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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 19 - Ver ahora
Transcripción completa

¿Estás bien?

-Mmm. -Pareces pálida.

-Me preocupa Ernesto. Habla con mi hermano.

Convéncele para que acepte el trabajo.

-Si ese es tu deseo, lo tendrás.

-No te librarás de mí tan fácilmente.

¿Qué sabes de mi criada? Algo le ronda la mollera.

La de los Hidalgo va a su vera.

Sí, pudo confiarle sus penas.

Pues Casilda tendrá una nueva amiga.

Lo peor que le puede pasar a una muchacha de servicio

es tener asuntos con el amo.

Confía en mí.

-Le apasiona escribir.

Siendo mujer, no es sencillo.

Juntos, podemos paliar esta situación de algún modo.

¿Tenemos un trato?

¿No te disponías a confesarme cuál es tu relación con Pablo?

Aplaca tu impaciencia. No es sencillo para mí.

Has jugado conmigo por su amor. Pablo es mi hermano.

Soy la culpable de sus cuitas.

Yo precisaba una cédula y se enredó con mala gente.

¿Y la verdadera? En mi pueblo.

Tengo más preguntas.

Pude verlo escapar. ¿No andaba custodiado?

Está a salvo.

"¡Pablo!".

Manuela.

¿Qué diantres haces aquí?

Benidet me pidió mucho por la cédula falsa

y decidí buscar a otro amanuense.

¿Te detuvo la policía? Benidet los envió.

Mató dos pájaros de un tiro. Debe pagar por ello.

Te han dejado guapo.

Al menos, habrás aprendido la lección.

-¡Suelta el arma, Benidet! -Traidor.

¡Esta me la pagas!

-Mucho tiempo pasará a la sombra.

-Servidora solo intentaba ayudar.

-Buscabas su dinero a costa de tus embustes.

-¿Qué ocurre?

¿Tú, aquí? -Celia, cálmate.

-Contrólese. -¡Ven, maldita!

¡Celia, Celia, Celia!

-¡Que el Señor nos asista!

Germán, hemos de dejar de vernos. Has de alejarte de mí.

Sería un loco si lo hiciera.

No sería locura, sino sensatez.

Todo el que intenta ayudarme acaba sufriendo. Mira Pablo.

Fruto de la mala suerte.

Mala suerte llevo conmigo.

Y arrastro al que se me acerca.

No quiero que a ti también te pase algo malo.

Nada me pasará si estás a mi lado. Estamos destinados

a querernos, Manuela. ¿No te das cuenta?

Condenados. Condena o liberación.

Me da igual, no quiero perderte.

No se puede perder lo que no te pertenece.

No quiero que seas mía, quiero quererte.

Eso no lleva a ninguna parte.

Llevará adonde queramos. Te creí más valiente.

Y yo a ti, más listo.

Tanta carrera y no os enseñan nada. ¿Y a ti?

¿Quién te enseñó tanta amargura? Mi pasado.

Y de él no he de librarme.

Por favor,

facilítame la vida y sigue con la tuya.

¡Qué mujer más terca! Te basta con la tuya.

Déjame con mis cuitas y lucha por las tuyas.

Quiero luchar por ti, por nosotros. ¡Que no existe "nosotros"!

¡Qué terco eres!

¡Y tú, qué arisca eres!

Cuanto más lejos el uno del otro, seremos más desgraciados.

Habrá que asumir la desgracia, porque lo nuestro es imposible.

Yo tengo un deber por el que luchar.

Por favor, no nos hagamos más daño.

¿No puedo decidir mi suerte?

Tú decides por los dos.

Así es. ¡No!

No lo permitiré.

Ningún hombre me dirá qué debo hacer.

¡No soy cualquier hombre!

Te estás mintiendo. Me quieres.

Tú me quieres, dilo. ¡Nunca te he querido!

¡Mientes! ¡No!

¡Me arrepiento cada día que pasa, cada vez que te veo!

¡Te odio, Germán, te odio!

¡Te odio, te odio!

Está viva, respira.

-Bendito sea Dios. -Pásame el alcohol.

-¿Dónde estoy?

¿Qué ha pasado?

Ya recuerdo.

¡Usted!

Usted

empezó la trapisonda.

Me acusó de ser una embustera.

Una lianta.

¡Y yo no soy nada de eso!

-Si está bien, coja sus cosas y lárguese de mi casa.

-¡Me empujó como a un pobre animal!

¿Así me agradece todo lo que he hecho por usted?

-¡Intentar envenenarme! ¡Casi logra que pierda la cabeza!

¡Tunanta, malnacida! -¡Celia!

-¡Me dio un brebaje del demonio!

¡He estado en el mismísimo infierno por su culpa!

-Trae sus cosas.

Y llévatela.

-Solo intenté que ese vientre seco concibiera una criatura.

¡Yerma!

¡Macho con forma de hombre! -¡Me ha convertido en una loca!

-Que caiga sobre ti el peor de los males

y se te niegue aquello que más ansías.

Que ninguna vida crezca dentro de ti,

pues podrida estás y así quedarás

de por vida.

-Fuera de aquí.

-Y para siempre. -¡Fuera de aquí!

Y no vuelva a pisar esta casa.

Si vuelve, no pararé hasta verla entre rejas.

¡Fuera!

Eh, no le hagas caso.

Son las palabras de una enajenada.

Aprovecha la mala suerte de otros para invertir la suya.

Celia, ¿no le habrás creído, verdad?

-Me voy a la alcoba. Necesito descansar.

-Celia, dime algo, por Dios.

Parece que ha empezado a refrescar.

Últimamente, he de coger mi chaquetilla para salir a pasear.

-No es que no me interese.

Pero ¿no sería mejor dejar a un lado los subterfugios

y atajar el tema de raíz?

-Mejor, no sé. Más honesto, sin duda.

Usted, siempre tan transparente

y diciendo lo que piensa, sin rodeos.

-¿Para qué los rodeos?

Los dos sabemos dónde nos han de llevar.

Voy a aceptar su ofrecimiento. -Me alegra oír sus palabras.

Estaba deseando darle esto.

-¿50 pesetas?

-Eso me dieron en el periódico por sus relatos.

-¿Por qué hace todo esto?

-¿Hacer el qué?

-Ayudarme.

-¿Qué hay de malo en ayudar a una amiga?

-Apenas nos conocemos.

Y nadie ayuda sin recibir nada a cambio.

-Seré frontal y transparente,

como me ha enseñado.

¿Qué es lo que teme? ¿Qué cree que escondo?

-Que a la larga y con el tiempo, después de haberme comprometido

aceptando sus favores y su dinero, deba hacer algo en pago a su deuda.

-Carraspea

He de confesarle algo.

-Sabía que había gato encerrado.

Dígame la verdad.

-La verdad es que me gusta y que disfruto de su compañía.

Paseando con usted, charlando y leyendo sus historias.

Otras jóvenes solo querían mi fortuna.

Me agrada verla feliz

y ver publicados sus relatos consigue tal propósito.

Es usted lista y resuelta,

ingeniosa y divertida.

En un futuro, alguien como usted nada necesitará de alguien como yo.

Los tiempos están cambiando, afortunadamente.

Pero mientras llegan, déjeme aprovechar

y sacar tajada disfrutando de su compañía y ayudándola con su sueño.

-Es usted muy amable, Claudio.

-No la adulo por adularla. Mis palabras son sinceras.

-Lo sé.

Y siento haber desconfiado de usted.

-El recelo es una virtud, un síntoma de inteligencia.

Hace bien en tener precauciones. Hay mucho mal bicho por ahí.

Espero que deje de considerarme el petimetre que parezco.

-Es la continuación del relato que vendió al periódico.

Es una novela por entregas.

-¿Me permite que lo lea antes?

Quiero saber qué le sucede a los enamorados.

-¿De verdad?

-¿Acaso no le ha quedado claro? Soy su mayor admirador.

-Y mi socio, a partir de hoy.

¿Cerramos el trato con un apretón de manos?

No quiero agobiarte con tanto dato. Todo a su debido tiempo.

En cuanto hable con mi abogado y tenga alguna novedad, te cuento.

-¿De qué hablas con mi hermano?

-Nada de lo que debas preocuparte.

-No es preocupación, sino interés. -Y afán por protegerle.

Yo le protejo por los dos. Lo que es tuyo es mío.

Y viceversa.

Le estoy cogiendo cariño a Ernesto. -No lo dudo.

Eres más bueno que el pan. -Pero él es listo.

Me lo demuestra cuando hablamos de negocios.

Está lleno de ideas que quiere llevar a cabo.

-¿De qué ideas hablas?

¿Qué es tan secreto?

-No es secretismo, sino precaución.

Temo decepcionarte si las cosas no salen bien.

Falta algún cabo suelto que atar.

-Seré sensata y precavida, te lo prometo.

¿Qué líos son esos que os traéis?

Quiero saberlo. -Algo que te va a encantar.

Pero todo a su tiempo.

¿Te apetece un aguardiente? -Yo invito.

¿Me permite el señor?

Su mujer se ha tomado una valeriana y está descansando.

Recogeré mis cosas y saldré de su casa.

-Espero que no te muevas de ahí.

Nadie osa dejar esta casa,

a no ser que sea yo quien le eche.

Lo que has hecho trayendo a esa curandera es imperdonable.

-Lo siento mucho, es que su mujer... -Está pasando una mala época.

Toma decisiones equivocadas.

Yo no puedo estar pendiente de ella, ese es tu trabajo.

-Sí, señor.

-Mírame.

¡Que me mires!

¿Tú sabes para quién trabajas?

-Para usted, señor.

-Eso es.

Para mí.

Quiero saber en todo momento lo que hace o deja de hacer la señora.

Desde que se levanta hasta que entro por la puerta.

Quiero saber quién la visita,

con quién se cruza en la calle, qué come, qué bebe.

Y como me vuelvas a ocultar algo, como lo de la curandera,

me ocuparé de que recibas el correctivo que te mereces.

Y no va a ser agradable, te lo aseguro.

-Sí, señor.

-Largo de aquí.

Herminia.

Y de esto, ni una palabra a la señora.

No olvido el día en que te conocí, en este mismo lugar.

Apenas tenías un aliento de vida y, pese a todo,

eras orgullosa y mandona.

A eso llamo yo un recuerdo romántico.

Tengo uno todavía mejor.

Cuando escapaste sin decir nada. Mentira.

Te dejé mi pañuelo a cambio.

Algo es algo, claro.

Nunca un hombre me trató tan bien.

Eres distinto, Germán.

Tal como tú, Manuela.

¿Qué fuerza tira de ti para luchar contra todo?

La fuerza más poderosa.

¿El amor que me tienes?

Mira que eres engreído. Y tú, preciosa.

Adulador.

Sincero.

Retomemos los sueños que tuvimos

en las cuadras.

No los demos por perdidos.

Nos merecemos un final feliz

para ese cuento que empezamos a imaginar.

Aquel día soñamos con ser felices.

Pero no era más que eso, un sueño.

Un sueño que algún día se hará realidad.

Te lo prometo.

Cómo envidio a esos caballos.

Nada les preocupa más que correr salvajes.

¿Crees que seremos tan libres como ellos?

Si no lo creyera, moriría de tristeza.

Ese pensamiento me mantiene vivo.

Yo también volví a la vida ese día.

Estaba en la tristeza y me diste la luz.

Me hiciste entender lo que significaba amar a alguien.

Yo no sabía qué era eso.

Solo te saqué de un infierno para meterte en otro.

¿A qué infierno te refieres?

Nunca me lo comentas.

Puede que si lo compartes, deje de darte miedo.

Como las pesadillas. Pruébalo.

¿Qué es eso que tanto te atormenta?

Algo de lo que es mejor no hablar.

Puedes confiar en mí. ¡Chist!

Aprovechemos el tiempo.

De niños, mi padre nos enseñó a montar.

Hace años que no lo hago. ¿Crees que me acordaré?

Dicen que eso nunca se olvida, como montar en bicicleta.

¿Quieres que demos un paseo?

Eso me haría realmente feliz.

Tararea

Buenos días, Servando.

-Serán para usted. Para mí están siendo viniendo a malos.

Llevo ya tres veces echando aceite y no deja de sonar esta puerta.

-Pues... Leandro.

¿Vienes a ver a Germán? -Al mismo. ¿No está?

No, ha ido a visitar a un paciente a un hospital de las afueras.

Qué raro que no te lo dijera.

Ahora que lo dices, algo sí creo que me dijo.

Pensaba salir un par de días, ¿no? Uno solo.

Ida y vuelta y, a poder ser, antes de que anochezca.

Cierto, me lo dijo y me he hecho un lío.

¿Vas de paseo?

No, a hacer un recado rápido.

He dejado a la niña con una vecina.

Estoy muerta del agotamiento.

¿Quieres que me ocupe de ella? No he de hacer nada.

Ve a ver a Juliana, que seguro que se alegra,

aunque sea por la novedad.

De mi hija me encargo yo, que para eso soy su madre.

Lo decía por tu agotamiento.

Y sé que las atenciones de una madre no las suple ni la mejor criada.

La mía, no, que siempre está enferma.

Esta mañana me ha dicho que se encontraba mal. A saber dónde está.

Nunca se sabe.

Estará en el altillo.

Hay una gripe muy infecciosa.

Yo ni me acercaba.

Ni por asomo.

Si hay algo infeccioso, está en esos altos.

Servando, sube tú a ver cómo está mi criada

y luego, me lo cuentas.

Si es algo grave, a morir fuera.

¿De dónde has sacado este dinero?

-Es dinero y soluciona nuestros problemas.

Haga un buen uso de él. -¿Qué has hecho para conseguirlo?

-Claudio me lo dio.

-¿Claudio, por qué?

-Porque sabe de nuestras situación.

-¡Pero eso es terrible!

Se echará atrás con la boda.

Nunca pedirá tu mano si no hay dote.

-Claudio no es así.

Me lo dio para comprarme vestidos. -¿Vestidos?

¿Y por qué te dio los billetes

en lugar de ir él a la sastrería a escoger las telas?

-Porque me tienen que gustar a mí.

Creyó más conveniente que fuera yo e hiciera uso de mi criterio.

No llenaré el armario cuando hay que llenar las tripas.

-¡Casilda!

¡Ay, ay!

¡Casilda, ve al mercado

y compra carne, fruta, leche, verdura, de todo!

-¡Viva San Cucufato, qué milagro ha obrado!

-Y haz uno de esos guisos que tan bien te salen.

Que falta nos hace.

Hija.

Espera. Ven.

Muchas gracias.

Lo estás haciendo muy bien.

Pronto pedirá tu mano y nuestros problemas se terminarán.

¡Ay!

Estás haciendo lo correcto.

-Ay.

Pero ¿qué te han hecho? No es nada, madre.

Unos rasguños.

¡Animales, se han cebado contigo!

He conseguido librarme de Benidet para siempre.

¿De verdad?

Manuela lo solucionó.

¿Cómo? No pregunte más.

Es mejor que no sepa mucho por su seguridad.

Madre.

Gracias.

Hijo... No, déjeme terminar.

Bastante me está costando.

Si no es por usted, quizá ahora, estaría muerto.

Gracias por lo que hizo.

Hice lo que haría cualquier madre.

-¡Pablo!

¿Dónde te habías metido? No puedes desaparecer así.

Me vas a dar explicaciones...

¡Por el amor de Dios! ¿Qué te ha ocurrido?

Es menos de lo que parece.

¿Quién te ha hecho esa salvajada? Dos maleantes.

Y yo, pensando que estabas de jarana.

¿Y a santo de qué esta paliza?

Me querían quitar la cartera.

Siento haber faltado al trabajo.

Hijo, causa de fuerza mayor.

Esta ciudad es muy peligrosa.

Teme una salir sola. Y que lo diga.

Pero a usted no le pasará nada, va siempre muy bien acompañada.

Ahí tienes toda la razón, Pablito.

Suerte tengo de tener un hijo que se preocupa por mí.

No hay nada más fuerte que el cariño a una madre.

Triste debe ser para una madre que su hijo esté disgustado con ella

y le niegue su cariño.

Bueno, vamos para dentro.

¿Has comido?

¿Te ha preparado algo Herminia?

-Pensaba que dormías.

-No.

Solo pensaba con los ojos cerrados.

-¿Y cuáles eran esos pensamientos?

-Me obsesioné con lo que no tengo

y olvidé lo que tengo y puedo perder.

-Belleza, una vida tranquila, una casa bonita.

-A ti.

Siento lo que te estoy haciendo.

-Nada me has hecho.

-Herirte, avergonzarte, comportarme como una loca,

perder los nervios y la compostura.

No es propio de una señora. -No es propio de ti.

Eso es lo que me preocupa.

¿Qué te ocurre? Antes, no eras así.

-Antes, no sabía que no era una mujer completa.

Desde que lo sé, no he podido pensar en otra cosa.

-Hasta la locura.

-Sí, pero se ha terminado. No volverá a suceder.

Si no he de ser una madre perfecta, seré una mujer perfecta.

Me concentraré en ello de ahora en adelante.

-¿No intentarás remedios absurdos?

¿No arriesgarás tu vida? -Lo juro.

-Quiero verlo. -Lo verás. No pierdas la fe en mí.

-Está bien.

Descansa.

¿Le digo a Herminia que te traiga algo?

-No, me voy a levantar.

Ya me encuentro bien.

Saldré a dar un paseo. El aire me despejará.

-Sí, así es.

Esta noche tendremos invitados.

Un cliente viene a cenar. -Os acompañaré.

-No es necesario.

Vamos a hablar de negocios y te aburrirás.

-Una esposa debe estar al lado de su marido y eso voy a hacer.

Te lo he dicho.

Voy a ser perfecta para ti. Te lo prometo.

Como tu señorita siga de esta guisa, acabaremos descuajeringadas.

¿Esa máquina es de escribir o de tortura?

-Para mí, un invento del demonio.

Pero se lía a darle mamporrazos y no vea lo contenta que está.

-¡Niña, despierta!

-¡Un ratito más! -¡Ni uno ni medio!

¡Arriba, que te buscará doña Juliana!

Parece que has visto un muerto.

-¡Ay!

Solo te digo, Servando, que no le digas nada a doña Cayetana.

Al menos, hasta la noche. Seguro que aparece.

-¿Decir de qué?

-¿De qué era, Servando?

Algo de una enfermedad.

-Del paradero de la fregona. -Eso, la Manuela.

Andaba pachucha y no ha venido. ¿La habéis visto?

-Fue a la casa de socorro para que le templen la fiebre.

¿Se cree que anda de pingo en la verbena?

-Lo que yo crea nada importa.

No me gusta mentir a doña Cayetana, que sale uno escocido.

-¿Por qué, cariño, las almorranas otra vez?

-Peor que eso es vivir contigo.

Aguanto hasta la noche.

Si me pregunta, digo la verdad.

Me gustaría parar el tiempo y quedarme en este lugar para siempre.

Un lugar donde las líneas que nos separan se difuminan.

Donde las clases sociales desaparecen y donde tú y yo

solo somos eso,

tú y yo.

Bonito sitio el que describes.

No imagino otro mejor.

Lástima que sea lugar de paso.

En unas horas, el carruaje se convertirá en calabaza

y volveremos a ser lo que éramos, señorito y sirvienta.

Aguafiestas y... ¿Fantaseador?

Luchador

incansable.

Si es por aquello que deseo con todas mis fuerzas, más.

Viendo cómo dominas los caballos,

nadie diría que eres sirvienta.

¿Te burlas de mí?

Ni por un segundo. Eres diestra sobre el caballo.

Montas mejor que un señorito que se haya criado entre corceles.

¿Uno burgués y con la vida resuelta?

¿Uno como tú?

No es oro todo lo que reluce.

¿No creciste rodeado de los mejores caballos,

con criados que te colmaban de atenciones?

Sí.

Con una institutriz que te enseñó las letras y los números

y que te hizo listo para que te labraras un porvenir.

También.

Todo lo material a tu alcance.

Todo lo que un niño puede desear.

Más o menos.

Tienes razón, suena

a vida sombría y austera, llena de percances y necesidad.

Lo que un niño necesita no es siempre material y tangible.

A veces, las carencias

se hallan en lugares

inhóspitos y poco comunes.

¿A qué carencias te refieres?

Germán, ¿qué ocurre?

Nada.

Te echo una carrera hasta las cuadras.

¿O tienes miedo, muchacha?

No me vas a ver más que de espaldas.

¡Madre, denos algo!

¡Inocencia, hija!

-¿Sigues aquí?

¡Vete o te echo a patadas!

¡Es mi hija! ¡Quitádmela de encima

o no hay monedas!

¡No, no!

¡Soltadme!

¡Soltadme, por favor, soltadme, malditos!

¡Malditos!

¡Hija!

¿Adónde te llevan?

¡Por mucho que nos alejen, siempre serás mi niña!

¡Arrea, qué tarde! Me voy.

Debo preparar los avíos.

-¿Viene usted a escribir?

¿Ya no lo hará por la noche? -No.

He venido a hablar con vosotras. Escuchadme todas.

Sé que he sido un incordio.

Dejarme escribir aquí es algo que no olvidaré.

Como muestra de agradecimiento, he escrito algo para vosotras.

-¿De verdad?

-Pero ¿tiene que ser ahora?

Hay que preparar la comida.

-Para una vez que nos dedican unas letras...

-Esta es la historia de una muchacha que un padre malvado tenía.

Palizas, penas y golpes, palos y griterías.

Una vecina había

en el portal de delante, viejita y pequeñita.

Desde chiquita, observaba.

Un día cualquiera, la muchacha huyó, harta de tanta ruindad,

buscando ayuda, felicidad o bondad.

"Corrió por bosques oscuros, desiertos y prados cruzó,

bajó y subió montañas, caminó y no descansó".

¡Eh, tú, jinete!

"Hasta llegar a un poblacho, pequeño y desolado,

tres casas había y nadie por ningún lado".

"Sola estaba allí en medio, nadie a quién recurrir".

"Esa había sido su vida, nunca a quién acudir".

"Ese pueblo desierto era el final del camino,

más no podía, el cansancio le vino".

"No advirtió que tras ella, hace días la seguía

aquella viejita vecina que tanto observaba".

"Su ángel de la guarda había sido sin saber nada".

"En silencio y a distancia,

la viejita la vigilaba".

"Nunca se sabe quién te protege y te ama".

"La mano amiga esta vez

es quien menos imaginabas".

Pablo.

¡Mmm!

Esto huele de rechupete.

¡Mmm!

Está de toma pan y moja. Trae el pan.

-Enseguida, señora.

-Antes, quiero que veas algo. -¿El qué?

¿Qué es esto, querido? -No tengo ni idea.

Ábrelo y lo sabremos.

-¡Entradas para el teatro!

¡Y con María Guerrero de actriz principal!

¿Y esto por qué?

Porque quiero agradecerte tu paciencia.

Ando liado y no te quejas.

-¿Quejarme? Soy feliz aunque me dediques apenas tres minutos al día.

-Eres un pedazo de cielo.

-Y tú, el cielo entero.

Tonto, zalamero.

-Pronto cambiarán las cosas y podré estar las 24 horas contigo.

-Con 23 y media, me basta y me sobra.

¿Y qué va a cambiar para que se produzca ese milagro?

-Eso es lo mejor.

He pensado en librarme de mis responsabilidades.

-Ajá.

-Tengo demasiados intereses

y con los beneficios de la renta, podemos vivir de sobra.

Pues alguien me ha dado la solución.

Olvidarme de los negocios que tenemos en Cuba y ocuparme de los de aquí.

-¿Que Ernesto se va a Cuba?

¡Cuánto me alegro!

Por él.

¿Y cuándo marcha hacia Cuba?

Debe darse prisa.

-¿A Cuba? Pero eso está... -En ultramar.

Y nada se nos ha perdido allí. Ni a mí ni a Ramón.

-¿Eso qué quiere decir?

-Hay que concentrarse en los negocios de aquí.

Los que dan rentabilidad.

Voy a vender las tierras que tengo en Cuba.

-Pero entonces...

-No me voy de la ciudad. -Ah.

-Vas a tenerme muy cerca, hermana.

Bueno, la Casilda se va yendo.

Se me está echando de más.

Cierra la puerta

-Tenía el corazón en un puño. No sabía nada de ti.

Pensé que no te volvería a ver. Ya pasó, estoy bien.

Bien no estás. ¿Quién te ha hecho eso?

Dos desalmados

que intentaron atracarme.

Ellos corrieron peor suerte.

¿Has ido a la policía?

Has de denunciarles. De nada serviría.

Era un callejón muy oscuro y apenas les vi las caras.

No podría reconocerlos aunque quisiera.

Pero ¿tú qué tal?

¿Sigues escribiendo?

¿Por tu casa, qué tal todo?

¿Tu madre sigue enfadada? Un poco.

Pero ya no me tiene encerrada.

Las aguas se van calmando. Eso está bien.

Y Servando me ha arreglado la máquina de escribir.

Aunque ha descolocado el orden de las letras y me lío.

No paro de escribir.

Subo aquí cuando todos duermen.

Molesto a las criadas, pero no me dicen nada.

Porque siempre has sido buena con ellas.

Y otra cosa, la mejor.

¿Recuerdas el relato que escribí a...?

¿Qué relato?

Termina, mujer.

Uno que empecé antes de que esto pasara.

Le he cambiado el final.

Quizá le interese al periódico. Estoy deseando que me lo leas.

Te voy a acompañar a todas las revistas y periódicos.

Llamaremos a todas las puertas.

Pero conseguiremos que las publiquen.

Cerca está el día

en que tus sueños se hagan realidad.

Y también los míos.

¿Los tuyos?

Que tú y yo algún día podamos estar juntos.

¿Qué te ha pasado?

¿Por qué te has ido así?

¿Qué te ocurre, Manuela?

¿Qué tienes, mi niña?

Por favor, Manuela.

Deja de atormentarte tú sola.

Cuéntame de una vez qué es eso que callas.

Esmérate un poco, Rita.

Madre cree que estás más al jarabe de pico.

-Este trabajo es agotador.

-Ya.

-Seguro que convences a tu madre.

¿Vas a dejar que me eche y me muera de hambre y frío?

-Hombre... -Luego te veo.

¿Puedo?

Está ocupada. Espero a alguien.

He de contarle algo que le interesará.

Respecto a lo que hablamos. Sabrás hacerlo de pie.

Resulta que he sonsacado a la tonta de Casilda.

Me ha contado lo que le pregunté sobre Manuela.

No está enferma.

Más fresca que una lechuga.

¿Sabe por qué no ha bajado a servir? ¿Sabe con quién andurrea?

¿Con Germán?

Escúpaselo a la cara. Seguro que lo confiesa.

Yo creo que le arrancaría el pelo y los ojos.

No te puedes permitir ser una arrabalera.

Tienes otras virtudes.

Yo carezco de ellas.

Por eso, tengo que ser educada y tener clase.

No se entiende que su marido prefiera a una criada.

Germán no prefiere a nadie.

Es solo un capricho pasajero.

Todos los hombres son infieles por naturaleza. No es tan importante.

Pues parece que ni capricho ni pasajero.

O eso es lo que dice Casilda.

¿Qué dice esa?

Que están enamorados.

Que es amor puro y verdadero,

de ese que te hace dejarlo todo.

Es lo que van a hacer, largarse de aquí juntos.

Solo están esperando el mejor momento para dar el paso.

¿No tienes nada mejor que hacer que parlotear?

Haz lo que hagas aquí, que es por eso por lo que te pagan.

¿Qué hay de lo mío?

Buenos días.

¡Maldita fregona!

No sabes con quién estás jugando.

Pero lo vas a saber muy pronto.

Por última vez te lo pido.

No vuelvas a preguntarme eso, por favor. Nunca.

Déjame llevármelo conmigo, olvidarlo.

Pero no me lo vuelvas a mencionar. Júralo.

No soporto ver tu sufrimiento.

No seré yo quien te lo recuerde.

Pero escucha lo que voy a decirte, porque quiero que te quede claro.

No me importa lo que hayas hecho o lo que hagas

o cuán horrible sea ese secreto tuyo.

Sé quién eres, Manuela.

Guárdate ese secreto contigo, siléncialo, si eso quieres.

Pero llegará un día

en el que seré libre y podremos estar juntos.

Y ese día te darás cuenta

de que nada debes temer a mi lado.

Nada podrá con nosotros y juntos podremos con todo.

Hasta con ese secreto tuyo.

Un día me lo contarás y haré que tu tormento desaparezca.

No sabes lo mucho que deseo que eso sea cierto.

Pero los sentimientos cambian cuando las obligaciones se imponen.

Tú eres hombre casado... Eso se terminará.

He tomado una decisión.

Necesitaré más tiempo

y aún deberemos mantener las distancias.

Pero voy a hacerlo.

Voy a dejar a Cayetana.

Y tú y yo podremos estar juntos.

Te quiero, Manuela.

Puerta

Han llegado los invitados.

-Pasen, sean bienvenidos a mi hogar. Encantado de conocerle.

Felipe Álvarez. -El placer es mío.

-Adelante.

-Señora, don Justo Núñez.

¿Pasarán muchos días aquí?

Hay muchas cosas para ver.

-Partiré en cuanto arreglemos nuestros asuntos.

-Espero que en pocas horas.

-¿Es asunto complicado?

No tomes en chanza a los anarquistas. -¿Sigues preocupada?

-Me alarma que lo perdamos todo. -No son el hombre del saco.

-Me da miedo que delegues tus negocios en Ernesto.

-Las rentas van viento en popa.

Ya es hora de que las gocemos.

-Él no tiene experiencia.

Poco sabe de cuentas y números. -Aprenderá.

Estás muy guapa hoy.

-¿Te gusta mi nuevo vestido?

-Me gustas tú.

Y celebro verte feliz.

-¿Verdad que es elegante mi marido? -Más pinturero no lo hay.

¿Desea algo más? -Sí.

Que limpies la habitación.

-¿La de los niños? -La que iba a ser de los niños.

"Le vamos a dar una nueva utilidad".

-"¿Qué harás en ella?".

-"Ya lo verás".

"Yo también tengo mis secretos".

¿Recuerdas lo que disfrutabas antes de casarte con tu marido?

Ordena que sirvan la cena. Tengo hambre y no le esperaré.

-¿No ha llegado mi padre?

Me muero del hambre. -Hoy se retrasa.

Cenaremos ya.

Déjame ver.

Hay algo en tu cara que te hace bellísima.

-¡Deja a María Luisa tranquila, es una niña!

-"Casi la prefiero a ella".

"Así recuerdo lo que hacía contigo a su edad".

Si me llevas en el pensamiento, que se note.

¿Y

si te digo que te compré un regalo?

¿Qué?

-Si es un brillante, me creeré todo.

-¿Qué le parece si organizamos una francachela?

-¿Qué propone?

-Una partida de cartas, champán, puros llegados de La Habana

y unas señoritas agradables que nos hagan compañía.

-Mi amigo se acuesta a la hora de las gallinas.

Nosotros podremos dedicarnos a ello, si recuerdo cómo se juega.

-Déjelo en mis manos.

Será una velada memorable.

-Ríe

"Ella le enseñó a leer y él a ella, el significado del amor".

"A asomarse al abismo de sus ojos sin miedo".

¿Quién es la autora?

Autor, hombre.

Leopoldo Safo.

-"Aquí está".

"La encrucijada", de Leopoldo Safo.

-¿Ha salido ya?

-Esta mañana ya se comentaba. Va a ser un éxito.

-"Un hombre y una mujer que lo tenían todo en contra".

¿Has leído el periódico?

¿Has leído el relato de Leopoldo Safo?

Seguro que te gusta.

Seguro que te agrada su forma de escribir.

Lo siento.

No sé por qué.

Fue Claudio Castaño quien logró que lo publicaran.

-"Ese médico"

parece muy dispuesto a ayudarte.

Es buena persona.

¿En serio?

¿Solo eso?

¿Te ayudaría si supiese la verdad? Sí.

Desengáñate.

No sufras cuando te lleves la sorpresa.

A él le diré la verdad.

¿Que no eres quien dices ser?

¿Que mataste a tu marido y abandonaste a tu hija?

Ese chico de la sastrería habla mucho con Manuela.

Y no solo hablar. Hasta abrazados les vi.

"¿Abrazos?".

En cuanto conquistes a Pablo, entérate de todo de Manuela.

¿Qué quiere saber? Todo.

Su talón de Aquiles, su punto débil.

Quiero saber de dónde viene.

Cualquier cosa que me sirva para hacerle daño.

¿Te gusta bailar?

Sí, pero nadie me lleva.

¿No te gustaría llevarme? Yo es que soy como un pato.

Encontrarás a otro.

¿Acaso no te gusto?

Son muchas posesiones.

-Cierto.

Y hace unas semanas, pensaba que no poseía nada.

Solo la comida que me ofrecían.

-La vida nos depara sorpresas.

-Así es.

-"Los acontecimientos se me vienen encima como un torrente".

"¿Y sabe una cosa? Me queda mucho más por averiguar".

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Acacias 38 - Capítulo 19

08 may 2015

Manuela y Germán discuten, pero acaban besándose y dando rienda suelta a la pasión. Germán y Manuela pasean a caballo cuando ella ve uno con la insignia AA que vio en el convento.La curandera se recupera y Felipe le echa de su casa. Felipe amenaza a Herminia con el despido.

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  1. Beatriz

    La estoy volviendo a ver desde el princio, la historia de amor de German y Manuela es preciosa me encantan. Sus miradas de ternura y de amor, me recuerda muchisimo al amor de mi vida que un ser encantador que ahora es mi angel de la guarda¿¿¿¿

    11 oct 2018
  2. Laura Sorrento

    Hasta Úrsula ha vuelto del más allá siendo una aútentica pesadilla su personaje y Germán y Manuela no hemos vuelto a saber nada de ellos. Ni tampoco que paso con el diputado que se cargaron la dulce Celia y el egocentríco Felipe.

    15 oct 2016
  3. Laura Sorrento

    Estoy viando por tercera vez los primeros capitulos de Acacias 38. La primera parte como esté capitulo es preciosa, bien hecha hermosa historia, música, ambientación y sobre todo los dos protagonistas que son dos actores creíbles, guapos a la vez que normales, sencillos. Me enamoró su vida, y las demás historias, solo me aburren las pesadillas de Servando cuando las respiten tanto sus sandeces aunque el actor es muy bueno. Que pena del final de los protagonistas y me sigo preguntando todavía el porque de acabar así con una historia que era la enjundia de la novela. La segunda parte nada que ver, aburrida, los personajes de Teresa y Maura nada creíbles. ni con la seducción de los primeros. Y Cayetana ya ni para que gastar el tiempo sigue vivita y coleando sin dejar color a la novela, ya hasta Sara Miquel se me hace fea y un royo su cínica compostura. Sigo viendo estos capitulos para recordar a la única novela o serie por capitulos que he prestado atención en muchos años 6 Hermana no quiero seguirla desde el principio... Fueron los dos actores principales de Acacias y su primera parte lo único que me ha gustado en la sobremesa de todas las cadena de televisiones en sobremesa. Gracias por ello y decirles que porque Roger Berruezo y Sheila Fariñas han desaparecido del mapa y no sabemos que pasó con ellos.

    15 oct 2016
  4. Noemi

    No puedo ver Acacias 38 desde el principio y Seis hermanas, se corta el audio y el video

    01 jun 2016
  5. Noemi

    Estoy viendo Acacias 38 desde el principio y a la vez Seis hermanas, pero hace unos días que no puedo verlas,ya que se corta el audio y el video. Les agradecería lo solucionen ya que son muy buenas series. Muchas gracias

    01 jun 2016
  6. Violeta

    2 historias de amor preciosas,German-Manuela y Pablo-Leonor. Buena serie, esta engachando

    10 may 2015
  7. conchy

    Muy buena serie Acacia 38

    10 may 2015