.

(SIN HABLAR) "Querida Teresa:

Han llegado a mis oídos hablillas de que te encuentras enferma

y no podía dejar pasar ese dato para...".

¿Para qué?

¿Qué puede importarle a ella lo que yo sienta?

(Se abre la puerta)

¡Estará usted contento!

¡Comisario...!

¡No se haga el angelito ahora! ¡Es usted el mismo diablo o peor!

¡Me avergüenza que esté en mi comisaría

y que pueda llamarme compañero!

¿Le importaría explicarme a qué se debe tanta indignación?

¡Bien lo sabe usted!

¡No me gustaría detallar uno a uno todos los desmanes

en el caso de la supuesta asesinada!

¿Ha repasado el expediente?

Y no se sostiene desde la primera página.

¡Hasta he contactado con los implicados!

¡No han aguantado y se han venido abajo!

¡Reconocen que todo fue un montaje suyo, agente,

si es que merece ese título!

Supongo que no tiene sentido intentar defenderme.

¡Ha sido todo un cúmulo de despropósitos,

con el único objetivo de involucrar a Cayetana Sotelo-Ruz

en uno o en varios asesinatos!

¡Sin ninguna prueba, San Emeterio,

ninguna al menos viable!

Cayetana es culpable de esos crímenes.

Y también pensaba que Úrsula había muerto.

¡No me vale!

La policía trabaja con indicios, sí,

pero ¡para asegurar la verdad con pruebas fehacientes!

¡Usted avergüenza a esta comisaría!

¡Tomaré medidas!

Yo me lo pensaría.

Su comisaría perdería prestigio si el caso fallido se hiciera público.

Un error tan catastrófico tendría consecuencias

en el ministerio, y en la calle.

¿Me desafía usted?

Tómeselo como prefiera.

(SUSPIRA)

Se acabaron las trampas.

Ni doña Rosina ni nadie va a ver mis vergüenzas.

(SUSANA) "¿Cuándo partes?".

-¿Y dejarla sola, tía?

¡No, no se va a librar de mí tan fácilmente! He decidido

que lo más bonito del mundo se encuentra en este barrio.

-¡Ay, qué alegría!

-(SUSURRA) Estoy loca de alegría. -¿Decías algo?

-"¿Sabe que ha pervertido"

todos los códigos éticos que corresponden a un policía?

¡No pienso achantarme! ¡Justo por ética me he comportado así!

¡No pienso escuchar más excusas! ¡Pues debería escucharme,

dejar que le explique a qué tipo de enemigo nos enfrentamos!

¡Basta! ¡No juegue con mi paciencia!

¡Si fuera otro policía, le habría expulsado y metido en juicio!

¡Hay razones de más para mandarlo a prisión!

¿Y a qué se debe tanta consideración?

"He estado recapacitando"

sobre lo que me dijiste de Mauro.

Pues estoy convencida de que sabe que somos... familia.

No, no seas simple. Eso es imposible.

Ha dado palos de ciego a ver si encontraba algo de enjundia.

¿Está segura de eso?

Totalmente. Si supiera el vínculo que nos une, no habría tardado

en usarlo en mi contra.

No, Fabiana, no puede hacer nada contra nosotras por ese lado.

De todos modos, mañana me encargaré de que Mauro

pague por lo que ha hecho.

Aquí me tiene. ¿Para qué me ha llamado?

-Será mejor que te sientes.

Cariño,

déjanos solos.

-Al grano, ¿qué quiere conmigo?

Tengo prisa.

"Las gotas que le suministra a Teresa"

son de gran ayuda.

Son esenciales para conseguir nuestro objetivo.

Sí, tenemos que cuidar bien de ella.

Está en nuestras manos.

Sí. Y sé bien cómo ha llegado a esta situación.

Gracias.

Un placer, señora.

Como también sé cómo arreglar este entuerto.

(CELIA) "Felipe, me da pena la muchacha".

-(RÍE) ¡Cariño, por favor! ¡Eres demasiado compasiva!

Hay que demostrarle cuál es su sitio y cuál es el nuestro.

-Te ruego que no seas muy duro con ella.

-Estos alborotadores son como los vicios:

tienes que deshacerte de ellos

antes de cogerles cariño.

"Usted y yo sabemos"

cuáles eran las intenciones de Mauro y quiero un gran castigo para él.

Quiero que tenga un castigo ejemplar,

que dé con sus huesos en la prisión.

  • Capítulo 367

Acacias 38 - Capítulo 367

05 oct 2016

Mauro intenta sonsacar a Úrsula respecto a Cayetana, sin éxito. Liberan a Fabiana, quien vuelve con Cayetana y le pone al tanto del regreso de Úrsula. Felipe y Celia descubren a Teresa desmayada y con una brecha en la cabeza. Cayetana visita a Teresa, que asegura estar completamente repuesta. Mauro se entera de que Teresa está mal. Rosina, aleccionada por Maximiliano, reconquista a Liberto, que la acaba besando. Martín se cuela en el piso de rodaje y roba las películas. Pablo sigue mintiendo a Leonor sobre los caballos. El uniforme de Servando se ha encogido después de que Paciencia lo lavara. Felipe le cuenta a Celia que ha logrado un contrato con la tabacalera. Felipe deduce que la trabajadora que demanda a la tabacalera es Huertas. Valle reprende a Mauro, ha descubierto el pastel. Mauro lo advierte: si él cae, Valle también.

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