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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 153 - Ver ahora
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Adiós.

Iba a llamar.

Ha ocurrido una desgracia.

¿Qué te pasa, muchacha?

Estás temblando más

que una gallina en Nochebuena.

Es que a Justo

le ha dado un ataque.

Un...

¿Se puede saber qué estoy haciendo?

-Consiguiendo la llave de tu libertad.

-Llevo esperando toda mi vida para volver a pedírtelo.

¿Quieres casarte conmigo?

¿Cómo le encuentra?

-Es pronto para decirle.

Tengo que hacerle pruebas.

-Manuela, ven a mi lado. -El cariño de una esposa es medicina.

Y me barrunto que don Justo va a necesitar de sus atenciones.

-Ya lo has oído.

Si quieres que me recupere, tendrás que estar a mi lado.

-Justo lo sabe todo.

Nos ha estado ocultando todo este tiempo

que había recobrado la memoria. No sé desde cuándo,

mas ahora todo lo recuerda.

¿Por qué?

¿Por qué ocultarlo?

Porque es el mismo demonio, madre.

Quiere tenerme

bajo su dominio controlada entre estas paredes.

-Felipe,

usted busca mi amistad porque sabe que ando metido

en el tema de urbanismo

y es ahí donde está el dinero.

-Entonces,

¿va a ayudarme?

-La información es poder

y el poder, dinero.

A mi lado,

no le va a faltar información.

Te juro por mi hija

que pagarás por lo que has hecho.

Me alegra saber que pensamos igual.

Al menos hay algo que nos une,

nuestro afán por destruirnos.

Veremos quién tiene éxito.

(Portazo)

Dichosos los ojos, don Germán.

Se le echaba de menos.

Pablo, yo también me alegro de verte.

Mucho.

Siento el calvario que ha tenido que sufrir.

Preguntaba a don Leandro y él me ha mantenido al tanto.

Ojalá no tenga que volver a ese infierno.

Ojalá.

Pero todavía me queda un juicio,

y mi esposa...

no parará hasta arruinarme la vida.

Será una batalla dura.

El juez tendrá la última palabra. Siempre nos han enseñado

que, en cuestión de justicia, la verdad se impone.

Siempre que no haya juego sucio.

Cayetana es una maestra en eso.

No veo ninguna esperanza.

Pero tampoco puedo adivinar el futuro.

Dejemos de hablar de mis desgracias, ¿cómo está Manuela?

Bien.

No me despaches con un simple bien.

Sé que ya no trabaja en la chocolatería.

Lo que significa que no está tan bien.

Hable con ella a ver qué le parece.

No he podido dar todavía con ella, por eso te pregunto a ti.

¿Qué te impide hablar conmigo?

¿Qué le pasa a Manuela?

No lo sé, don Germán.

Le aconsejé que no fuera a vivir con Justo, pero lo hizo por Inocencia.

No sé lo que acontece en esa casa.

Alguna opinión tendrás al respecto.

Manuela no ha pisado la calle desde que volvieron de Brihuesca.

¿Volvieron?

¿Es que acaso fueron juntos? ¿A qué?

Su pretensión era vender unas fincas propiedad de Justo

para conseguir el dinero que Manuela necesitaba para pagar su fianza.

¿Intentó pagar mi fianza?

Sí, pero no lo consiguieron.

Las propiedades fueron arrasadas

o quemadas, yo qué sé.

El caso es que no tenían valor suficiente

para ponerle en libertad.

Manuela volvió sin dinero...

Y sin alma.

¿Por qué dices eso?

¿Solo porque no sale de casa?

Es algo que siento aquí.

Manuela volvió cambiada, sin ganas, sin fuerzas.

Resignada.

Muy lejos vas, Manuela no es de las que se resignan.

Ya, pero muchos han sido los aconteceres.

Apenas volvió, la despidieron de la chocolatería.

No me pregunte el suceso porque no lo sé.

Pero veo la mano de Justo en ese trance.

Hace tiempo que sé que hay algo en Justo que no es bueno.

Me dolió cuando Leandro me contó que vivían como esposo y mujer.

Pero pensé que solo eran celos.

Necesito verla.

Discúlpeme.

Le he escuchado y...

Yo no se lo aconsejaría.

No si tiene que subir a casa de Justo.

Tan solo sería una visita como vecino.

Manuela hace vida de casada, cuida a su hija y a su marido.

Sería una imprudencia que otro hombre...

soltero o casi,

vecino o no, la visitara.

Si aprecia a Manuela,

no vaya a su casa.

¿Pasa algo, madre?

No es necesario echar más leña al fuego, hay bastante brasa.

¿no es suficiente?

No quiero ponerla en ningún compromiso.

Tan solo dígame qué le pasa, tan solo eso.

¿Qué le pasa?

Nada que le afecte a usted.

Sea prudente, señor, se lo ruego.

Creo que todo está atado.

Provechosa reunión, vive Dios.

-Gracias a usted.

La conversación ha sido como un libro.

He aprendido mucho.

Tengo más claro con quién tratar para hacerme un hueco en política.

-Y en Urbanismo.

-Y en Urbanismo.

-Recuerde en todo caso

que no será tarea fácil.

Los enemigos en política

son poderosos y crueles; en Urbanismo igual,

pero más avaros.

Su camino estará lleno de peligros y hasta contrariedades.

-Espero afrontar esos peligros con éxito

y sobreponerme a las contrariedades.

Con su ayuda, claro.

-Otra cosa que no debe olvidar

es que en política nada es gratis.

Ni siquiera la información.

-Descuide, que no me he caído de un guindo.

Aportaré el dinero para los negocios.

Usted recibirá su parte si todo sale como está previsto.

-Saldrá, querido Álvarez Hermoso,

saldrá como está previsto. (TOSE)

Siempre que usted actúe como le he indicado.

-Se hará como usted diga.

Es usted mi mentor

y cuenta

con mi fidelidad más absoluta.

-No se deje amilanar por los detractores.

(TOSE)

Nuestro plan los tendrá,

Como toda iniciativa de progreso.

(TOSE)

Pero debemos mantenernos fuertes y unidos.

-Se hará como usted diga.

Le acompaño.

-Ah, ¿ya han terminado?

So0lo quería ver si necesitaban algo más.

-Muchas gracias, señora.

Ha sido una anfitriona encantadora. -Gracias, caballero.

-Por cierto,

una hermosa casa, muy hermosa.

Gracias otra vez. -Le acompaño.

(Puerta cerrándose)

Un político excepcional, y mejor persona.

-¿Te fías de él?

-Completamente.

Entonces yo feliz de que haya salido como esperabas.

¿Será provechosa?

-Sin duda.

Muy provechosa.

¿Cómo sé que le gusta el café bien tostado?

No hay más que ver esos ojos que tiene su esposa, caballero.

Qué lástima que no haya un bollo que se llame español.

-(RÍE) ¿Qué dices? Deliras.

-Así no te gustarían tanto los suizos,

a los que me encanta invitarte

todo el rato, sin parar.

-Agradecida. Quita empalago a tu charla, engorda más que los dulces.

-Ya veo cómo te empeñas en aprender la lección.

¿No te puse deberes en mi clase?

-Pero si no he hecho otra cosa más que estudiar.

Este es el primer paseo en toda la tarde.

-¿Cuántos sueles dar?

Para hacer un croquis a ver si coincidimos.

-Seis o siete, depende de cómo esté el tiempo.

-De niña debías pasarte horas en los jardines.

No son razones, María Luisa.

Debes esforzarte, y no solo por ti.

Tu padre te ha hecho un encargo y no puedes defraudarle.

-Tampoco te pongas así, estos libros no requieren tanto esfuerzo.

Además, con lo rápida que es, estoy convencido de que los domina.

Demuéstraselo.

Por ejemplo, dinos qué es el libro diario.

-Eh...

El diario...

El libro diario... -Ajá.

El diario es... -Ahora sí me dejas de piedra.

María Luisa, si ayer mismo me lo dijiste de pe a pa.

Se ha puesto nerviosa contigo, pero lo sabe.

Víctor, tráeme cuando puedas, y sin prisas, un café con mucha leche.

-A sus órdenes, señora mía.

-Gracias por el capote, no tenía ni idea.

-No sé por qué lo he hecho.

Debería haber dejado que te comiera la vergüenza.

-Estoy muy descalentada con todo esto.

Me muero de miedo solo de pensar que debo representar a mi padre.

Me aterra meter la pata.

-Pues precisamente por eso deberías acordarte un poco más de los libros.

-Por más que estudie, no lo conseguiré.

Dios no me ha hecho para estudiar.

Me ganaría al inversor con una mirada,

no con esas perogrulladas sin sentido

que vienen en los libros.

Acompáñame.

Mi padre ni se enterará.

-No, ni te acompañaré ni te conviene que lo haga.

Tu padre confía en ti y en que aprendas.

Así que estudia y ve preparada a esa reunión.

No solamente por ti,

sino porque pondrías en entredicho mi capacidad como profesora.

-Acabáramos.

Esa es la preocupación, que mi padre dude de tus conocimientos.

Tú no quieres que yo quede bien, quieres quedar bien.

-Eres una niña, no, peor,

una niña malcriada.

Me dejo las pestañas metiendo algo en tu mollera

y vienes con eso. -Te dejas las pestañas

para demostrar que eres la más lista del barrio.

-¡Y tú la más necia! Encima, ni agradecida

ni pagada.

Ahí te quedas.

Ya harás lo que te parezca mejor con el orgullo de tu señor padre.

-Eh, pero ¿dónde vas?

¡No me dejes así!

-¿Qué te pasa, prenda mía?

-No te importa.

¿He dicho yo que habíamos terminado?

Me había parecido.

Te has equivocado, como tantas ocasiones.

Quiero otra tostada de mantequilla y más café.

Quiero que lo prepares con una sonrisa.

Con una ancha y amable sonrisa.

¿Todavía te queda un poco de rebeldía?

Mal asunto.

No lo digo por ti, que estás curada de espanto, sino por la niña.

No va a tener una infancia feliz si no me tratas con cortesía.

¿A ver esa sonrisa?

Así me gusta.

Mucho mejor, ya ves que no es tan difícil.

¿Ya?

Más café, por favor.

Ahora quiero que te sientes y me escuches con amor y con atención.

Aún no hemos hablado

sobre mi indisposición.

No he tenido la oportunidad de darte las gracias

por actuar con tanta diligencia.

Se puede decir que me has salvado la vida, querida.

¿Y eso cambia las cosas en algo?

Podríamos considerar que estamos en paz.

No, querida.

En paz no estaremos jamás.

Lo que sí ha cambiado es mi consideración sobre ti.

Ahora estoy seguro de que eres más necia de lo que pensaba.

Por salvarte.

Sí, ahora empiezas a razonarte.

Por salvarme.

Me sorprende lo boba que eres, ahora serías libre.

Libre y con dinero, Carmencita.

No me llames así. ¡Te llamo como me plazca!

(Llaman a la puerta)

No, deja, ya abro yo.

Tú quédate ahí sentada como una señora.

Cómete una tostada,

mi sagrada esposa.

Buenos días.

Germán.

¿Qué desea usted?

Venía a presentarles mis respetos

y a ver a esa niña que traté en su momento.

Lo siento, pero no es momento para recibir.

Comprendo que estamos desayunando.

En esta casa, le damos mucha importancia a estos momentos tan...

íntimos y entrañables.

Últimamente, las circunstancias

han agotado mi paciencia para escuchar mentiras.

Seamos francos los dos.

He venido porque quería saludar a Manuela.

Nada más.

Ya que se expresa tan a las claras,

yo también lo haré: no quiero que vea a mi esposa.

Imagino que en algún momento habrá pensado

que esa decisión no es enteramente suya.

Su esposa también tendrá opinión. Ya le he pedido su opinión.

No quiero verlo.

No me obligue a echarle sin miramientos.

Váyase, ni mi esposa ni yo recibimos visitas.

Supongo que...

es la niña quien le importa más en este asunto, ¿no?

Claro.

La niña es el motivo principal de nuestra existencia.

Pase buen día, don Germán.

(Puerta)

Aquí tiene usted. -Gracias.

-Ahora no te podrás quejar.

Veo que la chocolatería vuelve a ser uno de los locales más concurridos.

-No me quejo.

-Bueno, pues alegra ese rostro, mujer.

Después de todo lo pasado, te lo mereces.

-Sí.

Supongo que sí.

¿Tu café de todos los días?

-¿El café? Sí, claro, sí.

Juliana,

¿has sufrido alguna afrenta por mi parte,

o por otros, que te tiene tan mustia?

No estás en tu ser.

No me hagas recordarte que hicimos un pacto de amistad.

Dijimos que seguiríamos confiando siempre el uno en el otro.

-No insistas, haz el favor.

Has estado mu ocupado

ayudando a tu amigo.

Me parece muy bien, es lo que debías hacer.

Pero no vengas queriendo saber los acontecidos en un minuto.

-Tienes razón.

Tampoco quiero ser fatigoso.

Juliana, lamento no haber estado pendiente de ti y de tus cuitas.

(Taza golpeando la barra)

Con Dios.

-Entiendo que con Leandro guarde silencio.

¿Conmigo también, madre?

¿No va a contarme que está así por la propuesta de boda?

-¿Qué sabes tú de ese lance?

-Les escuché ayer, pero no lo juzgo.

Solo empezaré a encorajinarme

si pretende que usted le proporcione satisfacción inmediata,

-Al contrario, Víctor.

Me ha dado todo el tiempo del mundo para pensármelo.

Aunque yo me temo que espera una pronta respuesta, claro.

-Hombre, al fin y al cabo.

-Hombre y caballero.

Hijo...

Tengo la sensación de que la vida se me ha ido

buscando un sueño que ya es tarde para cumplir.

-¿Se refiere a Leandro?

-A todo en general.

De pronto viene un amigo querido, Víctor,

que me propone cosas reales,

no planes que nunca se cumplen.

Me pregunto si no debería de aceptar.

-Tiene que hacer lo que su corazón le marque.

De la Cuadra parece un buen hombre.

-Sí que lo es.

Fíjate que hasta que me invita a un crucero para que nos conozcamos más.

Bueno, en realidad para que... sepamos cómo hemos ido cambiando.

-Retiro lo de buen hombre.

Hombre, ¿a un descarado

que le invita a días y unas noches le considera un caballero?

Es un aprovechado.

-No seas mentecato, por Dios.

En camarotes separados.

Ni un solo roce habría en ese viaje.

Fíjate que no me parece tan mala idea.

No sé,

por terminar de perfilar a Íñigo

y, sobre todo, por alejarme un tiempo de aquí,

de Acacias

y del negocio.

Me encuentro muy cansada, esa es la verdad.

-Pues descanse, madre.

Delegue un poco en mí.

Pásese a las últimas horas para ver cómo va la cosa.

-Si yo aceptara la propuesta de Ínigo...

Me refiero a la del viaje.

¿Te harías cargo del negocio por completo?

-Eso ni se pregunta, madre. Clarinete.

Además, no tendría ninguna queja.

No diríamos lo mismo de don Leandro.

¿Sabe el daño que le puede hacer?

-Lo de Leandro es una historia pasada.

No puedo dejar que mi vida se acabe porque se acabó lo de Leandro.

-No, ni yo lo digo así.

Es tan bueno que cuesta verle sufrir.

-(SUSPIRA)

Mira, hijo,

yo no sé si aceptaré a Íñigo o no,

pero lo que sí sé es que no me encuentro con fuerzas para encarar

el futuro yo sola.

Bien sabe Dios que así será si no le pongo remedio.

-Me tiene a mí, madre.

-Si ya lo sé.

Ojalá pudiéramos estar así toda la vida,

como estamos ahora.

Pero es ley de vida que los hijos vuelen algún día como pajarillos.

Yo también necesito un cambio.

Y saberme segura.

He estado demasiado tiempo esperando por Leandro.

Quizá a los dos nos siente bien una separación.

Entonces, es verdad lo que se comenta por ahí.

-Y tan verdad, el edificio de la chocolatería ya es mío.

Bueno, perdón, nuestro, de Maximiliano y mío.

Está firmado y rquetefirmado.

Somos los mayores propietarios de esta bendita calle.

-Por favor, madre, no sea usted arrogante.

Como bien sabemos, la vida da muchas vueltas.

-La vida podrá ser una noria, no soy yo quién para negarlo,

pero, hoy por hoy, la posición social de los Hidalgo

no está siendo reconocida por los demás.

-Rosina, ¿qué quejas tiene?

Te tratamos como siempre. -¡Esa es mi queja!

No se puede tratar como siempre a los más potentados del vecindario.

Por ejemplo, en buena ley,

¿no debería ser yo quien diera el pregón oficial de las fiestas?

Di tu parecer, Susana. -Mujer, yo por mí...

Más bien sería con doña Cayetana

con quien deberías hablarlo.

Es ella la que se siente desplazada.

-Así me he sentido todos estos años.

¡El derecho del más fuerte es el derecho del más fuerte!

Tú hazme el vestido más caro

y bonito del territorio, que nadie me amargará el dulce.

Pero, eso sí, hazlo rápido.

Ahora mismo vamos a las mejores tiendas de muebles

para elegir la decoración de nuestras nuevas propiedades.

-Parece que les resulta fácil adquirir el dinero para tanto gasto.

-Como somos buenos clientes,

el banco se ha mostrado generoso.

Nos ha prestado un tanto por encima de las hipotecas para los muebles.

Para que eso nos permita alquilar con mayor facilidad.

-Bueno, las medidas están tomadas.

El vestido será un primor.

Ahora, si no le resulta inconveniente,

me gustaría brindar por su éxito.

¿Te importa venir conmigo

a por unas copas?

Leandro, coge ese licor de fresa.

-Sí, madre.

-¿De verdad, padre, que podemos permitirnos

tanto gasto,

tanto lujo y tanto crédito?

-Tenemos una buena racha, no diré yo que no.

Deberías estar orgullosa.

Si nuestros posibles han aumentado,

ha sido gracias a ti y a tu sacrificada boda.

Es gracias a Claudio... -Ni nombres

a ese depravado en mi presencia.

-Creí que no estaba en tu presencia.

-Brindemos por la prosperidad de los Hidalgo.

-Sea.

No le pienso dar muchas más vueltas, Paciencia.

Lo mejor para animar a la Casildilla

es hacerle un traje bien pinturero y darle algo de suelto

para que se gaste en las fiestas del pueblo.

-Quizá en la verbena encuentre un clavo que saque otro clavo.

-Si no es así, tampoco se viene el mundo abajo.

La Casilda es de gustos sencillos.

Un poco de lucimiento y algo de gasto

le harán pasar un día de pasmo.

-Ay...

Yo me recuerdo a su edad,

lo que me gustaba pasearme por al verbena

sintiendo la mirada de los mozos

mientras me recogía con la lengua las migajas de barquillo de los labios.

(RÍE) -Mire que es usted picarona.

-Sincera, nada más.

Qué bien resalada era yo.

Bueno según me recuerdo, la verdad.

Volviendo a lo de Casilda,

de acuerdo, saquémosla de su pozo.

Pero sin tener en cuenta ninguna de las propuestas de mi Servando.

(Campanilla)

-Bueno, ¿y qué propuestas ha hecho?

-Ayer nos quiso liar a Lolita y a mí

para que llevásemos a la pobre Casilda a un museo

a ver unas armaduras

del tiempo del Cid Campeador.

-Siempre pensando en lo que le gusta.

-Por eso él siempre disfruta en nuestros aniversarios.

Yo vuelvo a casa con más sueño

que un sereno al amanecer.

Vaya, aburrida perdida.

-Menos en el último, que bien que lo pasamos todas

en la chocolatería.

-Calle, calle, Fabiana.

Es uno de mis mejores recuerdos de casada.

-Mire, eso estaría fetén.

Invitar entre todas a la Casilda

a la chocolatería y a comer todos los bollos que le quepan

en ese cuerpecillo de pitiminí.

-Pues no está nada mal.

Nos ponemos todas guapas

y, después del chocolate, nos damos un garbeo por la verbena.

-Si pensáis llevar a la Casilda

a la verbena de San Clemente,

echad la idea a la albarda.

Tengo el plan perfecto.

-Bueno... Oigamos el bodrio.

-De entrada,

un espectáculo de lucha leonesa.

De postre, la mejor mesa

en una taberna donde mejor casquería ponen de la ciudad.

¿Es o no es un plan perfecto para una moza soltera?

-Sí, sobre todo la casquería.

Si en algún sitio puede Casilda lucirse,

es ante hombres con las manos y la barbilla grasientas

como churros recién sacados

del aceite.

Y que la pellizquen y la dejen sus buenos lamparones en el vestido.

-Si vuelven a echarme una idea para atrás,

dejo de darle al caletre.

-Pues déjalo, cariño, déjalo, que ya nos apañamos nosotras.

-Vosotras creéis que conocéis

los gustos de las mozas casaderas.

¿Quién ha tratado con ellas?

-Espero que tú no.

Siempre me dijiste que fui la primera.

-Bueno, la segunda.

-Ah...

-A ver si por darle un alegrón a Casilda

van a entrar ustedes dos en gresca como perdularios.

O hacemos piña

o Casilda se queda sin homenaje como yo me quedé sin mi abuela.

-Estamos de acuerdo.

¿No, pichurri?

-¿Pichurri?

Sí, de acuerdo.

Pero tú y yo ya hablaremos en casa de cuántas casaderas has tratado.

Fue salir de la cárcel y presentarse en casa para llevarse todo.

Como un vulgar ratero.

Estuvo a punto de matarme a golpes, a punto de asesinarme,

y tengo que soportar que se pasee por mi casa como si fuese la suya.

No hay justicia, Celia.

No hay consideración con las mujeres.

Qué mal trago, querida.

Lo único que puedo aconsejarte es que te dejes asesorar por Felipe.

Es el mejor abogado de la ciudad y vuelve a estar en activo.

Ya lo necesitaba el hombre, ya.

Os veía en la miseria más completa si le da por no volver a trabajar.

Y más ahora, que tenéis una boca más que alimentar.

Sí, Tano tiene otras cosas,

pero con la comida no se priva.

Come como una lima.

Por tu gesto,parece que el muchacho está siendo un quebradero de cabeza.

No, no es para tanto.

Cosas de chicos, pero no da que hacer.

Eso es porque no está nunca en casa.

Hemos conseguido que acepte acudir a clases con un tutor.

Poco a poco irá aceptando las normas de la familia.

Celia...

Te arrepientes de haberle adoptado.

Nunca.

Eso nunca.

Ya.

Bueno.

¿Tiene la cabeza despejada? ¿El tutor está contento con él?

Sí y no.

Qué mal te explicas.

Tiene la mente más rápida que he visto nunca,

es listo, simpático y las caza al vuelo.

Pero no,

el tutor no está contento con él.

No le cumple como debe.

Que es un golfo, vamos.

No, mujer.

Añora la libertad.

Yo no vivo cada vez que sale y no vuelve hasta entrada la noche.

No deberías ser tan permisiva, aunque el rapaz sepa cuidarse.

No es supervivencia, sino darle a vuestro apellido

No es supervivencia, sino darle a vuestro apellido

el merecido fuste.

¿Crees que no lo he pensado?

Pero estoy confusa.

No sé si debo dejarle volar o..., o cortarle las alas.

Duda ninguna.

Los pájaros en las jaulas no dan problemas.

Átale en corto o acabará contigo a disgustos.

En fin, mujer, tengo que irme.

¿Ya? Sí, lo siento.

Dile a Felipe que quiero verle.

Has tenido una buena idea.

Debo protegerme de ese presidiario que me ha tocado como marido.

Mete en vereda a ese golfillo o acabará con vuestra reputación.

(SUSPIRA)

-"¿Y esta visita?".

¿A ti no te han enseñado que para entrar en los aposentos

de una señorita, primero debes enviar una solicitud?

-No había tiempo

para formalidades, mi vida.

Ayer te vi nerviosa,

apocada.

Y además, no has dado ninguno de tus seis paseos

para lucir palmito.

Y yo me preocupo, claro. Tú eres la sangre

que corre por mis venas.

-Menudo requebrador eres, Víctor Ferrero.

Siéntate, por favor.

Mi obligación sería ponerte de patitas en la calle

por aquello del qué dirán, pero

necesito contarle a alguien que entienda mi padecer.

-Yo a ti te entiendo aunque me hables en arameo.

-Mi padre me ha pedido que le represente en una reunión

con un cliente y me...

Ay, Víctor, que me da pavor defraudarle.

-Claro, por eso Leonor está tan preocupada

en que te esfuerces con tanto ahínco.

-La reunión es esta noche y la verdad es que estoy muy pez.

Ya no me importa tanto quedar como tonta,

sino defraudar a mi padre.

Yo a mi padre le quiero

y nunca le ayudo.

Y ahora solo piensa en esa facia de Trini y yo quedaré

como una mema.

-Te entiendo.

Es muy parecido a lo que siento yo hacia mi madre.

También me ha pedido que me haga cargo del negocio.

-¿Y lo va a dejar o algo?

-A menos por un tiempo.

-¿Y qué le has contestado? -La única respuesta posible,

que sí.

Nuestros padres se han esforzado por nosotros desde que nacimos.

Por mucho miedo que nos dé la responsabilidad,

tenemos que asumirlo. Imagínate el miedo

que sentirían ellos cuando se vieron con un renacuajo.

-Mil rorros tendría entre los brazos en lugar de los libros.

Mira, si es que me pongo encima de ellos

desde que me levanto y no me concentro.

Mi pánico me paraliza.

No soy capaz de aprenderme ni los títulos de los capítulos.

-Busca a alguien que te acompañe a la reunión.

-Pues no.

Porque me he indispuesto con Leonor y con Trini,

que bien me podrían acompañar.

Tendré que ir sola.

-Y...

¿No se te ocurre nadie más

que sepa de negocios y pueda acompañarte?

-Pues no.

No conozco a nadie más.

-¿De verdad?

-¿Don Felipe?

-No, mujer, yo.

Que trabajo desde que soy un crío y, además, he estudiado Derecho.

¿Quién mejor para acompañarte

y sacarte del atolladero?

-¿Harías eso por mí?

-Eso y enfrentarme a los moros de la morería.

No te dejaré sola hasta que le saquemos al cliente

lo que haya que sacarle o venderle.

-Gracias.

-Casto,

pero me vale.

-Iremos juntos y no del brazo.

No seas atrevido, ¿estamos?

-Ya veremos.

-¿Ya se ha dormido?

Como una bendita.

Puedes sentarte en el sillón, aquí a mi lado,

y hacer las labores propias de las mujeres a estas horas,

puedes bordar o hacer un solitario.

Diviértete.

¿No podría salir un rato?

Unos minutos para tomar el aire.

¿Me estás tomando por imbécil?

No soporto este encierro, me volveré loca.

Y, además, sería bueno para tu tranquilidad.

Llevo días encerrada.

La gente estará comentando y se enterarán

de que estoy recluida.

No temas, no huiré.

No sin Inocencia.

Tu único deseo es encontrarte con Germán y avergonzarme.

Ni lo sueñes.

(Llaman a la puerta)

Para ser una familia poco dada a lo social,

no dejamos de recibir visitas

una tras otra.

¿Quién demonios será a estas horas?

¿Quién te ha invitado?

Ni un paso más.

Quiero ver a mi hermana.

¿Qué te pasa, hermana?

¿Qué tiene él? No te vemos el pelo.

Estoy un poco cansada y no me apetece salir.

Me gusta estar aquí con mi niña.

Manuela es una mujer de su casa, siempre lo fue.

Ansiamos recuperar nuestras viejas costumbres.

Ya.

No me cuentas la verdad.

No fabules

y vete, por favor.

Volvemos a las andadas.

Mozo,

uno debe darse cuenta de cuándo sobra en una casa

y tú sobras.

Manuela.

Está bien.

Como quieras.

Ahí está la puerta.

(Portazo)

A pesar de todo, en una cosa sí que has dado en el clavo.

Me he comportado como tú quieres.

Sí, no hay queja.

Pero es cierto que la gente, tu madre,

tu hermano,

pueden empezar a pensar que te tengo retenida aquí.

La gente termina sabiendo la verdad, es inevitable.

No, inevitable no es.

No si te comportas con todo el mundo como te has portado

con el zarrapastroso de tu hermano. No es un zarrapastroso.

Si me dejas salir con normalidad,

nadie lo notará, lo juro.

Lo sé.

Tengo a la niña.

Ni lo dudes.

Inocencia ya lleva las marcas de la peineta.

Si haces algo que vaya en contra de nuestra convivencia,

si haces cualquier cosa

que no me guste,

si tratas de huir...

Felipe.

Siéntate, por favor.

Estás en tu casa.

-Quieres hablar de negocios, ¿no?

Sí, así es.

Con los tiempos que corren, pocas amistades son puras.

¿Qué te preocupa?

¿Tienes miedo de que Germán pueda volver a las andadas

y quieres que recurra en contra de su libertad provisional?

No, no le tengo tanto miedo.

Te lo digo contando con el secreto abogado.

Germán en el fondo, es un blando,

muy poco hombre.

Te necesito para que me lleves mi situación financiera.

Lo que esté en mi mano.

¿Cómo tenéis las cuentas Germán y tú?

No tenemos.

Su señoría el juez

para protegerme, decidió bloquear las cuentas,

así que, ni Germán ni yo pudimos sacar ni una peseta.

¿No tienes nada de efectivo?

¿Y cómo vives? Por suerte,

tuve un rasgo de lucidez

y antes de que bloquearan las cuentas,

logré sacar una buena cantidad de efectivo.

Eso sin contar con lo que teníamos guardado en casa.

¿Germán lo sabe?

No creo, y si lo supiera, tampoco sabe dónde se encuentra.

Tampoco te lo voy a preguntar.

Mi consejo es que

no lo tengas muerto en un rincón,

que lo inviertas y sin la mayor tardanza.

Para eso necesito tu asesoría.

¿Cómo puedo proteger ese dinero?

¿Evitar que no me lo puedan reclamar?

¿En qué bienes invierto?

Supongo que es evidente que cualquier inversión en la que figure tu nombre,

será, tarde o temprano, objetivo de Germán.

Al fin y al cabo, es su dinero.

Quizá lo fue.

Ya no.

Sí,

pero él pensará que se lo has robado.

Mi consejo es que lo inviertas a través

de alguna sociedad en la que puedas participar,

pero que tu nombre no sea evidente. Es ese el tipo de trámites

que quiero que hagas para mí.

Gracias por la confianza, Cayetana.

Y en cuanto a los sectores en los que invertir,

es un secreto de mercado

que no debería hablar, pero

el mejor es el inmobiliario.

¿Comprar casas?

Así es.

Podrías empezar por probar con una.

¿Tienes en mente alguna?

Te va a parecer raro,

pero la mía.

Raro no, rarísimo.

¿La tuya?

¿La de Celia, por qué?

Porque sería la mejor manera de protegerte de Germán.

¿Y eso a santo de qué?

-Me gusta verte beber una copa así como si nada.

Te vas haciendo de nuevo a la vida de hombre libre.

Nada tendrá importancia hasta que no logre ver y hablar

con Manuela sin su marido por medio.

Deja eso ya, hombre.

Es su esposo.

Nada puedes hacer.

¿No te das cuenta? Eres un hombre libre.

No te amargues la vida

con imposibles.

No voy a renunciar.

¿Ni siquiera si ella ha renunciado a ti?

Mírala,

tiene una hija a la que adora, una buena casa y un marido.

Quizás...

Gracias.

Quizás, ella

no quiera tener más aventuras.

Es el amor de mi vida.

¿No lo comprendes?

¿No te basta con mirarme a mí?

Cuántos años he suspirado por Juliana,

cuántas oportunidades he perdido

por no olvidarme de ella.

Por Dios,

si parezco yo hombre más preso que tú.

Pasa esa página de una vez.

No te ha traído más que sinsabores.

No puede amar a Justo.

No le ama, lo sé.

Voy a esperar acontecimientos.

Y, además,

tengo un objetivo claro.

No voy a parar hasta hacerle pagar a Cayetana por la muerte de mi hija

y por todo lo que me ha hecho sufrir

y mientras,

me voy a volver a ganar a Manuela.

Al menos dejarás un espacio en tu cabeza

para preparar el juicio, ¿no?

No lo dudes.

Haré todo lo que esté en mi mano por mi libertad.

Es la única forma que tengo de vengar la muerte de mi hija.

A veces, envidio esa tozudez tuya

contra la que no puede nada.

Ni la cárcel

ni los desplantes...

Ojalá lo consigas

y que la vida te compense.

Así será.

O eso

o la muerte.

Bueno,

no nos pongamos tan trágicos.

¿Otra copa?

No, gracias.

Hasta eso tengo que medir.

Voy a descansar.

Víctor, por favor, ¿puedes venir?

-Los deseos de los clientes son órdenes.

-Hoy he visto a tu madre un poco rara,

como si algo la arrollara por dentro.

¿Sabes qué le pasa?

-No sé si debería contarle.

Bueno, sabes que solo pretendo su bien.

Y si estoy enterado de todo, podría ayudarle

con mucha más eficacia.

-Eh...

Está pensando en marcharse un tiempo.

A reflexionar,

a buscarle un rumbo a su vida.

-¿Adónde?

-¿Dónde va a ir una mujer sola por ahí?

-Es que no iría sola.

Le acompañaría Íñigo de la Cuadra.

-¿Cómo es que ellos...?

Quiero decir, ¿tienen relaciones?

-Leandro, yo no...

Mire,

mejor que lo sepa.

El amigo de mi madre le ha propuesto matrimonio.

-Matrimonio.

-Es una jugada maestra.

¿No te das cuenta?

Mi piso es un valor seguro

y Germán jamás de los jamases

podría pensar que mi casa,

la casa de los Álvarez Hermoso,

es propiedad tuya.

Tu dinero no estará mejor en ningún otro lado.

En realidad, lo que creo es que es un buen negocio para ti.

Cayetana, me ofendes.

O quizá no me he explicado bien.

Yo te pagaría una renta a precio de mercado.

Recibirías una cantidad todos los meses.

No suena mal,

pero, no te ofendas,

tú en mi lugar, ¿no pensarías que hay gato encerrado?

¿Para qué quieres venderme tu casa?

Y no me digas que es por amor al arte o para sacarme de un apuro.

No soy tan amante del género humano.

Es un negocio redondo.

Para mi familia, pero también para ti.

¿Qué beneficios saca tu familia de la operación?

Necesitamos un cambio de aires.

Tano necesita alejarse de estas calles

que tanto le atraen

y Celia...

Celia tiene que quitarse de la cabeza la presión

por Adriana,

o por Inocencia, llámala como quieras.

Claro.

Felipe,

estás improvisando.

Te conozco bien,

no juegues conmigo.

En absoluto, Cayetana.

Tan solo necesito el dinero para salir con mi familia de aquí.

Eso sí.

Te pido para que la operación siga adelante, una condición.

Que Celia no sepa nada.

Que no sepa que nos vamos.

Descuida.

Yo tampoco soy tan amante del género humano.

Si el negocio es bueno para mí,

si me libera de Germán y me independiza económicamente de él,

Celia será la última en enterarse.

Entonces,

¿eso es un sí?

¿Aceptas la operación?

¿Cuánto pides?

Eso es una cantidad muy elevada.

También es elevada la cantidad que le habrás escondido a Germán.

Está bien.

Trato hecho.

Es un placer hacer negocios contigo,

Cayetana.

¡Úrsula!

-Señora.

Llévele esta nota a don Jesús Guerra.

¿El funcionario de urbanismo?

Sí.

El otro día, me comentó que algo relacionado

con un tema de urbanismo, se estaba cociendo en el barrio.

Quiero que venga a verme de inmediato.

Saldré enseguida.

-No se lo tome así, solo serán unos días.

-Es que incluso aunque fuesen unas simples horas con ese hombre,

terminarían con mis esperanzas.

Y mi único pecado fue respetar

sus deseos, tenía que haber insistido,

pero ella me pidió distancia

durante un tiempo, Víctor.

-No se atormente.

-Yo conozco a mi madre.

Si le hubiera presionado, a lo mejor ahora ni le hablaba.

Hizo lo que pudo.

-Me pidió amistad, Víctor,

y yo se la concedí.

¿Qué más podía hacer?

Y ahora viene un desconocido, le dice que si quiere casarse

y le dice que sí.

-No, eso son elucubraciones suyas.

Yo no he dicho que mi madre vaya a casarse, se lo está pensando.

-¿Y tú, Víctor,

permites que tu madre se vaya sola con un hombre

que es casi un desconocido?

-Es que para ella, tampoco es un desconocido.

Además, es solo un viaje.

Yo quiero demasiado a mi madre como para interponerme

en su felicidad.

Además, es que necesita alejarse del negocio,

del barrio, incluso de mí.

-Cuánto más debe.

-Pues también.

Pero ¿sabe por qué?

Porque creo que le quiere.

Que le ama,

que siempre le ha querido.

-No, Víctor.

Si me amara de verdad,

no me hubiese pedido distancia.

Ni tampoco se estaría planteando el matrimonio con otro hombre.

Quizá me quiso,

pero ya no.

Mira,

no me había fijado

en que el sol había salido con tanta fuerza.

-Sin embargo, yo sí que me había fijado en que las nubes

le habían abierto el paso.

Perdón.

Es el calor del sol.

Perdonado.

-A los buenos días, Pablo

y doña Leonor.

-No está bien hacer algo así a una persona.

Se me rompe el corazón, Pablo.

Casilda pidió que fuéramos felices juntos,

que no desaprovecháramos su sacrificio.

Sí, si lo entiendo.

Con la cabeza lo entiendo.

Casilda se ha sacrificado y quiere que tenga sus frutos,

pero aún así, yo sé que sufre.

Y lo sé porque yo he sentido lo mismo.

Y si mi cabeza me permite besarte,

mi cuerpo entero se me revuelve al verla a ella.

Pero no podemos pasar toda la vida a escondidas

como si tuviéramos 14 años.

Ha sido divertido.

Ya,

pero no puede ser eterno.

¿Tú quieres dejar de verme?

Nunca.

¿Entonces?

Busquemos un lugar seguro

donde nadie pueda encontrarnos.

Uf.

Es que solo conozco mi pensión. Me da vergüenza llevarte allí.

Te mereces algo más.

Gracias.

Cualquier otro estaría pensando en... solo llevarme.

No soy "cualquier otro". Lo sé.

Lo sé. Y por eso te...

Por eso sale el sol cuando te veo.

Ya encontraremos un sitio.

Te lo aseguro.

(Puerta)

Vaya...

Me he equivocado.

-¿En qué?

-Creí que estaría caminando arriba y abajo,

y mirando por la ventana de vez en cuando.

-¿Por qué? ¿Porque no has aparecido en todo el día?

Hijo, no es para tanto.

-Entonces, ¿qué hace leyendo el libro al revés?

-Pues sí.

Llevo horas dando vueltas por el salón y mirando por la ventana.

Me tranquiliza saber que te divierte el hecho.

-Tenga.

Esto es para usted.

-Es precioso.

Te debe de haber costado mucho para tus posibles.

-¡Quia!

Lo he cortado de un jardín.

Sabía que estaría muy enfadada,

y que en la Casa de Reposo lo que le tranquilizaba era un flor

o un jardín bien dispuesto.

Y como el jardín es más difícil de traer...

-Gracias.

No tanto por el clavel,

sino por haber estado pensando en cómo me estaría sintiendo yo.

-A usted la tengo siempre en la cabeza.

Pero no a la usted de ahora,

sino a la de la Casa de Reposo.

Aquella que reía mis gracias y hasta mis picardías.

(SUSPIRA)

-Yo también... echo mucho de menos esas charlas contigo, Tano.

-Pero debes comprender que ahora no es lo mismo.

Ahora soy tu madre.

Mi obligación no es reírte las gracias,

sino encauzarte para que seas un hombre de bien.

-¿Encau... qué?

-Encauzarte. Llevarte por el buen camino, educarte.

Guiarte para que te olvides de tus picardías, cómo tú dices.

O de tus fechorías, como digo yo.

-¿Qué fechorías?

¿Cree que cuando salga voy a hacer barrabasadas?

-Te metiste en una pelea el otro día.

-Defensa propia.

Cuando salgo de aquí,

lo único que hago es ir al Hoyo, a mi barrio.

A ver a mi gente.

A ayudarles.

Ahora que tengo cómo.

-Tu gente,

como tú dices,

ahora somos tu padre y yo.

Los tres formamos una familia

y es a la única a la que te debes. -Mire.

Yo no sé usted, madre,

y eso que estoy muy agradecido por haberme hecho su hijo,

pero no está en mi ser

olvidar de un día para otro a los que fueron mis compañeros en años.

Ustedes son mi familia,

pero ellos siguen siendo mi gente.

-Ven aquí, anda.

Dice mucho de ti que seas tan leal con tus amigos.

Deben ser muy buena gente.

-La mejor.

-¿Y podría yo conocerlos?

Me gustaría sentir el cariño que tú les tienes.

Son los amigos de mi hijo.

-¡Claro! ¡Sería una buenísima idea!

¡Es usted una señora fetén!

La única en el mundo, aparte de nosotros,

a la que le importa mi gente.

-¿Me llevarías? -¡Cuando usted quiera pue...!

O... no.

Es que a lo mejor no es tan buena cosa.

-Pero, Tano, ¿y por qué ese cambio?

-Usted no sabe cómo es el Hoyo, madre.

No es un sitio para señoras que van vestidas de puntillitas.

-Quiero ir, Tano.

De verdad.

Ni por un momento se nos ha pasado por la cabeza, de veras.

No es eso lo que yo había oído.

No te digo que... Rosina con eso de que es propietaria

de todo el barrio,

se ha postulado para dar el pregón de las fiestas.

Pero olvídate, el honor será tuyo como siempre.

¿Cómo lo has sabido?

¿Cómo crees? De una forma u otra

una se acaba enterando de todo lo que se cuece.

Rosina no lo hace para humillarte.

Te admira como yo.

Pero ya sabes que a veces le pierden las formas y el dinero.

Le gusta mucho alardear de todo lo que tiene.

Es su único defecto.

Créeme que la conozco.

Y vosotras a mí. Y no me conviene tener regañinas con Rosina.

Sabes que me producen jaquecas.

Pues ahórrate el padecer.

A la postre no ha conseguido nada.

Tú darás el pregón y punto concluido.

(Puerta)

Susana. Dime.

He dado por concluida la entrevista.

Ah, creía que ibas a abrir. Para eso está el servicio,

pero te acompaño a la puerta. Mi visita estará en la entrada.

¿Se acuerda de mí, de la fiesta?

Seguro. Es doña Susana, la dueña de la sastrería,

que seguro que tiene muchas telas que cortar, ¿verdad, Susana?

Sí, sí. A más ver.

Pase.

Le agradezco que haya venido a mi reclamo.

Sé que es usted una señora importante...

además de adorable.

Y no quiero hacerla esperar mucho.

Dejemos los halagos para cuando nos sean de mayor provecho.

Pasemos al salón.

¿En qué puedo serle de utilidad?

El otro día en mi fiesta

usted dejó caer una frase que me dejó...

si no preocupada, sí un tanto pensativa.

Dijo usted que iban a cambiar las cosas en este barrio.

¿A qué se refería?

Es un tema extremadamente confidencial.

Asuntos de gobierno.

¿De veras?

No podría revelarlo

aunque quisiera, sépalo desde ahora.

¿Y no hay nada que yo pueda hacer

para romper ese obstinado silencio

de defensor de los intereses públicos?

Siempre hay modos.

Va usted muy rápido, señor Guerra.

Pero una cosa sí le puedo asegurar:

nadie que se haya aliado conmigo, se ha arrepentido.

Sé pagar un justo precio a quien lo merece.

Dígame, ¿qué es lo que va a cambiar en este barrio?

Hay un plan de urbanismo ya en marcha

que afectará al barrio de Acacias en breve plazo y de arriba a abajo.

Disculpe la espera, doctor Baños,

pero quería asegurarme de que mi esposa no nos pudiese escuchar.

¿Es de su agrado el jerez?

-Un aroma a humo y a barril perfecto. Un gran jerez.

Tendrá que decirme... -No trate

de retrasar lo inevitable.

Desde que llegó me he dado cuenta de que no trae buenas noticias.

-Es usted muy perspicaz.

Los análisis han sido claros y contundentes.

-¿Qué tengo?

-Tanto el desmayo que sufrió como esos malestares...

-¡Déjese de rodeos, doctor, se lo ruego!

-Tiene usted mielitis.

-Ni siquiera conozco el nombre ni me interesa.

¿Cuál es el tratamiento?

-Ese es el problema.

No hay tratamiento.

-¿Me está diciendo que seguiré con malestares y con desmayos?

-Le estoy diciendo... que se está usted muriendo.

(Gritos)

¡Que vivan las fiestas de San Clemente!

(TODOS) ¡Viva!

-¡Queridos vecinos, quedan inauguradas las fiestas de este año!

Estoy cansada.

Me siento asfixiada de tener que servir a unas señoras

que solo me critican y me juzgan.

-Comprendo.

Más hay una solución a tu mal.

Solo precisa cambiar de vida.

-Y tú sabes cómo lograrlo. ¿No es así?

-Acepta mi propuesta de matrimonio.

Aguarden.

Aguarden. Esperen.

Esperen, esperen.

Por favor. -¡Eh! ¡Eh!

¡Dejadla! ¡Vamos, fuera! ¡Dejadla! ¡Vamos!

-Quería...

Despedirme.

-Desearía que no fuese así.

-Adiós, Leandro.

-Juliana...

-No digas nada, por favor.

Algún día lo entenderás.

En nombre del progreso,

el ayuntamiento ha decidido

aprobar un plan de urbanismo que afecta directamente a Acacias.

Quieren modernizar la ciudad.

Y para lograrlo, han decidido tirar abajo todos los edificios.

Pero ¿un ensanche aquí?

¿Dices que van a derruir nuestras casas?

Pero ¿todas?

Hasta el último ladrillo.

¡No puede ser!

¿Niegas que Justo no haya vuelto a ser el hombre que te maltrató

y que está jugando cruelmente contigo?

La única persona que se ha portado de manera inconveniente he sido yo.

Simplemente di demasiada importancia

a un pequeño desplante suyo del que no tardó en arrepentirse.

¿Tú crees que yo soy tonta, hija?

Bien claro lo tenías y aterrada estabas.

Te tiene amenazada con la niña.

  • Capítulo 153

Acacias 38 - Capítulo 153

11 nov 2015

Germán intenta obtener información sobre Manuela a través de Pablo, pero Justo está impidiendo todo contacto de la chica con el exterior. Felipe y Aranda pactan para sacar tajada de una información privilegiada. Felipe le ofrece a Cayetana su casa en venta y ella se entera de que hay un Plan de Urbanismo que afectará a Acacias. Por su parte, Tano accede a llevar a Celia a El Hoyo.

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