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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 160 - ver ahora
Transcripción completa

Tienes miedo, temes a Justo.

Le dijiste a madre que te mintió.

Estaba confusa.

Ya lo tengo claro. Quiero que os vayáis.

No quiero que Justo os encuentre aquí.

Las cuentas las lleva Leandro, ¿no? Hace años, ¿por?

No le dejes solo, ayúdale. Los hombres descuidan los detalles

y pierden de vista que se tiene que estar en todo.

Se tiene que comprobar las cosas una y cien veces.

Te haré caso. Gracias.

Pablo está preocupado por ti.

Pablo teme por demás.

Nada me sucede.

Él sospecha que...

...Justo te tiene amenazada.

Dice que en Briuesca... Lo pasado pasado.

Viene a cenar a mi casa un señor llamado Teodoro Aranda.

Y unos días después, aparece el plan Aranda que acabará con el barrio.

-Necesitaba a Aranda para entrar en política.

-¿Eso incluye un plan que acaba con nuestra forma de vida?

Nadie me moverá de aquí.

Si quieren sacarme, será con los pies por delante.

¡Acacias no se rinde! ¡Acacias no se rinde!

Me dejaste medio muerto en el bosque

a merced de las alimañas.

Así seré yo contigo.

Sin compasión.

Dime que no es verdad lo que me dicen en el banco.

¿Has hipotecado la sastrería?

¿Qué has hecho con el dinero?

-Sacar a Germán de la cárcel.

Hay que reconocer, Rosina, que el pueblo está contigo.

-Y más que lo harán cuando lleve a cabo mi idea.

Voy a escribir un sainete que explique los atropellos

de este tal Aranda con nuestro barrio.

El desnortado de Leandro.

Parece mentira que sea hijo mío y de su padre. Mentecato.

Me ha hipotecado la tienda.

¿La sastrería?

Le ha pagado la fianza a Germán.

¿Te lo puedes creer?

¡Pero será malnacido!

Si creemos que el plan se llevará a cabo,

venderemos nuestros pisos y locales al mejor postor.

Y si el plan fracasara,

quien compre ahora a bajo precio tendrá sus propiedades revalorizadas

en cuanto se sepa que el plan no se llevará a cabo.

Nos entendemos a la perfección, señor Guerra.

Aquí están las escrituras.

Asunto resuelto.

¿Trato hecho?

Trato hecho.

Apunten. -¡No!

¡No!

Don Maximiliano, tenga cuidado.

¡Aaah!

Vamos a llevarle al hospital.

Padre.

Voy con usted para que no vaya solo. -No.

Tú quédate y termina tu obra.

De cada contrato que el ayuntamiento haga para derruir la calle

y construir nuevos edificios nos llevamos una importante comisión.

-Estamos hablando de mucho dinero. -Más de lo que haya ganado nunca.

Eso significa que el plan sigue adelante caiga quien caiga.

He tenido que vender la sastrería. A Cayetana.

-No, no, madre.

Eso es imposible.

Y menos a esa endriaga.

-No nos ha quedado otra opción más que malvender

lo que ha sido toda nuestra vida.

¿Cómo está don Maximiliano? He oído que recibió un disparo.

-Está en el hospital, pero fuera de peligro.

-Lástima llegar a estos límites.

Para mí, el barrio no es lo mismo que para ustedes.

Es más, estamos pensando en mudarnos en cuanto comiencen las obras.

Te prestaré el dinero para que liquides con el banco.

Y tú, poco a poco, me vas devolviendo esa cantidad.

Temo que te marches lejos del barrio y que no pueda hacer nada por ti.

No puedes hacer nada por mí,

esté donde esté.

¿Es que acaso ya no me amas?

Te dije que no tenemos nada de que hablar.

Preocúpate de tus asuntos.

Y olvídame.

No haces nada por nadie.

Ni por los pobres desgraciados de El Hoyo, ni por tus propios vecinos.

Incluso Cayetana ayuda a los demás desinteresadamente.

Le ha comprado la sastrería a Susana.

Y todas las propiedades a Rosina.

Sé que estás adquiriendo todas la propiedades de Acacias que puedes.

Debe tener una explicación oculta.

¿Me acusas de algo?

Sé que no das puntadas sin hilo.

Si estás comprando es porque sabes que las propiedades se revalorizarán.

Sea lo que sea, no entiendo a qué viene tanto interés por esas cuitas

cuando tú ya me has vendido tu casa y por un buen dinero, te recuerdo.

No dices más que mentiras.

El único que se lo cree es tu doctor.

Él sí se lo creyó, él sí se creyó tu rechazo.

¿Nos has visto?

Pobre Manuela.

Qué sencillo va a resultar hacerte sufrir.

Sus golpes casi acaban con ella y con la criatura.

Hasta que una noche... No es preciso entrar en detalles.

Leonor merece saberlo. Temiendo por su criatura, Manuela se defendió

y le golpeó con un atizador. Pensó que lo había matado

y juntas huimos aterrorizadas en busca de una nueva oportunidad.

Hasta que un maldito día

Justo regresó a nuestras vidas de entre los muertos.

Defiéndeme en el juicio contra Cayetana.

Hay ciertos motivos personales que me generan dudas para hacerlo.

He de pensarlo con detenimiento. Lo entiendo.

¿Me permites hacerte una consulta legal?

Claro.

Si mis cuentas permanecen bloqueadas por orden judicial,

Cayetana no tiene acceso a ellas. Así es.

¿Y cómo está realizando importantes transacciones de dinero?

Lo ignoro, Germán.

¿Pensaste en mi oferta de comprar la chocolatería?

No he dejado de hacerlo.

Por muchas vueltas que le des, verás que solo hay

una respuesta posible. En eso estamos de acuerdo.

Un rotundo no.

No sé si el plan seguirá adelante.

Pero si hay algo de lo que estoy seguro es

de que mi madre nunca se la vendería a usted.

Podrías empezar por explicarme cómo llegó esta pulsera a tu alcoba.

Gracia precisa medicamentos.

Pensaba comprárselos con lo que sacara con la joya de esa seca.

-El fin no justifica los medios. Robar nunca es la solución.

No solo me ofendes a mí, Tano,

también a la justicia.

Esconderé tu delito por protegerte.

Pero debes poner de tu parte.

Los políticos no mantendrán los ojos cerrados ante nuestra desdicha.

Lograremos que el plan de urbanismo sea reconsiderado.

Madre, hágame caso.

-Pase lo que pase con ese plan, nuestro destino ya está escrito.

-¿Cómo no va a importar que nos expropien nuestras propiedades?

-Es que ya no son nuestras propiedades.

Se lo vendí todo a Cayetana.

-¿Qué?

¿Cómo ha podido hacer tal cosa? No me lo puedo creer.

¿Qué opina padre de tal venta?

-Lo que se dice opinar... entre poco y nada.

El plan sigue adelante.

¿Qué quiere decir? ¡Hable con claridad!

Ha sobornado a todos los que mostraron reparos a su idea.

Prácticamente, no queda nadie que se le oponga en el ayuntamiento.

¿Sabe qué, señor Guerra?

Este país funciona así.

Se puede comprar a todo el mundo, solo varía el precio.

Pero tendría que haberlo averiguado antes, ¡adelantarse a sus planes!

Las votaciones no tardarán,

pero poco podemos esperar de ellas tal y como pinta.

¿No te interesa saber lo que planeo contra Germán? Es un plan brillante.

Declararás contra él en el juicio que se celebrará.

Afirmarás que teníais una relación.

Y declararás ante el juez que era un hombre violento,

que se enojaba y te pegaba a la menor ocasión.

No.

No, por favor, no puedo hacerlo.

Creí que no te interesaba su destino.

No lo haré.

¿Quieres que la niña lo pague?

Entonces,... ¿harás lo que te pido o no?

Así me gusta.

A partir de ahora, acostúmbrate a ese sonido.

Cada vez que decidas oponerte a mi voluntad, lo escucharás de nuevo.

Muy a menudo.

¿A qué viene ese aspecto tan mohíno? Que una sonrisa ilumine tu rostro.

Se diría que no disfrutas de mi compañía.

Mejor.

Mucho mejor.

-A los buenos días.

¿Paseando con la fresca?

-Así es. -Aprovechen.

No sabemos por cuánto tiempo más podremos pasear por esta calle

antes de que el ayuntamiento lo derribe todo.

-Esta es la mía.

-¿Qué opina de ello? -La solución no es fácil.

Imagino que Urbanismo acabará tomando medidas y supongo que...

-Disculpen que les interrumpa.

¿Me permite que me lleve a su esposa un suspiro?

Hay un ingrediente en la receta de ayer que no logro recordar.

-Buenos días, doña Leonor. Claro.

Así no le aburrimos con nuestra conversación de caballeros.

Arriesgas demasiado, Leonor.

Va a sospechar. Es posible.

Pero es preciso que hablemos.

Manuela, lo sé todo.

Sé lo que pasó de verdad entre Justo y tú.

Pablo me lo contó.

¿Y qué te dijo exactamente?

Todo.

Su maltrato,

lo que pasó aquella fatídica noche,...

Creía que podía contar con su discreción.

Veo que me equivocaba.

Lo hizo por tu bien, para que viera la gravedad de la situación.

Y bien que lo he entendido.

No puedes enfrentarte tú sola a un hombre de tal calaña.

Precisas de ayuda.

Yo puedo hablar con Pablo y... No.

Si me aprecias, guardarás la discreción que mi hermano no tuvo.

Agradezco de corazón tus desvelos,

pero aunque creas que sabes todo, hay cosas que ignoras.

¿Cuáles?

¿Qué está ocurriendo, Manuela,

para que ni te atrevas a confiar en los tuyos?

No hay tiempo para explicaciones ahora.

Solo debes tener en mente que si no hago lo que Justo me mande,

no tendrá miramientos en hacer daño a quien quiero.

Canalla.

Pierde cuidado. Si me lo pides, guardaré silencio.

Hasta que hallemos una solución.

Te lo agradezco.

Preciso algo más de ti.

Lo que sea menester.

Es urgente que hable con Germán. ¿Podrás arreglarnos un encuentro?

A salvo de los ojos de Justo.

Quizá mi sainete nos brinde la ocasión.

Podrías escapar unos minutos de la vigilancia de tu esposo.

Se lo diré a Germán.

(JUSTO CARRASPEA)

No seas tacaña con el aguardiente, es el toque especial del suflé.

¿Habéis terminado? -Sí, sí, sí.

Agradecida, Manuela. A mi padre le encantará el postre.

-Pase buen día, doña Leonor.

-Buen día.

Padre, ¿puedo pasar una miaja?

Debo hablar con usted.

-Pasa, te lo ruego.

Asunto de enjundia ha de ser cuando te has vuelto tan educado.

-No está errado.

Lo es.

Yo robé la pulsera que Cayetana perdió.

-Lo peor es que no me sorprende.

Y quieres que te ayude a salir indemne del embrollo.

-Se equivoca. No será menester.

Madre se ofreció a hacerlo.

Ella esconderá mis faltas ante las señoras y no solo ante ellas.

Seguro que no iba a contarle nada,

con tal de protegerme y no disgustarle.

-No atisbo a comprenderte.

Si Celia no me lo iba a contar,

¿por qué me lo cuentas?

-Pues... porque no quiero más mentiras con ustedes.

Esto de la familia crea muchas fatigas.

Y uno no se siente bien cuando defrauda a los suyos.

-Me has sorprendido gratamente.

Tu actitud es un ejemplo.

-Pues si es así,

aplíquese el cuento y siga tal ejemplo.

No se ha comportado de ley con madre.

Se desembarazó de la casa a sus espaldas

y faltó a su promesa de ayudar a mis amigos.

-Tienes razón.

No hay excusa para mis faltas.

En la próxima reunión con Aranda, le hablaré de El Hoyo.

Te doy mi palabra.

-Agradecido.

Pero eso solo limpiaría uno de sus pecados.

Aún tendría que hablarle a madre sobre la casa.

-Eres implacable.

Tano,

estaba pensando que

no sé si conviene contárselo a Celia.

Se enfurecerá, se disgustará y no servirá de nada.

-Me dijo que lo hacía por el bien de la familia.

Si es así, madre lo entenderá.

Es muy lista.

-Me dijeron que los hijos se convierten en los mejores maestros.

Pero nunca pensé que con tanta celeridad.

Os quería agradecer a todos el esfuerzo que estáis realizando

por aprenderos el texto en tan poco tiempo.

-Sobre todo, a algunos que tardamos media hora en juntar dos letras.

-Muchas gracias a todos.

Y a Benjamín que, sin ser de la zona, ha venido a ayudarnos.

¿Está mejor de la voz?

-Mejor que...

(TOSIENDO) ...que nunca.

-No se preocupe, señorita.

Yo le preparo otra cataplasma de vinagre y ajo, ¿eh?,

y le queda la voz limpia como la de un ruiseñor.

-Lleva tantas cataplasmas de vinagre que apesta a gazpacho.

También quería agradecer a Paciencia, a Servando y a Fabiana,

por hacer los coros.

A Casilda y a Lolita, por dejarse la vista cosiendo.

Y, especialmente,

a Pablo, por ayudarme tanto.

-Bueno, es que

están las cosas como para no ayudar.

Aquí nos jugamos mucho.

-No caerá en un saco roto tanto esfuerzo.

Todos estamos haciendo lo que buenamente podemos y sabemos

para dejar atrás el plan del ayuntamiento.

Y aunque parezca difícil, podemos conseguirlo.

-¡Acacias no se rinde!

(TODOS) ¡Acacias no se rinde! ¡Acacias no se rinde!

-Escuchadme.

Ahora, desearía que todos nos cogiéramos de las manos

e hiciéramos un círculo para darnos suerte.

Tanto compañerismo tiene que dar sus frutos.

(LOS DEMÁS) ¡Sí!

¿Os parece si empezamos por el ensayo?

-Sí. -Vamos con la primera canción.

-Ponte ahí. -No...

No... ¿Cómo?

¿Cómo nos ponemos? -Os he preparado

este... -No, yo no...

-Yo me lo quedo de recuerdo.

-Yo lo tengo aquí. -Sí.

Y...

(LOS CUATRO) # Las Acacias, además de un árbol,

# son una calle.

# Ancha, luminosa

# y de muy buen talle.

# Por ella, sus vecinos pasean a gusto. #

(BENJAMÍN TOSE)

(LOS TRES) # No verás basura ni un solo arbusto. #

-Ay. ¡Uf!

-¿Dónde vas? ¿Qué te pasa? Vienes más colorada que un pimiento.

-Ay.

He subido corriendo los escalones de dos en dos.

-¿Y a qué vienen tamañas prisas?

-Para decirles lo que he escuchado.

Que dicen que la guardia...

Ay.

...va a prohibir las reuniones de más de cuatro.

-Anda.

-Ya nos hemos caído con todo el equipo.

-Pues mal arreglo tiene eso.

Ya con los actores llenamos el cupo.

-Ya. A no ser que... Benjamín cante él solo la obra, claro.

Como tiene la voz, no le veo yo para tanto lucimiento.

-¿Y qué hacemos con el público, lo pasamos de tres en tres?

-A mí los guardias no me dan miedo ninguno.

Si hay que dar mamporrazos, pues se dan.

Aquí está la Lolita que es más recia.

-Vamos a dejarnos de dudas.

Lo que vamos a hacer va a ser seguir con el ensayo.

-¿Para qué? No nos dejarán representar el sainete.

-La obra se representará como que yo me llamo Leonor.

Si nos rendimos, vamos a perder el barrio.

¡No vamos a amilanarnos! La haremos, les guste o no.

Se enterarán de cómo las gastamos en Acacias.

-Sí. -Venga.

-Vamos otra vez desde el principio.

Y...

(LOS CUATRO) # Las Acacias, además de un árbol,

# son una calle. #

Fíjate qué descuido.

Debajo de un mueble ha aparecido.

Es extraño. ¿Cómo ha podido acabar ahí?

Quién sabe.

La muchacha debió empujarlo sin querer al barrer.

Claro, eso debió pasar.

Lo importante es que ha aparecido.

Estaba tan apurada sabiendo que la perdiste en mi casa.

Estaba claro que fue un descuido mío.

Ni que tuvieras ladrones en casa.

En fin. No te entretengo más.

Acepta de nuevo mis disculpas por lo ocurrido.

Descuida, Celia.

Úrsula, venga, por favor.

Veo que la pulsera ha aparecido.

Así es. Y es una pena que no haya visto usted

cómo se deshacía de Celia en excusas defendiendo a su ladronzuelo.

Le ha faltado arrastrarse por el suelo.

Ese pillo no va a traerle más que disgustos.

No. Ya nos encargaremos de que así sea.

A Celia no le conviene un hijo de tal calaña, es demasiado pava.

En fin. Vamos a ocuparnos de cuitas de más enjundia.

Tráigame los vestidos que separé, debo escoger uno para el sainete.

Todos deben ver lo mucho que me desvivo por el barrio.

Aquí los tiene.

No, no, no.

Hoy tengo que estar increíble.

Muchos vecinos estarán viendo la obra de la Hidalguita.

Pobre Rosina.

Ella que quería como hija una muñeca de porcelana y le sale una bohemia.

No me extrañaría que acabara vistiendo pantalones y gorra.

Es tan hombruna esa joven.

Casi más que su antiguo marido.

No.

Se acabó la búsqueda, me pondré este sin duda.

Buena elección.

Está muy bella, señora.

Era el vestido favorito de Germán.

Cuando me lo vea puesto ese patán, recordará todo a lo que renunció.

Lo que nunca más tendrá en su desdichada vida.

Es una lástima que tenga que lucirlo en un evento tan vulgar

como una protesta de barrio. Me dan ganas de no asistir.

Bien sabe que no puede faltar.

Ha de estar usted allí

dejando que todo el mundo la vea.

Sí.

Ese maldito asmático de Aranda no tiene ni idea

del martirio por el que me hace pasar.

Pierda cuidado.

Me da que sabrá cómo hacérselo pagar.

No tardará en arrepentirse de haberse enfrentado a quien no debe.

Mi Ramón asegura que el sainete de hoy es una iniciativa a alabar,

pero que, al final, es más inútil que el pecho de una monja.

Los políticos son muy duros de oído a las desdichas del pueblo.

Celi.

No me estás echando cuentas.

No sé qué te pasa, pero desde que te encontré saliendo de donde Cayetana

estás descalentada perdida y muy siesa.

Algo te sucede.

-No, nada de enjundia.

Pierde cuidado.

Tan solo ando un poco distraída.

He de hablar contigo.

-Yo también.

-Pues

para tener algo que contaros no os decís ni pío.

-Trini. -¿Qué?

-Si nos disculpas.

-¿Eh?

Huy, no.

Disculpad a esta despistada.

Ahora mismo os dejo solos para que habléis de vuestras cuitas.

-Has de saber que esta mañana he recibido noticias

de un vecino de las tierras de mi madre.

Ofrece un precio más que justo por ellas.

Quiero que prepares los documentos precisos para su venta.

-Ya hablamos de este asunto.

El tema quedó zanjado.

-Para ti es posible, pero no para mí.

-Tú no lo entiendes. -El que no lo entiende eres tú.

Mi madre fue muy clara cuando me cedió esta propiedad.

Quería que tuviera autonomía sobre ella.

Y tú aceptaste sus condiciones.

-Las cosas han cambiado. -No.

Solo ha cambiado tu opinión.

Donde dijiste digo ahora dices diego.

Quiero desprenderme de ellas para ayudar a Tano.

Y tú no puedes ni debes impedírmelo. -Ahora no puedes venderlas.

-¿Por qué? -¡Porque nos quedaríamos sin nada!

-¿Qué estás diciendo?

-Celia, quería contártelo.

He vendido nuestra casa a Cayetana.

-¿Que has hecho qué?

¿Se la has vendido por cuatro reales como esos desesperados?

-No. El precio fue razonable para ambas partes.

Llegamos a un acuerdo antes de que se supiese la existencia de ese plan.

-¿Antes de que se supiese?

¿Cuándo fue el acuerdo?

-Qué importa eso. -Sí importa.

Importa que me hayas mentido todo este tiempo,

que me lo hayas estado ocultando,

que hayas tomado tal determinación a mis espaldas.

-Lo siento, Celia.

Tenía que aprovechar la oportunidad. -¿Oportunidad?

No puedo comprender qué motivos te llevaron a semejante locura.

No dejas de repetirme que no me fíe de la gente.

Y mientras, tú te estabas riendo en mi propia cara.

-Celia, escúchame. Yo... -No.

Con tu sola presencia conviertes la chocolatería en un museo.

Ni el Prado tiene obras de arte que te igualen.

-¿Aún tienes humores para requiebros?

-Si tú eres la destinataria, los tendré hasta el último aliento.

Dime, ¿qué deseas?

-Pues ver tu palmito no, desde luego.

Venía a hacer la faena.

-Te lo agradezco, pero ya no es menester.

Martita ha vuelto. Con ella tengo suficiente para atender el negocio.

Además, que

estas manos no están hechas para servir chocolate.

-Como quieras.

Si precisas de mi ayuda, ya sabes dónde encontrarme.

-Pero... ¿para cualquier cosa?

-No seas atrevido, gaznápiro.

Antes parecías preocupado y ahora soltándole barbaridades a una dama.

¿Ya no te amuela tu encuentro con Cayetana?

-Pues sí.

Claro, todavía me preocupa.

-No es de extrañar.

Es una locura enfrentarse a los deseos de esa mujer.

Quizá estés a tiempo de desdecirte y vender la chocolatería.

-Que espere sentada.

-¿Persistes en tu empeño?

Ten en cuenta que no solo has de temer sus represalias.

Si tiran el barrio, que es lo que parece,

perderéis una fortuna.

-Esa y no otra es mi preocupación.

Pero sé que hice lo que debía.

Y si lo perdemos todo, al menos mantendremos la dignidad.

-Poco vale eso sin un real en el bolsillo.

-Sé que no lo dices de corazón.

No le pienso entregar el esfuerzo de mis antepasados,

de mi padre y de mi madre, porque venga a intimidarnos.

Ella es la que menos lo merece después de cómo se ha portado.

Te piensas que estoy loco, ¿no?

-Sí, y también que eres la persona más valiente que conozco.

Tu madre no se equivocaba contigo.

Has demostrado ser maduro y responsables.

-Parece que

que lo dices con admiración.

-No, más bien con sorpresa.

-¿Sabes qué?

Tengo el pálpito de que todo saldrá bien,

de que el barrio acabará por salvarse.

-Dios te oiga.

Ya me he hecho a la idea de mudarme.

Echaré de menos estas calles.

-¿Solamente estas calles?

-Acabáramos.

¿Te has creído que todo el campo es orégano?

Cuidadito, no estás hablando con una de tus mujerzuelas.

Se te da la mano y coges el pie.

(TOSE)

Querido amigo, todo marcha como planeábamos.

-Menos su salud, me temo.

-Así es, pero no hay de qué inquietarse.

Cuando todo esto acabe, tomaré un merecido descanso

y mi resentido cuerpo lo agradecerá.

-¿Podemos estar tranquilos?

¿Superó todos los obstáculos que había en el ayuntamiento?

-Le dije que sí.

El plan de urbanismo muy pronto será una realidad.

-No sabe cómo me place oír eso.

-Gracias.

Pues más le placerá esto.

Considérelo el primer pago por su fe en el proyecto.

Lo que le corresponde por las primeras concesiones.

Le dije que nos haríamos de oro.

Ahora, no debe dormirse en los laureles.

Debe allanar el terreno legal

para que edifiquen entre las ruinas de lo que una vez fue este barrio.

-Enseguida me pondré a la labor.

Le estoy agradecido por la confianza depositada.

No le defraudaré.

Ha cumplido con todo lo pactado y antes de lo previsto.

-Aprenda la lección, yo siempre cumplo mi palabra.

Por eso no me gusta que me pongan en duda.

Si quiere

que esta asociación perdure, no lo vuelva a hacer.

No olvide que manejo a mi antojo

a todos los políticos de esta ciudad.

-No encuentro motivos para esperar a iniciar nuestro siguiente proyecto.

-Este es el espíritu.

No hemos hecho nada más que empezar

y ya está madurando su nuevo negocio.

Dígame,

¿en qué ha pensado?

-En la barriada de El Hoyo.

-¿Qué beneficios sacaríamos de ese nido de ratas?

-Creo que hay varios planes de saneamiento

que han sido pospuestos por el ayuntamiento.

-¿Y le extraña el motivo? No hay dinero en tales operaciones.

-¿Cómo que no?

¿No serían precisas empresas para llevar agua

e instalar el alcantarillado?

Empresas que pagarían gustosas comisiones

por ser ellas las elegidas.

-Empieza a hablar el lenguaje que mejor comprendo.

-Solo necesitamos a alguien con la suficiente mano

para que el plan de saneamiento se aprobara.

Alguien que ganaría mucho dinero y quedaría como un héroe

por intentar mejorar una de las zonas más pobres de la ciudad.

Y creo que usted y yo sabemos quién es ese hombre.

-Cuente con ello.

La reforma de El Hoyo será mi próximo proyecto.

Si es que esta maldita enfermedad me da un suspiro.

Leonor.

-Padre.

Por fin está de regreso.

¿Cómo se encuentra?

¿Tendrá que llevar mucho tiempo el vendaje?

-Sí, hija, yo también me alegro de volver.

-Le he preguntado por el vendaje. -No, hija.

La comida del hospital no era buena, pero no era forraje.

-Ay, madre, ¿seguro que está bien? -Pues sí, mira.

Me gustaría gustoso un tentempié.

-No te inquietes, solo quedó algo sordo por el disparo.

-Pero ¿qué falacia es esa, mujer?

Que yo no estoy gordo.

-Será mejor que le hables por este oído, te escuchará mejor.

-¡¿Cómo se encuentra, padre?!

-Pero, niña, ¿a qué vienen esos gritos?

¿Pretendes dejarme sordo?

No hay ningún problema, no debes preocuparte, solo fue un susto.

-Los médicos te recomendaron reposo, por lo de tus vértigos.

-Ni todos los doctores me impedirán acudir hoy a ver tu sainete.

-Los médicos puede que no, pero tu esposa seguro que sí.

-Esperen que se pueda llevar a cabo la representación.

Los guardias quieren impedirlo. -¿Eh?

Me desagrada oírlo.

-Para una cosa que escuchas, tenía que ser eso.

-Pero nuestro propósito está corriendo como la pólvora.

Todos los vecinos están al corriente y los periodistas fueron convocados.

Tendremos que esperar y aprovechar un despiste de las autoridades

para poder representar el sainete.

Pero de forma improvisada, sin escenario.

-Quiera Dios que no tengas problemas.

Con que disparasen a uno de la familia es suficiente.

-Hija, estoy muy orgulloso de ti.

Todos debemos arremangarnos para acabar con ese maldito plan.

Nuestros bienes están en juego.

-Tú ya te has arremangado.

Ahora, te toca guardar reposo.

Lo que está en juego es tu salud.

-¿Qué?

Ay.

Hay que ver qué buena mano se dan las zagalas con la aguja y el hilo.

Bien guapo que estás de tal facha.

¿Y no dices nada tú?

¿Ni un mísero requiebro merezco?

-Mereces uno y mil.

Que un ángel del cielo parece que ha caído.

Es que no estoy con ánimo para nada.

-Sí que tienes cuerpo de sainete.

-Más que de sainete, de tragedia de tomo y lomo.

¿No ves que he fracasado? -¿Qué?

-No contestaron a mi invitación. La alcaldesa no vendrá.

Una oriunda de Naveros del Río.

-Pero bien que te has forzado en lograrlo.

Y lo importante es la intención.

-De buenas intenciones está el infierno lleno.

Todos han puesto su granito de arena menos un servidor.

-Pero bueno, no te tortures por eso, Servando.

No es asunto de enjundia si sale bien.

-¿Y si no es así?

¿Y si derruyen los edificios y no he podido hacer nada para evitarlo?

-Calla, no tientes la suerte.

-¿Y qué será de nosotros si nos echan?

¿Adónde iremos? Porque aquí

tenemos... nuestro hogar,

nuestros amigos, nuestra vida.

-Sí.

Pero yo ni planteármelo quiero.

Y menos ahora.

Si lo hago, las lágrimas me echarán a perder los aceites.

-Ya.

Muy buenas. ¿Puedo ayudarla en algo? -Buenos días.

Estoy buscando a Servando Gallo.

Soy Josefina de la Vera.

-Ah, ya. Pues encantado.

Aquí tiene a Servando para servirle en lo que sea menester.

Pero disculpe, ahora mismo no caigo quién es usted.

-Soy la esposa del alcalde.

Su carta me llegó al corazón.

-Vaya, pues...

...pues cuánto me alegra

tenerla aquí.

Sí.

Es un honor para nosotros que haya podido venir

a nuestra representación.

Si le parece, puede...

...puede esperar en la chocolatería hasta que empiece, le acompaño.

-Gracias.

-¡Lo logré! ¡Lo logré, Paciencia!

¡Lo logré!

Para que luego duden por ahí de mí alguno.

-Empezando por ti mismo. ¿Ves como no hay que perder la esperanza?

-No. Es vital que haya venido.

Si la convence, tendremos al regidor de nuestra parte.

Todos saben quién lleva los pantalones en casa,

por muy alcalde que sea.

-Oye, curiosa que es una.

¿Qué diantres le pusiste en la nota

que te escribió Leonor para convencer a la alcaldesa

de tal forma? -Nada. Una tontada, pues...

...pues lo que estamos pasando por aquí,

mis sentimientos y lo que significa este barrio y estas gentes para mí.

Me lo aprendí de memoria.

-¿A qué esperas para recitármelo de pe a pa?

-Pues era...

...era algo así como:

"Estimada alcaldesa,

mi nombre es Servando Gallo,

soy portero de una finca sita en la calle Acacias 38".

"Seguramente, no le dirá nada esta dirección

y quizá tampoco sepa que el ayuntamiento piensa derruir

todos los edificios de este barrio,

pero para nosotros esta calle es muy importante,

porque aquí... hemos tenido nuestros momentos felices

y otros momentos... no tanto".

"Aquí hemos hecho amigos

y hemos perdido por el camino a otros cuantos".

"Aquí hemos reído, hemos llorado,

hemos amado".

"Quizá pueda construir edificios de más postín y enjundia que el nuestro,

pero por el camino se perderá algo muy importante,

a nosotros,

a sus vecinos y... y, con ellos,

sus esperanzas y sus recuerdos".

Ponía: "Perdone mi torpeza, pero entenderá mejor mis sentimientos

si mañana por la tarde acude al sainete que vamos a representar

en la plaza de nuestro barrio".

"Allí entenderá mejor

nuestra situación

y lo que un humilde portero puede hacer por su barrio".

"Firmado:"

"Servando Gallo".

-Ay, Servando.

Qué piquito de oro me tienes.

¿Y el señor?

¿Se encuentra en casa?

-Está en su despacho.

Ha estado hablando con el hombre este que respira como tísico.

-Se trata del arquitecto Aranda.

Y no es tísico, padece de asma. -Llámelo como quiera,

pero el perro de mi abuelo respiraba igual y pronto entregó la pelleja.

-Qué cosas tienes, Lolita.

¿Y marchó hace mucho?

-Apenas unos minutos.

El señor preguntó por usted.

-No te preocupes, le haré saber que he llegado.

-Señora, ¿da su permiso para que me ausente?

El sainete va a empezar y me ocupo de los ropajes con Casilda.

-Sí, sí.

Corre a prepararte, no te retrases por nuestra culpa.

Cualquier intento de salvar nuestro barrio es poco.

Ya estoy en casa.

¿Querías verme?

-Por fin.

Hay algo de enjundia que quiero contarte.

-¿Has decidido vender algo más a mis espaldas?

-Escúchame, mujer.

Cuando lo oigas, me verás con otros ojos.

-Permíteme que lo dude.

Me costará mucho perdonarte por lo que has hecho.

-Quizá esto ayude a que empieces a hacerlo.

Conseguí llamar la atención de Aranda sobre El Hoyo.

Me aseguró que tomará cartas en el asunto.

-¿Es eso cierto

o intentas que no venda mis tierras? -Celia,

te juro que puedes confiar en mi palabra.

He aprendido la lección.

No volveré a engañarte ni a ocultarte nada.

-Pero eso es maravilloso.

¿Y cuándo van a empezar? -Templa, templa.

Las cosas de palacio van despacio.

Primero debe aceptarlo el ayuntamiento.

Pero con la ayuda de Aranda lo conseguiremos.

Espera.

Toma.

Es un dinero que Aranda me prometió por una asesoría que me encargó.

Te servirá para tapar agujeros en El Hoyo

antes de que llegue la ayuda.

-Servirá para eso y mucho más.

Estoy deseando decírselo a Tano.

-Venga, vamos.

No demores. Está en su habitación.

-Felipe.

¿Esa asesoría del ayuntamiento de la que hablas

tiene que ver con el plan urbanístico que amenaza nuestra calle?

-No.

Claro que no.

-Mucho has tardado en contestar.

Has asegurado que no volverías a mentirme.

-Celia,

no olvido mis promesas con tanta celeridad.

No tengo nada que ver con ese asunto.

¿Cómo puedes pensar eso de mí?

-Está bien.

Perdona mis dudas.

Voy a ver si Tano está en su cuarto.

Tiene que explicarle que vendió nuestras propiedades a Cayetana,

por dos reales, sin tardar ni un segundo más.

-¿Por qué la prisa? Las urgencias no son buenas.

-Las mentiras solo traen más mentiras.

-Las verdades me pueden meter en un buen embrollo.

-Haberlo pensado antes de actuar sin consultárselo a nadie.

¿No se da cuenta de que esto le puede explotar en el rostro?

Mucha gente está al tanto de su trato con Cayetana.

¿Y si padre se entera por otro? -Dios no lo quiera.

-Ya sabe cómo evitarlo.

-Decírselo se lo voy a decir, pero no hoy.

-¿No ha escuchado lo que le he dicho? -Sí.

Pero ahora escúchame tú.

Acaba de ser dado de alta, debe guardar reposo.

Su corazón no está a prueba de bombas.

Y esta noticia es de las gordas.

¿Quieres que lo mate con tanta sinceridad?

-Usted verá, pero cuanto más tarde mucho peor.

-Ay, calla, ahí viene.

Pero ¿qué haces? ¿No te puedo dejar solo?

Te dije que no te levantaras.

-Tan solo deseaba que me diera el aire.

-Los médicos te recomendaron reposo.

-Ah, y también que me alimentara en condiciones.

Y qué mejor que merendar un buen chocolate.

¿Has visto, Leonor?

Se acerca la hora de la representación.

-Sí.

-Se nota la expectación en el ambiente.

-Así lo espero, padre.

Pero antes que nada, madre tiene que comentarle algo de enjundia.

Padre está esperando.

-Sí. Verás. Pues...

Bueno,...

-Te explicas como un libro abierto.

Luego diréis que no os entiendo porque me estoy quedando sordo.

-¿Este de las gafas no es un periodista de relumbrón,

de esos que van a la corte? Mira.

-Pues...

...sí que me resulta familiar.

Corre, hija, a ver si te está buscando

para que le informes de nuestra protesta.

-Pierde cuidado, yo le pongo al día. -Eso.

-Bueno, ¿qué era eso que querías contarme?

-Eh... Que te olvides de ver la representación,

que el chocolate te lo tomas en casa. -Cuidado.

Pero ¿no era un asunto de enjundia?

-Sí, pues que el chocolate va a ser con picatostes.

-¿Qué? -¡Con picatostes!

Por favor, escriban unas buenas crónicas en su periódico.

Todo el mundo debe saber lo que está pasando en esta calle.

Es muy muy importante.

-Desgraciados.

Creen que derrotarán al ayuntamiento con un teatrillo.

Lo mismo les hacen caso.

Qué sabrás tú de política.

Qué gentuza vive en este barrio.

No es de extrañar que quieran tirarlo.

Ay, querida, has venido.

Mira, está la prensa para hacerse eco de lo que acontece en el barrio.

Ay, ojalá se produzca el milagro.

Eso espero. Por lo que se ve, Lázaro debe estar por resucitar.

-Ha venido menos gente de la esperada.

Es comprensible tras lo ocurrido estos días.

Mucha gente está atemorizada. -Ay.

Parece que la representación va a empezar.

Qué nervios.

-Ya veremos cómo se lo toman los guardias.

Están ojo avizor y muy bien armados.

(TOSE)

Muchos arrestos hay que tener para venir hoy.

Aquel de allí es Aranda.

Señor Aranda, qué gusto verle por aquí.

¿Ha venido a inspeccionar in situ cómo va su plan?

¿Dónde va con tanta prisa?

Mírelos.

Mírelos a la cara.

Ellos viven en las casas que va a tirar.

Viven aquí desde que tienen uso de razón.

Sus padres y abuelos construyeron esta calle con sus manos.

Siento que estén tan apegados a estos edificios.

Pero el progreso es algo que nadie puede detener

por mucho que se empeñe. ¿El progreso o el dinero?

Me barrunto que alguien se embolsará mucho dinero

con estos movimientos. No me extrañaría que fuera usted.

Tenga cuidado con sus acusaciones si no quiere acabar en el juzgado.

Con Dios.

-¡Sinvergüenza, ladrón! ¡No nos tirará nuestras casas!

-Muy bien hecho, le ha puesto los puntos sobre las íes.

Solo estaba empezando.

-Le felicito por su coraje.

Manuela quiere hablarle.

Espérela en la calle de los Jardines del Príncipe.

Agradecido, Leonor.

¿Podemos empezar ya?

Ya puedes dar señal.

(LOS TRES) ¡Sinvergüenzas, ladrones!

¡Acacias no se rinde!

¡Sinvergüenzas, ladrones!

¡Sinvergüenzas!

-¡Deténganse!

-¡Alto! -¡Deténganse!

(CARRASPEA)

¡Señoras y señores, la función va a comenzar!

-¡Ay!

-Muy bien. -(APLAUDEN)

-¡Bravo! -¡Bravo!

-¡Bravo!

-¡Muy bien!

-¡Bravo!

-(CARRASPEA)

Dicen que el ayuntamiento tiene hambre y necesita comer.

-Jamás oí tal disparate.

¿Y qué es lo que come un ayuntamiento?

-Manzanas.

-(RÍEN) -¿Manzanas?

Todas las de la calle Acacias se quiere zampar

el muy desaborío.

Después de la digestión,

lo convierte en oro.

Y hay muchos mangantes que están esperando

a que lo suelte.

-(RÍE)

Dicen que un tal Aranda

¡es el primero!

-(RÍEN)

-¿Y la calle no dice nada?

-Escucha, que te lo voy a contar.

(Música)

(RÍEN)

# (AMBOS) Las acacias, además de un árbol,

# son una calle.

# Ancha, soleada

# y de muy buen talle.

# (AMBAS) En ella sus vecinos pasean a gusto.

# No verás basura ni un solo arbusto.

# -En la sastrería,

# doña Susana

# cose vestidos de muy buena gana.

# Enfrente tenemos La Deliciosa,

# de allí sale contenta

# la más golosa.

# (TODOS) En esta calle hay monumentos... #

-Tiene su gracia, y muy pegadiza la música.

-Dígamelo a mí, que hasta salgo en la canción.

# (TODOS) Aquí, en la iglesia, yace un tal don Lolo.

# Por lo que dicen, fue un gran poeta

# que hizo sus versos a nuestras glorietas. #

Tengo que ausentarme, necesito ir al baño.

-¿No puedes esperar?

Solo será un momento.

# (TODOS) Soleada y de muy buen talle.

# Por ella sus vecinos pasean a gusto.

# No verás basura ni un solo arbusto.

# No verás basura ni un solo arbusto.

# No verás basura

# ni un solo arbusto. #

-(APLAUDEN) ¡Bravo!

-¡Bravo, bravo!

-Bravo.

-¡Bravo, bravo! -Muy bien.

-Muy bien.

¡Bravo!

No sabes cuánto he deseado este momento.

Lo anhelaba. Apenas tenemos tiempo.

Necesito escuchar que mentías al pedirme que me olvidara de ti.

Dime que todo es fingido.

Por eso querías verme,¿no? No, Germán.

No te he pedido que vinieras para tal cosa.

Estoy con Justo y lo nuestro

quedó en el pasado. No mientas.

Sé que esos rechazos son fingidos.

Lo que hay entre nosotros es mucho más fuerte.

No se puede dejar de amar. Lo nuestro terminó

y nunca podremos estar juntos.

Escúchame sin preguntas,

debo decirte algo de mucha enjundia y no tenemos tiempo.

Tienes que huir.

Por tierra de por medio. No puedo.

No puedo, necesito demostrar mi inocencia.

No lo conseguirás.

Vete lejos.

Aún puedes salvarte si te fugas.

No puedo irme, ¿no lo entiendes?

Lo único que me importa

eres tú.

Yo ya estoy perdida.

Pero tú estás a tiempo, aléjate de Acacias, aléjate de mí.

Ganaré, demostraré la verdad sobre Cayetana.

Será como antes. No tienes ninguna oportunidad.

Cayetana usará sus influencias.

Si aún me quieres, huye, sálvate.

Si no lo haces, pasarás el resto de tus días en presidio o algo peor.

Ya no solo es Cayetana,

también es mi esposo.

Normal que me tenga inquina.

Sabe que te amo.

Normal o no, debes irte.

(PASOS)

Pensé que se trataba de Justo, no puedo quedarme.

Me voy.

¡Muy bien!

¡Muy bien!

(Música)

# -Por todas estas cosas

# y otras más que os cuento,

# queremos que Acacias

# siga igual por el momento.

# Aranda,

busca el dinero por otro lado.

# O ponte a trabajar como está mandado.

# (TODOS) Aranda,

busca el dinero por otro lado. #

-Has tardado mucho.

Lo siento, me he entretenido con Martita.

# (TODOS) No se derriba, aquí seguiremos toda la vida.

# Acacias nos gusta, es lo mejor, ni Aranda nos saca con un batallón.

# Es lo mejor, no nos saca con un batallón. #

(Aplausos)

-¡Bravo, bravo!

Bravo, bravo.

-Bravo.

-Esperemos que haya sido de su agrado, que les haya entretenido

y que sirva para despertar las conciencias.

Ojalá que nuestras canciones lleguen a todos lados

y que las voces... -A casa, no nos obliguen a cargar.

-Continúa, tenemos que terminar.

-Ojalá que nuestras voces lleguen a todos lados

y sirvan para que las autoridades

escuchen a los vecinos

y reconsideren sus planes.

-Detengan la representación.

Vamos a cargar. -¿Por qué?

No lo entiendo.

(TOSE)

(RESPIRA CON DIFICULTAD)

(SE ASFIXIA)

Soy el portero de esta finca y... -Servando, cuidado.

-Detengan la interpretación, vamos a cargar.

-No hacemos nada ilegal.

-Si ha sido de su agrado, ha terminado.

-¡Vamos a cargar!

-Muchas gracias a todos por haber participado.

No se olviden de explicar lo que han visto, es muy importante

que todo el mundo sepa lo que pasa.

-¡Bravo, hija, bravo!

-Desalojen la plaza, ¡circulen!

Es una orden.

-Pablo.

Cuidado, vamos.

-Hija, vete, vete.

-Apártese.

-Vamos, vamos.

Ya lo hemos hecho.

-Casilda.

-¡Dispérsense!

(SE ASFIXIA)

Tengo que reconocer que me he entretenido.

(SE ASFIXIA)

Vaya cara. -¿Se le ha aparecido un ánima?

-Aranda ha muerto.

-¿Qué?

¿Aranda ha fallecido?

Y, con su muerte,

el plan se paraliza.

¡Claro!

Es una lamentable paradoja,

pero Acacias se libra de la demolición.

-¿Parar? -La lucha ha merecido la pena.

Los indecentes nos arrinconan.

No puedes dejar de luchar.

Tienes que recuperar el local.

Este negocio es de tu familia

y Cayetana lo consiguió con artimañas.

No, Germán, lo consiguió apelando al miedo y a la codicia de mi madre.

Tu esposa era la serpiente y mi madre mordió la manzana.

Cayetana vencerá.

Como siempre.

Dáselo a Germán.

Van informaciones sobre su proceso, que nadie lo vea.

Descuida, en mano se lo he de dar.

Que preste atención a su defensa, que no confíe en nadie.

Yo se lo diré, pero a fe que lo ha de saber.

Germán es un hombre bueno e inteligente.

Gracias, Leonor.

Descuida, píde...

No sabe callarse. ¿Tiene que ser tan impertinente?

-Jovencita, te recuerdo que estoy en mi casa.

-Venga, que no llegue la sangre al río, no discutáis las dos.

-Venga, que no llegue la sangre al río, no discutáis las dos.

Un poco de respeto, María Luisa.

-Pues que se lo gane.

Si mi madre viera a su sustituta. -¡María Luisa!

-No le he dicho nada para que se pusiera así.

-Hoy es el día. -¿Eh?

-El aniversario de la muerte de Lourdes.

-¿Qué?

¿Leonor Hidalgo?

-Sí, soy yo. -Perdone que me presente.

Un vecino me dijo que vio aquí, soy Florencio Ramírez.

-¿El periodista?

-Me conoce.

-Leo todos sus artículos, sus entrevistas, sus columnas.

He leído la crítica del sainete.

-Muy divertido.

Pasé un buen rato. He venido para entrevistarla.

Tú sigue así,

con las clases bajas y dando entrevistas.

¿No vas a ayudar a tu familia?

¿Vas a dejar abandonada a tu madre? -No.

Por supuesto que no.

Ni lo he hecho. -¿Conocías a doña Lourdes?

-Pues claro.

Trabajaba en casa de doña Cayetana,

pero me la encontraba en la calle.

Era admiración

la que causaba en el barrio.

Todas la veneraban.

-Mucho opinas para no conocerla de nada.

Ella solo confiaba en Regina.

-Bueno, si tu padre la eligió, tendría grandes virtudes.

-Sí, pero mi padre no siempre acierta.

A la vista está que no siempre tiene ojo.

Ahí está tu hermano.

Otro que quiere picar alto.

Espera un momento.

Ahora lo entiendo, por eso su amabilidad, sus visitas...

Están juntos.

¿Cómo van a estar juntos?

Ella es una señorita y mi hermano es un mozo.

Como tú y yo, la partera y el señor.

Sabía lo que Aranda quería y me quise aprovechar.

Vendí nuestro piso a Cayetana

porque pensaba que su valor caería.

Le puse buen precio para que aceptara.

-¿Qué? -No me digas nada.

Suficiente badulaque me siento. -hombres.

Os pensáis que las mujeres somos una presa fácil.

No somos magdalenas de la misma hornada, algunas salen más duras.

Cayetana es de hierro.

-Para mí ha sido un desastre

que se pare. Con lo que luchaste.

Antes de llegar al acuerdo contigo.

Acuerdo que celebraste con alegría.

Nunca me lo agradecerás lo suficiente.

Al menos

hasta que me pagues. De eso quería hablar.

Si se reactivara el plan...

¿Reactivar? Iría contra mis intereses.

Pero el mío es un negocio ruinoso ahora.

Así es el mundo de los negocios, se parece al del juego:

a veces se gana y a veces se pierde.

He pensado: "¿A quién beneficia esto?".

¿Me acusas de algo?

Causas naturales, dice el periódico.

Cuidado, porque contigo no tengo ni para empezar.

No sé cómo lo has hecho, pero quiero mi piso.

Si me hicieras un favor, tal vez podría vendértelo.

¿Un favor?

  • Capítulo 160

Acacias 38 - Capítulo 160

20 nov 2015

El ensayo del sainete es interrumpido por la noticia de que la guardia podría evitar la representación. Maximiliano regresa a Acacias para ver el sainete de Leonor. Leonor insta a Rosina a decirle la verdad a Maximiliano, pero Rosina es incapaz. Presionado por Tano, Felipe se sincera con Celia: ha vendido la casa. Ella no puede soportar tal engaño.

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