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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 16 - Ver ahora
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¡Germán!

¿Dónde te encuentras?

Esta niña va a acabar conmigo.

Te estaba buscando.

¿Dónde está la criada? No lo sé.

Seguro que está holgazaneando.

¡Ah! ¡Madre! -¡No voy a tolerar estos desatinos!

Debes pensar en el bien de la familia.

Ni máquina ni Pablo ni salir de casa.

¡Encerrada vas a estar hasta que entres en razón y punto redondo!

Deje de llorar, Leonor.

Deje de llorar, señorita.

Haré lo que pueda para que le vea.

Mañana a las nueve

en el quiosco.

Sus palabras se las va a tragar mi madre.

¿Y si no es así?

¿Y si no permiten que estemos juntos?

Si no te aceptan,

otro lugar encontraremos para vivir.

Tómate tu tiempo, para una vez que tomas un baño, no tengas prisa.

Es muy amable conmigo.

¿Dónde está tu mamá, chiquitín?

-¿Me ha llamado?

¿Está usted bien?

-Me encuentro bien.

Llaman a la puerta

Yo abriré. "Méndez,"

no esperaba tu visita.

No vengo a verte como amigo, sino como policía.

Recogiendo estoy el testimonio de los implicados.

Tu criada estaba en el atentado. Llámala.

Quizá vio algo, son cotillas por naturaleza.

Algo podrá decirte.

Fisgan, pero no saben explicar lo que ven.

Eso cuando declaran. No será el caso.

Es mujer de pesquis.

Quizá se percató de detalles que los demás no.

Hablaré con ella.

La buscaré.

Manuela.

-La policía está en el edificio. Lo sé, debo huir.

Si huyes, saldrán todos tras de ti y no tardarán en sorprenderte.

Simula calma.

Manuela,

menos mal que te alcanzo, Méndez quiere verte.

Debo ir al colmado a comprar harina.

Faltan horas para que cierren.

Es mejor que vaya rauda.

¿Tienes algún inconveniente en hablar?

No, ninguno.

Bien.

Me dicen que asististe al atentado y me gustaría conocer lo que viste.

Claro, lo que usted mande aunque apenas vi nada.

Antes déjame ver tu cédula.

Mi cédula.

Sí, tu identificación.

Tus papeles.

Pensé que serías más sagaz. Sí.

Mi cédula.

No me hagas perder más el tiempo.

Manuela, pero ¿la llevas encima?

No, claro, estará en el altillo, ahora vengo

y disculpe, señor inspector.

Muy aturullada para ser buena observadora.

Suele ser ponderada.

Debe alterarle tu cargo.

Puede.

Es absurdo que no pueda salir.

No soy una monja de clausura.

-Ya podrías serlo, ese punto está mal cogido.

-No me interesa el punto de cruz, me irrita.

-Debes aprender a hacerlo o sería un fracaso para mí.

-¿Y este es el éxito? ¿Bordar flores?

¿Es eso lo que quiere que yo haga?

-Eso y dar hijos al que sea tu esposo.

Lo que hacemos las mujeres. -Pues no será ese mi futuro.

Le he dicho mis intenciones y voy a lograrlo me encierre en casa

o me obligue a bordar un jardín botánico.

-Me vas a matar. ¿Tus intenciones? ¿Así llamas a relacionarte

con el mancebo de una sastrería?

¿A ser escritora? -Sí.

-De eso nada. No voy a permitir que mi única hija despeñe su vida.

-¿Es mejor la que usted propone para mí? Bordar y casarme con un pazguato.

-Un pazguato con cuartos, un plan mucho mejor.

-Pues a mí no me lo parece.

-Con obedecer has cumplido tu parte.

Estamos en la miseria.

Puerta abierta

-¿Bordando?

No sabía que ahora te gustara.

-Y no me gusta, padre.

Obligada lo hago.

-Como si una solo hiciera lo que le gusta.

¡Saldrás de esta casa sabiendo llevar a una familia!

Iré a la cocina.

-¿Qué os sucede a tu madre y a ti?

-¿Qué ha de suceder?

Lo de siempre.

-Ni por asomo pienses que me lo puedes ocultar.

Hace días estáis ambas resentidas.

-No se altere, padre.

Debe recobrar la salud a mayor brevedad.

Iré a la cocina. -Tú no vas a ningún sitio.

Siéntate y dime qué os pasa a las dos.

No puedes esperar a que suban. ¿Y qué hago, madre?

Inventa una excusa y no me incrimines.

Mucho tarda esa joven.

¿No sería mejor esperarla en el salón con un Jerez?

Prefiero no moverme.

Algo me escama de esa moza.

Cuando la policía pide los papeles a alguien, este se altera

y más si es humilde.

No si no tiene nada que temer.

¿Viste sus recomendaciones?

La conocí trabajando en esta misma finca.

Es una mujer de carácter y ternura con mi hija. Era innecesario.

Bajará, mostrará sus papeles

y se verá que cualquier sospecha es infundada.

Ya veremos.

Por fin regresas.

Los papeles.

El caso es que los he extraviado.

Debes buscar bien.

Acompáñame al cuartelillo. Espera.

Tan solo se trata de una cédula extraviada, no un crimen confeso.

Esta moza estaba presente

en un atentado anarquista

y no tiene papeles, lo siento, debe acompañarme.

Perdonen las molestias.

Te dejaste esto olvidado

en la sastrería cuando recogiste el traje de don Germán.

Qué cabeza.

Dispense mi falta, señor inspector.

Parece que todo está en orden.

Ahora me contarás lo que viste.

Será mejor que lo hagamos en el salón.

Manuela, acompaña al inspector. Ahora voy.

Espera, Pablo.

¿Qué traje mío recogió Manuela?

No recuerdo haber encargado ninguno.

Uno al que había que asegurar los botones.

Ya.

Miraré cuál es.

¿Y tu madre te vio con ese joven?

No es extraño que se enfadara y te castigara.

-Pensé que usted me entendería.

-Concuerdo con ella, apruebo su decisión.

No sé por qué no me lo refirió ella.

-No quería preocuparle.

-No estoy muerto y sigo siendo el padre de familia.

Debo saber lo que ocurre en todo momento.

Estoy muy decepcionado con ambas.

-Padre,

sé que no esperaba que me enamorara de un mozo.

-A fe que no.

-Pero debe darle una oportunidad.

-¡Pamplinas!

No todos somos iguales.

Nos debemos a nuestra clase social, tú a la tuya

y ese joven a la suya. -Habla por boca de madre.

Pablo es especial, tiene voluntad de aprender y de prosperar

y la vida es como la acaba. -No me convencerás.

-No tuvo suerte, pero saldrá adelante.

-¿Cómo lo conseguirá?

-Con mi ayuda.

Tú has de ayudar a los tuyos, no sigas

con ese empeño.

No volverás a ver a ese joven.

-Padre, usted y madre pueden retrasarlo, pero no impedirlo.

-No me agrada

que lo veas, pero cierto es que te conozco

y cuanto más lo impida, más te empeñarás,

pero no se conducirá así tu madre.

Si quieres a ese joven,

lo mejor que puedes hacer es apartarte de su camino.

-¿Madre podría perjudicarle?

-Estoy seguro.

Me extrañaría que no supiera ya qué podría hacer.

Tu madre quiere que te cases con Claudio y no parará hasta lograrlo.

-Aunque eso me haga infeliz.

-Eso nadie lo sabe, hija.

Hay matrimonios que empiezan fríos

y se tornan tibios con el conocimiento mutuo.

-En mi caso, pasará del frío al gélido.

No seré feliz si no es con Pablo.

Entonces no puedes darme ninguna descripción.

Estaba preocupada por Carlota.

Lo vi, pero salí corriendo a ponerla a salvo.

¿Y después?

¿Cuando apuntaba con la pistola?

Ni le miré, solo tenía ojos para su arma.

Llevaba el rostro cubierto. ¿Ningún rasgo

de su voz, su acento, su forma de moverse?

Ninguno.

No me puedo creer que nadie pueda describirlo.

No confiaba en su ayuda.

Yo mismo, que me enfrenté a él, solo podría decirte vaguedades.

La situación era peliaguda como para fijarse.

Muy grave tiene que ser para que el servicio se siente con los señores.

Disculpe, señora.

Vuelve a sentarte.

Cayetana, el inspector Méndez.

Está interrogando a Manuela acerca de lo que vio en el asesinato.

Estos anarquistas nos van a matar a todos.

Estarán conchabados con las criadas. En algunos casos,

no sería de extrañar.

Manuela,

¿tú no tienes un novio anarquista?

A vosotras os gusta esa gentuza.

No, señora.

¿Ya tiene algún indicio de su paradero?

No querría ver una bomba en la escalera.

Esperemos que nunca ocurra.

Si usted me perdona, debo proseguir

con mis pesquisas. Mucha suerte.

Manuela, acompáñale a la puerta

y prepáranos un té a mi marido y a mí.

Le acompañaré. No.

Quédate. No me llega la camisa al cuerpo después de lo que has pasado.

No quiero separarme ni un minuto.

Llamaré si necesitara de tu ayuda.

Claro, cuando quieras.

¿No te sientas?

¿No te gusta la intimidad? No es momento ni lugar.

Aprovecho ahora que estamos solos para decirte que mañana por la noche

me debo ausentar.

Toda la noche.

"Sí".

Mañana a las nueve en el quiosco.

Sí, debo acudir en ayuda del doctor Cifuentes.

Tiene un caso en su clínica y necesita

mi ayuda. Sabes que está lejos de la ciudad.

Precisamente mañana

y de noche.

Pensaba invitar a Celia y a Felipe a las nueve.

No hagas planes, no estaré.

¿No puedes cambiarlo?

Me gustaría que te quedaras.

¿Por alguna razón?

Porque soy tu esposa y te lo pido.

El paciente no puede esperar.

Aquí les dejo el té.

¿Alguna cosa más? Que te retires.

Y usted no tuvo ocasión de ver al terrorista.

-Llegué al barrio minutos después de que todo sucediera.

Si llego a verlo, no sé qué habría hecho.

-Ya.

Difícil es contenerse.

-Ganas le dan a uno de hacer justicia.

-¿De qué justicia habla usted?

¿Qué justicia hacen los anarquistas? -Es una forma de hablar.

-No, sé lo que me digo.

¿No piden justicia social los anarquistas?

-¿Está de acuerdo con ellos? -¿No le parece necesaria?

-¿Simpatiza con su causa?

-Eso carece de importancia.

Reconozco que es más elegante la guillotina que la bomba Orsini.

Por la guillotina pasaría a más de uno.

-Incluido el diputado muerto. -Habría sido uno de los primeros.

-Vaya.

No imaginaba que iba a encontrarme ideas revolucionarias en esta finca.

-Mire a su alrededor, señor inspector,

muebles lujosos, un piso confortable, una criada...

¿Alguien que vive así

podría ser anarquista?

Lo único que deseo es que atrape a ese asesino

y que podamos vivir en paz.

-Pero critica a los gobernantes. -Si lo hacen mal, critico.

No tema de mí.

Solo pretendo que mi vida siga siendo

igual de placentera.

-Buena decisión si se tienen los medios.

Yo debo seguir la procura de algún indicio para localizar al asesino.

Aquí tienen mi tarjeta.

Por si se enteraran de algo.

-Le deseo la mayor de las suertes.

-Le acompaño.

-No es necesario.

Conozco el camino.

-¡Estás loco!

Te ha faltado decirle que eres el asesino.

-Curioso hombre.

-Nos buscarás la ruina.

¿Cómo se te ocurre hablar de justicia social?

-Es el juego del ratón y el gato.

El ratón muestra la cola para encelarle y divertirse.

-¡Eres un retorcido y un temerario!

Hasta mañana, a descansar.

Pablo.

Gracias por la cédula. Llegó a tiempo.

Me di cuenta de que estaba el inspector.

No sé cómo compensarte tanta atención.

Pidiendo que lo haga por su madre.

¿Qué quiere?

Papeles. ¿Y si me hubiera pedido la cédula?

No hay motivo.

No ves el peligro ajeno.

Conseguir esos papeles no es ni fácil ni barato.

Usted no debería estar aquí.

Todo se arregló para que partiera.

Tenía ocupación y lo rechazó.

No tengo que sacarle las castañas del fuego.

No me hallaría así a no ser por la falta de tu hermana. Soy tu madre.

Y lo sufro a diario.

Manuela mató a quien bien lo merecía.

Pablo,

madre tiene razón,

necesita papeles.

No seré yo quien lo pague.

Yo misma pondré el dinero.

Démelo.

No.

Contacta con quien los consigue y yo misma iré contigo a pagarle.

Nos hará caer.

Más nos valdría no saber más de ella.

Buenos días.

¿Llevas mucho rato despierta?

Has dormido completamente desnuda.

Me encanta esa nueva costumbre. -¿Te parezco una cortesana?

-Me pareces la mejor esposa.

Divertida y sensual.

Me pregunto el secreto de tu cambio.

-¿Qué secreto? ¿Crees que bebo o que tomo opio?

-Qué cosas dices.

¡Celia! ¡Celia, estás loca!

-¡Es eso, estoy loca!

-Tranquila. -A los locos se les abandona.

-No, claro que no.

Voy a estar siempre contigo. Siempre.

Ven aquí.

Eh... Casilda,

he estado echando cuentas y nos vamos a retrasar un mes más en el pago.

-No hacía falta muchas cuentas para saberlo, señora, acostumbrada estoy.

Ha llegado este sobre.

-¿Una factura? -No.

Una carta de la casa de los señores Castaño.

La trae un mozo en mano y espera respuesta.

-¡Ay!

¡Ay, qué alegría más grande, Dios mío!

Es de Claudio Castaño, quiere ver a Leonor y tomar café con nosotros.

-¿Sigue el mozo? -Plantado como un pino.

-¡Dile que la respuesta es sí! -¿Le pregunto a la señorita Leonor?

-Lo que faltaba, que opinara. Deja de preguntar y dale respuesta al mozo.

-Lo que mande. Una es una mandada.

-Leonor, ve a prepararte, Claudio vendrá esta tarde a tomar café.

-¿Y qué se le ha perdido aquí?

-Tú, eso es lo que se le ha perdido.

-Madre, eso ya lo hemos hablado.

-Y porque lo hemos hablado, ya sabes cómo te tienes que comportar con él.

Ingenioso mecanismo.

La tecla pone en marcha esta pieza móvil

que golpea sobre el cilindro.

En medio hay una cinta tintada que deja su marca

sobre el papel.

¡Oh! Lo que inventan.

-Te he preguntado

si puedes arreglarla, no aulas de mecánica.

-Si no lo entiendo, no lo arreglo. -O sea que no.

Pobre señorita Leonor, su madre no para de hacerle villanías

y no tenemos cacumen para ayudarla. -¿Quién dice que no tengo cacumen?

-Mucha ciencia para ti tiene este artefacto según veo.

-¿Qué? ¿Tiene solución o no la tiene?

-Nueva la voy a dejar, reluciente y cascabelera. Me la llevo.

-Total, rota ya está, mal no puedes hacerle.

-Y dale con las desconfianzas, esto lo arreglo yo como me llamo Servando.

¡Ay! Déjame pasar que este ingenio pesa como un muerto.

-Vaya noche me has dado. ¿Y eso?

No parabas de girar como una peonza.

Dormí mal.

Ya, como las que no tienen la conciencia tranquila.

¿Qué te sucede, lo de siempre? ¿Qué es lo de siempre?

Como si no supieras. El médico.

Quiere verme esta noche. Me dejó una nota para que nos encontráramos.

¡Ay, qué emoción! ¿Por qué no me pasan a mí estas cosas?

¡Ah! Porque no sé leer, claro.

No me iba a enterar de la misa la media.

No, creo que no voy a ir.

No digas tontadas.

Si no vas, aquí no entras.

Te lo aviso, Manuela,

cierro la puerta y no la abro.

Mira que si te pone un cuarto en un palacio.

Mientras no me despida su esposa voy bien.

Hola, prenda. -Muchas confianzas

son esas, ricura.

-Las que aspiro a tener contigo, mi vida.

-Te gusto, pero no me ayudas.

-Cuando haya un hueco, mi madre te va a dar trabajo.

-Y no consigues que despida a una.

-Si es que no dan motivos, mi vida. -Eso es buscarlos.

Voy a saludar a su madre

para hacer méritos.

¡Ah! Perdona, se te va a ir por los suelos.

-Gracias.

Buenos días, señora.

-Buenas. -Será difícil cuadrar las cuentas

y más teniendo una camarera mangante. -¿Una ladrona aquí?

-Aquella, acabo de verla coger el dinero

y guardarlo en el bolsillo.

-Imposible.

Es canela en rama.

-Mayormente, pimienta.

Compruébelo usted.

Mira que eres lianta.

¿Mande? Lo he visto todo.

¿Va a acusarme? Le diré a la propietaria

que yo también lo vi

y que no es la primera vez.

-Tienes que irte. -No.

Me debes un favor

y me lo voy a cobrar. Estate prevenida.

Ha pasado mala noche.

Déjela dormir.

Que nada importune su sueño. -Sí, señor.

-En cuanto se despierte, procura que vista una ropa alegre y bonita.

Anímela a pasear,

a ver el sol,

a charlar con las amigas.

-La cuidaré como a una hermana.

-Acudo al despacho.

Cualquier eventualidad, avíseme. Regresaré al mediodía.

-Señora.

Señora, despierte.

Señora, el brebaje. -¿Eh?

-Lo tiene que tomar.

La que algo quiere algo le cuesta.

Vamos, señora, hágame caso.

Es por su bien, para que le crezca la barriga.

Tose

La dejo dormir como ha mandado su señor.

Mi adorada hermanita y su bella hija.

-No es mi madre.

-Queda feo decir hijastra, me resisto a decírselo a una bonita moza.

-Ni de una forma ni de otra la debes llamar, María Luisa es su nombre.

-Está bien. ¿Dónde van mi hermana y la bella María Luisa?

-A comprar una peineta en la mercería.

-Ve tú, así hablo unos asuntos con mi hermano.

-No se dé prisa.

Sabré escoger una peineta para el pelo.

-¿Tienes que mirarla así?

-Es bonita, seguro que despierta para ciertas cosas. Como tú a su edad.

¡Chist!

¿Dejarás que vea tu barrio cómo me abofeteas?

Zanguanga,

vi cómo guardaste la tarjeta del inspector.

¿No pensarás delatarme?

-Sería peor para mí. Tengo mucho que perder.

-No lo sabes bien y no hablo solo de tu buen nombre, que te durará poco,

hablo de bienes más preciados.

-¿La vida?

Seguro que no te temblaría el pulso.

-Por ejemplo,

la tuya, la de tu esposo o la de esa hijastra que no tan poco quiere.

-Ya me lo advertiste, por eso estás en mi casa.

No te creo vil.

Debe quedarte una miaja de humildad.

-¿Recuerdas Barcelona?

Es fácil preparar un bomba Orsini. ¿Me imaginas

cayendo en la terraza de esa chocolatería a la que vais?

Desde el balcón me arrojaría.

En ese teatro se veía de todo.

Cabezas abiertas, tripas que se salían, brazos...

-Calla, me revuelves toda.

-¿Te imaginas el espanto?

No, no eres capaz.

-¿Serías capaz de hacerlo?

-Si me delatas, tendré tiempo para una última acción.

Tú, tu marido,

tu hijastra, el médico ese que se hizo el héroe, algunos niños...

Si conservaras tu vida,

te sentirías culpable.

Ve con esa prenda de Luisita,

que se compre una peineta bonita.

Quizá te pida ayuda para seducirla y meterme en su alcoba. ¡Chist!

No protestes. Bien sabes que la puedo hacer feliz.

Adiós, hermanita.

Mi marido le pide disculpas.

El médico le recomendó reposo.

-No debe preocuparse. Lo importante es la salud.

Quería encontrarme con ella.

-Ella también deseaba volverlo a ver.

-He hablado con mis padres y seguro que pronto

se reanudarán los encuentros de las familias.

-Nada que me satisficiere más.

Voy a pedirle un té a Casilda. Siéntase como en casa.

Carraspea

-Sé que no le parece bien que haya venido, pero he pensado mucho en ti.

-Qué bien.

Ahora me habla de tú.

No recuerdo cuándo lo convinimos.

-Qué formal eres.

Es.

Me gusta cómo es y pienso conquistarla.

-¿Y cómo soy?

Difícil es que lo sepa, solo habla de usted mismo.

-Quizás razón y la he escuchado poco.

Cuénteme sus intereses.

-Cualquiera menos los suyos.

Las inversiones en bolsa y las fábricas de tejidos

me dejaron más fría que caliente.

-Aunque no lo crea, leo bastante.

-¿Sí?

-La novela francesa me apasiona.

Zola, Balzac,

Víctor Hugo. No lo publico

a los cuatro vientos.

Se supone que mi deber es ganar dinero.

-¿Le gusta la lectura o lo dice para contentarme?

-No me voy a dormir sin leer unas páginas. ¿Qué autores le gustan?

-Esos que ha dicho y Clarín, Pérez Galdós, Dickens...

Escribo relatos para parecerme a ellos.

-¿Escribe? Me encantaría leer algo suyo.

-Este lo escribí a la manera de Mary Shelley, la de "Frankenstein".

Terror, mansiones victorianas...

-La señora Morgan lleva cinco años muerta,

pero nunca faltaba al cumpleaños de su hija.

Aparecía al amanecer

mientras su padre la despertaba junto a su nueva esposa.

Victoria sabía que su madre la miraba desde la puerta

y que la jornada sería terrible.

El inicio es prometedor sin duda.

-Habla de venganzas, de muertos vivientes.

La pena es

que no me lo publiquen.

Soy mujer y no me hacen caso, ni siquiera me leen.

-Es injusto el trato que os da nuestra sociedad.

¿Puedo leerlo yo?

-Claro.

Iré a ver si nos traen ese té.

Carraspea

Carraspea

-Nunca me he lanzado a escribir, pero estoy seguro

de que con su ayuda, puede que algún día.

Sentémonos y siga contándome.

¿Has encontrado trabajo decente por fin?

-No voy a estar mucho tiempo. -¿Ah, no?

-Hay hombres que pagarían por verme en un escenario.

-Tienes muchos pájaros.

-Muchos empresarios vienen a esta chocolatería.

-A ver si encuentras un rufián y acabas en una esquina.

-Mejor que limpiando a niños ajenos.

-Pues en casa

les he dejado tomando café, la caso con ese joven.

Muy alto quieres picar aunque Leonor lo merece.

¿Crees que yo no lo merezco?

Dios me libre, pero una boda así es cara.

-El vestido se lo fiamos, buen negocio es para nosotros una boda

en la vecindad.

Encargos

a cascoporro.

Te ha dado un pasmo.

Celia.

Celia.

No, no, no,

no, no, no.

No. No.

-¿Te pasa algo? -No os acerquéis.

-No, no. -Ven.

A tu señora le ha dado una ausencia. -¿Por qué yo no?

¿Por qué yo no? ¿Por qué yo no? -Señora.

¡Señora, reaccione! -¡No, no!

-¡Señora!

-Vámonos, Herminia.

Va a tener que verla un médico y no de los normales.

-O un sacerdote.

Está poseída.

Mira lo que me he agenciado para ti, prestado por la señorita Leonor.

¿Para qué? ¿Para qué va a ser?

Para lo mismo que te atusas. No me atuso, me peino.

Para tu cita con el matasanos. No pienso ir.

¿No le habrás dicho nada?

No. Le he dicho que era para mí, que quería camelarme a un pretendiente.

¿Qué pasa?

¿No te gusta?

Es bonito.

Te queda fetén. El médico va a tener que sujetarse el corazón con cinches.

Que no puedo ir.

Y yo que me lo creo.

No soy la clase de mujer que va con casados.

Hay dos tipos de mujeres, las que están enamoradas y las que no.

Tú eres de las primeras. ¿Qué hago? Tengo mucho

que perder.

Si el doctor está más pillado por ti que tú por él, se nota.

Pues peor.

¿Y si deja a su señora?

¿Qué pasará con su hija y la mía?

Su hija mejor contigo que con esa amargada.

Y la tuya, siendo él hombre de posibles,

rapidito te ayudará a que vuelva a tu lado.

Tú esta noche te vas a verle y lo que tenga que ser será.

Ahí te dejo el mantón.

Qué pena no haberte conocido antes.

Antes del infierno.

Creo que ya lo tengo todo.

Olvidas el instrumental médico. Quizá lo necesites.

Cifuentes tiene todo lo necesario. Llévalo por si acaso.

Qué horas de quirófanos y zarandajas.

Es hora más propicia para encuentros amorosos.

Lo mejor será que vaya y contrate un coche de caballos.

¿No comes nada antes? No.

Le he pedido a Manuela que cocine.

¿Manuela está aquí?

Me pidió subir al altillo para descansar,

pero como vas a ausentarte, le he dicho que baje.

¡Manuela!

Sirve caldo al señor.

Voy a lavarme las manos y vengo.

¿Vendrás?

Tu esposa no deja de darme órdenes como si sospechara.

Es imposible.

Iré aunque quizá me retrase.

Esperaré el tiempo que haga falta.

¿Aún no has servido la mesa?

Cuando acabes, repasa la ropa blanca.

Sea la hora que sea.

No te vayas sin doblarla.

Sigues siendo muy bella. -¿Qué haces aquí? Vete.

-No es la primera vez que te veo desnuda.

-Mi marido podría descubrirte aquí.

¡Vete! -No seas remilgada.

-¡No me toques! -No lo hago.

Muy engreída te has vuelto, moza.

-Mira, ¿sabes qué te digo?

Que me he vuelto como me da la santa gana

y esto no lo vas a volver a catar.

-Ni ganas que tengo.

Burguesa, traidora.

Te detesto.

Te has arrimado a un rico, pero ese viejo no te hace feliz ni te hará.

-¡Ni es viejo ni le falta de nada para hacerme feliz y si me detestas,

pues mejor, yo siento lo mismo por ti!

-Te voy a bajar esos humos, señora de Palacios.

¿Él te dará mis documentos? Sí.

Solo es un amanuense. Tiene más formas de ganarse la vida.

¿Ha traído lo que hay que pagarle?

Todos mis ahorros.

O los del hombre con el que casó a mi hermana.

Espere aquí.

¡Ese es! ¡Alto en nombre de la ley! ¡Detengan a ese hombre!

¡Alto o disparo!

Está detenido.

-Los tipos así acaban llevándose su merecido.

-Venga, al cuartelillo.

¿Ya te vas?

Me he demorado

y llegaré tarde.

No sé qué le pasaba a esa chica.

Quería marcharse. Ha doblado la ropa como si le hubieran dado cuerda.

Voy a pensar que iba al encuentro de su novio.

Es libre de tenerlo o no.

Mientras no enrede con quien no debe.

Cárcel o infierno tendría.

¿A qué te refieres?

A un sacerdote o algo así.

Estas no tienen moral.

Mejor será que parta o Cifuentes se inquietará.

Espera.

Llévalo contigo

para recordarlo. Mételo en la maleta.

Tu retrato.

Solo será una noche.

Para que no olvides que tienes familia, mujer e hija.

No lo olvido.

Siempre está presente.

Vas a devolverme el favor antes de lo previsto.

Para lo que mande estoy.

Mi esposo recién salió, síguelo, quiero todos los detalles, adónde va

y con quién se ve.

Déjalo en mis manos.

Parte.

No le pierdas de vista.

Sabrá lo que haga y lo que no.

¡Estás en mi casa, no me pongas una mano encima!

-Estás envalentonada. Nadie te da una solfa buena.

Ese marido tuyo debe ser un afeminado.

¡Maldita ramera! -Señora.

Ya estoy en casa.

-Te has librado.

-¡Señora!

Señora, ¿es que no me oye?

-Sí, claro que te oigo.

-¿Necesita algo?

-Me valgo sola.

Ve a descansar.

Manuela, ¿adónde vas?

¿Qué tiene usted que decir?

Es Pablo.

Vas a venir.

Vas a venir.

"¿Detenido? ¡Dios mío!".

Dijo que era gente segura.

Tan segura no sería, es demasiado optimista.

Es un delito grave falsificar documentos y más, cédulas.

¿Sabe dónde está?

Ni idea.

Tenemos que echarle una mano.

Iré yo.

Nadie va a amonestar a una vieja. ¿Por qué exponerse?

Porque soy su madre.

¡Casilda!

-Dígame, señorita.

-¿Has movido unos textos del buró?

-¿Yo? Ni se me ocurriría.

-Al limpiar. -Ni los he visto.

-No es posible.

-No soy la única que zascandilea por aquí.

-¿Mi madre quieres decir? -Yo no he dicho nada.

No te quiero alarmar, pero tampoco te voy a mentir, estaba fuera de sí.

Te agradezco tu sinceridad por muy dura que me resulte la información.

¿Os miraba con espanto? A todas, como si fuéramos el diablo.

Me tiene muy preocupado.

Este episodio es solo el último de una larga serie de excentricidades.

Y todo proviene de su angustia por su infertilidad.

Deberá aprender a vivir con ello.

De lo contrario... Podría volverse loca.

Lo sé. ¿Y tú ya te has conformado?

Es difícil renunciar a dejar descendencia.

Los hijos son lo más importante, pero no la desprecies.

No la desprecio. Me gustaría que me diera un hijo,

pero hasta a eso renunciaría con tal de que recuperara su salud.

Gracias por contármelo.

"Tenemos que sacarle"

de prisión o ayudarle. Nos damos cita para después de comer.

Ya se nos ocurrirá algo.

Después de comer en el parque.

Y no falle usted, no pienso dejar a mi hermano en la estacada.

¡Ha robado mis relatos! -¡Menos humos!

¡No los he tocado! -Prefiero que me lo diga.

-No me gusta que pierdas el tiempo escribiendo, pero de ahí a robarte

va un trecho.

-Le daría un arrebato como cuando rompió mi máquina.

-¡He dicho que no!

Prepárate para tu cita.

-¿Qué cita?

-Claudio vendrá a buscarte.

-¡No quiero salir con Claudio!

-Pon tu ser a trabajar para ganarte un marido.

Escúchame bien,

si le pasa algo a mi esposa, no lo dudes que me las pagarás.

-Pero... -No le quites la vista.

Te hago responsable

seas cómplice o no.

"¿Novedades?".

No muchas. Su marido esperó un buen rato.

Primero con nervios y cierto placer.

Sigue.

¿Sabe quién puede ser ella?

Menos preguntas, tú limítate a cumplir con mis encargos.

Seré sus ojos y sus oídos entre las sirvientas.

¿Sabes algo de Pablo?

-No le he visto desde ayer.

-¿Podrías buscarle? Me gustaría verle.

-Le buscaré y haré que se encuentren.

-Siempre me solucionas todos mis problemas.

-Todos no, ojalá fuera tan fácil.

No me dejan ni pisar el umbral. Me han confirmado

que está Pablo.

Voy a intentarlo.

No pueden negárselo a una madre. Quieta.

Complicaría todo.

¿Qué hacemos?

¿Se te ha ocurrido algo? Quizá la solución.

Ese que va a entrar en la comisaría es un inspector

y es amigo de Ger..., de mi señorito.

¿De veras? ¿Crees que tu señorito nos echará una mano?

Podría intentarlo.

-¡Camina! ¡Soy persona!

¿Pablo?

¿Eres tú, Pablo?

¡Si te han apaleado! -¡Que camines!

¡No vuelva a tocarme, no he hecho nada! ¡Ah!

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Acacias 38 - Capítulo 16

05 may 2015

El inspector Méndez le pide a Manuela su identificación justo cuando llega Pablo con la documentación falsa.Maximiliano se enfrenta a Leonor, quiere saber qué sucede entre ella y Rosina. Leonor se sincera con su padre sobre su relación con Pablo.

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