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No recomendado para menores de 7 años Acacias 38 - Capítulo 152 - ver ahora
Transcripción completa

Por favor, Justo. Por favor, déjame.

Piensa en Inocencia. Es tu hija.

Eres buena madre, no tan buena esposa. ¿Cómo debe comportarse una?

Eres buena madre, no tan buena esposa. ¿Cómo debe comportarse una?

Justo, por favor.

¡Una buena esposa obedece a su marido!

(Puerta)

Es mi madre. Ve a abrir.

Cuidado con lo que dices y haces.

-¿Y esto?

Es que soy una despistada. Me lo enganché con un clavo.

Ahora le doy una puntada.

Dámela. Te la coso enseguida.

No, no es necesario. Traje mis cosas para quedarme.

Así te ayudo con la niña para que descanses.

-No se moleste, doña Guadalupe.

Marche y descanse. Nos ocupamos nosotros de la niña.

Haz de una vez lo que tengas que hacer.

¿Me vas a matar?

Yo ya no soy la Carmen a la que amedrentabas.

Ahora soy Manuela Manzano y tengo una razón para luchar.

¿Ha disfrutado de la fiesta? -Enormemente.

Qué pena que una calle tranquila y apacible como Acacias

vaya a cambiar tanto. ¿Cambiar?

Plan de urbanismo. Sabe cómo somos los políticos.

Creo que esa información puede interesarme.

Quizá nos podemos entender.

¿Qué le parece si nos vemos un día de estos?

Llámeme y hablamos. Lo haré.

-Parece que don Germán le dio una paliza a su compañero de celda.

A Santos Pedraza.

El juez Sánchez Vadillo ve a don Germán conflictivo.

Ya nos podemos ir olvidando de cambios en su estatus.

La denuncia que presentamos de malos tratos de él archivada.

-He perdido casi toda mi cartera de clientes.

No parece que pueda rehacerla.

-¿Por qué?

-Me dicen secuestrador por coger a la niña.

-No nos hace falta el dinero por ahora.

-No es cuestión de dinero, sino de orgullo.

Se van a enterar todos.

Daré un giro a mi carrera.

Asombraré a los que me critican y que se creen superiores.

-¿Dedicarse a la política?

-Lo he meditado mucho, por eso quería pedirles consejo.

-Supongo que estará usted con el partido conservador.

Ya sabe que mis simpatías están volcadas hacia el liberal.

-Seremos adversarios, que no enemigos, don Ramón.

La amistad está antes que estos asuntos.

-Eso por descontado.

-Fui a ver a Inocencia.

Fuiste a ver a la hija de la loba que te arruinó la vida.

Y lo volveré a hacer.

Mejor cambiar de tema.

Pronto serán las fiestas de San Clemente.

Hay reunión en la chocolatería.

Volvemos a darle perras a doña Juliana.

Ha de andar a real y media manta.

¿Me acompañas?

-Ay, menos mal que retomamos las viejas costumbres.

Qué gusto estar sentada en esta terraza.

-Cierto. Ya echaba de menos las mesas de La Deliciosa.

-Yo también me alegro mucho.

¿Qué sería de Acacias sin esta chocolatería?

Habría otra, Celia, y tal vez con mejor servicio.

-Voy al banco a hipotecar el local.

Voy a sacar a Germán de la cárcel.

Para eso necesito mucho dinero.

-Tenga mucho cuidado, don Leandro.

Sabe que le aprecio y no quiero comprometerle.

-Me gustaría que todo fuese diferente.

Una señorita no debería ir con los dedos manchados.

Frotando un poco saldrá. ¡Hija!

-¡Ay! ¡Madre!

¡Mire lo que ha hecho! ¡El libro al agua!

-¿Pero qué hacías? -Pues me he manchado.

Gracias a Dios, Pablo pasaba por aquí.

Ya sabe usted que no me gusta lavarme en la fuente.

Siempre hay mendigos merodeando.

-Si usted quería un lechuguino,

haber adoptado un lechuguino.

Yo soy como soy, madre.

No para que me anden cambiando.

-Me has llamado madre.

-¿No le gusta?

Si quieres que sea tuya, vas a tener que matarme.

Entonces, no te serviré de nada.

-Será un placer.

Poco a poco, antes quiero que veas cómo se hunde lo que amas.

Veremos quién sufre más de los dos.

Ah, ¿sí? Te sacaré de dudas, mal...

¿Qué te pasa, Justo?

Debe ser la maldad que te devora por dentro.

Ahí te quedas.

(LLORA) Calla, calla. Calla, mi niña.

(LLORA) Calla. Nos iremos lejos de aquí.

No llores, no llores.

Adiós.

(LLORA)

-Iba a llamar. Ha ocurrido una desgracia.

Bueno, aún no ocurrió. Pudo haber pasado algo muy gordo.

Se desprendió un trozo de cornisa de la fachada.

Si le cae a alguien, lo mata.

Voy piso por piso para ver qué piso es y no caiga más.

Y cuando...

¿Qué te pasa? Tiemblas más que una gallina en Nochebuena.

Me viene de perlas que venga, don Servando.

Iba a pedir ayuda para don Justo.

¿No le caería techo en la cabeza?

Mira que esta casa está peor hecha de lo que parece.

No, no es eso. Es que a Justo le dio un ataque.

¿Un ataque?

¡Rediez, si parece un cadáver! ¡Don Justo!

¡Don Justo! ¿Me oye? ¡Don Justo!

Tranquila, parece que respira.

Hasta creo que se movió un poco.

Quédate aquí aguardando mientras voy a por un médico.

¡Manuela! Ya voy.

Ya voy.

Tranquila.

Al menos en la celda de aislamiento no tengo a ese cafre.

-¿Cómo lo hizo para que te castigaran así?

Se golpeó a sí mismo para simular una agresión.

Ni los guardias ni el juez dudaron de su palabra.

Según parece, en esta cárcel

vale más un delincuente condenado que un hombre de bien.

-Así está el país, que es un dolor.

La crueldad de ese hombre no tiene límite.

No sé cuánto tiempo responderé de mis actos.

Necesito salir de aquí cuanto antes.

¿Se puede saber qué hay de gracioso en lo que digo?

-Germán, traemos buenas noticias. -Un momento.

No tan rápido.

Antes don Germán debe firmar unos documentos.

Ay.

¿Qué es todo esto?

-Cariño, lo he conseguido.

-¿Acertaste la lotería?

-Mejor que eso. Conseguí contactar con Teodoro Aranda.

-Nunca oí hablar de ese señor.

-Es una de las personas más influyentes del país

en construcción y urbanismo.

-Sigo sin entender el motivo de tu alegría.

-Mañana comerá con nosotros. Lo invité y ha aceptado.

Aranda me puede ser de gran ayuda si quiero entrar en política.

-No sé si me dará tiempo a preparar un menú adecuado.

-Cariño, qué... Qué entusiasmo.

-No, no. Si me alegro mucho por ti, pero...

-Pero hay algo que te preocupa en gordo.

-No consigo hacer carrera de Tano.

-Es una tarea ardua.

Deberemos emplear nuestra paciencia para meterle en vereda.

-¿Y si no necesita eso?

-No te entiendo.

-No sé si hacemos bien exigiéndole que se adapte a cambios radicales.

Que cambie sus ropas, costumbres.

Su manera de hablar con nosotros y los vecinos.

¿Y si le estamos convirtiendo en alguien que no quiere ser?

-Celia, por favor. No te tortures.

Hacemos lo mejor para Tano.

Le damos una educación, una cultura, unas normas.

Alejándole de la miseria y la perdición.

-Pero sin ser él.

-Todos debemos cambiar para integrarnos en la sociedad.

Darle una oportunidad lejos de las calles.

Es lo mejor que podemos hacer por él.

-Yo adoro a ese chico, Felipe.

No quiero convertirle en un señorito relamido.

-Celia, el chico de la casa de reposo

está obligado a cambiar. Tienes que ser honesta

y aceptar la nueva realidad

por muy dura que resulte para Tano y para ti.

-Bien sé que tienes razón, pero... -Nada de peros.

Tano debe portarse como un caballero.

Es lo que corresponde a un Álvarez Hermoso.

La comida de mañana es muy importante para esta familia.

Todo debe salir a la perfección.

Tano deberá tratar a nuestro invitado

con la corrección que es menester. -Dios quiera que así sea.

-Pierde cuidado. Juntos encauzaremos al muchacho.

Le haremos ver su reclamaciones.

Celia, si quieres a Tano,

no aflojes ni un ápice.

-En este debe firmar al pie de todas las páginas.

Firme.

¿Se puede saber qué estoy haciendo?

-Consiguiendo la llave de tu libertad.

¿A cambio de qué? -Lograron reunir

dinero suficiente para su fianza.

Firme, firme.

¿Es eso cierto?

No me puedo creer que salga de este infierno.

-Créelo, amigo.

Lo hemos conseguido.

Pensé que sucumbiría en esa celda.

No acierto a entender cómo desbloqueasteis mis cuentas.

-No lo conseguimos.

Entonces, ¿de dónde salió esa fortuna?

-Germán, no encontrábamos la forma.

Pensé que la sastrería sería la solución.

No entiendo este galimatías.

En plata. He hipotecado la sastrería.

¡No debiste hacer tal cosa!

¡No puedes arriesgar tu medio de vida por mí!

No lo aceptaré. -¡Ya basta!

Basta de ñoñerías y de remilgos. Basta.

Ya decía yo que debía firmar antes.

¿Se quedarse preso por no comprometer a un amigo?

De seguir así, solo saldrá de aquí con los pies por delante.

-Eso es bien cierto, Germán.

Por mi no te preocupes.

La sastrería se recuperará poco a poco.

-No tiene otra opción. Ahora solo importa sacarle de aquí.

Te juro que te devolveré hasta la última peseta.

Firme, firme.

¿Aquí? Aquí, aquí, aquí.

-De pulso parece normal.

-Ya me encuentro restablecido. -No tan deprisa.

No quiero que se vuelva a caer.

¿Se sentía mal antes del desmayo?

-Le digo que no tengo nada. Fue solo un vahído.

-Si está bien o no, me toca a mí decidirlo.

Nunca vi a una persona normal caerse de bruces porque sí.

¿Cómo le encuentra?

Es pronto para decirle. Debo hacerle algunas pruebas.

Descúbrase el brazo. Voy a extraerle sangre.

Úrsula, por Dios. Qué susto me ha dado.

-Buenos días a ti también.

Venía a dar un recado a don Justo.

Se encuentra indispuesto.

¿Iba a salir la señora?

-Tenga cuidado. Aún no saqué la aguja.

-Manuela, ¿quién es?

Úrsula.

-Perdone que le moleste.

Solo venía a decirle de parte de mi señora

que habrá una reunión de vecinos

para organizar las fiestas del barrio.

-Acudiré, si es que puedo. Puedes retirarte.

-Deseo que el señor se recupere pronto.

-Manuela, ven a mi lado.

No quería importunarte.

-De ninguna forma le importuna.

El cariño de una esposa es una gran medicina.

Me barrunto que don Justo necesitará de sus atenciones.

-Ya lo has oído.

Si quieres que me recupere, deberás estar a mi lado.

Con mi esposa aquí, haga las pruebas que necesite.

-Solo lo necesario para asegurarme de que está bien.

Ya veo que está divinamente al lado de su esposa.

Hasta tiene mejor cara.

-¿Viste el anuncio de la corsetería de la calle San Vicente?

Hacen corsés a medida para quienes padecen del estómago.

-Pamplinas. Si un corsé no aprieta, no vale para nada.

Poco voy a ver. Lo tiene todo lleno de migas.

Siempre come con la boca abierta.

-Hija, de verdad. Siempre con remilgos.

-Se presenta bien el día.

Las dos mujeres de la casa juntas y en buena armonía.

¿Qué hacéis? -Le esperaba para desayunar

como corresponde. Una bien sabe controlar su apetito.

-Siento no esperarte, cariño. Tenía un hambre

que me rugía la tripa como tener la banda municipal en un desfile.

-Pues tú no sufras por eso. Ahora desayunas de nuevo conmigo

y no te vendrá mal porque estás muy delgada.

Diantre. Qué mala pata.

-¿Qué ocurre, querido? ¿Malas noticias?

-Ay, qué simpleza. Nadie maldice porque le toque la lotería.

-El señor Bustos, un inversor que me alquila las fincas de la vera.

Me avisa de que en un par de días viene a verme.

-Muy atorrante debe ser a juzgar por la cara que pones.

-No, no es eso. Ese día debo salir de la ciudad

a cerrar las ventas de un terreno muy importante.

-Mande a recado al tal Bustos. Que venga en otro momento.

-Imposible. Vive demasiado lejos.

A estas alturas ya habrá iniciado el viaje.

Es una contrariedad muy grande no poder atenderle.

Nos paga rentas muy elevadas y nunca se retrasó en el pago.

Ya está. Le atenderás tú, María Luisa.

-¿Qué? No puedo. ¿Qué le diré a ese carcamal?

Además tenía hora con la modista e ir con Cayetana a la novena.

Luego iba a ir a... -Está decidido.

¿Quién mejor que tú para defender nuestros intereses?

Además así practicas todo lo que has aprendido.

-Pero padre, hay lecciones que aún no di y otras las llevo

cogidas con alfileres.

-No te apures. Te diré lo que debes negociar

y hasta dónde bajar los precios.

Eres una mujer muy inteligente. Te saldrá de fábula.

Además los negocios son una cuestión de lógica.

-Pero si es que las mujeres

debemos ocuparnos de las casas, no de otros menesteres.

A ver, ¿para qué necesito yo

atender a los negocios o trabajar?

-Hija, estamos a punto de iniciar un nuevo siglo.

La mujer debe desempeñar un papel diferente.

Aunque tu futuro sea compartir tu vida con un hombre y tus hijos,

no te vendría mal conocer el patrimonio que un día heredarás

junto con tu hermano.

-Di que sí. Nosotras somos tan espabiladas

o más que los hombres. Los regateos y los tratos

se nos dan de guinda a todas. -Decidido.

Atenderás al señor Bustos como lo que eres,

una mujer del siglo XX.

-Yo prefiero ser una dama del XIX.

-Ea.

Un bollito. Ya estamos todos y podemos empezar a desayunar.

Además las tripas con manduca rugen menos.

-Dejas el sofá que parece que picaran pollos.

-Hombre, algún pedazo se cae por fuerza.

-Tal vez si te incorporaras y sentaras bien,

no dejarías la mitad de tu desayuno en los muebles.

-Ya estamos con las melindres. A ver.

Si se tiene hambre, se come.

Mejor será tumbado que corriendo delante un tendero.

¿Para qué tantas normas y zarandajas?

-No se habla con la boca llena para no atragantarse

y no escupirle migas a quien tenemos enfrente.

-Pues echa a un lado.

-Y no se dejan restos en los muebles. Es reclamo para bichos.

-Donde yo vivía, había muchos chinches

y no dejaba la comida encima de las sillas.

Allí nos peleábamos con los gatos por las raspas de sardina.

-Pero ahora vives en una casa decente.

Debes respetar ciertas normas para que todo funcione como debe.

-Yo eso lo comprendo.

El que se crió entre ovejas ha aprendido a balar.

-Todo el mundo puede cambiar si se lo propone.

-Pero no de un día para otro. Estas cosas llevan su tiempo.

Bueno, yo por tenerla contenta

me voy a esforzar en gordo.

-Si no, gran ración de jarabe de palo

y en dos días más derecho que una vela.

-Es de mala educación meterse en conversaciones ajenas.

-Perdone. Una no quiere meterse donde no le llaman, pero es usted

más blanda que las cacas del pavo. -Y tú muy basta.

-Te daba una buena ración de coscorrones. Te dejaba bien.

-Para eso debes atraparme

y con esa altura de jirafa, la verdad, no creo que puedas.

-Te vas a enterar de lo que vale un peine.

(RÍE) -¡Te daré dos coscorrones!

-¡Ya está bien!

Hoy no quiero ni un problema.

Felipe tiene una visita importante al mediodía. Debe salir perfecta.

¿Está claro?

Tano debe estar lavado y su ropa limpia,

planchada y bien puesta.

Cumplirás las normas de etiqueta y buenas formas toda la comida.

-Haré lo que pueda, madre.

-No. Lo que puedas no es bastante.

No me pongas cara de carnero degollado.

Si crees que no lo harás bien o no te comportarás como alguien normal,

mejor que no comas con nosotros.

-Me iré a comer a la calle.

Lo último que quiero es avergonzarla.

-¿Qué entendemos por alternativa de cosechas?

-Que en vez de plantar lechugas se pueden criar conejos.

-Es que no das ni una.

-Significa que si siempre siembras coles,

al final no sacas ni para alimentar cerdos.

Hay que sembrar coles. A veces zanahorias u otra planta

o la tierra se queda yerma.

-Eso es. María Luisa.

Debes concentrarte más. Si no, quedarás de cateta

con el señor Bustos. -Si es que no se me queda.

Esto no vale para nada. -Ningún conocimiento sobra

y menos cuando se trata de hablar con alguien que explota campos.

-Una dama hay ciertos temas que no debe saber, especialmente terruños

y estiércol. -Ay.

-Son cuatro cosas que caen de pura lógica.

Debes saber es de qué está hecha la tierra para saber qué plantar.

-Deje de interrumpir, Trinidad. Por su culpa no sabré nada

cuando llegue el señor Bustos -Bueno, yo solo pretendía ayudar.

-Pues no lo está consiguiendo.

-Será mejor que repases el libro tú sola.

Te veo muy descompuesta.

Así es imposible atender mis explicaciones.

Con Dios, Trinidad. -Con Dios, Leonor.

-"¿Cuáles son los abonos animales?

Todas las partes de que se compone el animal

y sus deyecciones".

Qué asquerosidad.

"¿Cuáles son los abonos minerales?

El yeso, la cal, hierro,

alúmina y varios otros en forma de sulfatos,

carbonatos y óxido".

Si es que yo no entiendo nada.

-Haces bien en cerrar ese libro.

Poco o nada sacarás de ahí tú sola.

-Pues entonces voy dada.

Me veo hablando toda la reunión con Bustos sobre lo poco que llueve.

-A ese señor le importan los sulfatos

y la alternancia de la tierra lo mismo que a ti.

Él sabe de sobra qué debe plantar o con qué debe abonarlo.

Lo que no sabe es cuánto pagará por las tierras que nos alquilará.

-Es que a mí se me da peor regatear que los libros.

En este barrio no se da. Eso es de ganapanes y buhoneros.

-Si algo sabe una servidora es ahorrarse

unos buenos duros y lo que sea menester.

Si quieres, te ayudo.

-Qué buen cambio pegó el local.

Apenas hay un sitio libre. -Así es.

Aunque en realidad solo es la gente que teníamos antes.

-En cualquier caso, felicidades por recuperar antiguos clientes.

-Ni los había perdido ni los recuperé, Íñigo.

-No te entiendo. Es la primera vez que veo a la dueña de un local

triste por tener su local lleno.

-Si yo estoy contenta por recuperar mi negocio.

El problema es que si antes iba mal,

era porque doña Cayetana de la Serna así lo decidió.

Si ahora va bien es porque tuve que agachar la cabeza, Íñigo.

-Sea como sea, te has salvado de la ruina.

-Sí. Este éxito es una derrota ante Cayetana.

Me obligó a perder mi amistad con Manuela.

-Tu situación no te dejó otra alternativa.

-Bien lo sé, Íñigo.

Lo que a mí me pesa es no dejar a Manuela explicarse.

Aprecio mucho a esa muchacha.

Me extrañó en gordo su falta, pero lo cierto

es que la usé para quitar un problema de encima.

Esa es la pura verdad.

-Sufres demasiado. Eres una persona reflexiva y buena,

pero a veces no hay que pensar tanto en todo.

No tenías alternativa. Te debes al porvenir de tu hijo.

-No te falta razón.

Mi cabeza se siempre un hervidero.

De tanto pensar las cosas y medir cada paso que doy,

se me está yendo la vida sin vivirla.

-Eso no es de justicia.

Con esa sonrisa que tiene, que es lo más bonito de Acacias.

Siempre te dije que eres una mujer hermosa.

-Íñigo, que me vas a sacar los colores.

-Debes cambiar de actitud. Pensar menos y actuar más.

Vive, Juliana.

-Tal vez tengas razón.

-Yo decido tomar el toro por los cuernos.

No dejaré escapar un día.

La vida se va deprisa y no podemos permitirnos el lujo

de perder las ocasiones que nos quedan de ser felices.

De estar junto a otra persona que nos ame.

-¿Con nuestra edad, Íñigo?

Ya tenemos que buscar la felicidad en otras cosas.

Ya no somos unos chiquillos.

-Perdone la anciana. ¿La llevo al asilo, abuelita?

Vuelves a darle demasiadas vueltas a todo.

Déjate llevar por una vez en la vida.

-Ay. ¿Para hacer qué, Íñigo?

¿Para hacer qué?

-Casarte conmigo.

-¿Has perdido el oremus?

¿Buscas divertirte conmigo?

-Nunca hablé tan en serio ni estuve más cuerdo.

-No es la primera vez que me lo pides.

-En otra ocasión me dijiste que no

porque llevabas un mes en luto.

Llevo esperando toda mi vida para volver a pedírtelo.

¿Quieres casarte conmigo?

-Seguro que María Luisa no da pie con bola.

-Nunca me pareció que fuera muy espabilada.

-Vamos poco a poco, pero va asimilando conceptos.

Le pone mucho interés. A veces.

-Para mí que usa la cabeza solo para llevar sombreros,

aunque eso hay que admitirlo. Gustos para los tocados sí tiene.

-No les negaré que algunas veces me desespera.

-No todas pueden tener tu mente privilegiada, hija.

Podría decirse que eres la más avispada del barrio.

Incluso de la ciudad. -Me parece que exagera.

-Debes seguir las clases.

Si ella no saca provecho, tú sí.

-¿Yo? -Claro.

Todo lo que aprenda sobre comercio

nos puede venir muy bien en el futuro.

-Ahora con todos los negocios en marcha,

esos conocimientos nos serán muy útiles.

-Yo ayudo a María Luisa por hacerle un favor a don Ramón.

Esos temas no me interesan.

Nunca me dedicaré a los negocios. Mi vocación es otra.

-Hija, ¿cuándo dejarás tus fantasías?

Tanta tecla y tanta pluma te destrozarán los dedos.

-Por una vez le doy la razón a tu madre.

La principal aspiración de un hijo

es seguir recogiendo lo sembrado por los padres.

-Y casarse bien. Ahora puedes hacerlo con la bendición de Dios.

Señores Hidalgo.

Muy buenos días tengan. -Muy buenas.

-Parece que hará un día muy soleado.

Así es. El cielo está despejado.

Seguirá así mucho tiempo.

Estoy segura de que no veremos nubes en mucho tiempo.

Quizá no volvamos a verlas nunca más.

-Pero bueno. Qué idea tan peregrina.

De no haber nubes nunca más, no llovería.

Los campos se secarían y moriríamos de sed y de hambre.

Sed más consecuentes, muchachos.

Lo que yo le diga, usted lo ha de ver, don Maximiliano.

En la calle Acacias lucirá el sol mucho tiempo.

Lo que pase en otros sitios, eso ya no lo sé.

-¡Qué charlatán sin sustancia! Muchacho, con Dios.

Somos gente ocupada sin tiempo para perderlo con temas baladíes.

-A mí me parece de lo más interesante.

-Ay, vamos a la chocolatería. Nos están esperando. ¡Arreando!

-Este año debemos hacer un esfuerzo económico y rascarnos el bolsillo.

-Rascar el bolsillo dice.

-Señores, no nos podemos dejar avasallar por el Barrio Alto,

que siempre están presumiendo de organizar las mejores fiestas.

Si ellos tienen un organillo, nosotros tendremos dos.

-Vaya desbarajuste, doña Susana. ¿Dos organillos?

Menuda zarabanda.

-Que toquen los dos al tiempo y la misma pieza.

Punto redondo. Arreglado. -Yo creo que deberíamos

votar eso de ampliar el gasto. No está la cosa para dispendios.

¿No le parece, doña Juliana?

-Sí. -Bueno.

Deberemos hacer otra reunión. Doña Cayetana no pudo venir

por culpa de una migraña y los Hidalgo no terminan de llegar

y son propietarios de media calle.

-Ya estamos aquí. Disculpe. Nos entretuvo un atorrante

y perdimos unos minutos. Ya saben. Al tener tanta fortuna,

no dejan de molestarte. -Claro.

Bueno. Gastemos más o menos, este año las fiestas empezarán

como todos los años, con un discurso y un chupinazo.

-Si les parece bien, no me importaría ser

la oradora de este año.

-Le agradecemos su ofrecimiento,

pero el discurso siempre lo dio doña Cayetana.

-Ya va siendo hora de que las cosas cambien.

Todos tenemos los mismos derechos en este barrio.

-A mí me da igual quien hable,

pero que sea breve.

-¿Quién está a favor de que yo hable?

-Cuenta con mi voto, cariño.

-Yo también voto a Rosina. Cayetana cada año dice lo mismo.

-¡Vamos, anímense! Convido a un chocolate a quien me vote.

-No me parece bien que se vote no estando Cayetana.

Es una persona principal y su... -Pamplinas.

Su opinión contará como un solo voto.

Hay suficientes vecinos que me respaldan.

-Claro que sí. Un vecino, un voto.

-Como les dejemos hablar tanto, se van animando

y terminan por pedir el voto de las mujeres.

-Afortunadamente, ni usted ni yo

veremos llegar semejante dislate.

Mire, mire quién viene por ahí.

-Arrope. Esto sí que no me lo esperaba.

-¡Ay, el preso!

Usted... Ay. ¿Tú sabías algo?

-Asombrada estoy como tú. -¿Pero tu hijo no te dijo nada?

-Ni chus ni mus.

Me miran como si hubieran visto un ánima.

-Bueno, ya sabes cómo son nuestros vecinos.

La discreción no es una de sus virtudes.

No me queda otra que saludarles.

Debo entrar en la chocolatería si quiero ver a Manuela.

Manuela ya no trabaja ahí, Germán.

Entiendo que quieras verla pronto.

Ella estuvo muy pendiente de ti durante tu reclusión,

pero Germán, debes ir con mucho tiento.

Comprende que sea muy impaciente. Pues sosiégate.

Ve a mi casa. Instálate allí.

Toma un baño y luego comeremos algo.

Te agradezco tu ofrecimiento y comeremos hoy juntos,

pero mejor quedarme en un hostal. No quiero incomodarte

ni a ti ni a tu madre.

Disculpa que te recuerde que no tienes ni un real para gastar.

No se me olvida.

Pasaré por casa a por mis cosas. Las empeñaré.

Te ruego por favor evites ese mal trago con Cayetana.

No le tengo ningún miedo a ese diablo.

Al contrario.

Deseo verla tanto como a Manuela.

(TRINI) -Al menos ya está de vuelta.

(Puerta)

-¿Cómo está Justo?

Me contó Servando que sufrió un desmayo.

Así es, pero baje la voz.

¿No tuviste nada que ver con eso?

Por Dios, madre.

No daré dos veces con la misma piedra.

Ando desasosegada desde ayer.

Ya vi yo que algo no andaba bien entre vosotros.

Algo bien gordo os pasa, ¿verdad?

Justo lo sabe todo.

No puede ser.

Lo recuerda todo. La discusión, la paliza.

El atizador golpeándole en la cabeza.

Hasta sabe que le dimos por muerto

y le dejamos en la garganta entre la nieve.

¿Nos ocultó todo este tiempo que había recobrado la memoria?

No sé desde cuándo. Ahora todo lo recuerda.

¿Pero por qué?

¿Por qué ocultarlo? ¿Por qué no te ha matado

o ha llamado a la policía?

Porque es el mismo demonio, madre.

Quiere tenerme bajo su dominio.

Controlada en estas cuatro paredes.

Debes salir de aquí cuanto antes. Lo intenté. Perdí la ocasión.

Ahora se encerró en su habitación con Inocencia.

Maldito.

Sabe que tú nunca te irías sin ella.

Inocencia es su mejor baza.

Si yo hiciera algo que le fuese inconveniente,

ella terminaría pagándolo.

Madre, le ruego que no le diga nada a Pablo.

Temo su reacción y cualquier paso en falso perjudicaría a la niña.

(SOLLOZA) Perdóname.

Perdóname, hija. Perdóname.

Yo te empujé para que estuvieras otra vez con Justo

sin darme cuenta de que el monstruo seguía vivo. Perdóname.

Y más vivo que nunca. No es momento de lamentarse,

sino de buscar la manera de salir de esta.

-Es una cubertería de órdago.

-Debe estar todo impecable.

-¿Tan importante es esa comida?

-Felipe me ha pedido que salga todo perfecto.

-Pues a Tanito le chiflará una comida de tanto postín.

-Tano no comerá hoy con nosotros.

-Claro.

Si el invitado es tan elegante como me barrunto,

mejor que el chico no esté. El pobrecito se peina con garlopa.

-Pues eso mismo pienso yo.

El zagal se marchó pensando

que no queremos que aparezca en público con nosotros.

-No anda muy desencaminado.

-No. No es eso, Trini.

Esta comida es muy importante para Felipe.

Le cuesta mucho retomar sus relaciones

profesionales y sociales.

No puedo fallarle ni permitir que Tano lo haga.

-Mira, Celi.

Yo no es por meter el dedo en la llaga,

pero es normal que el chico se amuestace.

Queda claro que os da un poco de vergüenza.

-Yo solo quería evitarle un disgusto a todos

y darle una lección a Tano

para que entienda que debe ser un mozalbete educado.

-Celi, bien sé que obras de buena fe,

pero también te digo que la mejor maestra es la confianza.

Si no le das la oportunidad, no sabrás de qué es capaz.

-¿Y si te equivocas y se comporta como un salvaje en la comida?

-Celia, eso no puedes saberlo si no haces la prueba.

¿Te imaginas que Ramón hiciera conmigo

lo que tú pretendes hacer con el chico?

-Bueno. Vas a sacar nuestras mejores galas.

No comen con tanto lujo en el Palacio de Oriente.

-Lo tengo todo previsto para que la comida sea perfecta.

-¿Y Tano? ¿Le has leído ya la cartilla?

Si se porta bien, todo saldrá de perlas.

-Tano no va a poder comer hoy con nosotros.

-¿Y eso por qué? ¿Montó alguna de sus zarabandas?

-No, no, no. Tiene malestar estomacal

y debió meterse en la cama.

-Qué contrariedad.

Voy a ver cómo se encuentra. -No. Está dormido.

Hace un momento le vimos, ¿verdad, Trini?

-Sí.

-Bueno. Seguro que después de descansar, estará mucho mejor.

Voy a revisar unos papeles antes de que llegue Aranda.

-Celia.

Las mentiras tienen las patitas muy cortas.

Pero bueno. Tú sabrás lo que haces.

-¿Qué más dará que el discurso lo dé una u otra?

-Quía. ¿Qué va a dar igual?

Se formará la de San Quintín cuando doña Cayetana

sepa que el discurso lo hará doña Rosina.

-Pues a mí me cae mejor.

La otra no es tan estirada. Parece que se tragó un palo.

-Ay. Si yo te contara de doña Cayetana,

te caías ahí muerta.

Lo que pasa es que ya no recuerdo la mitad de las cosas.

-Bueno. No hace falta que me lo cuente.

A la gente se la ve al instante. No hay que hablar para retratarse.

-Ni que fueras adivina.

-Tenía un tío en Cabrahigo que era Guardia Civil

y solo con mirar al sospechoso

sabía si robó una gallina o inocente como un niño de comunión.

-¿Y cómo sabía eso?

-Nada más que mirando a los ojos, la gente se le delataba.

En la mirada y en los gestos

suele estar la verdad, si sabe verse.

Ese don lo heredé yo.

-¡Oh! -Sé que Cayetana de la Serna

es más mala que un dolor de muelas.

(RÍE A CARCAJADAS)

-No se burle. Lo que le digo es bien serio.

-No te amosques, mujer. No me río de ti.

Es que no sé por qué me imaginé a doña Cayetana

robando gallinas.

-Escucha.

(IMITA) "A ver, Úrsula. Es menester llevar más gallinas.

Mire que son flacas y feas.

A este sitio no volvemos más. Qué sucio está todo esto.

¿No tienen a nadie que se lo limpie?

Paciencia. -Dígame.

-Limpia el gallinero. Así no hay quien robe o hurte.

Qué jaqueca me está entrando.

¿A quién puedo fastidiar ahora?

¿Por qué todo el mundo es tan feo y asqueroso y no bello?

Como servidora".

-¿Pero qué es esta pantomima?

Para chasco que suba algún señor y os vea así.

-¡Ay, Servando! Tendrías que haberla visto.

Qué propia. Parecía la misma Cayetana.

-¿Se os secó el entendimiento?

Estas comedias para el teatro. Aquí hay gente muy seria.

-Bueno. -Por cierto.

Ya tengo el plan perfecto para la tarde libre de Casilda.

-Pensé que podíamos ir al río.

En Cabrahigo le encanta a los mozos.

Y tirarle cantos a los del pueblo de al lado.

-Eso quizá esté muy bien para tu pueblo,

pero aquí tenemos diversiones mejores y mayores.

Por ejemplo, ir al museo de armaduras medievales.

-¿No había un plan mejor para la moza?

¿No se te ocurrió un sitio más aburrido?

-Me parece una idea muy interesante. Más de 500 espadas.

-Si lo que quieres son espadas, ponte a jugar al julepe,

que el plan es para Casilda y no para ti.

-Hombre, a mí lo del río me parece fetén.

-Pero bueno, muchacha. Que ya pasaron los Santos.

¿Quieres que volvamos con reuma?

Lo mejor será dar un paseo y luego ir a misa.

-Que digo yo. ¿Y si vamos a dar el paseo

y después nos vamos al museo? Al cura le veo cada domingo.

-Mira, Servando. No me sale de las pestañas

ir a ver hierros viejos. -Mira, Paciencia.

No me sale de las pestañas ver las pestañas del cura.

-Al río podemos llevar merienda. (AMBOS) ¡Al río no!

-"¿Son beneficiosas las sociedades para la industria?".

-Sí.

-Tendrás que decir por qué.

-Lo dice mi tío Cosme de San Sebastián.

La sociedad gastronómica de su barrio es lo más grande que hay.

-Sí, pero no creo que eso tenga nada que ver.

"Las sociedades son beneficiosas,

no solo porque los riesgos no afecten a una sola persona,

sino porque la reunión de capitales

facilita el acometimiento de la industria

en mayor escala y proporciona mayor riqueza".

¿Lo has entendido? -No.

-Pues yo tampoco. -Pues estamos aviadas.

-No, no, no, no. Olvidemos el libro. A ver.

Te enseñaré cómo negociamos en Cabrahigo

y con eso tendrás para moverte por todo el mundo.

Para negociar hace falta un poco de talento

y un poco de picardía. Y llevarte al otro a tu terreno.

Para regatear es muy fácil.

Pides el doble de lo que vale

y poco a poco vas bajando.

-O sea, si la tierra vale 200 duros,

yo pido 400. -Eso es.

-Al final se lo dejo en la mitad, cien.

-No, no, no. Entonces, perderías dinero.

Debes sacar más de lo que valen.

Vamos a ver. Voy a alquilarte unas tierras

y debes sacar la máxima rentabilidad

sabiendo que por menos de 150 duros al mes

perderías dinero.

-Cuando quiera. -Muy bien.

¿A cuánto salen estas tierras, señorita?

-A 300 duros por ser usted.

-Pero si esto es un secarral.

De aquí no saco ni diez fanegas de trigo.

Le doy 75 duros y va usted lista.

-Pero hay muchos pozos y puede hacer buenos riegos.

Por menos de 250 no se lo doy.

-Porque las necesito para el ganado, le daré 150 duros.

-Por menos de 200 prefiero dejarlas en barbechos.

-Está bien. Le doy 6000 pesetas al año

y tan amigos.

-Trato hecho. Las tierras son suyas.

He colocado las tierras por 200 duros.

Esto no es tan difícil como yo pensaba.

-Vamos a ver, Luisi.

Te he engañado como a una necia.

En cuanto cambié las cuentas, has picado.

200 duros al mes son 12 000 pesetas al año.

Has aceptado por la mitad.

Perderías 50 duros todos los meses.

-Eso no es de ley. Usted me engañó.

-¡Ay! ¿Qué crees que harán todos?

Está bien. Lo intentamos de nuevo. -No, no, no.

Yo no valgo para esto.

-Luisi, a todo se aprende. Escúchame bien.

La reunión con Bustos no es ninguna tontería.

Podrías hacerle perder a tu padre mucho dinero.

-Ya lo sé. ¿Se cree que no me lo tomo en serio?

Mi hermano Antoñito es el que ha sacado cabeza.

-Vamos a ver, Luisi.

Si Antoñito tiene pesquis, tú también.

Lo que pasa es que eres una cría y tienes miedo.

Es normal que temas. Debes estar a la altura...

-¿Quién le ha dicho que yo tenga miedo?

¿Qué sabrá de negocios si hace cuatro días vino de su pueblo?

Si es que yo no sé quién le dio vela en este entierro.

-Tienes razón.

No sé quién me manda a mí a meterme en semejante berenjenal.

-Debo felicitarla, señora. El capón estaba exquisito.

Amigo Felipe, tiene usted una joya en casa.

-No crea que no lo sé. La mejor esposa del mundo.

-Al final voy a ruborizarme.

-Es un placer que por fin nos conozcamos.

Seguí con interés su carrera de abogado.

Ganó muchos pleitos y bien difíciles.

-Viniendo de usted, es un halago.

Todo el mundo reconoce su influencia en la política.

-Colijo que se informó de mí como yo lo hice de usted.

-Veo que los dos hemos hecho nuestros deberes.

-¿Se encuentra bien? ¿Agua? -No se apure, señora.

-Es el asma. De vez en cuando me ataca.

Tengo un buen remedio.

Según mi médico,

la nicotina es la mejor forma de tratar esta enfermedad.

-Gracias. -Si no le importuna a la señora.

-No, no. Fume lo que quiera si le hace bien.

-En fin, Felipe.

Usted no me invitó para verme fumar.

No se ande con rodeos y vayamos al grano.

-Así es.

Esta invitación no es desinteresada.

Me gustaría entrar en política

y creo que podría aconsejarme.

Me considero interesado en el bien colectivo.

Hábil en las negociaciones.

Conocedor de las leyes y sus entresijos.

-No sea ingenuo. Me consta que tiene grandes cualidades.

No son esas que me cita.

Su único don es saber dónde moverse y a quien acercarse para obtener

una buena posición.

Su primer movimiento ha tenido éxito.

-No le sigo. Aún no hice nada.

-Ya lo ha hecho.

Se ha acercado a mí.

Y con muy buen tino.

Felipe, busca mi amistad por saber que ando metido en urbanismo.

Es allí donde está el dinero.

No se incomode, señora.

Su marido es conocido como un hombre ambicioso.

Eso es bueno. Muy bueno.

-Me barrunto que de no ser así,

usted no aceptaría la invitación.

-Puede apostar por ello.

-Entonces, ¿va a ayudarme?

-La información es poder y el poder es dinero.

A mi lado no le faltará información.

-¿Qué tal si seguimos la conversación en mi despacho?

-Muy bien.

Así no aburrimos a la señora con nuestra charla.

Muchísimas gracias por la exquisita comida.

-Caballero. -Gracias.

Te estaba esperando.

Sabía que ibas a venir.

Tenía ganas de verte.

El sentimiento es mutuo.

Veo que los vecinos no tardaron en anunciarte mi regreso.

No necesité hacerlo.

Sabía que ibas a salir antes de cruzar la puerta del presidio.

Tengo buenos amigos en judicatura.

Y en el infierno. Sobre todo allí.

¿Lo pasaste bien en la celda? Sabes bien que no.

Ese es solo el principio del sufrimiento que te espera.

Haré que cada minuto de tu vida sea un calvario.

¿Has terminado? No.

De hecho, acabo de empezar. Si tienes prisa, ve a tu despacho,

coge lo que debas y vete.

No vaya a ser que te dé por golpearme de nuevo.

No será por ganas,

pero no, yo no soy así.

Ni aun sabiendo lo que le hiciste a Carlota te pegaría hasta morir.

Veremos lo que dice el juez.

Soy médico, Cayetana. Si quiero matarte, no fallaré.

¿Médico?

Ya no.

¿O me equivoco o ya no puedes ejercer?

Te odio.

No puedo respirar tu mismo aire viciado.

Cogeré mis cosas y me iré en el acto.

¿Dónde están mis cosas?

¿Qué has hecho con el dinero del escritorio?

No sé de qué me hablas.

Sabía que vendrías hoy.

Conociendo tu carácter violento, he alertado a los guardias.

Con tus antecedentes, no me costó convencerles.

Estarán a punto de llegar.

Te juro por mi hija que pagarás todo lo que hiciste.

Me alegra saber que pensamos igual.

Al menos hay algo que nos une.

Nuestro afán por destruirnos.

Veremos quién tiene éxito.

-Está mucho más claro cómo y con quién debo tratar

para hacerme un hueco en política. -Y en urbanismo.

-Y en urbanismo. -Recuerde en todo caso

que no será tarea fácil.

Los enemigos en política son poderosos y crueles.

En urbanismo igual. Más avalos.

-Afrontaré los peligros con éxito

y me sobrepondré a las contrariedades.

-¿Te fías de él?

-Completamente. -Pues yo feliz

de que la reunión saliera como esperabas.

¿Será provechosa?

-Sin duda. Vengo porque después de mucho

quería saludar a Manuela. Nada más.

-Ya que usted es tan claro, yo también lo seré.

No quiero que salude ni que vea a mi esposa.

No tuve oportunidad de agradecerte

el actuar tan diligente y llamar al doctor Baños.

Se puede decir que me salvaste la vida.

Se consideraría que estamos en paz.

No, querida. En paz no estaremos jamás.

Estoy seguro de que eres mucho más necia de lo que creía.

-Tano tiene otras cosas,

pero con la comida no se priva.

Come como una lima.

Por tu gesto, el muchacho es un quebradero de cabeza.

No deberías ser tan permisiva, Celia.

Aunque el rapaz sepa cuidarse.

No sé si debo dejarle volar o cortarle las alas.

Duda ninguna. Los pájaros en las jaulas no dan problemas.

Átalo en corto o acabará contigo a disgustos.

-¿Has sufrido alguna afrenta por mi parte?

O por otros. ¿Qué te tiene tan mustia?

No estás en tu ser.

-Leandro, no insistas. Haz el favor.

Has estado muy ocupado ayudando a tu amigo.

Me parece muy bien. Es lo que debías hacer.

No vengas ahora queriendo saber todo lo ocurrido en un minuto.

-¿No me contará que está así por la propuesta de Íñigo de la Cuadra?

-Tengo la sensación de que la vida se me ha ido

buscando un sueño que es tarde para cumplir.

De pronto viene un amigo querido, Víctor,

que me propone cosas reales.

No planes que nunca se cumplen.

Me pregunto si no debería aceptar.

-La posición social de los Hidalgo no es reconocida por los demás.

-Rosina, qué quejas tiene. Le tratamos como siempre.

-¡Esa es mi queja precisamente! No se puede tratar como siempre

a los más potentados del vecindario.

Por ejemplo. En buena ley.

¿No debería dar yo el pregón oficial de las fiestas este año?

Di tu opinión, Susana. -Mujer, yo por mí...

Más bien sería con doña Cayetana con quien deberías hablarlo.

Es ella la que se siente desplazada u ofendida.

-Así me sentí yo estos años.

Que se sienta como quiera. ¡El derecho del más fuerte es ese!

Te necesito para que me lleves mi situación financiera.

-Mi consejo es invertir a través de una sociedad

donde puedas participar, pero tu nombre no sea evidente.

En cuanto a los sectores donde invertir,

es un secreto de mercado que no debería hablar,

pero el mejor es el inmobiliario.

¿Comprar casas? La mía.

Raro, ¿no? Rarísimo. ¿La tuya? ¿La de Celia? ¿Por qué?

Porque sería la mejor manera de protegerte de Germán.

¿Y eso a santo de qué?

¿No podría salir un rato? Unos minutos para tomar el aire.

-¿Me tomas por imbécil?

Llevo días encerrada.

La gente estará comentando y sabrán que estoy recluida.

Solo deseas encontrarte con Germán y avergonzarme.

Es cierto que la gente, tu madre, tu hermano,

pueden empezar a pensar que te tengo retenida aquí.

La gente acaba sabiendo la verdad. Es inevitable.

Tengo a la niña.

Inocencia ya lleva las marcas de la peineta.

Si haces algo que vaya en contra de nuestra convivencia...

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Acacias 38 - Capítulo 152

10 nov 2015

Germán queda en libertad bajo fianza gracias a su amigo Leandro. Manuela sigue amenazada y recluida por Justo, aunque por fin consigue contárselo a su madre. Por su parte, la vieja amistad de Juliana tiene una proposición muy importante que hacerle. 

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  1. Laura Sorrento

    ¡¡VIOLENCIA DE GENERO LA DE CAYETANA CONTRA GERMÁN... LA DE JUSTO CONTRA MANUELA...!! YA DURANTE TODO EL RELATO NO HAY NADA MÁS VIOLENCIA VIOLENCIA Y MÁS VIOLENCIA... Y LAS IMBECILES DE ROSINA, SUSANA, Y LOS SINVERGÜENZAS DE PABLO Y LEONOR... EN ESTA HISTORIA SOLO DISFRUTAN LOS VIOLENTOS, CHANTAJISTAS, CHARLATANES, MANIPULADORES COMO TODOS ESTOS QUE NOMBRO AQUÍ... ME PARECE VERGONZOSO QUE SE HAGAN MILAGROS PARA QUE SE SALGAN CON LA SUYAS LEONOR Y PABLO, CAYETANA, JUSTO, ÚRSULA ETC. ETC. ETC... LOS MILAGROS EN VERDAD Y ESPIRÍTUALMENTE SOLO LOS CONSIGUEN LAS PERSONAS BUENAS NO LO SADICOS Y ASESINOS... NADA MÁS QUE EN ESTA NOVELA... LAS CABRAS SIEMPRE TIRAN AL MONTE NO ES VERDAD????

    22 nov 2016
  2. adriana

    Buenas tardes me encanto la serie desde que comence a verla, pero debo decir que tienen razon en cuanto a los comentarios que han echo al respecto ya no tiene ni pies ni cabeza. Yo quiero saber cuando sera el final de cayetana Y justo.

    11 nov 2015
  3. Yamileth Vargas

    Violencia de género la hubo y la hay en la vida real, en Latinoamérica se sumaba el machismo desmedido, un poco superado por las nuevas generaciones y el temor a las leyes de violencia doméstica, al menos aquí en Costa Rica. Aunque la serie apunte y resalte ésto y la corrupción, nos permite reflexionar sobre este flagelo social que se repite día a día .

    11 nov 2015
  4. Luis

    Bicia muchísimo y me entretiene no dejéis la serie

    11 nov 2015
  5. tatiana

    Mi abuelo es fan! Le encanta, duerme la siesta antes de Acacias para verla de seguido y no puedes quitarle el mando !! Haceis reir con Tano y Trini a un señor que llevaba tiempo sin sonreir. Ahora todos somos fans y no nos perdemos un capitulo! Pero eso si... alegria por favooor!!!

    11 nov 2015
  6. blen

    Empecé a ver la serie pensando en que tendría otra calidad. Me gustaba el vestuario y el tema. Una mujer maltratada que uye de su maltratador y consigue sacar a su hija adelante. Pero ya está bien!! No tiene ni pies ni cabeza.corten ya esos temas!! Al final hay dos maltratadores que tienen todo el protagonismo y no terminan. Que los guionistas demuestren que pueden arreglarlo o que lo dejen

    11 nov 2015
  7. Patricia

    A mi gustaba mucho esta serie pero su trama se a vuelto tan complicada la pobre de Casilda sufre por el aprovechado de Pablo que no le importó jugar con sus sentimientos quien parecia que era buenisimo, y muchos personajes que la pasan super mal, esta serie va de mal en peor, me digusta todo lo que esta pasando que no me da ganas de seguir viendola.

    11 nov 2015
  8. Antonio Canteras

    Es lamentable que RTVE haya podido poner en escena un guión que carece de imaginación, sentido, e interés alguno. La dirección es repetitiva, lenta, por no decir agonizante, y realmente deplorable. Los actores hacen lo que pueden, dentro de lo que cabe, por salvar un lenguaje de época que no tiene originalidad ni atractivo. En resumidas cuentas una serie muy deficiente para el nivel que se espera de RTVE.

    10 nov 2015
  9. Amy. H

    No queremos mas violencia de genero ya tenemos bastante con lo que pasa todos los días en la vida real, que Justo le de un ataque o lo que sea si no que se marchen el con Cayetana y se coman uno al otro ,pero no mas escenas de violencia por favor queremos pasar un buen rato viendo la serie, no perder el sueño

    10 nov 2015