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No recomendado para menores de 7 años  Acacias 38 - Capítulo 21 - ver ahora
Transcripción completa

¿Pasarán muchos días aquí? Hay mucho que ver.

-Partiremos en unos días, en cuanto pueda acertar todos mis asuntos.

-Espero que atemos los cabos sueltos.

-¿Es algo complicado?

-Vengo a poner fin a mi vieja vida.

Es menester arreglar los documentos para dar por muertas

a mi esposa y a su madre.

Quiero cerrar cuanto antes tan doloroso capítulo.

-Difícil si no están sus cuerpos.

-Por eso quiero sus servicios.

Usted tiene fama de buen abogado en el país.

Te recuerdo que soy el administrador de los bienes de tu marido.

-No de todos, y haré que te quite el poder.

-No lo conseguirás, pero me divertirá verte intentarlo.

Al final siempre me divierto contigo.

Estás en mis manos, infeliz.

Y más ahora, que tengo mano con tu marido.

Sería fácil desplumarle, es imbécil.

-¡No vuelvas a insultarle!

-¿O?

-Acabaré contigo.

Todavía sé cómo se lleva una navaja en la liga.

Ella le enseñó a leer,

y él a ella, el significado del amor.

A asomarse al abismo de sus ojos

sin miedo.

¿Y quién es la autora?

Autor, hombre.

Leopoldo Safo.

Claudio Castaño logró que lo publicaran.

Tiene relaciones,

amistades, sabe estar...

Es el socio perfecto para ti.

Yo no lo hubiera conseguido.

Solo soy un pelagatos.

Por favor, Pablo.

Nafa ha cambiado.

Mi promesa de estar contigo sigue en pie.

¿Qué le parece si organizamos algo para esta noche?

-¿Qué propone?

-Una partida de cartas, un chamán, unos puros de la Habana

y unas señoritas agradables

que nos hagan compañía.

-Mi buen amigo Rucio gusta de acostarse a la hora de las gallinas,

pero nosotros podremos dedicarnos a ello si recuerdo cómo se juega.

¿Cómo está ese paciente tuyo

que te ha hecho pasar el día fuera de casa.

Mejor, mucho mejor.

Bueno.

Hoy todos los enfermos se curan milagrosamente.

Será que tu mano lo mejora todo.

Ah, no, que la criada se ha curado sola.

Ella no necesitó que la tocara tu ciencia.

Una pianola.

En esta habitación recibiremos a las visitas.

-¿Sabe tocarla?

-Supe.

Hace muchos años que no toco.

Entérate de todo sobre Manuela. ¿Qué quiere saber?

De dónde viene, qué familia tiene.

Cualquier cosa que me sirva para hacerle daño.

¿Eso son cien pesetas?

Y si lo que me traes lo vale,

podrás hacerte con dos como este.

Quiero que ese abogado localice a mi esposa ya a su madre.

-¡Hija! Sabe que no debe llamarme así.

Ese médico parece muy dispuesto a ayudarte.

¿Te ayudaría sabiendo la verdad? Sí.

¿Por qué? Me ama.

Porque yo a él también le amo.

Por última vez, déjate de extravíos y razona.

Esos efectos te llevarán a la ruina. Puede.

Lo tengo más claro que el agua. Templa.

En conflicto te metes por no reprimirte.

¿Tendrá lumbre?

Este cigarro no va a llegar a mañana.

-Seguro que algún fósforo me queda.

-Es menester que me escuches.

Déjate de esas tontadas de amoríos.

Nosotras nos la jugamos.

Si no lo haces por tu honra,

hazlo por no dejarnos descubiertas.

Mira, madre.

Sé que puede que me descubran, pero es ver a Germán y perder el pie.

Nada puedo hacer por evitarlo.

Haz un poder y no vuelvas a verlo.

Peligrosas osadías son estas en las que te metes.

Eso que me pide no puede ser.

Buenos puros gasta.

-No va a gastarlos, sus buenos reales se saca.

Iba a buscarte,

que de algo gordo me he enterado.

¿Algo de la caballería?

Ya estamos tardando en subir.

¿Has visto?

Dile algo.

Demos una vuelta.

Las paredes no escuchan, pero las que viven allí, sí.

Demos una vuelta y te explicas. Yo también he de ir.

He de enterarme de lo que acontece.

Desembucha, que me tienes en ascuas.

Nada cascaré estando ella.

¿No ha de pasársete el atolondro con los años?

Cuanto menos sepa, menos podrá escapársele.

Lo hago por Manuela.

Sois carne de mi carne.

¿No te lo demostré con la Policía?

Me ayudó, sí,

pero esto no es cosa suya.

Todo lo de mi hija me atañe.

Puede que fuera así,

pero desde que dejamos la casa de Justo

solo a mí corresponde mi destino.

Más tarde lo contaré.

Acabáramos.

Vaya para de hijos.

Es por ser prevenidos, no se nos amostace.

Siempre, con las mismas mañas.

Cuanto menos sepa, mejor.

Lo sé, Pablo.

Y más en lo que respecta a mi hija.

Cuenta ya lo que sabes.

Sabes que cuando porfío en algo no paro hasta conseguirlo.

Sé cuál es la cuadra de los caballos.

Por fin sabré quiénes se llevaron a mi niña.

Caballos de Asenso Abadía tiraban del carro.

¿Y quiénes son esas gentes?

Mira que soy conocedor de todas las cuadras,

pero de esa poco sé.

Sé que se mueven por otros andurriales.

Hay que dar con ellos y preguntarles.

Razón me tienen que dar.

Templa. Varios pasos voy por delante de ti.

Mañana un mozo de la cuadra

se pasará por el quiosco.

Podrás preguntarle.

Mil preguntas le haremos hasta que nos diga dónde está mi pequeña.

Yo no estaré, que he faltado a la sastrería.

Pierde cuidado.

Le diré a Casilda que me acompañe.

Me falta vida para agradecerte lo que haces por mí.

(SUSPIRANDO) Ay.

¡Ay!

Piano

Bravo.

Gran interpretación.

En dos meses estás dando recitales en el Teatro Real.

-No te diviertas.

Un gato en el teclado no lo haría peor.

-Pecas de modesta.

En unos días tocarás como los ángeles.

-No seas zalamero.

Me da reparo que me escuches. ¿Llevabas mucho ahí parado?

-El suficiente para acordarme de cómo tocabas.

-Huy.

Se nota que tienes poco oído para la música.

Para eso me quedan meses.

-No hay que cejar en el empeño.

me place que le hayas dado otro uso a esta habitación.

-Estoy ensayando una romanza que no sé si recordarás, pero...

-La tocabas en el salón de tus padres

la primera vez que te vi.

-Esa misma.

¿Te acuerdas?

-Cómo olvidarlo.

-Esta misma noche antes de dormir la tocaré para ti.

-Mucho lo siento, pero esta noche he quedado.

Mucho trabajo me está dando este nuevo cliente.

-Bueno, en ese caso lo primero es la obligación.

Buen reconocimiento ha de darte don Justo si logras lo que te pide.

-Sí.

Dar por fallecidas a dos señoras sin que aparezcan sus cuerpos

es asunto harto complicado.

-Pierde cuidado, ve con tus clientes.

-No sabes lo que me cuesta separarme esta noche de ti.

-Espero que por lo menos no te sea muy tediosa la reunión.

-Buenas noches, amor mío.

-(SUSPIRANDO) Ay.

Piano

Padre, la vista se va a dejar leyendo hasta tan tarde.

¿Tan importante son esos asuntos que no los deja para mañana?

-Aprovechaba que Trini para ver cómo lleva mis negocios su hermano.

-Mucho valora a Ernesto, no hace tanto que llegó.

-Es un lince.

Rápido, efectivo.

Se podría decir que ha nacido para manejar dinero.

Tiene intuición

y ese instinto despiadado e imprescindible

para triunfar en los negocios.

-Si tanto está ganando no se quedará mucho tiempo en la casa.

-No lo sé, hija.

Se quedará el tiempo que sea menester.

-Mire usted, padre.

Los invitados son como el pescado.

Pasados unos días, apestan.

A nadie le agrada ver a un desconocido en su casa

un día sí, y otro, también.

-Ernesto no es un desconocido.

Es el hermano de Trini.

-Padre, ese señor en nada es pariente mío.

-No te apures.

Grande es la casa y no has de verle más de dos veces al día.

-Fría está la noche para la fecha en que estamos.

Mucha valentía es esa de andar en bata por la casa.

-No sé cómo hemos podido vivir en esta casa sin sus consejos.

Como pollo sin cabeza debíamos andar

antes de que llegara.

-Nada me place tanto como ayudar.

Todo un carácter el de tu hija.

-Has de perdonar sus desplantes.

Muchas cosas le han pasado en su corta vida

y no todas han sido buenas.

-Eso agria el carácter al más pintado.

-Te equivocas.

María Luisa está hecha de pasta de ángel.

Cuando murió su madre

maduró a marchas forzadas.

Y eso

le endureció mucho por fuera,

pero a poco la conozcas verás que por dentro es bondad.

-Mucho aprecias a tu hija.

-No andas desatinado.

Ella siempre ha estado a mi lado y su opinión me es importante.

-Para eso estamos la familia.

-Ya verás como si le das tiempo os llevaréis bien.

En toda mi vida he visto tanto dinero arrejuntado como el que hay ahí.

-Lo hacen para entretenerse.

-Poco les habrá costado ganarlo si se lo juegan con tanta alegría.

No me está gustando este vino con burbujas.

Con lo bueno que está el Valdepeñas.

-¿Qué? ¿Les has tratado bien Víctor?

No se fíen de él, nos sacará champán del malo.

-Mucha animación tienen, don Felipe.

-Ya verá lo que le tengo preparado.

Primero, brindemos, ¿no?

Por los negocios

y por las mujeres.

-¡Ole!

-Salud.

-¿Has traído lo que te pedí?

-Pierde cuidado que te traído lo mejor de la ciudad.

Un momentito.

No les importará que nos acompañen estas señoritas, ¿no?

-Estamos encantados de tan alegre compañía.

-Don Felipe, sabe como divertirse.

-No todo en la vida ha de ser trabajo.

También conviene relajarse de vez en cuando.

¿No cree? -Cada uno es libre

de hacer lo que le plazca.

-Hasta el mejor de los secretarios de vez en cuando echa un borrón.

Y el más casto de los maridos tiene una noche de cartas.

-Si ni siquiera recuerdo a mi mujer.

-Un poco de galanteo no le vendrá mal.

Además,

hay cosas que nunca se olvidan.

-Señores, cuando quieran

empezamos la partida.

Vayan tomando asiento.

Ponme solo una pizca.

Un poco apegado huele este café.

Hoy tendrás ocasión de vestir tus mejores galas.

Es la inauguración de la Casa de la Salud.

No estoy de buen temple.

Floja de fuerzas.

Haz un poder.

Todas las señoras del barrio acudirán.

Con más razón. Pocas ganas tengo de aguantar su cháchara.

Me choca que no quieras acudir,

te gustan estos eventos.

¿Estás enferma? Estoy como una rosa,

pero no me apetece.

Ponme leche.

Hoy dedicaré el día a quedarme con Carlota.

De guinda.

Buen plan.

A punto estuvimos de perderla, pero ya está mejor

gracias a ti.

Hice lo que cualquier padre. No.

Salvaste a Carlota.

Y ahora está más feliz que nunca.

Todo mi empeño voy a poner

en recuperar el tiempo que no he pasado con ella.

Yo también he observado que está más contenta.

Cuando las cosas están en orden los niños lo notan.

Solo pueden crecer felices en una familia unida, ¿no?

Así es. No es banal lo que dices.

A Dios le doy gracias por poderle dar a mi hija lo que necesita.

¿Te das cuenta de la suerte que tenemos de estar juntos?

Bueno, debo irme ya,

que me echarán en falta.

No has de irte sin darme un beso.

Manuela.

Dígame la señora.

Puedes retirarte.

A los buenos días.

Un chocolate, por favor.

Muy interesante es eso que lees, que pierdes hasta las formas.

-Has de disculparme.

Loca ando con esta historia que publican.

-"La encrucijada". -Ajá.

Es sobre un amor imposible.

-Bien conozco ese tema.

Quiero decir que también lo he leído.

No está mal escrito.

-Muy reales las historias que cuenta.

Se me antoja que cualquiera de los personajes

podría vivir en el barrio.

-Mucho mérito describir así los sentimientos.

El escrito conocerá bien el alma humana.

-Demasiado bien para ser un hombre.

Los barones no sois dados a entrar en estas sutilezas.

-Es un hombre, Leopoldo Safo.

-Me dan a perdonar, pero también conozco esos relatos

y no me extrañaría que doña Juliana tuviera razón.

-No hay más que leerlo.

La pareja lo tenía todo en contra,

y, aunque luchaban con uñas y dientes por su amor,

siempre aparecía un nuevo ajeno a ellos.

Como si el mundo se empeñara en que no pasaran sus días juntos.

Y esto empezó hacer mella en su amor, empezó a separarles.

Vivían en una eterna encrucijada.

En fin.

Hombre o mujer,

Safo tiene talento y sabe de lo que habla.

-El autor habrá pasado por situaciones parecidas.

-Muy bonito es el amor,

pero mucho nos hace sufrir en numerosas ocasiones.

-Pero, cuando se acaba,

lo que más deseamos es volverlo a sentir.

-Por eso es fundamental escoger a la persona adecuada

Si la encuentras toda la vida has de pasar con ella.

-Porque de no ser así,

toda la vida la pasarás lamentando

de no haber luchado por tus sentimientos.

-No les falta razón, pero siempre hay tiempo para corregir los errores.

Si me disculpan,

he de irme.

Aquí dormimos.

Muy bien.

¿Y en salón qué hacéis?

Jugamos con papá cuando vuelve.

Ah.

¿Y en el baño qué haces?

El baño lo limpiamos.

No, mi cielo. Lo limpia la criada, nosotras nos bañamos.

Esta no es usted, es Manuela.

¿Y madre dónde está?

En la cama con jaqueca.

¡Ya ha venido papá! ¡A jugar al parque!

Y dice Manuela: "Al escondite".

"Si nos ves, tu padre compra un helado".

Ya lo hago yo, Manuela.

Cuento hasta 10 y os busco.

Uno, dos,

tres,

cuatro, cinco,

seis,

siete, ocho,

nueve y diez.

¡Voy a por vosotros!

¡Os encontré! ¡Os encontré! ¡Os encontré!

Ahora, todos a bailar.

Carlota, cariño, ¿me sirves el te?

Sí, madre.

¡Ah!

¡Me duele!

¡Madre, me duele!

No es nada, amor.

No es nada.

¿Dónde andará metido el zagal de la cuadra?

Si no viene, muerta me quedo.

De seguro que anda por aquí.

Mira, ese buena pinta tiene.

Para mí que se ha pasado la vida entre caballerías.

¿Eres el mozo de Asenso Abadía?

Para servirte en lo que gustes mandar.

Cuidado, no me vayan a romper, que uno es de caramelo.

-Infeliz, ¿dónde te crees que estás?

¿Qué tienen que ver tus caballos con las monjas

de Las Hermanas de la Caridad? A muchos se venden las bestias.

¿Sabes de alguno que vaya por los conventos?

No, son muchos. -Esto no es cosa sin importancia.

-Puede ser que el carromato del Cosme o del Damián.

El del Damián, seguro.

Hace más de un año que le contrataron.

¿Podrías traerle aquí?

Me urge hablar con él. No será fácil.

Ni al Damián ni a un servidor le gusta perder su tiempo.

Solo unos minutos necesito para hacerle dos preguntas.

Si no hay "money" poco interés le veo.

Nada más que esto tengo.

Con esto no da ni para una frasca de vino.

He de hablar con él.

Mal nacido hay que ser para querer sacar la plata.

Si entre los pobres no nos ayudamos, nadie va a hacerlo.

Así va el mundo.

-Está bien, mujeres.

Mira que sois lloronas.

Voy a la cuadra a ver si me dan razón del carretero.

A la noche me paso

y les cuento.

De guinda, aquí estaremos, muy agradecida.

Más cerca que nunca de mi pequeña.

Me alegro más por ti

que si me pasara a mí.

Se me apareció Dios contigo. Todo, por fin, viene rodado.

Hasta lo de Germán me va bien.

Guarda bien este secreto para no fastidiar los planes.

¿Qué tienes, mujer? Te has quedado blanca.

Nada, olvidé la máquina de escribir en el altillo.

Tenemos que volver.

(SUSPIRANDO) Ah.

-Siento mucho no haber llegado a la misa.

-Bien estaríamos si esta fuera tu única falta.

-Padre, no le entiendo.

-¿Desde cuándo es menester que me pase un día buscándote para hablar?

-Es de entender que se enfade,

pero todo el tiempo lo he pasado con los negocios.

-Cara de panoli me ves

para mentirme de esa manera.

Estamos al corriente de que estás rondando a la hija de lo Hidalgo.

Y de peor modo nos hemos enterado.

-Nos hemos encontrado con sus padres

y han dicho que andas mucho por su casa.

-Como un pavo está doña Rosina.

En mi vida pasé tal vergüenza,

y encima con esos muertos de hambre.

-Algo desatinado has andado con todo esto.

-Un padre ha de ser el primero en saber sobre su hijo.

-Siento haberle contrariado, pero... -¡Nada tienes que decir!

¡Ni chus, ni mus!

No volverás a ver a esa muchacha y punto redondo.

-Lo que usted diga, padre.

-Nunca más vas a ir a la casa de esos don nadie

y con ínfulas de grandes señores.

Claro como el caldo te tiene que quedar.

-Madre, me tiene que ayudar.

-Es la que has elegido. -Haga que padre entre en razón

y consienta la relación. -Muy ofuscado le veo.

-Haga un poder.

Leonor es perfecta para mí. -Sí.

Sé que es la que necesitas.

Es la que estábamos buscando.

Correcta, necesitada, ideal.

-Seguro que usted

puede hacer que entre en razón.

-Todo se andará.

Dios quiera que las cosas salgan bien.

Bien que convenció a su madre para que la dejara escribir.

-Le han convencido los duros de Claudio.

Con la despensa llena le da igual si escribo.

-El caso es que tú has salido de guinda.

Usted escribe y en la despensa hay algo más que miseria.

Todos, contentos.

-Todos, menos Pablo.

Mal se quedó cuando supo que había publicado gracias a Claudio.

Él me ha apoyado

y yo muy mal se lo he pagado.

-Mire. De enterarse su madre íbamos a tener la de San Quintín.

-Eso no ha de pasar.

A mí no me gusta meterme donde no me llaman,

pero más le valdría olvidar.

Por muy buenas intenciones que tenga, es pobre como una rata.

-Y lo peor de todo es que lo que dices

es una verdad como la catedral de Santiago.

-Pues eso.

-¿Y yo cómo me quito esa pena?

-Yo, cuando me da la fatiga,

hago calceta.

Usted...

Vaya usted a saber.

Porque teje muy malamente.

Bueno.

Me voy, que se me pegan las lentejas.

¿El dinero es lo más importante?

Si no lo tiene le aseguro que sí.

Lo más importante en la vida no es el parné, es el amor.

Lo que me gusta de ti es que uno se cree lo que dices

por las ganas que le pones.

Eso es bueno, ¿no?

Y peligroso.

A uno le podría dar por soñar. ¿Soñar en qué?

En que alguien como tú

se fijase en alguien como yo.

Haremos lo posible para estar juntos.

Te lo prometo.

Madre. ¡Ah!

Les demostraremos que los tiempos están cambiando.

Sus palabras se las va a tragar mi madre.

¿Y si no es así?

¿Y si no permiten que estemos juntos?

Si tampoco te aceptan,

otro lugar encontraremos para vivir nuestro amor.

Nada has de temer.

Piano

Muy bueno ha de ser el instrumento porque pese a ti suena buen.

Pierde cuidado, que un mes voy a tocar todas esas melodías

que me sabía al dedillo.

Adoro tu optimismo.

No te engaño. Que de mocita tomé clases.

Era yo quien amenizaba las veladas familiares.

Debían ser la mar de divertidas.

No tardaré en avanzar, tengo tiempo para practicar.

Felipe seguirá tan atareado como siempre.

Así es.

Ahora lleva un caso que le mantiene más ocupado de lo habitual.

No verá la hora de llegar a casa. Se trata de un cliente

cuya historia me ha hecho plantearme cosas.

¿Sobre qué?

Sobre lo que tenemos

y lo que no tenemos.

Es un hombre

que perdió la memoria tras sufrir un ataque

en el que desapareció su mujer embarazada.

Qué historia.

Prefiero que sigas tocando el piano. ¿No es terrible?

Pasó de tener una familia a quedarse sin ella

de la noche a la mañana.

Deberíamos valorar más lo que poseemos.

Eres una caja de sorpresas.

Primero, la pianola.

Ahora hablas como una pensadora.

Cualquier día harás un viaje en globo.

No me tomes el pelo.

Me gusta verte tan recuperada.

Por un momento temí que perdieras el seso.

(SUSPIRANDO) Ah.

Desde que cesé en la pretensión de quedarme en cinta

mucho mejor estoy.

Desazonados tenía el cuero y el espíritu.

Confórmate, no todas recibimos la bendición de la maternidad.

No me queda otra.

Pero desde que lo he asumido

hasta veo a Felipe más complacido conmigo.

Y yo, más segura de su amor.

Qué bendita es la inocencia.

Nunca se puede estar segura de un hombre.

¿A qué vienen esas dudas?

¿Algo te pasa con Germán?

¿Qué ha de pasarme?

Germán es un marido modelo.

Ay, no lo dudo.

No lo decía por mí.

Con mi cara, ¿qué otra cosa va a querer un hombre?

Hablaba de las demás.

Si es lo que yo digo.

Que Germán, Carlota y tú sois la familia ideal.

No te falta razón.

Anda, aporrea un poco el piano,

a ver si te sale algo decente que nos entretenga.

Muy bien tienen que estar los pacientes

cuando el doctor está ocioso.

Algo de descanso he de tomarme de vez en cuando.

No se me antoja que este sea un buen sitio para galanteos.

Pierde cuidado.

Cayetana salió de casa.

Aunque me proponga no tener entrañas contigo no lo consigo.

De nada has de preocuparte.

Mis planes siguen adelante.

Nada podrá impedir que estemos juntos.

¿No estaría más cómodo en otra mesa?

-Y mucho más solo.

¿En qué mesa iba a encontrar

una muchacha más linda?

-Ahórrese conmigo

esas mañitas de calavera.

-Chiquilla, yo no busco más que nos llevemos bien y nos conozcamos.

¿O acaso no eres mi sobrina?

-Qué desatino.

No soy familia suya ni de su hermana.

-Te aprecio como si lo fueras.

-Me ha costado hacerme a mi madrastra como para cargar con el hermano.

-No te acalores.

Mis intenciones son nobles.

Solo me gustaría saber un poco más de ti para poder agradarte.

-Difícil tarea es esa.

Muy poco me agrada su compañía.

-Recuerda que el que nos llevemos bien

es un mandato de don Ramón y no le contrariaré.

¿Qué tienes? Vas echando humo.

-¿Qué he de tener? De mal temple me ha puesto el hermano de Trini.

-Mucho se le ve por aquí últimamente.

¿Vive en vuestra casa? -Sí.

-Como si no hubiera bastante con Trini,

ahora tenemos alojado el hermano.

-No parece mal tipo, ¿no?

-Pues llévatelo a tu casa.

Es que no puedo soportarlo.

Es descarado, ordinario, soez, pesado, maleducado.

-Muy mal parece que te cae, pero mucho parece que te ha impresionado.

-Pamplinas.

Solo me impresiona de ese hombre la poca vergüenza que tiene.

-Ya.

Temo que se te nuble el entendimiento y te precipites.

¿No sería mejor esperar un poco? No puedo seguir con esto.

Ya habrá tiempo

de hacer lo que nos plazca,

pero antes hemos de cerrar asuntos.

Cierto es,

pero me desazona la impaciencia.

Es menester que hagas acopio de ella.

En tu hogar, paciencia y mesura.

Mucho me place lo que significa para ti paciencia y mesura.

No solo eres un buen médico.

Tengo ganas de que seamos libres para contarte muchas cosas.

De las que me prohibiste preguntar.

Yo, chitón.

Ya tendremos tiempo de sincerarnos el uno con el otro.

Muy bien he pensado cómo separar mi vida de la de Cayetana.

Haz lo que tengas que hacer,

pero te pido que no te olvides de Carlota.

Nunca he dejado de pensar en mi hija.

No quiero que sufra por lo nuestro.

No podría vivir con eso.

Apúrate, que luego llegan las señoras

y se encuentran todo manga por hombro.

-Si no les gusta, que llamen a un cerrajero.

Por ahorrarse dos reales estoy aquí todo el día.

¡Ah!

-Huy, válgame Dios, qué desaguisado. Más torpe que de costumbre te veo.

-¡Cómo no voy a estar torpe si no pego ojo!

Doy vueltas en la cama como si tuviera chinches.

-Señores, ¿qué hay de bueno? -De bueno, nada.

Mi marido se ha sugestionado y duerme menos que un sereno en carnavales.

-¡Qué voy a dormir!

En nuestra alcoba no se oyen más que ruidos.

Hay veces que se escucha como si una mujer llorara.

La Caridad, que se queja.

-¿La Caridad? Seré yo, que desesperadita me tienes.

No me extraña. Siempre se ha dicho que la portería estaba maldita.

-¿La portería?

Pero ¿eso del incendio no era en las casas de arriba?

-Qué va. ¿Usted no sabe lo de la carbonera?

-Huy, ya sabía yo que aquí había gato enterrado

o algo más grande que un felino.

-Ya la hemos liado.

-Según me contaron,

cuando yo llegué de moza,

la portería cumplía con las funciones de carbonera.

Y un infortunado día encontraron a un niño y a un adulto

asfixiados entre el carbón.

-Me están entrando unos calores que me estoy quemando

como la Caridad, el padre, el niño y el Sursum corda.

-Por lo visto, en las noches de luna llena se les escucha gemir.

-Me voy a refrescar un poco,

que no me está llegando la camisa al cuerpo.

Bueno, más víctimas que en la guerra de África ha habido aquí.

-Bien que te luciste contándole eso.

-Mujer, si son solo cuentos de vieja.

-Si de aquí a un rato se me ha olvidado todo,

pero al Servando...

Esas damas, que se cuiden. Adiós, Pablito.

Qué salado es.

¿Quería usted algo, Fabiana?

-(SUSPIRANDO) Ay.

Qué paciencia.

¿A dónde vas?

¿Tan escape?

¿A dónde voy a ir, Rita?

Al trabajo. Así me gustan los hombres, formales.

Muchos hay de esos. Pero a mí no me agradan todos.

Me podrías llevar a un baile y te cuento mis gustos.

Mal no me vendría distraerme,

que últimamente nada más que penas escucho.

¿Eso es que sí?

-Vamos, lebrel, que doña Susana anda buscándote dese hace un rato.

¿Qué haces con esa fresca?

Nada que le incumba.

Guárdate de esa lagarta. Nada bueno te traerá.

No la veo mal para mí, es es mi misma clase.

Disparates.

Muy mala es la pasta de esa.

Ya veré yo si me interesa o no.

Usted, a lo suyo.

Hijo.

Pablo.

Creí que íbamos a ir llevándonos bien.

Le agradecí el gesto de la Policía,

pero eso no cura los males que nos ha hecho.

No pida imposibles.

Pierda cuidado, que los trámites están en marcha.

Sendos escritos he mandado al juez.

Nada más que esperar su respuesta podemos hacer.

-Le agradezco su cortesía.

Y sus lindezas, como anfitrión.

Nada mal lo pasamos ayer. -Sabe dónde encontrarme.

Para una cosa y para la otra.

-He de decir que en la ciudad saben divertirse.

-¿Qué sería de nosotros sin esos placeres?

Germán.

No sabía que estabas aquí.

La criada me ha hecho pasar.

Pierde cuidado.

Don Justo se iba ya. Os presento.

Don Justo, él es don Germán.

Amigo, vecino e ilustre médico.

Se me ocurre que el caso de don Justo podría interesarte.

Tras sufrir un asalto perdió la memoria.

-Así es.

Mi suegra y mi esposa desaparecieron y yo no recuerdo nada.

Interesante caso.

Mucho tiene que avanzar la ciencia médica en el estudio del cerebro.

Déjeme decirle que en la mayoría de los casos

los pacientes suelen recuperar la memoria con el tiempo.

Muy fuerte fue la tarascada que me dieron.

¿Me permite?

Apenas se ve nada.

Era aquí.

¿Ha tenido más síntomas? Algunas veces me dan mareos.

No le vendría mal un reconocimiento.

Puede bajar a mi casa

y le echo un vistazo.

En otro momento, he de volver a mis fincas.

Como guste, pero hágase un buen reconocimiento.

Si don Felipe me permite tomarme la libertad de invitarle

a usted y a su esposa a cenar, podremos charlar.

Les dejo.

Se lo agradezco.

Es de urgencia.

¿Y bien?

¿Qué es eso que tanto te preocupa? Pasemos a tu despacho.

Por fin llega.

-¿Qué le sucede?

Me han alarmado las prisas.

-Tengo algo para el periódico de mañana.

-Es poco tiempo para publicarlo.

-Haga un poder.

Mucho interés tengo en ello.

-Lo llevo en un periquete. No han de poner muchas pegas.

-¿Están contentos?

-Y tanto, pensando en duplicar la tirada.

-Ay.

¿Tanto gusta el relato?

-Todo el mundo lo está leyendo.

No han de tener reparos en subirnos la paga.

-Con un sobre como el anterior me vale.

-Recibirá otro y con más relleno que un pavo.

-Mucho me está ayudando.

Sin usted esto no habría sido posible.

-No me dé las gracias.

Todo este éxito es gracias a su talento.

Mucho siento que no sea su nombre el que figura como autor.

Se debería saber quién es Leopoldo Safo.

-Ya se andará. Lo importante es que lo publiquen.

-Pierda cuidado. Por usted, lo que haga falta.

Incluso pelearme con los impresores.

-No sé cómo agradecerle lo que hace por mí.

-Des eso no ha de preocuparse.

Cuando llegue el momento no tendré reparo en pedir.

-A ver si Casilda nos prepara el café.

No quiero que piense que soy una mala anfitriona.

Muy gordo es el asunto a juzgar por tu semblante.

Así es. Lo que tengo que decirte es de gran importancia.

Cuéntame con toda confianza.

El tema que he venido a tratar exige la máxima discreción.

Te doy mi palabra

de que lo que aquí se diga no lo sabrá ni la tierra.

Quiero dejar a Cayetana.

Haz un esfuerzo.

¿Dónde han podido llevar dos monjas a los niños?

No son melones que se manden al mercado.

A veces los carruajes van al hospicio.

Un hospicio, claro.

¿Y a cuál? El de San Esteban.

Está cerca del puente grande.

Más no puedo deciros.

Mi abogado está trabajando para hacernos libres.

Pronto empezaremos a andar nuestro propio camino.

Las cosas se van tornando a nuestro favor.

Yo también tengo esperanzas de resolver

ese asunto que tanto me atormenta.

Abandonar a una esposa es posible, basta con hacerlo.

Aunque te advierto que tendrá

inevitables consecuencias.

Gracias, de veras,

pero estoy decidido.

Cayetana.

¿Qué dispones para ella?

Los detalles con cosa tuya.

Pero que sepa que el abandono no afectará a su modo de vida.

Brillando

una vez repudiada.

¿Y la niña?

No me separaré de mi hija, vendrá conmigo.

Mi matrimonio es falso, pero no el amor a mi hija.

Te mereces esa otra casa y más.

Y todo lo que te mereces no te faltará.

Nunca.

Pase lo que pase.

Tocarás para mí cuando todos se hayan ido.

(SUSURRANDO) En camisón.

-Bobo.

-Me gusta

no solo escucharte,

también mirarte mientras tocas.

Pones esa carita de ángel que hacía tiempo que no veía.

Su mujer no se podrá quejar. Tiene usted el dominio

de la balanza, don Felipe.

-Del fiel, del fiel de la balanza.

El amor es entrega.

Y, cuando profundo, una entrega definitiva.

Por eso hay que ser valiente para enamorarse.

Que se lo pregunten a la protagonista.

La muchacha de la que hablamos era cobarde

o eso pensaba ella de si misma.

Debiera dar el primer paso, pero no se atrevía.

Temía las consecuencias de una declaración.

¿Cuándo se ha visto que fuera la mujer la que comprometiera?

La familia Castaño

querría tener el honor de pedir la mano de su hija.

-No se preocupe, don Maximiliano no dirá ni...

Quiero decir, espero que don Maximiliano no se oponga a ello.

No es fácil para un padre entregar a su hija.

-Por favor, fijemos una fecha

y acabemos con esto.

-Ahora podremos fijar todos los detalles sin más dilación.

¿Habéis visto algo que os guste?

-No, nada.

-Sí, ese tocado de la florecilla malva.

-Espera, Pablo.

Saco un sombrero y te hago otro encargo.

Tararea

Aguardiente de moras.

No le cogido de la chocolatería.

¿Un traguito?

Se agradece.

A ver, mírame.

El caso, que eres hasta galano, ¿eh?

Gracias.

Y fanfarrón, también.

Aunque, de corazón, limpio.

No hay más que verte.

¿Tienes novia?

¡Suficiente! ¡Ni una palabra más!

Deje de cebarse con Juliana.

No le ha hecho ningún mal a nadie.

Ya acabó con lo nuestro.

Déjelo estar ya,

de una santa vez, madre.

Me llamo Ernesto Crespo y soy cuñado de don Ramón Palacios.

-Y hermano de doña Trini, encantado.

Me han hablado de usted. -¿Y bien?

Una suerte conocerle.

Echaba de menos alguien con quien hablar de tauromaquia.

-La suerte es mía, también me gustan los caballos.

-Curioso, no puedo vivir sin el el turf.

-¿El turf?

Presiento que vamos a ser grandes amigos.

Toma.

Tu dinero por lo de anoche. -No corría tanta prisa.

-Anda, cógelo.

-Agradecido le quedo.

Y más lo estaré

si este parné me conduce a una gachi de bandera.

Con Dios.

Aléjate de la chavala.

-¿Qué chavala?

-No te hagas el loco. Olvida a María Luisa.

Como ella las hay a cientos.

Aléjate de la chica.

No le hagas lo que a mí.

-Qué tiempos.

Iré mañana, cuando termine la faena.

¿A dónde?

(SUSPIRANDO) Ah.

¿Estás dispuesta a poner nuestros gaznates en el garrote sin más?

¿Cómo que sin más?

Es mi hija y la quiero tener a mi lado.

No quiera Dios que esa niña se quede sin madre

y sin abuela.

Quiero a mi inocencia a más que nada en el mundo.

No hay nada más que hablar.

Tenemos una cena en casa de los Álvarez.

Qué fatiga.

A Celia le ha dado por la pianola.

Nos querrá atronar con sus torpezas.

Es en honor de un nuevo cliente.

Un señorito de campo sin mucha conversación.

Nos han invitado para que la reunión sea más amena.

Si van a cenar fuera, ¿podría retirarme temprano?

Por supuesto.

La criada de Celia es un desastre.

Esa chica no se apañará con tantos comensales.

Manuela, irás a ayudarla.

¿Cuál es el menú?

-Consomé al Jerez, espárragos con mayonesa y leche frita de postre.

Lo has oído todo, ¿no?

Casi. Ya sabes lo que hacer.

Síguela y no pierdas detalle. Al punto.

¿Podríais traerme agua al despacho?

-Enseguida, vaya tranquilo.

He juntado la media docena.

¿Le llevas agua al invitado?

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  • Capítulo 21

Acacias 38 - Capítulo 21

12 may 2015

 Manuela y Guadalupe están a punto de cruzarse con Justo pero Pablo lo evita. Germán conoce a Justo. Ernesto se fija en María Luisa e intenta acercarse, pero ella le da largas. El padre de Claudio no está a favor de que salga con Leonor. Claudio le pide a su madre que le convenza.

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