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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 301 - ver ahora
Transcripción completa

Ojalá pudiera ayudarla a ser la que era antes.

A recuperar la alegría

y las ganas de vivir que tenía.

Es que no sé cómo hacerlo.

-Pues así, hijo.

-Ya me ha llegado su negativa a mi invitación a cenar.

-Estaría encantado de ir, pero estoy ocupado.

Esa fue la razón por la que decliné su oferta.

-Según veo, no está usted ahora mismo muy atareado.

¿Por qué no se viene conmigo?

Tengo un carruaje en la puerta.

-"¡Vieja estúpida!".

Ninguna estima le tiene.

Tan solo le resulta útil.

Es más,

en realidad, la odia.

La odia profundamente porque le recuerda lo que es.

-¡Cállate!

-¡Te odio!

¡Aaa! ¡Fabiana!

Las posibilidades de saber dónde están enterrados Manuela y Germán

han desaparecido con ella.

Úrsula no se aprovechó de mi confianza para huir.

¿Y ¿cómo explicaría su desaparición?

Aún no lo sé.

Algo grave se lo habrá impedido.

Úrsula cayó al río.

¿Úrsula ha muerto?

-Si quiere ver al señor agente, yo ha he hablado con él.

-¿Le dijo adónde iba?

-No, pero le vi ir hacia los jardines de El Príncipe.

Seguro que lo encuentra por allí.

-Se lo agradezco, señora.

-"¿No afrontas la verdad?".

No puedo. ¿Por qué?

¿Aún no lo sabes?

Porque te amo demasiado

como para aceptarlo.

Teresa, yo...

Yo no puedo seguir... ¡Calla!

"Gracias a Dios que he cambiado de parecer".

"Pensaba que no iba a perdonarte nunca, pero..."

solo he necesitado mirarte a los ojos

para darme cuenta de que no puedo".

-Ven.

-Como que me llamo Casilda,

que te voy a sacar de aquí sea como sea.

Te lo prometo.

Te lo prometo.

¡Aaa!

¡Aaa!

¡Aaa!

-¡Hija!

-¡Oh!

¡Ay! -¿Qué le pasa?

Rosina, trae agua.

-¿Para qué? -No sé. Tráela.

-Yo creo que le hace más falta... -¡Corre!

-¡Ah...!

-Tranquila. Vamos a ayudarla.

¿Te duele?

¿Puede ayudarme alguien?

-¿Qué ha pasado, doña Celia? -No sé. Ayúdeme.

Cójala del otro brazo. -Sí, arriba.

-Siéntenla en la terraza. -Yo la cojo de las piernas.

Ya la tengo. -Suelte, doña Celia.

-¡Ahí!

Con cuidado. -Sí.

-Ahí.

-Ahí está.

-¡Ay!

¡Ay!

-¡Ah! -¡Anda!

-Rosina, ¿qué hace?

-¿No decías que querías agua?

-Para que se la bebiese, no para tirársela.

-Lo ha dejado como un sequillo, doña Rosina.

-Han sido los nervios.

-Llamaré a un médico por teléfono.

Cógela. -Sí, deme.

-Y déjenle aire para que respire.

¿Qué ha pasado?

-No lo sé.

Fue de repente. Venía descompuesta.

Se ha caído al suelo, ha empezado a retorcerse como si le doliese todo

y ha perdido el conocimiento.

-Como si acabase de ver al diablo en persona.

Más parecía que venía de ver una aparición.

¡Ay!

Teresa, yo...

Yo no puedo seguir... ¡Calla!

¿De dónde venía?

De los jardines de El Príncipe.

Lo mejor será trasladarla a un hospital.

-Julián ha llamado al médico.

Amistarse con Juliana es lo mejor que ha podido hacer Víctor.

Una madre es una madre.

-Unas mejores que otras. No me tire de la lengua.

-Tu madre era una "rara avis" como dice tu padre.

-Ni la miente.

Me alegra que Víctor haga las paces con su madre.

Con lo que la adora...

Pasar tantos años solos también les ha dado una relación de amigos.

-Si un hombre no adora a su madre, menos te va a adorar a ti.

Pero que no esté enmadrado que las echan de menos y no se les soporta.

-Difícil me lo pone.

-Todo en su justa medida.

Ni quedarse corto, ni andar con la hebra de Marimoco

que cosió siete camisas y le sobró un poco.

Que es lo que me está pasando a mí con esta labor.

Si es que hoy no estoy fina.

¡Ah!

¿Se sabe dónde está tu padre?

-¿Le esperaba usted?

-Ya ves.

Tengo entradas para ver a María Guerrero al Español.

Estrenan una de Echegaray.

-¿De verdad?

No me lo dijo.

Pues mi padre se va a poner muy feliz.

Ya sabe que tiene pasión por María Guerrero.

Pasión sana y artística, claro está.

-Claro está. Y que no se le ocurra de la otra.

El caso es que no lo sabe porque es una sorpresa.

Le quiero homenajear.

A ver si nos pacificamos.

Parecemos prusianos, siempre en conflicto.

-Pues si no lo sabe, no sé si vendrá.

Le vi salir de casa con un hombre al que no conocía.

-Fabiana.

¿Se sabe dónde está mi esposo?

-A un tal Clemente le anuncié.

Asuntos de negocio me pareció que trataba con él.

Los vi marchar, pero no dijo cuándo volvería.

-¡Negocios! ¡Siempre con los negocios!

Me empieza a molestar que no me haga caso por ocuparse de los cuartos.

-Cosas de hombres que es lo que les ofusca.

Me voy a arreglar que luego saldré a dar un paseo.

-Fabiana, hazme un favor.

En cuanto tengas un momentito, súbele esto a doña Celia.

-Ahora mismo, señora.

Pero antes yo

quisiera pedirle un favor.

-Dime.

Doña Cayetana se ha quedado sola. Úrsula se ha marchado.

-¿Se ha marchado?

Pues mucho mejor porque esa mujer no me daba buen espina.

Fabiana.

¿No estarás pensando en marcharte a faenar a su casa?

-No, señora.

Que yo aquí soy muy feliz y me recogieron cuando quedé sin trabajo.

-¿Entonces?

-Hasta que doña Cayetana encuentre otra, voy a ayudar allí.

-Pero no desatenderás la nuestra.

-No, señora.

Solo ayudaré allí, a adecentar un poco.

En mi tiempo libre.

-Mira, Fabiana.

No me apetece nada ayudar a la estirada de Cayetana.

Ella no es nada amiga de hacerle ningún favor a nadie.

Pero si es tu tiempo libre, tú verás.

-Se lo agradezco, señora.

-De verdad, Fabiana, yo no puedo entender

por qué quieres ayudar a Cayetana.

¿No se ha portado lo suficientemente mal contigo?

Y que sepas que, en cuanto te despistes, te va a dar la patada.

Fabiana.

Cuídate.

Y no te agotes que no tienes buena cara.

Y que sepas que, si hay algo que te turba,

me lo puedes contar.

-Lo sé, señora.

-¡Ay!

Si Cayetana estuviera hecha de tu pasta...

¡Ay!

-¡Ay! ¿Son para mí?

-¡Quita!

Son para unos centros que encargó doña Celia.

-Bonita costumbre la de encargar flores.

Cuando sea rica, me va a traer un ramo cada día.

-Hecho.

Cuando seas rica.

¡Oh!

Buenas tardes, Fabiana.

¿No se va al altillo?

A ver si va a estar usted cociendo una gripe.

Tiene mala color, ojeras y mala cara.

-Pues menudo diagnóstico me has endilgado.

Puede ser.

Es que tengo muchos quehaceres.

-Bueno, aquí traigo esta revista que me ha dado mi señora.

Enseguida bajo al mercado que faltan huevos en casa de doña Cayetana.

-¿Y eso con usted qué?

-Pues arrimar el hombro.

-Como si no tuviese bastante.

Usted, a cuidarse.

Los fríos a su edad no son moco de pavo.

La Úrsula no debiera haber sido tan atrevida y dejar tirada a su señora.

-Me da lástima.

Han sido muchos años trabajando a su servicio.

¡Ea! A más ver.

-La espantada de la Úrsula me parece la mar de rara.

-Algo se traían entre manos la Fabiana y ella.

En las últimas fechas las he visto muy comunicativas a las dos.

-¿Amistándose?

-Más bien indisponiéndose más.

Y si es posible.

-Siempre es posible con una urraca.

Muy rara anda Fabiana.

-Rara y enfrascada en sus pensamientos.

-Y es lo peor. Si una se mete para adentro, no sabe si va a salir.

Además de tu trabajo, se preocupa de la cena de doña Cayetana.

¿Qué le dará esa mujer que la tiene así?

-¿Sabes qué?

Que ya nos enteraremos.

Que en Acacias todo se acaba sabiendo.

¡Venga!

Vamos que vea dónde colocar las flores.

Y tenemos que hacer unos centros.

¡Ay!

Lo mismo te pido que bajes a comprar tierra.

-¿Comprar?

Una pala y la cojo del parque.

¿Dónde se ha visto que se compre tierra para las macetas?

¿No es España de los españoles? Claro.

Cayó redonda al suelo.

Las manos se le retorcían como garras.

-¿Y no se recuperó?

-No, no. Al principio, no.

Yo pensé que se quedaba pajarito.

-¿Respiraba bien?

-Más que respirar, convulsionaba.

-¡Qué desagradable imagen! ¡Pobre mujer!

-Y que lo diga.

Estas cosas no deberían pasar en medio de la rúa.

-A ver si cree que lo hizo adrede.

Peor lo pasó ella que usted.

-No es de buen tono. A ella lo mismo la curan,

pero mi disgusto no me lo quita nadie. Ni a Celia.

-¿Mi mujer la atendió?

-Las dos la atendimos.

Sin miedo a ser contagiadas como si fuéramos dos enfermeras

que han sacrificado su vida por los demás.

-No exagere usted, doña Rosina, por favor.

-Ya conoce a mi madre. Novia en la boda, niño en el bautizo.

-Y Celia la tocó mucho más.

Seguro que ha ido a su casa a lavarse las manos.

Don Germán insistía en que era importante lavarse las manos.

-Sus razones tenía.

No había mejor médico que él.

-En ocasiones así es cuando se le echa de menos.

Y en el día a día. Era una hombre cabal.

Ahí vienen Servando y Víctor que fueron con la enferma al hospital.

A ver qué cuentan. Seguro que traen información fresca.

-Víctor, Servando, ¿qué os ha dicho el médico?

-Nada. Iban a atenderla ahora.

Pero no han puesto buena cara cuando la han visto.

-¿Era contagioso? Para ver si he de examinarme.

-No tema. Si no, no nos habrían dejado volver.

Estaríamos en cuarentena.

-¡Qué cuajo tienen los médicos!

Son como los matadores.

Bueno...

Valgan las comparaciones.

-Y mucho tienen que valer para que las aceptemos.

-Y los pacientes como los morlacos. Nunca sabes por dónde te van a salir.

-Servando, no lo veo yo así.

Muy marcado te veo por tu afición.

-Y las inyecciones como las banderillas.

-No me quiero ni imaginar lo que es el bisturí.

-No imagine. El estoque de matar.

-Talmente. Y las enfermeras, los mozos de espadas.

Desde luego...

-De no ser por ti, no habría hecho las paces con Martín. Gracias.

Si me das las gracias otra vez, no vuelvo a hacerte un favor.

De bien nacida es ser agradecida.

Ahora hay que intentar sacarle de ahí y que paguen los culpables.

Ya está.

¡Date prisa!

¡Date prisa! -¡Pablo!

-Pablo.

¡Casilda!

¿Qué haces con esa asesina?

¿Qué hace esa asesina en mi casa?

-¡Doña Rosina! Casilda ha sido absuelta.

-Madre, vamos a ver. -Yo no hice nada.

Créame. -¡Cállate!

Te miro y veo el rostro sin vida de mi esposo.

¡Asesina! ¡Fuera de aquí!

Ya está bien, doña Rosina.

¿Esta criminal está viviendo en el altillo?

¿Qué...?

¡Traidores!

¡Miserables!

¡Que se vaya! -¡Rosina, tranquilícese!

Espero que nunca descanses tranquila.

Vámonos.

-Madre, ya.

Están tardando mucho en traer noticias de Humildad.

Tranquila.

Víctor y Servando han ido con ella. Luego nos traerán nuevas.

¿Y si es grave?

¿Y si muere?

Teresa, no se ponga en lo peor.

Bueno, si no han venido en media hora, buscaremos información.

Pero ¿media hora no es mucho tiempo?

Solo espero que alguien haya avisado a Mauro porque tiene que saberlo.

¡Ay, mira! Aquí están.

¿Ve cómo había que mantener la calma?

¡Ah!

He hablado con Víctor y Servando. A Humildad la están examinando.

Pero no le has dicho si está grave.

-Gracias a Dios, ya está con los doctores.

¿Han llamado a Mauro? -Me temo que no.

Nadie me ha dicho, pero, en realidad, hemos hablado poco.

Doña Rosina vio a Casilda en el portal y se ha armado la marimorena.

Iré yo misma a avisarle.

¿No quiere que la acompañemos?

No, no es necesario.

-Nosotros podemos ir al hospital y enterarnos de su estado.

-No se hable más. Coge tu chaqueta y tu bolso y vamos.

-Alquilaremos un coche. -Tardo un minuto.

-¿No quiere que avise a Mauro?

Podría acompañar a mi esposa al hospital y nos encontraríamos allí.

-Felipe, deja que vaya ella. Es natural.

Sí, se lo agradezco.

Prefiero ocuparme yo de informar a Mauro.

Temo que se abrume y no sabría qué decirle a Humildad.

Vayámonos ya, por favor.

¡Traidores!

Mi hija y su esposo.

-No saque las cosas de quicio.

A Casilda la soltó la Policía porque no la consideró culpable.

Está en paz con sus cuentas con la ley.

-Escupes sobre la tumba de tu padre.

-No le consiento eso.

Siento su muerte como la que más.

Pero una inocente no puede pagar por ello.

-¿Una inocente?

La que metió el jarrón con la bomba en la iglesia es inocente.

-No sabía qué había dentro del jarrón y ha quedado probado.

-¿Le traigo una tila?

-No me quiero tranquilizar.

Quiero que se haga justicia y ya.

-Madre,

Casilda es inocente.

Y fue tan víctima como padre.

Quien le pidió entrar el jarrón se aprovechó de ella.

Destrozó su vida, la marcó.

Y la convirtió en una apestada.

-No quiero que viva en Acacias. No quiero que viva en el altillo.

Eso es injusto, doña Rosina.

Injusto es que mi marido muriera y me dejara viuda.

Que mi hija quedara huérfana. ¿No os dais cuenta?

Los culpables deben pagar ya.

Que lo hagan. Debemos apoyar a la Policía,

pero, si le hicieran caso, a Casilda la encerrarían y no se investigaría.

Quedarían impunes. -Madre,

usted no sabe cómo ha sido la vida de Casilda desde que salió de prisión.

Ha pasado hambre y...

ha estado a punto de vender su cuerpo.

Solo Pablo y yo lo impedimos.

-¿Ayudasteis a la asesina de tu padre?

Me avergüenzas. Te miro y me afrentas.

Asesina, no.

Una inocente víctima de los malhechores como don Maximiliano.

No vais a hacer que la echen de este edificio.

No vais a respetar este dolor, ¿a que no?

-Madre,

tiene que olvidar y pasar página.

-Está bien.

Si vosotros no vais a hacer nada, lo haré yo.

Yo mantendré viva la llama de los cirios que recuerdan a Maximiliano.

(Puerta)

¿Qué haces ahí, Paciencia? Van a avisar a los loqueros. Vente.

-Si tú te quieres condenar, te condenas.

Pero yo voy a esperar a ver a la virgen.

-Pero... ¿qué Virgen? Es un árbol de acacia.

Que esto es un sinsentido. -A ver.

Anda que en peores sitios se ha aparecido la Virgen, Servando.

Verídicamente, eres único.

-Pero ¿qué dices?

Hasta he visto vecinos que traían sus perros aquí a hacer sus aguas.

-Pues hay que hacer algo. Una verja o algo.

Que no se acerquen ni los niños ni los perros.

No, no, no. Este árbol es un santuario.

Hay que impedir que nadie orine en él.

Servando. -Dime.

-Siento que voy a recibir una profecía.

Espero que sea algo bueno para el mundo.

-Y para España. Sobre todo, para España.

-Sí, voy a rezar por eso que está todo muy complicado.

¿Qué hace su Paciencia ahí arrodillada? Se va a ensuciar.

Ahí hacen las necesidades la mitad de los perros del barrio.

-Dice que se le va a aparecer la Virgen para dictarle la profecía.

-A una en Cabrahigo se le apareció la Virgen.

-¿Eh? -¿Sí?

¿Y cómo se le manifestó a ella?

-Que no era la Virgen, era la vecina que le daba el aguardiente

y parecía que flotara.

Le daban la Virgen y ella. Si no, ¿de dónde viene el error?

-Esto es muy serio, ¿eh?

Sois unos descreídos.

¿Qué llevas en el capazo? ¿Tierra?

-¡Ay! Eso es.

Para ayudar a doña Guadalupe con unas flores.

-¡Qué manía de poner flores!

Las casas parecen cementerios.

Las flores para los muertos.

-No diga eso.

Que las flores pues hace más bello el mundo.

-El mundo ni es bello, ni feo. Es lo que es.

Tenemos la suerte de estar en España.

Eso es bello.

El resto, tierra de infieles.

Ahora que te veo...

¿Te has enterado de lo de Casilda?

-¿Qué ha pasado? ¿Algo malo?

-Se la ha encontrado doña Rosina.

-¡Vaya!

-Y, bueno, hecha un basilisco.

La quería echar.

Todos la defendieron. Sobre todo, Pablo y doña Leonor.

-Valen su peso en oro. ¿Está arriba la pequeñaja?

-Sí. -¡Ay!

En cuanto termine, voy a verla.

Esta es capaz de marcharse de vuelta y tenemos el cuento de nunca acabar.

-¡Oh!

¡Una señal!

¡Una señal!

¡Una señal!

Esto ha sido una señal.

-¿Lo habéis visto?

-Yo lo he visto.

-Sí.

Yo también lo he visto, pero esto tiene una explicación científica,

verbigracia, natural.

-¡Milagro!

¡Milagro!

-Paciencia, por favor, que...

Vámonos.

-Es un milagro.

Ha sido la Virgen, Servando.

¡Un milagro!

Verídicamente, un milagro.

¡Ay!

Ave María purísima.

No han dicho nada porque la paciente esté grave, sino por precaución,

hasta que terminen las pruebas.

-Felipe, que hemos ido en persona. ¿Cuesta decir "está bien"?

¡Ay!

Nos volvemos de vacío.

Ni nos dicen nada, ni podemos verla.

Eso solo pueden ser malas noticias.

¡Bueno! ¡Qué caras de velatorio!

¿Se ha muerto alguien?

No que se sepa, pero poco ha de faltar.

Humildad sufrió una crisis en plena calle

y no nos dicen qué tal está.

¡Qué manía de sufrir síncopes en medio de la calle!

Debería prohibirse.

Acacias va a coger fama de insalubre.

-Cayetana, no ha sido elegido.

Algunos llaman la atención y Dios da a cada uno lo que merece.

Pero espero que se recupere.

No sabía que era de tu simpatía.

No, no lo es, pero soy buena cristiana.

Menos con su prometido.

¡Ese policía miserable!

A él le tengo inquina y ojeriza.

No creo que la opinión de él sobre ti sea mucho mejor.

Lo sé. Será peor.

En fin, siento pena por Humildad.

Pero ya se sabe, a perro flaco, todo son pulgas.

Sí, ya lo sé, Celita. Tú te preocupas

por el prójimo y los sufrimientos ajenos son propios para ti.

-Así nos los enseña la Biblia.

Y nos dice que, si llueve 40 días y 40 noches,

tengas camarote en Primera en el Arca de Noé.

En fin.

A lo mejor a esa joven Humildad

le ha llegado la hora y lo que digamos tú y yo está de más.

¿Con lo joven que es?

Espero que le queden muchos amaneceres por ver.

-Perdón por interrumpir los señores.

Perdone, doña Cayetana.

Voy a subir un poco más tarde.

Voy a ayudar a doña Guadalupe con su centro de flores.

-Bien.

No te retrases de la hora de cenar.

-No, señora.

Lolita.

¿Has visto a Fabiana?

Claro, señora.

¿Está bien?

Pues cansada.

Muchas preocupaciones, mucho trabajo. ¿Le digo algo?

No, no, no, no. Puedes marchar.

-¿Algún problema con Fabiana?

Me la crucé antes

y parecía la Santa Compaña de lo triste que iba.

Las fregonas siempre dan problemas y nos ocupamos de sus cuitas.

-Cierto.

¡Menuda escena la de hoy entre Casilda y doña Rosina!

Si no es por Pablo y por Leonor, la echa del edificio

o se la come y no deja ni los huesos.

Rosina siempre tan teatrera.

Lo de Humildad, lo que tenga que ser será.

A lo mejor hasta pongo una vela por ella.

En fin.

Voy dentro. Con Dios.

-¡Ay!

-Vamos.

Es fácil criticar a doña Rosina, pero ponte en su lugar.

Su marido, muerto y la persona que metió la bomba en la iglesia por ahí.

-Y vuelta la burra al trigo.

Madre, ella no sabía lo de la bomba. La justicia la dejó libre.

-Si ya lo sé, Víctor. Igual que tú, yo también lo creo.

Pero me pongo en los zapatos de doña Rosina y entiendo su impotencia.

Ella necesita culpar a alguien.

-Injustamente.

-Bueno...

Cuando descubran al verdadero culpable,

tal vez se le pase.

Al parecer, tampoco es Martín, el soldado que la pretendía.

-¿Y usted cómo sabe eso, madre?

-A la gente se le suelta la lengua en los cafés.

Solo hay que poner un poco el oído.

Un mentidero es un café en esta España.

-Bien lo sé.

Si yo fuera detective, pondría mi despacho en La Deliciosa.

-¿Y Humildad?

¿No te dijeron nada los doctores?

-Ya sabe que yo médico no soy.

Ahora, la vi fatal. No digo en las últimas, pero casi.

Ya viene la bruja esa.

-Víctor.

-¡Qué suerte ser cliente de tu propio establecimiento!

-¿Va a querer tomar algo, doña Susana?

¿Le mando preparar una mesa¿

-No, no se incomode.

Tengo mucho trabajo Y me voy a poner con él.

Bueno es tener hartura de pedidos.

-Mejor es ver cómo entra el dinero en la caja

mientras se disfruta de un buen chocolate.

Víctor, me han dicho que has acompañado a esa chica tullida,

a Humildad, al hospital.

-Mmm.

Y estabas cuando Rosina montaba en cólera contra Casilda.

-También, también.

-Llevas una tarde de lo más amena.

Deberías ayudar más a tu madre.

-¿Qué sabrá lo que yo ayudo o dejo de ayudar, doña Susana?

-Lo que aparenta.

-No tengo queja alguna del trabajo de mi hijo.

¿Y usted no tenía mucha labor?

Se le va a acumular.

-Cierto.

Me voy. Con Dios.

-¡Vieja lechuza!

-Víctor, no entres en sus provocaciones.

-¿Qué sabrá lo que hacemos o dejamos de hacer?

Tenemos que nombrarla persona "non grata".

-No podemos.

Y no olvides que, al fin y al cabo, se trata de tu abuela.

-Bueno, pues a ver si hay suerte y heredo pronto.

-¡Víctor!

Guardia.

¿Dónde está el agente San Emeterio? Llevo esperando dos horas.

No sé.

Ya le he dicho que es un asunto de emergencia.

¿No me puede decir dónde está para que lo vea?

Obedezco órdenes, señora.

Por favor, si sabe dónde está, dígale que estoy esperándole aquí.

Lo haré.

¡Ay!

Por favor, Cayetana, disculpa que haya venido tan tarde,

pero es fundamental para mí.

No te disculpes más.

Somos amigas y las amigas están 24 horas al día, 7 días a la semana.

Toma asiento.

¿No quieres tomar nada? ¿Un café, un té?

No, no, gracias. Solo quiero contarte el asunto que...

que me tiene en un sin vivir. Por favor.

Se trata de...

de mi antigua criada.

Esa anarquista. Casilda.

Intento no aprenderme sus nombres, pero son tan indiscretas...

Sí, la asesina de mi marido.

Quiero acabar con ella.

¡No digas enormidades! ¿Quieres que la ajusticie yo?

Eso es un tema de jueces y verdugos.

No me refiero a eso.

Quiero echarla del barrio.

Gracias a Dios. Te veía con la guillotina en mano.

¿Y tu hija qué dice de eso?

Es mi mayor vergüenza. La defiende.

Es que Leonor siempre ha sido muy condescendiente con las criadas.

Recuerda el librito que escribió dándoles voz.

No me lo recuerdes.

De esas aguas, estos lodos.

En ese momento, yo dije que las debíamos echar a todas.

Sí. De haberlo hecho, a lo mejor Maximiliano...

Sí, pero me pudo la compasión.

Y ahora es tu turno.

¿De ser compasiva?

Como buena cristiana.

Aunque recuerda que hay un hombre en tu casa, Pablo.

Él debe tomar esas decisiones.

Es él quien debería convencer a los vecinos para echar a Casilda.

¿No querrás parecer una machorra?

Él también la defiende.

¡Qué buena boda ha hecho Leonor!

Mira que es guapa e inteligente.

Y en ninguno de sus dos matrimonios ha tenido tino.

Dicen que la suerte de la fea la guapa la desea.

Y yo digo que la mezcla no es buena

y menos entre criados y señores.

(Puerta)

Buenas noches, hija.

-¿De dónde viene, padre¿

-De resolver unos asuntos.

-Pues átese los machos que su esposa está que trina.

Trini está que trina. Parece una revista cómica.

-No se lo tome a chanza. Pocas veces la he visto más brava.

-Ignoro los motivos, pero tengo la conciencia tranquila.

He atendido los asuntos de negocios para bien de todos.

-Ya.

-¡Hombre!

Por fin se digna el caballero a poner los pies en esta santa casa.

He perdido entradas para el Español con lo difícil que son de conseguir.

-¿No me digas que actuaba María Guerrero?

-Para los que asistieron, sí. Ni para ti, ni para mí.

Dos butacas libres en platea para vergüenza de la compañía.

-Tenías que haberme advertido. Sabes que me embelesa esa actriz.

-Pero, Ramón, era una sorpresa.

-Pues me la he llevado.

Una sorpresa desagradable.

¡Qué mala suerte!

Perdona por mi escasa parte en el desencuentro.

-¿Y ya está?

Un perdón y a otra cosa, mariposa.

¿Dónde has estado toda la tarde?

Aunque a juzgar por el olor que echas a tabaco y a coñac y a perfume,

me lo imagino.

-¿Huelo a eso?

-Sí, a eso hueles.

-Lo del tabaco y el alcohol es normal porque he estado en un café.

Lo del perfume de mujer no tiene explicación.

Hija, ¿tú crees que huelo a perfume de mujer?

-No, no, no.

A mí no me metan en líos. Si me dan vela, no me la tomo.

-Lo siento, Trini. No sé cómo puedo oler a perfume de mujer.

He estado en un café con don Clemente, un posible socio.

Y sí, me he fumado un puro con él explorando posibilidades de negocio.

-¡Negocios, Ramón!

¿No sabes pensar en otra cosa?

-Trini.

Me entristece mucho que estés tan molesta.

Si me hubieras avisado de que tenías entradas,

me habría quedado aquí.

Y me ocupo de los negocios para velar velar por el bienestar de la familia.

-Si me hubieras dicho que te ibas, te habría dicho lo del teatro.

-Trini, no puedo hacer otra cosa que pedirte disculpas.

-Claro. Y así se arregla todo.

Cada uno hace lo que le peta

y la casa manga por hombro.

¡Ale!

-Se va a tener que esforzar, padre.

Me da a mí que esta vez su esposa no le va a perdonar con unas carantoñas.

-Es difícil pedir perdón

cuando uno no sabe qué ha hecho para que lo demande.

Muchas gracias.

Tenga, para un café. -Gracias, señora.

Hoy es el día de los envíos misteriosos.

Antes ha llegado una carta del periódico

y ahora un sobre para mi madre que no reconozco.

Pues nada bueno será.

Quizá es lo que me ha enseñado la vida.

Pero cuando recibes mensajes que no esperas,

siempre son muy aciagos.

Dios quiera que no.

A ver.

¿Qué vas a decir a los del periódico si te dicen de trabajar para ellos?

Si me hacen una buena oferta de trabajo,

la voy a aceptar.

Tengo apetitos de volver al mundo de la escritura.

Te vendrá bien estar ocupada

y olvidarte de los problemas de estos tiempos.

Me da que nos va a costar superarlos.

¿De dónde viene con tan mala cara?

-Cayetana. No se puede contar con ella para nada nunca.

Da igual lo que le pida una.

Pero eso debería usted saberlo ya.

¿Qué quería usted de ella?

Que me ayudara en algo que mi familia no hace.

Echar a Casilda del edificio.

-Esto ya lo hemos hablado y le hemos dado nuestra opinión.

Deje de meter a gente extraña en problemas que a nadie le atañen.

-Vosotros no me ayudáis.

Allá vosotros con vuestra conciencia, pero yo atenderé a la mía.

-Como usted quiera.

Tenga. Me ha llegado esto.

-Gracias, Maximiliano.

Es el cheque con los rendimientos del yacimiento de oro.

¿Y es mucho?

Más de lo que ha entrado en esta casa nunca.

Suficiente para vivir con holgura muchos meses.

Mi marido era un gran hombre.

Lo era en vida y lo es después de muerto.

Aunque en su casa quieran olvidarle defendiendo a sus ejecutores.

-No diga eso, madre. No es cierto.

-Mañana voy a encargarme un par de vestidos. ¿Necesitas alguno?

-No. Gracias.

-Si te hace falta dinero,

me lo dices.

-Lo que hace falta es que nos comportemos como una familia.

-Una familia seríamos si quisiésemos lo mismo.

Me voy al dormitorio.

Ya sabes cómo es tu madre.

Se le pasará.

(RECUERDA) "No es Cayetana quien nos está alejando".

"Es otra mujer quien lo está haciendo".

"Aunque nada de culpa tenga".

No la nombres.

¿Por qué? ¿No te atreves a afrontar la verdad?

Tienes razón. No puedo. ¿Por qué?

¿Aún no lo sabes?

Porque te amo demasiado como para aceptarlo.

Teresa, yo...

Yo no puedo seguir... Calla.

Teresa, me han dicho que me esperas hace horas.

¿Dónde te habías metido?

Tenía información de un radical.

Algo confidencial que debía atender con sigilo.

Resultó ser falsa.

¿Ha ocurrido algo?

Humildad está en el hospital.

¿Cómo?

Sufrió un ataque en plena calle.

Dicen que tenía las manos como garras.

Yo apenas la pude ver.

¿Dónde fue?

Delante de la chocolatería.

Lo vi tras volver de los jardines de El Príncipe de estar contigo.

¿Crees que nos vio besarnos?

Puede que sí.

¡Ah!

Voy al hospital. Te informaré de todo.

Na, que la Fabiana no quiere venir.

Le he dicho que un caldo, pero no.

-No alarmarse. Si está mal, lo mejor es que descanse.

Quizá en un par de días la tenemos aquí compartiendo mesa

y alegre como unas castañuelas.

-Más me da a mí que sus penas son de corazón y de ánimo.

-Pues esas son las peores.

Esas no hay caldo que las cure.

¿Le sirvo a usted, señora Guadalupe? -Sí, tengo hambre.

He estado ocupada hoy y no me he echado un currusco a la boca.

Y de lo de Fabiana ya nos enteraremos.

-A ver si se acaba esta mala racha que parecemos de Carrovejas.

-¿De Carrovejas?

-Un pueblo de al lado de Cabrahígo. Más desgraciados no los hay.

Un rayo cayó en la iglesia y se quemó el pueblo entero.

Los de los pueblos de alrededor les ayudamos a levantar las casas.

Si no, aún duermen al raso.

-¿Ya no se bendice la mesa?

-Perdón.

-Señor, bendice los alimentos que vamos a recibir de tu mano generosa.

Amén. -Amén.

-Antes subió el Pablico para verme.

Menos mal que él y doña Leonor me apoyan.

Si no, me hubiera marchado.

-Ni se te ocurra.

-Lolita,

lo pasé muy mal cuando me encontré con doña Rosina.

Y supongo que para ella no es plato de buen gusto cruzarse conmigo.

-Bueno, pero que con su pan se lo coma.

La justicia te absolvió. Es palabra de Dios.

-Ya.

Además, es que no puedo volver a irme para pasarlo mal.

Necesito encontrar un trabajo

y que Martín salga de la cárcel y que la vida vuelva a su cauce.

-Así se habla, pequeñaja.

-Es buena noticia que hayas hecho las paces con Martín y que confíes en él.

Ahora se trata de hacérselo ver a los demás.

El amor, señora Guadalupe, que todo lo puede.

Lolita,

¿tú crees que don Felipe me recibiría?

-Pues según para qué.

Quiero que sea el abogado de Martín.

Aunque, claro, lo tendría que hacer casi de gratis.

-Por poco que te cobre no te llega.

-Pero ¿tú estás segura de eso, chiquilla?

Don Felipe era amigo de don Maximiliano.

-Pero es un hombre justo.

-Eso sí.

-¿Quién mejor que él?

-Y por probar, nada se pierde.

-Bueno, pues que haya suerte.

¿A quién le toca recoger hoy?

-A servidora.

-Pues terminemos y a dormir que ya son horas.

-Quienes levantaron Acacias serían los del pueblo de al lado tuyo.

-¿De Carrovejas? -Sí.

Han pasado más desgracias...

Y que no nos caiga un rayo

porque lo de ese pueblo no va a ser nada.

-No tientes a la suerte.

Anda sobrada de recursos.

¡Venga!

A cenar y a dormir.

-Algún día yo me iré con Martín al pueblo de Carrovejas.

Allí sembraremos unos viñedos.

No me quedaré más que unos minutos que es tarde.

-Se lo agradezco, don Ginés.

Sabe que me es muy grata su compañía, pero

en mi casa no está el horno para bollos.

-¿Algún problema?

-Los típicos de un matrimonio.

Nada que no pueda solucionarse con un poco de paciencia y comprensión.

Usted me dirá.

-Bueno, pues yo buscaba que fuese usted quien me ilustrase a mí.

Me he enterado que ha estado usted en un café del centro con don Clemente.

-Las noticias vuelan.

-Malo sería que no lo hicieran.

¿Cómo ha acontecido el encuentro?

-Me ha resultado un caballero agradable el tal don Clemente.

Y eso que al principio me resultó muy vehemente

viniendo a casa sin pedir permiso

y no paró hasta que me sacó a un café a charlar.

Después ha resultado ser una excelente compañía.

-Un gran conversador.

-Política, toros, literatura...

De todo parecía saber.

-Y de negocios.

Ese es su asunto predilecto.

-Esa sensación me dio.

Aunque no tratamos nada del asunto.

Sí, me preguntó por mis anteriores trabajos e inversiones.

-Tenga cuidado con lo que le desvela.

Al ser campechano, uno tiende a hablar con él más de la cuenta.

-¿Y eso es un peligro?

-Tanto como un peligro, no.

Pero tenemos que medir mucho las palabras que utilizamos.

Es un prestamista de primer nivel.

-Lo sé.

Yo no tengo ninguna intención de pedirle dinero prestado.

-No, no, no.

No me refiero a eso, sino a que quiera asociarse con usted.

-¿Asociarse conmigo?

Pero ¿qué interés puedo tener yo?

-No lo descarte en absoluto.

Sería un gran compañero de viaje.

Inteligente, poderoso y bien relacionado.

Sería un privilegio unirse a él.

-La verdad que yo no tengo intención de asociarme con nadie.

Al menos, de momento.

-No eche el contacto en saco roto.

¡Ah!

Y no se indisponga en contra de él.

Es un hombre que más vale tener al lado que enfrente.

Señora, ¿qué hace aquí? ¡Sh!

Baja la voz.

¿Y tus compañeras?

Todas durmiendo.

Aquí en el altillo acabamos el día tan cansadas

que nos caemos en la cama rendidas.

Podemos conversar entonces.

Sí, claro, señora.

Siéntese.

¿Cómo estás?

Estoy preocupada por ti.

¿Por mí?

Claro.

Eres mi madre.

Gracias por el cariño.

He pasado tantos años esperando algo así que...

Ahora no es momento de sentimentalismos.

Dicen que andas como alma en pena.

Me siento muy atormentada por lo de Úrsula.

Tienes que mantener la calma.

Pero esa mujer está muerta.

¡Sh!

Es mejor así.

Era un caballo desbocado.

Incontrolable.

¿Cómo es capaz...?

¿Cómo es usted capaz de decir eso, señora?

Tenga piedad.

Era un ser humano.

Sobran seres humanos en este mundo.

Cada día mueren a millones.

Y Úrsula era solo una más.

¿Qué querías?

¿Que se eternizara?

¿Hubieras preferido que mi muerte?

¿Cómo voy a querer eso?

Si usted muere,

muero yo.

La he llevado en mis entrañas.

La he parido.

He sufrido cada dolor suyo en este mundo.

Y he sacrificado cada minuto de mi vida por usted.

Lo sé.

Y te lo agradezco.

Deja de llorar.

Acuérdate

de que Úrsula me quería en el garrote.

Debes mantenerte fría.

No sé si seré capaz.

Tú no la mataste.

Déjate de melindres.

Fue un accidente.

¿O no?

Fabiana.

¿Acaso me ocultas algo de lo que pasó en ese puente?

No, no, señora. Yo solo le he contado la verdad.

¿Puedo confiar en ti?

Claro, hija.

Me mataría antes que traicionarla.

Eso no va a ser necesario.

No lo olvides.

Y no me ocultes nada.

No tema.

Me voy. No quiero que nadie me ve aquí.

¿Qué sucede?

¿Dónde está Humildad?

A la señorita Varela le están haciendo pruebas.

Pero ¿está bien? -Tranquilo, doctor.

Yo me ocupo. Atienda sus obligaciones en el hospital.

Gracias.

¿Cómo está Humildad, padre?

Todavía no hay un diagnóstico concluyente,

pero está grave.

¿Grave?

¿Grave hasta qué punto?

Debatiéndose entre la vida y la muerte.

Poco más le puedo informar porque poco más se sabe.

¿Cuándo la traen a la habitación?

Esa no es decisión mía.

Humildad, antes de que se la llevaran de la habitación,

me dijo que no quiere verle.

¿Cómo que no quiere verme?

¿Por qué?

Ha pedid que respete su decisión.

Y yo así se lo hago saber.

(REZAN) "Dios te salve...". -¿Sigue su Paciencia con la Virgen?

-"Bendita eres...".

-Creo que va a peor.

Ahora se ha hecho el árbol punto de peregrinación.

-¡Oh!

Mucha gente necesita creer en eso.

Unos en Cabrahigo habían visto a la Virgen al otro lado del río.

A la otra orilla.

Había gente que se lavaba y todo, algunos por primera vez, en esa agua.

-Hombre, no hay mal que por bien no venga.

-Y no se crea.

El agua era normal.

Algo más turbia que antes

Hubo gente que se curó los males con una sola lavada.

-¿Que curaba males?

-¿No ve que está todo aquí,

en la sesera?

Si tú te crees que cura, pues cura.

-"Dios te salve María". -Hale.

"¿Te recibió el director del periódico?"

Y con todo tipo de agradecimientos.

¿De veras?

¿Y qué quiere de ti?

No se levantará de su asiento si no quiere ganar unos céntimos.

¿Cómo se los vas a hacer ganar?

Escribiré una columna semanal.

¡Qué bien!

El motivo de mi presencia es el de invitarles a una fiesta.

-Gracias.

Gracias, don Clemente. Muy agradecido.

-Don Ginés no tiene ningún falso escrúpulo en aceptar mi invitación.

¿Usted, don Ramón?

No piense nada estrafalario.

Tan solo será tomarnos una copa, conocernos más.

Conocer a nuestros colaboradores.

-Voy a ser sincero con usted.

Hay algo que no me termina de cuadrarme.

-Pues eso sí que es un problema.

En esta rama de negocio, todo debe cuadrar.

Incluidas las cuentas.

Pero pregunte, pregunte.

¿Qué le provoca tanta curiosidad?

-Verá usted.

¿Por qué quiere presentarme usted a sus colaboradores y a sus contactos?

-¿Cómo andan tus problemas con Ramón?

-Peor, creo.

Si no me funciona ir de frente, pues no me enfrentaré a él,

ni le preguntaré nada.

Seré más retorcida.

Y cuando me pongo retorcida y trapisondista no me gana nadie.

-¿Qué piensas hacer?

-Todavía no lo tengo planeado.

Pero averiguaré qué trama como que me llamo Trinidad.

-¿Adónde va y con quién? ¿Cómo, cuándo, por qué?

Celia,

estoy dispuesta a lo que sea por recuperar a Ramón.

-"Comprendo tu enfado".

Pero debes ser prudente y no dejarte llevar por la furia.

-Y que, mientras, mi abuela vaya diciendo barbaridades de mi madre.

¿Sabes que llegó a llamarla "buscona zalamera"?

-¿A tu madre? -En toda su jeta.

-¿Y tú estabas allí? -No.

Y gracias a Dios porque no me hubiera reprimido.

Me lo dijo mi madre.

Pero, vamos, que...

Ofensas en público tampoco han faltado.

-¿Se ha atrevido a más doña Susana?

-El otro día, sin ir más lejos, delante de doña Rosina,

que estaba yo presente, la muy beata

acusa a mi madre de no llevarse bien con la moral y las buenas costumbres.

"He convocado una reunión del patronato para esta misma tarde".

Y será la última junta antes de que empiece la construcción del colegio.

Son noticias de enjundia.

Esta semana sentaremos la primera piedra del edificio.

Me alegro mucho. Pues no lo parece.

Teresa.

Había imaginado que estallaría usted de júbilo.

¿A qué viene esa falta de entusiasmo?

Si no es ofensivo preguntar.

Hemos hecho daño a Humildad. ¿Y si muere, Mauro?

¿No vas a llevar esa culpa por dentro?

Déjalo, por favor. No, no puedo dejarlo.

Si Humildad muere, será porque somos egoístas

y solo pensamos en nosotros.

¿Te callarás si digo que llevas razón,

que siento asco de mí mismo?

Pero no me puedo arrepentir de quererte.

Aunque quiera, no puedo.

No es malo rezar, pero siempre hay un término medio.

Me temo que usted exagera su culpa.

Si Humildad muere, yo no podría perdonármelo nunca.

Fui la causante de su trastorno.

¿Usted?

¿Qué tiene que ver con el ataque sufrido por una enferma?

Teresa, ¿no cree que sus desvelos por Humildad están fuera de tono?

¿A qué viene tanta compasión?

¿Es porque esa mujer tiene que tener relaciones con San Emeterio?

Usted misma lo ha dicho.

Compasión hacia una pobre enferma que

al parecer va a peor.

Me agrada que sea usted tan caritativa,

pero no dé su corazón a quien no lo merece.

Usted misma siente piedad por ella.

No la creo tan dura, amiga.

Quizá me cree mejor persona de lo que soy.

No lo olvide, Teresa.

Soy implacable con mis enemigos.

Hago lo que puedo para que salga de aquí cuanto antes.

-Te lo agradezco.

Y también confío en don Mauro.

Desde que le he soltado el cante, ha montado un dispositivo de vigilancia

con el que echarán el guante a Calanda y su grupo.

-Sí.

-Y tenemos que tantear otros apoyos.

-¿Apoyos?

Nadie apoya a un acusado de cometer un atentado anarquista.

-Martín,

sea como sea, nos tiene que salir bien.

Nos lo merecemos.

Nos merecemos tener algo de suerte.

Quiero contratarle.

-¿Nadie te ha contado cómo funciona la abogacía?

-Se refiere a lo que cobra por trabajar.

-Así es. Entre otras cosas, sí.

-Me temo que eso sería un impedimento.

Depende del caso, claro.

-Querría que defendiera a Martín.

A mi Martín.

-¡Ah!

¡Aúpa, mujer!

No te has quedado corta.

-Yo le quiero mucho, don Felipe.

Y quiero salvarle.

De verdad, don Felipe.

Yo haría lo que fuera por usted.

El mejor lugar para emplazar nuestro edificio es en el viejo cementerio.

Los técnicos están de acuerdo en que es la zona más adecuada.

Me parece muy buena idea.

¿Están de acuerdo?

Fabiana, por favor.

No parece que estés en lo que tienes que estar.

No intentes enterarte de lo que hablamos y sirve la merienda.

Así será, señora.

¿Y bien? ¿Estamos todos de acuerdo?

¿Alguna reticencia o voto en contra?

No veo el momento de poner la primera piedra.

Y con razón. Ha trabajado mucho en ello.

Ya imagino el nombre de mi pequeña en grande encima de la entrada.

Colegio Carlota de la Serna Sotelo Ruz.

¿Te lo imaginas?

Fabiana, ¿hay algo que quieras contarme?

Al fin y al cabo era tu nieta.

Deberías mostrar más entusiasmo al saber que va a ser recordada.

Cuéntamelo.

Habla ya.

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  • Capítulo 301

Acacias 38 - Capítulo 301

16 jun 2016

Serie diaria en la que se narra la vida de los personajes que habitan una comunidad de vecinos, y todas aquellas historias que se sucederán alrededor de sus personajes, situada a principios del siglo XX en Madrid

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  1. Carol

    Imposible ver los capitulos 303....etc. para cuando ?

    22 jun 2016
  2. maria

    como puedo ver los capítulos

    21 jun 2016
  3. ana

    hola rasky, desde el principio estas contra el personaje de manuela porque dejo tirado al marido en el campo y german que se enamoro de ella, es tu opinion y bueno la respeto, pero creo que cayetana que se acuesta con todos para conseguir lo que quiere, que enveneno a su propia hija, que mando matar a todos los que le hacen sombra o la contra y que sigue maltratando a su madre... y mandando en todo, tampoco es como para santificarla. Un saludo

    20 jun 2016
  4. rasky

    A mi me gusta que los personajes tengan su personalidad definida como Rosina y no cambiando de un lado a otro, manuela era insoportable por que no se definia, quiere a su hija, la deja y asi mil veces y con lo demas hacia lo mismo, ademas lo que hizo con el marido, lo asesina y lueg lo deja tirado en los montes, menuda mafiosa jajaja german un chiflado que intenta un suicidio por suerte consumado jajaja que descanso de los dos, no los quiero ni de zombies, aunque cuando se deja de ver un personaje por absurdo y malo que fuese se le hecha en falta cuando pasa un tiempo, parece que asi sucede (no es mi caso) Pues mas mentiras no podian salir de boca de manuela , mentia a los amigos a la familia, a german ,ni una verdad dijo, incluso acabo en la tumba con el nombre falso de manuela El personaje de victor es un sueño, siempre perfecto como hijo, novio, amigo, incluso en su etapa de juergas era simpatico, la intrerpretacion hace mucho , esta magnificamente interpretado, que risaa cuando dice ; ya viene la bruja esa jajaja

    19 jun 2016
  5. Martha

    Estoy de acuerdo en todo lo que dicen, es una pena que no hayan visto el potencial de German y manuela podían averno tenido otro año más y continuar con la segunda generación ¿¿

    17 jun 2016
  6. guiomar Campos

    Este es un mensaje para TVE me parece de mal gusto q petsonas q estamos fuera del pais q nos gusta nuesyras series no nos permitan verla en USA ni x youtube y si bajamos la aplicación, tampoco es una nueva era , un nuevo siglo modernicence y permitan q la gente los vea en el exterior como la sexta y telecinco.. Dolo les dejo edto me encanta la novela pero nos dejaron de llegar los capitulos desde hace un mes.Piensen en grande y dejen de ocultar las cosas pq ya hasta los cantantes suben sus videos a youtube y otras aplicaciones. Agradezco su atencion y espero q pronto pidamos volvet a contar con capitulos en internet. Gracias

    17 jun 2016
  7. Sindy Antúnez

    A mi me encantaba cuando Manuela y Germán estaban ahora la veo sólo por ver que descubran a Cayetana y le den su merecido pero se están tardando mucho

    17 jun 2016
  8. Latina

    Calma... ahora es q estamos conociendo el pasado de Cayetana y el xq es una antisocial. Nos estamos acercando a saber sobre qué realmente pasó a Germàn y Manuela. Esperamos Cayetana pague todos sus pecados. Los demàs personajes solo nos reflejan la conducta de la clase social de la época.

    17 jun 2016
  9. Yusbel

    Desde qué Manuela y Germán no están esa novela no sirve. Es personaje de Teresa es de lo más aburrido. Manuela tenía un encanto especial.

    17 jun 2016
  10. Idalia

    Qué personaje más desagradable y sin ningún tipo de desarrollo el de Rosina. No importa qué le pase en la vida no cambia, no reacciona. Es un personaje absurdo sin proceso.

    16 jun 2016