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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 365 - ver ahora
Transcripción completa

(LLORANDO) Pero ¿qué es esto?

Pero ¿qué ha pasado? Guadalupe. ¿Está usted bien?

¿Qué ha pasado?

No sé...

Pero ¿quién ha podido hacer algo así? -"A veces veo"

al fantasma de tu padre. -¿Cómo?

Me está diciendo que a veces

le parece verlo.

Porque le echa mucho de menos. -No.

Se me aparece tal cual.

Como ahora estás aquí delante de mí. Lo mismito.

Esto era de mi familia.

Es lo poco que queda de ellos.

Así es. No pienso abandonar mi legado por nada del mundo.

"Voy a levantar la casa y darle el esplendor que tenía".

"¿Qué le ha contado Teresa?".

¿Y qué le ha dicho de ella a Cayetana?

Un momento.

¿Qué insinúa?

¿Cree que espío a mis pacientes y luego lo cuento?

Me está ofendiendo. -"Estoy pensando"

en terminar mis estudios de arquitectura en el extranjero.

-Ah.

Pues...

me va a dar mucha pena que te vayas.

¿A qué engañarnos? Pero si ha de ser bueno

para tu futuro... Se ha ido de viaje con Cayetana.

-Están en la antigua casa de los padres de Cayetana.

¿Qué pasa? ¿Ocurre algo?

Ese lugar no es bueno para Teresa. Teresa está en peligro.

Deberías ir a buscarla y traerla de vuelta.

Quizá sea tarde para eso.

Y ahí había una escalera que subía al primer piso.

Anita y yo bajábamos deslizándonos por el pasamanos.

La quería tanto...

Es extraño.

Me recuerda tanto a ella...

¿Qué le ocurre?

Cuénteme.

La escucho.

¿Y bien?

¿Qué la atormenta?

Teresa.

Debería dejar de pensar en eso.

La afecta en demasía.

Además,...

piense que ha llegado la hora.

La hora... Sí.

La hora de empezar de nuevo.

Este viaje me ha dado la fortaleza para hacerlo.

Hoy nace una nueva Cayetana Sotelo-Ruz.

Voy a defender mi legado con uñas y dientes.

No voy a dejar

que nadie me lo quite.

Y esta fase

la voy a afrontar a cara descubierta.

Voy a quitarme las vendas.

¿Cómo?

No es buena idea, Cayetana. Sí.

Quiero enfrentarme a esta nueva etapa

tal y como soy.

Necesito hacer... este acto simbólico.

No, no es prudente, Cayetana.

Debería esperar unos días tal y como le dijo el doctor.

Incluso en su presencia. Eso sería lo adecuado.

Eso sería un acto de cobardía.

Vayamos, al menos, a un lugar cerrado. Se lo ruego.

No, Teresa.

Lo voy a hacer ahora.

¿Me va a ayudar

o no?

¿Y bien?

¿Cómo he quedado?

¿Tan mal... he quedado?

Es usted...

de nuevo.

Teresa.

Dígame la verdad, por favor. No me endulce la realidad. Dígame.

Sea sincera.

Está hermosa, Cayetana.

Ha recuperado toda su belleza.

Esta es la imagen de la nueva Cayetana.

Hoy empieza

mi nueva vida, Teresa.

Gracias por estar ahí.

Gracias por estar aquí conmigo.

No me lo puedo creer.

¿Huertas le dijo eso a don Felipe?

-Con todas las letras, Martín. Le dijo que era un desagradecido,

que no era ni un señor, y que en la casa lo mismo no,

pero que en la calle eran como dos iguales.

¿Quieres un poquito más? -Sí, sí.

Válgame Dios, qué corajuda es esa muchacha.

-Pues sí.

Don Felipe fue a quejarse a don Ramón.

-¿A que la reprendiera?

-Para que la pusiera de patitas en la calle.

-¿Y la echó? -"Pa"chasco que no, Martín.

Porque Huertas tiene un contrato,

y si tú tienes un contrato, no te pueden echar.

Bueno, al menos no sin darte explicaciones.

-Los tiempos están cambiando. -Sí, Huertas dice

que nosotros también tenemos derechos,

y que en su fábrica, los estaban consiguiendo.

-Eso dicen, sí.

-¿Tú crees que nosotros también tenemos de eso?

-¿Derechos?

Sí, ¿por qué una criada iba a ser menos?

¿Qué barruntas?

-Pues que yo estoy "eslomá", Martín,

y que la señora no me ha "subío" el salario ni un centimillo.

-Ajá.

Piensas en pedir un aumento.

-¿Te parece malamente?

-Claro que no. Trabajas como una mula.

-Pues sí, y es que además

ahorraríamos parné "pa" irnos a vivir juntos.

-Ay, eso sería maravilloso.

-Sí, bueno, entonces en cuanto llegue, se lo pedimos los dos.

-¿Cómo?

¿Quieres que vaya? Yo no trabajo para ella.

-¿Y qué, Martín?

Tú eres mi esposo,

y lo suyo sería que yo me quedara detrás

y que yo diera fe de que hablas en mi nombre.

-Muy moderna para unas cosas y muy antigua para otras.

Cuando te conviene, eres del siglo pasado.

Que las mujeres son como los hombres

y tienen que hablar por sí mismas y defender lo suyo.

¿O no?

-Ya,...

pero es que la señora es muy dura para el menester de los dineros.

Necesito que me representes.

-Lo que necesitas es saber qué y cómo se lo vas a decir.

Y para eso te ayudo lo que haga falta,

pero decírselo se lo tienes que decir tú, que la conoces de más antiguo.

-Pues por eso mismo, porque la conozco

y sé que es propia de la virgen del puño "cerrao".

"Agarrá" como no hay otra.

-Cuanto antes, antes salimos de dudas.

-¡¿Hay alguien en casa?!

-Ahí la tienes.

-"Pos" hala...

Como dice la Lola, cuanto antes, mejor.

-Al toro.

Señora,

estoy en la cocina. -Doña Rosina...

(Puerta cerrándose)

Buenas.

-Qué buena cara traes.

Las negociaciones con la tabacalera han ido bien.

-Lolita, sírveme otro té.

Traigo buenas noticias.

Acabo de concertar una entrevista con tan ilustre empresa

para presentarle mis servicios. -Son muy buenas noticias, Felipe.

-Todo dependerá de esa reunión,

así que tendré que preparármela. He de convencerle

de que deposite su dinero en mí para gestionar sus asuntos.

Aunque es harto complicado tratándose de una empresa grande.

Lolita, tráeme agua. -Tu experiencia te avala.

Y tu prestigio y tu buena reputación.

Además, estoy segura

de que tu oratoria le va a dejar obnubilado.

Lo vas a conseguir, querido. ¡Estoy segura!

Estoy tan orgullosa de ti...

¿Cuándo tienes la cita con ese clientes?

-En un par de días,

pero antes dejaré cerrados los asuntos que tengo a medias.

Lolita, ¿tienes listo lo que te encargué?

-Encima de la mesa de su despacho

se lo he dejado. -Tráelos.

-Aunque... me gustaría comentarles algo a ustedes

ahora que hay alegría y buenas noticias.

-Claro, ¿qué ocurre?

-Me gustaría tener unos días de descanso para ir a Cabrahígo.

-¿Y eso?

¿Ha ocurrido algo? ¿Tu familia está bien?

-Requetebién "tos".

Menos mi tía Manoli, que le ha salido

un herpes de esos feos y le ha dado hasta fiebre.

Pensaban que la diñaba, pero mi tío dice que está bien,

que es como la mula.

Aunque mi tía está en la cama... -¿Para qué necesitas ir al pueblo?

-En realidad no lo necesito,

pero tengo derecho a un par de días de descanso.

-Claro, mereces descansar.

-¿Derechos dices?

-Pues sí, señor, los trabajadores también tenemos derechos.

Y el descanso

es uno de ellos.

-Todo esto viene de esa tal Huertas, ¿no es cierto?

-Señor...

-Os llena la cabeza de pájaros a todas.

-Dice que los tiempos están cambiando y que podemos reivindicar

lo que es nuestro. -Menos derechos y más obligaciones.

-Nunca he faltado al trabajo y he hecho lo que se me ha pedido.

-Para eso se te paga un buen jornal. -No me quejo,

se lo juro,

pero ahora quiero una "miajilla" de descanso.

-No. Nadie en esta casa se va a tomar ningún día de descanso.

Si estás cansada, te aguantas.

-Pero, señor, yo hago mi trabajo sin quejarme na de na.

Es más, doblo esfuerzos y hago lo que se me manda.

Asuntos de papeles y de números también.

-Acabáramos.

Es eso, ¿no?

Pues olvídalo.

Limítate a limpiar y a fregar la casa,

y a dejarla como los chorros del oro,

que es lo que mejor haces. Y ahora, vamos,

ve a hacer lo que tengas que hacer. ¡Vamos!

Estoy harto de las reivindicaciones de las criadas. ¡Harto!

-Tampoco pedía tanto, Felipe,

unos días para ir a ver a los suyos.

-Lo sé.

Al final paga la que menos lo merece.

No se trata solo de lo que pide Lolita,...

sino de lo que Huertas está haciendo a las criadas.

Pero ¿sabes qué?

Mañana mismo

convocaré una reunión con los señores.

Tenemos que ir todos a una,

o en dos días con esa sindicalista, se nos subirán a las barbas.

Y está frío.

Pues las cosas están variando, señora,

ya no son como eran antes.

-¿Y...?

¿A qué viene esto, Casilda?

-"Pos"...

A que ya no estamos en la Edad Media, no vamos con armadura

ni con vestidos de esos de vuelo.

Ahora tenemos derechos.

-¿Perdona?

-Pues sí, señora.

Derechos. Que ahora podemos pedir cosas que nos pertenecen.

-Pero ¿qué sabrás tú de esas cosas?

-Sé que tenemos derechos y obligaciones.

Y derechos de los que llevan reivindicando en la fábrica

mucho tiempo. Y ahora yo los quiero reivindicar también.

-¡Casilda, al grano, que nos van a dar las uvas y tengo sueño!

¿Qué quieres?

¡¿Qué quieres?! -Ay...

Yo...

quiero más jornal.

-¿Perdona?

-Pues sí.

Que llevo muchos años faenando "pa" usted, señora,

y creo que me lo he "ganao". Vamos, me levanto de "amanecía"

y empiezo a servirla.

Limpio, plancho,

paso el cepillo y guiso también.

Y luego no me voy a la piltra hasta que no he "recogío".

No, no, señora.

Déjeme usted terminar.

Si no lo digo "to" de "corrío", luego no me salen los palabros.

Yo no rechisto.

No me quejo y no digo ni mu.

Y así, desde que bien chiquita,

me "recogío" el señor en la puerta de la iglesia.

No le estoy pidiendo horarios

ni tampoco fiestas,

yo lo único que estoy pidiendo son unos reales más en el sueldo

"pa" poderme ir a vivir con Martín.

Como dos recién "casaos" normales y corrientes.

-¿Ya has terminado?

¿Has cenado aquí con tu esposo?

-Ajá.

-¿Y has preparado la cena con mi comida, comprada con mi dinero

y has bebido en mis copas?

¿Duermes en una habitación de mi casa entre sábanas de buena calidad

que yo te proporciono?

¿Sabes cuánto dinero cuesta todo eso?

-No.

-Pues mejor será que olvidemos que hemos tenido esta conversación.

Aún vas a ser tú la que debas darme dinero a mí. ¿De acuerdo?

-Ay...

Le voy a confesar algo, Fabiana,...

estoy preocupado por Teresa.

Acabo de saber que se ha ido de viaje con doña Cayetana.

Las dos solas, y aún no ha regresado.

¿Sabequé iban a hacer en ese viaje?

Necesito que me cuente algo

sobre su señora o no voy a poder ayudarla.

Nadie le ha pedido ayuda a usted.

Ambos sabemos que les une algo más que la relación señora-criada.

Les une una relación

muy especial.

Con ese cuento ya me ha venido antes. No insista.

Insisto.

Porque esa mujer no va a dudar en quitarla de en medio.

¿No ve que ya lo está haciendo?

¿Por qué dice eso?

¿Ya marchas?

Sí. Quiero ir a visitar al médico

de la cabeza, para ver si me da cita para visitar a mi madre esta tarde.

Siento no poder acompañarte. Sabes que me gustaría,

pero la escuela lleva trabajera.

No pases pena por eso.

Es lo único que ahora debe preocuparte.

Pronto iré a que me la enseñes.

Hasta esta noche, querida.

(Ruido)

"Duérmete, mi dulce niña,...

cierra los ojos y sueña,...

que tu padre del alma...

te protege y te vela".

Padre...

¿Cómo puede seguir defendiéndola?

¿Cómo puede no verlo?

Esa mujer es responsable de la muerte

de su propia hija, de su esposo,

de Manuela, de Padilla,

de Úrsula, de... ¡Cállese!

Se lo ruego.

Usted la conoce, Fabiana.

Sabe que no deja cabos sueltos.

Que no permitirá que se vaya de rositas.

¿Por qué cree que el juez le pide el garrote?

¿Cree que no está detrás de todo esto?

¿Eh?

¡Fabiana, que la ha abandonado a su suerte!

¡Dejará que se pudra en la cárcel!

¡Es el demonio, no quiere a nadie!

¡Y a usted, menos!

Necesito que me cuente algo,

que me cuente la verdad para poder ayudarla.

¿Qué relación hay entre Cayetana y Teresa?

¿Eh?

¿Qué planes guarda para ella? ¿Se deshará de Teresa como hizo

con Úrsula?

¡La señora no hizo nada de eso que usted dice!

Ella quiere a la señorita Teresa,

jamás le haría mal. Claro.

Como la quiere a usted. Va a permitir que la ejecuten,

va a dejar que muera por algo que no ha hecho.

Fabiana, míreme.

Va a morir usted por su culpa.

Cuénteme toda la verdad. Cuénteme todo lo que sabe de ella.

¡Vamos, cuéntemelo!

-¿Qué ocurre aquí? -(LLORA)

-¿Cómo se le ocurre tratar así a una detenida?

Le dije que se tomara

unos días libres. ¿Por qué no ha hecho caso?

Pensé que era una sugerencia.

Salga inmediatamente.

Este interrogatorio se ha terminado. Puedo hacerla hablar.

Iba a confesar,

confíe en mí. Fabiana, cuéntemelo.

Fabiana, míreme,

es su última oportunidad para salvarse.

¡Mauro, basta!

¡Se le ha ido completamente de las manos!

A partir de ahora, llevaré yo este caso.

No, no me aparte del caso.

No me lo ponga más difícil.

Acéptelo o me veré obligado a esposarle,

y eso ninguno de los dos lo queremos.

Quién iba a pensar que había vándalos en el barrio, ¿verdad?

-Pobre Guadalupe...

Estaba destrozada, ni con una tila

se le pasó el mal cuerpo. Que su amiga esté en el penal

tampoco ayuda.

Pobrecilla...

-¿Desayunando al sol?

La noto triste.

-Solo pensativa.

Siento que,...

que te tengas que ir al extranjero para terminar tus estudios,

pero sé que es lo mejor para tu futuro.

-El futuro me la trae al pairo,

lo de los estudios solo es una excusa.

-¿Cómo?

-Si marcho de Acacias, es por usted.

-¿Por mí?

-Así es.

Le he cogido cariño.

¿Qué demontres? ¿A qué engañarnos?

Rosina, siento algo muy fuerte

por usted.

Y no puedo

verla cada día y hacer que no la conozco.

Su hija de usted

dice que... anda últimamente un poco agitada e inquieta.

Temo que sea por mi culpa. -No, no. Nada de eso.

-Sí. Usted tenía una vida tranquila

y apacible y... he llegado yo para alterarla y ponerla del revés.

Señora,...

nunca debimos habernos cruzado.

Nunca. -No... No digas eso.

-Digo la verdad.

Usted tenía razón, esto...

Esto es imposible.

Adiós, Rosina.

Que sea usted muy feliz.

¿Ya no cantas el pasodoble que cantabas con tanto brío

y salero el otro día?

-No estoy de humor, Paciencia.

-Anda, ¿y eso por qué? ¿Qué es lo que te pasa?

Pocas cosas te quitan a ti la alegría de vivir

y menear el cuerpo.

¿Qué cuitas te atormentan el magín?

-La Fabiana, en el penal.

La Guadalupe con el quiosco

hecho una compasión.

Las chicas del altillo

con el palo "levantao". No sé qué más penurias

nos pueden caer...

-Tratándose de Acacias, cualquier cosa, verídicamente.

Así que no tientes a la suerte.

-Se me quitaron las ganas de vivir,

como "pa" tener ganas de cantar pasodobles.

-Pero ¿qué dice usted? ¿A qué viene tanto desánimo?

-Pues que no ganamos "pa" disgustos, Víctor.

Que no nos caen más que desgracias, estamos rodeados.

-Eso es verdad. Parece que nos haya mirado un tuerto.

Pero ¿sabe qué?

Que al mal tiempo, buena cara.

Si la vida nos trae limones, pues hacemos limonada.

-Di que sí, Víctor, esa es la actitud.

¿Eh?

Si hay nubes, pues ya escampará la tormenta.

-Pues igual no andáis muy "descaminaos".

-Pues claro que no.

¿Puede cambiar lo malo que ha "pasao" porque deje de cantar?

¿O evitar las desgracias?

Tampoco. -"Pa" chasco que no.

Si pudiera,

lo haría rápidamente. -Cante lo que le plazca

y que "to" lo malo le pille

cantando y bailando.

-Ya está.

# Pero qué grande que es, una que "paecen" tres.

# Toda entera no la ves.

-Ole...

- # Monumento al mujerón que despierta la pasión

# en su enorme dimensión.

-Qué inspirado estaba ese día... Bien "apañá" que le salió.

-Mucho más que inspirado. -¿Y usted de dónde sale?

-Me llaman Conrado. ¿Puede continuar?

-Sí, ¿cómo no?, encantado, don Conrado.

(CARRASPEA)

# Como una diosa que vino a lidiar

# con su porte retrechero desde marzo,

# desde marzo hasta febrero.

# Sus ojos de lucero de azabache,

# que brillan que parecen un mapache. #

Pues yo le dije que llevaba muchos años faenando "pa" ella.

Que me levanto de "amanecía"

y ya me pongo a servirla.

Que limpio, que plancho, que paso el cepillo,

y que lo único que pido son unos reales más en el jornal

"pa" poderme ir a vivir con Martín. No pido tanto.

-¡Muy bien, Casilda, así se habla!

-¿Y qué te dijo ella?

-Que naranjas de la China. Nanái.

Ni jornal ni zarandajas. -Claro, pues lo mismo que a mí.

Que a Cabrahígo me iba a ir, pero para no regresar.

Que si me quería ir unos días, que hubiera nacido marquesa.

¿Quién nos mandaba a nosotras quejarnos?

-Mejor habernos "guardao" la húmeda y "cerrao" el pico.

-No os desaniméis.

Nadie dijo que fuera fácil.

Hay que seguir luchando, pidiendo, exigiendo.

-¿Hasta cuándo, Huertas?

¿Hasta que nos pongan de patitas en la calle?

-Hasta que atiendan a razones.

Hasta conseguir lo que es vuestro. -¿Lo nuestro?

Lo nuestro es la mugre y acatar órdenes. Eso es lo nuestro.

Guadalupe... ¿Qué le ocurre?

¿De dónde viene con esa cara? -De prisión.

De intentar ver a la Fabiana,

pero no me han "dejao".

Ni me han querido decir cómo está

o si necesitaba algunas viandas. -Ay...

-Qué mala pata

que tenemos últimamente.

Ya podía salirnos algo bien.

-Pues eso no es todo.

Aún hay más.

Los señores se reúnen esta tarde

para hablar de algo del servicio.

¿Sabéis lo que es?

He oído a don Felipe mentarlo en la portería.

Y asunto de enjundia parecía por la mala jandina que llevaba.

Así que

temeos lo peor.

-Lo peor no sé,

pero un rato malo sí va a ser.

-Y... -Verá, "señá" Guadalupe.

Nosotras le hicimos caso a Huertas

y nos pusimos a pedir derechos "pa" nosotras.

Y la cosa ha "acabao" malamente.

-¿Se han "juntao" "pa" echarnos?

-Es lo que van a intentar.

¿Qué esperabais?

-Pues perder la faena ya te digo que no.

-Esto suena "mu" mal.

"Mu" malamente suena. ¿Y ahora qué?

-Y ahora nada, a esperar.

¡A seguir en la lucha, a plantarle cara al poder!

-Pero ¿tú te estás oyendo, niña?

Tú has perdido el oremus.

Estas dos muchachas dependen

de su salario. -Como todas.

¿No os dije yo que no le hicierais caso a esta botarata?

Os lo advertí.

¿Sabes qué me ha "pasao" a mí por enfrentarme al poder?

Que casi pierdo mi negocio, mi modo de vida y mi pan.

-¿Qué hay que hacer, acatar? -Enfrentarse a ellos

ya te digo que no. En las fábricas esas

de las que tú vienes, a lo mejor sirve,

pero aquí solo para enfadar a los señores.

-No estoy de acuerdo con usted.

Callando nada conseguiremos. Alguien tendrá que abrir camino,

y si hemos de ser nosotras,

que así sea.

"Rosina, siento algo muy fuerte por usted".

"Y no puedo pasar cada día y hacer que no la conozco".

-Madre.

Tengo que hablar con usted,

¿tiene un minuto? -Sí. ¿Qué...? ¿Qué ocurre, hija?

-No voy a reprenderla más por su comportamiento.

-¿Mi comportamiento?

-Puede hablar con el fantasma de padre y hasta irse de cena con él

si lo desea.

-¿Y a qué ese cambio de parecer?

-Ha ocurrido algo que... me ha hecho ver las cosas

de forma distinta.

¿Se acuerda del poema que me leía padre

antes de irme a dormir?

Aquel que decía:

"Duérmete, mi dulce niña,...

cierra los ojos y sueña,...

(AMBAS) que tu padre del alma...

te protege y te vela".

-"Piensa que cuando yo

ya no esté, porque al cielo me vaya,

siempre estaré bien cerquita de tu cama

velando por tus sueños, mi niña",...

mi dulce niña".

Sí, sí que me acuerdo.

¿Qué pasa con el poema?

-Lo he encontrado de repente en un cajón del pasillo.

-No sabía que lo habías escrito en un papel.

-Y no lo he hecho.

Ha aparecido así, sin más.

Creo que es una señal, madre.

Creo que padre está aquí con nosotras...

y ha tratado con esto de decirme algo.

-¿Qué crees que trata de decirte? -¿Quién sabe?

Quizá que la deje en paz...

y... deje de darle la tabarra.

Que sea más comprensiva y que trate de entenderla más.

Lo siento, madre,...

lo siento, discúlpeme.

Puede superar lo de padre como le venga en gana,

y si necesita hablar con él porque eso la hace sentir mejor,

pues hable con él.

¿Me perdona?

-Claro que te perdono, hija, claro.

Perdóname tú a mí por todo lo mal que te lo hago pasar.

Gracias por entenderme, Leonor,

gracias, de veras, gracias.

-Bueno, que... esto quede

entre nosotras dos.

No lo vaya contando por ahí. ¿De acuerdo?

Marcho al periódico.

-Has sido tú. -Oh... ¿Cómo lo has adivinado?

-Por favor, te conozco desde hace mucho.

Han sido unos años de casada

y otros tantos de novios.

¿Por qué lo has hecho?

-Porque Leonor iba a llamar

al médico de la cabeza

para que te atendiera.

Y ya sabía yo que iba a entender la señal.

¿Has visto la prudencia

con la que ha tratado el asunto? -Ay, sí, qué niña más lista,

Maximiliano, y lo sensible y bondadosa que es.

Oye,

querido, ya que estás aquí,...

¿te acuerdas de aquello que me dijiste de que eres un ánima?

¿Que no puedes ni comer ni pasear ni tomarte tus vinitos

ni hacer esas cosas que hacemos los de carne y hueso?

-¿Qué barruntas?

-Hacerte caso, ser valiente y coger al toro por los cuernos.

-A Liberto.

-Ay... Dicho así...

Pero sí, a Liberto.

-Haces bien.

-Espero que no sea un aprovechado que quiera sacar tajada de las minas.

-Tiene sus rentas, no irá a por tu oro.

-¿Tú crees?

Lo que no sé es cómo hacer

que vuelva a confiar en mí.

Me he empeñado en echarle y cree que lo nuestro es imposible.

-No te preocupes, yo te ayudaré.

-¿De verdad lo harías?

-Por supuesto que sí, mujer.

Siempre hemos estado juntos. En lo bueno y en lo malo.

Conseguiremos que ese chico caiga en tus redes

lo mismo que caí yo.

Sigues siendo la mujer más hermosa de toda la calle Acacias.

-Ay, calla, zalamero. -Y te están sentando requetebién

los dineros.

Me enorgullece la manera

con la que estás llevando la opulencia y el ser rica.

No se te ha subido a la cabeza ni ha cambiado

tu forma de ser.

Sigues tan loca como siempre.

-¡Vaya, gracias, supongo!

Sabes que te quiero, ¿verdad?

Siempre te querré.

-Yo sí que te quiero.

Su esposo es un hombre de carácter.

He tenido un enfrentamiento con él

en comisaría.

Le dije que se tomara unos días libres y no me hizo caso.

El caso en el que está trabajando

es algo personal para él.

Está obsesionado con esa mujer.

Con doña Cayetana.

-Lleva mucho tiempo así.

-¿Así? ¿Cómo?

¿Qué quiere decir?

Cuéntemelo, se lo ruego.

-Sé que trata de encerrar a Cayetana,

aunque las pruebas que tiene son...

vagas e insostenibles.

-¿Qué quiere decir?

-No sé.

No, no me haga caso.

Le cuento lo que oigo de refilón, pero no sé nada, de verdad.

-Humildad...

-Por favor, no haga que traicione a mi esposo.

Se lo ruego.

Lo que sí que sé seguro,

es que esa mujer, con la que él mantuvo una estrecha relación...

-Teresa.

-Sí.

Teresa.

Mauro confía mucho en ella.

Ella sabe mucho más que yo de todo este asunto.

Por favor, no le diga a Mauro

que yo se lo he contado. Si se entera, se enfadará conmigo.

-Tranquila, no lo hará.

-Gracias.

Cayetana.

Qué alegría verte. Bienvenida de vuelta a casa.

Gracias.

¿Y las vendas?

No te queda ni una marca. Estás muy hermosa.

Ya no hace falta que lleves el velo. Lo sé, Celia,

pero Teresa ha insistido para que no me diera el sol.

Aún me quedan rojeces, pero me empiezo a ver a mí misma.

Gracias a Dios todo ha salido bien. Teresa, ¿se encuentra bien?

Sí, un poco mareada por el viaje, pero estoy bien.

Cayetana,

Felipe ha convocado una reunión hoy en casa de don Ramón.

¿Para qué?

Quiere tratar asuntos que conciernen a todos los señores.

Perfecto.

Ahí estaré. Es una buena oportunidad

para mostrarme delante de todos y que me vean recuperada.

En fin, te veo en la reunión.

Teresa, ¿podemos hablar un segundo? Es que ha llegado misiva de Tano

y quería hablarle. Claro, la espero arriaba.

¿Qué dice Tano? ¿Está bien?

No lo sé, aún no ha escrito.

Quería hablar a solas con usted.

¿Ha ocurrido algo en el viaje?

¿Seguro que está bien?

Teresa, la conozco, algo le pasa.

El viaje ha sido duro.

Muchos sentimientos encontrados y muchas emociones a flor de piel.

Esas tierras y esa casa

me han traído muchos recuerdos.

En cada rincón de ese lugar

había una parte de mí.

Incluso me he acordado de mis padres

y de cuánto me querían.

Quizá hayan sido demasiadas emociones juntas.

¿Por qué tuvo que ocurrir eso?

¿Por qué tuvieron que morir

en ese incendio? ¿Por qué

tuvieron que dejarme sola?

Teresa, no piense eso ahora.

Suba y tómese una pasiflora.

Le hará bien.

Ahora, cuando suba a casa, voy a prepararme tila,

lo necesito.

Teresa.

Es de don Mauro.

¡Martín!

A ti te quería yo ver.

-¿A mí? ¿Y eso?

-Ayer vi a una amiguita tuya por el barrio buscándote.

-¿Qué amiga? -La Enriqueta esa.

La de las películas. Me dio un mensaje "pa" ti.

Veo por tu cara que sabes de qué te hablo.

-¿Qué te dijo? -Que te diera un "recao".

Que las flores que le enviaste, le habían "agradao" un potosí.

-¿Qué flores?

-No te hagas el bobalicón, que bien lo sabes.

-Lolita,

te juro que no lo sé. -Pues ella sí que parecía saberlo.

-Que no la he regalado flores en mi vida.

-¡No me des embustes!

-Que te digo la verdad. -Mira, bastante hago

con darte la advertencia y la oportunidad de repararlo.

Aléjate de esa fresca

y ponle fin a lo que sea que tengas con ella. ¿Estamos?

-Lolita... -O voy a la Casilda

y se lo casco "to".

-Yo no tengo nada con la Enriqueta esa, te lo juro.

-No jures tanto y arréglalo,

la Casilda no se lo merece, ¿eh?

Ella te quiere más que a "na" en este mundo.

Y ahora me voy a la reunión de don Felipe.

Bastante penurias tenemos con eso, Martín.

-Martín, llevo días buscándote. Por fin te encuentro, hombretón.

-¿Qué le dijo a Lolita de unas flores que le regalé?

-¿De qué habla? No sé nada de ningunas flores.

-¿No le dijo a Lolita que me diera un recado?

-Yo no conozco a ninguna Lolita.

Déjate de Lolitas, picarón,

y vamos a hablar de cuándo volverás a las películas.

Hacíamos muy buen equipo tú y yo. -Creía que ya había desistido,

demontres.

No volveré a trabajar con usted en las películas.

¿Me oye? Nunca. ¡Deje de dar recados a mis amigas,

de buscarme y déjeme en paz

de una vez! -No te enfades.

Trabaja conmigo y no tendrás problemas.

No vendré más por aquí.

Si no,

tu mujercita podría enterarse de lo que vas haciendo por ahí con otras.

-Yo no hago nada malo con otras.

-Pero eso ella no lo sabe.

-No será capaz.

-Tú ponme a prueba, cariño, ponme a prueba.

Tenga, le hará bien.

Gracias, Celia.

Es usted muy amable.

Quizá debería descansar en su habitación.

No tiene buena cara.

Quizás,...

pero antes quiero leer la carta de Mauro.

Ya, supongo.

¿Quiere que la deje sola?

No.

Quédese, se lo ruego.

"Teresa, no te molestes por estas palabras que aquí te escribo".

"Ruego que sigas leyendo y trates de entender

el porqué de esta misiva...

y la naturaleza de mi preocupación".

"Espero que no sea demasiado tarde y que esta carta llegue a tiempo".

"Teresa, temo por ti,

por tu vida,...

porque algo malo te pueda pasar".

"Pensarlo me atormenta

y me angustia sobremanera".

"He descubierto que el doctor Galván,

el médico que te trata, tiene contacto con Cayetana,

se conocen,

y han podido hablar de ti".

"¿Estás segura de que no te ha sacado información para dársela?".

"Creía que tenías que saberlo".

"Ve con cuidado".

"Conozco a Cayetana...

y es peligrosa cuando se siente acorralada y contra las cuerdas".

"Ha estado recibiendo anónimamente, y de forma misteriosa,

unos objetos extraños".

"No sé quién se los hace llegar,

pero alguien trata de darle un mensaje,

de hacerle una advertencia".

"Te ruego que te alejes de ella,

que pongas algo de distancia".

"Al menos hasta saber

quién envía tales objetos a modo de amenaza".

"Te quiero, Teresa".

"Te amo con toda mi alma".

"Confía en mí".

"Aunque solo sea por esta vez".

Teresa, ¿qué tiene?

Teresa. Teresa.

Teresa, despierte.

Despierte. ¡Teresa!

¡Teresa!

Estoy bien. No.

No lo está. Ha perdido el conocimiento, Teresa.

Han sido los nervios

y... el cansancio del viaje.

Solo necesito descansar.

¿Le acompaño a su alcoba?

Vamos.

Venga.

(LOS PÁJAROS CANTAN)

¿Están los señores arrejuntados parloteando sobre nosotras?

-De nuestro futuro, si nos dan boleto y nos ponen en la calle.

-Una oportunidad, mujer.

Así lo quiera Dios. -La oportunidad deberíais dárosla

diciéndoles que sin más jornal, días libres y un contrato,

os pondréis en huelga.

-Calla ya, bicha, y no vuelvas a meterles

esas ideas en la cabeza, estamos así por tu culpa.

-Hay que ver qué simpático tu admirador de esta mañana.

-Entusiasta, se ha deshecho en halagos

conmigo y con mi pasodoble.

(RÍE)

-¿Qué pasa? ¿Vamos de funeral?

¿Quién se ha muerto?

-Nadie de momento, pero todavía queda mucha tarde.

-Están los señores reunidos

debatiendo... qué hacer con las criadas.

-¿Qué hacer de qué?

-Pues si echarlas o solo amonestarlas.

-¿Y eso por qué? ¿Qué habéis hecho?

-Pedir lo que es suyo.

Exigir derechos laborales y que no le traten a una

como una bestia en el campo.

-Ya sabía yo que esto iba a terminar como el rosario de la aurora.

¿No os lo advertí o no os lo advertí?

¿No os dije que no le hicierais caso a Huertas?

-No, os lo dijo.

Lo dijo, yo también os lo dije.

¿Por qué queréis jugar con vuestros trabajos?

Es lo único que tenéis. -Un poco tarde para decir eso.

Por culpa nuestra acabarán todas las criadas malamente

y en la calle. -Fabiana sabría qué hacer.

Ella siempre sabe qué hacer

en estos casos, cómo la echo de menos.

-Madre del amor hermoso. Dios la proteja

en ese agujero gris y húmedo.

-¡Ea, se acabó lo que se daba!

A cambiar esos caretos

y alegrar esas caras.

-¿Qué te ha entrado a ti?

Parece que te ha dado un calambre. -¡Me ha dado sensatez!

No hay que cambiar la sonrisa porque vengan mal dadas.

Al mal tiempo, buena cara. Si la vida te da limones,

hacemos limonada, venga.

-(RÍEN)

-Qué "salao" eres.

-"Salao" no, soy listo y muy "espabilao".

-Don Servando tiene razón.

Las desgracias se combate con una sonrisa

y mejor cara. -¡Ahí le has dado!

-Si nos dan mal dadas,

aquí a cantar y a bailar.

¡Todo el mundo a dar palmas!

Martín, ve a por el vino.

Nos tenemos que refrescar el gaznate. -Ahora mismo.

-Todo el mundo a dar palmas y a cantar.

Si nos quieren echar,

que nos echen en volandas y a zapatazos.

# Como una diosa que vino a lidiar,

# con su porte pinturero.

# Desde marzo, desde marzo hasta febrero.

¡Olé lo más bonito!

# Sus ojos dos luceros de azabache,

tan negros

# que parecen un mapache.

# Sus labios como amapola. #

¡Escancia, Martín!

Me lo he "dejao".

# (AMBAS) Pero qué te...

# (LOS TRES) Una que parecen tres.

# Si la ves, entera no la ves.

# -Por un ventanuco... #

-¡Olé!

¿Has podido hablar con el médico?

¿Vendrá a ver a tu madre? Luego te cuento.

-Bueno, si ya estamos todos, podemos empezar.

-Faltamos nosotras, querido. -Está usted perfecta, Cayetana.

Veo que la operación ha ido muy bien. Poco a poco, don Ramón.

-Doña Cayetana.

-Nos alegramos mucho de volver a tenerte recuperada del todo.

-Ay, sí, a juzgar por tu aspecto,

nadie diría lo que acabas de pasar.

Ese médico es un portento.

-Sí, no como el suyo.

Bueno, ¿dónde están las criadas?

-En el altillo.

¿Y cómo van a servir el té?

Tendrás que servirte tú.

Esta reunión es para hablar de ellas, y no precisamente bien.

¿De las criadas? ¿Qué pasa con ellas?

Desde que Huertas ha llegado al altillo,

están todas revolucionadas.

-¿Revolucionadas? -Así es.

Exigiendo, pidiendo y quedándose.

-La verdad es que Casilda me ha pedido un aumento de sueldo.

-Y Lolita unos días de asueto para ir a su pueblo.

Tampoco creo que sea pedir tanto.

Ahora no,

pero luego querrán más y más.

No se puede alterar el orden. Estoy de acuerdo, Felipe.

Huertas pone el altillo patas arriba,

inoculándoles ideas perniciosas,

llevándolas a todas por el mal camino.

-Si la cosa se fuese de madre, tomaría medidas contra Huertas.

Una cosa es que haya aceptado un contrato, y otra muy distinta que...

consienta que monte una sublevación en esta casa.

-Me alegro de su cambio, pero sigue siendo tibio e insuficiente.

Si Fabiana gobernara el altillo,

esto no estaría pasando.

En fin, ¿qué propones, Felipe?

-Cortar por lo sano antes de que se nos vaya.

-¿Qué significa eso?

-Ya que don Ramón no quiere deshacerse de Huertas,

propongo echar al resto de las criadas.

Está usted de chanza.

Hablo muy en serio, Pablo.

Hay que demostrar quiénes son los señores.

¿Qué opinan?

Tómese unos días de descanso.

Le sentarán bien y le despejarán.

Para que le quede claro,

no se lo estoy sugiriendo, es una orden.

Si le veo por comisaría, me veré obligado a inhabilitarle.

¿Le ha quedado claro?

Se está equivocando, señor.

Fabiana estaba

a punto de confesar.

Estaba a esto de conseguir inculpar a doña Cayetana.

Déjelo ya, haga el favor.

No quería decirlo,

pero ha cometido errores en la instrucción del caso.

¿Errores graves, señor?

(Llaman a la puerta)

¿En qué podemos ayudar?

-Creo que andaban ustedes buscándome.

-¿Nosotros? -¿Quién es usted?

-Me llamo...

Úrsula Dicenta.

¡Hay que luchar!

Hay que evitar que nos pasen por encima.

Cada día de lucha será

un día de felicidad para nuestros descendientes.

¿Vamos a estar sometidos siempre?

¿El futuro que queréis para vuestros hijos es limpiar, fregar y planchar?

-"Echarlos todos a la calle".

-¿Incluyendo a Servando y a Paciencia?

Qué disparate. -Un disparate total.

-No sean ilusos, he visto muchas disputas.

Cuando el virus de la revolución entra en los trabajadores,

no hay quien lo extraiga. ¿Qué opina, doña Cayetana?

El altillo es un campo de cultivo

para el resentimiento.

Se apoyan,

se meten ideas perniciosas...

Si cada una viviera donde sirve,

otro gallo cantaría. "¿Úrsula viva?".

Así es.

¿Y los testigos, las pruebas?

Todo por tierra, Felipe.

Al menos le vendrá bien a Fabiana, será puesta en libertad.

Montó un caso de asesinato en el que no había cadáver.

Mal hito para su carrera; cuidado, Mauro.

Lo sé.

Doña Cayetana, disculpe mi pregunta.

Ahí tenía los retratos.

Sí, así es.

Pero he decidido quitarlos, mirar hacia el futuro,

no hacia el pasado.

Me traían recuerdos que no me apetecía que estuvieran presentes.

¿Me entiende?

Claro, lo imagino.

Que aproveche.

-Buenas noches, señora.

-Siento interrumpir vuestra pitanza,

pero tengo que hablaros de la decisión que hemos tomado.

-Pues díganos.

Nos tiene en Pascuas.

-"Buenos días".

-Buenos días.

Me pilla de casualidad.

Me dirigía a devolver unos libros.

-Sí, qué bien que te pillo, tengo un recado de Pablo y Leonor.

Que te pases por casa a última hora a tomar un jerez.

¿A las 7 es buena hora?

-Será un placer.

Además, así podré comunicarles que me ausento de Acacias

para estudiar en el extranjero.

"¿Abandonar el colegio?".

¿Por qué?

Mis condiciones no me permiten acudir y tratar a los alumnos.

La verdad es que no es agradable esta determinación,

pero no me queda más remedio que tomarla.

Los alumnos la echarán en falta.

Es por ellos...

Es por ellos que me ha costado decidir.

Entiendo sus motivos.

Le agradezco mucho

los meses dedicados al centro.

Mira, y baile.

La última película de la Enriqueta D'Or.

Pase gratuito.

-Pues podíamos ir a verla.

-¿Segura?

No sé yo si nos va a gustar.

-Para criticarla vamos, ya sabes que le he cogido tirria.

-"¿Has hecho lo que te dije?".

¿Pablo y Leonor?

-En el kiosco, se van a cenar con Guadalupe para celebrar

que el kiosco ha vuelto a abrir.

-¿Y Liberto? -A punto de llegar.

Ojalá no se marche al ver que estamos solos.

-Seremos capaces de impedirlo.

Tú obedece.

"Querida Teresa,

sé que no quieres recibir noticias mías,

pero tengo algo que contarte que es mejor que sepas por mí".

"Úrsula está viva, no hay trampas ni trucos,

se ha presentado en comisaría".

  • Capítulo 365

Acacias 38 - Capítulo 365

03 oct 2016

Teresa no se atreve a contarle a Cayetana su verdadera identidad. Cayetana decide quitarse el vendaje de su cara: está radiante. Casilda y Lolita se animan a pedirle a sus señoras derechos como Huertas, pero no se los dan. Guadalupe llega al altillo con una mala noticia: los señores van a reunirse porque las criadas están saliéndose del tiesto. Enriqueta amenaza a Martín con contar su "relación profesional". Liberto confiesa a Rosina que se quiere ir de Acacias porque está encariñado de ella.

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