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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 156 - Ver ahora
Transcripción completa

Has de irte. ¿No te das cuenta?

Le he dicho que no, madre.

Usted no lo entiende.

No, sin duda, que no lo entiendo.

¿Por qué sigues soportando una situación

que no te trae más que angustias y penurias?

¿Qué te ocurre?

-¿No ha oído usted a su hija, alcahueta del demonio?

-No me iré

a ningún sitio hasta que no esté segura de que mi hija está bien.

-Como usted desee. ¡No, Justo! ¡Justo, espera!

Si nos quiere, por favor, váyase y déjenos solos.

Ven conmigo. No, madre, confíe en mí.

Inocencia y yo estaremos bien.

Justo, esto no es Brihuesca,

ni yo soy la que era.

Recuérdelo.

-¿En qué punto está el supuesto el plan de urbanismo?

De supuesto nada, don Ramón. Es una realidad.

Ya está aprobado por el ayuntamiento.

Pero ¿está usted segura?

Como que estamos usted y yo aquí mismo.

Lamentablemente no me sorprende.

Me consta que se están llevando a cabo planes así

en otras ciudades de Europa.

Habrá que adaptarse.

Nuestra ciudad no a va a ser menos.

El tema lo lleva un arquitecto llamado Aranda.

Me han llegado rumores de que van a empezar con las expropiaciones.

¿Qué está pasando ahí fuera?

No parecen...

las canciones festivas de San Clemente, ¿no?

(Voces)

Silencio.

¡Silencio!

No podemos perder los nervios.

Si es verdad que el ayuntamiento tiene un plan de urbanismo

para el ensanche, nos organizaremos para pararlo.

¿Cómo?

¿Nos plantamos en el ayuntamiento para pedir audiencia?

Si hace falta, sí.

Pero antes escribiremos un manifiesto firmado por todos.

Se lo presentaremos a ese arquitecto, a Aranda.

Les dejaremos bien claro

que no les va a resultar fácil sacarnos de aquí.

Bien dicho. Eso es lo que debemos hacer.

-Hizo callar a la multitud.

Y dio un discurso que dejó a todo el mundo obnubilado.

Les convenció para firmar un manifiesto

y solicitar una reunión con el arquitecto Aranda.

Todos le aplaudieron.

¿Qué clase de vecinos tengo?

¿Se han olvidado de lo que me hizo Germán?

-¿No estás escuchando lo que te acabo de decir?

¡Van a tirar nuestras casas

y van a convertir nuestra calle en escombros!

-Que sí lo estoy escuchando, pero no me parece tan grave.

-¡Que nos quedaremos sin nuestras casas!

-Tenemos dinero para comprar otras. -¿Qué?

-¿Y qué pasa con aquellos a los que nadie ayuda? ¿Eh?

-¿De qué estás hablando?

-De aquellos que nada tienen,

solo hambre y pobreza.

De aquellos que ya no lujos,

sino que no tienen ni lo mínimo para sobrevivir.

¿Has venido a restregarme que me has engañado?

¿Engañarte a ti?

Sabías que tu casa después del plan de urbanismo iba a valer la mitad.

¿Quieres que me crea que no sabías nada del plan?

No lo sabía antes de comprar tu casa.

No me lo creo.

Me llamas embustera.

Sabías lo del plan de urbanismo,

y me compraste la casa, ¿por qué?

No sé de qué me hablas.

Lo sabes.

Eso y mucho más.

¿Qué ocultas?

¿Qué información manejas que nadie más sabe?

He hablado con Felipe.

-¿Y?

-Va a hablar con...

con un arquitecto muy importante que trabaja en el ayuntamiento

con el que tiene muy buena amistad.

-¿De verdad cree que padre

está para echar a un lado sus negocios y que llegue agua al ?

-Sí.

Lo creo.

He presentado el manifiesto

contra el plan en nombre de Acacias.

¡Ojalá sirva para algo!

He pedido una reunión con Aranda. ¿Y ahora qué?

Creo que lo mejor será que regresemos a nuestras casas

a esperar una respuesta.

-¡No nos iremos de aquí! Por favor.

Lo mejor será no caldear el ambiente.

Eso nos generará problemas.

Yo no me voy a mover de aquí.

No hasta que sepamos qué va a ser de nosotros

y de nuestras casas.

No hasta saber qué no tocarán ni una piedra de mis casas.

-Templa, por favor.

Con tranquilidad.

Mantén la calma.

¿Qué ocurre?

Se trata de tu hermana.

¿Qué le sucede?

Hoy he ido a verla y me ha echado de su casa.

Me ha jurado que no tiene ningún problema y que me fuera.

¿Y usted no la cree?

Muy poco conozco a mi hija si no está viviendo un infierno

en este mismo momento.

Y nada me quiere decir por alguna extraña razón que se me escapa.

La niña de ese... es la niña.

¡Si es que lo sabía!

¡Germán!

Te he echado tanto de menos.

No, no.

No podemos.

Soy libre, pero no puedo estar a tu lado.

Hemos de olvidarnos el uno del otro. Hemos de hacerlo.

Me alejaré si es lo que quieres.

Pero no me pidas que te olvide y deje de quererte.

Sé que eso no va a ser posible. Germán...

Voy a amarte hasta el día en que me muera.

Han pasado tantas vicisitudes que...

no puedo escuchar tus palabras. Te equivocas.

Todos esos asuntos que nos han vapuleado,

me han demostrado que hay que vivir la vida,

que esta se puede terminar en cualquier momento,

que no merece la pena esperar para sufrir,...

que nuestra única elección es la inmediata.

Después, seremos polvo que se mece con el viento

sin poder elegir nuestros destinos.

Siempre debemos inclinarnos por el amor.

No.

No es así.

Lo que nos toca vivir nos enseña que los errores se pagan.

Que las deudas del pasado vuelven para hacernos penar.

Por momento siento que... que nada es real

salvo el pasado aterrador. ¿Nuestros besos no son reales?

Son instantes en una existencia de tormentos.

Nada más.

Lo siento, Germán.

La vida no es como imaginamos aquel día

que nos conocimos.

Todavía recuerdo...

en medio de la pena que sentía...

la llama que encendiste en mi pecho.

Para mí esa llama sigue viva.

Ya no calienta, Germán.

Casi ni da luz.

(Puerta)

Hay alguien ahí.

¿Quién anda ahí?

Rápido, don Germán, tiene que salir. ¿Qué sucede?

Justo está subiendo las escaleras.

Esperaré. No, no, por favor, Germán.

Me va a matar.

Está subiendo como si estuviera enfermo.

pero solo tardará unos minutos. ¿Por qué dices que te matará?

¿Qué te está haciendo?

Como te haya puesto la mano encima, acabaré con él.

"¡Acacias no se rinde!".

¡Acacias no se rinde!

-¡Vamos! -¡Acacias no se rinde!

¡Acacias no se rinde!

¡Acacias no se rinde!

¡Acacias no se rinde! -¡Vecinos!

¡Me acaban de comunicar que Aranda está en ese portal!

-¡Vamos! ¡Que Aranda dé la cara!

-Así no conseguiremos nada.

-¡Como no lo conseguiremos es estando quietos!

¡Acacias no se rinde! -Su esposa tiene razón.

Tenemos que acabar con este plan. Yo voy.

-¿Adónde vas? -Madre, tranquila.

Sé que Aranda está ahí. ¡Salga de ahí!

¡Salga!

-¡Leandro, no seas loco y vámonos a casa!

-Madre, no me pienso mover de aquí.

¡Esa es nuestra batalla!

-¡Acacias no se rinde!

(TODOS) ¡Acacias no se rinde!

¡Acacias no se rinde!

¡Acacias no se rinde! -¡Ahí está!

-¡Ahí está!

¡Es Aranda!

¡Acacias no se rinde!

(TODOS) ¡Acacias no se rinde!

-¡Estafador! -¡Sinvergüenza!

-Por favor, conténganse.

Puede haber una desgracia.

-¡Silencio! (TODOS) ¡Acacias no se rinde!

¡Acacias no se rinde!

¡Acacias no se rinde!

-Vecinos de la calle Acacias,

(TODOS) ¡Acacias no se rinde! -¡Por favor!

¡Déjenme hablar!

(TODOS) ¡Acacias no se rinde!

¡Acacias no se rinde!

-¡Por favooor! ¡Déjenme hablar!

¡Les explicaré!

El ayuntamiento de nuestra ciudad

sabe el sacrificio

que supone para los habitantes de la calle Acacias

el cambio que el plan urbanístico les exige.

Pero es por el bien de esta ciudad.

-¡Sinvergüenza, haga el ensanche en su casa!

-¡Rosina! -Este plan es el futuro.

La ciudad mejorará,

y todos nos sentiremos orgullosos de su sacrificio.

-¿Sin contar con la opinión de los vecinos?

-En unos días, los vecinos de estas calles

recibirán la información

sobre lo que se les pagará por la expropiación de sus viviendas.

(TODOS) ¡Acacias no se rinde!

¡Acacias no se rinde!

¡Acacias no se rinde!

¡Acacias no se rinde! -Sáquenme de aquí, por favor.

-¡Sinvergüenza!

(TODOS) ¡Acacias no se rinde!

-¿Qué haces, Rosina?

-¡Tenga piedad! -¡Contente, por favor!

¡Contente!

-¡Pero bueno, oiga! ¡Esto es un atropello!

¿No le da vergüenza?

¡Somos ciudadanos honrados!

-Vayámonos a casa

o acabaremos en el calabozo.

-Disculpe. Nos vamos a casa. ¡Vamos!

¡Vamos!

¡Sinvergüenza!

Mis problemas no son nada al lado de los de la gente del barrio.

Ahí es donde todos debíamos estar.

Manuela, debes referirme tus temores. No temo a Justo.

Germán, Pablo.

Será mejor que os vayáis, Justo está a punto de llegar,

y no os debe encontrar.

Le esperaremos.

Deja que te ayudemos.

No hay nada que temer. Ya no tengo miedo de Justo

y no necesito vuestra ayuda.

Inocencia es mi hija y Justo mi marido.

¿Tu marido? Así es.

Quiero que me dejéis.

Y que me olvides.

Era mi marido cuando te conocí y lo sigue siendo.

Mientes.

Tienes miedo. Temes a Justo.

Le dijiste a madre que te mintió.

Estaba confusa, pero ahora lo tengo claro y quiero que os vayáis.

No quiero que Justo os encuentre aquí.

Es mi marido y me debo a él, y no a otros hombres

por mucho amor que me prometa.

Bajaremos por la escalera de servicio.

¡Por favor!

¿De verdad que hizo eso Rosina?

-Que sí, que sí.

Estaba fuera de sí.

Intentó arrancarle el frasco al político para que no se lo tomara.

Creía que le daba un patatús y que se moría ahí mismo.

En la guerra como en la guerra, que dicen.

-¡Qué dislate! ¿Qué tenía el frasco?

-No lo sé, yo no llegué a verlo.

Pero alguna medicina supongo.

Parecía que a este señor le costaba respirar.

Bueno, y Rosina no fue la única que perdió los papeles.

Que hasta lanzaron piedras y adoquines que arrancaron.

-Por Dios...

Esto va a acabar mal.

-Y tanto. Aparecieron los guardias y empezaron a detener a todos.

Menos mal que nosotros salimos a escape.

-¿Así por las buenas?

-Por las buenas.

Aparecieron los guardias y empezaron a detener a todos: criados y señores.

-¡Esto es un despropósito!

Las autoridades no pueden actuar así.

Seguro que el ayuntamiento rectifica.

y que pagan bien a los propietarios.

No dejarán a la gente en la calle.

-Mi Ramón dice que, en estos casos, no pagan ni la mitad de su valor.

Bueno, sin ir más lejos Rosina y Maximiliano

podrían arruinarse.

que tienen dos edificios hipotecados con el resto de sus propiedades.

Si nadie para esto, podrían verse peor que antes.

-Podría ser su ruina y la de todos.

Esta casa, la tuya...

-Bueno.

Mi Ramón por eso no está preocupado.

Tiene otras propiedades, pero piensa que esto es un abuso,

y dice que se va a unir a todas las protestas.

(SUSPIRA)

Desde luego, nosotros no estamos tan mal como Rosina y Maximiliano.

-¡Qué horror!

¡Qué espada de Damocles!

Los sueños de toda una vida tirados por tierra por unos políticos.

-Es que te hace sentir...

impotente.

(SUSPIRA)

Tendrías que ver al arquitecto ese...

Al tal Aranda.

Un soberbio de marca mayor.

-¿Aranda? -Sí.

¿Qué pasa?

¿Lo conoces?

¡Ay, Celia, eso sería muy importante para los vecinos!

-No, no creo...

-¡Qué lástima!

Quizá... conociendo sus intríngulis podríamos defendernos.

Bueno...

Me voy que se me hace tarde.

Ay...

Voy a ir a casa a buscar una sábana vieja.

Y voy a hacer una pancarta que ponga: "Acacias no se rinde".

-Claro que sí. ¡Hay que luchar!

-Me voy.

Déjate de ringo rango que ya conozco el camino.

Hasta mañana.

Felipe.

¿Sabes algo del plan de urbanismo de Aranda?

-No, nada.

¿Ese era el barullo que armaban en la calle?

-Tú no te preocupes por nada.

-Pero ¿es el Aranda que tú conoces?

¿El que vino a casa? ¿Teodoro Aranda?

-No. No creo.

Además, Aranda no es un apellido tan raro.

Celia, estoy terminando un trabajo.

¿Puedes cerrar la puerta?

-Sí.

Perdón.

(RESPIRA FUERTE)

¿Estás bien?

Déjame en paz.

Solo intento ser amable.

No necesito que seas amable.

¿Por qué no vas a cuidar a la niña?

Porque duerme.

Pues haz lo que sea,

pero no te quedes ahí esperando...

a verme morir. Pareces una ave carroñera.

Si me dices qué buscas, puedo ayudarte.

¡Las pastillas! ¿Dónde están?

¿Son estas?

Las habías escondido, ¿eh?

No tiene lógica para dártelas después.

Te vi guardarlas ahí. ¿Una? Dos.

Te traeré un vaso de agua.

No necesito agua.

¿A qué estás esperando?

¿A verme morir?

No te voy a dar ese gusto. No quiero verte morir, Justo.

Eres el padre de mi hija.

No te creo.

Estás deseando ver cómo me retuerzo de dolor.

No lo deseo para nadie, tampoco para ti.

Iré a ver cómo se encuentra la niña.

Si necesitas algo, dímelo.

El barrio ha quedado desierto como un páramo.

Dicen que tardarán días en soltar a los detenidos.

Todo por culpa de ese dichoso plan de urbanismo.

Lo peor es que mucha gente va a perder sus casas.

El Estado volverá a dejar a sus ciudadanos desamparados.

Pero las pagan.

Las pagan mal.

Pero aunque lo hicieran bien,

lo que se pierde es mucho más que dinero:

se pierde recuerdos,

costumbres, vecinos...

Por ejemplo, siempre que paso por aquí me acuerdo de mi hija Carlota.

Si la calle desaparece será como si ella volviera a morir.

Cierto.

Gran parte de mi historia está en los adoquines de esta calle.

No lo había visto así.

Si la tiran, desaparecerá el parque donde leía "La regenta".

O la fuente.

Donde veía a Casilda recoger agua.

Y la sastrería en la que trabajas.

También.

Me quedaré sin trabajo.

Puf. Quién sabe

a cuanta gente que veo a diario no volvería a ver?

Un político no puede tener poder para causar ese mal.

Ni un juez para mandar a un inocente a la cárcel.

Ni un carcelario para maltratar a un preso.

En los últimos tiempos he vivido tantas injusticias...

que ya no confío en nada.

A veces pienso que el agua de esta fuente tiene propiedades.

Una veces benignas y otras malignas.

Lo que le faltaba al barrio:

una fuente de aguas milagrosas.

Milagrosas o ponzoñosas mal asunto sería.

Siento no estar ayudando al barrio como debería.

Siento no estar al lado de Leandro. Lo ha dado todo por mí.

Pero el rechazo de Manuela me ha dejado desconcertado.

No me creo a mi hermana.

Ni en su devoción a Justo ni en su rechazo hacia usted.

La conozco.

Me ha dejado bien claro que no quería que me acercara a ella.

Mire...

sé que no es asunto mío,

que es adulta y que no destaca por ser caprichosa.

Pero no la creo.

Desde que ha vuelto está cambiada.

Prácticamente no ha pisado la calle.

Parece que teme algo.

¿Crees que Justo la haya amenazado?

Eso por descontado.

Pero Manuela no se asusta con amenazas.

Sé que Justo la había mentido, pero no sé en qué.

Y luego se desdijo.

Alguna manera habrá de averiguarlo.

Si Manuela ha dicho que no va a hablar, no lo hará.

Intentaré sonsacarla, pero...

Hazlo.

Por favor.

Creo que...

hay una manera de sacarle la verdad.

Sabré si de verdad es feliz o...

disimula porque teme algo.

Esos asuntos se confían de mujer a mujer.

Están ustedes en una situación muy difícil, amigos míos.

-No, no puede ser.

Tenemos un palacete, un piso, dos edificios...

-No teníamos que haber invertido tanto en una misma calle.

-Eso era impredecible, Maximiliano.

No tenía que haber firmado este contrato con el banco.

-Habrá alguna forma de salir de este embrollo.

-Con las manos vacías y trasladando los enseres debajo de un puente.

-No puede ser. No lo entiendo.

-Según este contrato hay dos opciones:

o salvarlo todo

o perderlo todo.

La cantidad que solicitaron al banco era muy importante,

y se avaló con el resto de sus propiedades.

-¿Por qué hicimos eso?

-Porque querías comprar el edificio de La Deliciosa a toda costa

sin dejar pasa un solo día.

-Porque era una gran oportunidad. -¡Maldita oportunidad!

¿Y si vendiésemos el palacete

y pagásemos la deuda íntegra?

Podríamos conservar el dinero que el Estado nos dé

por las propiedades de la calle Acacias, ¿no?

-(LEE) Los propietarios no podrán enajenar los bienes

que sirven de aval a este préstamo

hasta que el mimo no haya sido liquidado totalmente.

-O sea, que...

no podemos pagar porque no vendemos,

pero ¿no podemos vender porque no pagamos?

Una argucia del banco para quedarse con todo.

-Pues entonces,

la única forma de salir de esto

es evitar que el plan Aranda se lleve a cabo.

Si nuestros edificios siguen, no perderemos ni un real.

Hay que evitar que los tiren. -Cierto. No sé cómo lo logrará.

-Organizándonos los vecinos.

-Difícilmente lo conseguiremos.

La mitad de ellos están detenidos y la otra mitad asustados.

-¡Bueno, pues aunque seamos pocos lucharemos!

¡Igual que lucharon mis antepasados contra los franceses!

¡Si mi bisabuelo, el general Rubio,

evitó que Napoleón invadiera Cádiz,

yo, Rosina Rubio,

evitaré que el tal Aranda derribe nuestra calle!

-No sabía...

que Rosina descendiera de un general que luchó contra Napoleón!

-Ni yo.

Primera noticia.

-¡Qué planes tendrá en la cabeza!

-¿Conociéndola?

Unos que aún empeoren más la situación.

-La situación...

no puede ser peor, amigo Maximiliano.

No pasa ni un alma por la calle.

Pocos clientes vendrán hoy.

La mayoría están en el cuartelillo.

Y a punto estuvieron de detenerte a ti también.

No deberías haberte significado así.

Una cosa es protestar y otra

lo que hizo Rosina, intentar agredir a Aranda.

-Ese Aranda nos buscará la ruina a todos.

-Es malo para la calle Acacias.

Pero nuestra economía es sólida.

Y saldremos adelante.

Buscaremos otro local y seguiremos trabajando.

-No me creo que se lo tome tan a la ligera.

¿Cuántos años llevamos aquí? -Muchos.

Pero todo tiene un final

No vamos a llorar por la leche derramada.

Si tuviéramos el local hipotecado,

que es lo que le pasa a Rosina,

entonces sí que tendríamos un problema.

Pero nosotros tenemos todo pagado.

A nadie debemos nada.

Y contamos con nuestros ahorros en el banco.

-Es nuestra sastrería.

Es toda una vida.

Es el lugar que eligió mi padre.

-Y a mí me gustaría seguir aquí.

Pero si no se puede, no se puede.

Y Rosina debería aprender que no se puede vivir de prestado.

Para conseguir un capital

hay que trabajar toda una vida. Como nosotros.

Lo que llega fácil, se va fácil.

Me voy a llevar esto a la planchadora.

Es de Cayetana y se lo tengo que entregar hoy.

-Vaya usted, madre.

Y que se lo dejen primoroso.

Nuestra sastrería dará un buen servicio hasta el último minuto.

-Dame un beso.

(Suspiro)

¿Cómo estás? Pareces preocupado.

Es para estarlo.

Ayer me acordaba cuando tú y yo jugábamos al ajedrez

y nuestra preocupación era con qué atacar, si con el alfil

o con la torre.

Qué tiempos aquellos, eh...

Me temo que no volverán.

No.

Aunque solo sea porque todo lo que conocemos serán escombros.

No he podido informarme sobre

el famoso plan Aranda.

Un desastre para todos.

Sobre todo para los que tenemos hipoteca.

Me siento culpable.

Si no fuera por mi fianza, no tendrías hipoteca.

Germán, hice lo que debía.

No me arrepiento en absoluto.

Pero ahora tenemos que luchar para que las consecuencias sean trágicas.

Siento no poder devolvértelo.

Hasta que no salga el juicio no podré manejarme con libertad.

Habrá que ver que habrá hecho Cayetana con mis bienes.

Lo importante

es que salga el juicio y no vuelvas a la cárcel.

Que rehagas tu vida.

Que todo lo malo quede atrás

como si despertáramos de un mal sueño.

Ojalá.

Y que juntos podamos solucionar nuestros problemas.

Voy a devolverte hasta el último céntimo.

aunque tenga que estar trabajando toda la vida,

Lo sé. Tienes mi palabra.

¿Se puede saber qué buscas?

-Un pañuelo.

-Si has sacado dos o tres desde que estás buscando.

-Busco uno en especial.

Era un pañuelo de mi abuelo.

Quiero hacerle a Tano un traje a juego con él.

-A ver.

Comprar un pañuelo a juego con un traje lo puedo entender,

pero hacer un traja a juego con un pañuelo... Es de ínfulas desnortadas.

-Ay, Trini, no analices y déjame a mí con mis asuntos.

-Si a mí como si haces unas cortinas a juego.

Pero vamos...

que no me extraña que Tanito se queje de cómo le vistes.

Bueno,

¿y qué tal con Felipe? ¿Se adapta el chico?

-Ahí andamos.

Estoy un poco molesta con él.

solo se preocupa de su trabajo,

de la política y de las relaciones.

Tienes suerte de que Ramón sea tan familiar.

-Bueno, yo con mi Ramón tengo suerte en muchos aspectos.

Si lo pido de encargo,

no me sale tan bueno.

Además, si es que besa el suelo por donde piso.

-Qué afortunada.

Yo a Felipe le pedí un favor y prometió concedérmelo.

¿Te lo ha hecho a ti?

Pues a mí tampoco.

Bueno, pero...

¿algo de enjundia?

-Unas ayudas para los vecinos del Hoyo:

el viejo barrio de Tano.

Pensé que estaría...

deseando de echarles una mano tanto como yo.

Pero parece que se ha olvidado de sus buenos propósitos,

y que solo se preocupa

por lo suyo, sin pensar en nadie más.

-Bueno.

-¿No nos va a ayudar?

-Claro.

Claro que lo va a hacer.

Pero me ha pedido más tiempo.

Anda, ven, acércate.

Ven.

Ahí está.

¿Verdad que está guapo?

-Como un brazo de mar.

-Debía barruntarme que no iba a echar capota a mis amigos.

Si total, no somos "ná pa él"

-No digas "pa", di "para".

Y Felipe hará lo que prometió.

-Los del Hoyo siempre salimos adelante

sin ayuda de señoritos que nos saquen las castañas del fuego.

Y así será...

para siempre.

-No seas cabezota.

Ya te he dicho que Felipe cumplirá su parte.

-Y yo la mía.

Que no, que no tenía exagerado. Mi padre me lo contó y me fío de él.

Si dejan a mi madre, le mata con sus manos.

Perdona que me lo tome a chanza, pero me hubiera encantado verlo.

El tal Aranda ha puesto al barrio en pie de guerra.

A ver si es que en Acacias ha encontrado su "Waterloo".

Y mi madre es su duque de Wellington.

Ahora se ha inventado

que su bisabuelo

fue el general que impidió que tomara Cádiz.

¿Y no es cierto? ¡Qué va!

Si era notario en Guadalajara.

Ay...

A ver si esto se arregla,

que este tal Aranda va a poner a mi familia otra vez en la miseria.

Vosotros no sabéis lo que es la miseria, Leonor.

Bueno, en cualquier caso...

tendríamos problemas para mantener el nivel de vida que se le supone.

¿Y eso te importa?

No si es contigo.

Contigo pan y cebolla.

Y yo estoy dispuesto hasta ser rico

si es al lado tuya.

Tunante. (RÍE) No.

Sabes que yo contigo puedo ser pobre.

Pero me gustaría ayudar a mi familia.

Lo que no sé es cómo.

Pues...

lo tienes fácil.

¿Qué es lo que mejor sabes hacer?

Escribir.

Pues escribe.

Y cuenta lo que está haciendo Aranda.

Pues tienes razón.

Me he adelantado. Si lo firma Leopoldo Safo, lo publican.

¿En un breve de la página 15 donde nadie lo lea?

No.

Voy a hacer algo mucho más sonado.

Voy a escribir una obra de teatro

que represente la vida y la lucha del barrio.

¿Como Fuenteovejuna?

Salvando las distancias

que es de Lope de Vega y son palabras mayores.

Pero igual es en su intención:

promover la unión de la gente contra los abusos de los poderosos.

La tuya será mejor seguro.

La mía será un simple sainete, igual con canciones.

¿Tú qué tal cantas?

¿Eh? No, no, fatal. No, no.

Mejor piensa en otro.

Además, que...

no tengo mucho ánimo yo para canciones.

Tengo que hablarte de algo que nunca te he dicho.

De algo principal.

Necesito que me ayudes.

Una persona a la que quiero está metida en un problema.

Tienes que lograr que te abra su corazón.

Yo, Pablo mío, te ayudo en lo que sea menester.

Pero ¿qué persona?

Mi hermana.

¿Tienes una hermana?

Sí. Y está aquí.

¿En Acacias?

¿Recién llegada?

No exactamente.

Leonor,

mi hermana es Manuela.

Se ve rara la calle.

-Después de lo de ayer, la cosa no está para dar paseos.

La mitad de los vecinos están encarcelados y la otra amedrentados.

-Cierto.

Aunque me refería a la chocolatería.

Que no sé si hice bien en cerrarla.

-Con lo que hubo ayer no la podías mantener abierta.

Si hasta arrancaron adoquines para arrojárselos a ese político.

-No sé qué es lo que habría hecho mi madre.

-Tu madre no está,

y eras tú el que tenía que tomar la decisión.

-Pero un incendio tuvo que sufrir La Deliciosa para que cerrara.

Hasta en los tiempos de la epidemia, cuando no se servía chocolate

mi madre mandaba hacer caldo para servirle a los enfermos.

Y yo a la primera de cambio echo el cierre.

Pues no me siento orgulloso de lo que hice ayer, María Luisa.

-Creo que hiciste lo que debías.

-El barrio está en uno de sus peores momentos.

Y si algo ha estado siempre ahí es La Deliciosa.

La gente se reúne, charla...

Y ahora cuando más hace falta esa unión,

yo he antepuesto el miedo.

No creo que mi madre hubiera actuado así.

-Pero si es que...

aunque la abrieras, pocos vecinos iban a entrar.

-Eso es lo de menos.

Lo importante es que esté ahí para quien quiera.

Que demos sensación de normalidad.

Y les demostraremos a las autoridades que hay vida en el barrio.

-Muy bien dicho, Víctor Ferrero.

Si quieres rectificar, aquí estoy para ayudarte.

-¿Estás dispuesta a ayudarme?

-Claro. Yo seré la primera clienta en entrar.

-Clienta.

En realidad lo que necesito es una camarera, María Luisa.

Ayer detuvieron a Martita,

y no creo que la suelten hasta dentro de unos días como al resto.

-¿Camarera?

Pero yo había pensado en otra cosa:

ayudarte a que la gente supiera que abres,

convocar reuniones de vecinos en La Deliciosa.

-Cuando abro, la gente tarda poco en enterarse

los clientes vienen solos.

Yo lo que necesito es una camarera.

Pero olvídalo.

-No.

Si para ayudarte tengo que ser camarera,

lo seré.

No he vendido ni un clavel hoy. -Normal.

No están los ánimos para engalanarse.

Pero si no es ausencia de ánimos,

sino de clientes.

-¡Habrase visto!

Tener a la gente en el calabozo como malhechores...

-Verídicamente que es una vergüenza.

-Fabiana,

creo que nunca le ha salido

tan fabuloso y tan sabroso el cocido.

-Pues será

la experiencia, Servando,

que ya son mucho años haciéndolo.

-Podría ser un plato típico de Cabrahígo.

-Solo faltaría

no cocer los garbanzos, que allí os gustan duros.

-Y en Naveros del Río los cambian por castañas pilongas.

-Haya paz, que bastante tenemos con lo de fuera.

-El barrio se va al garete.

-Yo de pensar que se acaba la calle Acacias...

y se me hace un nudo en el pecho que ni los de los marineros.

-La calle es lo de menos.

-¿Se dan cuenta de que este puede ser el final

del altillo y de nuestros cocidos?

-Eso... y de tantas cosas.

¡Malditos politicastros!

Mala "puñalá" les peguen, de verdad.

¿Y qué va a ser de nosotros?

-En la calle, sin casa, sin trabajo

y viviendo de un por Dios...

Yo ya me veo en una finca en el campo con mis señores.

Me vine de Cabrahígo para conocer la ciudad,

y me parece que voy a estar rodeada de vacas en breve.

Y, Guadalupe,

a usted si se la lleva Manuela y don Justo, volverá al campo.

-A mí no se me ha perdido nada en el campo.

Pienso en Brihuesca y me entran todos los calambres.

-Pues yo tendré que irme al palacete. No sé qué es peor.

Ahí todos los días limpiando ventanas por cienes.

-Verídicamente te digo que nones, pajarito.

Según he oído, tus señores

tienen hipotecados todos los edificios.

Igual acaban debajo de un puente.

-Entonces tendré que limpiar pilastras.

Con tal de hacerme limpiar, no hay medida.

Espero que es no pase y que no pierdan "to".

Son gente de ley.

¿Y usted, Fabiana?

-Don Ramón tiene pisos en todos los barrios y algunas fincas.

Sitio tendré donde caer.

Pero no es mi pan lo que me preocupa.

Dejar a los presentes.

Alejarme de todos ustedes, porque...

son mi familia.

-Bu... Bueno, que digo yo que...

al menos una vez al año tendremos que vernos, ¿no?

-Quita.

Lo que tenemos que hacer es no separarnos.

-Ya, pero eso no está en nuestra mano, Paciencia.

Toda una vida "dedicaos" a Acacias 38 y....

Y ahora nos encontramos en la rue.

-Mientras podamos ayudar,

ustedes no se quedan en la calle.

Ni hablar del peluquín. -Eso.

Que donde yo esté,

tienen ustedes casa también.

Que Dios aprieta, pero no ahoga, hombre.

-Verídicamente que me emocionan, de verdad.

-Y a... Y a mí, también.

¡Tiene razón! ¡Todavía nos queda mucha lucha!

¡Si los señores no pueden,

nosotros salvaremos

Acacias! -P'a lo que sea me tienen.

Unidos y pelillos a la mar.

-Bueno, no se me embalen, que luego se la pegan.

Dejen encargarse a los señores,

que "pa" eso pagan "abogaos".

Y nosotros... a verlas venir.

-Y a dejarlas pasar, más nos vale.

-Yo sé

que no es de buen tono brindar con agua, pero allá vamos.

Por Acacias.

-Venga.

(TODOS) ¡Por Acacias!

Perfecto como siempre.

Imposible encontrar una sastrería en la que se trabaja mejor.

Espero que no te veas obligada a buscarla.

Y yo,

pero con las amenazas que se ciernen sobre el barrio,

acabaríamos todos repartidos.

No me lo recuerdes, solo de pensarlo, me pongo mala.

Qué debacle va a causar.

¿Lo conocías?

Dios me libre. Sería como conocer a Lucifer.

Será el final

de muchos, Susana.

Rosina y Maximiliano no tienen ni un real

sin comprometer con el banco.

La chocolatería, ídem, y espero que no sea el caso de tu sastrería.

Gracias a Dios, nuestra situación es sólida.

Al fin y al cabo, no tenemos deudas.

Saldríamos perjudicados, claro,

pero no nos hundiríamos como otros.

Trabajamos para lo mejor de la ciudad.

Y encargos no nos faltan. Lo sé.

Por vuestro buen hacer y vuestra decencia.

Dios recompensa la rectitud y el trabajo.

Si necesitáis algo,

lo que sea, aquí me tienes. No me gustaría perder

ni a una amiga

ni a alguien que conoce mis gustos.

Te lo agradezco. Igualmente.

En estos momentos de desdicha,

es cuando se sabe dónde están las verdaderas amigas.

Y yo lo soy.

Sin duda.

Las cuentas las lleva Leandro, ¿verdad?

Hace años, ¿por?

No le dejes solo, échale una mano.

Los hombres tienden a descuidar los detalles

y a perder de vista que se tiene que estar en todo.

Se han de comprobar las cosas una y cien veces.

Leandro es un águila para los números.

Si me tienes aprecio, haz caso a mi consejo.

Las águilas vuelan tan alto que ven menos que una paloma.

Te haré caso, gracias.

Debo volver a la sastrería.

Ve con Dios.

Queda con él.

(SUSPIRA)

-¿Ya se ha ido esa modistilla?

Ajá.

¿Le ha dicho lo de la hipoteca que ha pedido su hijo

para sacar a su marido?

No, no, no se lo he dicho.

Pero si es un poco lista, revisará las cuentas.

Es una lástima no estar delante

cuando se dé cuenta de que está tan arruinada como su amiga Rosina.

¿No se salvarán?

Comerciantes y nuevos ricos,

dinero sin pedigrí.

Se creen señores,

pero, a la primera, se ven tan miserables como sus antepasados.

(Llaman a la puerta)

Doña Leonor.

¿Desea usted algo?

-Buenas tardes, don Justo, venía a visitar a Manuela y a su hija.

Y, de paso, a atisbar una vez más mi antigua casa.

A veces la echo de menos.

Al fin y al cabo, fue donde nací.

-Claro, Manuela está en el salón.

-He traído unos pasteles.

No son de La Deliciosa, está cerrada, pero lucen bien.

¿Va a tomarse uno con nosotras?

-No, prefiero dejarles hablando de críos y asuntos de mujeres.

-Pase, pase.

-Me conozco perfectamente el camino, no le entretengo.

-Vaya.

-Hola, Manuela.

Hola.

¿La puedo ayudar en algo?

¿Te importa si nos tuteamos?

Ya sé que apenas hemos hablado,

pero eso va a cambiar.

(Portazo)

Qué bien.

¿Quiere...?

¿Quieres un café?

No, no, solo hablar contigo.

(BAJANDO LA VOZ) ¿Nos escuchan?

No, no, estamos solas.

Pablo me lo ha contado todo.

que sois hermanos.

Tú ya sabes que él y yo... Lo sé.

Lo sé todo.

Por eso me he presentado de esta manera.

Pablo está preocupado por ti.

¿Te ha mandado a sonsacarme?

No, no me ha mandado, pero le conozco y sé lo que le preocupa.

Tú y yo tenemos que ser amigas: yo te apoyo y tú me apoyas.

Leonor,

mi hermano está muy enamorado de ti.

Yo sé que eres una buena mujer y que le quieres.

Lo cual no es fácil con las diferencias

que os separan.

Dicho esto, te diré que..., que Pablo teme por demás.

Nada me sucede.

Él cree que ocultas algo.

Nada.

Estar casada con Justo no es fácil.

Pero ningún matrimonio lo es, bien lo sabes tú.

No quiero que mi vida y la de mi hija sean un infierno,

quiero llevarme bien con mi esposo y recuperar lo que teníamos.

Él sospecha que...

(BAJANDO LA VOZ) Justo te tiene amenazada.

Dice que en Brihuesca...

Lo pasado, pasado.

Nuestra situación no es fácil.

Justo...

es un hombre...

muy severo.

Pero ya no como antes.

Mi sitio está junto a él y junto a mi hija.

Le diré entonces que no se preocupe. No debe hacerlo.

Y, por favor, que no me visite a deshoras,

que no me ande rondando, ni él ni mi madre.

¿Sabes que mi madre...? Sí, no te apures.

Van a hacer que la situación se ponga más difícil si siguen así.

Prefiero que te vayas, no quiero que Justo se moleste.

Te acompaño.

Te agradezco tu visita.

Me encantará que nos volvamos a encontrar.

Manuela...

Si te puedo ayudar en algo...

Te digo lo mismo que a ellos,

sabré enderezar la situación.

No te voy a mentir,

es complicado,

pero deben dejarme sola poder salir adelante.

Por favor.

Haré lo que me pides.

Adiós.

¿Se ha ido ya?

Sí.

Es una buena chica, me ha agradado su visita.

A mí no.

¿Sales?

-Sí.

-¿Y adónde vas?

-A la calle.

-Sí, eso ya me lo imagino.

-¿Necesitas saber algo más?

-Celia...

¿Estás enfadada?

-¿Cómo voy a estar enfadada?

¿Por qué?

¿Porque mi marido solo me dice medias verdades cuando no me miente?

-Es por lo del Hoyo.

Necesito tiempo para ayudarles.

-Es por lo del Hoyo y por lo de Acacias.

-¿Qué quieres decir con lo de Acacias?

-Viene a cenar a mi casa un señor que se llama Teodoro Aranda

y, unos días después, aparece el Plan Aranda, que acabará con el barrio.

-No tengo nada que ver con eso.

-¿Te creo ahora

o cuando me dijiste que el Aranda que vino no era el del plan?

He echado un vistazo al periódico para descubrir tu mentira.

-No quería alarmarte.

Necesitaba a Aranda para entrar en política.

-¿Y eso incluye un plan que acaba con nuestra forma de vida?

Si me vas a mentir, prefiero que no me contestes.

Te tendré más respeto.

¡Tano, ponte la chaqueta, que nos vamos!

-No tengo nada que ver con eso, te soy sincero.

-Ya veremos.

¿Salimos o no, Tano?

Te he avisado hace más de 10 minutos.

Pero si no hay nadie, Maximiliano.

Así no hay manera de protestar.

-Lógico, los que no están detenidos se han quedado en casa.

-Así no vamos a lograr detener el plan Aranda.

-¿Qué hago yo con esto?

-Ofrecérselo a los vecinos como obsequio de la casa.

-¿Qué vecinos? No hay nadie.

-Mira.

Señores,

gentileza de La Deliciosa, que abre mañana para estar con los vecinos.

Don Maximiliano.

-Muchas gracias.

-Lo último que imaginaba era verte repartir chocolate.

-Calle, me da vergüenza.

Qué apuro, yo de camarera.

-Vergüenza ninguna.

No se te han de caer los anillos por ayudar.

-Me los he quitado.

Solo espero que mi padre no me vea.

¿Qué va a pensar si me ve de tabernera?

-¿Tabernera?

-Ay, no exageres, María Luisa.

-Voy a empezar, a lo mejor así

se acerca la gente.

¡Vecinos de la calle Acacias,

acudan a La Deliciosa!

¡Un sinvergüenza al que no habíamos visto nunca por esta calle

quiere tirar abajo nuestro barrio,

construir casas nuevas

y derribar los hogares!

¡No lo vamos a permitir!

-Claro que no.

-¡Eso es!

¡No dejaremos que pisoteen nuestros derechos

y derriben las casas donde hemos vivido!

¿Queremos que eso ocurra?

¿Vamos a consentirlo? (TODOS) No.

-De ninguna manera.

-Somos pocos, pero permaneceremos unidos.

¡Griten conmigo!

¡Acacias no se rinde!

(TODOS) ¡Acacias no se rinde!

¡Acacias no se rinde!

¡Acacias no se rinde!

Tu madre está hecha una revolucionaria.

¡Acacias no se rinde!

-Me pinchan ahora y no sangro.

-¡Es que no puede ser!

-Fui a ver a tu hermana.

Está bien,

me dijo que debía recuperar su relación con su esposo,

que no le pasa nada y que, por favor, no la visites

a deshoras

para no ofender a su esposo.

¿Ofenderle?

Maldito mengue.

¿Te pareció sincera?

Apenas la conozco, no lo sé.

Se lo diré a mi madre, habrá que respetar sus deseos.

-No es la primera vez que los poderosos

quieren oprimir a los débiles.

¡Es momento de decir no!

¡Acuérdense,

ya se lo dijimos a Napoleón!

Le dijimos no y se fue por donde vino.

¡Ahora hay que gritárselo al unísono a Aranda!

¡No al plan Aranda!

(TODOS) ¡No al plan Aranda!

¡No al plan Aranda!

¡No al plan Aranda!

¡No al plan Aranda!

He de hablarle de Manuela.

Asegura estar bien y que no nos metamos.

¡No al plan Aranda! -¿Y te fías?

No, pero tiene razón.

Si seguimos husmeando, su marido se encenderá y lo pagará con ella.

Seguiremos pendientes,

pero con tino.

En Brihuesca escuchaba rezando

cómo ese malnacido le daba tormento cuando le venía en gana, ¡y callaba!

No quiero seguir callando.

Ya, pero si no hacemos nada, ¿qué?

-Esta reunión es ilegal, ¿quién es el responsable?

-¡Yo!

No me gusta.

-Nadie te ha preguntado.

Te sienta muy bien. -No me la voy a poner.

No soy un botarate vestido con sedas.

-Te pondrás lo que te mande.

-¿Te gusta este largo o lo prefieres crecedera?

A estas edades, parece que les riegan por las noches.

-Mejor crecedera. -Eso.

Así parezco un espantapájaros. -Aquí no hacemos milagros.

No vas a parecer un Lord Brummel por una chaqueta.

-¿Quién es? -Uno que sabía vestirse.

-Ya, otro petimetre, como todos en este barrio.

-Deja de rechistar.

-(SUSPIRA)

-A ver.

Deja que te pruebe esto.

(RÍE)

Como me imaginaba,

perfecto para esta chaqueta.

-Puedes quitártela.

Ya está medida y probada.

(Voces)

-En la cara no, en la cara no.

-A mí no me espose.

-Se ha formado un tumulto en La Deliciosa.

-Parece que Rosina lleva la voz cantante.

Está hablando con los guardias. -Mira, mi hijo en medio.

Ay, que no haga una locura, san Cucufato.

-Tano, vámonos.

Antes de que se monte la Revolución Francesa, vámonos.

-Por favor, no me detenga.

-No hemos hecho nada.

-Estamos en nuestro derecho de reunirnos, no hacemos mal a nadie.

-Si no dejan de montar jarana, tendremos que detenerles.

-Por favor, ¿qué alboroto estamos montando?

¿Pretenden golpear a gente inocente y desarmada?

¿No son parte del pueblo?

-Cumplan con su deber,

que es detener delincuentes,

y no reprimir a unos vecinos

¡que respetan las leyes y pagan sus impuestos!

-Sí, venga, ¿es que va a golpearme para que me vaya a casa?

(GRITAN A LA VEZ)

-¡Por favor!

No te metas, hazlo por mí.

(TODOS) ¡Acacias no se rinde! ¡Acacias no se rinde!

¡Acacias no se rinde!

¡Acacias no se rinde!

-¿Y tu madre? -Está ahí.

-¡Mis grilletes! -Aquí, venga a por ellos.

-¿Qué haces, insensata?

-Nadie me va a mover de aquí.

Si quieren que salga, será con los pies por delante.

¡Acacias no se rinde!

¡Acacias no se rinde! (TODOS) ¡Acacias no se rinde!

¡Acacias no se rinde!

¡Acacias no se rinde!

¡Acacias no se rinde!

¡Acacias no se rinde!

¡Acacias no se rinde!

¡Acacias no se rinde!

¡Acacias no se rinde!

¡Acacias no se rinde!

¡Acacias no se rinde!

Está fría.

La calentaré.

No, no quiero.

¿Quieres que te prepare otra cosa?

No tardo nada. ¿Crees que no sé lo que pretendes?

No pretendo nada, Justo.

Quieres hacerme creer que estás conmigo,

y solo pretendes repetir lo de aquella noche.

¿Me darás más fuerte?

Si fuera esa mi intención, lo habría hecho ya, hace tiempo.

El miedo me obligó a hacerlo.

Proteger a mi hija.

¿Ya no me temes, Carmen?

Quiero que seamos una familia, Justo,

que mi hija tenga un padre.

Los vecinos sospechan por no verte.

Deberías salir con la niña.

Podemos ir los tres juntos.

¡Está helada!

¿Crees que no veo lo que pretendes?

Quieres que me muera y heredar toda mi fortuna, ¿verdad?

¿Verdad?

Si muero, te llevaré conmigo, ¿me oyes?

Tóquenle un pelo a mi esposa

y volverán a destripar terrones a su aldea, de donde no debieron salir.

-¿Quieren la llave?

¿La quieren?

-¡Eh, eh!

-¡Rosina, por Dios!

(TODOS) ¡Acacias no se rinde!

¡Acacias no se rinde!

-¡Y díganle al tal Aranda

que su plan atenta contra los ciudadanos

y que toda la culpa la tienen los políticos!

Di que no es verdad

lo que me han dicho,

que has hipotecado la sastrería.

-Debería habar hablado yo mismo con usted.

-¡Pero no lo has hecho, bribón!

¿A santo de qué, mal hijo?

has hecho con el dinero? -Sacar a Germán de la cárcel.

-¡Insensato!

Nuestra vida,

nuestro negocio, a la basura

¡todo!

Olvídese de la verdad

y céntrese en ganar. No mintiendo.

No le pido que mienta para alardear y hacerse pasar por un hombre cabal.

Al contrario, solo le pido que admita

que golpeó a su esposa como es derecho.

Eso sigue siendo mentira. Exacto.

Una mentira que le convertiría en un hombre libre.

Rosina, el pueblo está contigo.

-Y más que lo harán cuando lleve a cabo mi idea.

Voy a escribir un sainete que explique a todo el mundo

los atropellos de este tal Aranda.

Casilda, te necesito. ¿Y eso, mocico?

Verás, con su madre en plan abanderada de la revolución,

Leonor ha tenido una idea.

Ah.

Me necesitáis Leonor y tú. Exacto.

Ella va a escribir un sainete.

Pues no creo que pueda ser.

¿Y eso? Es en beneficio de todos los vecinos.

No quiero embarcarme en nada con vosotros.

De hecho, no deberías ni pedírmelo.

-No debí juzgar su falta de nobleza

conociéndole, pero...

Compréndalo, todas las pruebas estaban en su contra.

Parecía más que claro que había golpeado a su esposa.

No es fácil enfrentarse a la opinión pública, esta está en mi contra.

Y las pruebas, las apariencias, siguen estándolo.

-El desnortado de Leandro.

No parece hijo mío y de su padre el mentecato.

¡Me ha hipotecado la tienda! ¿La sastrería?

Le ha pagado la fianza a Germán.

¿Te lo puedes creer?

¡Malnacido!

¿Comprendes ahora que el Plan Aranda puede llevarme a la ruina?

Por mucho que Rosina se saque un pecho o se ponga frente a las turbas.

Estoy pensando...

No, no, no, pero no.

Tú amas ese local viejo.

Si te lo quitara de las manos, sería casi un acto de caridad.

Vamos, entiendo que no quieras desprenderte de él.

-"Vamos a dar un paseo".

¿Adónde?

Por el barrio.

Ahora que se han calmado los ánimos,

demostraremos que somos una familia bien avenida.

Tu muchacho

aprovechó que estábamos distraídas

con el alboroto

para robar en mi sastrería.

-Eso no es cierto.

¿Cómo te atreves a acusarle?

-El simplón se dejó su pañuelo

al lado de la caja de caudales.

-No puede ser.

-No querrás competir en estulticia y negar que es suyo.

¿Cómo va el Plan Aranda

de puertas hacia dentro?

Es muy controvertido. ¿Sabe la que se organizó?

Las autoridades se emplearon a fondo y se han generado muchas dudas.

No sabría decirle si seguirá adelante.

Pero todos creemos que sí, y con eso me conformo.

Me conviene que la gente crea que Aranda derribará el barrio.

¿O debería decir "nos conviene"?

Con la expropiación, el ayuntamiento ofrecerá un precio mínimo

por nuestras propiedades.

Yo estoy dispuesta a compraros la chocolatería.

Ahora mismo si es necesario.

Le estoy muy agradecido,

pero no puedo tomar una decisión así sin contar con mi madre.

Lo sé, pero el ayuntamiento no se andará con chiquitas.

Si llega la expropiación, nos echarán a las calles

sin importarles quién esté y quién no.

Rompe los grilletes con cuidado, pero sin melindres.

-¡No me toque!

Señores, por favor.

Por favor, mantengan la calma. Leonor, Leonor, por favor.

Ustedes, paciencia.

Si usan sus armas contra gente desarmada,

hasta su conciencia les pedirá cuentas.

(TODOS) ¡Acacias no se rinde!

¡Acacias no se rinde!

¡Acacias no se rinde! ¡Acacias...!

  • Capítulo 156

Acacias 38 - Capítulo 156

16 nov 2015

Pablo le confiesa a Leonor que Manuela es su hermana, por lo que también se preocupa de lo que pueda estar pasando con Justo. Rosina no piensa permitir que derrumben Acacias, por lo que inicia su propia protesta con los vecinos del barrio. Cayetana le recomienda a Susana que mire bien las cuentas de la sastrería para ver si está todo en orden.

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